Nuestra iniciación sexual

Ella se puso en cuatro y abrió sus piernas dejando al descubierto su virgen conchita, con su mano me dirigió a su secreto orificio, torpemente le introduje mi pene, ella se retorcía de dolor, me decía, sácamelo, yo hice caso omiso ya que si ella empezó se tendrá que aguantar, empecé un metisaca con lo cual al cabo de unos segundos mi pene estuvo con todo su esplendor dentro de Carola.

Hola amigos, me motivé a escribirles este relato, ya que he leído muchos y en realidad ya quería hacer uno. Paso de contarles que esto sucedió recientemente. En mi casa vive mi mamá, mi papá, mi hermana, una ahijada de mi mamá de 18 añitos (Carola) y yo. Era un día como cualquier otro, salvo que esa noche yo me iba a quedar solo en casa con Carola ya que era la fiesta de mi hermana que salía del colegio…

Eran alrededor de las ocho de la noche cuando llegué a mi casa después de un trabajado y fatigador día. Sentí que alguien se estaba dando una ducha y silenciosamente me acerqué a investigar quien era, me acordé en ese momento que esa noche yo la pasaría sólo con la Carola, que estaba muy buena por lo demás, yo le venía echando el ojo hace como 3 años, ya que ella se vino a vivir con nosotros hace 4 años para poder estudiar, ya que en donde vivía no existía una escuela que le gustase, en fin ella estaba en mi casa y yo la deseaba desde el primer momento en que la vi; no es para menos ya que a los 18 años ella ya está bien formada, tiene unas grandes tetas, un buen culo, pelo negro, ojos café oscuro, sobre todo resaltan sus tetas cuando sale de la ducha en toalla solamente.

Yo una vez que iba a mi pieza, sin querer miré para su pieza y la vi completamente desnuda y mi polla esa vez se me paró al instante y desde ahí cada vez que converso con ella me pasa lo mismo. Pero en fin, ella estaba en la ducha y yo desde hace algún tiempo estaba planeando observarla por la ventana cuando se estaba duchando, es una ventana muy alta que es necesario subirse sobre una silla para poder observar. Como Carola pensaba que estaba sola se bañaba tranquilamente, sin pensar que era observado por alguien, menos por mí; acerqué una silla y sin pensarlo dos veces me asomé por la ventana del baño.

Ahí estaba ella tal como vino al mundo, desnudita, en ese momento fue cuando pudo observarla completamente y a mi gusto, ya que se estaba secando sus tetazas, que eran muy bonitas, se secaba el culo y luego se pasó la toalla por la conchita. Fue ahí cuando sin querer a mí se me salió un quejido, Carola se dio cuenta que estaba siendo observada pero no dijo nada, al contrario abrió la puerta del baño para saber de quién se trataba, en mi turbación no pude hacer nada sólo me quedé “congelado”, no dijo nada, sólo que me bajé de la silla para empezar a explicarle lo que hacía allí, es más ni siquiera me animaba a modular palabra alguna pero ella al contrario me dio un gran beso y agarró por sobre mi pantalón mi polla que parecía que iba a reventar, yo estaba muy sorprendido.

Me bajó el cierre del pantalón y empezó primero a masturbarme, luego se introdujo mi verga en sus carnosos labios y empezó a chupármela, yo en ese momento no dije nada y sólo atiné a sacarle la pequeña toalla que cubría su hermoso cuerpo, al terminar de sacarla quedé con la boca abierta al ver semejante maravilla de la naturaleza.

Ella me dijo: “Vamos, toca no más”, y yo sin pensarlo por un segundo empecé a tocarle su culo y meterle la mano entre las piernas, tal cual como lo había visto en una película porno unos días antes… Pero allí no quedó todo porque ella me tomó de la mano y nos dirigimos a mi pieza, allí quedamos tendidos en la cama, casi instantáneamente pusimos nuestros cuerpos en la posición 69 y empezarnos a lamernos nuestros genitales mutuamente, debimos haber estado en esa posición unos cinco minutos, ya que mi excitación era tal que me fui dentro de su boca y ella como si fuera una verdadera puta se bebió toda mi leche.

Luego ella se puso en cuatro y abrió suavemente sus piernas dejando al descubierto su depilada y virgen conchita, en ese momento yo me puse detrás de ella y con su mano ella me dirigió a su secreto orificio. Cuando estaba todo listo ella me dijo: “Vamos empuja con toda tu fuerza”, yo aún algo tímido e inexperto en esto, torpemente le introduje mi pene lentamente hasta llegar más o menos a la mitad de su tamaño, cuando estaba ahí ella se retorcía de dolor a lo que me decía ¡Sácamelo!, yo hice caso omiso a eso ya que si ella empezó se tendrá que aguantar, empecé un desesperado mete-saca con lo cual al cabo de unos segundos mi pene estuvo con todo su esplendor dentro de Carola.

Ella en ese momento ya gritaba de placer, con lo cual yo me excitaba aún más y me decía, sigue, sigue, no pares, te quiero sentir dentro de mí. Yo no podía más así que me retiré de su estrecha vagina y eyaculé por sobre su espalda, pero mi pene no bajaba, como un niño que quiere su mamadera, Carola tomó con sus manos mi polla y nuevamente la empezó a chupar con una energía extraordinaria, pero mayor fue mi sorpresa cuando sin darme cuenta yo estaba tendido en la cama y ella se aprontaba para sentarme en mi pija, luego de sentarse empezó a cabalgar como desenfrenada, yo le decía que no parase, en ese momento ella sintió su primer orgasmo el cual lo gritamos juntos.

Luego de habernos calmado, nos besamos para poder reponernos de lo sucedido, ella me dijo que siempre me había deseado, le respondí que yo también. Me llamó la atención que después de sacar mi pene de su vagina estaba rojo y me di cuenta que era sangre, pero ella me dijo, no te preocupes ya que la primera vez es así y me dio un gran beso.

Me dijo que en cuanto tengamos otro tiempo nos echaremos otro polvo, por lo cual espero ansiosamente ese día.

Autor: Muxer

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Lila, ahijada y amante

Ella acabó varias veces, sus jugos bañaban mi verga y sus pechos se ofrecían a mi boca. Padrino, soy tuya, ¡soy tuya! Eran sus gritos. Acabé con un torrente de semen en su concha y ella llegó a su orgasmo final poco después. Nos abrazamos, y después de besarnos largamente, me dijo: déjame que te chupe un rato.

Mi mujer tenía una ahijada que era su debilidad. Pasaron unos años y fui destinado a dirigir la sucursal de una empresa multinacional a la ciudad donde vivía Lila con su familia. Yo había perdido noción de los tiempos y de la edad y condiciones físicas de aquella ahijada que siempre recordaba. Mi primer mes en esa ciudad fui solo y volvía a casa los fines de semana.

El segundo lunes, mi secretaria entró a mi despacho y me dice: señor, está la señorita Lila… que necesita hablar con Ud. Por unos instantes pensé en nombres y apellidos y entonces me surgió el recuerdo de la ahijada de mi mujer. La hice pasar y entró una joven morenita, con minifalda, enormes tetas, comprimidas por una playera que dejaba ver el canal atrayente, sus piernas eran una delicia digna de verse. La besé con cariño, ella igual y nos sentamos a tomar un café.

Realmente estaba divina. Hablamos de la familia -la mía y la de ella – de mis tiempos y de cuando la madrina vendría a vivir en esta ciudad. Mientras sus piernas cruzadas me permitían mirar sus muslos y hasta el nacimiento de su tanga, era realmente una mina digna de ser llevada a la cama aunque más no sea por un tipo como yo que en esa época tenía 25 años.

Concluida la reunión, nos pusimos de pie y conversamos un largo rato uno al lado de otro. Mis ojos apreciaban sus tetas y mis manos acariciaban su cintura y sus caderas. Ella, sonreía y sus ojos chispeaban de alborozo. Ese viernes, apenas había pasado el mediodía, Lila se apersonó en mi oficina.

Estaba vestida con una falda que apenas le cubría la cola, una playera que quería explotar por el volumen de sus pechos y su boca pulposa parecía querer chupar cualquier cosa.

Hola, dijo, vine para pedirte un favor, ¿Cuando viajas a México?. Quisiera me lleves, así puedo pasar el fin de semana en casa de mi abuelo y vuelvo el lunes, ¿puedes? Por supuesto que dije que si. Y pregunté: ¿A que hora quieres salir? cuando tú quieras, estoy a tu disposición.

Se sentó frente a mí, cruzó las piernas y se puso a leer una revista. Sus piernas eran un agasajo. Me acerqué, acaricié sus cabellos, su cuello y me senté a su lado. ¿Como decidiste viajar? Pregunté. El otro día, cuando vine, me di cuenta que podemos gustarnos entre nosotros, y bueno, si podemos viajar juntos y. demorarnos en la ruta, aprovechemos. La abracé por la cabeza y la apoyé en mi verga dura. Ella besó el garrote por encima del pantalón y me dijo: Yo te voy hacer disfrutar.

La puse de pie, la besé y metí mi mano bajo su falda hasta tocar su concha que estaba mojada y caliente. Su lengua penetró en mi boca y su pubis se pegó a la verga que disfrutaba. Vamos a disfrutar el viaje, dijo, te lo aseguro.

Concluí con los papeles del día. Bajé a la cochera con Lila y subimos al coche.

Lo primero que hice fue introducir mi mano en su entrepierna y prometerle: Te la voy a chupar hasta secarla. Y ella contestó: Yo también te voy a chupar, luego veremos quien seca a quien, dijo antes de darme un beso largo y caliente.

Salimos un par de Km. y nuestras manos estaban donde debían estar. Las mías en su concha y las suyas en mi verga descubierta y mamándola con fervor. Le pedí se sacara la tanga, a lo que respondió de inmediato. Se levantó la falda, elevó su pelvis y se quitó la prenda que me entregó en la mano. La olí, aspiré su aroma a mujer en celo y pasé mi lengua por la parte correspondiente a la vulva. Lila me besó en el cuello mientras su mano entraba entre botones de mi camisa en busca de mis tetillas.

Padrino, me dijo, ¿Adonde me vas a llevar? Yo, poniendo cara de inocente y jugando con mi dedo en su clítoris, le contesté: A lo de tu abuelo, ¿No? ¡Te mato! Dijo. Si no me llevas a la cama, te mato, mientras apretaba mi verga y me acercaba a la eyaculación. La besé en la boca y le dije: ¿Cogemos? ¡Síííí! Fue su respuesta.

A los 500 metros entré hacia la izquierda a un hotel. La cochera se abría sobre el bar y el jacuzzi, en el segundo nivel el dormitorio y luego una sala de estar confortable con aire acondicionado. Bajé primero, abrí la puerta de Lila y cuando bajó perdí mi mano en su cola. Ella se movió hábilmente y mi dedo se perdió en su concha jugosa.

La abracé y buscaba entrar en contacto con su carne. Ella colaboraba, se subía la playera mientras yo desprendía su corpiño y se desprendía la falda mientras yo amasaba su culo. Desnuda, comenzó a besarme el cuello y sus manos quitaban mi corbata, camisa, cinturón y después de bajar el cierre del pantalón se arrodilló frente a mi verga dura y comenzó a chuparme con devoción. Al límite de la eyaculación, la puse de pie y la llevé a la cama. Se acostó, abrió las piernas y me ofreció sus pechos. Chúpalos, fuerte, me gusta. Decía a los gritos.

Mordí esos pezones tentadores y me arrodillé frente a esa concha pulposa y aromática. Jugué con mi verga sobre sus labios vaginales y antes de introducirla le pregunté:

¿Te acabo adentro o afuera? Ella, ronroneando contestó: Adentro padrino, adentro, traigo un diu y elevó su pelvis en un ofrecimiento sexual que me excitó más aun, Se la puse hasta el fondo, era realmente una culeadora experta, más allá de sus 18 años, movía caderas, cola, pelvis, tetas y sus gritos eran realmente enervantes.

Cogeme, padrino, cogeme, decía. Yo detenía mi ritmo y ella aceleraba sus caderas.

Eres divina Lila, eres divina. Le decía y ella, con vos cortada me contestaba: vos eres un buen macho, dichosa mi madrina que te tiene siempre.

Ella acabó varias veces, sus jugos bañaban mi verga y sus pechos se ofrecían a mi boca. Padrino, soy tuya, ¡Soy tuya! Eran sus gritos. Acabé con un torrente de semen en su concha y ella llegó a su orgasmo final poco después. Nos abrazamos, y después de besarnos largamente, me dijo: déjame que te chupe un rato.

Se agachó, metió toda la verga en su boca y al rato la había puesto dura y dispuesta para otro combate. Yo acariciaba su espalda, sus caderas y sus nalgas. Ella, lamió la cabeza del miembro, me besó y dijo: vamos padrino, ya estás en condiciones para cumplir con mi madrina. Nos vestimos acariciándonos mutuamente y expresando el deseo que nos embargaba.

¿Cuándo vuelves? Pregunté. y ella, rozando mi verga por encima del pantalón dijo: Contigo el domingo a la noche.

Brillante jugada de la pendeja, y así fue. La noche del domingo lo pasamos en mi departamento y ella me entregó lo que le quedaba virgen: su culito.

A cinco años de la historia, Lila está felizmente casada con un pendejo de su edad que cree que se casó con una virgen fiel.

El lunes viajo nuevamente a México con la señora Lila, tiene diligencias que hacer. Y aprovecha que su padrino viaja para acortar el viaje. Su marido está tranquilo y mi mujer ni se entera.

Autor: tondijr

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