El comercial de ADSL se folló a mi novia

Aquella tarde, Sara estaba sola en casa mientras su novio Luis había quedado con unos amigos. La joven (27 años) estaba terminando de arreglarse ya que en una hora había quedado con unas amigas.

De repente el timbre de la puerta le hizo dar un salto. Al no tener mirilla, abrió la puerta y se encontró con un chico moreno, pelo corto, trajeado, de su misma edad más o menos.

DESCONOCIDO: hola mi nombre es Marcos y…

SARA: ¿eres Testigo de Jehová?

MARCOS: no… je, je, je. Soy comercial de ADSL. ¿Conoce nuestras ofertas? Quizás estés pagando más por algo que podamos ofrecerte a mejor precio y mayor velocidad de descarga.

SARA: pues… verás. Es que no sé ni qué tenemos de velocidad. Yo sólo veo las facturas y mi novio es que contrató lo que tenemos ahora.

MARCOS: ¿y sabes si está contento con el servicio actual? ¿Puedo hablarlo con tu novio?

SARA: mira… no quiero parecer borde, pero es que en un rato he quedado. Mejor si pasas otro día que esté mi novio.

Una tos sonó cerca de la puerta. Sin previo aviso, apareció un hombre con voz ronca, mal olor, algo bizco y pinta de vagabundo.  El hombre hablaba y casi no se le entendía.

VAGABUNDO: denme algo, algo para comer y vino, denme algoooo…

Sara pronto le dijo que no podía y que lo sentía. El hombre insistió y se acercó a ella muy cerca. Le cogió de la mano y le dijo:

VAGABUNDO: guapaa. Una chica tan guapa seguro que tiene dinero. Dame algo, unos euros, o sino un beso.

SARA: ¡suélteme! ¡me está haciendo daño!

El hombre se reía hasta que Marcos intervino. Sin mediar palabra, agarró la muñeca de la mano con la que hacía presa del vagabundo y le apretó con el pulgar. El desconocido soltó a la chica sin que el comercial de ADSL le hubiera soltado aún. Estirando de la mano del vagabundo hacia abajo le hizo girar y darse la vuelta. Éste empezó a gimotear.

VAGABUNDO: vale, vale, perdón, perdón, me voy, ahhh, ahhh, suéltame hijo de p…, perdón, perdón. Ya me voy.

Marcos le dio un empujoncito y el hombre se fue casi corriendo sin dejar de despotricar insultos.

Sara estaba a punto de llorar y Marcos le puso una mano en el hombro.

MARCOS: tranquila, no ha pasado nada. Yo ya me voy, aunque te recomiendo que cierres la puerta y no abras a nadie ni salgas de casa no sea que este quiera vengarse.

SARA: ahh, ohhh. No espera, ¡espera! Entra por favor, aunque sea para tomar un café. Es lo menos que te debo. Sí, como mínimo escuchar tu oferta y ofrecerte un café.

El chico sonrió y pasó al interior de la casa.

Siguió a Sara y miró sin descaro el vestidito de verano, corto y de color rojo de su posible cliente. El vestido era corto y permitía ver las piernas sin varices y estilizadas de la chica, las cuales acababan en un culo que se dibujaba respingón, pequeñito y durito.

SARA: ¿solo o cortado?

MARCOS: cortado por favor.

Cuando Sara se giró, el comercial pudo apreciar mejor su escote. La chica era delgadita, con cuerpo de adolescente. No tenía mucho pecho pero no se lo veía caído y tenía pinta de ser bien turgente.

Ambos se sentaron en la mesa de la cocina y Marcos empezó a hacerle preguntas de índole comercial.

MARCOS: ¿qué tenéis, línea telefónica o cable?

SARA: pueeeees… no sé. Voy a mirar.

El chico la siguió hasta un cuarto donde había un rooter y un ordenador. Sara se agachó bajo la mesa para mirar. La parte baja de su vestido se subió un poco, lo justo para que Marcos se diera cuenta que la chica llevaba puesto un tanga de color negro.

SARA: hay una caja amarillenta.

MARCOS: vale, eso es una roseta. Eso es que no tenéis cable.

La anfitriona salió de debajo de la mesa, y al levantarse, la parte de arriba de su vestido se ahuecó, dejando a la vista las tetas encajadas dentro de su sujetador. Marcos no pudo evitar quedarse mirándolo fijamente y al darse ella cuenta, se rió.

MARCOS: ¿podría comprobar en el ordenador qué velocidad tenéis?

SARA: claro, todo tuyo, creo que ya está encendido.

Al encender el monitor, lo primero que apareció por pantalla fue un vídeo pausado de un negro dando por culo a una chica.

SARA: joder. Esto es cosa de mi novio. Vaya cosas le gusta ver.

La chica fue a cerrar la pestaña cuando sin querer pulsó en el vídeo y este se puso en marcha. Los altavoces estaban encendidos y pronto los gemidos desgarrados de la chica del vídeo invadieron el cuarto.

Con prisas, la anfitriona manoseó los altavoces hasta que los paró y luego quitó el vídeo.

SARA: uff, lo siento, es que…

En ese momento Sara se dio cuenta que Marcos se había aflojado la corbata.

SARA: ¿tienes calor?

MARCOS: je, je, je es que este vídeo me ha hecho sudar.

SARA: je, je, je. No sé qué obsesión tiene mi novio con estas cosas. ¿Te importa si hago la cama , que antes me he echado una siestas, mientras miras eso de la velocidad?

MARCOS: vale.

El chico vio como ella se iba hacia la cama que estaba frente a la mesa del ordenador. Rápidamente puso el test en marcha, y este terminó en seguida. En lugar de avisar a la inquilina, se dedicó a mirarla de reojo. Ella se agachaba para hacer la cama, regalándole de vez en cuando con vistas hacia su escote o tanga.

SARA: ¿ya está?

MARCOS: sí.

Ambos se sentaron en sillas frente al ordenador.

MARCOS: Tienes apenas 6 megas. Con nosotros podrías tener 12 o hasta 24.

SARA: ¿y eso qué quiere decir?

MARCOS: que las páginas y descargas serían más rápidas.

SARA: déjame cargar una página y luego dime cuanto tardaría con vosotros, porque puesto que vuestros precios son menores, igual sí que nos apuntaríamos y haríamos el cambio…

La chica empezó a teclear una dirección, y el navegador le sugirió una página guarra.

SARA: ¿qué esto?

MARCOS: alguna página ya visitada.

Sara pulsó para verla y se encontró con una Web Porno llena de vídeos de sexo sado.

SARA: así que esto ve mi novio…

Pulsó sobre un vídeo y en la escena aparecía una chica a la que un tío la estaba follando prácticamente la boca mientras se la abría aún más con los dedos.

MARCOS: ves, este vídeo casi se te habría cargado ya con nuestra velocidad.

SARA: joder ¿¡cómo es posible!?

MARCOS: bueno, la velocidad es hasta 12 o 24 megas, puede ser que te llegue menos…

SARA: ja, ja, ja, no, no. ¡Me refiero al vídeo!

MARCOS: ah…

Sara miró al chico y enrojeció, a lo que ella le respondió con una sonrisa.

SARA: a ver este otro.

En el vídeo aparecía una chica desnuda espatarrada sobre una toalla en lo que parecía un bosque rodeada de tíos  que le acercaban sus miembros a la cara para que se las fuera chupando.

SARA: ufff, qué fuerte. ¿A ti te gustan estos vídeos?

MARCOS: no… a mí me gustan más estos…

El chico se fue al buscador del Web y tras escribir “cheating”, puso uno de los primeros vídeos que apareció, en el que se podía ver a una chica jovencita y delgadita y un hombre, quizás un fontanero, que empezaba a meterle mano.

Ella se rio con una risa muy clara y jovial, y echó una miradita a Marcos comprobando que el chico estaba cachondo.

Sara se levantó y le quitó la americana, diciéndole que parecía sudoroso. Al volver, Sara posó sus manos sobre los hombros del chico y le dijo que se le veía muy tenso.

MARCOS: sí, entre lo del mendigo y todos estos vídeos no estoy relajado, no.

Mientras lo decía, el chico se quedó mirando las lisas piernas de ella. Acercó su mano tímidamente y le acarició a la altura de la rodilla.

Ella sólo sonreía y se dejaba hacer. Se agachó para ver mejor la pantalla y Marcos esta vez se giró descaradamente para mirarle el escote. Ella pícara se puso las manos en los laterales de sus pechos y los juntó.

SARA: así parece que tengo más, ji ji ji.

Respirando de forma sofocada como si fuera un toro, Marcos se acercó lentamente hasta el escote de ella y hundió su cabeza en él. Empezó a besarle el escote y cuando intentó sacarle las tetas, ella se apartó.

El chico estaba sentado mirándola y ella se acercó de nuevo. Colocó su rodilla izquierda sobre la de pierna de él y comenzó a besarle lentamente. Sus labios eran carnosos y dulces y su lengua juguetona saltando de una boca a otra.

Marcos le puso la mano en la pierna y fue subiendo sin discreción hasta el culo. Se lo podía coger con una sola mano.  Se lo agarró y le dio algunos cachetes. Sara no había perdido el tiempo y masajeaba suavemente la entrepierna de él por encima del pantalón.

El chico la amasaba el pequeño culito con las dos manos. Sus labios besaban el abdomen plano de ella al tiempo que iba levantando lentamente el vestido. Ella levantó los brazos y él le quitó la prenda dejándola en ropa interior.  Sin darle casi tiempo a la chica, se lanzó hacia el pequeño sujetador de la chica, y tras apretar sus tetitas por los laterales, empezó a comérselas y besarlas con desesperación.  Con ansia, levantó el sujetador desde abajo y dejó al aire dos pechos pequeños, erguidos y coronados por las dos monedas de céntimo rosaditas que eran sus pezones.

Marcos empezó a mamarle los pezones como si de un lechón se tratara. En total sincronización, pasaba sus manos de arriba abajo por el culo de su anfitriona deleitándose en su dureza y curvas.  Sara se terminó de quitar el sujetador y acariciaba al chico mientras se dejaba hacer.

La chica se separó y le dijo que se desnudara. Él obedeció sin rechistar y ella le empujó para que se sentara en la silla del ordenador.  Sara se arrodilló frente a él a cuatro patas, y su mano se dirigió directamente a agarrar la base de aquel pene erecto. Le miró la cara, y tras sonreírle, se metió su polla en la boca. Empezó no muy rápido, metiéndosela y sacándosela 1 vez por segundo aproximadamente. Él disfrutaba y le apartaba el pelo de la cara para disfrutar mejor del espectáculo.

Marcos podía ver cómo aquella, hasta ahora, desconocida se la estaba chupando cada vez más rápido. Con la escusa de “sujetarle el pelo”, le puso la mano en la cabeza y le ayudó a aumentar la velocidad de la mamada.  Ella retuvo el pene un poco más dentro de su boca y lo fue sacando lentamente clavando la vista en él.  Al llegar al final del recorrido, le dio un beso en la polla metiéndose todo el capullo en la boca; y tras extraerlo, le pasó la lengua como si fuera un helado.  Marcos se levantó de la silla del gusto, y ella siguió chupándosela un poco más enderezada.

Ella le masturbó unos segundos para seguir chupándosela todavía más rápido. Él le tuvo que pedir en más de una vez que parara o que se terminaría corriendo en su boca, a lo que Sara contestó riéndose.

Sara se levantó y se abrazó al comercial besándole. Acercó su boca al oído de él y le susurró:

SARA: fóllame como si fuera tu putita.

Le dio un beso y Marcos la agarró por la cintura y la guio hasta la mesa del ordenador. Ella apoyó sus manos en la madera y se puso de puntillas poniendo el culo en pompa. Marcos acarició aquel culito de infarto y, tras apartar el tanga a un lado, colocó su polla en la entrada de su coño depilado. Ella se fue echando lentamente hacia atrás metiéndose sin esfuerzo aquella polla. Tras unas lentas metidas, Marcos, agarrándola por la cintura, empezó a follarla con fuerza. La pantalla del monitor se bamboleaba y Sara gritaba con lujuria. El comercial estaba muy cachondo sintiendo la estrechez de aquel coñito ardiente y empapado.

Las tetitas de Sara bailaban ligeramente arriba y abajo  pero Marcos no podía fijarse en ese detalle, ya que estaba concentrado viendo aquel culito con forma de la parte de arriba del dibujo de un corazón moverse sin parar.  Él puso sus manos sobre los hombros de ella y le dijo que estaba a punto de correrse.

Sara se apartó y se subió sobre la mesa. Abrió sus piernas y acercó a Marcos con sus talones. Él frotó la punta roja de su polla contra la entrada de su coñito babeante para ponerla bien cachonda; lo estaba tanto que ella le apretó con los talones en el culo para que se la metiera ya. Él cedió y se la metió de forma limpia y rápida. Follaron con energías y esta vez Marcos sí se fijó en las tetas de Sara. Pequeñitas y turgentes apenas oscilaban con cada embestida.

Marcos paró de golpe y bajó su cabeza hasta el coño de ella. Se lo comió sembrando el caos con su lengua a lo que ella le obligó a parar porque no aguantaba más.

Se la siguió metiendo un rato hasta que ella le pidió que se sentara en el suelo.  Una vez él lo hizo, ella se sentó encima, y colocó de espaldas a él. Colocó la polla en su coño, y tumbándose ambos empezaron a follar. Él era el que se movía, levantando su culo del frío suelo y metiendo su falo en aquel horno. Ella se aguantaba con los brazos en el suelo y con la sujeción de las manos de él en su cintura. Ella empezó a arengarle:

SARA: vamos fóllameee! Síii! Mmmm ¿Eso es en lo que piensas cuando visi.. visitas a una cliente? ¿en follártela? Mmm. Ahhhh. Siiii, métemela, métemelaaa.

El chico, sobrexcitado, la forzó a levantarse, y cogió en volandas y la sentó en la silla. Sin miramientos, se la metió de golpe y empezó a follársela como si quisiera hacerle más hondo el agujero.  La silla hacía mucho ruido al entrechocarse con la mesa, a la vez que un claqueteo del tipo “ñi-ki ñi-ki”. Marcos se la metí hasta el fondo y cuando no aguantó más, le agarró las tetas con fuerza y empezó a correrse dentro del coño de él con fuertes empujones de cadera.

Al terminar, se separó, un reguero de semen emanó de la vagina de ella, cayendo por su culo hasta llegar ala silla y derramarse al suelo.

Sonó el portero, y alarmado, Marcos se vistió a toda velocidad mientras ella iba a abrir. Cuando Sara regresó, él ya estaba vestido.

SARA: es mi novio, tardará 2 minutos en subir porque siempre lo hace por las escaleras y se entretiene con el buzón.

Marcos salió corriendo hasta la puerta de entrada, y se dirigió con total normalidad hacia el ascensor. Cuando se abrían las puertas, un chico que subía las escaleras le saludó. Seguro que sería el novio de Sara.

* * *

Marcos salió a la calle sonriente. En la puerta, una voz familiar le llamó por su nombre en un tono áspero.

MARCOS: ¡hola! Aquí tienes los 10 € del trato.

El vagabundo le sonrió con su dentadura llena de altibajos y le guiñó un ojo.

VAGABUNDO: ¡la próxima vez no me hagas tanto daño o no te ayudaré más.

Marcos se rio y le dio 10 euros más.

MARCOS: mañana quedamos a las 10 en parque, que tengo otra visita interesante cerca…

-FIN-

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