Empezó como un juego

Sentía que tenía el control, sentía un poder, que nunca antes había sentido, una de sus manos fue directo a su vagina, y comenzó a masturbarse con frenética intensidad, sentía sus fluidos deslizarse por los dedos, mientras, con la otra mano ella tomó sus testículos y los masajeó con ternura con la palma de su mano, mientras con el dedo medio le rozó con áspera ternura el culo a Adrián.

Restregaba sus tetas ya sin pudor alguno por sobre la blusa azul, su verga como una estaca se erguía hacia un costado prisionera del pantalón, la rozaba una y otra vez en un vaivén que cada vez se aceleraba más, como si la penetrara con la ropa puesta. Ella sentía ese trozo de carne caliente recorrerle el culo y acompañaba cada uno de los movimientos.

– Largá, que nos va a ver mi marido decía entre sollozos con la voz entrecortada casi inaudible, sin estar realmente convencida de querer detenerlo. – Mirá, mirá como me dejaste la verga – le susurró en la nuca, hundiendo su nariz en su espesa cabellera, que tanto lo calentaba. – puta… mira como me tenés…- susurro nuevamente, con un siseo pervertido que se transformó en un escalofrío que recorrió toda su espalda…

Sin tapujos tomó su mano por la muñeca y la condujo a su entrepierna, sin darse la vuelta, Marta se llenó la palma con el trozo de Adrián, y ahora lo masturbaba por sobre el pantalón de un costado a otro, percibiendo palmo a palmo la textura del jeans. Presionaba la mano con toda su fuerza, como queriéndole infligir algún daño por el estado en el que ella se encontraba. Lo que había empezado como un juego hacía un par de horas, se le estaba yendo de las manos. El sentirlo en esa actitud arrogante y descarada le provocaba una mezcla de temor y excitación, que sumado al morbo de estar separada de su marido por tan sólo un pasillo de escasos 6 metros la hacían calentarse a temperaturas nunca antes sentidas, si hasta había olvidado que Cecilia la esposa de Adrián también estaba en el comedor.

-¡Apúrense… que se están perdiendo la mejor parte! Gritó Gabriel desde el comedor, ignorando que la mejor escena la estaban montando su hermano Adrián y su mujer en la cocina de su propia casa.

Ella se dio vuelta, su cara estaba desencajada, su cabello algo revuelto, ya no recordaba que le había llevado casi una hora peinarlo, agitada, y sin palabras tomó a Adrián de la camisa, con ambas manos, arrugándola, apretando fuerte los dedos, trayéndolo hacia ella, sus ojos se habían clavado como puñales en los de él, lentamente acercó sus labios a los de Adrián, que se dejaba hacer, sus labios quedaron a escasos milímetros, y ella rozaba suavemente los de él, respiraba de su aliento de macho en celo, una y otra vez llenaba sus agitados pulmones con el aire espeso y caliente que emanaba de esa boquita que la traía alzada desde hacía ya dos años.

Una voz, muy pequeña, casi ahogada, en algún recóndito rincón de su mente le decía que no, que había tiempo para detener esa locura… que aún no estaba todo perdido… pensá en Gabriel… decía… ellos son hermanos… no le podes hacer esto… sus manos ya habían liberado la ahora, arrugada camisa, y se deslizaban como serpientes hacia el rostro de Adrián, quien la abrazaba fuerte por la cintura, que rico era respirar su aliento… y de improviso, como una lanza certera y venenosa lanzó su lengua como una adolescente excitada en la boca de un Adrián que supo responder, tap, toc, tac… el ruido los paralizó a los dos, tap, tap, toc… ambos a la vez giraron sus cabezas hacia la cacerola, y se dieron cuenta que las palomitas empezaban a cocinarse toc, tac, por un segundo sus corazones se detuvieron, por un segundo se detuvo el tiempo, pero sólo un segundo, ahora volvían a su ajetreo, ya sin restricciones, poco parecía importar todo, muac, suac, los chasquidos de sus lenguas ahora desmesurados los llevaban lentamente hacia un descontrol sexual insoportable, sus genitales les quemaban, y las palomitas de maíz eran el cómplice perfecto para esconder en su alboroto los inevitables sonidos de la cópula…

Adrián no aguantó más, el pene le iba a estallar, y mientras refregaba su boca en la de ella, desabrochó su cremallera y liberó al ávido hombrecillo escondido en su bóxer. Ella lo notó, todo iba muy rápido, y ese fuego entre sus piernas había hecho desvanecer a aquella esposa sumisa que había sido durante todos estos años, su vagina ardía deseosa de una buena verga, y sus bragas vergonzosamente empapadas ya no contenían sus fluidos y un par de hilitos de néctar recorrían ahora sus piernas hacia el piso, lo que la hacía flotar de gozo. Sus manos soltaron la despeinada cabellera de Adrián y se dirigieron descaradamente a su miembro, se detuvieron por un instante, ella tomó algo de distancia para ver aquel miembro carnoso y no daba crédito a semejante monumento, no era de gran porte, pero por alguna extraña razón le parecía un pene maravilloso, la textura, la consistencia, chorreaba un líquido caliente y transparente, y aunque en más de una ocasión su esposo le pidió que se lo mamara, esta fue la primera vez que sintió el irresistible impulso de abalanzarse sobre él, tenía que comerlo…

Era necesario sentir su sabor, su olor de cerca… y era delicioso, lo introdujo de un sólo movimiento en su boca y ahora lo recorría suavemente con su lengua, delicioso… de haberlo sabido antes… pensaba Adrián ya no aguantaba más, jadeaba como un animal… apenas tenía fuerzas para mantenerse de pie, tuvo que apoyar una de sus manos en la pared para no caer, la otra ahora acariciaba tiernamente la nuca de su cuñadita quien le proporcionaba la mejor mamada de toda su vida… el verla arrodillada frente a él le provocaba un morbo insoportable, la verga le iba a estallar, en cualquier momento…

Ella seguía saboreando esa verga que parecía haber sido hecha para ella, era deliciosa, y ahora había empezado el meneo característico hacia adelante y hacia atrás, masturbándolo suavemente con sus labios, rozando su sensible piel con los dientes, muy suavemente, las contracciones de su amante le indicaban que hacía lo correcto, deseaba con todas sus fuerzas que él se corriera en su boca, era algo que le había causado asco toda su vida, pero ahora sentía la imperiosa necesidad de sentir ese líquido espeso y caliente en su boca, quería tragar su semen ya… No aguantaba más, estaba a punto de estallar, una parte de él quería advertirle que iba a correrse, muchas mujeres odian que se corran en su boca, pero por otro lado sentía un odio sexual hacia ella tal, que quería correrse en su boca y vaciar hasta la última gota de semen en su dulce boquita…

Ella parecía advertirlo y mientras se engullía su verga hasta el fondo otra vez, levantó un poco su cabeza para verlo directo a los ojos, sentía que tenía el control, sentía un poder, que nunca antes había sentido, una de sus manos fue directo a su vagina, y comenzó a masturbarse con frenética intensidad, sentía sus fluidos deslizarse por los dedos, mientras, con la otra mano ella tomó sus testículos y los masajeó con ternura con la palma de su mano, mientras con el dedo medio le rozó con áspera ternura el culo a Adrián. Este último movimiento no estaba en los planes de Adrián quien estaba convencido de aguantar unos segundos más, y explotó en un orgasmo descomunal, hizo un gesto de dolor, y mostró sus dientes con ira, pero sin dejar de mirarla a los ojos, su semen fluía con violencia, sentía como sus testículos se exprimían con dolor, como el semen corría en torrentes espesos y dolorosos atravesándole la verga.

Ella sintió el primer chorro de semen chocar y desparramarse con furia contra el fondo de su paladar, instintivamente enterró ahora su dedo medio por el ano de su amante, quien ahogó un grito de placer incontenible, ploc, ploc, el semen seguía fluyendo, y fue allí, con el tercer chorro donde ella explotó en un orgasmo satánico, que estalló en su vagina y como un rayo se trasladó por su espalda hacia todo el cuerpo, perdió el conocimiento por unos instantes mientras como una canilla inagotable, fluía de aquel pene maravilloso ahora por fuera de su boca, incontenible, los chorros algo más debilitados que embadurnaban su rostro, su cabello, el semen se le escapaba ahora por ambas comisuras de los labios, y recorrían lentamente su cuello, manchando su blusa nueva, su falda, el suelo, el semen se escapaba, y lo disfrutaba con golfa pasión, ese sabor nuevo, caliente, espeso, hediondo, salado, delicioso.

Los últimos chorros de semen seguían escapando de aquel pene ya rendido, que empezaba a perder consistencia. Ella se incorporó, y sin darle tiempo a Adrián le partió la boca con un beso francés digno de la mejor película porno, al principio sintió rechazo, pero terminó gustándole, sentir el sabor de su propio semen, en la boca de la perra que le había hecho tocar el cielo. Qué bien besa esta puta, pensaba mientras le masajeaba el culo con ambas manos sin pudor, el olor de las palomitas quemadas, se expandía por toda la casa.

Que pasa que no vien… Gabriel quedó paralizado al ver semejante escena, su hermano y su esposa chuponeando frente a él… Puedo explicarlo dijo Marta mientras unos hilos de semen se separaban lentamente de su boca y la de Adrián, puedo explicarlo gritó. Marta, Marta… Marta… Marta… despertate… es una pesadilla, dijo Gabriel algo dormido todavía, el techo de la habitación giraba y Marta no había terminado de entender que era todo un sueño, mientras repetía puedo explicarlo, puedo explicarlo…

Era un sueño, un “hermoso” sueño, pensaba Marta, empapada hasta las rodillas, hay amor que sueño horrible tuve, no sabes…

Autor: Emetescucha

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La novata amiga de mi hermana

Se subió en mi polla, al comienzo lo hizo suavemente, luego se sentó un poco más, pero le dolió, así que intentó retirarse, la agarré de la cintura penetrándola completamente. Ella dejó escapar un grito mezcla de placer y de dolor, sentía lo caliente y lo estrecho de su chocho, se comenzó a mover hasta que cabalgaba como una yegua loca. Tuvimos prácticamente un mismo orgasmo.

Mi hermana invitó a una amiga a casa, ya que mis padres salieron de viaje, y yo me iba a una fiesta. Esa noche llegó Adriana, así se llama la amiga. La conocía desde muy niña pero últimamente estaba hecha toda una mujer. La saludé rápidamente, ya que yo iba de salida. Esa noche me la pasé bailando con una amiga cuyas tetas siempre me trajeron loco, pero tenía novio, así que no me atrevía a hacer nada.

Regresé a mi casa súper caliente y dispuesto a hacerme una pajita, pero para mi sorpresa, encontré a Adriana durmiendo en mi cama, entonces me acordé de que le había dicho a mi hermana que no iba a volver hasta el día siguiente. Para esto, Adriana estaba destapada y solo dormía con una trusa sexy larga que se le había subido, dejando al descubierto su coñito sabroso y bien depilado, así que decidí jugármela y cuidadosamente separé sus piernas y empecé a lamérselas muy suavemente, para que no se despertara. Pero aún así se despertó, yo me asusté y traté de pedirle disculpas pero ella me pidió que siguiera, ya que esa noche ella y mi hermana habían encontrado una de mis películas preferidas y en ella salía como le comían el coñito a una chica y se había quedado muy caliente.

Yo no me hice de rogar, primero le quité la trusa y dejé al descubierto sus grandes tetas, cuando quité su sensual sostén y con sus pezones rosaditos, que aún me excitan mucho. Empecé a jugar con ellos, pellizcándolos y lamiéndolos muy suavemente, se comenzaron a poner duros y su respiración empezó a agitarse poco a poco. Seguí bajando por su estómago, hasta detenerme en su ombligo. Luego seguí bajando, empecé a lamiéndole los bordes de su coño, con lo que ella se volvió loca y empezó a moverse, tratando que penetrara mi lengua más adentro y no la hice esperar, fui avanzando hasta encontrar su clítoris.

Cuando mi lengua hizo contacto con el, empezó a soltar unos gemidos, primero entrecortados y luego más seguidos. Le dije que mordiera la almohada para que no hiciera mucho ruido, seguí jugando con su clítoris hasta llegar a su boca y le di un largo beso dejándole esa delicia de clítoris. Le pregunté si le había gustado y me dijo que sí. Le dije que eso era solo el comienzo. Me quité la ropa, liberando mi polla que estaba a punto de reventar y, sin decirle nada, la puse en sus labios.

Primero me dio una mirada extraña, pero decidió hacer lo que había visto en la película, así que empezó a mamarla, no tenía experiencia pero el esfuerzo que hacía por hacerlo bien bastaba. Estuvo mamando hasta que me corrí en su boca, mientras descansábamos, le pregunté si quería sentir mi polla dentro de ella me dijo que no, porque aun era virgen y me decía que no quería sentir dolor. Le dije que iba a sentir un poco de dolor, pero que el placer iba a ser mayor. Me llevó un rato más convencerla, pero finalmente aceptó, sólo si la dejaba sentarse encima para que ella pudiera salirse si le dolía mucho. Se subió en mi polla, que estaba armada nuevamente.

Al comienzo lo hizo suavemente, dejando que mi cabecita sintiera el calorcito de su coñito. Luego se sentó un poco más, pero le dolió, así que intentó retirarse. Pero en mi excitación la agarré de la cintura y la llevé hacia abajo, penetrándola completamente. Ella dejó escapar un grito mezcla de placer y de dolor, y la dejé en esa posición un rato para que se acostumbrase a ese momento. Fue uno de los que más disfruté, ya que sentía lo caliente y lo estrecho de su chocho. Luego de un rato, empecé a moverme, suavemente al comienzo.

Ella dejaba que yo hiciera todo pero, mientras más avanzaba su excitación, se comenzó a mover hasta que cabalgaba como una yegua loca. Tuvimos prácticamente un mismo orgasmo, que nos dejó rendidos al punto de que al rato nos quedamos dormidos.

Al día siguiente, mi hermana entró a mi cuarto a buscar a su amiga y la encuentra desnuda durmiendo encima de mí. Al comienzo pensé que mi hermana iba a hacer un escándalo, pero Adriana me pidió que las dejara a solas un rato. Cuando volví, las dos tenían una mirada traviesa, mi hermana me dijo que no iba a decir nada con la condición de que yo le consiguiera quien le hiciera lo mismo, ya que entre hermanos, no ¿verdad?

Y aun sigo viendo a Adriana, y cuando podemos, cogemos como unos desenfrenados, pero ésa, es otra historia…

Manden comentarios.

Autor: Adrián

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Me cogí a mi vecinita

Se lo metí hasta su virginidad, donde tuve que penetrarla con fuerza para que se desvirgara. Empezó a sangrar, pero solo yo me di cuenta pues ella me agarraba por la espalda y yo la bombeaba, la tenía abierta debajo de mí y empalada, y le empecé a dar más duro, ella solo gemía, su cara de niña me dio lástima. ¡Sí! Increíblemente, me la estaba follando y me dio lástima. Y me vine dentro de ella.

Para comenzar esto sucedió un martes de septiembre del año pasado en Panamá, en San Francisco, vivo en un edificio y tengo 22 años, me llamo Adrián y vivo con mi mamá y hermana…. ellas trabajan todo el día…. mi hermana va a casarse éste verano. Tengo una vecinita desde los últimos 5 años que me mudé a este edificio, ella tiene 18 años ahora, así que la he visto prácticamente crecer, acaba de graduarse de la escuela y recién entró a una universidad cerca de nuestra casa, su familia tiene suma confianza con la nuestra aunque yo hablo poco con ellos…. a veces les he reparado su computadora. Ella de niña siempre iba así a mi casa recién nos mudamos y los primeros años, pero con el pasar del tiempo, pues ya solo pasamos a saludarnos esporádicamente en las escaleras.

Durante los últimos años la había visto engordarse bastante y le comenté a mi mamá que algo raro le pasaba a Sofía, pero ella me dijo que era normal pues se estaba desarrollando. Yo no le hice caso, pensé que las niñas ya se desarrollaban como a los 13 años… a los 15, el engordarse es pura excusa barata. – pensé. Habrán pasado unos 7 meses cuando un día regresaba yo de la tienda de la esquina y me encuentro con mi vecinita sentada en las escaleras… yo casi no la reconocí… llevaba el cabello suelto, una cabellera castaña. Wow!… y que sonrisa… ya se imaginarán, quedé medio pasmado, pero logré seguir caminando hacia ella.

– ¿Qué pasó? ¿Te quedaste por fuera?- Sí… no tengo llave. –contestó.- ¡Vaya! ¿Y tu familia va a demorar?- Bueno, la verdad, no sé…- Mmm… ¿Quieres esperarlos en mi casa?

Ella me miró por un segundo como dudando.

– Bueno, ok.

Su departamento estaba justo frente al mío, así que no habría problema en saber cuando llegara su familia. ¡Wow! Cuando iba subiendo las escaleras tras de ella me iba preguntando. – ¿De dónde le salió ese culo? Cerré solo la reja de afuera de la puerta y dejé la de madera abierta. Ella se sentó en el sillón pegado a la puerta.

– Bueno… yo voy a mi cuarto… solo atiné a decir.

¡Ooohh! Que tronco de mujer… y es que debido a su gordura, o que sé yo, le habían quedado unas tetazas de antología, y había rebajado un montón… la tipa estaba buenísima. ¡Puta madre! me dije… tenía que ser mi vecina… en buena hora y mala… ¡chucha madre! De verdad que la tipita estaba… ¡de lo mejor!…yo me fui al cuarto para bajarme las ganas de tirármele encima y calmarme un poco la excitación. En eso escucho una voz desde la sala.

– Ya llegaron Adrián.- No habíamos ni terminado de entrar casi.- ¡Ah! ok… bueno, nos vemos. – Su mamá y hermanita. (De unos 12 años)

Se alejaba de mí esta niña que dormía en la casa de al lado mío y que nunca antes había visto con estos ojos. Ya se imaginarán las pajas que le dediqué…y ahora cada vez que salía, esperaba encontrármela. Yo la verdad no pensaba hacer más que eso, pues era mi vecina, y me traumaba el hecho de que no fuera a culeármela nunca. ¡Coño! – ¿quién se la irá a culear?… siempre me preguntaba. – ¿quién le va a chupar esas tetas? ¿Quién le irá a meter su pipí en la boca a esa perra? No terminaba de pensar en eso cuando otra paja era mi destino. Siempre la saludaba con una sonrisa, pero era una sonrisa para una niña buenísima… ustedes saben… de levantador…. de: -“me gustas chichi”. Esa hembrita se estaba dando cuenta de lo que tenía, la veía llegar ya muy arreglada, se le veía que el tener ese culo y esas tetas, ese cabello y esa cintura, le habían abierto la mente.

– Debe tener la mota llenecita de pelo ya. – pensaba. Hasta que ayer… se fue el agua en mi edificio, y se fue en su casa, pero en la mía tenemos tanque de agua. Sonó el timbre de mi departamento, era su madre.

– ¿Sí?- ¡Ay! Adrián…. mira…. se nos fue el agua en la casa…. ¿ustedes tienen agua?- Bueno, sí, yo creo… sí.- Disculpa, ¿crees que Sofía se pueda bañar en tu casa? es que ahora se va para la U.

¡Wow! Esa niñita bañándose en mi casa, estuve a punto del infarto, pero sin mostrar mi brutal desenfreno mental, solo contesté normalmente como a quien no le importa.

-Sí, claro señora…- Ay, gracias, mijo… ¡Ven Sofía! – la llamó. Salió la reina de mis pajas en un shortcito y un shirt sin mangas. – Ay, gracias Adrián… yo me tengo que ir… voy al supermercado. – concluyó la señora. – Ok, pasa Sofía.

Entró Sofía a mi casa mientras su mamá bajaba las escaleras, yo dejé la puerta de la casa abierta y la señora dejó la de su casa abierta. “Para mantener a su hija segura”, supongo.

– Gracias me dijo mientras entró con su toalla al hombro, pero en esa mirada ya no había tanta inocencia, era una mirada… algo rara. Yo no me lo creía. – Bueno, ya sabes donde está el baño. – Sí, claro… – Yo voy a seguir con una traducción que estoy haciendo en mi “compu”. – Ok.

Yo me fui a mi cuarto alucinado, esperaba que se escuchara el sonido de la regadera en cualquier momento para ir a espiar por las rendijas del baño, pero pasaron al menos 1 minuto y no escuchaba yo regadera alguna, así que continué con lo mío. En eso decido algo un poco más atrevido y me acerco a la puerta.

– Oye. – afuera el lobo.- ¿Sí?. – adentro la caperucita.- Oye, ¿tú sabes inglés? – Sí,.. ¿Por qué?- Oye, como se dice: ” entonces el auto la arrojó contra el pavimento”…era lo que yo traducía.

Ella me comenzó a decir… pero yo no entendía mucho… continuaba dictándome desde dentro del baño, pero yo le continuaba diciendo que no entendía, que me lo repitiera nuevamente, así estuvimos como por 1 minuto… yo creo que ella ya se estaba molestando. Cuando escucho el cerrojo de la puerta abrirse, y sale ésta mujer con su sostén puesto y la toalla bajo en la parte de abajo. Quedé paralizado mientras ese par de tetazas saliéndose casi del brassiere pasaron frente a mí rápidamente hacia mi cuarto. Se dirigía a escribirlo en la computadora rápidamente. ¿Pero qué estaba pensando esta tipa? ¿Creía que yo era su hermanito o qué carajo?

Yo ya estaba endiablado y la seguí al cuarto… ella se dobló sobre el teclado para no sentarse, pero con eso me dio una idea del culonsón que tenía debajo de esa toalla. Lo que hice de ahí en adelante fue solo instinto. Me senté en la silla y la halé encima de mi pene super erecto bajo mi pantalón, ella se sentó por un segundo e hizo ademán de levantarse rápidamente, pero yo la agarré por las tetas encima de su sostén… solo inclinó su cabeza hacia atrás sobre mi cuello… le apreté sus melones mientras se retorcía sobre mi pipí. Pero solo fueron unos segundos.

– ¡No Adrián!, no… ¿Qué estás haciendo?

Y se zafó de mí hacia el baño, yo la seguí como un perro en celo y la alcancé dentro y tuve entonces esos tetones frente a mí y los apreté mientras la empecé a besar. No fue ni un segundo de forcejeo cuando la niña cedió al deseo dentro de ella. Le saqué las tetas del brassiere y le di una chupada a cada una de locos, ella jadeaba como una perrita en celo. Entonces bajé hasta la toalla y cual sería mi sorpresa que ya no tenía el panty y tenía la chucha completamente llenita de pelo. Como yo me lo imaginaba y correspondía a su edad. La miré por un segundo y tenía como una mirada de miedo en su cara… claro… primer hombre que la miraba desnuda completamente.

Le levanté su pierna izquierda por encima de mi hombro izquierdo con lo que quedó mi boca con esa almejita abierta frente a mí y le empecé a meter lengua como loco. La chiquilla jadeaba y gemía como solo en películas porno he escuchado, tanto gemía que me dio miedo que alguien afuera escuchara. Le estaba dando lengua de la buena y dedo como loco, estaba que se venía la niña, yo seguía y seguía… quería que ésta nena disfrutara su primera vez como una perra… sé que si me culeo a ésta niña bien, va a regresar siempre por más. Le di lengua como por 10 minutos y estaba como loca. Cuando la miré tenía los ojos que ni podía abrirlos, supe que estaba lista para la foto. Salí del baño y cerré la puerta de mi casa… la llevé a mi cuarto…estaba como hipnotizada.

– Ahora vas a saber lo que es saborear un caramelo. – le dije, y me desnudé. Me acosté boca arriba.

– ¡Chupa! – fue solo una orden.

La imagen vivirá para siempre en mí, casi lloró, su primera mamada, imaginé, abrió la boca más grande que he visto y se lo metió todo… y empezó la mamada más rica que me han dado en mi vida, yo le agarraba el cabello solamente un poco y la guiaba otro rato, ni me miraba, solo chupaba una y otra vez. ¡Y que le tiro mi leche en su boca, ella se quitó enseguida claro está y yo tomé su toalla y me limpié el resto de esperma de mi pene y su cara, saqué un condón de mi cartera que estaba justo cerca de mi cabeza en la cama.

– No por favor… soy virgen. – Sí… yo se…pero desde hoy ya no…

Y le empiezo a mamar las tetas ricas otra vez… ella se estremecía… digo… su primera experiencia con su cuerpo…Pero justo antes de metérselo, que me acuerdo que tengo unas pastillas para no preñar, en el baño de mi cuarto que eran de mi novia. Me paré rápido y traje el frasco con una pastilla, son para después del acto.

– Mi amor, que suerte tienes… vas a probar carne libre.

Y me saqué el condón, le puse mi pene en su valle lleno de pelo y se lo metí hasta su virginidad donde tuve que penetrarla con fuerza para que se desvirgara. Empezó a sangrar, pero solo yo me di cuenta pues ella me agarraba por la espalda y yo la bombeaba.

– ¡Ay! me duele, me duele… – ¡Sí, mi amor! Nada más aguanta un poquito…

Pero la tenía abierta debajo de mí y empalada, así que no iba a dejarla y le empecé a dar más duro, ella solo gemía y empezó a llorar. Teníamos nuestros cuerpos pegados y sudados. Su cara de niña por un instante me dio lástima. ¡Sí! Increíblemente…. me la estaba follando y me dio lástima. Y me vine dentro de ella. Ahí quedé listo yo… con esa niña en mis brazos, sangre en la cama y un sentimiento de culpabilidad creciendo.

¡Puta madre, me cogí a mi vecinita!

Autor: Adrián

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Yo soy tu papi

Era evidente que esto le gustaba y que era el momento que había estado esperando. Despacito, Martín, disfrútala toda. El chico seguía lamiendo y de a poco aprendía el arte del sexo oral. Mi verga erecta ya estaba dentro de su boca. La saqué para que viera lo dura que la tenía y con una voz temblorosa me dijo: papi, no sabés lo caliente que tengo la cola, quiero que me la metas toda.

Siempre me gustaron las historias de incesto entre padres e hijos. Encienden algo dentro de mí que no puedo explicar. Me estremece y me excita al punto del orgasmo imaginar esas historias tan calientes y morbosas. Acá les dejo una ficción de mi autoría. Espero que les guste y les sirva de inspiración en esos ratos de autosatisfacción… o porqué no con alguien más.

Hace poco sucedió algo que nunca imaginé que podría pasar. Yo soy Adrián, un hombre de 44 años separado. Vivo solo con mi hijo Martín. Él tiene 19 años y es un chico divino. Es muy bonito, con rasgos muy delicados, y un cabello que le llega casi hasta los hombros. Siempre pensé que era un muchachito muy atractivo, pero mi pensamiento no pasaba de ahí.

El cambio lo fui notando desde hace más o menos tres meses. Al vivir los dos solos y estar mucho tiempo juntos, noté que Martín me miraba bastante. A veces lo hacía un poco de costado, como para que yo no me dé cuenta. También me observaba cuando yo andaba ligero de ropas, o sin remera, con el pecho descubierto. Yo me preguntaba el porqué de esta situación. Además reparé en que mi hijo no salía con chicas, y eso me daba a sospechar algunas cosas.

A decir verdad, yo hacía rato que tampoco estaba con mujeres. Luego de la separación con mi ex mujer mi vida era un poco más promiscua, y mis apetitos sexuales comenzaron a virar hacia otro sentido…

Así fue que de a poco yo también fui mirando a mi hijo de otro modo. Esto me creaba dilemas morales. Se trataba de mi propio primogénito, y ni siquiera estaba completamente seguro de que él tuviera las mismas predilecciones que yo estaba teniendo en ese entonces. Hasta que un día lo pude comprobar con mis propios ojos.

Yo estaba en el baño. Me había terminado de duchar, y me encontraba ahí secándome, un tanto excitado. Cedí a la tentación y empecé a masturbarme. La puerta estaba entreabierta, y en eso lo veo a Martín detrás de ella, observándome con su respiración entrecortada. Yo disimulé como si no lo hubiera visto. Después de unos segundos, se fue a su habitación.

Sin hacer ruido lo seguí, y lo vi sentado sobre su cama, totalmente desnudo, haciéndose la paja con sus ojos cerrados. Jadeaba agitadamente y emitía pequeños gemidos. Ahí me di cuenta que era un mariconcito… lo que también me di cuenta era que ese mariconcito me gustaba.

Él estaba en bolas y yo también. Entré a su cuarto y cerré la puerta tras de mí. Al verme se sorprendió y se quedó inmóvil. Suavemente le dije que no se preocupara, que entendía lo que él hacía. Me senté a su lado y le di un beso en la boca. Pasé mi lengua por su cuello y por el lóbulo de su oreja para excitarlo aún más. Ya lo tenía listo.

Me levanté, me paré delante suyo y acerqué mi pene erecto a su cara. “Martín, amor mío, yo te voy a enseñar a estar con un hombre. Hace rato me tenés caliente y sé que sentís lo mismo. A partir de ahora vamos a poder estar libres en esta casa, amándonos y teniendo sexo cada vez que quieras”. Él no decía nada pero miraba mi miembro con deseo. “Como tu padre y como hombre voy a enseñarte a ser un putito y que me satisfagas de todas las formas posibles”. Paso seguido aproximé mi verga a su boca. Sus labios se abrieron y engulleron mi pedazo de carne. Yo no podía creer que mi hijo me estaba chupando la pija.

Era evidente que esto le gustaba y que era el momento que había estado esperando. “Despacito, Martín, disfrútala toda, mmmmm…”. El chico seguía lamiendo y de a poco aprendía el arte del sexo oral. Mi verga erecta ya estaba dentro de su boca. La saqué para que viera lo dura que la tenía y con una voz temblorosa de placer me dijo: “papi, no sabés lo caliente que tengo la cola, quiero que me la metas toda”.

Esa frase me obnubiló por completo y mis sentidos se fueron a mil. Le di el gusto y lo puse de espaldas contra la cama, sus piernas sobre mis hombros para que su ano estuviera bien dilatado y así ambos nos viéramos las caras de placer. Le puse saliva en su agujerito y muy despacito le introduje la poronga. Tenían que oír esos gemidos que daba Martín. Era su primera vez y lo que experimentaba fue fuerte para los dos. Una vez que estuvo adentro y que no había problemas comencé a meterla y sacarla. “¿Te gusta, bebé?” le pregunté. “Ay, sí papá, seguí así que me gusta”. Se la seguí dando mientras le decía “uy como te quiero putito, te vas a comer toda la leche de papá”.

Mi niño me respondió: “¡Si, pá, me gusta la verga! ¡Seguí que no doy más! ¡Seguí!”. Entonado por sus palabras le día más duro. Mi hijo se estaba haciendo hombre, aunque lo que más quería era ser mi putito. Acabé chorros de leche que golpeaban en su colita que hasta hace minutos era virgen. Mi semen se desparramaba por su esfínter y sus piernas. Para recompensarlo lo masturbé hasta hacerlo eyacular en mi boca. Nos dimos un beso en el que compartíamos el semen de una boca a la otra. Así sellamos nuestra nueva relación de padre e hijo.

De allí en más siempre que podemos estamos desnudos en la casa y cogemos en cualquier momento.
La situación de hacerle el amor a mi hijo me genera un poco de morbo pero mucho placer. Y él está contento de tenerme como su macho y como su padre.

Espero que disfrutaran y gozaran leyendo esta historia. Espero sus comentarios.

Autor: Gustavo

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