La mujer que tanto desee

Gemía de placer desbordante, suspiraba de una manera muy especial, se incorporó y se tragó mi pene que ya estaba grueso y a punto de explotar, me hizo el sexo oral más espectacular del mundo, la acosté y decidí introducirle mi miembro en su concha, en su culo, en su boca.

Hola amigos, la historia que a continuación escribo ocurrió hace un mes aproximadamente, la protagonista de dicha historia es una espectacular madura de 47 años de edad, yo tengo 30 años, vivo en una calle por donde diariamente transita mucha gente, al lado de mi casa existe un almacén de ropa donde trabaja la señora, casi siempre la veía pasar y de inmediato brotaban desde el fondo de mi cuerpo toda la pasión y el erotismo que sólo ella me hacía sentir, mi ansiedad era indescriptible, se me alteraba la respiración, pero no me atrevía a decirle nada, primero por respeto y segundo por evitar un rechazo.

Voy a describir a la mujer que tantas veces me hizo sentir cosas que nunca sentí  con mujeres de la misma edad que la mía, es más, ni mi esposa me ha hecho sentir lo que ella me hace sentir, la catalana es una mujer esbelta, grande, de gruesas piernas, pechos grandes, cara angelical, un trasero prominente, se veía que se conservaba bastante bien, muchas veces cuando ella pasaba me miraba, pero lo hacía de una manera seria, razón por la cual no me atrevía a decirle nada, lo único que hacía después de verla era encerrarme en mi cuarto.

Cierto día, me dirigía hacia el supermercado y precisamente ella salía del almacén con rumbo muy parecido al mío, al verla de inmediato mi respiración se alteró, iba vestida con una minifalda bien corta y una blusa con un escote que mostraba sus grandes y provocativos pechos, al ver sus piernas y sus pechos de nuevo afloraron esos instintos de macho que me hacía imaginar a aquella mujer acostada en mi cama haciendo el amor como locos hasta extasiarnos, ella caminaba por la acera del frente, pero no dirigía su mirada para ningún lado, lo hacía siempre al frente.

Yo dejé que ella se adelantara para poder verla por la parte de atrás y así no ser visto por ella, al momento de llegar al supermercado, se detuvo en la puerta y al acercarme para entrar, se me quedó mirando y cuál sería mi sorpresa que siendo tan seria se sonrió conmigo y me saludó diciendo – Hola ¿cómo estás?-, yo con un tono entre alegre y nervioso sólo atiné a decirle – Muy bien, gracias-

Me sentí como un tonto, me decía para mis adentros – aprovecha esta oportunidad y habla con ella- pero no sé que me pasaba, estaba inseguro y temeroso, me apresuré a hacer las compras para la casa para poder salir rápido y poder mirarla de nuevo para sentirme bien y poder excitarme un poco más, pero al salir del súper ella ya había salido, decidí ir rápido a la casa para poder masturbarme un poco, mi pene estaba que se salía de mi pantalón, me tapaba para que la gente no se diera cuenta por la calle, al llegar a la casa me pasó algo placentero, pero raro.

Mi esposa ya había llegado y me dijo que hiciéramos el amor, acepté, nos dirigimos hacia el cuarto donde hay un ventanal grandísimo, nos acostamos, y ya estaba yo encima de mi esposa haciéndole el amor y levanté la vista hacia la calle y a través de la cortina vi a la señora que estaba afuera del almacén, de pie contra la pared mostrando sus pechos y con una pierna levantada contra un muro, de inmediato cerré los ojos e imaginé que hacía el amor con ella, ese fue uno de mis mejores orgasmos, mi esposa me dice – mi amor me hiciste sentir tantas cosas –  pero lo que ella no sabía era que mi cuerpo estaba con ella, pero mi mente estaba con aquella deliciosa señora.

Habían pasado ya unos 15 días que no había vuelto a ver a la señora, eso me parecía muy raro, fue tal mi curiosidad por saber que había pasado con ella, que me dirigí hasta el almacén con el pretexto de comprar ropa, y le pregunté al muchacho que me estaba atendiendo, él se sonrió y me dijo que estaba pasando unas cortas vacaciones, me causó curiosidad el por qué de esa sonrisa y me dijo que conmigo eran 6 personas del barrio que preguntaban por ella, para no levantar sospechas le dije que era que le estaba debiendo una plata y que quería pagársela.

Cierto día mi esposa viajó a su pueblo natal a visitar a sus padres y hermanos y me quedé solo en casa por razones de trabajo, decidí ir al cine para distraerme un poco, y al salir de la casa vi a la señora que venía a lo lejos para el almacén, esta vez ya estaba decidido a hablarle y decirle todo lo que sentía, cuando la tuve cerca me saludó con un delicioso, excitante y muy sexy “hola”, cosa que me puso a mil revoluciones, yo le contesté también con un hola y con un guiño de ojo, ella se sonrió y decidido la llamé y le dije – que pena molestarla, pero la verdad me gustaría conocerla, desde hace mucho tiempo he sentido cosas por usted, es usted una mujer bastante atractiva y sensual, ella se sonrojó y dijo que nunca le habían dicho esas cosas.

La invité al cine cosa que ella aceptó de muy buena gana, la esperé mientras hablaba con su patrón acerca de un aumento de sueldo que le había prometido, y nos dirigimos hacia el cinema, una vez allá en la mitad de la película le tomé la mano y ella apretó la mía, le di un beso, y se recostó contra mi hombro, me sentía en la gloria porque tenía a mi lado a la mujer que tantas veces había deseado, le propuse que pasáramos la noche juntos y que viviéramos una aventura sólo para nosotros, ella también es casada.

Fuimos a mi casa y allí sin pérdida de tiempo nos dirigimos hacia el cuarto del ventanal, comencé a quitarle su blusa, su brassier y quedaron al descubierto dos prominentes pechos con sus pezones durísimos debido a la excitación que la embargaba también a ella, los chupé como si fuese un niño en busca de su leche, le besé su cuerpo y al llegar a la parte más íntima bajé su pantalón muy suavemente y quedó descubierta su tanga, para ser una catalana le quedaba muy bien su tanga brasilera, con mis dientes comencé a quitársela, ya estaba mojada de placer, se recostó sobre la cama le introduje mi lengua en su peluda concha, ¡qué rica estaba!

Gemía de placer desbordante, suspiraba de una manera muy especial, se incorporó y me quitó la ropa muy rápido y se tragó mi pene que ya estaba grueso y a punto de explotar, me hizo el sexo oral más espectacular del mundo, la acosté y decidí introducirle mi miembro en su concha, en su culo, en su boca, al momento de eyacular me dijo que se lo echara en la cara, hice eso y se lo frotó por todo su cuerpo, es más hasta bebió de mi leche, después de esos quedamos pasmados y mirándonos el uno al otro y con el pacto de no contar nunca jamás lo que había pasado.

Al fin había tenido entre mis brazos a la mujer que tantas veces había deseado, y muy pronto se volverá a repetir, ¡ojalá que sea hoy mismo!

Autor: Ader

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La mujer que tanto deseé

Gemía de placer desbordante, se incorporó y me quitó la ropa muy rápido y se tragó mi pene que ya estaba grueso y a punto de explotar me hizo el sexo oral más espectacular del mundo. La acosté y decidí introducirle mi miembro en su concha, en su culo, en su boca, al momento de eyacular me dijo que se lo echara en la cara, hice eso y se lo frotó por todo su cuerpo, es más hasta bebió de mi leche.

Hola amigos, la historia que a continuación escribo ocurrió hace un mes aproximadamente, la protagonista de dicha historia es una espectacular madura de 47 años de edad, yo tengo 30 años, vivo en una calle por donde diariamente transita mucha gente, al lado de mi casa existe un almacén de ropa donde trabaja la señora, casi siempre la veía pasar y de inmediato brotaban desde el fondo de mi cuerpo toda la pasión y el erotismo que solo ella me hacía sentir, mi ansiedad era indescriptible, se me alteraba la respiración, pero no me atrevía a decirle nada, primero por respeto y segundo por evitar un rechazo.

Voy a describir a la mujer que tantas veces me hizo sentir cosas que nunca sentí  con mujeres de la misma edad que la mía, es más, ni mi esposa me ha hecho sentir lo que ella me hace sentir, la catalana es una mujer esbelta, grande, de gruesas piernas, pechos grandes, cara angelical, un trasero prominente, se veía que se conservaba bastante bien, muchas veces cuando ella pasaba me miraba, pero lo hacía de una manera seria, razón por la cual no me atrevía a decirle nada, lo único que hacía después de verla era encerrarme en mi cuarto.

Cierto día, me dirigía hacia el supermercado y precisamente ella salía del almacén con rumbo muy parecido al mío, al verla de inmediato mi respiración se alteró, iba vestida con una minifalda bien corta y una blusa con un escote que mostraba sus grandes y provocativos pechos, al ver sus piernas y sus pechos de nuevo afloraron esos instintos de macho que me hacia imaginar a aquella mujer acostada en mi cama haciendo el amor como locos hasta extasiarnos, ella caminaba por la acera del frente, pero no dirigía su mirada para ningún lado, lo hacía siempre al frente.

Yo dejé que ella se adelantara para poder verla por la parte de atrás y así no ser visto por ella, al momento de llegar al supermercado, ella se detuvo en la puerta y al acercarme para entrar, me quedó mirando y cuál sería mi sorpresa que ella siendo tan seria se sonrió conmigo y me saludó diciendo – Hola, ¿como estás?-, yo con un tono entre alegre y nervioso solo atiné a decirle – Muy bien, gracias-

Me sentí como un tonto, me decía para mis adentros – aproveche esta oportunidad y hable con ella- pero no sé que me pasaba, estaba inseguro y temeroso, me apresuré a hacer las compras para la casa para poder salir rápido y poder mirarla de nuevo para sentirme bien y poder excitarme un poco más, pero al salir del súper ella ya había salido, decidí ir rápido a la casa para poder masturbarme un poco, mi pene estaba que se salía de mi pantalón, me tapaba para que la gente no se diera cuenta por la calle, al llegar a la casa me pasó algo placentero pero raro.

Mi esposa ya había llegado y me dijo que hiciéramos el amor, acepté, nos dirigimos hacia el cuarto donde hay un ventanal grandísimo, nos acostamos, y ya estaba yo encima de mi esposa haciéndole el amor y levanté la vista hacia la calle y a través de la cortina vi a la señora que estaba afuera del almacén, estaba de pie contra la pared mostrando sus pechos y con una pierna levantada contra un muro, de inmediato cerré los ojos e imaginé que hacía el amor con ella, ese fue uno de mis mejores orgasmos, mi esposa me dice: – Mi amor me hiciste sentir tantas cosas…, pero lo que ella no sabía era que mi cuerpo estaba con ella, pero mi mente estaba con aquella deliciosa señora.

Habían pasado ya unos 15 días que no había vuelto a ver a la señora, eso me parecía muy raro, fue tal mi curiosidad por saber que había pasado con ella, que me dirigí hasta el almacén con el pretexto de comprar ropa, y le pregunté al muchacho que me estaba atendiendo, él se sonrió y me dijo que estaba pasando unas cortas vacaciones, me causó curiosidad el porqué de esa sonrisa y me dijo que conmigo eran 6 personas del barrio que preguntaban por ella, para no levantar sospechas le dije que era que le estaba debiendo una plata y que quería pagársela.

Cierto día mi esposa viajó a su pueblo natal a visitar a sus padre y hermanos y me quedé solo en casa por razones de trabajo, decidí ir al cine para distraerme un poco, y al salir de la casa vi a la señora que venía a lo lejos para el almacén, esta vez ya estaba decidido a hablarle y decirle todo lo que sentía, cuando la tuve cerca me saludó con un delicioso, excitante y muy sexy “hola”, cosa que me puso a mil revoluciones, yo le contesté también con un hola y con un guiño de ojo, ella se sonrió y decidido la llamé y le dije – que pena molestarla, pero la verdad me gustaría conocerla, desde hace mucho tiempo he sentido cosas por usted, es usted una mujer bastante atractiva y sensual, ella se sonrojó y dijo que nunca le habían dicho esas cosas.

La invité al cine cosa que ella aceptó de muy buena gana, la esperé mientras hablaba con su patrón acerca de un aumento de sueldo que le había prometido, y nos dirigimos hacia el cinema, una vez allá en la mitad de la película le tomé la mano y ella apretó la mía, le di un beso, y se recostó contra mi hombro, me sentía en la gloria porque tenía a mi lado a la mujer que tantas veces había deseado, le propuse que pasáramos la noche juntos y que viviéramos una aventura solo para nosotros, ella también es casada.

Fuimos a mi casa y allí sin pérdida de tiempo nos dirigimos hacia el cuarto del ventanal, comencé a quitarle su blusa, su brassier y quedaron al descubierto dos prominentes pechos con sus pezones durísimos debido a la excitación, que la embargaba también a ella, los chupé como si fuese un niño en busca de su leche…

Le besé su cuerpo y al llegar a la parte más íntima bajé su pantalón muy suavemente y quedó descubierta su tanga, para ser una catana le quedaba muy bien su tanga brasilera, con mis dientes comencé a quitársela, ya estaba mojada de placer, se recostó sobre la cama le introduje mi lengua en su peluda concha, ¡qué rica estaba!

Gemía de placer desbordante, suspiraba de una manera muy especial, se incorporó y me quitó la ropa muy rápido y se tragó mi pene que ya estaba grueso y a punto de explotar me hizo el sexo oral más espectacular del mundo.

La acosté y decidí introducirle mi miembro en su concha, en su culo, en su boca, al momento de eyacular me dijo que se lo echara en la cara, hice eso y se lo frotó por todo su cuerpo, es más hasta bebió de mi leche, después de esos quedamos pasmados y mirándonos el uno al otro y con el pacto de no contar nunca jamás lo que había pasado.

Al fin había tenido entre mis brazos a la mujer que tantas veces había deseado, y muy pronto se volverá a repetir, ¡ojalá que sea hoy mismo!

Autor: Ader

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