Después de la fiesta

Mi alma y mi cuerpo todo no pudo resistir tanto placer.- Contracciones involuntarias de mi vagina y del esfínter anal me llevaron a un orgasmo brutal. Alfredo descargó su primer chorro de leche tibia en mi cara.- Abrí la boca para poder tragarme los siguientes, uno de ellos, se fue muy adentro y entró en mis vías respiratorias, obligándome a toser y a tragarme el abundante semen que tenía dentro de ella.

…Después que los dos negros se sacaron las ganas conmigo y yo con ellos…quedamos en la cama Úrsula y yo mimándonos un poco mientras que Marcos y los dos negros trajeron unos vasos de whisky y comenzaron a beber y a fumar.- Fuimos al baño a higienizarnos un poco.-Ya en el baño….

-¿Qué te parecieron mis amigos, te gustaron? -¡Sí, son muy simpáticos y….-le hice un gesto con las manos dándole a entender que los negros las tenían bien grandes. -Vos y yo tenemos los mismos gustos….por eso te los presenté.–Es cierto, somos iguales en muchas cosas. -Por eso te quiero, aparte…. ¡Sos divina! -En algunas cosas somos diferentes- le dije sonriéndome al mismo tiempo que le acariciaba uno de sus tentadores senos -vos las tenés más grandes y más lindas.

-Más grandes, puede ser, pero más lindas…hummm… no sé.-Vi como los tres se les prendían desesperados. -Tengo ganas de hacerme un tratamiento con hormonas con el Dr. Guillermo.–Si querés hacételo, pero me parece que así como estás, estás fabulosa.- Tiene razón Alfredo, parecés una bebota…ja…ja…ja…y eso a los hombres les encanta.- Úrsula había sacado dos tanguitas de una cómoda y nos las pusimos.- Bueno vamos con ellos a fumarnos un cigarrillo y a tomar algo. -¿Te queda licor de coco?

-Sí, ahora te lo traigo.- Me miró a los ojos, de pie como estábamos, nos abrazamos , acercamos lentamente nuestros labios y nos dimos un apasionado y largo beso.- Mientras ella fue al refrigerador a buscar la bebida me dirigí al dormitorio.- Los negros estaban , completamente desnudos tirados en la cama y Marcos, también desnudo, sentado en la butaca. Me senté en su falda apoyando uno de mis brazos en sus hombros.

-¿Qué les pareció Gabrielita, muchachos? -preguntó Marcos. -¡Preciosa, simpática y en la cama un demonio! -respondió Alfredo. -¡Y cómo la chupa!-continuó el de las caravanas. -Cuando uno la ve por primera vez no se imagina que pueda ser tan hembrota.

Yo sonreía, con las piernas cruzadas, balanceando uno de mis pies y fumando un cigarrillo que había prendido Marcos y que me lo había puesto entre los labios.- Me sentía una mujer fatal.-Vino Úrsula trayendo la botella de licor de coco y dos vasos.- Puso a estos en una mesita de luz y vertió en ellos el blanco líquido.- Me alcanzó uno.- Los hombres y también yo admirábamos la belleza de su cuerpo escultural sólo de tanga y de zapatos con sus descubiertas, desafiantes, ebúrneas y turgentes tetas.- Los negros sentados, ahora en el borde de la cama, le dejaron un lugar entre ambos.-

Charlamos de cosas varias un rato pero los tipos, yo y seguramente Úrsula queríamos más.- Cuando me senté en la falda de Marcos tenía su verga flácida como una boa durmiendo atravesada en su muslo. Aún en ese estado impresionaba por su grosor y por su largura.- ¡A una le dan unas gana locas de agarrarla, de manosearla y de chuparla para que se ponga bien grande.- Luego de un rato mientras charlábamos comenzó a hincharse más y más hasta endurecerse del todo.

-¡Ya se te paró! – le dije. -¡No soy de fierro, Gabrielita!-me contestó sonriendo. -Mmmmm…  ¡Es impresionante, mete miedo! -Pero vos sos muy aguerrida. -¿Por qué no me la chupás un poquito, eh? Como precisamente eso era lo que tenía ganas de hacer, me arrodillé en la butaca a lo largo de la misma.

Miré a los negros que habían sentido nuestro corto diálogo y sin dejar de mirarlos le aferré la pija, a esta altura erecta al máximo.- Le di una sacudida tomándola de la base.-Me encanta hacer eso antes de comenzar a mamar una pija para gozar mirando el pedazo que me voy a comer. Me deleita mirarlas mientras las manoseo.- Dejé caer abundante saliva desde mis labios sobre su glande.-Su pija es tan grande que me recuerda a los cohetes antes de lanzarlos al espacio.-

Es imponente…su pija y la de Mario son las más grandes que he disfrutado hasta ahora.-Siempre hay un pero, el inconveniente de ser tan grandes es que no puedo tragármelas enteras como lo hago con la de Roberto, mi papi adoptivo y con la del Dr. Guillermo que también tienen lo suyo pero no como la de Marcos.

De cualquier manera me las ingenio con mi lengua, mis labios y las dos manos para hacerlos saltar de placer.- Una vez bien lubricadas, les chupo el glande, con una mano lo fricciono y la otra la deslizo en toda la extensión de la pija con diferentes grados de presión que aplico según las reacciones del hombre. Las agarro y corro el capullo dejando el glande totalmente descubierto y el frenillo bien tirante y froto mi lengua y la yema del pulgar fuertemente en el agujerito de micción. Procedí de esa manera con Marcos. Sus gemidos resonaban en la habitación.-

Úrsula arrodillada en el piso alfombrado, después de sacarse la tanguita, procedía a mamársela a los negros, alternado sus manos y su boca en una u otra pija.- Por lo que me dicen nuestros amigos comunes, y sobre todo por ver cómo lo hace con ellos y conmigo les puedo decir que es una mamadora increíble y que aprendí mucho con ella.- Los ¡Aaaaahh! de los negros se unían a los de Marcos.- La segunda escaramuza había comenzado.- Ahora me las iba a entender, para mi gusto, con Marcos.

-¡Gabrielita, tengo ganas de partirte al medio!-exclamó.- La cama era grande pero en esos momentos estaba ocupada, – Estaban haciendo lo que yo llamaría un doble 69 , de costado los tres, ella entre los dos con una pierna al aire chupándole la pija a Alfredo mientras que este le chupaba la conchita a ella y el otro, el de caravanas, tenía hundida su rapada cabeza entre las nalgas de mi amiga.-El espectáculo era fascinante y sumamente excitante pero mi prioridad en ese momento era hacerme chupar y ensartar por Marcos.

-Vamos para el sofá del living.-le dije ansiosa.- Pero Marcos evidentemente, y no me extrañó para nada, conocía perfectamente el orden y la distribución de las cosas en el apartamento. -¡Esperá un poco! Abrió un inmenso placard y de El extrajo una colchoneta de una plaza y la echó en el suelo entre la banqueta y la cama.- Me eché en ella abierta de piernas, acariciando mi conchita, esperando el ataque de Marcos y poniendo la cara de puta que pongo en esas circunstancias.- Como dicen mis amigos cara de bebota puta.- Marcos sacó un almohadón de la cama en donde estaba Úrsula con los negros y me lo acercó.- Se arrodilló entre mis pierna abiertas esgrimiendo su “arma mortal”.-Tenía evidentes intenciones de penetrarme pero yo deseaba “sentir su barba entre mis muslos” y además saborear su estaca por un ratito más.

-¡Chupame un poquito, mi amor! Fiel a mis deseos se puso haciendo un 69 encima mío y comenzó a hacer todo tipo de malabares con labios y lengua en mis zonas genitales, yo le correspondí de la misma manera disfrutando plenamente de su fabulosa pija.- En la habitación se sentía un coro desafinado con los gemiditos ahogados de nosotras y los gruñidos de ellos.- En ese momento todos estábamos disfrutando de los placeres que produce el sexo oral, pero con Sergio no demoramos mucho en hacer otra cosa.

-¡No puedo más Gabrielita, te quiero coger!-rogó Marcos. -¡Si, mi amor, metémela toda.-le respondí, ya también yo deseaba lo mismo.- Las pijas como la de Marcos me enloquecen.- Se ubicó nuevamente entre mis piernas abiertas de par en par.- Agarré su verga con ambas manos y acerqué su enorme cabezota a mi vulva.- Friccioné su glande entre mis empapados labios genitales.- La sensación de grosor y poder que sentí en mi conchita me estremeció.-Mientras sostenía aquel grueso pedazo de carne dura, mojada y tibia adosado a mis labios genitales Marcos efectuó un suave empujoncito hacia delante y sentí que mi vagina se abría de una manera increíble, como para rasgarse, pero yo sabía que eso no iba a pasar.

-Despacito, mi amor-pedí. -Despacito, sí, ¡pero toda!-la ronquera de su voz denotaba su calentura. -¡Sí, mi amor, toda, toda…¡hasta el fondo! Le dije eso porque yo estaba muy caliente y con la certeza de que no iba a actuar con brutalidad, por lo menos hasta que yo se lo pidiera en el momento adecuado. Sentí que su glande como delicioso ariete bastante apretado por las paredes de mi vagina se iba introduciendo centímetro a centímetro en mi barriguita.- Estaba abrazada a su cuello, nos mirábamos fijamente a los ojos, pero con la mente puesta en el placer que nos producían nuestros órganos genitales.-Hubiera querido que su pija midiera metros y metros para que ese placer no terminara nunca, pero otro placer igualmente intenso lo suplió y fue cuando su glande presionó mi útero y me sentí totalmente empalada.

El cuerpo de una mujer cuando es ardiente, generalmente se adapta, con las precauciones debidas, a la penetración, como en este caso , de objetos de cierta contundencia.-Mi barriguita pudo alojar totalmente su pija enorme que mide sin temor a equivocarme cerca de 28 cms.- También la resisto por el ano, mejor dicho, la disfruto porque el placer que me proporciona cada vez que me sodomiza es fabuloso.- Soy consciente que todas las mujeres no somos iguales y que algunas por razones psicológicas u orgánicas no lo pueden hacer.-Mis amigas y mi mami son como yo, le dan con todo sin problemas. Estuvimos cogiendo en esa posición como 15 minutos.

-¡Uffff, qué rico! ¡Me estás reventando! -¿Te gusta? -¡Sí, me gusta!…¡me gusta!¡rompeme toda1 ¡así!..¡Así! ¡Reventame! ¡Aahhhhh! ¡Aahhhhh!. En el transcurso de ese tiempo disfruté de un intenso orgasmo cuando se terminó la delicadeza y Marcos, ya recontra caliente me empezó a dar con todo. Él ya había eyaculado una vez, en la escaramuza anterior, razón por la cual se resistía a hacerlo otra vez tan pronto. Yo sabía el motivo y lo confirmé luego de mi orgasmo.-

-¡Gabriela, quiero comerte el culito, date vuelta! A él le gusta ponerme en cuatro patas, mejor dicho arrodillada y con mis caderas bien flexionadas con el culito para arriba y a mí también es la posición que más me gusta, ¡bien en puta! Le hice caso. -Chupámelo un poquito.- le pedí.- Estaba atravesada en la colchoneta, con mi cara al borde de la cama en donde en ese momento, el de las caravanas estaba sodomizando a mi amiga, a mi novia, a mi todo: a Úrsula.- Estaba chupándole la pija a Alfredo a medias, porque intermitentemente la abandonaba cerrando los ojos y disfrutando del placer que le proporcionaba la otra pija en el recto.

Alfredo me vio, nos miramos, sonreímos y nos comprendimos sin necesidad de hablar; se sentó en el borde de la cama y puso su verga a mi disposición.- ¡Un regalo del cielo! Iba a chuparme una linda pija y tal vez tragarme unos cuantos chorros de semen mientras Marcos me hacía gozar por el culito. -¡Más no podía pedir! Me la engullí todo lo que pude, abriendo desmesuradamente la boca y comencé a aplicar todos mis conocimientos en este tipo de cositas para hacerlo disfrutar.- Sus gruñidos demostraban fehacientemente que lo estaba haciendo bien.- Marcos también hacía muy bien las cosas con su lengua y sus dedos, hasta tal punto que el deseo de tener su verga en mi barriguita por la vía anal se hizo imperioso.— Lo miré suplicante por encima del hombro.-

-¡Metémela! Sentí inmediatamente la tibieza de su glande en mi esfínter a esta altura bastante dilatado. El bocado que Marcos le ofrecía a mi culito era suculento pero a éste lo tengo muy mal acostumbrado, es muy angurriento y el bocado era apetitoso.- La penetración fue muy lenta y cuidadosa pero deliciosa.-Finalmente sentí el tibio roce de sus bolas y sus muslos en los glúteos.-La cabeza de la pija me llegó hasta el alma. ¡Qué fabuloso es gozar cogiendo y sentirse hembra! Gozar y sentir que el o los machos que están contigo también gozan a más no poder y que una es la causa de ello.- No dejaba de decir cosas chanchas mientras le hacía la paja a Alfredo, me masturbaba yo también y Marcos me daba por el culo.-

-¡Ay Marcos me estás…matando! ¡Aaaaahh! -¿Te gusta, mi potranquita linda-¡Sí!…¡Sí! ¡Me gusta!..Me gusta mucho! ¡Aaaaahh!..¡Aaaaahh! -¡Sos una potranquita putita! ¡No soy una potranquita! ¡Soy una yegua putona y vos mi padrillo!…pi…ju…do ¡aaaah! ¡Aaaaahh!. En esos momentos las palabras obscenas se escapan de mi boca y me excitan más aún , si es que eso es posible.- Me enardecía decir cosas sucias.- Con mis palabras , las cosas que me decían ambos, los pijazos de Marcos en mi recto, mi deliciosa masturbación, la visión de aquella pija negra manoseada por Alfredo a punto de descargar un río de semen en mi cara, mirar a Úrsula y sentir sus gemidos de placer, todo eso me transportaba en una especie de vértigo; parecía que me alejaba de aquella habitación y me encontraba en el propio infierno en el círculo en que según Dante condenan a los lujuriosos, a los depravados.

Mi alma y mi cuerpo todo no pudo resistir tanto placer.- Contracciones involuntarias de mi vagina, de mi recto y del esfínter anal me llevaron a un orgasmo brutal, fabuloso.- No hay palabras para explicar lo que se siente en esos momentos. Sólo otras mujeres pueden comprenderme.- Fruto de una frenética masturbación en ese preciso momento Alfredo descargó su primer chorro de leche tibia en mi cara.- Abrí la boca para poder tragarme los siguientes. Sentí que uno de ellos, se fue muy adentro y entró en mis vías respiratorias atorándome y obligándome a toser, a cerrar la boca y a tragarme el abundante semen que tenía dentro de ella. Cuando la cerré los últimos chorros me golpearon en la nariz y en los labios cerrados.-Alfredo maniobraba su pija como si fuera una brocha de pintar.- Me seguí contoneando, satisfecha, con la cara llena de leche y esperando que Marcos se descargara en mi recto, pero hete aquí que en ese momento Úrsula se dio cuenta que también el negro de las caravanas estaba por acabar.- Con movimientos rápidos se desembarazó de la verga que tenía en el recto y se acostó boca arriba.-

-¡Vení Gabrielita!-casi gritó.- ¡Alfredo quiero leche!-pidió imperiosamente.- Me di cuenta cuál era su deseo y la idea me agradó.- Por encima del hombro miré a Marcos, este hizo un gesto afirmativo y me sacó del ano su estaca totalmente empapada.

De un salto, me acosté al lado de Úrsula con las caras bien juntitas.- Marcos y el negro de las caravanas se ubicaron arrodillados al costado de nuestras caras masturbándose frenéticamente.- Cuando sus gemidos más fuertes y más cortitos anunciaron sus acabadas, ambas abrimos la boca.- Aquello fue una orgía de semen.-Nuestros rostros quedaron anegados.- Tuve que pasarme el dedo por los ojos para sacarme el semen depositados en los párpados.- ¡Que cantidad de leche! Puse un codo en el colchón y me recline sobre la carita de Úrsula, igual que la mía bañada en semen.

Al hacerlo dos hilos de semen comenzaron a caer lentamente desde la comisura de mis labios y el mentón.- Úrsula abriendo sus sensuales labios los recogió con su boca, llevó una mano a mi nuca y empujó mi cabeza hacia ella para darme un beso.- Me hizo un gesto morboso con su boca.- Tiene un rostro divino, delicado, como digo siempre, parece una princesa vikinga pero ese gesto dulce había desaparecido era el de una putona degenerada.- ¡Y cómo me gusta verla así!

Empezamos a lamernos mutuamente hasta tragarnos todo el semen disfrutando del hecho en sí, del gusto de la leche y del aroma de esta mezclado con el perfume del carmín de nuestros labios.- Después seguimos limpiando amorosamente con las lenguas nuestros órganos genitales y nuestros anitos.- Como si fuéramos dos perras. Luego se acostó encima mío, momento que aproveché para apretar sus senos con ambas manos y chupar sus deliciosos pezones llenándome la boca de carne.- Ella hizo lo mismo con mis tetitas y luego quedamos ambas despatarradas boca arriba mirando a nuestros amigos plenamente satisfechas y con una sonrisa cómplice en nuestros labios.

Estuvimos gozando de una manera u otra hasta las 7 de la mañana, sobre todo yo, porque como buena anfitriona Úrsula se dedicó a oficiar por el resto de la noche como sacerdotisa e instigadora de los actos de lujuria extrema que realicé en brazos de sus tres amigos.-

Cuando los hombres se retiraron dormimos sin bañarnos, con nuestros cuerpos algo pegajosos, transpiradas, despeinadas , hasta después del mediodía, nos levantamos, cuando nos miramos en el espejo del baño nos reímos un poco de nuestro aspecto.-Procedimos a bañamos, a ponernos lindas, bien arregladitas, algo sexis, y fuimos a almorzar a un restaurante en donde hicimos la agenda de nuestras próximas actividades. Era como una agenda presidencial.-

Para la próxima amplío detalles.-

Besos…

Autora: Gabriela

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Quedé con ganas

Le pongo un preservativo a esa belleza de verga y le pido un poco de crema lubricante, para aplicarlo en su extensión y un poco más en su glande. Así acostado como está su verga enfundada en el látex, apunta hacia el techo y dándole la espalda para que no me vea sufrir, comienzo mi descenso palpando con mi culito la verga que se abre paso en mi interior.

Estaba asustado y dudé varios momentos antes de entrar al sitio, en el que deseaba encontrar a un hombre que me hiciera sentir un buen pedazo de verga en mi culo y al cual pudiera clavarle mi verga también. Finalmente toqué el timbre y me abrió un joven que me hizo seguir a un salón amplio y de allí a una barra en donde pagué los $3.000 de entrada y $2.000 más por una cerveza.

Continúe buscando a alguien “interesante” y como respuesta recibía la mirada de más de uno, a las cuales yo esquivaba pues sentía verdadero temor y muestras de ello bajaba el sudor por mi espalda. Y es que me moría por tener una verga de verdad para mí, porque ya he probado de todo desde plátanos y pepinos, hasta envases de desodorante y champú, y por último unas bellezas de apariencia natural y de algunos centímetros de largo y algunos de grosor y claro, también un culito que le gustase recibir mi verga, que me pidiera que se la metiera cada vez más y más y que gimiera de gozo por mi pedazo de carne, pero mi verga en este momento estaba en su mínima expresión.

A todas estas no sé si soy homosexual, bisexual o qué, porque no es que me gusten los hombres y me parezcan excitantes, pues lo que busco son dos cosas: tener una verga que me produzca esa sensación inexplicable de dolor y placer conjuntos y hacer gemir a otro con mi pedazo de verga en su estrecho esfínter.

Apuré pequeños sorbos de cerveza para darme valor y seguí a un cuarto iluminado solo por la luz de un televisor, en donde pasaban una película de intenso contenido gay. Me senté enfrente del aparato en un amplio sofá y al momento aparecieron varias figuras que me miraron con mucho morbo, pero yo no me ocupé en mirar y se fueron tan rápido como llegaron. Después de unos pocos segundos llegó un hombre, un poco más alto que yo, y me preguntó si se podía sentar a mi lado. Le respondí nerviosamente que si y él se sentó pegándose muy cerquita a mi y me habló.

Casi no pude responder a su pregunta de, – ¿qué tal la película?, y yo sin saber que decir, mientras veía en el tele como gozaba un hombre igual que yo, con una verga hermosa entre la boca y se relamía de gusto y yo le respondo – Más o menos, con un hilo de voz que no parece la mía. Al fin volteo a mirarlo y me encuentro con un individuo de tez blanca, con un bigote pequeño y unas gafas, tipo ejecutivo, aunque iba vestido muy informal. Me pregunta que quiero y yo a punto de decirle quiero tu verga, le respondo nada, solo vine a ver y a conocer el sitio. Justo cuando le digo eso, comienza a tocarse el pene por encima del pantalón y noto que tiene una tremenda erección, provocada por la acción de la película, por la cercanía con mi cuerpo y por la ansiedad que ambos sentimos. A la vez mi pene se mantenía completamente flácido por el susto y sucedió lo que no imagine en ningún momento, pues alargué mi mano y le toqué su verga por encima del pantalón… la sensación fue muy placentera, pero cuando me percaté de lo que había hecho me sonroje y retiré inmediatamente mi mano de allí.

De inmediato él me dijo que fuéramos a su casa y yo le expliqué que solo había ido allí a conocer el “ambiente” y que después de un paseo por la casa me iba; él insistió en que fuéramos a su apartamento para estar más “cómodos” y yo le dije que ya regresaba, que conocería la casa y que luego veríamos. Salí de ahí apresuradamente y me dediqué a vagar por los distintos pisos de la casa: un cuarto oscuro grande y en el que se oían murmullos y gemidos muy insinuantes, pero no del todo originales, un salón grande con silletería y con pantalla gigante y película gay, un cuarto pequeño y con cojines en el que pasaban por televisión por cable una película de Norris y otro cuarto pequeño, con cuatro sillas con un televisor mediano y una película hetero.

Estando allí llegó de nuevo este hombre y pude ver su altura y complexión, entre 1.72 y 1.75 de estatura (yo mido 1.68) y un poco grueso, pero no gordo, (soy delgado y peso 65 kilos), con el cabello rizado y peinado hacia atrás (el mío es ondulado y lo llevo de lado) y de tez blanca, al igual que yo. Me insiste en que salgamos y al ver que se porta muy amable conmigo accedo.

Caminamos apresuradamente por la noche bogotana y vamos ascendiendo hacia un apartamento en la zona de Chapinero Alto. El se presenta y me dice que se llama Alfredo y yo le digo que mi nombre es Alberto. Conversamos sobre lo que queremos hacer y coincidimos en nuestra falta de experiencia y en desear penetrar y ser penetrados: hay una conexión especial.

En su casa pasamos al interior de su cuarto sin problemas, pues vive solo y allí nos desnudamos lentamente y sin ningún tipo de prisa. El se quedó en bóxers y yo me veo desnudo y ridículo con mi verga dormida, pero no se me pasan las ganas de mamársela y de sentirla en mi boca. Le palpo el tamaño por encima del bóxer y siento su dureza y un olor especial que me embriaga y me hace desear chuparla cuanto antes. Mientras está sentado en la cama y yo de rodillas frente a él, le quito los bóxers y aparece una verga gruesa, torcida hacia la izquierda y sin circuncidar, de unos 17 cm. de largo y de placer.

Me la meto a la boca y se me hace agua, siento el glande y cada centímetro de ese mástil lo chupo como si fuera lo único importante en ese momento. Las ganas de tener una verga para mí solo se me hacen realidad y me deleito succionando hacia arriba y hacia abajo, adentro y afuera de mi boca, solo la cabeza y luego toda la verga hasta mi garganta, besos en el glande y chupetones en la base cerca a los huevos, no siento sus vellos porque está depilado pero mis labios se pegan a su pelvis cuando me introduzco la verga en su totalidad en mi boca. Alfredo tiene que decirme que me detenga por que de lo contrario se va a venir y yo quiero esperar hasta lo mejor, pues deseo que me la meta y después que me la chupe y se deje clavar por mí.

Entonces le pido que se acueste y que se la chuparé sin excesos (no sé si pueda, pero lo intentaré) y me acuesto encima de él como para hacer un 69 y le pido que me chupe mi culito y me aplique una crema lubricante. Mientras se la chupo de nuevo, siento que abre el pote de crema y que me lo aplica en el ojo del culo sin chuparme y sin hacerme sentir eso tan especial, que algunas mujeres en mi pasado me han provocado hasta pedir que me metan un dedo cuando me hacen un rico beso negro. Me siento un poco triste, pero continúo con mi labor para poner a punto con mi paladar y mi lengua a ese pedazo de carne riquísimo que se ladea hacia la izquierda cuando no lo agarro con mi mano.

Listo dice Alfredo y siento un corrientazo que me anuncia lo inevitable y por lo cual en un 50% vine a este encuentro. Le pongo un preservativo a esa belleza de verga y le pido un poco de crema lubricante, para aplicarlo en su extensión y un poco más en su glande. Así acostado como está su verga enfundada en el látex, apunta hacia el techo y dándole la espalda para que no me vea sufrir, comienzo mi descenso palpando con mi culito la verga que se abre paso en mi interior.

Siento un dolor enorme y me detengo y con mis dedos señalo el punto en el cual me he detenido y saco la verga de mis entrañas y compruebo que llevaba metida un cuarto de esa verga de 17 centímetros. Continúo con mi tarea y el dolor es total, pero decido no sacarla esta vez y continuar poco con mi labor y comienzo a sentir placer.

En mi afán por habituarme a esa verga que me taladraba el interior de mis intestinos, sin querer comencé a apretar y dilatar mis músculos anales y a prodigarle un masaje a la verga de Alfredo y cuando sentí que su pelvis tocaba mis nalgas y subía y bajaba por tres o cuatro oportunidades, Alfredo lo sacó repentinamente y eyaculó copiosamente en el condón mientras se pajeaba para finalizar su orgasmo. Por mi parte me metí dos o tres dedos en mi culo, para comprobar lo dilatado que estaba y para constatar que el condón no se había roto y que no tenía rastros de semen en mi interior.

Me siento apenado por que no finalizó todo como yo esperaba, pues Alfredo se vistió tan rápido que no tuve tiempo de reclamar nada y mi gozo se diluyó, aunque me gustó muchísimo sentir su verga en mis entrañas. Tuve que irme para mi casa y terminé penetrándome con mi consolador y haciéndome la paja (masturbándome), porque no podía de las ganas.

La próxima vez voy a contactar a Alfredo de nuevo y le pediré que se espere y se calme para que no me deje iniciado y que cumpla con su promesa de chupármela y se deje clavar bien rico con mi verga.

Autor: Alberto

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