Con mi sensual profesora

Me puse caliente con sus palabras y le clavé todo lo que faltaba, soltando un chillido de dolor que de a poco se fue transformando en placer. Comenzamos un mete y saca de antología, estuve penetrándole el culo como una hora, ella estaba como una loba en celo.

Primero me presento, soy Carlos de Chile, esto me pasó hace unos 7 años y me atreví a contárselos porque para mí fue lo mejor que me ha pasado en mi vida, soy un hombre con un cuerpo atlético ya que hago mucho deporte desde hace muchos años y por ende con un cuerpo bien formado pelado (calvo), siempre lo he sido y me gusta y hasta el día de hoy lo sigo siendo, uso anteojos lo que me da un toque algo serio y atractivo a la vez.

Siempre he tenido mucho feeling con las mujeres y sobre todo en el ámbito sexual ya que mi herramienta no es nada despreciable (21 cms y con un grosor de 10), por lo que las mujeres nunca me han faltado, además siempre estudié en un colegio mixto, y por ende era muy conocido entre las mujeres del colegio en ese sentido.

Todo comienza cuando yo tenía 18 años de edad, cursaba cuarto año medio en ese entonces y me encontraba de novio con una chica espectacular de mi misma edad y el sexo con ella era espectacular por lo que la mayoría de sus amigas sabían de mí ya que ella les contaba y por ella supe cuánto medía me aparato. Mi profesora de entonces era una señora de avanzada edad, 60 años aproximadamente que un día tuvo un accidente y tuvo que ser reemplazada por otra profesora. Para mi sorpresa era una mujer de 40 años, su nombre era Alejandra muy seria a simple vista, pero que mujer, con una falda que le llegaba hasta las rodillas, que le dejaba ver un culito espectacular, durito, no tan grande, bien formado, y con una blusa que dejaba ver unos pechos espectaculares a simple vista, redondos, grandes y duritos, no se movían con nada, unos rasgos faciales espectaculares (un ángel), en otras palabras una mujer hecha a mano.

Mis compañeros por un lado todos se hicieron los lindos el primer día. Por mi parte no mostré ningún indicio de interés hacia ella, pero en verdad estaba que explotaba de lo caliente que me puso al verla… Ella empezó de inmediato a impartir sus clases para no perder la materia, era un suplicio cuando ella se daba vueltas a escribir en la pizarra, que culo que tenía. El primer día fue de escándalo quería solamente llegar a mi casa y masturbarme pensando en ella y en ese culazo y en ese par de tetas. Al final ella se quedó como nuestra profesora el resto del año, además de impartir clases en otros cursos del colegio. En el transcurso de ese tiempo ella se comenzó a soltar y relacionarse más con nosotros. Por mi parte yo continuaba con mi indiferencia hacia ella sin demostrar ningún tipo de interés, pero yo me daba cuenta que ella trataba de hablar conmigo y no se atrevía, a lo que mis compañeros me molestaban ya que ellos sabían que yo nunca dejo pasar mujeres así, pero yo estaba mentalizado con mi plan fijo en el.

Como buen deportista que era llegó el tiempo de las competencias regionales por lo que diariamente el entrenador debía retirarme de la sala para poder ir a competir, y fue en ese tiempo cuando Alejandra comenzó a conocerme por terceros y a preguntar por mí, pero claro en el ámbito de profesora y yo como alumno. Después de la competencia seguí con los entrenamientos cotidianos. Un día en el gimnasio en unos de mis descansos me encontraba sentado sin polera cuando llega Alejandra, yo la había observado desde lejos, pero no le hice caso y me hice el indiferente, pude observar que ella se me quedó mucho tiempo observándome hasta que caminó y llegó hasta mí, se sentó al lado mío sin dejar de ver mi cuerpo y mi entrepierna muy disimuladamente, pero yo podía darme cuenta sin decirle nada y comenzó a preguntar: “cómo había estado que no había tenido la ocasión de conversar conmigo, que era uno de sus alumnos más serios, que sabía que era un gran deportista que conocía de mí por mi novia y las alumnas de otros cursos, etc.”.

Fue en ese entonces cuando vi la oportunidad que estaba esperando y le pregunto que qué sabía de mí. Lo único que hizo ella fue ponerse colorada y nerviosa, se despidió con un beso en la cara y se fue rápidamente. Yo sabía que era el momento de entrar al ataque. Al día siguiente estando en clases llega Alejandra y me retira de la clase que quería conversar conmigo urgente a lo cual yo lo tomé como que algo había sucedido porque llegó muy nerviosa. Me pidió que entrara a su oficina, cerró la puerta con llave y las cortinas, yo aún sin entender nada me hizo sentarme y comenzó a interrogarme.

“Carlos desde que supe de ti no podía creer lo que estaba escuchando, quiero escuchar de tu boca la verdad”.  Yo aún estupefacto no podía entender. Ella continúa: “es verdad que estás de novio y que eres muy conocido y sobre todo por las mujeres de este colegio, pero quiero que me digas de tu boca si es verdad lo que dicen”. Me puse serio y le dije que me preguntara sin miedo directamente… “Es verdad que tu pene mide 21 cm… y que lo haces con tu novia”.

Me puse helado y me reí, ella se enojó. “No es risa, como se te ocurre, eres muy joven para comenzar tu vida sexual. Pobre chica puedes hacerle daño te has puesto a pensar en ello y blablabla”. Me paro de mi asiento enojado por sus palabras y le respondo: “si es verdad, a, ella le encanta es una fiera en la cama y si quiere se lo muestro porque ¿es eso lo que quiere cierto? Me di cuenta como me miraba el otro día en el gimnasio y no me diga que no, ya pues Alejandra quiere verlo y sí es verdad, mide 21 cm, pero si lo quiere ver así de grande tiene que hacer méritos”. Ella se sonrojó sin dejar de ver mi entrepierna y me echó de la sala…

Al término del día yo me encontraba listo para irme a mi casa cuando siento una mano que me toma por la espalda. Era Alejandra, se acerca a mi oído y me susurra: “si, si quiero hacer méritos aquí y ahora”. Me toma de un brazo y me llevó a su oficina. Ella comienza con unos besos espectaculares, me agarró de inmediato el pene ya a mil por hora, mientras yo parecía pulpo tratando de agarrarle todo su cuerpo, ese culo grande, esos senos. Ella se pone de espalda a mí y comienza a rozar su culo con mi pene el cual estaba a punto de reventar los pantalones.

Yo le digo baja que ya estoy listo para que veas mis 21cm para que me creas… Desciende desesperada baja mis pantalones y mi bóxer y aparece como un resorte mi pene. No lo podía creer. “Carlos es gigante, nunca pensé que un joven podría tener una cosa así y se lo introduce a su boca, lo comienza a chupar como una salvaje, me apretaba las bolas mientras lo hacía, nunca me la habían chupado así que exquisitez de boca, se lo tragaba todo, podía sentir su garganta en mi pene.

“Carlos por favor penétrame con esa cosa por favor, hazlo, quiero probarlo, nunca he probado un pene así, quiero probar lo que tu novia prueba”. La pongo en cuatro, apoyada en su mesa y la embisto, soltó un grito que se escuchó en todo el colegio, se escuchó golpear la puerta tras de nosotros, por lo que tuvimos que parar de inmediato nuestra faena ya que era el guardia que aún estaba en el colegio. Ella se vistió rápidamente mientras yo me escondía abajo de la mesa. Alejandra después de mentirle al guardia se da la vuelta, me besa y me dice que quería terminar lo que había empezado, mañana sabrás donde…

Esa noche fue la más larga de mi vida esperando esa tarde para hacer mío ese culo y a esa mujer…

Al día siguiente me retira de la sala y me dice que me espera en su departamento a las 4, me da su dirección escrita en un papel. Como buen galán le dije: “espérame sensual, te quiero como actriz porno y te juro que sentirás un placer como nunca lo has sentido”. Se puso roja y se mordió los labios…

Llego a las 4 a su departamento, toco el timbre y abre con un conjunto de colegiala sexy, ¡qué mujer!

Me mete rápidamente al interior del departamento y me sienta en su sofá, coloca una música sexy y comienza a bailar, rozando todo su sexo, su culo, sus senos por mi pene ya a mil… No aguanté más, me puse de pie y le digo estoy a mil, ella me quita la ropa y comienza a chupar mi pene mejor que esa tarde en su oficina, así estuvo 5 minutos sin parar. La levanto, la tiro al sillón, le abro sus piernas y ahí estaba ese conejito depiladito, todo mojado, listo para mí, no lo pensé dos veces e introduje mi lengua en ese paraíso, me apoderé de su clítoris rojo, gordo, que maravilla, mientras ella gemía de placer: “vamos Carlos, sigue, no pares, ahora entiendo a tu novia, voy a acabar, no pares, sigue así, sigue, aaahh” y acaba con un gran orgasmo”.

Toda mojada, se agacha me toma el pene y lo vuelve a chupar.  “Lo quiero bien mojado porque quiero que me lo metas fuerte, lo quiero sentir todo hasta el fondo”.  La acuesto en el sillón y se lo introduzco de golpe soltando un grito espectacular, así estuve mete y saca como media hora, mientras ella gemía de placer, “sigue así, más fuerte, que rico papi, no pares, sigue así, nunca pensé tener un pene así dentro de mí”. Yo estaba que explotaba, me pidió que acabara en su boca que era su deseo sexual probar mi leche, y acabé en su boca, tragándose toda mi leche, dejándome el pene limpio sin una gota de semen, yo estaba agotado.

“No piense que yo quedé satisfecha, ahora quiero que conozcas mi culo”. No lo podía creer, por fin tendría ese culo sólo para mí. La puse en cuatro, le pedí que levantara bien ese culo que lo quería entero. Comenzó a moverlo sensualmente: “Carlos te gusta, pero por favor con cuidado mira que nunca lo he hecho con un pene así, por favor despacio, quiero sentirlo todo, pero despacio”.  Como buen niño explorador hice caso y me fui de lleno a su culo, lo lubriqué con la lengua, me devoré ese culo con mi boca. ¡Qué culo! Mejor que el de mi novia, lo dejé bien mojado e introduje la cabeza, pero ella hizo toda la fuerza, comenzó despacio a entrar.  “Si Carlos, sigue así, que rico, párteme el culo con ese pene, por favor”.

Me puse caliente con esas palabras y le clavé todo lo que faltaba, soltando un chillido de dolor que de a poco se fue transformando en placer. Comenzamos un mete y saca de antología, estuve penetrándole el culo como una hora, ella estaba como una loba en celos. “Si Carlos sigue así, así, aaaaahhh que rico, no pares, párteme, párteme, lléname el culo de tu leche, vamos lléname, estoy acabando Carlos aaaahhh”.  Y acabó con mi pene dentro de su culo, pero yo aún no acababa, quería seguir y se lo hice saber.

“Sigue, sigue así, no pares hasta llenarme el culo de tu leche”. Después de 5 minutos, me tocó a mí, nunca había acabado de esa manera, le llené el culo de semen rebalsándose mi semen de su culo, terminé muerto. “Lo sientes, sientes mi leche en tu culo”. “Si Carlos gracias por darme ese placer, nunca me había sentido tan mujer”. Luego de ese espectacular sexo nos duchamos y yo me volví a mi casa quedando de vernos al otro día en el colegio.

Al día siguiente, ella me retira de la sala dirigiéndome a su oficina dándome un beso con todo el placer del mundo y prometiéndome que lo volveríamos a hacer hasta terminar el año escolar, yo con gusto le dije que era imposible perder a una mujer así y menos decirle que no, y así estuvimos todos los santos días, haciéndolo hasta tres veces al día en el colegio y después en su casa. Era una mujer increíble. Llegó el día de despedirnos ya que me iría a la capital a estudiar, fue una despedida increíble (ya se maginan).

No la vi durante tres años, hasta que un día, en un supermercado cerca de donde estaba estudiando me la encuentro, fue increíble lo que sentimos en ese momento. Ella se encontraba sola, yo solo y ustedes ya deben imaginarse, pero esa es otra historia. Ojalá que les haya gustado uno de los mejores momentos de mi vida.

Autor: krlos

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El regalo

El objeto de goma se convirtió en un amante imaginario, la materialización de los amores que no se habían realizado. Mi primer pensamiento fue pensar que era Eduardo, mi profesor de computación. Imaginé que el pene artificial no terminaba en las bolas, sino que tenía cuerpo, manos, brazos, boca, que era Eduardo quien estaba conmigo en mi cama y quien tocaba mis secretos.

Cuando terminé de quitar la envoltura, abrí la caja y me sorprendí al encontrar aquel objeto que nunca me imaginé que fuera el regalo que mi amiga Alejandra me regalaría. A ella la había conocido en la tienda de mi padrino, donde estaba trabajando mientras duraban mis vacaciones de verano. Alejandra es sobrina de mi tía Amelia, y tenía 21 años, tres más que yo, y a pesar de la diferencia de edad nos frecuentábamos mucho.

La caja contenía un objeto alargado, color semejante a la piel, de un material suave y un tanto flexible, y su forma era lo más cercano a un miembro masculino, con unas finas venas y poros. Incluso tenía una parte que era como una base, que tenía la forma de un escroto muy bien logrado, con pliegues y todo. Lo tomé con mis manos. Debería medir unos veinte centímetros.

No entendí por qué Alejandra me había mandado eso, y pensé qué bueno que había abierto el regalo en mi recámara. Si lo hubiera abierto delante de mis invitados me hubiera muerto de vergüenza. Una comida para celebrar mi cumpleaños. se había terminado hacía algunos minutos. No hubiera sabido qué hacer pero sí habría sabido qué hubieran pensado de mí.

Entonces, en mi mente apareció la idea de una broma. Sí, ella era tenía un carácter tan jovial que seguramente lo había hecho para ponerme en ridículo delante de toda la gente cuando abriera la caja. Lo que no contaba es que yo no estoy acostumbrada a abrir mis regalos delante de todos. Así que le había estropeado la trampa. Seguramente lo había conseguido en una sex shop, donde venden ese tipo de artículos como para bromas de despedidas de soltera.

El llamado de mi madre en el pasillo me hizo guardar rápidamente el objeto en la caja, y cuando entró ella solo le dije que estaba viendo mis regalos. Bajé a cenar, y mi regalo se quedó encima de mi cama, junto a una ropa. La cena transcurrió sin novedad alguna. Pero en la noche, me retiré a mi habitación, y recogí las dos blusas que me habían obsequiado mis familiares, el estuche con los aretes que me había regalado mi papá, un CD y junto estaban con los boletos para ver a mi cantante favorito en concierto.

Y también estaba la caja con el regalo de Alejandra. Entonces empecé a pensar ¿qué diablos iba a hacer con eso? Dónde lo iba a esconder? Si lo veía mi madre ya sabía el lío que iba a armar. Tomé el teléfono y marqué el número de Alejandra, sin embargo no estaba. Seguramente ese había ido con su novio a algún lado después de mi fiesta.

Estaba cansada, así que me quité el pantalón de mezclilla, los tenis, y me acosté en la cama, con mi camiseta que tenía al personaje de Alf estampado. Saqué nuevamente el objeto de su caja, y ésta cayó sobre la alfombra. A la luz de suave luz de la lámpara, los detalles del consolador se volvían más dramáticos. Los bordes y formas producían penumbras que contrastaban con las brillantes venas y pliegues. Viéndolo bien, era casi una obra de arte. No creo que le hubieran sacado un molde a un pene real, pero quién sabe. Se veía con tantos detalles. Comencé a imaginar cómo sería tener en mis manos uno real. Nunca había visto más que el de mi hermano menor, eso había sido cuando era yo una niña, y él un bebé, por eso no contaba. Con las yemas de mis dedos dibujé cada sus contornos.

¿Si Alejandra supiera que su regalo no había funcionado qué pensaría? Seguro no se imaginaba que ahora lo tuviera tranquilamente junto a mí. Continué acariciando la suave textura. Se sentía rico. Comencé a sentirme húmeda, y esa sensación era placentera. El pene flexible tenía un olor peculiar, de goma pero con un aromatizante. Era algo delicioso, y así se sentía. Así, que lo dirigí hacia mi labio superior, que es tan sensible. Lo pasé varias veces en mi piel, y sentí sus caricias, como si él también me correspondiera.

Entonces me llegó ese pensamiento contra el que no ejercí ninguna fuerza para oponerme. Lo dirigí hacia mi pubis. Lo pasé suavemente sobre mi vulva, sobre mi mojada pantaleta, acariciándome como nunca antes lo había sentido. El objeto se deslizaba fácilmente sobre humedad de la tela, y hacía aparecer la forma de mi excitada vagina.

Mi respiración se había agitado. Toqué mis mejillas que estaban calientes. Simplemente me bajé las pantaletas y abrí las piernas. Dirigí mi regalo especial hacia mi vagina, y comencé a acariciar mis labios menores con su cabeza. Se sentía delicioso. Con los dedos de mi otra mano comencé a acariciar mi clítoris. El consolador se movía en diferentes direcciones, y cada roce sobre mis partes íntimas me ponía más caliente aún. Entonces sucedió.

Fue como si cobrara vida, y por tanto tuvo personalidad. El objeto de goma se convirtió en un amante imaginario, la materialización de los amores que no se habían realizado. Mi primer pensamiento fue pensar que era Eduardo, mi profesor de computación. Imaginé que el pene artificial no terminaba en las bolas, sino que tenía cuerpo, manos, brazos, boca, que era Eduardo quien estaba conmigo en mi cama y quien tocaba mis secretos.

-¿Quieres entrar papacito? Le dije, mientras abría con dos dedos mi vagina, y vi cómo comenzaba a introducirse buscando paso entre mis labios vaginales. Sentí cómo el suave material se comprimía un poco y cómo se doblaba para acomodarse a la dirección de mi interior. Me resultó bastante excitante ver el alargado miembro introducirse lentamente, y no pude evitar sonreír, aunque mi sonrisa era como una mueca debido a que los músculos de mi cara estaban se tensaban de forma irregular. Lo seguí metiendo aunque comencé a sentir un dolor que me obligó a detenerme. Volví a las caricias que mis dedos proporcionaban a mi clítoris.

Debo confesar que no tuve el valor de metérmelo completamente esa noche, y creo que mi umbral de dolor no hubiera estado preparado para soportarlo tampoco. Sin embargo, aquel objeto se movía insistentemente entrando y saliendo de mi cuerpo. Recuerdo que lo levanté y besé los falsos testículos, sometiéndome a los deseos de mi amante imaginario. Fantaseaba con que Eduardo estaba conmigo y me hacía suya esa noche, y casi podía ver sus amplios pectorales que rozaban los erectos pezones de mis senos, que también eran acariciados por el artículo erótico, gracias a la humedad que estaba impregnada en su superficie.

En un momento, pareció dirigirse hacia mi ano. -¿Quieres ahí también, mi amor? Claro que sí – le dije, mientras lo dirigía hacia aquél virginal rincón. Y pude sentir cómo iba penetrando por ese otro orificio, gracias a la lubricación de mi vagina, que ahora tenía mojada toda la región. Me pareció que aunque al principio también tenía dolor, era alguna manera diferente al que había sentido por adelante. Digamos que este dolor sí lo podía soportar. Me sentí avergonzada por lo que estaba sintiendo, sin embargo mis dedos se enfocaron en continuar con las caricias del área clitórea, y comenzaron a tomar un ritmo frenético.

Saqué el vigoroso pene de mi trasero y lo empapé en mis fluidos que eran abundantes. Restregaba sus contornos en mis ingles, el interior de mis piernas, y contra mis labios vaginales, que los sentía rozados. Pero mi cuerpo temblaba, podía sentir el sudor que mojaba mi almohada. Mis dedos se movieron cada vez más rápido, dirigí a mi amiguito hacia mi boca y comencé a mamarlo. En mi boca entraba completamente, aquí no había dolor que me limitara, y pude sentirlo hasta mi garganta.

Lo saqué para lamerle la cabeza, y luego volví a chuparlo. Mis propios dedos me volvían loca, y en momentos eran ineficientes substitutos de mi amante de plástico al introducirse entre mis labios vaginales, pero nuevamente volvieron a mi clítoris para darme uno de los orgasmos más exquisitos de mi vida mientras yo mamaba y gemía. Finalmente lo extraje de mi boca para llevarlo a su nuevo hogar: mi vagina. Lentamente me fui relajando, mientras mi inquilino continuaba moviéndose lentamente sin ningún cansancio, proporcionándome más minutos de sensaciones placenteras. De esta forma, poco a poco fui consiguiendo el sueño, aquel consolador compartió conmigo mi lecho, como un fiel compañero.

A la mañana siguiente, la voz de mi madre me despertó, pues íbamos a salir a La Marquesa, un parque nacional a unos kilómetros de la ciudad. Al abrir las cortinas mi madre, la luz iluminó las sábanas y una inseguridad se apoderó de mí al mirar mis pantaletas tiradas junto a la cama y la caja del regalo sobre la alfombra. Una vez que mi madre salió de la habitación, levanté las sábanas, buscando a mi nuevo amante, y una angustia me invadió al no encontrarlo. De repente me di cuenta que mi regalo no se había despegado de mí, estaba aún dentro de mi cuerpo, el muy hábil había logrado irse abriendo paso y ahora estaba metido hasta el fondo.

Todavía conservo aquel regalo como uno de mis más preciados tesoros. Y aún sigue acompañándome algunas noches. Su aspecto no ha cambiado, ni tampoco su vitalidad.

Aún sigue teniendo las mismas ganas de hacerme mía como aquella noche inolvidable.

Autora: Susy

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El reencuentro

El sueño de toda una vida se estaba volviendo realidad, dos mujeres al tiempo, sentado en el sofá comencé a disfrutar del espectáculo, Clara le puso las manos sobre el culo a Aleja y se lo manoseaba apretándolo, Aleja empezó a hacer lo mismo, mientras yo jugaba con mi verga, disfrutando cada minuto, ver a esas dos mujeres enfrente, sentir ese olor a sexo, esa atmósfera impredecible.

Noviembre (II)

Durante esa noche no pude dormir, pensando y repitiendo mentalmente cada momento de ese encuentro corto y furtivo, cuando nos despertamos esa tarde, tuve que salir rápido del apartamento ya que el celador avisó por el citófono de la llegada del hermano menor de Alejandra, así que ni siquiera alcanzamos a intercambiar teléfonos y por consiguiente el recuerdo de la experiencia me rondaba y me rondaba la cabeza hasta el punto de tener que masturbarme y así poder conciliar el sueño.

Durante los días siguientes, jueves, viernes y el fin de semana estuve rondando por enfrente de su edificio, pero ni rastros y al final como no supe su apellido no tuve formas de preguntar en la portería; pasó una semana más y al siguiente martes mientras iba para la oficina, me desvié de mi ruta normal y al pasar por enfrente de su apartamento nuevamente la vi, estaba vestida con un blue jeans de esos descaderados, una blusita café, tenis y una chaqueta ligera; yo estaba tres carros atrás de la camioneta en la que ella se estaba subiendo y aunque pité con la bocina de mi carro, no se dio por enterada. Muchas cosas pasaron por mi cabeza, de un momento a otro estaba temblando y con los pensamientos acelerados, no podía perder la oportunidad de entrar en contacto nuevamente y por suerte en el siguiente semáforo pude igualar su auto, como por arte de magia ella me vio y aunque muy seria (más tarde me contó que ese era el carro de sus padres y ni modo de bajarse), escribió sobre el cristal su número de celular y con la boca me pidió que la llamara más tarde, un guiño de ojo con una hermosa sonrisa y se me arregló el día de una forma que no pueden imaginarse.

En la tarde y después de muchos intentos finalmente respondió al celular.

– ¿Alejandra? – Si… ¿Oscar? – El mismo, ¿cómo has estado, cómo van tus cosas? – Pensé que no ibas a llamarme, esta mañana cuando te vi se me movió el mundo… he estado pensando mucho en ti, en cómo te habría acabado de ir esa tarde, si te había gustado lo que pasó… no se pensé que no nos íbamos a ver nuevamente…- Lo mismo me pasa a mí, la verdad no puedo sacarte de mi cabeza… cada vez que pienso en ti… al final tengo que hacerme un pajazo para tratar de calmarme…

– Tú qué crees, por las noches y por las mañanas tengo que masturbarme en la cama o en el baño o hasta… mejor dicho después te cuento… me gustaría volver a verte, la verdad ese fin de semana en la finca de mis padres terminé con mi novio y… me estoy volviendo loca de ganas… por las tardes cuando estoy sola pongo el canal porno que tú estabas viendo y me vuelvo loca imaginando que somos nosotros, como me gustó que me chuparas la rajita, el culito, que me muerdas las tetas y todo lo que me hiciste… ya me estoy mojando otra vez…

– ¿Y tú cómo crees que estoy yo? Sólo escuchándote ya tengo una erección y el recuerdo del sabor de tu sexo me pone a mil, la sensación de eyacular en tu boca, de ver tu carita, sentir ese culito duro y firme, esas tetas, en fin no te imaginas como me pones… tenemos que encontrarnos hoy mismo…
– ¡No! Hoy no puedo, ya tengo un compromiso ineludible…

– ¿Y mañana en la mañana?- Si, mañana si puedo, a qué horas.- Tú dirás…- A la 9:00 en la esquina de mi apartamento ¿vale? – Listo… pero quiero que me des gusto con algo: quiero que te pongas la tanguitas de la vez pasada, con un jeans descaderado y una camiseta sin sostén… – Tú sabes que las mías son muy grandes y eso se nota…- Ponte una chaqueta o un saco encima y listo… ¿vale? – ¡Listo! Hasta mañana…

Ya podrán imaginarse la noche que pasé, y sin embargo me aguanté las ganas de masturbarme para estar mejor dispuesto para el otro día.  A la mañana siguiente pasé muy temprano por la oficina y pedí permiso por el resto del día, tengo vueltas personales que hacer y son inaplazables… le dije a mi jefe, quien no puso problemas para nada. A las nueve estaba en la esquina hecho un mar de ansiedad, pensando si Alejandra vendría o no, pero después de cinco minutos que parecieron horas, ella llegó caminando de frente hacia mí, que visión tan hermosa: una hembra de más o menos 1,72 de estatura, piernas largas y gruesas, el triángulo de ese sexo, el vaivén de su caminar, el color de su piel por encima del jeans, esas tetas moviéndose al ritmo de sus pasos… en fin ya pueden imaginarse.

– ¡Hola! – ¡Hola! Súbete y vamos. – ¡Vamos! Oye aquí nada de besos, que los vecinos…

Tan pronto se subió al carro el olor de su perfume y de mujer recién bañada captó toda mi atención; arrancamos y me dirigí hacía mi apartamento que se encuentra a pocas cuadras de allí, pero a las pocas calles me estacioné en una calle auxiliar y sin mediar palabra nos abrazamos en un beso apasionado, largo, en medio del cual aproveché para comprobar si Alejandra había cumplido con mis deseos y para mi sorpresa y gusto así fue… pude tocar nuevamente esas tetas suaves y grandes, duritas y en un momento le subí la camiseta y se las chupé… Uhhmmm que sensación tan rica…

– ¡Estás loco! Aquí cualquiera nos puede ver, es muy temprano y la gente va saliendo para la oficina… ¡quieto!… – Que rico que me dieras gusto, vamos para mi apartamento, no me aguanto más las ganas de estar contigo…

En cuestión de 20 minutos llegamos al lugar y en menos de 5 minutos estábamos en la puerta del mismo, claro en el trayecto del parqueadero hasta el piso, nada de nada… muchos vecinos y… buenos días, y por aquí tan temprano ingeniero, y ese milagro de verlo y etc., que desespero, ¡me imagino que me entienden! En fin una, vez entramos y cerramos la puerta, el beso más apasionado y frenético de la vida, explorar esa boquita con mi lengua, mientras con mis manos apretar ese culo… que deleite.

– Como te deseo, Aleja… que… rica… estás, que delicia… por fin los dos nuevamente… ven vamos al cuarto…

Ella me abrazó con sus piernas en mi cintura y así la subí hasta mi habitación, parecíamos loquitos, y una vez en el cuarto la acosté sobre mi cama y empecé a besarla suavemente en la boca pasando a sus orejas, su cuello, que delicia escuchar sus gemidos y sentir ese temblor en su cuerpo, bajé por su cuello hasta su pecho y por encima de la camiseta le mordí los pezones, le quité la camiseta y me dedique a jugar con esas preciosas montañas, pasar mi cara entre sus senos, apretarlos, chuparlos y morderlos.

– Sigue… así… así… que delicia… uuhhmmm… ahhhh.

Abandoné muy a mi pesar esas tetas ricas y seguí bajando, por su vientre jugando con mi lengua en movimientos circulares hasta llegar a su ombligo, aquí me desvié hacia los lados con mordisquitos suaves y chupetazos hasta que no aguanté más y seguí mi ruta hacia su sexo, le solté el cinturón, desabroché el pantalón, se lo quité completamente, volviendo a jugar con ese hermoso sexo por encima de la tanguita (la misma que le pedí que se pusiera), separó sus piernas y me dediqué a chupar y morder entre sus muslos hasta llegar a sus rodillas; que espectáculo tan erótico tenía enfrente: su sexo húmedo, oloroso, delicioso… no aguanté más y le quité la tanguita, que salieron empapadas de su flujo; que delicia de vista: una raja morena, carmesí, húmeda, brillante, hinchada… en ese momento retomé mi ruta sobre sus rodillas y me dirigí hacia su sexo, cuando alcancé su rajita le pasé mi lengua de abajo hacia arriba, jugué con su vello y regresé a chupar y morder esa raja, que delicia.

– Que rico… no pares… uuhhmmm, dale así… así…- Date la vuelta, quiero mirar y comerme tu culito, quiero sentir cada milímetro de ti…

Que deleite poder besar y chupar esas nalgas desde su nacimiento pasando por el botoncito del culito hasta alcanzar la rajita en la parte final. No sé cuánto tiempo pasé jugando con ella, pero al rato me detuvo, me dio un beso en la boca y me dijo:

– Anoche compré algo para ti, pásame mi bolso por fa…- Yo también compré algo para nosotros…

Los dos coincidimos en cuanto a la marca del condón. Para mi sorpresa yo aún estaba vestido o bueno a medio vestir ya que había tenido que abrir la bragueta para liberar mi verga pues no podía resistir más la erección, así que terminé de desnudarme con la ayuda de Alejandra; me puse el condón y retornamos a la acción: ella se acostó boca arriba y yo me dispuse a penetrarla, pasé mi pene a lo largo de su vagina sintiendo esa rajita lubricada, caliente, suavecita.

– Házmelo despacito por fa… es mi primera vez…- Espero que te guste… me tienes al tope….

Así empecé a penetrarla con suavidad, entrando y saliendo sintiendo su temblor, su respiración acelerada, sus gemidos, hasta que ella cogió mis nalgas con sus manos y en un sólo movimiento empujó mi verga hasta el fondo de su sexo… que delicia penetrarla totalmente, al principio soltó un gemido de dolor, pero al momento su ritmo se aceleró y en un frenesí descontrolado alcanzamos nuestro primer orgasmo juntos…..quedé tendido encima de ella por un momento y después me tendí a su lado, relajado como perdido. Para mi sorpresa Alejandra se levantó y retiró el condón de mi pene aún erecto, botándolo a un lado de la cama, para después comenzar a chupar mi verga.

– ¡Como me gusta el sabor de tu semen! – Ahhhh… se siente muy rico.

Me chupó por un rato y después nos quedamos dormidos, abrazados. No sé cuánto tiempo estuvimos así, pero al despertarnos tomamos una ducha caliente, nos acariciamos, me hizo una mamada deliciosa y volvimos a la cama, jugamos toda la tarde, nos reímos, corrimos desnudos por el apartamento, pasado el medio día pedimos algo de almorzar y volvimos a nuestras andanzas y al final de la tarde ya habíamos acabado con los condones y con nuestras fuerzas, ella tenía una carita de cansada, con ojeras, pero una mirada hermosa, con ojos brillantes y de satisfacción. En fin, eran las siete de la noche cuando la llevé hasta su apartamento, nos despedimos como quien no quiere la cosa y así terminó uno de los días más eróticos de mi vida…

Mi ex y Aleja (Noviembre III)

Las cosas con Alejandra venían funcionando de maravilla, durante las últimas semanas fuimos amantes inseparables, es decir en las noches y durante los fines de semana, a cada momento que podíamos; ella es una mujer complaciente que responde a cada uno de mis antojos de forma inocente, pero apasionada, como por ejemplo pedirle que para ir al cine use minifalda sin ropa interior y en la mitad de la película que se pase por enfrente mostrándome sus encantos, o pedirle una mamada mientras voy manejando por la circunvalar, o ir a un bar de media luz y hacer el amor enfrente de todos, pero con disimulo (hasta donde se puede), y permitirme eyacular en su boquita o chuparle esa rajita y ese culito mientras estamos en el último rincón de una pizzería, en fin muchas cosas deliciosas que nos llenan de placer mutuo.

Para mi sorpresa un día a la hora del almuerzo estaba esperándome mi antigua novia, Clara, una rubia hermosa de ojos azules, piel blanca, cabello corto, boca grande y carnosa, un culito parado y respingón, con unas tetas no tan grandes como las de Alejandra, pero siempre paraditas y deliciosas para chupar, coronadas por unos pezones grandes y rosados, una mujer de 27 años, hecha y derecha con sus 1,65 de estatura; nuestra relación no duró mucho, hasta que trató de fijar la fecha del compromiso (6 meses después de conocernos), y las cosas terminaron luego de una discusión acalorada y un polvo de despedida. Para ella hacer el amor es como un compromiso, algo que se debe hacer por el hecho de ser novios, más no algo apasionado, desenfrenado, en fin no sé cómo explicarlo; sin embargo no me quejo de nuestros meses juntos. Ella se trasladó para otra ciudad por cuestiones de trabajo con el banco y las cosas se terminaron de enfriar.

– Hola Clara… como estas… ¡que milagro! – Hola Oscar, vine unos días a Bogotá y quería saludarte, vamos a almorzar, yo invito… quiero que conversemos…

En fin, me imaginé un almuerzo pesado, con reclamos y más, pero no fue así, me contó que el trabajo iba bien, ya se había adaptado a la nueva ciudad también que estaba de novia y que muy posiblemente se pensaban casar en unos meses.

– ¿Y tú? ¿Andas saliendo con alguien? – Si, hace unas semanas conocí a una niña especial…- Y ya te la estás clavando…- Si, tenemos una buena relación…- ¿Es mejor que yo?- ¿Por qué preguntas?…- Me has hecho falta… te extraño… no sabes cómo me gustaba que me chuparas la rajita… uuhhmmm y mi culito… siempre me quedé con las ganas de saber que se sentía que me clavaras por el culito…- Bueno… tú nunca quisiste…

– Si, yo sé, pero es que me daba miedo…y a tu novia ya te la clavaste por el culito…- No, la verdad no hemos llegado hasta allá. Pero a qué viene todo esto, si me dices que piensas casarte…- Tú podrías cambiar esa decisión…- Tú ya sabes lo que pienso del matrimonio… y mi opinión no ha cambiado.

En fin, el postre del almuerzo fue esta conversación, que la verdad lo único que hizo fue llenarme la cabeza de ideas raras y de recuerdos: a diferencia de Alejandra, Clara tiene una rajita chiquita, rosadita, jugosa al igual que el capullito del culito que cada vez que se lo lamía lo encogía y suspiraba de placer además siempre me gustó y me pareció muy sensual el hecho de que la cuquita la llevaba totalmente depilada y con el solo hecho de besarle o morderle una oreja se ponía mojadita a más no poder. Esa noche, mientras hacíamos el amor con Alejandra, es decir en uno de los descansos le conté sobre el almuerzo con Clara.

– ¿Y qué quería la zorra? Que te la clavaras, pilas, que si te pesco te metes en problemas…- Tranquila, nuestra relación ya terminó, aunque te confieso que pensar en ella aún me excita, pensar en el sabor de sus pezones, en como gemía de placer, en que hubiera sentido si le hubiera dado por el culito, no se mira como me pone…

Para ese momento ya tenía la verga otra vez en punto, no sé si por los recuerdos o por el masaje de Alejandra…

– Tú sabes que nunca lo hemos hecho por el culito, pero si quieres podemos probar…

Y sin pensarlo dos veces comenzó a darme una mamada fenomenal, a llenarme la verga de saliva, apretando con la boca de arriba hacia abajo y viceversa y con las manos apretando y soltando las pelotas; hice que me pusiera esa rajita morena en la boca y yo también comencé a consentirla como a ella le gusta, lamiéndole el culito y metiéndole la punta de la lengua… haciéndola gemir de placer… preparando ese culito para ser penetrado por primera vez… en fin jugamos alrededor de 20 minutos, después de los cuales la hice arrodillase encima de la cama, inclinándose hacia delante, de tal forma que tuviera acceso a su culito fácilmente, saqué aceite para bebés y comencé a acariciar su culito… suavemente haciendo círculos con mi dedo del corazón, lamiéndola… haciendo que se relajara al máximo y que sintiera el placer de ser acariciada y lamida; le metí un dedo primero, suave, despacio, sin afán, después otro hasta que su ano estuvo relajado y entonces me coloqué un condón y comencé a penetrarla, despacio al principio, pero cuando le metí media verga, no aguanté más y la penetré hasta el final de un solo empujón.

– ¡Ay! ¡Me dolió!… Ahhhh, sigue… sigue… más… más… no… no pares…dame más…- ¿Te gusta? Así… así…- Si, dame más… dame más… ummm… ummm… acaríciame la rajita… así… así… quítate el condón y lléname el culo de semen… quiero sentir…

No alcancé a resistir más de 15 minutos y al final eyaculé en su culito, que delicia finalmente habíamos probado ese manjar prohibido y la verdad me gustó mucho esa sensación. Ya estábamos relajados en la cama, después de un baño caliente, cuando el teléfono sonó, era Clara.

– Hola, ¿cómo estás?… ¿qué hacías?- Estamos con Alejandra…- O sea, ¡tirando como conejos!- Si, así es…- Te la clavaste por el culo… ¡verdad!- Si, nosotr…

En ese momento Alejandra, roja de la rabia, me tapó el teléfono.

– ¡Qué quiere zorra!- Qué… ¿te gustó? ¿Te lamió el culito antes de clavarte?- ¡Que te importa! ¡Vete a la mierda maldita zorra! -¡No te pongas así! Ya te contó de su sueño de clavarse dos viejas al mismo tiempo… de lamerles las tetas y morderles los pezones… de que se la mamen las dos al mismo tiempo… ¿no te ha dicho nada?- No… ¿y para qué me dices esto? ¡Yo ni loca con otra vieja! – ¡Chao! Mamita… que tengas buenas noches… ja, ja, ja, ja…

La cara de rabia de Aleja se cambió por una carita de sorpresa, colgó el teléfono y me miró como extrañada.

– Como así que tienes un sueño…- Que te dijo Clara…- Me contó de tu sueño de estar con dos viejas… tú no me habías dicho nada…- Bueno, nunca hablamos del asunto, además estamos saliendo hace poco… y las cosas van bien así entre nosotros… no se… no había vuelto a pensar en eso…- Que curioso…

El siguiente viernes, salimos a cenar con Aleja, quedamos de encontrarnos en un restaurante llamado Crepes &… para después ir al cine o algún otro sitio, había sido una buena semana en el trabajo y esperaba un buen fin de semana también; para esta ocasión le pedí a Aleja que se pusiera un vestido enterizo negro, corto de esos pegaditos al cuerpo y obvio que no se pusiera tanguitas, durante la cena quería agacharme a recoger algo del piso para poder disfrutar del espectáculo de su rajita morena, deliciosa, mojadita… en fin… llegué al sitio y por primera vez desde que estábamos saliendo me hizo esperar, la llamé al celular y le avisé que la esperaba dentro del restaurante, quería verla caminar hasta la mesa. Que sorpresa me llevé cuando a los pocos minutos vi entrar al restaurante a Alejandra y a Clara juntas, caminando con coquetería y riéndose al ver mi cara de asombro o mejor de tonto, no sabría como describir cuantas cosas se me pasaron por la cabeza…

– ¡Hola amor! ¿Cómo estás?- ¡Hola papi! (así me llamaba Clara), ¿sorprendido?- Hola, como están… la verdad no me esperaba encontrarme con las dos al mismo tiempo, ¡que sorpresa!

Alejandra se había colocado el vestido que le pedí, pero a diferencia de otros días, estaba maquillada como para fiesta, elegante con estilo, no parecía una mujer de 18 años; Clara vestía de forma similar con un vestido corto, color café, hermosa, sensual, provocativa, no sé cómo explicar la situación y lo cortado que quedé por un momento. Nos cambiamos a una mesa para 4 y ellas se sentaron enfrente de mí, todo el tiempo sonriéndose con picardía y para mi sorpresa, charlando como grandes amigas. Cuando llegó la mesera para entregar las cartas, Aleja dejó caer accidentalmente la suya y me pidió el favor de levantarla: que espectáculo tan erótico me encontré bajo la mesa, las dos se pusieron de acuerdo y a menos de 50 cm de mi cara tenía dos rajitas deliciosas, Clara colocó su pierna derecha sobre la izquierda de Aleja y me ofrecieron una vista casi inmejorable: la rajita de Clara totalmente depilada, rosadita, abierta… la de Aleja morena, coronada por esa línea de vello púbico… todo fue muy rápido y de la sorpresa me golpee la cabeza contra la mesa y al levantarme no supe como excusarme con la mesera que con cara de picardía se retiró sonriéndose.

– Carambas niñas… que vista tan increíble, atiné a decir…- ¿Te gustó?… contestaron al tiempo. – Wuauu… que pregunta es esa, nunca me imaginé verlas a las dos así al mismo tiempo, ¿realmente quieren cenar?- Si, y después vamos al cine y después… quien sabe -dijo Clara- ¿o no Aleja? si te portas bien con nosotras es posible que sea noche de sueños…

Ya podrán imaginarse como transcurrió la cena, ellas divertidísimas viendo y disfrutando con mi impaciencia, me imagino que estaba más rojo que un tomate y con una erección retenida por el pantalón, la verdad yo no disfruté la cena fantaseando e imaginando todo tipo de escenas en mi mente, que íbamos a hacer más tarde y todo ese tipo de cosas. Después de la cena desistieron de ir al cine, Alejandra tenía que llegar a la casa antes de la 1:00, y salimos para mi apartamento; aunque el recorrido no fue muy largo, me pareció eterno, les pedí que me mostraran las rajitas, que hicieran como si buscaran algo en la parte de atrás del carro para que se inclinaran y poder observar, en fin creo que nunca antes había estado tan arrecho ni caliente en mi vida y ellas parecían estar disfrutándolo al máximo, no hacían más que reírse y burlarse de mí.

Cuando llegamos al apartamento la situación cambió ya que ninguno de nosotros sabía qué hacer, serví unos vinos, pusimos música alegre, la verdad ellas no se sentían muy cómodas, entonces, sin mediar palabra Clara se quitó el vestido y quedó totalmente desnuda, una rubia hermosa con esa rajita depilada totalmente y las tetas paraditas con los pezones rosaditos que se veían duros.

– Vas a arrepentirte Aleja… ven vamos a bailar…

Alejandra, sonrojada se paró y también se quitó el vestido Uauu… que vista… el sueño de toda una vida se estaba volviendo realidad, dos mujeres al tiempo, comenzaron a bailar, Clara se dejó puestos los zapatos de tacón para compensar la diferencia de altura, se miraban a los ojos con una mezcla de no sé qué hacer, pero a los pocos minutos se estaban abrazando al compás de la música, yo no podía más de la excitación, me desnudé también y sentado en el sofá comencé a disfrutar del espectáculo, las dos amacizadas, el roce de sus tetas con los pezones duros, Clara le puso las manos sobre el culo a Aleja y se lo manoseaba apretándolo, palmeándolo, Aleja empezó a hacer lo mismo, mientras yo jugaba con mi verga, suavemente, disfrutando cada minuto, no sé si me entienden, pero ver a esas dos mujeres en frente, sentir ese olor a sexo, esa atmósfera impredecible… no se compara en nada a ver una película porno o a leer un relato de sexo, es algo insuperable.

Cuando se acabó la canción, se miraron, se sonrieron y vinieron hacia mí, me hicieron abrir las piernas y cada una comenzó al mismo tiempo a besar, a pasar su lengua lentamente desde los pies hacia arriba, despacio, en círculos, en la medida que iban subiendo pude sentir sus tetas sobre mi piel, su calor, las dos al mismo tiempo… uuummm… al llegar a mis muslos pude sentir la humedad de sus sexos… jugaron un rato en mi entrepierna y finalmente llegaron a mi sexo.

Clara comenzó a chuparme las bolas y Aleja a pasar la lengua desde la raíz subiendo despacio hasta la punta, su respiración, la saliva que se enfría, dos manos diferentes apretando… soltando… masajeando, hummm… después cambiaron de posición y al final las dos hicieron el mismo recorrido cada una a un lado de mi verga y al llegar a la cabeza jugaron con ella con la punta de sus lenguas y para mi sorpresa en un desliz se entablaron en un beso apasionado… ya no aguantaba más y mientras Alejandra le daba con su mano mi verga a Clara no aguanté más y eyaculé como si fuera mi primera vez en la boca de Clara; su reacción fue inesperada, se separó y puso cara como de disgusto.

– ¿Qué pasa?… ¿No te gusta?… es de las cosas más ricas que he probado. Dijo Aleja- dámelo… ahhhh. – ¿Tú, te lo comes? – ¡Claro!… prueba…

Y así me terminaron de limpiar hasta la última gota de semen y nuevamente se fundieron en un beso, compartiendo mi esperma entre sus bocas, eso fue algo que realmente nunca pensé iba a ver, pero ya era la segunda vez de la noche. Esa imagen hizo que mi verga recuperara su forma otra vez, mejor dicho que recuperar, sencillamente no pude perder mi erección ante tanta sensualidad.

– Bueno amor… ahora es nuestro turno… ¡tú dirás!

Por fin, era mi turno de disfrutar de esas dos hermosas mujeres, el sólo pensar en esto me enloquece nuevamente, en fin, al principio Aleja y Clara se sentaron una al lado de la otra, una pierna de Clara encima de la Alejandra… esas dos rajitas sólo para mí y comencé a chupar, a lamer a penetrar esas rajitas con mi lengua, a lamerles el culito a penetrarlos con mi lengua, fueron como 20 minutos de probarlas, de mezclar sus sabores en mi boca… de oírlas gemir de placer… y entonces Clara se paró y se arrodilló en el borde de la silla poniéndole su rajita en la boca de Aleja y para mi sorpresa ella comenzó a comérsela.

– Así… hummm… así… como si fuera la tuya, chúpame… cómeme… ahhhh…sigue… chúpame el culito… así… así… como Oscar te lo chupa a ti… ahhhh…- Oscar… clávame… clávame… ¡ya! Me pidió Aleja… métemela toda… duro… duro.

Así estuvimos un buen rato yo penetrando a Aleja mientras ella se comía la rajita de Clara, después ellas se montaron en un 69 con Aleja debajo y Clara encima, lo que me dio la oportunidad de clavarme a Clara mientras Aleja me lamía las pelotas entonces Clara me dijo: – Oye es mi turno por el culito… quiero que me claves mientras Aleja me chupa la raja… métemelo de una… ahhhh… que rico… dale… dale… uuummm…

Y así jugamos hasta que un orgasmo nos sacudió a los tres al mismo tiempo, fue como si un camión nos hubiera pasado a todos por encima: quedamos tendidos al lado, cansados, cubiertos en sudor, exhaustos, pero satisfechos. Pasamos al baño, nos duchamos entre besos y caricias… que delicioso se siente poder meter los dedos de las manos en dos rajitas diferentes y al mismo tiempo, jugar con sus culitos… más tarde seguimos haciendo el amor entre los tres: Clara acostada boca arriba y yo penetrándola, mientras Aleja en mi espalda acariciándome con sus tetas y la punta de su lengua en mi culo mientras penetraba a Clara, que delicia, después cambiaron de posición y al final ellas chupando mi verga hasta tomarse la última gota de mi semen… en fin fue una noche espectacular, una noche que no podré olvidar en mucho tiempo…

Bueno por ahora los dejo, esta noche vamos con Aleja para la Calera y no sé qué cosa podamos encontrar. ¡Saludos para todos!

Autor: Oscar

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