Mis andanzas como portero

Le metí uno de mis dedos en el culo a la mujer, ella gritó como no la había oído gritar lo cual me dio más fuerza para seguir cogiéndomela, embestí con mayor rapidez y fuerza cuando sentí que iba a terminar ya ella había llegado a varios orgasmos antes de acabar. Cuando llegó el momento le llené la vagina de leche que salía por torrentes.

Esta historia fue ya hace algún tiempo, era un domingo a las dos de la madrugada cuando aconteció la historia que les voy a contar. Antes que todo soy Ángel Montilla, vivo en Maracaibo, Venezuela, tengo actualmente veintisiete años de edad, soltero y sin compromiso.

Esta historia comienza cuando visito la agencia de festejos de mi cuñada (la novia de mi hermano), donde mi madre trabaja como cocinera y veo todo el movimiento que se produce en la organización de una fiesta de 15 años. En ese momento me interesó involucrarme en la agencia y le digo a mi mamá y a mi cuñada para trabajar en algunas de las fiestas en las cuales estuvieran escasos de personal. La respuesta no se hizo esperar, el jueves de la siguiente semana (era viernes cuando visité la agencia de festejos) me llaman para trabajar el sábado próximo.

Mi primera labor era para una fiesta en donde se celebraba la boda civil de una pareja, esta comenzaba a las 9:00 p.m. y se extendía hasta las 2:00 a.m. del domingo, generalmente las fiestas contratadas duran cinco horas de extensión temporal.

Mi labor en esta primera oportunidad era la de estar en la puerta del salón atendiendo a la gente que entrara y saliera, así como también coordinar a los conjuntos musicales que se iban a presentar esa noche. Bueno me presento en la agencia a las 7:00 p.m. (los mesoneros y porteros de la agencia se tienen que presentar dos horas antes de cada faena), para coordinar todo lo relativo a la fiesta y sus detalles. Preparar la mesa del buffet, pulir los cubiertos y envolverlos en las servilletas, terminar de adornar las mesas, lavar los vasos y las copas, tener a la mano todo cuanto se pueda necesitar en medio de una fiesta, como cuchillos, saca corchos, pica hielo, destapador de cervezas, etc.

Después de esto los empleados de la agencia (mesoneros, porteros y el que atiende la barra) tenemos que vestirnos para la ocasión, traje negro, camisa blanca y hallaquita negra (el corbatín que se pone con el smoking). Yo no había llevado la hallaquita, así que tuve que recurrir a una táctica que siempre me ha resultado para estos casos: doblo el cuello de la camisa hacia la parte interior de la misma y cuando abotono toda la camisa parece un cuello Mao, deberían probarlo cuando estén en una situación parecida.

Ahhh otro detalle que deben conocer, es que el salón de fiestas queda en un primer piso de un edificio que alberga las oficinas del sindicato de maestros en Maracaibo. O sea que los invitados tienen que subir unas escaleras para llegar al salón de fiestas y bajarlas cuando se quieran retirar.

Todo transcurre con normalidad sale y entra gente, se presentan los grupos musicales, las bellas mujeres se miran ante el espejo, etc. Llega la hora de la retirada y comienza el espectáculo de la bajada de las escaleras. Hombres y mujeres pasados y pasadas de tragos tratando de lidiar con el único modo de retirarse a sus casas, bajar unas escaleras sin pasamanos. A más de uno les dieron risa los resbalones y el cuidado de la gente tomada a la hora de bajar las escaleras.

En ese momento llegan dos señoras de unos 45 ó 50 años de edad que están bastante pasada de tragos y me piden que les ayude a bajar las escaleras, yo con toda la amabilidad y delicadeza del caso les ayudo a bajar las escaleras, estuvieron comentando lo linda que estuvo la fiesta y su organización, además de lo atento que habían sido los empleados de la agencia de festejos.

Cuando llegamos al destino las dos señoras me dan las gracias y la más guapa de las dos me da una propina de 5.000,00 Bolívares (unos 5 dólares para ese momento) y me estampa un beso a la francesa que me deja en una pieza, totalmente sorprendido y hasta excitado.

Me repongo de la propina monetaria y labial para volver a tomar mi puesto en la puerta. En el camino no dejaba de pensar en la excitación que me produjo el beso de una guapa mujer que nunca me conoció y que hasta los momentos no nos hemos vuelto a topar. Ya cuando queda muy poca gente se acerca a la puerta una mujer de unos 40 ó 45 años de edad, de tez morena, con el pelo negro recogido en un peinado que debió costar mucho tiempo realizar. Llevaba un vestido azul oscuro muy ajustado que hacía notar un cuerpo muy bien cuidado el gimnasio y otros tratamientos de bellezas.

A pesar de su edad no llevaba muchas arrugas, pero se hacía notar su transitar por la vida gracias al deterioro que se notaba en sus manos. Cuando llega a la puerta se sorprende de que hay una escalera (como si no la hubiese subido al entrar) y lanza un comentario: .- ¿Será que me tire como tobogán para no caerme? A lo que le contesto:.- Bueno señora esto no es un tobogán, pero con mi ayuda podrá llegar a su destino.

Y ella me responde con una sonrisa de aceptación. A todas estas la excitación se me subía aún más por la situación que se me presentaba. Le ayudo con el centro de mesa que se llevaba, una costumbre muy maracaibera el llevarse la decoración de la mesa para su casa y hasta hacen sorteos para ver quien se la lleva, en una mano y el otro brazo se lo ofrezco para que se apoye a falta de pasamanos.

A la mitad de la escalera se resbala, no sé si fue verdad o intencional, y me pide que la tome de la cintura. Ya el corazón se me salía de la excitación y sólo veía la hora de ver como podía tener sexo con esa mujer mayor que se me presentaba ante mí; mis ojos trataban de descubrir las curvas de su cuerpo, la sensualidad que debe estar debajo de ese vestido azul oscuro, el prominente culo que tenía, y esas tetas, aunque no muy grandes, que se veía que no se le caían. Cuando llevamos tres escalones más abajo lanza el siguiente comentario: .- Oye mi amor si tienes esas manos fuertes.
A lo que le contesto agarrándole el culo: .- Y eso que no has visto nada.

En ese mismo instante su cara adopta una expresión que yo nunca había visto jamás y que después descubrí que era la cara lujuriosa que sólo las mujeres en celo que no han tenido sexo por mucho tiempo ponen cuando quieren acción sexual. Instintivamente doy una revisión visual para ver si nadie nos esta viendo, al ver que no hay moros en la costa me arriesgo a darle un beso como nunca lo había dado en mi vida, ella lo recibe con muchas ganas y siento que me quiere arrancar la garganta.

Mi corazón latía tanto que sentía que se me salía, la mujer daba grititos de placer. Ya en el escritorio, ella me empezó a quitar el saco y a desabotonar la camisa, yo por mi parte trataba de subirle el vestido. En ese momento lanzo mis lentes (sufro de miopía) hacia donde ella tiró mi saco, le bajo el cierre del vestido para descubrir que no lleva ropa interior, ¡Gran sorpresa para mí!, mucho después descubrí que hay mujeres que no usan ropa interior cuando tienen vestidos ajustados para que no se les noten.

En ese instante mi excitación subió muchísimo junto con mi pene que no aguantaba mas, ya cuando me bajó los pantalones con los bóxer que llevaba puesto, término de levantar la falda, y se presenta ante mi una mujer mayor con un cuerpo de sirena tal cual como me lo había imaginado.

En este momento mi boca estaba besando el par de tetas que se me presentaban y una de mis manos estaba explorando en su vagina para descubrir que estaba totalmente mojada. Yo no aguanté más, le abrí las piernas lo más que pude y le introduje el pene con una fuerza descomunal, ella respondió con un gran gemido.

Yo bombeaba con un gran ritmo que sólo una excitación tan grande como la que tenía me podía permitir. Ella sólo gritaba y gemía de placer, su cara era de una puta con ganas de culear, que sólo elevaba mi excitación aún más de lo que podía soportar.

Yo por mi parte hice algo que sólo la excitación del momento me llevó a realizar, le metí uno de mis dedos en el culo a la mujer y en ese instante, aunque hubo un pequeño momento de sorpresa para ella, gritó como no la había oído gritar lo cual me dio más fuerza para seguir cogiéndomela con más fuerzas que antes. Ya nuestros cuerpos estaban llenos de sudor y por terminar la faena sexual que comenzaba minutos atrás.

Embestí con mayor rapidez y fuerza cuando sentí que iba a terminar ya ella había llegado a varios orgasmos antes de acabar. Cuando llegó el momento le llené la vagina de leche que salía por torrentes, como nunca antes lo había sentido. Nosotros dimos un grito de placer y nuestras caras tenían esa expresión de cansancio que una situación como la que acabamos de vivir podía producir.

Nos quedamos unos momentos besándonos y acariciándonos. Nos reponemos de la faena y nos vestimos, asegurándonos cada uno de que el otro esta sin el menor rastro de lo que había pasado. Yo salgo primero para asegurarme que no hay nadie que nos vea, pero me di cuenta de que no tenía los lentes, en el instante salí a buscarlos los encontré me los limpié con un pañuelo que siempre cargo para esas ocasiones, al ver que no hay moros en la costa le hago una señal a ella para que salga. Recogemos las cosas que dejamos en la entrada y nos dirigimos hasta su auto.

En el recorrido le comento lo bien que la pasé con ella haciéndole saber que ha sido el mejor sexo que he tenido, lo cual era cierto, para ver si nos volvemos a reunir y repetir la experiencia. Ella sólo se limita a darme besos en boca y a regalarme una sonrisa de satisfacción, pero mi desesperación crecía a medida que nos acercábamos al estacionamiento en donde estaba su carro, al ver que no me decía nada ni hacía nada al respecto.

Al llegar al auto yo acomodo en el asiento de atrás el centro de mesa y le pregunto si nos podemos ver otro día, para conversar y volver a vivir lo sucedido. Ella sólo enciende el motor del carro y toma su cartera del cual saca un billete de 20.000,00 Bolívares (unos 20 dólares para la época) y me los da, estampándome un beso en la boca y se alejó del salón de fiestas.

Aunque no trabajo más en la agencia de festejos, ya llevo casi un año que no estoy en el negocio, me abrió una puerta que nunca me imaginé que podía existir. El trabajo era mal remunerado y sucedía cosas que sólo en un trabajo mal remunerado pasa. Pero mi retribución era más carnal que monetario así que hacía mi trabajo con mucho gusto, satisfacción, responsabilidad y respeto, lo cual nadie de los empleados comprendía.

Sólo me queda decirles que el escribir esta anécdota sexual me retrotrajo a ese grandioso momento de mi vida que me permitió desde ese momento conocer más a las mujeres y saber que ellas están dispuestas a todo con tal de darles un toque de vitalidad a su rutinaria vida, sobretodo a las mayores que buscan jóvenes para sentir la vitalidad del sexo.

Nos veremos en otro relato.

Autor: Ángel

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La confusión

Sentí como empezaba a penetrarme, moviéndose lentamente, sus manos no se estaban quietas, apresando mis pezones entre sus dedos, volviéndolos de piedra, describiendo un recorrido sensual, sublime y exquisitamente erótico, labrando un sendero llameante en mi piel, arrancándome jadeos y exclamaciones, que se combinaban con sus gemidos guturales.

Era una etapa de mi vida, de esas donde nada te sale bien… una serie de circunstancias no muy agradables parecían haberse dado cita en mi vida… renuncié a mi trabajo… me pelee con mi novio… mi familia estaba lejos… todo esto alteraba mi mente de tal forma que me era imposible seguir adelante con mis estudios… en poco tiempo me encontré sin trabajo, sin familia… sin novio… y fundamentalmente sin ingresos económicos… para colmo… las cuentas pendientes se acumulaban y conseguir un nuevo trabajo se hacía realmente muy difícil.

Todo esto hizo que me presentara en una agencia de esas que buscan trabajo, allí me tomaron los datos y quedaron en llamarme en cuanto surgiera algo acorde a mis aptitudes, me fui de ese lugar con cierta desconfianza, pensando que serian solo habladurías, pero grande fue mi sorpresa cuando me llamaron a los pocos días anunciándome que tenían un trabajo para mí y me citaron en la agencia para darme las respectivas indicaciones.

Allí me informaron que mi trabajo consistía en cuidar a un señor mayor, y estar pendiente de todo lo que necesite, ya que la persona que habitualmente lo cuidaba esa noche no podría hacerlo, me dieron la dirección y me dijeron que debía presentarme el sábado a las 22 hs. Ese sábado puse especial esmero en mi arreglo personal para ir a mi trabajo ya que quería causar una buena impresión (tal vez me tendrían en cuenta para otra oportunidad), me demoré un poco decidiendo que ropa ponerme… no quería algo muy sobrio ni tampoco algo muy vulgar… al final me decidí por una camisa de seda blanca y una pollera negra larga con una abertura lateral que insinuaba lo justo y necesario, unas medias de seda negras, zapatos de taco alto y recogí mis cabellos con una hebilla.

Antes de partir leí la dirección, ya que no la recordaba bien, creí memorizarla, y me fui dejando el papel en la mesa. Al llegar a la dirección indicada pude ver que era un edificio imponente… de un estilo moderno, en su fachada se destacaban los grandes ventanales con vidrios espejados y estaba rodeado por un magnífico jardín muy bien cuidado. Atravesé el jardín deleitándome con el popurrí de aromas que surgían de él, fui hacia el portero eléctrico y por un segundo creí no recordar cual era el departamento al que debía ir… por suerte enseguida lo recordé… (O creí recordar), y apreté el botón correspondiente.  Segundos después… una voz masculina me preguntó quien era…

– Me mandan de la agencia- respondí. Pasa, pasa, me dijo y sentí el ruido en la puerta que me indicaba que haba sido desbloqueada, y así fue como entré al edificio.

Me encontré con un vestíbulo amplio, soberbio… en toda su decoración predominaban los colores claros, el techo estaba surcado en toda su longitud por 2 hileras de spots, que brindaban una cálida iluminación, atravesé el vestíbulo, dirigiéndome a los ascensores que estaban al fondo del mismo, abordé uno de ellos y marqué el piso al que iba, cuando el ascensor se detuvo, se abrieron las puertas y salí a un palier en el que desembocaban dos puertas enfrentadas, como no tenían ninguna identificación… calculé cual sería la de 5° f que era al cual yo debía ir… me dirigí hacia la puerta correspondiente y toqué el timbre.

La puerta se abrió y apareció un hombre alto, corpulento,  de unos 45_46 años, no era un adonis, pero tampoco se lo podía catalogar como feo, era un hombre… interesante… llevaba el cabello corto, todavía húmedo, donde se podía distinguir el brillo de uno que otro hilo de plata… lo que aumentaba su atractivo, vestía una bata de seda de color negro… que combinaban con un pantalón pijama también de seda negro.

– Vengo de parte de la agencia, le dije.

Sus ojos me recorrieron de arriba abajo… escrutándome, examinándome… me miró a los ojos y sus labios se curvaron describiendo una sensual sonrisa y haciéndose a un lado me franqueó la entrada y yo pasé a su lado… en ese momento pude percibir el inconfundible y masculino aroma del perfume Polo de Ralph Laurent. Una vez adentro del departamento, aunque me sentía un poco confundida, no pude dejar de admirar el buen gusto con que había sido decorado, una mezcla de estilos moderno… funcional… muy minimalista.

En el equipo de audio se escuchaba una de las canciones más sensuales que conozco This city never sleeps de eurythmics, la música y el lugar se combinaron para ejercer sobre mí una magnífica fascinación, pero el hechizo duró poco ya que fue roto por el ruido de la puerta al cerrarse. El llevaba en una de sus manos un vaso con algo que me pareció whisky… con pasos firmes y seguros fue hacia la mesa del living donde dejó el vaso… y se dirigió hacia mí rodeándome con sus brazos…

-La verdad es que esperaba a alguien más… Exuberante… pero… en fin…Vos también estás muy buena… dijo.

Durante unos segundos que me parecieron siglos… fui procesando todo lo que estaba ocurriendo y me di cuenta de que evidentemente estaba en un error… me había equivocado de departamento… traté de apartarme de él… de liberarme del apretado cerco que formaban sus brazos a mi alrededor, pero fue inútil, no lograba moverlo ni un centímetro.

-Disculpe, le dije. Pero hay un error. – Está todo bien bebé (me dijo), mientras acercaba su boca a la mía… yo aparté la cara y apoyé mis manos en su pecho desnudo (ya que la bata se le había abierto con sus movimientos)… pero al sentir el contacto de mis dedos con la suave capa de pelos que cubría su pecho provocó en mí un estremecimiento peligrosamente similar a una ráfaga de excitación… que deseché rápidamente y empujé su pecho con todas las fuerzas que me era posible ejercer… tratando de separarlo, entonces él me dijo:

-Basta con este juego tontita… No necesitas hacer el papel de puritana inocente para que me excite… Yo ya lo estoy… Y mucho…

Al oír esto quedé inmóvil… estaba rodeada por sus brazos… atrapada por ellos… cuando comenzó a besarme sentí que aflojaba un poco la presión y aproveché ese momento para apartarlo… logré separarme de él, pero sólo por un momento ya que él fue más rápido y volvió a atraparme entre sus brazos… pero esta vez tomó los míos y los llevó a mi espalda, rodeándome las muñecas con una de sus fuertes y poderosas manos… logrando con este movimiento que nuestros pechos se oprimieran uno contra otro.

A través de la seda de mi camisa pude sentir su piel firme… caliente… contra la cual mis pechos suaves, redondos, se apretaban fuertemente… ante ese roce exquisito mis pezones comenzaron a erguirse, a endurecerse… insinuándose sensualmente bajo la seda de la blusa. Su pecho y el mío se rozaban con cada inspiración rápida, entrecortada, tentándome, provocándome… haciendo que surgiera desde lo más profundo de mis entrañas un deseo imperioso… repentino… inesperado… a la vez que sentía como mi pulso se aceleraba y la cabeza me daba vueltas. Mi cuerpo temblaba pegado al suyo… me mantenía inmovilizada… hechizada… sin aliento para seguir tratando de explicarle que todo se trataba de un error. Sentía como mi cuerpo me traicionaba respondiendo a sus caricias con la misma excitación que había en él.

Con una mano me mantenía inmóvil… y con la otra… comenzó a acariciar mis cabellos… liberándolos de la hebilla… haciendo que cayeran en una suave y sedosa cascada en mi espalda, siguió acariciando mi cara… mi boca… mi cuello… hasta encontrar los botones de mi blusa… los fue desabrochando lentamente. Sus labios eran como brasas encendidas… que se pegaron apasionadamente a los míos… apretándolos… comprimiéndolos… lamiéndolos… invadiéndolos suavemente.

Su lengua se introdujo profundamente en mi boca degustándola toda… haciendo que la sangre corriera como lava por mis venas… (De verdad este hombre lograba excitarme), este pensamiento hizo que me ruborizar… ya que sentía la cara en llamas… por suerte él no lo notó… ya que seguía acariciándome con sus labios, bajando por mi cuello, yo quería responderle… de alguna manera… pero como todavía tenía mis manos apresadas por él en mi espalda, le dije… susurrándole al oído.

-Está bien… No necesitas usar tanta fuerza… Ni ser tan bruto… Al fin y al cabo… Has hecho que me excite tanto o más que vos…

Al escuchar esto liberó mis manos lo que también le permitió a él, el libre movimiento de sus brazos… sus dedos se movían rápidamente sobre mis ropas… con movimientos sensuales y precisos, fue despojándome de toda mi vestimenta, lo único que me dejó puesto fueron las medias de seda negra que llegaban hasta la mitad del muslo, con un borde de encaje elastizado… hice ademan de quitármelas… pero me lo impidió… de esta forma me vi completamente desnuda frente a él. Volvió a rodearme con sus brazos, acercando mi pecho al suyo… mis pezones estaban duros… erectos… por el sublime placer que resultaba del contacto con ese pecho viril, cubierto por una suave capa de vello.

Sentía que mis manos tenían vida propia traicionándome… recorriendo su cuerpo con una excelsa pasión, acariciando su espalda… sintiendo su piel que parecía arder bajo las yemas de mis dedos… mis manos bajaban por su abdomen… posándose en su miembro, apoderándose de él, rodeándolo… envolviéndolo… ejerciendo una suave y delicada presión… que arrancaban de lo profundo de su garganta gemidos de gozo que evidenciaban el sublime placer que estaba experimentando. Comenzó a recorrer con sus labios mi cuello… dejándome la piel en llamas… obligándome a inclinarme hacia atrás… arqueándome… apoyando una de sus manos en mi espalda… mientras la otra recorría mi cuerpo.

Rodeó uno de mis pechos, oprimiéndolo sutilmente… aumentando poco a poco la presión… hasta lograr una fascinante combinación de placer y dolor… sus labios siguieron el camino de las manos, apoyándose suavemente sobre el pezón… rodeándolo, describiendo con su lengua círculos de fuego sobre él… apretándolo entre sus dientes… traccionándolo levemente… estirándolo… besándolo… alternando este exquisito tormento entre uno y otro de mis pechos. Un poderoso temblor recorrió todo mi cuerpo mezclando… deseo… pudor… culpa, mientras un fuego abrasador se apoderaba de mis entrañas… sumergiéndome en un deseo tan intenso y pecaminoso que obnubilaba mi mente.

Cuando se separó de mí me invadió una sensación de vacío… de querer más… había despertado en mi pasiones que jamás había imaginado que existieran… aunque no podía dejar de sentir cierto temor… generado por la sensación de no saber que esperaba de mí… aunque lo sospechaba… ya que a él se lo notaba muy seguro de lo que quería. Hizo que me sentara en el sillón y él se paró frente a mí… acercando peligrosamente su pelvis a mi cara… (¡Esto estaba llegando demasiado lejos! Yo nunca había practicado el sexo oral… aunque no puedo dejar de reconocer que en cierta medida me intrigaba y hasta puede decirse que la idea me resultaba atractiva…), y fue tal vez el anonimato que me brindaba la situación en la que estaba lo que me decidió a seguir adelante. Sólo esperaba que no se diera cuenta de mi inexperiencia, porque se notaba que a él experiencia le sobraba.

-Vamos nena… Quiero ver cómo lo haces… me decía en ese momento, haciendo que abandonara mis pensamientos… y me encontrara con su miembro frente a mí… dejé mis cavilaciones de lado y me dejé llevar por el deseo… asumiendo de una vez por todas el rol en el que él me había ubicado, removiendo de raíz todas mis inhibiciones. Tras unos segundos de indecisión que a mí me parecieron eternos… tomé su pene entre mis manos… acariciándolo suavemente… mientras acercaba mi boca a él… con mi lengua lo fui recorriendo despacio… en toda su longitud… desde la base a la punta… una y otra vez… con movimientos cada vez más rápidos e intensos, mientras sus gemidos y exclamaciones eran un poderoso y erótico estímulo que me alentaban a seguir.

Me detuve en la punta… rodeándola con mis labios… mientras mis manos seguían acariciándolo… rodeándolo… oprimiéndolo… tironeándolo suavemente… mis labios se cerraron sobre el… ejerciendo suaves y firmes movimientos de succión… fui abriendo mis labios lentamente… introduciendo poco a poco su miembro en mi boca… mientras lo miraba a los ojos… buscaba su mirada… pero él mantenía entrecerrados sus ojos. De su boca brotaban gemidos suaves… que hacían evidente su goce… y eso me tranquilizó… quería decir que lo estaba haciendo bien… sus manos tomaron mis cabellos y tiraron de ellos… mientras penetraba profundamente en mi boca… sentía como palpitaba… como latía… introduciéndose una y otra vez a un ritmo cada vez más frenético y apasionado… mientras mis manos seguían rodeándolo.

En una de sus embestidas… atrapé su miembro con mis dientes, ejerciendo una leve presión y lo fui recorriendo… raspándolo… suavemente… en ese momento el emitió un grito de placer y sus movimientos se hicieron más rápidos y profundos… hasta que sentí como se expandía y se contraía con intensos espasmos. Se separo de mí… de su miembro erecto emergían gotas de perlado líquido… hizo que me pusiera de pie… me guió hasta uno de los extremos del sillón y me pidió que me diera vuelta… dándole la espalda… se colocó detrás de mí… haciendo que me acostara boca abajo sobre el apoyabrazos del sillón de manera que mis nalgas y mi sexo quedaran más elevados… separó mis piernas y comenzó a acariciar la cara interna de mis muslos… alternando sus caricias entre la piel desnuda y la cubierta por la seda… sus manos se deslizaban por mis nalgas… apretándolas, pellizcándolas… oprimiéndolas…. generando en el fondo de mis entrañas un remolino embriagador que se expandía más y más… recorriendo todo mi cuerpo como vibrante electricidad.

Sus dedos subieron hasta mis pliegues más íntimos… separándolos… acariciándolos, introduciéndose en el estrecho canal… que se cerraba sobre ellos… amoldándose comprimiéndolos, mojándolos con el abundante y cristalino fluido… que surgía de mí como respuesta a sus poderosos y excitantes estímulos… Retiró sus manos y susurrando algo que no llegué a comprender, sentí como empezaba a penetrarme… moviéndose lentamente… ensamblando nuestros cuerpos con una perfecta precisión… se fue recostando sobre mí… amoldando su pecho a mi espalda… sus manos… no se estaban quietas… por momentos se aferraban a mis hombros, por otros, recorrían mi espalda… luego las sentía en mis nalgas… en mis muslos… en mis pechos… rodeándolos… apresando mis pezones entre sus dedos…volviéndolos de piedra… describiendo un recorrido sensual… sublime… y exquisitamente erótico, labrando un sendero llameante en mi piel… arrancándome jadeos… y exclamaciones… que se combinaban con sus gemidos guturales.

Su penetración se fue haciendo cada vez más profunda… más intensa… hasta encontrar el ritmo embriagador de sus embestidas… yo arqueaba mi espalda más aún para permitirle una penetración absoluta y totalmente salvaje. Su boca fue recorriendo la piel de mi espalda… adhiriéndose íntimamente a ella… besándola… mordiéndola… ejerciendo junto con sus manos una sublime y magnífica combinación de caricias y besos. De repente se detuvo… inmóvil… dentro de mí… invadiéndome… completándome… lo sentí inspirar profundamente… como si quisiera prolongar de esa manera este momento tan sublime… luego de unos instantes interminables… se separó lentamente y me indicó que me recostara en el sillón apoyando solamente los brazos y la espalda… él se arrodilló en el piso frente a mí… sentándose sobre sus talones, yo lo rodeé con mis piernas… flexionando las rodillas… me tomó firmemente de las caderas atrayéndome hacia él… penetrándome profundamente…

El húmedo canal rodeaba su miembro como si fuera un guante… aprisionándolo… en un perfecto encastre… luego… rodeó con sus brazos mis muslos, separándolos aún más… hundiéndose más y más en mí… sus caderas comenzaron a moverse suavemente al principio… aumentando su intensidad paulatinamente… hasta que sus movimientos adquirieron una violencia…primitiva, hambrienta… acosada y perseguida por la pasión, era tan exquisita… deliciosa y eróticamente salvaje esta invasión profunda e implacable de mis rincones más íntimos… que cortaba mi respiración… que se hacía cada vez más agitada… jadeante… mi cuerpo temblaba… se retorcía… se desgarraba de placer.

Sin separarse de mí… sosteniéndome con sus brazos… fue acostándose en el piso… de manera que yo quedé a horcajadas sobre él… sus manos comprimían fuertemente mis caderas… pellizcaban y castigaban mis nalgas… yo comencé a moverme sobre el suavemente… deslizándome alternadamente de atrás hacia delante… de arriba hacia abajo… sintiéndolo totalmente dentro de mí… mis movimientos se hicieron más rápidos… más enérgicos… intensos… mis pechos oscilaban… bailoteando libremente… siguiendo el ritmo de mis movimientos… él los rodeó con sus manos acariciándolos… apretándolos… reteniéndolos… mis manos se posaron en su pecho… hundiendo mis uñas en su piel… arañándola… raspándola… mientras seguía deslizándome sobre él, moviendo mis caderas en círculos… sintiéndolo estremecerse debajo de mí… tenía su cara contraída… cubierta por pequeñas gotas de sudor…

Yo sentía los labios resecos… y deslicé mi lengua por ellos para humedecerlos… fui bajando mi boca hasta encontrar la suya… mordiendo suavemente sus labios… separándolos con mi lengua… introduciéndola en su boca… subyugándolo… con mis labios adosados a los suyos… explorando toda su boca con mi lengua… deleitándome con su sabor… mientras seguía moviéndome sobre él… mis brazos rodearon su cuello… y continué besándolo pasionalmente… me incorporé nuevamente… dándole a mis movimientos un ritmo frenético… intensamente salvaje, ya casi no podía aguantar más… el comenzó a estremecerse… su caderas subían y bajaban vigorosa y convulsivamente… cada vez más de prisa… sus dedos… recorrían mi cuello… mi cara… mis labios, introduciéndose en mi boca… instintivamente respondí… succionando sus dedos… mordiéndolos.

Poderosos espasmos recorrieron su miembro viril… vigoroso… varonil… contrayéndolo… estremeciéndolo… alcanzando el clímax en medio de mis gritos y sus exclamaciones y gemidos, sentí su descarga de semen fluir en mi interior… y un éxtasis violento… salvaje… repentino y esperado… se apoderó de mis entrañas… recorriendo mis muslos y piernas… estremeciéndome… quedando mi cuerpo surcado por temblores y espasmos… que fueron aquietándose poco a poco. El permanecía en el piso… acostado… relajado… disfrutando… le pedí que me indicara donde quedaba el baño…hizo una seña con la mano… recogí mis ropas y fui hacia allí… rápidamente aunque todavía temblando… pude asearme y vestirme.

Cuando salí… él estaba sentado en el sillón… me miraba con los ojos entrecerrados, escrutándome… me dijo:

-Mujer… Que has sido buena… La próxima vez pediré por ti… ¿Cuál es tu nombre? Comprendí que era totalmente inútil aclararle el error… por lo que le contesté cualquier nombre… él se puso de pie y salió de la habitación… cuando volvió traía un fajo de billetes en la mano…

-Con la agencia arreglamos 200 dólares… Ahora realmente me parece poco… Así que te entrego 500, me dijo extendiéndome el dinero.

Sin pensarlo dos veces tomé el dinero que me daba y me despedí de él… cuando salí al palier me fijé bien… claro… me había confundido de puerta… como no tenían numeración… seguro la del viejito era la puerta del frente… estaba yendo hacia allí… cuando se abrió el ascensor y salió de él una mujer fascinante… sensual… vestida muy sexy… me di cuenta que era con esa mujer con quien me habían confundido… se dirigió hacia mí y me preguntó…

– Por favor me podes decir cual es el 5° I.  Me detuve a pensar un segundo… yo realmente estaba muy cansada para cuidar a nadie… sólo quería irme a casa… a descansar… por eso le contesté… -Si… Si justamente es aquí…

Le dije señalando el departamento del viejito… al fin y al cabo todos tenemos derecho a tener una alegría de vez en cuando ¿no?… y me fui sonriendo…

Autora: lahechiceracba

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