Me encanta el sexo

Parejas liberales, Trío, MIlf. Martín y me pone de cuatro patas. Aprovechando lo dilatado que estaba mi culito y que chorreaba la leche de Martín y mi propia sangre, me la pone pero muy despacio, centímetro por centímetro, mientras yo me masturbo. No había llegado a ponérmela toda cuando acabo de nuevo, pegándole fuertes sacudidas en la pija, lo que acelera su venida. Golpeándome las nalgas, acaba entre quejidos.
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La madre de mi novia

Se la metí hasta el fondo de una sola vez, ella solo gemía y se sobaba las tetas de una manera que parecía que se las quisiera arrancar. De repente se paró y se dio la vuelta poniéndose a cuatro patas en el sofá, me agarró la polla y se puso la punta en el culo y empezó un movimiento lento de adelante y atrás, metiéndose la polla poco a poco, hasta que al final quedó dentro completamente.

Hola, me llamo Alberto, tengo 26 años y soy de Burgos, soy un asiduo a los relatos de esta muy buena página, y por fin me he atrevido a contar lo que pasó con la madre de mi novia, yo soy rubio, ojos verdes y 1.80 m. La madre de mi novia es Morena, de 54 años, sobre 1’65m un bonito culo y unas enormes tetas.

Todo empezó un domingo que mi novia me invitó a comer al chalet que tiene en un pueblo aquí cerca, teníamos para comer una chuletas y me dijeron que si las quería hacer yo porque me salen muy bien, yo acepté, su madre me estuvo ayudando porque era ella la que las iba a repartir, como las asamos en una chimenea del merendero y estaba en el suelo, nos teníamos que agachar, así que cada vez que la madre de mi novia se agachaba se le veía el sujetador blanco de puntilla y sus enormes tetas que parecían que se querían escapar de aquel sujetador, así que con esta panorámica yo me empalmé, cuando acabé de asarlas ellas se puso a servir y yo me quedé recogiendo un poco el fuego y la parrilla, como ella servía por donde yo estaba sentado en vez de dar la vuelta a toda la mesa pasé por detrás de ella y al haber poco sitio entre la mesa y la pared donde ella estaba sirviendo, la agarré por la cintura para que al pasar no la pudiera tirar, así que al pasar noté como mi polla, todavía dura, se metía en la raja de su culo, que sensación; ella por supuesto se dio cuenta de ello, pero no dijo nada.

Una vez que nos sentamos a la mesa su marido la preguntó que porque estaba tan colorada, ella dijo que era por el calor de las brasas, y me lanzó una mirada a ver como reaccionaba, yo seguía como si no hubiera pasado nada, durante el transcurso de la comida me lanzaba miradas como observando que es lo que hacía, si lo de antes había sido fortuito o no.

Después de la comida el padre de mi novia se fue a echar la partida de los domingos al bar del pueblo, hasta por la noche no volvía, mi novia tenía que ir a dar unos masajes a unos vecinos de sus padres, ya que ella era quiromasajista y tenía para toda la tarde, yo me quedé viendo la televisión y su madre se quedó recogiendo la mesa. Cuando acabó de recogerla se vino a ver la tele conmigo, me dijo que estaba cansada y que le dolían los pies, yo le dije que si quería le podía dar un masaje, ella aceptó, porque sabía que los daba muy bien, ya que se lo había dicho su hija.

Puse un pie sobre mi pierna y con el otro le estaba dando el masaje, en un movimiento se subió la falda dejándome ver sus bragas blancas de encaje como su sujetador, y como se veía su coño peludo debajo de esas bragas, me puse a cien, tanto que me volví a empalmar, cuando acabé con un pie empecé con el otro y al dejar el pie sobre mi pierna este se resbaló y fue a parar a mi polla dura, ella al notarlo, dio un pequeño respingo, pero no lo quitó de encima, para mi sorpresa empezó a masajearme, ella tenía los ojos cerrados y yo me estaba poniendo cada vez más excitado, me estaba volviendo loco de lujuria, la madre de mi novia me estaba masturbando; de repente ella empezó a tocarse las tetas por encima del vestido y a emitir pequeños gemidos, yo mientras estaba mirando sus bragas y veía como se volvían transparentes y se pegaban a su coño por lo húmeda que se estaba poniendo, llegó un momento en que ya no aguanté más y me tiré hacia sus tetas, empecé a sobárselas y a chupárselas, ella se las sacó del sujetador en un rápido movimiento y como me apretaba la cabeza contra ellas.

De repente le arranqué el vestido y me puse a lamerle el coño por encima de las bragas, ella se había puesto muy excitada, seguí comiéndole el coño y veía como me apretaba contra el para que no dejara de comérselo, seguidamente se corrió y gritó de una manera que me volví loco y le arranqué las bragas de un tirón, ella estaba poseída, no dejaba que me escabullera para que le comiera el coño, seguí comiéndole el coño y el culo, hasta que se corrió cuatro veces, seguidamente se levantó y me bajó los pantalones, saltando mi polla como un resorte, ella empezó a mamarla como una desesperada y vaya sensación, no se podía describir.

Ella seguía sin decir nada solo gemía y gritaba, así que la tumbé en el sofá y se la metí hasta el fondo de una sola vez, entró sin ningún problema, debido a lo lubricada que estaba por las veces que se había corrido, empecé a follarla de una forma frenética, ella solo gemía y se sobaba las tetas de una manera que parecía que se las quisiera arrancar. De repente se paró y se dio la vuelta poniéndose a cuatro patas en el sofá, me agarró la polla y se puso la punta en el culo y empezó un movimiento lento de adelante y atrás, metiéndose la polla poco a poco, hasta que al final quedó dentro completamente.

Noté como su culo se adhería a mi polla y parecía que fuera como un guante, y como cada vez que la sacaba pareciese que el culo la agarraba más para que no se fuera, cuando ella notó que ya me iba a venir, se la sacó y se la metió en la boca sin decir ni una palabra, empezó a mamármela hasta que ya no pude más y me corrí en su boca, bebiéndose toda la leche, una vez que terminé de eyacular, ella no se la sacó de la boca y siguió chupando, provocándome otra erección, cuando estuvo bien dura, se la volvió a meter en el culo y lo único que dijo es: -Reviéntamelo, yo la follé tan rápido como pude, ella gemía y gritaba como una loca, cuando ya no pude más me corrí en su interior llenándola el culo de leche, entonces ella se levantó me llevó de la mano a la ducha y nos metimos dentro, cuando nos estabamos duchando ella me proporcionó una mamada de tal manera que me corrí en su boca. Cuando acabamos de ducharnos ella se vistió y lo único que dijo fue: gracias.

Al poco rato vino mi novia y nos fuimos a la ciudad. Desde entonces no ha vuelto a pasar nada, y ella actúa como si no hubiera pasado nada. Yo espero repetirlo algún día.

Espero que os guste mi experiencia.

Autor: Alberto

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Mi padre y yo; Un hombre y una mujer gozando de nuestros cuerpos

Papá se puso frente a mi, su miembro erecto me llamaba, lo chupé y lo llené de saliva, sin dudarlo coloqué su verga en mi cueva, noté la cabeza enorme penetrar mi sexo, – Lita, ¿es muy grande para ti? – Pa, aunque no lo creas soy virgen. Papá se sorprendió, – Lita si te duele lo dejamos. -No pa, quiero de una vez por todas sentirme realmente mujer. Dicho esto sin mediar más palabras me senté de una.

Mi nombre es Isabel, para los amigos Lita, tengo 23 años, esto que voy a contar sucedió hace unos cuatro años. Vivo con mis padres, ambos profesionales, en aquel entonces tenía un novio, Alberto, nos llevábamos de maravilla hasta que sucedió lo que voy a relatarles.

Era un lunes, con Alberto nos retiramos de la U hacia mi casa como lo hacíamos habitualmente, mi madre por asuntos de su profesión estaba en provincia, como todos los lunes mi padre se reuniría con sus amigos en el club por lo que teníamos la tranquilidad de que nadie nos molestaría.

Llegamos, me dio un beso que casi me come la boca, no me quedé atrás y respondí a su beso, estábamos en el comedor, nos sentamos en uno de los sillones y comenzamos a acariciarnos, de las caricias pasamos, como desde hacía un tiempo, al sexo oral, cabe aclarar que aún era virgen, era de las que “quería“ llegar virgen al matrimonio, le bajé los pantalones y su miembro duro se irguió de inmediato, sin dudarlo comencé a besar la cabeza mientras Alberto me acariciaba mis pechos, él gemía con mis chupones, cuando notamos que se iba a correr quité su pene de mi boca y se corrió en mis pechos.

Alberto se arrodilló y comenzó a chupar mi sexo, lo hacía lentamente, no aguanté mucho, me corrí en su boca entre gemidos de aprobación. Nos limpiamos, él insistía en tener sexo, pero me negué, al rato se retiró no muy convencido, me dispuse a darme una buena ducha, la necesitaba, bajo el agua caliente refloté el momento pasado y me calenté nuevamente, mi sexo pedía acción, mis dedos comenzaron a acariciar mi clítoris, arriba abajo, me sentía re feliz, un relámpago sacudió mi cuerpo, un orgasmo enorme me dejó casi paralizada, el agua me socorrió y disfruté de mi onanismo un largo rato.

Terminé la ducha, me coloqué la toalla en mi cabeza y salí rumbo a mi cuarto, estaba casi desnuda, pero la ausencia de mis padres permitió esa locura, estaba en mitad del pasillo cuando escucho ruido en la puerta de entrada, ¡era mi padre! No supe donde ponerme, creo que el arcoiris tenía menos colores que yo esa noche…

-¡Que bien se te ve Lita! Mi niña está arrebatadora, me imagino los admiradores…

No respondí, salí casi corriendo, en el atropello casi volteo a mi padre, rocé mi mano por su paquete sin ninguna intención, pero noté el bulto muy grande. Llegué a mi cuarto, casi me pongo a llorar cuando escucho a mi padre… – Lita te espero para cenar, por favor no tardes, me ducho y estoy contigo en el comedor…

Me tranquilicé un poco, no era de muerte lo que había sucedido, pero yo estaba muy inquieta, además el roce con papá me volvió a encender, le respondí que ya iba a llevar la cena al comedor. Me puse un vestido sobre mi cuerpo, desnudo aún, y fui a la heladera, saqué el resto del pollo y encendí el microondas, tres minutos, y lo llevé a la mesa. Papá terminaba de ducharse, salió, como acostumbraba, con un bóxer, una remera y ojotas, pasó a mi lado y me dio un beso en la mejilla y trajo de la heladera la bebida.

Nos sentamos a la mesa, no me atrevía a mirarle…- Lita, Lita, vamos que nadie se ha muerto…-Ya papá, ya estoy mejor…En realidad tenía el recuerdo de lo pasado con Alberto, lo de la ducha, el roce con su “paquete”, mil cosas volaban en mi cerebro…

Papá se levantó, al pollo le faltaba un tanto de sal y fue por ella, al regresar, como al descuido, me rozó y sentí nuevamente su bulto, esta vez lo noté mucho más grande, él se dio cuenta que mi mano no evitó el tocarlo, me sonrió…-Lita, no está nada bien, pero … ¿te gustó lo que tocaste…? – Pa es que… yo… No sabía que responder.

Toda mi vida evitando todo trato o gesto que indujera a romper con mi vieja pretensión, llegar virgen al matrimonio, y allí estaba yo, caliente, deseando, sintiendo como mi sexo se humedecía, no sé si se notaba en mi rostro, pero vi en el rostro de mi papá el deseo, ese mismo deseo que percibía en Alberto cuando estábamos juntos.

Papá se paró y se acercó, me dio un beso en el cuello y me apretó con sus piernas, sentí como mis jugos bajaban por mis piernas, en un momento de locura tal vez, pero de profunda calentura le bajé el bóxer, vaya que ese sí que era un miembro más que respetable, daban ganas de comérselo entero ya mismo, y no lo dudé, lo tomé entre mis manos, lo acaricié lentamente, arriba abajo, sobé su huevos, estaban inflamados, papá se acercó más y no aguanté, me metí su verga en mi boca, casi no entraba, le chupaba la cabeza, le lamí sus huevos, despacito me la fui engullendo toda en mi boca…

El palpitar de su pija era una delicia el sentirlo, con una mano en sus huevos seguí chupando, llegó un momento que comenzó a palpitar mucho más rápido, papá me detuvo, me alzó con sus brazos y me llevó a su dormitorio, me tendió en la cama matrimonial, sin perder un segundo me quitó el vestido y comenzó a chuparme los senos, a jugar con su mano en mi clítoris, mordía con cariño mis pezones, yo hervía de calentura, metió su cabeza entre mis piernas y su lengua, su maravillosa lengua, comenzó su tarea, parecía una víbora como la movía, entraba y salía, mi clítoris estaba cada vez más duro, imposible aguantarme más, exploté en su boca llenándolo con mi orgasmo…

-Eres una delicia total Lita, sabes a gloria, esto que hacemos estará muy mal, pero que delicioso se siente…- Papi, eres maravilloso, y tu lengua es genial… – Mi dulce niña, desde hace tiempo que te deseo, que te miraba y más te deseaba, el incesto está mal…pero contigo es tocar el cielo…Tú también pa, ahora me tienes a tu disposición, quiero, necesito de ti, de gozar contigo aunque esté mal, pero que rico es estar contigo….

Mi lujuria estalló al sentir su lengua en la puerta de mi culo, me acomodé, deseaba intensamente que él disfrutara conmigo, tomé nuevamente su verga en un sesentaynueve maravilloso, sentir su verga en mi boca mientras papá me llenaba de placer chupando, ya mi clítoris, ya mi culito, su lengua era un arpón entrando y saliendo de mi cueva, nos olvidamos en esos instantes de que éramos padre e hija, solo éramos un hombre y una mujer gozando de nuestros afiebrados cuerpos.

Pero yo quería más, necesitaba que su pija conociera todo mi cuerpo… Papá se puso frente a mi, su miembro erecto me llamaba, lo chupé una vez más, lo llené de saliva y sin dudarlo me senté sobre él,  coloqué su miembro en mi cueva, noté la cabeza enorme penetrar mi sexo, dudaba, dudaba…- Lita, ¿no te animas? ¿Es muy grande para ti?…- Pa, aunque no lo creas soy virgen…Papá se sorprendió y sólo atinó a decirme, – Lita hazlo, si te duele lo dejamos aquí mismo… -No pa, quiero de una vez por todas sentirme realmente mujer..Y dicho esto sin mediar más palabras me senté de una.

El grito que pegué recorrió la habitación, estaba totalmente ensartada, el dolor era intenso, pero soportable, papá ni se movía, cuando noté que el dolor disminuía comencé a subir lentamente, sentía cada arruga de su piel dentro de mi concha, comencé a subir y bajar, lento, quería gozar esa polla centímetro a centímetro, él tomó mis tetas y me ayudaba a subir y bajar, lo que tantas veces vi con Alberto en los vídeos, bajados de esta misma página, se hacía realidad, jugué con su verga metida en mi concha, hacía movimientos circulares, apretaba mi sexo contra su miembro, quería sentir cada vena, como se desplazaba dentro de mí…

Papá besaba mi espalda mientras acariciaba mis pechos, yo jadeaba, recordaba los videos y me movía adelante y atrás…. – Lita, eres una experta, dijo entrecortado mi papá, pare…ciera que ya lo hubieras hecho infi…nidad de ve…ces…  -Ahhhh…recuuu..eerdaaa los videooossssss…Ahhhh…  Y me corrí otra vez…-Eso Lita…bá..ña…meeee con tusss juuugosssssssss…

Me corrí una y otra vez, su pija estaba más que lubricada y ya no sentía dolor sólo un gran placer…Mis orgasmos se sucedían, creí que moriría de placer…-Litaaaa…me voyyyyy a correrrrrr…nooo…aguan…tooooooooooo másssssssssss….

Me levanté, tomé su verga chorreante de mis jugos, lo acaricié, iba a meterlo en mi boca, pero papá me detuvo…- ¿Me dejassss que te la dé por el cuuuuulito y te lo lleneeeeeeee?…No respondí, me puse en cuatro patas y le ofrecí mi cueva ansiosa, su lengua había hecho su gran tarea, sus dedos lo completaron…

Papá se acomodó detrás de mí y me apoyó el glande en la puerta del culo, antes introdujo sus dedos en mi sexo para humedecerlos, los pasó por su pija, y progresivamente la introdujo en mi culo, sentí un gran dolor, pero no dije nada, me mordí para no gritar, quería que papá, mi amante, me rompiera todo, se detuvo para que mi ano se acostumbrara, el esfínter se acomodó al ancho de ese trozo de carne que pugnaba por entrar, y lo logró, cuando la sentí toda adentro, sus huevos en mis nalgas me lo confirmaban, se detuvo una vez más, luego comenzó un lento mete y saca, él con una mano en mi clítoris acompañaba mis dedos a masturbarme,  mi culo pronto se adoptó a su inesperado huésped, los movimientos se hicieron más rápidos, acabé en sus manos, en sus dedos mientras él seguía dándome su ración de verga por el culo…

-Liiitaaaaaaaaa… te voy a llenar el culito cooooon miii lecheeeeeeee… así, así…

Sentí como lava hirviendo llenaba mi cueva y calmaba mis ardores, mientras me mordía mi oreja siguió llenando mi trasero con su caliente leche….

Terminó y ambos nos tendimos sobre la cama, necesitábamos de esa calma que sigue a las tempestades… Lo miré a los ojos, tenía una sonrisa de oreja a oreja, lo besé, le mordí su genial lengua, le acaricié sus testículos…

-Mejor nos damos una ducha Lita, estamos muy sudados…- Si me llevas en andas….Y me llevó…en la ducha nos enjabonábamos uno al otro… Regresamos a la cama, lo abracé y me quedé dormida entre sus brazos…

Al día siguiente su voz me despertó,- ¿Quieres el desayuno en la cama? – Mi mejor desayuno eres tú papá, no hay desayuno más delicioso que sentirte dentro de mí…Y nos entregamos el uno al otro,  sin ninguna duda fue el mejor desayuno de toda mi vida….

Y a mi, llamémosla confesión, no terminó allí tan así que aún papá sigue siendo mi mejor amante….

Me agradaría conocer vuestra opinión sobre mi “confesión”…

Un saludo y un beso…

Isabel

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La profesora

Gonzalo trataba de aguantar, los pechos de Lucía eran como una máquina de masturbar, un potente chorro de esperma salió disparado golpeando el cuello de Lucía. Los siguientes disparos cayeron sobre sus pechos empapándolos de esperma. Cuando Gonzalo acabó Lucía se dedicó a pasar la lengua por sus pechos tratando de recoger el esperma.

Como todos los días el despertador sonó a la misma hora como un desesperante tintineo en los oídos de Lucía. Su profundo sueño se interrumpió de inmediato e instintivamente su mano apareció entre las sábanas para golpear el despertador que cesó en su intención de hacer cada vez más ruido. De un manotazo apartó las sábanas dejando al descubierto su cuerpo desnudo tan solo cubierto por unas diminutas braguitas blancas. Aún sin despertar y con sus músculos entumecidos pudo alcanzar a ciegas el baño y abrir a tientas el grifo de la ducha. Cuando notó en su mano que la temperatura del agua estaba en su punto entró. El agua sobre su piel empezó a despertarla de su letargo para darse cuenta que se había metido con las bragas puestas. Empapadas las deslizó por sus muslos y las dejó caer en el suelo de la ducha. La mata de pelo negro obscuro que cubría su sexo comenzó a mojarse con el agua que caía como una cascada desde sus pechos acariciando cada centímetro de su piel.

Ya más despierta salió de la ducha y comenzó a secarse, primero su largo pelo negro, para después continuar recorriendo sus brazos y detenerse a secar con mimo sus grandes pechos con forma de pera y oscuros pezones. Su singular recorrido por la geografía de su cuerpo alcanzó el valle de su estómago se topó con el matorral negro que cubría la entrada a la cueva húmeda y cálida del placer.

Levantó una de sus piernas y la apoyó sobre el borde de la bañera para a continuación deslizar la toalla desde la zona interior de sus muslos hasta su tobillo. Una vez estuvo su cuerpo bien seco, extendió sobre la crema hidratante. No dejó ni un solo rincón sin aplicar la crema, incluidos sus pechos.

De un cajón extrajo unas braguitas rojas de encaje y con equilibrio levantando una de sus piernas, la introdujo por uno de los orificios para hacer lo mismo con la otra pierna. Deslizó las braguitas por sus muslos hacia arriba con cierta dificultad pues eran pequeñas, finalmente, la colocó tapando con dificultad el vello de su pubis que luchaba por salir por los bordes de la braguita. Con sus dedos recorrió el borde de las bragas que estaba metido en la hendidura de su culo, para sacarlo y colocarlo sobre sus nalgas acentuando aún más si cabe su redondez.

Después de secar y peinar su melena, eligió del armario ropa ligera pero atractiva, cogió una blusa blanca y una minifalda roja. Prefería llevar sus pechos libres y como se mostraban bastante firmes y levantados decidió no ponerse sujetador. Con delicadeza y extremada sensualidad se puso unas medias lo bastante altas como para quedar tapadas por la minifalda. Finalmente, se colocó con dificultad unas botas negras, que le llegaban hasta las rodillas, y con prisas recogió sus libros para salir con dirección al instituto.

Cuando entró en el aula todos estaban de pie hablando, gritando y fumando, algo que odiaba, sin embargo sí había una cosa que le gustaba, en cuanto la veían entrar comenzaban a sentarse y se callaban.

– Buenos días – dijo haciéndose oír entre el murmullo – la clase de hoy tiene relación con… – continuó explicando.

Desde que fue nombrada profesora suplente en aquel instituto su vida había cambiado, siempre había deseado dar clases, y por eso estudió biología, pero lo que no la convencía mucho era el hecho de que sus alumnos fueran tan solo unos años menores que ella y algunos bastante atractivos.

Ella sabía que no estaba mal, a su edad, 23 años (muy joven según sus compañeros de trabajo), vestía ropa ajustada y provocativa, lo que sabía que producía el comentario y murmullo entre sus alumnos y las malas miradas de sus compañeras más mayores. Aquello no le importaba, pero sin embargo, no le parecía bien que sus alumnos se distrajeran por su causa, aunque por supuesto le gustaba sentirse mirada y admirada.

Desde que empezó en aquel instituto, había un grupo de cuatro alumnos, que se sentaban en su clase al final y que siempre estaban murmurando y hablando sin prestar atención, todos ellos de la misma edad, cinco menos que los de ella, y eso le excitaba. Ese día se había propuesto descubrir que es lo que les hacía murmurar tanto día tras día. Por eso al final de la clase se dirigió a ellos:

– Por favor, Tomás, Alberto, Carlos y Gonzalo quiero que me veáis en mi despacho dentro de una hora, tengo que hablar con vosotros.

Una cosa buena que tenía su despacho era que como había sido la última en llegar al instituto, le habían asignado uno en una zona que se encontraba cerrada y apartada del resto hasta que pudieran darle otro mejor situado, cosa que ella no deseaba.

Como estaba previsto, una hora después de la clase alguien llamaba a la puerta de su despacho, eran sus cuatro alumnos. Ella les abrió la puerta y les hizo pasar. El despacho no era muy grande pero al menos tenía un pequeño baño en su interior al que se accedía por una puerta situada nada más entrar a la derecha. Una ventana se encontraba justo en frente de la entrada y detrás de la mesa ante la cual solo había dos sillas sobre una gran alfombra.

Tomás y Carlos se sentaron en las sillas mientras que Gonzalo y Alberto se quedaban de pie frente a la mesa detrás de la cual se sentaba Lucía.

– Bien, os he dicho que vengáis porque quiero que me respondáis unas preguntas… – Usted dirá – dijo Carlos. – Por favor, habladme de tú, soy casi de vuestra edad.

Todos sonrieron y se miraron entre ellos.

– Quiero saber por qué en mis clases siempre estáis murmurando y hablando en voz baja.

Ninguno de ellos se atrevió a contestar.

– Vamos, de qué habláis, decídmelo. – De nada, cosas nuestras, fútbol, chicas, ya sabe… – respondió Gonzalo. – Vamos, ¿os creéis que soy tonta?, decid la verdad, no os de vergüenza. – En realidad, bueno,… hacemos apuestas…- dijo Tomás. -¿Apuestas?, sobre qué…- preguntó extrañada Lucía que no esperaba esa respuesta. Ella hubiera admitido una respuesta como “está usted muy buena”, “hablamos de usted”, o cosas por el estilo pero ¿apuestas?, ¿qué respuesta era esa?

Todos bajaron la cabeza y ninguno quiso responder.

– Creo que todos somos adultos, así que no veo motivo para que os comportéis como chiquillos, hablad claro y sin vergüenza. Tomás que parecía el más lanzado fue el que respondió, – Hacemos apuestas sobre…sobre el color de su ropa interior….

Todos le miraron indicando que se había pasado sincerándose. Para Lucía aquella respuesta era la que había estado esperando, ahora comprendía lo de las apuestas, tenía sentido, ella era el objetivo de aquellos murmullos constantes.

– Así que no atendéis en mi clase porque queréis saber cuál es el color de mi ropa interior… bien, entonces haremos algo, yo os diré cuál es el color de mi ropa interior al comienzo de la clase y así podréis concentraros en mis explicaciones..

– Verá,…verás…Lucía, en realidad también apostamos quién es el primero en vértela… Dijo Alberto un tanto temeroso. -Entiendo, – dijo Lucía levantándose de su silla y colocándose delante de la mesa y apoyada sobre ella – Bien,…esto ya es otra cosa…- aquello daba un giro nuevo a la situación y abría nuevas expectativas a Lucía. – Veréis, voy a hacer algo que debe quedar entre nosotros y quiero que sepáis que lo hago por vuestro bien… – Dicho esto, se desabrochó la minifalda y la dejó caer al suelo dejando a la vista sus braguitas rojas.

– ¿Veis?, son rojas – dijo Lucía mostrando sus braguitas ante los ojos asombrados de sus alumnos – a partir de ahora las llevaré siempre de color rojo, ya las habéis visto, espero que a partir de ahora prestéis más atención a mi clase y os olvidéis de este tema.

Todos permanecieron en silencio mirando aquellas piernas envueltas en medias negras con las botas puestas que le daban un aspecto realmente sensual. Pero lo que les hizo mirar con más interés era la entrepierna de Lucía tapada con las bragas que dejaba trasparentar una mancha oscura por cuyos extremos se escapaban algunos pelos. Lucía se giró para volver a colocarse detrás de su mesa deseando que alguno de ellos dijera algo antes de finalizar aquella reunión. Sus nalgas se mostraron redondas y desafiantes con las braguitas metidas entre ellas lo que hizo que los cuatro alumnos allí presentes sintieran levantarse sus pollas. Para Lucía, la reunión había terminado, al menos en la teoría pero ella deseaba que no fuera así. De hecho para sus alumnos acababa de empezar. Fue Tomás el que habló:

– …El…el problema es que ahora no podremos olvidarte…- ¿Qué? – preguntó Lucía. – Si nos dejas así ¿cómo quieres que atendamos a tu clase?

Lucía sonrió pícaramente y volvió a colocarse delante de la mesa:

– Pobres, – dijo poniendo voz mimosa – ¿La tenéis dura?, vamos bajaros los pantalones y los slips.

Todos quedaron sorprendidos y alegres al mismo tiempo por la petición de su profesora.

– Pero, y si alguien entra. Esto no está bien- dijo Gonzalo. – Vamos, desde el momento en que yo me quité la falda nada está bien, ¿que más da una cosa más?, además, aquí no va a venir nadie o es que os da vergüenza.

Aquellas palabras desafiantes hicieron reaccionar a Tomás que desabrochó su pantalón y lo dejó caer para seguidamente bajar su slip. Su polla dura y apuntando hacia el techo quedó libre. Lucía sonrió y miró a sus compañeros,

– ¿Y bien?, ¿me las enseñáis?

Ellos observando la reacción de su compañero hicieron lo propio y todos quedaron con sus pollas al aire. Eran cada una de una forma distinta, curvada, tiesa y apuntando al techo, levantada pero paralela al suelo, gruesas y delgadas. Parecía una exposición de pollas.

Lucía se arrodilló delante de ellos y les pidió que se acercaran formando un círculo. Ella comenzó primero a acariciarlas, tocarlas y palpar su grosor y dureza. Las rodeaba con su mano y empezaba a menearlas arriba y abajo lo que hizo que pronto empezaran a jadear por la excitación, pero aún les quedaba lo mejor. Lucía se metió la polla de Tomás en la boca y comenzó a mamarla para seguidamente continuar con las otras tres dándoles el mismo tratamiento. Como una puta chupó aquellas pollas con deseo y gusto.

Lucía sabía que aquello no estaba bien, pero desde que entró a trabajar en aquel instituto y vio la edad de sus alumnos comprendió que tarde o temprano terminaría haciendo aquello. Era su forma de ser, su sexualidad, no podía evitar sentirse excitada al ver un grupo de hombres. Desde que comenzó a estudiar, había follado con todos sus compañeros de clase y algún que otro profesor, incluida una de sus profesoras, una mujer de unos 30 años de buen cuerpo y grandes tetas que siempre vestía ropa ceñida. Fue su obsesión desde el comienzo del curso, y pronto entabló amistad con ella, una amistad que terminó en una fantástica follada en casa de su profesora. Ahora la profesora era ella y se encargaba de darle a sus alumnos lo que ella hubiera deseado que le hubieran dado en su época de estudiante.

Las pollas estaban tan duras y los chicos tan calientes que pronto terminaría aquella triple mamada. Fue Gonzalo el primero en correrse, y lo hizo sobre el pelo moreno de Lucía mientras ella chupaba la polla de Tomás. Grandes chorretones de esperma adornaban ahora su negra melena.

– Avisadme cuando vayáis a correros- dijo Lucía separando su boca de la polla.- no quiero que pueda mancharse la alfombra…- les avisó en tono de broma.

Una de las manos de Lucía continuó masajeando la polla de Alberto y la otra la de Carlos mientras su boca seguía ocupada en enseñar que todo cabe si se sabe cómo hacer. Alberto estaba ya al límite y solo tuvo tiempo de avisar justo cuando empezaba a correrse.

– Ya, ya… señorita Lucía, ¡me corro! ahhhhhh…

Lucía giró su cara hacia su polla justo en el instante de recibir el primer chorro sobre los ojos y la nariz, mientras el segundo caía en su boca ya abierta y era tragado con delectación. Con su dedo recogió el que había quedado sobre sus ojos y lo llevó a su boca chupándose el dedo. Casi inmediatamente, sin tiempo para recuperarse de la corrida de Alberto, Carlos sintió que le venía:

-¡Me corro!, ¡uuummmffff!

Lucía se giró hacia él tan rápido como pudo pero él ya estaba disparando sobre su pelo y su mejilla. Ella puso su mano para evitar mancharse y el resto de la corrida cayó sobre ella. Al final limpió su mano con la lengua para rápidamente seguir con Tomás.

Este era algo más difícil, a Lucía le estaba costando hacerlo terminar pero su experiencia mamando pollas era algo con lo que Tomás no contaba. Su lengua era como una serpiente enroscándose alrededor de su polla y su boca parecía una máquina de succionar. Inevitablemente no podía aguantar más, ella era una chica con matrícula en mamadas y sabía cómo sacar hasta la última gota:

– Aaaahh, joder, me voy a correr, ya, Lucía, ¡chupa!…así, ¡trágate toda mi leche!…

Tomás comenzó a correrse en el interior de la boca de Lucía y esta tragó todo lo que pudo, aunque ella no contó con que un chico de su edad fuera a llenarla. La corrida de Tomás comenzó a salirle entre sus labios y a chorrear por su barbilla. Ella no tuvo más remedio que sacar la polla de su boca de forma que el último disparo de esperma fue a parar sobre su blusa blanca.

– ¡Mierda!, ¡joder!, ya me has manchado, ahora tendré que limpiarla- dijo recogiendo con su dedo el esperma que había sobre su blusa y metiéndoselo en la boca.

Lucía se levantó y fue tras la mesa para abrir un cajón del que sacó un Kleenex con el que comenzó a limpiarse la cara. Mientras, Tomás, Alberto Carlos y Gonzalo empezaron a ponerse sus pantalones con la intención de marcharse.

– ¿Qué coño hacéis?- preguntó Lucía

Extrañados, se miraron entre ellos sin saber que decir.

– Nos vestimos- dijo Alberto. – No pensareis iros ¿no? – Pues… – Quiero decir que ahora os toca a vosotros hacerme acabar a mí. ¿No pensareis dejarme así?

Dicho esto Lucia se quitó sus bragas rojas tiró al suelo todo lo que había sobre la mesa y se tumbó sobre ella con las piernas abiertas. Por primera vez su sexo aparecía con todo su esplendor, húmedo y jugoso.

– ¿Quién es el primero en darme una clase de anatomía femenina?- dijo Lucia

Fue Tomás el primero en acercarse a Lucía colocándose entre sus piernas observando con gusto el coño que se le ofrecía jugoso y abierto rodeado por una capa de pelo negro brillante por la humedad. Acercándose colocó sus manos sobre las rodillas de Lucía sintiendo el tacto de sus medias. Con temor fue acercándose lentamente mientras Gonzalo y Alberto se colocaban a los lados de la mesa y acariciaban suavemente a través de la blusa los pechos de Lucía. Podían notar que no llevaba sujetador y que sus pezones estaban duros, tan duros que casi podían pinchar. Carlos estaba a la altura de su cabeza con su polla sobre la cara de Lucía tratando de que ella volviera a mamársela.

Tomás bajo sus manos por la parte interna de los muslos hasta llegar a rozar los pelos que rodeaban la entrada de la vagina. Notó la humedad pero no se atrevió a tocarla. Lucía pasó su mano por encima de su sexo e introdujo un dedo dentro ante la mirada de deseo de Tomás. Ella llevó sus dedos a la boca y los chupó como si fueran un delicioso manjar. Entonces se decidió Tomás a tocarla, pasó sus dedos sobre su rajita y notó como una fuerza irresistible los succionaba al interior sin ninguna dificultad.

Gonzalo y Alberto trataban quizás con poco éxito, desabrochar la blusa de Lucía. Ella tuvo que ayudarlos y al quitar el último botón sus pechos aparecieron desafiantes, con sus pezones apuntando al techo y con gran forma redondeada al estar tumbada. Lucía trataba de alcanzar con su boca las pollas que tenía a su lado pero era difícil pues sus dos alumnos estaban más preocupados de chupar sus pezones que de dejarla hacerles una mamada, por este motivo tuvo que conformarse con chupar la polla de Carlos, al menos de momento.

Lucía se revolvió levantándose y quedando a cuatro patas sobre la mesa. En esta posición no solo su coño quedaba a la vista de Tomás sino también el orificio de su ano que se mostraba limpio y pequeño a sus ojos. Alberto y Gonzalo no pudieron evitar colocarse donde estaba Tomás con la intención de ver el espectáculo que se les ofrecía. No contenta con eso, Lucía separó sus nalgas ofreciendo una mejor vista. Carlos no perdió el tiempo y en la posición de Lucía se colocó delante ofreciéndole su polla que ella aceptó como un regalo metiéndosela en su boca entera hasta rozar con la nariz los pelos del pubis. Tomás estaba tan excitado que sin pensarlo más metió su cabeza debajo de Lucía entre sus piernas y con su lengua empezó a lamerle su rajita. Alberto por su parte se adelantó a Gonzalo y como pudo se dedicó a pasar la punta de su lengua por el ano de Lucía. Gonzalo que había perdido posiciones se dedicó a sobar y lamer los pechos de Lucía que colgaban como bolas de navidad. Todos los rincones del cuerpo de Lucía eran recorridos por una lengua que dejaba su huella de saliva.

Tomás subió a la mesa a la espalda de Lucía y trató de introducir su polla en el coño, pero no era capaz. Tuvo que ser ella la que metiendo su mano entre sus piernas dirigió la punta del capullo a la entrada de su orificio, lo suficiente para que Tomás empujara y su aparato se clavara hasta los huevos. Lógicamente, Alberto tuvo que dejar de jugar con el culo de Lucía, pero esto le sirvió para unirse a Carlos de manera que ahora Lucía se metía en su boca las dos pollas al mismo tiempo.

Lucía no era mala chica, y entendía bien a todos sus alumnos, en realidad los conocía y por eso sabía de la cierta timidez de Gonzalo, por lo que quiso premiarle y moviéndose se puso de rodillas sobre la mesa dejando a Tomas con su polla erecta y decepcionada.

– Túmbate en la mesa- le dijo a Gonzalo dejándole sitio.

Gonzalo obedeció sabiendo lo que le esperaba. Ella chupó su polla y cuando consideró que ya estaba suficientemente dura y húmeda se colocó sobre ella dándole la espalda a Gonzalo. Lentamente y sujetando en posición recta la polla fue sentándose sobre ella introduciéndosela por su ano. Cuando estuvo toda dentro empezó a mover en círculos su culo haciendo que Gonzalo gimiera de gusto.

Tomás volvió al ataque y colocándose sobre ella se la metió en su coño formando un sándwich con Gonzalo.

Con sus manos Lucía acariciaba las pollas de Carlos y la de Alberto para mantenerlas duras. Después de un rato follando en esta posición Tomás cedió su sitio a Alberto que rápidamente la embistió follándola con fuerza mientras Gonzalo debajo, la agarraba por las caderas tratando de acompasar su ritmo con las embestidas de Alberto que parecía dispuesto a correrse a toda costa por la velocidad con que se movía lo que no le parecía bien a Lucía, al menos de momento.

– Tranquilo,…deja algo para luego…- le dijo Lucía tratando de apartarlo.

Cuando lo consiguió se levantó bajando de la mesa. Gonzalo permaneció tumbado extenuado por su esfuerzo. Ella se colocó a un lado de la mesa para chuparle su polla mientras ahora Carlos a su espalda la penetraba desde atrás. Tomás y Alberto observaban la escena mientras se masturbaban.

– No os corráis todavía,…aguantad…- les pedía Lucía.

Era una ventaja que el despacho estuviera apartado del resto de las instalaciones porque en la habitación solo se oían gritos y gemidos de placer, sobre todo de Lucía que cada vez que sentía una polla llegar hasta el fondo de su vagina no podía evitar gritar.

Lucía masturbaba con su mano la polla de Gonzalo subiendo y bajando la piel de su capullo al tiempo que pasaba su lengua por ella. Era excitante el sonido de su boca dando lametazos a la polla unido al ruido de sus nalgas golpeando sobre Carlos a cada embestida. Gonzalo estaba ya al límite y Lucía lo sabía, por eso cambió su boca por sus pechos. Los colocó sobre la polla rodeándola y empezó a moverlos apretándolos contra ella con fuerza. Durante este lapso entre el cambio de la boca por los pechos Carlos cedió el sitio a Alberto que estaba deseando follar a Lucía por el culo. No le costó trabajo, apoyó la punta de su pene sobre el ano y empujó hasta que empezó a entrar. Lucía estaba tan acostumbrada a ser enculada que apenas protestó por aquella intromisión.

Gonzalo estaba ya en el punto de no retorno, trataba de aguantar pero era imposible, los pechos de Lucía eran como una máquina de masturbar, un potente chorro de esperma salió disparado de su polla golpeando sobre el cuello de Lucía. Los siguientes disparos cayeron sobre sus pechos empapándolos de esperma. Cuando Gonzalo acabó Lucía se dedicó a pasar la lengua por sus pechos tratando de recoger el esperma con dificultad pues apenas llegaba a rozarlos.

Mientras, Alberto seguía enculándola con rabia sujetándola por las caderas al tiempo que Carlos y Tomás seguían masturbándose.

Quizás por casualidad o quizás adrede Alberto empezó a gemir y a Gritar al mismo tiempo que el resto de sus compañeros:

– ¡Aaaaahhh!…me corro…me corro. – ¡Hazlo sobre la mesa!, ¡sobre la mesa!…¡correros en la mesa! – gritaba Lucía

Alberto sacó su polla del culo disparando ya los primeros chorros de esperma y se acercó a la mesa soltando toda su carga sobre ella. Al unísono, Carlos y Tomás corrieron hacia la mesa y sin dejar de menear sus pollas empezaron a lanzar copiosas descargas de leche. Al final toda la mesa estaba cubierta por una espesa capa blanca de salpicaduras de semen. Lucía se subió a la mesa y con su lengua fue recorriéndola toda recogiendo hasta la última gota. Cuando levantó su cara sudorosa, estaba llena de esperma que goteaba de sus labios. Con su lengua los recorrió recogiendo todos los restos que quedaban ante la atenta mirada de sus alumnos.

Agotados, todos estaban sentados sobre la alfombra excepto Lucía que estaba sentada sobre la mesa con sus nalgas apoyadas sobre un charco de saliva y esperma.

-Bien, no ha estado mal. Sois buenos alumnos. Si seguís así y hacéis los deberes tal vez aprobéis este año mi asignatura y entréis a la universidad sin problemas. -¿Deberes?- preguntó Tomás. – Por supuesto, – respondió Lucía- todos los días a esta hora tendremos una clase práctica como la de hoy, y espero que vayáis mejorando con el tiempo y seáis más aplicados…

Los cuatro se miraron con cara de alegría sabiendo el año que les esperaba tal vez el mejor de sus vidas, y quizás no aprenderían mucha Biología, pero sí que conocerían perfectamente la anatomía femenina.

Autor: FranK

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Si él puede yo también

Quería que yo le chupara su pene, así que sin desvestirnos le bajé el pantalón, me arrodillé y se lo empecé a mamar, él gozaba, apenas gemía, de repente se vino dentro de mi boca, me llenó parte de la cara de semen y el resto me lo tragué, ya me había acostumbrado con Albeiro, y me tomó, chupó mi culo y me enterró, ni siquiera me lo metió por la vagina.

Un saludo a todos, he leído esta página de casualidad y me gustó, hoy quiero contarles mi historia. Yo siempre me he reído del machismo, de cómo los hombres creen que al tener otra mujer se creen reyes, pues bien nosotras también tenemos el derecho de hacerlo, solo que no lo divulgamos. Ojalá este relato lo lean mil mujeres. Me llamo Diana, soy venezolana, pero vivo en Colombia desde los 2 años de edad, eso si se los digo no soy bonita, mido 168, soy delgada, mi nariz es chata, mi cabello color café, ojos normales, piel canela, tengo 28 años no muy buenas curvas, pero así uno que otro me piropea, soy casada hace 5 años.

Esto comenzó cuando tenía 23, hace cinco años, todos los hombres siempre tienen un compinche o un amigo, de los cuales se hablan de las viejas que han tenido, de sexo hasta hablan de sus esposas, muy bien lean con detenimiento, mi esposo tiene varios amigos así, uno de ellos se llama Omar se conocen desde chicos, tienen la misma edad, 30 años, antes de casarnos, su amigo, siempre andaba con nosotros, él con su novia y mi esposo y yo, él un día me llamó a la casa y me dijo que quería hablar conmigo, pensé que era de Javier (mi esposo), le dije que viniera a mi casa, que estaba sola con mi mamá, él llegó como a la media hora, le hice seguir.
Mi mamá estaba recostada, le pregunté que era lo que tenía que decirme, antes que todo me hizo prometerle que no le diría nada a nadie, después que lo prometí, oh sorpresa, empezó a decirme que yo le gustaba mucho, que sabía que estaba a punto de casarme con su amigo, pero que me quería, que soñaba conmigo, yo solo pude decirle que no fuera tan descarado, que él tenía su novia y que yo ya me iba a casar, él me insistió tanto que yo nerviosa, y con alegría de saber que aún atraía a otro hombre le dije que se fuera, que olvidáramos eso, me casé, el día de la fiesta Omar me sacó a bailar y me empezó a decir que estaba muy bella, que me deseaba con toda su alma, le dije que por favor se callara, que me irrespetaba, que eran efectos de los tragos, pero en realidad él no tomaba, así que hablaba en serio.

Pasamos así la noche, como al mes me enteré que mi esposo andaba con una mujer, así que llamé a Omar, le dije que siendo el mejor amigo de Javier, y que supuestamente yo le gustaba, necesitaba que me dijera la verdad, así que después de un tiempo de negarlo me dijo que si, que él hasta ahora estaba en conquista de una muchacha cerca del trabajo de ellos, lo normal como tonta lloré un tiempo, a los dos días Omar me pidió que habláramos, me citó en un pequeño restaurante, volvió a repetirme, lo mucho que me quería, yo con rabia de mi esposo le puse cuidado de un momento a otro se me acercó y me besó, yo me dejé sin protestar, le dije que esto era algo raro que había pasado, que lo olvidara.

Regresamos, nos sentamos en el sillón, él se apretó junto a mí, sentía su calor, me dio un beso, quise protestar pero lo acepté, al fin de cuentas mi marido no me era lo fiel que me había prometido, me dio otro beso, esta vez en los labios, se lo devolví, realmente estaba muy caliente, la conversación anterior y sus besos aumentaron mi calentura, él no desaprovechó y me dio un beso en una de mis tetas, sentí como un escalofrío y lo apreté más a mi, noté que su bulto ya era enorme, se lo acaricié mientras él me desnudaba, saqué su verga, era gruesa y muy venosa, él bajó mi última prenda, y metió su lengua en mi vagina…

Me la chupaba mejor que mi marido, yo gozaba de lo lindo, me acomodó sobre el sofá y me enterró su pene, en verdad me dolió, era grueso, yo gemía como prostituta pero gozaba, se derramó dentro de mí, sentí su leche, me volteó y me iba enterrar por detrás pero le dije que no, que aún era virgen, terminamos en la ducha después me fui para la casa.

Seguí saliendo con él, como a los tres meses de estar con Omar, llegó un muchacho a trabajar donde yo trabajaba, era alto, medía como 1.72, era moreno, de ojos cafés, buen cuerpo, yo lo llevé a presentarlo a toda la compañía, seguimos hablando, tanto nos la pasábamos que un día se me declaró, yo lo acepté enseguida pues era muy simpático le dije que era casada, dijo que no le importaba, llevábamos quince días de salir y me invitó a un bar, fue un jueves, me tocó inventar excusas para escapármele a mi esposo y a Omar, nos fuimos a las 3 de la tarde, era horario de trabajo. Alberto como era mensajero pues nos encontramos, nos tomamos una cervecita y bailamos, él me apretaba con fuerza y yo me dejaba oprimir por sus brazos y sentía su paquete por encima de mi ropa, a las 5 de la tarde salimos, yo estaba excitada y mareada, nos fuimos a una residencia (Hotel), entramos al cuarto él me abrazaba y me besaba.

Me llevó a la cama y de inmediato empezó a chupar mis senos, los dos nos fuimos desnudando, me desvistió toda y que sorpresa cuando él quedó sin ropa, tenía un pene como de 23 cms y gruesa,  era negra, bajó su lengua a mi vagina, cuando yo estaba ya un poco dilatada acercó su pene y me lo fue metiendo, era muy grande, yo lloré del dolor, pero me alegraba tener todo eso para mí sola, cuando ya me lo enterró toda yo sentía como un tronco, empezó ese mete y saca, yo estaba gritando de placer y dolor, cuando se derramó dentro de mí, me dejó tanta leche que yo la sentía fuera de mi vagina, me la sacó, yo estaba adolorida.

Vi como su pene estaba en reposo pero aún así era enorme, así que me acerqué e hice algo que nunca había hecho. Lo tomé en mis manos y empecé a chupárselo lo tenía con mis dos manos y empecé a notar como crecía en mis manos, yo lo chupaba mientras él metía sus dedos en mi vagina, nos acomodamos como un 69 pero él comenzó a chupar mi cola, metía su lengua enorme y poco a poco metía su dedo, después él se puso encima mío y de nuevo metía sus dedos en mi culo, me ardía la vagina, él logró meterme tres dedos, de nuevo me chupó el culo, pero esta vez me ensalivó toda.

Al ver sus intenciones le dije que no lo hiciera pero él acercó su pene y fue hundiéndolo poco a poco en mi culito, yo grité al sentir como entraba, sentí como si mi culo se reventara, no podía más del dolor así que empecé a insultarlo y cada vez lo tenía más adentro, de repente ya mi culo estaba abierto y sentía correr algo entre mis piernas y era sangre, me había roto, me lo metía y lo sacaba, de repente sentí como su leche me bombeaba, era tanto semen que me salió de mi culo y se confundió con mi sangre, nos fuimos a la ducha, llegué a casa, me ardía mi vagina y mi cola, me tomé unas aspirinas, les confieso que duré adolorida más de una semana, esos días me negaba a tener relaciones con Omar y mi esposo.

Seguí saliendo con este chico casi 6 meses, con Omar duré casi el mismo tiempo pues Omar se fue del país, Alberto se retiró de la empresa y a los 20 días se fue mi último amante. Desde ese momento me juramenté no perder oportunidades, de no ser boba y serle fiel a Javier cuando él tuvo una aventurita recién casados, conocí a otro chico, me invitó a comer, así que acepté, él me conquistó con regalos, joyas, me trataba muy bien,  a los dos meses me lo pidió, yo le dije que sí, me llevó a una residencia muy fina, allí llegamos, me dijo que él quería cumplir una fantasía conmigo, le pregunté que cual era, dijo que quería que yo le chupara su pene, así que sin desvestirnos le bajé el pantalón, me arrodillé y se lo empecé a mamar, él gozaba, apenas gemía, de repente se vino dentro de mi boca, me llenó parte de la cara de semen y el resto me lo tragué, ya me había acostumbrado con Alberto, y me tomó, chupó mi culo y me enterró, ni siquiera me lo metió por la vagina, seguí con él tres años.

Hace un mes mi hermana me presentó a un amigo suyo, muy guapo, alto, como de 1.74, buen músculo, mi hermana me contó que él un día le hizo sexo y que la hizo gritar, ¡me intrigó tanto!, esa misma tarde él me empezó a hablar de muchas cosas, yo me tomé unas cervezas con él, me llevó a su apartamento, allí me hizo el calentamiento de rigor, pero esta vez fui yo quien tomó la iniciativa, me fui agachando hasta encontrar el cierre de su pantalón donde escondía aquello que hizo llorar a mi hermana, lo saqué de su encierro, era enorme, grueso muy cabezón y rosado, se lo empecé a chupar, él cerraba sus ojos sintiendo placer, a todos los hombres les encanta eso, se lo chupé como si se me fuera acabar, de repente sentí que ya me iba a lanzar su semen apreté bien mis labios pero su semen era tanto que escurrió por los lados de mi boca…

Me acostó en el suelo, me desnudó toda, me dijo que me daría por detrás, le dije que lo hiciera, me puso como perrito, pero como ya mi culito habia probado varias vergas entró como si nada, pero su verga era tan cabezona  que la sentía casi en mi estómago, esperaré a ver cuánto dura esto, no me importa si mi marido se entera de esto, yo era muy fiel pero él me la jugó a mi. A todas las mujeres les digo no nos dejemos del yugo machista de los hombres, si ellos lo hacen nosotras también podemos…

Autora: Diana

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Poco hacía que ella y yo cogíamos

Separé los labios y la lamí, la chupé, la devoré. Ella abría las piernas y jadeaba, para este Alberto que se hundía en su portal más íntimo y para el otro que se hundía en su imaginación.  Luego comencé a meter mis dedos en su concha, mientras me iba a chuparle las tetas, a lamer y a morder sus pezones. Le metía un dedo, dos, cuatro, comencé a meter toda mi mano en su concha.

Nos habíamos conocido en un chat porno, allí ella estaba arreglando con otro loco para reunirse con la específica finalidad de tener sexo. Lo estaban concertando en la sala general, y alguna expresión de ellos me hizo comprender que eran de aquí, de Montevideo.

Lo que pasó a continuación, sin embargo, es asunto de otro relato. Ahora quiero concentrarme en lo que pasó luego de ¿dos o tres? veces que habíamos estado juntos. Unos pocos datos más, para hacer comprensible la historia. Digamos que ella se llamaba Lucy, yo a mi vez me llamo Alberto. El otro amigo con quién ella estaba charlando ese día que entramos en contacto, también se llamaba Alberto, ahora a la acción.

Esa noche estaba muy caliente. Busqué un teléfono público y la llamé. Su voz salpicaba en gotas frescas a través del teléfono.

-Hola, soy Alberto. -Hola, ¿en que andás? -Con muchas ganas de hacerte una visita… -Venite entonces.

Así me dijo, y rápidamente me fui hasta su casa. Cuando me abrió la puerta del edificio de apartamentos yo ya deseaba tocarla, lamerla, morderla, pero debíamos llegar primero hasta su apartamento. Caminé en silencio no por no desear hablar con ella, sino por contenerme de no comenzar algo en un sitio en que podía dejarla en evidencia frente a sus vecinos.

Una vez que entramos en su casa, noté que estaba chateando. Ella estaba muy entusiasmada. “Paciencia, -me dije-. Déjale que se complazca tranquila, así luego los dos estaremos mejor”. No me es difícil la paciencia, siempre he pensado que la demora estimula el placer.

Traté de concentrarme en ella. Miraba con ansiedad la pantalla, sus labios se entreabrían, su nariz demostraba lo intenso de su respiración. Realmente lo que él le escribía le estaba llegando. Así que decidí mirar en su pantalla. No sé qué le habría dicho antes, pero en ese momento le estaba pidiendo el número de teléfono para llamarla. Yo noté que ella se sentía entre dos fuegos. Por un lado deseaba contactar con él, por otro quería que comenzásemos lo nuestro.

-Dale el número -le dije-. No hay problema, tengo que chequear mail.

Ella no se resistió mucho, le dio el número, y me dejó la computadora.
Como tiene la PC en el dormitorio, al sentarme y comenzar la rutina de chequear mensajes la vi como se iba con el teléfono inalámbrico a la cama, se tendía y recibía la llamada del ignoto y anónimo visitante. La veía sonreír, la veía moverse sinuosa y delectante, la veía complacida y complaciente.

No sé cuánto tiempo estuve chequeando cosas, pero tras el mail, revisé otros temas. Ellos seguían hablando, su conversación subía de tono, estaban en pleno preámbulo sexual. Así que decidí dejar a un lado la computadora. Ella me hizo un gesto indicándome que la acompañase en la cama y yo no me hice rogar. Entonces ella le preguntó su nombre ¡y hete aquí que él también se llamaba Alberto! Si alguna duda me quedaba, esto despejó cualquiera que quedase.

Comencé a tocarla, a acariciarla a través de las ropas. Me encantan sus tetas. Tiene los senos grandes, redondos, como frutas bien jugosas. Mis manos los recorrían mientras mi lengua buscaba su oreja libre, mientras mi lengua se introducía en su oído, mientras mis dientes mordían su lóbulo.

Ella estaba complacida, conmigo y con él. Él le estaría diciendo quién sabe qué, pero ella le jadeaba y le pedía más, yo comencé a desvestirla y a desvestirme. Me introduje entre sus piernas y comencé a chuparle la concha.

Me encanta la concha de Lucy. Tiene una concha grande, con labios muy carnosos, jugosa, con un clítoris bien fácil de excitar. Separé los labios y la lamí, la chupé, la devoré. Ella abría las piernas y jadeaba, para este Alberto que se hundía en su portal más íntimo y para el otro que se hundía en su imaginación.  Luego comencé a meter mis dedos en su concha, mientras me iba a chuparle las tetas, a lamer y a morder sus pezones (sus pezones son grandes, son oscuros, y contrastan con su piel blanquísima). Le metía un dedo, dos, cuatro, comencé a meter toda mi mano en su concha.

Ella deliraba de placer, y comenzó a dejarme escuchar lo que él le decía. En realidad no eran ya palabras, sino gemidos. Era claro que él se estaba pajeando y que del otro lado jadeaba con fuerza. Todo esto no hacía sino calentarme más y más, a mí, que -Alberto el Silencioso-, debía por un nunca pronunciado acuerdo, permanecer oculto para el que cogía con nosotros a la distancia.

Ella hizo entonces algo que no había yo imaginado fuese posible. Rápidamente me tumbó sobre mi espalda y comenzó a chuparme la pija. ¡Cómo la chupa esta mujer!. Eso sólo debería ser tema de varios relatos, pero ahora quiero contar como entre chupada y chupada se las ingeniaba para hablarle y decirle…

-Sí, sí, sí, hacémelo -chupaba y su cabeza subía y bajaba- quiero más, más, más -y yo volvía a sentir mi pija en su boca húmeda, tibia, acariciante-, ah, ah, ah, aaah -y otra vez sentía como mi pija se iba hasta el mismo fondo de su garganta.

Entonces quise cogerla, quise que mi pija se hundiera en su concha de una buena vez, así que esta vez yo la puse sobre su espalda, y separando sus piernas, las elevé para que quedaran sobre mis hombros. En esa posición la penetré y sentí la tibieza y la presión de su vagina sobre mi verga.

Con firmeza y con pasión una y otra vez iba yo repitiendo el sempiterno movimiento que todos tantas veces hemos disfrutado. Ella seguía con el inalámbrico junto a su oído, y de vez en vez me lo ponía en el oído, para que pudiese escuchar sus gemidos, a un tiempo que tapaba mi boca para que él no me oyese.

Yo sentía que llegaba el momento de acabar. Lo retuve una vez, lo retuve dos veces, sabía que la próxima vez sería la definitiva. No me gusta acabar allí donde natura ideó la cosa, siempre prefiero otros sitios. Pero siendo que ella seguía hablando no podía pedirle a Lucy su opinión.

Así que me salí y comencé a frotar mi pija contra sus tetas. Cuando ya faltaba poco, me pajeé un poquito, y mi leche salió sobre sus tetas, tibia y viscosa, derramándose sobre su seno y su pezón.

Una cosa que me encanta es saborear mi propio semen y compartirlo con quién se halla conmigo. Así que fui a lamer mi leche sobre el pezón de Lucy. Un poco me lo comí, ella a su vez estaba tomando con su dedo una muestra para llevárselo a la boca, y otro poco con mi lengua se lo llevé hasta sus labios.

Acá, natura manda, el esfuerzo me había dejado algo cansado y necesitaba tomar aliento, pero ella aún no estaba, así que se tendió boca abajo y con la mano que no tenía el auricular comenzó a pajearse. Mientras lo hacía yo le acariciaba la raya del culo.  Mi intención había sido meterle un dedo en el culo, pero en realidad ella al pajearse apreta mucho su culo y ello no era posible.

No es posible explicar bien, el placer que siento cuando habiendo yo terminado, la veo pajearse para llegar ella. Me encanta ser testigo del placer que se causa, me encanta ver cómo su cuerpo tiembla, como su cara va tomando una expresión enajenada, poseída por el goce, abstraída, turbia y concentrada.

Bueno, que la llamada llegó a su fin, y ella alcanzó lo que buscaba, y quedamos allí tendidos, dichosos, pegajosos, acariciándonos, besándonos, abrazándonos y prometiéndonos nuevos momentos de placer.

Autor: Hardland

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Mi esposa visita dos clientes

Daniel aprovechaba para magrearte las tetas y Alberto te besaba el cuello. Te decían todo tipo de guarrerías, lo putilla que eras y lo bien que follabas, no parabas de gemir de suplicarles que te siguiesen follando de que no parasen, los vecinos de las habitaciones contiguas estarían excitadísimos escuchando tus palabras. Así estuvisteis un buen rato hasta que os corristeis como animales.

Te habías levantado muy pronto, como siempre que tenías que ir a Barcelona. Además esta vez tenías que visitar a dos clientes e ibas a hacer noche allí. Te pusiste el traje oscuro con falda larga que te hace esa figura tan esbelta y sensual, con la camiseta roja si mangas que resaltan esas tetas que gustan tanto a los hombres y que les hacen volverse para mirarlas y que más de uno ha tenido ocasión de tocar y chupar.

El taxi te esperaba en la puerta, ibas con el portátil y con el bolso, el taxista, un chico joven y bastante apuesto, al verte se bajó y muy atento te abrió la puerta. Tú notaste como te miraba y clavaba sus ojos en tu culo, que se marcaba claramente a través de tu falda. Al entrar en el taxi te quitaste la chaqueta, hacía calor, y disimuladamente el taxista movió el espejo para poder observar tus tetas. Tú te diste cuenta pero fue una sensación que te gustó. Llegaste al aeropuerto, bajaste del taxi y al cabo de cinco metros giraste la cabeza y viste como el taxista miraba tu culo. Entraste en la terminal y pensaste que había sido un buen comienzo de día.

El vuelo no salía hasta dentro de una hora, así que fuiste a tomar un café. Al llegar a la barra te fijaste en dos ejecutivos muy atractivos que estaban desayunando. Tendrían alrededor de 30 años. Terminaste de desayunar, subiste al avión, metiste el portátil en el maletero y te sentaste junto a la ventanilla, dispuesta a dormir como siempre hacías. Pero en eso que llegan los dos hombres que habías visto en el bar y se sentaron junto a ti. De cerca eran más apuestos.

Te saludaron amablemente y se sentaron. Empezaron a hablar entre ellos, parecían dedicarse a la consultoría. Al cabo de un rato uno de ellos te preguntó si solías hacer el puente, a partir de ahí seguisteis hablando de todo un poco hasta llegar a Barcelona. Uno se llamaba Daniel y el otro Alberto. Durante el trayecto tuviste que ir al baño, ellos se levantaron para dejarte salir pero notaste como ninguno se retiraba lo suficiente para no frotar tu culo con sus pantalones. Esto te puso cachonda. Menudo día, pensaste, primero el taxista y ahora estos dos.

Al llegar a Barcelona fuisteis a coger un taxi y te preguntaron hacia dónde ibas. Casualmente su oficina estaba cerca de la tuya y cogisteis el mismo taxi. Tú te pusiste en medio. Durante el trayecto ibas acercando tus piernas a las suyas y notabas como ellos se iban excitando. Llegado a ese punto te preguntaron si te gustaría cenar con ellos. Tu respuesta no podía ser otra que el sí.

Más tarde pensaste si debías haber aceptado su invitación, pero no te podías engañar, deseabas algo más que cenar con ellos. Desde siempre habías reprimido tu necesidad de sexo, salvo contadas excepciones, en las que te habías comportado como una verdadera calentorra, eso que tanto gusta a los hombres. Estuviste todo el día pensando en la cena.

Te llevaron a cenar a un restaurante del barrio gótico. Después de la cena tomasteis una copa en un pub cercano y te propusieron ir a su hotel. Tú en un primer momento dijiste que no pero en seguida te convencieron. Realmente ya estabas convencida de antemano porque los dos te ponían muy cachonda.

Subisteis en el ascensor y Daniel se puso detrás de ti y empezó a tocarte ligeramente las tetas. Tú cerraste los ojos y echaste la cabeza para atrás, mientras Alberto te besaba el cuello y frotaba su polla contra ti.

Llegasteis a la habitación y entre los dos te cogieron y te llevaron a la cama. Alberto se tumbó y tú te fuiste directamente a su pantalón, le bajaste la cremallera y sacaste su polla. Tus ojos al verla se iluminaron, era muy grande y gorda, y eso que no estaba todavía dura. Te la metiste en la boca y notabas como iba creciendo, parecía que no iba a parar. Él con su mano te estaba tocando las tetas, tú seguías con la camiseta puesta. Daniel mientras se dedicaba a ir subiéndote la falda poco a poco y besándote cada palmo de tus piernas. Cuando llegó a tu culo te bajó las medias y te dejó el tanga. Tenías la falda subida hasta la cintura, se la estabas chupando a uno mientras te tocaba las tetas y el otro te sobaba el culo y te metía la lengua en ese coñito tan lubricado.

Estabas muy caliente, os terminasteis de desnudar y cambiasteis de posición. Ahora tú se la chupabas a Daniel y Alberto te trabajaba el coñito, metiendo dos dedos mientras te chupaba el clítoris. Estabas en el séptimo cielo. Tras un rato así empezaste a gemir y convulsionarte, teniendo el primer orgasmo, un orgasmo largo e intenso. Pero no te dejaron descansar, te sentaste encima de la polla de Alberto y le cabalgabas salvajemente, Daniel por su parte te la metía en la boca y te estrujaba las tetas mientras te decía lo guarrilla que eras.

No podías más y te corriste por segunda vez. Al mismo tiempo Daniel se corría en tu boca, tú le mirabas con ojos de lujuria, el semen te resbalaba por los labios, pero tú no querías desperdiciar nada y lo recogías con tu lengua. Le chupaste la polla hasta dejarla bien limpia, Daniel cayó rendido. Alberto por su parte seguía follándote, de repente se salió de ti y te dijo que te pusieses de rodillas. Acercó su polla a tu cara y tras darle dos lengüetazos un chorro de esperma inundó tu boca y cara.

Tras este primer combate descansasteis un rato, pero tú no tenías suficiente y empezaste a juguetear con sus pollas, te las metiste las dos en la boca, nunca creíste que pudieras hacer esto y pensaste en lo putilla que eras.

Ellos se pusieron rápidamente a tono, quién se iba a resistir a esa boquita de mamadora, para eso te habías entrenado tanto. Esta vez decidieron follarte a cuatro patas, Daniel te lubricó el coño con su boca y te metió su rabo hasta el fondo. Se te escapó un pequeño gritito, mitad placer mitad dolor. Alberto se puso delante de ti y te empezó a follar por la boca mientras te masajeaba las tetas y te tiraba de los pezones. Tras 10 minutos en esta postura Daniel se puso debajo y tú le montaste. Notaste de repente que Alberto te empezaba a chupar el ano y a meterte un dedo.

Al principio tuviste miedo pero en seguida empezaste a notar placer. Notabas la punta de su capullo en tu culo, cómo iba penetrando ese agujero estrecho. Para ti era una nueva sensación, nunca te habían follado por el coño y culo a la vez. Empezaron con un ritmo tranquilo pero en seguida se hizo más rápido, tú sentías algo increíble, mezcla de dolor y placer.

Daniel dijo que quería follarte el culo, así que cambiasteis de postura. Esta vez te sentaste encima de Daniel, dándole la espalda. Te la metió por el culo. Te subieron las piernas para que Alberto te la pudiese meter por el coño. Esta postura te gustaba aún más que la otra, gemías a cada embestida.

Daniel aprovechaba para magrearte las tetas y Alberto te besaba el cuello. Te decían todo tipo de guarrerías, lo putilla que eras y lo bien que follabas, tú no parabas de gemir, de suplicarles que te siguiesen follando, de que no parasen, los vecinos de las habitaciones contiguas estarían excitadísimos escuchando tus palabras.

Así estuvisteis un buen rato hasta que os corristeis como animales. Os quedasteis los tres abrazados, derrotados tras el maratón de sexo, había sido tu mejor experiencia. Te levantase, te duchaste y te fuiste, no hubo preguntas entre vosotros.

Al llegar a tu hotel pensaste en si volverías a repetirlo. Cogiste el móvil y llamaste a tu marido. Te preguntó qué tal el día y tú le dijiste que había sido muy duro y aburrido. Te habías convertido en una experta mentirosa.

Autor: Baco

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Mi querido cuñado

Llamé a mi amigo y le mamé el pene hasta que se vino, me dio por el culo lo que me volvió loca ya que me encanta el sexo anal. Me fui a la cama y me masturbé pensando en mi hermana y mi cuñado. Me imaginaba a mi cuñado teniendo relaciones conmigo, tratando de meter aquel inmenso órgano por mi trasero y yo gritando de placer. Amanecí pensando en mi cuñado y en aquel inmenso bicho.

Mi hermana menor tiene 32 años de edad y su esposo Alberto tiene 38. Yo estaba completamente en contra de esa relación, ya que él es mayor que ella y tenía hijos de un anterior matrimonio. Alberto es un hombre mayor, pero para su edad se conserva muy bien.

Hace cuatro meses mi hermana Maribel y Alberto se mudaron cerca de mi casa y tuve la oportunidad de conocer mejor a mi cuñado. Todo cambió hace dos meses cuando me di cuenta como Alberto me miraba. Soy divorciada, tengo 36 años de edad y tengo mucho más cuerpo que mi hermana. Mido 5 pies con 3pulgadas, peso 125 libras y soy una mujer bien protuberante con unas medidas de 36D-26-42 con unas nalgas redondas y bien paradas. Lo contrario de mi hermana que tiene un cuerpo atlético y tonificado.

En varias ocasiones sorprendí a Alberto mirándome las nalgas y eso me excitaba mucho. Saber que el esposo de mi hermana me miraba y tal vez me deseaba. Comencé a coquetearle y a fijarme más en él. Un día Maribel y Alberto me invitaron a una actividad, donde había bebidas y comida. Ese día compartimos mucho y me dio más confianza, el cual no desprecié. Después de varias copas, mi cuñado se puso medio juguetón con mi hermana y me sentía llena de envidia al ver como la besaba y la manoseaba. Mi hermana Maribel también estaba entradita en copas.

Poco antes de terminar la actividad le dije a mi hermana que me acompañara al baño y mi cuñado se fue con nosotras ya que él también tenía ganas de orinar. Mi hermana entró primero y mi cuñado se antojó de entrar con ella. Lo que no se percataron es de haber dejado la puerta entreabierta de forma tal que yo podía ver todo lo que pasaba adentro del baño. Mi hermana se sentó a orinar mientras mi cuñado se bajaba el zipper del pantalón. Cuando veo que este se saca el miembro, veo que es inmenso.

Era un pene gordo y largo, como de 8 pulgadas sin estar erecto. El comienza a manosear ese pingón y a tratar de ponérselo en la boca a Maribel, mientras ella le decía que dejara eso para la casa. El seguía manoseando aquel instrumento hasta que quedó completamente erecto. Aquello medía como 12 pulgadas, pero lo que más me llamaba la atención era el grosor. Era el bicho más grueso que jamás había visto. Mi hermanita trataba de meterse algo en la boca de aquel inmenso bicho y era casi una misión imposible.

Tan pronto llegué a mi casa, llamé a mi amigo y este llegó en diez minutos, nos fuimos a la cama y le hice el amor como nunca antes. Le mamé el pene hasta que se viniera y me dio por el culo como media hora lo que me volvió loca ya que me encanta el sexo anal. Me fui a la cama y me masturbé pensando en aquel acto de mi hermana y mi cuñado. Me imaginaba a mi cuñado teniendo relaciones conmigo, tratando de meter aquel inmenso órgano por mi trasero y yo gritando de placer. Amanecí pensando en mi cuñado y en aquel inmenso bicho.

Como a las 10 de la mañana del otro día, me despierta el timbre del teléfono y me dan los buenos días. Cuando pregunto quién era, me dice, tu querido cuñado. De un salto, inmediatamente me siento en la cama y comienzo hablar de lo mucho que disfruté la actividad. Este me dice que yo estaba preciosa y que la falda que tenía puesta me quedaba de maravilla. Le pregunté que si estaba con Maribel y él me dijo que estaba cerca de mi casa comprando unas chucherías.

Aproveché el momento para decirle que como estaba cerca, me trajera del almacén unos refrescos. Este me dijo que si, y que antes de media hora me los llevaba. Me metí al baño y me di una ducha, me puse bien bonita y provocativa. Tenía en mi mente tirarme a mi cuñado. No me puse panties, ni brassier. Solo un pantaloncito bien corto, con un t-short cortito y bien pegadito. Cuando llega mi cuñado, este se encontraba con unos pantalones cortos deportivos, con una t-short de manguillos dejando al descubierto los muslos y brazos. Me gusta este hombre, tiene un cuerpo ancho, no es tan musculoso, pero de hueso ancho y fortachón. Mi cuñado mide 6 pies con 3 pulgadas y pesa 248 libras que no se le notan.

Tan pronto entra, le tiro un piropo a las piernas y a este se le sale una sonrisa y me dice aquí están tus refrescos. Me volteo y comienzo a caminar meneando mi enorme trasero y este me dice que el pantalón me pinta bien y la modelo está preciosa, sigo caminando hacia la cocina y siento sus manos en mi cintura, me volteó y comenzamos a besarnos como dos frenéticos. Inmediatamente comienzo a tocarle el montón de bicho que tiene, excitándome por completo el tamaño de este. Nos quitamos toda la ropa y cuando le miro el bicho lo tenía completamente erecto y comencé a sentirme nerviosa.

Nunca había estado con un hombre con un miembro de ese grosor y tamaño. Este me dice, que desde que me conoce siempre a soñado con mi trasero. Me volteó y comenzó a besarme el culo y a meterme la lengua. Ya tenía el chocho a fuego y sentía que me venía. Este me metió uno y después dos dedos en el culo. Ya con eso yo temblaba ya que anticipaba que lo que él quería era mi culito. Me dijo, arrodíllate y relájate. Le dije que por ahí no y este no me hizo caso, colocando la cabeza de su inmenso bicho en el roto de mi culito.

Comenzó a meterlo poco a poco y el dolor era sin descripción. Comencé a gritar pidiéndole que se detuviera y este no me hacía caso metiendo más el gordo e inmenso pene por mi culo. Primero comencé a sentir un ardor y luego una molestia como si se me estuviera saliendo la excreta. El dolor no paraba y este seguía dándome más bicho hasta que llegué a sentir su pelvis cuando chocó con mis nalgas. Ya lo tenía adentro por completo y yo mordiendo la almohada y gritando de dolor. De momento, Alberto sacó más de la mitad del bicho y lo introdujo de nuevo y no pude aguantar más. Le dije que lo sacara de inmediato y este lo que hizo fue aguantarme por los brazos y darme más bicho.

Comenzó a sacar y a meter ese bicho por completo. Sentía ganas de orinar y de hacer caca. Ya sentía mi excreta entre mis nalgas y no pude aguantar más la orina. Me sentía bien incómoda bajo aquella situación de dolor y avergonzada por la excreta que me salía según entraba y sacaba el inmenso bicho.

Después de darme por detrás tanto rato perdí hasta la fuerza y me dejé llevar por lo que estaba pasando. Seguía sintiendo dolor, pero también un poco de gusto. Pensé también que lo había logrado, tirarme a mi querido cuñado y tirarme aquel inmenso bicho por el culito. A los 20 ó 25 minutos comenzó a darme bien rápido y a meterlo y a sacarlo por completo de golpe y sentía algo rompiéndose dentro de mí, algo que se estiraba por detrás de mi ombligo y estómago. Este me dijo que se venía y que me llenaba el culo de leche, un grito de placer salió de su boca y una sonrisa coqueta de complacido.

Cuando sacó el pene de mi ano no pude aguantar y me hice la necesidad completa en la cama. Me levanté corriendo y fui al baño a limpiarme, pude ver la cantidad de sangre que me brotaba del ano. El fue muy comprensivo y me ayudó a limpiar todo. Me dijo que todo puede suceder en el sexo y que tenía que tener confianza en él. Nos bañamos juntos y nos fumamos un cigarrillo.

Ahora Alberto y yo tenemos relaciones todos los fines de semana. Mi hermana Maribel no tiene idea que me estoy tirando a Alberto y las relaciones con mi pareja han mejorado. Cuando mi pareja me da por el culito me dice que ya estoy acostumbrándome a él. Lo menos que se imagina es el inmenso bicho que me coge por detras todos los fines de semana.

Me encanta el sexo anal… por favor si alguna de ustedes chicas son como yo, no duden en contar sus relatos…

Autora: Maritza

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Un accidente de mucho placer

Froté mi pene por sus labios y ella gritaba adentro por favor, la toqué y le dije que se lo metería, ella se enloqueció más, me preparé y se la metí de un solo golpe, ella gritó de placer y clavó sus uñas en mi espalda y comenzó a moverse como una condenada, yo capté su ritmo y me presioné dentro de ella apretándola con fuerza y comencé a mover mi pene dentro de ella.

Mi nombre es Alberto, tengo 24 años y les contaré una historia que se gestó en un autobús, viajaba regreso a casa cuando en una parada sube una mujer que me dejó sin habla; era bellísima todos los hombres volteaban a verla, era aproximadamente de 35 años, 1.75 de estatura, cabello largo y ondulado de color rojizo, vestía un peto blanco muy ajustado con un escote que dejaba al descubierto parte de sus maravillosos pechos y sus pezones, mi mirada se deslizó hacia su cintura luego más abajo y quedé pegado observando esas piernas que se lucían perfectamente tras una minifalda de color negro con un pequeño tajo al lado de la pierna.

Yo no daba más, la desnudaba con mi mirada y a ella le gustaba, se mostraba y le gustaba que los hombres la observaran, se sentó un asiento en diagonal al mío, yo tenía una posición estupenda podía contemplarla en su plenitud, sentada se veía su cuerpo esplendoroso y bien trabajado tenía una colita redonda que le levantaba su mini mostrando casi el final de sus medias. Yo observaba atónito cuando ella se para y se dispone a descender, casi por inercia me paro también y bajo con ella.

Ya en la parada ella toma su rumbo y yo la sigo disimuladamente hasta que ocurrió el accidente más hermoso que pudo ocurrir, ella en una esquina se tropieza en una cuneta y cae al suelo yo me le acerqué y le pregunté si estaba bien me dijo que no podía sentir su pie, ella estaba sentada en el suelo e intentó levantarse pero yo se lo impedí y le dije que se sentara que no era bueno forzar su pie, le tomé el tobillo y se lo comencé a tocar, le pregunté si le dolía y ella me dijo que no sentía nada, no sentía su pie, mientras conversábamos yo dirigía mi mirada a su entrepierna, tenía una bombacha de color negro muy pequeña con encajes, lo mejor era que estaba un poco hundida en su vagina mostrándola totalmente. No sé, si dio cuenta, pero me dijo que vivía cerca de allí y yo me ofrecí para cargarla a su casa, le dije que me abrazara y la tomé por las piernas y de un golpe la levanté.

Fue una sensación deliciosa, ella aferrada a mi cuello y yo tocándole las piernas, me controlé como pude para no meterle mano ahí mismo pero mi pene estaba paradísimo y se me notaba mucho por encima del pantalón, llegamos a una puerta y del bolso sacó una llave con la cual entramos, me dijo, déjame en el sofá, cosa que hice, me dio las gracias y me dijo que me tenía confianza de otro modo nunca me hubiera dejado entrar a su casa, pero dada la situación y se sonrió de una manera tan sexy, le pregunté si estaba sola y ella respondió afirmativamente, le dije si necesitaba algo y me dijo que no por ahora, pero que no quería quedarse sola en esas condiciones.

Me agaché y tomé su pierna dejándola estirada hacia una mesa de centro, la volví a tocar y le dije que si sentía algo, ella dijo que no, subí mi mano a su pantorrilla y me dijo que todavía no sentía nada, le comencé a masajear su rodilla y seguía diciendo que no sentía nada pero su rostro era otro; sus ojos ocultaban un juego de seducción en el cual no tardé en participar, subí mi mano a su muslo y lo comencé acariciar y apretar con fuerza, su rostro cambió dio un pequeño suspiro y dijo que no sentía nada.

Al notar ese deseo oculto de ella cambié el tratamiento y le dije que iba soplar en su pierna y ella me diría si sentía mi aliento, me puse enfrente de ella y le separé las piernas quedando yo en medio comencé a soplar en su muslo casi tocándolo con mis labios, ella comenzó a acelerar su respiración y me dijo que todavía no sentía, fui subiendo de a poco hasta que llegué a su entrepierna, estaba húmeda y un poco hinchada, comencé a soplar por el ligué de su bombacha y ella tomó mi cabeza con sus manos y comenzó gemir muy despacio, no aguanté más y por encima de su bombacha comencé a pasar mi lengua, esto la puso a mil y se levantó un poco del sofá para que se la sacara y justamente eso hice…

La saqué pero con mis dientes, la miré a los ojos y le dije, ahora si sentirás, me incliné y comencé a besar esa vagina deliciosa, estaba mojadita, mi lengua se deslizaba a gusto entre esos labios, con mis manos abrí un poco sus labios y mi lengua comenzó a jugar con su clítoris, esto la tenía loca, gemía como una condenada, me presionaba mi cabeza contra su sexo con fuerza, comencé a introducir mi lengua en su vagina a un ritmo enloquecedor hasta que sentí una corrida en mi cara, esos jugos eran deliciosos, me paré y le dije, ahora sentirás algo mejor, ella se enderezó y se sacó el peto pude ver unos pechos increíbles la verdad deseaba comérmelos hace rato, ella se paró del sofá y se terminó de desnudar.

Yo no perdí tiempo y también me despojé de lo mío, al ver ella mi pene vi que sus ojos se llenaron de deseos nuevamente, nos abrazamos y comenzamos a besarnos con desesperación, ella quería más, y rápido, estaba excitadísima, se arrodilló ante mí y comenzó a besármelo, me dio varias chupadas y luego me comenzó a besar mis testículos, esto hizo que se agrandara un poco más, yo le tomé su rostro y la levanté, le di un beso muy apasionado y comencé a besar su cuello, ella disfrutaba mucho, mi objetivo eran sus pechos, sentí unos pezones erectos y duros los cuales comencé a mordisquear y luego a lamer y besar suavemente, ella presionaba su cuerpo con fuerza contra el mío y me decía que la penetrara por favor, seguí acariciándola unos minutos más hasta que ella no pudiera más sólo pedía que la tomara rápido que me quería sentir adentro.

Le dije que se recostara y ella accedió rápidamente comencé a frotar mi pene por sus labios lentamente y ella gritaba adentro, adentro por favor, la toqué un poco más y le dije que se lo metería, ella se enloqueció más, me preparé y se la metí de un solo golpe, ella gritó de placer y clavó sus uñas en mi espalda y comenzó a moverse como una condenada, yo capté su ritmo y me presioné dentro de ella apretándola con fuerza y comencé a mover mi pene dentro de ella, gozábamos mucho…

Yo estaba a punto de acabar y se lo dije al oído ella me dijo que quería sentir mi leche corriendo dentro suyo, no aguanté más y me corrí, era delicioso a su vez ella tuvo un orgasmo, llegamos a un momento clip donde nos abrazamos y gemimos de placer, luego el ritmo fue descendiendo hasta quedar abrazados yo con mi pene dentro de ella.

Nos besamos y continuamos amándonos por un largo tiempo más, no sé cuántos orgasmos habrá tenido pero fue de lujo, me besó y me dijo que le encantó estar conmigo, yo la acaricié y le dije, la verdad eres una mujer muy bella y disfruté mucho contigo, eres genial, la mejor, tu cuerpo es delicioso pero soy casado y amo a mi esposa, me vestí y sin saber su nombre me fui satisfecho de haber estado con una mujer tan maravillosa como ella.

Chauuuu, espero les haya gustado mi relato y por favor denme su opinión.

Autor: Alberto

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Sexo, marcha, sexo

Carlos se sube encima nuestro y sin ninguna delicadeza me la entierra de un solo golpe, pegué un verdadero alarido de dolor, porque créanme que me lo partió provocando bastante daño, pero la calentura era tan grande que hasta el dolor me produjo placer, por lo que le dije, con los ojos llenos de lágrimas, cogeme con toda tu fuerza, rompeme toda.

Antes de comenzar mi relato les daré una descripción de mi persona. Soy una mujer bastante atractiva, mido 160 cms., rubia, delgada, peso 50 kgs., práctico danza, lo que hace que mi cuerpo se mantenga muy bien formado. Mis medidas son: 93 – 61 – 92. Cuando salimos con mi esposo, me gusta vestir muy provocativa, para que los hombres me deseen y a él lo envidien. Tengo un pequeño problema, me cuesta mucho tener un orgasmo, por lo que me gusta estar mucho rato teniendo sexo sin parar. Mi esposo es un gran amante y me comprende perfectamente. Mis fantasías son las mismas que las suyas, por lo que nos llevamos sexualmente muy bien.

Nuestra primera historia la realizamos en unas vacaciones que tomamos juntos. Nos encontrábamos en un centro vacacional y deseábamos concretar nuestra fantasía de integrar un tercero o una pareja en nuestra relación, pero las personas con las que nos reuníamos, o no nos gustaban o no estaban en el tema. Nos encontrábamos en la cantina del hotel, Alberto, mi esposo estaba jugando al tenis de mesa, mientras que yo me encontraba junto a otras chicas conversando y jugando canasta, cuando veo dos muchachos de unos 18 años, que me parecieron interesantes. Entonces miré a mi esposo y cuando me mira, le indiqué a los chicos. Él los miró, me sonrió y les dijo si querían jugar una partida con él.

Los chicos que recién llegaban al centro vacacional, aceptan muy gustosos. Luego de varios partidos, y promediando la media noche, Alberto les dice para dejar de jugar, ya que la cantina estaba por cerrar la zona de juegos. Para ese entonces yo me encontraba sola, ya que mis compañeras se habían retirado a sus habitaciones.

Alberto se me acerca y me presenta con los muchachos. Estos al verme quedan como cortados, ya que hacía mucho rato que me miraban con bastante descaro. Claro que yo iba vestida para que me miraran, ya que tenía puesta un vestido azul muy cortito, tipo solera muy escotado que dejaba ver casi hasta el nacimiento de mis pezones y cuando me inclinaba hacia delante mostraban una generosa vista de mis senos bien parados y de pezones rosados. Como no llevaba sujetador, la vista era muy tentadora. Como ropa interior llevaba solamente una minitanga, que cuando cruzaba las piernas se veían a la perfección.

Nos retiramos a la cantina y ocupamos una mesa. Varios tragos mediante, y ya bastante desinhibidos, la conversación se fue tornando hacia lo sexual, yo le pregunté a los muchachos si tenían novia, y si habían tenido experiencias sexuales, a lo que ellos muy nerviosos me contestan que no, pero uno tenía novia y frecuentemente se masturbaban con su novia sin llegar a penetrarla.

La situación me tenía bastante caliente por lo que le propuse a Alberto y a los muchachos para retirarnos a nuestra habitación y seguir ahí la conversación. A pesar del alcohol, yo estaba bastante nerviosa porque no sabía lo que iba a pasar, por lo que me abracé muy fuerte de mi esposo mientras caminábamos por el pasillo, mientras él me acariciaba cariñosamente la cola, levantando levemente el vestido, que como era muy corto, dejaba ver mis glúteos y mi minitanga, toda metida en la cola. Los muchachos iban detrás y conversaban muy bajito, pero como en el pasillo todo era silencio, pudimos escuchar la conversación.

-¿Viste que buena que está? – Si, ¡que bueno si la pudiésemos ver desnuda! – Cuando vaya al baño me voy a hacer terrible paja.

Esa conversación me tenía totalmente mojada y se lo hice saber a Alberto cuando entramos en nuestra habitación. Los chicos al llegar se despidieron y Alberto les dijo “todavía queda media botella, ¿nos ayudan a terminarla? Ellos se miraron y un poco nerviosos se miraron y entraron. La erección que llevaban era muy evidente. Alberto propuso jugar a las cartas a un juego de prendas.

Ellos aceptaron de inmediato. El juego consiste en que quien gana les puede hacer una pregunta a los perdedores y estos tienen que contestar con la verdad, en caso de no querer contestar, debe pagar una prenda que es elegida por el ganador. Si un jugador miente, y otro lo descubre, entonces debe pagar dos prendas a cada uno de los demás.

Entre tragos, comenzamos a jugar. Nos sentamos todos sobre la alfombra, yo para estar más cómoda, me senté en posición india, por lo que mis bombachas quedaron a la vista de los chicos, además cada vez que recogía una carta, al estirarme se me veían los pezones. El primero en ganar fue Martín, uno de los chicos. El diálogo fue el siguiente:

-Alberto – ¿Te molesta que otros hombres miren y deseen a tu mujer? – La verdad que eso me excita, -Laura – ¿Te animas a hacer el amor con más de un hombre a la vez?

Yo quedé cortada con la pregunta, y como me demoré varios segundos, todos dijeron que no había querido contestar, por lo que me dijeron que debía pagar una prenda.

La prenda elegida por Martín fue que me debía quitar la tanga en forma muy sensual. Quedé un poco paralizada, entonces Alberto se levantó y me tomó de las manos para que me parase. Entonces comencé a quitarme muy despacio la tanga, haciendo que saliera lentamente de mi cola, mostrando todo para los chicos que reían nerviosos. Cuando terminé, de sacármela, me agaché y les mostré mi conejo totalmente depilado y mojado, entonces le tiro en la cara la tanga a Martín, como premio. Les juro que mi calentura en esos momentos era la más grande de mi vida.

-Carlos – ¿Tienes ganas de hacerte una paja pensando en Laura? – No, yo ya no me hago la paja.

Entonces todos le dijimos que habíamos escuchado el diálogo en el pasillo, por lo que tuvo que pagar una prenda a cada uno. El primero en pedir prenda fue Alberto.

– Queremos que nos muestres tu verga, entonces se levanta y se saca los pantalones y el bóxer y deja liberada una verga de no menos de 20 cms y muy gruesa. Laura pegó un gritito y se tocó instintivamente la conchita, abriendo muy grande los ojos. El segundo en pedir prenda fue Martín.
– Bueno… quiero que te la menees un poco, hasta que te ordene parar. Entonces Carlos comienza a llevarla hacia atrás y adelante muy despacio y le pide a Martín para parar porque está por acabarse. Me tocó a mí pedir prenda y no me pude aguantar más, estaba súper caliente y el alcohol me había desinhibido por completo, además la situación estaba al límite.

– Carlos, quiero… que te acabes en mi boca.

Entonces Carlos se acerca a mí y me acerca ese apetitoso trozo de verga. Lo tomo con mis manos y me lo llevo a la boca, como puedo me meto hasta la mitad y comienzo a succionar. No pasaron ni treinta segundos cuando siento una fuerte descarga de leche que me llega directamente a la garganta, seguidas de otras que no puede tragar y se resbalaron por mis labios, cayendo sobre mis tetas.

Nunca me gustó tragar la leche, ni que me acaben en la boca, pero en esos momentos lo deseaba y junté con mis dedos la leche desparramada y me llevé los dedos a la boca hasta dejarlos limpios. Cuando recupero la compostura veo que Alberto y Martín están desnudos y me están quitando el vestido. La verga de mi esposo es de tamaño normal, unos 18 cms. Miro la de Martín que es un poco más corta pero muy gruesa. Entonces, sin pensarlo y solamente siguiendo mis instintos, lo acuesto en la alfombra y me monto sobre él, clavándome de un solo golpe toda su verga y comienzo a cabalgarlo como una desesperada.

Mientras me estaba cogiendo a Martín, Alberto y Carlos me manoseaban por todos lados, en un momento, siento un dedo que entra en mi conchita y sale todo mojado para trazar círculos en mi hasta entonces virgen culito. Eso me excitó tanto que busqué desesperada una verga para ponerla en mi boca y encontré la de Alberto, que chupé como nunca lo había hecho, incluso le pude un dedo en el culito de él, sin saber si le iba a gustar o no.

Como él facilitó la entrada supe que si le gustaba. Mientras tanto Carlos me metía dos dedos en el culo que estaba muy dilatado, entonces le pedí “Cogeme por el culo, por favor, ponémela en el culo que no aguanto más.

Carlos se sube encima nuestro y sin ninguna delicadeza me la entierra de un solo golpe. Al sentir todo ese pedazo de verga entrar hasta que los huevos me golpearon la concha, pegué un verdadero alarido de dolor, porque créanme que me lo partió provocando bastante daño, pero la calentura era tan grande que hasta el dolor me produjo placer, por lo que le dije, con los ojos llenos de lágrimas. -Cogeme con toda tu fuerza, rompeme toda… Al verme tan viciosa, Alberto se acabó en mi boca con una eyaculación tan larga como nunca lo había hecho, por lo que aunque traté de tragar todo no pude, cayendo parte sobre la alfombra.

Desde el momento que Carlos me la puso atrás, comencé a acabar, y tuve un orgasmo muy largo o varios orgasmos juntos, ya que estuve acabando por más de cinco minutos. Estaba en pleno goce de mis orgasmos cuando Martín me dijo que acababa, y le pedí que lo hiciera en mi boca, pero no llegó a salirse de mi conchita, por lo que me acabó todo adentro, pegando fuertes gritos de placer.

Carlos, que ya se había acabado en mi boca, demoró un poco más en acabarse, y lo hizo cuando yo ya no soportaba más tenerla adentro. Me tomó de los pelos y me tiró hacia él con mucha fuerza, lo que hizo que quedara sentada sobre él, y sus movimientos fueron tan violentos y con tanta fuerza que pese al dolor que sentía, provocaron que tuviera otro orgasmo, pero esta vez mucho más corto e intenso, que me dejó sin aire y a punto de desmayarme. Nos separamos y nos quedamos tirados en la alfombra durante varios minutos. Me sentía destruida, totalmente dolorida, principalmente mi culito que estaba terriblemente irritado y del que emanaba un poco de sangre junto a la leche de Carlos. Mientras “mis hombres” se reponían, fui al baño a higienizarme.

Cuando regresé los encontré conversando animadamente, y apenas entré en la habitación me rodearon, besándome y tocándome por todas partes. Incluso un dedo fue a mi dolorido culito, por lo que protesté, pero ante mi protesta, el dedo fue introducido totalmente, lo que provocó que me mojara nuevamente y que mis pezones se pusieran como piedras. Luego de varios minutos de besos, lenguas y manos por todos lados, soy conducida a la cama.

Les pido que por favor, no quiero más por el culito. Pero no me escuchan. Martín se sienta en el borde de la cama y Alberto y Carlos me toman en peso y me sientan sobre él que ya tiene la verga totalmente empalmada. De un solo golpe, ya que estaba muy mojada, me entra toda… Pensé que cogeríamos de esa manera, pero estaba en un error, ya que me tomaron en peso nuevamente y me sientan nuevamente sobre Martín, pero esta vez su pija entra en mi culito. Intenté salirme, forcejeé pero fue inútil. Realmente me dolía horrores hasta que Alberto se acerca a mi conchita y comienza a lamerme el clítoris. Delicioso.

Sentí que pese al dolor, me acercaba a un orgasmo nuevamente, y lo tengo, vaya si lo tengo, comienzo a saltar encima de Martín provocándole un gran orgasmo, lo que hace que me coja violentamente, haciéndome más daño en mi culito lastimado. Me acabo como una perra, tomando de la cabeza a Alberto y haciendo que me la chupe con fuerza, mientras siento los chorros de esperma de Martín en mi culo. ¡Que gozada!

No podía creer que estuviese gozando de esa manera, entonces Alberto me quita de encima de Martín y me pone de cuatro patas. Aprovechando lo dilatado que estaba mi culito y que chorreaba la leche de Martín y mi propia sangre, me la pone pero muy despacio, centímetro por centímetro, mientras yo me masturbo. No había llegado a ponérmela toda cuando me acabo de nuevo, pegándole fuertes sacudidas en la pija, lo que acelera su venida. Golpeándome las nalgas, se acaba entre quejidos, embistiéndome con tanta fuerza que hace que mis brazos se aflojen y mis codos toquen el piso.

En esa posición me la saca y me la pone en la boca, entonces como una puta, me la meto toda y se la limpio. Carlos aprovecha la posición y se pone también en mi culo, le pido por favor que no quiero más por ahí, pero no me hace caso y me bombea con tal violencia que rompo en llanto por el dolor. Entonces me la saca y de una sola embestida me la pone en la conchita, y se agarra fuertemente de mis senos, amasándolos, y tirando de ellos como queriendo arrancarlos. Se acaba entre fuertes quejidos y jadeos. Se deja caer de lado y yo me desplomo. No puedo más, me duermo.
Me despierto al mediodía, y cuando quiero levantarme no puedo, estaba tan dolorida, en todo el cuerpo que Alberto me tiene que ayudar a llegar al baño.

Nos duchamos juntos y él quiere cogerme de nuevo. Le pido que no, le digo si se la chupo y acepta. Me acaba en la boca y trago un poco y el resto lo dejo resbalar por mis tetas. Realmente estaba agotada. Pasé en la habitación el resto del día, descansando. Esa fue nuestra iniciación en el sexo grupal.

A la noche regresamos a la cantina. Pero ya es otra historia.

Autora: Laura

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