Una gran follada

Me estaba dando un gran placer, me la paso chorreando mojando mis huevos y piernas, algo que me gusta mucho, siempre piensan que me he corrido, pero no es así, ya eso es parte de mi organismo. Me estuvo follando hasta que dijo que no podía más le dije que me diera su semen en mi boca, a lo que dijo que prefería metérmelos en el culo, lo dejé y eso hizo, terminó dentro de mí.

Después de leer tantos relatos en esta página, ya que desde que tenían el formato anterior he leído cada uno de ellos, y hasta ahora me atrevo a escribir mis experiencias que igualmente resultan satisfactorias para muchos. Después de haber descubierto mi homosexualidad no recordando la fecha y aunque parezca de relato común o de película, pues si, me inicio el hermano mayor de mi mejor amigo, el cual tiene una gran polla y que mi culo ha recibido más de una docena de veces. Mis relaciones con él eran satisfactorias aunque siempre me dolía cuando me la metía, la gran polla, pero me gustaba y un vicio mío el de mamar por mucho tiempo, mi hobbie preferido.

Iré contando historias que me han pasado realmente, y claro que siempre sucede, me califico de pasivo 100%, (siempre catalogando) pero es cierto, solo me gustan que me la metan y que disfruten de mi culo metiéndomela y metiéndomela y que no se preocupen de mi, yo doy placer así y me fascina. El relato que contaré a continuación es cuando vivía en cierta ciudad y tenía 22 años, si bien recuerdo, y me instale a vivir en una casa nueva, yo solo, así que pensaba que tendría mucho tiempo para mi, aunque solo viví ahí por tres meses por cuestiones laborales.

Siempre he tenido algo de corte en el ambiente gay, pero se lo que soy y así me siento bien, pero muy, pero muy pocas personas saben que soy, y los demás pues espero que se den cuenta que soy, porque realmente no me importa, no lo digo a los cuatro vientos, pero dejo que las cosas por sí solas obvien, claro prefieren pensar que no soy, lo que a veces me vuelve enigmático y coqueto a la vez, ya que eso me da algo de morbo, y a mí me da algo de risa pensar de lo que puedo llegar a ser capaz, y de lo que realmente he hecho, y mi imagen no concuerda de eso, además de que actualmente me he vuelto súper vicioso en muchos aspectos.

El relato trata con un albañil, (pues si) yo nunca habría creído de esas historias de todos que se lían con albañiles, policías etc, porque como les digo, la gente piensa que no soy capaz de hacer lo que hago, me ven con facha de muy correcto y a veces pienso que hago que los demás se corte, además me considero persona decidida y dispuesta a mucho, bueno el albañil fue a hacer un trabajo a mi casa, eran dos una joven y otro mayor, los dos de Guatemala y El Salvador, vale, pues mientras trabajaban me iban a llegar los muebles que iba a instalar por lo que les pedí que me ayudaran a bajarlos cuando llegará la mudanza y pues les pagaba algo extra y los invitaba comer, pues bueno eso hice, y después uno de ellos se tuvo que ir y se quedó el más joven, claro está.

Después de estar bajando muebles pues nos quedamos a cenar ya que lo invité también y empezamos a conversar de cosas banales, y hasta que él tocó el tema del sexo, que siempre había una chica con la que tenía sexo y que le chupaba la polla, y que con su compañero armaban buenas fiestas sexuales, y me comentó que hasta tenían a un chaval que iba y que les hacía el mismo trabajo, en eso el albañil estaba sentado en el suelo recargado sobre la pared y se empezó a acostar en el suelo. Para esto le observé que su polla se le había parado, inmediatamente entendí el mensaje, aunque tardé tiempo en aventarme, ya que me da un poco de corte, en eso cuando ví que la cosas no podían ser más obvias, le pregunté, quieres que te eche una mano? A lo que el respondió que ya me había tardado en pedírselo.

En eso, le desabroché el pantalón y vi mi gran premio, empecé a mamar sabrosamente su pene, que era de buen tamaño, no mejor que el del hermano de mi mejor amigo, pero nada despreciable, para esto les recuerdo que la única persona que me había follado el culo era él, ya que mis otros intentos habían sido fallidos, por lo mismo del dolor, pero bueno… yo seguía mamando sabrosamente y en eso pues nos damos cuenta que las ventanas sin cortinas y con luces prendidas podíamos llamar la atención a los vecinos, por lo que nos fuimos a la habitación de atrás a seguir.

Su polla no era grande, y hace mucho que no tenía práctica (aunque eso no se olvida) pero me acuerdo que con el hermano de mi mejor amigo me tragaba su polla hasta la garganta, con este había perdido practica, y el albañil me decía que el chaval que se la mamaba, se la tragaba hasta el fondo, y yo pues seguía mamando, a lo que después el albañil me dice que tenía que solucionar el problema, diciéndome que donde si me iba a entrar completa era en el culo, a lo que le respondí que no había problema.

Tenía la percepción del dolor en el culo por la polla del hermano de mi amigo, que siempre me la metía, pero bueno, yo me puse de rodillas solamente y el se acomodó detrás de mí para empezar a metérmela, me la empezó a meter poco a poco, lo que fui sintiendo un pequeño dolor, al cual ya estaba predispuesto, aflojé un poquito y me dejé llevar más.

Así fue como cada pedazo de su verga me fue entrando sin ningún problema, dejándome un placer realmente intenso, creo que fue mi primera follada en donde el dolor me desaparecía por completo, y entró al fondo, a lo que el albañil me dice: yo sabía que aquí si te iba a caber toda mi polla; siempre estuve pensando que este tío se sentía con la polla más grande, pero bueno lo dejé en su mentira y yo seguía gozando.

Me estuvo bombeando y bombeando, de rodillas ambos con nuestros cuerpos erguidos, me empezó a dar muy duro por lo que no movíamos poco a poco hasta que terminé frente a la pared, a lo cual él me seguí follando fuertemente que sentía, más bien no sentía, literalmente me levantaba del suelo junto con la pared, dejando volar mis rodillas restregando contra la pared, por lo que sentía hasta el fondo su verga, era realmente excitante.

Me estaba dando un gran placer, para esto cuando me la meten, no se me para la verga por completo a mí, pero me la paso chorreando líquido seminal por todos lados mojando mis huevos y piernas, algo que me gusta mucho, siempre piensan las personas que me follan que me he corrido, pero no es así, ya eso es parte de mi organismo.

Me estuvo follando por unos 20 minutos hasta que dijo que no podía más le dije que me diera su semen en mi boca, a lo que dijo que prefería metérmelos en el culo, lo dejé me daba igual a mi…y eso hizo, terminó dentro de mí y terminamos el acto sexual, puramente sexual sin nada más, algo que me dejó con ganas de otra cogida para mí, pero él estaba ya cansado.

Comenté anteriormente que le había pedido que se corriera en mi boca, pues si, uno va descubriendo placeres en esta vida, y terminan gustándole, y esto me sucedió, ya que con el hermano de mi mejor amigo, siempre me decía que me comiera su semen, a lo que yo nunca quise, pero un buen día en su casa, casa de sus padres, en mi ciudad pues me quedé a dormir en un sofá de la parte baja, a lo cual él vino a hacer una visita.

Eran fecha navideñas, si bien recuerdo, por lo que le empecé a mamar impresionantemente su polla, yo acostado en un sofá y él por uno de los lados me estaba dando polla, era una situación poco apremiante, ya que era la sala de la casa, él vestido, yo acostado, sin papel a la mano, el chiste que no podíamos ensuciar mucho por lo que me dijo que se iba a correr que iba al baño, a lo que le dije que nada, que se esperara y que siguiera al final, lo cual hizo que me diera más fuerte en la boca, había entendido el mensaje y así fue.

No dejé ninguna gota fuera, me tragué todo su semen, lo sentí delicioso, realmente que si lo sentí, a lo que me agradeció enormemente, yo solo le respondí que era su regalo de navidad, y a partir de ahí el vicio por eso me creció y en las siguiente veces termina en mi boca chorreándose a lo que yo agradezco muy bien.

Bueno este es el final, agradezco que lo lean y pues también el inicio, pero bueno, tengo que darme a conocer un poco y ya después iré al grano, tengo después, varias gran aventuras, y con unas vergas realmente grandes, y hablo en serio, vergas que pensé que jamás me entrarían, y si entraban con dolor, pero eso está más que superado, he tenido vergas grandes y no es broma, jamás pensé después tener tanta suerte pero si, la he tenido y todas realmente satisfactorias que iré contando poco a poco. Vales y saludos a todos.

Autor: Jorge

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Un ilustre desconocido

El caso es que la verga que yo sentía contra mis nalgas era desde mi perspectiva, muy gruesa y gigantesca, pero no me estaba permitido tocarla, sólo notaba la desesperación del muchacho quien se repegaba a mi cuerpo, pronto tuvo tres dedos dentro de mi culo y yo frenético, lo único que pedía era que me metiera el tremendo pedazo de carne que palpitaba contra mi culo.

Ahora quisiera compartirles una historia de una relación (¿relación?) que viví cuando tenía poco menos de 20 años y me encontraba estudiando la normal superior. El caso es que hacia esa época, mi familia vivía por el rumbo del aeropuerto, así que algunas noches después de salir de la escuela, iba al centro de Guadalajara, a tomar un café con mis amigos o a comprar algún libro o material que necesitaba en mis clases y después me iba al cruce de la avenida Revolución y la calle Corona, lugar donde se encuentra la terminal de una ruta de camiones que me llevaba a mi casa.

En ese lugar, generalmente se forma una fila de personas que espera el autobús, así que llegaba y me formaba para después subirme al mismo, debo decirles que por lo general iba muy cansado así que pocas veces tomaba nota de las personas que se subían al camión y sólo me interesaba si algún muchacho atractivo se subía, pero a veces, por mi cansancio ni siquiera eso me motivaba.

Debo decirles que el camión que va hacia las colonias a que hago referencia casi siempre va lleno, sobre todo en las noches, que es cuando toda la gente que trabaja en Guadalajara, se traslada a municipios de la periferia, son autobuses viejos, sin luces interiores, que realizan constantes paradas, etc., así que para llegar a mi casa generalmente hacía un trayecto de una hora por lo menos. Por lo general yo me siento hasta atrás en los camiones, en la fila derecha del chofer, me gustan los asientos que están orientados hacia el corredor central, porque me encanta sentir los roces de las vergas de los muchachos que van de pie, ¿a poco no es excitante?

El caso es que un día iba junto a un muchacho moreno, con algo de atractivo, muy robusto, puro músculo y fibra, alto, con aroma a sudor, excitante, de trabajo, no de suciedad o desaliño, del tipo de albañil, como de 25 años, que estaba sentado junto a la ventanilla, ambos íbamos enfrascados en nuestros pensamientos, cuando se acercó por el corredor una señora mayor, ambos hicimos el intento de ponernos de pie para dejarle el asiento, sólo que el muchacho se me adelantó y le dejó su lugar a la señora, quien se sentó.

Debo decirles, en honor a la verdad, que mi compañero incógnito de asiento, se puso de pie, quedando junto a mi hombro, e hizo todo lo que estuvo a su alcance para no tocarme, sin embargo, eso fue imposible ya que el movimiento del autobús y el paso de las personas que iban a bajar ocasionaban que de manera continua mi hombro izquierdo entrara en contacto con su verga, al inicio sólo notaba un miembro fláccido, sin embargo el roce constante hizo que su verga poco a poco se fuera parando, desde luego yo hice todo lo posible para sostener el contacto, de tal manera que cuando me bajé, el cuate estaba completamente excitado y yo más que él (esa noche, mi primo Ignacio pagó las consecuencias, cogiéndome y chupándole la verga, varias veces).

Al día siguiente, sin recordar al muchacho volví a tomar el camión más o menos a la misma hora y de manera casual me lo volví a encontrar, sólo que esta vez él ya no se sentó junto a mí sino que se quedó parado en el corredor central, al principio se encontraba un asiento más delante de donde yo me senté, pues había pocas personas paradas, sin embargo, en cuanto el camión comenzó a llenarse (sobre todo al llegar a la Glorieta de El Álamo), él, de manera distraída se fue colocando junto a mí, hasta que estableció el contacto, pudiendo sentir a plenitud el tamaño de un miembro gigantesco recargado contra mi hombro, como palpitando por salir de un pantalón y que me gritaba:

– ¡Quiero tu culo!

Cuando llegué a la parada donde me bajaba, me puse de pie y pude notar como él me acariciaba, de manera distraída, las nalgas con una de sus manos. El caso es que a partir de ese día yo procuraba tomar el camión, en lugar de buscar un aventón con alguno de mis compañeros o maestros (sobre todo el Ingeniero Javier, esa es otra historia) y siempre me encontraba al muchacho quien incluso muchas veces me esperaba pacientemente, pudiendo disfrutar de una verga que palpitaba contra mi hombro. Nunca establecimos comunicación, él sólo me esperaba, nos subíamos al camión y se excitaba conmigo, todo era así de simple, hasta que un día se bajó conmigo y me acompañó hasta mi casa, siguiéndome a dos pasos, yo no le dirigí la palabra, simplemente noté que él iba detrás de mí. Del lugar donde me bajaba, hasta mi casa, caminaba tres cuadras, en aquella época eran calles sin pavimentar, con poca iluminación y, casualmente había una serie de casas a medio construir y que por lo mismo no se encontraban habitadas.

El caso es que un día, cuando iba detrás de mí, siguiéndome a la casa, me tocó el hombro ligeramente y me indicó a señas una casa en construcción, que estaba en penumbras, y aparentemente sin vigilante, yo lo seguí y nos introdujimos a la misma, no sin antes observar con cuidado que nadie nos observara. Cuando entramos, nos dirigimos a la parte más apartada donde él me tomó entre sus brazos y comenzó a acariciarme sin decir ninguna palabra, sólo escuchaba sus jadeos de excitación al tocar mi cara y cuerpo, restregándoseme, yo quise besarlo pero el se negó en redondo así que lo único que pasó es que permití que él tomara la iniciativa. En un momento dado me puso de frente contra una pared y comenzó a bajarme el pantalón, cuando lo hizo, se ensalivó la mano y comenzó a masajearme el culo, introduciendo y sacando un dedo, después dos y apretando su cuerpo contra el mío, sin dejar de jugar con mi culo, utilizando sus dedos, yo sólo podía percibir sus gemidos de placer, parecía que un animal me estaba jodiendo, realmente era impresionante escucharlo, además algo que me excitó sobremanera era su aliento contra mi nuca, es algo que volvería a repetir, sólo por el placer que representa.

El me tenía completamente controlado, yo quise dirigir mi mano y acariciar la verga que se restregaba en mi culo, pero él no me lo permitió, así que lo único que hice fue permitir que él hiciera lo que quisiera, no sin cierto miedo, pues en todas sus acciones sólo se notaba una ansiedad casi primitiva. El caso es que la verga que yo sentía contra mis nalgas era desde mi perspectiva, muy gruesa y gigantesca, pero no me estaba permitido tocarla y desde luego no la veía, sólo notaba la desesperación del muchacho quien se repegaba a mi cuerpo como si en eso le fuera la vida, pronto tuvo tres dedos dentro de mi culo y yo frenético, lo único que pedía era que me metiera el tremendo pedazo de carne que palpitaba contra mi culo.

De pronto una verga muy cabezona me tocó el culo y poco a poco inició la tarea de introducirse a mi culo, debo confesarles que fue una de las tareas más difíciles a las que me he enfrentado, pues me resultó muy dolorosa, sentía que me estaba literalmente desgarrando, cuando por fin pudo entrar, yo respiré no sin cierta satisfacción, pues lo que palpitaba contra mi culo, era verdaderamente grandioso, el muchacho comenzó la ardua tarea de meter poco a poco cada trozo de su verga hasta que por fin lo pudo realizar no sin cierta dificultad por parte mía, y eso que mi culo, desde mucho tiempo atrás, se había acostumbrado a recibir bombardeos de todo tipo, cuando el muchacho metió hasta el último centímetro de su verga se quedó quieto unos instantes que me parecieron eternos pues el dolor que sentía en mi culo era realmente notable, además yo estaba de puntas, porque el muchacho era más alto que yo, sin embargo cuando comenzó a moverse me sentí en la gloria, pues el roce hizo que mi excitación subiera al máximo.

Él estuvo alrededor de veinte minutos metiendo y sacando su verga de mi culo hasta que sentí como explotaba, pues sus jadeos y gemidos eran realmente notables, por un momento temí que algún vecino se acercara a indagar que estaba pasando, pude sentir como un flujo de esperma corría por mis piernas, yo tomé lo que pude con los dedos y los chupé con deleite, agradeciendo la oportunidad de contar con semejante semental.

El desconocido simplemente se limpió la verga de todo rastro y sin decir adiós me dejó solo en esa casa, todavía me quedé unos minutos recuperándome, saqué unas servilletas de papel y cuidadosamente me limpié todo rastro de semen, poniendo atención en mi culo, al que acaricié y agradecí por todo el placer que me proporcionaba. Cuando llegué a la casa me encontré con la sorpresa de que mis padres y hermanos menores no se encontraban pues habían ido al cine, sólo se encontraba mi primo Ignacio, quien acababa de llegar del trabajo y en cuanto me vio, empezó a sonreír y a masajearse la verga sobre el pantalón, diciéndome:

– ¿No quieres una ración de lechita, primito?

Yo desde luego no desaproveché la oportunidad, todavía excitado por la soberana cogida que había pasado, así que me dirigí al sillón donde estaba sentado y bajándole el cierre del pantalón comencé a juguetear con su verga, que no ocupó mucho para pararse y generosa ofrecerme un placer extra. Esa noche (como todas las demás) Ignacio traía muchas ganas de coger, así que nos fuimos a la recámara que compartíamos y procedió a meterme su verga, cuando vio que mi culo no le ofrecía mayor dificultad, me dijo:

– ¿Cuántas veces has cogido hoy, primito?

Yo le dije que sólo una, no hacía 20 minutos, a lo que él me dijo, sonriendo:

– Eres bien puto.

Yo desde luego sólo me reí, mientras él, completamente excitado Ignacio me metía una y otra vez la verga en el culo, que resentía sus embestidas, pues estaba fresca la violación-cogida de mi albañil, preguntándome con quien había cogido y si tenía la verga más grande que él (pocas veces me he encontrado con vergas más generosas que las de mi primo Ignacio, lo que he vivido con él merece muchas historias, que poco a poco les voy a contar, por otra parte yo no he entendido porqué los “mayates” tienen obsesión por el tamaño de las vergas de otros) A partir de ese día, durante poco menos de seis meses, casi todas las noches (entre semana) tuve la oportunidad de coger con dos garañones extraordinarios, por un lado un ilustre desconocido que me montaba sólo una vez para salir prácticamente corriendo y después con Ignacio, quien impaciente me esperaba en casa para juntar su leche con mi precioso semental albañil que me cogía en la casa deshabitada.

Sólo una cosa reproché al desconocido, pocas veces me dirigió la palabra, sólo recibía órdenes (que yo gustoso seguía), a veces me cogía de pie, a veces de perrito, o acostados en el frío suelo, muy pocas veces me cogió dos veces, nunca me permitió tomarle la verga con las manos o chuparla (cosa que me encanta), ni verlo a la cara, nunca supe cómo se llamaba y simplemente un día desapareció…

Una noche no volví a verlo, nunca supe que pasó con él, por unos días desconcertado estuve en la parada del camión esperándolo un tiempo, hasta que me convencí que nunca lo volvería a ver, cosa que me entristeció, tanto que esa noche ni siquiera quise coger con Ignacio, para frustración de él, lo que no me impidió ver cómo se masturbaba frente a mí, mientras me reprochaba lo que me estaba perdiendo.

Dudo que él esté leyendo esta historia, sin embargo quiero decirle que su verga desconocida, ha sido uno de los juguetes más maravillosos que he tenido a mi disposición, donde quiera que esté sólo le quiero decir, muchas gracias…

P.D.
He tenido sexo con desconocidos, pero pocos como ese albañil, mi primo Ignacio se encargó de consolarme, espero contarles pronto algunas de las historias que viví con él, en especial, la que nos tocó vivir en una aventura que tuvimos en la Sierra del Tigre, al sur del Estado de Jalisco.

Autor: Autlan

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La mujer del albañil

Él de inmediato la besa introduciendo la lengua hasta la garganta de ella, mientras embiste fuertemente, ambos gimen, ella tiene varios orgasmos y él presiona los pechos palpitantes y enrojecidos de ella al tiempo que acelera las embestidas pronto derrama gran cantidad de esperma impregnando el ano de ella y produciéndole otro orgasmo.

Cuando mi hermana se casó, pude al fin respirar tranquilo, pues no es fácil que entrando a la adolescencia tengas que soportar los comentarios lujuriosos que sobre ella vertían tus amigos. Ella se casó siguiendo los consejos de sus amigas, busca un hombre rico y guapo, le decían, y así lo hizo. Todo parecía perfecto, pero desde la primera noche, la intimidad fue decepcionante, su hombre guapo carecía de pasión, de esta manera ella aprendió a fingir orgasmos, así transcurrió un año.

Cierto día su esposo decidió ampliar la casa, para ello contrató a un albañil que conocía desde la infancia pues solía hacer trabajos en el barrio donde vivía, Don Mario era un hombre de 58 años, piel cobriza, muy baja estatura, apenas rebasaba el 1.53 metros, sus brazos parecían más largos de lo normal, en su rostro cacarizo, destacaba una nariz anormalmente chata, recuerdo de su intento fracasado de ser boxeador, cuando caminaba lo hacía ligeramente encorvado, en fin, distaba mucho de ser un Adonis.

Un domingo como lo tenían convenido, el albañil se presentó en la casa con el fin de enlistar los materiales que se requerían y que tendrían que estar en la puerta de la casa al día siguiente para acarrearlos al interior de la vivienda. Cuando todo estuvo listo y el albañil se marchó, mí hermana le preguntó a su esposo, -¿Y ese neandertal de donde lo sacaste? a lo que este respondió, -Ha trabajado con la familia por largo tiempo y es de confianza, no importa si te dejo sola con él, y si, es bastante feo,  pero trabaja bien, que es lo que cuenta.

Al día siguiente llegó el material requerido, consistente en  varillas, bultos de cemento, arena y ladrillos Mi hermana espera la llegada de Don Mario el albañil, no esperó demasiado ya que al poco rato se escuchó el timbre, ella abrió la puerta, después de un breve saludo Don Mario empezó su labor.

Mientras el albañil hacía su trabajo, mi hermana fue a ordenar su habitación, al pasar por un espejo se miró, sin duda era una mujer atractiva, rubia, de 1.70 metros de estatura, piel blanca y tersa, con un cuerpo perfecto, a sus 24 años, como era posible que no despertase la lujuria en su esposo o ¿acaso su esposo no despertaba la libido en ella? Sin duda eran ambas cosas.

Una vez ordenada la habitación, pudo contemplar al albañil trabajar, sin que este se diera cuenta, si que es feo, se dijo, pudo ver, como con gran agilidad, a pesar de sus años cargaba 2 bultos de cemento de 50 Kg sin mucho esfuerzo y los conducía al 2do nivel de la casa por una escalera de peldaños, pronto el calor le obligó a quitarse la camisa y continuó su trabajo con el torso desnudo y cubierto de sudor, mi hermana al contemplar los marcados músculos del albañil  no pudo más que compararlos con los flácidos y muy poco desarrollados  músculos de su esposo, mientras más contemplaba a Don Mario más atrayente le parecía.

Según un estudio Británico,  las mujeres en ovulación buscan instintivamente hombres de apariencia tosca, feos, pero fuertes, y esto las atrae sexualmente. No sé si este estudio sea auténtico, pero lo cierto es que mi hermana estaba excitada con lo que contemplaba, lo suficiente como para idear un plan de seducción, sabiendo que al día siguiente no vendría a comer su esposo.

Al día siguiente se preparó para llevar a cabo su plan, poco antes de la hora de comida donde estaría sola con el albañil, se bañó y vistió de manera seductora, usó una blusa blanca casi transparente, sin sujetador, una falda negra muy corta, y una diminuta tanga también negra.

A la hora de comida el albañil se dispuso a comer en la cochera, pero ella insistió en que la acompañara al comedor, mientras él estaba sentado, ella disimuladamente dejaba caer cubiertos, para agacharse y mostrarle su bello trasero, la falda corta permitía  ver, al agacharse, la tanga negra, pudo ver que estaba teniendo éxito, al contemplar la gran erección que el albañil intentaba disimular sin poder hacerlo, este juego de seducción la excitaba aun más, sus pechos se pusieron erectos y pudo sentir la tanga humedeciéndose, mientras conversaban ella tocaba por accidente alguna parte del cuerpo de el y ambos sentían una corriente eléctrica atravesar sus cuerpos. La piel blanca de ella ahora mostraba matices rojizos, sin duda rubor sexual. Se puso de píe y encendió la radio, se acercó a él y extendiendo su mano le dijo ¿bailamos?

Este algo asustado por lo inesperado de la situación le dijo:

-No, ¿que pensará el patrón yo bailando con su esposa, esto es terrible? -¿Dices que estoy fea que soy terrible? le respondió ella, -No es eso, al contrario está usted muy bien respondió él,  pero si se entera, -No se enterará interrumpió ella, además yo sería la más perjudicada, -Bien respondió él.

La tomó por la cintura y la aproximó a su cuerpo, al juntarse sus cuerpos pudo sentir como los pechos de ella, se ponían erectos, entonces sin hacer caso a la música, empezó a masajear los pechos de ella, a palparlos a través de la blusa, mientras ella gemía:

-Sigue, le dijo, no pares…

Al oír aquello en un rápido movimiento desprendió la blusa de un solo movimiento, dejando libres el mejor par de tetas que hubiese visto, blancas con pezones rojizos, sin esperar, comenzó a lamer las aureolas y de inmediato percibió como palpitaban al tiempo que ella lo animaba diciendo:

-Esto es lo que necesito, un macho que me sacie y no un delicadito como mi esposo.

Continuó trabajando sus pechos, succionando con levedad al principio y con avidez  después, en medio de gemidos y gritos de ella,  – Maaas bébelo todo es tu leche le decía.

Mientras succionaba los pechos, sus manos descendían por debajo de la falda y tocaban sus firmes nalgas con una de ellas notó la humedad de su tanga, la hizo a un lado y procedió a estimularla introduciendo una pequeña parte de su dedo en la vagina, ella respondió tocando su pene a través del pantalón, él continuó desprendiendo la falda de ella, dejándola casi desnuda solo con la tanga, mientras que él quedaba totalmente desnudo, desprendió poco a poco la tanga, mientras lamía sus muslos para luego deslizar su lengua hasta la entrepierna, provocando gemidos en ella, su lengua continuó explorando hasta alcanzar su ano, una vez ahí su lengua realizó movimientos circulares en torno a este, despertando una lujuria inaudita en ella, que gritaba, gemía e incluso producía un sonido gutural, semejante a un aullido,

-La quiero adentro le dijo, toda, rómpeme…

Él preparó su pene y lo introdujo en la húmeda vagina, ella gritó de placer y se estremeció, mientras él iniciaba el mete saca, la piel rojiza y sudorosa por la excitación de ella, lo estimulaba más…

-¿Eso es lo que querías y aquí lo tienes perra, te encanta ¿verdad? Le dijo, -Siii respondió ella, soy tu perra y esto es lo que quiero, al tiempo que sobrevenía un fuerte orgasmo…

Él continuó, mientras acariciaba el ano de ella con la mano derecha y con la izquierda presionaba uno de sus pechos. Él gimió al eyacular y un torrente de esperma se depositó en la vagina de ella al grado de chorrear por sus muslos.

Pasado un poco de tiempo, ella tomó el flácido miembro y comenzó a succionarlo, de inmediato este se puso erecto, ella entonces le dijo:

-¿Estás listo de nuevo?, mientras se colocaba en posición de perrito, ahora quiero que me des por el culo le dijo…

Él se aproximó y comenzó a lamer frenéticamente su culo, introdujo su lengua casi totalmente en el ano haciéndola gemir…

-Chúpame todo, le dijo, mi culo es para tu goce y disfrute, ahha, ahhha, papito, mi macho, mi semental, rómpeme el culo, métela hasta el fondo…

Él escupió en el ano e introdujo sin problema, primero un dedo y después otro ante los gritos de ella, para después introducir la cabeza de su pene, provocándole dolor, -Me duele dijo, entonces él se detiene para preguntar si desea suspender todo, pero ella le dice: -No, esto tiene que doler un poco, sigue por favor, él comienza de nuevo en medio de gemidos de ella, primero de dolor, después de placer, una vez reinando el placer, él comienza a embestir cada vez con más intensidad, hasta introducir el pene hasta la raíz, sus manos aprietan los erectos y húmedos pechos de ella, mientras le lame la espalda y muerde suavemente su oreja, ella gira su cabeza quedando de perfil y ofreciéndole su boca.

Él de inmediato la besa introduciendo la lengua hasta la garganta de ella, mientras embiste fuertemente, ambos gimen, ella tiene varios orgasmos y él presiona los pechos palpitantes y enrojecidos de ella al tiempo que acelera las embestidas pronto derrama gran cantidad de esperma impregnando el ano de ella y produciéndole otro orgasmo, exhaustos, ambos descansaron un momento se ducharon y vistieron, para volver cada quien a lo suyo.

Don Mario continuó con su trabajo, al terminar la jornada diaria y sin que el esposo de mí hermana se diera cuenta ya que había regresado del trabajo, se acercó a ella  y le dijo en voz baja, ¿repetiremos algún día esto? o ya no, ella le respondió con un beso, introduciéndole la lengua y agregando, desde hoy soy tu mujer, tu perra y no se tú pero tengo muchas ideas calientes para hacerlas contigo.

Él se marchó a su casa sabiendo que tenía muchas y sensuales cosas que hacer en los días venideros.

Esta historia es verdadera, el como me enteré de todo será motivo de otra historia.

Autor: Ramiro Guerra

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A mi madre se la follan en el pueblo

Parecía querer mostrarme con lo que estaba dispuesto a taladrar a mi madre y lo que vi me dejó consternado. Era un pollón enorme, probablemente más del doble que la mía en longitud y sobre todo en grosor. Mi madre le miraba extasiada. Se la veía decidida a dejarse llevar y disfrutar de ese momento, a sentirse deseada por un chico que podría ser su hijo.

Hola, me llamo Mario, tengo 19 años y vivo con mis padres en Valladolid. Siempre me he considerado muy afortunado por la vida que tengo, al menos hasta hace  un par de meses, cuando fui testigo de algo que cambió mi forma de ver las cosas radicalmente. Desde entonces, no logro conciliar el sueño por las noches sin que esas imágenes pasen una y otra vez por mi mente.

Empezaré por describir a mi familia. Mi padre se llama Joaquín, es un hombre normal, típico padre de familia que junto a su éxito profesional está criando una incipiente calva y una buena barriga cervecera. A sus 45 años es todo un ejemplo de hombre de negocios y de valores familiares por encima de todo. Mi madre Ana sin embargo, es una mujer cuya vida rutinaria no ha mermado ni un ápice de su atractivo. La bici y el aerobic que hace en el gimnasio desde hace años, ha mantenido su metro sesenta y siete en perfecta forma y su cuerpo indica 5 años menos de los 42 que tiene en realidad.

Mantiene un culo prieto, con carne donde agarrar, y a eso hay que añadir un hermoso rostro de pelo castaño (aunque varia según como se lo tiña), unos enormes ojos negros y unos labios carnosos y muy sensuales. Pero lo que más llama la atención son sus tetas. Tiene unas tetas increíbles (puedo decir ahora que las he visto), bastante grandes, que siguen llamando la atención al igual que lo harían hace 20 años y que igualmente siguen desafiando a la gravedad, manteniéndose firmes y redondas. Todo esto junto a su exquisito gusto a la hora de vestir y su plena dedicación a la vida familiar la han convertido a los ojos de todos nuestros conocidos en la madre y esposa perfecta. Pero para mi desgracia, todo lo que he presenciado este verano me ha hecho ver que también puede ser la zorra perfecta.

Todo comenzó a comienzos de junio cuando mi padre se empeño en reformar la casa en que se crió y que había heredado de mis abuelos en un pueblo pequeñito al lado de Cuéllar (Segovia). Mis abuelos se vinieron a vivir a Valladolid cuando mi padre era pequeño por lo que apenas habíamos ido antes por allí. Mis padres fueron a pedir varios presupuestos para hacer la obra y al final decidieron encargársela a Manuel, que resultó ser un amigo de su infancia. Había que hacer el tejado nuevo y alguna cosa más. A mediados de julio mi padre y mi madre cogieron las vacaciones, un mes completo, y decidieron que fuésemos allí a pasar el verano y ver cómo iban las obras…

Prácticamente estrenamos el coche nuevo para ir allí. Un Mercedes CLS negro impresionante, con el que a mi padre se le caía la baba y que mi madre apenas se atrevía a conducir por ser demasiado grande. Cuando llegamos encontramos a Manuel y a su hijo Sergio allí, trabajando. Al vernos aparecer bajaron del tejado y se acercaron a saludar. Sergio flipaba con el coche y no dejaba de preguntar a mi orgulloso padre por él, sobre los extras, el motor,…

Manuel es un tipo de la edad de mi padre, muy grande, fuerte y algo rudo. Sergio, su hijo, tiene algún año más que yo, unos 25 creo. Es un chaval con el pelo casi rapado y con una cresta, estilo Beckham, de rostro muy anguloso y moreno, y con un cuerpo atlético como el que siempre he querido tener yo. Es un auténtico maromo, que vuelve locas a las chicas con su espectacular musculatura, supongo que esculpida a golpe de andamio. Mide 1.85m, lleva una especie de brazalete tatuado en el bíceps y una serpiente en el cuello. Vamos, que es un poco macarra.

Pasó una semana de aburrimiento, en lo que lo único que hacía era estudiar en el jardín de la casa las asignaturas que había suspendido en la universidad, al tiempo que mi madre tomaba el sol y el gallito de Sergio lucía musculitos sin camiseta. No dejaba de fardar con mi padre del éxito que tenía con las pibas y le insistía una y otra vez en que le tenía que dejar probar nuestro coche nuevo, que con él no se le resistiría ninguna.

Pero ese jueves 24 de julio jamás lo olvidaré. Me sorprendí porque Sergio, que hasta entonces me había ignorado totalmente, me comentó que eran las fiestas de pueblo cercano, situado a unos 25km y que si me apetecía ir con él y sus dos amigos. No tenía muchas ganas pero con el aburrimiento que tenía encima, acepté y a buena hora. Me comentó de ir a partir de las doce y que volveríamos sobre las 5 o las 6 de la mañana. Mi padre me dijo no, que tenía que estudiar y que no iba. Mi madre, más benévola, respondió que fuese, que sobre las 3 se acercaría ella a buscarme. Quedamos en eso. Las fiestas resultaron ser un auténtico rollo en el que la única diversión era beber y yo, con mi falta de costumbre, me agarré un pedo de campeonato.

Por si fuera poco los amigos de Sergio, que eran aún más macarras que él, me convencieron para que me fumase un porro y la combinación fue trágica. Cuando llegó mi madre a las 3 me encontró hecho unos zorros. Si me mantenía en pie era gracias a que me sujetaba en la barra del bar que habían montado en la plaza del pueblo. Todo me daba vueltas y mi mente parecía que se conectaba y desconectaba por momentos, ya que no era capaz de escuchar conversaciones enteras. Me pareció ver que mi madre recriminaba a Sergio, un poco apartados ambos, haberme dejado llegar a ese estado, pero no me enteraba mucho… Al poco creía estar oyendo a sus amigos hacer comentarios sobre mi madre:

– Joder con las tetas de la titi esta… Tiene razón Sergio con lo de que la madre de éste tiene un polvazo – decía uno sin apartar los ojos de los pechos de mamá – Ya te digo, vaya melones. Verás como este cabrón aprovecha en cuanto pueda y consigue abrirla de patas, jajaja – Joder, seguro. La pava esta no sabe la follada que la espera.

Pude ver que mi madre y Sergio se acercaban mientras los dos chavales miraban y se reían de los comentarios que hacían cada uno sobre la anatomía de mi madre. Ella o no lo oyó o decidió hacer oídos sordos. Entonces uno de ellos se puso a su lado:

– Hola, ¿qué tal? Soy Víctor. ¿Te puedo invitar a algo? – Le preguntó – ¡Ah! Hola, yo soy Ana. No, no tomo nada – ¿Ah, no? ¿Y para qué has venido? – A por mi hijo, soy la madre de Mario.

El otro se puso al otro lado de mi madre apartándome de un empujón, que si no es por Sergio que me sujetó, me hubiese llevado directamente al suelo:

– Hola yo soy Carlos, ¿bailas? – Le preguntó – No gracias, ya nos vamos – Contestó mi madre con la mejor de sus sonrisas – Esperaos un poco, que es pronto. – dijo Carlos pasando su brazo alrededor de los hombros de mi madre – Nos podemos divertir. No te quejarás, que además estamos buenos que te cagas, ¿o no? – añadió Víctor, mientras Sergio se partía de risa.

Yo intentaba no perder detalle de lo que ocurría entre esos dos listillos y mi madre. Los chavales tenían buena planta y eran guapetes de cara además de simpáticos, pero bastante macaras y no me fiaba un pelo de ellos.

– Vaya peligro que tenéis. Ayudadme entre todos a llevar a Mario al coche -respondió mi madre.

Cuando llegamos al coche alucinaron con él. No me extraña, porque esos dos nos habían llevado a Sergio y a mí en una Citroën Berlingo, sin asientos atrás y con un colchón en el piso. No paraban de hablar del coche. Mi madre comentaba que vaya situación, conmigo así, a esas horas y por esa carretera comarcal… que tenía que haber convencido a Joaquín, mi padre, para que hubiese venido él a buscarme. Esos dos decían que no se preocupase que estaban allí “pa lo que hiciera falta”, que si quería nos acompañaban al pueblo. Sergio riendo les dijo que no hacía falta, que volviesen en su coche cuando quisieran, que ya se ocupaba de “todo” él. Entre Sergio y Víctor me subieron al asiento de atrás, en su lado izquierdo, tras el conductor.

Según lo hacían oí a Víctor preguntarle con todo descaro que si pensaba follársela. Sergio le contestó que estuviese tranquilo, que se lo contaría todo. Después mi madre se inclinó para abrocharme el cinturón y según lo hacía le oía decir que parasen quietos, que si no les daba vergüenza… Decidió darle las llaves a Sergio y dejarle conducir. Ni que decir tiene que ese cabrón aceptó encantado. Se montó mi madre delante y después Sergio, que bajando la ventanilla se despidió de sus amigos. Estos sonriendo le decían que aprovechase, que vaya suerte que tenía, que quien le iba a decir que esa noche por fin lo iba a “probar” bien… Sergio sin parar de reírse les contestó que se apartasen y le dejasen arrancar, que estaba impaciente por “probarlo”…

Todo me daba vueltas y apenas podía mantener los ojos abiertos. Mi madre preocupada se volvía y me preguntaba que cómo me encontraba. No podía ni contestar y ella insistió en que intentará dormirme. Cerré los ojos… Apenas podía escucharles pero algo llegó con claridad a mis oídos:

– ¡Vaya buga! – decía Sergio- No sé qué me gusta más, si el coche o las tetas de la dueña…

Entreabrí los ojos y vi a mi madre mirarle durante un segundo con cara de sorpresa para luego romper en una carcajada.

– Jajaja, ¿pero como eres así? – dijo mamá dándole una palmada en el muslo. – Tú ten cuidado, que casi me tocas algo más que la pierna…jajaja.

Pasó algo de tiempo y, aunque no podía seguir toda la conversación debido a mi estado, nada me volvió a mosquear. De vez en cuando abría uno de mis ojos para intentar ver lo que pasaba. Nada me llamaba la atención hasta que, en una de ellas, vi como Sergio ponía “inocentemente” su mano en el muslo de mamá. Al parecer, quería que ella se girase para comentarle algo, pero desde ese momento no volvió a levantar la mano de la pierna de mamá. Ella no hacía nada que pareciese indicar que le molestaba. Probablemente se sentía halagada porque ese chico, de poca más edad que su hijo, trataba de flirtear con ella y por eso le permitía cierto contacto físico. Porque tal y como ponía su manaza sobre las piernas de mi madre, era imposible que ella no lo notase.

Empecé a flipar, no sabía si oía bien, pero me parecía que la conversación entre los dos iba tornándose cada vez más subida de tono, con Sergio tratando de sacar detalles de su vida sexual a mi madre a cambio de contarle toda tipo de detalles de sus encuentros con otras chicas de su edad. Yo empezaba a estar mosqueado al ver a mi madre tan cómoda con esa mano tratando de sobarla disimuladamente todo el rato. La mano de Carlos llevaba ya en su muslo casi 10 minutos y cada segundo parecía subir un poco más y por fin, para mi alivio, mi madre notó que esa mano ya había subido demasiado. Casi le estaba rozando la ingle cuando le apartó la mano, pero sin brusquedad y le dijo riéndose:

– ¡Pero bueno! Jaja, ¿a dónde vas con esa mano? –le preguntó mamá sin enfadarse, más bien riéndose como si le hiciera gracia aquel joven tratando de meterla mano. – ¿A caso te gustaría que te tocase yo tan arriba en el muslo? – Diciendo esto, puso su mano en el muslo de Sergio, aunque bastante más abajo de donde él había llegado a tocarla, pero algo encontró allí que le hizo ahogar un “oh, dios mío” y apartar la mano enseguida. – Te lo dije Ana. Ya te lo avisé antes. – Y te aseguro que con el tamaño de mi verga no bromeo.

Mi madre le miraba, como entre confundida y avergonzada, mientras él se reía y le decía:

– Venga mujer, no te asustes. – No…yo…es que… – mi madre intentaba decir algo pero se la veía demasiado nerviosa, y ni siquiera se atrevía a girarse hacia él. – Has tocado algo demasiado grande que te ha asustado, ¿verdad? – le susurró el otro mientras le comenzaba a acariciar el brazo. Mi madre dio un respingo, y se le puso la cara roja. – No pasa nada, mujer. Tú tienes unas tetas enormes que me gustaría tocar, y yo tengo una polla enorme que probablemente tú estas deseando volver a tocar. – dijo Sergio volviendo a poner su mano sobre el muslo de mamá.

Afortunadamente mi madre le volvió a apartar la mano. Pude ver que además de confusa, estaba bastante excitada, cosa que me molestó bastante, pues no me hacía gracia verla cachonda, aunque fuese un poco, por tocar un nabo de alguien que no fuera mi padre, y en especial si era de un chaval de casi mi edad. Yo iba a decir algo cuando escuché algo que me dejó helado:

– Dime Anita, ¿no te gustaría tocar un buen pedazo de carne como el que has tocado antes? Estoy muy bien dotado y ahora mismo estoy muy cachondo gracias a ti.

Sergio había cambiado completamente de tono al hablar a mi madre, de bromista a un tipo confiado que estaba seduciendo a una mujer casada y madre de un hijo que estaba allí mismo

– Venga… sé que quieres tocármela, lo estás deseando y yo también. Quiero que la notes bajo mi pantalón.

Abrí los ojos al instante y se me quedó cara de tonto al ver como él había cogido la mano de mi madre y la estaba acercando a su entrepierna. Mi madre se resistía o eso me parecía, pero él no tardó en conseguir su objetivo. Cuando tuvo la mano de mi madre en total contacto con su paquete, ella se quedó con la boca abierta, como si se le hubiera cortado la respiración. Yo debía estar soñando, fruto de las copas y del porro que me habían dado. No podía creer que fuese cierto lo que veía y oía:

– Dime Anita… ¿qué te parece ahora? – preguntó Sergio mientras llevaba la mano de mamá arriba y abajo por su entrepierna. Mamá no decía nada y sólo vi que tragaba saliva. – ¿Es grande o no? ¿Eh? jeje – dijo Sergio. – Sí…., sí que es grande….es…enorme…sí… – consiguió responder mi madre.

Apenas me atrevía a mirar. Era humillante. Durante unos minutos ninguno de los dos dijo nada. Él se limitaba a guiar la mano de mi madre a través de su paquete, supongo que complacido, y mi madre sólo miraba al frente sin saber qué hacer con semejante bulto entre sus manos. Al cabo de un rato volví a mirar y vi que Sergio soltaba su mano, pero mi madre a pesar de ser libre de dejar de tocarle, siguió con el mismo movimiento que había estado siguiendo junto a la mano de él. Era evidente que estaba perdiendo el control sobre ella misma por momentos y él veía que mi madre ya cooperaba.

No sé si me dormía o tenía lapsos en los que perdía la consciencia pero ya sólo de vez en cuando era capaz de abrir los ojos y de poder escuchar o imaginar parte de lo que hablaban. Me sentía cada vez peor. Tenía un mareo increíble y todo me daba vueltas y para colmo la forma de conducir del macarra de Sergio me estaba matando. Como siguiera tomando las curvas así iba a echar la pota en los asientos del coche nuevo. Cerré de nuevo los ojos esperando que todo pasara. No sé cuanto pasó pero cuando volví a mi estado de semiinconsciencia noté que el coche se paraba. Me alegré de haber llegado a casa, estaba realmente mal.

Tenía apoyada la cabeza sobre el cristal de la ventanilla y cuando abrí los ojos me extrañó la penumbra que había fuera. Medio escuché a mi madre preguntarle que porqué paraba ahí. Al mirar de nuevo pude darme cuenta que estábamos junto al frontón que está a las afueras de nuestro pueblo. No entendía nada. Apenas podía oírles pero me sorprendió escuchar:

– Bueno, bueno… veo que te está gustando tocarme el paquete y a mí me está apeteciendo sobarte un poco esas tetas. Es justo, ¿no?. Anda sé buena y pórtate bien conmigo… Me conformo con que me las enseñes. Llevo una semana sin dejar de pensar en ellas… y ya has visto cómo me empalmas.

Cuando abrí de nuevo los ojos vi a Sergio intentando morrear a mi madre pero ella apartó la cara. Cerré de nuevo los ojos pero su voz me llegaba cada vez con más claridad:

– Pero, ¡qué coño…! Venga no seas puta. ¿Tú tocándome la polla y ni siquiera me dejas besarte? Déjame sólo probarlas, joder… Sólo te las quiero tocar un poco, y enseguida nos vamos. Y podrás seguir tocándome el bulto hasta que lleguemos… Venga Anita, que me muero por sobarte esas tetazas. Y seguro que tú también te mueres de ganas de un buen magreo…. ¿No te gustaría que te tocase las tetas, te las estrujase, te las chupase, que te succionase esos pezones deliciosos que debes tener…? Venga, sólo tocaré un poco…nadie lo va a saber. Y no te preocupes por este, que no se entera de nada…No ves que está durmiendo la mona…Podríamos hacer de todo y ni siquiera se enteraría. Va pedo total, tú relájate…

Estaba flipando. Me podía creer que ese pedazo cabrón intentase enrollarse con mi madre, pero que ella hubiera dado pie a la situación me resultaba increíble. Entreabrí de nuevo los ojos y al ver lo que ocurría, casi se me para el corazón. Pude ver a Sergio besando con auténtica lascivia a mi madre y le agarraba y sobaba las tetas a conciencia. No podía creerlo. Estaba a punto de ver a mi madre traspasar la línea del tonteo para llegar al adulterio, y lo estaba haciendo a un metro escaso de mí, con un capullo casi de mi edad y en el coche nuevo del que papá estaba tan orgulloso. Sergio metió su mano en la entrepierna de mamá, provocándola un suspiro que interrumpió el intenso morreo que la estaba dando, momento que aprovechó él para comenzar a desabrochar la blusa a mi madre.

Cuando volví a abrir los ojos aluciné. Le había bajado las copas del sujetador y la tenía con las tetas al aire. Comenzó a chupar uno de sus pezones, provocando un espasmo de placer en mi madre. Cuando volví a mirar ya tenía el sujetador en una de sus manos. Tras tirarlo a mi asiento, la agarró de la barbilla y la hizo abrir la boca para dar entrada a su lengua y comenzó a embadurnar los morros de mi madre de saliva. Cuando sacó su enorme lengua de la boca de mamá, ella puso sus manos sobre su cabeza, rindiéndose ante él y ofreciéndole sus increíbles tetas. Inmediatamente se lanzó sobre sus pechos, cogiendo cada uno de aquellos melones y saboreando cada centímetro de teta que tenían entre sus manos. Mamá bajó las manos para acariciar la cabeza de aquel capullo que estaba dejando sus tetas brillantes de saliva. Cuando tuvo las tetas bien húmedas, agarró suavemente del pelo a ese cabrón consiguiendo separar los labios de él de sus pezones. Me quedé helado al oír lo que le decía mamá llena de excitación y sonriendo de placer:

– ¡Aaahhh, siiii…! Nunca me han comido las tetas así… Hummm… Creo que me van a reventar los pezones. – ¡Jajaja, ya te digo si están duros tus pezones! ¡Vaya tetas! Mira que me las había imaginado, pero si llego a saber que tienes unas peras así, te las como en tu casa el primer día delante de todos! ¡Vaya melones que te gastas! Parecen de una veinteañera de lo firmes que están, jajaja. No he catado unos así en mucho tiempo. ¿Qué talla usas? Porque estas no se ven todos los días – le oí decir al muy capullo.

Una 110, respondió mamá, que reía con los comentarios que hacía de sus tetas, mientras le acariciaba la cabeza y él seguía lamiendo y lamiendo sus melones. Cerré los ojos pensando que todo acabaría ahí, pero mucho me equivocaba, porque al poco oí el ruido de una cremallera y escuché de nuevo:

– ¡Oh, siií! Tócala bien, que tiene que crecer mucho más… Sigue palpando así y vas a ver una auténtica XXL.

Miré al instante y me quedé atónito al ver que mi madre tenía extendido el brazo hacia él. No podía ver más, pero por el movimiento de arriba abajo que apreciaba, estaba masturbando a aquel desgraciado. ¡Qué coño, le estaba haciendo una paja monumental! Y la cara que estaba poniendo mi madre era de un alucine de cojones. Como la que puse yo cuando le oí decir:

– Si quieres también la puedes probar…seguro que te mueres por saber cómo sabe

Respiré aliviado al ver la reacción instantánea de mi madre. Le decía que estaba loco, que esto había llegado demasiado lejos y que ya había dejado de ser una broma. Que ella era una mujer casada y que esto era una tontería, que se había terminado. Me parecía increíble todo lo que acababa de ver pero respiré al ver que mi madre empezaba a mostrar un poco dignidad. Pero él insistió:

– Venga Ana, lo estás deseando y no puedes decirme que no. Cómete mi polla, siéntela en tu boca, te encantará como sabe… y no te preocupes por tu hijo. Está dormido y a tu marido nadie le podrá decir nada. Sé libre y disfruta de mi polla. Seguro que nunca has probado una así, tú chupa y verás como disfrutas.

Estaba a punto de pararlo todo, pero antes de poder hacerlo mama se inclinó sobre la polla de Sergio y supuse que se la metió en la boca y que comenzó a saborearla, porque enseguida comenzó un movimiento con la cabeza que hizo suspirar a Sergio de placer y decir:

– Ohhhhh siiii, Anitaaa… Madre mía como la chupas… Joder con la mujercita casada… – Glup, glup….slurp….glup..- se oía a mi madre chupar con deleite.

Tras un rato de mamársela a Sergio, por fin se la sacó de la boca para tomar aire, pero apenas tuvo tiempo ya que el bruto de él la agarró de la cabeza y le metió la polla en la boca sin darle tiempo ni a coger un suspiro.

– ¡Ven aquí, guarrilla! Y sigue chupando. ¡Que la tienes a tu entera disposición, jaja! Verás, te voy a enseñar a mamar bien este pedazo de carne que te ofrezco. – ¡Uhhnnmmgg!¡Glug!¡Ugh!¡Uhhmmmgg! – trataba de gritar mamá protestando por la brusquedad de él, que movía la cabeza de mamá como si se estuviera haciendo una paja a dos manos y ella intentaba mamar como podía, pero apenas conseguía respirar y tragar saliva.

Cuando parecía que por fin cogía el ritmo, Sergio le agarró de la nuca y obligándola a abrir la boca todo lo posible, empezó a meterle toda su polla en la boca, tratando de que se la tragara entera, provocándole arcadas a mi madre. Lo sé porque al tiempo que guiaba la cabeza de mi madre le decía:

– Venga Anita, tú puedes…jajaja…vaya golosa que estás hecha, así, hasta el fondo…quiero notar tu garganta… ¡eso es! ¡Buena chica, hasta el fondo, jajaja! – ¡Glaggghh! ¡Wuegg…! – mi madre estaba a punto de vomitar

Cuando el macarra ese por fin estuvo satisfecho, dejó a mi madre sacar su nabo de la boca lo más rápido que pudo e intentó coger aire.

– ¡Joder…casi me ahogo! Menuda cacho de polla…¿no ves que es imposible que me la trague entera, so bruto? –le dijo a Sergio mamá.

Pero el cabrón de Sergio la cogió de la barbilla y levantándola hacia el asiento de ella le agarró con brusquedad de las tetas con ambas manos, mientras le volvía a clavar un beso lleno de babas en la boca de mi hasta entonces querida madre.

– ¡Deja de quejarte tanto, cerda, y ven que voy a saborear esa boquita de puta que tienes!

Se acercó a ella y la besó en la boca de nuevo, y mi madre devolvió el beso con sensualidad. Sergio debió aprovechar ese momento para accionar uno de los botones del asiento eléctrico en el que estaba mi madre porque al tiempo que la morreaba comenzó a tumbarse hacia atrás.  Ahora tenía a mi madre a escaso medio metro y podía verle a él meterle la lengua todo lo dentro que podía, mientras con sus manos sobaba todo el cuerpo de mi madre con unas ansias increíbles. Pronto una de ellas desapareció entre los muslos de ella y no tardó mucho en arrancar un profundo gemido de placer a mi madre, que se quedó mirando con cara seria a Sergio, sin decir una palabra, mientras este sacaba sus dedos de entre las bragas de mi madre y se los llevaba a la boca. Yo podía notar como temblaba ella, no sé si de miedo o excitación. Él tras chuparse los dedos le dijo:

– Bien, veo que estás bien mojadita, jaja. Estás lista para que te haga sentir en la gloria… Déjame quitarte esto para que todo sea más fácil…

Dijo el muy cabrón al tiempo que subía la ya elevada falda de mi madre hasta sus caderas y comenzaba a tirar de sus braguitas negras hacia abajo, deslizándolas hasta los tobillos y sacándoselas con cuidado de no engancharlas con los tacones de aguja que llevaba. Tras olerlas las tiró hacia mi asiento y casi me da con ellas en la cara. En apenas unos segundos se despojó de su camiseta y del resto de su ropa y antes de que pudiese darme cuenta comenzaba a pasar del asiento del conductor al de al lado, poniéndose sobre mi madre. Comenzó a besarle el cuello y a lamerlo. Después, el hijo de puta me miró fijamente a los ojos y dándose cuenta de que estaba lo suficientemente consciente como para darme cuenta de lo que estaba ocurriendo le susurró al oído a mi madre que estuviese tranquila y que se relajase, que yo dormía y que no me iba a enterar de nada de lo que estaba a punto de pasar. Que iba a disfrutar como nunca y que estaba a punto de descubrir lo que era una buena follada.

Quería hacer algo para impedirlo pero me encontraba en un estado de semiinconsciencia que no me dejaba moverme ni articular palabra, pero en cambio me permitía estar lo suficientemente lúcido como para darme cuenta de lo que allí ocurría. El cabronazo se echó hacia atrás, casi recostándose sobre el salpicadero, dejándome ver orgulloso y por primera vez en toda la noche su pedazo de polla. Parecía querer mostrarme con lo que estaba dispuesto a taladrar a mi madre y lo que vi me dejó consternado. Era un pollón enorme, probablemente más del doble que la mía en longitud y sobre todo en grosor. Mi madre le miraba extasiada. Se la veía decidida a dejarse llevar y disfrutar de ese momento, a sentirse deseada por un chico que podría ser su hijo… Volví a mirarle a él que sonriendo burlonamente dijo:

– Deja que coja un condón del pantalón, no te vaya a preñar… – Sí, tomo la píldora pero cógelo. No me lo perdonaría nunca si pasase algo.. – Mmmmm, ¿te cuidas?. Entonces mejor la follada a pelo, que te va a gustar mucho más. Una polla en condiciones como la mía la tienes que sentir bien, sin gomas ni nada. Ya verás como aúllas de placer cuando me sientas descargar dentro. Voy hasta arriba de leche y te voy a inundar el coñito… – dijo al tiempo que mirándome se ponía sobre mi madre y llevaba con sus fuertes manos las piernas de ella a ambos lados de su cintura. – Prepárate para gozar nena… me muero por probar tu chochito y reventártelo bien…

Ya no había vuelta a atrás, sabía que ese pedazo de hijo de puta estaba a punto de tirarse a mi madre, la iba a penetrar con ese pedazo de polla que daba pavor verla y por si fuera poco, pensaba correrse dentro de ella el muy cabrón. No podía creer lo que estaba pasando,  veía a mi madre ahí, a las afueras del pueblo, en el coche de mi padre, tumbada en uno de los asientos, llevando únicamente su falda recogida en la cintura y sus zapatos negros de tacón de aguja. abierta de patas y con un macarra hiperdotado encima de ella, a punto de taladrarla salvajemente…Parecía una auténtica actriz porno a punto de protagonizar una escena de alto voltaje. Las palabras de Sergio me devolvieron de nuevo a la cruda realidad, comenzaba a hablarle de nuevo al oído:

– ¡Vas a ser mi guarrilla!, ¿qué quieres que haga con esto? – ¡Fóllame por favor!, ¡fóllame!… – No reconocía a mí madre diciendo eso y me di cuenta de que estaba haciendo con ella lo que quería. – ¡Eso pensaba hacer! ¿Preparada para sentir una auténtica XXL dentro? – Decía al tiempo que me miraba y cogía con una mano a mi madre de la cadera y con la otra guiaba su polla hasta su chocho y empezaba a presionar.

¡Gmmmm! – consiguió articular mi madre al notar como su polla pugnaba para abrirse paso, cómo lentamente trataba de introducir su punta, cómo trataba de traspasar la entrada de su vagina haciéndole un poco de daño. Parecía que no quería acabar de entrar pero de improviso, la punta la atravesó de golpe.

– ¡Gmmmm! – protestó, pues le ha dolido un poco. – ¡Pssssshh, calla!, relájate que ya está dentro y ahora empieza lo bueno. Vas a gozar como no lo has hecho hasta ahora, ¡nunca me había follado a una casada con un coñito así de estrecho! Joaquín te da poca caña en casa, ¿eh? Parece que esté sin usar…

Qué pedazo de cabrón, tirándose a mi madre y encima mofándose de mi padre. Me parecía increíble lo que estaba presenciando. Ese hijo de puta me miraba fijamente mientras hacía que el conejo de mi madre se fuera adaptando al grosor de su miembro, y no dejaba de luchar por entrar en ella. La presión que ejercía parecía que comenzaba a transformarse en una sensación verdaderamente placentera para mamá. Sergio comenzaba un lento vaivén en su interior y yo veía como poco a poco introducía más y más su polla en mi madre… Agarrándose fuertemente del asiento comenzaba a mover la polla adelante y atrás. No podía creer que el sexo de mi madre hubiera sido capaz de albergar a ese monstruo. Debía sentirse llena por completo, probablemente como nunca antes.  No lo podía creer pero mi madre comenzaba a gemir…

– Joder, como sabía que te iba a gustar. ¿Disfrutas, eh?. Tienes un conejo increíble, voy a tener que follármelo más veces si quieres dejar de tenerlo así de apretadito. Parece mentira que habiendo parido sigas así de estrecha, Anita. Es increíble. He desvirgado a más de una del pueblo que no lo tenía así de rico, créeme. – ¡Aaaaahhhhhh! Siempre he sido así. Ni en el parto logré dilatar y terminaron haciéndome la cesárea – Acertó a decir mi madre entre gemidos. – Joder nena, eres única. Casada, madre, y con el coñito de una cría. ¡Qué conejo! Tú lo que necesitas es un entrenamiento constante a base de grandes pollas y verás si dilatas bien. Yo me puedo encargar personalmente de montarte a diario si quieres. Y para asegurarme te haría una buena barriga, ya verás como ahora sí serías capaz de parir. Se nota que aquí han entrado pocas pollas, ¿eh? – Le dijo el muy cabrón mirándome y sonriendo…

– Hasta hoy sólo dos. ¡Me corro, paraaaa….! – No podía creer lo que oía, ¿dos?. Siempre supuse que mi madre habría estado únicamente con mi padre… – Si nena, disfruta de tu tercera. Así que dos, ¿eh?. Pero no serían como la mía, ¿verdad?. Sigue corriéndote y disfruta, putita… – Ni por asomo, aaahhh. Con la de Joaquín apenas siento nada… Con el otro sí, la tiene más grande pero no como la tuya… que placer…

– ¡Uffff, puta guarra…! ¡Vaya coñito más caliente y estrecho que tienes, joder…!¡Y vaya tetas! ¡Te voy a arrancar los pezones! – gritaba Sergio extasiado, mientras le succionaba los pezones con tal pasión que parecía que se los iba a arrancar de verdad. – Nunca he sentido algo igual, me corro de nuevo… – dijo mi madre. – Tú disfruta, que la tengo prácticamente toda dentro, princesa. Sólo falta un poco más. Eres una yegua de primera. Disfruta de tu potrillo y de su gran miembro. Te has adaptado enseguida a todo un semental. Goza con ella, sigue corriéndote… Te voy a convertir en mi nueva putita. Cada vez que vengas te voy a montar bien duro…

– Para, no puedo más…te lo suplico. – a él eso le calentaba más y subía el ritmo. Entre gemidos le recordaba a mi madre lo guarra y lo zorra que era, que era una “calentorra” como todas, y que le perdían las maduras por lo guarras que eran follando… – Oohh, siiii. ¡Fóllame más! – Respondió mi madre dejándose llevar

Mi madre encadenó ese orgasmo con otro aún más intenso. No podía dejar de correrse al tiempo que seguía oyendo las palabras que Sergio le decía al oído y que parecían ponerla tan y tan cachonda…Parecía una auténtica gata en celo para mi desgracia y yo no dejaba de alucinar con lo de ese amante que debía haber tenido. ¿Quién sería ese otro hijo de puta que se la había follado? De repente y en plena follada, Sergio dio una estocada mucho más enérgica y profunda y el gemido que dio mi madre me asustó. Él le tapó la boca con una de sus manos:

– ¡Oohh, nena! Has podido con toda…¡Pssssshh, calla y no le despiertes y disfruta! Tienes mis 23cm completamente dentro. Es el coño más cojonudo que he probado en mi vida. Tan estrecho y tan tragón al tiempo. Oh siií, que gustazo me está dando metértela entera. Hacía tiempo que no la clavaba tanto, créeme. No todas se dejan. Disfruta de ella y sigue corriéndote… que ahora sí que tienes el coño bien abierto y listo para gozar… – Aaahhh, la siento en el cuello del útero….- Lo sé, pero ¿a que te gusta? Esto lo aprendí con una madurita como tú. Tú tranquila y disfruta con mi pollaza sin preocuparte por nada, ni por tu marido ni por tu hijo, que no se entera de nada.

Sergio le decía que pensara sólo en su coño y en ella, mirándome a mí fijamente a los ojos. Que lo que tenía que hacer es gozar, que una jamona como ella había nacido para ser montada y que supo que estaba necesitada en cuanto la vio. Le preguntaba el muy arrogante si había gozado alguna vez tanto, que lo menos se había corrido ya tres veces…Ella le decía que en su vida había sentido nada igual, que con mi padre pocas veces llegaba al orgasmo y que normalmente tenía que acabar ella sola. Oía todo esto entre gemidos y jadeos que me estaban volviendo loco. El muy cabrón le decía que cómo con un cuerpo como el suyo no salía a buscar más a menudo guerra fuera de casa, que iba a encontrar un montón de candidatos dispuestos a montarla.

Parecía que quería hacer de mi madre una puta. Le comentaba en plena embestida que tenía un cuerpo y un coño hechos para dar y recibir placer y que no debía preocuparse por Joaquín, mi padre, que aunque se lo notase a partir de ahora mucho más abierto, seguro que no le decía nada. Que las casadas del pueblo a las que se tira se lo comentan, que cuando se las follan ahora en casa los maridos se extrañaban de lo dado de sí que lo tienen, pero que no les dicen nada por no afrontar la cornamenta o las posibles consecuencias…

Decía que a una de Zaragoza que baja a veranear le hizo un crío hace dos veranos y que no viera cómo le sigue llamando pidiéndole más y más polla cada vez que baja al pueblo. Y que el marido ahí como si nada… Menudo pedazo de cabrón que estaba hecho. Debía ser el semental del pueblo dispuesto las 24h a montar a todo aquello que llevase faldas… Salí de la nube en la que estaba envuelto, abrí de nuevo los ojos y vi que seguía dándole bien duro sin apartar su mirada de mí. Volví a oír sus palabras con claridad:

– Joder, y yo que pensaba que no iba a conseguir que te me abrieras de patas, pero a merecido la pena esperar. Follarte aquí me está dando un morbazo que te cagas, tía. Qué gustazo darte así de duro junto a tu hijo. Y es una pena que él no se esté enterando de nada… Me gustaría que te viese así, espatarrada y con mi estaca dentro y que viese como le hacía a su madre una buena barriga… ¿No ha querido nunca Joaquín tener más críos? Dime que siiií… Te quiero preñar este verano. Déjame que le haga un hermanito a tu hijo… – decía el muy cabrón sonriendo y mirándome. – Estás loco, no puedo másss…

– Ni yo tampoco ¡Quería reventarte bien el coño en el primer polvo, pero no voy a poder aguantar mucho más! ¡Te voy a llenar entera! ¡Que polvazo que tienes cabrona! Ha sido todo un desvirgue el que te he hecho, ¿eh? – Gritaba clavándole la polla salvajemente. – No, por favor. Dentro no, paraaa… – Ya es tarde cariño, prepara el coño que estoy hasta arriba de leche. Ojalá fallen las pastillas esas y le damos un hermanito a tu hijo… Aaaahhh, qué gustazo me va a dar correrme en ti…- No, por favoorr… – Ya me viene y verás como te gusta. Ahhhh!, ¡toma!, ¡toma!, ¡toma! – Gritaba clavando su mirada en mí

Sergio aumentó la fuerza de sus embestidas y pude ver como su espalda se arqueaba hacia atrás y los músculos de sus nalgas se tensaban. Estaba empezando a depositar toda su leche hirviendo en el coño de mi madre al tiempo que daba un bufido como el de un toro. Debían ser unos intensos, calientes e interminables chorros porque mi madre comenzó a correrse una vez tras otra descontroladamente. Debía sentir cada uno de ellos, dos, tres, cuatro chorros…..y así hasta ocho (por lo que oí al cabrón de Sergio al día siguiente) y a cada cual más intenso, al tiempo que sentía esa majestuosa polla palpitar una vez y otra en su hambriento chocho.

– Aaaahhh…. noto tu semen….te estás corriendo en mí….Aaaahhhh…- Sí cariño, ahhhhhhh, y no veas que corrida, ahhhhhhhhhhhh…- Me estás llenando por completo, siento tu leche hirviendo… me corrooooo. – Aaaahhhhhh, cómo te gusta, ¿eh? Ahhhhhhh, toma lefa, toma másssss,- Siiiiiiiiií, me gustaaaa, aaahhhhhhhhhhhhhhh. – Ahhh, jamás me he corrido tanto. Me estás sacando hasta la última gota tigresa, ahhhh. Tenía que verte Joaquín aullar así y lo que está tragando tu coño, a ver si aprende a follarte en condiciones. ¿Imaginas su cara al verte así, aquí conmigo en plena monta?
– Ohhhhh, la leche que me estás echando dentro…

– Siií, tómala toda… directamente al útero, a ver si te preño….Te hacía falta, cariño. Las tías con conejos como el tuyo necesitan que las follen bien, en su casa o fuera de ella. A tí habría que llenarte el coño de leche varias veces al día para dejarte satisfecha…aaahhhh. Quiero que seas mi putita… ¡Aaahhhh! Dime que me dejarás follarte bien duro y llenarte entera de leche cada vez que quiera….dime que que lo harás… Aaaahhhh. – No sé…. me moriría si Joaquín o Mario se enterasen de esto… – Tú tranquila que no tienen que saber nada. Tu marido confía en mí y ya ves que follada con tu hijo delante y ahí está sin coscarse de nada…

Tras acabar de correrse en ella dejó caer su cuerpo sobre mi madre. Ella seguía con las piernas alrededor de sus caderas y con la polla de Sergio en  su interior. Las manos de él buscaban sus pechos, jugaban con sus pezones, pellizcándolos y tirando de ellos, y su boca buscaba la de mi madre. La besaba con auténtica lascivia. Después comenzó a besar su cuello, a lamerlo, para enseguida bajar y volver a succionar sus todavía erguidos pezones. Hasta hoy yo sólo había visto unas tetas como las de mi madre en la tele y ahí estaba el muy capullo disfrutando aún de ellas. Las chupaba y mordisqueaba diciendo que eran fantásticas pero que las quería probar llenas de leche, que así deberían de ser la hostia. Qué cabrón, la sola idea de que preñase a mi madre me volvía loco. Comenzó a susurrarle al oído…

– ¡Oh, nena! ¡Eres fantástica! Eres de esas pocas tías que se vuelven locas de placer al sentir que se están vaciando en ellas… Joder que manera de correrte según te estaba llenando el chochito, ¿eh? Con los espasmos que dabas me has exprimido la polla como ninguna antes. ¡Dios, lo que vamos a disfrutar tú y yo! Dime que te gusta sentir el calor de la leche dentro, princesa, dímelo…- Nunca había tenido tantos orgasmos seguidos. Mi marido siempre se corre dentro de mí, pero no sé si es porque acaba enseguida o porque no me echa tanta cantidad, pero nunca había sentido algo así. Has hecho que me vuelva loca de placer y con él apenas llego…

– Nena, si no te corres en casa es porque Joaquín no te sabe follar. Tú eres el sueño de cualquier tío, una maciza que busca polla fuera de su casa y por si fuera poco Multiorgásmica. Y me encanta haber sido yo quien te haya demostrado que lo eres… Lo que vas a gozar a partir de ahora. ¿Te apetece echar otro? Ya ves que no se me baja… – Ahora no, es tarde. Sácamela ya. Si se despierta Joaquín y ve que no hemos llegado va a sospechar…

Vi como el capullo ese desenfundaba su pollón del chocho de mi madre. Era increíble que después del polvo que la había echado siguiera con ella así de dura. Se incorporó y volvió a pasar al asiento del conductor. Volví a hacerme el dormido mientras mi madre recuperaba sus braguitas y su suje de mi asiento. Podía oírles mientras se vestían. Él decía que no le cabía en los bóxer de lo tiesa que la tenía y mi madre entre risitas le respondía que no le extrañaba, con ese tamaño. Él la respondió que era ella la que se la ponía así y que bien que la había gustado. Que tetas como las suyas no eran fáciles de encontrar pero que pollones como el de él tampoco. Sergio arrancó el coche y cuando comenzó a moverse volví a abrir los ojos.

Al salir de la explanada del polideportivo para entrar en el pueblo, pude ver un poco alejado el coche de sus amigos y a estos subiéndose a él. ¿Qué hacían aquellos dos allí?  Seguro que los muy cabrones sabiendo lo que iba a pasar se habían acercado a verlo todo. ¿Habrían visto la follada salvaje que le había dado a mi madre cuando consiguió que se abriese de patas? La sola idea de que esto fuese cierto me corroía por dentro….

Al día siguiente me desperté a las tantas. Cuando salí al jardín allí estaban Manuel, Sergio y el ingenuo de mi padre que hablaba con él. Mi padre le preguntaba que cómo lo habíamos pasado. Llegué hasta ellos cuando Sergio respondió con una sonrisa burlona en su cara:

– De “Puta madre” Joaquín, ¿verdad Mario? ¿A que lo pasamos “Teta”? Yo por lo menos…

No lo podía creer. Dudaba de si aquel cabronazo respondía con segundas o me lo parecía a mí…En mi cabeza, aún aturdida del alcohol, se repetían sin cesar (puta madre, teta…) y me recordaban lo ocurrido la noche antes. Fue al ver la forma en que nos miraba a mi padre y sobre todo a mí, ese brillo en sus ojos, esa sonrisa y la forma en que se tocaba el paquete cuando comprendí que ese pedazo de cabrón estaba disfrutando ahora casi tanto como anoche con mi madre… No sabía ni donde meterme cuando oí a mi padre:

– Ya me ha dicho Ana que te dejó probarlo anoche. Te quedarías a gusto, ¿no?. Con las ganas que tenías… – Joder Joaquín, vaya si lo hice. Lo “Probé A Fondo”. Ocasiones así no las tiene uno todos los días. No tuve que insistirle mucho para convencerla… – Qué va, hombre. Si ya le dije yo que te lo pensaba dejar. ¿Y qué te pareció?

No podía creer nada de lo que oía. La conversación que llegaba a mis oídos debía ser paralela a la que mi padre pensaba que mantenía con el macarra de los cojones. Y éste seguía y seguía aturdiéndome con lo que decía:

– La hostia, Joaquín. Increíble. Te lo digo en serio. Si ya disfrutas con sólo ver por fuera ese pedazo de carrocería, una vez que te has “metido dentro” no veas, es un “auténtico gustazo” – Ah sí, ¿eh?. ¿Qué te pareció cuando te metiste dentro? – Preguntó mi padre sin sospechar nada de lo ocurrido. – La hostia Joaquín, aunque me sorprendió por el su tamaño… – ¿Y eso?

– Joder, no imaginaba así a un modelo de esa gama… La impresión que tuve al entrar es que era “demasiado estrecho”, lo imaginaba mucho más amplio… – Decía sonriendo el muy cabrón aludiendo claramente al coño de mi madre, y el cornudo de mi padre seguía y seguía… – Pues te aseguro que es más amplio de lo que parece en un principio. Aun no lo he usado mucho pero nosotros tres viajamos en él de primera…

– No, si fue al principio, en cuanto “monté”. Pero oye, “entrar dentro” y “sentir el tacto de esa piel”, ¡fue para “correrse de gusto”, Joaquín! ¡Qué suavidad! – Ese pedazo de hijo de puta gozaba con lo que decía…- Te gustó el acabado, ¿eh? El pack de cuero es una pasta pero merece la pena. – Ya te digo… En cuanto “monté”, sentí ese tacto y cómo se adaptaba a mí, comencé a flipar. Mira que he probado modelos, pero ninguno así… Y tienes razón, cuando llevas rato dentro no te da ya esa impresión de poca amplitud. Fue al montar. Luego te das cuenta que puede llegar a ser amplio de cojones… Estoy convencido de que tienes razón y que tres van de primera en él. Dos adelante y uno atrás es lo ideal para ese modelo…

– Te lo voy a tener que dejar otro día, joder. Que parece que te gustó y que sabes apreciar un alto de gama  – seguía y seguía mi padre. – A ver si es verdad, Joaquín… Que un modelo así es para disfrutarlo joder y es un crimen que lo tengas ahí “sin usar” (decía riendo el muy cabrón). Yo estoy dispuesto a hacerle un buen rodaje este verano si quieres… Iba a estar todo el día “montado” en él y te lo iba a dejar suavizado, verás como lo ibas a notar cuando lo usases tú. No te iba a parecer el mismo…ahora está como agarrotado aún joder y yo estoy dispuesto a hacértele un buen rodaje. ¿Qué me dices?

– Bueno, deja que lo piense… que miedo me das…  – Tú confía en mí Joaquín. – Le respondió mirándome y sonriéndome descaradamente

Este fue el primer encuentro que tuvieron este verano y al que han seguido muchos más, unos presenciados por mí y otros afortunadamente no. El muy cabrón incluso ha hecho que participasen sus amigos, como en el que ocurrió a los dos días.

Me gustaría que me comentaseis lo que os ha parecido mi experiencia y si deseáis saber todo lo ocurrido después. Ha sido un mes de follada tras follada.

Autor: Mario

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Con el maestro albañil

Yo gemía como una perra en celo, me levantó en el aire, ponía mi vagina frente su boca y mi cara frente su verga. Me comió así  yo cara abajo y su pene enorme en mi boca. Al sentir su verga dentro de mí boca me llegó el orgasmo interrumpido, regresó y mis tetas, con el movimiento, se iban de adelante para atrás, hasta que por fin me escurrí toda en un inmenso y largo orgasmo.

Hola, mi nombre es Ana’lu. Tengo 18 años y les relato alguna de mis primeras experiencias relacionadas con el erotismo. En mi casa se les ocurrió la idea de convertir el cuarto de servicio que tenemos al fondo del patio trasero en un mini-spa, por lo que había cinco albañiles trabajando ahí colocando el mosaico y el jacuzzi entre otras cosas.

Un día en el carro, procedí a desabrochar mi blusa desde donde nacen mis pechos hasta donde se unen las copas del bra y la falda, la corrí hasta un poco más arriba de la mitad de mis muslos y mis calcetas  las doblé hasta los tobillos. Hasta ese instante mi papá había estado atento al camino y no me prestó atención cuando modifiqué mi vestimenta. Entonces crucé la pierna y le dije:

– Así, mira…Se volteó a mirarme y abrió los ojos cual platos diciéndome: – ¡Huy!  Oye nena, ¿no crees que exageras? – Pues la verdad no, – contesté – hay algunas que van más cortitas que lo que ves. – Bueno, ahora ya acomódate la ropa bien… – ¿Te gustaría que usara así mi ropa? – ¡Cómo crees! Y aunque ya me había dicho que me arreglara, así me quedé y él no insistió.

La semana transcurrió rápidamente y la noche del jueves hice planes para ir a comprar el regalo para Rebeca, además de comprar ropa para usar el sábado por la noche. En esas me encontraba cuando mi papá tocó a la puerta para darme las buenas noches y recordarme que al otro día tenía que atender unos asuntos fuera de la ciudad y que me encargaba que me quedara en la casa hasta que los albañiles se fueran… Me sentí frustrada pues mis planes se venían abajo. Además no me agradaba quedarme sola en casa con los trabajadores, aunque ellos estuvieran afuera, me ponía de nervios. Y rumiando mi amargura me quedé dormida.

Era el mediodía cuando llegué a la casa, me sentía cansada y fastidiada. Hacía un calor de los mil demonios y venía pensando en el camino en un baño fresco y una buena comida. Al abrir la puerta, oí ruidos en el patio trasero y recordé a los albañiles. Me dirigí a la cocina y desde la ventana pude verlos, me miraron y nos saludamos. Subí a mi habitación, me desnudé y me di un regaderazo rápido para sentirme fresca; luego, me vestí con una minifalda blanca y una playera que tenía a la mano para no perder tiempo, pues ya me gruñía la pancita de hambre, y me trencé el cabello, me puse unas zapatillas y regresé a la cocina.

Me preparé unos emparedados, pues no había mucho que cocinar y cuando me disponía a dar el primer mordisco, noté cómo uno de los trabajadores me miraba con cierta envidia y la mirada hambrienta, lo que me hizo sentir mal. Entonces, preparé más bocadillos y también agua de limón, los coloqué en una charola con platos y servilletas y salí al patio a ofrecerles. Había cuatro de ellos afuera del cuartito que de inmediato se acercaron a comer, les pregunté por el quinto, que era al que llamaban el “Maestro” y era también el más grande de edad; me dijeron que estaba dentro del cuarto pegando los azulejos, aparté unos emparedados y un vaso con agua para él y se los llevé.

Abrí la puerta del cuarto y sin querer le pegué con ella al maestro que se encontraba detrás y agachado poniendo los mosaicos detrás de la misma, con el rebote, la puerta se cerró y el albañil se volteó para ver quién había entrado. Por estar en esa posición comenzó a mirar de abajo hacia arriba; esto es, mis piernas; hasta llegar a mi cara. Se levantó y vio la charola con los sándwiches.

– Le traje unos bocadillos y agua fresca. – Muchas gracias, no se hubiera molestado… – me contestó.

De inmediato buscó dónde colocar la charolita con los alimentos. En el cuarto se encontraban algunos muebles que habíamos desechado con el paso del tiempo, estaban unas maletas con ropa de mi mamá, mi vieja cama de cuando tenía ocho años, un silloncito y una mesa de centro del cuarto de la tele… El hombre me quitó la charola y la colocó sobre la mesita de centro, cuando se agachó pude observar que en uno de los bolsillos traseros del pantalón llevaba una pequeña alcanforita, seguramente con alguna bebida alcohólica.

Lo miré bien por primera vez: alto, como de 1.85, tez morena y ojos cafés, manos grandes, de tipo más bien fornido aunque con una pequeña pancita; aunque su cabello no estaba del todo encanecido, la barba de algunos días se le miraba blanca. Cuando notó que lo veía me sostuvo la mirada y yo me sentí intimidada por aquel hombrón (yo medía apenas 1.65) y me puse a ver cómo estaba cambiando el cuarto, pues ya me había acostumbrado a la poca luz, pues la cortina de la ventana estaba cerrada y tenía una luz tenue encendida.

-¿No va a comer? – me preguntó.

Estuve a punto de negarme, pero como de verdad tenía hambre me acerqué y tomé un emparedado, me disponía a salir cuando me dijo: – ¿Me va a dejar comiendo solito? Yo no supe qué decir y me senté junto a él en la camita.

– Es usted muy buena gente y muy bonita. – Gracias. – De seguro tiene muchos chicos de su edad detrás de usted… – ¡Ay! ¿Cómo cree? – ¿No? Qué lástima. – ¿Por qué? – Porque si yo fuera más joven le pediría que fuera mi novia – él debía tener como 60 años- Y la llevaría a pasear a donde usted quisiera. Esto último lo dijo muy cerca de mi oído y pude percibir su aliento alcohólico. – Huele usted muy rico.

Y mientras me lo decía aspiraba cerca de mi nuca y ponía su manota en mi rodilla. Traté de zafarme, pero apretó aún más. Y entonces me besó en mi cuello. Sentí su lengua y su aliento. Traté de zafarme, pero me abrazó y me era imposible moverme. Sus manos comenzaron a recorrer mi espalda y con su lengua recorría mi cuello. Algo dentro de mi quería gritar y salir corriendo de ahí, pero otra fuerza interior estaba disfrutando esas sensaciones. Entonces despegó su boca y sentí un leve tirón de la trenza hacia atrás, lo que me hacía mostrar el cuello que comenzó a morder y lamer… Le trataba de decir que no, que me dejara ir, pero cada vez que lo hacía me decía: “No pasa nada, no pasa nada… estás bien rica… te va a gustar”.

Una de sus manos jugaba bajo mi falda, sobándome las nalgas, pues yo tenía las piernas apretadas; mientras que con la otra me había levantado la playera y me estaba desabrochando el bra, siempre sin dejar de besarme y lamerme… Me tiró hacía atrás de la trenza, dejándome recostada boca arriba, con los senos fuera; con sus manos grandes cubría cada uno de ellos y los frotaba, mordiéndolos de vez en cuando. Me levantó la falda e intentó bajarme las pantaletas, pero al ver que oponía resistencia me las besó, y las movió a un lado dejándole ver mi sexo que comenzaba a humedecerse…

Puso sus manos sobre mis rodillas y me abrió las piernas, dejándole libre el acceso a mi pubis, para que lo besara rozándome con sus dos dedos, lo que me provocó un placer delicioso y había vencido mi poca resistencia, ya sólo quería dejarme hacer por él lo que fuera. Besó mis vellos poco a poco más al centro con su lengua rozándome con su barbita.

Bajó hasta mi sexo e introdujo su lengua que de inmediato encontró mi clítoris y dilató mis labios vaginales. Yo quería gritar de placer, pero me daba vergüenza, pues sabía que los otros albañiles se darían cuenta de lo que estaba sucediendo. El Maestro se incorporó y se bajó el pantalón y las trusas dejando ver un miembro de considerable tamaño, pero flácido.

– ¡Ven perrita! – Me dijo- ya sabía que te iba a gustar, eres igual que tu mamá, esto era lo que querías ¿no?

Me tomó de la trenza, me hincó ante su pene y me ordenó chupárselo. Con muchos nervios lo tomé entre mis manos y lo introduje dentro de mi boca, sentí como avanzaba por entre mis dientes y me llegaba casi a la garganta, pude saborear un líquido salado que empezó a fluirle. Con tirones de la trenza dirigía mis movimientos hasta que su miembro se puso duro y tieso, me levantó de otro tirón y me recostó nuevamente boca arriba sobre la cama, levantó mis piernas, abriéndolas y besó otra vez,  diciendo eres peor que tu mamá, zorrita rica, me besó así y yo en el cielo, pensé, ¿que me dice de mi mama?  Se la comió él así ¿ y su amigos a lo mejor saben de todo ¿miré hacia la puerta y vi unos ojos que me miraban, eso me excitó aun más, separé más mis piernas y su lengua me penetró.

Gemí de placer. Tuve conciencia de todo lo que había a mi alrededor. Sentí como mi cuerpo se hacía de agua, se escurría en medio de un calorcillo que subía de mi vagina a mis senos. A ratos pensaba que mi mamá iba a llegar y nos iba a ver y yo me moriría de la pena. Volvió a besarme, a chuparme los senos y morderme los pezones… Introdujo un dedo dentro de mi ano y sentí venir el primer orgasmo… Para no gritar me mordí la mano.

Se puso a gemir en mi oreja y eso me excitó aún más, yo también gemía y eso lo excitaba a él y así en un círculo vicioso hasta que pude sentir en medio de mis piernas como un líquido caliente y espeso me inundaba y me lubricaba mucho más… Otro orgasmo, yo veía estrellitas, me zumbaban los oídos…tenía orgasmos uno tras otro  Y él susurró eres igual a tu mamá… Me seguía comiendo y yo gimiendo como una perra en celo, me abrió todita y me lamió como diciendo a los jóvenes, vean como yo lo hago y la disfruto…

Me levantó en el aire, ponía mi vagina frente su boca y mi cara frente su verga. Me comió así  yo cara abajo y su pene enorme en mi boca. Al sentir de nuevo su verga dentro de mí boca me llegó el orgasmo interrumpido, regresó y mis tetas, con el movimiento, se iban de adelante para atrás, hasta que por fin me escurrí toda en un inmenso y largo orgasmo…Fue cuando me di cuenta que tocaban a la puerta con unos golpes muy fuertes, el albañil sacó su miembro y lo limpió en mi falda, se acomodó el pantalón mientras yo intentaba hacer lo mismo con mi ropa. Abrió la puerta y preguntó qué ocurría. Era uno de los albañiles que le decía que estaba sonando el timbre del teléfono, y sí, no oía el timbre…

Fue entonces cuando el sonido de la alarma del despertador me trajo de regreso a la realidad. ¡Todo había sido un sueño! Mi primer sueño húmedo. Al incorporarme, me di cuenta que la cama y las pantaletas estaban mojadísimas.

Autora: Ana’lu

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El rico albañil

Completamente desnuda, se arrodilló ante mi y comenzó a besar mi vagina y me chupaba toda, yo estaba muy excitada y gemía de placer así que le dije: quiero que me penetres y me rompas mi culito, él se sentó en la cama, me puso encima de sus piernas, colocó la punta de su verga en la entrada de mi culo y me dijo, toma esto putita.

Mis padres habían salido por un tiempo y yo estaba en la casa súper aburrida y sin nada que hacer así que me puse a ver televisión para distraerme cuando escucho que suena el timbre. No podía descansar y se suponía que tenía que hacerlo mientras mis papás no estuvieran aquí.

Fui hacia la puerta y vi que era Silverio el albañil, me dijo que ya sabía que mis padres no estaban, pero que le habían llamado para que fuera a reparar algunas tuberías que estaban rotas. Yo sin más ni más accedí y le abrí la puerta. El albañil tenía un cuerpo espectacular, las veces que los vi sin camisa se notaban esos espectaculares músculos y esos chocolatitos.

Cuando llegó cerca del baño se quitó la camisa y comenzó a romper unas cosas; yo me metí a mi cuarto abrí un poco la ventana y me dediqué a verlo. Ese día tenía puestos unos jeans que se le ajustaban y marcaban la forma de sus glúteos me encantaba verlo trabajar, era un hombrazo.

Seguía mirando a Silverio desde la ventana y me comencé a hacer fantasías donde estuviera con él y me follaba, era todo divino. Duró como media hora trabajando y yo observándolo cuando me llamó y me pidió un vaso de agua yo rápidamente se lo di estaba muy caliente y decidí hacer algo.

Quería follar con ese masculino albañil y lo iba a lograr, le busqué el vaso de agua y cuando se lo iba a entregar hice que me resbalé y le agarré la verga de un apretón me reí y me fui a mi cuarto abrí la ventana y me asusté, Silverio estaba al otro lado mirándome.

Yo en esto cerré la ventana y me acosté en mi cama dos minutos, después se abrió la puerta de mi cuarto, era Silverio y me dijo: “¿quieres verga verdad?” Yo asentí con la cabeza y me lancé contra su pene, bajé su slip y allí estaba un pene como de unos 24 cm. y bastante grueso.

Comencé a besarle la cabeza y se fue despertando, así que empecé a meterlo todo en mi boca. Silverio me tomó por la cabeza y comenzó a follarme. Era divino, luego separó mi boca y me dijo: “aún no, espera” Me empezó a desnudar y me empujó a la cama.

Completamente desnuda, se arrodilló ante mi y comenzó a besar mi vagina y me chupaba toda, yo estaba muy excitada y gemía de placer así que le dije: “quiero que me penetres y me rompas mi culito” él se sentó en la cama, me puso encima de sus piernas, colocó la punta de su verga en la entrada de mi culo y me dijo “toma esto putita”

De una sola embestida metió la mitad de su verga y con otra lo que quedaba, a mi me dolía, pero era delicioso tener esa grande y deseada verga dentro de mi, yo gritaba como una puta cada vez que él me embestía y el dolor se convirtió en placer.

En esa posición duramos un rato hasta que él me dijo: “ahora quiero tu conchita puta” yo le dije “está bien, pero más suave”, él no respondió, yo me acosté en la cama, agarró mis piernas, las puso sobre sus hombros y metió su pene en mi vagina, esto no me dolió mucho y cuando estuvo completo me comenzó a mover, duramos unos cinco minutos más y yo ya sentía que me venía.

Le dije me vengo, él sacó su verga rápidamente, se arrodilló al pie de la cama y comenzó a chuparme el clítoris de nuevo, me corrí en la cara y le dije: “quiero que tú también acabes en mi boca”.

Me arrodillé ante él y comencé a mamarle su pene desesperadamente hasta que acabó, recibí toda su leche en mi boca era divina, luego le chupé la verga de nuevo y se la dejé limpiecita, nos acostamos en la cama y nos dormimos, cuando nos despertamos ya era muy tarde así que recogió sus cosas y se fue.

Al día siguiente tocaron el timbre de nuevo y era Silverio, pero esta vez venía no a romper tuberías sino de nuevo mi culito y todos los días (hasta que llegaron mis padres) se repitió este divino acto.

Opinen sobre mi relato, solo hombres por favor…bye, bye.

Autora: Susana

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Dani, el albañil

Sin sacar el huésped que tenía alojado en su culo, volvió a inclinarse, pero esta vez colocó su pie derecho en el bidet, en una clara invitación a continuar la fiesta. Y mi polla volvía a tener ganas de fiesta. Volví a moverme despacio, acelerando el ritmo mientras él dibujaba círculos con sus caderas. A los pocos segundos, ya estaba embistiéndole como un animal mientras él se masturbaba.

Hace unos meses busqué un contratista para realizar unas obras en mi casa. Vivo en un chalet y dado que mi pasión son los coches, decidí ampliar el garaje. El primer día que llegaron los albañiles estuve revisándolos uno a uno. Todos ellos eran en general para aburrirse, por lo que pronto tuve que olvidar la fantasía de ver a diario a algún chicharrón buenorro trabajando en mi casa.

La siguiente jornada, la cosa cambió. Apareció un nuevo peón. Un muchachito de no más de 18 años, con estrecha espalda y cinturita apretada. A través de su pantalón de chándal se podía adivinar un culito pequeño y redondito, que daba ganas de estrujar. Llevaba un peinado curioso, rapado por los lados y con una especie de cresta. Parecía un indio cherokee. Su pelo no era muy rubio, a pesar de que tenía los ojos azules. Su cara de adolescente imberbe, mostraba el color y los rasgos de aquellos que trabajan diariamente en la calle, soportando el frío y el calor intensos. También las manos, aunque pequeñas en consonancia con el resto del cuerpo, aparecían rudas y fuertes. No obstante, no pude ver mucho más, dada las bajas temperaturas de aquellos días. Yo lo miraba disimuladamente, ya que aproveché mis vacaciones en el trabajo para vigilar la obra.

El tercer día de trabajos, observé que llegaba en un viejo aunque bien conservado ciclomotor. Yo, que conocía su mecánica al dedillo, pues tenía una igual hace años, crucé algún comentario acerca de su buen estado. Dani, que así se llama, se alegró visiblemente de poder intercambiar opiniones sobre viejas máquinas, ya que le interesaba mucho el tema. Esas conversaciones me permitían pasar largos ratos charlando con el mientras trabajaba. Nadie se quejaba de que perdiese un poco el tiempo, primero porque yo procuraba no importunar en exceso y segundo porque, como más tarde me enteré, el contratista era su “suegro”.

Como es habitual en el sur de la península, el tiempo frío duró poco, dando paso a un calor importante cuando se estaba a pleno sol. Esto propició que Dani no tardase en desprenderse de parte de su ropa al trabajar, dejando desnuda la parte superior de su cuerpo. Tal y como supuse, era de piel más bien blanca, aunque se notaba sobre todo en los costados, por debajo de las axilas, ya que el resto lucía el típico “moreno de albañil”. Su abdomen era plano, no especialmente marcado, al contrario que su pecho, que era coronado por unos pezoncitos pequeños e infantiles. Yo me deleitaba con su observación y con la charla, que continuábamos a diario animosamente. A veces me pedía fuego, sujetando mi mano entre las suyas para que no se apagase el mechero, cosa que me calentaba sobremanera. Finalmente acabó la obra con un resultado ciertamente satisfactorio. Para celebrarlo, invité a toda la cuadrilla a un refrigerio, aprovechando Dani esos momentos de distensión para buscarme y seguir tratando nuestro tema favorito.

Durante algún tiempo, seguí viéndolo por ahí. Él me saludaba alegremente al igual que yo. Me gustaba muchísimo, no solo físicamente, ya que estaba para mojar pan, sino que me agradaba mucho su compañía, porque a pesar de su trato tosco e incluso desagradable con los compañeros, cuando hablábamos de nuestras cosas era como cualquier chiquillo curioso, mostrándose simpático y sonriente. Ya llegado el verano, tuve una pequeña avería en el baño. El bidet, a pesar de que nadie lo usaba, empezó a perder agua. Además había provocado que una de las baldosas junto a el se despegase. Confieso que lo mío es solo la mecánica, porque soy un total negado para la albañilería. Como quedé muy satisfecho por el trabajo anterior, volví a llamar al mismo contratista. El se alegró mucho por mi confianza y me confirmó que mandaría a alguien el domingo, ya que tenía bastante trabajo entre semana.

Llegó el día, y cual fue mi sorpresa al abrir la puerta y encontrarme con Dani. Me estrechó efusivamente la mano, diciendo que le alegraba mucho verme. Pasó al garaje para que le mostrase mi última adquisición: un fabuloso Ford Capri V6 del 83, que le encantó. Seguidamente entramos al baño para evaluar la avería. Me dijo que tenía fácil arreglo y fue a buscar los materiales necesarios al almacén de su suegro. Cuando volvió, charlamos animadamente sobre el coche. El permanecía arrodillado en el suelo mientras trabajaba y yo fingía gran interés por su progreso, pero en realidad me deleitaba con la visión de su tierno culito totalmente en pompa.

En un descuido, un pequeño tubo en mal estado se partió, despidiendo un incontrolable chorro de agua. Yo corrí a cerrar la llave de paso, pero cuando volví al baño, descubrí que era demasiado tarde, ya que Dani estaba totalmente empapado. Él estaba muy preocupado, pero yo no pude contenerme y solté una sonora carcajada al verlo así. Cuando comprobó que no me había enfadado por el incidente, también se echó a reír, pidiéndome una fregona para recoger el agua. Una vez secó el suelo, le indiqué que pasase al patio trasero y se pusiera al sol, pero me dijo que quería terminar pronto y que mejor se quitaba la ropa mojada.

Ante mí y sin pudor alguno se sacó toda la ropa, colgándola en una percha y quedando solo con unos minúsculos calzoncillos blancos que, al estar igualmente mojados, permanecían irremediablemente pegados al cuerpo transparentando todo, exceptuando por delante, a causa de esa especie de forro interior que llevan en esa parte. De esa guisa, volvió a arrodillarse en el suelo, a lo que yo miraba extasiado. Su culo quedaba perfectamente dibujado a través de la escasa tela mojada que lo cubría. Cuando hacía algún esfuerzo para apretar o aflojar una tuerca, lo tensaba por lo que se le metía el calzoncillo por la raja, dejándome ver esos excitantes hoyuelos que se forman en los glúteos bien formados. El por su parte, seguía la conversación como si nada.

De pronto, oímos un ruido que nos hizo girar al unísono. La percha donde había colgado su ropa se había caído, arrancando incluso los tacos de la pared por el peso de la ropa empapada. Nuevamente, nos echamos a reír, bromeando con que si permanecía mucho tiempo arreglando cosas, me desarmaría toda la casa. Me dijo que no me preocupase, que tan pronto terminase con lo que hacía, colocaría también la percha. Continuó su trabajo unos minutos más entre bromas y ocurrencias de ambos, hasta que me dijo que debía esperar un rato a que la masilla para sellar secase un poco para poder terminar. Le ofrecí tomar una cerveza mientras tanto, a lo que accedió gustosamente.

Mientras yo preparaba la bebida, él paseaba por la casa con tan solo los calzoncillos como ropa. Yo estaba súper excitado y tenía que controlarme para no abalanzarme como una perra en celo sobre él. Nos sentamos en el patio uno frente al otro. Él se dejaba caer despreocupadamente en la silla con las piernas abiertas. El espectáculo era para morirse. Sus firmes muslos. Los trabajados brazos y un paquete nada despreciable entre sus piernas. Al cabo de un rato dijo que debía continuar, pero que colocaría la percha primero. Supongo que no debía estar muy acostumbrado a beber, porque estaba aún más desinhibido que antes, toqueteándose el bulto de sus calzoncillos sin pudor alguno. Caminé tras el hasta el baño sin poder apartar la vista de ese culo que hacía permanecer mi polla en constante erección.

Colocó los nuevos tacos en la pared y cuando iba a atornillar la percha me pidió que la sostuviera mientras él la apretaba. Me coloqué tras él, sujetando la percha por encima de su cabeza. Al hacer esto, mi paquete quedó totalmente apoyado en su culo. Él no dijo nada. Solo continuó. Colocó un primer tornillo, pero al proceder con el segundo, se le cayó al suelo. Automáticamente se agachó a recogerlo flexionando la cintura, por lo que empujó con fuerza mi polla contra su culo. Yo juraría que incluso se demoró demasiado en recoger el oportuno tornillo. Volvió a su posición original y cuando hacía fuerza para apretar, empujaba lentamente hacia atrás, haciendo que mi erecta polla, atrapada dolorosamente hacia abajo a causa de mi ropa interior, se posase a todo lo largo de su raja. Yo creí que me correría, pero en ese momento acabó, dio la vuelta sobre si mismo y con su rostro prácticamente pegado al mío me dijo: “Ya está. ¿Seguimos con lo otro?” mientras esto sucedía, su polla, que formaba una auténtica tienda de campaña en los calzoncillos, rozaba levemente la mía. Me aparté turbado y empecé a atar cabos. Era demasiado descaro. No podía ser casualidad. Me estaba pidiendo guerra y se la iba a dar.

Y tanto que la pedía. Se giró mirándome sensualmente y comenzó a trastear bajo los grifos del bidet, pero ahora no se puso de rodillas, sino que solo dobló la cintura, quedando su culo directamente hacia mí, dispuesto a recibir una estocada. Me dijo: “Ven mira. Aquí estaba el problema”. Me coloqué detrás de él, apoyando ya sin reparo alguno mi miembro en su culo y echándome sobre su espalda para mirar lo que me señalaba con la cara pegada a su oreja. Apoyé mis manos en su cintura y él seguía como si nada. Estaba tan claro, que las deslicé hasta sus calzoncillos, tirándolos hacia abajo mientras disfrutaba de la suavidad de la piel en sus caderas.

Me costó un poco, ya que al elástico superior no le fue fácil sortear su durísima polla. El continuaba trasteando los tubos y me explicaba el proceso que seguía con una voz cada vez más tenue, entrecortada por leves jadeos. Llevé mi mano hasta mi short y lo dejé caer. Mi polla saltó como un resorte, quedando atrapada en la parte baja de su culo. Con la mano derecha la tomé y enfilé directo a su agujero. El dejó de trastear para asirse fuertemente con ambas manos al bidet.

Comencé a empujar despacito, consciente a pesar de mi calentura de que no estaba lubricado. Con mi mano movía mi polla en la entrada de su ano a fin de que mis jugos facilitaran la maniobra. Llevé mi mano a la altura de mi boca y escupí en ella. Volví a mi polla y la ensalivé un poco. Ahora si que no había vuelta atrás. Despacio, pero sin pausa, empecé a empujar con la cintura. De la boca de Dani solo salía un “ahhh” suave y continuo. Conseguí introducir la cabeza y paré. Mi respiración era rápida y ambos transpirábamos abundantemente. Continué empujando nuevamente despacio, pero sin parar. Dani seguía emitiendo el mismo sonido, aumentando el volumen conforme mi polla se iba abriendo paso por entre sus entrañas.

Cuando casi había llegado al fondo, empecé a meter y sacar, al principio suavemente, pero aumentando la velocidad paulatinamente, hasta que el ritmo de mis embestidas se convirtió en feroz, haciendo que incluso Dani se pegase algún coscorrón contra la pared. Su dilatación aumentaba por momentos, y ya no me costaba casi moverme dentro de él. Sacaba mi polla del todo, para después, de un solo tirón, metérsela hasta los huevos. De pronto Dani comenzó a contraer su esfínter, preludio de una espectacular corrida que alcanzó hasta la pared. Esa presión pudo conmigo, por lo que eyaculé tal cantidad de leche que me sorprendió.

Aun con mi polla dentro, comenzó a incorporarse. Echó su cabeza hacia atrás apoyándola en mi hombro. Buscamos nuestras bocas y nos besamos lascivamente. Mientras tanto, yo acariciaba su cuerpo, el torso que tantas fantasías me había inspirado, su empequeñecido pene, sus huevos, sus muslos… Sin sacar el huésped que tenía alojado en su culo, volvió a inclinarse, pero esta vez colocó su pie derecho en el bidet, en una clara invitación a continuar la fiesta. Y mi polla volvía a tener ganas de fiesta. Volví a moverme despacio, acelerando el ritmo mientras él dibujaba círculos con sus caderas. A los pocos segundos, ya estaba embistiéndole como un animal mientras él se masturbaba. Aparté sus manos de su polla y la hice mía, meneándola a veces, sobándola otras, hasta que nuevamente se corrió, esta vez en mi mano.

Aceleré el ritmo y volví a correrme en su interior. Estaba exhausto. Salí de él y me senté en la tapadera del inodoro. El se incorporó y vino a sentarse a horcajadas sobre mí, quedando cara a cara. Me besó tiernamente y con expresión de total felicidad y voz suave y sensual me dijo: -¿No decías que no sabías nada de albañilería? -Y no sé.

-Mentiroso. Se te da mejor que bien abrir y taponar agujeros.

Reímos la ocurrencia y permanecimos un rato más así. Luego nos duchamos y terminó el trabajo que había venido a hacer. Aunque realmente dudo de cual era el trabajo que venía a hacer.

El sigue con su novia y trabajando para su suegro. A pesar de lo mucho que disfruté, nunca he ido a buscarle para satisfacer mis calenturas. No ha hecho falta. De vez en cuando aparece por casa para usar mi “herramienta”.

Autor: Vcuezval

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La mujer del albañil

Él de inmediato la besa introduciendo la lengua hasta la garganta de ella, mientras embiste fuertemente, ambos gimen, ella tiene varios orgasmos y él presiona los pechos palpitantes y enrojecidos de ella al tiempo que acelera las embestidas pronto derrama gran cantidad de esperma impregnando el ano de ella y produciéndole otro orgasmo.

Cuando mi hermana se casó, pude al fin respirar tranquilo, pues no es fácil que entrando a la adolescencia tengas que soportar los comentarios lujuriosos que sobre ella vertían tus amigos.

Ella se casó siguiendo los consejos de sus amigas, busca un hombre rico y guapo, le decían, y así lo hizo. Todo parecía perfecto, pero desde la primera noche, la intimidad fue decepcionante, su hombre guapo carecía de pasión, de esta manera ella aprendió a fingir orgasmos, así transcurrió un año.

Cierto día su esposo decidió ampliar la casa, para ello contrató a un albañil que conocía desde la infancia pues solía hacer trabajos en el barrio donde vivía, Don Mario era un hombre de 58 años, piel cobriza, muy baja estatura, apenas rebasaba el 1.53 metros, sus brazos parecían más largos de lo normal, en su rostro cacarizo, destacaba una nariz anormalmente chata, recuerdo de su intento fracasado de ser boxeador, cuando caminaba lo hacía ligeramente encorvado, en fin, distaba mucho de ser un Adonis.

Un domingo como lo tenían convenido, el albañil se presentó en la casa con el fin de enlistar los materiales que se requerían y que tendrían que estar en la puerta de la casa al día siguiente para acarrearlos al interior de la vivienda. Cuando todo estuvo listo y el albañil se marchó, mí hermana le preguntó a su esposo, -¿Y ese neandertal de donde lo sacaste? a lo que este respondió, -Ha trabajado con la familia por largo tiempo y es de confianza, no importa si te dejo sola con él, y si, es bastante feo, pero trabaja bien, que es lo que cuenta.

Al día siguiente llegó el material requerido, consistente en  varillas, bultos de cemento, arena y ladrillos Mi hermana espera la llegada de Don Mario el albañil, no esperó demasiado ya que al poco rato se escuchó el timbre, ella abrió la puerta, después de un breve saludo Don Mario empezó su labor.

Mientras el albañil hacia su trabajo, mi hermana fue a ordenar su habitación, al pasar por un espejo se miró, sin duda era una mujer atractiva, rubia, de 1.70 metros de estatura, piel blanca y tersa, con un cuerpo perfecto, a sus 24 años, como era posible que no despertase la lujuria en su esposo o ¿acaso su esposo no despertaba la libido en ella? Sin duda eran ambas cosas.

Una vez ordenada la habitación, pudo contemplar al albañil trabajar, sin que este se diera cuenta, si que es feo, se dijo, pudo ver, como con gran agilidad, a pesar de sus años cargaba 2 bultos de cemento de 50 Kg sin mucho esfuerzo y los conducía al 2do nivel de la casa por una escalera de peldaños, pronto el calor le obligó a quitarse la camisa y continuó su trabajo con el torso desnudo y cubierto de sudor, mi hermana al contemplar los marcados músculos del albañil  no pudo más que compararlos con los flácidos y muy poco desarrollados  músculos de su esposo, mientras más contemplaba a Don Mario más atrayente le parecía.

Según un estudio Británico,  las mujeres en ovulación buscan instintivamente hombres de apariencia tosca feos pero fuertes y esto las atrae sexualmente. No sé si este estudio sea auténtico, pero lo cierto es que mi hermana estaba excitada con lo que contemplaba, lo suficiente como para idear un plan de seducción, sabiendo que al día siguiente no vendría a comer su esposo.

Al día siguiente se preparó para llevar a cabo su plan, poco antes de la hora de comida donde estaría sola con el albañil, se bañó y vistió de manera seductora, usó una blusa blanca casi transparente, sin sujetador, una falda negra muy corta, y una diminuta tanga también negra.

A la hora de comida el albañil se dispuso a comer en la cochera, pero ella insistió en que la acompañara al comedor, mientras él estaba sentado, ella disimuladamente dejaba caer cubiertos, para agacharse y mostrarle su bello trasero, la falda corta permitía  ver, al agacharse, la tanga negra, pudo ver que estaba teniendo éxito, al contemplar la gran erección que el albañil intentaba disimular sin poder hacerlo…

Este juego de seducción la excitaba aun más, sus pechos se pusieron erectos y pudo sentir la tanga humedeciéndose, mientras conversaban ella tocaba por accidente alguna parte del cuerpo de el y ambos sentían una corriente eléctrica atravesar sus cuerpos. La piel blanca de ella ahora mostraba matices rojizos, sin duda rubor sexual. Se puso de píe y encendió la radio, se acercó a él y extendiendo su mano le dijo ¿bailamos?

Este algo asustado por lo inesperado de la situación le dijo:

-No, ¿que pensará el patrón yo bailando con su esposa, esto es terrible? -¿Dices que estoy fea que soy terrible? le respondió ella, -No, es eso, al contrario está usted muy bien respondió él, pero si se entera,

-No se enterará interrumpió ella, además yo sería la más perjudicada, -Bien respondió él.

La tomó por la cintura y la aproximó a su cuerpo, al juntarse sus cuerpos pudo sentir como los pechos de ella, se ponían erectos, entonces sin hacer caso a la música, empezó a masajear los pechos de ella, a palparlos a través de la blusa, mientras ella gemía:

-Sigue, le dijo, no pares…

Al oír aquello en un rápido movimiento desprendió la blusa de un solo movimiento, dejando libres el mejor par de tetas que hubiese visto, blancas con pezones rojizos, sin esperar, comenzó a lamer las aureolas y de inmediato percibió como palpitaban al tiempo que ella lo animaba diciendo:

-Esto es lo que necesito, un macho que me sacie y no un delicadito como mi esposo.

Continuó trabajando sus pechos, succionando con levedad al principio y con avidez después, en medio de gemidos y gritos de ella,

– Maaass bébelo todo es tu leche le decía.

Mientras succionaba los pechos, sus manos descendían por debajo de la falda y tocaban sus firmes nalgas con una de ellas notó la humedad de su tanga, la hizo a un lado y procedió a estimularla introduciendo una pequeña parte de su dedo en la vagina, ella respondió tocando su pene a través del pantalón, él continuó desprendiendo la falda de ella, dejándola casi desnuda solo con la tanga, mientras que él quedaba totalmente desnudo.

Desprendió poco a poco la tanga, mientras lamía sus muslos para luego deslizar su lengua hasta la entrepierna, provocando gemidos en ella, su lengua continuó explorando hasta alcanzar su ano…

Una vez ahí su lengua realizó movimientos circulares en torno a este, despertando una lujuria inaudita en ella, que gritaba, gemía e incluso producía un sonido gutural, semejante a un aullido,

-La quiero adentro le dijo, toda, rómpeme…

Él preparó su pene y lo introdujo en la húmeda vagina, ella gritó de placer y se estremeció, mientras él iniciaba el mete saca, la piel rojiza y sudorosa por la excitación de ella, lo estimulaba más…

-¿Eso es lo que querías? y aquí lo tienes perra, te encanta ¿verdad? Le dijo, -Siií respondió ella, soy tu perra y esto es lo que quiero, al tiempo que sobrevenía un fuerte orgasmo…

Él continuó, mientras acariciaba el ano de ella con la mano derecha y con la izquierda presionaba uno de sus pechos. Él gimió al eyacular y un torrente de esperma se depositó en la vagina de ella al grado de chorrear por sus muslos.

Pasado un poco de tiempo, ella tomó el flácido miembro y comenzó a succionarlo, de inmediato este se puso erecto, ella entonces le dijo:

-Estás listo de nuevo, mientras se colocaba en posición de perrito, ahora quiero que me des por el culo le dijo…

Él se aproximó y comenzó a lamer frenéticamente su culo, introdujo su lengua casi totalmente en el ano haciéndola gemir…

-Chúpame todo, le dijo, mi culo es para tu goce y disfrute, ahaha, ahhhh, papito, mi macho, mi semental, rómpeme el culo, métela hasta el fondo…

Él escupió en el ano e introdujo sin problema, primero un dedo y después otro ante los gritos de ella, para después introducir la cabeza de su pene, provocándole dolor,

-Me duele dijo, entonces él se detiene para preguntar si desea suspender todo, pero ella le dice:
-No, esto tiene que doler un poco, sigue por favor…

Él comienza de nuevo en medio de gemidos de ella, primero de dolor, después de placer, una vez reinando el placer, él comienza a embestir cada vez con más intensidad, hasta introducir el pene hasta la raíz, sus manos aprietan los erectos y húmedos pechos de ella, mientras le lame la espalda y muerde suavemente su oreja, ella gira su cabeza quedando de perfil y ofreciéndole su boca.

Él de inmediato la besa introduciendo la lengua hasta la garganta de ella, mientras embiste fuertemente, ambos gimen, ella tiene varios orgasmos y él presiona los pechos palpitantes y enrojecidos de ella al tiempo que acelera las embestidas pronto derrama gran cantidad de esperma impregnando el ano de ella y produciéndole otro orgasmo, exhaustos, ambos descansaron un momento se ducharon y vistieron, para volver cada quien a lo suyo.

Don Mario continuó con su trabajo, al terminar la jornada diaria y sin que el esposo de mí hermana se diera cuenta ya que había regresado del trabajo, se acercó a ella y le dijo en voz baja, ¿repetiremos algún día esto? o ya no, ella le respondió con un beso, introduciéndole la lengua y agregando, desde hoy soy tu mujer, tu perra y no se tú pero tengo muchas ideas calientes para hacerlas contigo.

Él se marchó a su casa sabiendo que tenía muchas y sensuales cosas que hacer en los días venideros.
Esta historia es verdadera, el como me enteré de todo será motivo de otra historia.

Aguardo sus comentarios, gracias.

Autor: Ramiro Guerra

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Mi mono albañil delicioso

Me dolía pero al mismo tiempo lo disfrutaba, solo me clavaba la punta  y lo disfrutaba, así por varias veces y a él le encantaba, por fin me decidí y me lo enterré  completico y aceleré el ritmo, lo hacía eso sin que se saliera. De repente estalló un grito y se descargó en mi culo por completo, y yo de paso escupí todo mi leche en una singular venida al mismo tiempo.

La historia que voy a relatar ocurrió en Bucaramanga – Colombia, ciudad en la que vivo, soy un chico serio sin amaneramientos, joven de 23  años, de 1.70 blanco delgado, cabello negro, ojos negros expresivos, me dicen que hablo con ellos,  simpático para muchas personas no digo que para todos porque la belleza es subjetiva siendo  modesto.

Un día después de salir de una cita médica y unos exámenes de chequeo general siendo aproximadamente las 11 de la mañana en ayunas y con muchísima hambre salí en mi moto de la clínica a buscar un lugar donde comer, a una cuadra encontré una tienda, estando en ese lugar vi un tipo mal vestido con ropa pintada y sucia que a mi parece era un albañil de la obra del lado pero su ropa no era el problema sino para mi su atractivo más grande, pues siempre había querido tener  algo con alguno, y como este era un hombre de unos 32 años mono bronceado por el sol y rostro agradable, lo observe más de la cuenta.

Él al darse cuenta sólo sonrió, compró unos cigarros, me saludó y se fue, yo muy detenidamente salí  miré y me di cuenta que efectivamente trabajaba en una obra al lado,  construía un edificio, por mi parte regrese a la tienda comí algo y me dirigí a mi moto, muy ganoso, excitado aquel hombre me prendió la sangre sexual  en pleno día, así que me dediqué a dar vueltas y ver que  me encontraría por las calles, di muchas vueltas y no conseguí  NADA, así que tomé rumbo a mi casa pero cambiando de dirección cogí una vía antigua y sola donde no transitan tantos autos y es menos congestionada, era aproximadamente las 12:30 del medio día y de repente paré, me bajé de la moto por que mediaron muchísimas ganas de orinar,  ya no aguantaba…

Cuando esta terminando veo pasar al albañil en una bicicleta a todo dar, me pareció o fue mi impresión así que prendí mi moto y me puse en búsqueda de aquel hombre que despertó mis ganas y si efectivamente era él algo sudado lo cerré y le dije para entablar charla que a donde salía esa vía que no era de aquí y que estaba algo perdido,  me indicó y fue mi pretexto para preguntarle donde vivía  y como se llamaba, me dijo que muy cerca en una finquita,  mejor dicho un lote desviando  la vía, con su mujer y que tenía tres hijos , así mismo me dijo llamarse Mauricio.

Me dio pie para decirle entre tantas cosas que para ser joven o por lo menos de apariencia que tener tres hijos era que se la pasaba tirando y no precisamente trabajando,  sonrió y le agradó el cometario hablamos como 15 minutos de bobadas y preguntas sin sentido,  me comunicó  que se iba porque su mujer lo esperaba con el almuerzo que volvería a pasar por el mismo lugar 20 minutos antes de las 2 de la tarde, hora en que comenzaba nuevamente en su trabajo,  que si quería pasaba 40 minutos antes y que nos fumáramos un cigarro y hablábamos, eso si que lo consiguiera porque é no tenia y quería fumarse uno.

Obvio Si le dije y mi querido men se fue de una, mi problema ahora era donde conseguirme el cigarro? Seguí en la dirección a ver quien me ayudaba pero es que hay día de días, en los que el éxito es para uno, efectivamente había un indigente, le pregunté donde podía conseguir, me dijo que me vendía el de él así que se lo compré y esperé a que llegara la hora pactada.

Efectivamente llegué y él estaba ahí me dijo que si lo había conseguido.

– Si claro pude comprar un poquito que me vendieron, lo vio y me dijo:

-Es suficiente, sígueme que conozco una parte sola donde podemos fumárnoslo, de paso puedes ingresar la moto, nadie pasaba por el lugar.

Yo lo seguí pero la verdad es que en mi viva he fumado uno, él muy querido me vio  de amistad y tal vez cara de vicioso pero no precisamente de ese tipo de vicio, mi vicio es  otro, estando allí hablamos mientras lo armaba,  me retomó el tema de su mujer y lo mucho que lo hacía con ella pero que estaba embarazada nuevamente y que casi ya no hacia nada con ella, por su estado, me llamó la atención el tema y lo curioso me dije a mi mismo ¿será que este sabe lo que yo quiero precisamente?

Me habló y me preguntó que si tenía amigas que le presentara para salir, que debían estar bien buenas, yo me puse hablarle de una específicamente diciéndole que estaba bien buena y que era reputa, le inventé una historia bien cachonda de un trío y lo motivó mucho diciéndome, huevón usted hasta excitado me puso de solo imaginármela (yo me dije mentalmente cayó, es hora de atacar)

-Le respondí después de él tener unos porros en la cabeza,  que si quería yo le sacaba esa leche  y de paso le bajaba esa calentura.

Muy sorprendido me dijo ¿eres maricón? Le dije, acaso no se dio cuenta de mis miradas en la tienda. No respondió nada.

– Mamármela un hombre, la verdad nunca lo he hecho y no se si me pare…

Le dije: Pues usted es el que decide, yo le aseguro que le puede gustar, pues tocar no es entrar, las cosas se tiene que intentar, pero estaba más nervioso con lo trabado que estaba el tipo me podía hasta coger, pero precisamente no como yo quería sino a pata.

Calló nuevamente, no me dijo nada, solo siguió fumando, al rato me dijo, háblame de su amiga y preséntemela que me intriga conocerla.

-Se la presento, pero primero tengo que hablarle a ella de cómo usted  la tiene, mi sorpresa fue grata,  de inmediato se desabrocha el pantalón, veo algo muy sexi, mi rudo albañil musculoso  la saca por completo  como  un fierro, tremendo animalazo se gasta  el  mono Mauricio.

La verdad siempre he leído artículos que dicen 28 cm y 7 grosor grande inmensa, descomunal y me digo siempre todos dicen lo mismo, pero en esta oportunidad me atrevía a escribir este relato pues el albañil hace parte de ese selecto grupo de descomunales vergones, me acerqué a tocársela me dijo:

-¡Que suaves tienes  las manos!, sigue más despacio con cariño, ¿quieres probarlo ahora? pruébalo y verás lo que crecerá más y deje la tocadera…

Yo solo observaba aquel monumento de gloria y me decía crecer más por favor, este si es un trofeo.
Así que boquita a la obra, me lo voy metiendo de una, estaba delicioso sabía a hombre rudo, saladito y sudado, que ricura a pesar de lo atragantado que lo tenía. Lo disfrutaba.

-Aaaahhh que delicia,  que labios más ricos, como chupas de bien, semejante placer me esta perdiendo como 10 minutos perdidos Nooo, seguí chupando que lo haces mejor  que cualquier  puta, más, más, más profundo todo tú puedes, tú puedes, se que te gusta. -Uhhh si más que gustarme me encanta tu huevo, me encanta este fierro duro y hermoso, descomunal y despiadado animal te cargas, Uhhh, uuhh…  – ¡Que locura maricón, sos una perra fabulosa, la mejor mamadora que ha tenido mi falo, seguí, seguí, seguí no pares.

Yo mientras chupaba y chupaba me desabroché mi pantalón y me lo bajé por completo para masturbarme, al ver él lo que estaba pasando, subió su mirada y cerró los ojos para no ver más. Muy macho salió el hombre pensé.

Me decía, maricón me imagino que eres una puta mamadora, has de haber mamando mucho porque lo haces re bien, que rico, que placer ahhhhhhh…

Como mi objetivo ahora no era solo ese, me lo saqué de la boca y comencé a toser y toser haciéndome el ahogado le di la espalda y di unos pasos más hacia delante de tal forma que pudiera verme mi trasero y llamar la atención de él con mi tos.

Mauricio abrió sus ojos de inmediato y me dijo, te has ahogado por golosa, hui pero que gran rico culo tienes redondito y paradito  si que estás lleno de sorpresas, como tu garganta ya no puede, tu amigo culo le tocará recibir un invitado y de paso sacarme la leche.

Jajaja Nooo, es muy grande además soy un marico que casi no ha comido verga por el culo. Le dije así haber como reaccionaba.

-Uhhh no, no seas así puto lindo, que esa leche tú la quieres yo te rompo ese culo pero con delicadeza, nos hacemos un favor mutuo, tú le das comida a esas nalgas y yo te entrego mi leche.
Pues si, ese era mi objetivo y no me iba hacer más de rogar, así que mi culo a la carga, le dije es muy grande me vas a romper todo, sueva papi, suave, ahhh, Uhhh no, ahiii, empezó a meterlo despacio, la puntica iba entrando en mi apretado culo y me ardía hasta el infinito, utilicé un poco más de saliva para poder resistirlo, que dolor pa HP, despacio, despacio sácalo otra vez y vuelve a empezar pero despacioooo.

-Que rico, que fortuna, como estaba deseando coger con las ganas que me han dado hace días,  como estás de apretadito, que puta más rica tengo en mis manos, de una lo empujo todito…

De la gran fuerza me abrió todos lo pliegues anales de una, me dejó muerto con ese fierro atravesado por completo en mi ser, todo, todito inimaginable me lo había comido todo, no quería que se moviera ni un segundo pero no fue así, su ritmo fue en aumento me dolía pero me gustaba sentir ese dolor placer.

Que maravilla tener ese falo en mi cuerpo y más de semejante semental blanco, de piernas gruesas velludas, vello fino mono dorado y suave que podía acariciar con mis manos, sus manos grandes y ásperas en mi cintura, de pecho ancho y sin vellos y dentro de mi culo una vergota de 24cm por 5cm de ancho cabezona, rosadita tipo volcán cada vez más gruesa en su base, un hombre macho, macho, aquel albañil que me encontré en la tienda.

-Si mi estómago quería comida, mi culo la había conseguido y por porción grande,
Me dijo ponte bien en cuatro, que quiero cogerte como te lo mereces puta…
Así lo hice…

– Hui se te ve una papaya divina, para partir de una ahhh, ahhhh que rico, rico muñeco caliente si que estás, como te lo tragas todo,  todo,  que profundidad ya lo estoy logrando aguanta más que ya lo logramos juntos me decía, ni imaginarme este puto tan sabroso.

Me dolía pero al mismo tiempo lo disfrutaba, así estuvimos como por 3 minutos que me parecieron horas,  me pare sin que se me saliera su vergota y lo empuja hacia atrás y  ahora empecé  a llevar el ritmo de la culeada, me paraba y me sentaba, me paraba y me sentaba, solo me clavaba la punta  y lo disfrutaba, así por varias veces y a él le encantaba, si que lo haces bien, Uhhh,  hasta que por fin de decidí y me lo enterré nuevamente completico y aceleré el ritmo, Uhhhhhhhhh que puta soos, como sabes, que culo más rico y apretado, me vengo, me vengo, me vengo, aceleré el ritmo más rápido lo hacía eso sin que se saliera pues me paraba menos y mis movimientos se duplicaron.

-De repente estalló un grito como el de tarzán en la selva y mi mono se descargó en mi culo por completo, y yo de paso escupí todo mi leche en una singular venida al mismo tiempo, luego me cogió  y no me dejó parar hasta que se le durmiera ahí dentro de mi culo…

-Así te va a doler menos cuando se termine que contraer tu culo, de paso yo lo seguiré ahí teniendo y sintiéndolo ese calorcito.

Cuando me soltó me paré enseguida, pues ya sin excitación no me lo resistía, puede ver su condón sangrado total y lleno de semen por dentro, me dio miedo de ver eso pensé que destrozó por completo.

-Jajaja sonrió el mono si pareces que hubieras sido virgen, se te estalló todo por dentro por tragona y golosa, son muy pocas las que se lo han comido todito y tu maricón te lo tragaste completico y me dejaste agotado y fascinado por verraca forma de cabalgar, ya no necesito a tu amiga, necesito que vengas mañana pero eso si, una hora antes que te daré otra tanda de mejor forma.

Eso si cualquier culo se estalla con semejante verga. Mauricio mi mono se vistió de una, cogió su bicicleta y salió por la vía rumbo a su trabajo.

Al día siguiente no pude ir a la cita pues el dolor y ardor interno me lo impedía, una semana después pasé a la misma hora y no lo logré encontrarlo, seguí haciéndole cacería hasta que un mes después lo vi en la obra, me dijo marico falso, cuantas pajas me he sacado a tu nombre, a ver si vas hoy nuevamente al mismo lugar donde te he esperado.

Efectivamente pasé al día siguiente pero eso será en otra historia, Con mi mono albañil llevamos haciéndolo 3 años seguido y esporádicamente pero eso si, ahora prefiere mi culo que el chocho de su mujer. No que no he logrado es poderme comer su culo por que macho, macho dice ser hasta la sepultura.

Si les gustó espero sus comentarios, además tengo muchas más historias para contarles…

Autor: Jeison2347
Jeison2347hotmail.com

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