Cambio de habito II

Un grito indicó que ya la tenía adentro por primera vez, la chiquilla sentía lo que era tener sus dos orificios llenos, luego bajó a mi conchita y dejó su colita más expuesta a su noviecito que no dejaba de disfrutar de ese culito de putita, siguió dándole al ritmo que yo le marcaba con mis estocadas en la chuchi, la bebota llegó a su máximo calor y acabó al mismo tiempo que nuestro hombrecito.

Córdoba: dos gatitas lecheras.

Bueno después de lo sucedido en el estudio (a los que no lo sepan por favor lean, Cambio de habito, si no lo pueden tomar como otro relato)

Este relato está dedicado a Agustina (la gatita lechera) y como todos saben a la Chechu solo le gustan las nenas, pero en este caso decide probar algo distinto y se une a su amiguita Agus en hacer disfrutar al novio de la damita, esta jovencita tenía un hábito muy peculiar, le gustaba chupar pija tanto como comer un chocolate, a tal punto de  poder vivir alimentándose a esperma, en este relato Ceci cambia un poco sus hábitos y se decide a probar nuevamente con los hombres,  pero de a poco la fantasía de Agustina era estar conmigo y su novio y después de mucho insistir termina por convencerme y accedo, con la condición que comenzaríamos estando primero las dos solitas  y el novio se sumaría cuando la temperatura estuviese bien elevada como para hacerme olvidar de lo que hiciera.

Mis cosas con mi pareja andaban bastante mal y necesitaba dispersarme con algo y la verdad con las cosas que me contaba Agus me vinieron ganas de chuparme una buena pija cosa que nunca había hecho, hasta unas semanas antes en mi oficina me encontraba excitada y quería tener esa bebita de 18 añitos entre mis fauces, me calienta por demás las sub. 18 y nunca me le animé a una, esperaba hacer un doble debut, el estar con esta bebota y hacer un trío con un hombre,  de manera muy loca fui hasta su casa  como para preparar todo, llegué, toqué su timbre, se asomó por la ventana y me hizo pasar, la encontré bañada en sudor, estaba haciendo gimnasia y se encontraba completamente transpirada y excitada, pero no era solo el ejercicio, el roce de su pantalón la había excitado y sabiendo que estaba por llegar su cuerpito quería poder estar conmigo.

El viaje a Córdoba me había dejado molida, solo quería descansar, pero como convencer a ese volcán que llevaba Agustina dentro, tímida me miró, no sabía que decir, tanto esperar ese momento, que mezcla de emoción, excitación y desorientación, se quedó quieta, le brillaban sus ojitos como si hubiese visto a su ídola de tv, le tomé la cara y la besé, sus labios respondieron inmediatamente a los míos como si no formaran parte de ese estático cuerpo, nuestras lenguas se entrelazaron en un largo beso que terminó por despertarla, tomó mi mano y me arrastró, su traspiración dejó mis labios con una mezcla de la dulzura de una joven  y lo salado de su esfuerzo

– Esperá loca, ¿dónde vamos?  – Vení dale, quiero estar con vos.- Esperá, recién estabas dura y ahora desesperada.  – Sí, es que estoy… – Acelerada, sí, estate tranquila que no me voy. – Perdóname, no sé lo que hago, estoy temblando. – Está bien, pero sentate y tranquilízate. – Ay que emoción, Ceci está acá conmigo.- Si estoy acá, tranquila no soy la Susana Giménez. – No pero sos la Ceci; ¿querés tomar algo? – Dale, lo que tengas. – Tengo new age para vos mi amor.- Mmmm que rico, que sorpresa para entonarme, dale. – Ya te traigo.

Salió rumbo a la cocina como una tromba y regresó con una copa de vino en su mano, llegó y me besó.

– Su vino señora.- Gracias Agus no hacía falta, con un poco de jugo alcanzaba.- No, estoy muy traspirada y vos muy agotada, necesitamos un baño.- Uuuy, ¿te parece?- Si después seguimos con el brindis.

Me llevó a empujones hasta el baño, dejé que jugara conmigo, me quitó una musculosa blanca que dejaba notar mi estado de excitación, sobre todo porque no traía nada abajo, dejó mis pechos al descubierto y le sonreí, no aguantó y volvió a besarme como desesperada, acarició mis senos, los besó, era mi turno, le quité un sostén deportivo color celeste que al igual que a mí se le  trasparentaban sus erectos pezones; retiré muy lentamente su short  y un ínfimo hilo dental  cubría su parte inferior, completamente mojada de excitación me empujó bajo la ducha helada que acababa de abrir, un suspiro esbozaron mis labios al sentir el agua tan fría caer en mi acalorado cuerpo,  se abalanzó sobre mi sin importarle nada,  la temperatura del agua nos hizo abrazar para protegernos del helado chorro.

Pasaron solo minutos y el agua comenzó a sentirse placentera, no sé si por el agua misma, la temperatura que irradiaban nuestros cuerpos o el acostumbramiento, giré, la apoyé contra la pared y comencé a besarla, mis manos de forma instintiva se posaron en sus pechos, los recorrí muy lentamente, pasé mi mano y enjaboné su espalda, seguí el recorrido de su cuerpo hasta llegar a la muy apetitosa colita, corrí la diminuta tanguita que aun tenía puesta, pasé la mano hacia delante y acaricié su clítoris…

Comenzaron los gemidos y las inmensas ganas de ser penetrada de Agustina, mientras bajaba me fue besando y saboreando todo mi cuerpo, llegó a mi entrepierna y comenzó a chupar con desesperación, era la primera vez que tenía una mujer en sus brazos y para mí una bebota como ella, las nenas de dieciocho que tanto me excitan y nunca me animé a encarar, después de enloquecerme por un rato con su lengüita se acostó en el piso del  baño para que ambas podamos darnos placeres femeninos, nos enredamos entre nuestras piernas.

Como si todo estuviese preparado se escuchó golpear la puerta, el novio de Agus que la venía a ver, sabía que yo vendría pero no que llegaría hoy, y menos esperó encontrarnos así, mi temperatura interior marcaba 100 grados, mi sangre en ebullición y mi cabeza le daba la prioridad a mi entrepierna para pensar, y cuando esto sucede estoy dispuesta a todo, mi gatita salió muy apresurada a abrir, ni atinó a taparse, sus ganas de estar de vuelta a mi lado y la calentura que llevaba no secó ni sus pies, se acercó a la puerta, espió por la mirilla y si era Leonardo que tocaba el timbre, como si las cosas siguieran planeadas le dijo, dame unos minutos y entrá al baño, él ni se imaginaba la sorpresa que le esperaba.

Entró al baño  donde me encontraba aseando mi conchita de manera muy delicada y suavemente penetrando mis deditos como para no perder el clímax, sabía muy bien en que terminaría esto, de hecho a eso había venido pero jamás pensé que ni llegaría a bajar las valijas del auto antes de estar completamente desnuda y a merced de tan bella pareja, tengo que confesar que el miedo me invadió pero esta era mi nueva vida, Agustina llegó con una venda que en este caso si tenía preparada para esta situación, me besó apasionadamente y retomó sus caricias, en un ratito nos traen la merienda mi amor me dijo Agus, no me pareció raro ya que estábamos casi en ese horario, vamos a tomar la lechita juntitas como lo venís soñando gatita lechera me dice, y ahí terminé de entender, cuando el novio se aprestaba a entrar lo hace esperar, coloca la venda en mis ojos y me hace arrodillar.

Cuando Leo  entra y me encuentra empapada por dentro y por fuera, de rodillas y vendada, su miembro desarrolló su máxima expresión, se acercó, me acarició, primero mi pelo, recorrió mis mejillas y continuó hasta estrujar mis senos, no aguantó y me besó, respondí gustosa al beso cosa que no me había pasado en Buenos Aires; los ojitos de Agus observaron de otra manera, tenía celos de ambos, su novio estaba besando a su máxima fantasía y ella solo miraba, bajó sus pantalones y el bóxer que llevaba, sacó ese delicioso miembro que tantas veces había oído hablar a mi nenota, lo apoyó en mis labios y sin dudar lo introduje en mi boca, lo tomé con mis manos y empecé hacer lo que creí era lo que más le gustaría, era mi segunda mamada, el tener los ojos vendados me excitó más, ya estaba a pleno, Agus me había dado el calor necesario como para realizar cualquier cosa, llené mi boca de pija y no dejé de chupar y besar esa inmensa presa.

En ese momento Agustina se unió a mí mientras me besaba apasionadamente en los labios y deleitábamos a su novio juntas, mientras yo chupaba con desesperación Agustina estimulaba mi clítoris y me mamaba las tetas, al cabo de un rato noté que Leonardo estaba por acabar y apuré el ritmo al igual que con mi gatita, mis deditos, que se encontraban dentro de ella, encendieron su pasión, se empezó a desesperar yo estaba a pleno la damita sabía muy bien que hacer con su boquita, la levanté y me apronté a la descarga de su novio, juntas logramos que estallara, nuestras caritas se llenaron de semen y juntas continuamos compartiendo esa hermosa pija y el jugo que de ella salía, cuando tomamos hasta la última gota de su semen seguimos deleitándonos juntas y saboreando los restos de lechita caliente que quedaba en nosotras.

Como dos gatitas lecheras nos besamos y recorrimos nuestros cuerpos con toda pasión, por unos minutos nos olvidamos de nuestro compañero de baño,  acaricié sus senos con mucha delicadeza, posé mi mano en su entrepierna y la penetré con dos de mis deditos, entraba y salía con mucha euforia  mientras a la vez acariciaba su clítoris y estimulaba sus pasiones, sentía en su cuerpo un volcán en erupción, un fuego interno a punto de salir al exterior, volvieron las contracciones, me senté en un banquito que  había en el baño, abrí mis piernas y Agus invadió mi vagina con sus dedillos dos, tres, cuatro y a gozar, me recosté contra la pared mientras era besada por la preciosa niña que quedó inclinada y con su colita dispuesta, Leo  notó esto y mientras yo seguía estimulando su chuchi el novio la penetra salvajemente por su culo.

Un grito indicó que ya la tenía adentro por primera vez, la chiquilla sentía lo que era tener sus dos orificios llenos,  dejó de besarme para saborear mis senos  y luego bajar a mi conchita y dejar su propia colita más expuesta a su noviecito que no dejaba de disfrutar de ese culito de putita, siguió dándole con mucha pasión al ritmo que yo le marcaba con mis estocadas en la chuchi, la bebota llegó a su máximo calor y acabó al mismo tiempo que nuestro hombrecito, se volcó en ella llenando su cola de una segunda tanda de lechita caliente, la tierna jovencita sacó a empellones a su novio del baño sin dejar que se pudiera secar, continuamos duchándonos mientras solo nos besábamos.

Cuando terminamos de ducharnos nos secamos y fuimos a su pieza a cambiarnos, mientras Leo terminaba de bañarse me senté en la cama y la jovencita no dejaba de seducirme, me volvió a besar, acarició por enésima vez mis tetas y casi me obligó a acostarme en su cama, -No mi amor vos sos la huésped y tenés que ser la que más disfrute, se arrodilló a un costado de la cama, me abrió las piernas y empezó con lo que mejor sabía hacer, enloquecer a cualquiera con su lengüita y sus labios, la boquita de Agustina podía deleitar a quien estuviese a su alcance, disfrutó de mis jugos vaginales y yo del placer que me propinaba.

Cuando ya estaba en mi cumbre me introdujo su mano hasta perderla en el interior de mi vagina, me gozó como toda una puta y yo encantada de lo que me estaban haciendo, me retorcí en su cama hasta no dar más y caer rendida, mi excitación había llegado a su fin, me quedé recostada mientras la damita se vestía para ir por mi equipaje para poder cambiarme ya que mi ropa estaba aun en el auto, y lo que traía puesto al llegar se encontraba completamente mojada, cerré mis ojos y me quedé dormida, como a las tres horas desperté y mi ropa estaba acomodada en su cuarto y las valijas vacías y lo que me pondría en una silla al costado de la cama, todo acomodado como si me quedara a vivir ahí.

Cuando me estaba cambiando mi anfitriona se aparece con un rico vaso de leche con chocolate y galletitas, acá tenés tu merienda amor, y como siempre me besa en los labios, se sienta a mi lado y me invita a comer a un restaurante,   le digo que acepto, pero que yo pago, después de conversar un rato volví a cambiarme como para salir a cenar y ahí fuimos solas las dos, al regresar a la casa ya estaban sus padres, pero por la hora dormían, entramos a su cuarto, cerró con llave, me desnudó y entramos en su cama, volvimos a repetir cada beso y cada caricia, a extasiarnos de placer en su cama, un 69 de principio nos llevó a lo más alto del éxtasis, los deditos penetrando nuestras conchitas terminaron por hacernos acabar, nuestros gritos y gemidos terminaron por despertar a sus padres que ni se imaginaron lo que sucedía en esa habitación, al grito de, sssssssss, silencio, de su padre salieron de nosotras solo carcajadas que terminaron de confundir más a los padres, chicas dejen dormir, fue el próximo grito y cundió el silencio, nos abrazamos y nos quedamos dormidas.

Así terminó la noche, mi primera noche de la semana que me quedé con el novio, lo volvimos hacer una vez más, de la misma manera, primero las dos solitas y él se sumaba después pero juntas pasamos todas las noches que me quedé.

Después de esas mini vacaciones en Córdoba decido volver a Bs. As a reencontrarme con un viejo amor pero este será otro relato, besitos y sigan fantaseando.

Autora: La señorita misteriosa.

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Orgía inesperada

María galopaba sobre Fernando, cuando sintió la presencia del aparato de Martín en la entrada de su ano, sin dejar de moverse sobre Fernando lo invitó a pasar, Martín le introdujo entera su verga, María era poseída por ambos, sus gemidos eran impresionantes, su cara reflejaba la excitación del momento, sus ojos en blanco parecían anticipar un desmayo, pero era un gozo realmente extremo.

Primero que nada una pequeña presentación, me llamo Juan, vivo en Buenos Aires, Argentina, tengo 29 años, hace tiempo que tengo ganas de contarles alguna de mis experiencias con el sexo. Soy una persona muy apasionada, morbosa y desinhibida con respecto a las prácticas sexuales, y me encanta disfrutar de mis instintos. Este suceso que paso a relatarles, sucedió hace un par de años, pero lo recuerdo como si fuera hoy.

Yo me muevo generalmente con un grupo de amigos, que nos conocemos desde hace más de diez años, vamos a mismo club todos los fines de semana, desde que éramos niños nomás, así fue que un viernes programando el fin de semana, recibí en mi trabajo una llamada de mi amigo Jorge, en el que me dijo tenía ganas de armar una fiesta en su casa de fin de semana, para la ocasión había convencido a la chica con la que estaba saliendo que reclutara cuatro o cinco amigas, la empresa prometía por demás, ya que además de ser muy linda Leticia, así se llamaba, era una autentica “guerrera”, Jorge me pedía moviera los hilos para juntar nosotros, una tropa de similares características.

En cinco minutos nomás me comuniqué con algunos de mis amigos, Fernando, Martín y el Negro, quedamos en la hora y el lugar donde encontrarnos, además de distribuir rápidamente las tareas, en cuanto a las provisiones a comprar. A mí como “Pope gastronómico del grupo” me tocó encargarme de comprar unas carnes para realizar un característico asado a la criolla.

Bueno, luego de cumplir cada uno con nuestros deberes, finalmente nos juntamos en la casa de Jorge, y emprendimos tipo 9 PM el viaje hacia donde las chicas se habían juntado, la excitación recorría como impulsos eléctricos nuestros cuerpos, porque aunque es arriesgado y uno puede llevarse terribles sorpresas, el hecho de concretar una cita a ciegas tiene un gran dejo de aventura y misterio que la mayoría de los mortales amamos, finalmente arribamos al apartamento de la chica, Jorge bajó y tocó el timbre, nosotros pegados a las ventanillas de los autos en los que nos desplazábamos, uno era el mío y en el otro el del negro.

Comenzamos a desmenuzarlas con la mirada, apenas fueron apareciendo, y la verdad lo que estábamos viendo nos entusiasmó, de inmediato bajamos a presentarnos y a ayudar con sus bolsos, en ese momento comencé a percibir en el ambiente una sensación particular, sensual, todas ellas así como nosotros teníamos una mirada lujuriosa y excitante en nuestras caras, que revelaba un estado de excitación general prácticamente indisimulable. Junto a mí en el auto se sentó Martín, y atrás tres de las señoritas, María, Agustina y Natalia, María, morocha con ojos oscuros, no muy alta, 1,60 m, era la más callada, apenas si se presentó y devolvió algún elogio, los cuales le llovían de nuestra parte, y no era para menos, sus labios carnosos, la suavidad de su piel que se adivinaba por la falta de maquillaje, sus firmes pechos que apuntando hacia el frente parecían querer escapar de aquella blanca camisa que llevaba puesta y su perfectas piernas, que yo al pasar los cambios llegaba a rozar dado que ella se encontraba justo en medio en la parte trasera, coronaban un firmísimo culo que no estaba a la vista en ese momento pero que habíamos admirado cundo nos presentamos en la puerta de la casa.

Agustina sentada justo detrás mío, era castaña de tez morena y ojos verdes, su dulzura y timidez, se adivinaban en sus gestos, pero su voz era realmente sensual, no poseía grandes pechos pero sí un buen trasero y bonitas piernas, dada su altura, debía medir casi 1,70 m. Y por ultimo Natalia, una autentica muñequita, rubia de ojos azules, su rostro era realmente hermoso, todo esto acompañado por un suculento par de tetas, quizás un poco rellenita por debajo pero nada exagerado, tenia un culo carnoso y bien formado a pesar de ser un poco grande para su baja estatura, 1,60, o menos.

En el coche del Negro iban, él, Jorge y Fernando acompañados por Leticia y Camila, a Leticia yo ya la conocía, era un magnifico espécimen de mujer de 1, 65, castaña, de no muy grandes pero sí hermosas tetas, un riquísimo culo y lindas piernas, aparte de muy divertida y desfachatada, a Camila sólo pude observarla unos minutos mientras nos presentábamos y la verdad me había impresionado bien, era alta, 1,75 m, morocha de pelo bien cotito, ojos azules, no pude quitar mis ojos de encima de sus grandes y firmes pechos, largas piernas y un pequeño pero bien formadito culito.

El viaje transcurrió tranquilo, con charlas triviales y alguna que otra indirecta, pero todo muy divertido, Natalia llevaba la posta dando gala de su simpatía, al llegar a la casa de Jorge y luego de estacionar los autos, yo me dirigí a la parrilla, las chicas pusieron la mesa, algunos se cambiaron dado que se encontraban de traje y corbata, otros destaparon las primeras de las múltiples botellas de vino que habíamos traído, en fin nos organizamos un poco, para luego sentarnos a picar algo alrededor de la mesa.

Fue allí donde desinhibidos por el vino comencé a vislumbrar lo que iba a ser una gran noche, las charlas más subidas de tono ahora, calentaron la casa, a pesar del frío, y luego de servir la cena y en la sobremesa, apareció una baraja de cartas, los juegos se fueron sucediendo hasta que Martín propuso uno más atrevido, formar una ronda, tomar una carta con la boca y pasársela al compañero, las risas no se hicieron esperar, María preguntó: -“¿Y si se cae qué?”A lo que yo respondí:-” ¡María! ¡Si se cae, los frustrados pasadores deben darse un beso!”-A lo que ella respondió: -“Tanto problema por un beso, el que quiera uno que me lo pida que se lo doy gustosa.”

Inmediatamente me acerqué a ella al igual que mis amigos, ella me tomó de la nuca y me aplastó contra su boca, su lengua llegó casi hasta mi garganta, luego me soltó y tomó a Fernando y así hasta cumplir con todos inclusive con Jorge, Leticia disgustada, celosa quizá, sin pensárselo mucho, tomó al negro y comenzó a besarlo en señal de venganza, yo tomé de la mano a María y la llevé a un costado donde empezamos a besarnos y tocarnos frenéticamente, de reojo veía como todos tomaron pareja y comenzaron a apretarse mutuamente, Leticia y el negro, Fernando y Camila, Martín y Natalia, Jorge y Agustina. Poco a poco fuimos recostándonos todos en la mullida alfombra del living, yo mientras comenzaba a desnudar a María noté como ella estiraba su mano y acariciaba el bulto de Fernando que se encontraba al lado nuestro, cosa que me sobresaltó, y le pregunté: -“si quieres estar con él sólo tienes que decírmelo”-Ella me miró a los ojos, sus ojos desorbitados por la lujuria irradiaban fuego, me respondió: -“Los quiero a todos, de a uno de a dos o de a tres.”

Mi sorpresa fue grande como la de Fernando, pero aún más nos sorprendimos cuando Camila balbuceó: -“yo también.”-Era increíble, nosotros veníamos dispuestos a una buena parranda, pero ellas querían más, querían una desbocada orgía.

Así fue que me zambullí en las tetas de María mientras ésta le proporcionaba una buena paja a Fernando que a su vez desnudaba y besaba a Camila, en un instante que me levanté, para desprenderme de la remera, María se incorporó, tomó la verga de Fernando con ambas manos y comenzó a chuparla como poseída, Fernando giró y la tomó de la cabeza, Camila al encontrase libre, caminando lentamente en cuatro patas se dirigió hacia mí y con su mano en mi pecho, me recostó nuevamente en la alfombra, ahora boca arriba, terminó de desabrochar mis pantalones y se comió mi pene que palpitaba del placer, en esta posición pude ver lo que sucedía a nuestro alrededor. Jorge, ahora sí con Leticia practicaban un hermoso 69, el negro y Agustina totalmente desnudos en medio de la habitación, ella recostada en el piso, él encima de ella con su aparato entre sus tetas, bamboleándolo de arriba abajo gemían de placer, por ultimo aquélla cara angelical de Natalia, ahora transformada en codicia, se tragaba entera la verga de Martín mientras con su mano derecha comenzaba a acariciar a Jorge.

Este, al percatarse de aquello, separándose de Leticia y tirando firmemente de las piernas de Natalia para que ella se posesionara en cuatro patas, sin dejar de degustar la verga de Martín como el más rico de los helados, y así sin mediar palabra, Jorge se acomodó detrás de ella y la penetró por su babeante agujero hasta que sus testículos chocaron con su cola, comenzando un mete y saca sensacional, Leticia insatisfecha espectadora de todo aquello, levantó su cabeza buscando ayuda, sus ojos se cruzaron con los míos, donde encontraron refugio, ella se acercó a mí y al oído me dijo: La comida estaba muy buena, no querés un rico postre”, seguidamente y sin molestar a Camila que seguía trabajando a pleno en mi miembro se acomodó sobre mi cara, yo dirigí primero mis ojos, luego mi lengua a aquella hermosa conchita, mojada y tierna, sus labios eran finos, su color era oscuro, su clítoris se podía ver fácilmente, así que me decidí a chuparlo como quien chupa un carozo.

Su inmediata respuesta fue un: Ummmm de placer, lo que me decidió a esforzarme aún más en la tarea. Luego de un rato de mantener esta posición y percatándose Camila que mi final se hallaba próximo, soltó mi miembro y luego de decirle unas palabras al oído a Leticia, intercambio posición con ella, ahora sentía la suave boca de Leticia en mi Verga y la depilada conchita de Camila en mi boca, era aún más jugosa que la anterior, sus labios eran más gruesos, su aroma era refrescante, una exquisitez, siempre me ha gustado chupar a las mujeres, realmente lo disfruto.

Yo había perdido todo contacto con los demás participantes de esta singular festiorgía, así que decidido a penetrar a alguna de mis dos hembras les pedí que se incorporaran, ambas lo hicieron. Giré mi cabeza y vi como Fernando llenaba la boca de María con su esperma, al ver esto, Camila se inclinó a ayudarla y recibió también su ración, Leticia sentada en la alfombra enfrente mío, abrió las piernas llamándome a mi tarea, cosa que no dudé en hacer, así, lentamente acerqué mi hinchada pija a su caliente asilo y la introduje lentamente, el placer fue extremo, muy suavemente por momento y frenéticamente en otros comencé a poseerla con ímpetu y pasión, mientras de reojo observé como, Fernando le comía la concha a María, retribuyéndole el buen momento vivido.

Camila, sin pareja y muy caliente buscaba en el cuarto una pija para ella, al otro lado del cuarto aún se encontraban Jorge, Martín y Natalia, Natalia, seguía recibiendo las embestidas de Jorge mientras tragaba la verga de Martín, Camila se acercó y agarró el aparato de Martín y lo llevó hacia ella, Natalia lo soltó, un poco ofuscada tal vez de quedarse con la mitad de su equipo, pero aceptó y dándose vuelta se dedicó por entera a Jorge que ahora además de penetrarla le chupaba las tetas y la besaba a su antojo, Camila se puso en cuatro, arqueó su espalda como suplicando ser penetrada, Martín con su aparato en la mano se acercó a ella y de un golpe la penetró, pero el grito de Camila nos sobresaltó, todos pudimos ver su mueca de dolor, el bombeo de Martín se incremento al igual que los lamentos de Camila, pero de a poco estos se volvían gemidos, él atacó su culo con todo, ella no lo esperaba, pero ahora lo disfrutaba, a pesar de mantener una gran sed en su agujero delantero, se saciaba con el inesperado regalo de Martín.

El Negro acababa en ese momento entre las tetas de Agustina, que desesperadamente sacaba la lengua para degustar su leche, al mismo tiempo que se agarraba las tetas, Yo al ver esto no aguanté más, sentí que me venía, así que retiré mi aparato de entre las piernas de Leticia y se lo introduje en la boca, donde fue recibido con gran alegría, Leticia abrió su boca, sacó la lengua y recibió mis múltiples chorros de esperma hasta tragárselo todo, luego relamiéndose los labios y mirándome a los ojos me dijo: “gracias por tan rico postre”

Martín que seguía partiendo en dos el culo de Camila se corrió abundantemente en la espalda de ésta, sacó su aparato y Camila dándose vuelta se dedicó a limpiarlo a conciencia, Leticia y Agustina casi corrieron a limpiarle la espalda a su amiga con sus lenguas, sedientas de sexo, limpiaron todo el esperma de Martín del Cuerpo de Camila.

Jorge y Natalia gritaron de placer al llegar al éxtasis, él no se despegó de ella ni un segundo, llenando su agujero hasta rebalsarlo con su esperma, se besaban, se acariciaban, era la única escena tierna en la habitación, ya que todos los demás y me incluyo, estábamos sacados, buscábamos más y más sexo.

Mi excitación continuaba, a pesar de haber acabado hacía sólo unos minutos, me acerqué a Agustina y por detrás comencé a morderle el cuello, ella sintió un escalofrió, su piel se erizó y arqueó su espalda apoyando su trasero en mi verga que comenzaba a crecer nuevamente, la empujé suavemente hasta que ella quedó delante mío en posición perrito, avancé con mi cara directo a su bellísimo culo y con mi lengua lamí su culo con gula, de la misma manera lo hizo Camila pero con el mío, y Martín con el de ella, era una especie de trencito de placer. Leticia compartía ahora a Jorge con Natalia, ambas chupaban su verga a turnos, parecían pelearse por un poco de aquel pedazo de carne.

El negro se situó delante de Agustina, aumentando los vagones de este singular tren, yo retiré mi lengua de su ano y tomé mi verga, ya lista para la batalla, y se la introduje muy de a poquito en ese pequeño, pero ya dilatado agujero, Agustina me ayudaba empujando ella misma hacia atrás, al tiempo que gruñía de dolor y placer. Sentí como Camila dejaba de lamer mi culo y la vi pasar hasta sentarse frente al negro y ofrecerle su muy húmeda concha, a la que el negro se entregó por completo, sumergiendo su cara entre sus piernas.

María galopaba sobre Fernando, cuando sintió la presencia del aparato de Martín en la entrada de su ano, primero hizo una mueca de susto, luego le sonrió y sin dejar de moverse sobre Fernando lo invitó a pasar dentro de ella, Martín esta vez lentamente y luego de lamerla un poco en su aparentemente virgen agujero, le introdujo entera su verga, María era poseída por ambos, sus gritos y gemidos eran impresionantes, su cara reflejaba la excitación, el dolor y el goce del momento, sus ojos virtualmente en blanco, parecían anticipar un desmayo, pero no, era un gozo realmente extremo.
Mirando la cara de Camila, imaginé la de Agustina, que no podía ver y me corrí en su interior, me fue la vida en aquello, caí rendido en la alfombra, mientras ella giraba y me limpiaba, agradecida del momento que le había echo pasar, casi durmiéndome, recuerdo haber escuchado uno tras otro las acabadas de todos.

Con las primeras luces del día, abrí los ojos, la escena era increíble, 10 cuerpos desparramados en aquella alfombra, todos desnudos, algunos encima de los otros, el olor a sexo que impregnaba la habitación, poco a poco se fueron despertando todos, nos fuimos vistiendo para ir juntos a desayunar. Luego de tomar el sol y del almuerzo planeamos una siesta conjunta, pero eso se los debo para la próxima…

Saludos cordiales,

Autor: Juan El Poseidón

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