Bóveda hirviente

Cuando él llegó a su punto culmine la invitó a montarse sobre él para metérsela, Fabián la penetró hasta el fondo. Ambos jadearon de placer, ella por ser clavada y él por sentir el calor y la elasticidad de la concha de su amante de turno. Fabián estuvo unos 45 minutos dándole sin detenerse, hasta que acabó dentro de ella, eso no significaba que la diversión había terminado, apenas era el comienzo.

Este es un mundo dominado por los hombres. En los altos puestos jerárquicos, ejecutivos y administrativos ahí están ellos. Manejan el dinero, simbolizan el poder, pero cualquier resistencia masculina se ve seriamente vulnerada ante un par de buenas tetas y una vagina húmeda y caliente. Esto lo ha podido comprobar Luciana desde muy joven y en base a esta premisa ella ha logrado construir su pequeño imperio de dinero y estatus. Alrededor de los hombres con los cuales se acuesta por dinero, por placer o por ambos.

Hace poco se enteró que un conocido socio de su padre hizo una gran fortuna invirtiendo en acciones en el rubro inmobiliario, lo cual le reportó ganancias estratosféricas. Esta noticia fue como un imán para Luciana y no dudó en averiguar todo lo posible sobre aquel hombre multimillonario, con el objetivo de atraparlo y disfrutar de su fortuna. Con tal de conseguir sus propósitos los límites no existen para ella.

A los 66 años, Don Juvencio no podía sentirse más pleno. Con la fortuna que ha amasado durante sus años de trabajo en el área inmobiliaria era más que suficiente para disfrutar de su vejez con mucha soltura y asegurarles un buen porvenir a su mujer y sus ocho hijos.

Debido a este repentino incremento de su tesoro, Juvencio tomó decisiones para así garantizar aún más la estabilidad de su familia. Se trasladó de la ciudad a vivir a una gran parcela cerca de la costa, con todos sus hijos, que a pesar de estar la gran mayoría casados y con niños, la idea fue genial, ya que la famosa parcela contaba con innumerables inmuebles más pequeños, donde todos eran bienvenidos. Sin embargo esto no significaba que Don Juvencio descuidaría sus negocios, todo lo contrario y para descartar el factor tiempo en los traslados semanales, adquirió un moderno helicóptero, equipando así sus edificios corporativos con eficientes helipuertos, para así llegar muy cómodo.

El deseo de ver a su familia segura y estable en todos los planos se estaba cumpliendo, salvo por un detalle.

Fabián, el cuarto de sus hijos, era el único que no se había casado aún. Con 30 años Fabián era considerado un soltero empedernido y un parásito aprovechador, ya que vivía a expensas de su padre, sin contar con trabajo u oficio alguno, por pura comodidad. A pesar de que la lista de mujeres que han pasado por la vida y la cama de Fabián han sido infinitas, ninguna de ellas ha sido duradera o formal. Don Juvencio deseaba que su hijo sentara cabeza formando su propia familia, más pronto que tarde.

Como todos los domingos a la hora de almuerzo, la familia se reunía en torno a la mesa para saborear la comida, aunque también era tradicional ya la ausencia de Fabián en estos almuerzos. Por lo mismo fue sorpresivo verlo llegar puntualmente acompañado de una hermosa chica.

– “Hola familia; esta vez he venido acompañado. Me imagino que recordarán a Luciana, la hija de los Valdés-Risopatrón. Y lo más importante, debo decirles que se las presento como mi polola oficial”.
– “Hola, ojala estén todos bien. Hace años que no venía a visitarlos, desde que era una niña”.

Todos se miraron con sorpresa, pero con satisfacción, ya que por fin Fabián se dignaba a presentar a una chica como su polola, por lo menos después de tantos años. Se había vuelto usual que, alguien al levantarse temprano por la mañana los fines de semana, se encontrase con alguna conquista casual de Fabián en el pasillo, en la cocina o saliendo del baño, para luego perderse para siempre. Ahora era distinto, Fabián se decidía a presentar a una chica ante todos. Sin embargo esta joven era relativamente conocida en la familia, debido a que el padre de ella ha sido socio mayoritario de Don Juvencio. Años atrás era frecuente que Luciana y sus padres compartieran almuerzos, cenas u otros eventos juntos. Y ahora Luciana volvía hecha toda una mujer a formar parte de la familia, como la polola del soltero más esquivo, Fabián.

Luego de concluido el almuerzo; se procedió a ir a una de las tantas piscinas de la propiedad; un lujo y una enormidad, la cual era alimentada por un riachuelo que pasaba por ahí. Cuando Luciana se despojó de sus ropas para quedar sólo en bikini, todos quedaron impresionados con el cuerpazo de esta chica de 19 años: 1,60 de estatura, pelo rubio y liso, tez semi tostada, grandes tetas, redonditas y paradas, cintura breve, un culo hecho a mano y bonitas piernas. Fabián al ver las caras de los demás pensó:

– “… Pero al final el que se la come soy yo, jejeje”.

A propósito, Fabián al tener a su chica tan descubierta sintió ganas de servírsela. Sin importar que pudiera pensar el resto, Fabián y Luciana regresaron a la parcela a perderse por el pasillo hasta llegar a la habitación de él, una verdadera suite.

Ya en la pieza, Fabián se apoyó en la pared, al lado de la puerta de entrada, Luciana lo iba besando por todo el torso, al mismo tiempo que se iba agachando hasta que llegó a su entrepierna; procedió a bajarle el traje de baño y sacárselo, Ya desnudo ante ella, Luciana se metió su pene a la boca, todo entero, a la vez que le iba masajeando los huevos con la mano derecha. Así al ir alternando chupadas a su caramelo y a sus huevos, Fabián fue perdiendo el control. Fue creciendo y poniéndose duro dentro de la boca de su amante hasta que ya no pudo más, explotando en su bella cara y gran parte de ese líquido caliente cayó en su boca; Luciana se lo tomó como el más rico de los néctares. Otra parte cayó en sus tetas y Luciana se lo esparció por ellas como si fuese crema. Fabián la miraba extasiado.

Precisamente una de las razones fundamentales de porque la hizo su polola fue debido a sus extraordinarias habilidades como amante, no se permitiría dejar ir a una chica así y perderse de momentos como el que estaba gozando en ese instante.  Sin embargo en un brevísimo momento de cordura, Fabián la tomó por las axilas y la levantó, ella por tanto enganchó sus piernas en las caderas de él y luego él la depositó con violencia en la cama. Sin perder tiempo le quitó el bikini. Le hizo abrir las piernas, acercó su cara a su concha y empezó a chupársela. Deslizó su lengua a lo largo de toda la zona, de ida y de vuelta; aprovechando también de rozarle el ano, también la plegó para metérsela como si fuese su propio pene, le succionó los labios, etc, etc.

Ella gimió por el placer que estaba sintiendo. Con sus manos libres Luciana se acariciaba sus tetas, se las apretaba y se las masajeaba. A pesar de que Fabián no le estaba pagando con dinero, Luciana se sentía como la prostituta que siempre ha sido. Total para ella Fabián representaba un escalón más para alcanzar su verdadero objetivo: Don Juvencio y su cuantiosa fortuna. Si para llegar a ellos tenía que destruir el matrimonio de él y acostarse con todos los varones de la familia, ella lo haría gustosa.

Al poco rato de haber estado comiéndole la vagina a Luciana, él comenzó a subir poco a poco por su cuerpo, besándole el vientre plano hasta que llegó a sus tetas. Las rodeó como pudo con sus grandes manos, aún así no le alcanzaban. Eran monumentales globos, parados y duros por las siliconas. Sin mediar pausa se las empezó a chupar y lamer; Luciana lo motivaba a continuar, al mismo tiempo ella se estimulaba tocándose abajo. ¡Qué delicia! Fabián continuó subiendo hasta encontrarse cara a cara con su polola, se besaron durísimo y Fabián ya se sentía listo para metérsela y así se lo hizo saber.

– “Lo único que quiero es darte mi puta rica”. – “Entonces dale…, te espero abierta mi amor”.

Y así fue. Fabián entró en ella y la clavó por muchísimo rato. Ella enroscó su piernas en la espalda de él y movió sus caderas para sentirlo más intenso y él también movió las suyas para penetrarla más hondo. Fueron como 3 horas de sexo magnifico. Ambos se quedaron dormidos del agotamiento y por el calor, mal que mal era primavera, pero una primavera inusitadamente calurosa.

La Sra. Leontina, esposa de Don Juvencio por aproximadamente 40 años, no aprobaba que su hijo Fabián y Luciana llevaran vida de pareja sin estar casados, además desaprobaba la diferencia de más de 10 años entre ellos. Según ella, consideraba que Luciana era una libertina y que vivía la vida de una cualquiera, a pesar de tener sólo 19 años; tan chica y tan puta. No obstante Don Juvencio no tenía problema en dejar que Luciana viviera con ellos, si eso lograba que su hijo se estabilizara, estaba bien.

Lo que no sabía Don Juvencio, era que ese anhelo de estabilidad que veía en Luciana se revertiría de la peor forma a medida que pasara el tiempo. La presencia de Luciana en la parcela también había trastornado la vida de Adolfo, el hijo mayor, de 42 años; casado con 5 hijos. La atracción por parte de él fue inmediata y él no se permitiría quedarse sólo con las ganas; Luciana sería suya como fuese. Tenía que poseer ese cuerpo, besar esa boca, comerse esas tetas, penetrar esa concha y culear ese culo divino que tanto lo enloquecía.

Y esa esperada oportunidad se dio una noche de sábado, muy en la madrugada. Adolfo no podía dormir, por lo cual había ido a la cocina en busca de agua. Al ir de vuelta a su habitación por el largo pasillo, se encontró frente a frente con Luciana, vestida sólo con una ajustada polera blanca que dejaba entrever esas tentadoras tetas que a él tanto le embobaban y una diminuta tanga negra, tipo hilo dental, que destacaba esas nalgas jugosas.

Adolfo intuyó inmediatamente que aquella era LA oportunidad que tanto había deseado tener. Por lo mismo no dejó pasar a Luciana, la rodeó de la cintura con su brazo derecho y la acorraló contra la pared, diciéndole:

– “Ni pienses que te voy a dejar ir preciosa… No sabes cuanto he esperado este momento. Hmm, estas hecha toda una delicia”.

Luego procedió a besarla y a tocarla a su regalada gana, besándole la boca, el cuello, tocándole las tetas, apretándole las nalgas, hasta que ya no resistió más. La tomó en sus brazos y se la llevó a una de las tantas habitaciones de alojados disponibles en la parcela.

Oposición por parte de Luciana no existió, ya que igual encontraba a todos los varones de la familia interesantes para pasar un rato, además si esto le ayudaba para conseguir sus propósitos, entonces un pico más no le hacía asco; ¡todo lo contrario!

Adolfo era un hombre decidido, agresivo, tradicional, machista y muy pero muy caliente. Por lo tanto hacerlo con Luciana lo tenía hirviendo de la calentura. No tuvo paciencia para llevársela a la cama, por lo cual la tendió en el piso, quitándole las escasas ropas ahí mismo. Él sólo llevaba un calzoncillo puesto y para Luciana quitárselos fue una tarea muy fácil. Al tenerlo así, Luciana comenzó a darle sexo oral. Fue tanta la novedad para él que le tomó sólo segundos endurecerse para ella. A pesar de haber estado con varias mujeres, incluso estando casado, jamás alguna de ellas se lo había chupado de esa forma; menos cuando Luciana le comió los huevos.

– “Que maraca más talentosa”, pensó. – “Hummm, mmm… ¿Te gusta Adolfo? A mi me encanta, mmm, slurp, slurp”, dijo para continuar comiéndole el paquete.

Pasado algunos minutos, se encontraron cara a cara. Él le rodeó la cintura y la volteó para estar arriba de ella. Le hizo separar las piernas y sin esperar más se la metió hasta el fondo. Al hacerlo, no pudo evitar emitir un gemido gutural; también Luciana gimió como gata en celo al sentirlo dentro de ella, como la fricción de ese pene maravilloso en su concha, penetrada por infinidad de hombres a pesar de sus cortos 19 años, la hacía comportarse tan perra.

– “Mmm, que rico, estas durísimo” – “Y tú tan zorra y tan húmeda”

Antes de terminar, Adolfo salió de ella y explotó en su boca y en sus tetas. Ella con sumo placer comenzó a esparcirse el semen de su amante como si fuese crema, se apretó las tetas, se las masajeó, luego se chupó los dedos y por supuesto el que le había caído en la boca se lo bebió gustosa. Al finalizar ella se colocó en cuatro. Adolfo entendió de inmediato. Sin tardanza la tomó de las caderas por detrás y se la clavó hondo por el culo. El espectáculo de ver como su pene entraba y salía del culo de ella, lo tenía loco de felicidad. Por su parte Luciana sólo se dejaba penetrar. Sus tetas se movían como gelatinas por el vaivén, el pelo se le enredaba en la cara y parte de el se le quedaba pegado en ella por la transpiración. Las manos las tenía todas rojas por el roce del piso, que era alfombrado; las rodillas de ambos también estaban irritadas, pero que importaba, total estaban gozando como animales.

Después continuaron con un 69 y una segunda clavada.

A los 20 minutos después de haber finalizado, Adolfo se vistió y regresó a su pieza con su mujer, como si nada. Luciana en tanto se puso sus ropas y también volvió a la pieza con Fabián, quien dormía como tronco.

La estadía de Luciana se hizo permanente. Ya llevaba más de dos meses en la parcela, viviendo con Fabián y compartiendo con el resto de la familia, acostándose con él por supuesto y al mismo tiempo con Adolfo, aproximadamente desde hace más de un mes. Luciana ya se sentía impaciente por actuar y llegar hasta Don Juvencio, acostarse con él, enloquecerlo y apoderarse de su dinero. Pero a pesar de la impaciencia, Luciana debía planificar todo con detalle, no dejaría que por sus impulsos locos todo se fuese a la mierda.

Una noche, Don Juvencio no podía conciliar el sueño, por lo tanto se había levantado y fue a la cocina a prepararse un té de hierbas. Cuando ya se sintió mejor, partió de vuelta a su habitación. En el camino por el pasillo, vio que la puerta de la pieza de Fabián estaba entreabierta. Se asomó con cuidado y ahí se encontró con una escena lujuriosa: Su hijo tendido desnudo en la cama con Luciana sobre él. La intensidad de la luz estaba a medias, pero aún así se podía ver con relativa claridad. Don Juvencio pudo deleitarse con el cuerpo desnudo de Luciana. Vio con placer como Luciana rebotaba sobre Fabián, como sus nalgas golpeaban los muslos de él durante el sexo, como las tetas de ella subían y bajaban descontroladas por el movimiento, como el pelo rubio se le revolvía en la cara, etc, etc.

Pasado varios minutos de estar espiando ahí, Don Juvencio se dio cuenta de que había sufrido una magnífica erección. Ahí mismo como pudo, fue al baño, ya que sabía de antemano que esa erección no llegaría a ningún lado; sólo le restaba masturbarse hasta explotar.

Había integrantes de la familia que derechamente no estaban contentos con la estadía de Luciana en la parcela, debido a diversos motivos. Por ejemplo, pensaban que Luciana era muy libidinosa y extremadamente provocativa, lo cual podría, tarde o temprano, generar discordias o peleas entre los varones y traer problemas en los matrimonios. No obstante todos ellos estaban casados, con la excepción de Fabián, claro; Luciana representaba una tentación permanente y a la mano.

Entre aquellos quienes desaprobaban a Luciana se encontraban Paola, la hija menor de Don Juvencio y Doña Leontina, de 24 años; Susana, de 23 años, la esposa del menor de los varones, Alejandro, de 26 y en especial la Sra. Leontina, que de sólo un poco de desagrado había pasado a caerle muy mal y a considerarla una pésima influencia. Debido a esto, un día la Sra. Leontina le pidió a Luciana tener una conversación en privado en el despacho.

– “¿De qué tiene que conversar conmigo Sra. Leontina?” – “Mira Luciana, voy a ser clara y honesta. Considero que no eres la mujer apropiada para Fabián; no me gusta tu estilo de vida, tu forma de ser, como te desenvuelves, en especial considerando que solo tienes 19 años. No te comportas como una jovencita de esa edad, si no como una mujer de 35”. – “¿Me está pidiendo que deje a Fabián?” – “Tú misma lo dijiste. Y es más, me encantaría que volvieras a tu casa, me imagino que tienes un lugar donde vivir”. – “Yo también le voy a ser sincera. Si tuviera que irme de acá, con la única persona que tendría que hablar sería con su marido. Él es la persona que tiene la última palabra en esta casa… Y ahora si me permite, tengo cosas que hacer, con permiso”.

Y así Luciana desapareció del despacho para irse con Fabián a una fiesta. A la Sra. Leontina no le gustó para nada quedarse con la palabra en la boca y así se lo comentó a su hija Paola.

– “¡Pero esta tipa como se atreve a ser tan rota! Está de alojada en esta casa y se toma atribuciones que no le corresponden. Mamá, hay que hablar con papá para que la saque de acá”.

Dicho y hecho, la Sra. Leontina y su hija buscaron a Don Juvencio para comentarle el asunto que las tenía preocupadas.

– “Esa niñita se está aprovechando de la buena hospitalidad de esta familia, así es que quiero que tomes medidas”. – “Mi opinión es que ustedes se están extralimitando con su aversión en contra de Luciana. Ella es la polola de Fabián, les guste o no y están viviendo juntos. Quizás cuando ellos terminen ella podría volver a su hogar, pero mientras no sea sí, se queda y esa es mi última palabra”.

Las intenciones de expulsar a Luciana de la parcela quedaron sólo en eso, intenciones.

Don Juvencio se sentía algo estresado y la cura para el stress consistía en un delicioso baño en la piscina más grande de la propiedad. Se trata de un espacio cubierto, con una cúpula de madera, roble específicamente, también posee grandes y variados ventanales, que permiten el paso de la luz natural y además esta provista de plantas y árboles nativos y para darle su toque, posee una cascada en uno de los puntos, lo cual es simplemente extraordinario. En un sector de la piscina se puede disfrutar de agua fría y en otro de agua temperada.

Don Juvencio se sentía contracturado, por lo tanto se sumergió en el agua tibia para relajar sus músculos y su mente.

Luciana se encontraba afuera, en una de las terrazas y vio cuando Don Juvencio se dirigió a la piscina techada. Lo vio que llevaba puesto una bata y que llevaba una toalla. Ahí mismo a Luciana se le prendió la ampolleta y determinó que no dejaría pasar esa ocasión. Muy rápido fue a su habitación, se cambió de ropa para colocarse el bikini más diminuto que pudo encontrar, se colocó una bata, tomó una toalla y partió.

Luciana abrió una de las puertas de acceso y se hizo la tonta. Al ver a Don Juvencio exclamó:

– “Oh, perdón. Creí que la piscina estaba sola… Si quiere me voy…”. – “No importa querida, vienes lista, como se te ocurre que te voy a echar. Quédate y me acompañas”.

Luciana obedeció y procedió a quitarse la bata. Don Juvencio quedó impactado; Luciana prácticamente estaba desnuda, ya que el bikini sólo le cubría lo esencial. Y no pudo evitar recordar el episodio cuando la vio teniendo sexo con su hijo Fabián.

Luciana se metió a la piscina y se puso a nadar un poco, sin perderse de la vista de Don Juvencio. Al terminar se acercó a la baranda y se sacó el bikini, quedando completamente desnuda, tal como lo estaba él.

– “Así es mucho más cómodo”.

Ella se aproximó a él y conversaron de cosas sin importancia. Sin embargo el ambiente se estaba volviendo tenso. Don Juvencio no sabía que hacer, se sentía excitado y nervioso. Ahí tenía a esa jovencita de 19 años, desnuda a su lado. Si se le hubiese ocurrido hacer algo, perfectamente podría haberlo hecho.

La mente de Luciana trataba de encontrar alguna forma para acercarse sin ser tan directa. Estaba cerca, pero no tanto como para crear la intimidad necesaria para un polvo. Luciana se acercó un poco más y fingió resbalarse. Don Juvencio instintivamente la tomó de la cintura y ella se apegó a él y así fue como la cadena de eventos inevitables se había iniciado.

Ella apegó sus tetas a su pecho, lo abrazó y él la rodeó con sus gigantes brazos y… se besaron. Ella gimió de placer para estimularlo y enloquecerlo; luego él comenzó a besarle el cuello y una de sus manos se apoderó de sus nalgas; por mientras ella llevó una de las suyas al paquete de él, apretándole los huevos y acariciándole el pene. Luciana después de irguió lo suficiente para que sus tetas quedaran al frente de la cara de Don Juvencio.

– “¿Te gustan?… Bueno, ahora son tuyas”.

Él fascinado como un niño chiquito se las apretó y se las empezó a chupar con entusiasmo. Ella inclinó su cabeza hacia atrás y se afirmó de sus hombros. Pasado algunos minutos volvieron a besarse y ella le dijo:

– “Quiero probarte TODO”.

Empezó a bajar por su cuerpo para besarlo en el cuello, en el pecho, en el vientre (que era descomunal) y al final llegó hasta su entrepierna y sin esperar nada más se la empezó a chupar, al mismo tiempo que le acariciaba los huevos. Don Juvencio creyó morir de éxtasis ahí mismo. ¡Jamás había recibido una mamada en su vida, y esta la estaba disfrutando al máximo!

Se la mamó hasta que logró que creciera y se endureciera. Don Juvencio sintió ganas de metérsela en ese instante.

– “Amor. ¿Te parece si vamos a la escalera de la piscina?” – “Lo que tú digas mi hombre”.

Él se acomodó en los peldaños y Luciana se subió sobre él; sintiendo como su pene entraba en su húmeda concha. Se aferró a su cuello y él meneó sus caderas para penetrarla con más fuerza. Sus manos se afirmaron fuertemente de sus nalgas. Que momento más increíble. A la edad de 66 años jamás se imaginó estar teniendo sexo con una chica de 19, como Luciana. Nuevamente recordó cuando la vio haciéndolo con su hijo Fabián. Sin embargo ahora era distinto porque no sólo estaba mirando, si no que estaba tocando, palpando, chupando, clavando y el protagonista era él, no su hijo.

Ya prácticamente se había olvidado de lo que significaba estar dentro de una mujer; porque con la Sra. Leontina hace ya varios años que el sexo no existía en su relación. Pero no podía comparar a su esposa con Luciana, ni ahora ni cuando era joven. Las proezas sexuales de Luciana le eran desconocidas hasta entonces, sólo imaginadas en las prostitutas, con las cuales nunca había estado, hasta ese momento.

Don Juvencio se sentía en el paraíso dentro de Luciana. ¡Qué apretada, elástica, húmeda y caliente era la concha de esta jovencita y que cuerpo tan escultural que poseía y ese cuerpo era todo de él en ese instante, para hacer todo lo que se le ocurriese!

– “! Qué rica que estás Luciana; jamás pensé que podría tenerte y más aún así…!” – “Somos sólo tú y yo amor… y no sabes que feliz me hace… Mmm, quiero más”.

Luciana se inclinó para que Don Juvencio le chupara las tetas, al mismo tiempo que seguía clavándola. La sensación para Luciana era indescriptible y los gemidos no se hicieron esperar.

Así estuvieron varios minutos, hasta que Don Juvencio acabó dentro de ella. Producto del esfuerzo para un hombre de su edad, que hace tiempo que no tenía sexo, se terminó acostando sobre los peldaños. Luciana no obstante quería más y decidió colocarse entre sus piernas para chupársela otra vez. Ubicando sus codos a los costados de las piernas de él y sobre los peldaños, se inclinó y le empezó a chupar el pico con devoción. Su mano derecha la usó para envolver la base del pene entre ella, aunque no alcanzó a cerrarla, porque el grosor del pene de él era considerable. Así le realizó masajes ascendentes y descendentes, al mismo tiempo que seguía lamiéndosela y succionándosela, además por supuesto de meterse los huevos en su boca impura.

Él simplemente se dejó mimar por esta perra habilidosa.

Luciana estuvo así varios minutos hasta que consiguió que se le parara de nuevo. Sin perder tiempo se montó sobre él y Don Juvencio se la metió otra vez. Aunque sólo estuvieron 15 minutos más. La resistencia de Don Juvencio había llegado a su límite. Se alejaron de los peldaños, se abrazaron y besaron con ternura y calma.

– “Este es el momento más increíble de mi vida. Jamás pensé estar con una mujer como tú a mi edad. Gracias Luciana, me has hecho hombre otra vez”. – “Y tú no sabes cuanto deseé estar así contigo… Eres un hombre tan fascinante…”. – “Viejo imbécil, ni te imaginas los planes que tengo para ti y para tu dinero, que es lo único que me interesa de ti. Pero si tengo que deshacerme de tu familia para tener tu fortuna, no dudes que lo haré”. – “… creo que me enamoré de ti Juvencio, al estar contigo así como lo estuvimos. Quiero seguir siendo tuya desde ahora y siempre”.

– “¿Y que va a pasar con Fabián?”. – “Desgraciadamente si pretendo seguir en tu casa, tendré que seguir acostándome con él, porque si terminamos, tu esposa va a ser la primera en echarme de la casa”. – “De Leontina me encargo yo y tú te quedas y bueno… si tienes que seguir con Fabián, lo entenderé”.

Nuevamente volvieron a besarse y a explorarse y durante esos trámites Luciana le pidió:

– “Mmm, tu lengua y tus labios son maravillosos. ¿Sabes? Quiero que me la chupes hasta el fondo… Yo sé que te va a encantar”.

Y así Luciana caminó hasta los peldaños, se tendió en ellos, estiró los brazos y dobló los codos para apoyarse, abrió las piernas e invitó a Don Juvencio a colocarse entre ellas. Él muy obediente fue hasta ahí y siguió las instrucciones de su joven amante.

Con su cara ahí al frente procedió a comerle la concha. Su lengua se deslizaba por los labios lampiños de ella, le rozaba el clítoris, se la metía simulando un pene, le lamía, le chupaba, le succionaba y ella se apretaba las tetas y echaba su cabeza hacia atrás. Sus pantorrillas las apoyó en los hombros de él y… se dedicó a gozar de las chupadas de Don Juvencio.

Tenerla así de abierta para él, logró provocar en Don Juvencio una tercera erección, que, para un hombre de su edad y contextura, debería considerarse milagrosa. Pero lo bueno del asunto era que esa erección tendría un fin; la concha de su amante. Él se irguió y buscó colocarse en posición para metérsela nuevamente.

– “Toma Lucy mía, siénteme dentro tuyo”. – “Mmmmmm, siiiiiiiiiiiiiiii, dame duro y rico, amor. Métemela bien adentro”.

Esa tercera clavada duró 15 minutos más. Ya eran las 9 de la noche, hora de volver a la parcela.

– “Debemos volver, pero no los dos juntos… pero antes quiero que nos organicemos, porque esta noche quiero que duermas conmigo. Deseo amarte en una cama esta vez”. – “Mmm, suena delicioso, pero… ¿cómo lo harás con tu esposa y los demás?” – “Ya lo verás. Tú encárgate de Fabián y espérame en una de las habitaciones de alojados, la que esté más lejos de las piezas de los demás”. – “Si amor. Te esperaré toda desnuda y dispuesta”.

Luciana iba saliendo de la piscina cuando se encontró con Adolfo.

– “Acá estabas preciosa… te estuve buscando por todos lados”. Terminó de decir, para quitarle la bata.

Cerró la puerta con seguro y se la llevó de regreso a la piscina. Le quitó el bikini y el se sacó los pantalones cortos que traía puestos, junto con una polera sin mangas. La tomó de la cintura y la colocó sobre la baranda, boca arriba y él se ubicó sobre ella.

Adolfo con la agresividad de siempre, la exploró como quiso, besándola y tocándola por todos lados, chupándole las tetas, disfrutando de su vientre, apretándole las nalgas, penetrándola hondo por la concha y chupándosela por supuesto. Después se fueron a los peldaños, él se sentó en ellos y Luciana comenzó a besarlo entero hasta que llegó a su apetitoso paquete. Se metió el pico en la boca, le apretó y le besó los huevos hasta que consiguió que se le parara y se le pusiera duro como roca y así el pudiese explotar en su boca pulposa.

Lo que Adolfo no sabía, es que minutos antes, Luciana se había acostado con su padre en el mismo lugar. Para finalizar con broche de oro, Luciana se puso en cuatro patas en los peldaños y Adolfo tomó el lugar que le correspondía para culeársela hasta desfallecer. Fueron momentos eternos de gozo. Al terminar usaron la misma piscina para lavarse. Cada uno se vistió y siguió su camino. Eran las 10 y media de la noche.

Al regresar a la habitación con Fabián, se dio cuenta de que él no estaba y que sobre la cama había un papel doblado. Lo tomó, lo abrió y lo leyó:

“Luciana, me aburrí de esperarte y salí a tomar con unos amigos, no me esperes”

Y ella pensó en voz alta.

– “Mejor para mi, así podré acostarme nuevamente con tu padre, mi amor”.

Luciana ya se había quitado el cloro de la piscina, ya que esta disponía de camarines con todo lo necesario. Lo único que le quedaba era cambiarse de ropa. A pesar de que eran las 11 de la noche, la cena no estuvo lista si no hasta esa hora, por problemas domésticos. No obstante Don Juvencio no se encontraba en la mesa con el resto de su familia.

– “Aquí está lo que me pidió patrón”.

Don Juvencio verificó el encargo y viendo que todo estaba bien, le agradeció a su peón, entregándole una buena suma de dinero.

– “Muchas gracias mi patroncito y que tenga buenas noches”. – “Buenas noches Olegario”. (Claro que tendré una muy buena noche con este regalito y con Luciana en mis brazos)

Al entrar Don Juvencio a la casa, su esposa y los demás lo invitaron a que se sentara a cenar con todos. Sin embargo el declinó la oferta y se fue directo a su habitación. Para asegurarse de no ser molestado, Don Juvencio cerró la puerta con llave.

Se sentó a la orilla de la cama, abrió la pequeña bolsa que su peón le había entregado y sacó el contenido. Se trataba de la famosa pastilla azul, más conocida como viagra. Don Juvencio atento leyó las instrucciones de uso. Se debía tomar al menos 1 hora antes de la relación sexual, lo ideal sin haber comido 4 horas antes, por lo que se alegró de no haber cenado. Sin perder tiempo fue al baño privado de su pieza y se tomó la pastilla. Sólo era cosa de esperar. Era medianoche y después de cenar, todos volvieron a sus respectivas habitaciones; menos Fabián y Adolfo con su mujer, quienes habían salido.

La Sra. Leontina se dispuso a volver a su pieza, pero esta estaba cerrada por dentro.

– “Juvencio ¿estás ahí? Abre la puerta por favor”.

Don Juvencio había olvidado abrir la puerta. Claro, si su cabeza estaba puesta en el encuentro que tendría con su amante, Luciana. La Sra. Leontina se sentía cansada, por lo que se fue a la cama de inmediato; su marido en tanto, seguía en pie.

– “Leo, tengo un terrible dolor de cabeza y de estómago… Si sigo así no podré dormir nada y te molestaré con mis quejas. Por lo mismo me voy a ir a dormir a una de las piezas de alojados”. – “Si quieres te preparo un té de hierbas”. – “No amor, no te preocupes, tu descansa y duerme tranquila. Yo mismo puedo ir a la cocina y hacerme algo”. – “Bueno, si es lo que quieres, está bien. Que tengas buena noche y que te mejores”.

Sin esperar más, se fue a la habitación de alojados y con alegría constató que su amante se encontraba desnuda en la gran cama.

– “¿Por qué tardaste tanto amor? Ven acá conmigo”.

Se dirigió donde ella, subiéndose en la cama. Ella se sentó en la cama, se acercó a él y le quitó la bata. Ambos se encontraban desnudos. Luciana se tendió en la cama boca arriba con las piernas separadas y Don Juvencio se posó sobre ella con toda su humanidad, saboreando su cuerpo y sintiendo sus formas. La atosigó con besos en la cara, en la boca, en la barbilla, el cuello, en los hombros, en las tetas, en donde se detuvo mucho más tiempo porque simplemente le fascinaban; luego bajó a su vientre plano para besárselo también, hasta que por fin llegó a su dulce concha. Le hizo abrir sus piernas más aún y se la empezó a chupar. Luciana se había puesto almohadas en su espalda, por lo tanto se encontraba semi sentada sobre la cama y podía ver como Don Juvencio le comía la vagina totalmente enajenado. Ella gemía y lo instaba a seguir.

– “Mmm, siiii… Pronto te va a tocar a ti, mi amor, te deseo tanto, mmm”.

Después de un rato bajó para besarle los muslos, las piernas hasta que llegó a sus pies. Luego subió otra vez y la volteó para dejarla boca abajo. Subió por sus piernas, mientras se las besaba hasta que se topó con sus nalgas. Las apretó y besó extasiado. A continuación se colocó sobre ella y le hizo separar las piernas. Tenia ganas de metérsela porque ya se le había parado y se sentía más firme que nunca. Se la metió por la concha por detrás. La abrazó, le apretó las tetas, le besó el cuello y se movió frenéticamente para atravesarla y sentirla con más intensidad. Él jadeaba de calor, de placer y también de cansancio.

Tener sexo con una mujer como Luciana, llena de juventud y de energía, lo tenía al límite de sus capacidades. Pero no quería ser menos y no quería una sola clavada, si no varias más.

– “¿Te gusta, ah? A mi me tienes enfermo cariño, si sigo así, voy a terminar enamorándome de ti”.
– “Mmm, yo ya estoy completamente enamorada de ti Juvencio. Ya no concibo las noches sin ti, te deseo tanto…”.

La volteó nuevamente para quedar frente a frente. Él seguía encima de ella. Luciana separó más sus piernas y esperó por la segunda clavada. Don Juvencio la abrazó, la besó y la atravesó. Su cuerpo la envolvía completamente, ya que él al lado de ella parecía un oso, por lo gordo y lo grande, siendo que Luciana es bajita y delgada, aunque con pronunciadas curvas.

– “Mmm, mmmm Juvencioooooo… Que exquisitez, quiero estar así contigo siempre; mmmm, siiii”.
– “Mmmm; tú eres quien me pone así de loco, sin ti no podría, mmm”.

Y continuó dándole por varios minutos más, hasta que sintió que acabaría. Luciana también lo percibió, por lo que le pidió a Don Juvencio que se sentara en sus propias piernas en la cama y estuviese erguido. En esa posición Luciana buscó la entrepierna de su amante y tomando su pene erecto con una mano, se lo metió a la boca para explorarlo con ella a su antojo. No pasó más de un minuto cuando Don Juvencio estalló en su boca y parte de la cama. Luciana se bebió el semen que cayó en su boca y el que cayó en su cara y en la cama se lo esparció por ella. Sin embargo había estado tan dedicada en su tarea de chupársela, que quiso continuar con lo mismo. Tomó firmemente el pene de él, se lo masajeó y se lo volvió a meter en la boca. Se lo introdujo entero, se lo sacaba y se lo metía, en un juego delirante de mete y saca. También sus testículos recibieron atención con chupadas, succiones y mordidas, incluso también se los metió a la boca.

– “Mmmm, mmm, slurp, slurp, que ricoooo, mmm, slurp”.

Luciana continúo con su húmeda tarea hasta que consiguió que su miembro despertara para ella otra vez. Sin perder tiempo, se subió sobre Don Juvencio para que se la metiera de nuevo. Así sentados en la cama se dieron por 20 minutos más. El viagra había surtido el efecto esperado por él y aún quedaba más.

Presos del agotamiento; se refugiaron bajo las tapas de la cama. Se abrazaron y besaron con lentitud pero con suma pasión. Luciana nuevamente se deleitó recorriéndole el cuerpo a Don Juvencio; por supuesto que al llegar a su entrepierna se detuvo para hacer lo que ella ya sabe y le encanta. Don Juvencio estaba feliz, con su amante comiéndole el paquete con total entusiasmo. Se tendió en la cama, cerrando sus ojos para disfrutar las sensaciones que su puta le estaba entregando.

En eso estaba cuando alguien golpeó la puerta de la pieza.

– “Juvencio… ¿Por qué tienes la puerta con llave?¿Estás bien? Abre por favor”.

Era la Sra. Leontina, quien se había levantado para ver si su marido se encontraba mejor. Don Juvencio y Luciana quedaron paralizados de la impresión. Despacio él le sugirió que se escondiese bajo la cama. Él vería la forma de resolver el problema en que estaban. Juvencio se colocó la bata con la cual se había vestido y abrió la puerta.

– “¿Qué pasa mujer?, me has despertado”. – “Sólo quería saber si estabas bien. Si es así, ven conmigo”. – “Prefiero quedarme aquí, si no te molesta”. – “No, no me molesta”, mintió.

Ya asegurándose de que su esposa se había ido a su pieza, Don Juvencio volvió a la cama, dejando cerrado con llave. Luciana salió de su escondite. El suelo debajo de la cama no estaba muy limpio, por lo que quedó llena de pelusas y de polvo.

– “Ay, mírame Juvencio, estoy asquerosa…, me voy a ir a dar una ducha”. – “Si quieres te acompaño…”.

Luciana abrió la llave del agua caliente y se metió en la ducha con Don Juvencio. Él le acarició todo el cuerpo, mientras le sacaba las pelusas. Se echó un poco de jabón líquido en la palmas de las manos y comenzó a esparcirlo por toda la piel de su amante. Por supuesto que durante esas caricias él aprovechaba de tocarla y de besarla, poniendo énfasis en su boca, su cuello, sus tetas, sus nalgas, su concha y sus piernas. Después le tocó el turno a Luciana de complacer a Don Juvencio.

El calor y la humedad propios del agua y del vapor hicieron que sus cuerpos estuviesen más suaves y resbaladizos. Luciana empezó a recorrerle el cuerpo con besos y caricias en el cuello, le succionó los pezones, le lamió la panza, le apretó las nalgas y arrodillándose en el piso de la ducha, quedó al frente del paquete de él. La mano izquierda la apoyó en la cadera derecha de él, acercó su cabeza, abrió su bocaza y con la mano derecha sujetó la base del pene y se lo metió entero en su boquita chupadora. Sus labios y su lengua trabajaban al máximo, lengüeteando, chupando, lamiendo y succionando; variando en velocidad y presión. De tanto en tanto Luciana levantaba la cabeza para ver a su amante y crear así cierta intimidad durante aquel momento.

Ya con el pene de Don Juvencio en su máxima expresión de dureza y de tamaño; Luciana se incorporó, abrazándose de él. Don Juvencio con toda la fuerza de la que podía disponer, la afirmó entre sus brazos y la levantó, ella enganchó sus piernas en sus nalgas y él por tanto se la metió hasta el fondo.

Solamente pudo resistir en pie durante 5 minutos. Así es que para continuar con más comodidad, Don Juvencio con Luciana sobre él y con su pico aún dentro de ella, se sentó en el piso de la ducha. Ella seguía gozando de los placeres del sexo con su senil amante.

Ambos continuaron devorándose a besos y tocándose mutuamente; además todo se veía incrementado gracias al agua tibia de la ducha. Ya pasado algunos minutos, Don Juvencio salió de Luciana para terminar en el piso. Luciana en forma de agradecimiento, le hizo separar las piernas y a continuación se arrodilló ante él y le chupo el pico nuevamente, no necesariamente para parárselo otra vez, si no por el mero placer de chupárselo. Habiendo concluido con eso, ambos decidieron que era hora de volver a la cama a descansar. Don Juvencio salió y con cuidado tomó en brazos a su amante y se la llevó de regreso a la cama. Los dos se encontraban aún mojados, pero que importaba, total era verano.

Ya dentro de las tapas iniciaron los besos y los abrazos, entrelazaron sus piernas y sus manos recorrieron los cuerpos de cada uno. Luciana recibía gustosa los besos en su cuello y en sus tetas y él por tanto se fascinaba de cómo su puta lo tocaba entero y lo hacía sentir como un verdadero toro.

Después determinaron que era hora de descansar, se abrazaron y conversaron algo. Don Juvencio apenas cerró los ojos se quedó dormido, en tanto Luciana a pesar de que se sentía cansada, siguió despierta por un rato, fue así como en su mente vinieron los recuerdos de cómo había empezado todo, la secuencia en cadena que la llevó a ser la amante de Don Juvencio.

El mes de agosto anunciaba su llegada con copiosas lluvias. No obstante el invierno nunca ha sido impedimento para Luciana de divertirse a lo grande con sus amantes, sus amigas y sus clientes. Aunque ahora las prioridades eran otras; averiguar todo lo posible sobre la familia de Don Juvencio, Luciana buscaría la forma de acercarse y conseguir sus objetivos. Por lo mismo buscó ayuda profesional de un investigador privado, al cual le pagaría lo que fuese necesario para tener información precisa de la familia y en el menor tiempo posible.

Y fue así que en plazo de dos semanas Luciana tenía en sus manos un detallado informe sobre la familia de Don Juvencio en extenso, incluyéndolo a él por supuesto, a su señora, a sus hijos y a todos sus nietos, incluso a los más chicos. El informe describía las actividades a las que se dedicaba cada uno, las personalidades, los lugares que más frecuentaban, las personas con quienes se reunían, las cosas que más le gustaban, etc, etc. Al examinar con cuidado este informe Luciana halló el talón de Aquiles que estaba buscando para empezar su misión: Fabián, el único de los varones de la familia que aún permanecía soltero, si, ese sería su blanco para entrar en esa familia y para que la tarea fuese lo más precisa posible, Luciana le pidió a su informante que se dedicara a investigar exclusivamente a Fabián y le trajera datos interesantes.

Por ejemplo, supo que Fabián era un consumado DJ de música electrónica, y que es a eso a lo único que se dedica y que aparte de eso no cuenta con un trabajo propiamente tal, ya que esta actividad la hace por hobbie y de vez en cuando recibe alguna paga por ir a tocar a eventos masivos o discotecas; otras veces en vez de pagarle en efectivo, recibe canjes de ropa, de material para tocar o de viajes con todo pagado. Gracias a este trabajo, Fabián se ha dado el gusto de tocar en Nueva York, Los Ángeles, Miami Londres, Berlín, Madrid, Barcelona, Ibiza, Paris, Buenos Aires, Sao Paulo, Río de Janeiro y otras ciudades más y todo eso por canje.

Respecto a su vida personal, en lo íntimo, Fabián es el típico picaflor; infiel por naturaleza y opción, y que gracias a su actividad como DJ, se ha permitido conocer un sin fin de mujeres en diversos lugares y ciudades. Fabián es un tipo sociable, extravertido, amistoso, carismático, arriesgado, gozador, e irresponsable, todas estas características incompatibles para establecerse con una pareja única y formar una familia. Él es el tipo de persona que se hace notar en un grupo, con sus historias, chistes o sólo con su presencia, ya que Fabián a sus 30 años es un hombre sumamente atractivo, cualidad que obviamente también lo ha favorecido a la hora de conocer chicas y llevárselas a la cama:

Alto, con 1.90 de estatura, resalta sobre los demás, su contextura es mediana, ni gordo ni flacucho, posee hombros y espaldas anchas, sus brazos son fuertes y sus manos muy grandes, de dedos largos y rápidos. Su piel es trigueña, sus ojos grandes, de color miel, nariz redondeada y respingada, labios carnosos y una sonrisa letal. Su pelo es ondulado, hasta la barbilla, de color castaño claro con algunos reflejos dorados. En resumen Fabián es un hombre guapo, que cuida de su cuerpo, ya que a él le gustan las chicas guapas y lo semejante atrae a lo semejante.

Un día Luciana se enteró de que Fabián tocaría en un exclusivo local, cuyo valor para ingresar esa noche, haría que sólo quienes tuvieran el poder adquisitivo para pagar pudiesen entrar, para así evitar que fuese cualquiera. Luciana con anticipación adquirió tres entradas, una para ella y las otras dos para unas amigas, tan guapas y guarras como ella, la idea era llamar la atención, ella la de él y no escatimaría en esfuerzos y recursos para lograrlo.

Sus amigas, Pamela y Mara fueron al departamento de Luciana, ya que de ahí partirían en su auto. Las tres se arreglaron ahí, procurando que sus vestimentas fuesen de impacto. Luciana escogió ropas que facilitaran el acceso cuando se fuese a acostar con Fabián, es decir, nada de ropa interior, que lo único que hace es demorar lo inevitable. Arriba se colocó un top color plata, que sólo le cubría las tetas, y que además se traslucía levemente, este se sujetaba de la espalda con finas tiritas y dejaba su vientre totalmente al descubierto y la espalda también. Abajo se puso una micro minifalda negra, a la cadera que, al caminar se movía con cada ondeo. Y finalmente escogió unas sandalias plateadas con negro, con taco aguja, que se amarraban al tobillo. Y es así que sólo con esas escasas prendas Luciana pretendía hacer arder a Fabián.

Afuera hacía frío, pero que importaba, ya que iban en auto y el lugar era cerrado y dentro haría calor, mucho calor.

Al entrar al local, inmediatamente las chicas atrajeron muchas miradas y despertaron el deseo en varios de los varones presentes, dando lo mismo si estaban con pareja o no. Luciana se sentó con sus amigas en una de las mesas y pidieron unos tragos. Ya calmada, se dedicó a recorrer el lugar con la vista, a ver si veía a Fabián y así fue, estaba en la cabina principal, encargándose de la música. Esta cabina era transparente y tenía una escalera de acceso, por lo mismo, si Luciana se le ocurría ir, lo haría con total facilidad.

Apenas las tres fueron a la pista, su compañía fue solicitada por hambrientos hombres ávidos de sexo rápido y fácil. Luciana incluso se dio el lujo de hacerlo con dos tipos en los baños al mismo tiempo. Después de eso, se lavó bien, se ordenó y determinó que era el momento de ir a buscar a su presa. Ya Fabián había llevado a todos al éxtasis con su música y fue que durante el curso de la noche fue reemplazado por otros dj’s. Luciana seguía atenta la acción.

Fabián por mientras fue a tomarse unos tragos con algunos amigos y en eso se encontraba cuando al explorar el material disponible, se encontró con la monumental figura de Luciana contorneándose como una sensual odalisca en medio de la pista y creyó enloquecer al darse cuenta que al moverse su mini, esta dejaba entrever sus glúteos al desnudo y algo más, que lo estimulo acercarse a ella.

– “Veo que lo estas pasando muy bien preciosa… Dime, me quieres acompañar a tomar algo, yo te invito claro o prefieres que nos quedemos bailando acá un rato” – “Quiero bailar… y tú eres muy buena compañía… A todo esto me llamo Luciana… ¿y tú? – “Oh perdona, yo soy Fabián”

De este modo Fabián y Luciana compartieron un rato en la pista y no pasó mucho rato para que se diera inicio a los besos y a las tocatas, como él suele decirles. La aproximó hacia él colocando sus enormes manos en el trasero desnudo de Luciana y ella sin vergüenza le exploró el paquete gustosa. Se comieron a besos y a mordidas y Fabián desesperado le sugirió irse a un lugar más óptimo; el jeep Hummer H3 de él, espacioso y cómodo, apto para tirarse a una nena a su regalada gana.

Ya dentro del jeep, Fabián se sentó en el asiento del copiloto y Luciana sobre él. Con mucha facilidad él le quitó el top y ella le sacó la polera sin mangas que él traía. Fabián se mostró fascinado con las tetas de Luciana, las cuales apretó con devoción y para chupárselas, tomó a Luciana de las axilas y la alzó hasta que ellas quedaron en la altura de su boca y sin perder tiempo se las comenzó a comer, ella por tanto se afirmó de sus fuertes hombros. Luciana también quiso ser parte activa e incorporándose del asiento, se dirigió hasta las piernas de Fabián, al frente del asiento y estando cómoda, le quitó el cinturón y le bajó sus pantalones hasta los pies, antes de sacárselos, le quitó los zapatos, para que todo fuese más confortable. Ya teniéndolo desnudo, se deleitó al ver el pene de él, hermoso, desprovisto casi de vello, y lo más importante de todo, de una grandeza, grandeza que se metió a la boca sin vacilar.

Se lo metía y se lo sacaba parcialmente como un delicioso caramelo, también con su mano derecha le hacía caricias a sus huevos. Luego fue alternando succiones y chupadas al pico y a los huevos, cosa que llevó a Fabián a la gloria. Poco a poco iba aumentando en tamaño y se iba poniendo como roca.

Ya cuando él llegó a su punto cúlmine, la invitó a montarse sobre él para metérsela. Y así fue, Fabián la penetró hasta el fondo. Ambos jadearon de placer, ella por ser clavada y él por sentir el calor, la humedad y la elasticidad de la concha de su amante de turno. Fabián es un hombre resistente, por lo tanto estuvo aproximadamente 45 minutos dándole sin detenerse, hasta que acabó dentro de ella. No obstante eso no significaba que la diversión había terminado, apenas era el comienzo.

Fabián y Luciana se vistieron y él la llevó a su loft de soltero en la ciudad, adquisición de lujo que no la compró con sus ganancias como músico, si no que fue un regalo de su padre, mal que mal, Don Juvencio se dedica exitosamente al negocio inmobiliario.

Al llegar ambos no perdieron tiempo en tontos preámbulos y se sacaron la ropa en la puerta de entrada y siguieron con lo suyo en el piso del living. Ahí mismo Fabián se dio el gusto de tenerla en cuatro patas para culeársela como la perra que es. Después de aquello, él la tomó en brazos y se la llevó a su habitación. La tiró en la cama y él se abalanzó sobre ella.

Lo hicieron mil veces más: él sobre ella, ella sobre él, de lado, sentados, de vaquero, arrodillados, de pie, etc, etc, hasta que los venció el agotamiento. Ya eran como las 7 de la mañana y ambos se quedaron dormidos.

Luciana fue quien despertó primero varias horas más tarde. Con cuidado se vistió y a propósito, dejó olvidada su billetera en la mesita del living, donde él la se la había montado durante parte de la madrugada. Ya lista, fue al baño, de ahí llamó a un taxi y partió a su departamento. De su auto, le había dejado una copia de la llave a una de sus amigas para que se lo llevaran en caso de que se separaran, lo cual había sucedido.

Fabián por su parte despertó pasada la hora de almuerzo. Inmediatamente se fue a dar una ducha helada para despertar y se dedicó a ordenar su pieza y a ver el desastre en el living. Con gusto y una sonrisa en su cara recordó la maratónica sesión de sexo que había tenido con Luciana. Ella era una de las pocas chicas que le pudo seguir el ritmo, tanto en resistencia como en atrevimiento durante las posiciones y los juegos, lo cual se agradecía claramente.

Se sentó en el sillón a descansar un poco y vio sobre la mesita una billetera plateada. La tomó y la revisó. Era de Luciana. Por curiosidad investigó más y vio su carnet de identificación. ¡La nena tenía 19 años!

– “Me comí a una pendeja”, dijo en voz alta.

Pero mayor fue su sorpresa cuando leyó su nombre completo: Luciana Valentina Valdés-Risopatrón.

– “¡Pero si esta mina iba a la casa cuando yo tenía como 20 años y ella era una niñita!, puta que soy degenerado, ja, ja, ja”.

Dentro de la billetera se encontraban otros documentos y tarjetas que podrían ser importantes para Luciana, también había una pequeña tarjeta con los datos básicos de ella, como el teléfono, la dirección y grupo sanguíneo en caso de alguna emergencia. Con esos datos, Fabián la contactó y además lo hizo porque había quedado fascinado con las cualidades que había mostrado ella en la cama con él y estaba dispuesto a repetirse el plato muchas veces más.

Y en resumen, ambos siguieron en contacto y siguieron dándose, tanto en el lugar de él como en el de ella y otros lugares también. Fabián estaba tan encantado con las habilidades de Luciana, que decidió dar un paso más allá y pedirle que fuese su polola e incluso presentarla a la familia, mal que mal no era una desconocida. Dicho y hecho, a mediados de septiembre, una tarde de domingo en el almuerzo Fabián presentó a Luciana como su flamante polola.

De este modo, como los terroristas, Luciana logró infiltrarse dentro del corazón mismo de la familia de Don Juvencio. Todos en casa conservaban una imagen relativamente dulce de Luciana, a pesar de que en la actualidad mantenían su distancia con ella, nadie sospechaba siquiera el turbio pasado de ella.

Llevaba dos divorcios a cuestas, ambos con hombres mayores de 55 años, quienes a su vez, habían estado casados cuando la conocieron, divorciándose de sus respectivas esposas para estar con Luciana. Perdió su virginidad a los 18 años, con un primo lejano y a partir de ese momento no paró en su búsqueda de amantes, los cuales han sido variados y numerosos; viejos verdes, jovencitos, casados, parientes cercanos y lejanos, divorciados, separados, viudos, solteros, heterosexuales, bisexuales, etc.

Fantasías sexuales prácticamente ella ya no tiene, porque todas las que ha deseado, ya las ha cumplido, tríos con hombres, con mujeres, sexo en público, disfraces de todo tipo, sexo con desconocidos, sexo con profesores, tipos famosos, con políticos, con cantantes, actores, pintores, obreros de la construcción, sexo con altos ejecutivos y empresarios en sus mismas oficinas, sexo en la playa, en el bosque, en probadores de ropa, en autos de diversos modelos y tamaños, incluso en confesionarios, etc. La mayoría de estos hombres han sido de muy buena situación económica; mal que mal, una prostituta VIP como ella no puede aceptar clientes que no puedan pagar por sus exclusivos servicios. Aunque también hay que decir que ella se ha acostado con hombres por el sólo placer del sexo y de la aventura, los casados o comprometidos son su debilidad.

También en su hoja de vida se cuentan dos abortos, sin embargo como lo usual era que ella se acostaba y se acuesta con varios hombres a la vez, nunca pudo determinar la paternidad de esos bebés, pero Luciana muy astuta, le pidió dinero a todos los posibles involucrados para realizarse su aborto en una clínica decente, con todas las precauciones del caso. Ahora para evitarse ese tipo de problemas, Luciana cortó por lo sano y decidió ligarse las trompas y utilizar un dispositivo que se coloca en el antebrazo, que libera hormonas durante tres años y así no tener que pensar en posibles embarazos y abortos.

No obstante, al estar alojando en la parcela de Don Juvencio, Luciana se había visto obligada a suspender temporalmente sus servicios como prostituta. Claro, sólo en lo económico, porque al final su función en esa casa seguía siendo de puta, acostándose con tres hombres al mismo tiempo y lo más probable era que esa lista aumentara con el correr de los meses.

Esta historia aún no acaba…

Autora: Bárbar_ass

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