Engaño Confesado II

Y aquí va la continuación del relato que publiqué el año pasado ;) Engaño confesado I

Engaño confesado II

Sentí como mis ojos se humedecían ante el último pensamiento. Era solamente la verdad, Diego podía tener una mejor verga, podía tener un mejor cuerpo e incluso quizás era mucho mejor durante el sexo que Gerardo; pero eso jamás lograría llenar el espacio que Gerardo ocupaba en mi corazón. Gerardo me hacía sentir mejor solamente teniéndome contra su pecho, estrechándome entre sus brazos. No necesitaba estarme cogiendo para hacerme sentir bien.

Gerardo movió su cabeza, pude verlo de reojo, pero yo no hice mayor movimiento.

-¿Qué tienes? -preguntó preocupado.

¡Maldita fuera! Creí que desde ese ángulo no alcanzaría a ver mis lágrimas. Aunque quizás las que lo habían alertado eran las que se habían derramado sobre su pecho.

-Nada -contesté en un tono de voz que hizo de mi mentira algo muy evidente.

-No me digas que… ¡Demonios! ¿Te lastimé? Discúlpame. No debí de haberme dejado llevar por el momento. Debí de al menos haberme molestado a ir a buscar el lubricante.

¿Él creía que mis lágrimas se debían a que me había lastimado al penetrarme? ¿El chico más cuidadoso con el que había tenido sexo alguna vez se preocupaba de esa manera por mí? Aquello solo hizo que mis lágrimas se volvieran un caudal.

-Calla tonto -le dije mientras de mi pecho surgían sollozos-. Solo estás diciendo tonterías.

-¿Entonces por qué lloras? -me preguntó él mientras acariciaba suavemente mi cabello.

-Porque estoy perdiendo lo mejor que he tenido en mi vida -contesté entre mis sollozos.

Ya no me importaba retener las lágrimas. Dejé que estas se deslizaran por mi rostro hasta caer en su pecho. Él no dijo nada durante un buen rato.

-No entiendo -confesó finalmente-. Eres tú quien quiere cortarme. Yo jamás te pediría que me dejaras, especialmente si te sientes así.

Lo estreché más fuerte entre mis brazos, aunque no pude hacer que mis lágrimas se detuvieran. ¿Cómo explicarle lo que estaba sucediendo? ¿Cómo podía decirle que la razón de que lo estuviera cortando era yo y no él? Sonaría a cliché más usado que vagón del metro.

-Gerardo -me dijo él. Era realmente curioso que nos llamáramos de la misma manera, especialmente en situaciones como aquella-. Necesito una explicación.

Tomó mi barbilla con una de sus manos, obligándome a voltear a verlo.

-¿Por qué quieres cortarme si crees que soy lo mejor que has tenido en la vida? -inquirió él.

Negué levemente con la cabeza sin atrever a mirarlo a los ojos.

-¿No crees que me merezco saber al menos la razón por la cual me estás cortando? -me preguntó él.

Se merecía más que eso. Pero no tenía nada más para darle.

-Tú te mereces algo mejor que yo -le contesté.

-¿Cómo va a haber algo mejor que tú? -cuestionó él con un nudo en la garganta-. En toda mi vida jamás he encontrado a alguien que sea mejor que tú.

Comencé a negar inmediatamente con la cabeza ante aquellas palabras. Por supuesto que debía de haber encontrado a alguien mejor que yo.

-Gerardo, no tienes porque subestimarte -me dijo él.

-¡Yo no me estoy subestimando! -exclamé molesto-. Cuando digo que te mereces a alguien mejor que yo me refiero a que te mereces a alguien que no te ponga el cuerno a la menor oportunidad.

Finalmente lo vi directamente, solo para ver una expresión de sorpresa y dolor que cruzaba su rostro. No aguanté eso. Me separé de él y me senté en un espacio libre del sofá mientras hundía mi rostro entre mis manos. Había estado a punto de decirle que le había puesto el cuerno con su propio hermano, pero aquello no podía confesárselo. Jamás.

Él se quedó en su lugar quieto durante un buen rato, pero después sentí como se movía y se sentaba a mi lado.

-¿Acaso lo quieres más a él? -preguntó.

Aquella pregunta hizo que mis lágrimas se pararan de golpe. No me esperaba una pregunta como esa.

-Por supuesto que no -contesté mientras volteaba a verlo sintiéndome confundido.

-Entonces… ¿acaso es mejor que yo a la hora del sexo? -inquirió él, aparentemente también confundido.

-No, no. Tú lo superas por mucho -contesté yo. Porque aunque había sido placentero con Diego también había habido dolor y cierto sentimiento de sometimiento. Con Gerardo solo sentía placer y me sentía más bien amado.

-¿Entonces por qué estás haciendo esto? -me preguntó él.

-Ya te lo dije -le respondí mientras desviaba la mirada-. No te mereces a alguien que te haga algo como eso.

-No sé como lo veas tú, pero para mí no es tan malo -respondió él-. Entiendo que quizás tenías curiosidad por sentir que era estar con alguien más, pero no me provoca conflicto especialmente porque si estoy entendiendo bien, aquello se trató solo de sexo. Me preocuparía si tuvieras una relación más emocional con él, pero incluso si me dijeras que él es mejor que yo a la hora del sexo me sentiría conforme sabiendo que soy yo a quien tú amas.

No podía creer lo que estaba oyendo, pero no podía ver en sus ojos rastro de que estuviera mintiendo o algo así. Y por otro lado, ¿por qué me costaba tanto trabajo creer aquello? ¿No yo mismo le había dicho algo similar a Diego el día en que había tenido sexo con él? ¿No había sido un discurso bastante parecido lo que había hecho que Diego se animara a seducirme?

-Respóndeme esto con sinceridad Gerardo. ¿Soy yo el hombre al que más amas? -me preguntó él mientras tomaba nuevamente mi barbilla.

-Sí, por supuesto que sí. El único -le contesté yo mientras veía sus bellos ojos castaños.

-Pues mientras así sea no voy a permitir que me dejes -me prometió él con una esplendorosa sonrisa-. Solo hay dos formas en que puedes dejarme. Una, que dejes de amarme. La otra forma es si encuentras a alguien a quien ames más que a mí, ¿entendido? Incluso si encuentras alguien que sea mejor que yo en la cama no me puedes dejar mientras me ames más a mí que a él, ¿okey?

No sabía qué pensar de aquello. Era un acuerdo bastante extraño, ¿no? ¿Significaba aquello que me daba permiso de coger con cuanto hombre quisiera? Sin embargo, yo sabía que el único hombre con el que quería estar, tanto emocional como sexualmente, era él.

Mis ojos volvieron a humedecerse, pero esta vez era diferente. Lo abracé con fuerza y me hundí en su pecho mientras sentía una felicidad desbordante dentro de mí. Sentí su olor, aquel olor que quedaba justamente después de tener sexo, aquel olor suyo que me volvía loco. Sería mío, no tendría que despedirme de él jamás. Porque estaba convencido que nunca encontraría un chico más al que amar que a él.

Lo oí reírse mientras me estrechaba contra sí y me acariciaba la espalda. Creí que era una caricia un tanto inocente hasta que me di cuenta que su pene estaba recuperando dureza poco a poco.

-¿Se puede saber en qué estás pensando? -le pregunté mientras lo miraba fijamente con una sonrisa pícara.

-Bueno, me has tenido más de un mes con abstinencia -me dijo él-. Creo que aguantaría bastante bien un segundo round. Aunque si tú no quieres lo entenderé.

Por toda respuesta le planté un beso apasionado. Mi lengua entró en aquella boca que ahora sentía como mía mientras mis brazos se deleitaban con el cuerpo del hombre que tanto amaba. Era increíble la nueva percepción que me daba el haber renunciado a él y tenerlo nuevamente entre mis brazos sabiendo que no tendría porque hacerlo.

Él dejó que su boca se deslizara por mi barbilla y de ahí a mi cuello, mordiéndome suavemente mientras yo dejaba que una de mis manos recorriera una de sus piernas hasta llegar a su ingle. Justo a un lado ya se encontraba su amiguito totalmente despierto.

-Por cierto, te tenía una sorpresa -me dijo sin separar sus manos de mi cuello.

-¿En serio? ¿Cuál? -pregunté yo mientras tomaba su pene con mi mano, deleitándome con su tacto, disfrutando la sensación de recorrer totalmente su prepucio.

Mi novio me separó ligeramente de mí y se levantó, dejándome a mí sentado con las manos vacías.

-Si esta es la sorpresa no me gusta demasiado -le dije yo mientras lo veía de pie. Sin embargo, cuando acabé de decir eso me di cuenta que no era del todo cierto. Era una bonita imagen verlo de pie frente a mí totalmente desnudo y erecto. Aunque necesitaba un buen bronceado en las piernas aquello no hacía que se reduciera mi deseo por él.

-Esta no es la sorpresa -me dijo mientras me tomaba de la mano para jalarme.

Me dejé arrastrar por él, aunque no estaba seguro de si era su mano la que me atraía o en realidad se trataba de la atracción que me producía todo su cuerpo la que me llevó a seguirlo por su casa hasta llegar a su habitación.

No solo la sala había sido remodelada, si no que también lo había sido su habitación. Las paredes habían cambiado su tono de verde por un amarillo, lo cual me recordó sin poderlo evitar que yo le había comentado hacía tiempo que me gustaría tener mi cuarto pintado de amarillo. También había colgado una foto enmarcada de los dos. Recordaba esa foto. Habíamos cumplido un mes y habíamos ido a visitar Teotihuacán. Al fondo de la foto se veía la pirámide del Sol.

Sin embargo, lo que más me atrajo la atención fue que la cama individual que de antaño ocupaba el espacio había sido remplazada por una tamaño matrimonial. Me pregunté si aquello significaba que Gerardo quería más espacio a la hora de dormir o tenía otras implicaciones, especialmente sumándole lo de la pintura en la pared.

-¡Vaya, te conseguiste un espacio más amplio! -comenté mientras me sentaba en la cama.

-Pensé que nos merecíamos un poco más de movimiento -dijo él con una gran sonrisa.

Esperaba que él se dirigiera inmediatamente hacia mí, pero en lugar de eso fue hacia un cajón del escritorio para sacar una cajita envuelta en papel de regalo.

-Toma -me dijo él mientras se sentaba a mi lado-. He de decirte que originalmente este regalo iba a ser para celebrar cuando cumpliéramos seis meses de novios, pero bueno. Supongo que tampoco está tan mal como para celebrar los siete meses.

Miré la cajita con interés mientras intentaba desamarrar el moño que traía. ¿Qué había planeado regalarme mi novio para celebrar nuestros seis meses juntos, ahora siete?

Cuando abrí la caja me sentí ligeramente decepcionado. Solo se trataba de una botella de lubricante. Él normalmente se encargaba de tener uno siempre a mano. ¿Por qué tendría que regalármelo? ¿Era su manera de decirme que me tocaría a mí mismo prepararme?

-Lubricante -comenté en tono ambiguo.

¿Mi novio esperaba una especie de show? ¿La idea era que yo me pusiera el lubricante mientras él me veía? Sí, quizás fuera excitante; aunque debía de confesar que en lo personal prefería que él mismo me embarrara el lubricante. Pero bueno, sería egoísta de mi parte esperar que él hiciera todo siempre, ¿no?

-Pareces decepcionado -dijo él mientras me abrazaba y me jalaba para quedar los dos recostados en la cama.

-No es que sea algo que no hayamos probado antes, ¿verdad? -le dije. Ni siquiera se había conseguido un lubricante con sabor o de esos que producen otras sensaciones.

-Te equivocas. Definitivamente es algo que no hemos probado antes -me contradijo-. Solo que aún no te digo la mejor parte.

Mi imaginación no podía trabajar alguna posibilidad. ¿Acaso Gerardo pensaba en una nueva posición? ¡Mejor me hubiera regalado un kamasutra!

-¿No se te ocurre nada? -preguntó él.

-No -contesté.

Él me tomó de mi mano para dirigirla hacia su cuerpo.

-El lubricante es solo para que lo coloques aquí -dijo finalmente él mientras restregaba mi mano contra su trasero.

Aquello me sorprendió totalmente. Es decir, yo me consideraba inter, pero desde que Gerardo y yo andábamos solo la había hecho de pasivo. Pensaba que mi novio era activo, y la verdad me hacía sentir tan bien que nunca me había cuestionado que las cosas pudieran ser de otra manera.

-No me vas a decir que eres de los que solamente les gusta ser penetrados, ¿verdad? -cuestionó él, seguramente ante mi expresión de sorpresa.

-No, para nada -le respondí-. Sin embargo, después de seis meses había creído que tú eras solo de los que les gustaba penetrar.

Aquello originó una carcajada por parte de Gerardo. Yo me le quedé viendo de manera inquisitiva.

-De hecho, eso solo ha sucedido contigo -me confesó-. Antes de conocerte solo la hacía de pasivo. Pero aquel primer día contigo… no estoy seguro de como fue, solo supe que de repente tuve deseos de penetrarte, de hacerte mío, y tú pareciste disfrutarlo tanto.

-No solo “parecí” -le aclaré yo mientras dejaba que uno de mis dedos danzara sobre su pecho.

-Okey -aceptó él con una sonrisa-. Y tú lo disfrutaste tanto. Yo también, por supuesto. Y como fue pasando nuestra relación parecía algo natural, ¿no? Sin embargo, de repente no podía evitar preguntarme qué se sentiría que las cosas fueran al revés, quizás de vez en cuando, quizás una vez tú, otra vez yo. Y no sé, se me ocurrió la idea de que intentarlo sería una buena idea de celebrar nuestros seis meses, pero pasó lo de mi mamá y pues ya no se pudo.

-Bueno, tampoco es que sea tan mala idea a los siete meses, ¿no? -le dije yo intentando no pensar en lo que había sucedido el día que habíamos cumplido los seis meses-. Además, creo que también es un buen regalo después del mes de abstinencia.

-Eso espero, o de lo contrario nos encerraremos tú y yo en este cuarto durante toda la semana para compensar ese mes -dijo él en tono bromista, aunque no estaba seguro que se tratara solo de una broma.

Mis labios sellaron los suyos apasionadamente. Nuestros cuerpos se acercaron, mis manos rodearon su cuerpo y empecé a masajear su trasero. Debía aceptar que el trasero de mi novio era bueno, carnosito y resaltaba, quizás no mucho pero si algo. Físicamente era una de las cosas en que superaba a Diego, ya que Diego realmente no se podía decir que tuviera trasero. Dejé que mis manos estrujaran aquellas masas de carne y que mis dedos se perdieran por la raja que tenían en medio hasta dar con su pequeño agujerito. Nunca había estado cerca de aquel punto, a excepción de una ocasión en que haciendo un 69 me había estirado para hacer algo de rimming. Sin embargo, en aquella ocasión no había pasado de aquello, y ahora sabía que sí lo haría.

Hice que mi novio se tumbara bocabajo y me subí sobre él. Dejé que mi polla erecta se colocara justo detrás de sus glúteos mientras mi boca se deslizaba por su cuello. El juego apenas iba iniciando. Mis labios se deslizaron por cada centímetro de su cuello, dejé que el aroma de su nuca me embriagara, mordí suavemente uno de los lóbulos de sus orejas, me atreví incluso a dejar que me lengua se moviera por la línea donde terminaba su cabello…

Mientras tanto también mis manos no podían quedarse quietas. Recorrieron el contorno de los hombros de mi novio, de sus fuertes brazos, por sus antebrazos; entrelacé una de mis manos con una de las suyas mientras la otra delineaba la zona de piel que quedaba libre de su espalda. Podía sentir como Gerardo se estremecía debajo de mí y sus ligeros suspiros de satisfacción.

Mi boca se fue moviendo hacia abajo, mi lengua se deslizó lentamente por su columna vertebral mientras mis manos la acompañaban en los dos lados de su espalda. No me detuve ante nada, ni siquiera cuando la textura de mis manos cambió por algo más suave y mi lengua se hundió entre los dos montículos que se encontraban detrás de su anatomía. Solo me paré cuando mi lengua dio con aquel hoyo que marcaba la entrada (o salida, dependiendo de como se viera) del interior de su cuerpo. Lengüeteé con placer aquella zona, aquel agujero apretadito que parecía imposible de abrirse, mientras mis manos se deleitaban con sus dos nalgas.

Su ano se había contraído ante el primer contacto de mi lengua, pero poco a poco se iba relajando. Dejé que mi lengua siguiera bajando mientras ahora mis dedos dejaban sus glúteos para dirigirse hacia el hoyito que me volvía loco. Mi lengua se deslizó por su perineo hasta llegar a sus testículos.

-Ponte bocarriba -le pedí mientras me separaba ligeramente de él y tomaba la botella de lubricante.

A mi novio pareció sacarle de onda mi petición, pero no dijo nada. Con una mano hice que levantara las piernas, y con la otra llena de lubricante me dediqué a untárselo alrededor del ano.

-Copión -dijo él con una ligera risa cuando vio que dirigía mi rostro hacia sus genitales.

-Solo un poco -le contesté antes de que mi boca se apoderara de su pene.

Y así, comencé a hacerle sexo oral a mi novio mientras mis dedos se dedicaban a estimular y preparar su ano. Disfruté del sabor de su pene (el cual tenía un ligero sabor a semen debido a la eyaculación anterior y al líquido preeyaculatorio) al mismo tiempo que de la sensación que me daba su ano abriéndose lentamente para albergar uno de mis dedos. Intenté ser lo más cuidadoso que pude, intentando forzar lo menos posible su esfínter.

Su pene se introdujo totalmente en mi boca al igual que mi dedo en su interior. Sentía prácticamente las palpitaciones de su pene al igual que las de su recto mientras dejaba que mi lengua recorriera las superficies de su miembro y mi dedo las de su interior.

-Oh Gerardo -exclamó él con placer.

Introduje un segundo dedo en su interior mientras dejé que mis labios y lengua se deleitaran con toda la superficie de su pene y sus testículos. Usé más lubricante para un tercer dedo, mientras que él sostenía sus piernas con ayuda de sus manos.

-En esto no te copiaré -le dije mientras me ponía de pie-. Mantén tus piernas así.

Sabía ya donde estaban los condones. Tomé uno, lo abrí con mis dedos y lo coloqué sobre mi pene mientras mi novio me miraba con algo de expectación.

Al regresar acomodé sus piernas sobre mis hombros y después coloqué más lubricante sobre mi pene enfundado. Coloqué mi glande en la entrada de su recto y comencé a ejercer presión. No necesité mucha, y así comencé a penetrarlo lentamente mientras no me perdía detalle de la expresión de su rostro. Me detuve cuando torció el gesto y vi que sus puños se cerraban agarrando la colcha de la cama.

-No te detengas -me pidió él a media voz. Fue cuando me di cuenta que su expresión no era de dolor, ni mucho menos. Era de puro placer.

Asi que continué introduciendo mi pene dentro de él hasta que mis caderas chocaron contra su trasero. Era increíble lo bien que se estaba ahí dentro. La presión de las paredes de su recto contra mi pene resultaba sumamente placentera.

Comencé a bombear, primero suavemente, después rápidamente, luego reduje un poco la velocidad y volvía aumentar. Nunca había hecho un juego como aquel, pero es que me di cuenta que dependiendo de la velocidad eran diferentes sensaciones, pero sin embargo todas muy placenteras. Además, seguramente eso nos daría más tiempo para disfrutar que si solo acelerara hasta venirme dentro de él.

Mi novio también lo disfrutaba, bastaba ver la expresión de su rostro para saberlo. Tomé su pene entre mis manos mientras él me acariciaba el pecho. Masturbarlo me producía una sensación bastante curiosa. Me imaginé que su pene era una extensión del mío propio, como si realmente fuéramos uno solo y entonces su pene fuera otra parte de mí.

-¡Oh Gerardo! -volvió a exclamar él mientras sus piernas se deslizaban para entrelazarse detrás de mí.

-Te amo -le dije yo mientras me inclinaba hacia él.

Nuestros labios se encontraron, se movieron unos contra otros y después sus dientes se aferraron con fuerza a mi labio inferior por vez primera y aquello hizo que mi excitación subiera como la espuma. Me di cuenta que ahora realmente éramos uno solo, ambos nos pertenecíamos mutuamente sin duda alguna. Lo penetré con mayor fuerza, y poco después sentí como las paredes de su recto comenzaban a apretarme mientras sus brazos me atraían con fuerza hacia él, como si quisiéramos fundirnos más allá de lo que ya estábamos. Aquello me hizo llegar al clímax de una manera que nunca antes había llegado. Era un placer puro, absoluto. Todo rastro de pensamiento desapareció de mí, al igual que mi alrededor. Lo único que importaba era el cuerpo que se encontraba justo debajo del mío.

Fue solo un instante, pero fue el mejor instante de mi vida. El placer fue remitiendo mientras nuestros labios seguían jugando y mi lengua se abría paso en su cavidad oral.

-Fue maravilloso -dijo él cuando nuestros labios finalmente se separaron.

Fue cuando noté la humedad en el abdomen. Por supuesto, aquello había sido el origen de las contracciones que había sentido sobre mi pene. No me molestó en absoluto, y no hice ningún ademán de separarme de él ni él de apartarme. Permanecimos bastante rato así, abrazados, con un beso ocasional mientras disfrutaba de su aroma. Solo hasta que mi pene salió de su interior por sí solo fue que nos movimos para quedar ambos recostados en la cama, frente a frente. Tomé el condón y lo arrojé hacia donde sabía que se encontraba el bote de basura de su habitación, si bien parte de su contenido ya se había regado. Pero a ninguno de los dos nos importó que nuestros fluidos corporales resbalaran por nuestra piel y se embarraran cada vez que nos repegábamos el uno contra el otro, mientras mis piernas se cruzaban con las suyas y cosas así.

-¿Y bien? ¿Valió la pena o nos vamos a quedar encerrados aquí durante una semana? -le pregunté pícaramente mientras nuestros pies jugaban entre sí.

-Valió tanto la pena que estoy pensando en quedarnos encerrados en el cuarto no para compensar, si no para seguir gozando -contestó él muy sonriente-. Podría volverme adicto a tenerte dentro de mí.

-Espero que eso no signifique que no piensas volver a penetrarme -dije yo-. Digo, estuvo bastante bien, pero creo que sería mejor si variáramos la acción de vez en cuando. Porque también me encanta a mí tenerte dentro de mí.

-Mejor variaremos seguido -dijo él antes de estampar su boca contra la mía.

Aquello me sonaba estupendo.

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Yo no sé amar

Desde siempre ha sido así, me encanta meter la verga con violencia, sin complacencias, disfruto mucho y me excita abrir un culito apretado, ahogarlos de verga por la boca, que les den arcadas. No me importa si les duele o los lastimo, incluso si me lastimo, con la tremenda verga que me cargo,  imponer con violencia el sexo es lo que realmente gozo. Poseer por completo el cuerpo y voluntad de la otra persona.Y para aquellos que sospechan si me violaron de niño o de adulto, no, no fue ese el caso.

Por ejemplo, en el sexo oral, las primeras veces sólo me deje hacer, me vaciaba y ya. Pero, en cierta ocasión, yo con 24 años cumplidos, un tipo, mayor que yo, de unos 35 años, me la mamó super bien, completa, a puros labios, boca y garganta, se tragó toda mi leche, que por cierto me salen de 6 a 10 tiros, fuertes y espesos, imagínense en esos ayeres. No dejo de mamar mientras tragaba. Hasta entonces me di cuenta de una verdadera mamada, y del poder que mi vergota ejercía en quien la buscaba.

A partir de ese momento supe como quería el sexo, y que quien buscara algo conmigo tendría que saber que: su dolor es mi placer. Cuando alguien quería mamarme la verga, lo primero que hacía era empujar su nuca con fuerza hacia mi verga, y ésta, la empujaba con fuerza hacia arriba, era la primera prueba, si no se la tragaban completa o se quejaban del trato, me la guardaba y no se las daba (hasta hoy sigo igual). Los dejaba con las ganas y obvio, yo me quedaba con ganas de disparar leche en una deliciosa, húmeda y caliente garganta.

Si bien, ha habido algunos que no la maman completa, porque no tienen la habilidad, les he dado verga porque se dejan violar por la boca, darles unas estocadas fuertes, que les dañan la garganta, lagrimean, se ahogan, les dan fuertes arcadas pero resisten, se aguantan, me aguantan mi violencia contra su persona. Creo en el fondo, que si actuan así, es porque valoran al macho que tienen enfrente, saben que valgo, centímetro a centímetro el daño que les hago. Y eso me excita, sus ojos llorosos, una mirada lastimera y de sumisión total, su tos fuerte, sus arcadas de ahogo, su saliva excesiva escurriendo por mi palote. unos vergazos en la cara.  Tomarlos por el cabello y azotarlos contra mi verga en su boca es delicioso.

Y cuando les doy por el culo, pienso, si ya saben que son pasivos y andan buscando verga en los lugares de ligue y encuentro sexual, su obligación es andar bien lubricaditos del culo, traerlo relajado, para sólo ponerlo y esperar a ser penetrados de inmediato. Que de mí no esperen amor o caricias suaves, no soy su novio, ni su marido, ni el amor de su vida, soy la verga que les rompe el culito, que les satisface sus ganas de macho.

Eso sí, no me laten afeminados, ni delgados con cuerpo de niño o hombre a medio terminar, tampoco jovencitos, de voz chillona, ni que se quejen como putas,o usen tanga de teibolera,  me gusta estar con machos, someterlos y forzarlos a puro vergazo. Es super excitante ver el culito cerradito de un cabrón que espera verga, ponérserla en la entrada, sujetarlo fuertemente, y dejársela ir lo más hondo posible, sentir como trata de safarse, como opone resitencia, y escuchar sus gritos de dolor o cuando muerde la almohada. Cuando trata de safarse del daño que le provoco, más me excita sujetarlo y obligarlo a aguantar al macho que ha buscado, lo que quería.

Algunos han sangrado de su culito, otros son bien tragones, a otros les ha dolido pero han aguantado y sin mayores daños, pero siempre los violo, no quiero amarlos, sólo entrar en sus culitos y darles dolor mezclado con un intenso placer. Así ha sido, porque, después de haberles roto el culito, todos regresan por más, quieren ser violados otra vez. Abiertos y sacrificados en el nombre del placer entre machos. Unos cuantos se han enamorado y quieren que a diario les rompa el culito, pero a mi me gusta la variedad de cabrones que hay en el mundo, no podría ser de un solo culito.

En Guadajara conocí a un chico de Michoacán, tenía mucho miedo de acompañarme, tenía poca experiencia, y lo pude seducir y convencer, la primera vez lo penetre colocándolo boca abajo, tuve la consideración de ponerle saliva y lo deje que él mismo se pusiera, en cuanto lo hizo le puse la verga en la entrada de su moreno y peludo culito se la deje ir en dos movimientos, gritó de dolor, lo sujete del cabello y le hundí la cara en la almohada, le deje la verga dentro, para sentir la apretura de su culito y las palpitaciones por la violenta entrada, trató de safarse, lo sujete con fuerza, y empece a sacar y meter la verga, era un placer enorme sentir su culito super apretado y pegado a mi palote.

Terminé dentro de su culito, y me dormí, dejándolo sollozando y moqueando a mi lado. A las dos o tres horas deperté con una erección, etiré la mano, sentí su cuerpo, toqué sus nalguitas, me giré subí en su espalda y lo desperté con una nueva penetración a su culito. Por un momento pensé en el daño que le había hecho hace rato y ahora de nuevo, pero, no se quitaba, no trataba de safarse, sólo se quejaba mucho, del dolor, pero quería seguir sintiéndome, pues no se quitó ni se quitaba, entonces arremetí con todo, para abrirle bien su culito, y los mecos anteriores me sirvieron de lubricante y se lo llené nuevamete de calientes mecos.

Me desplomé cansado a su lado, lo abrace y me dormí. A media mañana me desperté con otra erección, vi que ahí estaba el culito michoacano de la noche anterior, le tomé  una mano y lo hice tocarme la erección, despertó un poco atontado, se giró hacia mí, lo sujete de la cabeza y lo baje a mamarme la verga, yo también estaba como medio despierto, lo puse a mamar en lo que despertaba al cien por ciento. Lo deje mamarme mal la verga, sólo chupaba la cabeza y me masturbaba el resto del pene. Cuando respiré profundo y desperté al cien, lo sujete con fuerza de la cabeza y le traté de meter completa la verga, pero no le cabía ni la mitad y le daban arcadas, pero no se quitaba. No me gustaba como estaba mamando, así que lo quite y le pedí se pusiera boca abajo. Me vio con cara de miedo, de terror, de dolor anticipado, y le pregunté hay algún problema? te quieres ir ya? bajo la mirada y se colocó en cuatro, mee hinqué detrás de él y de un solo golp se la deje ir y me quede así quieto. Grito, trató de safarse, se hizo hacia adelante del dolor y lo jale hacia mi, y deje caer todo mi peso, y volví a arremeter contra él.

Estuve bombeando y él mordiendo la almohada, pujando y respirando arritmicamente, apretando los dientes y lagrimeando por la violencia de la penetración, en un momento me quede completamente dentro de él y quieto. Gozando las palpitaciones de su culito, y respire hondo varias veces, observe que ya era tarde, que afuera había mucho sol, y yo tenía a un cabrón delicioso atorado en mi verga. Y al observar el entorno, vi que las sábanas tenían unas gotas de sangre, la muestra de la violencia desde la primera penetración, eso me excitó, el daño hechó y él seguía ahí con el culo destrozado y mi verga dentro. Comencé a darle con toda mi fuerza y terminé dentro de él. Al mismo tiempo que él terminaba, y apretaba con su culito mi verga al ritmo de su venida.

Se despidió, me dijo que le temblaban las piernas cañón, que el culito lo tenía escosido, y sentía resbalar mi leche por sus piernas pero tenía que irse rápido pues lo esperaban por un compromiso laboral y ya iba media hora tarde. Lo he visto otro par de veces, y siempre se repite la historia, lo violo, le hago daño y él sumisamente se entrega, se coloca y aguanta, me da obsequioscomo libros, botellas de vino, y otros, en cada visita, como desde la primera vez, y me agradece mucho por violarlo y darle con tanta fuerza, dolor y daño, tanto que un buen tiempo no tiene que salir a buscar macho. Y mientras se recupera de su culito, espera mi regreso.

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Le rompí el culo a un trailero casado

Ver ese culo prieto, peludo, de macho, virgen, atravesado por mi vergota me dio una fuerza tal que sólo quería romperlo.

Es un trailero, casado, dos hijos, 32 años, de Tamaulipas viaja a la ciudad de México a entregar carga. Es moreno, alto, usa barba y bigote de candado, es delgado, con un cuerpo que denota trabajo pesado de toda la vida, nada de gym, algo de pancita. Lo encontré en unos famosos vapores del área metropolitana de la ciudad. Cuando entré y lo vi, se me hizo muy macho, jalándose el pene de dimensiones normales. Lucía demasiado activo, rudo y chacal como para querer conmigo que soy varonil, hago pesas, uso barba y soy alto, tenía 30 año, y tengo una buena tranca. Ese día a mí me gustó un chavo alto, delgado, peludo, me acerqué, comenzamos a besarnos. El trailero se acercó por detrás, me pegó su pene, pero lo retiré, se colocó de lado y comenzó a tocarme.

En cuanto un tipo que, físicamente no me agradaba , se bajó a mamarle el pene, deje al chavo delgado y peludo. Salí para que me dieran masaje, después entre nuevamente al vapor, y esta vez se acercó el trailero, un verdadero macho, comenzó a tocarme, lo arrinconé y comencé a tocarle el culo. Pensé si el tipo es más activo y lo que quiere es cogerme pues se va a joder porque a mi no me gusta que me claven. Y si este tipo rudo, tipo chacal quiere, me lo cojo aquí mismo, al fin traigo condón.

Lo besé y acaricié un rato, le tocaba las nalgas y el culo, y cuando le sujete la cabeza con firmeza y lo dirigí hacia mi verga él, obedientemente bajó y comenzó a mamar como desesperado, muy inexperto, le urgía probar verga. Le di por la boca a buen ritmo, incluso en unas tres o cuatro ocasiones, nomás para ver qué tanto deseaba verga, lo sujeté con firmeza y se la enterraba lo más que podía, le daban arcadas y se la sacaba rápido, alcanzaba a ver su ojos llorosos, pero no se levantaba quería más.

Decidí que había llegado el momento de penetrarlo, así que lo levanté, lo giré y empiné un poco, ensalive su ano y sentí con mis dedos que lo tenía súper apretado, no lo relajaba para nada. Me ensalivé la cabezota de mi pene, y se lo puse a la entrada, presione suave al principio, pero no le entraba, tampoco se quitaba, y decidí presionar con fuerza.

Sentí como mi cabezota apenas traspasó un poco la entrada de esos pliegues apretados y arrugados, entonces se quitó y dijo que no podía, que le dolió mucho, y me la mamó otro rato, no terminé, y decidimos salir un rato del vapor.

Sentados en las bancas del área de las regaderas, me dijo su nombre, a qué se dedicaba, me contó cómo, por casualidad, descubrió el desmadre en los baños, y que era su segunda vez en ese lugar, todo con su tono norteño. Que nunca lo habían penetrado, pero que después de conocer ahí, estaba dispuesto a experimentar y que había decidido que si lo penetraba alguien, debía ser uno muy macho, guapo, muy varonil, con buena verga y que yo le gusté para darme por su culo virgen.

Me dijo que casi no conocía la ciudad y le pregunté si quería ir a recorrerla, aceptó, pero primero tenía que pasar a su hotel por una camisa y chamarra, pues sólo traía playera y esa tarde, a veces llovía ligeramente.

Al llegar al hotel, me invitó a pasar, ya adentro comenzamos a desnudarnos, le chupe el culo, le dije que mi verga le entraría hasta donde él quisiera, sin lastimarlo, él me dijo que era muy grande y gruesa, que sí tenía miedo. Después de chuparle el culo le dije que se sentara en mi palo, al ritmo que él sintiera mejor, sin lastimarse. Después de varios intentos no pudo, porque no se relajaba. Se acostó boca arriba y tampoco pude meterselo, no aflojaba las paredes del culo.

Decidí voltearlo boca abajo, nuevamente le chupe un poco el culo, me incorporé le acerque despacio mi verga, presioné un poco y no aflojaba, además decía que desde el intento del vapor le había quedado adolorido. Lo acaricié, le deje mi verga entre los pliegues de sus nalgas, y comencé a moverme. Eso lo calentó tanto que me dijo quiero tenerla dentro, “pero si te lastimo”, le dije. “Inténtalo suave, otra vez”.

Pensé este tipo, no quiere aceptarlo y le da miedo, lo que necesita es que de una vez le rompan el culo. Tenía mi pene superduro y erecto, sólo de pensar que se lo metería a un tipo tan macho, me calenté más. Le puse la cabezona en su hoyito mojado por mi saliva y un poco de lubricante que siempre cargo entre mis cosas y le empuje la cabeza, dio un respingo, intentó incorporarse, pero con mi peso y fuerza lo empuje hacia abajo, desesperado intentó separarme con sus manos, lo dominé y se la dejé ir hasta la mitad, se retorció de dolor y aproveché para dejarle ir el resto.

En ese momento no me importó que gritó muy fuerte, ni que tratará de zafarse o que al terminar aquello me quisiera romper la boca, lo sujeté en un fuerte abrazo de oso y se la dejé adentro, se movió y agitó, cada vez más resignado, poco a poco, al verse vencido y penetrado se fue relajando, cuando sentí como se aflojaba cada pliegue de su culo adherido a mi herramienta, comencé a moverme despacio, y le pregunté “¿te duele, quieres que te la saque?”, y sólo me dijo “no, por favor, sigue”.

Y entonces sí comencé un saca y mete feroz, ver ese culo prieto, peludo, de macho, virgen, atravesado por mi verga me dio un fuerza tal que sólo quería romperlo, llenarlo de pene, y cuando baje mi mirada pude ver algo de sangre sobre el condón que traía puesto, mezclada con algo más.

Comenzó a llorar y le pregunté si lo lastimaba o le dolía, me dijo que ya no, al principio mucho, pero ahora sentía muy rico, y esto no le gustaba porque eso significaba que era puto, y le dije, que no, que era un macho muy cabrón al que sólo le gustan los hombres, como a mi.

Me vine fuera de él, le aventé los chorros de mi leche en su pecho, nos bañamos y nos despedimos, me dijo que normalmente venía cada ocho días pero no siempre se quedaba el fin de semana, y como es casado y yo muy discreto quedamos de vernos, si es que coincidíamos, en los vapores, para irnos a su hotel.

Espero les haya gustado esta anécdota de mi vida, me gustaría recibir sus comentarios.
Autor: Sr20cmMr9inch

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Descubrí sexo en cines porno de México

En la gloriosa época de oro del cine mexicano, cuando se producían más de cien películas al año, en su mayoría de malas a muy malas, pocas fueron realmente buenas, fue cuando se abrieron múltiples y grandiosas salas, que con el tiempo y por muy variadas causas fueron desapareciendo. Para subsistir, algunas salas empezaron a proyectar cine porno.

Hacia 1990, hice mi primera incursión en cines porno del centro de la ciudad de México. Uno de los primeros al que asistí fue al Savoy, muy cercano al Eje Central, donde se encuentra la Torre Latinoamericana.

Ese día proyectaban una película italiana, ambientada a principios del siglo XX, supuestamente porno, pues sólo se les veían los pechos a las mujeres. Los tipos se montaban vestidos en ellas que gemían, pero nadie se desnudaba realmente, y de lo poco que me acuerdo de la historia e imágenes, es que había una actriz a la que su personaje sólo le gustaba por el ano porque quería seguir siendo virgen, la empinaban sobre un árbol y dizque la penetraban y al final descubrían que era hombre. En esa ocasión, un tipo me rozó ligeramente la pierna y de inmediato le retiré con energía la mano, se levantó y se fue. Terminé de ver la película y me fui.

Poco a poco le subieron lo explícito a sus películas, el viejo cine Savoy es el típico con asientos en la parte de abajo y otros arriba de la sala, esta última área, actualmente ha sido acondicionada para dividir el cine en dos salas de cine porno, la de abajo heterosexual y en la de arriba gay, primero le dedicaron un solo día (viernes), luego dos (lunes y viernes), luego tres y ahora no sé si diario. Pero desde que se hizo sala gay hace unos cinco años, sólo he ido en cinco ocasiones.

Espere como un año o dos para pisar nuevamente otra sala porno. Ahora fue al cine Teresa, una enorme, vieja, y el algún momento lujosa sala de cine de dos niveles muy amplios. De cine familiar paso a sala porno, tiene la taquilla sobre la acera, así que cualquiera que transite por el Eje Central puede ver a los que nos formamos para pagar y entrar.

Hacia 1992 me ponía nervioso de sólo imaginar que pudiera verme afuera o adentro alguien conocido, ahora sé que es algo poco probable en una ciudad de más de 20 millones de habitantes. Al entrar me sentaba en la última fila y colocaba en mis piernas la mochila que llevaba de la escuela, de forma tal que me permitiera discreta y cómodamente acariciarme el pene, y si un tipo se sentaba al lado mío, de inmediato colocaba la mochila en medio de mis piernas, con lo que tapaba todo y daba a entender que no habìa posibilidad de que pasara algo. Así la dejaba hasta que mejor desistía y se iba. Así en varias, muchas ocasiones hasta que…

Un día como cualquier otro en el que iba al cine Teresa, al atravesar las pesadas cortinas, me senté en mi lugar habitual,
hasta atrás de la sala.

En esa ocasión descubrí que podía haber sexo en el cine, en el primer asiento hacia el pasillo había un señor de pelo blanco, como de 60 años, con lentes. De rato, un tipo como de 35 años, 1.75, de complexión fuerte, varonil, de pelo ondulado, moreno y de bigote pidió permiso de pasar al señor de pelo blanco y se sentó junto a mí, de inmediato coloque mi mochila en señal de no querer nada y fije mi mirada en la pantalla, percibí que se sacó el pene, pero no voltié en ningún momento, entendió y se recorrió un asiento hacia el señor de 60 años.

En otras ocasiones percibía que algo pasaba en otros asientos pero me daba mucho miedo voltear a un lado o a otro, pero ese día me armé de valor y me di cuenta de qué pasaba. El tipo joven se sacó el pene, pude ver que era grande, estiró uno de sus brazos, el izquierdo que quedaba del lado del señor canoso, y apoyó su mano en el respaldo del asiento de adelante.

Entonces, observé que ese movimiento de brazo, facilitaba que el del asiento de a lado pudiera tocarle el pene y tapar un poco la mirada de curiosos cuando pasaban por el pasillo. La mano del señor se movía discretamente, con miedo o nervios. El moreno le dijo algo al señor, se levantó y se colocó de pie sobre el pasillo, al otro lado del señor, y tenía su pene afuera del pantalón, no entendía bien por que se levantó, pero el señor del pelo blanco optó por levantarse e irse.

El tipo del pene grande se sentó nuevamente, dejo libre el primer asiento hacia el pasillo, al poco rato llegó un chico como de 25 años, delgado se sentó y de inmediato estiró la mano y comenzó a masturbarlo frenéticamente, eso me tenía a mil, me atreví a sacarme el mío, pero aún con discreción. El moreno le dijo algo al oido del recién llegado y nuevamente se levantó y se colocó de pie del otro lado, sobre el pasillo, ligeramente recargado en el marco de la entrada, con el pene de fuera y…

El tipo sentado giró la cabeza y comenzó a darle una mamada muy vigorosa, con fuerza, durante unos cinco minutos, en ocasiones interrumpidos cuando alguien entraba a la sala. Finalmente terminó en la boca del mamador, se guardó el paquete y se fue, el que estaba sentado escupió el esperma y el ruido que hizo al caer todo lo que le dejó en la boca hizo que me viniera.

Así, pude ver el mecanismo de acción, alguien se sienta cerca, si te gusta subes tu brazo y colocas tu mano en el asiento de adelante, el otro estira la mano y te masturba. Visitas después, también me di cuenta que además podían mamarte la pistola estando sentado, sólo había que cuidarse del par de empleados del cine que de vez en cuando pasaban para echarte la luz e intentar impedir o sólo disimular que lo intentaban, y evitar que pasara lo que pasaba en toda la sala.

Al poco tiempo de esa experiencia me decidí a dejarme mamar la verga. Nuevamente ocupé mi tradicional lugar, de rato llegó un tipo de traje, algo gordito, serio, varonil, guapo, se sentó junto a mi, levanté mi brazo, el estiró su mano y me preguntó si quería que me la mamara, asentí con la cabeza, estaba muy nervioso y excitado. Y fue delicioso sentir su húmeda y cálida boca sobre mi cabezota caliente y dura. No alcanzaba a chuparme más allá de la mitad del pene, pero no iba a aguantar mucho y le pregunté si me dejaba venir en su boca. Dijo que sí, le sostuve la cabeza con mi otra mano y le aventé todo, sentí como no se daba abasto a chupar la cantidad que me salía y como caían algunas espesas gotas al piso.

Después de ese día comencé a ir al menos una vez por semana, y me fijé más en como estaba la movida en el cine, no siempre que iba dejaba que me la mamaran , pero cuando me dejaba les preguntaba si me dejaban echarles el esperma en la boca, si decían que no, no terminaba, los dejaba mamar y de rato me lo guardaba.

No es por sangrón, sino porque además que la tengo grande me salen como seis u ocho tiros espesos, abundantes, con mucha fuerza y no me gusta embarrarme, ensuciar respaldos o que la leche brinque al asiento de adelante o pudiera manchar a alguien.

Yo hasta esos días pensaba que esas eran buenas mamadas, pero no. En cierta ocasión, se sentó junto a mí un tipo de pelo ondulado, de estatura mediana, delgado, velludo, moreno, de bigote que, cuando se bajó a mamar, era capaz de engullirse completo todo mi pene y mamarlo con fuerza, realmente me sorprendió que se metiera mis casi 20cm, sentir el fondo de su boca y el inicio de su garganta al chocar mi cabezota dentro de esa cavidad y su bigote en la base de mi pene fue super excitante.

Realmente fue tan delicioso que en ocasiones posteriores, cuando me la mamaban otros tipos, les empujaba mi verga con fuerza para que se la tragaran toda, pero no cualquiera podía, les daban arcadas y yo les sostenía con firmeza la cabeza, los lastimaba en serio, pero querían aguantar mis embates, querían una verga así de buena, resistían lo más que podían, como acto reflejo estornudaban con fuerza para no ahogarse, se les salían las lagrimas y los mocos por ojos y nariz respectivamente, muchos se levantaban y se iban, y yo pensaba “si no puede chuparla completa no se la merece”.

Ahora, con más experiencia y 35 años de vida pienso diferente, creo que la leche es de quien mejor la trabaja, eso sí, me sigue gustando que me la mamen completa, durante mucho rato (30 – 45 minutos), a puros labios, boca y garganta, nada de meter las manos para chaquetearla, o bien, que me dejen tomarles con firmeza la cabeza y darles hasta el fondo, que me dejen follarles la boca …

Agradezco por adelantado sus comentarios
ciudad de México 2010

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Lazos familiares

Colocó mis piernas sobre sus hombros y empezó una penetración más pausada; yo solo veía la cara de mi padre de satisfacción de cogerse a su hijo. Cuando estuvo a punto de eyacular me dijo, aprieta el culo Pipe que me voy a venir, aceleró el ritmo, eso produjo en mi una excitación fascinante, sentía sus oleadas de semen inundarme expresándome su lujuria y su gozo al terminar calmando mi ardor.

Hola amigos, soy Pipe, se acordarán de mí con la historia con mi hermano Fabián y su celebración de grado, pero hoy les contaré lo que pasó después con mi padre, en fin después de que mi hermano me dijo que volvimos a salir a rumbear en 15 días, no nos aguantamos y lo hicimos a los 2 días en la casa en ausencia de mis padres y desde ese día lo hacemos esporádicamente cuando la situación se presenta. Pero como todo lo bueno dura poco, a los 3 meses Fabián entró a la universidad, se ennovió con una estudiante de ingeniería y ya no le queda tiempo para hablar con la familia y mucho menos hacerlo conmigo, pero yo no perdía la esperanza; así que algunas veces me le insinuaba o lo molestaba por trabajos del estudio pero siempre me decía:

-Después ahora que termine este proyecto, -Voy donde Aleja (su novia), -Debo estudiar para el parcial; -Debemos planearlo con más calma; en fin solo excusas, en últimas pasaron en un tire y afloje como 11 meses sin hacerlo. Yo había perdido las esperanzas de estar nuevamente con él.

Mi mamá tiene una hermana que estaba pidiendo la visa para España, cuando le notificaron que debía presentarse el lunes en la embajada para la entrevista a las 8 a.m. en Bogotá, pero como mi tía no quería irse sola le pidió el favor a mi madre para que la acompañara, entonces ellas viajarían desde el viernes en la mañana para la capital, yo creía que sería la ocasión perfecta para que Fabián y yo volviéramos a estar juntos nuevamente pero resultó que debía presentar un proyecto en la universidad el día lunes con lo cual trabajaría todo el fin de semana con sus compañeros, esto me desencajó el ánimo bastante, en últimas quedaríamos papá y yo solos en casa.

Mientras papá acompañaba a mamá y mi tía al aeropuerto, me dio algo de dinero para alquilar algunas películas de acción para ver el fin de semana y algo de comida, con mi medio sonrisa de ánimo por el piso me fui al centro a comprar las películas, cuando ya tenía algunas ya seleccionadas veo un catálogo algo diferente, le digo al vendedor de qué era, me dice de porno pensé: -Estoy solo, papá no estará mucho tiempo en la casa, puedo verlas a mi gusto. Así que empecé a mirar, cuando encuentro algunas de tema gay o bisexual, entonces me animé comprando 3, me las empacaron junto con las de acción, luego salí a terminar de comprar la comida.

Al llegar la noche, llegó papá de trabajar yo me encontraba con una bermuda sin interiores solamente,-¿Vas a comer? le pregunté – No voy a ducharme y relajarme un poco, prepara algo ligero de comer, mientras subía yo me dirigí a la cocina.

Mi padre perteneció al ejército de joven por lo cual tenía un cuerpo muy bien definido a pesar de tener 45 años, tenía estómago plano pero no marcado, medía un 1.85 mts, su cuerpo era como el de un oso, fuerte, imponente, en fin mi padre se coloco unos boxers ceñidos ya que no había nadie, nos sentamos en el sofá grande y coloqué la película de acción, después de terminarse le pregunté.

-¿Querés comer ahora? –Si, ¿que tal un sanduche de pollo? ya son las 10 p.m., me respondió –Voy a prepararlo le dije, trayecto a la cocina me preguntó -Donde están las otras películas – Encima de la mesa del comedor me demoré un poco en la cocina cuando de regreso me freno de golpe.

No puede ser, papá está viendo una película bi, se me olvidó sacarlas de la bolsa no sabía que hacer, me quería regresar a esconder cuando papá me descubre yo parado con la bandeja. – ¿Y esto?, señalando las cajas de las porno -Ah ¿eso? -pienso- Es un proyecto de educación sexual del cole, (excusa más tonta, nadie lo cree, pero la única que se me ocurrió) entonces me apresuro a quitarla cuando me dice:-Dejala, vamos a verla, nunca he visto este tipo de películas.

Como quería que la tierra me tragara del susto no entendí pero seguí las órdenes de papá y dejé que avanzara. Mientras le pasé el sanduche, él lo tomó pero sin mírame quedó como paralizado con la película en una escena de dos mujeres y un hombre haciéndolo en un cuarto, al principio era normal, pero después de terminada pasó a otra escena donde un hombre se estaba besando con otro mientras una chica les chupaba los penes…

Yo empecé a mirar de reojo a papá, él se había acomodado en una esquina del sofá, estaba concentrado, hipnotizado con la imagen, luego bajé la mirada vi que su pene empezó a crecer bastante, yo quedé paralizado, hacía rato no lo hacía y mi pene empezó reaccionar a la escena con mi padre, no por las imágenes de la porno pero reaccioné, entonces miré la mesa donde estaba el vaso de gaseosa, como intuición pensé que papá tendría sed, lo tomé, se lo paso, pero como esta concentrado sin decir alguna palabra estira la mano a tomarlo pero fue cuando tropieza con el y se echa encima toda la gaseosa mojándose pecho y los bóxers…

Él reacciona por el frío, se levanta y como para secarse rápido se quita los bóxers, mientras se limpia con ellos veo una imagen fenomenal: papá al frente con su pene semierecto, sus piernas como columnas fuertes de mármol, velludas, su pecho definido por el ejercicio matinal, un semental, un dios griego. Yo quedé paralizado en esa imagen más aun en su pene, él me miró y me dijo:

– ¿Qué, Pipe? ¿Te gusta? – Este…no, lo que pasa en nunca te lo vi así erecto, creo que es grande- ¡Grande! Y eso que está despertándose, me mide 22cms (Más grande que el de mi hermano Fabián -pensé), entonces me atreví a decir: Oye pá, ¿me dejas tocártelo?

Se quedó callado un segundo pensando:

-Bueno, hazlo me dijo, arrojó su bóxers mojados al suelo y se acercó a mí, yo estiré la mano para tocarlo. -¿Sabes hacer una paja? -Si claro –¿Entonces que esperas? ¡Hacémela!

Yo empecé a subir y bajar con mi mano su pene mientras su erección se hacía más firme. apoyaba su mano derecha sobre mi hombro,me dijo, –¿Quéres probar la polla? –¿Puedo pá?- Claro, ¡chúpala! Yo introduje la punta de su polla sintiendo ese líquido preseminal de papá en mi lengua, mientras él solo gemía de placer, atrás quedaron las imágenes de la porno: Yo sentado comiéndome la polla de papá, mientras eso hacía me preguntó:

-Pipe ¿eres virgen? Créanme que me dio miedo confesarle que no entonces le mentí –Si pá lo soy…

Pudo más mi arrechera que mi honestidad, además hacía tiempo que no tenía relaciones con Fabián así que el tiempo había hecho su ajuste. Entonces papá me tomó del pelo, tiró mi cabeza hacia atrás y empezó a besarme, a introducir su lengua en mi boca, nos fuimos acomodando a lo largo del sofá quedado él encima mío me decía:

– Pipe desde que salí del ejercito y me casé con tu mamáa no volví hacerlo, pero hoy, mijo va a saber lo que es ser una mujer.

Entonces me tomó, me puso de lado, levantó mi pierna derecha para dejar ver mi culo, introdujo su lengua en el, me sentí sensacional, luego me dijo:

-Ya estás lubricado, te lo voy a meter- Yo monté algo de teatro: -¿Va a doler papá? -Un poco, pero después vas a querer más me dijo.

Se acomodó colocándose a mis espadas lo cual era más grande que yo, manteniendo mi pierna levantada, sentí como su cabeza se introducía en mi ano, era grande provocando gritos de dolor por tamaño, ahogándolos con el cojín del sofá.

–Ya tienes la cabeza adentro, relájate un poco -Pá no creo que pueda, déjalo para otro día – No ya lo vamos a coronar, entonces sentí que papá me tomó de la pierna, de un solo golpe introdujo la mitad, mis gritos fueron mucho más fuertes, me quería alejar pero papá me estaba abrazando muy fuerte…

– Estás apretadito, que rico Pipe, falta poco…

Bajé mi mano para comprobar, tenía por la mitad su polla dentro de mi culo, él me besaba el cuello y las orejas mientras me relajaba. cuando sentí nuevamente el ardor de la penetración. se quedó quieto pero mi ano ardió en dolor y placer nuevamente, casi parecido a la primera vez con Fabián. Me volvió la cara para que nuestros labios nos encontráramos en un beso de placer y amor fraternal, empezó con el mete y saca lento, pausado sosteniéndome la pierna,  respirando fuerte.

-Si Pipe, que rico estás, ese culito es mío solo mío –Si papi soy tuyo, soy tu mujer  -Así me gusta, que seas sumisa.

Sus movimientos se fueron haciendo más rápidos cuando me saca su polla de golpe, se levantó, me dijo –Ponte boca arriba así lo hice mientras la sensación de mi culo era de vació sin sentir su polla dentro me levanto las piernas -Sostenlas quiero verte la cara cuando te penetro Pipe- me dijo puso la cabeza de su polla en la entrada de mi culo –Esas nalgas salieron a las de tu mamá entonces me enterró la polla de un solo golpe dejándola toda adentro, mis gritos de placer no se hicieron esperar, papá los ahogó dándome un beso, después se acomodó diciéndome. -Ahora te voy a joder Pipe, ¡que rico lo haces!,  Si pá hazlo, ¡soy tu hembra!

Colocó mis piernas sobre sus hombros empezó una penetración más pausada; pero a la vez más relajada que luego aceleró, yo solo veía la cara de mi padre de satisfacción de cogerse a su hijo.  Cuando estuvo a punto de eyacular me dijo: -Aprieta el culo Pipe que me voy a venir dentro, aceleró el ritmo, eso produjo en mi una excitación fascinante, sentía sus oleadas de semen inundarme expresándome su lujuria y su gozo al terminar calmando mi ardor dentro.

-¿Te gustó nene? – si pá me encantó – lo hicimos mejor que en esa película, ¿Querés que te lo saque? – no papi déjalo yo quiero sentirte más. -OK.

Se inclinó sobre mi besándome hasta que su pene estuvo flácido y salió, después me dijo: -Tienes que venirte, yo te ayudo, empezó a chuparme la polla no demoré mucho ya que mi excitación estaba cerca, hasta que estallé arrojando semen dentro de su boca el cual devoró sin pausa salió, me besó luego yo lo abracé sintiendo su pecho y abdomen sudados por la faena – Ven, mejor nos bañamos que estoy con la gaseosa encima.

Yo me uní a él en la ducha para continuar nuevamente en la alcoba, les cuento que lo hicimos durante todo el fin de semana, mientras descansábamos de las faenas, yo empecé a preguntar que hacía en el ejército con los soldados me dijo:- Yo aprovechaba mi antigüedad para estar en las revisiones físicas que les hacíamos a los bachilleres y nos dábamos cuenta a quien era gallina (pasivo), quien pollo (activo) o nada o ambos, cada vez que me contaba sus anécdotas militares de sexo entre los lanza (compañeros), siempre terminamos arrechos y practicando las posiciones que más le gustan a papá; pero el domingo en la noche después de terminar, mi hermano llegó de improvisto a la casa, casi nos piílla así que actuamos con naturalidad sin demostrar nada.

Cuando nos acostamos a las 2 horas mi hermano, entró al cuarto para que yo le quitara el nerviosismo de exponer su proyecto el lunes en la U; como buen hermano lo complací esa noche dándole una buena mamada… Pero todavía me falta por relatar mis experiencias con algunos familiares pero será en otro momento.

Autor: jacomo88paul

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