Isabel

Me dediqué a lamerle el culo sin descanso, sentía que estaba llena de su propio flujo por todos lados, el teatro estaba inundado de olor a sexo y ella seguía jadeando y gimiendo como si fuera la protagonista de una película porno; al mismo tiempo, metía ya dos dedos en el agujero caliente de mi culo mientras que con la otra mano no dejaba de arrastrarse a lo largo de mi verga.

Siendo yo muy caballero, antes de cualquier comentario creo que debo presentarles y describirles a la mujer que ha originado esta serie de relatos los que, pese a lo que los lectores puedan decir, son totalmente verídicos tanto en lo descrito cómo en sus nombres y comentarios.

Para aquella época, Isabel era una deliciosa mujer de 18 años… Su familia era recatada y, por lo tanto, ella se mostraba así. No obstante, luego de conocerla, muy disimuladamente le hice ver que su comportamiento y su forma de vestir para nada se ajustaban a lo que ella era en realidad y a lo que las personas de la facultad y nuestros amigos, querían ver de ella.

Isabel, gracias a mis inocentes indicaciones y sugerencias, aunados a todos aquellos de sus ricas y bien putas amigas, pronto renovó su guardarropa… Ella compró diminutas minifaldas, sensuales tops, jeans súper-ajustados, y blusas y camisas con profundos escotes, etc. Todo el cambio fue genial y muy excitante, pero faltaba el cambio interior…

Debo comentarles, que el comienzo de nuestra relación fue como el común de las parejas: besos, caminar de la mano, abrazos, miradas perdidas, etc. Claro está, que no pasaron más de quince días para que nuestra temperatura subiera rápidamente, notándose en que nuestros besos eran más profundos y ardientes, a que poco a poco aparecieran las caricias “inocentes”, las miradas de deseo y frases bien subidas de color…

Una tarde en el rincón más apartado y discreto del cine, mientras nos comíamos a besos, tímidamente puse una de mis manos sobre uno de sus espectaculares senos y, como no hubo rechazo alguno, me di a la tarea de acariciarlo y masajearlo suavemente para luego hacer lo mismo con el otro.

Isabel, que no era de piedra ni mucho menos, se había calentado muchísimo ya que sin que yo se lo pidiera desabotonó parte de su blusa y colocó mi mano adentro, yo quise desabotonarle sus jeans y bajarlos lo necesario para poder acceder a sus encantos, pero ella me dijo:

-No amor, acaríciame por sobre la tela, quiero sentir cómo tus manos me acarician mi conejito, cómo me calientas a través de la ropa, para sentir cómo me voy mojando bien despacio…

Así lo hice y ella abrió sus piernas para que yo trabajara con más comodidad, comencé a acariciarla por sobre la entrepierna de sus pantalones. Mi palma abierta subía y bajaba por toda la extensión de su delicioso conejo, le presionaba despacito justo en la unión de los labios de su vagina y simulaba el meterle un dedo rozando así el centro de su vagina, para dejarla casi desmayada, mientras nos seguíamos besando.

Subí mi mano y la metí entre su tanga y llegué a su vagina… Lamiéndole su oído le dije:

-Hummmmm, me encanta que la tengas afeitadita, se siente deliciosa… ¿quieres más caricias o me dejas meterte los deditos?

Esas palabras bastaron para que ella misma me sacara los pantalones, se bajara la tanguita y quedara desnuda frente a mí. Una de sus piernas estaba sobre la silla de enfrente mientras que la otra quedo colgando. Yo me arrodillé frente a sus piernas abiertas y mis manos se dedicaron a su deliciosa rajita, dejándola transportada a otro mundo.

-¡Estás tan mojada!- le repetía yo sin poder creerlo -Nunca vi. una rajita tan mojada, tan brillante, tan cremosa.-

Isabel me respondió: -¿Verdad? quiero que me metas los dedos, los mojes y desparrames mi flujo entre los labios de mi conejito.-

-Así te gusta, ¿perrita? – le pregunté mientras le metía dos dedos hasta el fondo, les daba media vuelta dentro de ella y los acaba empapados, para después lubricarle los labios mayores y menores de su rajita.-

Isabel decía: -Más, dame más, dame tu lengua, chúpame, chúpame despacito.- Y mi lengua se dedicó a lamérsela como ella quería, recogiendo sus flujos desde su interior para esparcírselo, de adelante hacia atrás, hasta llegar al agujero de su delicioso culo que, para ése momento, ya ardía al igual que todo mi cuerpo.

Yo, estando súper caliente, le decía a Isabel: -Quiero comerte entera… ¡eres deliciosa y rica! Me encanta tu flujo, Hummmmm. De pronto sentí que una mano de Isabel me acariciaba por toda la extensión de mi verga más que erecta y en cierto momento sentí que ella trató de meter uno de sus dedos por el agujerito de mi culo, haciéndome dar un respingo de placer. Isabel ya era conciente del volumen e intensidad de sus gemidos, pero no hacía nada para mitigarlos.

La verdad, yo estaba tan caliente que tampoco se los impedía, ya que estos me excitaban muchísimo; por el contrario, yo le decía a Isabel: Quiero que gimas, quiero saber cuánto estás gozando… dime cuánto te excita…dímelo…

– Isabel casi me gritaba: Sigue, sigue, no parees… Yo le preguntaba -¿Dime qué quieres que te haga…? Isabel, presa de una lujuria suprema y con todo el erotismo que pocas veces me había demostrado me suplicó: -Muérdeme el clítoris, pásame la lengua ahiiiiiiiiiii…

Para no hacerla esperar, mi lengua comenzó a lamérsela primero en círculos para llenarla de flujos, después la subía y bajaba endureciéndoselo; cuando estaba ya bien duro y salido, lo tome entre mis dedos y se lo estiré y pellizqué para después mordérselo delicadamente arrancándole un brutal quejido de placer…

Isabel me rogaba: -Dame vuelta… ayúdame a darme la vuelta, ella me lo pedía casi con desespero: Le dije: -¿Te gusta zorra, mi sensual perra, te gusta, verdad? ¿te encantan estas cosas? pídeme más, ruégame…Isabel gritó: – Sí, quiero más, no me dejes, dame más, quiero que me hagas lo que quieras.-

Al darle la vuelta, me dediqué a lamerle el culo sin descanso, sentía que estaba llena de su propio flujo por todos lados, el teatro estaba inundado de olor a sexo y ella seguía jadeando y gimiendo como si fuera la protagonista de una película porno; al mismo tiempo, metía ya dos dedos en el agujero caliente de mi culo mientras que con la otra mano no dejaba de arrastrarse a lo largo de mi verga.

Isabel me decía: -No doy más… no puedo más… méteme los dedos en el culo, métemelos… – ¿Así?, le pregunté mientras le metía y sacaba dos dedos en su hermoso y apetecible culo… ¿esto es lo que quieres? -Hummmmm, sí, sí, sí sííííííí, más, más, másssssssssssssss.-

Yo, ya sin el menor control metí de un solo golpe toda mi verga en su ya dilatado culo, mis caderas se mecían frenéticamente y esta deliciosa hembra llamada Isabel no paraba de sollozar, patearme y exigirme que la partiera en dos… No sobra advertir que los dos estallamos en el más profundo y glorioso orgasmo como nunca habíamos tenido en la vida.

Cuando Isabel se repuso de aquella “película”, me miró fijo a los ojos y me dijo: -No hemos visto nada de la película, rentémosla y la terminamos en tu casa…

Autor: giraldof

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