Adriana una esposa múltiplemente infiel

Antonio se puso como loco al ver el sexo oral que le estaba efectuando a Alex, luego Alex me puso en cuatro mirando hacia la cara de Antonio, eso me excitó de sobremanera y comenzó a penetrarme de forma violenta, mientras tanto le miraba la cara a Antonio de desilusión, yo gozaba esa enorme polla de Alex. Antes de que me llenara con sus fluidos logré llegar al orgasmo unas tres veces.

Esta historia que les voy a contar es ciento por ciento verdadera, pasó en el segundo año de casados, para empezar mi nombre es Adriana actualmente casada con Antonio (mi marido) hace más de 3 años. Para comenzar con esta historia voy a describirme: Soy una mujer de 32 años no muy alta de 1,65, soy de pelo lacio teñido de negro con un corte a lo Cleopatra, de tez blanca, mis labios son muy carnosos, mis ojos son de color marrón, mis senos son normales se podría decir que son 80 de medida, mi cola es lo mejor que tengo: bien parada y voluptuosa, además de que no tengo panza ya que me mato en el gimnasio, por suerte tenemos una buena posición económica. Mi marido es un hombre mayor de 54 años por ahí aparenta más por su panza y su calvicie, él es profesor universitario es muy culto además me trata muy bien como esposa, aunque por ahí yo necesito más que eso. Además tiene una hija de unos 25 años con otro matrimonio, yo siempre fui soltera, y actualmente vivimos solos los dos juntos.

Por empezar a redactar mis actos de infidelidad comenzaré diciendo que mis fantasías de acostarme con un macho musculoso y dotado revenían a mi cabeza una y otra vez, he tratado de sacarme esa fantasía pero me es imposible, muchas veces necesito ser mal tratada, insultada, cogida con fuerza y lamentablemente Antonio no cumplía con esas cualidades. No me canso de ver en mi oficina en la que trabajo, fotos y videos de strippers dotados enfiestados con mujeres, eso me vuelve loca. Aunque nunca he ido a ver un show de esos, moriría por ver uno en vivo. Por la calle cada joven que veo atractivo no dudo en echarle una mirada pero nunca sin llegar a nada ya que nunca le fui infiel a Antonio, hasta ahora.

Un día Rita, una compañera de mi trabajo, hacía una fiesta de despedida por que se iba a casar. Al principio la idea de Rita era permanecer en un lugar bailable o simplemente salir a tomar algo, pero luego se le ocurrió la idea de ir a un show de stripper, yo no dudé en decir que no. Esa misma semana no veía la hora que fuera sábado, por mientras Antonio siempre me cela mucho por lo que decidí no contarle la verdad del hecho Esa noche me vestí muy provocativa: me puse una mini muy corta, de jeans, con unas botas de cuero, una supertanga debajo, y una remerita muy escotada, además me pinté mucho más de lo común, me delineé los ojos… tenía una pinta de atorranta terrible. Antonio no me miró con buena cara cuando salí. Al llegar estaba nerviosa, ansiosa, ni contar cuando apagaron las luces y salió el primer bailarín: un joven musculoso que se movía sensualmente, mis ojos brillaban y mi boca estaba abierta, no lo podía creer, ver a esos machos meneado.

El tercer bailarín pidió ayuda del público por lo que yo no dudé en levantar la mano, a todo esto mis compañeras me miraban asombradas por estar casada y a la vez que no se esperaban eso de mí. Cuando me agarró de la mano no pude evitar el tiritón de excitación en todo mi cuerpo, notaba como este chico me pasaba todo su cuerpo sudado sobre mí, me abrazaba, me apretaba, estaba muy mojada. En un momento me acuesta y me empieza a bombear en el suelo, luego se fue yendo con su bulto hasta donde estaba mi boca y me lo empezó a rozar sin tocar mis labios, yo en ese momento deseaba meterme todo ese pedazo a mi boca, estaba muy caliente. Luego apagaron las luces y el stripper, Nico, me dejó en el escenario, cuando bajé las chicas me miraban con cara de que me había zafado un poco y que dejé que se zafaran pero a mi no me importaba ¡nada!

Al rato fui al baño y mientras iba me agarraron fuerte de la mano y me empujaron hacia una pieza…estaba asustada pero cuando pude ver quien era me excité de sobremanera… ¡era Nico! El stripper, lo miré y sin pensarlo nos comimos la boca de a poco me comenzó a besar todo el cuerpo, no paraba de lamerme yo en ese momento estaba súper mojada, me tocaba mis piernas y me las lamía, de repente me sacó mi tanga y comenzó a lamerme mi conchita, directamente no sentía mucho, su lengua estaba muy húmeda ahí debajo, luego comenzó a lamerme el culo. Luego de hacerme acabar se paró y me puso de espaldas, sacó su enorme instrumento que pude divisar con mis manos y me lo introdujo muy lentamente hasta el fondo de mis intimidades, mi grito de placer se tiene que haber escuchado más que la música del lugar…luego de hacerme acabar dos veces seguidas, me avisó que ya se acababa para comenzar a lamer ese hermoso pene que metí todo a mi boca (casi ni entraba), y me llenó la boca con su acabada…muy rico luego me fui hasta donde estaban las chicas y siguió el show.

Al fin se me había cumplido el sueño de cogerme un muy buen macho, por mientras no podía creer que le había metido terribles cuernos a mi marido. Al otro día actué como si nada con Antonio, me preguntó que habíamos hecho anoche pero yo traté de inventar todo.

Esa tarde no dejaba de pensar lo bien que me cogió ese macho y de lo bien que me hizo gozar…Al otro día, los domingos salgo a correr a un parque siempre sola, me tomo un colectivo que me lleva directo al parque, me voy en micro por que intento estar más libre. Yo siempre me tomo uno vacío para no ir parada ya que hay otro que viene lleno, la mayoría de ellos son los jugadores de rugbiers que van a entrenar. No tuve mejor idea que tomarme ese micro lleno de jóvenes tan fuertes y atractivos. Nunca se me había pasado tomarme ese micro por si Antonio me llegara a ver y para tratar de evitar mis impulsos sexuales. Esa tarde vestía mis calzas blancas bien apretadas con una remera corta y mis gafas, sin faltar mi diminuta tanga que se me traslucía. Al subir al micro noté como me comenzaron a mirar esos jóvenes. Poco a poco iba pasando por el pasillo del colectivo hasta que me quedé delante de un joven muy apuesto, no dudé en apoyarle todo mi voluptuoso trasero en lo que parecía ser un gran pene según mis tactos.

A los minutos de estarme apoyando se le puso más tiesa que la baranda en la que iba agarrada, sentí todo su enorme pene en mi culo, en la medida que el micro avanzaba el joven me bombeaba y me apoyaba cada vez con más fuerza su pene erecto. Comencé a excitarme de una manera muy lenta, mi vagina estaba muy húmeda. Cuando me moví para bajarme en el parque noté que alguien bajó conmigo, cuando me di vuelta para ver quien era, pude ver que era el joven que venía detrás de mí. Inmediatamente me dijo.

-Hola, yo no dudé en responderle: -Hola como estas? -Bien (me dijo) ¿venís a correr siempre al parque?-Si todos los domingos, siempre solita sin mi marido ni nadie. -Ah ¿estás casada? ¡Una mujer tan atractiva que afortunado tu esposo! (me dijo el joven) -Gracias! (eso me excitó de sobremanera) la verdad que el afortunado es él. -Ah, ¿y vos no? -(En ese momento me temblaban las piernas) La verdad que no me hace sentir muy afortunada…

Sin más rodeos terminamos yendo a un hotel a unas dos cuadras del parque, pasé tres horas cogiendo de lo más rico con este hermoso y fuerte joven, me hizo gemir como una verdadera puta y me hizo acabar de lo más rico. Me porté como una verdadera puta con él, le lamí todo su enorme pene hinchado de la excitación. El me practicó sexo oral de lo más rico, me metió su pene hasta el fondo…no paraba de gemir y morder la almohada.  Me imagino si Antonio se enterara de lo que estaba haciendo…Esto me ponía más caliente de lo común. Una vez que me fui del hotel me fui directo a mi casa, después del intenso deporte que practiqué…je jeje. Una vez que llegué a mi casa estaba Antonio, me dijo:

-¿Se donde venís vos? – De cog… de correr en la avenida mi amor. ¿Por? -No por nada, porque te andaba buscando por toda la casa.-¡Ah! es que me fui a correr y además hice deporte intenso (en ese momento no paraba de mirarle en su cabeza e imaginarle el tamaño de sus cuernos). -Ah bueno amor, anda, date una ducha si quieres…

Una vez que salí de la ducha Antonio me esperaba en nuestra cama. Parecía que quería intentar tener algo conmigo pero de todas las formas intenté esquivarlo, la verdad que no sentía atracción sexual con él, en ese momento se enojó y yo directamente me hice la victima diciéndole que estaba muy cansada. Al rato Antonio me pidió perdón, me sentía muy puta si la que se había portado mal había sido yo.

Pasaban los días y cada vez me iba soltando más, se ve que mis infidelidades me habían hecho una mujer más interesante, aunque no precisamente para Antonio. Me vestía cada vez con ropas más atractivas, faldas cortas, tanguitas, top, remeras ajustadas jeans ajustados y me maquillaba muy llamativa. Cuando iba por la calle me decían de todo, peor si Antonio estaba presente porque se ponía de los pelos.

Un día iba caminando por la calle con Antonio cuando pasamos por un lugar en construcción, habían un montón de obreros trabajando, iba de minifalda de vuelos, una remera y mi boca pintada de rojo carmesí, de repente vi uno de ellos, que estaba muy bueno, un tipo joven, alto, atractivo y con músculos como a mi me gustan. Cuando pasé nos miramos mutuamente y me dijo: -¡Que hermosa puta tu esposa! Yo quedé sorprendida  de lo descarado de este hombre, pero a su vez me calentó de sobremanera esa rudeza. Alberto por mientras se dio vuelta y lo insultó, yo me di vuelta y le respondí con una risita muy de turra. Cuando Alberto me miró yo fingí esa sonrisa con una puteada y todo pasó por alto, mientras tanto Antonio tenía cara de sospechas de lo puta que me estaba volviendo, cada vez más sueltas de ropa y más liberal.

Un día, muy cercano a todos estos hecho de infidelidad, iba saliendo de mi trabajo para luego irme al GYM, cuando me paré en un quiosco a comprarme unos cigarrillos, de paso me prendí uno. Noté que alguien iba detrás mío cuando ingresé al gimnasio pude ver que era un joven que va siempre al gimnasio, se llama Alex un chico de 25 años muy bien puesto; moreno, alto, atractivo de ojos azules y con unos músculos terribles. Además en varias veces tratando de explicarme como funcionan ciertos aparatos me ha apoyado su miembro en mi parado culo y la verdad que tiene un pene muy grande a comparación de otros. Este chico me calienta mucho pero no me da mucho calce cosa que me calienta aún más

En esos días se me ocurría el morbo de cogerme a alguien delante de mi esposo sabiendo de la locura de celos que le daría verme con otro delante de sus ojos, y para expresarle además de los cuernos que llevaba puestos. Con Alex somos como amigos, además de asistir al gimnasio juntos es mi compañero de salsa en las clases que se dan ahí mismo, a él le cuento cosas, a veces no tan profundas (como lo mucho que me calienta), pero ese día estaba decidida a ser profunda; y contarle mi fantasía. Me miró sorprendido y con cara de asombro me preguntó:

-¿Y has elegido a esa persona para hacer esto? -Si te elegí a vos…le dije. Sin dudar Alex dijo que si.

La idea era simular un robo que estuviera bien armado tratando de evitar problemas serios, por lo que traté de que no fuera nadie a casa, es más le dije a Antonio que me encantaría que pasáramos un día solos en casa, lo que no dudó en decir que no. Había armado todo un clima de erotismo… Me había calzado unos tacos punta aguja una mini con vuelitos, debajo una tanguita súper chiquita y con un top. Además me había pintado como una verdadera puta: delineador en ojos y boca bien roja.

Esa noche Antonio me preguntó por que me había vestido tan provocativa y del por qué me había estado vistiendo así últimamente y del por qué hacía mucho que no manteníamos relaciones…Para tratar de contestar a todas estas preguntas, supe esquivarlas contestando: -Y…mi amor me pongo así para vos, ¿para quién más sino?… Él me contestó: -Uh mi amor perdona es que he estado tan ocupado en mis cosas que poco interés habré mostrado estos días en mi hermosa esposa. En ese momento no paraba de reírme por dentro de lo bien que la pasaba sin mi marido. Nos pusimos a ver la película que había alquilado, una peli erótica acerca de un tema que me calentaba tanto: infidelidad. Al ver esta película Antonio me ponía cara rara del por que había alquilado esta película, en ese momento me dijo:

-¿Por que alquilaste esta película? -¡Porque me gustaba! Le contesté. -¿Que acaso te gusta ser infiel? -¿A que va esa pregunta Antonio?

No sabía que contestar en ese momento me fui al baño corriendo haciéndome la victima, me metí, cerré la puerta y le hice sonar el celular a Alex para que tocara la puerta. En ese momento en que Antonio me pedía disculpas tocaron la puerta… Nos quedamos callados, en ese momento Antonio fue atender la puerta, cuando la abrió escuché un grito de Antonio: -¡No por favor no me haga daño róbese todo! En ese momento supe que era Alex pero permanecí en el baño… Alex cerró la puerta le dijo a Antonio que se sentara y que se callara la boca, le preguntó si había alguien más en la casa.

-No, dijo Antonio estoy solo llévese todo. Alex ató e una silla a Antonio y le tapó la boca…

En ese momento Alex se dirigió al baño y para simular el robo pegué un grito despacio: -¿No por favor, no me haga daño! (le decía a Alex) Alex a todo esto con la cara encapuchada dijo: -Ah ¿con que estabas guardando a esta perra! ¿Quién es, tu hija? Antonio decía que no con su cabeza. -No me digas que es ¿tu esposa? En ese momento Antonio asintió con su cabeza… -¡Pero que pedazo de hembra de esposa tenés! Yo en ese momento me derretía y me retorcía de placer. ¡Se estaba cumpliendo mi fantasía!

Alex con su enorme mano comenzó a manosearme de forma grosera…  Por mi parte no me salía simular mi calentura por lo que largaba cortos gemidos. Antonio no sospechaba, estaba desentendido. En ese momento Alex no paraba de tocar mis piernas, de acariciarme y ser brusco, me arrojó fuerte hacia al lado de Antonio. Sacó su remera sin sacarse la capucha que le cubría la cara.

Pude apreciar lo bien musculoso que estaba, bien marcado. Se le podía ver su tremenda pija de 25 centímetros y de gran grosor comparada con la de Antonio de 12 centímetros y escaso grosor. Alex me tomó del brazo fuerte y me levantó, ordenó que le sacara el pantalón, mientas se lo sacaba miraba la cara de Antonio de forma burlesca. Cuando terminé de sacarle el pantalón, quedó en boxer con su bulto bien marcado y me dijo que le lamiera su pija bien enterita; a lo que me opuse para seguir el teatro. Alex sacó su enorme polla por lo que sin pensar me fui directo a besarla y lengüetearla.

Antonio miraba cada vez más desentendido, se puso como loco al ver el sexo oral que le estaba efectuando a Alex y además lo cornudo que era. Luego Alex me puso en cuatro mirando hacia la cara de Antonio, eso me excitó de sobremanera…y comenzó a penetrarme de forma violenta, mientras tanto le miraba la cara a Antonio de desilusión, yo gozaba esa enorme polla de Alex. Antes de que me llenara con sus fluidos logré llegar al orgasmo unas tres veces, ¡estaba muy excitada! Luego Alex se fue y quedamos los dos solos. De inmediato desaté a mi marido, estaba aterrado y confundido, yo a su vez había cumplido mi fantasía. Luego llamó a la policía y le contamos lo sucedido del hecho.

En esos días no paraba de pensar en lo buena que salió la estrategia, la policía no encontró huellas ni nada,  ¡por suerte! A los días invité a Alex a mi casa, lo presenté como un amigo del gimnasio y a su vez como mi compañero de salsa. Ya no sabía como decirle a mi marido de lo cornudo que era, estas situaciones me excitaban mucho; ese día me había vestido con una falda de jean corta, tacos finos, una remerita común y mi tanguita, además de haberme pintado muy provocativa…eso le excitaba mucho a Alex.

Cuando tocaron la puerta atendí yo, era Alex lo hice pasar se saludó con mi marido y nos sentamos los tres juntos. Comenzamos hablando del asalto que tuvimos la semana pasada y de lo que me había hecho el ladrón y de los tratamientos psicológicos que estábamos siguiendo, a todo esto Alex y yo nos mirábamos con una pequeña risa burlona y pícara. Al finalizar la cena Antonio sacó un vino muy caro que tenía y se lo puso a beber con Alex, yo por mientras me quedé ahí sentada con ellos, me encendí un cigarrillo, no paraba de mirarle la boca a Alex y de lo que me imaginaba con su boca… ¡Ya me estaba empezando a calentar! Comencé a arrojarle el humo en la cara a Alex y a juguetearle debajo de la mesa con mis tacos, todo esto delante de Antonio.

Luego puse música de salsa y saqué a bailar a Alex para mostrarle a mi marido de lo bien que iban mis clases de salsa jeje… no parábamos de franelearnos y apoyarnos con movimientos muy seductores, Antonio se sentía muy incómodo no sabía que hacer y eso me excitaba mucho. Al rato Antonio dijo que se iba a dormir, que estaba muy cansado, apenas se fue a dormir, nos fuimos con Alex a una pieza y nos dimos sexo. No paraba de gemir y gritar, trataba de morder la almohada pero mi excitación llevaba a gemir. Mientras estábamos cogiendo de lo más rico con Alex, se sintieron pasos, cuando de repente se abrió apenas la puerta, pude ver apenas que era Antonio observando a hurtadillas.

Comencé a gemir con fuerza, a gritar como una puta, a decirnos de las groserías más obscenas con Alex, esto me excitaba de sobremanera, me sentía muy húmeda, podía verle la cara de decepción a Antonio, más bien la cara de cornudo consentido. Logramos acabar al mismo tiempo, me sacó toda la calentura que llevaba. Una vez que finalizamos pude ver que mi marido no seguía allí. Al rato Alex se fue y yo me fui a mi cama junto con Antonio sin decir una palabra. Por una cuestión mía de vergüenza no le comenté nada (tampoco hacía falta que le contara), Antonio tampoco me preguntó nada esa noche.

Al otro día Antonio me comenzó a tratar de una manera más respetuosa conmigo, como si los pantalones de la casa los llevara yo… Las visitas con Alex fueron más íntimas para evitar problemas con mi matrimonio, de igual manera si me pedía el divorcio el 50% de sus bienes también eran míos por lo que no mencionó ni siquiera la palabra “divorcio” y él siguió siendo un cornudo resentido y yo una puta infiel ¡como a mí me gusta!.

Pueda ser que mi relato les haya gustado.

Autora: Adriana

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Adriana necesita un consejo

Gabriel tenía una lengua maravillosa y la sabía usar. Lamió mi clítoris, separó los labios de mi vagina y la introdujo dentro de mí, me volvió loca y me hizo tener el primer orgasmo de la noche. Grité como una desesperada mientras sentía que se mojaban hasta mis muslos, le quité los bóxers y quedó a la vista una verga maravillosa. La tomé con mi mano y comencé a lamerla con entusiasmo.

Hola, me llamo Adriana y quiero contarles mi historia porque necesito un consejo. Soy una mujer ya madura, me falta poco para llegar a los 50 años. Pese a ello mantengo mi cuerpo en forma porque desde muy joven estoy acostumbrada a las dietas y al gimnasio. Mi cabello es rubio, tengo pechos que se mantienen firmes igual que mi trasero, y como entenderán, me considero atractiva. Pues bien, la cuestión es que hace ocho meses me divorcié de mi marido por cuestiones que no vienen al caso. Todo ese tiempo no estuve con ningún hombre, y la verdad que más pasa el tiempo, más me doy cuenta de que lo necesito. Hasta que hace poco tiempo ocurrió algo que me cambió la vida. Les contaré.

Un sábado me invitaron a cenar Daniela y Carlos, un matrimonio amigo, ambos de mi edad. Fuimos a un lugar elegante, y después decidimos ir a una disco a tomar una copa antes de irnos cada uno a su casa a dormir. Hacía años que no entraba a un lugar así. Pues allí nos encontramos con Gabriel, el hijo de Daniela y Carlos. Tiene 25 años, practica rugby de modo que tiene un cuerpo fenomenal. El chico estaba triste porque se había peleado con su novia, y lo que menos quería esa noche era conversar con tres personas adultas. Pero yo suelo ser una mujer muy divertida, hice algunas bromas y le cambió el humor. Tanto que me invitó a bailar un poco.

A las risas, acepté. Esa noche yo llevaba un vestido rojo, de finos breteles, escotado y algo corto, la verdad es que me veía muy bien y poco me importó lo que pensaran quienes me observaban bailando con alguien mucho más joven que yo. Bailamos largo rato. Daniela y Carlos nos avisaron que ya era hora de irnos, porque tenían sueño, y me sorprendió escuchar a Gabriel que decía “si Adriana acepta, nos quedamos un rato más y después yo la acompaño hasta su casa”.

Por supuesto acepté encantada. Yo también necesitaba divertirme. La cuestión es que seguimos juntos toda la noche y terminamos desayunando a la madrugada en un bar muy agradable. Después me llevó en su auto hasta mi departamento. Una vez en la puerta y antes de despedirnos, Gabriel me agradeció todo lo que había hecho por él, me dijo que estaba muy mal de ánimo, se sentía solo, y que yo lo ayudé a salir de eso. Le aclaré que él también me había ayudado a mí, que yo también estaba sola.
Me miró intensamente. Y me dio un beso. Yo respondí con otro. En ese momento me olvidé de que era hijo de un matrimonio amigo, me olvidé de la diferencia de edad, me olvidé de todo. Sólo pensé que él era un hombre y yo una mujer que hacía mucho tiempo no tenía sexo. Y descubrí que mis ganas de él eran muy intensas. Entramos a mi departamento besándonos y acariciándonos. Gabriel me hizo recostar sobre un sillón, me cubrió de besos todo el cuerpo, llegó a mis piernas, subió mi vestido e hizo a un lado mi tanga. Fue directo a lamer mi vagina. Uh, le agradecí con un gemido de placer. Hacía mucho que no sentía una lengua allí en mi intimidad, y me encendió hasta hacerme arder en un segundo.

Gabriel tenía una lengua maravillosa y la sabía usar. Lamió y mordisqueó mi clítoris, separó los labios de mi vagina y la introdujo dentro de mí… en síntesis, me volvió loca y me hizo tener el primer orgasmo de la noche. Grité como una desesperada mientras sentía que se mojaban hasta mis muslos.
Era mi turno. Lo tiré en el sillón, le quité rápidamente los pantalones y los bóxers, y quedó a la vista una verga maravillosa. Gruesa, de cabeza abultada, con las venas marcadas, y en la base dos huevos grandes y pesados. Uff. La tomé con mi mano por la base y comencé a lamerla con entusiasmo. Me gusta hacerlo, y sé que lo hago bien. Los gemidos de Gabriel me confirmaban que lo estaba disfrutando muchísimo. Chupé con entusiasmo, con pasión, con ganas. Después de tanto tiempo volvía a tener un pene en mi boca y eso me ponía feliz. Y muy caliente. Gabriel susurró “jamás una mujer me la chupó así, es maravilloso”. Tomó mi cabeza y empezó a mover sus caderas, cogiéndome la boca hasta hacerme ahogar. “Trágala toda, que te entre toda”, decía una y otra vez.

Fuimos corriendo hasta mi dormitorio, mi vestido voló por el aire igual que su camisa y nos tiramos en la cama. Allí hicimos un 69 espectacular, me pasé su verga por toda la cara, la chupé hasta dejarla dura y brillante. Después me senté sobre ella dándole la espalda a mi amante. Uy, fue maravillo sentir ese tronco duro y grueso deslizarse dentro de mi vagina mojada. Lo cabalgué con furia, me clavé una y otra vez su verga en la concha hasta sentir que me la hacía arder. Gabriel me sujetaba por las nalgas, las abría y cerraba y las volvía a abrir todo lo que podía. Estábamos muy calientes los dos. Después me hizo girar hasta que quedé de frente a él y mordió mis tetas mientras yo seguía mi cabalgata enloquecida. “Sos la mejor hembra que me he cogido”, decía Gabriel. “Ya sabía yo que las veteranas son las más calientes, y ahora lo puedo comprobar”.

Fue un polvo bestial y en todas las posiciones. No sé en qué momento quedé con la mitad inferior de mi cuerpo sobre la cama y la cabeza, los brazos y las tetas apoyadas en el piso alfombrado de la habitación. Gabriel se puso detrás de mí y me penetró en esa forma. Volvió a abrir mis nalgas y me hundió un dedo en el ano. Ah, me hizo gritar. Y cuando sentí que sacaba su verga de mi vagina y la dirigía hacia mi ano le dije que esperara, que se detuviera, que no estaba preparada. No es que sea virgen de allí, he practicado mucho el sexo anal (a mi ex marido le apasionaba) pero siempre bajo ciertas condiciones que Gabriel no pensaba respetar. El chico apoyó la ancha cabeza de su pene en mi agujerito y empezó a empujar. Lancé un grito de dolor. “Gabriel, por favor no”, imploré. Pero él estaba más entusiasmado que nunca. “Te voy a hacer el culo mi amor, es mi sueño. Vas a sentirla cómo te entra milímetro a milímetro”.

Y vaya si la sentí. Esa barra de carne durísima y gruesa fue penetrando en mi esfínter poco a poco, sin que yo pudiera evitarlo. Además, generalmente cuando tengo sexo anal yo pongo un tope: con mi mano apoyada en el vientre de mi pareja le digo hasta dónde puede penetrarme. Pero en esa posición agitaba mis brazos en vano, no podía alcanzar a Gabriel que estaba sobre la cama.

Conclusión: me la hundió toda. Y después empezó a bombear, lento y profundo. Cuando pasó el dolor terrible que sentí al principio empecé a disfrutarlo. Sentía su verga entrar y salir, toda a lo largo. Mi ano quedó muy dilatado. Gabriel estuvo largo rato cogiéndome así hasta que se vació dentro de mí con un grito. Sentí que me inundaba.

Fue maravilloso. Terminamos los dos abrazados en la cama, y antes de que se fuera le hice mi regalo especial, algo que reservo sólo para aquellos hombres que lo merecen: le hice una larga mamada, permití que se vaciara en mi boca y me tragué toda su leche. Eso lo volvió loco.

Desde ese día empezamos una relación intensa. Gabriel está encantado conmigo porque hacemos cosas que las chicas de su edad no se atreven. Eso permite que disfrutemos mucho, pero también se ha convertido en un problema. Les explicaré por qué.

Me he enamorado de Gabriel. Él lo sabe, y por eso me pide cada vez más cosas. Últimamente insiste en vaciarse dentro de mi vagina, pero yo no quiero porque temo que me deje preñada. Biológicamente aún puedo tener un hijo, pero no lo deseo. Él insiste, y no hay manera de convencerlo de que use un preservativo. Dice que quiere ver mi concha inundada por su leche. Pero hay más. También dice que su fantasía es verme coger con otro hombre. Quiere mirar mientras me penetran. Hay varios de sus amigos que están dispuestos a cumplir su sueño. Y también pretende estar conmigo y con otra mujer. Quiere presenciar una escena lésbica entre nosotras, que le mamemos la verga juntas y luego penetrarnos. Yo lo amo tanto que creo que voy a ceder a sus deseos. Me pregunto si eso es lo que debo hacer.

Quiero escuchar sus consejos.

Autora: Adriana

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Pudor de un matrimonio estricto

Daniel la ayudó a subirse y ella se introdujo la verga hasta que logró cubrirla en toda su longitud. Subía y bajaba acariciándose los senos; mi esposa parecía otra mujer, alguien que yo desconocía por completo, pero me volvía loco. Mi mujer cabalgaba sobre el falo de Daniel cada vez más rápido, quebrando la cintura, meneando su hermoso trasero como una puta.

Mi nombre es Carlos, tengo 41 años, nueve de casado, hijos, casa, trabajo y amigos, lo que se dice una vida normal, casi un tanto aburrida.

Mi historia era la de esa gente que vive buena parte del tiempo sin mayores sobresaltos, acostumbrados a una rutina prudente, temerosos de los cambios. Este perfil por supuesto muchas veces se extiende a lo sexual. Todo muy normal; yo soy fiel y ella también, hacemos el amor con reparos, convencionales, estrictos en el calendario, con poco derroche, digamos que con fantasías adecuadamente limitadas.

Debo decir que mi esposa Adriana, es bella; tanto que ni la ropa que literalmente esconde su cuerpo puede ocultar sus formas. Ella, educada desde siempre en el recato extremo, no podía evitar lo que la naturaleza le había regalado.

El rostro de cutis juvenil para sus 38 años, los ojos grises y el pelo claro y ondulado (aunque casi siempre recogido), le dan un aire intelectual e interesante. Alta, de cintura breve, piernas largas y bien torneadas; pechos firmes y rotundamente decorados con pezones rosados. Su trasero, tal vez lo mejor de su físico, es redondo y esbelto, exquisitamente fortalecido por la gimnasia. Todo esto me animo a describirlo ahora, ya que poco tiempo atrás, ni siquiera me habría atrevido a listar mentalmente estas cualidades.

Desde luego ella había entregado su virginidad cuando nos casamos después de ocho años de noviazgo y poco a poco fuimos alimentando nuestras relaciones con pequeñas variantes que para nosotros resultaban osadas. Escaso sexo oral, posiciones tradicionales, nada de palabras sucias y jamás nos atrevimos a hablar de sexo anal. Sin embargo a veces la vida nos juega con el imprevisto, el escalón no calculado y todo cambia o se desmorona…

Daniel era nuestro amigo desde la universidad, hacía seis años que trabajaba como asesor de inversiones para importantes empresas en Italia y estaba por regresar en plan de vacaciones. Como queríamos encontrarnos nuevamente con él yo había pedido una semana de licencia en mi empleo, de esa manera tendríamos tiempo suficiente para compartir y recordar agradables momentos. Cuando nos encontramos en el aeropuerto quedamos sorprendidos de lo bien que se le veía. Siempre le gustaron los deportes y la vida al sol, era evidente que había podido hacer ambas cosas en Europa porque tenía un físico atlético y un bronceado envidiables.

Después de los primeros encuentros donde se arremolinan las frases y los recuerdos, le invitamos a pasar unos días en nuestra casa de campo en las afueras de Buenos Aires, para estar juntos a toda hora. Así nos reunimos temprano, dejamos a los niños en la casa de mi suegra y viajamos en el auto durante unas tres horas hasta llegar a destino. La charla que fuimos manteniendo durante el viaje, estaba llena de anécdotas divertidas hasta que tocamos ciertos temas…

-¿Por qué no te casaste?- Adriana le hizo la típica pregunta femenina.-Tal vez no encontré aún mi pareja o tal vez estoy feliz disfrutando de mi libertad.- Bueno pero no me podés negar que si te falta una compañera estarás en soledad muchas veces – Insistió Adriana.-Ja, Ja!! Es que a decir verdad compañía no me falta. – ¿Cómo es eso?- Ahora la curiosidad era mía.- Bueno es que en mi actividad se conoce mucha gente y siempre rescato el mercado femenino. Me acostumbré a variar de mujeres y se transformó en una especie de vicio que no puedo abandonar. Pienso que a esta altura es muy difícil que pueda relacionarme con una sola mujer, sin aburrirme.- ¿No estarás exagerando?- Le dije con algo de sorna. – Miren, Uds. son mis amigos y entiendo que puedan pensar diferente, pero si algo les puedo asegurar es que la vida vale la pena vivirla cuando se disfruta el sexo sin restricciones. Para qué limitarse; porqué no considerar las alternativas que tenemos al alcance nuestro y entregarse a gozar a pleno-.

Su última frase quedó flotando en el interior del vehículo como una sentencia inapelable. Debo decir que me puso algo incómodo por estar delante de mi esposa, por lo que después de esto cambiamos de tema. El primer día lo dedicamos a ordenar algo la casa y poner en marcha la bomba de agua para la piscina. El tiempo era agradable y el sol nos acompañaba. Daniel y yo salimos a caminar para disfrutar el verde que nos rodeaba mientras Adriana preparaba algo para comer. Un tema trae otro y de pronto él me preguntó: – ¿Sos feliz?-

– Bueno, tengo una hermosa familia, buen pasar… – Sí. Si, me interrumpió; eso se ve, pero te pregunto si sos feliz realmente. Parece tonto pero no estaba preparado para responder – ¿Por qué me preguntás? – Nada, no me hagas caso es que me parece que les falta algo… no se… supongo que el matrimonio es así…-¡No empieces otra vez con el sermón del sexo! ¡Las cosas están bien a nuestro modo o me vas a proponer que le meta los cuernos a Adriana solo para probar tus ideas revolucionarias!

– ¡Desde luego que no!- Me dijo. – Pero conociendo los tabúes que siempre han tenido para tratar ciertos temas… ¿se han preguntado si no están cayendo en un matrimonio sin pasión? Adriana sigue siendo la misma bella mujer y por lo que pude ver con los mismos pudores, pero ¿le has propuesto otra cosa? – ¡Bueno, suficiente! No continuemos con esto, ¿está claro? Le dije molesto.- De acuerdo, solo intentaba ayudar, no volveré a este tema… Casi en silencio volvimos a la casa.

Los dos primeros días los destinamos a pasarlo bien disfrutando la mutua compañía. La tercera noche fuimos hasta la ciudad para tomar algo y podría decir que fue allí donde comenzó a tejerse el giro de nuestras vidas. Entre copa y copa Daniel se levantó de nuestra mesa, de pronto lo vimos hablando animadamente con una rubia delgada que se encontraba sola. Al cabo de un rato, Daniel vino a nosotros y nos pidió si era posible que, en caso de prosperar, pudiese llevar a Nora (así se llamaba) a pasar la noche con él. Le dije que si no se metía en líos, no tenía problema; pero solo por una noche.

– Bien, no se preocupen no haré nada que los comprometa; ella tiene auto de modo que si sale, me voy por mi cuenta-. Dicho esto, volvió inmediatamente hasta la rubia.

Qué puedo decir, nos quedamos observando desde la mesa y en menos de una hora parecían amigos de siempre. Mi mujer estaba ofuscada. – ¡Es una barbaridad!, cómo puede ser que desee intimar con una desconocida, no lo entiendo.- Bueno, está de vacaciones y ya nos dijo como era. Vamos a casa y lo dejamos aquí, quizás tenga que volver a pie. ¡Ja, Ja!! – En realidad lo dije más que nada deseando que le fuera mal, para probar que no siempre salía con la de él.

Estábamos acostados en la cama cuando sentimos el ruido de un auto. No lo podía creer!! Daniel llegaba con esa mujer y fueron directo al cuarto que estaba en la planta alta, donde él se alojaba. Pero lo peor comenzó más tarde. Empezamos a escuchar jadeos, gemidos, el estrepitoso ruido que causaba el vaivén de la cama.

-Más…más… ¡másss!, ¡Así…fuerte…! ¡Todaaa!…¡Mátame…!- gritaba ella, insolente. -¡Aaay papito que palo!…Uhhh…siii…

Mi mujer me miraba ruborizada, yo no sabía qué hacer y para colmo me estaba calentado. Durante más de dos horas y no sé cuántos orgasmos, estuvimos soportando aquella tortura. Yo estaba tan caliente que no podía dormir; me hubiera gustado hacerle el amor a Adriana pero no quería que me tomase por un degenerado que se excita al escuchar otra pareja.

Adriana, que tampoco podía conciliar el sueño aún cuando ya nada se escuchaba, se levantó despacio. No sé por qué motivo o qué instinto interior me hizo seguirla. Ella entró al baño, me quedé un instante afuera y algo que no puedo explicar se apoderó de mi y me impulsó a intentar espiarla. Entonces salí de la casa y rodeé el jardín hasta ubicarme debajo de la pequeña ventana que da al baño. Coloqué una silla y sigilosamente me subí para alcanzar la luz que salía del interior.

Podía verla de costado, Adriana estaba frente al espejo y se refrescaba el rostro con agua, utilizando ambas manos; se había soltado el pelo. Secó las manos en la toalla y yo las seguí con la mirada. Suspiró varias veces sin dejar de mirarse al espejo y de pronto las manos comenzaron a rodear sus senos; lentamente comenzó a acariciarlos y apretarlos sobre la tela de la prenda que la cubría, mientras su lengua mojaba suavemente los labios. Uno a uno fue desprendiendo los botones del camisón hasta que lo dejó caer en el suelo y su cuerpo desnudo resplandeció magnífico.

Ahora los dedos índice y pulgar masajeaban los pezones ya endurecidos y tiraban hacia delante como si quisieran desprenderlos. Luego llevó dos dedos a su boca y siempre con la mirada fija en el espejo, se dedicó a chuparlos entrecerrando los ojos; la otra mano seguía acariciando los senos hasta que comenzó a bajar… Su cuerpo se inclinó hacia delante hasta tener su cara contra el lavamanos, separó las piernas y empezó a masturbarse…

Desde mi posición, apenas podía observar como su mano se perdía en la entrepierna. Los dedos trabajaban descontrolados en su vulva, alternando movimientos rápidos con otros más suaves. El trasero y las piernas se movían sin pausa al ritmo de la mano en su vagina, mientras contraía los músculos de las nalgas presa de una calentura incontrolable. El ritmo de aquella danza alucinante para mis ojos, fue cada vez más en aumento hasta que al fin, mi mujer se tapó urgente la boca y ahogó el grito del orgasmo contorsionándose en forma salvaje. Tardó unos segundos en recuperarse. Recién en ese momento reaccioné y corrí al cuarto para volver a acostarme. Adriana regresó a la cama y se durmió enseguida, yo no pude conciliar el sueño; la imagen inédita de mi esposa caliente, morbosa, masturbándose, me persiguió el resto de la noche…

Al día siguiente nos dispusimos a desayunar al borde la piscina. Daniel apareció sonriente; la rubia ya se había marchado.

– ¿No me van a preguntar cómo me fue anoche?- Dijo mientras untaba mermelada en una tostada. – Creo que no es necesario- le dije. – Te escuchamos o debiera decir mejor que la escuchamos. – Disculpen, no pensé que era para tanto. Adriana apareció más tarde lista para disfrutar la piscina.

Tenía puesto un traje de una pieza pero con el cual se podía apreciar las curvas bien torneadas de su cuerpo. Por un momento pensé que lo de anoche era un sueño, seguía sin creer lo que había observado. Daniel también ingresó al agua con un estruendoso chapuzón. Me quedé al costado mirando como nuestro amigo divertía a mi esposa con sus juegos, algunos de ellos le proponían carreras diversas y hasta alguna lucha en la que ella terminaba sumergiéndolo en el agua. Hacía tiempo que no veía a mi esposa tan suelta y alegre; yo tenía sensaciones confusas y mi mente regresaba de nuevo a la escena que había visto anoche. Daniel y yo nos quedamos luego charlando mientras mi mujer se tendía para tomar algo de sol.

-Estuve pensando- dije con vacilación- ¿A qué te referías ayer respecto que nos faltaba algo? -No olvídalo, te dije que no volvería a mencionar el tema. -No, dale hablemos de hombre a hombre- lo animé. -Mmm… Está bien, pero te aguantás lo que te diga, a mi manera y sin chistar. Pienso que ustedes son un matrimonio pacato, sin erotismo, cobardes para el sexo y eso los hace infelices.

Confunden el placer de lo sexual con el compromiso del amor y valoran la fidelidad como si fuese el objetivo de la vida. Pero lo peor es que creen que cualquier alternativa los llevaría al fracaso de la pareja y entonces prefieren seguir igual. Además creo que Adriana está condenada por tu culpa, porque si pusieras algo de tu parte ella cambiaría rápidamente. Pero es evidente que vos no podés o no sabés como cambiar el rumbo. – Ella piensa del mismo modo que yo – dije para defenderme. – ¿Tan seguro estás?, ¿es que no te das cuenta? – ¿Cuenta de qué?- dije exasperado. – ¿Acaso no pensás que si la relación es pobre tu mujer puede fantasear con otros hombres?. Sus miedos y autocensura hacen que no te meta los cuernos, pero sin duda que le excitaría hacer otras cosas y eso no significa que deje de amarte, eso significa ¡S E X O! Basta ver cómo me persigue con la mirada cuando salgo del agua y qué crees que mira.

-Estás caliente con mi mujer y me inventás cualquier cosa! – dije exaltado. – No quiero hablar más… ya traté de hacerte entender.- No… No, contestame la verdad, ¿estás caliente con Adriana? – ¡Por supuesto! – Me soltó de pronto. – Decime quién no lo estaría con semejante mujer, quien no gozaría de ese cuerpo. Pero te voy a decir más, si vos estuvieras de acuerdo, ella aceptaría acostarse conmigo. Tengo experiencia y te aseguro que Adriana desea íntimamente liberarse de las ataduras sexuales, lo cual le haría bien a ambos, pero con vos no lo puede lograr. – En otro momento le hubiese pegado por todo lo que dijo, pero seguía presente la imagen de mi mujer masturbándose.

Me quedé reflexionando y le pregunté: -¿Qué me aconsejás que haga?…

Daniel había trazado un plan que consistía en que los días que restaban comenzaría a acosar poco a poco a mi esposa, provocando situaciones en las que él intentaría comprometerla para ver su reacción; – luego veremos- me había dicho. Para colaborar, yo tenía que dejarlos a solas el mayor tiempo posible y tratar de espiar la escena para poder manejar la expectativa y cortar la situación si me arrepentía.

La primera vez fue bastante desagradable; él se acercó a hablar con Adriana y con la excusa de ayudarla a lavar los platos de la cocina, se puso detrás de ella y extendió sus brazos rodeándola. Adriana escapó rápidamente de la situación y no alcancé a escuchar lo que decía pero por los gestos no era nada halagador. En ese momento me enorgullecí de la actitud de mi mujer, tuve la intención de mandar todo al demonio pero Daniel me convenció de esperar un poco.

En la segunda ocasión él trató de hablarle sobre sus aventuras sexuales y hasta le comentó la vez que compartió la cama con dos mujeres. Adriana parecía escucharlo con interés hasta que en un momento Daniel trató de tomarle la mano pero ella la retiró de inmediato. Aunque estuvieron juntos un buen rato, terminaron hablando de otros temas. Lo cierto es que si bien nada había pasado, yo esperaba que Adriana me hiciera algún comentario de lo ocurrido, al fin y al cabo no era un incidente normal para ella; pero nada de eso sucedió, ni siquiera cuando al estar a solas le pregunté cómo lo estaba pasando con nuestro amigo.

Según Daniel, la cosa avanzaba de acuerdo a lo previsto, la tarde siguiente me dio instrucciones precisas sobre lo que tenía que hacer. La idea no me gustaba pero tenía que seguir adelante porque ahora en mi mente cabía una sospecha que tenía que resolver.

Estábamos tomando sol al borde de la piscina, Adriana llevaba un bañador de dos piezas que utiliza solo cada tanto y le queda espléndido en ese cuerpo armonioso. Daniel me pidió que le pasara la crema protectora para el sol. –No!- le dije – mejor lo hace Adriana que tiene buena mano – Era una jugada sucia pero estaba hecho. Ella me miró incómoda mientras Daniel, recostado boca abajo, tenía el brazo extendido hacia Adriana, sosteniendo el frasco.

Mi mujer no tuvo alternativa y se dedicó a la tarea. Sus manos cremosas comenzaron a untar el cuerpo de nuestro amigo. Al principio temblorosa, le recorrió los hombros y la espalda ancha, luego bajó hacia la cintura.

– Mmmm… ¡Qué bien lo hacés! – Decía Daniel con voz insinuante. Mi mujer continuó por las piernas, concentrada en no dejar superficie sin cubrir. A esa altura yo estaba empezando a sentir una extraña sensación, morbosa, quizás por primera vez en mi vida.

Daniel se dio la vuelta y pidió que continuara con el pecho, mi esposa siguió con la tarea untando el torso de Daniel. Adriana parecía no querer finalizar porque cada vez iba más lento y sus manos parecían moverse entre el masaje y la caricia.

-Excelente! Dijo él, ahora me toca a mí. No quiero que el sol dañe tu hermosa piel.- No necesito, dijo mi esposa dirigiendo su mirada hacia donde yo estaba sentado.- Adriana, hacele caso que el sol está muy fuerte – Me sorprendí escuchando mi propia voz, casi una orden; dominado por el morbo de la situación y entregando a mi mujer.

Ella se tendió sobre el césped con la espalda al sol y aguardó sumisa. Pude advertir un leve estremecimiento cuando las manos de él comenzaron a recorrerla atrevidamente. Manos fuertes, dedos ágiles y expertos surcaban lubricando el cuerpo de ella… Él le susurraba algo que yo no alcanzaba a escuchar, pero veía la sonrisa de ambos, había logrado distenderla. De arriba hacia abajo cada pierna brillaba al sol producto de la crema; casi sin darme cuenta sus manos llegaron a los glúteos de mi esposa, masajeando impúdicamente aquellos hermosos hemisferios. ¡Hijo de puta!, pensé, la está manoseando! Mi corazón palpitaba cada vez más rápido.

Estuve a punto de levantarme y dar por terminada la situación, pero algo me invitaba a seguir observando y mi pene estaba erecto. Adriana me miraba de costado sin decir una palabra, aceptando las manos de Daniel y la situación que yo mismo estaba permitiendo.

-Por favor date vuelta- Dijo él y continuó sobre su vientre… sus muslos… y los pechos, por debajo del corpiño sus dedos se movían en círculos sobre los pezones. Daniel me hizo una seña para que me acercase; tomó mi mano y la llevó hasta los senos de ella mientras él seguía acariciando sus piernas.

– Te… ¿te gusta mi amor? – dije titubeante. Ella asintió con la cabeza y soltó un suave gemido. Toqué ligeramente sus pezones que nunca había notado tan duros, entretanto observaba hipnotizado las manos de Daniel que se dirigieron ávidas a la entrepierna de mi esposa.

-Huuumm… ronroneó arqueando el cuerpo al sentir la invasión de aquellos dedos en su vulva. – Por favor… ¡Nnnnoo…! La pelvis se alzó respondiendo a las caricias de Daniel. Después de un breve pero intenso masaje, sacó los dedos empapados de la vagina de mi esposa.- Bien, vamos adentro- Dijo él con voz suave y persuasiva.

Una vez en el dormitorio Daniel la desnudó por completo, la recostó en la cama y le susurró:

-¿Sabes que voy a hacer?… te voy a coger como nunca lo hicieron antes, me vas a entregar tu cuerpo, tu culo… tus tetas – le decía, mientras no dejaba de acariciarla – vas a conocer lo que es una buena cogida, te voy a hacer gozar por el placer de tener puro sexo, hasta que no puedas más… y Carlos va a mirar como lo disfrutas, va a aprender a tratarte en la cama como te merecés…

Yo estaba paralizado, jamás le había hablado de esa forma a mi esposa, pero la situación me dominaba y excitaba; ya nada podía hacer. La besó profundamente… su lengua transitó luego por los pechos de Adriana, succionando y mordisqueando los endurecidos pezones para terminar en su vulva jugosa, donde se dedicó a lamer, besar y chupar. Mi esposa se mordía el puño moviendo la cabeza a uno y otro lado tratando de no gritar; las tetas subían y bajaban con la agitada respiración, hasta que no pudo aguantar más y en medio de contorsiones y gemidos llegó al orgasmo, tapándose la boca con ambas manos. Daniel se quitó el bañador y exhibió su herramienta esplendorosa, altiva y dura; la masajeó por un instante mostrando el recorrido de su mano, desde la base hasta la punta del mástil.

Mi esposa, que aún no se había recuperado de su orgasmo, sintió como Daniel la tomó de la cabeza y le acercó el glande a su boca. Ella se quedó un momento mirando aquel pedazo que tenía frente a sí. Entonces Daniel se apretó ligeramente el pene, de su extremo surgió una buena cantidad de semen cristalino que utilizó para lubricar suavemente los labios de mi esposa, ella sacó la lengua y lamió aquella miel caliente.

– Es toda para vos, ¡chúpala! – Ni bien terminó de decirlo, Adriana tomó el pene con ambas manos y lo hizo desaparecer dentro de su boca. Su cabeza se movía adelante y atrás acompañada por la mano de Daniel que la agarraba de los pelos. – ¡Dale!, así…cómela toda…Uhhh… ¡muy bien…! – ¡Qué buena chupada…! Daniel abusaba de mi esposa y cada cosa que le decía la calentaba aún más. Adriana continuaba sin detenerse, succionando y lubricando con su saliva, envuelta en un éxtasis frenético que hacía explotar mi pene.

-¡Te vas a tragar mi leche! – Daniel la sostuvo de la cabeza con ambas manos y en medio de un grito de placer le volcó el contenido de su calentura en la garganta de mi esposa. Jamás habíamos hecho esto antes, pero ella no solo lo disfrutó sino que después limpió con su lengua hasta la última gota de semen del miembro de Daniel.

Adriana visiblemente excitada se sentó al borde de la cama y comenzó a masturbarse mientras con la otra mano se dedicaba al pene de él, que para mi asombro, reaccionó inmediatamente a sus caricias. Luego de un rato, la hizo recostar nuevamente y dijo: – Dame el preservativo – Yo accedí obediente, él se lo colocó y me pidió:

– Carlos, sujeta las manos de Adriana – Me acerqué a la cama, mi mujer extendió sus brazos por sobre su cabeza, yo me coloqué detrás y la sostuve por las muñecas. – Ahora te voy a penetrar, ¡vas a ser mi hembra!… – Adriana no hizo más que retorcer el cuerpo al escuchar sus palabras dominantes.

Daniel comenzó a separarle las piernas; la hermosa vulva quedó a su merced… jugosa, latente y receptiva… él se la metió, taladrando hasta el fondo.

-¡Ahhhh! Gritó Adriana; un grito de placer y calentura que nunca le había escuchado. Daniel comenzó a serrucharla mientras le besaba las tetas y la boca. Puedo asegurar que no hay escena más caliente, que ver a la propia mujer gozando como una cualquiera, entregando su cuerpo sin limitaciones a otra persona.

Mi esposa, después de adaptar su caverna a aquel miembro, comenzó a sacudir las caderas con desesperación; deseosa de exprimir el palo que recibía, proponiendo un coito feroz. Sus manos se zafaron de las mías que la sujetaban y fueron directas a la espalda de Daniel, lo arañaron desesperadamente y luego ambas se posaron en el culo de él, empujando su nalgas para que ese movimiento de pistón no cesara. Así estuvieron un rato sin darse tregua. Mi pene chorreaba un hilo continuo de semen, producto de la descomunal calentura; tuve que masturbarme hasta acabar para aliviar el dolor de mis testículos.

Luego, Daniel se recostó en la cama, acariciando su palo tieso y vertical – Quiero ver cómo montás – La ayudó a subirse y ella se introdujo la verga lentamente hasta que logró cubrirla en toda su longitud. Subía y bajaba acariciándose los senos, mojando los dedos para apretar los pezones; mi esposa parecía otra mujer, alguien que yo desconocía por completo, pero me volvía loco.

– Así…Uhh…que caliente estás perra…! ¡Como gozas esta cogida!…¡Ahhh!- Me estás quemando con tu palo ardiente! ¡Ohhhh!… ¡La siento… hasta la garganta! – Mi mujer cabalgaba sobre el falo de Daniel cada vez más rápido, quebrando la cintura, meneando su hermoso trasero como una… puta.

– Meteme el dedo en el culo Daniel… ¡por favor…! – Suplicó. Él no hizo esperar su pedido y hurgó con su dedo mayor en el recto de mi esposa, entrando y saliendo del pequeño orificio en medio de las convulsiones de ella. -¡No aguanto más!…me estás rompiendo toda! Soy tuya! ¡Ahhhhhhhhhh.! El orgasmo imponente de mi mujer retumbó en mis oídos; no sé si fue uno, dos o tres juntos, pero sin duda que fue de enorme placer. Daniel tampoco podía soportar más y acabó dentro de ella al mismo tiempo…

Cansada y feliz mi mujer se acercó hacia mí, me besó tiernamente – Espero que también lo hayas disfrutado – Me dijo con suavidad y se marchó para darse una ducha. Nos quedamos un par de días más en los que disfruté como nunca el sexo con mi esposa; ya sin la participación de nuestro amigo. Él regresó a Italia y si bien nos hablamos cada tanto, hay una especie de acuerdo implícito para no hablar de lo sucedido.

A partir de ese día nuestra vida cambió por completo, el matrimonio se fortaleció y nuestros juegos sexuales nos dan gran placer. No creo que volvamos a tener una experiencia como la que relaté, porque no sentimos que nos haga falta, aunque no me atrevería a asegurarlo…

Autores: Puroloco, Ranilov

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La novata amiga de mi hermana

Se subió en mi polla, al comienzo lo hizo suavemente, luego se sentó un poco más, pero le dolió, así que intentó retirarse, la agarré de la cintura penetrándola completamente. Ella dejó escapar un grito mezcla de placer y de dolor, sentía lo caliente y lo estrecho de su chocho, se comenzó a mover hasta que cabalgaba como una yegua loca. Tuvimos prácticamente un mismo orgasmo.

Mi hermana invitó a una amiga a casa, ya que mis padres salieron de viaje, y yo me iba a una fiesta. Esa noche llegó Adriana, así se llama la amiga. La conocía desde muy niña pero últimamente estaba hecha toda una mujer. La saludé rápidamente, ya que yo iba de salida. Esa noche me la pasé bailando con una amiga cuyas tetas siempre me trajeron loco, pero tenía novio, así que no me atrevía a hacer nada.

Regresé a mi casa súper caliente y dispuesto a hacerme una pajita, pero para mi sorpresa, encontré a Adriana durmiendo en mi cama, entonces me acordé de que le había dicho a mi hermana que no iba a volver hasta el día siguiente. Para esto, Adriana estaba destapada y solo dormía con una trusa sexy larga que se le había subido, dejando al descubierto su coñito sabroso y bien depilado, así que decidí jugármela y cuidadosamente separé sus piernas y empecé a lamérselas muy suavemente, para que no se despertara. Pero aún así se despertó, yo me asusté y traté de pedirle disculpas pero ella me pidió que siguiera, ya que esa noche ella y mi hermana habían encontrado una de mis películas preferidas y en ella salía como le comían el coñito a una chica y se había quedado muy caliente.

Yo no me hice de rogar, primero le quité la trusa y dejé al descubierto sus grandes tetas, cuando quité su sensual sostén y con sus pezones rosaditos, que aún me excitan mucho. Empecé a jugar con ellos, pellizcándolos y lamiéndolos muy suavemente, se comenzaron a poner duros y su respiración empezó a agitarse poco a poco. Seguí bajando por su estómago, hasta detenerme en su ombligo. Luego seguí bajando, empecé a lamiéndole los bordes de su coño, con lo que ella se volvió loca y empezó a moverse, tratando que penetrara mi lengua más adentro y no la hice esperar, fui avanzando hasta encontrar su clítoris.

Cuando mi lengua hizo contacto con el, empezó a soltar unos gemidos, primero entrecortados y luego más seguidos. Le dije que mordiera la almohada para que no hiciera mucho ruido, seguí jugando con su clítoris hasta llegar a su boca y le di un largo beso dejándole esa delicia de clítoris. Le pregunté si le había gustado y me dijo que sí. Le dije que eso era solo el comienzo. Me quité la ropa, liberando mi polla que estaba a punto de reventar y, sin decirle nada, la puse en sus labios.

Primero me dio una mirada extraña, pero decidió hacer lo que había visto en la película, así que empezó a mamarla, no tenía experiencia pero el esfuerzo que hacía por hacerlo bien bastaba. Estuvo mamando hasta que me corrí en su boca, mientras descansábamos, le pregunté si quería sentir mi polla dentro de ella me dijo que no, porque aun era virgen y me decía que no quería sentir dolor. Le dije que iba a sentir un poco de dolor, pero que el placer iba a ser mayor. Me llevó un rato más convencerla, pero finalmente aceptó, sólo si la dejaba sentarse encima para que ella pudiera salirse si le dolía mucho. Se subió en mi polla, que estaba armada nuevamente.

Al comienzo lo hizo suavemente, dejando que mi cabecita sintiera el calorcito de su coñito. Luego se sentó un poco más, pero le dolió, así que intentó retirarse. Pero en mi excitación la agarré de la cintura y la llevé hacia abajo, penetrándola completamente. Ella dejó escapar un grito mezcla de placer y de dolor, y la dejé en esa posición un rato para que se acostumbrase a ese momento. Fue uno de los que más disfruté, ya que sentía lo caliente y lo estrecho de su chocho. Luego de un rato, empecé a moverme, suavemente al comienzo.

Ella dejaba que yo hiciera todo pero, mientras más avanzaba su excitación, se comenzó a mover hasta que cabalgaba como una yegua loca. Tuvimos prácticamente un mismo orgasmo, que nos dejó rendidos al punto de que al rato nos quedamos dormidos.

Al día siguiente, mi hermana entró a mi cuarto a buscar a su amiga y la encuentra desnuda durmiendo encima de mí. Al comienzo pensé que mi hermana iba a hacer un escándalo, pero Adriana me pidió que las dejara a solas un rato. Cuando volví, las dos tenían una mirada traviesa, mi hermana me dijo que no iba a decir nada con la condición de que yo le consiguiera quien le hiciera lo mismo, ya que entre hermanos, no ¿verdad?

Y aun sigo viendo a Adriana, y cuando podemos, cogemos como unos desenfrenados, pero ésa, es otra historia…

Manden comentarios.

Autor: Adrián

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Mi padre ahora es marido y amante

Me lamió mi vagina sacándome hasta la última gota; me dijo que le gustaban las mujeres peludas de concha, que le producían mucho morbo, después se subió sobre mí, ubicó su pene a la entrada de mi vagina y me fue penetrando, cuando escuchó él un gemido mío, enseguida empezó a penetrarme con más fuerza hasta que yo emití un grito que fue de dolor y placer al mismo tiempo.

Primeramente quiero felicitarlos por esta excelente página, donde me ayudo por medio de sus contenidos a abrir mi cerrada mente, a encontrar nuevas maneras de amor, en especial hizo que saliera de lo más profundo de mí el amor por el incesto. Yo nunca imaginé que lo haría realidad y por todo esto muchas gracias.

Mi nombre es Adriana, tengo 18 años, soy una chica con excelentes senos como dos manzanas, una buena cola y una vagina muy velluda que a veces pienso que es un peluche; vivo con mi padre Álvaro de 45 años, es un hombre fuerte, inteligente y simpático. Somos de un país latinoamericano.

Todo empezó el día que conversé con una amiga por Internet, ella me comentó con detalles que desde hace dos meses mantenía relaciones sexuales con su padre, yo no podía creerlo hasta que ella me mostró fotos de ellos haciendo el amor; al principio me dio nervios, pero luego me entró la lujuria acompañada del morbo, ahí mismo empecé a masturbarme con un consolador pequeño que tenía; enseguida en mi cabeza imaginaba a mi padre penetrándome, hasta que llegué a un fantástico orgasmo; al final me despedí de ella y le di las gracias por abrir mi mente a nuevos caminos de placer.

Al siguiente día me levanté temprano y me oculté detrás de la cortina de la pieza de mi padre, mi deseo era verlo desnudo; él se encontraba bañándose, cuando de repente entró al cuarto, se quita la toalla, saliendo a relucir su admirable pene gordo, largo, moreno, peludo; yo antes no había visto en vivo y directo un pene, sólo en Internet y películas. Luego él se vistió para irse a trabajar en su oficina de abogado, yo en cambio me desnudé y me arrojé a la cama dándome dedo en mi vagina, pensando en mi papi, en especial su pene delicioso.

Llegó la noche, yo había decorado la casa de una manera romántica, mi padre entró preguntándome que es todo esto, ¿qué estamos celebrando?  Le dije papá, todo esto es porque eres el mejor papi del mundo, luego cenamos; coloqué música suave diciéndole, padre necesito decirte algo que no sé como lo tomes, él me dijo, ¿qué pasa?; sin más rodeo le solté la bomba, es decir, le dije padre estoy locamente enamorada de ti; él me respondió con un ¿quéee?, en ese momento hubo un silencio; ambos estábamos sentados en el mueble de la sala, cuando no soporto más este silencio, me le acerco y le doy un beso con lengua en la boca. Él tenía una cara de asombro, le dije padre, no hay nada de malo de que tú me gustes, lo que pasa es que todavía tienes esos tabús que te metió la sociedad a la fuerza en la cabeza; padre deseo poderte ayudar a romperlos.

Luego lo volví a besar, él ya empezaba como a seguir mi plan, entonces le dije, mira para el otro lado, rápidamente me desnudé, ahí estaba yo con mi joven y apetecible cuerpo; le dije voltéate, él no creía lo que estaba viendo, era su hija ya toda una mujer, después le comenté que se quitara toda su ropa que hacía calor, enseguida él también se la quitó; me arrodillé diciéndole, padre yo quiero ser de ahora en adelante tu esposa, tu mujer, tu amante, tu puta; hubo un silencio: cuando sonó un siiiiiiii, yo dije, ¿si qué?  Siiiiiiii te acepto, luego le empecé a chupar su pene que ya estaba erecto, de repente sentí toda su deliciosa leche en mi boca, me la tomé toda como buena niña.

Enseguida nos fuimos a su habitación, allí él me recostó, luego me lamió toda mi vagina, sacándome hasta la última gota de mi lubricante; me dijo que le gustaban las mujeres peludas de concha, que le producían mucho morbo, después me besó las tetas hasta más no poder, me acarició mi vellos púbicos; se subió sobre mí, ubicó su pene a la entrada de mi vagina y me fue penetrando, cuando escuchó él un gemido mío, le dije, padre soy virgen; enseguida él empezó a penetrarme con más fuerza hasta que yo emití un grito que fue de dolor y placer al mismo tiempo.

Luego le dije, padre mi virginidad ha sido el más lindo regalo que yo pueda darte, él me besó en la boca, diciéndome gracias por el honor que me haces, cuando aceleró el ritmo de sus movimientos, me dijo que ya estaba a punto de eyacular, que mejor se iba a regar por fuera para no correr el riesgo de preñarme, yo le dije nooooooo…

Padre deseo sentir tu semilla dentro de mí, mis óvulos están esperando desde hace tiempo a mis hermanitos los espermatozoides, para poder hacer el milagro de la vida, padre con todo mi corazón deseo tener un hijo tuyo; ya que tú, todos estos años me has cuidado y protegido; además tú tienes todo el derecho del mundo de ser el padre de mis hijos.

De repente sentí toda su leche o semilla dentro de mí, yo lo abracé fuerte diciéndole al oído, si papi embaraza a tu hija, para mi fueron ríos de semen que me arrojó mi padre en el útero, porque después se me salían de mi vagina, me sentía llena y satisfecha; al final nos dimos un beso en la boca. Desde entonces somos pareja de esposos.

Esto pasó hace 11 meses, ya tengo un lindo y saludable hijo – hermano. Mi padre está alegre porque también es el padre de sus hijos – nietos. Esta historia puede ser real o ficticia según el criterio del lector.

Es un placer poder decirles gracias por contribuir a que el incesto no muera, los saludo de corazón y un beso francés a todos. Un consejo para las hijas que quieren a sus padres, que no hay nada de malo en poder hacer el amor con sus papis, ya que ellos se han sacrificado toda la vida por ustedes, que mejor amor de hombre que el de un padre. Padres los invito a que se les declaren a sus hijas, que puedan hacer el amor con ellas sin ningún tipo de remordimiento y tal vez de ello salga el fruto del incesto que es un hermoso bebé.

Autor: NarradorErotiko

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Mi relación

Parte de nuestra vida sexual gira en torno de nuestras fantasías, pero estoy segura, que un día tendremos una relación con una mujer y otra con un hombre, y en ambos casos, cada uno gozará de lo que en su momento gozó, y cada uno de nosotros verá satisfecha su fantasía.

Tengo 38 años, mi marido tiene 36, llevamos diez años de buen matrimonio y nuestra vida sexual  es intensa. Una parte importante de nuestra relación sexual la constituye lo que nosotros llamamos nuestras “fantasías compartidas”. Déjenme explicarles:

Hace ya años, cuando éramos novios, en un motel vimos una película en la que dos mujeres se hacían el amor apasionadamente, el erotismo de la película nos llevó a copular con desenfreno y a confesarnos algo de nuestro pasado… Yo le conté la  siguiente historia sobre mi pasado:

“Como es tradicional, en el último año de secundaria salimos de paseo con los compañeros de curso. Nuestro paseo fue al Parque Tayrona, una reserva natural a orillas del Mar Caribe en Colombia y en las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta. Es un sitio excepcional, pues en las mañanas despejadas, se aprecian desde la orilla del mar las cumbres nevadas a casi 6.000 metros de altura.

El paseo era de acampada, y la primera noche me tomé unos tragos de más, de forma tal que amanecí con una resaca espantosa, y por ello no fui con mis compañeros al paseo a pie al asentamiento indígena precolombino de pueblito, y por el contrario me quedé durmiendo en la carpa.

Hacia las 10:00  a.m. me levanté acalorada, sudada y sedienta, y busqué una cerveza fría entre los termos que habíamos llevado. Mientras bebía mi cerveza apareció Adriana, una compañera del otro curso con quien jamás había tenido una relación más allá de unas pocas charlas sociales, pues ella había ingresado al colegio justamente en ese año. Adriana tenía una resaca tan fuerte como la mía, por lo cual venía también en busca de una cerveza.

Después de beber juntas un par de cervezas y ya algo repuestas, Adriana sugirió que como nuestros compañeros tardarían cerca de cuatro horas en regresar, fuéramos a la playa a broncearnos un rato. Yo acepté y entre las dos cargamos un termo con cervezas y algunos enlatados, toallas, cremas, bronceadores y una grabadora, y buscamos en la playa el lugar más aislado.

Ya instaladas en nuestro rincón de la playa, nadamos un buen rato con mucho cuidado, porque se trata de una playa en mar abierto, de muy fuerte oleaje y mucha resaca. Luego  decidimos poner música y nos dispusimos a asolearnos, para lo cual extendimos las toallas sobre la arena y cada una de nosotras se aplicó el bronceador por delante. Un rato después, Adriana se puso bocabajo, se soltó el cierre de su top, y me pidió que le aplicara bronceador por su espalda, una vez se lo apliqué, yo también me puse bocabajo, me solté el cierre y le hice la misma solicitud a Adriana.

Hecho lo anterior cada una de nosotras se tendió sobre su toalla y permanecimos unos veinte minutos en silencio hasta que Adriana me pidió que le aplicara más bronceador. Cuál no sería mi sorpresa, cuando al incorporarme descubrí que Adriana se había volteado, es decir, que se hallaba bocarriba, de forma tal que no requería de mi ayuda para aplicarse el bronceador. La situación era confusa y explícita a la vez. Al incorporarme, y como tenía mi top suelto para que no se marcara, había quedado con mi pecho desnudo, Adriana por su parte, antes de voltearse y pedirme más bronceador había apuntado el top de  su bikini, de forma tal que pretendía que yo le aplicara la crema bronceadora donde ella bien se la podía aplicar, y a la vez me señalaba unas fronteras con su escasa ropa.

Empecé entonces a untar sobre su cuerpo el bronceador, desde sus pies hacia arriba,  sobre sus piernas cubrí hasta el límite del panty de su bikini, de allí pasé a su cara, cada vez más excitada removí el cabello que la cubría y delicadamente apliqué la crema por su rostro, luego pasé a su cuello y de allí salté a su vientre, de él subí hasta el límite que me marcaba el top bien ajustado, y luego me ocupé de sus hombros y de su pecho hasta donde el top lo permitía. Entretanto la respiración de Adriana se agitaba.

Yo también me sentía inquieta, estaba  ocupada más de lo necesario en la parte descubierta de su pecho, Adriana abrió los ojos, me miró directamente y me preguntó si me gustaba… Yo quedé petrificada, y sólo atiné a cerrar mis ojos mientras mi mano seguía frotando la parte descubierta de su busto. Ella unos segundos después extendió su mano, acarició mi pecho descubierto, y me repitió la pregunta: ¿te gusta? Yo no respondí, sencillamente seguí acariciando la parte descubierta de su busto y reaccioné favorablemente cuando ella se incorporó y me besó en la boca.

En esas pocas horas que nos quedaban regresamos a la carpa, e hicimos el amor de todas las formas posibles entre mujeres y nos gozamos una a la otra y otra a la una hasta el infinito. Los días que quedaban del paseo buscamos cada rincón, cada excusa, cada ocasión para besarnos, acariciarnos y cuando fue posible hacer el amor.

Luego regresamos a Bogotá, y durante el resto del curso con la mayor discreción fuimos amantes. Una vez graduadas, cada una tomó su camino y el de ella fue residir en el exterior. Desde entonces no he tenido relaciones sexuales con otra mujer, pero espero que un día me vuelva a encontrar con Adriana.”

Por su parte, mi marido me contó:

“Yo formaba parte del equipo de tenis de mesa de mi colegio. Un compañero del equipo, que cursaba un año anterior al mío, me invitó una tarde a practicar en su casa, que no sólo era amplia y lujosa, sino que además tenía un gran área de juegos con bolera, billar y muro de tenis (frontón). Practicamos un buen rato tenis de mesa, y cuando yo expresé que quería ir a orinar él no sólo me indicó el camino sino que ingresó conmigo al baño, cosa que no tenía nada de particular, porque había varios cubículos para orinar. A la salida del baño, mi compañero comentó que yo por ser mayor debía tener el pene más desarrollado que el suyo.

Reanudada nuestra práctica yo no podía ignorar su comentario de modo que lo alenté a repetirlo y cuando él lo hizo yo me ofrecí a mostrarle mi miembro, hecho lo cual, sin que mediara palabra suya me bajé el pantalón y le exhibí mi miembro erecto, no tan grande como lo es ahora y con menos pelos en el pubis de los que tiene hoy. El se acercó, se sacó su miembro que estaba erecto y que ya había superado la niñez, y se declaró sorprendido por el tamaño del mío (era obvio, yo era mayor). Luego me propuso que midiéramos el tamaño de cada pene, de forma tal que él consiguió una cinta métrica de costura, me lo midió y yo a él, cosa que hicimos para deleite de ambos.

Luego nos toqueteamos, pero sin declarar que nos gustaba, sino más bien como un juego de curiosidad. Hubo un momento en que él quería tocarme y yo quería hacer lo mismo de forma tal que nos recostamos de manera opuesta y mientras él tenía mi pene en sus manos yo tenía el suyo en las mías, me sentí tentado y me llevé su pene a mi boca, él lo sintió y no sólo empujó su pene, sino que hizo lo mismo con el mío, fue un 69 delicioso.

No nos penetramos, no nos besamos, pero durante mucho tiempo nos hicimos sexo oral tanto en el pene como en las tetillas y todas las veces nos vinimos delicioso, luego él se retiró del colegio y  no volvimos a vernos.”

Compartidas las anteriores confidencias, parte de nuestra vida sexual gira en torno de nuestras fantasías, le meto a mi marido mis dedos en la boca como si fueran un pene y luego los chupamos ambos como si lo compartiéramos, y él hace ejercicios para que su pecho crezca como si tuviera unas tetas de verdad que yo chupara.

Mi relación les parecerá rara, pero estoy segura (y así lo espero), que un día tendremos una relación con una mujer y otra con un hombre, y en ambos casos, cada uno gozará de lo que en su momento gozó, y cada uno de nosotros verá satisfecha su fantasía.

Autora: Mariana

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Mi padre, mi placer prohibido

Hacía más de un año que yo había descubierto el deseo de mi padre por mí y me embargaba igual pasión por él, pero ahora habían caído todas las barreras, ya nada tenía que quitarle a mi madre, abrí mi cama y mi padre quedó a mi lado, acariciando su piel y palpando el grosor de su pene impresionante, me abrí para el hombre maravilloso y me penetró delicadamente.

Sentía mi cuerpo vibrar como si dentro de el estuviesen danzando todas las fuerzas de mis 18 años recién cumplidos. Cuando me pregunté a mi misma que me pasaba, me respondí que anhelaba tener un hombre conmigo.

Fue esa tarde de viernes durante la clase de química que mi madre había contratado para apoyarme en el estudio, que me di cuenta que ese hombre estaba a mi lado. Mi profesor tenía 25 y estudiaba ingeniería en los últimos años de su carrera. Habíamos iniciado la clase de pie frente a una pizarra, pero ahora, él estaba sentado a mi lado junto a mi escritorio y me acariciaba los muslos con calma y seguridad.

Yo lo dejaba hacer porque eso me gustaba y porque era el inicio de un camino que yo estaba dispuesta a recorrer hasta el último extremo. De modo que cuando él quiso subir su mano más arriba yo cerré los muslos dejándosela dulcemente aprisionada. Ambos quedamos estáticos. Yo fui soltando lentamente mis piernas, separando mis muslos y él continuó con su recorrido hasta alcanzar audazmente mi sexo por sobre mis pequeñas bragas blancas.

Entonces, con un movimiento brusco puse mi mano sobre su muslo derecho justo para apreciar su erección inicial que sin duda era el producto de la excitación ocasionada por sus caricias sobre mi sexo, Yo continuaba en silencio simulando resolver un problema en las hojas de papel, como en una complicidad, para ocultar lo que sucedía bajo la mesa. Hasta ese momento ninguno de los dos había pronunciado palabra alguna referida a nuestra aventura, todo era caricias subterráneas y ardientes.

Yo estaba entrando en un mundo de sensaciones violentas y dulces a la vez y todo eso era lo que yo anhelaba desde días cuando había notado en mí la explosión interna incontenible de mi deseo. Me había acomodado ligeramente en mi silla para que él pudiera acariciarme mejor y de ese modo no tuvo dificultad alguna para meter su mano bajo mi braga y acariciar con ternura mi sexo poblado. Era una sensación maravillosa sentir la mano de un hombre de verdad tratando de conocerme en esa intimidad y fue eso seguramente lo que lo alentó a desabrochar su pantalón y tomando mi mano la puso sobre el bulto duro de su pene. Fue la última iniciativa suya pues todo lo demás lo hice yo por mi voluntad y con creciente deseo.

Mientras él trataba de conocerme con delicadeza yo me apoderé de ese tronco desnudo aprisionándolo en mi mano dentro de la cual lo sentía latir. Era maravilloso. Esa consistencia dura y al mismo tiempo blanda, esa suavidad increíble, solamente parecida a la suavidad de mis pechos en medio de mis noches ardientes y solas.

Ahora era mío y lo recorrí con calma en toda su extensión, hace tiempo tuve una experiencia, pero no lo se. Me gusta así sigue por favor, búscame dentro de mi… ¿no te atreves?..Dime porque no está bien duro ¿tienes miedo?.. Ven así ya…me gusta así como está es como una masa erótica que me atrae… Mañana lo haremos… mañana iremos a mi cuarto y lo haremos… completo así como yo quiero que me tengas… ¿Me lo darás mañana? Si que te lo daré todo… todo.

Esa noche de viernes me sentía diferente porque estaba en el sendero de ser hembra completa, mi cuerpo lo adivinaba y lo sentía de modo que ya tarde me fui al cuarto de mi madre. Siempre lo hacía cuando mi padre no estaba en casa y eso era todos los viernes. Él volvía el sábado por la noche. Así le conté lo que me pasaba con mi profesor, no le conté lo que hicimos porque eso era solo mío, pero si le dije que me gustaba como hombre, que me sentía terriblemente atraída y que al día siguiente lo haríamos, que yo tenía muchos deseos de hacerlo y me parecía el hombre adecuado.

Mi madre estaba feliz con lo que yo le contaba pues ella me había dicho que deseaba que yo tuviera experiencia sexual y que esto le parecía algo controlado y normal.

Me acariciaba el cabello mientras yo reposaba mi cabeza entre sus pechos desnudos. Mi madre es una mujer hermosa y sobre todo abierta y directa. A mi me hubiese gustado ser como ella. Yo sabía lo exuberante que era en la cama porque cuando tenían sexo con mi padre nunca se preocupó de hacerlo en silencio sino que yo podía escuchar sus estallidos desde mi cuarto y muchas veces pudo ver parte de la escena cuando lo hacían, simplemente con la puerta del cuarto semi abierta.

¿No tienes miedo verdad?.. No para nada… no temo nada. Todo lo contrario solo siento unos deseos muy grandes de hacerlo… de que esté sobre mí… de que me lo haga completo… Si es delicioso ya lo verás… debes estar bien dispuesta y adoptar una buena posición… así mira.

Se había sacado la tenue camisa que vestía y entonces separó un poco sus muslos y me dijo que la montara mientras ella se extendía sobre la cama. Me senté entre sus muslos con mi sexo muy cerca del suyo. Jamás me había dado cuenta de lo idénticos que eran nuestros cuerpos… éramos iguales sino fuese porque el suyo parecía tener en cada centímetro de su piel una sabiduría táctil impresionante.

Yo era puro deseo y sus pechos ejercían sobre mi una atracción inevitable. Estiré mis manos y comencé a acariciarlos. Eran dos inmensas uvas eróticas. Ella me acomodó sobre sus muslos abiertos poniendo sus manos en mis nalgas y comenzó a moverse de una manera que nunca había imaginado posible.

Debes moverte así… de ese modo sentirás mucho mejor todo lo que hará contigo… debes ofrecerte y al mismo tiempo apoderarte de él, de todo él… Tú lo haces bien… así muévete así quiero aprenderlo… eso quiero hacer mañana… Si lo harás, te saldrá natural… es lo más fácil y tienes un trasero delicioso lindo y ágil… tierno así como te lo siento… muévete junto conmigo… por favor Adriana… así … no pares… no te detengas.. No… No me detendré… así contigo… así.

Fue un encuentro diferente a otros. Y ya no fue una conversación llena de preguntas y respuestas. Este fue un encuentro de dos mujeres inmersas en el deseo en el cual yo manifesté mis ansias sin control y ella a su vez se dejó llevar por la atracción mutua y nos dimos placer como hembras sin preguntarnos nada.

Creo me quedé en silencio disfrutando de sus gritos y de sus expresiones que yo misma le había escuchado la noche anterior mientras desnudas jugábamos al sexo en su cama. Quizás estaba en la misma posición que habíamos practicado y lentamente me acerqué para mirar, pero la puerta estaba cerrada.

Con audacia giré la manilla de la chapa y vi el hermoso trasero de mi madre subiendo y bajando mientras ella misma sostenía sus pechos locos que volaban por la agitación del deseo. Su pelo rubio caía sobre su espalda y la mujer estaba en medio de un orgasmo salvaje… la escena me ocasionaba una calentura feroz que me paralizó de golpe al darme cuenta que el hombre con el cual mi madre enloquecía de placer, era mi profesor y no mi padre. Caminé lentamente hasta mi cuarto teniendo cuidado de dejar la puerta bien abierta pues quería escuchar hasta el final.

La traición me parecía burda, pero debía reconocer que lo que estaba escuchando y había visto era la más feroz escena de sexo que podría haber imaginado. Cerré los ojos y fui solo oídos: Sigue… sigue por favor no te detengas… macho tierno… entra en mi así… párteme si quieres… desármame entera y ármame de nuevo a tu medida… dame fuerte, no quiero perderme ni un centímetro tuyo… tenemos tiempo aun… nadie ha de venir… no temas, que Adriana no volverá hasta la hora en que acordaron… dame mucho que aún te quedará para darle a ella.

Me parecía vulgar y grotesco. Sin duda que habría de quedarle porque yo no estaría en esa cita pues en ese mismo momento me deslicé por la ventana de mi cuarto y me alejé de la casa para volver solamente a eso de las seis como si viniese llegando de la peluquería. El traidor simulaba haber llegado recién y la hembra promiscua entonaba una canción de moda bajo la ducha seguramente aplacada ya su calentura inaudita.

Yo por mi parte sabía con claridad meridiana lo que había de hacer. Solamente esperaba que transcurrieran los minutos. Le dije a mi profesor que postergaríamos nuestro encuentro pues me encontraba indispuesta y él muy cínico casi simuló lamentarlo y se marchó. Cuando mi madre salió de la ducha esplendorosa yo estaba en la cocina y le comenté que estaba preparándole a mi padre un plato especial que él me había pedido hacía tiempo. Después de cenar nos retiramos a dormir

Pasado la medianoche yo estaba más despierta que nunca en mi vida esperando en medio de la oscuridad. Me había metido bajo las sábanas completamente desnuda y mi cuerpo ardía cuando escuché los pasos suaves avanzando hacia mi cuarto, luego oí abrirse la puerta y en medio de la penumbra el perfil perfecto del hombre desnudo y entonces encendí todas las luces porque quería vivir lo que viviría con la máxima luminosidad.

Mi padre estaba ahora junto a mi cama y yo quedé deslumbrada por la expresión de infinita ternura y de deseo que demostraba su rostro y más aún al observar la erección más sensacional que pudiera haber imaginado. Su pene apuntaba casi vertical hacia arriba y sus bolas se habían empequeñecido bajo el grosor casi aterrador de la base de ese mástil hermoso.

Hacía más de un año que yo había descubierto el deseo de mi padre por mí si bien nunca lo había aceptado aunque me embargaba igual pasión por él, pero ahora habían caído todas las barreras y todas las máscaras ya nada tenía que quitarle a mi madre porque ella se había demostrado tal como era sin reparar en nada. Entonces abrí mi cama y mi padre quedó a mi lado, acariciando su piel y palpando el grosor de su pene impresionante, me abrí para el hombre maravilloso y me penetró delicadamente.

¿Dime que sientes?… Lo que siento es lo que soñé mil noches deteniéndome en la puerta de tu cuarto y quiero darte lo que me pidas porque soy tuyo ahora como te deseaba desde hace más de un año… mujercita increíble que me volviste loco… Deslízate a través de este suplicio duro y suave mientras mantengo tu maravilloso trasero sujeto entre mis manos.

Déjame moverme hombre perfecto, deja que mi pelo caiga por mi espalda porque es el más lindo que has visto y mi sexo lo más perfecto que pudieras tener… hombre mío disfrútame y olvida a la hembra que te daña… yo curaré todas tus heridas y tú me harás solo tuya, así como lo estás haciendo. Entra, entra,… entra más, separa todo lo que hay que separar… hazme más profunda y más ancha, más, aún más… no me hagas callar, déjame hablar fuerte, deja que ella escuche… deja que sepa que ahora eres mío y que jamás te dejaré ir porque jamás te engañaré…

Dime tú lo que sientes…. Si siento que tengo el fruto prohibido de mis sueños y de mis pesadillas y me siento latir en ti … dentro de ti allí donde ahora hay un espacio que no existía porque yo lo he abierto en ti… así muerde, muérdemelo con la fuerza y el deseo incomparable de tu sexo joven… así muerde y recíbeme agítate conmigo …Si hombre mío déjame gritar mi felicidad y mi placer prohibido por fin.

La mujer estaba mirando desde la puerta… yo no se desde cuando, pero lo había visto todo. Era lo que yo quería. Ni un solo gesto de espanto ni de rechazo… tampoco a nosotros nos importaba… teníamos lo que anhelábamos… ella… no se yo que tenía

...nunca lo supe y no quiero saberlo… ¿Para qué?

Autora: Adriana

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Hambrienta de sexo

Esa barra de carne durísima fue penetrando mi esfínter sin que yo pudiera evitarlo, me la hundió toda, empezó a bombear lento y profundo. Cuando pasó el dolor terrible que sentí al principio empecé a disfrutarlo. Sentía su verga entrar y salir, toda a lo largo. Mi ano quedó muy dilatado. Gabriel estuvo largo rato cogiéndome así hasta que se vació dentro de mí con un grito. Sentí que me inundaba.

Hola, me llamo Adriana y quiero contarles mi historia porque necesito un consejo. Soy una mujer ya madura, me falta poco para llegar a los 50 años. Pese a ello mantengo mi cuerpo en forma porque desde muy joven estoy acostumbrada a las dietas y al gimnasio. Mi cabello es rubio, tengo pechos que se mantienen firmes igual que mi trasero, y como entenderán, me considero atractiva.

Pues bien, la cuestión es que hace ocho meses me divorcié de mi marido por cuestiones que no vienen al caso. Todo ese tiempo no estuve con ningún hombre, y la verdad que más pasa el tiempo, más me doy cuenta de que lo necesito. Hasta que hace poco tiempo ocurrió algo que me cambió la vida. Les contaré.

Un sábado me invitaron a cenar Daniela y Carlos, un matrimonio amigo, ambos de mi edad. Fuimos a un lugar elegante, y después decidimos ir a una disco a tomar una copa antes de irnos cada uno a su casa a dormir. Hacía años que no entraba a un lugar así. Pues allí nos encontramos con Gabriel, el hijo de Daniela y Carlos. Tiene 25 años, practica rugby de modo que tiene un cuerpo fenomenal. El chico estaba triste porque se había peleado con su novia, y lo que menos quería esa noche era conversar con tres personas adultas. Pero yo suelo ser una mujer muy divertida, hice algunas bromas y le cambió el humor. Tanto que me invitó a bailar un poco.

A las risas, acepté. Esa noche yo llevaba un vestido rojo, de finos breteles, escotado y algo corto, la verdad es que me veía muy bien y poco me importó lo que pensaran quienes me observaban bailando con alguien mucho más joven que yo. Bailamos largo rato. Daniela y Carlos nos avisaron que ya era hora de irnos, porque tenían sueño, y me sorprendió escuchar a Gabriel que decía “si Adriana acepta, nos quedamos un rato más y después yo la acompaño hasta su casa”.

Por supuesto acepté encantada. Yo también necesitaba divertirme. La cuestión es que seguimos juntos toda la noche y terminamos desayunando a la madrugada en un bar muy agradable. Después me llevó en su auto hasta mi departamento. Una vez en la puerta y antes de despedirnos, Gabriel me agradeció todo lo que había hecho por él, me dijo que estaba muy mal de ánimo, se sentía solo, y que yo lo ayudé a salir de eso. Le aclaré que él también me había ayudado a mí, que yo también estaba sola. Me miró intensamente. Y me dio un beso. Yo respondí con otro. En ese momento me olvidé de que era hijo de un matrimonio amigo, me olvidé de la diferencia de edad, me olvidé de todo. Sólo pensé que él era un hombre y yo una mujer que hacía mucho tiempo no tenía sexo. Y descubrí que mis ganas de él eran muy intensas.

Entramos a mi departamento besándonos y acariciándonos. Gabriel me hizo recostar sobre un sillón, me cubrió de besos todo el cuerpo, llegó a mis piernas, subió mi vestido e hizo a un lado mi tanga. Fue directo a lamer mi vagina. Uh, le agradecí con un gemido de placer. Hacía mucho que no sentía una lengua allí en mi intimidad, y me encendió hasta hacerme arder en un segundo.

Gabriel tenía una lengua maravillosa y la sabía usar. Lamió y mordisqueó mi clítoris, separó los labios de mi vagina y la introdujo dentro de mí… en síntesis, me volvió loca y me hizo tener el primer orgasmo de la noche. Grité como una desesperada mientras sentía que se mojaban hasta mis muslos.
Era mi turno. Lo tiré en el sillón, le quité rápidamente los pantalones y los bóxers, y quedó a la vista una verga maravillosa. Gruesa, de cabeza abultada, con las venas marcadas, y en la base dos huevos grandes y pesados.

La tomé con mi mano por la base y comencé a lamerla con entusiasmo. Me gusta hacerlo, y sé que lo hago bien. Los gemidos de Gabriel me confirmaban que lo estaba disfrutando muchísimo. Chupé con entusiasmo, con pasión, con ganas. Después de tanto tiempo volvía a tener un pene en mi boca y eso me ponía feliz y muy caliente. Gabriel susurró “jamás una mujer me la chupó así, es maravilloso”. Tomó mi cabeza y empezó a mover sus caderas, cogiéndome la boca hasta hacerme ahogar. “Trágala toda, que te entre toda”, decía una y otra vez.

Fuimos corriendo hasta mi dormitorio, mi vestido voló por el aire igual que su camisa y nos tiramos en la cama. Allí hicimos un 69 espectacular, me pasé su verga por toda la cara, la chupé hasta dejarla dura y brillante. Después me senté sobre ella dándole la espalda a mi amante. Fue maravillo sentir ese tronco duro y grueso deslizarse dentro de mi vagina mojada. Lo cabalgué con furia, me clavé una y otra vez su verga en la concha hasta sentir que me la hacía arder. Gabriel me sujetaba por las nalgas, las abría y cerraba y las volvía a abrir todo lo que podía.

Estábamos muy calientes los dos. Después me hizo girar hasta que quedé de frente a él y mordió mis tetas mientras yo seguía mi cabalgata enloquecida. “Sos la mejor hembra que me he cogido”, decía Gabriel. “Ya sabía yo que las veteranas son las más calientes, y ahora lo puedo comprobar”.

Fue un polvo bestial y en todas las posiciones. No sé en qué momento quedé con la mitad inferior de mi cuerpo sobre la cama y la cabeza, los brazos y las tetas apoyadas en el piso alfombrado de la habitación. Gabriel se puso detrás de mí y me penetró en esa forma. Volvió a abrir mis nalgas y me hundió un dedo en el ano que me hizo gritar.

Cuando sentí que sacaba su verga de mi vagina y la dirigía hacia mi ano le dije que esperara, que se detuviera, que no estaba preparada. No es que sea virgen de allí, he practicado mucho el sexo anal (a mi ex marido le apasionaba) pero siempre bajo ciertas condiciones que Gabriel no pensaba respetar. El chico apoyó la ancha cabeza de su pene en mi agujerito y empezó a empujar. Lancé un grito de dolor. “Gabriel, por favor no”, imploré. Pero él estaba más entusiasmado que nunca. “Te voy a hacer el culo mi amor, es mi sueño. Vas a sentirla cómo te entra milímetro a milímetro”.

Y vaya si la sentí. Esa barra de carne durísima y gruesa fue penetrando mi esfínter poco a poco, sin que yo pudiera evitarlo. Además, generalmente cuando tengo sexo anal yo pongo un tope: con mi mano apoyada en el vientre de mi pareja le digo hasta dónde puede penetrarme. Pero en esa posición agitaba mis brazos en vano, no podía alcanzar a Gabriel que estaba sobre la cama.

Conclusión: me la hundió toda. Y después empezó a bombear, lento y profundo. Cuando pasó el dolor terrible que sentí al principio empecé a disfrutarlo. Sentía su verga entrar y salir, toda a lo largo. Mi ano quedó muy dilatado. Gabriel estuvo largo rato cogiéndome así hasta que se vació dentro de mí con un grito. Sentí que me inundaba.

Fue maravilloso. Terminamos los dos abrazados en la cama, y antes de que se fuera le hice mi regalo especial, algo que reservo sólo para aquellos hombres que lo merecen: le hice una larga mamada, permití que se vaciara en mi boca y me tragué toda su leche. Eso lo volvió loco.

Desde ese día empezamos una relación intensa. Gabriel está encantado conmigo porque hacemos cosas que las chicas de su edad no se atreven. Eso permite que disfrutemos mucho, pero también se ha convertido en un problema. Les explicaré por qué.

Me he enamorado de Gabriel. Él lo sabe, y por eso me pide cada vez más cosas. Últimamente insiste en vaciarse dentro de mi vagina, pero yo no quiero porque temo que me deje preñada. Biológicamente aún puedo tener un hijo, pero no lo deseo. Él insiste, y no hay manera de convencerlo de que use un preservativo.

Dice que quiere ver mi concha inundada por su leche. Pero hay más. También dice que su fantasía es verme coger con otro hombre. Quiere mirar mientras me penetran. Hay varios de sus amigos que están dispuestos a cumplir su sueño. Y también pretende estar conmigo y con otra mujer.

Quiere presenciar una escena lésbica entre nosotras, que le mamemos la verga juntas y luego penetrarnos. Yo lo amo tanto que creo que voy a ceder a sus deseos. Me pregunto si eso es lo que debo hacer.

Autora: Upskirt

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Corriendo me alcanzó

Muy pronto comenzó a acabar, la puse en cuatro patas en el borde la cama, y empecé a metérsela. La tomaba de su cintura y la atraía hacia mi cuerpo, que grande está, me decía. Y cada vez con más fuerza, la quería partir, metí dos dedos en el culo y me pidió por favor, me los mojé con la saliva y se los volví a meter. Estábamos a mil los dos, llegamos a otro gran orgasmo gritando de placer.

Esta es la historia con una señora que conocí mientras corría por Palermo; era la mañana de un domingo y estaba por Avenida del Libertador y Austria, dando vueltas a la plaza y me crucé con una señora, menuda, rubia, de ojos claros, 1.60 mts de altura, y tetas paraditas, (como buena argentina). Estaba acompañada de un perrito blanco, casi una pompa de algodón, creí en principio que habíamos cruzado miradas, pero no supe como comenzar una conversación, hasta que de pronto no la volví a ver.

Tuve que esperar hasta el domingo siguiente y volvió aparecer un poco más tarde, volví a tener la sensación que cruzábamos miradas y en la siguiente vuelta la saludé, contestando ella lo mismo. Ahora decidido en la siguiente vuelta me frené anticipadamente y me fui encarando con la mirada fija en ella, ella sonrió y nos pusimos a conversar.

Primero nos dijimos nuestros nombres, se llamaba Adriana y yo Michingo, me comentó que le encantaba correr y lo había hecho hasta hace unos años, pero ahora iba al gimnasio casi todos los días. Tenía una agradable conversación y unos ojos celestes divinos, cuando me quise dar cuenta la estaba acompañando hasta la puerta de su casa, un muy buen edificio de departamentos sobre la avenida. Me saludó con un beso en la mejilla; yo ya estaba pensando en que había buena onda, y como lograría llevarla a la cama, teníamos más de 30 años de diferencia, pero Adriana tenía un cuerpo delicioso…

Pasé la semana esperando ese domingo, llegué antes y al mediodía la encontré; primero saludando de lejos con la mano y luego con un lindo besito en la mejilla, pero dejándome oler la fragancia de su perfume. Charlamos de temas corrientes, me contó de sus viajes, y las coincidencias de algunos destinos, había recorrido muchos países varias veces, y manejaba cuatro idiomas.

Lo más lindo era la narrativa como contaba las cosas, y sus lindos ojos, la veía caminar y su cuerpo era delicado, y sus pechos paraditos. Esta vez solo dio una vuelta a la plaza, y fuimos para su departamento, me invitó a subir a tomar algo fresco y por supuesto acepté. En el ascensor me miraba con una media sonrisa, pero también era un desafío entre lo que uno deseaba.

Llegamos al ante último piso, con un living con un gran ventanal, todo era luz, dos sofás blancos de tres cuerpos, un inmenso cuadro en la pared, con unos colores vibrantes, pocos muebles en un ambiente con prevalecencia blanca. La acompañé por el pasillo hacia su cocina, le quitamos la correa al perrito y le servimos agua, y preparó una bandeja con una jarra para volver al living.

Se sentó en mi mismo sillón, extendiéndose cómodamente en una de los extremos o cabeceras. Seguía sonriendo, estaba en la seguridad de su departamento, aun cuando solo estábamos los dos.

En un momento dado, charlando nos tomamos de la mano naturalmente, y los dos miramos lo que estábamos haciendo, sonriendo a nuestros ojos y me acerqué a su boca, seguro que lo deseábamos los dos.

Un beso corto en su boca acercó nuestras lenguas, nos separamos un poco y me sonrió, era una clara aceptación, y seguimos con besos más profundos, mis manos recorriendo su nuca y seguí jugando con pequeños besitos por su cuello y bajo su orejita, me dijo…-Esto me encanta, qué dulce sos.

Bajaba mis manos tocando sus pechos y ella me masajeaba mi espalda, subí su remera hasta el cuello y saqué un pecho de su corpiño y me dediqué a besarlo y comerlo. -Ay mi amor, seguí… me decía,  se sacó la remera y aproveché a desprender su corpiño.

Seguí por sus pechos, y ella bajó su mano hasta mi pene que estaba a mil, como tenía un pantalón deportivo se notaba notablemente mi excitación. Estuvimos veinte minutos meta franela, y ella me dice. – Seguime al cuarto… Fuimos caminando apoyando su culito en mi pija hasta ese dormitorio, blanco, inmenso, con una cama súper King, desde su ventana se veía hasta el río.

Se sacó las zapatillas y se bajó el pantalón de jogging mientras me desvestía, siempre llevaba unos preservativos en mi riñonera. Ella se quedó con una mini tanga, casi un hilo dental, este encuentro estaba totalmente predeterminado, me estaba esperando y yo no pensaba dejarla pasar.

Nos metimos en la cama, la seguí besando, me entretenía en sus pechos y bajé mi mano hacia su conchita, encontré sus labios vaginales y una gran humedad, seguí bajando mis besos por su cuerpo, moví su bombachita y metí mi boca entre sus piernas, mi lengua empezó a hacer un gran trabajo, encontré sus clítoris, lo besé y chupé, lo recorría haciendo girar con fuerza mi lengua, y ella empezó a dar suspiros cada vez más fuertes…

Metí mi dedo unos tres o cuatro centímetros presionando sus paredes, buscando ese punto G, que conseguí encontrar, y con un grito me lo hizo saber, así seguí unos diez minutos, hasta que sentí que venían unos espasmos desde su vientre y comenzó a moverse muy rápido, y a gritar hasta que llegó su primer orgasmos que los tomé en mi lengua, estaba delicioso, pero seguí jugando, y en unos minutos vino el siguiente, empezó a pedirme que se la metiera.

Me levanté y abrí sus piernas y las coloqué en mis hombros, me pidió que se la pusiera despacio por que hacía mucho que no cogía. Entraba bien y comencé a meterla de a poco, suave y con besos en su cara, y por fin llegué hasta el fondo, le encantó, y comencé a tomar de a poco velocidad hasta llegar a un meta y saca, y ella comenzó a acabar, las paredes de su vagina se contraían, lo cual me calentaba mucho más, pegó un hermoso grito y clavó sus uñas en mi espalda, yo seguía caliente, y mi pija moviéndose; entonces se levantó y se puso en cuclillas apoyándose sobre mis rodillas, y comenzó a subir y bajar, metiendo mi pija en su concha, ahora ella quería manejar los tiempos.

Esta posición me favorecía para aguantar un tiempo más, subía y bajaba y gritaba, se tomaba los pelos y me miraba a los ojos con tanto deseo, yo le manoseaba los pechos y apretaba sus pezones, duró unos quince minutos hasta que de vuelta sentí sus convulsiones, y yo también empecé a acabar, los dos gritábamos de placer, y terminamos abrazados, sudados de tanto coger y besándonos a lengua abierta.

-Querido, que hermoso fue esto, hace tanto que lo necesitaba…

Nos quedamos descansando y tocándonos, se levantó fue al baño a lavarse y buscar algo para tomar en la cocina. Volvió moviendo su cadera, me ofreció una copa y brindamos, y volvimos a besarnos, se estaba reponiendo y comenzó a tocarme, con su mano tomó mi pija, sacó el preservativo, y bajó su boca, me lo limpió y siguió, yo mientras tanto empecé a meter una mano por su conchita, tocándola suavemente y con la otra manos jugaba con sus pechos.

Poco a poco fue levantando a mi pija, que delicia era su lengua jugando con mi cabecita, besándola, y metiéndosela de a poco y suavemente hasta el fondo, realmente sabía y gozaba lo que hacía. Me corrí entre sus piernas y continuábamos en un 69, era tan bueno esto, y comencé a jugar con unos de mis dedos por la entrada de su culito, despacito por favor, me decía.

Muy pronto comenzó a acabar y después de eso me levanté, la puse en cuatro patas en el borde la cama, y yo parado empecé de a poco a metérsela. La tomaba de su cintura y la atraía hacia mi cuerpo. -¡Que grande está!…Cómo la siento… me decía. Y cada vez con más fuerza, la quería partir, metí dos dedos en el culo y me pidió por favor, me los mojé con la saliva y se los volví a meter. Estábamos a mil los dos, y llegamos a otro gran orgasmo gritando de placer.

Qué mujer era Adriana, que mañana me regaló con dulzura y placer, y sabiendo lo que es coger. Esto fue el comienzo de muchos encuentros divinos, que ya volveremos a recorrer juntos, ya que nos permitimos todo lo que puedas imaginar.

Autor: Michingo

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