La novia perversa

Les voy a contar una historia que es totalmente verídica. Actualmente tengo 36 años. Esto sucedió cuando tenía 21.

Entonces yo residía en Madrid con mis padres. Tenía novia desde hacía seis meses y se llamaba Marta. Ella tenía 22 años.

Era una chica muy de gimnasio, tirando a pija, con todo muy bien puesto. Destacaba en ella todo su físico aunque sus grandes ojos verdes era lo que mas llamaba la atención.

Llegó nuestro primer verano como novios y la familia de Marta tenía un apartamento en un pueblo costero de Valencia llamado Cullera.

Me invitó a pasar parte del verano y allí que me fuí.

Cuando llevábamos unos días allí me dijo que ya no follábamos con tanta pasión. Le contesté que yo la adoraba y que me encantaba estar con ella pero que en casa de sus padres era complicado tener un sitio para nosotros y nuestra intimidad.

Teníamos que volver de la playa antes que los demás o ir más tarde para poder quedarnos solos en la casa y no podíamos hacerlo todos los días.

Entonces me dijo que tenía la solución y que con otro novio que tuvo antes de conocerme, mayor que ella ya lo había puesto en práctica y que esa noche íbamos a encontrar a la persona adecuada para solucionar nuestro problema.

Esa noche nos fuimos a un pub donde la edad media era de unos 35 años. Marta bailaba cada canción y las miradas de los tios que había por allí iban a parar todas a sus atributos. Yo no estaba muy cómodo y se lo dije. En ese momento entró un grupo de hombres de unos 45 años.

Uno de ellos vino donde estábamos y saludó efusivamente a Marta. Ella le dijo que lo estábamos esperando y el hombre pidió una botella de champán para los tres.

El se llamaba Pepe, tenía 44 años y tenía una empresa de mercancías en el puerto de Valencia.

La conversación iba sobre nuestras vidas y demás formalismos hasta que Pepe le dijo a Marta “no sabes la de veces que me acuerdo de aquello y lo que he pensado en ti”. Yo en ese instante pensé que habían estado juntos y mi incomodidad crecía por momentos.

Marta se dio cuenta porque de inmediato me dijo que Pepe y ella solo se habían visto una vez cuando Pepe amablemente les cedió durante unos días su apartamento a ella y su anterior novio.

Entonces Marta le preguntó si podíamos disponer de su apartamento unos días ya que en casa de sus padres no teníamos intimidad. Pepe le contestó que sin problema aunque debíamos esperar hasta el lunes siguiente porque hasta el domingo estarían su mujer e hijos.

Nos dijo que debía regresar con sus amigos y que podíamos pedir lo que quisiésemos que estábamos invitados. Antes de irnos, nos acercamos a despedirnos y quedamos en que el domingo por la noche nos acercaría las llaves a ese mismo pub antes de irse.

De camino a casa, le pregunté a Marta como lo conoció y por qué nos dejaba una semana entera su casa si solo se habían visto una vez. La noté reacia a contarme nada y simplemente me contestó que era una especie de pacto. Ella le daría lo que él quería y tendríamos una semana su preciosa casa para nosotros solos. En ese momento monté en cólera y le pregunté en qué consistía lo que ella iba a darle y me contestó que tranquilo que no iba a tener sexo con él.

Estuvimos unos días tirantes. Yo no entendía del todo la situación y cada vez que le preguntaba a Marta, me contestaba que confiase en ella y que simplemente lo estaba haciendo para que tuviésemos intimidad durante una semana.

Marta unos días antes del domingo comenzó a comportarse de una manera un poco extraña. Me dí cuenta de que no se metía al agua, ni ducha ni siquiera se bañaba en la playa o en la piscina del complejo de apartamentos. Además, salía a correr todas las mañanas, cosa que no habíe hecho desde que yo llegué.

Le pregunté si tenía la regla y me contesto que no, lo que aumentó mi curiosidad.

Llegó el domingo y a la hora acordada, apareció Pepe, pagando lo que habíamos pedido y dejándonos las llaves de su casa. Nos dijo que se iba a Valencia con la familia pero que al día siguiente a las siete de la tarde vendría para tomar algo con nosotros.

Al despedirse le dijo a Marta “no puedes imaginar las ganas que tengo de que llegue el día de mañana”. Marta sonrió de una forma entre perversa y socarrona que nunca había visto en ella.

Le pregunté a qué había venido eso y me dijo que Pepe tenía unos gustos un tanto extraños pero que a ella no le importaba hacerlos realidad porque iba a portarse muy bien con nosotros, de igual modo que hizo anteriormente con ella y su antiguo novio. Me dijo que confiase en ella y que podía estar allí con ella esa tarde o no estar pero que ella prefería que yo estuviese para que me diese cuenta de que no había nada sexual por su parte pero que si iba a escandalizarme fácilmente que mejor no estuviese.

Le dije que no sabía de qué debía escandalizarme porque no me contaba nada y que yo no iba a follarla delante de un pervertido. Me dijo que yo no iba a participar y que solo iba a mirar.

En ese momento me levanté de la silla y le dije que me volvía a Madrid que ella no iba a jugar con mis sentimientos. Ella me cogió de las manos y me dijo que no me lo podía explicar pero que por favor confiase en ella. Me dejó más tranquilo cuando me dijo que a ella en el fondo iba a gustarle y no lo iba a hacer de mala gana y que incluso podría gustarme a mí porque me contó que su anterior novio no dejó de pajearse viendo la escena.  Me dio un abrazo y me dijo al oído “confía en mí”.

Eso fue suficiente para que no me fuese esa noche y fuimos a la casa de Pepe. Era inmensa y espectacular. En el frigorífico había de todo. Marta sacó dos cervezas y algo de picar. Cuando acabamos, le dije que antes de ir a casa de sus padres a dormir, podíamos aprovechar una cama. Fuimos a una habitación y cuando comencé a desvestir a Marta su olor era insoportable.  Tanto que se me fueron las ganas del todo. Le comenté que llevaba varios días haciendo ejercicio y que no se había lavado y me dijo que lo sentía pero que hasta el día siguiente no iba a lavarse. Al final me hizo una mamada y nos fuimos a dormir.

El día siguiente fue muy extraño porque Marta comenzó a beber cocacolas sin parar desde la mañana. Nunca lo había hecho porque siempre bebía agua y cuando salíamos de discotecas o pubs siempre pedía gintonics. Copas con cocacola nunca. Además nada más comer estuvo preparando ropa y metiéndola en un bolso como si nos fuésemos de viaje.

Tras la siesta, le dijo a su madre que nos íbamos a la playa y que luego habíamos quedado con unas amigas y que volveríamos tarde. La madre le preguntó dónde iba con ese bolso y le dijo que llevábamos la muda y que íbamos a pasar por casa de una amiga a ducharnos y cambiarnos.

Fuimos directamente a casa de Pepe y Marta comenzó a probarse vestidos y zapatos, minifaldas y botas militares, camisetas ajustadas y con escote…

Así hasta que llegó Pepe un poco antes de la hora. Nos dijo que había salido un poco antes y además había venido un poco rápido porque no podía pensar en nada más.

Marta comenzó a sonreir de forma perversa y le soltó “así que el puto cerdo no puede dejar de pensar en mí, mmmmmm eso me gusta”. Yo estaba estupefacto cuando Pepe se arrodilló ante Marta y le dijo “por favor, haz lo que desees conmigo”. Marta soltó una carcajada y le dijo “eres un gusano y te voy a tratar como un perro”.

Yo miraba a Marta y a Pepe y no daba crédito. Marta me vió a su lado, me cogió la mano y me acompañó al sofá. Me dijo que allí iba a verlo todo y que simplemente iba a humillarlo porque es lo que le gustaba a Pepe. Me dio un beso con lengua morboso y se fue a cambiarse.

Mientras ella se cambiaba y yo estaba sentado en el sofá, Pepe no se movió de donde estaba plantado de rodillas en ningún momento.

Cuando apareció  Marta de nuevo, estaba espléndida. Pantalones militares y botas con punta reforzada y una camiseta de tirantes verde que dejaba transparentar sus pezones ya que no llevaba sujetador. Me dí cuenta de lo excitada que estaba por la transparencia de los pezones. Los tenía de punta pese al calor que hacía.

Entonces dijo “ven aquí puto perro que quiero divertirme un poco”. Pepe fue a cuatro patas donde estaba Marta y entonces comenzó a recibir patadas en el costado, nalgas y pisotones en la espalda con una rapidez y furia increíbles. El hombre se quejaba a cada golpe pero allí seguía esperando más.

Cuando Marta se cansó de darle patadas, vino a sentarse a mi lado. Comenzó a darme morreos y palpó mi entrepierna que ya tenía un bulto considerable. Ella me dijo “no sabes lo que voy a disfrutar y no sólo por mí sino porque veo que también tú vas a disfrutar”. Mientras nos besábamos, Marta le dijo a Pepe “ven aquí, quítame las botas y comienza a limpiarme los pies con la lengua”.

Marta cruzó las piernas, Pepe quitó con sumo cuidado las botas a mi chica y comenzó a lamer sus pies. A pesar de que estábamos sentados, yo desde mi posición pude oler el pestazo que echaban esos pies y allí estaba ese pobre hombre tragando el olor y el sudor acumulado de días sin lavar.

Yo le dije al oído a Marta “así que por eso no te lavabas” y ella me contestó “a este perro le encanta mi olor así que hoy va a tener ración extra”. Se dirigió a Pepe diciendo “he pensado en ti perrito y llevo días sin lavarme y haciendo ejercicio ¿no estas contento?” Pepe respondió “si, muchas gracias me encanta tu olor”. Marta daba instrucciones mientras me masajeaba el paquete “mete bien la lengua entre mis deditos puerco” “cómo te gusta el olor de una chica jovencita; seguro que el olor de tu mujer ya no te atrae; jajajajajajaja”

Cuando Marta se cansó, le dijo a Pepe que sacase los artilugios y los colocase que iba a cambiarse. Ví como Pepe fue a por un bolso que había traido y dejó en el suelo. Sacó una fusta, una correa con una especie de bozal y un artilugio lleno de correas y con dos pedales.

Apareció Marta con un vestido corto, de una pieza, muy ceñido y de palabra de honor con goma. Hombros y espalda descubiertos. Se había hecho una cola en el pelo. Y llevaba botas de montar!!! Jamás la había visto tan cañera.

Entonces Pepe comenzó a montar todo. Los pedales resultaron ser para que Marta pusiese los piés, la correa con bozal era las riendas. Cuando ya estaba listo todo, Marta cogió la fusta y montó a lomos de Pepe. Lo hizo sin pizca de delicadeza, dejándose caer de golpe con todo su peso sobre su espalda. No entiendo como no quebró la columna vertebral de Pepe. Aun así no contenta con la posición volvió a repetirlo dos veces más hasta que Pepe soltó un alarido “ahhhhhhhhh”. Entonces Marta dijo “ahora que te veo sufrir ya puedes pasearme, vamos caballito”. Pepe comenzó a moverse a cuatro patas por el inmenso salón, mientras Marta miraba hacia donde yo estaba y me ponía cara de vicio.

A mí me iba a explotar la polla con lo que me la saqué y comencé a frotar. Cuando Marta me vió, dijo “ahora quiero ir más rápido caballito”. Pepe comenzó a ir mucho más rápido. Marta no estaba satisfecha y comenzó a azotarle con la fusta de manera despiadada. Empecé a pajearme fuerte porque era un espectáculo ver a mi novia a lomos de un tio de 44 años, que hacía lo que ella deseaba en cada momento y aún así recibía azotes que le dejaban buenas marcas en la piel. Cuando vió que Pepe ya no podía más y no dejaba de resoplar le dijo “ahora vamos delante de mi novio para que se pajee a gusto”. Pepe llego hasta donde yo estaba y en el mismo lugar comenzó a hacer movimientos arriba y abajo con la espalda. Marta subía y bajaba. De vez en cuando soltaba un varazo y yo me pajeaba con mayor velocidad. Entonces, se bajó la parte superior del vestido y  me dijo “mira cari como se mueven mis tetitas”. Iban arriba y abajo, ella con cara de viciosa total, fustigando a Pepe y haciendo “yiiiiiiiiihaaaaaa”. No pude más y me corrí abundantemente. Marta se acercó y me dio un beso. Me dijo al oído que ella también se había corrido en las bragas con el roce con la espalda de Pepe  y la excitación de verme pajeándome.

Le dijo a Pepe que nos trajese unas cervezas y algo de picar. Mientras las bebíamos, Marta dijo “ahora perrito quiero que te pongas a hacer flexiones y cada vez que bajes, me besas los piés”. Lo tuvo así un buen rato. A mí me daba pena y le dije a Marta que Pepe podía tomar algo con nosotros ella contestó “Pepe solo quiere una cosa y es mi olor”. En ese momento Marta puso una de sus manos detrás de la cabeza y dijo “vamos perro”. Pepe raudo y veloz comenzó a oler la axila de mi novia. Ella mientras como si nada, comiendo aceitunas. Luego le dijo “limpiame todo el sudor acumulado y cómetelo puerco”. Pepe comenzó a lamer como un cachorro la axila. Aunque estaba un poco asqueado porque notaba el olor de la otra axila de Marta y no entendía como alguien podía lamer semejante olor, noté cierta excitación y el paquete comenzó a crecer de nuevo. Marta repitió la escena con su otra axila y Pepe olió y lamió como si fuese el mayor manjar del mundo.

Tras la cerveza, Marta fue a cambiarse y le dijo a Pepe que preparara el final.

Vi a Pepe sacar plásticos grandes y colocarlos en el suelo.

Apareció Marta con una camiseta ajustada, minifalda con vuelo y chanclas. Se había hecho dos coletas en el pelo. Parecía tener bastantes años menos. Se quitó las bragas y me las dio. Dijo “¿sabes lo que esta esperando el perrito? Que se las des” Sus bragas desprendían olor entre sudado y sexo y hasta vi manchas. Se las eché a Pepe y comenzó a devorarlas con su nariz y a pasar la lengua por la zona de las ingles. Yo no daba crédito del pobre imbécil. Marta me miraba y se reía. Marta dijo “las braguitas son un regalo para ti perrito para que mientras tenga mi olor puedas pajearte pensando en mí pero ahora quiero sentarme en un buen almohadón”.

Pepe gateó velozmente hacia el sofá y colocó su cara boca arriba. Marta, ya sin bragas, posó su culo sin contemplaciones sobre la cara de Pepe. Yo estaba al lado y os aseguro que el olor era indescriptible. Marta debió de ver mi cara de asco porque me dijo que cuando iba al baño no se limpiaba del todo para que Pepe tuviese su olor que era lo que le gustaba. Yo en ese momento no sabía si esto le estaba gustando más a Pepe o a mi novia.

Marta me dijo “querías saber por qué he tomado esta mañana cocacola cuando nunca bebo ¿verdad?” Yo hice que sí con la cabeza. Ella me sonrió y alzándose un poco de su peculiar asiento, comenzó a soltar un pedo impresionante. Al acabar volvió a sentarse sobre la cara de Pepe y dijo “huele cabrón, que se que te mola”. Mientras tanto volví a sacarme la polla y Marta empezó a pajearme mientras botaba encima de la cara de Pepe. Esta situación se repitió varias veces más. Marta me dijo que le preguntase a Pepe si le gustaban sus pedos. Yo lo hice y Pepe dijo como medio ido “me encantan”. Marta volvió a tirarse otro. “prrrrrrfffffff cómetelo desgraciado, si te viese tu mujer aspirando y oliendo pedos de jovencitas”. En ese momento no pude más y me corrí en la mano de mi novia que no había dejado de pajearme.

Tras esto, dijo Marta “¿tienes sed perrito?” Pepe contestó con un hilillo de voz entre expectante y satisfecho “siiii”. Entonces, Pepe corrió hasta el plástico y se tumbó boca arriba. Marta se quitó la minifalda y me dijo que lo hacía por mí para que no perdiese detalle. Se colocó en cuclillas sobre la cara de Pepe. Este ya tenía aberta la boca y Marta comenzó a merarse dentro. Decía “que no se caiga ni una gota cerdo asqueroso, trágatelo todo”. Yo pensaba que lo escupiría pero no. Se lo tragaba conforme caía en su boca. Seguía sin entender como alguien podía hacer eso por muy buena y joven que fuese una chica.

Cuando acabó, Marta dijo “me duele el estómago y no llego al baño, así que abre bien la boca”. Comenzó a tirarse pedos que fueron seguidos de un morcillón increíblemente largo. Caía en la boca de Pepe que ni se inmutaba. Cuando pensaba que iba a caerse lo que viniese después porque no le cabía más mierda en la boca, Marta comenzó a hacer un movimiento de cadera circular y quedó un pastel vertical ascendente en círculos sobre la boca llena de Pepe. Marta dijo “cuando veas a tu mujer le das un besito jajajajajajajajajaja”.

Fue a limpiarse y se sentó conmigo en el sofá. Yo ya había comenzado la tercera paja mientras Pepe seguía allí quieto con toda la mierda sobre su cara. Estallé y me corrí mientras Marta me decía “esto lo hago por nosotros pero en parte me gusta sentirme como una diosa y que tíos maduros hagan lo que me dé la gana solo por ser guapa y joven. Me gusta mucho que limpien mi sudor con la lengua y se coman mi mierda porque me siento superior y esa sensación es increíble”.

Le pregunté si había hecho esto con alguien más y me contó que con Pepe y su antiguo novio cuando Pepe les ofreció su casa para pasar unos días y a cambio sólo les pidió ser humillado. Pactaron las cosas y a ella le gustó. Volvió a hacerlo con un hijo de un amigo de su padre un día que lo pilló olisqueando su bañador en el aseo de la casa. Se encerró con él en el baño y la lamió por todos lados. Me contó que esa desesperación de los hombres por sus fluidos y su sudor le ponía mucho.

Finalmente le dio permiso a Pepe para ir a lavarse. Marta sacó dos cervezas más y cuando regresó Pepe lo puso a limpiar todo. Cuando acabó le dijo “has sido un buen perro y vas a tener tu hueso de premio; ponte de rodillas perrito; ahora pon la cabeza hacia atrás que voy a sentarme en tu asquerosa cara para que acabes de olerme mientras te permito una paja; sólo podrás pajearte si aguantas mi peso y no te vienes abajo; si en algún momento ya no puedes servirme de asiento me bajaré pero no tendrás tu orgasmo; cuanto más aguantes más posibilidades de correrte; ya sabes que a mayor sufrimiento, mayor orgasmo”. Marta se sentó en la cara de Pepe y puso sus piés en su pecho. Pepe comenzó a masturbarse muy fuerte. Marta le dijo “veo que vas muy rápido así que voy a ponértelo más difícil porque así no mola”. En ese momento conmenzó a moverse y a bailar sobre la cara de Pepe. Yo comencé una nueva paja porque veía a Marta preciosa subiendo y bajando los brazos, moviendo la cabeza, la cadera, bailaba como si estuviese en una discoteca. Pepe tenía la cara congestionada en un tono púrpura que indicaba que no iba a tardar mucho en caerse porque era imposible que pudiese aguantar en esa posición todo el peso de Marta y además bailando. Pepe no dejaba de pajearse con furia y con mayor furia se meneaba Marta en su cara.

Al final Pepe no pudo aguantar y cayó con Marta encima. Marta le dijo “te jodes cerdo; ¿creías que iba a dejar que te corrieses?; haz ejercicio para aguantar más la próxima vez”. Entre frase y frase le escupía en la cara. Yo sí que me corrí por última vez. No recuerdo orgasmos tan seguidos y con la polla tan dura más que en esa ocasión. Tened en cuenta que todo ocurrió en apenas 60 minutos.

Marta fue a ducharse mientras Pepe desinfectaba todo el suelo y tiraba la basura de todo el espectáculo. Al regresar, se tomó una cerveza con nosotros y comentamos todo lo sucedido. Marta me contó que la primera vez que lo hizo fue más o menos igual. Pepe le recordó que en esta ocasión había sido más perversa y menos inocente, tanto en las formas como en el vocabulario y la forma de decirlo y que le había encantado. Marta dijo “ claro la primera vez estaba un poco más cortada pero ya me sale mejor la cagada, ¿verdad?”. Pepe dijo “si, la primera vez me dejaste el pastel en toda la cara y casi no podía respirar pero te has acordado del consejo que te dí después de moverte en círculos para dejarlo en un montón”. Hablaban como si todo hubiese sido lo más normal del mundo. Pepe dijo “lo que me ha sorprendido es el final porque no esperaba que me dejases tocarme ya que es algo que pusiste como condición la vez anterior y como verás en ningún momento lo he hecho”. Era cierto porque con cada humillación su polla parecía a punto de reventar y no se tocó. Marta dijo “si, al principio iba a dejarte tu orgasmo pero me ha jodido ver que lo hacías tan rápido así que me he dicho mejor que sufra y ya se pajeará como un mono en el coche cuando se vaya, jajajajaja”.

Yo le dije a Pepe que sería incapaz de lamer una axila con ese olor o de aspirar un pedo y me dijo que era algo que le había atraído siempre y que lo había practicado desde hacía años con diversas mujeres, casi siempre pagando pero muy discretamente porque tenía familia y con un puesto de trabajo muy social y que era complicado que nadie de su entorno entendiese las cosas que le gustaban. Me dijo “el olor corporal de una mujer mayor es desagradable pero el de una jovencita aunque haga días que no se lave para mí es un manjar; de hecho cuando acabamos la primera vez recomendé a Marta no lavarse durante unos días y tomarse un par de cocacolas ya que la primera vez casi no le salían las ventosidades por si algún día volvíamos a vernos”.

Al rato Pepe se marchó y nos dejó casi una semana la casa para nosotros solos.

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