El chat y sus consecuencias

Percatada de que su culo ya podía aceptar mi miembro me calzó un condón, se sentó sobre la misma, sujetándola con una mano la posó en la entrada de su culo y empezó a tragárselo de a poco, nuestros gemidos se entremezclaban, y nuestros movimientos se hacían más acelerados, rompeme el culo, destrózame, hasta que nos fundimos en una corrida tan o más fenomenal que la primera.

El relato que paso a narrar, es realmente 100% real, sucedió hace dos años atrás, en La Paz, Bolivia, ciudad en la que radico, mi nombre es Antonio, con 42 años de edad, profesional independiente dedicado al asesoramiento en Gestión Pública – en esa entonces trabajaba en un Ministerio del Gobierno, estoy casado con una mujer en todo el sentido de la palabra desde hace 18 años; por lo cual mi matrimonio desde hace mucho tiempo entró en una suerte de monotonía sexual inercial, ya que mi esposa es muy conservadora al respecto, contrariamente a mí, que siento gran atracción por el morbo, las relaciones “prohibidas”, el erotismo, etc.

Debo confesar que mi apariencia es normal, acorde a mis años, tez blanca, con unos dos kg de sobrepeso y una estatura algo baja (1,65 mts), ósea como comprenderán no pertenezco al grupo de los físicamente privilegiados, que atraen con facilidad las miradas del sexo opuesto; sin embargo la naturaleza fue generosa en compensación y tengo la suerte de contar con un miembro de buen porte (18 cm), lo cual me ayudo bastante en mis relaciones previas a mi matrimonio y con mi esposa, a la cual hasta esa entonces jamás le había sido infiel, por temor, por respeto, por timidez, etc., es decir por una suerte de mezcla de sentimientos, valores y pensamientos que se confundían y se imponían a la hora de pretender buscar una relación extra matrimonial.

Acontece que en el tiempo en que me sucedió, esto que paso a contarles, la cantidad de trabajo se me había incrementado en un 50% más de lo normal, lo cual derivaba en que tenga que quedarme a trabajar en horarios extra laborales hasta altas horas de la noche, es así que un día, alrededor de las 20:00 horas, me encontraba solo en la oficina y con un stress acumulado que me impedía continuar de manera regular con mi faena, entonces para relajarme decidí navegar por el internet y aprovechar de leer mis correos, entre los cuales, se encontraba uno en el cual invitaban a participar de un chat local, al cual más por curiosidad y necesidad de relajamiento, decidí ingresar sin titubear.

Digité un nick acorde con mi estado emocional (stress), de inmediato me saludó una dama con el nick de aburrida, vaya casualidad, dos personas emotivamente afines, empezamos a conversar de temas triviales que como te llamas, a que te dedicas, cual tu edad, etc., hasta que decidí preguntarle la razón de su nick, a lo que ella me respondió que sobre el tema le gustaría conversar por el chat privado, a lo cual accedí, me conto que la razón obedecía a que precisamente en ese momento ella se sentía aburrida por la vida que llevaba, una mujer profesional de 45 años de edad en esa entonces (me llevaba por 5 años), de una posición económica y status personal interesantes, pero que su matrimonio había sucumbido en una suerte de estancamiento, tornándose monótono y que ella sentía la necesidad de algo más; pese al gran amor que profesaba por su esposo, el cual, por el trabajo y su vida profesional la habría descuidado involuntariamente, vaya, me dije a mi mismo, ambos atravesamos por la misma situación, casualidad del destino, no sé, pero el hecho es que teníamos los mismos conflictos, luego de escribir por más de una hora, terminamos en despedirnos  y concretar una nueva cita en el chat para el día siguiente a la misma hora.

Debo admitir, que durante todo el día me sentía inquieto, nervioso y ansioso porque las horas pasen de inmediato, así llegaron las 20:00 pm, ingresé al chat con otro nick, con el objeto de cerciorarme que ella esté en la sala y no se diera cuenta de mi ingreso, pues no había fallado, su nick estaba registrado en la sala, así que decidí salir y reingresar con el nick anterior, ni bien ingresé recibí una invitación de aburrida para ir al chat privado, me confesó que todo el día se encontraba ansiosa por que llegue la hora de nuestra cita cibernética, a lo que respondí con la misma confesión, ello nos hizo dar cuenta de nuestra mutua despertada necesidad, me resultaba inexplicable la situación, no sabía quién era la persona al otro lado del chat, no me la podía imaginar siquiera; pero había algo en ella que me atraía de una manera muy absorbente, luego de conversar esta vez por más de dos horas, ose por pedirle su teléfono el cual me facilito de inmediato a tiempo de solicitar el mío, para luego despedirnos con la mayor naturalidad y quedando en chatear al día siguiente a la misma hora.

Al día siguiente, camino a la oficina recibo una llamada de aburrida, me saluda con naturalidad y me confiesa que había soñado conmigo y que le gustaría contarme su sueño personalmente, a lo cual respondí nerviosamente, ¿porque?, pues por que deseo comprobar si eres como te imagine, como te soñé, le recalque que no era ningún adonis ni nada por el estilo, a lo cual ella con aire de confianza me dijo que eso era lo de menos y que ella tampoco era ninguna barby, el comentario sin lugar a dudas me indujo confianza y tranquilidad, entonces después de unos segundos le digo te llamo a media tarde para quedar la hora y el lugar.

Así alrededor de las 16:30, luego de una cansada reunión de trabajo, la llame y la cite a un café cerca de mi oficina, en el afán de que la cita se produzca y acabé lo más temprano posible y así no levantar sospechas en mi esposa, a quien, hasta ese momento jamás le había sido infiel, pues tenía miedo que me llamase a una hora avanzada y descubriera que yo no me encontraba en mi oficina, pues no era viernes, que es el día que gozo de cierto permiso para salir de pachanga con los amigos, llegué al café a la hora acordada y tome asiento en una mesa que se encontraba al fondo del local, algo reservada y que de cierta manera me infundía confianza para no ser detectado por alguien conocido, pasaron diez minutos y veo acercarse hacia mí a una dama de elegante apariencia y de un atractivo especial, si bien se le notaba los años, esto no impedía despertar interés, muy segura de sí, me saluda y nos damos un beso en la mejilla, lo cual me permite sentir su perfume, delicado y sensual, pedimos un café y con cierto nerviosismo empezamos a conversar de cosas triviales, hasta que ella decide romper el hielo y me dice, ¿Quieres que te cuente mi sueño?, a lo cual accedo con curiosidad.

Pues mira – me dice – eres igual te imaginé, me diste una descripción cabal de tu persona, por ello sin pensar me acerqué directamente a esta mesa, vaya entonces soy muy predecible, pensé, y que te parece lo que ves le pregunté, seguramente decepcionada, no! contestó en tono enfático, al contrario me agrada saber que no me equivoqué, y a ti, ¿te gusta lo que ves?, replicó, con timidez y cierto nerviosísimo contesté diciendo, si, eres una mujer muy atractiva y de una apariencia que se impone por si misma, soltando una sonrisa algo sensual, y mirándome directo a los ojos, me halagas contesta, y dime, ¿como te sientes?, confieso que algo nervioso, yo también me dice, y en ese instante se acerca el mesero a tiempo de facilitarnos el menú y consultarnos que nos serviríamos, coincidimos en dos cafés irlandeses, el alcohol del mismo contribuyo a relajarnos y entrar en más confianza, hablamos de todo, de política, de nuestras actividades, nuestros matrimonios, de la situación económica y social del país, etc., en fin temas triviales y sin darnos cuenta habían pasado más de dos horas.

Entonces ella al verificar la hora en su reloj de pulsera, me dice, ya es tarde, debo recogerme, esa palabra me devolvió a mi realidad y me puso nuevamente nervioso, pues la llamada de mi esposa se produciría en cualquier momento, inmediatamente se me pasó por la mente apagar mi celular y así evitar ser descubierto; sin embargo no me animé, ya que no tengo la costumbre de hacerlo ni cuando salgo de pachanga con los amigos, siempre estuve disponible para mi esposa, pero esta vez era diferente, estaba con otra mujer, aunque no había hecho nada malo hasta ese momento, no dejaba de sentirme culpable, entonces opto por retirarme unos minutos al baño, en el cual aprovecho para llamar a casa y comunicar a mi esposa que llegaría algo tarde que me encontraba en la oficina del Ministro en reunión laboral y que por esa razón no podría contestar el celular y desconocía la hora de mi retorno, mentira la cual me creyó de la forma más natural, pues era día de semana y modestia aparte había ganado su confianza en el transcurso de los años, al volver a la mesa, me pregunta, ¿nos retiramos?, si claro que si, permíteme cancelar la cuenta replico, ya fuera del local me ofrezco a llevarla a su domicilio, pues la hora estaba avanzada y casualmente ella vivía en un barrio colindante al mío, en la zona sur de la ciudad.

Decidí tomar la vía más rápida, pues no me dejaba de preocupar la mentira transmitida a mi esposa, en el camino me pregunta si conocía un motel por la zona, respondo afirmativamente, pues en el afán de experimentar algo diferente con mi esposa había recurrido al mismo en un par de oportunidades, ¿porque? le pregunte, porque me gustaría conocerlo hoy y contigo contesto en ese tono sensual que solía comunicarse, sin pensarlo más tomé la vía directa al mismo, ya dentro no asignaron una habitación confortable con una amplia cama en medio, televisión con circuito cerrado, frigobar y un baño pequeño pero acogedor.

Entonces, ella se excusa un momento para dirigirse al baño, el cual aprovecho para calibrar la luz en tenue nivel, encender la música (suave y romántica) y de revisar el frigobar y ver que podía servir para la ocasión, contenía una botella de champagne y varias botellas drinks de escocés, ¿deseas algo?, pregunté en voz alta, del baño contesta, sirve lo que tú quieras, entonces opto por los escoceses, pues el champagne me adormece, al salir alcanzo su copa y mirándome a los ojos me dice, brindo por la ocasión, a tiempo de agradecer el momento, respondo con un ademan de acentuación y cruzando nuestras copas, procedimos a brindar, ese primer trago me tranquilizó y me hizo sentir relajado.

Me acerqué hacia ella y terminamos en profesarnos un apasionante primer beso, confieso que nunca había sentido esa sensación con mi esposa, derivando en una primera erección de mi miembro, me rodeó con sus brazos a tiempo de deshacerse de los calzados de tacón, pues con ellos me llevaba algunos centímetros de ventaja, entonces ya prácticamente a mi altura, empiezo por besuquear su cuello, los lóbulos de sus orejas, ella respondía con gemidos tímidos de placer, apretando con fuerza mi cuerpo hacia el suyo, en esa faena estuvimos unos buenos minutos, luego ella me aparta y se saca la chaqueta que llevaba y yo la corbata y el saco, vestía una blusa blanca de delicada tela y semitransparente, dejando entrever un par de senos de medio tamaño pero de firme porte sujetados por un sostén blanco, su perfume sutil y embriagador me enloquecía, expelía aroma de mujer, se me hacía irresistible la situación, sentía mi miembro cada vez más duro que nunca, percatándose de mi reacción me toma con su mano izquierda el miembro por sobre el pantalón con delicadeza pero a la vez con firmeza y empieza a acariciarlo con un ritmo suave a tiempo de acariciarse los senos por encima de la blusa y el corpiño, que no podían ocultar la erección de sus pezones, escena que me excitaba más aún, a lo cual replico con un beso y tomándole la mano derecha coadyuvo en su frenético masaje.

Sus senos me despertaban un morbo inexplicable, nunca me había sentido tan excitado, pensaba que no aguantaría mucho, pese a que suelo caracterizarme por mi alta resistencia, entonces procedo a desabrochar la blusa, sin dejar de basarla, nuestras lenguas se entrecruzaban, lo cual me permitió sentir su delicada piel, ella respondía con gemidos de placer y en un movimiento instantáneo sin que me dé cuenta deja caer el sujetador, dejando a mi merced, muy frente mío, un par de rebosantes senos de rozado pezón, no muy erguidos pero hermosos sin duda, los cuales pedían a gritos ser besados, masajeados, mamados,  a lo cual no me resistí y procedí a profesarle una serie de mamadas, de pellizcos que despertaban gemidos de placer más continuos y acentuados en mi circunstancial amante, me resultaba morboso e irresistiblemente excitante, el que una extraña correspondía a mis caricias, sin que medie sentimiento alguno, solo el deseo y la pasión desenfrenada, ella por su parte acentuaba más su masaje por sobre mi miembro, hasta que se separa un paso atrás y me sujeta por el cinturón el cual con maestría única desabrocha, dejando caer mis pantalones, dejando al descubierto mi descomunal erección, entonces me toma nuevamente el miembro, esta vez por encima de mi calzoncillo, que denotaba una suerte de carpa de campamento, y poniéndose de rodillas ante mí,  tomándome con la mano derecha por las nalgas, empieza un juego de besuqueos, de lames, y mordisqueos, a lo cual atino por sujetarla por la cabeza fusionando mis manos con su cabellera, no podía más, sentía acabar en cualquier momento.

Esa extraña señora, me estaba haciendo sentir un hombre de verdad, deseado, correspondido como nunca antes me había sentido, y antes de que sucediese lo inevitable, tomándola por los brazos la levanté hacia mí para fundirnos nuevamente en un desesperado beso, a tiempo de bajar la cremallera de su falda, la cual cayó al suelo y dejó a relucir un par de torneadas piernas, sin pantis ni medias, que terminaban o empezaban, como quieran verlo, en un redondo trasero cubierto por un blanco calzón semitransparente, por el cual se denotaba un delicado cocho y algo abultado en medio, pues se notaba que en los extremos el mismo estaba delicadamente depilado, sin resistir más la tumbé a la cama, y posándome entre sus piernas empecé con besos y mordisqueos a apoderarme de sus senos, su pancita, su ombligo sin dejar de acariciar aquel cocho sediento de placer, mojado ya por todos los jugos eliminados, hasta parar mi lujurioso recorrido en mi objetivo final, su olor de hembra me excitaba más y más, mis impulsos animales estaban a flor de piel, quería comerme entero ese cocho sediento y separándole las piernas al máximo empecé a ser mío ese centro de placer, ella se retorcijaba, el movimiento de sus caderas aumentaba con cada caricia con cada beso,  a tiempo de exhalar ahhh!, ahhh! con mayor frecuencia, y con voz entrecortada y con un acento autoritario y desesperado me ordenó, ¿que esperas? me dijo, hazlo tuyo, comételo, chúpamelo, ahhh!, ahhh!, no doy maaasss, no me hagas sufrir, hazme sentir mujer, tu mujer ahhh!, ahhh!, a lo cual procedí a bajarle el calzón húmedo y hediondo a mujer.

Ella levantó el trasero para ayudarme en mi cometido, sin dejar de retorcerse, de gemir, aferrándose con ambas manos a las sábanas que resistían su maltrato, la vista era lo más maravilloso que había visto en mi vida, un chochito muy bien depilado en los extremos y un corte bajo al medio, eso sin duda me elevo a mil, y situándome debajo y de frente al mismo, le separé las piernas al máximo, su rosa estaba abierta y mostraba un clítoris de erecta presencia al cual le dedique mis mejores caricias orales, sentía ganas de comerlo enterito, pase mi lengua de arriba abajo, de abajo arriba, los jugos eran tan abundantes que mi rostro estaba bañado en ellos, hasta que tomándome la cabeza a la altura de mis orejas, con la mirada perdida y ronquida voz me pidió que la penetrase, a lo cual me resistí en ese momento, pues quería que mi mujer explote de placer, y sentía que aún el momento no había llegado, ya pues de una vez, mételo ahhh!, ahhh!, que esperas reiteraba, y so seguía en mi juego, usaba mi lengua cual insaciable falo, ella se retorcía con mayor fuerza, sus gemidos se hacían más fuertes, con las dos manos aparte al máximo su nalgas para llegar a su ano, el cual se encontraba mojado, pues había sido víctima de los jugos de su vecina, y con mi lengua empecé a lamerle el ojete, con movimientos circulares y penetrantes, definitivamente, mi señora hacia aflorar mis sentidos más profundos, ella insistía en su petición, dame tu verga, destrózame de una buena vez ahhh!, ahhh!, penétrame ahhh!, ahhh!, por lo que más quieras ahhh!, ahhh!

Entonces percatado de que el momento crucial había llegado, me puse el condón y la tome por los tobillos para ponerla patas al hombro, frotando previamente mi verga contra su cocho, contra su ano, la embestí de un solo movimiento, mi falo entró con facilidad hasta el fondo de su ser, su cocho remojado me recibió hambriento, sus ojos cerrados, sus gemidos de placer, me enloquecían, sentía el deseo de hacerle el amor como nadie se lo había hecho en su vida, pues era lo mínimo que podía hacer, estaba disfrutando del mejor sexo que me había ocurrido, entonces con movimientos firmes y lentos en principio empecé mi arremetida, para luego tornarse en una acelerado mete y saca, ella ya no gemía, gritaba de placer, yo estaba a diez mil, se frotaba los senos, se pellizcaba los senos, le escena, me motivaba y mis embestidas eran mucho más acentuadas, hasta que no pude más y terminamos en la mejor de las corridas que nunca tuve, ambos extasiados y sudorosos nos tumbamos sobre la cama uno al lado del otro, luego de unos minutos pude reaccionar y me dirigí al peinador a recoger los escoses, para luego recostarnos y brindar por lo sucedido. Ya no me sentía culpable, más al contrario me sentía agradecido con lo sucedido.

Así pasamos unos minutos, prendí el televisor, estaban transmitiendo una pornográfica y la escena de ese momento consistía en una brutal mamada que dos mulatas le profesaban a un tipo, entonces mi amante se puso a jugar con mi miembro, el cual, al sentir las manos por sobre mis bolas, empezó a despertar nuevamente, entonces ella me mira y me susurra al oído, ahora me toca, y se uso a darme una mamada de película, perecería que estaba en competición con las mulatas de la película, me besaba los huevos, me los chupaba, metía mi verga hasta su garganta, lo mordisqueaba, lo tomaba con ambas manos, mierda! pensé, nadie, ni mi mujer me había mamado la verga de esa manera, era lo máximo, sentía tocar el cielo, así pasaron varios minutos, estaba a su merced, había perdido toda capacidad de reacción y solo quería que ella no parase, que continuara hasta terminar en su boca y llenarla de mi leche, pero en el momento menos pensado se detuvo y nuevamente mirándome a los ojos me dijo, desvírgame, que?, pregunté medio aturdido, lo que oíste me dijo, nadie me la metió por el ano, a mi marido no le atrae y hasta ahora pensaba que a mí tampoco, pero cuando me besaste el cocho y terminaste jugando con mi anito, me despertó la curiosidad.

La petición era difícil de resistir, además de haber experimentado el mejor polvo de mi vida, ahora me iría a desvirgar a esa mujer, no podía ser, eso era demasiada suerte, entonces le dije, déjame lubricarte, así dolerá menos, y sin demora alguna ella se dio la vuelta y puso frente mío el tremendo culo que tenia, estábamos en un 69, empecé a lamer su cocho, apartando al máximo las piernas, giro la cabeza y me dijo, el cocho no, ya te lo comiste, ahora comeme el culo solo el culo, que es todo tuyo, entonces cual soldado obedece las ordenes de su capitán, procedí a besarle, a lamerle a chuparle el ano, a tiempo de meter la primera falange de mi dedo índice, y jugar con él con movimientos circulares, para que se dilatase, luego las dos falanges, luego del dedo entero, luego dos, ella volvía a retorcerse de placer, con una mano se aferraba a mi verga que no dejaba de masajear, con la otra se masturbaba el clítoris sin dejar de mamarme la verga que ya estaba hinchada y a punto de explotar nuevamente.

Percatada de que su culo ya podía aceptar mi miembro me calzó un condón, se recorrió en dirección a mi verga, sentándose sobre la misma, sujetándola con una mano la posó en la entrada de su culo y con movimientos suaves pero firmes empezó a tragárselo de a poco, nuestros gemidos se entremezclaban, y nuestros movimientos se hacían más fuertes, más acelerados, rompeme el culo, destrózame, no pares, no pares, sigue, sigue, ahhh!, ahhh!, hasta que nos fundimos en una corrida tan o más fenomenal que la primera. Seguidamente se tiró sudada y desvanecida de espaldas sobre mi pecho, sentía que mi verga se quebraba, pero eso no me importaba, lo único que quería era hacerla disfrutar a mi mujer, descansamos unos minutos, fuimos hacia la ducha, no enjuagamos mutuamente sin dejar de acariciarnos y besarnos…

Después de ése día, nuestros nicks cambiaron, y nuestros encuentros continuaron, pero eso es otra historia…

Disculpas por lo extenso del relato, pero no queríamos omitir detalles del mejor sexo de mi vida…, confesarles que a ambos nos tomo tiempo decidir contar nuestra experiencia (100% real), esperamos les guste, recibimos comentarios sobre todo de nuestra ciudad: La Paz, Bolivia y porque no también del resto del país y del mundo si se puede.

Saludos.

Aburrida y Stress.

Autor: Stress

omendoza42@gmail.com

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