La Sumisa de mi hermana parte III

La sumisión de mi hermana Milagros. Cosas del destino.

Tras la segunda cogida del cerdo de Jhony a mi hermana, donde esa vez le desvirgó su hermoso culo e hizo que ella por primera vez haga un sexo oral, consiguió dominarla sexualmente y someterla a sus más bajas pasiones.
Han pasado 8 meses después que la cogió por primera vez, y tengo que aceptar que ese miserable de Jhony hizo madurar el cuerpo de mi hermana, pues sus pechos, piernas y sobre todo su hermoso culo están mas firmes y cortoneados.
En este lapso, las sesiones sexuales entre ellos fueron muy seguidas, mi hermana iba a su cuarto vestida de diferentes formas, muy atractiva, a veces con ropa casual como un jean a la cadera y blusa, o faldas ceñidas al cuerpo o en mini, pero siempre ceñidas a su cuerpo escultural, permitiendo resaltar su figura.
Los interiores que se ponía iba desde tangas o hilos. Por lo menos yo veía que 3 o 4 veces por semana se follaban a mi hermana, eso que ella tenía ventaja sobre las otras mujeres que tenía el degenerado ese, porque vivíamos casi en la misa casa. Las ocasiones que mi hermana veía a Jhony con otras mujeres, estaba celosa y molesta todo el rato en la casa, era insoportable verla así. Pero sabía que no podía reclamar nada, porque pensaba que la podían dejar.
En resumidad cuentas, mi hermana Milagros se había convertido en una adicta al sexo, en decir, al pene de Jhony. Cuando apreciaba sus encuentros sexuales, mi hermana estaba cada vez más decidida, se comportaba como una verdadera puta en la cama, gemía de placer y dolor, aprendió a mover bien el culo en la cama, y Jhony le felicitaba por eso. Ella se quitaba la ropa bailando de manera sensual, quedando en tanga y sostén, y ella le sacaba el pene del pantalón para ponérselo en la boca y chupárselo como una golosa y ramera. Éste solo le decía: Milagritos ahora si eres una verdadera puta, te dije que jamás te olvidarías de mi.
Un día antes del cumpleaños de mi hermana, Había vuelto de prisión el hermano de Jhony, su nombre es Mario, el tipo este tenía aspecto de drogadicto, se rumoreaba que fue a parar a la cárcel por vender drogas. Ese mismo día al salir a fuera de se casa a fumarse un cigarrillo, vio por primera vez a mi hermana, cuando ella salía a la tienda, puedo darme cuenta que cuando Mario la miró, la desnudó con su mirada, mi hermana creo que se dio cuenta y pasó sin decir nada.
Pareciera que este no sabía nada de la relación que tenía mi hermana con su hermano, porque al volver le dijo una vulgaridad ¨Me gustaría ser rana asustada, para esconderme todo el día en tu zanja mojada.¨, ¨Yo no quiero tu plata, sólo quiero el tesoro que tienes entre las piernas.¨, ¨Que bonitas piernas ¿A qué hora abren?¨, esto último lo dijo porque mi hermana había salido en short.
En la tarde parece que mi hermana le dio la queja a Jhony, porque al final de la conversación lo escuhé decir que hablaría con su hermano, pero antes de despedirce Jhony volteó a los costados y asegurarse de ver a nadie para darle un caluroso beso a mi hermana, mientras con sus manos recorría sus tetas y su culito. Al despedirce le dijo: Milagritos te deshaces de tu familia mañana  por la noche de tu cumpleaños y vienes a mi cuarto para que celebremos tus 20 añitos, tengo algo especial para ti. La muy ingénua le dijo gracias mi amor, allí estaré. Antes de irse le dijo sorpréndeme con algo muy sensua y elegante. Ok dijo mi hermana.
En casa planeábamos una cena a mi hermana, pero ella dijo que por la noche lo iba a celebrar con unos amigos y que preferiría un almuerzo. Así se hizo, le dimos su regalo, almorzamos, y cuando ya eran las 7 de la noche mi hermana comenzaba a alistarse, empezando con una ducha que duró media hora. Se puso sus cremas para el cuerpo, manos y piernas.
Al vestirse vi su ropa interior que realmente era increible, una tanga negra,  panties con mallas a la altura de su muslo y tirantes, estaba realmente muy sexy y putona a la vez, parece que estava vez se esforzó para impresionar a su hombre, osea a Jhony.
Se puso una falda negra muy elegante que llegaba al muslo, con unos zapatos de tacos, que al dar la vuelta se veía sus nalgas firmes y paraditas. Lo acompañó con uan blusa blanco con rayas rojas muy escotado que se apreciaba el inicio de sus pechos erectos y redonditos, un chalequito azulino y su cartera. Cuando terminó de perfumarse eran las 9 y 30 pm,  se despidió y diciendo que iba a una fiesta. Tal como quería el degenerado ese, ella vestida con una ropa sensual y elegante.
Cuando ella estaba por entrar al cuarto de Jhony yo ya me había escodido en el lugar de siempre, tocó la puerta y éste le dijo pasa. Mi hermana hacía su ingreso y caminaba de manera sensual hacia él, se paró a su frente y le dio un beso en sus labios.
Mi hermana: Ya estoy aquí mi amor, espero no haberte hecho esperar mucho.
Jhony: no te preocupes putita, escogiente bien tu atuendo porque me gusta, y ese perfume es delicioso para la ocasión.
Mi hermana: gracias mi amor, eso me pone muy contenta. Y el degenerado empezó a besarle y manosearla  sus manos pasaron sus tetas, por sus piernas y su trasero, le metía la mano por debajo de su falda hasta que se detuvo.
Jhony: baila para mí y quítate la ropa muy despacio, pero no te quites lo tacones que llevas puesto. Mi hermana empezó a bailar de manera sexy y comezó a quiatarse su chaleco lentamente, para luego desabrocharse cada botón de su blusa suavemente, que seguro aumnetaba su líbido. Vio su lindo sontén negro que apenas sujetaba las tetas de mi hermana.
Seguía con su faldita, muy despacio baja el cierre, para luego desprenderse de este, miestras seguía bailando y quedar en su tanga con portaligas.
Jhony: No cabe duda que ahora sí eres una verdadera y real puta Milagros, como has aprendido desde aquella vez que te violé y la segunda que te rompí por primera el culo.
Mi hermana: si me gustó mucho, me hiciste sentir puta y me encantó. Me desvirgaste mi ano y mi boca, jamás lo oldivaré. Se acercó a ella y le quitó su sostén, dejando no sé cuantas veces sus tetas al aire. Comenzó a chupárselo y a mordérselos. Mi hermana respiraba ya con fuerza.
Jhony: hoy será especial, con esto no sólo me harás feliz a mí. Hasta ese momento no entendía esas palabras. La hecho en la cama con sus tacos puestos y comenzó a besar su cuerpo, a respirar su perfume, mientras con sus manos masajeaba la conchita de mi hermana.
Mi hermana: ahhhhh que rico amor, me gusta. El maldito seguía matándola de placer, después de 20 minutos de hacer lo mismo, con sus manos hizo a un lado la tanga de mi hermana y le propinó un sexo oral debastador que mi hermana movía sus piernas de arriba abajo.
Mi hermana: ohhhhhhhhh uhmmmm ahhhhhhhhhh que delisioso.
Jhony: no te vengas muy rápido perra aguanta. Pero mi hermana no aguantó más de 10 minutos cuando movia sus caderas y dio un gras suspiero con un leve grito ahhhhhhhhhh vi que había mojado la cama con sus líquidos.
Jhony: Milagros, perra de perras, te viniste rápido. Mi hermana trató de quitarse sus tacones de sus pies pero se lo impidieron.
Jhony: no te los quites por nada esta noche, me entendiste zorra.
Mi hermana: si lo entendí.
Jhony: date vuelta y ponte en cuatro. Mi hermana obedeció, se volteó y se colocó en forma de perrito, el degenerado le metió su saliba en su ano y le introdujo dos dedos.
Mi hermana: ahhhhhhhhhhhhhh. Pegó un fuerte grito ella.
Jhony: silecio puta, y le comenzó de dar nalgueadas muy fuertes, vi que mi hermana tenía todo el culo rojo. Jhony sacó su gran y enorme pene, apuntó contra dilatado culo de mi hermana y se lo metió hasta la mitad.
Mi hermana: ahhhhhhhhhhhhhhh ohhhhhhhhhhhhhhhhhh me dueleeeee, ahhh grrrrrrrrrrrrrrrrrrrr. No le importó su dolor a este y cogió sus caderas y pujó para encajar todo su pene en el culo de ella. Espero unos segundos para bombear cada vez mas rápido. Era la primera vez que veía a Jhony comenzar a follársela empezando por el culo y no por su vagina como lo hacía antes.
Como siempre al cabo de unos minutos los dolores de mi hermana se convertian en placer. Ahhhh ohhh que rico, siiiiii, me gustaaaaaa, sigueeee, que ricoooo, soy toda tuya, mi culo es tuyo, ahhhhh ohhhh, sigue no pare por favorr ohhhhhhh. Toda una puta mi hermana.
Jhony: sólo tu culo es mio o que más. Mientras seguía bombeando.
Mi hermana: soy toda tuyaaaaaaa, ahhhhh, mis tetas, mi vagina, o concha como tu lo dices ahhhhhhhh son tuyos, todo es tuyo mi piernas uffffffffffff que rico, rico, delicioso ahhhhhhhhhhh.
Jhony: estás segura Milagros? mi puta. Puedo hacer lo que yo quiera y no me desobedecerás
Mi hermana: siiiiiiiii, segura ahhhhhhhhh ohhhhhhhh, soy completamente tuya ufffffffffff, no te voy a desobeder nunca, nunca de dejes siii ahhhhhhh  ohhhhh . Mi hermana se arrepintió de esas palabras, porque  Jhony dio un silvido y dijo 20 segundos.
Éste se hechó hacia atrás con mi hermana, pero ella seguía delante de él ensartada a su pene sobre su cuerpo, Jhony con sus piernas separó las de mi hermana, vi por primera vez con una gran panorama la raja de mi hermana. Cuando se abrío la puerta de su baño y escuhé pasos que salían de ese cuarto.
No podía dar crédito a lo que veía, era Mario, el hermano de Jhony que salía desnudo y no pude dejar de percatarme del tamaño de su pene, era ermorme como el de su hermano. Mi hermana no sa daba cuenta porque en esa posición que la tenían solo miraba al techo. Pero cuando éste se acercó a ella se sorprendió e intentó salir, pero todo era inútil. Jhony la sujetó con sus brazo y con sus piernas inmobilizó a las de mi hermana dejándola quieta y encima abiertas.Encima ni moverse mucho podía porque su colo estaba ensartado con la pinga de Jhony.
Jhony: que intentas puta, dijiste que todo tu cuerpo era mio, tu culo, tu raja y tus piernas. Tal como estaba ella no podía casi ni moverse.
Mi hermana: no me puedes hacer esto, lo dije, pero no pensaba que llegarías a esto. Déjame ir por favor.
Jhony: mira perra, mi hermano estuvo 2 años encarcelado y le dije que lo compensaría con una follada de una buena y linda puta, así que pensé en ti, deberías estar orgullosa. Te va a encantar Milagritos.
Mi hermana: no lo hagas, esto es demasidado. Al decir eso el cochino presidiario metió de un solo golpe su pinga en la rajita de mi hermana.
Mi hermana: ahhhhhhhhhhhhhhhh, grito.
Mario: tenías razón hermano, esta puta tiene la concha estrecha, mira como grita, pero esta buena esta zorra cuando entró vi su cinturita y ese bocado de culo que tiene pero que ya te has comido.
Jhony: te lo dije y no fanfarroneaba, convertí a esta nenorra de casa, y saqué el alma de puta que llevaba por dentro.
Ambos rieron y comenzaron a cogersela a mi hermana, mientras uno de daba por el culo el otro por la concha, jamás pensé ver a mi hermana en esa situación. Otra vez quise ayudarla pero me detuve. Estuverion así por 10 minutos, hasta que los reclamos de mi hermana cesaron.
Mario: ya no se queja esta puta, parece que comienza a disfrutarlo.
Jhony: asi fue al principio se quejaba hasta que sola vino a mi. Mario levantó más sus piernas y mi hermana comenzaba otra vez a suspirar, pero ahora de placer.
Mi hermana: uffffffffffffff. El placer que sentía pudo más que la educación de señorita que le habían inculcado la familia. Y terminó su resistencia.
Mi hermana: ahhhhhhhhhhhhh ohhhhhhhhhhhhhhhhhhh siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii mis agujerossss que ricooooo, mi culoooooo, mi conchaaaaa,  ahhhhhhhhhh.
Mario: tenías todala razón, esta es un perra. Te gusta puta? le preguntó.
Mi hermana: siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii me encanta.
Mario: cuanto zorra? pensaste en que te haríamos esto
Mi hermana: muchooo me gustaa, jamas pense estar asii, me siento totalmente penetrada como una puta de la calle ufffffffffff ahhhhhh.
Pararon ambos,  la pusieron de pies, pero ahora Mario atrás de ella en su culo y Jhony delante de ella por su concha y bomberon de nuevo.
Mi hermana: uffffff ohhhhhhhhh. Su cuerpo de ella estaba con el sudor del placer y del sexo. Se vino otra vez, creo que era el quinto orgasmo de la noche.
Se pusieron de costado en la cama, mi hermana al medio y siguieron destrozándole el culo y la concha y otro orgasmo.
Mario: esta zorra se viene seguido, pero no hay que preñarla, la diversión no se puede acabar.
Jhony: Ya lo sé, esta puta me tiene que servir para rato. Y siguieron bombeando, hasta que se detuvieron, mi hermana estaba destrozada sin fuerzas ya ni podía gritar ni gemir. Aquí tienes tu regalo de cumpleaños por tus putos 20 años. La colocaron de rodillas y Mario le dijo: chúpalas puta y haz que nos vengamos. Mi hermana con la fuerza que le quedaba obedeció y empezó a mamar esos enormes penes uno y otro.
Se turnaba un pene por el otro, hasta que Jhony acabó primero y lo hizo dentro de la boca de ella, que quizo safarce pero no puedoy tuvo que tragárse hasta la última gota. Mario acercó la cara de mi hermana se vino en su cara, la leche me Mario recorrió la cara de mi hermanita hasta chorrear en sus pechos y quedar tumbada en la cama sin fuerzas.
Ambos rieron, se dieron un baño, dejaron dormir a mi hermana hasta las 3 de la mañana, la despertaron ella se repuso, y Mario de dijo que se vaya. Mi hermana lo miró algo molesta, pero Mario se molestó y la puso contra la pared a mi hermana, ella seguía desnuda con sus tacones puestos, separó sus piernas y metió su pene contra culo, increíble el mal nacio este volvió a encularla, pero lo hizo por 10 minutos, se corrio dentro de su culo, y le dijo: no me vuelvas a mirar así me entendiste?
Mi hermana: si lo entendí. Vi como salía del su culo y chorreaba el semen de Mario por sus piernas.
Mi hermanita se cambió, pero esta vez sin su ropa interior porque Mario decidió quedárselo. Hermosa frente a esos dos degenerados que la trataron como puta e hicieron con ella lo que quisieron. Cuando ya se iba Jhony le dijo: sabes como tienes que despedirte verdad.
Mi hermana volvió haci él, se agachó y besó su pene vio a Mario y sin que este le diga algo hizo lo mismo, se agachó y besó el pene de él también. Pero cuando se dio la espalda se acerco a ella y rompió su falda hasta la mitad, dejado parte de su trasero a la vista y le dijo ahora si vete. Ella se fue sin chistar.
Espero que les haya gustado esta tercera parte. Pronto la cuarta parte.
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Secretos…

Entramos riéndonos después de la última patrulla. Últimamente era con Pablo con quien mejor me llevaba del grupo, y en realidad me encantaba pasar el tiempo junto a él. Todo eran bromas y buen humor, nunca se mostraba arisco ni temperamental, así que nuestra amistad había crecido enormemente desde que él se había integrado. Ahora ya no pasábamos casi ninguna tarde solos, siempre teníamos la compañía del otro.

Ahora nos reíamos a carcajadas de la broma que le habíamos gastado a Peter, quitando la poca ropa que quedaba en su armario y escondiéndola en la nevera. Era infantil, lo sé, pero ayudaba a pasar el rato. Entramos a mi casa y saludé levantando la voz a mi padre, pero no tuve respuesta. Primero entró Pablo, y apenas terminé de cerrar la puerta volteé a decirle algo y noté que me miraba de una forma muy extraña. Ya no reía, pero la sonrisa permanecía en su rostro.

– ¿Qué sucede? –pregunté poniéndome un poco más serio, estaba a punto de hablar de nuevo cuando se quedó callado por un momento demasiado largo, pero me quedé helado cuando de repente sus labios se estamparon con los míos sin previo aviso. Sólo los rozó con fuerza, reclamando una respuesta que los míos no les daban. Cuando logré reaccionar puse mi mano en su cuello para alejarlo, haciendo que se pegara al marco de la puerta de la sala, que estaba sólo a un paso de distancia. Me miró con los ojos abiertos como platos mientras la cabeza me daba vueltas.

No podía entender lo que me sucedía. Nunca se me había cruzado por la mente algo así, pero si no lo quería, entonces ¿por qué mi cuerpo reaccionaba de esta forma? Aún lo mantenía agarrado firmemente del cuello cuando llevé mi mano libre hacia atrás para cerrar la puerta con llave. Me miró sorprendido sin decir ni una palabra. Podía notar la pequeña nota de miedo en sus ojos, pero no estaba lo suficientemente cuerdo para prestarle atención. Por alguna razón, todo en lo que podía pensar era en el calor de la piel de su cuello bajo mi mano.

Aflojé mi agarre lentamente y moví mis dedos hasta su mejilla, tomando su rostro por un lado. Cuando ya no fui capaz de contenerme, llevé mis labios a los suyos con tanta urgencia como él lo había hecho antes, necesitaba probarlo de nuevo. Su sabor en mi boca se sentía como fuego, y no podía esperar a quemarme. Tardó unos segundos en reaccionar, supuse que por la sorpresa, pero cuando finalmente me devolvió el beso, se sintió increíblemente… correcto. El chico besaba de las mil maravillas, moviendo sus labios y su lengua contra los míos como nunca nadie lo había hecho-

Llevábamos sólo la ropa con la que salíamos a correr, unos pantalones que nos llegaban hasta las pantorrillas,  así que el torso de ambos estaba al descubierto. Bajé mi mano por su pecho y sentí su corazón golpeando contra mis dedos como si intentara salirse de su cuerpo. En realidad el mío se sentía igual. Me alejé de sus labios, muy a mi pesar, y tragué en seco intentando no volver a ellos.

– ¿Papá? –grité con la voz más ronca de lo que pretendía, más alto de lo necesario para que pudiera escucharme desde cualquier habitación-. ¿Estás en casa? –pregunté rezando porque no hubiera respuesta. Pablo apretó los ojos un segundo y tras no escuchar nada, soltó el aire que guardaba en su pecho y volvió a besarme. Gruñí contra su boca y apreté mi cuerpo al suyo mientras mis manos recorrían su abdomen. Lo aprisione contra la pared sin poder evitarlo, sintiendo sus marcados músculos chocando con mi pecho. Era increíble lo mucho que había crecido el chico en estos últimos años. No alcanzaba mi tamaño, pero ciertamente estaba bien formado.

Dios, ¿qué estaba pensando? Él era todavía un adolescente. Tenía que pensar claramente. Aunque pareciera imposible hacerlo con la forma en la que me sentía.

Y es que una pequeña y molesta parte de mi cerebro seguía funcionando a pesar de todo. A pesar de su perfume embriagador y de sus manos recorriéndome como si no hubiera un mañana. Tenía que concentrarme. No podía hacer algo así con el chico. No era justo aprovecharme de él de esa forma. Apenas había cumplido los 18 años. Tragué en seco y di un paso atrás en contra de mi propia voluntad, pero no permitió que me alejara de su cuerpo más de diez centímetros, solo se movió conmigo y usó el espacio entre nosotros para deslizar sus manos por mi estómago y desabrochar mis pantalones rápidamente.

No podía creer lo que hacía, pero mis manos volaron hasta los suyos haciendo lo mismo. No podía evitarlo. El deseo era mucho más fuerte que yo, y eso lo demostraba la erección que liberó cuando bajó un poco mis pantalones, sólo lo justo para que la tela pudiera dejar de torturarme aprisionándome. No recordaba haber estado tan excitado en toda mi vida. La ansiedad por algún tipo de liberación casi me provocaba dolor. Quité sus pantalones prácticamente haciéndolos pedazos y volví a besarlo lo más rápido que pude. Su mano no dudó un tomar mi miembro firmemente y moverse de arriba a abajo mientras yo lo seguía besando, apretándolo de nuevo contra de la pared. Gemí en su boca y lo sentí sonreír contra la mía.

Pasé mis manos por sus hombros y lo atraje más hacia mí mientras caminaba de espaldas hasta toparme con el sofá. No estaba seguro de lo que estaba haciendo, ni de cómo hacerlo, sólo sabía que quería seguir sintiendo su piel contra la mía, sus labios quemándome el cuerpo y sus manos recorriéndome lentamente, haciendo que no pudiera dejar de gruñir contra sus labios.

Cuando me topé con el sillón, me senté lentamente, y sin despegarse de mi boca, Pablo se sentó a horcajadas sobre mis piernas. No podía creer lo bien que se sentía que me tocara de esa forma. Su mano se deslizaba por mi miembro al mismo tiempo que su lengua se mezclaba con la mía, y la presión de sus dedos era exactamente la que me hacía dar vueltas la cabeza. A este peso no aguantaría ni dos segundos en venirme. Ya sentía la piel tirante y los pies en las nubes, así que pensé que tendría que avisarle.

– No aguantaré mucho –le advertí con la voz entrecortada, pero solo siguió besándome, bajando por mi cuello para poder hablar contra mi piel.

– No me importa –susurró-. Solo quiero que lo disfrutes –y siguió bajando por mi pecho lentamente sin quitar su mano de mi pene duro y ansioso por cualquier cosa que quisiera hacerle. Levanté las caderas automáticamente cuando sentí su aliento sobre la piel tirante y deseosa, y luego solté un gruñido cuando sus labios me atraparon. Su boca era cálida, y su lengua áspera se sentía de maravilla contra mi piel. Eso acompañado al movimiento constante de su mano en la base, me estaban volviendo completamente loco. Una de mis manos se aferró a la frazada que estaba en el respaldo de sofá, prácticamente despedazándola, y la otra voló a la nuca se Pablo, dirigiendo el ritmo con el que me hundía en su boca y presionándolo contra mi cuerpo para lograr entrar más en su garganta.

No tardé ni dos minutos en comenzar a sentir que me correría. Así que quité mi mano e intenté hablar a través de los dientes apretados y el pacer que me estaba desordenando las ideas.

– Pablo… -murmuré. Levantó la mirada a mis ojos, indicándome que me escuchaba. Tuve que apretar la frazada con más fuerza para no venirme cuando sus ojos me encontraron-. Me corro… -solté como pude, tenía que advertirle por lo menos para que quitara la cara. Pero no lo hizo. Solo siguió mirándome a los ojos mientras succionaba con mucha más fuerza, haciendo que comenzara correrme casi instantáneamente, viendo las estrellas. Definitivamente sabía lo que le gustaba a un hombre. Tragó todo lo que pudo sin que se lo pidiera y luego lamió de mi piel los restos que se escaparon de su boca.

Me mordí el labio y me deslicé por el sofá, sorprendido de que mis músculos aún funcionaran correctamente. Quedé sentado en el piso a un lado de él cuando volví a besarlo en la boca. Sentí mi propio sabor en sus labios, y aunque pensé que me disgustaría, fue todo lo contrario, solo era la prueba de lo que me había hecho sentir. Él permanecía arrodillado frente a mí, con uno de sus brazos apoyado en el sillón y el otro rodeándome el cuerpo, su mano deslizándose por el costado de mi torso. Llevé mis manos a su pecho y fui bajando lentamente por su abdomen hasta sentirlo entre mis dedos.

– No sé qué hacer –confesé susurrando un poco avergonzado en su oído, luego de morder el lóbulo de su oreja. Gimió cuando quité mis manos de su miembro y las llevé a su trasero.

– Puedes hacer lo que quieras –aseguró con la respiración entrecortada. Sonreí y me incorporé un poco para poder llegar a lo que quería. Primero llevé mis dedos a su boca y los introduje para que los lamiera. Los chupó como si se tratara de un pene, lo que hizo que se me volviera a endurecer mientras lo veía. Cuando estuvieron bien húmedos, los pasé por sus labios suavemente, y luego los llevé hasta su trasero. Quería sentirlo, quería tenerlo.

Primero frote con las yemas de los dedos alrededor, buscando el lugar exacto en el que debía moverme. Gimió y cerró los ojos cuando hice presión en su apretado agujerito, primero con un solo dedo, haciendo que entrara lentamente en su cuerpo. Estaba tan apretado que sonreí sin poder evitarlo, no solo era todo mío, sino que era solo mío.

– Relájate… -susurré en su oído, pero no noté ningún cambio. Así que llevé mi otra mano a su pene, que se veía tan tenso que pensé que explotaría de un momento a otro. Al sentirme, primero se apretó a mí alrededor, y luego, a medida que se acostumbraba al contacto, se fue relajando poco a poco, dejándome entrar cada vez más profundamente.

Me quedé quieto un momento cuando no pude presionar más, y luego quité mi dedo con suavidad, hasta casi sacarlo por completo.

Ahora hice presión con otro más, y lo vi cerrar los ojos cuando logré meter mis dos gruesos dedos en su carne. Gimió algo que en realidad sonó como un quejido, pero no podía concentrarme en preguntarle si estaba bien. Me gustaba demasiado la idea de tenerlo así, a mi merced, a mi alrededor. Así que seguí hundiendo mis dedos lentamente hasta que ya no tuve más opción que detenerme y esperarlo.

– Dime dónde –susurré en su oído, y luego curvé mis dedos un poco, buscando. Sentí como se tensaba cuando encontré su próstata, que se sentía hinchada bajo las yemas de mis dedos.

– ¡Ahí! –gimió con fuerza y apretó los ojos mientras yo quitaba mis dedos despacio hasta casi quitarlos de su cuerpo. Se hizo para atrás, presionándose contra mí mano-. Otra vez… -suplicó. Hice lo que me pedía y volví a rozar su punto, ahora con un poco más de confianza. En lugar de salir de nuevo, sólo me quedé alternando la presión con la que lo tocaba, adorando la forma en la que apretaba los ojos y gemía mi nombre intentando controlarse y hacerlo por lo bajo. Llevé mi boca a su cuello para besar su piel mientras mi mano comenzaba a moverse de nuevo por la piel de su miembro, que se mantenía rígido en mi mano.

– Vente para mí –susurré en su oído al tiempo que presionaba con más fuerza, tanto con mi mano alrededor de su miembro como con mis dedos dentro de su cuerpo. Comenzó a correrse inmediatamente después de mis palabras, moviéndose contra mi mano como si se tratara de una persona, pero no detuve el masaje a su punto en ningún momento. Lo miré mientras llegaba, memorizando su rostro contraído por el placer como una de las cosas más excitantes que había visto en toda mi vida. Cuando el orgasmo terminó, su recto latió alrededor de mis dedos y los fui quitando lentamente, notando como su cuerpo se había relajado.

Lo besé en los labios de nuevo cuando volteó su rostro hacia mí, y moví mi mano dudosa de nuevo por su pene, que ya iba bajando de volumen después de correrse. Me sentía de nuevo listo para lo que fuera, y no podía evitar pensar en sólo una cosa. Me incorporé sin dejar de besarlo, arrodillándome frente a él y tocando cada parte de su cuerpo que estuviera a mi alcance. Paseó sus manos por mi cuerpo y gimió contra mis labios cuando notó mi nueva erección, que esperaba algo más que su boca.

– ¿Puedo…? –murmuré alejándome un par de centímetros, pero no siendo capaz de terminar la frase antes de volver a sus labios.

– Puedes hacer lo que quieras –repitió. Sonreí y me puse de pie lo más rápido que pude, caminando directamente al gabinete del aparador. Me miró mientras tomaba la primera crema que encontraba y volvía a su lado lo más apresurado posible. La quitó de mi mano en cuanto estuve a su alcance y se encargó de abrir el pomo y estrujarlo sobre sus dedos. Me arrodillé de nuevo a su lado una vez más y me miró a los ojos mientras pasaba sus dedos lentamente por toda mi erección, desde la punta hasta la base, haciendo que un gruñido ronco saliera de mi pecho.

Llevé mis manos a su nuca y atraje su boca a la mía, queriendo sentirlo en mis labios antes de sentirme en su cuerpo. Mi lengua jugó con la suya, reclamando más y más espacio de su boca a medida que el calor aumentaba.

– ¿Estás seguro? –murmuré contra sus labios cuando comencé a sentirme demasiado ansioso como para esperar un segundo más. Asintió con la cabeza, así que con las manos, que aún mantenía aferradas a su nuca, lo obligué a que se inclinara hacia delante mientras me movía desde su costado hasta su trasero. Paseé mis manos por su espalda desde sus hombros hasta su trasero y separé sus redondas y firmes nalgas cuando me estorbaron.

Al igual que con mis dedos, me posicioné en su orificio e hice un poco de presión. La crema causó que lograra entrar mi cabeza a pesar de la evidente falta de espacio. Soltó un gemido que me hizo pensar que le dolía, así que me detuve un segundo y tomé el pomo de crema para embadurnar un poco más en mi piel antes de seguir entrando.

Cuando lo hice, arrojé el tubo a un lado y me aferré de sus hombros para darme más impulso y lograr entrar más profundamente. Del centro de su pecho soltó un quejido gutural que me volvió completamente loco, pero sus labios no se despegaron en ningún momento, reprimiendo cualquier clase de queja. Desde mi posición podía ver el costado de su rostro, con las facciones contraídas y las mejillas coloradas. Se veía tan masculino y tan vulnerable a la vez, que no pude evitar hundirme un poco más en él. Vi como su puño apretaba el cojín del sillón con mucha fuerza, y me preocupé un poco por él. Así que pegué mi pecho a su espalda para que mi boca quedara en su oído.

– ¿Estas bien? –pregunté casi sin aire, apenas conteniéndome de cogérmelo con toda mi fuerza hasta que me suplicara que me detuviera. Asintió con la cabeza y pasé mis manos por la parte delantera de su cuerpo, tocando su pecho y su abdomen suavemente. Había logrado entrar bastante poco hasta ahora, menos de la mitad del largo, así que todavía tenía tiempo de arrepentirse-. ¿Estás seguro de que quieres- cortó mi pregunta con un grito.

– ¡Sólo hazlo! –soltó entre dientes. Sonreí contra la piel de su cuello y lo embestí con toda mi fuerza, provocando que gritara mi nombre cuando entré completamente y mis testículos chocaron contra su carne. Gemí como nunca y apreté su torso contra el mío con las manos mientras mi cadera seguía intentando hundirme más en su cuerpo.

Respiró con dificultad, haciendo eco de mis jadeos, y noté la transpiración en su cuello. Jamás lo había visto transpirar antes. De seguro esto le dolía más de lo que dejaba ver, pero ahora ya era demasiado tarde para evitarlo. Hice que volteara su rostro con una mano para poder besarlo en los labios mientras comenzaba a moverme de nuevo. Su boca parecía distraída con todo lo que estaba sucediendo, así que después de un momento la abandoné y me dediqué a mordisquear el lóbulo de su oreja.

Al principio era bastante difícil siquiera moverme, por la presión, pero después de un par de embestidas comenzó a volverse más fácil. Tragué en seco y aumenté un poco la velocidad, incorporándome de nuevo en mis rodillas y paseando mis manos por su espalda. Esto era el paraíso.

Lo embestí un poco más fuerte y soltó mi nombre mezclado con un quejido profundo. Pude haberme refrenado más, pero en lugar de eso aumenté más el ritmo. Sabía que lo estaba disfrutando tanto como yo. Lo conocía demasiado bien. Después de unos minutos el placer comenzó a volverse amenazante. Lo sentía tan caliente y apretado alrededor de mi miembro, que sabía que no soportaría demasiado en su interior. Pero quería que se corriera conmigo. Quería que lo hiciera mientras estaba penetrándolo.

Lo tomé de los hombros para obligarlo a incorporarse, apretando su cuerpo contra el mío y moviendo las caderas un poco más, casi saliendo completamente antes de entrar de nuevo, una y otra vez. Dejó caer la cabeza hacia atrás, descansándola en mi hombro con los ojos cerrados. Puse una de mis manos en su pecho, pegándolo más a mí, y paseé la otra por su abdomen hasta llegar a su duro y palpitante miembro. A penas lo toqué dio un respingo y su respiración se cortó de repente, indicándome que hacía lo correcto.

Jamás había masturbado a un hombre que no fuera yo mismo, pero pensé que le gustaría lo mismo que a mí, así que comencé con un movimiento lento por todo el largo, rodeándolo con la mano completa y rozando mis dedos con más fuerza a medida que me acercaba a la punta. Gimió con la boca cerrada y luego escondió su rostro en mi cuello, girando la cabeza levemente.

Sincronicé los movimientos de mi mano con los de mi cadera, penetrándolo al mismo tiempo y velocidad, y no tardé en sentir que su corazón se volvía completamente loco, aún más de lo que ya estaba.

– Jack… -susurró, y me moví con más fuerza, arremetiéndolo sin contenerme. Arrugó los ojos y se relamió los labios, así que lo hice de nuevo. Me clavaba en él como mis instintos me lo pedían, con fuerza, como animales. Y no tardé en sentir que se contraía a mí alrededor y su miembro se tensaba entre mis dedos. Mientras lo sentía viniéndose, se inclinó hacia delante de nuevo, como dejándose caer, permitiéndome ver su musculosa espalda mientras lo embestía. Cuando se tensó completamente fue cuestión de segundos para que fuera demasiado para mí. Me vine dentro de su cuerpo, apretándome contra él con toda mi fuerza.

Soltó un gemido muy ronco antes de comenzar a respirar de nuevo, jadeando al igual que yo, intentando recuperar el aliento. Me relajé y apoyé mi cabeza en su espalda, aún lo sentía pulsando y contrayéndose a mí alrededor, y casi no podía respirar por la sensación. Le planté en beso en el centro de la espalda y luego fui subiendo hasta alcanzar la parte de atrás de su cuello. Me gustaba demasiado su sabor. Cuando moví mis labios por su cuello volteó la cara para besarme en la boca, aun jadeando de vez en cuando.

Me alejé muy lentamente, sintiendo cómo me golpeaba el frío al salir de su interior, y me senté en el piso a su lado, apoyando mi espalda en el sillón. Él hizo lo mismo, imitando mi posición. Vi como ponía su mano en su pecho intentando recuperar el aliento, y yo enredé las mías en mi cabello, intentando hacerme a la idea de lo que acababa de pasar. No me arrepentía, todo lo contrario, solo no estaba seguro de cómo asimilarlo. Pasamos casi un minuto en silencio, y luego finalmente hablé, rompiendo el silencio.

– ¿Qué les diremos a los demás? –le pregunté, pensando en nuestro grupo de amigos.

– ¿A qué te refieres? –me preguntó frunciendo el ceño.

– A nosotros.

– Bromeas ¿verdad? No tenemos por qué decírselos ahora si no quieres –dijo soltando una carcajada. No pasé los últimos dos años fantaseando para que ahora tener que decírselo a todo el mundo.

¿Dos años? ¿Por qué rayos tardaste tanto? –sonrió de la forma más sexy posible.

– Solo no creí que estuvieras preparado hasta ahora –su tono era tan calmado.

– Pero piensa en todo el tiempo que perdimos –me quejé. Sonrió de nuevo y se acercó a besarme una vez más. Esta vez fue un beso más profundo, más real, que me puso la carne de gallina. Se alejó un segundo para mirarme a los ojos mientras hablaba.

– Pienso que tenemos tiempo de sobra –susurró justo antes de volver a mis labios. Y era cierto. Lo teníamos. Teníamos todo el tiempo que quisiéramos tener.

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Masturbación con la señora de mi padre

Mi pija estaba que explotaba, ella clavó su vista en mi erección descomunal. Comencé a tocarme, a subir y bajar mi mano, no me alcanzaban mis ojos para observar ese cuerpo desnudo a un metro de distancia. Ella solo me observaba, yo rogaba que se tocara o me tocara, pero nada de eso pasó… sólo miraba como me pajeaba. No aguanté más y acabé de una forma muy intensa.

Tenía 18 años, mis padres divorciados, vivía unos meses con cada uno de ellos. Mi padre, hombre de buena posición económica, convivía en una hermosa casa con su nueva pareja, una señora de unos 40 años.

Disfrutaba mucho el vivir con mi padre, es muy ostentoso y los meses que vivía con él, lo hacía como un rey. Pero mucho más disfrutaba lo que les paso a contar. Muchas noches mi padre, hombre de negocios, salía a cenar con su señora; me gustaba mucho quedarme solo, eran momentos que aprovechaba para masturbarme como se me antojara.

Lo primero que hacía era revisar la ropa interior de ella, llamémosla Silvia, me encantaba tocarla, mirarla, ponérmela, me dirigía al baño a buscar alguna ropa interior colgada y finalmente me dirigía al cesto de ropa sucia, donde revisaba y revisaba, hasta encontrar el premio mayor, una tanguita sucia, con olor, manchada… ¡ah… si!… como gozaba, no podía dejar de olerla y tocarme al mismo tiempo, mi excitación era tal que llegaba a pasarle la lengua también, finalmente acababa y me tranquilizaba.

En una ocasión mi padre viajó por negocios con unos socios así que me quedé solo en casa con Silvia, ella tenía una vida social, muy activa también, así que nos veíamos poco. Una noche salió a cenar con sus amigas y aproveché para el rito casi diario de mi masturbación, no conforme con tener su ropa íntima sucia en mis manos, decidí buscar en los cajones de mi padre alguna foto, algo sexy de ella, fantaseaba con encontrar fotos desnuda de ella, pero lejos de eso, solo encontré fotos familiares, revisando me quedé observando una donde ella estaba en malla tomando sol… me gustó, me excitó, decidí tenerla… me dirigí a mi habitación, terminé de sacarme la poca ropa que tenía… me acosté… puse su tanguita en mi cara… con una mano observaba su foto y con la otra me pajeaba lentamente, disfrutaba cada segundo de esa paja, finalmente acabé, y me limpié con el papel higiénico que siempre tenía preparado bajo mi cama.

Era una rutina luego de acabar, dirigirme al baño, vestirme y a veces mirar un poco de TV. Pero esa noche, sería por la hora, ya tarde, o por lo extenuado de la paja, me quedé dormido. Abrí los ojos, era sábado por la mañana, no tenía compromisos de estudio, miré la hora, 10:15 AM, miro hacia mi puerta y estaba cerrada, me observo y me quedé pálido, estaba desnudo con la prenda íntima de Silvia hacia un costado de la almohada y su foto a un costado de mi brazo. No puede ser posible pensé, me quedé dormido, la puerta estaba abierta, ya que siempre estoy solo cuando realizo mis pajas, me dio muchísima vergüenza, era seguro que Silvia había llegado a la noche tarde y me cerró la puerta para que no me despierte con ruidos.

Me levanté, abrí mi puerta despacito y me dirigí rápidamente al baño. Salí de el y lo único que pedía era que Silvia hubiese salido a hacer compras o lo que sea para no verla, pero no, estaba en la cocina haciendo tareas domésticas.

– ¡Buen día! Me dijo, casi sin mirarme. – Buen día. Le contesté con un hilito de voz que parecía de jardín de Infantes.

Me hizo el desayuno y casi no cruzamos palabras. No podía dejar de pensar en eso, y a veces ese estado de vergüenza pasaba al de excitación desmedida al imaginarme la situación, ella observando mi cuerpo desnudo con sus prendas íntimas en mi cama, su foto, todos signos más que evidentes de que me masturbaba pensando en ella… ¿Qué habrá sentido?  ¿Se habrá excitado?  ¿Pensará que soy un pervertido?… en fin, miles de interrogantes volaban por mi cabeza.

El sábado prosiguió normalmente, por la tarde llegaron amigas de Silvia a tomar el té y hablar de miles de cosas al mismo tiempo, yo salí un rato a visitar amigos. Ya anocheciendo, regresé y Silvia en la cocina me preguntó si quería cenar, le contesté que si, tenía mucho apetito. Cenamos, me contó algunas cosas, nada importante y se fue a la habitación.

– Hasta mañana, que descanses. Me dijo. – Hasta mañana Silvia. Le contesté. Cerró la puerta de su habitación y escuché que encendía la TV. Yo hice lo mismo en el comedor y luego de aburrirme con una película me dirigí a mi habitación, cuando estaba entrando en la misma, me detengo, me quedo inmóvil, escucho gemidos de su habitación, me acerco silenciosamente hacia la puerta y escucho gemidos y palabras en idioma inglés. Estaba viendo una película pornográfica. Mis hormonas estallaban, mi erección era descomunal, pegué mi oreja en su puerta con intención de escuchar algún sonido de su boca, mis pensamientos volaban imaginándomela desnuda, tocándose…

No pude evitar llevar mi mano a mi pene y masturbarme, cuando acabé me mordí los labios para no emitir sonido y mi otra mano trataba de que el semen no manchara ni la puerta ni el piso… me dirigí al baño a limpiarme. Cuando Salí de el ya no se escuchaba nada… que raro pensé. ¿Se habrá dormido?  Me fui a mi habitación y casi después de una hora de pensar y pensar me dormí.

11:00 AM. Abro mis ojos. Me cambio, me lavo, y me dirijo a la cocina donde como casi siempre ya estaba Silvia haciendo tareas de la casa. Pasó la mañana, sin trascendencia y almorzamos, hablamos como siempre de cosas cotidianas. Luego de Almorzar y ella limpiar la cocina me dice:

– Me voy a bañar. – Bueno. Le contesté. Me quedé pensando porqué me lo dijo. Pasaron 15 minutos aproximadamente, yo estaba en el comedor mirando TV, y ella se me acerca con solo la toalla puesta. – ¿No sabes donde está la crema del cuerpo? Me preguntó. – Nno…no se. Le contesté tímidamente sin poder dejar de mirarla, intimidado por su cuerpo solo cubierto por una toalla. – Ayúdame a buscarla porque la necesito y no la encuentro. Me dijo. Nos dirigimos hacia su habitación, ella caminaba delante de mí, estaba fascinado por sus piernas, la toalla que apenas tapaba el comienzo de su cola… sus hombros al descubierto. Comencé a revisar la parte alta del placard, mientras ella lo hacía en los cajones.

– No puede ser que no esté esa crema… la necesito. – Por algún lado debe estar, además estás bien vos con crema o sin crema. No podía cree lo que le había dicho, seguí revisando el placard, no quería ni mirar al costado. – ¡Acá esta! Casi grité girando hacia ella. Ella estaba en el borde de la cama mirándome seriamente. – ¡Acá está Silvia!… ¿pasa algo? – Si pasa, quiero saber que te pasa a vos conmigo. Me dijo ella. Me quedé inmóvil, mudo con la crema en la mano, sin saber que decir o que hacer.

Me senté junto a ella. – No se de que hablas Silvia. Solo atiné a decir esas palabras.- Se que te masturbas con mi ropa interior, con mis fotos, quiero saber que te pasa, si es sólo la edad o es conmigo personal. Me decía mirándome a los ojos. – no es así Silvia… – ¡Te vi!… no quieras engañarte vos mismo… además si esto sigue así voy a tener que hablar con tu padre… Me puse pálido. Bajé mi cabeza y confesé. – Lo hago porque me gusta… no se… Le decía sin mirarla a los ojos. – ¿Te excita?  Preguntó ella. – si. Le contesté. Su mano acarició mi rostro. Pareció una caricia maternal…

– ¿Te gustaría verme desnuda? Me dijo con la voz muy firme. Levanté mi cabeza, la miré a los ojos, mi cara seguro debería ser de caricatura porque volvió a preguntarme. – ¿Querés verme desnuda? – si. Contesté con una voz de tweety el canarito. Se levantó de la cama, se paró frente a mí y dejó caer la toalla. No podía creer lo que estaba viendo. Sus tetas, que tantas veces intentaba ver por entre su camisa, eran hermosas para mí, su vientre, su vagina apenas cubierta por unos pocos pelitos. Ella giró mostrándome su cola también. – ¿Te gusta lo que ves? Me dijo. – No te imaginas cuanto. Le contesté. – Bueno… tócate… quiero ver como lo haces. No terminó de pronunciar la última palabra que ya me estaba sacando los pantalones y el slip.

Mi pija estaba que explotaba, ella clavó su vista en mi erección descomunal. Comencé a tocarme, a subir y bajar mi mano, no me alcanzaban mis ojos para observar ese cuerpo desnudo a un metro de distancia. Ella solo me observaba, yo rogaba que se tocara o me tocara, pero nada de eso pasó… sólo miraba como me pajeaba. No aguanté más y acabé de una forma muy intensa.

– Ahhh, mmmm… ahhhhhhhhh. No pude evitar gemir. Mi semen salió fuertemente manchando su panza y ombligo y enchastrándome toda mi mano también. Por supuesto que seguía con una erección terrible, creo que en ese momento nada en el mundo podía bajar mi pija de ese estado. La miré y ella me sonrió, se acercó a mi cara, me dio un beso en la mejilla. – Dulce… anda a limpiarte. Me dijo y se dirigió a su baño. Yo me dirigí al mío sin darme cuenta todavía por lo que había pasado.

Cenamos como si nada hubiera pasado al menos de su lado, yo rezaba a todos los dioses posibles que me dijiera algo de lo que había ocurrido o me pidiera otra vez algo así. Pero nunca más pasó. Yo seguí pajeándome con su ropa interior unos años más y todo terminó ahí.

Hubiera sido más entretenida esta historia con agregados. Pero decidí solo contar lo que realmente pasó. Fue la paja más increíble de mi vida.

Autor: libbidus

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Mi prima Natalia II

Sus acometidas aceleraron mi respiración y las lamidas sobre su clítoris, mas sus movimientos indicaban la cercanía de su clímax. De pronto, una energía sobrenatural recorrió mi cuerpo y mis gemidos pasaron a ser gritos con los de ella. Natalia sintió los espasmos de mi verga en su boca, y la metió hasta el fondo, donde empecé a acabar como un potro salvaje, realmente como una bestia.

Como les conté en el relato anterior, los orgasmos de mi primita fueron abundantes y muy húmedos, y una vez que estábamos descansando sobre su cama abrazados, recapacitamos del tiempo que había pasado desde que entramos a su cuarto. Bien puede haber sido una hora, no lo sé, pero de pronto se escuchó unos golpes que llamaron nuestra atención, por el estruendo que sobrepasaba la música del equipo musical.

Ante la insistencia ejercida por la persona que estaba fuera, bajé el volumen de la música, y se escuchó a mi tía gritando que abriéramos la puerta. Nos quedamos helados y sin pensarlo dos veces, le respondí que Natalia estaba aún en el baño maquillándose, y que yo me estaba vistiendo después de la ducha que me había dado.

Atemorizados de que mi tía nos haya escuchado, saltamos de la cama como resortes y nos metimos en el baño para asearnos rápidamente. Salí del baño casi sin secarme, y me vestí a medias. Natalia se demoró más de la cuenta en el baño, ya que es muy pretenciosa.

Salí presuroso hacia el comedor, y mi tío que ya estaba medio ebrio, me elogió el traje de Huaso que llevaba puesto. Mi tía se acercó a mí, me tomó la mano, y me hizo girar en 360º para apreciar como lucía de todos lados. Debo mencionar a los amigos que no conocen como es nuestro atuendo, que el pantalón se usa muy ajustado en el tiro, cosa que hace que el miembro se resalte mucho. Ella prosiguió con la visualización de mi facha, mi  tío se levantó de la silla en la que estaba, y se dirigió hacia el cuarto de Natalia para que se apresurara en venir.

Mi tía seguía contemplándome, y recordaba cuando era un mocoso. Yo estaba mirando hacia el pasillo, cuando note que mi tía miraba temerosa y simuladamente mi entrepierna, mientras se acercaba a mi y me olía reiteradamente como queriendo encontrar algún aroma  extraño. Me preocupó que ella sintiera olor de mi ración de sexo anterior, pero más bien me pareció que los tragos que traía encima, le estaban despertando la libido. Es obvio que deseché aquella hipótesis y alejé ese pensamiento  Se apegó más a mi brazo,  y con su mano derecha acariciaba mi pecho, entre la manta y la camisa.

Metió su mano entre los botones y se puso a jugar con los pelos de mi pecho, llegando a tocar mi tetilla izquierda. El morbo de la situación me gustó y me dejé querer haciéndome el desentendido de lo que sucedía, cuando apareció por el pasillo mi tío trayendo de la mano a mi prima, como quien presenta a una modelo en un desfile.

Los aplausos fueron interminables y mi prima, emocionada con nuestros halagos, se acercó a mí y con un abrazo tierno me dio las gracias y algo me dijo a oído que no entendí. Mi tía fue hasta la cocina llegó con un brasero ardiente con la comida asada que nos preparó para la ocasión. Comimos en abundancia, bebimos copiosamente, y después de un rato nos pusimos a bailar. Pasado un tiempo largo, mis tíos se dejaron llevar por los tragos y Baco junto a Morfeo se los llevaron a un sueño profundo en el sillón en el que descansaban.

Natalia, medio mareada ya con todo lo que habíamos tomado en el día, se acercó a mí audazmente y me empezó a acariciar el miembro por encima del pantalón. Yo la interrumpí haciendo un gesto indicando la presencia de mis tíos a solo unos tres metros de nosotros, ella se hizo la desentendida, muy sensualmente, se dirigió hacia ellos remeciéndolos para llamar su atención. Mi tío profundamente dormido, y mi tía algo balbuceó.

Naty se acomodó a mi lado y comenzó a bajar el cierre del pantalón. Trató de sacarme el miembro, pero no pudo por lo ajustado del calzoncillo. Pidió que me pusiera de pie, y ella misma me despojó del cinturón y bajó mis pantalones. Me empujó hacia el sillón, y con ojos seductores, me miraba fijamente, irradiando lujuria que sobrepasaba todo lo que nos estaba rodeando. Se hincó en el suelo, y bajó mi bóxer. Ante ella quedó una verga apuntando hacia su carita de niña, con un glande rojo y extremadamente hinchado.

Miró asombrada las características de aquella máquina, la tomó con ambas manos y recorrió el prepucio de arriba abajo repetidamente. Me señaló el líquido preseminal y posó su lengua justo en la puntita. Se apartó un poco, y una hilacha de líquido cristalino quedó entre su lengua y el glande. Lo saboreó, recorrió la longitud, y lamió mis testículos con mucha calma. Introdujo uno en su boca, revoloteando con su lengua pausadamente.

Anteriormente me dijo que nunca había visto un pene en viva presencia, pero la forma con la que saboreaba mi capullo daba para pensar otra cosa. Abrió bien su boca y trató de meterlo entero en ella, pero la presión en su garganta hizo que le diera asco. Me miró sonriente con saliva en sus comisuras y la metió otra vez suavemente. Ahí entró menos, mas su lengua presionaba con fuerza hacia su paladar. Recorría lo que quedaba fuera de su boca con sus manos blancas y lo sacaba para saborear mi líquido preseminal.

Miró hacia arriba con sus ojitos verdes, y me preguntó si quería acabar. Asenté con la cabeza, e introdujo el largo total de mi pene en su boca. Les juro que quedé estupefacto. El color de su cara pasó de ser un suave rubor en sus mejillas, a ser un rojo intenso casi morado. Con su lengua lamía mis testículos, y con sus manos apretaba mis nalgas presionando más mi cuerpo hacia el suyo. Se desprendió un poco para respirar de nuevo, y sin pensarlo volvió a meterlo entero en su boca.

Empezó un mete y saca continuo topando siempre sus labios con mis cojones. Mis ojos llegaban a ponerse blancos de tanto placer, de tanta pasión. No había pasado mucho rato de aquella faena, empecé a tiritar de gusto y en mi mente solo reinaba la satisfacción, la plenitud de ese momento mágico.

Estábamos en lo mejor del sueño, cuando mi tía empezó a hablar dormida. Quedamos como piedras, ni la respiración nos salía. Nos separamos rápidamente y como pude oculté a mi regalón. Mi tía se acomodó junto a mi tío, y siguió durmiendo plácidamente. Me acerqué a ella para asegurarme si es que realmente dormía, y capté que su respiración era muy agitada. Me sorprendí con la situación, y la remecí un poco preguntándole si se sentía bien. Su respuesta fue nula. Eso no hizo sentir más tranquilos.

Tomé a Naty de brazo y la llevé hasta la cocina. Su temor era más que evidente, pero mis besos y mis caricias la calmaron rápidamente. Levanté su vestido y me agaché para sacar su bikini, pero la muy guarra no traía nada. Me recosté en el suelo, le hice despojarse de la parte superior de su vestido y sostenes, y le indiqué que se pusiera encima de mí haciendo un 69. Así lo hizo y continuamos con nuestro trabajo lingual.

Sus flujos bañaban mi cara abundantemente, mientras ella tragaba todo el esplendor  de mi miembro. Sus acometidas constantes y profundas aceleraron mi respiración y las lamidas sobre su clítoris, mas sus movimientos indicaban la cercanía de su clímax. De pronto, una energía sobrenatural recorrió mi cuerpo y mis gemidos pasaron también a ser gritos con los de ella. Natalia sintió los espasmos de mi verga en su boca, y la metió hasta el fondo, donde empecé a acabar como un potro salvaje, realmente como una bestia. No podía dejar de eyacular, mis gritos eran apagados por su culo, mientras de su interior un torrente de flujos me ahogaban dejándome sin respiración.

Se liberó de mi lanza en ristre, y la masturbaba con mucha suavidad, mientras de mi interior seguía saliendo semen. Se giró hacia un costado, y mirándome fijamente, abrió su boca mostrando los vestigios de aquella descarga brutal. Tragó lo que quedaba, lamió lo que estaba en sus dedos y aspiró lo que permanecía en mi glande y en el conducto seminal.

Nos pusimos de pie, y entramos al baño de la sirvienta a recuperarnos un poco. Después de un aseo rápido, nos dirigimos hasta mis tíos, y como pudimos los llevamos hasta su cuarto.

Nos encontramos en el pasillo y nos besamos apasionadamente, para luego ir cada uno a sus respectivas habitaciones.

En el próximo relato les contaré más de esta faena.

Manden sus opiniones.

Autor: Jotesantana

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Mi prima, mi amante

Cuando ya le entraban hasta tres dedos se la metí por el culo. Mientras le perforaba el orto a mi prima seguía tocándole el clítoris que ya me tenía hipnotizado por la forma que se ponía al menor roce. Luego de un largo rato mi prima gritó, si, así, partime el culo y al escucharla no aguanté más y le largué dentro de su culo todo el semen que me quedaba. Ella al notar mí acabada también acabó. aguanté más y le largué dentro de su culo todo el semen, mi prima al notar mí acabada también acabó

Todo empezó como una inocente visita a una prima que vive en otro estado porque allí estudia. Llegué un viernes cerca del mediodía a visitar a Mariana, cuando toqué timbre ella se alegró mucho de verme, ya que hacía mucho tiempo que no nos veíamos. Inmediatamente me invitó a pasar y me comentó que sus compañeras de departamento habían salido por el fin de semana y como el lunes era feriado no volverían hasta el martes.

Ahora les cuento como es Mariana, ella tiene 22 años es alta; mide 1.75 cm. Y tiene más curvas que un circuito de f-1. Y lo mejor que tiene mi prima es su carácter ya que ella siempre está alegre y su alegría es muy contagiosa. Empezamos a charlar ya que tendríamos todo el fin de semana para recorrer los lugares turísticos de esa provincia.

Mariana por primera vez desde que tengo uso de razón estaba medio deprimida, me contó que se había peleado con su novio y que ella se había quedado ese fin de semana para estar con él, pero al irlo a buscar lo encontró con otra mujer. Yo le pregunté que pensaba hacer ahora, ya que si ella quería nos volvíamos ya mismo a nuestra ciudad en mi auto, lo que ella rechazó diciéndome, ya que tú estás acá voy a darle una lección a ese mal nacido.

Le pregunté a Mariana que tenía en mente y entonces ella me contó su plan, como su ex novio no me conocía le haríamos creer que ella también tenía un amante. Mientras Mariana me contaba lo que tenía planeado no podía dejar de pensar que estaría bueno que fuera mi amante de verdad ya que ella estaba muy buena. Entonces salimos y fuimos a buscar a su ex novio, lo encontramos en un bar del centro con una rubia que no le llegaba ni a los talones a mi adorada prima.

Nos sentamos lejos de ellos, pero dentro del campo visual de ellos para que ambos pudieran ver que Mariana no estaba sola. El bar donde nos encontrábamos es uno de esos lugares con poca luz, nosotros nos habíamos sentado en el fondo del lugar, en unos sillones con una mesita bien bajita donde nos pusieron las bebidas que habíamos pedido. Para mi sorpresa y para el asombro del ex novio de mi prima ella se acercó sensualmente a mí y tocándome la pija por encima del pantalón me dio un ardiente y húmedo beso en la boca.

En un principio yo solo posé mis labios en los suyos, pero ella con su lengua me invitó a abrir la boca y empezó a indagar dentro de mi boca con su lengua, automáticamente puse una de mis manos en sus piernas sobre las medias negras que me tenían loco desde que la vi cuando llegué a su departamento. La otra mano la puse en su cuello y ella agarrándomela la bajó hasta sus tetas que a esta altura de los acontecimientos tenía sentados en el sillón de un bar los dos tuvimos un maravilloso orgasmo que nos dejó tirados con los ojos cerrados durante un par de minutos.

No cruzamos una sola palabra desde que entramos al bar tomados de la mano hasta que los dos rendidos después de la maravillosa sesión de caricias y besos que nos habíamos dado abrimos los ojos y ella riéndose me dijo, no se cuando se fue ese hijo de puta, pero que disfruté lo que acabamos de hacer eso si que te lo puedo asegurar. Nos acomodamos las ropas, pagamos las bebidas que nunca habíamos tocado y volvimos a su departamento.

En el camino ella siguió abrazada a mí como si su ex nos estuviera viendo. Ella bajó su mano por mi pecho hasta llegar a mi pija y cuando la notaba parada se sonreía y me decía que así daba gusto ya que siempre la tenía lista, entonces me bajó el cierre del pantalón y se metió mi pija en la boca, yo seguí manejando con una sola mano y con la otra le volví a buscar el clítoris que esta vez tampoco me costó nada encontrarlo.

Cuando le avisé que estaba por acabar ella me dejó de chupar la pija y se sentó en su lugar con la pija en su mano, yo seguía dándole con los dedos hasta que me inundó la palma de la mano con el orgasmo que tuvo. Mariana se recostó sobre mi hombro y me besaba el cuello, entre beso y beso me decía que yo había encontrado la forma de hacerla acabar como nunca nadie la había hecho acabar y encima todavía no la había penetrado.

Cuando llegamos a su departamento nos desnudamos apenas entramos, la subí arriba de la mesa y le chupé su depilada concha con devoción, que fácil que se excitaba mi prima, su clítoris crecía al menor contacto.

Me avisó que estaba por acabar una vez más, pero no me importó y me tomé casi todo lo que salió de esa caliente concha que ya hacía bastante rato que estaba lista para recibirme.

Ahí mismo sobre la mesa de la cocina de su casa la penetré por primera vez, que bien que se sentía su concha parecía el estuche hecho a medida para mi pija, era súper estrecha, las paredes de su concha tenían prisionera a mi pija. Estuvimos bombeando un largo rato ya que las acabadas que ya habíamos tenido, yo una y ella tres.

Nos habían quitado fuerzas. Pero cuando acabamos lo hicimos de una forma muy intensa. Nunca pensé que mi pija podía largar tanto semen, como largué dentro de la concha de Mariana. Pero ninguno de los dos tenía intenciones de terminar así este encuentro, nos fuimos hasta su dormitorio y en la cama de una plaza que ella tenía volvimos a coger como si fuera la primera vez de la tarde.
Después de un rato de bombear y cuando ya le entraban hasta tres dedos en el culo que se lo había estado masajeando todo el rato la puse en posición y se la metí por el culo.

Mientras le perforaba el orto a mi prima seguía tocándole el clítoris que ya me tenía hipnotizado por la forma que se ponía al menor roce.

Luego de un largo rato mi prima gritó, si, así, partime el culo y al escucharla no aguanté más y le largué dentro de su culo todo el semen que me quedaba. Ella al notar mí acabada también acabó, los dos quedamos rendidos luego de la tarde que habíamos pasado, nos duchamos juntos acariciándonos en todo momento.

Luego nos dormimos una siesta para despertarnos bien tarde a la noche, nos fuimos a cenar para recuperar fuerzas y volvimos a su departamento para seguir cogiendo a cada rato durante lo que duró el fin de semana.

Al tiempo Mariana me contó que había hablado con su ex novio para agradecerle los cuernos que este le había puesto porque gracias a él cogió con el primo, quien logró la forma de hacerla acabar como nunca nadie la había hecho acabar y ella al fin supo lo que es coger…

Autora: Mariana

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Me gusta por el culito

Pude sentir cada momento previo a la corrida, entraba a fondo y se detenía, y otra vez, luego un metisaca profundo, asido a mis ingles me comprime contra él, quiere desfondarme, incrustarse en mí hasta hacerse carne de mi carne, fundirse en mí y fluir el semen dentro de mi maltrecho culito, la acabada sirvió algo para calmar el ardor por la falta de lubricación al comienzo de la cogida anal.

Esta es mi historia, la parte de mi vida no autorizada, pero tengo una excusa valedera para justificar mi conducta.

Los hechos y situaciones responden a la verdad, no así los nombres y referencias que puedan ponerme en una situación harto difícil de explicar.

Desde hace unos años trabajo en una importante empresa, le dedico nueve horas diarias (incluyendo la de almuerzo) de cada semana más cuatro los días sábados, lo que resulta que estoy en la oficina el doble del tiempo que me queda para estar en casa con mi esposo, claro está al tiempo real restamos el empleado en viaje, hacer la compra diaria, dormir y algún minuto perdido llegamos al cálculo de que el tiempo real a compartir es escasamente la mitad de que dedicamos al trabajo.   Por simple deducción paso la mayor parte con mi familia laboral, este es lugar donde todos debemos manejarnos, donde nos relacionamos y convivimos más que en ningún otro sitio.

Fácil es deducir el por qué es necesariamente el ámbito propiciatorio para fomentar la formación de amistades, noviazgos y la diferente gama de interrelaciones personales que devienen en todas las variantes conocidas por todos lo que pasamos por un lugar similar.  Cualquiera que haya leído relatos o historias de situaciones afectivas entre sus integrantes puede dar fe que todo esto sucede a diario, más aún tal vez está sucediendo en este momento en la oficina de junto.

Esta historia no difiere mucho del lineamiento general de lo consignado en el prólogo de este relato, con la única salvedad que es mi historia, la historia de Clau y que sucedió tal y como lo refiero, claro Rodrigo, no se llama así.

La situación comienza cuando una tarde cualquiera me encontraba sola en la oficina, con tiempo ocioso y se me ocurrió, no la primera vez, entrar al Internet para navegar por una de las tantas páginas porno que proliferan en ella, buscando las notas y fotos bien hot, pero hete aquí que la fatalidad o algún virus que no debía entrar se introdujo sin pedir permiso y la compu se plantó, se colgó solemos decir algunos compañeros.  Ni forma de sacar la foto del monitor y no quería apagar la compu pues tenía en el escritorio algunos documentos de suma importancia para mi trabajo, que si optaba por apagarla corría el riesgo de perder el trabajo de varios días.   Y ahora quién podrá defenderme hubiera dicho, pero… no hay Chapulín Colorado.

Menudo embrollo el que me encontraba, ¡un problema madrazo!   La situación por demás complicada requiere de pronta solución, no puedo esperar a que mi jefe regrese y vea a estos chavos y chavas cogiendo a lo bruto, mostrando sus tremendas pijotas, sería el hazmerreír de la oficina además de poder llevarme una sanción por el lomo.

Haciendo de tripas corazón, con todo el dolor del alma y la vergüenza de mostrarme como una pajera, debí recurrir sin más trámite a llamar a la oficina de Sistemas, mientras aguardo con el corazoncito hecho un bollo, ruego a la virgen que me atienda Rodrigo, pues con él tengo algo más de confianza.

– ¡Aló, sistemas!  -lo reconocí de inmediato ¡Hola!, pues mira soy Clau de control de proveedores y he tenido un problema con la compu, si pueden venir de inmediato te lo agradecería mucho pues tengo un documento pendiente y es muy urgente.  –bueno te prometo que pasaremos tan pronto nos permita la tarea en que estamos ocupados ahorita mismo.  –No, no… bueno mira quiero ser sincera y directa, el asunto es muy personal, necesito que venga alguien en quien pueda confiar y ese eres tú, además es una situación que no podría explicar demasiado fácil, por otra parte te lo agradecería como te mereces, no puedo decirte más solo que si me pilla mi jefe seguro me aplicará una sanción.  ¡Por favor, vente ya! Te lo voy a agradecer mucho. (Remarqué esta última parte de la frase)

Solícito y presto se llegó hasta mi oficina, no dijo nada, con solo verme se notaba la urgencia del pedido, se sentó frente al monitor, lo encendió.   Unos instantes más y la pantalla mostró a todo color una orgía de chavos y chavas cogiendo y mamándose a todo dar, el espectáculo era por demás ilustrativo de la intencionalidad de quien busca esas imágenes y el significado de para qué las busca.

Ver la pantalla y mirarme era revela sin más ni más mi afición al sexo.  Nos miramos, el silencio cómplice, era la primera vez que sentía pudor de que alguien me viera o conociera mi predilección por el sexo, fuera de mi grupo de pertenencia, ni mi marido conoce de mis correrías y relaciones anteriores y paralelas a él, y ahora Rodrigo llega como si tal cosa y me pesca por ese momento de tontería a punto de descifrar el código sexual que todos llevamos.

Mientras sus dedos hacían el milagro de borrar toda huella de pecado de la pantalla y de la memoria en la cpu voy evaluando de qué manera explicarme y explicarle la escabrosa situación.   No bastó mucho para hacerlo entender, todo estaba claro para él, me miró profundo a los ojos, hizo un pesado silencio, como marcando el terreno, haciéndome saber que era él quien maneja la situación.  –Mira Clau, todos en algún momento pasamos por situaciones como debe ser tu caso, que necesitamos ver a otros hacer lo mismo que nosotros tenemos ganas, las tienes tú como las tengo yo justamente ahora, esta imagen no hizo más que mostrarme cuánto necesito también una vía de escape a la rutina conyugal, seguramente a ti te puede estar pasando lo mismo. Y si juntamos nuestras necesidades para darnos una escapadita sencilla, a veces con un simple morreo uno se pone bien. ¿No te parece?

Él me estaba proponiendo en pocas palabras la forma de agradecer y premiar su cómplice y silenciosa colaboración.  El beso en su mejilla izquierda fue la respuesta instantánea, quedarme apoyada con el vientre contra su hombro la que completó el agradecimiento.

Rodrigo terminó de teclear las últimas órdenes y la cpu respondió sumisa y obediente, tal como la imité yo dejando que su mano izquierda libre subiera indiscreta por entre mis pantorrillas, trepar hasta la rodilla y subir hasta el cielo, topar con la tela de las bragas, que si no le da por entrar a una compañera seguro lo pilla con las manos en la masa.  – Mañana me llamas y me dices si persiste el virus, ¿de acuerdo?  – Sí nos vemos.

Breve diálogo de despedida, sonaba como clave solo entendida por los que manejan el código.

Al quedarme sola tardé un poco en poder elaborar los últimos acontecimientos, todo sucedió tan rápido, tan simple que asusta, todos damos por entendido que donde se trabaja no se c…, pero la carne es débil.  Muy débil y de pronto no con demasiado disgusto me veo en la obligación de retribuirle a Rodrigo su buena acción.   En mis treinta y un años no me arrepiento de nada de lo hecho, lo bueno y lo malo sirvió para hacerme saber lo qué debo hacer, casada legalmente y sin problemas a la vista en el horizonte marital, la vida conyugal tiene sus códigos propios, los gustos y preferencias ser consensuados y compartidos en aras de la armonía, limita de excesos cuando la pareja no comparte la misma afición, pero también es el ámbito donde tenemos el afecto que todos necesitamos en algún momento de la jornada.  La rutina es compensada por la contención y cariños que nos dispensa la pareja.

Por otra parte Rodrigo, cinco o seis años mayor que yo, casado y con un par de hijos, debe transitar los mismos caminos familiares que yo, por lo tanto, juntando dos necesidades podemos balancear el déficit de adrenalina en la vida cotidiana.

El día siguiente no pasó nada, ni me llamó ni lo llamé, a siguiente lo mismo, y otro igual.   Por un momento pensé que todo había sido un juego, pero ¿y esa mano por debajo? No sabía bien qué había pasado, a decir verdad ya me intrigaba un tantito, suponía que todo había quedado olvidado, pero ese jueguecito de manos ya me había gustado.

Como si hubiera respondido a un msn telepático sonó el teléfono -Hola Clau, ¿qué tienes que hacer dentro de media hora?  – sin esperar respuesta siguió – Después del almuerzo que te parece si nos tomamos un café en el archivo, ¿tú tienes la llave no? –como tardé un poco en responderle volvió a preguntar: -Tenemos un… café prometido o si no quieres, bueno… si… no te gusta el café está todo bien igual.  – No, está bien, pero que sea como en una hora aún tengo cosas por terminar.   Ah, para mí con doble de azúcar. Ja,ja

El juego estaba más que claro, los jugadores de acuerdo, solo faltaba el reglamento par jugarlo.  Puntualmente llegué, abrí, dejé un par de carpetas para simular la concurrencia al archivo en cuestión, la puerta entornada para que pasara sin demora.

–Hola!  -Hola Extendió el vaso plástico con la negra infusión, espontánea actitud de ambos alzar el vaso a modo de brindis, estábamos dando formalidad a la informalidad.

Como dueña de casa tomé asiento en un maltratado sillón que había junto al escritorio, casi no hablamos hasta terminar el café, era una de esas situaciones que no sabemos bien cómo empezar ni qué decir, como corresponde en estos casos la más decidida suele ser la mujer, comencé por agradecer su invalorable ayuda y lo agradecida que le estaba.  –Bueno, bueno no me debes nada, somos compañeros, casi amigos…

No lo dejé seguir lo tomé de la cintura y lo atraje hacia mí.   Correspondió abrazándome de la nuca, apretándome contra él, más bien diría que me dio de pleno contra su sexo, tan solo permanecer en esa posición y el ocupante  interior de su pantalón comenzó a dar muestras de que estaba vivo.  Se mostraba algo inquieto y molesto por la situación tan sui géneris, sin preguntar aflojé su cinturón y el pantalón, abrí la bragueta y metí la mano dentro hasta tomarlo, no paré de acariciarlo y frotarlo mientras él me fregaba la cara contra su vientre, después fue el quien metió mano bajo mi falda y llegó hasta el mismo borde de las braguita, intentó entrarle por debajo del elástico y me frotó la palomita por encima presionando el vello hasta sentir en sus dedos el contacto con los labios.  Para no terminar quién sabe dónde, convinimos que esto era nada más que un juego de amigos, y que no pasaría más de hasta aquí.   Lo de convinimos corrió por mi cuenta, Rodrigo tan solo asintió.

Durante una o dos semanas jugamos este juego, venía por mi oficina a solucionar problemas de informática que ahora eran muchos y más frecuentes, mientras simulaba arreglarlos me ponía junto o detrás de él y nos fajábamos, alguna vez no encontramos de nuevo en el archivo y ahora el faje pasó a la categoría de magreo y días después de magreo salvaje.  Con el correr de los días la calentura y la confianza iba por más, en la siguiente vez el archivo fue testigo algo más osado.  Estaba sentada frente al hombre, ahora tenía bien abierta la bragueta, con todo el miembro afuera, era bonito y gordito, de buen tamaño, lleno de venas cargadas de sangre azulada, la cabeza salida y gordota, brillante por la excitación.

Puedo afirmar que soy buena para hacer chaquetas, y estaba lista a demostrarle a Rodrigo que podía hacerle la mejor que ha recibido en mucho tiempo, las manos ensalivadas se deslizan por el tronco con suavidad, suben y bajan, una y otra vez, voy variando la presión y velocidad, creciendo y decreciendo la excitación, no le aparto los ojos del menor movimiento, se muerde los labios, cierra los ojos fuertemente, hace muecas, se agita al respirar, suspira profundo, tiembla y sacude la pelvis, conozco los síntomas, está por venirse, lo aprieto en la base, prolongo su ahogo, demoro esa sensación de calor interior agradable e intenso, otra vez se sacude como quien está sufriendo un shock, está por correrse.

El primer intento fue contener su corrida poniendo mi boca en su camino y retenerla, pero un último destello de cordura ayudó a clarificar el panorama y evitar que este juego se desmadre, mientras pajeo con la derecha, la otra cubre a modo de paraguas la erupción del volcán.

Era visto cuanto necesitaba esta deslechada, el pañuelo quedó lleno con su leche, no hubo lamidas, era perentorio guardar las formas y ajustarse al pacto, la acabada no estaba en el libreto, no salirse del carril era lo mejor para ambos.  Mientras le hacía esta bonita chaqueta, no vayan a creerse que se quedó quieto, tiene unas manos tan curiosas que no dejó un solo instante de sobar mis chichas, y vaya lo bien que lo hacía, llegué a disfrutarlo en medio del zarandeo que estaba dando.

Pero estaba visto que esta etapa fue nada más que el aperitivo, lo mejor estaba por suceder.   El destino se encargó de concedernos ese momento, dos días más tarde de esta escaramuza teníamos un combate más frontal, debía buscar una antigua documentación guardada en el archivo, trabajo de no menos de una hora, con antelación suficiente acordamos en reunirnos en el lugar de siempre.
Nuevamente sentada frente a él rindiendo pleitesía al falo que ya conocía en sus manifestación de alegría, ahora para mayor comodidad de él, se sacó los pantalones del todo así podía moverse en libertad, sacó a relucir el miembro, hasta parecía más grande y amenazante, lo tomé entre mis manos y comencé a realizarle una amorosa masturbación, aplicaba la técnica referida, pero él estaba por demás activo, se impulsa con más bríos y entusiasmo que la vez anterior, respondo a su urgencia con más trabajo, más rápido en el subibaja.

Se lanza hacia delante y su pija me sorprende de tenerla a centímetros de mi cara, casi en la comisura de mi boca, nos miramos un instante y sin decir ¡agua va! Se la chupé.   Se metió en mi boca se hizo dueño de ella, entraba y salía de ella a su antojo, me tomó de la nuca y dirigía el acto al ritmo que le imponía su deseo, tan rápido era el accionar que apenas podía pasar la lengua por el glande.

El momento límite estaba a punto de llegar, no pudo controlarse, ni preguntó si podía hacerlo.  Creo que se mordió el labio para no gritar. Me llenó la boca de espeso y caliente semen, varios chorros hasta que las fuerzas lo abandonaron y dejó de fluir su leche.  Era distinta a las que había probado antes, esta algo más salada pero al terminar de tragarla me dejó un resabio de semen levemente amargo.

Me traicionó la calentura, al tragarme su lechita la calentura hizo presa fácil de mí, quedé temblando, abrazada a mí misma, los brazos cruzados al pecho contenían los latidos ejerciendo presión sobre mis tetas.  No tardó en recobrar las fuerzas, y volvió por mí que seguía acurrucada en el sillón, me ayudó a levantar y me sentó sobre el escritorio, abrió la camisa, liberó mis chichis, sopesó y estudió su volumen una en cada mano, las estrujó y pellizcó en los pezones.

Se lanzó sobre ellas y me las mamó, una por vez para saltar a la otra, sacó las manos para alojarlas entre mis piernas, ahora era yo quien sostenía las tetas, se las pongo en la boca, me está matando de placer, la mano se introdujo entre mis bragas, corrió el trozo de tela para facilitar el acceso, separo la piernas, colaboro en la manualidad, los dedos buscan, exploran el interior, los labios y el clítoris.   Me aprieto contra él y vengo en su mano y en su boca.   Acabé, lo necesitaba, fue un orgasmo madrazo.
Me dejó estarme abrazada a él, me contuvo, fraternal respeto por mi momento de relax post orgásmico.

Lejos estaba de suponer que Rodrigo tenía otra carta bajo la manga, tan pronto me repuse me ayudó a bajar y me tomó de la cintura, seguía desnudo de la cintura para abajo, el miembro había recobrado casi su estado anterior, como cortesía le regalé una cariñosa apretadita.   Aún no sé si fue esta señal o lo tenía pensado, retuvo mi mano sobre su pija, la movió haciéndose con ella una breve pajita.

Luego como impulsado por una extraña fuerza me dio vuelta y me colocó de bruces sobre el borde del escritorio, todo en una sola acción, me levantó la falda y corrió a un lado la tela del tanga para dejar expedito el camino al objetivo: mi conchita.    Mi conchita seguía plena de humedad.    Le rogué que no, le pedí, le ordené, parecía todo en vano estaba tan caliente que no me escuchaba, solo escuchaba su propia calentura que lo tenía subordinado. Falta respuesta, la penetración es inminente, le ruego cambiar el destino de su corrida.  – Por delante no, por favor, es de mi marido, por favor.  Dame por atrás, por la colita, ¿sí? Por favor Rodrigo haceme la colita.

Se avino, se decidió a entrar por mi colita.    No tengo demasiados problemas, tengo buena y reconocida experiencia en el uso y alguna vez abuso de ese agujero, en verdad los disfruto.

–Mojame bien con mis jugos para que no me duela, la tenés bien grande para mi colita (siempre es bueno halagarlos diciendo que la tienen grande).

Me humedeció el anillo con mis propios jugos, se animó a meterme un par de veces la cabezota en mi cuevita y luego se fue con todas sus ganas a presionar sobre mi anillo anal, sentí la presión de su cabeza pugnando por vencer la resistencia autónoma del portero de mi culito.  Tan solo necesitó dos empujones para dejarlo entrar en mí, luego favorecido por la posición y la presión ejercida se mandó dentro de mí, todo dentro, lo sentí cuando sus testículos golpearon con mis glúteos.    Se detuvo para estudiar el terreno, despacio se retiró, volvió nuevamente hasta el tope de su ingle contra mis nalgas.  Luego todo fue meter y sacar, entrar y salir, lanzado sobre mi espalda era una máquina que quiere taladrarme, un martinete que golpea sin parar, cada vez más rápido, más profundo que la precedente.

Tanta excitación no puede sino desembocar en un final acorde a la tensión generada.   Pude sentir cada momento previo a la corrida, entraba a fondo y se detenía, y otra vez, luego un metisaca veloz y profundo, asido a mis ingles me comprime contra él, quiere desfondarme, incrustarse en mí hasta hacerse carne de mi carne, ser uno, fundirse en mí.

– ah!, ah!  – Fue lo único que pudo balbucear como inteligible, lo demás eran bufidos y sonidos guturales, y fluir el semen dentro de mi maltrecho culito, la acabada sirvió algo para calmar el ardor producido por la falta de lubricación que se había consumido con los primeras fricciones al comienzo de la cogida anal.

Cuando Rodrigo se separó le costaba mantener la vertical, la piernas le temblaban por el esfuerzo y la emoción, parecía no estar muy habituado a hacerlo por un culito, si no fuera por el molesto ardor que dejó en mi trasero me hubiera reído de buena gana.

Había transcurridos más de una hora, fue una tarde a pleno sexo, ahora debíamos volver a trabajar, simular que todo seguía igual. Nos despedimos con un besito.

Al llegar a mi oficina debí pasar por el baño para poder limpiarme del semen sobrante, el que no pudo retener la mucosa anal y amenazaba con salirse fuera de las bragas.  A pesar de lo extenso del relato han quedado sentimientos y sensaciones por relatar, pero cada paso me resulta más difícil pues reviviendo cada detalle se me vuelve a humedecer mi cosita y no puedo concentrarme, sepan comprenderme.

Para terminar voy a hacerlo con una frase que le gusta mucho a un cyber novio que tengo en Argentina y que es mi amorcito él dice que: La mujer necesita una excusa para justificar su infidelidad, el hombre solo necesita una mujer, pero voy a corregirlo afirmando que lo sucedido en este relato no debe ser considerado como infidelidad, pues no hay promesa de amor y no hubo penetración por el acceso que usa mi marido, la conchita está reservada solo para el esposo. ¡Ja, ja, ja!

Autor: El Marqués

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