Que rica infidelidad

Se abrió de piernas y se la enterré de una, su vagina quería deglutirse a ese pedazo de carne caliente. Yo entraba y salía de ella con delicadeza y dejé que ella le diera el ritmo como le gustara, como ella lo deseara. De repente todo era fuerza, le excitaba como mis bolas le pegaban y gemía cada vez con más fuerza hasta que por fin lo que tanto había esperado, romperle ese culito hermoso que tiene.

Hola, todo empezó un 16 de octubre de 2006 cuando conocí a Sade (así la nombraré), recién terminaba mis estudios universitarios y dedicaba a buscar trabajo, por fin encontré en una editora de periódico, ahí fue donde la vi por primera vez, ¿Su descripción? Flaquita, ojos rasgados, morena, 1.60 de alta, culito hermoso, bubbies chiquitas pero perfectas, edad 27 años, pelo quebrado, para mí la verdad me cautivo.

Como soy el encargado en sistemas, pues buscaba la forma de que siempre viniera a mí borrándole  archivos o moviéndoselos de lugar y deshabilitando cualquier cosa que yo supiera ella no pudiera arreglar. Hasta que por fin nos hicimos amigos, salíamos, nos conocíamos y yo cada que podía intentaba robarle un beso, yo sé que las mujeres no son tontas y que claro que se dan cuenta cuando un hombre pretende con ellas. Un día me enviaron a comprar un material y era hora de su salida así que me ofrecí a llevarla y ella se ofreció a acompañarme.

Y típico, que yo me le hacía el clásico “chavito” (tenía 22 años cuando entré a trabajar) que aun no se le acaba  la pubertad y anda de caliente con cuanta niña se le pone enfrente y no pasa que también te dicen que les recuerdas a su ex porque en la misma forma que estás tratando de querer algo. Total que después nos besamos, y terminando me dijo, por favor no te enojes si mañana no quiero nada contigo. Le dije está bien, no hay problema yo también tengo pareja. Resulta ser que un 28 de diciembre (día de los inocentes) ella me dice: “Hoy es mi cumpleaños ¿Qué me vas a regalar?”. Yo le dije lo que quieras flaquita, haciendo alusión a que ese día se hacen bromas de cualquier tipo y al final te dicen caíste por inocente.

Yo le seguí la broma hasta donde ella me dejó, al final me vi con ella en mi departamento besando tan rico, fuerte, sabroso, apasionado como si nos conociéramos de siempre, a mí me encantan las vaginas bien rasuraditas, (¿Y a quién no?)… mi sorpresa que ella era perfecta, mientras seguíamos besándonos sentía como se excitaba más y más, la respiración le aumentaba, su cuerpo se ponía a tono, sus pezones chiquitos, bien paraditos, chiquitos, como los carros de 0 a 100 km/h se pusieron duros, duros.

No dudé nada en quitarle su blusa, brasier y lanzarme sobre sus maravillosas tetas, ninguno de los dos pedía permiso para hacer algo, eso me excitaba más, y  el ver como me manejaba cuando llegó a mi pantalón y más aún el bóxer  los ojos casi se le salen y eso que todavía no la tenía adentro, sólo dijo: “¡Me vas a romper el culo con eso mi amor!”… Imagínense cuando una mujer les dice eso y vas con la idea en el camino que también por ahí le darás.

No lo pensó mucho, me lo comenzó a mamar, era una combinación de lengua, dientes, el calor de su saliva que me encaminaban hacía un loco frenesí en el que sentía que no duraría mucho en su boca. Todo aquello era un sueño, mujer perfecta, nuestro cuerpos solo emanaban sudor y líquidos que hacían un olor casi perfecto, al que sólo le hacía falta culminar. Se abrió de piernas y se la enterré de una, su vagina cálida y húmeda recibió el regalo de mi verga, sentía las paredes de su cueva como querían “deglutirse” a ese pedazo de carne caliente que la hacía muy dichosa.

Yo entraba y salía de ella, primero con delicadeza y dejé que ella le diera el ritmo como le gustara, como ella lo deseara. De repente todo era fuerza, le excitaba como mis bolas le pegaban, y gemía cada vez con más fuerza, hasta que por fin lo que tanto había esperado, romperle ese culito hermoso que tiene.

¡Metemela por el culo!… enseguida me salí y dijo: “ No uses saliva ni nada, así metemela” milímimetro a milímimetro se la fui metiendo, ella cerraba los ojos con fuerza, alcancé a ver como se limpiaba las lágrimas, supongo que del dolor que le causaba, pero no se detenía, solita fue empezando a entrar y salir, por más que quería metérsela toda no me dejaba, me detenía cuando más o menos iba a la mitad, pero el querer penetrarla toda me volvía loco, me ponía más duro aún, con  una mano le tocaba su clítoris y con la otra sus tetas, y le dije: “disculpame”… cuando ella volteó dijo: “¿Por qué?

En  ese instante todo yo estaba dentro, ella gritó y solo pidió más, no podía creer la locura que le había provocado. Ya era otra persona, ya no con la que empecé, era más brusca, más intenso, de repente escuché una voz que decía: “Ni se te ocurra tirarlos, los quiero todos en boca”,  a  lo que solo yo dije si con la cabeza.

Cuando por fin llegó el momento de llegar al clímax, me salí, la volteé y la jalé hacia mí, la dejé que ella me terminara, por fin reventé, he de confesar que pocas veces son las que me vengo de esa manera, ella aseguró que casi se ahogaba de la cantidad de líquido que salió de mi verga y de lo mucho que le gustó y lo recaliente que estaba, después de eso continuó besándola y acariciándola haciendo más genial  el momento.

Nos quedamos tirados, completamente sudados y oliendo a puro sexo, haciendo así todo perfecto. Me besaba, la besaba, me dijo que no podía quedarse más porque tenía que ir a celebrar con su novio. Se dio una ducha y se marchó no sin antes decirme: “Papito, coges muy rico, cuando quieras cogerme en tu oficina tú solo dímelo, no tengas pena”.

Por ahora hasta aquí le dejamos,  luego les contaré de las otras ocasiones en las instalaciones de la empresa que han sido testigos de los encuentros entre Sade y yo.

Sade, te mando saludos.

Autor: Acapulquito

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