Adictivo

Cambiamos nuevamente de posición y quedé con las rodillas en el sofá con el culo bien abierto, literalmente, sin hacerse esperar mucho volvió a invadirme tomándome fuertemente de la cintura mientras me susurraba cosas al oído, me encantas, decía entre jadeos, me encanta hacerte mío, volvió a decir, mordía mi cuello lamía mis labios, mordía mis oídos y me volcaba en un placer increíble.

Contaré un poco de mi, soy alto mido 1.85 peso 80 kilos, tengo el cabello largo pero suelo traerlo siempre atado, soy  delgado, moreno claro, de piernas largas y bien formadas, tengo 23 años actualmente y estudio economía. Este es mi primer relato, de vez en cuando suelo pasar por aquí y tan es así que me he decidido al fin a compartir una de las experiencias que me han sucedido, así que sin más les dejo con la historia.

Hay veces que a todos nos pasa, que en una noche de tantas, el cuerpo la mente y cada parte del cuerpo nos pide y exige descargar ciertas tensiones acumuladas, tan es así que buscamos alivio donde quiera que lo haya. En aquel entonces contaba con mis buenos 18 años y a esa edad las exigencias hormonales son bárbaras. Vivo en la Ciudad de México, y como muchos saben la mayoría solemos conocer gente más que interesante por el famosísimo chat. Pues bien andaba yo por el chat y después de 40 minutos de infructuosa búsqueda terminé platicando con un fulano con una foto, y no se veía mal, así que concretamos una cita para minutos después dado a que vivíamos realmente cerca.

Llegué al lugar citado y me concreté a esperar lo debido, a esas horas de la noche no conviene quedarse tanto tiempo solo.  Afortunadamente para mí mi cita apareció y quedé muy satisfecho. En nuestra plática jamás preguntamos edad ni nada, de hecho aún me sorprende, pues para que uno se vea con alguien  es asediado por cuestionamientos bastante específicos. Pero ahí estaba él en toda su maravillosa gloria, alto, delgado y blanco, atractivo, y con una cabellera más bien escasa (tenía unas grandes entradas) pero no precisamente calvo, solo que tenía el cabello muy corto, aún así todo eso, sumado a lo que ya me había gustado de él, no hacía más que favorecerlo.

Decidimos platicar y comenzamos a caminar sin rumbo, y terminamos en un parque de la colonia que es bastante grande, bastante oscuro y bastante solitario. Lo único que podía pensar en esos momentos era, “mira a donde te vienes a meter” sin embargo mientras la plática avanzaba comencé a tomar en cuenta otras cosas de él, no solo manteníamos una plática decente y constante, era inteligente incluso ligeramente insultante, de aquellas que no solemos tener con cualquier persona.  Comenzamos a caminar por el parque, con todo y la obscuridad cuando él pasó su largo brazo alrededor de mi cuello y yo lo dejé hacer.

Aún ahora me pregunto por qué nos comportábamos como si estuviésemos en medio de un cortejo si platicamos por un chat donde concretas otro tipo de cosas, aún así aquello me gustó más. Seguíamos platicando y ahondando más en la personalidad del otro, y en nuestras formas de pensar cuando pasó: nos quedamos unos instantes viéndonos el  uno al otro y sin pensarlo más, y por decisión mutua, nos plantamos un beso kilométrico que, aún ahora, me sigue dejando perplejo. Era grato poder besar a alguien de mi altura sin tener que agacharme, me tomé la libertad de pasear mis manos por su espalda, cosa que a él pareció agradarle, y que sus guturales gemidos me confirmarían después.

De repente tomó una de mis manos y la puso sobre su entre pierna, al instante adiviné su rigidez pero aquel endemoniado pantalón de mezclilla no me dejó adivinar más. Y mandando al diablo el lugar donde estaba, bajé para poder mirar de una vez aquello que, a buen seguro, pedía a gritos salir de su encierro.

¡Señores! Hay quienes sin correr tras la liebre la alcanzan, y como sacado de cuento estaba frente a mi uno de los ejemplares más hermosos que he visto, tamaño anchura, demonios por donde quiera que lo viera aquello ya empezaba a parecer demasiado. Y es que muy a pesar de lo que pueda decir la gente en general, nunca he buscado miembros gigantescos, porque si somos sinceros, hay que aceptar que en verdad duele.

Aún así  aquellos segundos que me dediqué a admirar no me fueron interrumpidos, y supongo que él sabía porqué. Así que superándome de mí primera impresión comencé a pasar mi lengua por cada parte hasta comenzar a tratar de introducirlo poco a poco en mi boca ¡era mucho!  Pero el morbo que aquel simple hecho me provocaba no me impidió seguir adelante;  de repente una pequeña ráfaga de aire frio me regresó un poco de serenidad bajándome en algo lo bruto. Retomando, ahí estaba yo con un tipo que me había atraído sobremanera, con la boca llena de la verga de ese tipo y los dos en medio de un parque deportivo, que a pesar de ser de noche solían meterse incluso niños a jugar o a saber que tipo de personas.

Como adivinándome el pensamiento se inclinó hasta mi oído y un la voz, enronquecida por su evidente excitación me dijo “vamos  a mi casa” con ese tonito que me redujo a un estado de masa temblorosa,  y que de haberlo pedido me habría dejado joder ahí mismo.
Tomamos un taxi, y no sé si fue por la excitación y el éxtasis del momento, pero llegamos en lo que a mí me parecieron segundos. Entramos a su casa y me invitó a pasar a la sala, apagó la luz y encendió una lámpara de mesa con un resplandor mucho más suave. Sin preguntar nada y sin yo oponer resistencia alguna nos volvimos a concretar en besos y caricias. Nuestras manos viajaron por el cuerpo del otro como tratando de memorizarlo. Le dio un ligero apretón y dijo “me encantan tus nalgas”, me gustó lo que dijo o más bien como lo dijo, con ese tipo de voz que debería ser prohibido. Ya para ese entonces nuestras manos habían cobrado ya vida y se habían dedicado a quitar cada pedazo de tela, que a esas alturas no hacía más que estorbar.

Respiré, y con ambas manos lo aventé ligeramente en el sofá, no se me había olvidado que me había dejado a media tarea en el parque y yo quería continuar.  Lo tomé con una mano y sin mediar palabra comencé a pasar mi lengua y boca sin inhibición y con entrega toda, de esa manera carente de egoísmo que él no solo pareció fascinarle  y que a mí me causaba satisfacción. Tomó mi cabeza para regular la velocidad con la que lo hacía, o para poder tomar un poco de aire que para esos momentos seguramente le estaba haciendo falta. No sé aún cuanto tiempo me dediqué a esa tarea, solo que de repente sentí como  él me separaba de su cuerpo y me reemplazaba en el lugar en el que él estaba.

Se dedicó a lamerme ligeramente, después averiguaría que no le era tan grato hacer el sexo oral, pero a cambio me dio un placer hasta entonces desconocido para mí: levando un poco mi trasero, abriendo mis largas piernas y su lengua, ávida y ágil me asaltó de una manera que jamás había experimentado. Aquello era nuevo, no sabía si gemir o gritar, me olvidé de respirar ¡no podía ni pensar!, y la verdad era que me moría de gusto y placer, no tenía nombre para mí en ese entonces aunque ahora sé que le decimos sencillamente beso negro, cabe decir que para mí no fue negro: pasaba de ver negro, a blanco y estrellado y un sinfín de colores más.

Cuando se retiró de aquella afanosa tarea, estuve tentado a protestar pero al verle a los ojos pude notar ese brillo que, con lo que me quedaba de lucidez en ese momento, me decía que lo que me deparaba todavía no era ni la mitad de lo que venía, y recordando sientas dimensiones debo confesar que sentí temor, ligero si pero ahí estaba agarrado con mis altos niveles de excitación y que combinado con el morbo del momento terminó por perderse muy lejos. La punta de su pene comenzó a juguetear en mi entrada cosa que me excitó aún más, pero a las primeras presiones supe con certeza que aquello no sería tarea fácil. Yo para aquel entonces a pesar de ya haber tenido novio (mi única experiencia sexual) él no le llegaba ni a la mitad (ni de altura ni en medidas).

El seguía intentando y a mí me seguía doliendo, tomé una decisión, así que tratando de imitar su tono de voz le dije “siéntate” para mi fortuna él obedeció. Pensando en lo que tendría que hacer me lancé a saborear nuevamente aquel falo que se erguía orgulloso de sí mismo, al mismo tiempo y aprovechando la humedad de mi entrada comencé a prepararme con mis propios dedos, una vez sentí que estaba más relajado me senté a horcajadas sobre él y quedando de frente volví a robarle otro beso mientras terminaba de acomodarme.

Respiré tratando de relajar todos mis músculos y dirigí nuevamente la punta a mi entrada, me dolía solo que esta vez y para satisfacción de los dos aquella gruesa cabeza logró entrar en mí. Seguí preparándome dejando entrar y salir de apoco su pene  y cuando  ya iba por más de la mitad me dejé ir liberando un gemido por parte de él y un ligero grito de mi parte, respiraba tratando de relajar las contracciones que mi esfínter daba de protesta ante tal intromisión. Y una vez estas disminuyeron comencé a moverme de arriba abajo, poco a poco, como si temiera que algo dentro de mí se fuera a romper saboreando cada centímetro de él y gozando de su cara de plena satisfacción. No tomó mucho rato para mí el acostumbrarme, y él lo notó de inmediato retomando así el control.

Volvió a cambiar de posición conmigo recostado en el sofá y él entre mis piernas entrando dentro de mí, tan profundo como nadie lo había hecho ¡y de qué forma! Su ritmo era constante, fuerte que me hacía temblar cada vez que llegaba hasta el fondo con cada arremetida, unas gotas de sudor resbalaron de su frente a mi pecho, haciéndolo más cautivador a mi vista, yo por mi parte me dedicaba a contraerme para hacerle sentir más y pedirle que no parara, que me gustaba lo que hacía y que dicho sea de paso no era más que la verdad.

Cambiamos nuevamente de posición y quedé con las rodillas en el sofá sosteniéndome del  respaldo y con el culo bien abierto, literalmente, sin hacerse esperar mucho volvió a invadirme tomándome fuertemente de la cintura mientras me susurraba cosas al oído “me encantas” decía entre jadeos “me encanta hacerte mío” volvió a decir, mordía mi cuello lamía mis labios, mordía mis oídos y me volcaba en un placer increíble.

Por tercera vez en esa noche volvimos a cambiar de posición, lo que me permitió tomar un poco de aire. Tomó posición quedando nuevamente encima de mí y continuo, sus movimientos comenzaron a hacerse más fuertes e irregulares, sus gemidos se hicieron unos tonos más graves y me apreté más a su cuerpo, contrayendo mas mi interior. Sentí como me tomaba del miembro para empezar a masturbarme mientras me gritaba “vas a hacer que me venga”, sus movimientos se transformaron en embestidas casi brutales y con un fuerte alarido se descargó por completo en mi, llenándome de su ser y haciéndome terminar al mismo tiempo qué él en uno de los orgasmos más deliciosos que he tenido.

Cayó exhausto sobre de mi, por mi parte muy apenas sentía mis piernas, la respiración era entrecortada, y nuestros cuerpos estaban bañados en sudor…

Más adelante comprendí que aquello se había vuelto adictivo para mí.

Autor: enigma_dark

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