La camarita indiscreta

Se sentó en el bidet y dejó que la bañara un chorro cálido de agua. Inmediatamente, para mi sorpresa, seguramente azuzada por la estimulación del agua en su vagina, bajó su mano derecha y comenzó a masturbarse. Berta abrió aún más las piernas y se metió dos dedos en la concha, introduciéndolos y sacándolos, hasta que, luego de unos minutos, se advirtió que acababa.

Les comento que el hecho de haber sido criado por mujeres, lo que me permitió conocer a fondo su psicología, sus gustos, sus manías, por un lado y la generosidad de la madre naturaleza, que me dotó de una verga de 17 x 6 cms., atractivo, irresistible para cuanta fémina se cruzó en mi camino, hicieron de mí un cachondo permanente. No he tenido demasiado problema en ligar, todo lo cual, sin embargo, no ha impedido que desde mi despertar sexual hasta la actualidad en que promedio la cuarta década de mi vida, me la pasé el día excitado.

Mi permanente calentura me ha hecho cometer locuras de las más variadas, desde pasar por las armas a familiares, clientas, y todo el hembraje que se me puso a tiro, a otras acciones que me propongo relatarles en ésta oportunidad. Soy abogado y me especializo en derecho de familia. Resido y ejerzo mi profesión en la ciudad de Buenos Aires, en la cual, desde 1985 en que se aprobó el divorcio vincular hasta la fecha, la disolución de los matrimonios es una epidemia.

En razón de ello, y por el éxito obtenido en algunos casos con resonancia periodística, mi clientela es bastante abundante y, sobre todo, integrada por mujeres que desean no sólo divorciarse de sus esposos, sino tomar revancha y solicitar jugosas cuotas alimentarias y quedarse con buena parte del patrimonio de los cónyuges.

Mi temperamento calenturiento me hizo maquinar una treta para soslayarme con aquellas clientas que considerara que merecían una “atención” personalizada y supra profesional, así que en el cuarto de baño de mi estudio, instalé, convenientemente ubicada, una cámara filmadora, cuyas imágenes se proyectan en tiempo real en la pantalla de mi computador.

Por supuesto que la instalación fue, en principio, un obstáculo, pero que gracias a mis rudimentarios conocimientos de electricidad pude solucionar, ya que, por pudor, no llamé a un tercero para instalar la cámara, sino que un fin de semana me dediqué personalmente a instalarla. Culminada la tarea y de sólo imaginar el provecho que le sacaría al aparatejo, estaba más que cachondo, así, que, recordando viejos tiempos, le hice una visita a mi prima Aída, recién separada de su esposo y con unos cuantos años más encima, y recordamos viejos tiempos, primero en el sillón de su living, luego en su cuarto de baño y finalmente en su habitación, aprovechando que sus hijos estaban fuera, en el club donde hacían deportes.

Volviendo al tema que nos ocupa, transcurrido el fin de semana, se hizo el lunes y me encontraba ansioso por comprobar los beneficios del sistema. Llegué a mi estudio cerca del mediodía, me impuse de las novedades, me encerré en mi despacho y quedé atento a la caída de la primera presa. Al rato de haber arribado, escucho a través de la puerta, que mi secretaria, una joven de 22 añitos, se levantaba y se dirigía al lavabo. Si bien mis predilectas son las mujeres maduras, una concha es una concha, y quería ver que se traía entre las piernas Belén. Esperé que cerrara la puerta del baño y maximicé el programa que tenía minimizado en la pantalla de mi PC.

La cámara estaba oculta en el vanitory y apuntaba con un buen ángulo de captación, al inodoro y al bidet, que se encontraban uno al lado del otro. La imagen realmente era buena, pues el cuarto de baño tiene luz potente y la cámara que adquirí era de buena calidad. Observé con detenimiento como Belén bajaba primero sus pantalones, luego una tanga pequeña, se sentaba en la taza y comenzaba a largar un potente chorro de orín. Tenía una conchita rasurada, con un bigotito hitleriano alrededor de la raja y unos labios pequeños. Al primer chorro siguieron dos más cortos. Luego observé como con papel higiénico se secaba los restos de orín, se subía la tanga y luego el pantalón y finalmente se acercaba a la bacha para lavarse las manos.

El espectáculo era realmente bueno, así que la pija me dio un respingo debajo del pantalón y tuve que hacer esfuerzos para no tocarme y hacerme una aliviadora paja. Vale decir que desde ese momento los ojos con que miré a Belén fueron similares a los que tiene un lobo frente a un pequeño cordero. Sin embargo, un típico carnívoro argentino, la verdadera mercadería tenía que tener algunos años y kilos más para ser más sabrosa.

A primera hora de la tarde, luego del almuerzo, tenía cita en mi despacho, la Sra. Kloss, una dama irresistible de la gran colectividad judía de Buenos Aires, con quien tenía pocas esperanzas de tener un encuentro sexual, dado que somos de distintas religiones, ella es unos 15 años mayor que yo y con una posición económica envidiable, lo que me hacía suponer que buscaría, una vez que despedazara a su anterior marido, el Dr. Goldemberg, a un caballero de su colectividad mayor y más adinerado.

Atendí a mi cliente en la sala de reuniones, encendí la refrigeración a punto conveniente, la convidé con té y con abundante jugo, y esperé, entreteniéndola con charla procedente a su caso y no tanto, que me pidiera permiso para pasar a los servicios. No tardó en suceder, me puse de pie, ella salió de la sala y se dirigió al toilette, mientras que yo abandonaba el recinto y me apresuraba a instalarme delante de la pantalla de mi ordenador.  Llegué cuando aún no había comenzado la función. Berta, se instaló frente al espejo, seguramente para retocarse el maquillaje, luego se alejó, se paró de espaldas a la taza, se bajó la falda y primero pude observar que llevaba medias con liguero, de encaje, haciendo juego con una bombacha también de encaje, con un gran cavado sobre las ingles y también en “V” tapando apenas los labios de su melenuda vagina.

El verla vestida así, me puso a mil, provocando una instantánea erección. Luego se bajó el calzón y dejó a la vista una abundante mata de vellos negros y ensortijados, una visión que obnubilaba. No apoyó sus nalgas en el inodoro, solo flexionó las piernas y dejó caer el chorro de pis dentro de la taza, mostrando como los gruesos labios vaginales cedían frente a la presión del orín. Al mirarla la pija me latía y no tuve más remedio que tocármela.

Pero allí no terminó la función. Sin subirse la ropa se sentó en el bidet y dejó que la bañara un chorro cálido de agua. Inmediatamente, para mi sorpresa, seguramente azuzada por la estimulación del agua en su vagina, bajó su mano derecha y comenzó a masturbarse. Hacía círculos sobre su vagina de derecha a izquierda y viceversa. Yo, simultáneamente, saqué la pija del pantalón y acariciaba la cabeza humedecida por el líquido pre seminal. Berta abrió aún más las piernas y se metió dos dedos en la concha, introduciéndolos y sacándolos a gran velocidad, hasta que, luego de unos minutos, se advirtió que acababa, pues se contraía frente a la pantalla. Se secó la argolla con papel higiénico, levantó sus bragas, luego su falda, se puso frente a la bacha, se higienizó y salió del baño.

La esperé de pie en la puerta de mi despacho y le pedí que en lugar de la sala de reunión, pasara a mi escritorio. Ante tal visión mi calentura no había cedido y luego de ver como se había masturbado, se me ocurrió que le debía dar una oportunidad similar. De modo tal que dejé maximizada la imagen de la cámara del baño, corrí la pantalla de modo tal que pudiera verse adecuadamente desde la silla ubicada frente a mi mesa de trabajo y con un indisimulable bulto debajo de mi pantalón, pasé con el paquete delante de sus narices, diciéndolo:

“Mi querida señora, me ha dado un poquito de envidia, así que yo también iré a imitarla, regreso en unos segundos”.

La Sra. Kloss me miró sorprendida a la altura de mis pantalones e intrigada por mi comentario. Cuando llegué al baño, me puse delante de la cámara, bajé mis pantalones, luego mis calzoncillos lentamente y comencé a menearme la pija delante de la cámara.

Luego, me senté en la taza de baño acomodándome la espalda sobre el respaldo, y las piernas abiertas y estiradas, con la pija apuntando al techo. Previamente, escupí la cabeza de la chota abundantemente y la tomé con las dos manos. Comencé a hacerme una paja lenta y viciosamente, para ir aumentando la intensidad, hasta que no mucho después de principiar con la puñeta, sentí como la leche pugnaba por salir en forma abundante de la cabeza.

Cuando me estaba por venir, guiñé un ojo a la cámara, me incorporé, me coloqué cerca de la pantalla y me derramé, manchando los cerámicos del baño con abundante esperma. Limpié el enchastre, me higienicé la punta de la pijota con papel, luego me lavé las manos y salí hacia mi despacho.

Cuando arribé a mi escritorio Berta estaba casi desparramada en el sillón, con la ropa arrugada y desarreglada, transpirada y con la cara colorada. Sin embargo, nada me dijo, en ese momento, de mi faena en el baño, pues imaginó que yo había disfrutado de la suya.

En las sucesivas visitas a mi oficina, me regaló con nuevos espectáculos, para los cuales se vino producida con interiores cada vez más sexys, con la cachucha y hasta con un juguete que viciosamente se introducía en sus cada vez más prolongadas asistencias a los servicios.

Espero que haya sido de su agrado y lo voten, muchas gracias…

Autor: Tano Feroz

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El matrimonio de Flores

Miguel se puso en cuatro patas, para que Marcos le pudiera lamer el culo más a gusto. Yo me cogí a Aída mientras le chupaba las tetas. Marcos se la clavó a Miguel. Aída al ver esto se las ingenió y pasó la cabeza por abajo de Miguel y se la empezó a chupar. Yo seguía con la pija dentro de la concha de Aída hasta que su marido gimió más fuerte.

Estimado amigo: Espero que te encuentres bien, siempre mamando pijas, siendo chupado y por qué no ¡cogiendo a lo loco!

Me acordé de algo que sucedió con Miguel y un matrimonio del barrio de Flores y quiero contártelo. Un día me llamó Miguel a su bulín y me dijo: Prepárate esta noche vamos a ir a Flores a visitar a un matrimonio amigo. El se llamaba Marcos, cincuentón, bien parecido, con su mujer Aída (cuarentona), tenían un almacén allí. Llegamos después que ellos cerraron el almacén, nos dieron unos tragos y nos llevaron al dormitorio. Aída se calentó conmigo, me daba cada beso y chupones increíbles, en cambio Marcos se concentró en Miguel. Hicieron un 69 de novela, tanto fue el escándalo de gemidos y gritos que Aída se desconcentró en lo que me hacía y nos pusimos a mirarlos.

Se chupaban la pija, los huevos y llegaron hasta el culo, donde Miguel disfrutaba más de las lamidas y pellizcones que le daba Marcos en ese lugar. Aída me puso la concha sobre la boca y comencé a lamer, mientras ella me chupaba la pija y me apretaba los huevos como queriéndome sacar toda la leche. Miguel se puso en cuatro patas, para que Marcos le pudiera lamer el culo más a gusto. Yo me cogí a Aída mientras le chupaba las tetas. Marcos se la clavó a Miguel, pero éste ya no estaba en cuatro patas, había puesto la cabeza en la almohada y levantaba bien el culo. Aída al ver esto se las ingenió y pasó la cabeza por abajo de Miguel y se la empezó a chupar. Yo seguía con la pija dentro de la concha de Aída hasta que su marido gimió más fuerte, iba a acabar. Le empecé a tocar el culo, y así acabó. Aída también acabó cuando sintió la leche de Miguel en su boca. Bueno esa fue la primera de tres veces que visité a ese matrimonio.  Al tiempo le pregunté a Miguel por ellos, porque no me había llevado más a visitarlos.

Querido amigo: ¿No sabés lo que sucedió? Ellos tenían un deseo, era tener una casa rodante, hasta que al fin la pudieron comprar, en Semana Santa se fueron para la zona de la Sierra de la Ventana, a acampar cerca de la estancia de unos amigos. Cuando llegaron a esa estancia su amigo los invitó a pasar la noche allí, les dijo que al otro día se instalaran cerca de un arroyo, que él los guiaría, etc., etc. Como él no pudo ir mandó a un peón que andaría por los 23 ó 25 años para que los llevara hasta el arroyo. El muchacho era musculoso, por los trabajos del campo y muy quemado por el sol de la Pampa, tenía un culo muy parado que Marcos como buen catador de culos no dejó de notar. Santiago, se llamaba el peón. Los llevó a donde su patrón le había indicado. Un lugar lleno de sauces y mucha sombra.

Aída que conocía bien a su marido, se dio cuenta que a este se le hacía agua la boca, el culo de Santiago. Le dijo “Ya me di cuenta que te calentaste con ese culo”. ¡Es linda esa cola! Exclamó Marcos. ¡Yo me la cogería ahora mismo! Aída ideó un plan para conseguir a Santiago. No te preocupes yo lo seduzco y lo disfrutamos los dos. Pusieron una lona al lado de la casa rodante, para cubrirse del sol, y Marcos les dijo que iba a ver si había buena caza por allí y se fue con la escopeta. Así Aída empezaría el plan. Aída le conversaba al peón, mientras Marcos se había escondido atrás de unos matorrales mirando todo. Ella le conversaba y se le acercaba, le tocó la pierna y vio como le abultaba el pantalón, Marcos también lo vio desde donde estaba escondido. Aída le metió mano al paquete con un poco de resistencia del muchacho, hasta que él también le metió mano a la concha de Aída que estaba húmeda.

Marcos salió de su escondite y los amenazó con la escopeta, tratando de puta y otras cosas a su mujer, y al muchacho le dijo de todo. Santiago temblaba de miedo, su pija estaba en las manos de Aída, pero se le había bajado del todo. La segunda parte del plan, estaba por comenzar. Le dijo: “Te perdono si me demostrás que cogés bien. Quiero ver como se la metés a Aída. El muchacho no sabía que decir, no entendía nada. Aída fue a la casa rodante y volvió con un consolador doble. Santiago cada vez tenía más miedo, no sabía qué hacer ni que decir. Ella empezó a pasarse el consolador por las tetas, lo chupó y se lo metió en la concha, le pidió a Santiago que se arrodillara. El les dijo que no era gay para hacer eso. Pero Marcos seguía apuntando con la escopeta. Al final tuvo que arrodillarse. Aída le dijo que le iba a gustar, que se aflojara. Lo acarició lentamente y le puso crema en el culo, de a poco le fue poniendo el consolador, Santiago se retorcía de dolor, pero al rato notaron que estaba disfrutando.

Marcos soltó el arma y se puso a acariciar ese culo que deseaba tanto, besó a Aída y luego al muchacho, fue un beso triple. Aída lo pajeaba y Marcos siguió con el consolador jugando en el culo de Santiago. Cuando la tuvo nuevamente bien dura Aída se tiró en el suelo y él arriba de ella, la cogió, Marcos le sacó el consolador, le besó el culo y lo penetró. Le daba cogidas fuertes, algunas suaves el chico gritaba de dolor y de placer. Para no aburrirte con detalles que no conozco y que podemos imaginar. Se calentaron tanto que acabaron gritando mucho. Santiago quería más y más, que siguiera cogiéndolo, Marcos lo cogió todo lo que pudo, pero quedaron agotados. Parece que a Santiago le gustó porque al día siguiente volvió. Cuando ellos se despertaron y salieron de la casa rodante lo vieron sentado en un sillón, apuntándoles con una escopeta. ¿Qué te pasa? Le preguntó Marcos, muy sorprendido de verlo ahí con esa arma. Ayer me rompieron el culo, y hoy los mato yo. Fue la respuesta. A menos que… dejó escapar esa frase sin terminar. A menos que me cojan y yo los coja a ustedes.

Marcos quiero tu culo sino la escopeta hará pum. Porque sé que te gusta dar el culo, porque si no ¿para que tenés ese consolador? Vamos dámelo ahora. Marcos no tuvo otra alternativa, se bajó el short y se puso de espaldas a Santiago. Obligó a Aída que se la chupara a su marido mientras él se la metía en el culo. Te digo amigo que según me contó Miguel quedaron agotados. Tanto Aída de chupar pija como el culo de Marcos. A Marcos le dolía toda la pija de tanto rato de chupadas, el culo porque Santiago tenía una pija considerable y no usó lubricante, la tenía tan caliente y seca que lo lastimó. Terminó la semana y volvieron para la capital. Muy cansados no del viaje, sino de tantas cogidas, chupadas y demás. Se despidieron de Santiago y le dieron la dirección, Si venís por la capital, vení a visitarnos…

Esas son cosas que se dicen, al despedirse pero… Amigo, no sabés, al sábado siguiente estaban por cerrar el almacén y se les apareció Santiago. ¡Hola! ¿Cómo les va? dijo muy campechano. ¡No podían creer, que hubiese venido! ¿De paseo? le preguntaron. No te imaginás que les contestó Santiago. No. ¡Los necesitaba tanto que me vine a vivir con ustedes! Como me contaron que tienen comodidad, en el galpón que guardan la casa rodante, no lo pensé más y me vine. Terminaron de cerrar el negocio y allí mismo Santiago se puso a chuparle la pija a Marcos, se la metía toda en la boca, con la lengua le hacía todas las caricias posibles. El se pajeaba mientras Aída le ofrecía la concha a su marido para que se la chupase.

Pasó mucho tiempo, y Santiago sigue allí, atiende el almacén, mejor que ellos, tiene mucho arrastre con la clientela joven y que decir con las viejas… Me dijo Miguel que viven los tres felices. Como no tienen hijos, Santiago viene a ser un hijo para ellos, aunque hacen cosas que no son para los hijos.

Amigo: Te digo que más tiempo pasás por este mundo, más cosas increíbles suceden y siempre alguien te las cuenta. Yo a Santiago no lo conocí, porque como te dije desde que se calentaron con él no cogen con nadie más, ni con Miguel que era abonado de mucho tiempo. Me imagino que Marcos será sesentón y Aída cincuentona y ese peón andará por los 30. ¿Me gustaría saber si siguen tan activos como en ese entonces?

Recibe todo mi cariño. Un abrazo para ti y para todos los que me quieran escribir.

Autor: OMAR

omarkiwi@yahoo.com

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Con la amiga de mi hijo

Yo estaba con un conjunto blanco casi transparente, bombachas y soutién, donde se traslucían mis rosados pezones y mi vulva totalmente depilada, hinchada, y humedecida, le alcancé una remera y ella la tomó entre sus manos sin darle mucha importancia, más que nada como pretexto para poder tenerme un rato más a solas, e íntimamente me recorrió con sus ojitos que le salían chispitas, me sentía deseada, tocada sin tacto, y muchas cosas más.

Hola a todas, 100% real y verídico sucedió hace poquito en Argentina. Esto lo empiezo a escribir y no voy a dar mi nombre verdadero, pero les contaré que soy casada 45 años, mi marido 50, tenemos tres hijos de 23,20 y 18 años, un cuerpo bien mantenido, aun firme, sin bisturí, pero con genética buena y gimnasia, mido 1.69 peso 58 Kg. mis medidas 89/63/95, se dan vuelta los hombres por la calle cuando paso. Mi marido no lo describiré, pero es un hombre muy masculino y me hace el amor como nadie nunca me lo hizo y en la cama entre nosotros “todo vale”.

Soy una profesional universitaria y con un pasar desahogado económico, en mi casa desfilan chicos y chicas de las edades de mis hijos, pero hoy me ocuparé de una en especial que la llamaré, Mavi, es amiga de mi hijo mayor, creo que nunca llegaron a nada entre ellos, y siempre frecuentó mi hogar, a mi marido se le van los ojos cuando la ve y me doy cuenta como le mira los pechos y su colita, que como se darán cuenta para mi no han pasado desapercibidas tampoco.

Mi crianza fue culturalmente en un hogar clásico de Argentina, católicos, etc., etc., monogamia heterosexual…. todo lo que saliera de eso era pecado mortal y ni siquiera se podían hablar esos temas, en definitiva una educación muy represiva y retrograda, nada de libertad definitivamente oscurantista…

Hago esta introducción para que puedan comprender los que lo lean cuanto me cuesta contar lo siguiente y muchísimo más lo que me costó decidirme a llevar a cabo lo vivido…
Hasta mis 38 años más o menos no me había animado a seguir tocándome mis partes íntimas solo en la ducha y nunca con continuidad, me avergonzaba cuando empezaba a excitarme sola, que boludaaaaaaaaaaaaa…

Jamás me había masturbado… era ” sucio, impropio, descastado degenerado” lo que yo no sabía es que además de eso era hermoso. Perdonen mi ironía la que aun no probó, ¿que esperas?, la primera vez fue mi esposo el que me incitó a regañadientes por mi parte que me masturbara, fue un fin de semana los dos solos en un hotel de la costa Argentina, con tele en el cuarto y con video casetera, alquilamos un video porno donde una chica se tocaba mientras esperaba la llegada de una pareja de amigos y después, muy obvio, se enredaban los tres en una cama lindísima, se chupaban todos contra todos, y mi marido logró convencerme que probara a tocarme yo sola, tomó mi mano y mojó mis dedos en su boca, los dejó súper lubricados y me los dirigió entre mis piernas, muy pero muy suavemente hizo que mis yemas separaran los labios mayores y deslizándolos con mucho tacto los subió hacia mi clítoris, hasta que notó que mis dedos tenían vida propia y su movimiento ya no lo podía detener nada, ni siquiera mis más arraigados tabúes y así seguí casi sin darme cuenta dándome el placer que nunca antes me había atrevido a experimentar…

Cuando mis dedos fueron autómatas entre mis piernas subí varios escalones en mi vida sexual y experimenté el, digamos, “toque femenino “mientras él me penetraba y me besaba y me recorría toda diciéndome, ojala pudiera mientras te penetro a la vez tener otra boca para besarte la vagina, recorrer tu vulva, comerte el clítoris y a la vez entrar profundamente en vos, con la verga me volvía loca de la calentura pensarlo de esa manera, tenía en esos momentos orgasmos dobles, triples, perdí la cuenta, me empapaba de solo pensar en una boca en mis genitales, en mi cola recorriéndome mientras él me penetraba, me empalaba, mmmmmmm, fue fantástico.

A mí me gustó mucho y además me gustó también lo del sexo oral y quedó picando como decimos en Argentina, la posibilidad de una tercera persona (boca) entre mis piernas o al menos participando con nosotros…fue hermoso el fin de semana y la semana próxima mi marido tuvo que viajar y me quedé sola en casa y con muchas ganas de sexo, y me empecé a masturbar y como ustedes saben el principal órgano sexual del hombre / mujer es el cerebro…

Mientras me tocaba pensaba en lo lindo que sería poder chuparme yo misma mi vulva, y que lástima que mi columna vertebral no me dejara doblarme lo suficiente para chuparme sola hasta acabar en mi boca, ummmmmmmm, allí me di cuenta que no me daría nada de ” asco ” como dicen varias mujeres de poder chupar una concha, y allí realmente allí empezaron mis fantasías homosexuales o bisexuales o como quieran llamarlas, realmente no me importa como lo llamen los demás.

Pero allí supe reconocer fehacientemente (que a pesar de ser heterosexual y gustarme muchísimo los hombres), las ganas mías, estos deseos nuevos desconocidos y reconocidos a la vez ancestralmente, ajeno a todas los frenos culturales, de poder saborear otras mieles, otros jugos, empaparme los labios con fluidos de otras vulvas, sentir otros labios, poder penetrar con mi lengua otras vaginas, poder arrancar placer de una congénere. Ese reconocimiento era tan íntimo como mi sangre y poco a poco lo fui aceptando, lo dejé salir a la luz de mi vista, a aceptármelo yo ante el espejo, cuando me miraba y tocaba, reconociéndolo como a mi propio cuerpo, como un deseo más, no nuevo, pero si recién descubierto, y con muchísimas ganas de que dejaran de ser fantasías y pasaran a ser realidades cotidianas si así pudiera Y empecé a explorar mi entorno con charlas inocentes de las cuales creí en un momento que nadie se daría cuenta, y también creyendo que solo esas cositas me pasaban a mi, uy, lo que es más solo a las mujeres … que boba.

Un día se lo comenté a mi marido mientras lánguidamente estábamos desnudos tocándonos y duchándonos juntos en un hotel alojamiento al que siempre vamos juntos para mantener el fueguito prendido…que como me gustaría chuparme a mi misma y él me dijo y a mí también me gustaría hacerlo, mira vos, pensé para mis adentros, este se chuparía una pija sin chistar si se diera la oportunidad, la idea me molestaba un poco hasta que la desmenucé y analicé y cada vez me pareció más lógica y me entusiasmó mucho esto de mi incipiente bisexualidad.

Hace cosa de dos años esta amiga de mi hijo, Mavi, me empezó a interesar desde el punto de vista sexual, es casi tan alta como yo, rubiecita ,cabello lacio al hombro, ojitos celestes, delgada, pero con unas hermosas tetas y unas piernas largas y perfectas que rematan en una cola dura y paradita una perita, ella tenía 2 años más que mi hijo (25) y está muy bien formadita, como les dije recién, y además muy pero muy toquetona y cariñosa, con decirles que cuando viene a casa me abraza y me besa y se me pegotea se sienta en mi falda, me acaricia el pelo y varias veces la sorprendí mirando por mi escote disimuladamente, no le di mayor importancia, pero lo que si notaba yo es que después de una sesión de cariño, abrazos y sentarse aúpa mío yo me mojaba, poquito pero me mojaba…

Un día, en una tarde de verano, mientras ella estaba sobre mi, y las dos mirábamos tele, sentí el clásico olorcito a hembra caliente que despedimos, a pesar de la mayor de las higienes se siente ese olor, al menos yo lo siento, todo esto me sorprendía más y más y no me daba cuenta que cuando llegaba la noche y estaba en la cama con mi marido lo besaba y recurría a él con tanta delicadeza que una vez me dijo en chiste, bésame con fuerza que no me voy a romper no soy frágil, me puse colorada de vergüenza porque en ese preciso momento me di cuenta que estaba besando mentalmente a Mavi.

Así pasaron los días, los meses, ella siempre frecuentaba mi casa y yo cada día la miraba con más ganas de tocarla, ansiaba su llegada y la rozaba en las caderas con esos pantalones que usan las chicas, tiro corto que les deja la pancita y cintura al aire … le dejaba mi mano al descuido sobre su cintura y rozaba debajo del ombligo sintiendo el nacimiento de su vello púbico, mientras estoy escribiendo esto y recordándolo en mi mente y buscando todos los detalles, me estoy mojando de solo acordarme como se acercaba ella a mi mano, como buscaba mis caricias, mmmmm, quiero describir perfectamente la situación de nuestros cuerpos para que se den cuenta de mi excitación y ahora se que la de ella también … antes solo la sospechaba y hasta llegué a olerla …. La situación era más o menos así:

Yo sentada en frente a la mesa de mi sala de estar separada a unos 50 cm ella sentada sobre mi falda, con sus codos apoyados sobre la mesa dándome la espalda y recostada a su vez sobre mis pechos (que estaban erectos durísimos, estoy segura que los sintió en su espalda, a mi me dolían de duritos, mi mano izquierda descansando en su cadera desnuda izquierda rozando la punta de mis dedos abiertos su ombligo y parte de la pancita, sobre la mesa estaba el mate y el termo con el agua caliente (¿saben lo que es el mate cierto? Para los que no lo saben es una bebida que se toma en el Río de la Plata y se comparte el recipiente y la misma bombilla donde se succiona la infusión, que se va llenando a cada vez que uno de los que toma lo vacía, y una sola es la persona que lo llena con agua caliente, es el cebador de mate)

Mi mano derecha y brazo también pasaba por debajo de su axila derecha para cebarle el mate a ella y a mi y la tele en frente de las dos y ella como absorta mirando la pantalla y recibiendo mis mates ….y también mis caricias aparentemente inocentes y disimuladas al descuido en su bajo vientre y en el costado de su busto que estaba libre, sueltas, sin corpiño, duritas … es una situación muy pero muy erótica o familiar (es como si estuviera aúpa de su mamá, o una tía ), eso me despistaba, me hacía dudar de la sexualidad, me hacía sentir una degenerada de solo pensar en el morbo que me daba rozar sus pechos por los costados a propósito,” sin que ella se diera cuenta” …me ponía roja de la vergüenza y de la excitación de la calentura sentía la sangre recorrerme toda, me ahogaba, pero el corazón me latía como cuando era adolescente, y sentí como cuando me tocaron un pezón la primera vez, mmmmmm, ¿ustedes se acuerdan?

Bueno así estábamos, además las dos solas en mi casa, yo me debatía entre mi vergüenza, mi miedo al rechazo y mi calentura, porque era eso ya me había dado cuenta, cuanto y como me elevaba esta criatura mi libido estaba a mil.

En un momento mis dedos, ya casi sin querer, jugaban con la zona debajo de su ombligo y con el vello incipiente muy suavecito que tenía ella allí… y tomando mi mano, entre las suyas me dijo… ¿viste que feo cuanto pelo tengo?, nooooooo le dije, ¿de que me hablas Mavi? si así lo tenemos casi todas las mujeres …qué ¿vos lo tienes igual?……ummmmmmmm, les juro yo presentía que venia un me dejas tocar a ver como lo tenés vos…y así fue tal cual … me levantó sin pedir permiso mi remera y metió sus dedos debajo de mi ombligo, me sentí morirrrrrrrrrr del placer, y ella me dice, ves, vos tenés más suave que yo … mi contestación fue, es que yo me depilé ayer Mavi… ahhhhhh con razón me dijo, que suerte que vos te lo podés hacer sola, yo soy una inútil y tengo miedo a lastimarme y a la cera…

Mis ratones con ella ya no eran ratones, eran canguros y ella me dejó un queso completo para que se lo coman con esa sugerencia, le pregunté entonces, -¿Cómo, que no te depilas? -No me animo, me da miedo… -¿querés que te ayude? Les juro me sentía una hija de puta, estaba entre excitada, culposa y vergonzosa pero ya casi presintiendo que el rechazo no se daría entre nosotras…ese día no pasó más nada, solo quedamos de acuerdo en que yo la ayudaría a depilarse y la tarde transcurrió entre miradas muy cómplices, la invité a quedarse (ella no es de esta ciudad y está realizando su carrera universitaria)

Me ayudó a preparar la cena, nos rozamos al descuido varias veces en la cocina, ella pasaba por delante mío y por detrás se pegaba, y las dos nos dábamos cuenta que la cuenta regresiva había empezado entre nosotras, se quedó a cenar y a dormir en mi casa en la habitación de mi hija, y esa noche nos cruzamos en el baño, ella me pidió una remera para dormir y le dije. -pedile a Paula (mi hija), ella me dijo, mirándome a los ojos sin bajar la mirada. -No, Aída quiero una tuya en tono imperativo… y en el ambiente se tradujo, -Es que quiero tener al menos algo tuyo rodeándome y acariciando mi piel…

Yo estaba con un conjunto blanco casi transparente, bombachas y soutién, donde se traslucían mis rosados pezones y mi vulva totalmente depilada, hinchada, y humedecida, le alcancé una remera y ella la tomó entre sus manos sin darle mucha importancia, más que nada como pretexto para poder tenerme un rato más a solas, e íntimamente me recorrió con sus ojitos que le salían chispitas, me sentía deseada, tocada sin tacto, y muchas cosas más, bajó su mirada a mi entrepierna, sostuvo la mirada y me dijo, entre eróticamente e inocentemente, -Así como tenés vos quiero que me depiles igual a vos…

Me besó rozando las comisuras de los labios, se pegó a mí y me dijo hasta mañana, esa noche, hasta penetré a mi marido de la excitación que tenía, y acabé en orgasmos ruidosos, que tenían la secreta esperanza de mi parte que ella escuchara y supiera de lo que sería capaz. En la mañana siguiente yo me fui a trabajar muy temprano y ella viajó a su pueblo durante dos semanas, así que ni nos despedimos pero antes de volver a la ciudad me llamó por teléfono y me decía. -No te olvides que te extrañe muchísimo y voy muerta de hambre, famélica, quiero comerte, así le salió un lapsus total, le corregí sonriendo, – ¿Comerme?

Ella solo se rió y me dijo, – Comer en tu casa tu comida quise decir, seguimos sonriendo y, las dos, empezamos a realizar la cuenta regresiva…

La segunda entrega la estoy escribiendo y quiero que compartamos todos y cada uno de los detalles que viví tengan paciencia ya lo publicaré prontito. Un beso a todos.

Autora: Aída

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