Nora, mi sobrina nieta

Mi lengua buscó suavemente el himen hasta que lo ubicó y con la punta lo inspeccioné minuciosamente y luego comencé a introducirla hacia el interior de su vagina moviéndola de un lado a otro y de arriba abajo. Se contorsionaba de gozo, mi lengua siguió ganando terreno dentro de su vagina. Tras unos movimientos logró otro brutal orgasmo que casi cae desmayada.

Mi nombre es Roque, soy viudo y vivo solo, tengo una sola hermana, Dora, quien tiene unos años menos que yo. Dora vino un día a verme trayéndome una preocupación.

– Roque: Nora mi nieta, tu sobrina nieta de 18 años, está por ir con la división a Bariloche en el viaje de egresados, ella es virgen y tiene miedo, pues a su hermana en esos viajes la desvirgaron mal y quedó muy resentida, mi hija nunca supo nada, pero a mí y a su hermanita nos contó todo y con lujo de detalles.  La nena vino a mí porque está decidida a perder la virginidad sea como sea, pero que no sea traumática como su hermana.

-Y ¿Qué quieres que haga yo? Pregunté.-Tú eres un hombre grande y muy experimentado, sé que sabrás resolverme el problema.-¿Qué quieres? ¿Qué me la coja yo y que me metan preso por incesto? -Roque yo le conté de vos y me confesó que desea hacerlo contigo.-Mira esta tarde vengo con ella de visita y vemos, ¡Sin compromiso! – ¡De acuerdo!

Dora me dejó intrigado ya que yo no llegaba a entenderla. Ella llegó con Nora mi sobrina nieta, una chica muy hermosa, a primera vista aparentaba tener más de 18 años pues sus formas estaban bien desarrolladas. Conversamos casi 2 horas entre los tres, hasta que llegamos a la conclusión de que ¡yo! tendría la misión de romperle el himen y liberarla de los acosos masculinos.

Quedamos con Dora y su nieta en que se quedarían a pasar la noche en mi casa y así lo hicimos, yo dormiría solo en mi cama matrimonial y Dora y la chica en la habitación de huéspedes.

Después de cenar, como a la medianoche decidimos ir a acostarnos, yo me tomé un rato para leer un poco, luego apagué la luz y me dispuse a dormir. Como a la una de la mañana. Siento que alguien se mete en mi cama, enciendo el velador y veo a mi nietita que me mira sonriente mientras se acomoda junto a mí. ¿Puedo dormir con vos? ¿Si no es molestia? Me preguntó. Yo abriendo las cobijas la invité a mi lado izquierdo (el lugar que reservo a mis compañías femeninas). Nora se acomodó junto a mí, apagué la luz y me quedé quietito, la muchacha olía a un perfume dulce, delicioso, yo me contenía las ganas de tocarla, ansioso esperé a que la muchacha tomara la iniciativa.

Pasaron unos diez minutos y como yo permanecía quieto y en silencio la muchacha comenzó a arrimar su cuerpo contra el mío y a pasar su mano suavemente por mi pecho, yo  respondí colocando mi mano derecha sobre la mano de ella, se la acaricié un poquito y luego la subí por su brazo hasta su hombro, luego pasé las puntas de mis dedos suavemente por sus cabellos, su cabeza y luego la bajé lentamente por su espalda, ya que estaba de costado cara hacia mí.

Mientras sentía sus pechos firmes contra mi brazo y su pubis contra mi mano izquierda como buscando mimos, yo fui apoyando el dorso de esa mano y antebrazo contra su vientre, luego abriendo mi mano la apoyé sobre la parte interior de su muslo, la muchacha aferró mi mano con la suya apretándola contra su vulva y levantando su pierna izquierda dejó su femineidad a mi disposición.

Giró quedando acostada boca arriba en la oscuridad y yo de costado hacia ella, con mi mano derecha comencé a acariciar su muslo derecho y fui subiendo, la detuve justo antes de tocarle la vulva, Nora tenía puesto sólo un camisoncito liviano, corrí mi mano por debajo del camisón directamente a su pecho, me detuve un momento acariciando sus tetas, luego su vientre y su vulva, esta estaba depiladita.

Nora buscó con su mano derecha dentro de mis calzoncillos aferrando mi pija con su suave mano. Por supuesto que mi erección es escasa con mis 66 años. Me incorporé en la cama colocándome de rodillas a los pies de ella, tomándola de sus tobillos puse sus piernas sobre mis hombros apoyando su vulva contra mi pecho, luego apoyé mis manos sobre los posteriores de sus rodillas logrando exponer lo más posible su vulva. En la oscuridad me imaginaba yo con 40 años menos con este bocadito…

Como de mi pija no puedo esperar un milagro, me quité la prótesis dental y comencé a lamer suavemente su vulva y sus alrededores. Nora comenzó a entrar como en trance, tomándome de los cabellos me atraía fuertemente contra su vulva deseosa de caricias.

Comencé a darle un placer especial, con la punta de mi lengua recorrí todo el entorno de sus tiernos genitales, seguí pasando mi húmeda lengua por las ingles, por su vientre, por las partes internas de sus nalgas, de pronto me detenía y separaba mi boca unos centímetros de su cuerpo, con la lengua me humedecía bastante mis labios  para volver a acariciarla con mi boca desde otro punto de su cuerpo causándole tiernas cosquillas que ella disfrutaba tanto que no pudo evitar un brutal orgasmo, luego abriendo bien mi boca se la apoyé suavemente sobre su vulva cubriendo toda su conchita y casi el culo también.

Con la lengua encogida dentro de mi boca fui recorriendo toda su rajita y jugué un rato con su clítoris, la muchacha gemía enloquecida de placer, entonces decidí que era el momento preciso para el “desvirgue”. En mi boca tenía toda su vulva. Por los lados de su cuerpo se encontraron nuestras manos aferrándonos, tirábamos para apretarnos el uno contra el otro.

Mi lengua buscó suavemente el himen hasta que lo ubicó y con la punta lo inspeccioné minuciosamente y luego comencé a introducirla hacia el interior de su vagina moviéndola de un lado a otro y de arriba abajo. Nora se contorsionaba de gozo, mi lengua siguió ganando terreno dentro de su vagina hasta que llegó al útero, en eso sentí gusto a sangre causado por la rotura del himen. Nora no sé por qué motivo tosió causando que dentro de su vagina unos músculos me apretara la lengua expulsándola de su interior, inmediatamente volví a penetrarla fuertemente con mi lengua llenando todo su interior.

Ella tras unos movimientos logró otro brutal orgasmo que casi cae desmayada. Al reponerse un poco Nora se puso a llorar, feliz y agradecida. Estuvo abrazada a mí un rato, apretando su cuerpo desnudo contra el mío, yo tenía puesto el calzoncillo, ella puso su mano sobre mi bulto acariciándolo suavemente me preguntó: ¿Abuelo, me vas a poner esta? No “mujercita” eso lo dejo para el feliz muchacho que ames, ahora ve y dile a tu abuela que quisiera “conversar” con ella.

Nora se levantó de la cama encendió la luz y salió de la habitación volviendo con su abuela contándole lo feliz que se sentía. Dora entró, me abrazó emocionada y luego me agradeció “amándonos” intensamente el resto de la noche, tal como lo hacíamos desde hace muchos años, era nuestro secreto.

Autor: Roque

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Viuda en familia.

Esta historia comienza cuando mi padre fallece, en un accidente automovilístico, él se llamaba José y tenía 43 años. Mi madre y yo quedamos desbastados, de un día para el otro nos quedamos solos.

Me llamo Mauro, tengo 18 años . Vivo solo, con mi mamá, que se llama Laura y tiene 37 años. Mi madre, nunca había trabajado en su vida, se había dedicado a criarme y a las tereas del hogar ya que mi padre ganaba muy bien como abogado. Cuando ella trató de conseguir trabajo, no lo consiguió, por lo que se le hizo muy difícil mantener el hogar. Además, ella quería que yo termine la secundaria, por lo que no quería que trabaje. La solución, provino de mi abuelo paterno, Oscar, él nos propuso mudarnos a su casa y vender la nuestra para usar ese capital en algún negocio. La casa de mi abuelo es enorme, tiene muchas habitaciones, garaje para dos coches y un gran patio. Antaño, esa casa estaba ocupada por mis abuelos y sus 6 hijos, pero hoy, solo era ocupada por mi abuelo y por Franco, el menor de mis tíos, por lo que podríamos acomodarnos sin ningún problema allí. Es así, que seguimos los consejos de mi abuelo y pronto nos mudamos.

La convivencia, desde el principio fue muy buena. La casa era tan grande, que todos teníamos nuestra privacidad, pero a la vez cenábamos juntos todos los días, por lo que, también, éramos muy unidos. Yo, en particular, me hice muy compinche de mi tío Franco, él tiene 31 años y es un tipo muy divertido, soltero, pero siempre con alguna novia. Franco es muy fachero, rubio y de físico atlético, tiene mucho excito con las minas y nunca falta una en su alcoba los fines de semana.

Un sábado, como a la media noche, caminando por el pasillo escuche un gemido que provenía de la habitación de mi tío. Me acerqué y estaba la puerta entreabierta, miré hacia adentro y estaba, mi tío culeando a una mina, le estaba dando con todo. Me quedé mirando esa tremenda escena erótica y me excité mucho, a tal punto que me empecé a pajear. De repente, Franco levanta la mirada y me descubrió observando. Inmediatamente me retiré hacia mi cuarto y seguí masturbándome, pero de pronto mi tío abre la puerta.

–            Mauro, puedo pasar?

–            Si, tío.- contesté.

–            Que hacías?

–            Nada.

–            Te vi, espiándome.

–            Perdón tío, justo pasé y no me pude resistir mirar.

–            Si, pero, te estabas pajeando.- me dijo.

–            Eeeehhhh, buenooooo…- me puse colorado, de vergüenza.

–            No te preocupes, no me importa, además, la mujer es una prostituta. Te la querés coger?- me preguntó.

–            Qué?

–            Se que sos virgen y quiero que debutes.- me dijo.

Acepté la propuesta y fui solo a su habitación, donde estaba la puta. Ella desprendió mi cremallera y saco mi verga, la cual se puso a chupar, pero yo estaba muy nervio y no se me paraba.

–            Que te pasa nene, no queres debutar?- dijo ella.

–            Es queeee.- no sabía que decir.

–            No te preocupes que te voy a dar un estimulo visual.-dijo mi tío entrando al cuarto.

Sacó su verga y se la puso de un empujón dentro de su vagina. Luego de dos minutos, yo ya estaba completamente empalmado, me puse delante la mina y le di mi verga para que la mamase. Después mi tío salió e hizo que ella se siente en mi verga, así me la empecé a coger con ganas. Luego de unos minutos, mi tío le ensartó su verga en el ano y le dimos los dos juntos, hasta que acabamos al mismo tiempo.

–            Quién iba a decir, que después de un rato, el pendejo cogía tan bien. Es de seguro que está en los genes.-dijo la puta.

–            Sí, estuviste muy bien Mauro.-agregó mi tío.

–            Y tiene la verga tan grande como la tuya.- dijo ella.

–            Como tu lo has dicho, está en los genes.- dijo Franco.

En efectivo, mi verga era tan grande como la de mi tío, un poco menos cabezona, quizás. Siempre supe que yo estaba bien dotado, dado que comparaba, el tamaño de mi pija, con las de mis amigos. Era habitual, juntarnos a ver películas porno con un grupo de amigos y siempre terminábamos haciéndonos una paja, mi verga era el doble de gruesa, en comparación con las vergas de casi todos ellos y también un poco más larga. Mis amigos nunca podían evitar hacer comentarios sobre el tamaño de mi verga.

La prostituta se marchó y nos quedamos hablando con mi tío.

–            Y? te gustó?- preguntó.

–            Me encantó tío. Que lindo que es coger, pero cuando se la clavaste por el culo, fue increíble.

–            La doble penetración es lo mejor. Che, tenés la verga tan grande como la mía.

–            Es verdad, debe ser la herencia familiar. Nunca había visto una como la mía.-dije.

–            Sabes una cosa, con tu padre, una vez hicimos un trío y también la tenía así de grande.

–            Que grande mi viejo.- dije.

Me retiré de su habitación y cuando me dirigía a mi cuarto, escuché un llanto. Era de mi madre y provenía del cuarto de mi abuelo. Sin dudar me puse a escuchar lo que decían.

–            Es que lo extraño mucho.- decía ella llorisqueando.

–            Pero Laura, ahora estamos en familia, todos juntos, tienes que ser fuerte, por tu Mauro.-decía mi abuelo.

–            Yo sé, que Mauro va a estar bien acá, vos y Franco son buenos ejemplos para él, pero y yo? Como rehago mi vida? Podré conocer a alguien que me satisfaga?

–            Más adelante conocerás a alguien, de eso no te preocupes Laurita, pero mientras tanto, te puedo satisfacer yo.-dijo mi abuelo.

–            Pero, Oscar, usted está hablando de lo que yo pienso?

–            De eso mismo.- respondió mi abuelo.

–            Pero, usted es el padre de José.

–            Y quién mejor que yo, para honrar a la esposa de mi difunto hijo.

No podía creer lo que escuchaba, mi abuelo se quería coger a mi madre. Sin hacer ruido, empujé un poco más la puerta, para poder ver. Estaban los dos abrazados y mi madre lloraba, pero con una mano en la entrepierna de mi abuelo. Mi abuelo hace inclinar a mi madre y baja su pantalón. Luego vi movimientos de mi madre, subiendo y bajando su cabeza, era obvio que estaba chupando la pija de mi abuelo.

–            Es enorme Oscar, que gran miembro.-dijo mi madre.

–            Toda tuya.

Pensé, que si mi madre se sorprendía por el tamaño de la pija de mi abuelo, él la tenía más grande que mi padre, entonces, también más grande que mi tío y yo. Mi abuelo Oscar, tiene 63 años, de contextura mediana, pero muy morrudo, es canoso y tiene pelo por todo el cuerpo. Luego de un rato, colocó a mi madre sobre la cama, boca arriba y la desnudó. Se puso a chuparle la concha a mi madre, que gemía como loca, después se paró delate de ella y la penetró. Mi madre no paraba de gemir y pedir más.

–            Te gusta, putita?-dijo él.

–            Me encanta! Nunca sentí algo así de grande.-grito mi madre.

–            Pobrecita, mi hijo la tenía chiquita. Pero no lo vas a extrañar más, porque yo soy un verdadero macho y te voy a coger como se debe.

–            Voy a ser tu conchita Oscar, toda tuya.

Al cabo de un rato, mi madre ya había tenido dos orgasmos y entonces mi abuelo, acaba dentro de ella. De un salto, mi abuelo Oscar, se incorpora y comienza a dirigirse a la puerta. Yo salí corriendo a mi cuarto, para que no me viera, pero fue en vano, él ya me había visto. Me agarró de una oreja y se metió con migo dentro de mi cuarto.

–            Pero, como te atreves a espiarme Mauro.-dijo.

–            Vi lo que le hiciste a mamá.

–            Que yo le hice? Mira mi pedazo de verga nietito, tu madre me la pidió casi de rodillas.-dijo mientras se agarraba la pija, porque seguía desnudo, para mostrármela.

–            Igual, está mal, sos mi abuelo.

–            Porque soy tu abuelo, tu mamá se siente más cómoda, es la misma sangre. Además, el pobre de tu padre no tenía un gran pene como el mío y tu madre no se resistió a probar algo grande.

–            Mi papá, la tenía re grande y yo la tengo igual de grande que él, mamá estaba satisfecha con una poronga igual de grande que la mía.-dije eso agarrando mi verga y mostrándosela.

–            Quien te dijo eso? No es verdad, tu papá la tenía mucho más chica que la tuya.

–            Me lo dijo el tío Franco, que se la vio una vez y era como la de él y la mía.-dije.

–            Tu tío, te mintió Mauro. José, era el único de mis hijos que la tenía pequeña y en esta casa, todos lo sabíamos. Tus tíos, se burlaban a menudo de él. Franco, quiso que estés orgulloso, por eso te mintió.

–            De verdad?

–            Si. Pero veo que vos no tienes el mismo problema, tu pene es tan grande, como el mío.

–            Bueno, pero igual no quiero que te garches a mamá.

–            Pero ella me lo pide, prefiere que sea un hombre de la familia.

–            Bueno, entonces yo podría cogerme a mamá cuando quisiera y no es así.- dije.

–            Perdón hijo, no quería que pasaras por esta situación.- dijo mi madre, que entraba en camisón, a mi cuarto.

–            No sé, si perdonarte, madre.-dije enojado y me di vueltas.

–            Perdón, perdón, perdón.- decía ella llorando.

Me abrazo desde mi espalda y lloraba desconsolada. Yo me puse a llorar también y volví a ponerme de frente a ella, quedando abrazados y llorando, los dos. Después de un momento, sentí sus senos, junto mi pecho, entonces, se me vino a la mente, una imagen de ella culeada por mi abuelo. Mi pene, comenzó a crecer inesperadamente y yo no lo podía evitar. Mi madre, al sentirlo, paró de llorar de golpe y me miró fijamente a los ojos. Después, puso su mano sobre mi bulto y lo tanteaba, como para saber el tamaño de mi verga. Me miro con cara de asombro y bajo mi pantalón dejando salir a mi verga que estaba a mil.

–            Mauro, tu pene es enorme, es el doble de grande que el de tu padre. Es casi como el de tu abuelo.-dijo mi madre.

–            Pero, madre.- dije con mi voz temblorosa.

Ella no dijo nada, se arrodillo y se puso a mamar mi verga, que se ponía cada vez más dura. Mi abuelo, estaba parado observando y se masturbaba, luego se acercó poniendo su pene junto al mío, para que mi madre, se coma nuestras enormes pijas al mismo tiempo.

–            Tu mamá, necesita que la ayudemos a olvidar a tu padre y creo nosotros la vamos a complacer muy bien.- dijo mi abuelo.

–            Tienes razón abuelo, al probar nuestras pijas enormes y experimentar niveles de placer, que nunca había podido alcanzar, con el pene de papá, se olvidará más pronto de él.

–            Ese es el punto Mauro.

–            Como te la voy a dar mamá.-dije.

La puse en cuatro patas y se la enterré entera en su concha. Le empecé a dar con todo, ella gemía como una loca, después le dio mi abuelo, pero mientras él penetraba su vagina, yo me puse arriba de mi madre y clavé toda mi verga en su ano. Con esa doble penetración, tanto mi abuelo, como yo, descargamos toda nuestra leche en ella.

–            Hijito mío, que placer me has dado, nunca sentí tanto placer.- dijo mi madre.

–            Te gustó, mamá? Papá te cogía así?

–            Mauro, hijo, tu haces quedar a tu padre como a un principiante. Es obvio, que tu sí, heredaste, los dotes de tu abuelo. Eres todo un semental.

–            Mamá, te voy a hacer el orto devuelta. Ponte en cuatro.- le dije.

Se la metí en el orto y le di con todo otra vez. Cuando acabé dentro del culo de mi madre, se la puso mi abuelo y le siguió dando otro rato, pero cuando acabó apareció mi tío Franco y se la culeó también. Mi madre tuvo un orgasmo tras otro esa noche, pero no fue la única noche, desde esa noche, la cogimos todos en familia y se pudo olvidar de mi padre en poco tiempo.

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Con mi abuelo

hola me llamo Jazmin , bueno , Jazmin Eloisa , Eloisa por mi abuela, por que fui su única nieta (los demás son barones), ademas siempre me han dicho que soy idéntica a ella y creo que por eso fui la consentida de mi abuelo , él la quería bastante y siempre decía que no sabia que iba a hacer si algún día lo dejaba.

Lamentablemente ella murió hace mas de un año en un accidente , dejando a mi abuelo muy triste y deprimido , por eso , yo iba a verlo casi todos los dias y todos decian que conmigo se sentia mejor . yo tambien estaba muy triste ; con mi abuela me llevaba muy bien y la extrañaba mucho , ella era algo liberal asi que a veces le platicaba mis cosas e intimidades y ella tambien a mi.

Una ocasión platicando con ella , me comento que mi abuelo fue el único en su vida , de lo muy bien dotado que él estaba y de como la hacía feliz a pesar de su edad madura , la verdad , desde ese día me entró un poco de curiosidad y tambien un poco de morbo , por que , aunque ya habia tenido relaciones con algunos chicos , sentia que no me satisfacian completamente , es mas , a veces tenía que terminar masturbandome , claro que me excitaba estar con ellos y sentia rico , pero , siempre en el acto , queria sentir mas , que llegaran mas adentro y hasta fantaseaba con tener algo mas grande dentro de mi.

Así que desde que paso lo de mi abuela iba con mi abuelo casi todos los dias; platicabamos de sus anecdotas , me enseñaba el album de sus fotos , me cantaba las canciones y leia los poemas que le escribio a mi abuela , pero como quiera lo notaba triste y a veces hasta veia que le salian lagrimas de lo triste que estaba , yo lo veia y trataba de ser fuerte pero me daba sentimiento asi que lo abrasaba y yo si me ponia a llorar.

Pasaron unos meses y mi abuelo seguia igual , hasta que un dia cuando estabamos abrazados y yo llorando me dijo :
-ya jaz , ya no llores , no me gusta verte asi
-es que … abuelito … te veo y me siento mal
-por que , que ves
-pues te veo triste y no me gusta verte asi
-bueno te prometo ya no estar triste , pero tu tambien prometeme lo mismo
-si abuelito y te prometo que voy a hacer lo posible por hacerte feliz
-ya me haces feliz por estar aqui a mi lado
empeso a acariciarme el pelo , la cara y siguio diciendo :
-eres tan parecida a tu abuela , tan bonita , tan suave
me abrazó , pero de una forma diferente , como mas cariñosa ; acerco su cara a la mia y me dio un tierno beso en los labios , yo le conteste de igual forma y asi estuvimos como 2 minutos . se separo de mi , nos miramos , tomo mi mano y le dio un beso , reimos y me dijo :
-señorita ya es hora de irse a su casa
-esta bien señor , ¿ no me va a acompañar a la puerta ?- le dije
-claro que si y reimos

La verdad , no pensaba que habia hecho nada malo , al contrario , me sentia bien por que tenia mucho tiempo que no veia a mi abuelo feliz y riendo , ademas , a mi tambien me gusto y me decia a mi misma “es solo un beso no tiene nada de malo”.

Al siguiente dia fui mas tarde , por que pase a la biblioteca , y ya era otro , se veia mas alegre , con mas ganas de vivir y hasta me compuso una cancion con mi nombre y unos poemas , asi que me dijo que me acostara en su cama y que ahi me los iba a decir . se acosto junto a mi y comenzo a decirlos , cada que me decia uno sentia muy bonito y cuando termino me pregunto si me habian gustado , conteste que si , se me acerco mas y de nuevo me beso , pero con mas pasion que antes.

Mi abuelo me besaba bien rico , asi que me deje hacer , pegó su cuerpo al mio y aunque traiamos la ropa puesta , pude sentir su cosota en en mi pierna , uuuf pero que cosota , poco a poco fue subiendo mi falda hasta llegar a mi panti , jalandolo hacia abajo y sentí cuando se saco su penesote , aunque no me crean , sentia ganas de verselo pero me daba como penita , seguimos besandonos y coloco la punta de su pene en medio de mis piernas , que yo abrí un poco para que no batallara , asi que comenzo a deslizarlo suavemente , empezando un vaiven rico y lento , podía sentir su glande salir por detras de mi y su tronco rozar mi clítoris , dios que sabroso sentia.

Como estabamos los dos de lado , me fue jalando hacia el , entendi lo que queria , asi que primero le subi mi pierna y despues lo monte completamente , me tomo de la cintura e hizo que recoriera su pene a todo lo largo varias veces , yo ya estaba bien caliente , tenia ansias de sentirlo dentro de mi , asi que tome la iniciativa.

Subú mi falda lo mas que pude y por primera vez vi esa cosota , era grueso y largote , lo tome por la mitad , me lo acomodé en mi entradita y empecé a hacer presión para que entrara , poco a poco lo fue haciendo , sentía como su glande iba abriendo mi interior , me detuve un momento donde sentí que los demas chicos habian llegado y mire hacia abajo y pude ver que faltaba que me entrara casi la mitad.

De nuevo empecé a moverme de arriba – abajo haciendo cada vez mas presión , quería ver si me entraba toda , y asi fue , poco a poco fue entrando haste que sentí como algo topó dentro de mi y al mismo tiempo sentí mi clitoris pegar en el pubis de mi abuelo , mire hacia abajo de nuevo y sorprendida vi como me habia entrado todo su enorme pene.

Sin quitar la mirada de abajo empecé a levantarme para sacarla casi toda y volvermela a meter y asi varias veces , no puedo explicarles lo que sentia estaba como facinada , excitada , llena de morbo , sentia un gran placer el sentir y el ver como por mi vagina entraba y salia ese pedasote de carne , y el ver como mis jugos le escurrian y hacía que brillara me tenia como encantada
mi abuelo lo noto y pregunto :
-¿que te pasa?
-es que , no pense que me fuera a caber toda- le dije sonriendo
-ya vez , tienes el mismo don de tu abuela- dijo
y me jalo hacia el y comenzó a besarme de nuevo , yo por mi parte seguí moviéndome , cada vez mas y mas rapido , hasta tener un orgasmo.

Me detuve un momento sin sacarme su pene y volvi seguir , pero , despacio , lento , él comenzó a besar y chupar mis pezones , de nuevo me estaba calentando , me tomo de nuevo de la cintura , pero con su mano extendida , alcanzando a tocar mis gluteos y me dijo :
-asi no amor . . . asi
y empezo a moverme , pero , de una forma extraña , ya no de arriba abajo , si no de adelante para atras y cada que regresaba arqueaba mi cintura hacia adelante ; eso hizo en mi , encontrar algo que tenia mucho buscando y que jamas habia sentido , mi punto g , y que hermoso se siente , cada que vez que tocaba el punto , sentia como pequeños choques electricos recorian mi cuerpo y mi abuelo me movia cada vez mas y mas y mas rapido hasta volver sentir otro orgasmo pero muy diferente a los que habia tenido , un orgasmo largo , hermoso que me hizo temblar de placer.

Caí sobre mi abuelo exausta sacandome su pene , pero en ese momento mi abuelo me puso boca arriba en la cama y se colocó encima de mi y dijo :
-ahora me toca a mi amor

Y me volvio a meter su cosota , yo , aunque un poco cansada todavia queria mas , empezamos a besarnos de nuevo , me besaba y acariciaba con mas desesperacion , de repente senti como mi abuelo bajo su mano a mis gluteos metiendo unos de sus dedos en mi ano comenzando como a masturbarlo y que rico se sentia , lo movia al mismo ritmo que metia su pene , todo esto me estaba volviendo loca de placer y de repente empiezo a sentir a mi abuelo viniendose dentro de mi chorros y chorros de liquido caliente que sentia en lo mas hondo de mi ser , que hicieron que me excitara mas hasta tener de nuevo un orgasmo y venirme junto con mi abuelo.

Mi abuelo se salio de mi y se recosto a mi lado , yo estaba super cansada , nunca en mi vida habia tenido tanto sexo como ese dia y nunca habia tenido tantos orgasmos en menos de una hora , me puse a pensar tantas cosas , el como mi abuela tenia razon , de como sin pensar cumpli mi fantasia , de saber cuel era mi medida y que justo mi abuelo la tenia , y que de ahora en adelante iba hacer la mujer de mi abuelo , sabia que estaba mal lo que habiamos hecho , pero no me importaba , mi abuelo estaba feliz y yo igual , ademas pensaba que a lo mejor mi abuela se sentia igual , al ver tan feliz a su compañero.

En eso sonó mi cel , era mi madre , me preguntaba que donde estaba que ya era tarde , le dije donde estaba y que ya me iba , mi abuelo y yo nos miramos y sonreimos ; estaba cansadisima de las piernas y sentia que me escurria algo de abajo , noté que era semen , asi que me quite la falda , que por cierto estaba empapada en sudor y fui rapido al baño y me di una media enjuagada
cuando sali mi abuelo estaba sentado en la cama un poco serio y note que se agarraba el brazo derecho , mientras me cambiaba le pregunte:
-que tienes te cansaste
-je , te gusto
me contesto y reimos los dos y me sente a lado de el dandole un abrazo
-si , me encanto , te amo-
le dije y le di un beso en los labios pero note que hizo un gesto de dolor y le pregunte de nuevo
-¿que tienes? ¿te duele algo?
-la falta de costumbre , ya me estaba oxidando- dijo y se rio
-mmm recuestate , te doy algo – le dije
-si dame una naproxeno , con eso se me quita no te preocupes
pense que a lo mejor era cierto asi que le di la pastilla y le dije que ya me iba , lo tome de las manos y me despedi de el dandole otro beso en los labios
-te amo , mañana nos vemos
-mi amor me has hecho muy feliz gracias- me dijo
al dia siguiente que estaba en la escuela , como a las 10 ,fue por mi mi madre , vi que tenia los ojos como si hubiera llorado y le pregunte que que ocurria
no me quiero acordar todavia no me resigno no quiero creer lo que paso no se porque la vida es asi ,por que tambien se lo llevo , dicen que tuvo un infarto , por que no puse atencion nose que hacer solo se que se fue feliz adios abuelito te amo

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Un abuelo audaz

Se mojó uno de sus dedos y me lo introdujo suavemente en el culo sin dejar de mamarme, lo que me produjo un gran placer. Luego fueron dos los dedos que me hicieron gemir del gusto aumentando la excitación hasta que no aguanté más y apretándole la cabeza contra mí, gemí como un loco, mientras le eyaculaba mi semen en su boca, la que este tragaba.

Terminando mis labores en mi trabajo, generalmente me voy directamente a mi casa, pero esa tarde quise desviarme hasta un parque que hacía mucho tiempo no visitaba. Quería salir de mi rutina y sentarme un rato en los bancos de aquel pulmón verde que le hace mucha falta a mi ciudad. Me senté en uno de los pocos asientos que había y encendí un cigarro, observando a quienes se paseaban ante mí, niños, niñeras, mujeres con sus respectivos maridos, enamorados y ancianos.

Precisamente uno de ellos me llamó mucho la atención ya que estuve un buen rato observándole, notando que cada vez que un chico pasaba cerca de él algo le decía. Algunos solo sonreían, pero otros le hacían gestos de enfado; por lo que decidí pasar por allí para ver si me decía algo. Me levanté y tras pensar un rato me decidí y pasé lo más cerca del anciano que pude:

-Oye, ¿quieres que te la chupe? -¿Qué?, le respondí.

Enseguida me tomó de un brazo e hizo que me sentara a su lado, y quise levantarme nuevamente para irme pero, él reacciona primero que yo y me agarró el paquete diciendo:

-¡Parece que la tienes grande! ¡No seas malo, deja que te la mame!

Le miré de pie a cabeza, sería de unos 75 años, delgado y muy alto, con un pequeño bigote que se mojaba con su lengua:

-Te he estado observando, y sé que quieres, ¡mira como la tienes!

Enseguida reaccioné notando que aún seguía con mi paquete agarrado y mi verga estaba completamente erecta.

-Vamos allí detrás, no temas.

Me mostró unos matorrales que estaban muy cerca de donde estábamos. Dudé por unos instantes, pero el anciano después de decirme su nombre, José, me dijo:

-¡Solo quiero chupártela nomás!

Me soltó el paquete y se levantó, me dijo que iría primero él y que esperara un rato y que luego fuera yo. Para esos instantes ya estaba con mi verga muy dura por lo que no pensé y esperé unos dos minutos y fui detrás de José. Me metí entre los matorrales disimuladamente, encontrándome con José, quien estaba arrodillado esperando por mí. Me acerqué a él y este inmediatamente se lanza a mi pantalón, desabrochándolo y enseguida liberó mi verga que estaba ansiosa de ser lamida:

-¡Qué grande y gorda la tienes!

Enseguida empezó a lamerme el glande, succionando mi excitación con gran gula, haciéndome estremecer. Luego continuó con su lengua recorriendo todo mi pene, como un verdadero maestro hasta que abrió muy grande la boca y se la comenzó a tragar, costándole al principio alojar mis 21 centímetros, pero muy luego lo logró iniciando una suave mamada que me hacia delirar del gusto. Muy pronto toqueteó mi culo con gran maestría hasta que me bajó los pantalones y calzoncillos hasta la rodilla y continuó mamando mientras que esta vez intentaba introducir uno de sus dedos expertos en mi ano, que se resistía a ser penetrado.

-¡Deja que te meta un dedo!

Como me estaba dando una buena mamada, accedí a su petición. Se mojó uno de sus dedos y me lo introdujo suavemente sin dejar de mamarme, lo que me produjo un gran placer. Luego fueron dos los dedos que me hicieron gemir del gusto aumentando la excitación hasta que no aguanté más y apretándole la cabeza contra mí, gemí como un loco, mientras le eyaculaba mi semen en su boca, la que este tragaba mientras mantenía sus dedos enterrados lo más profundo dentro de mi ano, produciéndome un gran placer. Finalmente el sacó sus dedos y yo mi falo de su boca.

-¡Que rica y caliente estaba, me quemó la garganta! ¿Te gustó, como te la mamé?

Asentí con la cabeza, se levantó y me dio un beso en la mejilla.

-¡Gracias!

Y se fue, dejándome con los pantalones abajo. Enseguida me los subí y salí de entre los matorrales y miré buscando al anciano, pero, aunque me di una vuelta no logré ubicarlo. Finalmente me dispuse irme para mi casa cuando un muchacho de unos 25 años me dijo.

-¿Qué tal la chupa el viejo?

Me dio corte, y me fui rápidamente del lugar, ante las carcajadas del muchacho. De eso ya hace un mes, aunque a veces paso por allí no me he bajado para ver sí está el abuelo audaz.

Autor: Gustavo

gustavofigueroaa@hotmail.com

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Sexo con mi sirvienta

Se sentaba en mi pene y se restregaba de izquierda a derecha de arriba hacia abajo, y luego se salía por completo y se volvía a meter la pija, ella me decía que cuando se salía la verga de su concha y volvía a entrar se sentía rico, que era lo más bueno que había probado hasta ahora, ella bien abierta con sus piernas recibiendo mi verga, le encantaba, y fue cuando se vino y yo también.

Este relato comienza con una sirvienta que yo tuve en casa, pero antes de esto, ella trabajó en casa de mi abuelo en donde nos reuníamos varios amigos y pues ella era de un cantón en un pueblito. Pues resulta que esta señora siempre los amigos que llegaban le decían piropos y todo eso, como tirándole indirectas que querían cogérsela o que le querían mamar la concha (vagina) u otras cosas similares, y casi todos querían hacérselo, pues la señora después de muchos piropos y toda la cosa.

Al pasar de los días, específicamente un sábado en la tarde solo había un amigo en la casa de mi abuelo, por lo que la sirvienta accedió a tener sexo con él. Pues esto pasó y creo que trabajó como un año en la casa de mi abuelo y luego se fue para su pueblo. Un año después, esta señora pidió   trabajo en mi casa, a mi papá, pues ella era hija de un empleado de nosotros, este señor, el papá de ella, fue chofer por muchos años de mi abuelo, el nombre de la señora por cierto es Ana, 35 años, separada y la contrató mi papá en la casa para que se quedara a dormir adentro y cada 15 días ella iba ir a su casa.

Yo al saber de la noticia, me quedé impactado pues yo sabía lo que había pasado en la casa de mi abuelo y que tuvo sexo como con 2 amigos diferentes en ese entonces cuando trabajó allí. Pues esta vez para mi suerte no había competencia pues en mi casa no llegaban mis amigos, entonces vi mi oportunidad para pisármela o cogérmela que es lo mismo. Pasó quizá una semana y empecé a hablar con ella, a llevarme con ella y todo iba de maravilla, a veces le mencionaba de lo que yo sabía que había pasado en la casa de mi abuelo y la molestaba con el amigo que la había cogido, así fui agarrando su confianza.

Una noche en la cual mi papá y mi abuela estaban dormidos  decidí  bajar por las escaleras puesto que el cuarto de la servidumbre está en la planta baja  y los cuartos de nosotros están en la alta, decidí bajar muy callado, dejé mi televisión encendida en mi cuarto, cerré la puerta suavemente ya que hacía un ruido como chillido y pues logré cerrarla sin que se dieran cuenta nadie en la casa, para hacer parecer que yo veía tv en mi cuarto, entonces venía la parte de bajar las gradas y como son de madera se escuchaba un poco el ruido y decidí    bajar con cautela, a todo esto en mi cuarto ya se me había parado la pija y me la había empezado a pajear pensando en ella y como quería agarrarla, como era su tortón y que tan peludo estaría.

No me bastó con la masturbada que me estaba dando es por eso que decidí ir a probar suerte con esta madurita, que por cierto era delgada, ojos achinados, pelo liso, algo largo con olor riquísimo, se sentía de lejos y buenas piernas, sus pechos eran redonditos aunque pequeños pero deseables, como entre cafecitos y rosaditos, un color fenomenal bien formadita. Pero como seguía diciendo al bajar las escaleras al fin, me dirigí hacia su cuarto, cuando estaba enfrente de su cuarto vi por la hendidura que la luz de su cuarto estaba encendida y yo sabía que encendida la luz y apagadas afuera de su cuarto no había manera que se percatara que alguien la estaba espiando, pues ella se estaba cambiando la ropa en ese momento, se quitó la blusa.

Fue en ese momento cuando le vi sus pechos fenomenales, entre cafecitos y rosaditos, pequeños pero súper sexy, y luego vi como se quitó la falda y se quedó en calzones, llevaba un tanguita roja pequeñísima, se veía pero rica, no me aguanté más y cuando se puso el camisón, decidí    tocarle la puerta suavemente, fue cuando ella asustada preguntó:”¿Quien?, y yo le dije, soy yo Mauricio!, ábrame la puerta que quiero hablar con usted un rato, y ella me dijo, ¿Queeee? ¿A esta hora? ¿Y que es lo quiere hablar?, a lo que yo le dije que quería hablar con ella, que la quería conocer mejor, entonces ella accedió y me dejó entrar después de rogarle como por 10 minutos, a todo esto yo corría riesgo de que me oyera mi abuela o mi papá, ya adentro de su cuarto la cosa se tranquilizó, y ella estaba en camisón, y empezamos a charlar y me dijo que loco era, que me podían descubrir y por que estaba allí.

Entonces le dije que ella siempre me había atraído, que yo siempre había querido estar con ella, que cuando supe que había cogido con otros me excitó mucho, a lo que ella  me dijo, que si de veras era así, y yo le dije que si, entonces empecé a tocarla, pude sentir su camisón cortito y debajo su calzón rico que tenía, una súper tanga que apenas le cubría su concha y se le metía en el culo, se me paró a mil la verga, y le metí la mano en la tanga y poco a poco le fui tocando su vagina, y le metí el dedo índice en su concha,  a todo esto ella ya estaba mojadísima, y me dijo que yo también le gustaba y que por lo que ella había ido a trabajar a mi casa era para poder coger conmigo todas las noches, fue allí cuando casi acabo en seco, tenía la verga dura pero dura, dura, ya no aguantaba, le empecé a besar el cuello, le olí su pelo, la besé, tenía unos labios espectaculares, y decidí    besarle todo su cuerpo, primero el cuello, luego las chiches o tetas, que rico ese instante.

Se las mamé con la lengüita hasta que se le erizaron todos los pezones, se le puso la piel de gallina ante mis chupadas, a todo esto acompañado por mi dedo en su concha, en forma circular, ya estaba totalmente mojadísima fue cuando decidí    bajar por su estómago y el ombligo y luego le acariciaba a medida le iba chupando su cuerpo, sus piernas lo que la puso a mil por hora que casi que la hago acabar en seco también, llegué hasta su conchita, la empecé a mamarla con mi legua, la succionaba, le halaba el clítoris y mi lengua se la metía duro y recto para que sintiera el máximo placer, le sabía riquísimo su concha, era un olor perfecto, la mejor conchita que he probado hasta ahora, todavía le olía a jabón con sexo, que ricoooo la tenía, ya a todo esto no podía más, pero le seguí mamando su concha, me bajé de la cama y la puse en la orilla de la cama, luego me arrodillé, puse sus dos piernas encima de mis hombros y le empecé a dar otra mamada en su concha o vagina, ahí la hice acabar una vez, acabó en mi boca.

Después me pidió que se la metiera, que estaba sensible y que se vendría fácilmente, yo ya casi que no podía se me salía líquido transparente de mi pene  de la gran excitación que tenía, estaba listo para cogérmela, y entonces me subí poco a poco con mi boca hasta besarla, agarré mi verga y se la puse en su conchita, pero solo le metí la cabeza, y rápidamente se la saqué, ella quería que se la metiera toda de un solo golpe, pero la hice que me pidiera, que me rogara por mi verga en su concha cuando se la ponía en la concha ella se excitaba más hasta se fue una vez más.

Luego ya me agarró bruscamente y se apoderó de mi verga metiéndosela como medicina para satisfacer sus necesidades más extremas, necesitaba de mi verga al máximo por lo que ya no se la negué y se la di, empezó  a moverse como loca, una necesitada de pene mío, se sentaba en mi pene y se restregaba de izquierda a derecha de arriba hacia abajo, y luego se salía por completo y se volvía a meter la pija, ella me decía que cuando se salía la verga de su concha y volvía a entrar se sentía rico, que era lo más bueno que había probado hasta ahora, que mi verga era increíble, la cama sonaba iqui, qui, qui, que rico estábamos cogiendo, ella bien abierta con sus piernas recibiendo mi verga satisfactoriamente, le encantaba, y fue cuando se vino y yo también.

Después que me fui, seguí metiéndosela antes que se me ablandara, y me funcionó por que estaba tan sensible que se fue al minuto, y esta vez le duró el orgasmo largo rato, gemía de placer, no podía dejar de gemir, sentía demasiado rico, después, nos quedamos acostados uno a la par del otro y me dijo que me esperaba cuando yo quisiera, que ella quería que me la cogiera todos los días si era posible y que el fin de semana no iba salir para quedarse en la casa solita conmigo,  que ricos esos fines de semana con ella, todavía los recuerdo, es la mejor sirvienta que he tenido en casa,

Gracias.

Autor: Camry

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Cuatrimonio

Minerva se puso sobre mí y se fue sentándose poco a poco. Cuando notó resistencia se detuvo unos instantes y, de un empujón, se dejó caer hasta el fondo. Una lágrima rezumó por su mejilla todavía maquillada, y me la bebí con un beso. Pedí a los chicos que vinieran, observando que estaban muy calientes, y que me penetrasen los dos a la vez. Víctor se puso por debajo de mí y se encajó en mi culito, mientras su abuelo, de rodillas, hacía entrar su polla en mi coño y observaba el pene y el coño de sus nietos que quedaban a pocos centímetros.

Me criaron en un entorno muy femenino. Tengo tres hermanas y siete primas, y por casa andaban a menudo dos tías, las dos abuelas y tres bisabuelas. Los pocos hombres de la familia se pasaban el día trabajando y no eran especialmente cariñosos. Mi padre me pegaba a menudo y me exigía que me comportara como un hombre. No es extraño, pues, que yo no tuviera ningún modelo masculino y que en cambio me integrase perfectamente en los juegos de las niñas y en las tareas domésticas.

Como quería ser igual que las demás, y además notaba mucho placer cuando me aplastaba o me rozaba el pene, desde bien pequeño imaginé que el máximo placer sería que te lo cortaran. Incluso inventé una palabra, chichar, que significaba exactamente eso. Sólo de pronunciarla me recorría el cuerpo un escalofrío de placer.  Una de las pocas veces que mi padre nos dedicó un poco de su tiempo, nos llevó a jugar a tenis. Cuando salía de la ducha pude verle aquel precioso pollón, colgando entre dos cojones gordísimos y coronado por una graciosa mata de pelo rojo. La visión me impresionó tanto que no la pude olvidar en toda mi vida.

Ya de adolescente, la recordaba cuando íbamos a la piscina y nos cambiábamos por turnos en el mismo vestuario. Dejaba que mi padre se cambiara primero para poder oler y lamer sus calzoncillos todavía calientes. Su olor me embriagaba y me provocaba una erección brutal, que debía resolver frotándome el penes hasta llegar al placer… entonces me comía mi propio semen, imaginando que era el de papá.

Papá me reñía a menudo, porque consideraba que hacía voz y posturas de mariquita. A los quince años, viendo que yo todavía era muy andrógino y que no me salía vello, mis padres me llevaron al pediatra, que me recetó larguísimas tandas de hormonas masculinas. Enseguida empecé a crecer, me salió vello en el pubis, las piernas, el pecho y las axilas. Mi pene aumentó hasta los dieciocho centímetros, y adquirí un aspecto atractivo para muchas mujeres, y para algunos hombres… De joven tuve muchas parejas, casi todas chicas. Me sentía mejor en compañía de las mujeres, que me encontraban sensible y cariñoso. Me gusta mucho más su cuerpo que el de los machos. No obstante, alguna vez hubo pequeños revolcones con amigos, nada que fuera más allá del sexo oral.

Cuando ya había tenido docenas de parejas femeninas, pedí a un amigo gay que me estrenase el culito. Fue fantástico. Toni fue dulce y cuidadoso, me calentó con caricias y lamidas por todas partes, me puso boca arriba y, después de llenarme el culo de crema y de ponerse un condón, me levantó las piernas hasta sus hombros y me penetró lentamente. No me provocó ningún dolor. Desde el primer momento noté un placer muy intenso y me corrí sin tocarme antes de que él llegara. Le supo mal, porque pensaba que ya no querría seguir, pero lo abracé por la espalda con mis piernas y lo satisfice hasta el final.

Pese al buen resultado de esta experiencia, me terminé casando con una mujer muy guapa, pero de una belleza más bien masculina. Era alta como yo, pesaba más o menos lo mismo, y como yo tenía un enorme deseo sexual.  En casa, asumí las tareas habitualmente consideradas como femeninas y siempre le decía, en broma, que el marido era ella. La vida conyugal fue satisfactoria hasta que nacieron los niños. Ella no quería, pero a mí me gustaban muchísimo los críos y no perdía la ocasión de hacérselo saber, hasta que aceptó tenerlos con la condición de que yo me hiciera cargo como si fuera la madre. Crié a mis hijos con mucho amor y resultaron un chico y una chica inteligentes, sensibles y bien educados.

Después del segundo parto, mi mujer perdió totalmente el deseo sexual. Las pocas veces que aceptaba hacer el amor, cuando la veía tan desmotivada, perdía yo también las ganas de llegar al orgasmo.  La cosa iba mal hasta que descubrió que le gustaba penetrarme el culito con el dedo mientras fornicábamos. Lo probó una vez, y cuando vio que yo lo disfrutaba y que me corría con mucho placer y antes, empezó a practicarlo sistemáticamente.  El día de mi 46 aniversario, cuando los chicos ya dormían, me hizo un regalo extra. Cuando lo abrí me impresionó. Era un consolador muy naturalista, que imitaba perfectamente un pene bastante mayor que el mío, y que se podía sujetar a unas braguitas que tenían otro menor hacia adentro. Debí poner cara de sorpresa y de deseo, porque enseguida se lo puso y lo estrenó, haciéndome sentir mujer por primera vez.

Desde entonces nuestra relación fue fundamentalmente lésbica. Nos frotábamos mutuamente la entrepierna con las piernas mientras nos devorábamos las bocas y los pechos, hasta que ella se corría. Luego yo la comía hasta hacerla gritar una vez más, hasta que se revolvía de gusto de tal forma que me habría arrancado la cabeza para hacerme parar. Me encantaba esa sensación, y el sabor de su coño sabroso.  Normalmente me hacía acabar con la mano y me la daba para que la lamiese hasta que la dejaba bien limpia. Otras veces recogía mi leche con su boca para dármela calentita y mezclada con su dulcísima saliva. Y muy de vez en cuando le apetecía que le clavara la puntita y dejara mi carga en su flor, que yo limpiaba enseguida hasta hacerla correr de nuevo.

Un día, mi mujer me dijo que había descubierto que estaba enamorada de otra persona y que me dejaba. Que yo me quedaría la casa y los niños y ella me pasaría una pequeña pensión para mantenerlos. Cuando le propuse que se dejara compartir, me dijo que era imposible, que ella ahora quería a una mujer y que estaba harta de penes que rezuman leche. Que quería ser el macho de esa mujer y que quería serlo todas las horas del día y de la noche. Resultó que la mujer en cuestión era mi madre. Lo supe cuando papá me llamó para pedirme si podía venir a vivir a nuestra casa, ya que mi madre había empezado los trámites de divorcio y le había dicho que quería ser la esposa de mi ex. Para una persona tan conservadora como mi padre, un hombre ya jubilado, aquel disgusto fue mortal. Estaba apático, apenas charlaba ni comía, no sonreía y sus ojos siempre se veían húmedos.

En cuanto a mí, la marcha de mi mujer me motivó para feminizarme. Me afeité la barba por primera vez desde los veinte años, y me depilé con crema el cuerpo y las piernas, dejando sólo una motita en el pubis en forma de corazón. Ella había dejado toda su ropa femenina y sólo se había llevado sus pantalones vaqueros, y las camisetas y jersey más masculinos. Tenía en mi habitación todo el vestuario, el maquillaje y toda la utilería que pudiera desear, y muchos ratos de soledad… Cuando todos dormían, me ponía la lencería más sexy del cajón, a veces bodis y otras combinaciones con tanguitas preciosas, que le había regalado yo a mi mujer años atrás. Una vez bien vestida, me ponía música suave y romántica y me penetraba con mi consolador mientras me masturbaba hasta el orgasmo.

Fui a un sex-shop y me compré un nuevo modelo que incluía el torso del macho, que se mueve muy bien adelante y atrás e incluso se corre dentro cuando tocas un botón. Ponía leche calentita, a veces mezclada con mi propio semen, y gozaba de la eyaculación dentro de mí.  Un día, estaba yo a cuatro patas follando con este aparato, vestido con un body de malla amarillo que había sido de ella, unas medias con ligas que transformaban el tacto de mis muslos y una peluca rubia rizada, cuando, de repente, se abrió la puerta y apareció mi padre, que quedó mudo allí mismo, con la boca desencajada, sin saber qué hacer ni qué decir.

Me pilló tan caliente, que ni siquiera me detuve ni un momento a pensar. Hice salir el aparato de mi interior, fui hacia él, lo abracé por detrás del cuello y le empecé a besar con mi boca pintada. Primero no hacía nada, estaba conmocionado. Poco a poco fue poniendo sus manos encima de mi culo mientras me atraía hacia él y yo notaba su carne caliente como se empezaba a despertar. Después empezó a meter la lengua en mi boca. Pasé las dos manos entre su piel y la goma del pijama, y me dediqué a sopesar con placer sus cojones y a hacerle caricias a su divina polla. Poco a poco fui bajando mis besos por su pecho y su vientre, recorriendo la línea de vello, mientras le bajaba los pantalones.

Su polla se mostraba ahora en todo su esplendor. Era mucho más grande que la mía y tan bonita como la recordaba desde aquella ducha hacía treinta años. Empecé a darle besos en la punta y a quitar la gotita de líquido que aparecía. Su perfume era delicioso y me transportaba en el tiempo y en el espacio. Después de limpiarle con la lengua desde la punta hasta la base, y de lavarle con saliva su enorme escroto, abrí la boca y me la introduje tan adentro como pude, hasta que la punta quedó encajada dentro del cuello. Me tomó por las orejas e iba marcando el ritmo y la profundidad de la penetración, como si me follara por la boca. Ser sometido así me ponía a mil, y mis bajos latían desde el ano hasta el glande.

Levanté los ojos y vi los suyos inundados de lágrimas, pero su expresión era de placer. Aceleró sus movimientos y me alejó de repente, mientras el pene empezaba a escupir su miel. Abrí la boca y me volví a amorrar, hasta que dejó en ella toda la carga, que tragué enseguida. Abrazándole, le di un beso en la boca en el que seguro que notó el sabor de su propia leche, y poniendo una cara tan dulce como podía, le pedí que me jodiera:

-¡Fóllame, papá!
Él me iba diciendo-Perdóname, perdóname…- mientras me arrastraba hacia la cama.

Su pene volvía a estar duro como una roca y yo notaba como chocaba con el mío y con mi barriguita. Le pedí a papá que se tumbara panza arriba, para no cansarse. Todavía tenía el culo empapado del lubricante que me había puesto para masturbarme, de modo que me senté directamente encima de su gran pollón, que entró de golpe hasta los huevos, y me puse a cabalgarlo, arrodillado con una pierna a cada lado de su vientre. Papá aguantó mucho tiempo, quizás porque se acababa de correr. Cuando volvió a hacerlo me empezó a repetir -Hija, hija, eres mi puta- y yo le decía -Sí, papá, soy y seré tu putita y nunca dejaré que se te acumule la leche en los cojones. ¡Quiero que me folles hasta reventarme!  Cuando empezó a gritar-hiiiiiiijaaaaaa-, sólo de oírlo, de notar que me aceptaba como hija y como amante, de percibir como su leche penetraba en mis tripas, experimenté un orgasmo brutal que venía de lo más profundo de mi mismo.

A partir de entonces, mi padre fue mi hombre. Esperaba a que los chavales se durmieran para venir a verme a mi cama, donde yo ya estaba preparada, siempre con las mejores piezas de lencería, bien maquillada y bien perfumada, con el culito bien limpio y relleno de crema lubricante. Me follaba prácticamente cada noche, y muy a menudo dos veces seguidas. Dejó de llamarme por mi nombre y me empezó a llamar Laura, un nombre que a mí me gustaba. Era muy cariñoso y casi cada día me regalaba ropa, joyas, cremas y perfumes, todo carísimo. Me halagaba.  Antes de que saliera el sol, volvía a su habitación para que los chicos no se dieran cuenta de nada.  Para hacerle un regalo, fui a ver un ex compañero de escuela que era el médico del puticlub de la ciudad. Sabía que allí había travestís e imaginaba que me podría ayudar en mis proyectos.

-August, te he venido a visitar porque he decidido que quiero ser mujer, y me quiero hacer crecer los pechos. -¿Estás seguro de eso? -Me contestó con cara de extrañado, pero con un brillo malicioso en sus ojos.  A ver, desnúdate.

Me quedé en braguitas delante de él, que miraba mi cuerpo depilado con los ojos abiertos como naranjas. Me examinó con más atención de lo habitual. Sus manos, más que palpar, acariciaban. Cuando me puso el dedo en el culo, mi pene saltó como un resorte. Me pidió gentilmente si le dejaba follarme, y le contesté que le dejaría cuando me hubiera hecho femenina. Que de momento se tendría que conformar con una mamada. Su pene era más pequeño que el de papá, pero tenía también un sabor buenísimo y un perfume muy particular. Cada hombre tiene su perfume de cojones, y no sabría decir cuál es más delicioso. Lo mamé hasta que se corrió, mientras me daba las gracias por tragar su néctar, y salí de allí con recetas de la Seguridad Social suficientes para convertirme en una auténtica mujer.

Los efectos no se empezaron a notar hasta al cabo de unos meses. Primero me di cuenta que mis vaqueros no me entraban, que los tenía que comprar de mujer porque mi culo y mis caderas estaban cogiendo forma de guitarra. A los pocos días, sentía como los pezones se me habían hecho grandes y sensibles a las mordeduras y lamidas de papá. Después el pelo de mi cabeza volvió a salir abundante como a los veinte años, y me pude dejar melena natural. Poco a poco los pechos se me iban hinchando y los tenía que fajar y disimular cuando salía a la calle para ir a trabajar o a comprar. Empecé a pensar en mí en femenino.

También cambió mi olor corporal. Me gustaba oler mis axilas bastante rato antes de ponerme el desodorante. Creo que empecé a producir feromonas, porque papá también me olisqueaba y me follaba más que nunca, y a veces los tíos se quedaban parados junto a mí, aspirando profundamente por la nariz, con cara de idiotas.  El pene, que ahora ya consideraba mi clítoris, se redujo un poco de tamaño, pero no perdió nada de sensibilidad, y sigue funcionando. Al cabo de un año de la primera visita, August me hizo un reconocimiento que fue del todo satisfactorio, sobre todo cuando empezó a amasar mis pechos y acercó su pene a mi vaginita trasera. Tumbada en la camilla ginecológica, con las piernas colgadas arriba, recibí con placer el semen del doctor que había hecho de mí una mujer, mientras el roce de su barriga en mi gran clítoris me llevaba hasta el orgasmo.

Papá estaba contentísimo con los cambios, y también un poco preocupado, porque pensaba que tarde o temprano debería hacerlo público, y temía el rechazo de mis hijos y de la sociedad. De hecho, hacía días que observaba como mi hijo Víctor, que tenía 18 años, me miraba con una expresión muy extraña. Un día se le estropeó el ordenador por culpa de un virus, y lo arreglé. Se me ocurrió mirar el historial de su navegador y vi que era un aficionado fiel a relatos eróticos cuyos protagonistas eran travestís o hijos que se lo hacían con sus madres o sus padres. Miré a que horas se conectaba, y un día que estábamos solos me vestí de mujer y decidí sorprenderle con las manos en la masa. Efectivamente, cuando entré sigilosamente en su habitación, se estaba masturbando ante la pantalla del ordenador, mientras veía un video de un chico joven que follaba con una travesti madurita.

Cuando vi que ya estaba a punto, revelé mi presencia con un carraspeo, y aprovechando el efecto sorpresa me abalancé hacia su precioso pene, que por su aspecto recordaba mucho el de su abuelo. Llegué justo a tiempo de recoger y de tragar su lechecita caliente. Entonces estuvimos hablando. Hacía tiempo que nos espiaba cuando su abuelo me hacía el amor, y al parecer eso lo ponía muy caliente. Me dijo que se había enamorado locamente de mí, y me pidió que dejara al abuelo y que fuera su novia. Le dije que no pensaba para nada dejar a mi padre, pero que me gustaría mucho que ambos aceptaran compartirme, y que estaba segura que los podría satisfacer ambos. Me explicó que no tenía novia ni amigos con derecho de roce, porque desde la primera vez que me vio transformada sólo podía pensar en mí y en mi culito. Le dije que no sufriera, que siempre que estuviéramos solos en casa y tuviera necesidad de follar podría hacerlo.

Me debió de escuchar atentamente, porque desde ese momento la cosa fue un no parar. A la que se cerraba la puerta de casa detrás de su abuelo o de su hermana, quien fuera el último de salir, ya lo tenía detrás tocándome el culo y los pechos y mordiéndome la nuca, mientras llevaba mi mano a su entrepierna. A veces, cuando yo estaba limpiando o cocinando, venía por sorpresa, me la clavaba y me follaba en plan bestia, sin lubricante. Le gustaba mucho llenarme el culo de leche, pero también me la dejaba beber de su excelsa fuente, cuando le pedía permiso.

Mi chico era un volcán en erupción continua y yo estaba muy orgullosa de recibir su lava y de tener satisfechos a dos machos tan calientes, productores de tanta leche y de tanta calidad. Un día llegó papá cuando el chico me acababa de follar, quiso hacer uso de mi culo, y se dio cuenta de que aún estaba lleno de semen fresco. Me preguntó quién se estaba follando a su hijita puta y cuando le dije que era Víctor se puso muy contento. Me preguntó si me gustaba y si le amaba más que a él. Cuando le dije que los quería a ambos igual, me dijo que no tenía ningún inconveniente en compartirme, y que le gustaría que les recibiera a los dos a la vez.

Desde aquel día, dormía preparada para recibirlos. Me ponía bien guapa en medio de la cama, con las piernas abiertas y enfundadas en las medias, y el culo siempre bien húmedo para facilitar el trabajo de mis machos. A veces uno esperaba hasta que terminaba el otro y venía para sustituirle. Siempre les encantaba encontrarme sucia de semen, con el culo bien abierto y el sabor del otro en la boca, que me dejaban bien limpia con su lengua. Otras veces venían los dos juntos, y mientras uno me enculaba con amor, el otro dejaba que le sirviera con la boquita, hasta que les apetecía cambiar. A menudo nos corríamos los tres a la vez, tan compenetrados como estábamos, y yo recibía la leche de mis dos machos antes de limpiar con la lengua la mancha de mi propio semen en la sábana.

Llegó un momento en que la situación no se podía ocultar más y decidí hablar con mi hija, la niña de mis ojos. Era lo suficientemente madura para entender y aceptar rápidamente la situación. No se lo esperaba, pero me dijo que me quería muchísimo y que me apoyaba en cualquier decisión que tomara sobre mi vida. También me dijo que eso la ponía un poco triste, porque siempre había soñado que su padre sería el hombre que la desvirgaría y le haría hijos.

Le dije que contara igualmente conmigo para ello, cuando a ella le pareciera que había llegado el momento. Que me sentía una mujer bastante lesbiana y no le haría asco a un bomboncito como ella. Nos hicimos muy amigas y nos contábamos nuestras fantasías con los chicos, íbamos juntas de compras o incluso a bailar, y todo el mundo preguntaba si éramos hermanas…  A partir de entonces, dormía cada día con mis dos hombres, yo en medio, y así los podía satisfacer y atender rápidamente cuando se despertaban con ganas de follar, que podía ser dos o tres veces cada uno, cada noche.

Me gustaba muchísimo acicalarme para ellos antes de ir a la cama. Repasar la depilación, inyectar mis hormonas, maquillarme y untarme la vagina de detrás para que mis hombres la encontraran jugosa. Alguna vez, cuando me tenían destrozada de tanto penetrarme, jugaban a divertirse entre ellos, pero siempre preferían mis atenciones e indefectiblemente se acababan corriendo en mi boquita. Cuando nos dormíamos, siempre lo hacía con el pene de cada uno en una mano, el de papá a la derecha y el de Víctor a la izquierda. Así notaba como se les inflaba cuando tenían sueños eróticos, que a menudo acababan en una buena revolcada.

Querían follarme los dos a la vez, pero mi vagina de atrás no tenía capacidad para tanta carne, así que al final me propusieron operarme y hacer de mí una mujer completa. La verdad es que me hacía mucha ilusión tener una buena vagina y no me importaba desembarazarme del colgajo, pero Minerva no estuvo en absoluto de acuerdo:

-¡No vale! Vosotros estáis disfrutando plenamente de él desde hace mucho tiempo, y yo todavía no lo he capado. Si me lo capáis, ¿quién me desvirgará a mí? ¿Quién me hará hijitos que me follen cuando sea vieja? -¡Puedes follar tanto como quieras conmigo o con tu hermano! – Contestó mi padre.
-Perdona, abuelo, pero a mí me gustan los chicos bien andróginos, y vosotros no entráis en esta categoría. Además, el que me da morbo de verdad es papá. Sólo de pensar que él me follará algún día hace que el coño se me llene de flujos.

No hubo manera que atendiera argumentos, así que fui a ver a un cirujano plástico, un amigo de August que se llamaba Dr… Salfi, con un encargo muy especial:

-Doctor, quiero ver si es posible que usted me haga una vagina completamente femenina y dejarme el pene en su sitio y plenamente funcional. -Mire, señorita, teóricamente es posible, pero hay pocas experiencias de este tipo de operación y no le puedo garantizar al 100% que usted pueda seguir utilizando el pene. Tendremos que invertir el proceso que se hace habitualmente a los niños que nacen hermafroditas. De todas maneras, piense que a muchas chicas, cuando disponen de una vagina para recibir los hombres, les gusta tanto ser folladas por ella que ni se les ocurre hacer uso de otras partes de su cuerpo… -Da igual, doctor, si se puede intentar, ¡intentémoslo! ¡Me gustaría tanto tener una vagina de verdad! -Pues mañana mismo comenzaremos las pruebas del preoperatorio.

En aquel momento estaba midiendo no sé qué en mis bajos con una cinta métrica. Aprovecharemos los 9 cm que separan su ano del nacimiento de la polla para hacer un coño, reutilizando la piel del escroto. Los testículos los ocultaremos dentro de la carne, para que pueda seguir siendo fértil. Y ahora, señorita, si no le importa agradecería que me practicara una felación. Mi amigo Augusto me ha contado que es usted una gran maestra en este arte.

-Faltaría más, doctor, quítese los pantalones, siéntese y relájese.

Me arrodillé frente a la butaca del médico y, con la boca, saqué su pene de los calzoncillos. No era muy grande, pero sí bastante grueso, y olía a desinfectante de hospital, lo que me pareció especialmente morboso. El doctor no paraba de gemir de placer mientras abría mucho los ojos, para ver mejor cómo me la ponía toda dentro y movía mi lengua como una batidora para que pudiera llegar pronto al placer. Salí de la consulta con su leche en la boca y una sonrisa de oreja a oreja.

Cuando les expliqué la solución que habíamos encontrado, se pusieron los tres muy contentos. A la hora de cenar, mi padre, en nombre de los otros dos, sacó una cajita del bolsillo, se arrodilló delante de mí y me pidió:

-Laura, lo hemos estado hablando y hemos decidido que nos queremos casar los tres contigo. ¿Aceptarías?

Sonreí, halagada y sorprendida, mientras desenvolvía la cajita. Dentro había un anillo de prometida precioso, de oro blanco con tres grandes piedras preciosas, un diamante en medio y un rubí y una esmeralda a ambos lados. Por dentro estaban los cuatro nombres grabados. Contesté:

-¡Oooooh! El anillo es precioso. Os quiero muchísimo y nada me haría más feliz que considerarme vuestra mujer, pero me parece que habrá muchas barreras legales. Que yo sepa, el matrimonio de más de dos personas no está legalizado, y tampoco entre miembros de una misma familia. -Mira, Laura-contestó Víctor-Ya sabemos que no tendrá validez legal, pero lo importante es que valga en nuestros corazones. ¿No estás de acuerdo? -¡Sí, claro! -Pues hemos hablado con un sacerdote rastafari que aceptará casarnos por su rito, que será muy divertido. -Pues acepto, faltaría más. Ya puede programar la ceremonia para cuando esté recuperada de la operación.- dije con una gran sonrisa.

La noche antes de la operación, mis dos hombres quisieron satisfacerse a fondo, sabiendo que después pasarían semanas en las que sólo les podría dar sexo oral o manual. Mi culito estuvo ocupado toda la noche, y entre polvo y polvo, yo misma recogía la leche que me rezumaba entre las piernas para comérmela con deleite. Me extasiaba notar aquellos goterones espesos que se deslizaban muslo abajo, y me moría de placer pensar que pronto también me saldrían de un coño de verdad.

Antes de dormirme y empezar a operar, me mostraron una docena de fotos de vulva para que eligiese qué aspecto quería para la mía. Con la ayuda de mis machos y de Minerva, elegimos una grande, de labios carnosos y gruesos y agujero bien abierto, para que los hombres pudieran entrar fácilmente. Los labios mayores protegerían también el nacimiento de mi gran clítoris, de modo que cuando estuviera desinflado quedaría un poco disimulado. Pedí que me dejaran los labios mayores con dos perforaciones a cada lado, para poder ponerme joyas o anillas. También habían preparado dos prótesis de silicona para mis pechos, que habíamos pactado aumentar la talla 105 C para que quedaran despampanantes. La operación salió perfectamente. Cuando me desperté ya estaba en la habitación del hospital, rodeada de papá, Víctor y Minerva, que estaban todo el día pendientes de mí y me daban todos los caprichos. Tenía la habitación llena de cajas de bombones y de flores que perfumaban el ambiente.

Cuando me dieron el alta, me quitaron el vendaje y me enseñaron mi nuevo sexo con un espejo. Aún se veía hinchado y congestionado, pero era precioso. Me dijeron que había que esperar cuarenta días para usarlo y me explicaron cómo debía hacer los cuidados y como me lo tenía que ir dilatando:

-Ahora, tu coño tan solo mide 10 cm de fondo. –Me trataba de tú- Parece poco, pero es suficiente para satisfacer a la mayoría de los hombres, que les gusta tocar fondo porque así se sienten más machos y mejor dotados. Si lo vas dilatando, podrás profundizarlo hasta que te quepan enteros casi todos los penes. Me dio una caja con veinte cilindros de punta redondeada, cada uno un poco más largo y más grueso que el anterior- Durante estos días deberías de irte poniendo un dilatador de estos dentro, bien untado de crema desinfectante. Empieza por el número 1 y cada dos días aumentas una talla, hasta llegar a la número 20. Cuando te entre el número 20, ya estarás lista para follar por los descosidos. Por cierto, espero que me invites a la boda, y también me gustaría probar mi obra de arte cuando vengas a buscar el alta… -Si no le importa, doctor, habrá que esperar que vuelva de viaje de novios. Quiero reservar los primeros usos de mi coño a mis maridos. Después estaré encantada de recibir su polla y su lechecita dulce. Mmmmmm

La boda quedó fijada para el mismo día en que estaba prevista el alta. Hicimos una lista de invitados no demasiado larga, eligiendo sólo gente de mente abierta y capaces de entender que nuestro amor estaba por encima de las barreras y convenciones sociales. Cada día me ocupé de hacer un par o tres de mamadas a mis hombres para que se desfogasen y pudieran esperar hasta el día de la boda.  Aunque tenía prohibido orgasmar para que no se abrieran las heridas, me alucinaba pasar los dedos por el lugar donde antes estaban los testículos, ahora una vulva ansiosa, y noté placer todas las veces que me introduje los dilatadores, sin ninguna excepción.

Minerva y yo fuimos de cabeza con los preparativos. Nos compramos dos vestidos iguales, de gasa blanca, como si fuéramos pastelitos de nata, y también dos juegos idénticos de lencería y medias. Papá alquiló una finca en la montaña, rodeada de muchas hectáreas de bosque, para hacer la ceremonia. Fuimos a hablar con el sacerdote rasta, que nos permitió introducir variaciones picantes en el ritual. Nos trasladamos a la casa un par de días antes, para dirigir a los operarios, que montaron en un prado, con grandes toldos, un salón presidido por un escenario donde había un gran cama de dos metros de lado, rodeada de cientos de velas y ramos de flores. Estábamos ambas muy nerviosas, y no quisimos hacer despedida de solteras, aunque dimos permiso a los chicos para que se divirtieran como quisieran.

Les regresó un taxi de madrugada, completamente borrachos y apestando a puta barata, y les tuvimos que preguntar si habían tomado precauciones, no fuera que nos pegaran alguna enfermedad. Nos juraron que sí lo habían hecho. Les desnudamos y bañamos y les dejamos cada uno en su cama, mientras nosotras dos dormíamos juntas, con las manos de cada una en los pechos de la otra. Mis tetas ya estaban curadas del todo y habían quedado magníficas. Por la mañana, a primera, hora vino el doctor Salfi para examinarme y darme el alta. Puso en mi coño una especie de periscopio, lo observó con detenimiento, y me dijo:

-Eres mi obra maestra. Si me dijeran que el coño es natural y la polla añadida, me lo creería. Acuérdate que me prometiste un polvo para cuando vuelva de viaje… -Claro, doctor, no sufra-contesté-¿Quiere una mamadita ahora, para ir relajado a la ceremonia? -Hazlo, hazlo, pero no te entretengas. -No se preocupe, doctor, sólo necesito un poco de lechecita para desayunar…

Cuando terminó salió al jardín, y Minerva y yo nos bañamos, nos depilamos la una a la otra bien a fondo, nos perfumamos y nos vestimos. Estábamos contentísimas. Al salir de la alcoba nos esperaba una buena sorpresa. Mi madre y mi ex estaban allí, vestidas de punto en blanco. Mi madre llevaba una especie de sari hindú de color amarillo estampado en rojo oscuro, que la hacía profundamente femenina, mientras que mi ex venía con chaqué y corbata de lazo, y parecía un hombre guapísimo. Nos dijeron que papá y Víctor les habían pedido ser madrinas de la boda y que habían aceptado siempre y cuando a nosotros nos pareciese bien. Con una sonrisa contesté que no había nada que nos hiciera más ilusión.

Entre las dos leyeron un poema que habían escrito para la ocasión y que ensalzaba el amor en la familia y sin limitaciones de número, y nos dieron sendos ramos de novia. Nos acompañaron de la mano hasta la carpa del prado y allí pasamos entre los invitados hasta en el altar, mientras los tambores resonaban en las montañas. En el escenario nos esperaban nuestros prometidos, bien vestidos y con corbata de seda, tres sacerdotes y dos sacerdotisas rastafari, que vestían ropa de colores vivos.

El gran sacerdote, un hombre viejo de piel muy negra, dio la bienvenida a los asistentes, y dirigió los cantos del público mientras los cuatro ayudantes daban la vuelta a la carpa bendiciéndola. Cuando volvieron, cada uno llevaba en las manos una almohada con una corona. Las sacerdotisas llevaban coronas masculinas muy sobrias, mientras que los sacerdotes llevaban dos preciosas diademas recubiertas de perlas y piedras preciosas. El sacerdote nos coronó solemnemente los cuatro, nos bendijo, encendió un gran porro que hizo pasar a todos los asistentes y dijo:

-Aquí tenéis los reyes Alfa y las reinas Omega. ¡Que su energía sexual ayude a restablecer el equilibrio del mundo!

Todo el público se puso de pie y aplaudió, mientras nosotros cuatro nos dirigíamos a la gran cama del centro del escenario. Mientras Víctor me desvestía, mi padre desnudó a Minerva. Pronto nos quedamos sólo con la ropa interior, las medias y las ligas. Me tumbé panza arriba y, mientras Minerva, a mi lado, me daba besos en la boca y nos magreábamos los pechos, papá se tumbó encima de mí, apartó las braguitas, y acarició un rato con la mano, por primera vez, mi nuevo coño. Después de meter un poco el dedo para comprobar que estaba bien húmedo, sacó la polla por la bragueta y jugó con la punta contra la base de mi clítoris, hasta que la hizo entrar toda de golpe. Menos mal que había hecho todos los ejercicios de dilatación, o me habría roto.

La sensación de tener por primera vez un hombre en mi coño fue brutal, e inmediatamente empecé a tener espasmos de placer, espasmos que se repitieron imparables hasta que papá dejó su carga caliente, mientras gritaba:

-¡Te amo, hija! ¡Prometo que te follaré cada día de mi vida!

Enseguida se retiró para que pudiera entrar en Víctor, que hasta entonces jugaba a poner su pene entre mi cabeza y la de su hermana, para participar de nuestros besos.

Víctor aguantó algo más que su abuelo, pero en la cara se le veía su gran placer y el amor loco que sentía por mí. Una vez se hubo corrido, Minerva y yo empezamos un sesenta y nueve en el que mi niña me dejó bien limpia y completamente empalmada.

Había llegado la hora de desvirgarla.  Yo estaba panza arriba y Minerva se puso sobre mí y se fue sentándose poco a poco. Cuando notó resistencia se detuvo unos instantes y, de un empujón, se dejó caer hasta el fondo. Una lágrima rezumó por su mejilla todavía maquillada, y me la bebí con un beso.
Pedí a los chicos que vinieran, observando que estaban muy calientes, y que me penetrasen los dos a la vez.

Víctor se puso por debajo de mí y se encajó en mi culito, mientras su abuelo, de rodillas, hacía entrar su polla en mi coño y observaba el pene y el coño de sus nietos que quedaban a pocos centímetros. Minerva gritaba:

-¡Os quiiiieeero! ¡Papaaa preñaaaaaaameeee por favoooor!  Y yo gritaba:

-¡Os quieroooooooo! ¡Quiero estar siempre follaaaaaando con vosoooootroooos!

Nuestros maridos simplemente gemían de gusto con los ojos en blanco.

El orgasmo fue simultáneo y brutal, y representó el pistoletazo de salida para una orgía generalizada, en la que se pusieron a participar todos los invitados.

Continuará…

AUTOR: Gitone2

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Un abuelo muy especial

El silencioso placer del desahogo nos trae el bienestar lógico del relax. Me dejé caer de costado, mirando el techo, la nada misma, ahora ella esta repuesta y viene a culminar su obra, con la boca sobre el miembro roba los restos del semen que emergió de mí, la deja limpia y se guarda el sabor de su macho, del hombre que la hizo sentir tan mujer.

Esta historia me aconteció hace pocos años, transitaba mis espléndidos cincuenta y ocho años, la emoción sedimentada y los dulces recuerdos perfuman y alientan mi intensa vida sexual.

Hace dos días, con Mirna, la nieta de mi esposa, reverdecimos y revivimos nuestro primer encuentro, a instancias de ella he decidido escribir esta historia para recrearla y contar como nos marcó tanto en el afecto y en la memoria del sexo.  De este modo podemos bajo el anonimato de nombres ficticios contarles como hemos disfrutado, y lo seguimos haciendo de esa relación.

Nos conocimos, cuando estaba por los trece, su abuela, mi esposa, me presentó en familia, ese encuentro lo tengo tan presente como si fuera hace unos instantes nada más, la jovencita, aventajado y exuberante, desarrollo físico para su edad, parecía de diecisiete.

Toda ella era una promesa de un magnífico cuerpo y curvas sugerentes que comenzaban a expresarse con nitidez, pechos más que notorios para sus años, un bien de familia que su abuela ha transferido a su descendencia, obvio con los genes legó también la libido que ha sido generadora de tantos momentos de placer y goce.

Mi esposa, generoso deseo de sexo, eso fue lo que me atrajo de ella, constante insinuación para hacer el amor me ha llevado a construir con ella un vínculo de profunda atracción y sexo a niveles poco frecuentes.   También fue ella la que sembró la semilla de la curiosidad al manifestar que todas las mujeres de su familia tenían un denominador común: el deseo.

Como podrán deducir el primer encuentro con esta adorable chiquilla no estuvo exento de la curiosidad que me despertaba sus miradas y mohines, más propios de una mujer con intenciones de conquista que una pequeña que estaba por entrar en la adolescencia.

La edad no se compadecía con sus movimientos, un tanto osados para su poca experiencia, tal vez me pareció, pero me sentí destinatario de esas muestras de descarado desafío.   Con el correr del tiempo fui observando como ese pensamiento no estaba lejos de mi realidad, los roces “accidentales”, miradas furtivas y sugerentes, poses por demás provocativas realizadas delante de todos pero de modo tal que solo yo fuera espectador me llenaban de escozor, en primer lugar por la carga de morbo que me producía y el temor a ser descubierto espiando la intimidad de esta niña.  Ambos disfrutábamos ese peligroso juego de complicidades y desafío sexual.

La malicia y la determinación de ella por manifestarse cada vez más explícita fue creciendo con sus años, los comentarios e insinuaciones en cada reunión familiar se fue haciendo rutina.   Una tarde de verano, cuando el calor se hacía sentir con todo su rigor, y los demás familiares desaparecidos buscando el acogedor refugio de la siesta en un ambiente refrigerado, nos encontró compartiendo un refresco en un rincón del jardín.

Sentados frente a frente hablando de nada, perdidos en el tiempo y el espacio, ella, ya con sus hermosos 18 años, se reclinó en su cómodo asiento, levantó una pierna para apoyarla sobre el apoya brazos, de modo tal que al levantar esa pierna dejó expuesto a este privilegiado observador el panorama del brillo que emerge entre una mata de vello negro que realza su sexo.

Como si fuera poca la exposición aumentó la elevación de la pierna derecha y como al descuido subió un poco más la minifalda, la carencia de bombachita mostraba en total esplendor ese sexo maravilloso, se me antojaba delicioso como par degustarlo.  El viejo zorro que perdió algo de cabello pero no las mañas, ahora me tenía acorralado, quería apartar la vista de esa maravilla y no podía, absorto, los bajos instintos y la atracción fatal imposible de resistir, era un imán que se había adueñado de mi voluntad y el sentido de la prudencia, la mesura, los frenos morales y la evaluación de posibles consecuencias se habían perdido, me estaba devorando el seso y el sexo.

Mirna disfruta ver como un experimentado conocedor de la vida y sus tentaciones trataba de disimular el resultado de la excitación producida por tamaña exhibición de poder físico, me sentía vigilado, mi sexo respondía más a sus intenciones que a mi resto de cordura y sentido común, la garganta se me seca y no sé cómo comportarme ante una situación límite como esta.

Con la seguridad de haber ganado la partida, se levanta de su asiento, despacio, lento, estudiado movimiento felino, sin perderse uno solo de mis movimientos, llega a mi lado, atropella con su cuerpo, se me echa encima, los exuberantes pechos me los apoya en la cara, con la rodilla entre mis piernas frota la erección imposible de evitar.  Me abraza, nos abrazamos, nos perdemos en el laberinto del deseo.

No hubo palabras, solo tensa excitación, para no romper el hechizo del momento nos miramos a los ojos en silencio, momento largo y espeso, me tomó de la mano y me llevó al fondo del parque, alejado de la casa.  El lugar destinado a guardar elementos de jardín, y que hacía las veces de play room, ahora nos acogía en la complicidad de su silencio, trabó la puerta con una silla, tendió un grueso cobertor y se tendió sobre él.  Acostada sobre este improvisado lecho, elevó las piernas y la mini, ofrecía a mi deseo la abierta herida de su sexo, una y otra vez abanicaba sus hermosas piernas ofreciendo la fruta del deseo.

Me arrodillé ante sus encantos, ofrendando admiración y rindiendo pleitesía a ese delicioso manjar que los dioses me regalaba.

La tomé de los muslos, elevé sus piernotas y me lancé a beber esos jugos, el sexo se abría al contacto con mis labios, cuando la lengua separa un poco los labios, se estremece y se convulsiona, ella comienza a transitar por la inseguridad, a debatirse en cada movimiento de mi boca.

Estremece y sacude en cada lamida, la exploración intensa y profunda la conmueven, aprieta mi cabeza contra su sexo, que me quede a vivir en ella, la lengua le trae placenteras delicias y sensaciones nuevas, retuerce y verbalizar ese alud de “sentires” que se hacen carne de su carne.  Mi boca y su conchita son una sola unidad de placer, se friega contra mi boca, un par de dedos se introducen en la vagina para elevar el placer a un estadio superior a su voluntad.

Para el momento que el clítoris fue encerrado entre mis labios y dos gruesos dedos tomaron posesión de su sexo Mirna ya no estaba en este mundo terrenal, acababa de despegar sujeta a la cola de un cometa que la lleva en viaje de ida al mundo del orgasmo más intenso, jamás sentido en las pocas experiencias de su vida sexual.

Ahora estaba pasando por ese momento de pasión, saltar al abismo del placer y la locura, caer al vacío y volver a la cima para otra vez caer y ser rescatada por otro orgasmo, por fin dejarse estar, en esa nube, flotar en el éxtasis, perdida la noción de todo, la garganta reseca, nublada la visión, y zumbido en los oídos.  Cuando abrió los ojos se encontró con los míos, la dejé recomponer, la magnífica sonrisa era la prueba de lo hermoso de su viaje astral.

Sentada, desnudita, ofrenda sus generosos pechos, cada una en la palma de su mano ofrece ese biberón a mi boca, ávido para devorarlas.  Me lleno la boca de su carne, mamar insaciable buscando ese néctar que no brota pero insisto, exprimo y lucho para sacarlo, ese juego la enloquece nuevamente, se vuelve a estremecer y vibrar, las muecas de su cara dicen el grado de calentura y pasión.

Zafo de sus tetas, necesito liberar mi sexo de su encierro, se eleva como un gordo dedo acusador, le apunta en gesto amenazador. Mira la pija erecta y gruesa, un desafío que no resiste, arrodillada la toma en sus manos, acaricia, comprueba turgencia, calor, la siente latir, desplaza la piel del prepucio, queda mirándola, lame esa lágrima que asoma del “ojo”, la recoge en su lengua, poca experiencia pero cuánta pasión y deseo pone en hacerme gozar con esa mamada.

Me dejo arrastrar por esa pasión desbocada, la cordura y la prudencia fueron consumidas en la sinrazón de la feroz calentura.  Mirna acelera los movimientos de succión, el roce molesto de los dientes no son obstáculo para que me mueva mi cuerpo, impulse la pelvis hacia delante y abracé su cabeza, el movimiento de vaivén, por momentos rítmico de una relación de coito, la calentura corre por nuestras venas, apura su forma de mamar, la pasión nos arrolla, cada instante supera al anterior y multiplica calentura y deseo.

Con un chispazo de lucidez le retiro el “caramelo” de la boca, salirme de su boca, tomar un poco de aire y bajar la tensión, para no terminar tan pronto, prolongar ese placer que nunca había imaginado de ese modo.

-¡Espera!, necesito en entrar en ti, sentirme dentro tuyo.

Otra vez arrodillado entre sus piernas, blandiendo la espada de carne lista para entrar en ella.   Como si el tiempo se hubiera detenido, nos miramos, estábamos como dándonos ánimo comenzar el camino del que no se vuelve, el pacto ancestral, el llamado del deseo, la comunión macho-hembra, entendió el lenguaje cifrado de ese momento sublime, del que solamente habrá un antes y un después:

– ¡Luis, por favor… entra!… no soy virgen, muero por “esto” – Me tomó de la verga y me llevó a su vagina.

Me dejé llevar, dócil y manso, solo hasta sentir en el glande la humedad de su calentura, un par de movimientos consumieron la prudencia inicial, la excesiva lubricación, el movimiento brusco de pelvis de la muchacha y la incontenible calentura de mi ser hicieron el resto del camino fácil.   El estrecho pasaje a sus entrañas se hacía delicioso, sentir como sus músculos abrazaban el miembro una caricia, rozar la cabeza contra el fondo vaginal un beso mágico.

La muchacha estaba arrobada de calor, enrojecida la cara, brillante la mirada, abría la boca buscando ese poco de aire que se le escapa en cada suspiro, la lengua asoma a buscar la humedad que le robo en cada penetración.   De pronto cierra los ojos y una maravillosa sonrisa se dibuja en su rostro juvenil, miles de estrellas brillan en sus mejillas, el orgasmo repentino la sacó del mundo otra vez, ahora vuela sujeta por mis brazos y agitada por mi cuerpo, se agita sacudida por la emoción y la urgente penetración.

No se cuantas veces entró en trance, si es uno largo o varios secuenciales, pero es una maravillosa sensación sentirla debatirse en ese estado que me transfiere su excitación.   Para dilatar y prolongar el goce, me salgo un instante de ella, se molesta, pero se deja hacer, elevo sus piernas, quedan a los costados de mi cabeza.

Ahora vuelvo a entrar, a fondo en un solo envión, solo son necesarios un par de bombeos para volverla al nirvana, sentirse en el paraíso.   La penetración se hace profunda e intensa, volcado sobre su cuerpo, dobladas las piernas, casi a los costados de su cabeza, mis manos son tenazas aferradas a sus hombros, con la boca acaparo un pezón y luego otro, para mamar en forma insaciable.

El ambiente se llena de suspiros y gemidos, el descontrol y el deseo le hacen pronunciar alguna que otra grosería que son elogios al macho que la posee.

-¡Dame, dame, pija! ¡Toda, toda, necesito más!, ¡Bien, bien a fondo, me gusta, me gusta!

El descontrol y el deseo dominan a la prudencia, colmada de orgasmos se deja hacer sin voluntad, mi deseo la puede, acompaña el ritmo de mis caderas, responde a cada envión, se deja abrir y aprieta el miembro, el momento de liberar mi carga de semen se acerca, siento correr el torrente por mi cuerpo, el placer esta por llegar a su máxima expresión.

Un instante de lucidez me recuerda que no tengo condón, venciendo el incontenible deseo me salgo del estuche carnal, ahora ella abre los ojos, no puede dejar de mirar como el miembro que la colmó de felicidad brilla barnizados de sus jugos, no necesito agitarla demasiado la esperma está a punto de emerger, solo un par de sacudidas bastan para que el primer chorro de leche se derrame sobre su vientre.

Estremece al contacto con el semen, sonríe, espera el segundo y un tercero menos denso caiga sobre sí.  El silencioso placer del desahogo nos trae el bienestar lógico del relax. Me dejé caer de costado, mirando el techo, la nada misma, ahora ella esta repuesta y viene a culminar su obra, con la boca sobre el miembro roba los restos del semen que emergió de mí, la deja limpia y se guarda el sabor de su macho, del hombre que la hizo sentir tan mujer.

No hubo palabras, ni disculpas ni gracias, ni falta hacía estaba todo dicho, el silencio decía lo que nuestros cuerpos expresaban, lo que nuestra moral callaba.

Luego… un beso, profundo intenso, de hombre y mujer, sellaban ese pacto de sangre, el acto había consumado el deseo de varios años, ahora nos pertenecíamos, este acto había  sido de minutos pero se recordaría toda la vida, había sido tatuado en la carne viva del sentimiento.

Tampoco fue necesario compromisos ni promesas, ambos sabíamos que esto volvería a repetirse, era ese secreto deseo.

Después de esa tarde hubo otras, muchas donde nos expresamos con más comodidad y dimos libertada a nuestro placer, pero eso será motivo de la continuación de esta historia y sus consecuencias.

Si te ha gustado, más aún si te ha sucedido algo parecido me agradaría conocer tus comentarios, desde ya agradezco tu confianza y deferencia, te espero en mi correo.

Autor: Lobo Feroz

latinoinfiel@yahoo.com.ar

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Nora, mi sobrina nieta

Nora se contorsionaba de gozo, mi lengua siguió ganando terreno dentro de su vagina hasta que llegó al útero, en eso sentí gusto a sangre causado por la rotura del himen. Nora tras unos movimientos logró otro brutal orgasmo que casi cae desmayada. Al reponerse un poco Nora se puso a llorar, feliz y agradecida.

Mi nombre es Roque, soy viudo y vivo solo, tengo una sola hermana, Dora, quien tiene unos años menos que yo.

Dora vino un día a verme trayéndome una preocupación.

– Roque: Nora mi nieta, tu sobrina nieta de 18 años, está por ir con la división a Bariloche en el viaje de egresados, ella es virgen y tiene miedo, pues a su hermana en esos viajes la desvirgaron mal y quedó muy resentida, mi hija nunca supo nada, pero a mi y a su hermanita nos contó todo y con lujo de detalles.

-La nena vino a mí porque está decidida a perder la virginidad sea como sea pero que no sea traumática como su hermana. -Y ¿Qué quieres que haga yo? Pregunté. -Tú eres un hombre grande y muy experimentado, se que sabrás resolverme el problema. -¿Que quieres? ¿Que me la coja yo y que me metan preso por incesto? -Roque yo le conté de vos y me confesó que desea hacerlo contigo.-Mira esta tarde vengo con ella de visita y vemos, ¡Sin compromiso! – ¡De acuerdo!

Dora me dejó intrigado ya que yo no llegaba a entenderla.

Dora llegó con Nora mi sobrina nieta, una chica muy hermosa, a primera vista aparentaba tener más de 18 años pues sus formas estaban bien desarrolladas.

Conversamos casi 2 horas entre los tres, hasta que llegamos a la conclusión de que ¡Yo! tendría la misión de romperle el himen y liberarla de los acosos masculinos. Quedamos con Dora y su nieta en que se quedarían a pasar la noche en mi casa y así lo hicimos, yo dormiría solo en mi cama matrimonial y Dora y la chica en la habitación de huéspedes.

Después de cenar, como a la medianoche decidimos ir a acostarnos, yo me tomé un rato para leer un poco, luego apagué la luz y me dispuse a dormir.

Como a la una de la mañana. Siento que alguien se mete en mi cama, enciendo el velador y veo a mi nietita que me mira sonriente mientras se acomoda junto a mí. ¿Puedo dormir con vos? ¿Si no es molestia? Me preguntó. Yo abriendo las cobijas la invité a mi lado izquierdo (el lugar que reservo a mis compañías femeninas) Nora se acomodó junto a mi, yo apagué la luz y me quedé quietito, la muchacha olía un perfume dulce delicioso yo me contenía las ganas de tocarla, ansioso esperé a que la muchacha tomara la iniciativa.

Pasaron unos diez minutos y como yo permanecía quieto y en silencio la muchacha comenzó a arrimar su cuerpo contra el mío y a pasar su mano suavemente por mi pecho, yo  respondí colocando mi mano derecha sobre la mano de ella, se la acaricié un poquito y luego la subí por su brazo hasta su hombro, luego pasé las puntas de mis dedos suavemente por sus cabellos su cabeza y luego la bajé lentamente por su espalda, ya que estaba de costado cara hacia mí

Mientras sentía sus pechos firmes contra mi brazo y su pubis contra mi mano izquierda como buscando mimos, yo fui apoyando el dorso de esa mano y antebrazo contra su vientre, luego abriendo mi mano la apoyé sobre la parte interior de su muslo, la muchacha aferró mi mano con la suya apretándola contra su vulva y levantando su pierna izquierda dejó su femineidad a mi disposición.

La muchacha giró quedando acostada boca arriba en la oscuridad y yo de costado hacia ella, con mi mano derecha comencé a acariciar su muslo derecho y fui subiendo y la detuve justo antes de tocarle la vulva, Nora tenía puesto solo un camisoncito liviano, corrí mi mano por debajo del camisón directamente a su pecho, me detuve un largo rato acariciando y chupando sus tetas.

Nora buscó con su mano derecha dentro de mis calzoncillos aferrando mi pija con su suave mano. Por supuesto que mi erección es escasa con mis 66 años.

Me incorporé en la cama colocándome de espaldas a los pies de ella, Nora se irguió abriendo sus piernas, luego apoyé mis manos sobre los posteriores de sus rodillas logrando exponer lo más posible su vulva. En la oscuridad me imaginaba yo con 40 años menos con este bocadito…

Como de mi pija no puedo esperar un milagro, me quité la prótesis dental y comencé a lamer suavemente su vulva y sus alrededores. Nora comenzó a entrar como en trance, tomándome de los cabellos me atraía fuertemente contra su vulva deseosa de caricias.

Yo comencé a darle un placer especial, con la punta de mi lengua recorrí todo el entorno de sus tiernos genitales, seguí pasando mi húmeda lengua por las ingles, por su vientre, por las partes internas de sus nalgas, de pronto me detenía y separaba mi boca unos centímetros de su cuerpo, con la lengua me humedecía bastante mis labios  para volver a acariciarla con mi boca desde otro punto de su cuerpo causándole tiernas cosquillas que ella disfrutaba tanto que no pudo evitar un brutal orgasmo, luego abriendo bien mi boca se la apoyé suavemente sobre su vulva cubriendo toda su conchita y casi el culo también.

Con la lengua encogida dentro de mi boca fui recorriendo toda su rajita y jugué un rato con su clítoris, la muchacha gemía enloquecida de placer, entonces decidí que era el momento preciso para el “Desvirgue”

En mi boca tenía toda su vulva. Por los lados de su cuerpo se encontraron nuestras manos aferrándonos tirábamos para apretarnos el uno contra el otro.

Mi lengua buscó suavemente el himen hasta que lo ubicó y con la punta lo inspeccioné minuciosamente y luego comencé a introducirla hacia el interior de su vagina moviéndola de un lado a otro y de arriba abajo.

Nora se contorsionaba de gozo, mi lengua siguió ganando terreno dentro de su vagina hasta que llegó al útero, en eso sentí gusto a sangre causado por la rotura del himen.

Nora no se porque motivo tosió causando que dentro de su vagina unos músculos me apretara la lengua expulsándola de su interior, inmediatamente volví a penetrarla fuertemente con mi lengua llenando todo su interior.

Nora tras unos movimientos logró otro brutal orgasmo que casi cae desmayada.

Al reponerse un poco Nora se puso a llorar, feliz y agradecida. Estuvo abrazada a mí un rato, apretando su cuerpo desnudo contra el mío, yo tenía puesto el calzoncillo, ella puso su mano sobre mi bulto acariciando suavemente me preguntó ¿Abuelo, me vas a poner esta? No “mujercita” eso lo dejo para el feliz muchacho que ames, ahora ve y dile a tu abuela que quisiera “conversar” con ella.

Nora se levantó de la cama encendió la luz y salió de la habitación volviendo con su abuela contándole lo feliz que se sentía.

Dora entró, me abrazó emocionada y luego me agradeció “amándonos” intensamente el resto de la noche, tal como lo hacíamos desde hace muchos años, era nuestro secreto.

Autor: Roque viejo verde

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Mis tres amantes

Por primera vez sentí como una verga me penetraba ese culito virgen mientras mi papá me ponía su verga para que yo se la mamara y lo hice con gran pasión, mi tío estaba besándome las tetas cuando de repente sentí que mi abuelo se agitaba más y se corrió dentro de mí.

Todo ocurrió cuando yo tenía 18 años y mi padre me indujo al sexo entre hombres.

El día de mi cumpleaños mi padre me invitó unos tragos, tomé mucho y después de eso me dijo hoy te voy a convertir en mi hija preferida, yo no entendía nada además estaba mareado, me llevó a un lugar que no conocía y allí nos estaban esperando mi tío y mi abuelo.

Siempre tuve fantasías con ellos y ese día se iban a realizar. Cuando los vi les dije: mi papá me trata como su hija y mi abuelo responde y yo como mi nieta.

Quedé perplejo al escucharlo, entramos en esa casa, mi padre y mi tío se desnudaron, yo todo mareado solo me los quedaba viendo, tenían unas vergas como de unos 23 cm.

Mi tío me agarró la mano y dijo mastúrbame, comencé a hacer lo que él había mandado y mi padre me desnudó y comenzó a besarme las nalgas, cuando escuché un grito que era de mi abuelo diciendo: ese virgo me lo como yo de primero por ser el papá de todos y así fue.

Por primera vez sentí como una verga me penetraba ese culito virgen mientras mi papá me ponía su verga para que yo se la mamara y lo hice con gran pasión, mi tío estaba besándome las tetas cuando de repente sentí que mi abuelo se agitaba más y se corrió dentro de mí.

Luego pasó mi padre y le tocó el turno de mamarle esa gran verga a mi tío. Cuando mi abuelo me cogió me dolió mucho, hasta grité, cuando mi padre me cogió no me dolió mucho, cuando estaba a punto de correrse la sacó y se vino en mi cara. Al terminar mi padre, mi tío me dijo ahora vas a sentir un hombre de verdad, me puso como perrito y me metió esa gran verga.

Mientras mi tío me cogía, a mi abuelo comenzó a endurecerse de nuevo y empecé a mamársela mientras me decía:

Tenemos una niña en la casa.  Le mamé esa verga hasta hacerlo correr en mi cara, mi tío me echó su semen en mi cuerpo, mientras mi padre me lamía el cuerpo lleno de semen de mi tío.

Al terminar ellos me hicieron venir como nunca lo había hecho, desde ese tiempo ellos me tratan como a su mujer, me compran ropa, lo que yo les pida me compran y desde ese día me convertí en la mujer de mis tres amores.

Mi tío todavía vive con su esposa, pero dice que no la ama, sólo está por interés ya que ella tiene mucha plata, mi abuelo vive con mi abuela en camas separadas y mi padre se divorció de mi mamá.  Hay días que los tres se quedan en casa de mi padre por semanas y yo con ellos haciendo el papel de amante de los tres, satisfaciéndolos como se merecen.

Autor: jhos

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Nieta lujuriosa, trio III

El placer se hace intenso, la fricción y lo ajustado del estuche hace el resto, me derramé en ella, dejarme vencer por el placer de llenarla con mi leche fue algo superior a la sensación vivida en previo, ahora se combinan otros valores, otros conceptos otra sensaciones.  Disfrutamos de mis latidos, de mi semen, de mi vida que se queda un poco en ella.

Esto sucedió dos días después de aquella tarde de lujuriosa orgía, mis dos nietas y el novio de una (Giselle) que para hacerle pagar los cuernos que le plantó Rogelio, el culpable de los cuernos, le hacía el culito a Emilce yo debí hacérselo a él a instancias de la damnificada y bajo promesa de dejarme hacer el de ella: Tren sexual de locura y sexo.

Estas son mis nietas, Emilce y Giselle (esta en el afecto), ambas de la misma edad, gloriosos dieciocho añitos llevados con toda la enjundia y arrogancia que da tener toda la vida y los placeres por delante, yo me muevo y disfruto con la vitalidad de un curentón pero camino por la cornisa de mis sesenta y cinco, que como comenté puedo tener una envidiable performance, las ganas en el tope del mástil del deseo, en ocasiones extraordinarias algo de “ayudín” puedo estar a tono con todo lo que ellas necesitan.

Desde muy joven me enseñaron como saborear el fruto del árbol femenino, degustarlo, despacio, sentirlas “llegar” varias veces antes de regalarles la miel del deseo, solo cuando ellas están colmadas de placer voy por el mío, cualidad muy apreciada y es muy difícil que no vuelvan por más.

En oportunidad de vengar la infidelidad del novio, Giselle, que le ofreció el culito de mi nieta Emilce pero debía ceder el suyo y sentir los rigores de una sodomización impiadosa, pero… creo, terminó disfrutando de ambas, la recibida estimuló la próstata y lo hizo gozar al máximo de la penetración en el culo ajeno.

Primera vez hacerlo a un macho, no fue tan malo, si bien es cierto que a esa altura ya habíamos conformado una perfecta orgía regada con más licor del habitual, los sentidos algo alterados, de modo que todos salimos satisfechos y la afrenta de Giselle “lavada” y todos  quedamos con ganas de sabor a poco.

En los relatos anteriores les comenté que Giselle guardó testimonio gráfico de los hechos y quedó pendiente la promesa de volver para “pagar” con su precioso tesoro: Su culito. Dos días después fue el momento para saldar deudas decía en tono jocoso cuando llamó por teléfono:

-¿Abu, te parece esta tarde?, que vayamos (obvia referencia a Emilce) por ti para… bueno ya sabes la deuda de… honor/amor.  –Se escuchan risas, seguro la otro nieta. -Sí, claro… te estaremos esperando.  -¿Esperando?  – Sí, los dos, yo y el “amigo”  que ya se puso como una estaca. –Ah, bien, pues mantenla así que vamos para hacerlo feliz, le llevamos el regalo o ¿dos si tienes muchas ganas? –se escuchan risas.

A la tarde aparece Giselle decidida a “pagar” su deuda, entregar el preciado tesoro.

Todo estaba más laxo, más relajado, la confianza de habernos conocido en la intimidad hacía todo fácil, las caricias y toqueteos como de toda la vida,  desvestirnos formaba parte del preámbulo del deseo, la danza striper para ir dejando los pétalos y descubrir el pimpollo rodeado de vello enrulado y verlo asomar ansioso entre sus pierna era la flor más bella de la creación femenina.

Movía ese cuerpo como el arma mortal del encantamiento, sostenía sus voluminosos pechos, haciendo que los gruesos y rosados pezones, parecieran más abultados, levantados en sus manos eran la imagen vívida de la tentación más atroz,  inclinada para la ofrenda, uno por vez para saborear esa cereza y ahogar por deseo de morderlos.

-Mordelos, apretalos en tu boca Abu…, así ¡más, más! –mientras gime y retuerce de placer.
Sin dejarlo salir de mi boca la lleve, en brazos a mi cama, que aún tenía su aroma, depositada de espaldas, las caderas casi en el borde, para poder volcarme a comer esas carnes blancas y palpitantes.
Arrodillado al costado del lecho, fui al “pesebre” a buscar entre los vellos la cueva de los placeres, desbrocé el acceso, lamí despacio, la lenguasepara los velos externos, luego con las manos abrí más para poder llegar más dentro, la nariz frota y roba el aroma del clítoris.

Las evoluciones de la lengua y los dedos en el cofre de la felicidad, producen el movimiento ondulante del vientre, las corrientes internas de la excitación la convulsionan, apoya los pies en mis hombros para impulsarse y poder disfrutar moviéndose al compás de las sensaciones que mis lamidas producen en ese cuerpo entregado totalmente al placer y al deleite.

En este momento soy amo y señor de su placer, de su deseo, no puede controlarse, el deseo la puede, se aprieta los pechos, frota los pezones, retuerce y hace los gestos más inverosímiles.  Verla gesticular, gemir y retorcerse es un placer mayúsculo, más que mi eyaculación.  Esta mujer me regala el espectáculo de la lujuria misma.

El orgasmo, la sacude como un rayo, el cuerpo se arquea y vibra, llevo el juego al límite, minimizo el acoso lingual, bajar el estímulo, la calma está por hacerse presente cuando vuelvo al ataque, la réplica del terremoto que amagó calma, vuelve con más intensidad, los gemidos imperiosos se hacen notar.
Se repite el ciclo con mayor intensidad, repetir ese procedimiento varias veces con resultados más notables, hasta dejarla exhausta, “despatarrada”, desarticulada como una muñeca rota, los retazos de mujer expandidos, pero la mejor de las sonrisas asoma en sus labios, le pone estrellas en las mejillas y destello en los ojos, el placer dibujado en un cielo lejano.

Silencio, calma, sosiego y deleite enmarcan el placer, el éxtasis lleno de sensaciones, caminando sobre el mar de los placeres, disfrutando lo inédito. Volví para besarla y dejarme mamar, ganas y estilo, sabe hacerlo como pocas, verla como abultan las mejillas mientras juega con la verga dentro de la boca, moverla de un lado a otro, caricias de lengua y sostenerla, a pesar del grosor dentro de la cavidad.  Sonríe con los ojos y se deleita ver el placer que es capaz de despertar en mí.

De una boca a la otra, de pie, entre sus piernas, aprovecho el mar de jugos, y me dejo ir dentro del estuche, suave, sin pausa hasta lo profundo, las piernas son pétalos abiertos para  acceder al centro, entro y salgo, profundo y lento.  En medio del goce espero el “permiso” para ir por el “premio”, sonríe y dice:

-¿Abu, no vas a hacerme la colita? –la pregunta era casi una súplica.

Apoyo justo en el centro del objetivo, juego al deseo en la entrada, presionando, el dedo enjugado en ella, sirve para hacer más fácil vencer el aro cerradito de carne ansiosa y algo temerosa, entrar y salir con un dedo, dos, removerlos y girarlos, hasta que tome confianza y se deje hacer.

Es el momento de ir por ella, húmeda y confiada se dejó acceder, la cabeza presiona, despacio, dejándola acostumbrarse al tamaño, “hacerse amiga”, la pausa y las caricias permiten relajarse para disfrutar de mis ganas.  La pausa interminable de adaptación, da sus frutos, pide más acción, excitado al extreme me dejo llevar por su deseo, voy entrando con suave movimiento de vaivén, cada avance es el triunfo del placer, envión final, llego al límite.

-¡Ahhhh!  – después pausa y silencio de ojos cerrados.

Es el momento de mi excitación máxima la espera crispa, la espiral del deseo está en su máxima expresión, ambos listos para ir por el todo, por el premio mayor.   Levantó las piernas, se ofrece como en bandeja, todo expuesto para hacer de ella y en ella, el postre de la vida.  De pie entre sus piernas, me vuelco sobre la mujer, se abre toda, el máximo contacto, el movimiento se hace continuado y profundo.

-¡Más, más rápido! ¡Duele no sé cuanto pueda aguantar!, ¡Apura, dame “MI” leche!

Pedir “mi leche” me agradó ese mimo, sentía la estrechez anal, era conciente de cómo se lo agrando en cada metida, mi placer compensa el dolor, goza con mi gozo, lo siento, pero eso de pedir “mi” leche aceleró la excitación.  Fue como encender el motor del sexo, de pronto nos encontramos vibrando, ella sacudía su cuerpo impulsada en las piernas mientras llego a lo profundo de su recto.
Metisaca enfurecido, enérgico e impetuoso, vibrante y convulsivo, a todo dar, perdido la noción de la prudencia y la mesura, solo perseguir ese momento que está ahí nada más, esperando para estallar, sigue pidiendo acción:

-¡Vení, vení, quiero mi leche, dámela!

Ella comienza a estremecerse sus manos frotan el clítoris enloquecidas, el fragor de mis movimientos en ella va secando los jugos, pero… ya nada importa, ¡solo llegar!.  Ambos estamos en la misma carrera por distintos andariveles, en un momento nos encontramos encarando la recta final, la meta esta cercana, cada segundo puede ser el último de la carrera.

-¡Ahh, nena, está bajando tu leche, estoy cerca!, ¡muy cerca, ya la siento! -¡Sí, la quiero es mía!  ¡Venite, venite! ¡Yo ya estoyyyy!

El maestro de la orquesta sexual marcó los acordes finales, ¡A toda orquesta! Ese fue el estruendo que parecía estallar en mis oídos cuando pude decirle solamente:

-¡Voooyyy!

El pene comenzó a latir en cada salida del placer convertido en esa leche que deseaba la mujer, varias veces se dilató para dejar fluir la vida en sus entrañas, en cada latido ella sentía como le transmitía el código del goce.  Me retenía en ella, no quería dejarme salir tan pronto, que fuera cuando menguara la rigidez de la carne.

Demoré el doble de tiempo en escribirlo que el tiempo real del acto, en verdad fue más breve que lo usual para mis hábitos, pero con una intensidad y vehemencia pocas veces sentida.

La duración no fue medida para el placer, ambos sentimos como nada tenía sentido, ella por primera vez llega al orgasmo teniendo sexo anal, yo gozando de un modo increíble y maravilloso.
Cuando retornamos al mundo real, notamos que Emilce se había deslizado sin ser observada en medio de nuestro viaje al placer y había robado esas imágenes pasionales en el mismo casete donde Giselle había guardado el “trencito de la alegría”.

Era momento de compartir, ahora éramos un trío, la nieta de la carne estaba a tono, lucía solo una tanguita abultada y destacando el contorno de sus labios vaginales.  Giselle en un acto de lujuria se la quitó sólo con los dientes, para beneplácito de este mortal.

Volver con más tragos, Emilce exhibe su desnudez en todo su esplendor.  Nada hay más bello que el cuerpo desnudo de una mujer, el equilibrio de sus líneas, curvas del talle, redondeces de los pechos, pezones apuntando al deseo, planicie del vientre juvenil que se ahoga en el triángulo púbico, donde una mata de suave vello da sombras de deseo al cofre de la pasión.  Entre el sombreado vello se destacan los carnosos labios de la boca vertical, un desafío a la perfección y al pudor, todo ella es un mapa de inocente lascivia y recatada lujuria.

Mezcla formal de ángel y demonio, imagen del salto al vacío, entrar al pecado carnal del incesto, pero… nada parece tener sentido de cordura y prudencia, encandila, no permite ver la realidad, solo soy un hedonista, solo busco el tesoro que ofrece ese magnífico ejemplar de mujer llena de deseo.
Ella inicia el camino sin retorno, cortar las amarras del último vestigio de cordura, sentí como sus labios contienen y hacen crecer mi atributo de hombre en su boca.

Los ojos de joven sumisa y obediente, sometida geisha hace las delicias de su abuelo en el sensual masaje de su lengua.Sabe manejar como pocas el masaje bucal, llevarme al cielo, no dejar tiempo para pensar,  la pasión silencia la razón, ella maneja la situación, acomoda de tal modo para quedar en perfecto 69.  Intercambiar caricias y mimos y llevarla por los caminos del experimentado hombre, comerle la conchita, hacerle olvidar otros momentos, vencer otros recuerdos e instalar esta leyenda de una lamida de conchita como pocas.

Sé manejar esos momentos, ir cambiando el ritmo agregando dedos en los dos accesos, combinar el accionar con el acoso al clítoris.  La otra nieta hace las delicias ayudándola a mamarme. El estallido emocional no demoró, los latidos de la vagina se suceden, apuro el proceso, lo llevo al extremo, desocupa la boca para poder aullar el momento de éxtasis, contenida por su amiga se deja vencer por el orgasmo impetuoso y generoso en jugos hasta declararse vencida como hembra y mujer.

-¡Soy tuya!, ¡Toda tuya! – fue lo más que pudo expresar antes de cerrar los ojos y quedarse callada.

La dejamos descansar mientras nosotros fuimos por un reparador café, quedó ensimismada, viajando por otros rumbos. Al rato mientras degustamos la infusión, la “bella durmiente” se nos aparece y frota su pubis húmedo contra mis nalgas.

-¡La nena, viene por lo suyo Abu! -Claro, ahora es mi turno, ¡necesito esto!  -Emilce se “agarra” de la pija.

Dejamos los pocillos y me dejo “remolcar” hasta el dormitorio, sentada en el borde del lecho comienza a mamar, haciendo todos los guiños ante la lente de la cámara que maneja su amiga.

-¡Te necesito, dame esto!

Se acomoda como perrita, ofreciendo la visión espléndida de sus “labios”, de espalda se expone de modo franco al contacto genital, inclina más el cuerpo, de bruces, la cabeza apoyada en sus brazos cruzados, ofrece el centro de su sexo para que sea atravesado por la lanza del guerrero.En el mejor momento, de mayor dureza entro en esa cueva pletórica de jugos, la postura facilita el ingreso franco y en profundidad, de un solo envión voy con todo y a fondo.

Los golpes se suceden y la ponen gozosa, cada golpe acrecienta el placer, los repito.

Me colocó encima de ellas, casi sobre su espalda, volcando todo el peso de mi humanidad en el miembro, de modo que toda la presión se concentre en la pija, en cada embestida puede sentir como su hombre está contenido y reflejado en esa vara de carne, llena de venas con sangre hirviente.
La cámara refleja cada sensación, los enviones intensos roban el primer orgasmo, otro y otro más.  Tanta sensación me condiciona acortando el tiempo de juego sexual, sus gritos y estertores incitan al desenlace, el cuerpo de la nieta sigue en trance de la multiorgasmia.  El deseo se hace notar, las sensaciones de que la eyaculación está cercana me impulsa a salirme de la conchita.

Con los jugos vaginales como lubricación, tan solo fue cambiar de entrada y encularla, apoyarme en el hoyo, “el marrón” y embocarla justo, entró fácil, suave, continuado hasta estar todo dentro, con la misma técnica y postura procedí para hacerle el culito.

El placer se hace intenso, la fricción y lo ajustado del estuche hace el resto, bombeo continuado, profundo y dejarme estar en ella, detener el tiempo estando en ella.  Siento como el semen comienza el camino si retorno, es momento de regalarme en ella, de implantarle la vitalidad del abuelo en su ser, hacerla doblemente  feliz, por hombre y por afecto.

-¡Voy, voy nena!

Me derramé en ella, dejarme vencer por el placer de llenarla con mi leche fue algo superior a la sensación vivida en previo, ahora se combinan otros valores, otros conceptos otra sensaciones.  Disfrutamos de mis latidos, de mi semen, de mi vida que se queda un poco en ella.

Hasta aquí el relato de los hechos, vividos con la pasión de un hombre gozando de una mujer.  Una historia de pecado, por la índole de la relación, algo que me “hace ruido”, soy conciente del pecado cometido, pero el mayor pecado no es haberlo consumado, sino no sentir culpa y desear repetirlo…
Los puntos suspensivos son la expresión viva de la duda y deseo de ir “por más”, no me pesa la culpa, tampoco en ellas, el camino al placer esta expedito, tal vez lo mejor esté por venir…
Espero que haya sido de su agrado, para mi lo sigue siendo.

Quisiera conocer la opinión de muchachas de edad similar, más aún si han vivido circunstancias parecidas…

Autor: Lobo Feroz

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