Cuando no tienes casa para follar 1

Cuando eres joven y no tienes casa propia, cualquier lugar está preparado para convertirse en un posible lecho sexual con tu novia.

Al principio de salir con Sara, el deseo era grande, pero al no tener casa propia para follar las posibilidades se reducían. Había que agudizar el ingenio. En este relato os relataré uno de nuestros mejores días sexuales al principio de la relación, cuando teníamos veinte-pocos, sin tener casa propia.

Era sábado y un amigo común nos había invitado aquella noche a una fiesta que hacía en su casa aprovechando que sus padres estaban de viaje. Sara, argumentando que no tenía nada que ponerse para el evento, me arrastró a ir de compras a unos famosos grandes almacenes.

Tras dar vueltas y vueltas, mi chica me cargó con unas cuantas pruebas para probarse.  Conseguí convencerla para meterme yo también en el probador para poder dar mi opinión. Una vez dentro, Sara se desnudó y probó el primer conjunto. Rápidamente pasó al segundo que me hizo exclamar un “wow”.

Sara lucía un extraño conjunto compuesto por una minifalda de aspecto vaquero dividido en tres capas y un top del mismo material y color con forma de corsé que dejaba a la vista un suculento escote.

Ella me miraba con su cara de niñita buena. Esa cara angelical que en los momentos de pasión se podía transformar en un rictus de agonía y placer.

El instinto me venció. Yo estaba detrás de ella mientras que hacía posturitas frente al espejo.  La cogí por la cintura y fui subiendo hasta los pechos.  Tenía su culito redondito pegado a mi paquete, que estaba duro como una piedra.  Se dio la vuelta y nos besamos como locos.  Le bajé de un tirón el escote y el sujetador y empecé a chuparle las tetas. Mientras hacíamos todo esto, no parábamos de oír las voces de los otros probadores donde los acompañantes daban su opinión.  Sara me subió la camisa y pasó su lengua por mi abdomen. Me bajó el pantalón y los calzoncillos y empezó a chupármela como una loca sin dejar de mirarme a la cara. No pude reprimir algunos gemidos y de repente tocaron a la puerta. “¿Va todo bien?” dijo una dependienta con voz de alarma. Tras un sonido de succión, mi novia dijo “Sí, sí, casi hemos terminado con la ropa. Ahora salimos”. Me dio tres chupadas más y al sacársela sonrió y empezó a vestirse.

–          Esto no puede quedar así ¿me oyes? – le susurré al oído mientras salíamos de los probadores.

Mi chica se compró aquel vestidito vaquero, no sin antes guiñarme un ojo.

Llegó el momento de la fiesta en casa de nuestro amigo común.

Estaba deseando ver a Sara con su nuevo modelito, y contra todo pronóstico, me sorprendió.  El modelito era el mismo, pero sus tetas parecían más grandes y el escote era más pronunciado, seguramente por el wonderbra que escondía debajo. Me sonrió y nos dirigimos a la fiesta.

Al principio nos decepcionamos un poco porque había poca gente y comida. Lo compensamos bebiendo y jugando a las cartas.

Sara fue sin duda la estrella de la noche, atrayendo todas las miradas a su indumentaria provocativa.  Una de las veces que nos fuimos a hacer un cubata, Sara cogió mi dedo y empezó a chupármelo sin que nadie nos viera. Aquello me puso a mil y le supliqué que parara o que me la follaba allí mismo. Me lanzó una mirada provocativa y se fue.

Iba muy caliente y por mi mente sólo pasaba tirarme a mi chica. Me tenía como una moto.  Pensé en pedirle a mi amigo que me dejara usar uno de los cuartos libres de la casa, pero quizás eso fuera demasiado para Sara.

Gané una mano jugando a las cartas y mi novia lo celebró conmigo dándome un morreo de infarto. Los pocos amigos que quedaban se reían y bromeaban sobre si acabaríamos follando allí mismo.

–          Ya os gustaría guarretes .- le dijo Sara.

Seguimos jugando y bebiendo y paulatinamente los invitados se iban yendo a sus casas.

Al final de la fiesta sólo quedó el anfitrión, que iba bastante borracho, Sara y yo. Veíamos un estúpido programa de televisión aburridos.

Sara, bastante aburrida, empezó a darme pequeños besitos.  Me quedé mirando su escote y sus tetas realzadas.

–          Joder, qué buena estas. Esta noche nadie te ha quitado ojo.

–          ¿Tú tampoco eh?

–          No… Seguro que más de uno de los que han venido a la fiesta se hará una paja pensando en ti antes de dormirse.

–          ¿Tú también?

–          Calla, calla. Me tienes muy caliente.

–          A ver…

Sara puso la mano encima de mi paquete y notó lo duro que estaba. Se rió, y empezó a darme un buen morreo.  Aquello se estaba poniendo cada vez más caliente.  Nuestro amigo pasaba de nosotros, sentado  al lado nuestro en el sofá. Si se hubiera echado un poco hacia delante podría haber visto como Sara me acariciaba el paquete a la vez que me besaba.  Yo le acariciaba las hermosas piernas y notaba como estaba cada vez más cachonda.

Cuando no aguantó más se subió encima de mí como si me fuera a cabalgar. Aquella mini-falda ocultaba por los pelos su culito. Nos besamos con pasión a la vez que, con cada vez menos timidez, Sara restregaba su coñito sobre mi paquete.

Miré a nuestro anfitrión, Ismael, que había dejado de ver la tele para contemplarnos a nosotros. Me sonrió y me levantó un pulgar para indicar que todo iba bien.  Sara emitió un gemidito y no pude aguantar tocarle el culo. Al hacerlo le levanté sin querer un poco la minifalda. Lo justo para que se le viera parte del culo.

Sara se inclinó hacia mí, dejando pegado a mi cara su escote y me dijo:

–          ¿Te gustan las vistas?

De perdidos al río. Estaba demasiado cachondo y ya no aguantaba más. Junté sus tetas con mis manos y metí mi cabeza dentro mientras se las chupaba y estrujaba. Aquello le puso aún más cachonda, y empezó a restregarse contra mi paquete sin disimulo. Le daba todo igual, sólo quería más placer. Metí mi mano entre sus piernas y la masturbé por encima del tanga como si quisiera sacarle brillo. Lo tenía empapado.

–          ¿Por qué no me la chupas como lo hiciste en los probadores? ¡No puedes dejarme así!

No se lo pensó dos veces. Me empujó para que me tumbara y me quitó los pantalones y calzoncillos. Agarró mi pene erecto y empezó a chupármelo. Ella estaba a cuatro patas, dando el culo a Ismael. Seguro que debía de estar poniéndose las botas con lo que veía.

–          Para, para, ¡no aguantaré si sigues así!

Me levanté, me puse detrás de ella y le arranqué el tanga tirándolo al suelo. Le agarré de las caderas y le metí la polla entera de un empujón. Ella gimió fuertemente.  Sus tetas casi se le salían del vestidito con mis embestidas. ¡Cómo estaba disfrutando! De repente me acordé de Ismael y me giré para mirarle. El tío estaba totalmente desnudo y se estaba masturbando mientras nos veía.

Bajé el ritmo y me acerqué a Sara para decirle:

–          Parece que Ismael ha empezado a cascársela antes de que te vayas.

–          No le veo…

–          ¡Espera y verás!

Ayudé a Sara a cambiar de postura y estar de cuatro patas mirando a Ismael. Ambos se sonrieron sin decirse nada mientras yo me la follaba a ella y él se masturbaba viéndonos. No me había dado cuenta de lo cerca que estaba.

Sara se puso uno de sus dedos en la punta de los labios y empezó a chuparlo al ritmo de mis embestidas sin quitar la vista de los ojos de Ismael. El chico se masturbaba con furia.

–          ¡Fóllame a lo misionero!

Me pidió mi chica. Me levanté del sofá y ella se tumbó boca arriba, casi casi apoyada sobre Ismael. El chico se masturbaba a escasos 15 cm de la cara de mi chica.

Me coloqué encima suyo y la follé como un animal. Ella gritaba como una valkiria e Ismael se masturbaba sin compasión.

Al principio no me percaté pero luego pude darme cuenta que discretamente Ismael le estaba tocando las tetas a mi novia. Me proponía a decirle algo cuando un bramido por su parte me hizo callar.

–          Me corro, me corooooo.

Soltó un gran chorro de semen que impactó contra su tripa. El segundo fue a dar contra la cara de mi chica cruzándosela de oreja a oreja.

Aquello fue más de lo que pude aguantar, me saqué la polla y me corrí sobre la tripita de mi chica.

Ismael nos dejó que nos ducháramos.

Nos despedimos  y nos fuimos a coger un taxi que nos dejara a cada uno en nuestra casa.

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