Arroyo turbulento

Cuando me di vuelta le pedí que chupara los dedos de mis pies y que subiera por mi cuerpo hasta quedarse con la leche que asomaba en mi pija. Fue obediente y lo premié con una nueva penetración, acompasada con castigo en sus nalgas, con golpes suaves con una varilla, que lo llevaba a cerrar su ano aprisionando mi pene enterrado en su recto. Sentí como una boca que mamaba a mi ritmo.

El arroyo venía crecido, sucio y turbulento por la lluvia y la tormenta que había pasado, pero estaba bien porque habíamos ido a coger, no a bañarnos. No había nadie en el balneario, por lo que cerré la camioneta y nos metimos en el bosque con una lona y un botiquín para emergencias donde yo tengo profilácticos, cremas cicatrizantes, un jabón desinfectante y repelente para mosquitos…

Soy Manuel (35) y me acompañaba Leandro (19). Nos fuimos desabotonando todo a medida que buscábamos un lugar para ocultarnos. Quedamos desnudos y realmente Leandro tenía un buen físico, ejercitado por el trabajo de campo y las pajas que se mandaría con Alejandro (20) y Tomás (18). No tuve que sugerir nada porque su lengua lamía mis huevos y mi agujero frenéticamente. Le puse un condón en su pija que parecía un mástil y no necesitaba ni que la tocara. La saliva fue el lubricante y entró sin dolor en mi culo, hasta que sentí la necesidad de ir de cuerpo…Leandro era una máquina de buen ritmo para entrar y salir de mi culo, aunque no tenía romanticismo. A los quince minutos, mi agujero ardía y yo tenía que cagar. Esto tampoco era romántico, pero cumplía con la necesidad que no siempre dicen los homosexuales. Quizá porque no éramos gays, sino chicos, sin chicas para coger.

Cuando regresé Leandro estaba desnudo boca abajo y jugaba con las cosas del botiquín.  Saqué la pomada y me puse unos guantes de látex que llevo para los accidentes. Estaba muy caliente su agujerito por lo que le di rápido tratamiento con un dedito, dos, tres, cuatro y sus gemidos de dolor y gozo. Mi pija estaba tiesa y los 21 cm. no eran despreciables por lo que le pedí que se sentara sobre ella, mirándome para que pudiera ver su carita aniñada cuando mi mástil desaparecía entre sus nalgas. El mismo controlaba su movimiento, ya que yo estaba acostado boca arriba. Mi glande o cabeza de pija es grande, pero cuando vence el anillo o esfínter deja que la pija entre hasta los huevos.

Después de un rato, agotados por el calor y el esfuerzo, nos acostamos sin movernos para recuperarnos.

-Me gustó que me dilataras con los dedos -dijo Leandro -pareces un maestro. Necesitaba que me abrieran ya que hace un tiempo que no lo hago y a veces en el apuro, Alejandro me desgarra con lo que me sale algo de sangre y me duele varios días. -Es práctica cuando el sexo se hace con alguna seguridad -respondí. Por ejemplo, no se deben iniciar chicos ya que se los puede lastimar y no saben cuál es el límite. Creo que Tomás es muy joven y por eso no debe hacerlo.-Te equivocas, ya que fue Tomás el que me pidió que lo dejáramos entrar a nuestro club secreto de pajas y cogidas -me respondió.-Aunque te lo pida y quiera ser iniciado, debe esperar a tener una idea clara de lo que es amar o tener sexo -dije. -No sabía -pero lo íbamos a hacer en el galpón cuando llegaron ustedes con el tornado. Creo que Alejandro y yo lo hacemos porque no tenemos novias o chicas aquí.

Cuando tengamos, posiblemente dejemos de hacerlo y cojamos mujeres, aunque te digo que recién, cuando me empalaste con tu pija, me encantó. Sentí como si mi culo fuera una concha caliente. Leandro encendió un cigarrillo y fumaba lentamente mientras con un palito trataba de levantar del suelo al profiláctico que yo había usado…mi leche estaba dentro, pero por fuera se veían sucios unos 19 cm.

-Cómo hay que hacerlo bien y con seguridad -preguntó Leandro dándose cuenta que le faltaba conocer algunas cosas más.-Es difícil explicar cuando uno tiene ganas de coger. -Pero bueno que uno se relaje y si es posible, antes de ser penetrado, haya evacuado la caca y los gases. Así no hay tensión cuando se va abriendo el agujero con una crema y los dedos. El ano y el recto se preparan, bien lubricados, para el entra y sale de la pija de un macho.

-Con Alejandro hacemos el vuelta y vuelta -pero yo prefiero que él me trabaje el culo -comentó pensativo Leandro. Muchas veces, cuando vemos películas subidas de color, vemos unas erecciones de novela y unas cogidas increíbles después de usar “chiches” o dilatadores o vibradores. -Sí. Algunas veces son de película y otros ayudan para dilatarse ya que uno puede controlar cuánto se mete y cómo…en eso es mejor que la pija que uno quiere clavarla y mandarla al fondo sin esperar que la pareja esté preparada. Es algo que los dos o los que sean deben gozarlo juntos. -Me gustaría una fiestita así ya que estás por aquí.

Le diría a Alejandro y a Tomás, ¿qué te parece?  -propuso Leandro. -No sé. Tendría que conseguir algunas cosas para que lo que hagamos les sea útil  -dije con ganas de volver a coger a Leandro a quien había puesto, acostado de costado, para que fuera más fácil conversar, detener mi bombeo y volver a empezar.

A los 20 minutos, Leandro me rogaba que lo coja fuerte, profundo y rápido. Abría las piernas y hasta los dedos de los pies, mientras que sus manos arrancaban los yuyos del borde de la manta. Terminé dentro de él y nos quedamos abrochados, quietecitos un buen tiempo, hasta que mi pija se achicó y dejé que saliera de la cuevita de Leandro. Después, él comenzó a besarme por todas partes: la boca, las orejas, la nuez de Adán, la espalda, las nalgas y mi agujero…

Cuando me di vuelta le pedí que chupara los dedos de mis pies y que subiera por mi cuerpo hasta quedarse con la leche que asomaba en mi pija. Fue obediente y lo premié con una nueva penetración, acompasada con castigo en sus nalgas, con golpes suaves con una varilla, que lo llevaba a cerrar su ano aprisionando mi pene enterrado en su recto. Sentí como una boca que mamaba a mi ritmo.

-Ya es tarde y tenemos que volver -dijo Leandro. Tengo que prender el fuego para el asado de esta noche. Espero que te quedes, aunque no hay hotel, ni residencial en mí pueblo. Hablaré con mis viejos para que te puedas acomodar en mi pieza, como hacen mis primos cuando nos visitan.

La propuesta no era mala y por primera vez, me di cuenta que el tornado nos había dado otras oportunidades en ese pueblito perdido entre campos de soja y trigo. Nos limpiamos cerca del arroyo y enterramos los cuatro profilácticos que habíamos usado para que no anden flotando en el agua o enciendan la curiosidad de otros chicos inocentes. Este lugar era el balneario natural de las familias del pueblo y no pretendíamos que supieran que era un escondite, mejor que el galpón que ahora no tiene techo, para encuentros amorosos. El balneario no es sólo para bañarse, como la cama no es sólo para dormir, sino que lo diga Leandro quien se masajeaba lentamente su culito un poco dolorido.

Autor: Patricio

Me gusta / No me gusta

Incesto-Desfloraciones-Infidelidad

Me tendí de espaldas en la cama y le pedí que me penetrara cosa que hizo lentamente hasta que sentí chocar sus testículos contra mí, comenzó a moverse dentro mío cada vez más ligero y en contra de lo esperado estuvo largamente cogiéndome (yo tuve varios orgasmos y gemía como una loca) hasta que sentí su eyaculación y su semen caliente y muy abundante llenó mi concha.

Con Alejandro nos casamos hace 19 años cuando ambos teníamos 18 y eso porque yo en mi debut con él quedé embarazada de mellizos (un varón y una mujer)

Hoy a los 37 años Alejandro con sus 1.80,  sus ojos verdes y su cuerpo atlético atrae las miradas de las mujeres (y los gays) y yo con mis 1.70 (96-62-92) mi melena rubia, mis ojos celestes de niña inocente y mi cuerpo juvenil soy acosada por los hombres (y por algunas mujeres)

Antes de casarme tuve una vida sexual muy activa después de haber sido desflorada por mi hermanastro (el hombre que es hoy mi esposo) y de haber incluso trabajado como puta de lujo durante 6 meses junto con mi hermana y mi hermanastra.

Tenemos una vida sexual muy activa entre nosotros después de que pasados cuatro años de casados entramos en una etapa de aburrimiento que superamos luego de un año de meternos los cuernos mutuamente, hasta que una noche, que resultó ser mágica, coincidimos en un boliche Alejandro con su “amiga” de turno y yo con mi “amigo” de turno, de allí fuimos a nuestra casa los cuatro y armamos una linda “fiestita” de intercambio aprovechando que los melli estaban con sus abuelos.

A partir de ese entonces nuestro matrimonio se hizo más sólido y de vez en cuando teníamos una aventura en la que participábamos ambos (algún trío con otra chica, algún intercambio con otra pareja y una sola vez un trío con un travesti)

Ese trío con el travesti fue respondiendo a una fantasía mía de sentirme penetrada por un pene y ver una cara de mujer y unas tetas agitándoos ante mis ojos y después Alejandro le partió el culo al travesti.

Nuestros hijos crecían y cuando fueron adolescentes hablamos los cuatro largamente y ellos fueron instruidos convenientemente para evitar situaciones sexuales inconvenientes de tal manera que ambos llegaron a los 18 años sin haber tenido relaciones sexuales (hace de esto poco más de ocho meses)

Luego de la fiesta donde los chicos y sus amigos bailaron hasta la salida del sol y donde varias parejitas tuvieron interesantes encuentros sexuales mi hija conversando conmigo me dice que su noviecito le está pidiendo “la prueba de amor” y que le dice, “total no será la primera vez que tengas relaciones sexuales” y eso la entristecía porque ella no tenía experiencia.  Entonces nos reunimos los cuatro y acordamos que yo me iba a encargar del debut sexual de mi hijo y Alejandro desvirgaría a la nena y que les enseñaríamos todo lo que necesitaban saber sobre el sexo.

Así fue que un sábado a la tarde me quedé a solas con mi hijo en casa mientras Alejandro y la nena iban al cine para dejarnos solos con el acuerdo que a la noche ellos dos se quedaban a solas y mi hijo y yo íbamos al cine.

Nos besamos con mi hijo y le dije que me desnudara y que mientras lo hacía me fuera besando todo el cuerpo, después lo desnudé yo mientras lo besaba.

Le pedí que besara mi concha y que con la lengua penetrara en ella hasta que sentí el placer del orgasmo.  Luego comencé a acariciar y besar su linda pijota (de unos 20 cm igual a la del padre) y se la chupé con cariño.  Me tendí de espaldas en la cama y le pedí que me penetrara cosa que hizo lentamente hasta que sentí chocar sus testículos contra mi, comenzó a moverse dentro mío cada vez más ligero y en contra de lo esperado estuvo largamente cogiéndome (yo tuve varios orgasmos y gemía como una loca) hasta que sentí su eyaculación y su semen caliente y muy abundante llenó mi concha.

Luego estuvimos besándonos y acariciándonos, él volvió a chupar mi concha y yo chupé su pijota hasta que eyaculó dentro de mi boca.

Cuando regresó Alejandro con la nena nos estábamos duchando juntos y ellos nos pidieron que nos quedáramos para la “iniciación” de la nena.

Nos quedamos con mi hijo en el living mirando una peli y oyendo los gemidos de la nena en su debut hasta que más tarde ambos bajaron al living ya duchados y envueltos cada uno en sus batas (yo me había estado besuqueando y franeleando con mi hijo que ya tenía la pija dura como una piedra), subimos los cuatro al dormitorio donde los hermanos se pegaron flor de cogida mientras Alejandro y yo los miramos primero y los imitamos después.

Esa fue la única vez que se hizo eso, ya que luego los chicos por su cuenta, y nosotros por la nuestra, continuamos con nuestras vidas hasta que una noche, después de cenar, los chicos comentaron que ellos les habían contado “la experiencia” a amigos muy muy íntimos, y que había tres chicas vírgenes y dos muchachos vírgenes que querían ser iniciados por alguien con experiencia de ese tipo…

Fue entonces que Alejandro se encargó de desvirgar a las tres jovencitas y yo tuve el placer de iniciar a dos muchachos, uno de los cuales me sorprendió con su inmensa pijota que cuando la medí pude comprobar que su largo era de 25 cm y la circunferencia de 12 cm.

La vida es maravillosa y hay que aprovecharla hasta el último segundo, y si es cogiendo mejor todavía.

Luego le contaré cuando con Alejandro, mis hijos y yo hicimos intercambio con dos parejas de negros cubanos…

Autora: Flor Porri

Guarda un buen video en tu PC, luego nos cuentas http://www.videosmarqueze.com/

Me gusta / No me gusta

Un extraño en la autopista

Su verga entró con suavidad por el culo de Alberto, gracias a que se lo había mamado con tal ímpetu que todavía estaba húmedo. La cama comenzó a temblar violentamente al sentir el vaivén provocado por Javier que, con Alberto encima, ya bien enchufado por el culo, se agitaba de placer. Lo que más placer le provocaba a Javier, era tener entre sus manos la polla del muchacho.

Javier desvió un instante la mirada de la autopista para comprobar la hora: marcaba las once y media de una fría y desapacible noche de verano. Soplaba un viento fortísimo y el cielo negro de espanto no tardaría en iniciar su llanto. Por una vez – pensó -, el parte meteorológico de la televisión ha acertado de lleno. Lástima que no le hubiese cogido en casa; quizá no hubiese iniciado ese viaje que, más que un viaje, era una peregrinación. Ya era tarde para volver atrás, aunque hubiese sido lo mejor. Llevaba hora y media conduciendo, estaba fatigado. Pero lo que más le fatigaba era el hecho de que le quedaban muchas más horas de trayecto antes de llegar a su destino. Se entretenía del único modo que la conducción de un coche permite; es decir, escuchando la radio. En esos momentos la sensual voz de la presentadora se apagó y comenzó a sonar un tema de María Dolores Pradera. Sus labios, con fino hilo de voz, la acompañaron:

– Procuro olvidarte siguiendo la ruta de un pájaro herido; procuro alejarme de aquellos lugares donde nos quisimos; me enredo en amores, sin ganas ni fuerzas, por ver si te olvido; y llega la noche y de nuevo comprendo que te necesito…

Finalmente, la apagó. Esa canción le evocaba demasiados recuerdos y él, a toda costa, buscaba el olvido. No quería pensar, no quería sufrir. Instintivamente, su pie se clavó en el acelerador. El motor rugió y se deslizó con suavidad. Al tomar una curva, un pequeño punto en la distancia llamó su atención. Era alguien haciendo auto-stop. Su primera reacción fue seguir de largo, hacer como si allí no hubiese nadie; pero a medida que se aproximaba… Era un muchacho de unos veinte años. Llevaba una mochila azul colgada al hombro. Su aspecto era, pese a cierto aire descuidado, agradable.

Debe estar helado – se dijo Javier al comprobar, de reojo, que llevaba puestos unos pantalones cortos y una camisa azul igualmente estival. Ante la mirada expectante del muchacho, un Fiat Punto se detuvo unos metros más allá de donde él se encontraba. Javier miraba, impaciente, hacia atrás. Sin perder tiempo, el muchacho aferró bien la mochila y se encaminó hacia el vehículo en marcha.

– Hola – dijo, abriendo la puerta. Su voz era varonil, igual que su aspecto. – Sube – le instó Javier, sonriendo. Ciertamente, el muchacho estaba helado. Tenía el rostro pálido como el mármol. – Uf, creí que jamás pararía nadie – cerró la puerta -. Bueno, gracias, me llamo Alberto. – Yo, Javier. Encantado.

Y tras estrecharse las manos, reanudaron el camino.

– ¿A dónde vas? preguntó Javier. No sé. Eso no importa. Como diría no sé quien: iré a cualquier parte, siempre y cuando sea hacia adelante.- Ya, comprendo. Así que estás viviendo un verano aventurero.- Sí, voy donde me lleva el viento – admitió Alberto, frotándose con ímpetu las manos. – Yo siempre quise hacerlo; sin embargo nunca me atreví. Supongo que hay que tener huevos para dejarlo todo y abrazar la aventura. – Sí, en ocasiones el miedo es un gran freno; yo nunca dejo que el miedo influya en mis decisiones. Vivir con miedo es como vivir a medias.

Javier lo miró de reojo. Sentía curiosidad. Nunca antes había visto tanta madurez en alguien tan joven; a pesar de que él sólo tenía treinta y dos, se sentía espantosamente viejo.

– Tienes razón – hizo una pausa, después, con esa solemnidad que nace cuando habla el corazón, dijo – Yo vivo a medias.- Sólo tú puedes cambiar tu vida – sentenció Alberto.- Bueno, dejémoslo así.  -¿No tienes frío?- Ahora menos. – ¿Por qué no te abrigas? Como sigas así por ahí, tu aventura terminará en un hospital con pulmonía.

Alberto echó una ojeada a su mochila, después dijo: – Pues la verdad, no tengo nada que abrigue mucho más. No entraba en mis planes este tiempo. Javier le indicó una maleta rojo que estaba tras su asiento. – Coge unos pantalones y un suéter. Más o menos tenemos la misma talla.

Entre frase y frase, Javier le había, digamos, tomado las medidas. Era alto y, por lo torneado y prieto de su cuerpo, se veía que practicaba natación a menudo. Probablemente, pensó, se habría pasado gran parte de lo que llevaba de verano en la playa.

– Aquí están – dijo, finalmente, volviendo a su asiento -. Gracias, tío. Con una falta de pudor envidiable, se quitó los pantalones cortos para colocarse los otros.- Estaban medio mojados – aclaró.

Javier se quedó desconcertado. Había visto, bajo unos calzoncillos húmedos, que Alberto tenía un buen nabo. Cuando se puso los otros, secretamente sintió verse privado de la visión de aquel maravilloso instrumento.

– Mucho mejor, comentó tras ponerse un suéter de punto blanco.- Seguro, dijo él con sarcasmo.- Oye, espero que no seas un psicópata porque me caes muy bien. Javier sonrió y puso una cara desencajada.

– Claro que no – miró hacia la parte de atrás y dijo -. ¿Verdad que no, mamá? Alberto estalló en carcajadas seguido por Javier. – Muy bueno, muy bueno, pero hay mucho loco por ahí fuera. Seguro que Norman, de psicosis, es un fiel reflejo de alguien. Un individuo débil, dominado por su madre, que termina con ella y, a la vez, obsesionado con su presencia.

– Bueno, bueno, que Hitckcock también hizo algo. Además, yo podría decir lo mismo de ti; haciendo auto-stop en la autopista a las tantas de la noche. Quién sabe, tal vez te has escapado de la cárcel, donde cumplías condena por unos terribles asesinatos en serie, ¿no?

Alberto hizo un ademán de manos y dijo:

– Sí. Supongo que cuando nos advierten que tengamos cuidados con los extraños, se les olvida mencionar que también nosotros somos extraños. Tendremos que confiar el uno en el otro; al menos de momento.- Sí, será lo mejor – comentó guiñándole un ojo.- ¿Quién es? – preguntó Alberto, señalando con el índice a una chica rubia, de ojos azules y cabello rojo que sonreía desde una foto situada coquetamente en el salpicadero.

Javier la contempló unos instantes. Juraría que en su rostro había una sombra negra y confusa.- Elena – comentó atropelladamente -, se llama Elena. Es mi novia… mi prometida. Alberto iba a decir algo, pero se detuvo y, tras un incómodo silencio, dijo algo totalmente distinto.

– ¿Por qué?- Disculpa – inquirió confuso. Alberto se tomó su tiempo. Guardó silencio mientras sacaba de la mochila un cigarro.- ¿Por qué te vas a casar con alguien a quien no amas?- Yo la amo.- La amas – repitió lacónicamente -. ¿Estás seguro de eso? Hace unos minutos no lo parecía.

La mirada tranquila de Javier se volvió inquieta. Se desplazaba de la carretera a Alberto. – ¡Qué demonios tratas de decir! – Sólo digo lo evidente: tú no estás seguro de tus sentimientos. Alberto clavó sus ojos en él y exhaló una intensa bocanada de humo.- No digas tonterías. Claro que lo estoy.

La mano grande y sonrosada de Alberto se deslizó hasta el muslo de Javier. A pesar del frío, pudo notar con claridad como se estremeció.

– Escucha – dijo -. ¿Acaso no estás aquí, conmigo, conduciendo desde hace horas porque huyes de ella, de tu destino? Lo que te pasa es que tienes miedo, miedo a equivocarte y levantarte una mañana y darte cuenta de que has errado tus pasos. Miedo a vivir con esa horrible sensación, miedo a levantarte una mañana y saberte desgraciado, y, lo que es peor, tener la certeza de que habrás hecho desgraciada a alguien que no tenía culpa. Además, no puedes…

Javier, con los ojos abiertos de par y en par y las pupilas contraídas, trató de decir algo, pero en ese mismo instante, la cálida mano de Alberto se volvió a deslizar. Ahora estaba a escasos centímetros de su polla.

– No puedes negar que te pongo cachondo y que desde que me viste en la carretera deseas follarme, llevarme a cualquier parte y hacer conmigo lo que tantas veces has llevado a cabo en tus sueños. ¿Me equivoco? – agregó en tono retador.

Javier quería decir que sí, que se equivocaba, pero no podía; no sin mentir. Era verdad y, precisamente eso le desconcertaba. Tenía la misma sensación que ha de tener quien ve, impotente, como alguien lee su diario y descubre sus más íntimos secretos. Sus labios se entreabrieron. Algo iba a decir pero se detuvo bruscamente al sentir como de nuevo la mano de Alberto, que había permanecido en aquella zona caliente, se desplazó aún más arriba, introduciéndose en los pantalones, sobando su sexo.

– No eres el único que siente eso – acercó el rostro y habló en tono confidencial -. Yo te entiendo, yo… te deseo.

Aprovechando un gran llano, se besaron. Sus bocas, hambrientas, se encontraron en la oscuridad y no se separaron hasta que sus lenguas, exhaustas, se quedaron secas, sin saliva.

– Fóllame – imploró Alberto, acariciando dulcemente la polla de Javier, completamente dura y húmeda.

Lentamente, sacó la mano y se la llevó a la boca. Comenzó a lamerla. Pasados unos minutos, encontraron lo que buscaban . Sobre un edificio mediano, blanco y bien cuidado, un letrero luminoso centelleante decía: ‘Motel anónimo’

– No se partieron la cabeza buscándole un nombre – comentó Javier mientras cerraba el coche.

Alberto, fuera, abrigándose del frío viento, se limitó a sonreír. Ambos se encaminaron a recepción, donde un hombre enjuto, con gafas y de aspecto descuidado, les recibió secamente:

– Diga – su voz era aguda.- Buenas noches, queríamos una habitación – solicitó Javier, amablemente.

La mirada incrédula del hombre se deslizó hasta Alberto y después de nuevo volvió a Javier. Estaba extrañado. – Una habitación doble, marchando – dijo con tono cantarín, echando un vistazo al libro de registros. Javier se apresuró en rectificar. – No, una individual.

Parecía no entenderlo, no obstante, no dijo más nada. Les dio el número doce y, tras el registro de rigor y demás, se fueron pasillo abajo hasta llegar a una pequeña habitación que, si bien no era lujosa, al menos estaba limpia. La cama estaba hecha, vestida con unas sábanas blancas y una almohada del mismo color.

Una vez a solas, Alberto se quitó la camisa y los pantalones. Casi magnéticamente, los ojos de Javier se encaminaron al mismo lugar que horas antes en el coche. Bajo los calzoncillos, una buena verga latía de ganas por jugar.

– Ven aquí, acaríciame – dijo Alberto. Javier se acercó tímidamente, ruborizándose al sentir el sexo de Alberto clavándose en su cintura. – Parece que te alegras de verme – bromeó Javier y sus manos se ciñeron al maravilloso culo de Alberto.

Era pequeño, duro y blanco; lo abrió con sus enormes manos. Tras una ligera pasada, Javier comprobó que no tenía vello, lo cual le puso a mil. Con más fuerzas, agarró las nalgas y lo asió en el aire hasta que sus piernas, fuertes y velludas abrazaron su cintura, mientras su boca, abierta, jadeante y jugosa, se prendía a la suya. De un golpe seco, los calzoncillos cedieron y Javier dejó a Alberto caer en la cama. Inmediatamente, comenzó a lamer su polla. Nunca antes lo había hecho, pero sabía hacerlo; era algo instintivo. Sus labios, increíblemente rojos, mamaban el nabo con suavidad. Sus manos, inquietas, mientras tanto, se deslizaban por todo el cuerpo del tembloroso muchacho que, con las piernas abiertas, pedía más.

– Cómeme el culo – pidió, dándose la vuelta.

Arqueó la cintura e inclinó el culo. Sin más, Javier se acercó y enterró su rostro en el trasero. Despedía un aroma capaz de volver loco a cualquiera. Sintió la necesitad imperante de comerlo, y siguió sus impulsos. Su lengua salió de su aposento y se entretuvo, insaciable, en rebañar aquel glorioso agujero que se abría más y más, dejando a cada lamida llegar más lejos a la pequeña exploradora.

– Méteme – dijo Alberto entre jadeos -… un dedo, por favor.

El dedo índice de Javier se extendió y, un tanto trémulo al comienzo, se perdió lentamente por el esfínter. Aquella imagen del muchacho gritando de placer mientras su dedo palpaba su culito y se adentraba en el, le excitó hasta tal punto que sentía que no aguantaba más; necesitaba metérsela, notar cómo se estremecía entre sus brazos mientras le penetraba.

– Tengo hambre; dame de comer – dijo Alberto, esforzándose por no gritar.

Javier se desnudó totalmente y se sentó en los pectorales de Alberto. Él, mecánicamente abrió la boca para que Javier se la llenase con su delicioso nabo. Así lo hizo. Primero dejó descansar la punta en la lengua, de modo que saborease el líquido preseminal que chorreaba del capullo; después, inclinándose hasta que sus huevos rozaban la barbilla y la nariz de Alberto hacía presión contra el vello púbico, se la metía y sacaba completamente. Estuvo así un largo rato, incapaz de privar a Alberto de su juguete. Chupaba con la mismas ganas que un recién nacido al aferrarse al seno materno. Alberto se secó la saliva, mezclada con el semen, que le quedaba en la comisura de los labios, mientras Javier se acomodaba en la cama.

– Ven – dijo una vez preparado.

Se había recostado en la cama, con el torso inclinado y la polla bien erecta. Alberto la tomó por asiento y se recostó sobre él. Por un momento, Javier pensó que se lastimaría y soltó un fuerte gemido; sin embargo, su verga entró con suavidad por el culo de Alberto, gracias a que se lo había mamado con tal ímpetu que todavía estaba húmedo. La cama comenzó a temblar violentamente al sentir el vaivén provocado por Javier que, con Alberto encima, ya bien enchufado por el culo, se agitaba de placer. Lo que más placer le provocaba a Javier, después de aquel culo formidable que comenzaba a gotear, era tener entre sus manos la polla del muchacho. Estaba más gruesa y larga que antes, en parte porque no había dejado de pajearla ni un solo instante, y parte porque estaba a punto de correrse.

– Me corro – gritó Alberto y varios trallazos de leche caliente salieron despedidos hacia su estómago.

Su cuerpo de veinteañero se agitó de placer entre sus fornidos brazos y, jadeante, aceleró la penetración mientras con las diestra, la misma que había sobado la verga de Javier hasta el orgasmo, recogió hasta la última gota de semen.

– Traga – le dijo al oído, mientras impedía que su verga se saliese del culo chorreante que tenía encima y que tanto placer le proporcionaba.

Obedeció en el acto. Lo lamió todo, hasta que la última gota se depositó en su lengua. Después, lo agarró por el cuello y se besaron. La lengua de Alberto se convirtió en un dulce bebedero del que Javier se sació. Pudo observar, con gusto, que aún estaba caliente y que, contra lo que pensaba, no le desagradaba. Apenas hubo apurado los restos y se comía con fruición la lengua del muchacho, cuando sintió una grandiosa sensación embargándole todo su ser. Se corría. Trató de sacarla al notar que estaba a punto, pero Alberto se negó, así que, tras unas sacudidas, abrazando el sudoroso cuerpo de Alberto, se corrió.

– Ha sido genial – declaró Alberto, ante lo cual Javier se mostró enormemente de acuerdo.

Permanecieron así, quietos uno encima de otro, hasta que el semén que salía lentamente por el culo de Alberto se deslizaba por los muslos de Javier. Después cayeron en un plácido sueño.

A la mañana siguiente, la tormenta había desaparecido y, salvo el pavimento mojado, ninguna huella indicaba su paso por la gran urbe; ni tan si quiera una nube negra de verano en el horizonte. Javier se apartó de la ventana. Las cortinas, con un leve baile, volvieron a su sitio.

– Gracias – dijo mirando a Alberto; gracias por disipar mis dudas, gracias por recordarme lo que siempre supe, gracias por devolverme a la luz, muchacho. Ahora sé lo que quiero y, aunque mi cuerpo jamás había disfrutado tanto como contigo, no eres tu.

Hizo una pausa lo suficientemente larga como para sacar un par de billetes de su cartera y colocarlos en la nívea mesa de noche. Después, desde el umbral, murmuró:

– Dulces sueños, chaval. – Embargado por una extraña oleada de serenidad, cerró con delicadeza la puerta y abandonó el motel para proseguir ese viaje que, ahora sin duda, le conduciría hacia la iglesia. – Adiós

Nota del autor: El pasado siempre está presente. Cito esta frase, oída en algún sitio y repetida luego hasta la saciedad, a propósito de mi amigo Javier, quien se las aprendió de una forma cruel en un momento de su vida en el que había conseguido eso que todo ser humano ansía conseguir: la felicidad. Sí, en efecto, como muchos supondréis, pasados unos años volvieron a encontrarse. Pero Alberto ya no era ese veinteañero del que manaba una misteriosa seguridad, sino… Bueno, supongo que eso es otra historia y, como tal, ha de ser contada en otra ocasión.

A todos aquellos que, tras leer la historia, necesiten comentar conmigo algún aspecto del mismo, les insto a hacerlo: No os inhibáis, ni tengáis miedo porque, como dijo alguien muy sabio: vivir con miedo es como vivir a medias.

Autor: Alejandro

Me gusta / No me gusta

Una vez

Le pregunté cómo eran esos tipos en la cama con ella y cual era mejor amante, que con cual tiraba mejor, me dijo que con el hijo del gerente, que la había hecho venir varias veces, pero que conmigo se sentía bien y más que ahora lo hacía mejor, le pregunté si ya le habían dado por detrás. Me dijo que sus dos amantes querían hacerlo pero ella se había negado, quería que yo fuera el primero.

He leído muchos relatos aquí escritos y escritos en otras páginas, he notado que unos son ciertos y otros inventados, hoy quiero contarles mi historia real, algo que me pasó y no me importa que hoy muchos se enteren, me llamo Alejandro tengo 35 años, mi esposa se llama Johann del Pilar, ella tiene 32 años, la verdad no es espectacular su cuerpo pero la describiré, mide 1.68, pesa más o menos 52 kilos, sus medidas son 75, 60, 90,  tiene cabello rubio,  sus ojos son café, se ha conservado aunque tiene una que otra estría, tenemos tres hijas, somos de Colombia.

Siempre me han gustado los relatos de infidelidad de esposas, y me he corrido pensando en ser un cornudo así como dicen en los relatos.

Mi esposa trabaja de 8 de la mañana a 6 de la tarde ella es contadora de una empresa internacional de químicos, ya en varias ocasiones yo había comentado por Messenger con unas personas de grupos de yahoo sobre mi fantasía, me habían animado para decirle a mi esposa de a poco cual era mi fantasía, obviamente pues mi mujer es recatada y no podía decirle de lleno. Le decía  cosas como mira como otros hombres te miran, ¿ves que ese tipo te miró  por varios minutos tu cola?, y cosas de estas, un día después de tener sexo los dos le dije que si no había pensado alguna vez hacerlo con otro, se me enojó, dijo que ella no era una puta, y no le volví a decir nada más.

El caso es que de un tiempo para acá, ella empezó  a llegar a casa a las 10 de la noche argumentando horas extras, no puse cuidado pues ella ha sido muy de su casa, pero los días viernes llegaba con tufo o sea había tomado, un día sábado me dijo que trabajaría en la mañana y en esa empresa jamás traban los sábados, al siguiente sábado dijo que se encontraría con una amiga que no veía hace varios meses que desayunarían porque su supuesta amiga  viajaba a las 11 am, para Cali, el caso es que ese día llegó a casa a las ocho de la noche y con tufo, lo primero que se me vino a la mente era que se estaba viendo con otro tipo, así que al otro día llamé a su amiga y le dije que como le había ido en el viaje ella me preguntó, que cual viaje, que ella estaba en Cali hacía más de dos meses, así que decidí llenarme de valor y el morbo me empujó a seguirla.

Un viernes fui cerca de su empresa a las cinco y media de la tarde, por supuesto no llevé mi carro, me fui en taxi, la vi salir de su empresa salió caminando y a las dos cuadras entró a una fuente de helados, a los dos minutos llegó un señor que yo había visto alguna vez pero no sabía dónde, de ahí salieron a un parqueadero y me entró la duda pues ella no tenía carro estaba en el taller, salieron en un carro último modelo, los seguí en taxi, y  por el camino identifiqué al tipo, lo había visto en una foto de la fiesta de fin de año de la empresa donde trabaja  mi mujer, era un jefe inmediato de ella, el tipo tiene como 42 años, es casado.

Llegaron a una residencia, así se le dice en Colombia a los moteles, entraron como a las  seis y veinte minutos de la tarde y salieron a las nueve y media de la noche y yo afuera aguantando hambre y frío pero la morbosidad me tenía a mil, los seguí  y llegaron como a cuatro calles antes de llegar a mi casa, allí los vi besarse en el auto, ella se bajó y se fue a pie,  yo seguí en el taxi hasta nuestro apartamento, ella llegó a los quince minutos, me saludó normal y a las niñas, nos acostamos y no me aguanté y le hice el amor como nunca, y pensar que hace pocos minutos otro pene la había disfrutado.

Yo me quedé callado, no le dije nada que yo sabía todo, ella tiene algunas deudas pues compró su carro nuevo a cuotas y se ha colgado en algunas cuotas así que empezamos a buscar quien nos prestara dinero para cubrir esas deudas. A la semana siguiente me dijo que ese jueves llegaría tarde  pues harían una celebración de cumpleaños, intuí que era mentira, así que volví a seguirla, salió como siempre casi a las seis de la tarde,  tomó un taxi, se me hizo extraño que no fuera al parqueadero con su amante como siempre lo hacía, sin embargo la seguí, llegó a una discoteca, se bajó del taxi,  se quedó esperando afuera cuando llegó un señor como de 35 o 38 años,  yo lo conozco, era el hijo del gerente de la sucursal Colombia que es gerente administrativo en su empresa, no le vi problema pues toda la empresa celebraría el cumpleaños y pensé que ahí se reunirían.

Ellos entraron y no llegó nadie más de esa empresa,  salieron a la hora de haber entrado, se montaron a la camioneta de este tipo y salieron,  llegaron a un motel lujoso, pensé, yo  soy un tipo de cachos enormes, a mi mujer se la comen varios, no es esa mujer recatada que aparenta ser, es casi una cualquiera, pasaron tres horas y no salieron así que me fui a la casa, ella llegó a las tres de la mañana, apenas llegó olía a licor, quise hacerle el amor, pues yo estaba a mil pensando en todo lo que le hizo ese tipo, su nuevo amante, o mejor su otro amante, pero me rechazó, no me dejó ni tocarla,  ese día estuve muy nervioso y con rabia, no me dejó cogerla,  así que aproveché que mis hijas estaban donde sus primas y le dije que lo sabía todo, que la vi con el jefe de ella y con el muchacho, el hijo del gerente, se quedó fría y se notaba el susto,  se le vino una que otra lágrima, le dije que se tranquilizara que me contara por que había pasado todo que yo trataría de entender.

Me dijo que el primer hombre  era una persona muy amable con ella y detallista, que en varias ocasiones la invitó a salir y ella le decía que no,  hasta que yo empecé a decirle lo de aquello que los hombres la miraban, que si no había pensado en estar con otro tipo, pensando en esto ella aceptó salir con el tipo,  salieron como dos semanas y el tipo la hizo caer, que la primera salieron a almorzar, y ahí el tipo le empezó a tocar suave las manos y la besó y que ella le gustó, esa noche salieron, supuestamente, a comer, pero él le empezó a tocar por sus piernas y  la empezó a calentar, salieron a un motel, él empezó a besar su cuello, ese es su punto débil,  le quitó  su chaqueta y empezó a besar sus senos por encima del brasier (sujetador en otros países), le quitó el brasier y empezó a chupar sus medianas tetas, le quitó sus botas, luego bajó su pantalón y quedó en pantys, el hombre bajó y quitó con su boca sus pantys y comenzó a chuparle su sexo como loco,  la hizo venir dos veces, luego la apoyó en la cama, ella lo desnudó, él se colocó un condón y le metió su pene a mi mujer, ella me dijo que el tipo se demoró en venirse, que la trataba como una princesa,  que desde esa vez lo han hecho por lo menos quince veces más,  y le pregunté que por que el otro tipo, ella me contestó.

“Te acuerdas que estoy atrasada en las cuotas del carro y debo pagar pronto o si no me quitan el carro”  le dije que si lo sabía, entonces ella fue hasta su cartera la trajo y de allí sacó un recibo de pago por un valor de cuatro millones de pesos colombianos es decir más o menos mil novecientos ochenta dólares.

Le pregunté, ¿y de donde sacaste ese dinero?

Ella me respondió, pues como nadie me prestaba le dije al gerente que me hiciera un préstamo empresarial, le conté todo y él me dijo, Pilar, esos préstamos no se pueden hacer, yo voy a ver si de mi cuenta te puedo prestar algo  pero no más de un millón,  me dijo a mediodía que fuéramos almorzar para sacar la plata de una vez, yo salí con él y cuando estábamos allí me dijo; Pilar esa plata no la pude conseguir, me puse a llorar como una niña, él tomó mi mano y me dijo, no llores pues existe una solución, le pregunté ¿cuál?, me dijo, te puedo conseguir toda la plata pero debes hacer algo por mí, yo más tranquila le dije que me dijera que era, – te voy a decir algo, pero debes prometer no hacer escándalo ni  nada de eso, le respondí que sí,  que me dijera, -yo te regalo esa plata  pero debes pasar una noche conmigo.

Me quedé helada, pero también sabía que si no pagaba ese dinero ese mismo día me quitaban el carro y perdería todo el dinero que ya había dado, así que le dije que sí pero que primero me diera la plata, él mismo me acompañó a pagar el dinero así que anoche le “pagué” el dinero.
Yo estaba a mil y ya tenía goteras en mi pantalón, a mi mujer le pagaron cuatro millones por un polvo, increíble, entonces yo le contesté, -Bueno y ya le pagaste anoche, ¿entonces que vas hacer con el otro tipo? –No, anoche le pagué  el favor, pero créeme yo tengo que pagar otras cuotas, así que me toca decirle a él, además yo no puedo dejar a John (así se llama su primer amante) es muy tierno y tú me insinuaste esto y me obligaste.

Yo no lo podía creer, ella me confesaba que seguiría tirando con este tipo por plata y seguiría con John, la subí a la cama, le quité su ropa y empecé a hacerle el amor, le pregunté cual de nosotros tres tenía el mejor pene, me respondió que John.

Le pregunté cómo eran esos tipos en la cama con ella y cual era mejor amante, que con cual tiraba mejor, me dijo que con el hijo del gerente, que la había hecho venir varias veces, pero que conmigo se sentía bien y más que ahora lo hacía mejor, le pregunté si ya le habían dado por detrás.

Me dijo que sus dos amantes querían hacerlo pero ella se había negado, quería que yo fuera el primero, así que aproveché, comencé meter mi lengua en su culo, luego un dedo y luego otro, cuando ya se abrió ese culo le metí mi pene, era una sensación muy rica, a medida que entraba mi pene ella lloraba y apretaba su culo, yo sentía muy rico,  me la comí por detrás,  terminamos cansados tiramos como tres horas…

Si alguien necesita un consejo o puede dármelo adelante, o si quieren comentarme algo también.

Gracias

Autor: Alejandro m.

Me gusta / No me gusta

El encargado de la red

Me puse de rodillas, y tuve frente a mi su verga, la miré y me lo devoré, comencé a mamar ese pedazo de verga, disfruté cada centímetro de esa herramienta y aproveché cada gotita de presemen que salía, René gemía, yo mientras tanto intruseaba en su culo y entre los vellos rubios pude encontrar su hoyito apretado y fui despacio metiendo mi dedo, esto lo hacía gemir aun más.

Hola amigos, me llamo Alejandro, soy un moreno de 1.75, de unos 70 kilos, de rostro normal, bien piola, siempre gay, de 28 años, ahora con pareja. Soy un asiduo lector de los relatos de esta página, pero primera vez que escribo. Esto me pasó el año pasado, justo el día 17 de septiembre (previo a fiestas patrias en mi país).

Ese día es normal trabajar hasta mediodía, por motivo de las fiestas. Me preparaba casi para retirarme cuando mi jefe me informa que debo quedarme hasta más tarde, pues vendría el encargado de la red, que por favor le atendiera, cerrara y me fuera. Así me programé, me quedé solo en la oficina desde el mediodía, ordené mis cosas mientras esperaba, este chico se demoró así que me puse a navegar en internet hasta llegar lógicamente hasta unas páginas muy calientes, mucho porno y hermosos cuerpos, culos y vergas los que me pusieron a full.

A eso de las 15:00 horas suena el timbre, abro la puerta, no sin antes acomodarme el paquete pues lo tenía muy duro, y atiendo al jovencito, que por primera vez veía pues era un reemplazo del chico habitual: Hola me dijo, soy René… Quedé mudo, no se si fue verlo o la calentura que tenía, era un muchacho alto, de 1.80 aprox., delgado, bien blanquito y desde el botón de su camisa se asomaba una mata de pelos que me calentó más aun. ¿Cuánto te vas a demorar?, le pregunté. No mucho me respondió, creo que un poco más de una hora. Ok estaré en mi oficina en caso de cualquier cosa le dije, adelante…

Se puso a trabajar en la recepción, contigua a mi oficina, le oía tararear una canción, yo seguía muy hot, quería follar pues hace meses que no lo hacía. Fui hasta la cocina varias veces sin pretexto alguno, esto hasta que logré ver su pantalón por atrás y contemplar un culo maravilloso, ver casi su raya llena de vellos me excitó más aun.  Como la calentura no me dejaba ahí mismo en mi puesto de trabajo comencé a darme una paja a todo dar, olvidándome incluso de la presencia de René…

Me abrí el cierre del pantalón, mientras veía porno, me mojé la punta de la verga y al cabo de tres sube y baja sentí la presencia de alguien y al levantar la vista estaba René mirándome con cara de espanto. Oye disculpa le dije, eh, yo, tú, mí, emmm, me quedé mudo y traté de guardarme la verga y cerrar el cierre cuando él me interrumpe y me dice: No se preocupe, sonrió y se fue. Me levanté, acomodé mi verga y me dirigí al baño, cuando pasé por la recepción el chico continuaba agachado arreglando cables.

Entré al baño, y antes de que se cerrara la puerta entra René tras de mi y me dice en tono irónico: ¿Viene a terminar lo que empezó?, y pude notar en su expresión cierta calentura también. Me atreví y le dije: Si acaso ¿quieres ver?, no me dijo, lo quiero acompañar. Wow no lo podía creer, ese joven macho arregla cables quería acompañarme en mi paja.

Dale le dije, si quieres puedes pajearte, cosa que comenzó a hacer parado un poco atrás de mi, bien cerca. De reojo miré y pude ver su verga, se veía grande, blanca, llena de pelos, no muy gruesa. No aguanté más y giré por completo hasta verlo. Se pajeaba, yo también, dos machos calientes paseándose frente a frente. Lo miré a los ojos y pude ver su aprobación. Quería cogerlo. Me acerqué y lo besé, fue un beso muy hot, cálido y mojado.

Sin pensarlo me puse de rodillas, y tuve frente a mí su verga, saqué su mano y la tomé con la mía, la miré y sin pensarlo me lo devoré, comencé a mamar ese pedazo de verga, desde la cabeza hasta la base disfruté cada centímetro de esa herramienta y aproveché cada gotita de pre semen que salía, René gemía y a ratos afirmaba mi cabeza para dirigir la mamada, yo mientras tanto intruseaba en su culo y entre los vellos rubios pude encontrar su hoyito apretado y fui despacio metiendo mi dedo, esto lo hacía gemir aun más.

Lo di vuelta, me paré tras de él, le saqué lentamente la camisa, comencé a chuparlo por todos lados mientras mis dedos jugaban con su culo, me agaché y metí mi rostro entre esas apetecibles nalgas, primero con suavidad y luego muy fuerte metiendo mi lengua lo más adentro que podía, me puse un condón y comencé a tratar de penetrarlo, estaba ya muy dilatado. Coloqué la punta de mi verga en la entrada de su hoyo, metí la cabeza y para mi sorpresa el muy puto me afirmó y solo de un empujón se metió el mismo toda mi verga hasta chocar mis bolas en su culo dando un grito de dolor y haciéndome gemir a mi también.

Quédate así un ratito me dijo, luego de esto comencé despacio a meter y sacar, primero de a poco y luego toda, solo dejaba la cabeza y de una se la metía toda, así unos exquisitos 10 o 15 minutos, ya a esas alturas estábamos ambos sudados, tanto movimiento y encorvadas para alcanzarnos las lenguas y poder besarnos, entre gemidos, apretones, besos, pequeñas palmadas que le daba sentí que me venía y le avisé para que acabáramos juntos, ya casi listo se la saqué, me saqué el condón rapidito, el muy puto se giró, agachó y cuando vio que me venía de una se metió toda mi verga a la boca y se tragó toda mi leche, él acabó casi al mismo tiempo, nos besamos tiernamente.

Nos lavamos, nos vestimos y cada uno siguió en lo suyo. Le dije ya casi a las 17:30 que se apurara, terminó, cerré y nos fuimos sin decir nada cada uno en dirección distinta. Luego de dos semanas vino de nuevo a arreglar la red en mi trabajo y mi jefe nos informó que sería el titular en asuntos de red en la empresa.

Apenas pudimos intercambiamos números de teléfono. Follamos varias veces hasta que conocí a mi actual pareja.

Espero sus comentarios.

Autor: Alejandro

Me gusta / No me gusta

Mi cuñado

Coloqué mi húmeda verga sobre la entrada de su hermoso culo, y con un movimiento certero logré la ubicación que estaba esperando. Con sus manos abrazó mi espalda y me trajo hacia la gloria. Todo estaba hecho. Mi verga reinaba en las profundidades infinitas de su ser. Hasta ese momento me percaté que estábamos sudados sobre la alfombra y yo me sentía el rey del mundo.

Me llamo Alejandro, tengo 25 años, soy de Mérida Venezuela y actualmente vivo en Caracas. Soy profesional, muy de closet, aunque no me considero reprimido, sólo cuidadoso, porque para mi corta edad tengo un muy buen puesto dentro del gobierno, y me rodeo de gente acartonada que critica la vida de todo el mundo como una prueba evidente del reproche que sienten hacia la suya propia.

Me gradué de abogado en julio de 2003 en la Universidad de los Andes y pronto conseguí empleo con el gobierno, en poco tiempo he ascendido bastante lo cual me mantiene muy ocupado y sin mucho tiempo para mí. Durante toda mi carrera tuve una relación con una chica de San Cristóbal, ella se graduó de arquitecto, pero consiguió trabajo en Maracay y aunque nos queda relativamente cerca, mantenemos horarios de trabajo tan disímiles que poco nos vemos. Mantenemos esta relación porque de alguna forma funciona para ambos. No nos agobiamos, no nos vemos a diario de tal forma que cuando estamos juntos prevalece la calidad de tiempo no la cantidad.

Supongo que ya estaréis aburridos de mi descripción tan exhaustiva, pero debo enmarcar bien las cosas para que entendáis de qué hablo. Hace unos meses específicamente para finales de julio mi novia me dice que su hermano está finalizando ya la carrera y que consiguió hacer su período de pasantía en una prestigiosa empresa con sede acá en Caracas. Yo conocedor de la solicitud que procedería a continuación me negué de inmediato. “Tu hermano es un animal, sabes lo mal que siempre nos hemos llevado, no aguantaría una semana viviendo con el bestia ese” ante tal reacción mi novia, a la que por cierto casi nunca le niego nada se mostró comprensiva y me dijo que tenía razón. Que olvidara que me lo planteó.

A los pocos días recibo otra llamada de mi suegra, una vieja insufrible que no termina de aterrizar, pidiéndome que ya que me había negado a hacerle el favor de recibir a su “angelito” en mi apartamento que por lo menos lo ayudase en conseguir habitación; después de excusas a medias accedí. Entre mis múltiples ocupaciones se me pasó por completo lo solicitado y en pocos días estaba la puta vieja recordándome que ante mi inclemencia, mi cuñado no tendría donde llegar. Comencé a preguntar en el despacho si alguien sabía del alquiler de un cuarto, un apartamento, un puente, un banco en el boulevard de sabana grande, en ese momento   me daba igual. No se concretó nada así que para resumir, inexplicablemente accedí a que mi cuñado llegase a mi apartamento, y que allí estaría sólo mientras conseguía un lugar para vivir.

Yo en el fondo no entendía como el muy cabrón aceptaba mi ayuda sabiendo lo mal que nos caíamos. En fin, siendo la primera semana de agosto, me llama mi novia para pedirme el favor de buscar a mi cuñadito al aeropuerto… casi vomito cuando escuché tal petición, nada más aguantarme la cola de ida y vuelta por la puta trocha me ponía de muy mal humor. Aquí correría sangre. Intenté negarme, pero casi por inercia terminé dejando el despacho temprano para buscar a un amigo que me acompañara al aeropuerto a recoger al estúpido de mierda de mi cuñado. Verme envuelto en un tráfico de mierda, ya de entrada me hacía maldecir al cabrón ese.

Busqué a Daniel un amigo que es de Caracas, pero que conocí en Montreal el año pasado. Cuando llegué al aeropuerto lo que vi me dejó un poco contrariado. Ángel (así se llama adivinen quien… acertaron mi cuñado), siempre ha sido un chico full atractivo, aunque es de mi misma edad tiene más pinta de chico y para mi asombro el maldito se había rebajado unos 12 a 15 kilos. Y yo que siempre he tenido buen cuerpo me había engordado como 6 kilos. Eso no estaba bien. Lo recibí lo más diplomático que pude y no dejaba de impresionarme su aspecto. Él es alto como de 1,83 sólo que ahora que está sumamente delgado, se ve más alto, y lo que más noté fue que a pesar de haber rebajado se le veía un soberano culote que fácilmente se le marcaba en el  jeans que cargaba y que es característico de toda su familia.  Mi amigo Daniel estaba impresionado con el carajo, pues como supondrán yo sólo le había hablado pestes de Ángel y ahora sencillamente parecía eso. Un maldito ángel.

Al llegar al carro mi amigo Daniel se mostró esplendido con este y muy a mi pesar mi cuñado respondía a los comentarios positivos de Daniel. Yo solo pensaba “aquí hay algo que no está bien”.  El camino de regreso se me hizo eterno, llovió muchísimo y puse un CD de el grupo Bond lo cual estaba seguro calmaría mi mal carácter. Mi amigo Daniel al escuchar la música comienza a comentar sobre el grupo confiado en que mi cuñado seguirá la conversación. No obstante lo único que escuchó de parte de Ángel fue “esas cuatro tipas están bien buenas”; suficiente para bajarle los ánimos a mi amigo y para levantar los míos pues verle la cara de desilusión a Daniel era como refrescante, al tiempo que ratificaba mi idea sobre mi cuñado, era básico, corriente y muy predecible.

Finalmente llegamos a Caracas, dejé a Daniel en su tienda y me fui a mi casa. Mi cuñado no dejaba de decir estupideces. Al fin llegamos al apartamento, le señalé el cuarto  donde dormiría, me cambié porque estaba mojado y me fui a trotar, necesitaba trotar, pensar, trotar y pensar. Cuando regresé de trotar ya más calmado encuentro a mi amigo Daniel en mi apartamento, quien había venido a ver como se adaptaba mi cuñado y por supuesto para ponerse a la orden, diciéndole que él conocía los mejores culos de toda Caracas, a lo cual mi cuñado respondía con una euforia tan exagerada que rayaba en lo falso.    Me acosté deseando que el día terminara pronto. Al rato sentí que Daniel se fue y supuse que se habría llevado a mi cuñado,  pero luego Ángel llegó, me comentó no se qué cosa y se acostó.

Así pasaron varios días y las cosas entre Ángel y yo se hacían cada vez más insoportables, comía y no lavaba los platos, desordenaba el baño, se ponía mi mejor ropa, se instalaba en Internet, en el teléfono y peor aún llevaba putas o amigas, para mí eran putas, al apartamento.  Pero la gota que derramó el vaso fue que un día después que llegué del trabajo me metí a bañarme para ir al cine y al salir ni mi cuñado ni mis llaves ni mi carro. Lo mataré. Lo llamé a su celular  histérico, le dije que si no me traía mi carro nos íbamos a entrar a coñazos.  Al llegar entra en compañía de Daniel pensando quizá que al ver a Daniel me iba a contener y no le diría nada, pero se equivocó y cuando se me acercó a darme las llaves, Lan… le mandé el primer coñazo y el carajo cayó al mueble. Ángel se para y reacciona y se me viene encima yo listo para mandarle el otro y en eso se mete mi amigo Daniel, se armó la trifulca. Verga que locura, después de un forcejeo, unas cuantas mentadas de madre y la boca de mi cuñado sangrando, todo se fue calmando.

Llamé a mi novia le expliqué todo, salí del cuarto y le pedí a mi cuñado que se fuera en el acto de mi apartamento. Daniel se metió y también él llevó. A él también le dije que se fuera a la mierda. Los carajos se fueron y yo me sentí un poco mal. Por más que no lo pasaba, el carajo estaba solo en una ciudad que no conocía, y no se había llevado nada. Llamé a Daniel para disculparme y pedirle estuviese pendiente de mi cuñado, pero este me respondió entre una y otra grosería que Ángel no quiso aceptar su ayuda  y que sólo le pidió que lo dejara cerca de la estación del metro de plaza Venezuela.

Me sentí muy preocupado el carajo estaba sin medio, solo, y alterado, nada bueno podría salir de esa mezcla. Agarré mi carro y comencé a dar vueltas por plaza Venezuela. Estuve mucho rato intentando que me contestara el teléfono,  pero no respondía. Al mucho rato atiende el teléfono y se escuchaba mucha bulla, le ofrecí mis disculpas y me mandó nuevamente a la mierda. Sólo me dijo que por favor le prestara real hasta el otro día mientras resolvía. Accedí y le pedí que me informara donde estaba para llevarle el dinero.  Su respuesta me dejó en el sitio. “Es una tasca que se llama el Pullman o algo así”. Con ya tres años en Caracas sólo he ido a discos gay dos veces, una en carnaval  y diciembre, pero por supuesto que sabía que el Pullman era una tasca gay.

Intenté explicarle que no entraría a ese antro ni que me pagaran, que no entendía que hacía él en una tasca de maricas y que si quería los reales se los entregaría en otro sitio.  Ángel me respondió que al frente quedaba un hotel y que allí estaría que lo buscara allá. Con toda la arrechera del mundo tuve que acceder y me acerqué hasta el matadero ese. Jurando que esta se la cobraría a mi novia, a mi suegra, al perro y a toda esa puta familia, entré y para mi mal, atendía una alumna de la UCV donde imparto unas horas de noche en una cátedra que por razones obvias no diré.

La “alumna”  al verme de lo más atenta me dice que el joven al cual busco estaba al frente en la tasca. Sentí que la vergüenza me embargaba le dije a ella sin dar muchas explicaciones que si le podía hacer entrega de un dinero. La joven me contestó que sí, y allí si intenté brindar una explicación lógica de lo que ocurría.  Ella me dijo que según entendía de lo narrado yo no debería dejar a mi cuñado allí, que ella me acompañaba a buscarlo. Yo no podía creer lo que estaba haciendo, pero entré con una pena y rabia enorme a buscar a mi cuñado. Y allí lo vi, el sitio estaba casi vacío porque era jueves y mi cuñado estaba en la barra solo, fumando y bebiendo.  Me acerqué con temor pues no sabía cómo reaccionaría  y al ver que no estaba agresivo saqué el dinero del bolsillo se lo puse en la mesa, me di media vuelta y avancé, en eso la chica del hotel me dice que no lo deje que ese era un sitio peligroso. Me regreso ya con ganas de mandarle otro coñazo y le digo que no debería estar ahí, que me disculpara y que se viniese conmigo.

El muy idiota me hace un ademán indicándome que me retire, me acerco y le digo que se vaya a la mierda, en ese momento levanta la cara y me dice: “me vas a dejar morir” (malandro, esa expresión no la oía desde la universidad y por si alguien no la entiende significa que le preste ayuda que no lo deje sin apoyo o una mierda así),   me volteo, miro hacia donde está la chica del hotel quien parecía una espectadora muda de toda aquella situación. Me siento al lado de mi cuñado y le pregunto que si por casualidad no se ha dado cuenta que está en un bar de maricas y me dijo que era lo único que estaba cerca y que al primero que se le acerque le clava un coñazo. La chica se acerca y le digo que lo acompañaré un rato, ella me informa que se va, que cualquier cosa está al frente.  Al cambiar el juego de luces de la tasca alcanzo a verle algo rojo en la boca a mi cuñado, me acerco y pude ver que tenía el labio roto e inflamado.

Me di cuenta que era a causa del golpe que le había dado, de forma casi instintiva levanté mi mano y le toqué el labio para ver lo que mi brutalidad había hecho.  Estuve como tres segundos con mis dedos sobre sus labios en eso él reaccionó, me miró a los ojos y se apartó. Ya esto no tiene sentido le dije, levántate y nos vamos, después de insistir un poco lo alcé pues ya mi cuñado estaba algo tomado, lo levanté y puse su brazo por encima de mi cuello y lo ayudé a salir. Esto como era de suponer suscitó las miradas indiscretas de cuanto bicho de plumas había en ese antro. Ya a estas alturas  eso no me importaba. De alguna forma el hecho de sacar a mi cuñado sano y salvo de allí me quitó un peso de encima.  Nos dirigimos al apartamento, pero ante la insistencia de mi cuñado nos detuvimos a comprar algunas birras para subirlas al apartamento. Al llegar al conjunto residencial se tornó en  una verdadera odisea hacerlo subir al apartamento,  pero al final llegamos.

Al entrar mi cuñado puso música y yo un poco más relajado y un poco alegre por el consumo de las cervezas no objeté nada al respecto. Ángel se sienta en la alfombra de la sala yo busco unas cervezas y le acerco un cenicero, enciendo un cigarro y le extiendo el fuego a él para que encienda el suyo. Debo señalar de manera obligatoria que para este momento mi cuñado ya no traía remera sobre su cuerpo, solamente un jeans gastado que le quedaban de puta madre;  yo andaba en un jeans negro con botas tipo militar y una camisa blanca manga corta. No sé qué coño me pasó, pero me dolió mucho verlo con la jeta partida y sin más busqué un algodón y alcohol (isopropílico, ya del etílico teníamos bastante), y me senté frente a él, él sólo observaba, uno, dos, tres intentos y listo se dejó limpiar la herida, no sé de donde coño me salió esa extraña empatía por Ángel, pero allí estaba yo,  limpiándole la herida que yo mismo le había ocasionado.

Ahora si pareces marica limpiándome le boca. Marica eres tú que te fuiste a meter en una disco de pargos. Pero igual me fuiste a sacar de allá.  No quería que salieras cogido de ahí, si vas a dar el culo por lo menos que se beneficie  primero la familia. (Levanta la cara, sonrisa a medias, baja la cara).

Estaba tan cerca de Ángel que podía sentir su aliento a caña, era extraño, pero estaba trastornado con esa situación tan peculiar. Quizá no me creáis, pero aunque la situación pudiera parecer típica o recurrente no era nada planificada, y quizá era la espontaneidad de la misma la que nos hacía dejarnos llevar a ambos. Hubo un silencio incómodo que me hizo reaccionar y me levanté a buscar más caña, él reacciona y me estira la mano   como para que yo lo levante, yo le agarro el brazo y él me hace contrapeso hacia su cuerpo, de verdad me venció y me hizo inclinarme hacia él, en todo momento mantuvimos el contacto visual. Ahora si estábamos latentemente cerca el uno del otro, sentía en mí un mar de disyuntivas, de conflictos, de sentimientos encontrados, ya no se podía más y lo besé. Fue un beso casi imperceptible, apenas rocé sus labios y me incorporé en mi postura… Se me hizo eterna su reacción, ya casi esperaba que me soltara un coñazo, su mirada me confunde, ya imaginaba que él se lo diría a mi novia y a toda su familia o peor aún a la mía…

Ángel se acerca, me agarra por las pretinas del jeans y me atrae hacia él nuevamente, me mira a los ojos y suavemente me besó. Nuevamente no entiendo, me aparto, lo miro y… que el diablo me lleve… me fui con todo, lo besé con tanta pasión, con tanta fuerza, con tanta hombría. Él me aparta y grita ¡coño el labio!… sin darme cuenta le estaba lastimando la boca.

Juro que no miento me habría conformado con ese beso… para mi bastó y sobró. Había entendido a José Ángel Buesa cuando dijo: “la vida se me va en un beso”. De pronto mi perspectiva había cambiado tanto, mis paradigmas se habían roto. Ese ser que me causaba tanta animadversión se transformaba ante mis ojos en el objeto de mi deseo y de mi afecto lo cual era una idea bastante perturbadora. Allí en mi blanca alfombra acostado con brazos de macho, con torso de macho y con una mirada que oscilaba entre el reto y la ternura estaba Ángel… Merecido su nombre.

Por puro instinto me acerqué me acomodé sobre su cuerpo, me metí en su cuello y allí quería quedarme. Respiraba profundo al contacto de mi barba de dos días con su cuello lo cual me excitaba sobre manera. Ya no aguanté más y comencé con la acción. Lo besaba, lo tocaba, lo olía, lo miraba, y lo volvía a besar. Lo estaba bombardeando de sensaciones, no quería dejarlo pensar, no quería que se arrepintiera, no quería dejar lugar para  dudas. Empecé a bajar su cremallera y besaba su abdomen plano y de hierro; él de momentos   se detenía y yo arremetía con más ánimos hasta que por fin el pantalón cedió. Que portento de figura. El mejor cuerpo que he visto.  Lo quería para mí. Tenía que ser para mí.  Una idea nubló mi mente. Ángel tenía que ser mío. Desde ese momento enfilé mis esfuerzos en una sola dirección. Tenerlo.

Sin pensarlo siquiera me saqué el jeans, mi interior estaba mojado, había lubricado cantidades y no lo iba a desperdiciar… tomé su mano y la llevé hacia mi verga, sentí morir cuando el calor de su mano arropó la cabeza de mi verga. Otra vez me puse sobre él y lo besaba todo. Lo miré a los ojos y vi un dejo de duda en su mirada. No había tiempo que perder. Lo comencé a pajear, su verga era grande, delgada, y estaba tibia. Levanté sus piernas, las acomodé suavemente sobre mis hombros, y hundí mi lengua en la perturbadora profundidad de su culito. Ángel jadeaba, pero jadeaba como un macho cabrío, como un señor varón, como un verdadero hombre, yo pasaba mi barba sobre su raja y al carajo se le iba la noción de lugar y tiempo, con sus manos hundía aún más mi cabeza en su culo y yo estaba a rabiar.

Yo quería su aprobación para intentar lo pensado, pero no podía arriesgarme a un no, esa no era una opción razonable en mi mente, así que coloqué mi húmeda verga sobre la entrada de su hermoso culo, y con un movimiento certero logré la ubicación que estaba esperando. Palidecí de sólo pensar que lo iba a lograr, me quedé contemplando mi trofeo y él terminó la labor. Con sus manos abrazó mi espalda y me trajo hacía la gloria.

Todo estaba hecho. Mi verga vibraba en sus adentros. Mi verga reinaba en las profundidades infinitas de su ser. Hasta ese momento me percaté que estábamos sudados sobre la alfombra, las ventanas estaban abiertas y yo me sentía el rey del mundo. Lo abracé, lo besé, unas embestidas más y acabé dentro de él. Él se vino en seguida sobre su abdomen y yo me quedé sobre su cuerpo. Un olor a sudor, a caña, a colonia quemada sobre la temperatura corporal, a semen, a saliva y a deseo. Así caí rendido en la fragancia infinita de su cuello. Diez, quince minutos, no sabría decir, nos levantamos. Me metí a mi cuarto. Él se metió al baño, lo oí ducharse por bastante rato, imagino que tratando de limpiar su culpa… su culpa que era mía, y que extrañamente era una dulce culpa.

Sentí cuando salió del baño, para este momento no sabía que esperar, no sabía que quería, pero fuese lo que fuese quería que fuese con él. Me puse un bóxer y me acosté con la incertidumbre en mi cabeza. Miraba la tele, pero no veía nada, la única escena que se repetía una y otra vez en mi mente era la que acababa de protagonizar con mi cuñado, ya hasta decirle cuñado se me hacía extraño. Siendo las dos de la mañana exactamente abrió la puerta de mi cuarto, yo me incorporé, sin decir palabras levanté mi cobija y toqué dos veces mi colchón a modo de invitación, él se metió en mi cama bajo mis sábanas, apagué la luz, apagué la tele, él se volteó y quedó dándome la espalda, me coloqué por detrás, lo abracé con ternura, resuelto, con decisión y me dormí en el olor perturbador  de su cuello, que aún recién bañado conserva ese aroma característico de su piel.

Al otro día estuve tentado a no ir a trabajar, aún así fui y no saben cómo me arrepiento de haberlo hecho, lo dejé en la cama dormido y ya cuando me iba, aún y cuando todo para ese momento seguía confuso  para mí, lo besé en los labios, lo besé en la herida que empezaba a formar costras, lo besé y me sentí… No joda…   En la tarde avisé a mi secretaria que no volvería ese día, aún y cuando los martes es la reunión de gabinete. Mi intención: pasarla con él, regresé y no estaban ni él ni sus cosas. Abortó las pasantías y se regresó a San Cristóbal, le dijo a su familia que tuvimos un pedo de tragos y que yo era un tonto, más nada. Hace dos días me enteré que se va a Bogotá a hacer sus pasantías. Lo he llamado, fui a San Cristóbal con la excusa más idiota del mundo y no pude verlo…

Marica si lees esto, y ojalá que así sea, sabrás que estoy desesperado, que merecemos hablar, entiendo tu posición, pero esto me va a volver loco. Es algo que sé que no se me va a pasar, no quiero que se me pase. Voy manejando en el tráfico y se me salen las lágrimas sin ninguna razón, no quiero ir a Sub Way, no quiero ir al gym, van casi quince días que no voy al cine, estoy entregado a la caña, coño viejo por lo menos accede a verme aunque sea una sola vez. Voy a terminar con la nena. Coño dame un chance mi Ken.

Autor: Alejandro

Me gusta / No me gusta

El billar

Mi novia invitó a Raúl a que se sentara, y entonces Julia le dio la espalda para sentarse encima de su polla, quedando Raúl detrás de ella y Alejandro enfrente, con su polla a la altura de su boca. Asió esta y empezó a hacerle una mamada de campeonato, y mientras cabalgaba para sentir las penetradas de Raúl, sus tetas saltaban siguiéndole el ritmo, era un regalo para los ojos.

Hola, mi nombre es Roberto y mi chica Julia. Somos una pareja que vive juntos desde hace poco menos de 1 año a las afueras de Ciudad Real, España. Ella es morena con el pelo largo, mide 1,70 metros con una figura fina, bastante estilizada pero con formas, sus pechos son un poco grandes, pero naturales y sobre todo bastante tiernos a la vista y el tacto. Y tiene un culito respingón y duro muy apetecible.  Se diría que es una mujer que despierta mucho morbo. Por si fuera poco, es una mujer muy pícara y traviesa en lo que al sexo se refiere. Ambos tenemos 24 años.

A mí me encanta que ella suela llevar la iniciativa en la cama y siempre le contaba que me excitaba mucho fantasear con ella hacer tríos con otros hombres, cosa que le ponía a cien. Pero una cosa es la fantasía y otra que esta se haga realidad, son dos cosas diferentes.

En nuestra casa tenemos un salón grande con una bonita mesa de billar, en ese salón casi siempre lo hemos usado para hacer alguna fiesta con nuestros amigos pues lo decoramos hasta el punto de que pareciera un mini-bar. En ocasiones solemos echar partidas de billar Julia y yo, nos encantaba. Pero llegó el día en que estábamos jugando a billar y me propuso una apuesta:

– Esta vez te voy a ganar. Le dije a Julia, normalmente jugábamos los dos bien el billar, pero tenía un poquito más experiencia que ella y solía ganar más ocasiones. – ¿A si? Como no. ¿Que te apuestas a que esta noche gano yo?- Lo que quieras… Dije con una pequeña risa. – Si te gano al billar hoy, hago un trío con tus amigos, tantos como yo quiera.

Aquello me sorprendió, sin remedio no pude evitar una erección, que sospeché que ella percibió.  Y si tú ganas, el trío será con mis amigas.

– Eh… no sé Julia…- Mmmhh… ¿Tienes miedo de perder? Reaccioné con sus palabras, estaba seguro de que no podía perder, era mejor jugador que ella, así que acepté su apuesta…

Empezamos la partida y al principio iba ganando yo aunque sin mucha diferencia con ella. Le sacaba un par de bolas de ventaja. Pero cuando faltaban pocas bolas que marcar, noté que Julia intentaba seducirme cada vez que me tocaba a mí tirar. Dejándose ver un poco uno de sus pezones de forma muy sensual y gimiendo un poquito para captar mi atención. La verdad es que lo intenté, pero aquello me distraía demasiado y poco a poco ella ganaba terreno hasta que finalmente, ella marcó la bola número 8. Había perdido la apuesta.

Ella, con una expresión de gatita traviesa, me agarró mi paquete con su mano y me llevó a nuestro dormitorio. “Ahora tienes que cumplir mi deseo, has perdido” Me dijo con una voz sexy mientras me tumbaba en la cama y me amarraba con unas esposas a los barrotes de la misma, lo usábamos para nuestros juegos sexuales. Me estuvo follando toda la noche, imitando que otro hombre la estaba penetrando por atrás y se la chupaba a otro mientras me montaba en ese estado. La verdad es que me excitó muchísimo que hubiéramos empezado el juego con la apuesta del billar para acabarlo en la cama de esa manera. Estuvimos así un rato hasta que nos desplomamos y nos quedamos dormidos en la cama.

Al día siguiente los dos trabajábamos, ella sale un par de horas antes de su trabajo mientras que yo ya salía tarde y algo cansado sobre las 8 de la tarde, aparte de que estoy lejos de casa y suelo tardar una hora más en volver, por lo que Julia suele estar casi 3 horas en casa sola esperándome. Eran algo más de las 9 de la noche cuando volví a casa, cuando entré por la puerta llamé a Julia para saludarla pero o no estaba o no me oyó. Fui derecho a la cocina que me pillaba cerca para ver que había de cenar. Pero en ved de una cena, había una nota. Supuse que Julia había salido y que lo dejaba ahí escrito, pero en la nota ponía “Ven al salón del billar. Julia”. La verdad es que me mató de curiosidad, tan pronto pude, me fui al salón para ver que pasaba.

Cuando llegué a la puerta del salón ya estaba oyendo ruido y voces, pensé que mi chica había organizado algún encuentro o fiesta y la cena se iba a celebrar abajo. Pero cuando abrí la puerta, me quedé boquiabierto: Estaba Julia allí, vestida con un top blanco muy sexy que dejaba bastante al descubierto el canalillo de sus senos, la espalda al descubierto y su barriguita también. Y llevaba unos vaqueros blancos, ambos muy ajustados con unas sandalias blancas a juego. Aquella imagen me hubiera encantado si no fuera por que con ella estaban 2 amigos míos: Alejandro y Raúl, todos tomando unos saladitos y cerveza cerca de la mesa del billar.

– ¡Hola mi amor! ¿Qué tal el trabajo? He invitado a tus amigos para disfrutar de una velada muy… excitante. Ahora íbamos a jugar a billar, pero estábamos esperándote para que fuésemos 4 y hacer 2 equipos, tú vas conmigo ¿De acuerdo mi cielo?

No sabía que decir, le dije que vale mientras saludaba a mis amigos. Lo que me extrañaba es que los 2 amigos que había invitado eran precisamente los 2 amigos que le conté una vez que la miraban demasiado cuando salíamos de fiesta. Seguramente fantaseando con mi novia de poder follársela mientras se la meneaban. Estaba un poco confuso del por qué todo esto, que ella los hubiera invitado y el por qué estaba tan ricamente sexy Julia esta noche.

Nos pusimos a jugar a billar los 4, cada vez que a Julia le tocaba tirar, adoptaba una pose que era imposible no verle un poco sus senos a través de su blusa, o marcaba mucho su trasero dejándolo a la vista de nosotros 3, también hacía pequeños gemidos mientras se acariciaba el pecho, la cintura el trasero… e incluso mientras esperaba su turno para tirar, agarraba el bastón del billar y lo movía suavemente como si estuviera haciendo una paja a una enorme polla. No podía evitarlo, de alguna forma me estaba excitando aunque seguía extrañado por la situación, mis amigos tampoco le quitaban el ojo de encima, parecían incluso más excitados que yo. El juego terminó ganando el equipo contrario, el de Alejandro y Raúl, este último fue el que marcó la bola número 8. Pensé que al acabar el juego se marcharían, pero Julia lo que hizo fue subirse a la mesa del billar a 4 patas y con una mirada de gatita traviesa acarició el cuerpo de Raúl. Me quedé atónito por lo que estaba viendo, mi novia le estaba metiendo mano a mi amigo, delante de mí y de otro colega.

– Julia. ¿Qué estás haciendo? – ¿A ti qué te parece mi amor? Cobrando mi apuesta. Dijo mientras le estaba sacando su camiseta y le masajeaba todo el cuerpo a Raúl, desde su cuello hasta su abdomen. Aún tenía colocados sus pantalones.

Como si fuese un calambre, enseguida me acordé de la apuesta que mantuvimos anoche jugando al billar el trío con los amigos del perdedor. Solo que yo pensaba que no hablaba en serio, sobre todo cuando nos fuimos a la cama al terminar, que tuve la sensación de que estábamos fantaseando, como muchas otras veces.

Julia, aún de rodillas incorporada en la mesa de billar, se había aproximado tanto a Raúl, que sus senos tocaban el pecho de Raúl a través de su ropa. No pudo contener una erección, que mi novia no tardó en descubrir. Con unos movimientos muy sensuales se puso a 4 patas y con su boca experta intentó quitar el cinturón de sus pantalones no abrochados con éxito. Estos se cayeron al suelo quedando solo sus bóxers con un bulto deseando salir. Mi otro amigo Alejandro estaba tocándose descaradamente a través de sus pantalones, no podía contener su excitación y miraba a mi novia con ojos hambrientos. Yo no sabía qué decir, instintivamente abrí la boca como sabiendo que algo tenía que decir, pero no sabía el qué. Estaba confuso y excitado a la vez, y esa excitación quizá fuese lo que me había impedido interrumpir todo lo que estaba viendo.

– Mmmh, como vosotros dos habéis ganado la partida, os voy a premiar dejando que me hagáis todo lo que más os apetezca, soy toda vuestra (refiriéndose a Raúl y Alejandro), la guinda del pastel se la lleva Raúl por colar la última bola. Tras decir esto, con su boca bajó los bóxers de Raúl dejando su pene bien duro y empalmado al descubierto. Alejandro ya se había bajado sus pantalones y sacado su polla mientras se acercaba a la boca de mi novia, no obstante esta había comenzado una lenta pero cuidadosa mamada sobre el instrumento de Raúl.

– ¿Y yo qué? No me había incluido en su premio. – Tú puedes mirar.- ¿Cómo? ¿Solo mirar?- Bueno… también puedes hacerte una paja mientras miras. Se le escapó una risa traviesa.- Pero… ¿No acordamos que si perdía la apuesta, nos montábamos un trío con mis amigos?- No mi cielo, la apuesta era que yo me montaba sola un trío con tus amigos, en ningún momento te mencioné a ti. Ahora es demasiado tarde, ya no puedes negarte. Voy a disfrutarme a tus amigos hasta que me hagan olvidar que soy mujer, más suerte en la próxima partida de billar. Y volvió a engullir la polla de Raúl como si su vida dependiera de ello.

Yo estaba con cara de tonto, mi novia me la había jugado a base de bien, y lo peor es que la apuesta la acepté sin problemas, así que en el fondo estaba jugando limpio, y yo había perdido y tenía que aceptar la derrota. Así que poco convencido y un poco molesto, aunque todavía terriblemente excitado, cogí una silla y me senté para intentar “disfrutar” del espectáculo.

Julia turnaba su boca para chupar las dos pollas de mis amigos. Aún llevaba puesto su sensual top y sus vaqueros blancos, sus sandalias blancas se las había quitado para subir a la mesa de billar. En ningún momento había usado todavía las manos para masturbar a Alejandro y Raúl, solamente usaba su boca y su lengua, lamiendo desde la base hasta la punta de aquellos rabos. El que estaba recibiendo la mamada adoptaba una expresión de mandíbula desencajada y ojos en blanco, debía de estar gozando como un cabrón. El otro en cambio aguardaba su turno como un niño que espera un delicioso postre después de comer. Julia interrumpió la mamada de uno, con una mirada viciosa miró a mis dos amigos y les dijo:

– El primero en correrse le dejo que me folle primero.

Aquello se desató, los dos agarraron sus sendas pollas como alma que lleva el diablo y empezaron a masturbarse frenéticamente, deseosos de bautizar a mi novia con su leche. Yo ya no pude contenerme más y saqué mi polla fuera y empecé a hacerme una soberana paja. Julia acariciaba suavemente los huevos de ambos, dejó de acariciar a uno para señalar con su dedo índice donde quería que descargaran su caliente munición: en su boca.  Los dos apuntaron con sus pollas a sus labios, y ella empezó a sacar la lengua esperando recibir su blanco néctar.

Raúl fue el primero en soltar todo su semen acumulado en la boca de mi novia, salpicando también su cara, su cuello y parte de su pelo, y ella muy gustosa lo recibió y lo saboreó como si fuese dulce miel. Con su mano asió la polla de Raúl y empezó a lamer su polla, dispuesta a limpiar muy cariñosamente hasta la última gota de leche, lo sabía por que siempre me lo hacía a mí en nuestras relaciones de pareja, pero en esta ocasión, me había excluido en su juego, castigado por una apuesta.

Alejandro tardó un par de minutos después en correrse también, pero mi novia no prestó atención a su corrida, estaba muy ocupada saboreando los jugos de Raúl (el ganador por ser el primero en correrse), así que Alejandro con la polla apuntando a sus mejillas, descargó toda su leche en ellas, viendo como se derramaba el semen de su cara a sus tetas, descubiertas por el ajustado Top que llevaba. Yo estaba masturbándome sin parar, mi excitación crecía por momentos. Julia se percató de ello y dejó de chupar la polla de Raúl un momento.

– Mi amor, te propongo un juego. Con cara de sorpresa oí decirle.   Te dejo que te masturbes, pero no que te corras. Si no termino con tus amigos y tú no aguantas más y desperdicias tu leche en una paja, estos señores volveré a invitarles mañana a cenar y tendré que ser una muy buena anfitriona con ellos.

Mientras decía esto se relamía los labios manchados del semen de Raúl. .  Por el contrario, si eres un chico bueno y dejas tu leche bien guardadita en tus huevos, seré yo la que te prepare una buena cena mañana solo para ti, y tus amigos tendrán que despedirse… por un tiempo. Era lo que me faltaba por escuchar, no tenía bastante con follarse a dos amigos míos y dejarme a mí solo con mi mano viendo como se los gozaba. Ahora quería hacerme sufrir más sin dejar que culminara mi placer conllevando celosas consecuencias.

– Lo que tú quieras. Le dije poco convencido. Aunque estaba muy excitado. – Mmhhh así me gusta, no obstante si no puedes aguantar más, quiero que me des tu leche sobre mis pies, para que no la malgastes. Pero no quiero que me toques, mi cuerpo ahora es solo para tus amigos, no para ti, así que cuidadito cuando quieras culminar tu derrota vaciando tus huevos.

Increíble, además, quería humillarme, no solo estaba disfrutando con dos hombres a la vez, sino que además, se lo pasaba en grande viendo como yo sufría por ello.

– Qué puta eres.- ¿Ah sí? Mmhhh, como castigo, les dejo que me follen sin condón, será más rico. Y dejó escapar una risita traviesa.

Aquello me encendió más, pero no sabía si era mi rabia acumulada, o la enorme excitación que tenía entre mis piernas. Les iba a consentir que se la follaran sin preservativo, y eso a mí solo me ha dejado hacerlo en ocasiones muy contadas, y de repente a ellos que solo los había visto un par de veces y de lo que yo le he contado, se abría de piernas para ellos sin rodeos.

Por fin se había quitado su top, dejando al aire libre unas tetas tan bonitas como riquísimas. Se acostó sobre el borde de la mesa de billar y se quitó finalmente los pantalones contoneando un poco las caderas, ahora estaba completamente desnuda para Alejandro y Raúl (me di cuenta que no se había puesto ropa interior), aún tenían las pollas bien tiesas, sin duda tenían muchas ganas de follársela. Raúl no pudo esperar más, además fue el primero en correrse y como dijo mi novia, iba a ser el primero en follársela, así que sin rodeos comenzó a penetrarla. Ella gemía, le estaba gustando lo que sentía entre las piernas, mientras Raúl dejaba entrar y salir su polla del coño de mi novia, sin duda debía estar muy mojada la muy puta, y el cabrón de Raúl gozándola sin condón. Alejandro acercó su polla a la boca de mi novia y esta la aceptó encantada, lamiéndola y chupándola como un dulce caramelo. Yo estaba haciéndome una paja, no podía hacer otra cosa, terriblemente excitado a la par de enfadado. A juzgar por sus gritos y como se masturbaba con la mano libre que le quedaba (la otra la usaba para chupar la polla de Alejandro), Julia se corrió enseguida.

Cambiaron de postura, ahora Raúl de pie cerca de la mesa de billar, donde estaba acostada boca arriba mi novia, se estaba follando las tetas de Julia, mientras esta le lamía los huevos conforme hacía el “mete-saca” por el canalillo de sus blanditos y jugosos senos. Que jodidas tetas tiene mi novia… eran un regalo de Dios, rara vez me dejaba tocárselas cuando lo hacemos en la cama, le gustaba hacerme sufrir con ello, pero en cambio le consentía todo lo que quería a Raúl que se las manoseaba y las usaba a su gusto. Alejandro estaba comiéndole el coño, antes de penetrarla a placer, ya que era su turno. Julia se percató de ello y cuando terminó de chuparle el coño, se dio la vuelta, quería que la follara a 4 patas. Alejandro empezó a penetrarla por detrás y siguió con sus movimientos para su disfrute. A Raúl de vez en cuando se la chupaba con cariño al tiempo que le hacía una paja con sus tetas, le encanta hacer masturbaciones y jugar con sus senos. Sabe que eso me vuelve loco, tal vez no me deje tocar mucho sus tetas, pero lo hace por que sabe que eso me vuelve loco. Y mucho menos eso no significa que no las use conmigo.

– Vamos nenes, quiero sentir vuestros rabos dentro de mí… Parecía una orden, y aunque lo era, lo decía de forma muy sensual. Como si pidiera un favor. .

Indicó a Alejandro que se acostara en la mesa de billar, y Julia se puso encima de él dispuesto a cabalgarlo. No obstante Raúl estaba detrás de ella, chupándole el agujero del ano. Me estaba temiendo lo peor…

– Te lo dedico mi amor, tu amigo Raúl me va a follar donde tú aún no me la has metido.

No era del todo cierto, sí que habíamos practicado sexo anal, sin embargo era algo que a mí me gustaba poco o nada hacerlo. No obstante la única vez que lo hicimos fue tan breve que casi se podría considerar que no se la he metido aún, comparadas con las muchas otras veces que hemos mantenido relaciones sexuales, así que a lo mejor aprovechó esa situación para soltarme eso y matarme de excitación.

Tal y como dijo, empezó a cabalgar a Alejandro al tiempo que Raúl le empujaba fuerte por detrás, gemía y gritaba como una loca en celo. Estaba disfrutando la muy zorra, Raúl no dejaba de propinarle embestidas a su fantástico culo, oyendo como sus huevos chocaban con los cachetes de mi novia. Alejandro se dejaba llevar por el mar de placer que le estaba dando mi novia montándole de esa manera, aprisionando su polla dentro de su coño sin dejarla escapar. A mí me faltaba poco para terminar, y recordé lo que dijo mi novia, que si me corría antes de que ella terminara de follarse a mis amigos, tendría que hacerlo sobre sus pies como castigo y humillación, y por si fuera poco, que eso era una garantía de que volvería a follárselos otra vez al día siguiente. Tenía que aguantar, pero entre el espectáculo que estaba viendo y los gritos y gemidos que estaba oyendo (seguro que se había vuelto a correr), era difícil retener la tensión acumulada en mi entrepierna.

En ese momento me di cuenta de algo: Mi novia me estaba observando, y no sé como, creo que intuyó que me faltaba poco para correrme y me estaba conteniendo. Por lo que me lanzó una mirada y una sonrisa muy pícara, a la par que traicionera. Sin duda había tenido una idea, y estaba tramando algo. Hizo un par de palmadas en el aire y avisó a mis dos amigos de que quería cambiar de lugar para follar. Así que dejaron la mesa de billar y se fueron a nuestro sofá que había en el salón. Invitó a Raúl a que se sentara, y entonces Julia le dio la espalda para sentarse encima de su polla, quedando Raúl detrás de ella y Alejandro enfrente, con su polla a la altura de su boca.

Asió esta y empezó a hacerle una mamada de campeonato, y mientras cabalgaba para sentir las penetradas de Raúl, sus tetas saltaban siguiéndole el ritmo, era un regalo para los ojos. Hablando de ojos, observé que no dejaba de mirarme, estaba controlándome, yo seguía pajeándome pero había bajado el ritmo, ya que sino terminaría corriéndome y entonces habría ganado ella. Mi polla me dolía de tanto retener mi semen, pero si me desahogaba en ese momento, más tarde lo lamentaría. Con una mirada muy viciosa, colocó la polla de Alejandro entre sus tetas y empezó a hacerle una paja cubana impresionante, acompañando el sube y baja de la follada con Raúl, al meneo de sus tetas para hacer gozar a Alejandro con ellas. Qué maravilla, ojala esa polla fuese la mía, inconscientemente estaba acelerando el ritmo de mi masturbación.

– Alejandro cariño. Vas a ser un chico bueno y me vas a dar leche. ¿Verdad? Quiero que te corras sobre mis tetas. Pero no quiero que lo hagas con tus manos, ni con las mías, quiero ver como tu polla me baña de leche solo con el sube y baja de ellas.

Maldita zorra, me estaba calentando peligrosamente, eso era algo que me ponía berraco cuando lo hacíamos. Tengo perdición por los senos de las mujeres y por si fuera poco las suyas eran más que apetecibles, y quería que Alejandro se corriera sobre ellas solo con la ayuda de la paja cubana que le estaba haciendo, sin que ella o él terminen con sus manos. Y efectivamente, cuando observé la cara de Alejandro y el pedazo grito que soltó, al instante salió un río de leche de su polla que bañó casi totalmente las tetas de mi novia, una corrida monumental que había llegado incluso a su cuello y su barbilla.

Con sus brazos (los de mi novia) intentó hacer más presión con sus tetas sobre la polla de Alejandro, para que así disfrutara más conforme su leche salía disparada de su rabo. Julia sin dejar de mirarme, se intentó relamer el semen que estaba cerca de su boca, mientras seguía pajeando a Alejandro hasta que terminara de descargar totalmente su caliente munición. Casi sin darme cuenta estaba siguiendo mi paja sin importarme lo que pudiera pasar, me costaba pero hacía un esfuerzo por controlarme.

– No puedo más. ¿Dónde quieres que me corra? Ese era Raúl, al parecer no podía aguantar más de las cabalgadas que le estaba haciendo mi novia acompañadas de la paja cubana que le había hecho a Alejandro. Julia me miró, se rió y sin dejar de mirarme le dijo: – Cariño… tú no tienes elección, Quiero cabalgarte por que me da la gana. Si no puedes más, será una pena, tendrás que dejarme preñada.

Di un salto de mi silla y fui casi corriendo hacia Julia, con la mano en la polla. Aquello ya era demasiado, superior a mis fuerzas, y no podía dar crédito.

– Julia, no puedes hacerme esto. Eso es pasarse de la raya. Sonreía, sin duda estaba disfrutando el momento. – ¿No puedes aguantar más? Entonces cállate, córrete en mis pies y déjame gozarme a tus amigos.

Me había rendido, obedecí, mi excitación era mi condena, y ella me había ganado. Me puse de rodillas, apunté con mi polla a su pie izquierdo y aceleré con excitación el ritmo de la paja. Ella seguía cabalgando a Raúl como si nada, ya me daba igual si yo me corría antes o después que mi amigo, estaba loco de ganas por correrme, la morbosa, celosa y excitante situación se habían apoderado de mí y no podía ni pensar ni razonar nada. Cuando mi polla empezó a escupir su leche y tocó el pie de mi novia, esta rió en el momento que notó el calor y la humedad del semen. Colocó un dedo bajo mi barbilla para que levantara la vista y la mirara a los ojos, sonreía muy contenta.

– No te preocupes mi amor, si tu amigo Raúl no me deja preñada ahora, tiene otra oportunidad de hacerlo mañana después de la cena. Me guiñó un ojo. Y las embestidas de Raúl ya eran más lentas pero más fuertes al tiempo que gritaba de satisfacción, sin duda se estaba corriendo dentro de ella el muy hijo de puta. Y la zorra de mi novia recibiendo toda su corrida dentro mientras gemía y reía, ahogada de triunfo y placer, sin duda había tenido otro orgasmo.

A mí ya me daba igual todo, con mi polla seguía masturbándome para terminar de eyacular todo lo que me quedaba, tenía unas enormes ganas de restregar mi semen por todo su pié, pero tenía prohibido tocar su cuerpo, pues esa noche no era de mi propiedad. Ahora que Raúl había terminado dentro de ella.

Julia frenó el ritmo, pero cabalgándolo tranquila y suavemente, asegurándose de que hasta la última gota de semen queda dentro de mi novia, mientras disfrutaba sintiendo esa polla subiendo y bajando en su coño. A Alejandro con una mano le había cogido su polla para empezar a limpiársela con su boca, mientras que con la mano libre estaba extendiéndose la leche por todo su cuerpo, como si de una crema nutritiva para la piel se tratase, empezando por sus senos, luego su cuello, sus mejillas, su barriguita… no quedó centímetro de piel sin hidratar.

En aquel momento, con mi excitación disipada, no sentía rabia, solo un poco de incomodidad, y en parte alegría, de que esta tremenda experiencia tendría que repetirla mañana a la hora de cenar.

Autor: Anarfabeztia

Me gusta / No me gusta

Ana, mi mejor amiga y mi fantasía sexual

Le acariciaba todo, la espalda, las nalgas, las caderas e inclusive el ano cosa que ella pareció disfrutar ya que gemía como loca, al ver esto saqué mi polla y con la punta lubriqué un poco su ano con sus propios jugos, volví a meter la polla en su concha mientras metía un dedo lentamente en su ano, pensé que se iba a desmayar de tanto placer, era una escena increíble.

Empiezo describiéndome, no soy el típico galán de todas las historias, soy alto, cuerpo normal y mi miembro no mide metro y medio, es de tamaño normal.

Les contaré mi historia, soy un estudiante universitario y vivo solo desde hace 4 años, tengo 22 años actualmente y donde resido no es importante. Cuando entré a la universidad conocí a una amiga de nombre Ana, tiene un par de tetas tremendas, recuerdo que cuando la conocí me la pasaba haciéndome pajas en su nombre. Con el tiempo nos empezamos a conocer más y resultó que vivía a sólo 5 minutos de mi casa, por lo que en las tardes siempre iba a su domicilio a ver la tele o a pasar el rato y nos volvimos muy buenos amigos, pero por miedo o por tonto nunca me animé a pedirle que fuera mi novia y hace dos años empezó una relación con un tipo del que me volví amigo, pero nunca dejé de pensar en lo que hubiera sido si me hubiera animado a llegarle a Ana.

Cuando ella llevaba un año de relación, llegamos un día por la noche de una fiesta y nos pusimos a platicar de muchas cosas y tocamos el tema de las relaciones sexuales, ella me confesó que aún era virgen lo cual me prendió mucho, ya al calor de las copas le pregunté si no le gustaría que su primera vez fuera conmigo, ella sonrió, lo pensó y me contestó que aunque le halagaba mi propuesta, no quería arruinar nuestra amistad y que sentía feo hacerle eso a su novio, como se podrán imaginar me sentí como un total imbécil y muy apenado me despedí y me fui de su casa.

Unos meses después volvimos a tocar el tema y le dije que la verdad a mí me haría muy feliz tener sexo con ella, pero que después de su última respuesta a mis peticiones ya había aceptado que nunca iba a pasar, ella me interrumpió y me dijo que todo podía suceder, dándome alas en mi meta de cogerla salvajemente como en mis fantasías más locas.

Pasó más tiempo todavía y como ella veía mi cara de desesperado por poseerla cuando estábamos juntos, me dijo que después de que tuviera su primera vez con su novio, pensaría muy seriamente mi propuesta, obviamente yo no podía esperar a que su novio se la cogiera para poder probar yo también su deliciosa concha. Como al mes de esa charla fui a visitarla y ella muy emocionada me contó que ya la había desvirgado, me lo contó con lujo de detalles y me reveló que no había sido una experiencia muy buena. Por lo que me contó, su novio no sirve ni para masturbarse así que la consolé y le dije que el sexo no es así, le conté una de mis historias y quedó fascinada, pero aún  así no me pidió nada, yo no quise tocar el tema porque para ser honesto, ya me había resignado a que nunca podría cogérmela.

Pasó más tiempo aún, estábamos viendo una película tonta en la tele y hubo una escena de sexo en la película, ella se quedó muy seria y me dijo –oye, ¿de qué color te gusta más que las mujeres tengan los pezones?-  yo me quedé pasmado ya que nunca me había preguntado algo así y le contesté con una broma – pues la verdad no me importa, lo que más me interesa es que me los enseñen, ya con eso es ganancia-  ella empezó a reír y me volvió a preguntar, siempre me había imaginado que sus pezones son de color café ya que es lo más usual en las mujeres así que eso mismo le dije, ella se quedó muy seria y me volvió a hacer otra pregunta –¿Y te gustan grandes o pequeños?- igual me quedé en seco y le contesté – Pues no sé, si me dejaras verlos te podría decir cómo me gustan- ella se sonrojó y se levantó lentamente la blusa y suavemente se sacó una teta para que la viera.

Era impresionante, la teta más rica que había visto en mi vida, en ese momento sólo pensaba en chuparla hasta que se quedara seca, pero ella interrumpió mi pensamiento preguntándome – ¿No quieres tocarla?- no lo podía creer, lentamente acerqué mi mano y la acaricié, su pezón se paró y ella lanzó un ligero gemido y de repente sacó la otra teta la cual también empecé a acariciar. Estuve acariciándolas como un minuto, cuando subí la mirada me di cuenta que ella tenía la cabeza volteada hacia el techo con los ojos cerrados por lo que aproveché y empecé a lamer sus pezones cafés clarísimos, casi pintados, pensé que me iba a detener o algo así, pero cuál fue mi sorpresa cuando escuché las mágicas palabras –Muérdelos-

No esperé a que me lo dijera dos veces y los mordí tiernamente, falta decir que yo tenía una erección increíble, pensé que iba a romper mi pantalón de tanta presión y cuando ella lo notó me dijo –  Bueno tú ya me viste, así que sácalo y déjame verlo- me empecé a reír y le contesté –buen intento, pero tú me dejaste ver tus tetas, si quieres verme mis pezones con gusto me quito la playera, pero si lo que quieres es ver mi miembro tendrás que enseñarme tu concha primero…

No sé de dónde me salió el valor para decir eso, pero me alegra haberlo dicho porque cuando acabé de decirlo ella se levantó y empezó a quitarse el pantalón revelando una hermosa tanga roja, la cual no se quitó, solamente la hizo a un lado para dejarme ver su concha, increíble, un color rosa asombroso y muy bien depilada. Yo recordé mi parte del trato y me despojé de mi ropa, ella se quedó viendo mi polla con ojos de desesperada y me empezó a acariciar los testículos con su mano izquierda mientras que con la derecha me hacía una paja espectacular, cuando sentí que me iba a correr le quité la mano y la recosté, le abrí las piernas y empecé a pasar la lengua por toda su concha, aún  no olvido la primera vez que probé sus jugos, se me hizo mejor que cualquier bebida que hubiera probado, ella empezó a gemir y a lamerse los pezones, nunca había imaginado verla así, yo pasaba mi lengua de abajo hacia arriba y jugaba con su clítoris, ella apretaba mi cabeza con sus piernas y entonces llegó lo que yo llevaba esperando ya 2 años, ella dijo –métemela.

Me puse sobre ella, acomodé mi polla en la entrada de su concha y recordando lo que me había contado de su primera vez hice todo lo contrario, metí mi polla lentamente, con mucha suavidad, ella cerró los ojos y se mordió el labio, cuando mi polla estaba adentro empecé a bombear lentamente y después subí la intensidad, con cada embestida que daba ella gemía, sus tetas rebotaban y se apretaban contra mi pecho cuando me acostaba en ella, me besaba como desesperada.

Le dije que se pusiera en cuatro y cuando lo hizo aprecié su hermoso culo mientras me masturbaba lentamente, esta vez metí la polla de golpe por lo que ella lanzó un grito de placer y se empezó a acariciar una teta, yo la tomé por las caderas y le empecé a dar tan duro como si no hubiera mañana, le acariciaba todo, la espalda, las nalgas, las caderas e inclusive el ano cosa que ella pareció disfrutar ya que gemía como loca, al ver esto saqué mi polla y con la punta lubriqué un poco su ano con sus propios jugos, volví a meter la polla en su concha mientras metía un dedo lentamente en su ano, pensé que se iba a desmayar de tanto placer, era una escena increíble.

Estuvimos así como 20 minutos y sentí que me iba a correr, le pregunté que donde quería que me corriera, ella entre jadeos me contestó –en mi ano- yo le dije que prefería las tetas a lo que me contestó –¿puedes correrte dos veces o no?- yo me reí y accedí, saqué mi polla y descargué todo mi semen en su ano, empezó a caer por su concha y después al piso, ella se recostó boca abajo respirando fuertemente, yo me acosté al lado de ella y me quedé observando sus nalgas. No nos hablamos en un lapso de 10 minutos.

Por el repentino silencio que nos rodeó pensé que ella estaba arrepentida de lo que había hecho,  pero me dijo –entonces te quieres correr en mis tetas ¿no? ¿Qué quieres que haga?- encantado le pedí que me la chupara, me senté al borde de la cama y ella se hincó en el piso, me lamía la polla como una profesional, con su lengua jugaba con mi glande mientras me masturbaba, después aún  mientras me masturbaba me lamía los testículos e igual se los metía en la boca mientras con la lengua hacía movimientos circulares.

Después de una mamada espectacular estaba listo para correrme, me levanté, me puse enfrente de ella y me empecé a masturbar rápidamente, estaba como poseído, ella por su lado se masajeaba las tetas esperando mi semen, lancé un grito y me corrí en su pecho, lanzando los últimos chorros en sus pezones, cuando acabé ella chupó sus pezones, era increíble como limpiaba mi leche con su lengua y ver como sus labios quedaron llenos de semen.

Nos vestimos, nos acomodamos para ver la película que para este momento era lo que menos nos importaba y acordamos que era cosa de una vez… que mentira tan descarada fue esa, ya que desde ese día empezó nuestra vida sexual como amigos, pero eso ya será otra historia si a ustedes les gustó esta.

Saludos a todos.

Autor: Alejandro

Me gusta / No me gusta

Al llegar a la gasolinera

Me di la vuelta, el tipo puso su verga entre mis piernas, se acomodó y me metió su pito una y otra vez salvajemente, me sacudía, sus manos se sujetaban en mi cintura, mis gemidos no se hicieron esperar, el tipo me dio como por cuatro minutos a un ritmo salvaje, sus gotas de sudor las sentía en mi espalda, me sacudía una y otra vez, pero cada vez más lento, los demás gritaban al ver el show.

-Quítate el abrigo, ponte el manos libres, que se te tape con tu cabello, bájate a la tienda.-Como crees no puedo hacer eso, en la tienda me pueden…

No se en que momento dejé de pensar, me callé, me bajé del carro y me quité el abrigo, lo acomodé en el asiento, pues me había gustado mucho,  al momento de bajarme y caminar sentí  miradas de los despachadores de la gasolinera y demás tipos, como me comían con las miradas y así toda una putita caminé hacia la tienda, él me marcó de su celular.

-Si. –Mmmm, que culo tan delicioso se te marca, camina despacio debería filmar esto, camina entre ellos. –Si. -Muy bien putita, ve a la zona de refrigeradores, camina muy lentamente, perfecto, hay dos tipos en la caja que no te quitan la mirada (como era una gas de la carretera los tipos eran chóferes de  camiones, eran tipos de unos 40 años de edad, fuertes y muy pesados) –Si. -Toma unas latas de cerveza, póntelas en el pecho, para que se te marquen los pezones con lo frío de las latas.

-Hummm, apriétalas, camina hacia la caja y déjalas en el mostrador, ves a esos dos tipos que están en el mostrador, el gordo de barba y el de lentes. -Si.-No te quitan la mirada, regresa por unas papas, camina despacio para que te sigan viendo.-Si.

-¿Te excita Michell? -Si mucho. -Escoge papas que estén  lo más abajo del mostrador quiero que te empines, pon tu culo de frente a ellos, quiero que estires esos shorts para que se te marque la tanga y tu culo, quiero ver las caras, oooooooooh, lento, lento, lento, así. Acércate al mostrador de la caja y pide condones. -Si, buenas noches, perdón, ¿tiene condones? –Wayuu, que caras, empínate otra vez pero más cerca de ellos, traes pendejos a los dos tipos y al empleado de mostrador, busca algo debajo del mostrador muéstrale tu apretadito culo.

El encargado se quedó mudo,  yo sentía la mirada de los tipos en mi cola, el empleado se quedó callado, al poner las gomas de mascar y ver al empleado estúpidamente viéndome, volví a decirle:

-Amigo ¿tienes condones?-Si, ¿de cuales quieres, amiga?

Con mirada de morbo,  el pezón se me endureció bastante por el frío de las latas, dejándolos firmemente sobre la blusa. Uno de los tipos al lado de la caja se metió en la conversación.

-Texturizados se sienten más amor.-jajajajaajajaja todos en la tienda se rieron. -No le entiendo. -Muy bien puta excítalos, provócalos. Anda como lo que eres pinche puta.

Otro de los tipos se acercó, me tomó del brazo.

-A mi gusta que me los pongan, lentamente. ¿Sabes ponerlos con la boca? -No se ponerlos…pero me pueden enseñar.-Eso es putita, ¡que rico se te quedan viendo! Te quieren coger.

La reacción fue inmediata, mi respuesta hizo que  los dos se acercaron más a mí, se puso uno a mi lado y otro a mi espalda sujetándome de los hombros, el tipo de la caja con mirada de morbo y sucia me veía mis piernas, fue cuando uno de ellos se tocó la verga y dijo

-Fíjate que estoy  cansado y estresado por tanta carretera, como ves un masaje aquí, bombón. -Si eso te quita lo cansado y estresado con gusto. -Tráelos al carro, bombón, jajajajajajajajaja…

Le sonríe al gordo que tengo a mi espalda, me toma de la cintura.

-Oye y ¿cuanto?, por que con esas nalgas.-Dile que se arreglan conmigo.-Vamos al carro con mi amigo. -Como ves no las chingamos compadre. -Claro, vente bombón.

Me tomó del brazo el gordo y me abrazó, me puso sus manos en mi cintura bajando delicadamente sobre mi culo, me apretó, yo acepté y mi mano fue hacia su verga, estaba super excitada, nada confundida, al contrario quería verga en mi otra vez, caminamos hacia el carro me recargué sobre el cofre, el tipo me empezó a besarme el cuello suavemente platicándome lo que le gustaba que le hicieran cuando le chupara la verga, yo frotaba su verga sobre el pantalón, mientras Alejandro platicaba con el otro sujeto.

-Sácame la verga bombón.-Espérate un ratito además aquí, como crees. -Bueno bájame le cierre y mete tu manita.

Le bajé el cierre y metí mi mano, le toqué la punta de su verga apretándola suavemente, la estiré suavemente para sentirla, saqué mi mano, me chupé dos de mis dedos y húmedos, froté su glande, estirándole su pellejo, la verga era de buen tamaño y llena de vellos.

-Eres buena puta.

El tipo de lentes se acercó, le comentaron algo entre ellos, el gordo aceptó. Yo seguía acariciando su glande y sacudiendo su verga.

-Vente putita, vamos al camión.

Alejandro abrió la cajuela y sacó una video cámara, yo volteaba para atrás para ubicarlo, pues mi mano seguía dentro del pantalón del gordo, pero él me venía filmando el culo, los dos tipos me sujetaban de los brazos, caminábamos entre los camiones, cada vez me jalaban más duro. El tipo de lentes dijo:

-Para ser putita estás muy rica, hummm te voy a enseñar a mamar verga.

En una de las partes más oscuras, entre las cajas cerca de los camiones, se me atoró el tacón, pues el piso estaba muy mal, lo que hizo que me cayera.

-No te levantes, aquí la quieres, aquí la tienes.

El tipo de lentes se bajó el pantalón, era tremenda la verga, no tardó el gordo  también se bajara el pantalón, aunque ya la había sentido con mi mano no la había visto, gruesa y muy venosa.

-Acércate como lo que eres una gatita.

Alejandro filmaba todo lo que pasaba, yo dejé de pensar en la cámara, solo podía ver las vergas que me esperaban.

-Miauuuauuu, miauuuauuu…

Gateando me acercaba hacia ellos, jugaban conmigo haciendo a un lado, yo quería agarrar verga y chupar, pero ellos seguían jugando.

-Ven por tu trozo puta.-Acá putita mira grandota como te gusta.

Uno de ellos se acercó, le tomé la pierna y me acerqué a su verga, Ummmm, que delicia, la tomé con mi mano y acerqué mi lengua hacia ella, la tomé y me la metí en boca haciéndole círculos con mi lengua, la saqué y me fui hacia los huevos.

-Wooooow, que rico puta de mierda, hambrienta, como me gustan, voltea a verme.

Obedecí y me escupió la cara, mientras lo miraba, cerré mis ojos. El otro tipo se puso a mi lado rozándome su verga en el cuello, restregándomela, soltando esa agüita en mi mejilla y ese olor de sexo.

-Aquí esta tu otro trozo puta, jajajajajaja.

Giré la cara y la tenia de frente, la tomé con mi mano y la sacudí suavemente, la puse de frente a mi boca y la escupí, con mi lengua la lamí  el glande, eso lo estremecía, luego puse mi lengua sobre su boquita de su verga y con la punta de mi lengua la lamí en círculos, seguí hasta llegar a meterme a la boca casi toda su verga.

-Acá también tienes que comer pendeja.

Dos fuertes golpes de verga en mi mejilla hacia que volteara a lamer el glande al tipo de los lentes, al voltear de reojo me di cuenta estaban otros dos chóferes que había puesto una colchoneta, los tipos me acercaron a la colchoneta.

-Arrímate a la colchoneta.

El gordo se acostó, mientras el otro me soltaba mi blusa, el que estaba acostado levantó sus piernas dejándome toda su verga, huevos y ano libres.

-Anda puta chúpame el ano y  todo.

No supe pero lamí todo lo que me pedían, sentía asco por tanto vello y ese olor de cola, pero rico, cuando el otro tipo me levantó como carretilla  para quitarme el short que dejaba ver mi enorme culo en tanga, mientras mi boca seguía chupando la verga del tipo gordo, sentí un dedo, mucha saliva en mi raya y mi culo, dos fuertes nalgadas recibí, uno de los tipos que habían puesto la colchoneta, se acercó y me dio las nalgadas, gritando.

-Anda puta trabaja, jajajajajajajajaja.

Al gordo que estaba acostado le lamí todo, le metía la punta de mi lengua en su ano, él estaba excitadísimo pues momentos antes me había dicho lo que le gustaba, cuando de pronto me gritó:

-Veme cuando me la chupes pendeja!

Una fuerte cachetada me hizo reaccionar, me estiraron la tanga, una lengua y una barba picosa sentía en mi cola, un dedo se deslizó suavemente y con movimientos rápidos me empezó a dilatar.

-Ya esta déjame que me la chupe a mí. -Date vuelta pinche perra.

Me puse de espaldas al tipo gordo que estaba acostado, me monté en su verga, poco a poco sentía que me la metía.

-Monta pinche perra.

Mientras la verga del tipo de lentes la tenía de frente para chupar, las manos en mi cintura me dieron forma para que me sentara una y otra vez en la verga del gordo, volteaba y veía a más tipos estirándose la verga de lo caliente que me estaban cogiendo, mientras Alejandro no dejaba de filmar, yo le subía y bajaba al gordo mi  culo sobre su verga, mientras el otro tipo me estorbaba mi ritmo pues sujetaba mi nuca, me bombeaba la boca era delicioso sentir las vergas en mí, las nalgadas no dejaban de sentirse, me apretaba con sus manos la cintura y yo gozaba, un fuerte chorro caliente sentí dentro de mi, me sujetó muy fuerte de la cintura, hasta que la ultima gota de su verga le saqué, me quitó dejándome al tipo de lentes  que me faltaba,

-Cara de putita bonita  que tienes.

Me vio la cara, sacó la verga y con movimientos rápidos en su verga se hizo venir en mi boca, toda la leche que pude tragar, que rica estaba .Sin más el tipo se fue por su ropa, los demás tipos que nos veían se la seguían jalando. Acostada sobre la colchoneta jalándome mi verga hasta venirme en un minuto por lo caliente que estaba también, pero sin saber que hacer más volteé a ver Alejandro.

-Alguien más, vamos reputa.

Se acercó un tipo mucho más  gordo que al anterior  y con aspecto muy sucio.

-Yo la quiero como perrito, que culo.-Adelante, cógetela, es tuya.

Volteé a ver Alejandro.

-Obedece y trabaja puta de mierda.

Me di la vuelta, el tipo puso su verga entre mis piernas, se acomodó y me metió su pito una y otra vez salvajemente, me sacudía, sus manos se sujetaban en mi cintura, mis gemidos no se hicieron esperar, el tipo me dio como por cuatro minutos a un ritmo salvaje, sus gotas de sudor las sentía en mi espalda, me sacudía una y otra vez, pero cada vez más lento, pues se había cansado. Los demás gritaban al ver el show.

-Muévele el culo al viejo, muévete perra, ponte en cuatro, como lo que eres perra, ayúdale y muévete puta. -Déjame a mi papi.

Me saqué su verga, me acomodé, me puse con la cabeza hacia abajo, le dije:

-Métemela ahí y deja que yo me mueva.

Los demás gritaban al ver el show.

-Eso pinche puta, perrraaaaa, si las mueve rico la perrraaaaa, perra, perra, perra…

Despacito le empecé con círculos de mi cola, luego empecé a moverme a los lados, subí con fuerza empujando hacia atrás, le pedí:

-Agárrame de la cintura papi.

Me sujetó fuerte y volví a moverme en círculos, para los lados, frotarle mi culo, mover las nalgas cada vez que me hacía atrás, sentía como me rebotaban los huevos, sus manos frotaban mi espalda con su sudor, gritaba:

-Oooooooh perra, sigue, sigue, sigue.

De pronto, concentrada en mi trabajo, un tipo hincado al lado de mi cara.

-Puta voltea, te los ganaste.

Se vino en mi cara, me sacudió de semen, mientras yo seguía trabajando para el tipo de atrás, que me jalaba hacia a él, sentí que era el momento para aumentar de ritmo pues estaba a punto de venirse,  la fuerza de sus brazos al tomarme y el salir toda su leche hizo que me soltara una vez que terminó de vaciar su leche en mi.

Alejandro me tomó del brazo y me jaló, alcancé a tomar mi blusa.

-Camina puta, me encantas, eres putísima.-Mi ropa, espera. -Déjala o ahora vas a caminar como lo que eres puta desnuda.

Todos los tipos gritaron de júbilo, puta, puta, puta, puta.

Me acomodé la tanga, tratando de tapar mis partes, caminaba rápido hacia el carro, me solté y corrí, pero Alejandro tenía el control, es así solamente me tapaba la tanga, la gente de la tienda volteaba a verme, Alejandro me abrió el seguro y me subí, él todavía abrió la cajuela para guardar su cámara, riéndose se subió.

-¿Te gustó Michell?

Con gesto de reclamo por lo último que me hizo no le contesté, pero por dentro estaba feliz, mi primer experiencia, cuatro vergas mías y nada más mías. Ese día fuimos al motel a recoger mi auto, Alejandro durante todo el camino vino hablando de lo caliente del video y demás cosas,  se despidió de mí y me dijo que estaríamos en contacto.

Autora: Michell

Me gusta / No me gusta