Papá y mi hermano con su nenita

Papá me comenzó a dar por el culo, sin ninguna piedad, y yo comencé a gritar entre dolor y placer, pero no podía dejar de menear el culo y comerme la verga de Javier por la concha que chorreaba leche a gusto, dejándome llevar por el placer de ser cogida por dos hombres tan a gusto, usándome a su antojo y yo feliz, encantada, con una cara de viciosa tremenda.

A papito siempre le gustó mamar mis tetas, eran grandes y hermosas y él se volvía loco con ellas. Mi papá quería mostrarle a mi hermano lo que era gozar a una nena rica y comenzó a enseñarle conmigo lo que era gozar a una perrita cachonda y yo me ponía hirviendo con los dos. Un día decidieron llevarme de día de campo a un río que había cerca de la ciudad y al que siempre habíamos ido de niños, pero esta vez fue distinto. Me llevaron para hacer conmigo cosas que nunca pensé hacer con ellos, pero que al final, me volvieron loca de placer… Me pidieron que llevara un cambio de ropa, por si me mojaba o algo. Yo iba con una playerita pegada y unos shortcitos que dejaban ver parte de mis redondas nalgas por abajo y mis piernas estaban preciosos y largos. La playerita era escotada y no llevaba brasier pues iba con ellos y no pensé en provocarlos así, además eran de mi absoluta confianza.

Ya en el río, jugando, los dos me tiraron al agua y se quedaron afuera para verme salir de ella. Con la playera empapada y el frío mis tetas se marcaban y mis pezones se habían parado y no había forma de disimularlos. Mis shorts se me metían en la rajita de las nalgas, empapados. Entonces papá me dio la mano para salir y Javier, mi hermano me dio la otra, uno de cada lado y ya que estaba en tierra firme, ambos me tomaron por la cintura y me comenzaron a agarrar cada uno una teta, sobándomelas a su antojo, masajeándomelas a gusto, sin que yo me atreviera a protestar pues el placer era gigantesco.

Papá le decía a Javier: “Sóbaselas bien hijo, para que tu hermanita sepa lo que es ser gozada, apriétale un pezón, rico, para que sepa lo que es tener unas buenas tetas como ella”. Y Javier hacía caso y me sobaba a su gusto y papá entonces me pidió que me quitara la playera… pero mejor los dos me la quitaron juntos. Entonces mis tetas quedaron al aire y ambos comenzaron a lamer mis pezones que ya se habían puesto a tono, más por lo caliente que estaba que por el frío que sentía. Lamieron mis tetas a gusto, mi hermano aprovechaba la ocasión pues yo nunca lo había dejado tocarme y papá le estaba dando permiso de gozarme a su antojo. Mi coño iba mojándose cada vez más, una sensación deliciosa…

Javier siguió mamando mis tetas hasta hartarse, como un bebé pidiendo su leche, chupaba y succionaba, apretaba, agarraba, me masajeaba como quería, me lamía toda, haciendo ruidos al chuparme, delicioso, aprovechando la situación como podía, haciéndome sentir una cachorrita sumisa y servicial, como papito me había enseñado siempre, dejadita, a su servicio, ya saben que me encanta servir…

Papá me había bajado los shortcitos y los calzoncitos y había dejado mis nalgas redondas al aire y se me había puesto atrás para cogerlas con sus manazas y darme unos buenos pellizcones, como siempre le había gustado. Me pasaba el dedo por mi culito, lo metía un poquito, luego se arrodillaba y con su lengua me lo lamía rico y me metía la puntita, poniéndome el culo bien caliente y sabroso. Yo me meneaba a su antojo, los dos estaban con las vergas bien paradas, hinchadas y solo de imaginarme la de mi hermano, me ponía mojada y lista para comer lo que me quisieran dar, papito me había enseñado a ser su nena putita, rica y le encantaba que yo obedeciera sus órdenes…

Papá dijo: “Hijo, ahora lámele la panochita, mírasela que rica es, chúpale el clítoris que eso le encanta, aprende a gozar a una putita, pero como tu hermanita…, ninguna hijo, gózala, que para eso está”. Javier me decía: “A ver nenita, abre bien esas piernas que voy a hacerte venir a chorreones con mi lengua”. Y papi, por atrás empujaba mis muslos e hizo que me sentara en sus rodillas con las piernas bien abiertas, así su vergón daba en mi cola y mi hermano tenía puerta abierta para mamarme a su antojo…

Papá se sacó entonces la verga y me la paseó por el culo y las nalgas, me abrió las nalgas rico mientras Javier chupaba, lamía, succionaba mi clítoris, mientras me metía un dedo en la panocha empapada y yo me retorcía de gusto, siendo gozada por dos hombres que me hacían sentir tan buena, deliciosa, mis nalgas no paraban de menearse, daba vueltas, adelante atrás, con unas ganas de verga que no podía, y aún así todavía soy insaciable, no paro de desear que me cojan, ellos tenían la culpa, por enseñarme a ser tan perra, tan caliente, tan gozosa, tan golosa…

Papá entonces le pidió a Javier que se acostara boca arriba y se sacara bien la verga y a mí que me pusiera en 4 patas viendo hacia Javier: “Mámale la verga nena, mámasela bien, como te he enseñado a hacerlo, chúpale la cabeza que ya está buena para ti” y de inmediato me puse a chuparle el pito, así rico, mmmmhhh, lamiendo esa cabeza inflamada a punto de estallar, la chupé, la lamí, la ensalivé delicioso mientras papá se me ponía atrás y me volvía a dar con el dedo en el culo, pero ahora más fuerte, hasta que sentí de pronto que se me acomodaba para encularme…

Antes de hacerlo me pidió que me metiera la verga de Javier en el coño, mmmhhh… estaba buenísima, me comencé a montar de a poquito, comiéndome primero la cabezota, entraba y salía, meneando bien el culo, asegurándome que papá veía bien el espectáculo y en eso sentí que me agarraba las nalgas me las abría bien y me decía:

Vas a sentir lo que son dos vergones dándote por la concha y el culo al mismo tiempo nena, y te va a fascinar, y me comenzó a dar por el culo, bombeándome con todo, sin ninguna piedad, y yo comencé a gritar entre dolor y placer, pero no podía dejar de menear el culo y comerme la verga de Javier por la concha que chorreaba leche a gusto, dejándome llevar por el placer de ser cogida por dos hombres tan a gusto, usándome a su antojo y yo feliz, encantada, con una cara de viciosa tremenda…

Javier me agarraba mis tetas sin parar mientras me veía con cara de: “Ay, putita, quien te viera tan zorra cogiendo y gritando” y papá me decía: “Anda putona, a darle placer a tus hombres, coge, puta, coge que para eso eres muy buena” y yo ardiente, no pude más que soltar toda mi leche y darles tanto por el culo como por el coño todos mis jugos deliciosos mientras ellos terminaban en mí gritándome lo puta que soy y lo buena que me pongo con sus vergotas.

Yo gritaba y gemía sin parar, hasta que los tres nos quedamos agotados, acostados yo encima de Javier y papá con su verga en mi culo hasta que se le puso chiquita y me la sacó chorreante de lechita y Javier solo alcanzó a decirme: “Nena, ni te creas que esta va a ser la última vez que me sirves así, no le pienso pedir permiso a papá y te voy a dar cuando a mí me plazca”… yo solamente me sentí más puta todavía y no veía el día en que mi hermanito tuviera ganas de mí de nuevo, con papá o sin él…

Entre ambos me volvieron una putita insaciable, que siempre quiere más leche, más verga, más de todo… ahora, soy una hembra que sabe volver locos a los hombres, me encanta coger y que me cojan… Me fascina contarles mis aventuras y dejar que me contesten sus opiniones que me ponen mucho más caliente todavía… ¿porqué seré tan perrita?

Autora: Afrodita

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Madre e hija buscan macho

Mi pene estaba siendo apretado por su vagina caliente, cuando Sissy se empezó a mover buscando mi ritmo todo cambió. La mujer se volvió una diosa, todo fue más placentero, Rosa acariciaba los pechos de Sissy, con sus dedos se tocaba su clítoris, me sentía un hombre capaz de complacer a la mujer que me regaló su virginidad, una hermosa mujer que merecía mi mejor actuación como amante.

Contesté al timbre de la puerta de mi casa, En la entrada, la hermosa Sissy con sus recién cumplidos 18, estaba con un pequeño paquete en sus manos.

-¿Me compras estas galletas Miguel?- Me preguntó. -Claro que si Sissy, ¿el dinero que ganes es para tus estudios?- Le pregunté. -No, es para mí, quiero comprarme un aparato de música que me gusta mucho.

-¿Cuánto llevas ganado? -Apenas 150 pesos, el aparato de música vale 900. -¿Cuánto valen las galletas que me vas a vender? -Solo 50 pesos. -Voy por el dinero, ¿Así que ya vas a tener 200 pesos? -Sí, voy a comprar más galletas para vender, pero ya no hay vecinos para comprármelas.

Se veía fabulosa con su cabello dorado hasta los hombros, sus pechos formaban una hermosa curva en su blusa en la que destacaban sus pezones, su pequeña cintura hacía que se notara más su forma de mujer, sus nalgas levantadas bajo su pequeña falda se veían deliciosas y sus piernas, largas y bien torneadas son un monumento a la belleza.

Fui por el dinero a mi habitación, no me había dado cuenta, pero Sissy me había seguido.

-Que bonita está tu casa y tus muebles, todo lo tienes bien ordenado. -Gracias Sissy, a tus órdenes. -Que bonitos cuadros, y todos los adornos también son muy bonitos. -Aquí tienes tu dinero. -Gracias, ¿me puedo sentar? Lo pensé un momento, una muchacha sola, conmigo en mi casa quizá no era buena idea, pero ella ya se había sentado en el sofá que tengo en mi habitación para ver la televisión. -Estoy muy cansada de tanto caminar, me voy a quitar los zapatos un momento.

-¿No te esperan en tu casa? -No, mi mamá está trabajando, llega hasta la noche, la verdad es que vine para platicar contigo, estaba muy aburrida en la casa. ¿Me regalas un vaso de agua? -¿Quieres una Coca? -Bueno, si.

Cuando regresé con el refresco Sissy estaba viendo unos cuadros en la pared.

-Mi mamá dice que tú eres maricón que por eso vives solo. -¿Y tú que crees Sissy? -No lo sé, dímelo tú. -A mi me gustan las mujeres. -¿Te gusto yo? -Si, eres muy bonita, preciosa, tienes muy bonita cara y muy bonito cuerpo. -Siéntate conmigo, me pone nerviosa verte ahí de pie, estás en tu casa.

Me senté a su lado pensando en lo que acababa de decirme.

-¿Te gusta mi cuerpo? ¿Quieres ver mis pechos? -Si, enséñamelos Sissy se quitó su blusa sin ningún pudor, no usaba sostén, vi sus hermosos jóvenes senos en forma de mangos, levantados venciendo la gravedad. Más grandes de lo que me imaginaba. -¿Te gustan?, puedes tocar si quieres.

Los toqué suavemente, sintiendo su tamaño, su forma, su suavidad, los apreté con más fuerza, con mis dedos tomé sus pezones que se levantaron duritos.

-En la prepa nos obligan a usar sostén, pero cuando llego a la casa me lo quito. Crecen y se ponen duros con las caricias y los besos, bésalos si quieres.

Le di todo lo que podía, sus muslos, su vagina, sus pechos. Sissy me tenía excitadísimo con los jalones que le daba a mi pene, con su belleza, su desvergüenza. Pasé mi lengua por sus labios, por sus pechos, hasta que llegué a su pubis donde desesperadamente enterré mi lengua en su vagina, busqué su clítoris, y cuando lo encontré me concentré en darle todo el placer que yo podía.

-Ahhh que rico me besas Miguel, no pares, que rica está tu verga, bien grande y dura, ya sabía que no eras puto, sigue, sigue chupando mi clítoris.

Sissy me agarraba mi verga sobándola como una experta, yo no podría hacerlo mejor, sensaciones intensas llenaban mi cuerpo en un clímax lleno de deseo. Yo hincado a su lado, con sus piernas en mis hombros, mi boca en su clítoris, mi pene en su mano, que disfrutaba los movimientos que hacía en un ritmo casi perfecto, dándome el ritmo que quería en su clítoris con mi lengua. Me dejé dirigir, aceleraba en momentos, bajaba su ritmo y yo la seguía dócilmente. Llegó su orgasmo como debe de ser un orgasmo, lleno de pasión, de lujuria, de placer. Se movió de lado a lado, apretándome mí pene que quería estallar de placer. Sus piernas apretaron con fuerza mi cabeza. Agarré sus nalgas levantándolas para llegar más hondo en su vagina con mi lengua. Sorbí sus jugos, acaricié de nuevo su clítoris con mi lengua suavemente.

-Huuuyyyyy…que rico me haces sentir todo.

La levanté en mis brazos y la cargué, ella se abrazó de mi recostando su cabeza en mi pecho, aún respiraba agitadamente. La deposité en mi cama. Ella, desnuda con las piernas abiertas, se acariciaba sus jóvenes pechos. Yo con mi lengua tocaba su clítoris, mi dedo dentro de su vaginita acariciándola, sintiendo su calor en todo mi cuerpo, más en mi pene que Sissy acariciaba delicadamente. Mi otra mano en su cara, disfrutando de su juventud, la suavidad. Mis ojos veían el color dorado de su piel, sus bellos púbicos casi blancos, su vulva rosada como un prometedor amanecer.

-¿Qué sientes? -Rico, muy rico, no te detengas. -No me voy a detener hasta que tengas otro orgasmo.

No tardó mucho su segundo orgasmo, igual de hermoso que el primero, yo embelesado viéndolo llegar, explotar dentro de ella.

-No sabía que se pudiera sentir tan rico. Me dijo con voz agitada. Ven a besarme, déjame descansar tantito.

Me acosté al lado de ella, y besé sus dulces labios, mi lengua jugó con ellos, ella también sacó su lengua para acariciar la mía. Volví a acariciar su clítoris, con mi otra mano sus pechos, ella tomó mi pene.

-Está linda tu verga, siento rico tocártela, es un juguete muy divertido. -¿Te la puedo meter? -Soy virgen. -Lo haría con cuidado y mucho amor. -Otro día Miguel, yo vine a proponerte algo, pero no dejes de tocarme tan rico. Estamos muy solas mi mamá y yo, necesitamos un hombre en la casa, ven a visitarnos seguido. Mi mamá necesita sexo, está muy nerviosa por falta de ello. Y tú me gustas para ella y para mí.

-¿Sabe tu mamá de lo que me estás diciendo? -No, pero tú le gustas mucho, encontré una hoja de papel con tu nombre escrito varias veces. Es muy tímida, pero está tan caliente que ella es la que me besa, bueno, nos besamos y acariciamos, yo empecé el juego porque la veía tan sola aunque debo confesar que pensaba que era probable que tú fueras maricón. Y por eso vine, a ver si lo eras, y si no lo eras a invitarte. -Muy bonita invitación. -¿Te gustó? -Mucho, ¿quieres que vayamos ahora? -Sí, pero antes te voy a mamar tu verga linda, me gusta mucho mamar vergas.

Nos colocamos en un 69 acostados en la cama, y el placer siguió.

-¿Se la mamas también a tu novio? -Si, pero no me da tanto placer como tú, es muy brusco, solo piensa en su placer. -¿Quieres que le enseñe? -Si, enséñale como acariciar a una mujer, como lo estás haciendo ahora, delicioso. ¿Quieres venirte en mi boca?  -Me voy a guardar para tu mamá, vente tú.

Volví a recibir sus jugos de su orgasmo en mi boca, mi pene temblaba por las sensaciones tan placenteras. Me contuve anticipando lo que vendría después. Nos vestimos, muy a mi pesar porque yo quería seguir disfrutando de su cuerpo. Le regalé el dinero que necesitaba para su equipo de sonido.

-Por la galleta más rica que he probado.- Le dije. -Te la puedes comer siempre que quieras papacito.- Me contestó pícaramente.

En mi auto fuimos a comprar unas botellas de vino y unos platillos ya preparados para cenar, no dejamos de tocar nuestros genitales en el trayecto, así que cuando llegamos a su casa seguía bien prendido por el deseo. Cuando llegó su mamá todo estaba preparado en la mesa.

-Mamá, invité a Miguel a cenar, bueno él nos invitó.

Rosa, mamá de Sissy estaba sonrojada por la sorpresa. Se veía preciosa. Siempre bien vestida ya que tiene una tienda de ropa cara para señoras. Con su cabello rubio bien cortado, su fina cara y un cuerpo monumental, de algún lado tenía que haber heredado Sissy tanta belleza.

-Hola Miguel, muchas gracias, deberían haberme avisado para recibirte como mereces y estar mejor presentada. -Yo soy el que les da las gracias por recibirme en su casa, y no te preocupes te ves tan hermosa como siempre.- Le dije besando su mano.

Nos sentamos a cenar, platicamos como amigos, adulándola siempre que podía, yo tenía especial cuidado en tener siempre su copa de vino llena. Al terminar, levantamos la mesa y pasamos a la sala. Sissy se retiró a su habitación dejándonos solos, no sin antes servirnos unas copas de brandy.

-Rosa, eres una mujer divina, me gustas mucho. Yo vine a pedirte que aceptes ser mi novia. Le dije tomándola de la mano. -Apenas nos conocemos Miguel, es una sorpresa para mí. -Por eso vamos a ser novios, para conocernos, estoy seguro que nos vamos a llevar muy bien, que vamos a ser buena pareja. Le dije recordando lo que me había dicho Susy de la timidez de su madre, pero de su gran calentura.

La tomé de su cara y le di un ligero beso en la boca, me alejé y le sonreí, la volví a besar, pero más tiempo, la abracé, mi lengua jugaba con sus labios. Ella me abrazó y también sacó su lengua para jugar con la mía.-Sí, acepto ser tu novia, quiero que me quieras mucho, yo también voy a quererte mucho Miguel. Nos seguimos besando y abrazando unos minutos más, mis manos más osadas acariciaban sus hermosos pechos, le desabroché su vestido, mis manos recorrieron su cuerpo. -Es la primera vez que nos tratamos Miguel, ¿Qué vas a pensar de mi? -Que eres una mujer, que eres mi novia, que nos deseamos, que eres sexy y que quieres complacerme porque te gusto, que te gusta que te desee, que nos vamos a desear siempre. ¿O quieres que esperemos unas tres citas? -Vamos a mi recámara. Me dijo.

Apenas entramos en ella, me empezó a desvestir, yo la desvestí a ella entre besos ardientes llenos de deseo. Nos tumbamos en la cama como desesperados, la abrí de piernas y comencé a mamar de su concha todos sus jugos, sus pechos se bamboleaban hermosos sobre mi cara. Yo disfrutaba de los gestos de su bella cara que reflejaban su pasión y su placer. Sentí sus uñas en mi espalda y su grito que nunca voy a olvidar.

-Amooooooor, siiiiiiii…

Su orgasmo lo tuvo mordiéndose los labios, viéndome a la cara, con una mirada de desesperación, jadeando, sus manos en mis caderas jalándome hacia ella, retorciéndose de placer, se viró y me tomó la verga con desesperación mientras no dejaban de manar sus jugos calientes, ella seguía apretando con fuerza mi pene con sus contracciones. Yo seguía lamiendo lentamente, no quería que mi éxtasis terminara. Que hermoso es sentir que lo que ve tu compañera en ti le gusta, ella me miraba con admiración como yo también la miraba. Hermosos segundos llenos de todos los placeres, de expectativas cumplidas con creces. No dejábamos de vernos, de sonreírnos, de admirarnos mutuamente.

-Me vas a regalar otro orgasmo y todavía tengo el primero Miguel. Rosita me susurró entre suspiros. -Rosita que hermoso siento, no quiero que esto acabe, quiero que tengas mil orgasmos seguidos para mí.

No fueron mil, pero si unos 10. Nos comimos el uno al otro, no se acababan los besos y las caricias por nuestros cuerpos, estábamos aprendiendo a querernos, a conocernos, cambiamos posiciones, platicamos poco con nuestras bocas, dejamos que el sexo y nuestras miradas lo hicieran.

-Me da pena ser tan caliente y venirme tanto. Me dijo Rosita.

Estábamos abrazados después de haber tenido los dos nuestros orgasmos, besándonos y acariciando suavemente, con amor, con agradecimiento, disfrutando la paz que da el sexo. Mi cabeza en su pecho, mi mano acariciando su bello púbico.

-Tienes dos maravillosos regalos, no los taches de defecto, yo los quiero disfrutar mucho. -Se lo tenemos que agradecer a Sissy, ella te trajo a mí. ¿Qué te dijo? -Que necesitaban un hombre en la casa y que yo era buena opción. -¿Qué más? -Que hacen el amor y lo disfrutan, pero que necesitan un hombre.

-¿Estoy mal, soy una degenerada por hacer el amor con mi hija? -No, eres una persona muy sensible al sexo, es una bendición si es que lo aprovechas bien. -Ay Miguel, soy bisexual, por eso me dejó el papá de Sissy. Ella solo me trata de dar amor, pero me siento tan mal. Me dijo con lágrimas en los ojos. -¿Te sientes mal ahora? -No, estoy muy en paz contigo, pero apenada. -Yo no soy celoso ni de hombres ni de mujeres, con tal que me den lo que yo también quiero. No me gustaría vivir con una persona insatisfecha, solo quiero que me digan siempre la verdad.

-¿Aún quieres ser mi novio? -Más que nunca, eres bellísima, haces el amor divinamente, me sentía en el cielo. -¿Me pregunto si habré encontrado al hombre de mi vida? -Yo ya encontré dos mujeres que valen una vida. -Eres un magnifico amante.-¿Qué quisieras tener ahora para estar más contenta? Lo pensó un momento, acarició mi pecho y me dijo: -Tener a Sissy también a mi lado. -Vamos con ella. Le dije sonriendo. -¿Ya estuviste con ella? -Tuvimos sexo oral, es divina tu hija. -Tan caliente como su madre. Me contestó riendo.

Mejor recibimiento no pudimos haber tenido, Sissy estaba en su cama leyendo, esperándonos, su baby doll delgado, transparente, no ocultaba su curvilíneo cuerpo. Nos vio, brincó de la cama y nos abrazó a los dos. Así estuvimos los tres abrazados, unos momentos inolvidables besándonos las bocas. Sissy me miró y con voz muy dulce me dijo: -Te voy a dar mi virginidad de regalo de novios papacito.

-Vamos a ser muy felices, lo sé. Les dije muy emocionado.

Nos acostamos en su cama, Sissy en medio. Entre Rosa y yo nos la comimos, no dejamos parte de su cuerpo sin caricias, sin besos. Alguna vez leí que así no le dolería tanto, puse mi verga en la entrada de su hoyito y la introduje un poco. Solo se escuchaban nuestros suspiros. Que momento sagrado lleno de lujuria. Empujé un poco más hasta que sentí un obstáculo, me retiré un centímetro y volví a empujar, penetré un poco más, volví a hacerlo una vez más, de la garganta de Sissy salió un gemido, ella miraba con ansiedad mi pene dentro de su vagina. Rosita expectante, pero feliz por su sonrisa, le acariciaba un pecho y una nalga.

-Ya mételo todo, estoy lista, me muero porque me lo metas.

Empujé de nuevo sintiendo como mi verga desgarraba su himen dentro de ella. Ella gimió más fuerte, pero yo no me detuve, volví a retirarme un poco y empujé con más fuerza hasta el fondo. La abracé sin moverme esperando que su dolor disminuyera, le besé sus labios suavemente. Ella suspiraba con fuerza.

-Ya casi no duele y siento tu miembro rico dentro de mí.
Rosa también besó sus labios, yo empecé a moverme despacio, suavemente hacia afuera y hacia dentro.

-Que delicia, queeee ricoooo, te siento todo dentro de mí, me llenas todita hasta la garganta.

Mi pene estaba siendo apretado por la piel más delicada, por su vagina caliente y húmeda, que delicia. Pero cuando Sissy se empezó a mover buscando mi ritmo o su ritmo todo cambió. La mujer se volvió una diosa, todo fue más fuerte, más placentero, más hermoso, más exquisito todo lo que yo sentía.

-Así, así, así Miguel, que placer ah, Ahhh, Ahhh, Ahhh.

Rosa acariciaba los pechos de Sissy, nos besaba en la boca, con sus dedos se tocaba su clítoris, su vagina. Yo me sentía también muy poderoso, un hombre capaz de complacer a la mujer que me regaló su virginidad, una hermosa mujer que merecía mi mejor actuación como amante.

-Sissy hermosa, eres mía, siempre serás mía y yo tuyo, soy tuyo, siempre seré tuyo. Le dije embriagado de sexo, de deseo, de lujuria, de pasión y de amor. De sus labios entreabiertos salían gemidos, suspiros, largos Ahhh. Su cara y su cuerpo irradiaban belleza como la luna llena. Y luego llegó su orgasmo, mi pene estalló con él. -Que hermosos se ven. Dijo Rosita. Los quiero tanto.

Jamás pensé que yo podría ser tan feliz, abrazado a dos hermosísimas mujeres, eyaculando con toda mi pasión. Satisfecho momentáneamente, entregando mi fuerza a Sissy, pero deseando copular con su mamá que desnuda como Eva, nos tocaba y miraba como afrodita anhelante de sexo. ¿Qué más puedo desear? Bueno, tengo que enseñar al novio de Sissy a fornicar, quizá sea divertido estar los cuatro en la cama.

Autor: Miguel C

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