CLASE PARTICULAR DE MATEMÁTICAS LUEGO DE MI APUESTA

Como les había contado en mi anterior relato, luego de una apuesta me convertí en amante de Susana, mi irresistible profesora particular de matemáticas.

Luego de aquella nuestra primera vez cuando nos hicimos amantes, no podía dejar de pensar en ella, en su cuerpo maduro escultural y firme; en esas hermosas y ajustadas calzas que normalmente viste un poco por comodidad, un poco por la doble actividad que realiza enseñando matemáticas y conduciendo un gimnasio, y por supuesto porque una calza ajustada es la prenda perfecta para potenciar la figura sugerente de una mujer madura hermosa dejando traslucir sus diminutas y excitantes bikinis que enloquecen a quien la mire.

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Apuesta con mi profe de matemáticas

Estaba en clases con mi profesora de matemáticas a quien llamaremos Susana como nombre de fantasía para no comprometer a nadie. Es una mujer casada y tiene un cuerpo muy bien conservado. Como tiene un gimnasio asiste a cuanta clase puede, lo que mantiene cada parte de su cuerpo en su lugar y en apariencia también muy firme.

Un día en una clase en la que yo me estaba haciendo el alumno avanzado y ella quería demostrarme que mis conocimientos distaban mucho de eso hicimos una apuesta: ella me dio un ejercicio muy difícil y me dijo que no podría resolverlo jamás; yo me sentí tocado y le dije que si lo podría resolver pero que para que valga la pena mi esfuerzo intelectual tendríamos que hacer una apuesta que de ganarla compensara mi esfuerzo a lo que la profesora muy segura me dijo: te apuesto lo que vos quieras, lo que sea. Como se imaginaran era imposible para mi resolver ese problema por lo que decidí ir a otra profesora para que me resolviera el ejercicio y poder regresar triunfante a cobrar el premio de mi apuesta.

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Mi maestro de matemáticas.

 

Bueno, esto me paso cuando tenia 18 años, actualmente tengo 20 y me han dado ganas de contar esta exitante experiencia

Bueno pongamosle de nombre Sergio y a mi Alan, todo esto paso cuando yo iba a clases, mi maestro era un hombre alto con algo de barba, blanco y guapo, yo era un poco alto, 1.65 cm aprox. ni muy flaco ni muy gordo, las chicas me consideraban guapo, etc.

Todo empezo un lunes, ya que el me daba varias horas de clases esos dias, el siempre se me quedaba viendo y yo igual, siempre me le quedaba viendo en su “paquete” desafortunadamente casi no se le notaba, un dia, yo me quede un rato mas en su salon por que no habia entendido y queria que me explicara, era la hora del receso asi que aproveche fui a su escritorio y le dije
-Ahora si ya me puede explicar
-Claro!
Bueno, el me empezo a explicar y entendi rapidamente por lo tanto empezamos a platicar
-Y que tal, ¿ya tienes novia?
-No, aun no
-Pues que raro por que eres muy guapo
-¿Enserio?
-Si, de verdad, yo creo que hasta algunos hombres les has de gustar jajaja
-Jajaja no no lo creo
-En fin, vamos a ponernos mas comodos, vamos a unas sillas
(las sillas estaban pegadas ya que nos sentabamos en parejas, se me olvido mencionar que el habia cerrado la puerta cuando fui a que me explicara)
Empezamos a hablar de cosas mas amm.. serias
-¿Y tu ves porno?
-Claro!, usted a mi edad no veia?
-Por supuesto, de hecho aun sigo viendo y me masturbo a pesar de que tengo esposa
-Wow! no lo puedo creer
-Pues creelo, sabes yo soy bisexual
-¿Enserio?
-Si
-Ahhh pues esta bien
(Hubo un minuto de silencio)
-No te vayas a molestar por lo que voy a hacer
-A que se refiere?
De repente me dio un tremendo beso! uno de los mejores besos que me han dado, me gusto tanto que yo le segui
-Fue increible Alan!
-Lo mismo digo maestro, fue exelente uno de los mejores besos que me han dado
Despues de haber dicho esos tocaron para ir a nuestra siguiente clase pero el me dijo
-Por favor vuelve mañana
-Si
y asi pasaron los dias, hasta ya nos empezabamos a tocar era tan exitante, hasta que un dia me dijo
-Ya no aguanto mas Alan lo quiero hacer contigo
-Yo igual maestro
-Por favor ven a mi casa el sabado si?
-Si, pero y su mujer?
-Esta de viaje por ella, no te preocupes
-Esta bien
Llego el dia tan esperado, sabado a las 6:00 pm
-Hola Alan
-Hola maestro
-Por favor pasa y dime Sergio, ya estamos en confianza no?
-Por supuesto
-Te ofresco algo de tomar
-No gracias
-Estas nervioso verdad?
-Algo, sinceramente sera mi primera vez…
-Enserio? bueno pues empezemos, hay que hacerlo inolvidable
El me empezo a acariciar mi cara, a besarme por el cuello, luego la boca fue un beso tan apasionado, sentia como su lengua se metia en mi boca, despues yo le empeze a quitar su playera y a besar su pecho peludo uff…. el tambien me quito mi playera y me empezo a besar mi pecho, fue una cosa realmente exitante, nos empezamos a besar y tocar nuestros pechos, despues yo le empezaba a agarrar su pene, ya queria ver esa enorme cosa asi que le empeze a desabrochar el pantalon y se lo quite, traia unos boxers negros bien pegaditosy se le maracaba su hermoso pene, se lo empeze a besar por arriba de su boxer y empezaba a gemir hasta que por fin le quite el boxer era un pene enorme como de unos 19 cm aprox. y me dijo
-Mamamela!!
Yo inmediatamente se la empeze a mamar y el gemia y gemia era tanto su placer, despues me dijo
-Ahora es mi turno quiero tener un pito en mi boca
Me bajo el pantalon y el boxer y me la empezo a mamar
-Wow la tiene grnade para tu edad
-Lo se, ahora solo disfrute
Fue una experiencia tan placentera, despues nos fuimos a su habitacion y nos empezamos masturbar mutuamente mientras nos besabamos
-Te la quiero meter puedo?
-Por supuesto!
Al principio no entraba pero despues uff que rico, llego mi turno y entro mas facil el gemia de tanto placer, finalmente me la volvio a mamar y me vine en su cara, terminamos con unos besos y abrazados en su cama, fue una experiencia inolvidable

El y yo nos seguimos viendo para tener mas encuentros como esos…..

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Maestro y Alumno III

Bueno, ha llegado el momento de leer otra parte de la historia de José y Nahúm, especialmente cuando la segunda parte tuvo tan buena aceptación. En esta nos ponemos más melosos, pero en lo personal me gustó el resultado y espero que a ustedes también ;)

Maestro y alumno III

-¿Y Nahúm? -preguntó asombrado José mientras Susana entraba al cubículo sola.

-Me dijo que lo excusara profe, pero que se sentía mal y no iba a poder quedarse -contestó la chica.

José no pudo evitar torcer la boca. Durante los últimos quince días Nahúm lo había estado evitando. Desde aquel día en que ambos habían tenido relaciones en el cubículo el profesor no había encontrado modo de charlar en ningún momento con Nahúm. Aquel día José había estado seguro que todo había terminado bien, pues incluso Nahúm se había despedido con un beso bastante pasional y le había dicho que había sido fantástico. Sin embargo, a juzgar por los acontecimientos posteriores, aparentemente aquello no fue tan fantástico para el chico. Nahúm había faltado a la clase de José posterior al encuentro, y después de eso el chico se había encargado de llegar siempre que la clase ya había comenzado y retirarse antes de que José pudiera guardar sus cosas o quitarse de encima a las alumnas que solían acosarlo.

Susana se retiró después de darle el trabajo a su maestro. Éste lo único que pudo hacer fue tirarlo con fuerza sobre el escritorio, intentando desahogar un poco de la frustración que sentía. Para José no era tan sencillo como parecía estarlo siendo para Nahúm. La misma noche en que ambos habían tenido sexo, mientras José intentaba dormir, había sentido la imperiosa necesidad de tener a Nahúm ahí a su lado. Quería tener a su querido pupilo junto a él, dormirse abrazándolo, sintiéndolo cerca de él, pero sobre todo sabiendo que en la mañana estaría ahí a su lado y lo recibiría con una increíble sonrisa y con el mismo sentimiento de goce que él experimentaría al verlo.

José nunca había sentido algo así. Jamás había querido compartir su vida con nadie. Había tenido novias un par de veces, pero jamás se había imaginado con ellas compartiendo su vida. Con Nahúm era distinto. Quería tenerlo siempre a su lado. Aquel instante de sexo con Nahúm había cambiado toda su existencia.

José había estado ilusionado por varios días después de eso. Ansíaba ver a Nahúm como cualquier enamorado al objeto de su enamoramiento. No hubiera admitido en voz alta que estaba enamorado, pero la verdad es que no había ninguna otra palabra que describiera la situación de José. Y así fue hasta que volvió a toparse con Nahúm mientras caminaba por los pasillos. Ya había pasado la clase en que el chico había faltado. Nahúm iba con un grupo de chicas que saludó al profesor animadamente, pero el chico ni siquiera le dirigió la mirada y continuó su camino como si nada.

Algo dentro de José se había roto aquel día. Quería una explicación por parte de Nahúm. Pero el chico se estaba encargando de escapar de él.

——♂——

Los días pasaban y José seguía sin poder acercarse a Nahúm. Quizás lo mejor fuera resignarse y hacerse a la idea de que nunca tendría de nuevo el cuerpo de su querido alumno entre sus brazos, que jamás volvería a besar aquella boca de labios gruesos que lo enloquecía, que su pene jamás volvería a sentir el calor de aquella boca o del orificio anal de su amado pupilo.

El maestro entró con esos pensamientos al baño, el cual se encontraba vacío. La vida parecía perder sentido con esa resolución. Orinó, y tras sacudirse su verga para soltar las últimas gotas de líquido se dio la vuelta mientras se la guardaba para encontrar que alguien se encontraba a unos pasos de él y lo miraba embelesado.

-¡Nahúm! -exclamó sorprendido José. El chico ni siquiera lo miraba al rostro, lo miraba justamente en su entrepierna, donde la bragueta de su pantalón seguía abierta.

-Eh… profesor -dijo Nahúm mientras parecía volver en sí.

El chico se dio la vuelta, y dio la impresión de que pensaba echarse a correr antes de que José lo detuviera agarrándolo del brazo.

-No Nahúm, por favor -le dijo José mientras se le acercaba-. Por favor,
no te vayas. Me has estado evadiendo y no entiendo porqué.

-No quiere saberlo -le respondió el chico con la mirada baja.

-Por supuesto que quiero saberlo -le respondió José. Necesitaba saberlo. Necesitaba saber cuál era la razón por la que tenía que renunciar a aquel chico que lo volvía loco, el único varón que había logrado atraerlo.

Nahúm volteó a verlo directamente con mirada vidriosa. El sentimiento de desasosiego que había sentido cuando el chico lo ignoró no era nada con el quiebre que su corazón sentía en aquel momento. No soportaba ver a su querido alumno de esa manera.

-No sé que es lo que me pasa -contestó el chico.

-¿Te arrepientes de lo que hicimos? -le preguntó José mientras tragaba saliva. Sabía que un sí lo destruiría.

-¿Arrepentirme? -preguntó Nahúm mientras miraba a los ojos a su profesor-. La verdad no lo sé. Solo sé que desde ese día no dejó de pensar en usted, que a diario sueño con usted, que cada mañana ansío poder verlo y abrazarlo. Y que sin embargo, sé que para usted fue solo sexo, y que…

-Calla, calla -le dijo José mientras colocaba un dedo sobre los labios de su pupilo y sonreía. Jamás en la vida se había sentido tan feliz como al oír a Nahúm decir todo eso-. Tontito, ¿de dónde sacaste la idea de que para mí eres solo para tener sexo?

Nahúm intentó contestar algo, pero estaba tan sorprendido que solo surgieron sonidos inconexos de sus labios.

-Nahúm -dijo José mientras acariciaba suavemente su rostro y lo miraba a los ojos-. Al igual que tú no ha habido momento en que deje de pensar en ti. Cada noche cuando me acuesto solo quiero tenerte a mi lado para dormir abrazado a ti y despertarme sabiendo que encontraré tu bello rostro a mi lado. Muero porque tú y yo salgamos a algún lado por el simple placer de estar juntos.

Hubo un momento de silencio en que ambos personajes se miraron fijamente a los ojos.

-¿Habla en serio? -preguntó el chico.

-Por supuesto que sí -contestó José con una sonrisa.

Y antes de que el maestro se diera cuenta, su pupilo le había pasado los brazos por el cuello y le había plantado un beso. Un beso desesperado, como si su alumno hubiera estado esperando por aquello durante bastante tiempo. Sus labios presionaron a los de su profesor con pasión, y pronto su lengua se asomó para intentar abrirse paso al interior de la boca del docente. José permitió el paso de aquel ente al interior de su cavidad oral, el cual recorrió sus dientes, llegó hasta su paladar y luego se enzarzó con la suya propia en una lucha en la que cada una parecía reconocerse.

Oyeron algunos pasos que se aproximaban, y ambos se separaron justo a tiempo para no ser sorprendidos por otro chico que entró al baño. Afortunadamente el joven no les prestó mucha atención, por lo que no notó nada extraño. El chico se dirigió directamente hacia la zona en la que se encontraban los inodoros.

Ambos se rieron nerviosamente ante la situación.

-Vamos a mi cubículo -le dijo José a su alumno mientras lo tomaba de la mano-. Apuesto que nuevamente no debe haber nadie en la zona.

-¿Ahorita? -inquirió sorprendido Nahúm.

-Sí -le contestó José con tono de voz urgido pero bajo. No podían arriesgarse a que los alcanzara a oír el chico que había entrado-. Acuérdate que me has dejado sin la posibilidad ni siquiera de verte bien durante más de quince días.

-Es que mis amigas me están esperando para irnos -respondió Nahúm mientras se mordía el labio inferior.

-Por favor Nahúm -le rogó José mientras lo jalaba hacia sí, tomándolo de las nalgas para que pudiera sentir como se había puesto con simplemente tenerlo cerca. Para la sorpresa del profesor, él no era el único que se había excitado.

-De acuerdo -dijo el chico para después darle un ligero beso sobre los labios-. Veré que les invento a mis amigas. Lo veo en su cubículo dentro de cinco minutos.

Nahúm se retiró, no sin antes dedicarle una gran sonrisa a su profesor mientras salía. José dejó que transcurrieran unos segundos antes de salir, por si acaso Nahúm estuviera afuera con sus amigas.

José caminó a paso rápido hacia su cubículo. Sentía su corazón explotar y no podía esperar el momento de quedar a solas con Nahúm. Su pene se encontraba nuevamente a full, como consecuencia de la idea de volver a estar con su alumno preferido. Llegó a la zona de cubículos, y sacó las llaves lo más rápidamente que pudo para poder ingresar. Como lo suponía, el hecho de que hubieran cerrado significaba que no había ya nadie por la zona.

El maestro entró a su cubículo y aventó su mochila en un rincón del espacio. De repente todo lo que traía puesto le parecía excesivo. El calor en su cuerpo había empezado a subir, y empezó a pensar en una manera especial de recibir a Nahúm.

——♂——

Nahúm despachó a sus amigas inventándose el pretexto de que se había encontrado con un viejo amigo en el baño y quería charlar un rato con él. Una vez que las chicas se hubieron retirado, el chico prácticamente corrió hacia donde se encontraba el cubículo de su maestro José.

No había nadie en el lugar. Nahún entró al pasillo que desembocaba en el cubículo de su amado profesor y tocó la puerta del cubículo 9.

-Adelante -dijo la voz de José desde el interior con un tono entre formal y seductor.

Nahúm se emocionó al escuchar su voz, y entró totalmente emocionado al cubículo. Su maestro se encontraba sentado detrás del escritorio, justamente como estaría si aquello fuera una tutoría como las que había tenido a lo largo del semestre.

-¿Estás listo? -preguntó José desde detrás de su escritorio.

-Eso creo -contestó el chico sonriendo.

-Ven -le pidió José.

El chico rodeó el escritorio, y cual no fue su sorpresa cuando descubrió que su maestro se encontraba desnudo de la cintura para abajo. Su pene entre sus piernas se alzaba como un poderoso mástil. Más allá de eso, Nahúm se quedó embelesado ante la visión de las piernas de su profesor, con su piel clara y escasamente cubiertas de vello.

-Ven -le dijo José con un ligero movimiento de cabeza-. Me muero por sentir tu boca nuevamente.

Nahúm sonrió mientras se arrodillaba y se acomodaba entre las piernas de su maestro. Lo acarició con sus manos desde las pantorrillas hasta las ingles, mientras que bajaba su cabeza y posaba un suave beso sobre el glande del pene de José. Primero fue solo un suave roce de sus labios, pero luego empezó a rozarlo con la lengua para finalmente terminar introduciéndolo en su boca. El profesor sintió como cada centímetro de su pene era engullido por aquella cavidad cálida y que le presionaba suavemente desde abajo, ya que la lengua de su pupilo buscaba la manera de saborear todo aquel tronco que poco a poco se introducía en aquel espacio en el que normalmente se encontraba sola.

El chico tragó despacio pero con dedicación. José sintió como la punta de su pene tocó el fondo de la garganta de Nahúm, mientras que el chico intentaba relajarse para vencer el reflejo del vómito. Le funcionó parcialmente, y aunque algunas lágrimas salieron de sus ojos en su interior no tenía ningún deseo de sacar de su boca aquella hermosa verga que ahora la llenaba por completo.

-¡Oh Nahúm! -dijo en voz baja José mientras acariciaba la cabeza de su adorado alumno, dejando a sus dedos correr por su cabello lacio y rozar sus orejas y su cuello.

Sin estar seguro del porqué, el tono de voz utilizado por José excitó al chico más que cualquier otra cosa. Se preguntó a sí mismo si su maestro estaría dispuesto a algo, pero antes de eso decidió seguir chupando otro rato el pene que tenía ante sí.

La boca de Nahúm empezó a bajar y subir por ese pedazo de carne que parecía que cada vez se hinchaba más ante el placer que recibía de aquellos labios que recorrían prácticamente su extensión, y también de aquella lengua que frotaba lentamente el glande cuando salía e intentaba introducirse por el pequeño agujero que tenía antes de volverse a meter.

-¡Eres fántastico! -le dijo José a Nahúm acunando su cabeza entre las manos, una vez que éste último se separó de su pene.

Lo único que hizo el chico ante eso fue sonreír, y después acercarse al rostro de su profesor para plantarle un beso. Se acomodó de rodillas en el espacio que quedaba libre en la silla, medio sentándose sobre su profesor mientras con sus manos le desabrochaba la camisa. Por su parte, José empezó a sobar suavemente las nalgas de su pupilo, imaginándose como sería volver a meter su pene en aquel pequeño agujero que lo volvía loco.

-¿Quieres que te lo meta de una vez? -le preguntó José mientras presionaba levemente las nalgas del chico.

-De hecho, estaba pensando que quizás sería mi turno de sentir que se siente que te la mamen -dijo Nahúm mientras miraba profundamente a su maestro.

José se quedó asombrado. Aquella idea no le había pasado por la cabeza ni siquiera durante sus fantasías con Nahúm. Había estado tan confundido y aferrándose a la idea de que no era gay, que no se había puesto a pensar en algún momento hacerla de pasivo.

-Por favor -le pidió Nahúm mientras se sentaba sobre el escritorio, tal como José lo había hecho la primera vez que habían estado juntos.

El tono de voz usado por el chico desarmó a José. Quería a ese chico, vaya que lo quería; y sería una injusticia obligarlo a ser simplemente su juguete sexual sin darle nunca nada a cambio.

José puso su mano sobre el bulto que sobresalía en la entrepierna de su querido alumno, sintiendo su dureza. Quizás no era demasiado grande, pero mientras pasaba su mano por ahí buscando el botón para desabrochar el pantalón sintió un escalofrío que recorría su columna vertebral. Bajó la cremallera con cuidado, revelando la ropa interior de Nahúm, la cual consistía en unos bóxer ajustados de color café claro. José hundió su cabeza en la entrepierna de Nahúm, sintiendo la textura del bóxer y la dureza que se ocultaba bajo de él sobre su rostro. Inhaló profundamente, saboreando el olor que destilaban los genitales del chico. El hombre se dio cuenta que prefería aquel olor al que había experimentado la vez anterior cuando Nahúm le había ofrecido el culo. Era un olor difícil de describir, pero de cierta manera le recordaba al lugar donde había crecido cuando era joven.

Dejó que sus labios recorrieran el bulto que se marcaba claramente bajo la ropa interior del chico, sintiendo como el pene de Nahúm parecía palpitar, como si deseara romper la tela que lo aprisionaba y que evitaba que aquella dulce boca tuviera contacto directo con él. José también empezó a estar harto de aquello, y con un solo movimiento jaló el resorte de los bóxer de su pupilo y liberó al indómito ser moreno que se ocultaba bajo ellos.

La vez anterior el hombre no había prestado excesiva atención a la polla de su alumno. Sin embargo, ahora le pareció asombrosa, con su tronco moreno y su glande de color entre rosa y morado, seguramente debido a la acumulación de sangre. No era excesivamente grande, pero le encantaba ver la manera en que las venas la surcaban y como se mantenía totalmente erguida. Sin saber muy bien porqué, no pudo evitar el impulso de sus labios de engullir aquello que prometía ser un manjar.

El maestro no se equivocó. En el momento en que su lengua hizo contacto con la verga de Nahúm sintió que estaba probando el plato más delicioso de su vida. Empezó a chupar prácticamente con desesperación, como si aquello fuera a hacer que el sabor saliera más concentrado y él pudiera probarlo mejor.

-Con cuidado -dijo de repente Nahúm con un tono de voz ligeramente molesto.

José sacó el pene de su alumno de su boca mientras volteaba a verlo. La cara del chico mostraba que no había sido precisamente placentero.

-Lo siento -le dijo su profesor mientras apretaba ligeramente con una mano.

-Al principio estuvo bien -le dijo su pupilo mientras lo miraba directamente a los ojos-. Solo cuando empezaste a chupar con fuerza fue cuando me molestó.

El profesor decidió tomar nota mental de aquello. Así que acercó nuevamente su rostro al miembro de Nahúm. Empezó con un suave roce de sus labios contra el glande, y luego utilizó la lengua. Mientras su lengua recorría aquella cabeza José volteó a ver el rostro de Nahúm, quien había cerrado los ojos para poderse concentrar mejor en la sensación que le estaba produciendo su profesor, el cual le estaba dando uno de los mayores placeres de su vida, quizás solo comparable con el que le había dado la vez anterior masajeando su punto G mientras lo penetraba.

José empezó a engullir el pene de su alumno, esta vez con más cuidado. Dejó que sus labios recorrieran suavemente aquel tronco mientras su lengua se deleitaba con todas las superficies que podía recorrer de aquel pene. Lo introdujo suavemente, y cuando sintió que estaban a punto de atacarlo las arcadas lo sacó. Ese proceso se repitió unas cuantas veces, aunque cada vez que volvía a meterlo llegaba más cerca de su garganta.

-¡Oh profesor! -susurró el alumno mientras su pene se perdía dentro de la boca de José.

José se sintió contento de poder proporcionarle aquel placer a su alumno favorito. Dejó que su lengua recorriera cada centímetro de la superficie de aquel pene, al igual que sus labios. Permitió a su lengua deslizarse por el tronco de su amado hasta tocar los testículos, aquellas pequeñas bolsas donde se producía el sagrado líquido que la vez pasada su pupilo había derramado sobre el escritorio, líquido que José había disfrutado tomándolo entre sus dedos y oliéndolo.

Nahúm pasó las manos por el cabello lacio de su profesor, enredando sus dedos y también dejando deslizarse sobre él. Al chico le encantaba el cabello lacio y negro de su profesor.

-Profe -dijo de repente Nahúm mientras que con una mano acariciaba suavemente el rostro de su maestro-. Creo que es tiempo de otra cosa.

-¿Otra cosa? -inquirió José mientras se despegaba de los genitales de su alumno.

-Venga -dijo el chico mientras se levantaba del escritorio.

Sin estar muy seguro de que quería hacer Nahúm, José se puso de pie y se dejó guiar por el chico. Éste hizo que el hombre se sentara en el borde del escritorio y después lo obligó a recostarse. José pensó que quizás su alumno se acomodaría para realizarle sexo oral, pero cuando se acomodó de tal manera que con sus manos levantó las piernas del maestro, éste supo que Nahúm quería hacer otra cosa. José sintió que un escalofrío recorría su ser entero, y aunque una parte de sí le dijo que no debía permitir aquello, la acalló inmediatamente pensando que aquello era lo que quería Nahúm. No importaba si viéndolo desde algún punto de vista lo que iba a suceder equivalía a perder su hombría, porque sencillamente ya había tomado la decisión de entregarse a su pupilo para que éste también pudiera disfrutar.

El chico se arrodilló en el suelo y acercó su rostro al trasero de su profesor mientras que con sus brazos seguía sosteniendo las piernas de su profesor. José hacía lo posible por aligerar el peso que sostenían los brazos de su alumno. Sintió la cara de Nahúm acercándose a su trasero, sintió el contacto de las mejillas del chico antes de que su boca tocara el pequeño orificio que se ocultaba en el trasero del maestro.

De alguna extraña manera, Nahúm disfrutaba del sabor que tenía aquella parte de la anatomía de su pene. Sabía que si de antemano le hubieran propuesto que hiciera algo así se hubiera negado, pero sencillamente se había dejado llevar por la calentura del momento. Había sentido aquel impulso y le había parecido buena idea. ¿Si hacía sexo oral a los genitales, por qué no también al pequeño agujero donde se introducirían sus genitales? Dejó que sus labios y lengua recorrieran la superficie que rodeaba el ano de su maestro, besó sus nalgas y la raja que se encontraba entre ellas, para finalmente entregarse al placer de sentir como sus labios se acoplaban al pequeño agujero que se encontraba ahí. Su lengua hizo el esfuerzo de entrar, aunque era algo difícil ya que estaba cerrado y se contraía cada vez que su lengua cerraba lo que constituía aquella entrada.

-Relájese profe -le pidió Nahúm mientras le acariciaba una pierna.

-Me sentiría más cómodo si usaras el lubricante -contestó José.

La verdad era que sus contracciones eran resultado de la idea de que Nahúm consideraría que con la saliva bastaría para penetrarlo. Sin embargo, al muchacho jamás se le hubiera ocurrido hacer eso. Recordaba aún cuando su profesor lo había penetrado, y no se imaginaba lo incómodo y molesto que aquello hubiera sido de haber prescindido del lubricante.

-¿Dónde lo encuentro? -preguntó Nahúm mientras se ponía de pie.

-En el segundo cajón -contestó el maestro mientras señalaba el archivero que se encontraba allá.

El chico se dirigió hacia allá, y rápidamente encontró el lubricante a base de agua y tomó además un par de condones. Volvió donde estaba el profesor más rápido de lo que se había ido.

-¿Ahora sí nos relajamos? -inquirió el chico mientras se colocaba nuevamente donde pudiera ver el trasero de su profesor.

En esta ocasión José tuvo que mantener sus piernas en el aire, ayudándose con las manos, ya que Nahúm tenía las suyas ocupadas con el lubricante. Empezó a untarlo con cuidado en la entrada del pequeño agujero que se abría entre las nalgas de su maestro, y con mucho cuidado empezó a introducirlo con ayuda de un dedo.

José sintió un escalofrío a lo largo de todo su cuerpo y no pudo evitar un gemido. Su pene se puso más duro si cabía, porque la excitación que estaba experimentando de repente superaba a cualquier otra cosa que hubiera experimentado. Había oído que el ano era una zona muy sensible a la estimulación, pero no esperaba que en su caso fuera tanto.
Nahúm empezó a follar de manera literal a su profesor con ayuda de su dedo medio, para posteriormente introducir además el índice. Estaba usando cantidades ingentes de lubricante para asegurarse que todo era más fácil para su amado maestro. El chico disfrutaba de la visión de sus dedos perdiéndose dentro del agujero de su profesor, y su pene se mantenía totalmente tieso ante eso.

No obstante, su lengua tenía curiosidad. Retiró sus dedos, y cuando José pensó que su alumno se pondría de pie para penetrarlo de una vez por todas sintió como la boca de su alumno volvía a atacar. En esta ocasión la lengua de Nahúm se abrió paso sin problemas dentro del agujero de su profesor con ayuda del lubricante, y aunque Nahúm prefería el sabor sencillo del culo natural de su profesor, disfrutó pasar su lengua por las paredes de aquel agujero.

Al terminar con aquel beso negro, el muchacho volvió a colocar más lubricante en el ano de su profesor (su boca se había llevado algo de eso) y se puso de pie para colocarse el condón y después colocar su pene en la entrada de su profesor.

-¿Listo? -inquirió el chico mientras rozaba su glande en la entrada del ano de José.

-Hazlo ya -contestó el maestro.

Tuvo un poco de miedo, pero José se tranquilizó pensando que el pene de su querido pupilo no era excesivamente grande. Si Nahúm había aguantado el suyo de 17 centímetros, él podía arreglárselas para alojar a aquel inquilino de 13 centímetros, si bien el pene de su alumno era más cabezón y un poco más grueso que el propio.

Pero más que arreglárselas, disfrutó enormemente cada centímetro que Nahúm introdujo dentro de él. Desde el momento en que la cabeza de la verga de Nahúm entró a su interior José sintió una sensación que jamás había sentido. Era como vivir un orgasmo sin venirse, y que se prolongaba mientras el pene de su adorado alumno entraba más y más dentro de sí.

Más allá de eso, José no era el único que estaba disfrutando enormemente de eso. Nahúm no pudo reprimir sus gemidos mientras aquel pequeño ducto que era el recto de su profesor parecía acoplarse a la forma de su pene, aplicándole presión desde todos lados.

Cuando las caderas de Nahúm chocaron contra las nalgas de su maestro, para ambos la sensación era casi divina. José sentía su recto lleno, pero también algo más que su recto. Era como si hubiera tenido siempre un vacío dentro de sí del que nunca había sido consciente, el cual era llenado por el pene de su amado pupilo, el cual ahora prácticamente parecía latir dentro de él.

Para Nahúm aquello no tenía parangón en su corta vida. Se había masturbado varias veces como cualquier adolescente, pero por mucho que hubiera apretado su pene con la mano o frotádolo con diferentes objetos jamás había obtenido aquel placer que le hacía experimentar el recto calientito y apretado que tenía José. Era como haber encontrado el lugar del que nunca quería separarse.

Nahúm empezó a mover sus caderas mientras se inclinaba un poco sobre el escritorio, de tal manera que los rostros de maestro y alumno no perdían nada de la expresión del otro. José rodeó con sus piernas a su querido alumno, atrayéndolo con su piernas cada vez que quería que lo penetrara de la manera más profunda posible.

Aquel movimiento se fue acelerando, y si antes ambos se habían sentido completos ahora sentían que juntos estaban viajando al cielo. Nahúm se reclinó completamente sobre su profesor para poder besarlo, y mientras sus labios se acoplaban, una explosión debajo de la cintura de ambos tenía lugar.

-¡Oh Nahúm! -exclamó José mientras atraía con sus brazos a su amado pupilo.

-¡Pepe! -alcanzó a decir entre sus gemidos Nahúm. Nunca le había llamado a José otra cosa que no fuera maestro o profesor, pero en ese momento el mote salió de forma natural de sus labios.

Una ola de placer se extendió por los dos cuerpos, uniéndolos de una manera perfecta y que pocas personas en la vida llegan a probar. Así, mientras el pene de José expulsaba su semen sobre el abdomen de Nahúm y éste se escurría hacia la entrepierna de José y hacia su abdomen también; el condón en el interior del maestro se llenaba de la leche de su querido alumno. Ambos alcanzaron una sincronización perfecta en el clímax.

El placer se desplazó en ondas que se iban desvaneciendo mientras recorrían ambos cuerpos, dejando dentro de ambos personajes un eco sordo del placer que se había cernido sobre ellos. Y si el eco parecía algo intangible, había una sustancia que manchaba sus cuerpos entre ellos, el semen que había surgido del pene de José y que ahora se embarraba con cualquier pequeño movimiento que Nahúm realizaba sobre su maestro.

-¡Te amo! -dijo Nahúm aún sin salir de su profesor mientras le plantaba un beso.

El beso fue tremendamente tierno. El calor y la pasión de hacía unos momentos había sido acallada un poco, y ese beso parecía querer demostrar que entre ellos había algo más que la calentura que llevaba al sexo.

-Y yo a ti -le respondió José a su alumno con una sonrisa cuando finalizó el beso.

¿Cómo no amar a aquel hermoso chico? ¿Cómo no amarlo cuando le acababa de dar el mayor placer que jamás había experimentado en su vida? José solo sabía que esperaba que ese momento se repitiera muchas veces más.

-Nahúm -dijo el maestro mientras acariciaba el rostro de su alumno-. ¿Alguna vez has pensado vivir con alguien?

La pregunta sorprendió a Nahúm, si bien no pudo evitar una sonrisa al darse cuenta que José estaba hablando en serio. Él también acarició el rostro de su profesor, y se dio cuenta que nada le gustaría más que ver ese rostro a su lado cada mañana, además de que le encantaría repetir cada noche lo que habían experimentado ya en dos ocasiones en aquel pequeño cubículo. Sin embargo, un cubículo no les daba demasiadas variaciones, mientras que una casa o un departamento con su sala, cuartos, cocina y baños seguramente sí lo harían.

-No, pero me encantaría hacerlo contigo -le contestó Nahúm mientras hundía su rostro en el cuello de su profesor para besarlo.

Y aunque la calentura se había apagado, ambos estaban a punto de encenderla de nuevo.

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Bueno, eso fue la historia de José y Nahúm. Creo que esta tercera parte ha sido hasta el momento el más largo de mis relatos. Espero que la hayan disfrutado como yo al escribirla :D

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Maestro y alumno II

Okey hombres, aquí estoy de regreso con un relato que espero les guste. Si bien la primera parte ha sido la peor puntuada de todos mis relatos, eso no me desanimó con esta historia. Así que aquí tenemos la continuación. ¿Se dará algo entre José y Nahúm? Sigan leyendo y lo descubrirán

Maestro y alumno II

José se sorprendió cuando vio a Nahúm entrar a su cubículo totalmente solo. Ya eran las 9:30 de la noche, y aunque él estaba dando tutorías hubiera esperado que Nahúm se presentara junto a Susana.

-¿Y Susana? -preguntó el profesor mientras su alumno tomaba asiento frente a él.

-Tuvo que irse temprano -respondió Nahúm sonriendo, haciendo que algo en el pantalón de José comenzara a apretar. Todo lo relacionado con ese alumno excitaba al profesor.

-¿Falta alguien más después de ti? -preguntó el profesor.

-No, ya todo mundo se fue -respondió Nahúm-. De hecho, creo que ya no hay nadie por aquí.

A José no le asombró esa información. Ninguno de los profesores en aquella zona de cubículos gustaba de trabajar a altas horas de la noche.

-¿Y qué traes para hoy? -le preguntó el maestro a su alumno.

Nahúm comenzó a contarle del trabajo que había realizado junto con Susana durante los últimos quince días. No obstante, José no le prestaba realmente atención. Estaba pensando más con los genitales que con la cabeza. Su pene erecto a su máxima potencia prácticamente le gritaba que aquel era el momento que había estado esperando. No había nadie en los alrededores, solo él y el alumno que lo volvía loco. Cualquier gemido, cualquier sonido que produjeran no llegaría ser oído por nadie. No tendrían que preocuparse porque alguien los importunara y los fuera a encontrar haciendo cosas que supuestamente un profesor no debería hacer con un alumno.

-Me muero por cogerte.

El silencio reinó durante un momento en el cubículo, antes de que José se diera cuenta que no solo había pensado lo anterior, si no que lo había dicho en voz alta.

Nahúm de repente parecía asustado. Sus ojos estaban totalmente abiertos y miraba a su profesor como si no diera crédito a lo que acababa de oír.

-¿Qué dijo profesor? -preguntó el chico con voz aguda.

En condiciones normales José se hubiera excusado inmediatamente y le habría dicho a Nahúm que aquello era un ejemplo típico de metonimia o algo así. Creía haber escuchado que el chico había mencionado algo de eso durante su discurso. Sin embargo, estaba tan caliente que decidió arriesgarse en ese momento.

-Nahúm -dijo el profesor mientras se ponía de pie y rodeaba el escritorio que lo separaba de su querido alumno-. Ve como me tienes.

Se sentó sobre el escritorio, justamente al lado de donde Nahúm había dejado su trabajo, y donde tenía recargadas sus manos. Tomó una de las manos del chico y la puso sobre su pene erecto.

-¡Profesor! -exclamó el chico asustado mientras retiraba su mano y se ponía de pie.

-Por favor Nahúm -le pidió José mientras se ponía también de pie frente a él y lo tomaba de los hombros-. No puedo pensar en nadie más que tú. Me muero desde hace tiempo por tenerte entre mis brazos y hacerte mío.

-Pero yo no soy gay -le respondió su alumno confundido, pero sin quitarse las manos de José de encima.

-Yo tampoco -le respondió José-. No me gustan los hombres, solo me gustas tú.

José atrajo a su pupilo hacia sí, y le plantó un beso en la boca. Nahúm no le correspondió, pero tampoco hizo ademán de separarse nuevamente de él. José aprovechó aquello para repegarse más contra él, para sentirlo más cerca de él y de esa manera darle algo de satisfacción a su deseo.

Poco a poco Nahúm fue reaccionando. Sus labios comenzaron a moverse lentamente primero, y después con fruición. Para sorpresa de José, su alumno era excelente besando, sabía en que momentos usar la lengua y en que momentos aplicar una leve presión sobre sus labios. Su pene se emocionó ante la idea de ser el siguiente allegado a eso.

José tomó a su alumno de la cintura y comenzó a levantar la playera que el chico llevaba en ese momento puesta. Le asombró y le agradó ver el cuerpo delgado de su alumno. Su abdomen no estaba marcado pero era totalmente liso, y sus tetillas oscuras resaltaban contra su pecho libre de vello.

Nahúm alzó los brazos para que José pudiera quitarle la playera. El chico parecía confundido, pero no era una confusión que fuera a dejar pasar el gran instante que se aproximaba.

-¡Oh Nahúm! -exclamó José mientras se quitaba los anteojos para después volver a acercarse a su alumno para besarlo.

En ese momento el chico le correspondió el beso inmediatamente. Los labios de sus pupilo se movieron buscando atrapar a los labios de José entre ellos, querían abrirlos para dejar el paso de la lengua del chico al interior de la cavidad oral de José.

El profesor se separó de los labios de Nahúm, pero no de aquel cuerpo que lo volvía loco. Fue a besarle su oreja, y Nahúm gimió levemente mientras su cuerpo se contraía un poco, demostrándole a José con un roce que ahora ambos penes se encontraban en igualdad de condiciones.
José bajó por la barbilla del chico hacia su cuello mientras con su mano izquierda le daba un suave masaje a Nahúm en su instrumento. El chico gimió con más fuerza, y tímidamente estiró la mano para poder acariciar el pene encerrado de José con sus manos.

Al maestro aquello no le bastaba. Demostrando una habilidad inusual, rápidamente con la mano derecha se desabrochó el pantalón y sacó su pene de su ropa interior, dejándolo al exterior. Luego volvió a conducir la mano de su querido alumno hacia él.

Nahúm lo tomó primero de una forma muy suave, pero mientras José seguía besándole el cuello, el chico comenzó a apretar con más fuerza el pene de su profesor. Jugaba con él, descapuchándolo, rozando suavemente con su pulgar la cabeza y luego encerrando el tronco entre sus manos para realizar un suave movimiento desde la parte superior hasta la base y de regreso.

José hizo que su alumno se volviera a sentar sobre la silla en la que había estado primeramente mientras él tomaba asiento en el escritorio justamente frente a él. No tuvo que decir nada, solo tuvo que guiar levemente la cabeza de Nahúm para que éste atrapara el pene de su profesor entre los labios.

El primer roce fue un extásis para José. Nahúm atrapó entre sus labios su glande y comenzó a darle un masaje con la punta de la lengua. Como en la mejor de las fantasías del maestro, la mirada de su alumno se alzó hacia su profesor como si le preguntara si lo estaba haciendo bien.

-Continúa -le pidió José con la boca entreabierta.

Nahúm recorrió con la punta de su lengua aquel poderoso tronco desde la cabeza hasta la base. Llegó a los testículos con vello de su maestro y los besó como un tierno amante.

-Chúpalos también -le dijo su profesor.

El alumno recorrió en primer lugar con su lengua todo el testículo derecho de su profesor, lambiéndolo como si fuera una bola de helado, y posteriormente se lo metió a su boca. Tiraba ligeramente de él succionándolo, sin llegar a hacerle daño a su profesor.

Mientras Nahúm comenzaba a alternar los testículos del docente, José se desabrochó la camisa. Lo hizo desabrochando uno por uno de los botones, pero aún así de manera rápida. Su pecho blanco y con una ligera capa de vello, al igual que su abdomen liso quedaron a la vista. Los dos eran de un color bastante pálido, ya que José era de piel clara y normalmente no dejaba que el sol le diera sobre su cuerpo.

Nahúm volvió a subir su lengua a lo largo del falo de su profesor, aunque para ese entonces el suyo propio también estaba liberado y siendo masajeado por una de sus manos. Aquella imagen le encantó a José, ver a su querido alumno subiendo con su lengua a lo largo de su pene mientras se masajeaba su propia polla, una polla relativamente pequeña (de aproximadamente unos 13 centímetros).

-Trágala toda -le pidió José con voz suplicante a su pupilo.

El chico se separó de la verga de José y se le quedó viendo detenidamente. Parecía como si el chico se estuviera preguntando si aquella herramienta de 17 centímetros iba a entrar en su boca. Aparentemente el chico decidió que sí, pues abrió la boca y comenzó a engullir cada uno de los centímetros que su profesor se cargaba en su entrepierna.

José disfrutó ampliamente de cada centímetro de su verga que se perdía en aquel agujero, el cual le transmitía una sensación de calor sumamente agradable. Era como meter su polla a un baño sauna. Y lo mejor es que la sensación de calor no llegaba de golpe, si no poco a poco mientras su pene se perdía en el orificio oral de su alumno.

Nahúm llegó hasta la base del pene de su profesor, aunque vale decir que los últimos centímetros los metió lentamente intentando evitar las arcadas. Y vaya que lo logró, pues aunque tenía los labios pegados contra la pubis de su maestro no hizo ningún movimiento por alejarse, si no que más bien intentaba saborear el sabor a piel y hombre que poseía su profesor. Aunque no lo admitiría en voz alta, Nahúm sabía que aquello le estaba gustando bastante.

El chico comenzó a levantar su cabeza para sacar el pene de su profesor de su boca, pero antes de tenerlo completamente fuera volvió a engullirlo lentamente. Nahúm lo hizo varias veces más, y cada vez incrementaba la velocidad con la que lo hacía.

José comenzó a disfrutar con aquello, y sin proponérselo comenzó a mover ligeramente la cadera. Literalmente empezó a coger a su alumno por la boca, pues éste dejó de moverse y permitió a José meter su pene libremente entre sus labios.

El clímax de José se acercaba, pero él no quería que aquello terminara así. Antes de que su venida fuera inevitable se detuvo y levantó a Nahúm. El chico lucía un poco confundido, pero se dejó guiar por su profesor para ponerse de pie.

En aquel momento José bendijo a su compañero de cubículo. Sabía que en uno de los cajones guardaba condones y lubricante. José había encontrado en algunas ocasiones condones usados en la papelera, y sabía perfectamente que el profesor que usaba el cubículo por las mañanas tenía fama de pasar a las chicas lindas con un diez. Pero eso no era importante en aquel momento.

José se dirigió hacia aquel cajón, tomó un condón y el tubo de lubricante. Aunque nunca había tenido sexo con otro hombre, parecía lógico que necesitaría de él dado que el ano era una abertura más estrecha que la de una mujer.

-¿Para qué es eso? -inquirió un poco asustado Nahúm.

-¿No es obvio? -le preguntó José mientras con un ligero empujón le hacía recostar su pecho sobre el escritorio, el cual afortunadamente no tenía nada encima aparte del trabajo de Nahúm.

-No estoy seguro de esto -dijo el chico con voz temblorosa mientras su profesor le bajaba los pantalones y la ropa interior hasta el piso.

-Nahúm, de verdad quiero hacerte mío -le dijo José mientras le acariciaba la pierna-. No sabes cuanto he soñado y fantaseado con esto. Dame solo una oportunidad. Dicen que también es placentero para el que recibe -continuó hablando José mientras acercaba sus dedos hacia el pequeño orificio de su alumno para poder acariciarlo.

Nahúm no dijo nada más, pero movió las piernas para que su profesor pudiera quitarle los zapatos (los cuales no tenían agujetas) y posteriormente toda la ropa, dejándolo solo en calcetines.

José se relamió la boca con la vista que ahora tenía justo frente a él. El trasero de Nahúm era sencillamente fantástico, redondo y no demasiado grande pero sí macizo. Parecía que el chico lo ejercitara de alguna manera. Era liso y suave, sin nada de vello. Su color era pálido, ya que evidentemente el chico no dejaba que le diera muy seguido el sol en aquellos lugares.

-Y ahora… -expresó el profesor, sin saber que hacer.

Dejó que el sentido común lo guiara. Abrió el bote de lubricante y dejó caer una porción generosa sobre el pequeño agujero que Nahúm tenía entre sus nalgas. José utilizó los dedos de su otra mano para embarrar el líquido y luego con su dedo índice empezó a introducirlo en el interior de su alumno.

-Ah -se quejó levemente Nahúm.

-¿Qué se siente? -le preguntó José mientras enterraba su dedo hasta el fondo, en un intento por meter la mayor cantidad de lubricante posible en el interior de su alumno.

-Molesto, pero a la vez placentero -respondió el chico mientras contorsionaba su rostro, aunque José no podía ver eso.

José estaba fascinado viendo como su dedo se perdía en el interior de aquel cuerpo, y super excitado al saber que le seguiría su miembro.

Cuando consideró que ya había introducido suficiente lubricante, el profesor se puso de pie y se colocó el condón. Había hecho aquello con anterioridad, pues no era ningún casto, pero nunca teniendo su pene a punto por culpa de un hombre. Colocó más lubricante sobre el forro que cubría su pene y posteriormente puso éste en la entrada del pequeño agujero de Nahúm.

José empezó a empujar, y aunque encontró algo de resistencia la presencia del lubricante lo hizo todo más fácil. El glande del maestro comenzó a entrar en ese pequeño agujero mientras su alumno se quejaba con más fuerza.

-¿Duele? -preguntó José cuando tuvo su cabeza dentro. La perspectiva que tenía era increíble, su tronco unido a aquel trasero exquisito, además de la cintura delgada de Nahúm y su espalda que a pesar de su delgadez daba la idea de su masculinidad si se la contemplaba con detenimiento.

-No, dolor no -contestó Nahúm-. Es más bien molesto.

José asintió mientras continuaba metiendo su pene lentamente en aquel pequeño ano que nunca antes había alojado algo que no fueran desechos. Fue un tiempo largo pero placentero para ambos hasta que las caderas de José chocaron contra el trasero de su pupilo.

-Ya está todo dentro -anunció el maestro.

Su alumno no le respondió, pero los suaves gemidos que daba parecían indicar que si bien le resultaba difícil también estaba disfrutando a lo grande de aquello.

José tomó por las caderas a su pupilo, y comenzó a sacar su pene de aquel ducto en el que se hallaba. Sin embargo, cuando tuvo la mitad de su pene afuera volvió a meterlo. La sensación era sencillamente increíble. El recto de Nahúm presionaba su pene por todos lados, y la resistencia que presentaba parecía un masajeador que le daba un placer máximo a aquella verga.

Poco a poco el profesor fue acelerando el ritmo del mete y saca, y llegó incluso a sacar completamente su pene antes de volverlo a meter al fondo del agujero de su querido alumno. Nahúm disfrutaba de aquello, y mientras más sacaba su pene el profesor o más rápido lo metía gemía con más fuerza.

En una de las metidas más profundas, el recto de Nahúm empezó a apretar por todos lados el pene de su maestro. José no pudo aguantar aquello, era simplemente fantástico y comenzó a venirse mientras se agachaba para pegar su cuerpo contra el de su alumno lo más posible.

-¡Oh Nahúm! -le dijo al chico en el oído mientras su pene rezumaba las últimas gotas de su líquido eyaculatorio.

-Mmm… creo que le acabó de manchar su escritorio profe -le dijo Nahúm con algo de pena.

José no pudo evitar reírse mientras pasaba sus brazos por debajo de Nahúm, con el fin de atraerlo más hacia sí.

-No te preocupes -le dijo José mientras olía su cabello-. He pasado el mejor momento de mi vida y aunque quede una mancha sobre el escritorio bien habrá valido la pena.

Aquello era totalmente cierto. La verdad es que ni siquiera en sus fantasías con su pupilo José había disfrutado de aquella manera. Ahora solo sabía que quería tener a Nahúm lo más cerca posible en cada momento de su vida.
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Bueno, ahí estuvo la historia del profesor José y su alumno Nahúm. ¿Les gustó? ¿Les gustaría algo más acerca de ellos?

Bueno, y también les tengo una noticia. Para todos aquellos que usen Facebook, quiero decirles que abrí una página ahí. Quizás sea algo presuntuoso, pero si quieren seguirme solo tienen que visitar mi perfil en esta página (dándole click en la parte superior donde dice ErosLover) y en donde dice sitio web aparece la dirección de la página en facebook. Ahí denle me gusta y estará al tanto de la publicación de nuevos relatos y de otras cosas que estaré compartiendo por ese medio, ¿de acuerdo? ;)

Un beso enorme, y espero estar compartiendo más fantasías con ustedes próximamente

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Maestro y alumno I

José caminaba hacia la escuela intentando pasar desapercibido, ya que si se encontraba con alguna de las chicas que lo asediaban seguramente ésta se empeñaría en acompañarlo hasta su salón. Él no entendía que veían en él tantas mujeres. Nunca se había considerado a sí mismo guapo, aunque era delgado y tenía la piel blanca. Sin embargo, él creía que sus facciones (ojos pequeños, nariz recta, labios delgados) no tenían ninguna novedad, y que su cabello negro y lacio solo hacía que sus facciones lucieran menos. Además, como si no supiera que debido a su uso de lentes lo llamaban a sus espaldas Harry o Potter. Quizás, solo tal vez, lo que de verdad veían en él sus alumnas era que era uno de los profesores más jóvenes de la planta docente. Aún no cumplía los treinta años, y aunque ya tenía algún tiempo de haberse graduado de la licenciatura, sabía que no le costaba ningún trabajo mezclarse con la marea de los estudiantes.

Afortunadamente aquel día llegó a su salón de clases sin ser abordado por ninguna de sus seguidoras. Bueno, exceptuando a las que ya estaban en clase. Había una chica especialmente molesta, que siempre que se lo encontraba tenía una nueva pregunta sobre los temas que habían visto en clase. José sospechaba que aquella alumna o de verdad estaba muy desesperada por su atención o se trataba de una mujer totalmente tonta. A juzgar por como la trataba el grupo, quizás fuera las dos juntas.

La alumna en cuestión le acompañó desde la puerta de su salón hasta su escritorio, mientras le preguntaba a José algo sobre el ensayo que cada uno de sus alumnos estaba preparando. Él creía que aquello ya le había quedado claro.

-Eso lo vemos mejor en tutorías, ¿no? -le dijo, zanjando de esa manera el asunto.

-Okey -le contestó la chica mientras regresaba a su lugar desilusionada.

-¿A quién le toca coordinar la clase de hoy? -preguntó el profesor.

El corazón de José dio un vuelco al ver a los alumnos que se acercaban al frente del salón, y de hecho no solo su corazón. Algo en sus pantalones empezó a crecer. Era una suerte que estuviera sentado.
José aún no entendía la reacción que le producía aquel alumno. Él toda su vida se había considerado cien por ciento heterosexual, pero cada vez que ese alumno delgado, con rasgos ligeramente andróginos, de voz suave y tersa se acercaba a él, se excitaba sin poderlo evitar. Solo sabía que tenía que hacer un esfuerzo en lo que estuviera haciendo, ya que si perdía la concentración no podía evitar imaginarse lo que se sentiría una mamada por parte de aquella boquita de labios gruesos o lo que sería meter su pene en aquel culo pequeño pero bien formado que se adivinaba bajo los pantalones que solía usar el chico.

El chico en cuestión, de nombre Nahúm, estaba acompañado por su compañera de nombre Susana. El profesor solo escuchaba medianamente lo que ellos les decían y preguntaban a sus compañeros, ya que estaba más concentrado en observar al chico. Cada día aumentaba su deseo por él, y se dio cuenta que ya no era solo penetrarlo, si no que se moría por acariciar cada parte de su cuerpo.

-¡Profesor! -le llamó en aquel momento Beatriz, la chica molesta.

-¿Qué sucede? -inquirió el profesor.

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Al terminar la clase, José comenzó a recoger sus cosas rápidamente, tal y como era su costumbre para poder evitar a sus alumnas. Sin embargo, rara vez lo lograba, pero en aquel momento no le importó demasiado.

-Profesor, ¿puedo hablar un momento con usted? -le preguntó Nahúm mientras se paraba junto al escritorio.

-Por supuesto -le contestó José sin siquiera pensarlo, mientras observaba al chico.

La pregunta del chico fue rápida, pero bastó para que la imaginación de José se llenara de fantasías sobre sus labios recorriendo aquella pequeña boca mientras sentía aquel delgado cuerpo contra el suyo. Su erección se dio sin poderlo evitar, y José decidió acomodársela para que fuera lo menos llamativa posible cuando saliera del salón de clases. Sin embargo, Nahúm se percató cuando su profesor se pasó la mano por la zona acomodando su pene, y aunque no dijo nada frunció levemente la boca.

José no pudo sacarse aquel gesto de la mente, el cual le había parecido de deseo, aunque sabía que probablemente aquello solo sería su fantasía. No obstante, su erección le duró todo el camino imaginando cómo sería besar aquella boca fascinante y también sentirla recorriendo su herramienta. Llegó a su casa a ducharse, y bajo la ducha se vino por primera vez imaginándose que tenía a Nahúm contra la pared y lo penetraba con fuerza.

José aún respiraba fuertemente mientras el agua se llevaba el semen que se había quedado sobre su mano. Sin embargo la erección no bajó, y cuando llegó a su habitación para ponerse pijama volvió a tomar su pene entre sus manos y se imagino que Nahúm estaba en la habitación con él. Vio los ojos castaños del chico mirando su rostro mientras que tímidamente tomaba su verga con la mano, como si le pidiera permiso para hacerlo. En medio de su fantasía José asintió levemente, y le ayudó al chico guiando su mano sobre la manera en que debía masturbarlo.

La respiración de José se aceleró y sintió a su propio pene latir mientras imaginaba a su preciado alumno agachando la cabeza para depositar un suave beso sobre su glande. Sintió como los labios de Nahúm hacían contacto contra la cabeza de su pene, y como su lengua salía lentamente de entre ellos para poder saborear el preciado líquido preseminal que ya había comenzado a salir de éste. José gimió con fuerza al imaginarse la lengua de Nahúm recorriendo con un poco de timidez su glande.

El profesor vio a su alumno mirarlo fijamente mientras que su boca se abría formando una perfecta “O”, con lo cual fue introduciendo lentamente aquel falo de buen tamaño en su pequeña boca. José incluso podía imaginarse el calor que debería existir en el interior de aquella boca, y sobre todo la sensación que producirían aquellos labios gruesos y sensuales recorriendo todo el cuerpo de su pene.

-¡Oh Nahúm! -dijo el profesor con fuerza mientras se recostaba en su cama sin dejar de jalarse la verga.

José vio a Nahúm sonreírle pícaramente mientras también se subía a la cama, para después sentarse lentamente sobre la polla de su profesor.
José volvió a sentir en su fantasía aquel pequeño hoyo que con su paredes apretaba fuertemente su verga. Su alumno comenzó a saltar sobre él, al mismo tiempo que su maestro movía las caderas para lograr un mete-saca más profundo.

Nahún se inclinó sobre su profesor para poder depositarle un beso sobre sus labios delgados. El profesor sintió el cuerpo delgado de su alumno contra él, y antes de que pudiera pensar en algo más se vino con fuerza, soltando incluso más semen que durante la primera masturbación de la noche. Se imaginó el pequeño culito de su alumno lleno de su leche, y pensó que eso sería una señal de que finalmente era totalmente suyo.

-La mejor cogida de mi vida -expresó José con un suspiro.

Nunca al masturbarse había sentido tanto placer. Y la pregunta ahora era qué sentiría si realmente podía llegar a coger con Nahúm.

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Clases muy particulares

Chupando una pija que palpitaba bajo su lengua, sintió como la penetraban en su concha. Al rato, intercambiaron posiciones, todas fueron ensayadas, su orto se abrió por turnos, para dos, insaciable porque la potencia de dos no requiere de interrupciones, ojos azules, se derramó en ella. Cálida fue emanando su leche. Nada fue desperdiciado, incluso los huevos fueron lamidos y…casi besados.

Nunca nadie sabe cómo ni por qué suceden las cosas. Sólo suceden y más vale acompañarlas y hacerles honor, porque los momentos nunca se repiten. ¿Cómo es que lo previsto muta y se transforma en extraordinario? ¿Cuándo es que se forma la fisura imperceptible que hace que lo casi intrascendente se eleve al status de experiencia memorable?

Una clase particular, una de muchas. Un lugar, un horario y un temario a desarrollar. La práctica docente tantas veces practicada. Y allí va, la profesora, con su ropa de siempre, su peinado de siempre, su andar de siempre, sus libros de siempre, sus tacos de siempre. Pero no será como siempre. Será como nunca, como nunca más.

Un alumno cualquiera que hizo el contacto y organizó el encuentro. Una clase de apoyo, una profundización de los temas. A última hora, el llamado solicitando incluir un compañero que tenía la misma necesidad –urgida- de aprehender. Un alumno típico, uno de tantos, que no logró generar una imagen o un recuerdo específico. ¿Era morocho o castaño? ¿Era alto o de estatura normal? ¿Usaba el pelo largo o se había rapado? Seguramente era bien joven, Era alumno.

Al abrirse la puerta y al transcurrir los saludos de rigor y las frases estipuladas y el acomodarse de las cosas y las personas para la “situación de clase”, irrumpió un hecho inusual, levemente turbador aunque no por ello molesto, un hecho de los que solemos categorizar cómo “fuera de contexto”: una mirada penetrante e iluminada, lanzada con llamativo vigor desde unos ojos increíblemente azules y bellos. Esa fue la primera llamada de alerta, la que inauguraría una nueva e impensable sucesión de las cosas.

Ya la actitud nunca fue la misma. Y como todo está en la cabeza (aún aunque no se sepa) los movimientos, los gestos, los ires y venires se fueron suavizando, se hicieron –de a poco- más sensuales. Se personalizaron las miradas, se enlentecieron las explicaciones de saberes reiterados a la vez que se agudizaban las nuevas preguntas de los que nada conocen y todo lo quieren ya. Se movió el tono de voz de los discursos, las palabras pronunciadas ya sonaron a otra cosa. Y así, de a poco, se erotizó profundamente hasta al aire que se respiraba. Y así el aroma del deseo urgente se hizo inesperadamente presente. ¿Qué está saliendo distinto hoy? Porque se me cuela un despliegue de seducción con intención donde nunca debe pasar nada? Pensaba la profesora mientras miraba cómo sus alumnos fingían concentrarse sobre el papel para responder a sus consignas.

¡Sus consignas! Eso era lo que ahora le molestaba. Que poco comprometidas con lo que verdaderamente importa, con lo que vale la pena, con lo que merece ser dicho o conocido.¿ Que les había querido preguntar a sus alumnos antes de conocerlos?  Lo de siempre, la rutina básica para desempeñar luego el rol que tanto conocía: hacer de cuenta que a ellos les interesa y les importa lo que se tiene para decirles. ¿Y si hoy no fuera así? ¿Y si, increíbles ojos azules y su ocasional compañero no merecían, por esa única vez, otra cosa? ¿Que otros aprendizajes les podría regalar?

¿Que pensarán las profesoras cuando ejercen esa vigilancia muda mientras nosotros simulamos que trabajamos?  La idea distrajo fácilmente al alumno de mirada provocadora. Y entonces, ella se jugó por la única vida que se recordará, por la que merece ser vivida y cambió, para siempre, el devenir de aquella clase particular y de aquella tarde. Inesperadamente comenzó a crear, ahora para ellos dos, otras consignas, otras preguntas, otras indagaciones, con el inconfesable fin de probar y probarse que podría seducir a quien se propusiese. Y así lo hizo, retiró bruscamente  el papel que aburría a sus alumnos y, compulsiva e ininterrumpidamente comenzó a escribir las otras preguntas. Esta vez le interesaban en serio las respuestas.

Cuando les dio el nuevo papel a cada uno lo hizo al mismo tiempo, para no generar preferitismos. Es que ya casi no los había. Se cruzó de piernas frente a ellos, encendió un cigarrillo y esperó. ¿Sorpresa? ¿Enojo? ¿Desconcierto?  El fin abrupto de la clase? Qué era lo que podía esperar de la reacción de ellos? Había que jugarse y ya estaba en el juego, en ese juego de riesgo, vertiginoso, al que su deseo -ya irreversiblemente encendido- la había conducido.

¡No se puede creer, lo que ha escrito esta mujer! ¿En serio me pregunta esto? ¿En serio quiere que le conteste, que le contestemos? Que quiere hacer? A dónde quiere llegar? Esta haciendo un estudio sobre las preferencias y costumbre sexuales de las nuevas generaciones?  Esto es increíblemente raro. ¿Y que hace mi amigo?  Pensar que yo le presente a la profesora, yo le hable bien de ella, por eso esta acá. ¿Que va a hacer? ¿Se va a ir? Pero el amigo del alumno de ojos azules, con una inconfundible sonrisa perfilada y mirando sin disimulo las piernas sugerentemente mal cruzadas  de la profesora, espió su bombacha y se puso a responder a las nuevas preguntas.

Elegir una situación erótica y describirla?  En mi laburo, con una compañera. ¿Cómo es una mujer “ideada”?  Morocha obvio, buenísima. ¿Si lleva medias negras o anda con la piel desnuda?   Y, desnuda mejor. ¿Cuál es mi posición preferida?  ¡En cuatro, lo más! ¿Dónde me gustan los besos?  Acá…  En la pija, Profe, ¡en esta pija! ¿Si prefiero disfrutar yo o encender al otro?  Prefiero verla recaliente y que pida más- Para eso está mi amigo que veo, sabe lo que elige.

¿Cómo me imagino el sexo oral?  Ahora, en un rato, con mucha lengua, mirándola a los ojos, ¿y en materia de orificios?  ¡Si me da ese orto me muero! Finalmente, ¿dónde y cómo acabar? En tu cara,  sos increíble, exigente y hermosa. ¿Esto es lo que quería saber esta mina? ¡Que bueno porque se las voy a contestar todas!

Este segundo alumno, que ya no quería serlo más, se levantó con su papel en la mano y se acercó a la profesora, como suele hacerse al entregar un examen. Parado a su lado no intentó disimular de ningún modo que estaba fantásticamente excitado, que tenía su pija totalmente dura y parada, y que estaba invitando a esa mujer desconocida, a conocerla. Hasta ese instante la profesora había dudado, no tanto de lo que ella por fin  quería hacer con esa tarde de su vida, sino más bien de cómo es que reaccionarían estos dos chicos, tan lejanos en edad, en visiones del mundo, en situaciones de vida.

La verdadera duda sobre si era deseada se desvaneció, con cabal evidencia, en el segundo aquel en que, primero sobre el pantalón y luego debajo de él, tocó, acarició y se deshizo con fervor sobre la pija de su alumno nuevo. Solo un hombre y una mujer.

¿Y el otro?

To be continued…

Ojos azules no podía creer hacia adonde se había conducido esa clase. ¿Que tenía que hacer? ¿Que tenía ganas de hacer? ¿Que se esperaba que hiciera? ¿Irse discretamente? ¿Retirarse de ese incendio que se avivaba cada vez con más intensidad? ¿Que quería su amigo? ¿Intimidad? ¿Que los dejara solos? ¿Que quería la profesora? ¡Que caliente se la veía! ¿Que quería él? Que bien parecía que la chupaba, con que pasión se dedicaba a darle placer a su amigo. Un segundo duró esta ráfaga de dudas. ¿Y por que no? En el fondo él había generado el encuentro. Ella no parecía tener problema en que la viera comiéndose una verga. Es más… Le dio la sensación que, fugazmente, lo miraba sugerentemente, mientras usaba su lengua sobre otro cuerpo.

Entonces entendió. Se acercó lo suficiente como para que ella notara que también a él lo había puesto a mil. La profesora, sin prescindir de lo que estaba haciendo, con una mano se cercioró del poder que había ejercido también sobre su otro alumno, e  inició el descender del cierre del pantalón hasta liberar aquella otra pija que le prometía la duplicación del placer. Ensayando con maestría movimientos coordinados con la mano y con la boca, la profesora, por primera vez en su vida, tuvo la certeza de estar dando placer por partida doble. Y eso la colmó de orgullo. Los alumnos iniciaron un diálogo entre ellos como si ella no estuviera.

Casi monosílabos de aprobación, a veces gemidos, ambos se mostraron infantilmente cómplices y se aprobaron entre sí. ¡Vamos a darle entre los dos! ¡Que bien lo hace! ¡Que puta que es! Tácitas o explícitas esas eran las palabras que sonaron o se sobreentendieron en el aire.

De repente la profesora se detuvo. Con suavidad, entre ambos la condujeron por un pasillo que desembocó en un cuarto, en una cama. Rápidamente, mientras uno la besaba en profundidad, el otro buscaba velas… y vino.. y forros.

¿Y ahora? ¿Como sigue esta clase? La profesora se encontró frente a sí misma. Había generado un momento para el que no tenía ni teoría, ni práctica ni saberes previos. Pero era la docente, la mayor, la que se tenía que hacer cargo. Cargo de sus alumnos, que aún así lo seguían siendo, de sus alumnos a los que tenía que enseñarles cómo es que es el sexo de a tres. ¿Y cómo es? ¿Cómo se inicia, desarrolla y culmina? ¿Cómo puede una mujer desdoblase, multiplicarse, ofrecerse por dos y compartirse? Dejarse llevar por su instinto, que la naturaleza femenina la gobierne, que la femineidad en toda su majestuosidad la invada. Y así hizo.

Tomando la iniciativa, acomodó a uno de sus, ahora compañeros, boca abajo sobre las sábanas, se sentó sobre sus espaldas y comenzó a brindarle masajes, suaves, pero a la vez,  nada ingenuos. El otro, que era, por supuesto, ojos azules, se sentó a su lado, la mi e inició otros masajes, éstos deslizados sobre sus curvas, que aún, rondando las cuatro décadas, permanecían marcadas y sugerentes.

Poco después, el alumno -que estrenaba afectos por las manos de una mujer que presentía ajena y que había imaginado lejana- se dio vuelta, la trajo hacia sí y la besó, y la acarició y la tocó. Y la pensó suya y cercana. Con algo de inexperiencia, no precisamente por no haber estado con variadas chicas, sino por no haber tenido entre sus manos a una que ya no lo es, intentó con urgencia desprenderla de la ropa que llevaba. La profesora sintió ahora sí, la fragilidad de su desnudez y se resistió. Ojos azules, tal vez con alguna intuición mayor, le fue, de a poco, sacando la remera, y más de a poco, los zapatos y las medias negras. Le subió la pollera (que solo retiraría mucho después) y le señaló un espejo, en el que se reflejaba su imagen, aún deseable y a sus dos jóvenes compañeros.

Esa visión espectacular, que desdibuja lo “real”, generó el punto de inflexión en la cabeza de ella.  Confianza en sí misma y una sabiduría ancestral que la poseyó fueron los condimentos que desbarrancaron los goces en un tiempo sin tiempo. Uno por delante y otro por detrás fue lo primero que ensayó. Chupando una pija que palpitaba bajo su lengua, sintió, finalmente. como la penetraban en su concha mojada y deseosa. Al rato, intercambiaron posiciones.

Arriba, abajo, en cuatro, arrodillada, parada, todas fueron ensayadas con ansia, Su orto se abrió una y otra vez, por turnos, para dos. Recibiendo sin saber de quién, se volvió insaciable porque la potencia de dos no requiere de interrupciones. Pidiendo casi permiso, ojos azules, que estaba ocasionalmente gozando en su boca, se derramó en ella. Cálida y húmeda fue emanando su leche. Nada fue desperdiciado, incluso los huevos fueron lamidos y…casi besados.

Un segundo después su otro alumno liberó su semen acuciante y lo desmayó sobre su espalda.

Relax, éxtasis, risas, la felicidad de un ratito. Caricias y mimos desperdigados por la cama.

¿Ambos al mismo tiempo? Nadie sabe quien lo propuso. Tal vez ojos azules, que parecía querer regalarle algo más a su profesora. Entonces le regaló una doble penetración.

Tal vez continuara…

Autora: Sonia Bragueta

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Septiembre

Me empezó a chupar el capullo con deseo, como si hiciese mucho tiempo que no se comía una buena polla. Cuando terminó de comérmela, sin dejar que me levantase de la silla, se sentó sobre mi polla, introduciéndosela hasta dentro. Que calentito estaba. Comenzó a moverse de arriba abajo sin parar. Hasta que ella llegó al momento cumbre.

La historia que os voy a contar es real. Me llamo Sergio, tengo 22 años, y estudio en la Universidad de Alcalá. Todo pasó a últimos del mes de septiembre. Yo no me considero buen estudiante, es más, no lo soy. Soy la típica persona que estudia los días antes del examen, y luego me pasa lo que a casi todos. Suspendo. O como solemos decir los estudiantes… “nos suspenden”.

El caso es que me presenté en septiembre a un examen de mi carrera, que había suspendido en junio. Me sorprendió suspenderla en junio, porque es una asignatura que me gusta mucho. No sé si por la materia, o por la profesora. En parte pienso que por lo segundo. Ya me entendéis. La profesora se llama Nuria, es de las más jóvenes en la universidad, llegó el año pasado, y tendrá unos 26 años más o menos. Es castaña con mechas rubias, pelo rizado, la melena le llega a media espalda. Es delgadita, y cuando digo delgadita… digo 60 de cintura. No tiene mucho pecho estará entre un 85 y un 90, más cercana a los 85. Y tiene un culo que quita el hipo a cualquiera. Su culo me lo sé de memoria, porque yo creo que es a lo único que prestaba atención en sus clases. Como siempre se ponía de espaldas a nosotros mirando a la pizarra…

Ahora ya sabréis porque suspendí. Es redondito, bien formado, con sus dos glúteos bien apretados, que se nota que es de gimnasio. Ella sabe que tiene buen culo, y por eso llevaba todos los días a clase pantalones ajustados que se lo definían perfectamente y que le quedaban de miedo. Tiene unos pantalones blancos que le quedan muy bien, pero que muy bien, y como sabe que le quedan bien, se los pone casi todas las semanas.

Total, que cuando hice su examen en junio, pensé que lo había aprobado, porque me lo había preparado muy bien, pero saqué un 2. Que se le va a hacer. Así que me lo preparé para septiembre. Y esta vez sí lo llevaba bien preparado, pero me saqué un 4,5. Y decidí ir a la revisión del examen, que era en su despacho. Y cara a cara con ella, sin nadie más.

Había mucha gente cuando llegué, pero fui listo y me colé. Cuando pasé a ver el examen allí estaba ella con su melena suelta sobre sus hombros. Llevaba una camisa blanca, con los 2 botones de arriba desabrochados, que dejaba entrever un sujetador negro precioso. Y unos pantalones ajustados de color verde camuflaje que se apretaban a su culo como imán que se pega al metal. ¡Quien fuera pantalón! Me dije. Cuando entré me dijo que me sentara, y me sorprendió que me llamara por mi nombre, porque pocos profesores se aprenden el nombre de sus alumnos, pero no le di importancia. Revisamos juntos el examen. Y no me quería aprobar, faltándome sólo medio punto para el 5. Le dije que no me podía hacer eso, que había preparado muy bien su asignatura y que no podía suspender.

A Nuria parecía que no le importaba nada de lo que le estaba diciendo, sólo decía que no me podía aprobar, que el examen no estaba para el 5. Así que me dijo, que como había mucha gente esperando, que si quería que volviésemos a revisar el examen, que me esperara hasta el final. Y así hice, fueron pasando uno tras otro todos mis compañeros que habían suspendido, unos con mejor suerte que otros. Así hasta que por fin salió el último. Salió Nuria a decirme que entrara, que íbamos a volver a repasar el examen. Entramos los dos, y yo me senté. Al contrario que antes, ella no se sentó en su silla, sino encima de su mesa, con sus piernas cruzadas hacia mí.

Empezó a mirar mi examen, diciendo que no veía nada que me pudiese subir la nota medio punto. Cuando de pronto, me pregunto si me importaba que se descalzara, que le dolían los pies de llevar los zapatos, tanto tiempo puestos. Llevaba unos náuticos marrones, lo que me extrañó que dijese que le doliesen los pies, porque esos zapatos no te dan dolor. Al descalzarse y volver a cruzarse de piernas, sus pies descalzos, cubiertos solamente por unas medias de color carne, le quedaban a la altura de mi entrepierna. Yo creo que se dio cuenta de eso, y cruzó más las piernas hacia mí, de manera que sus piernas quedaban entre las dos mías, pero a mayor altura. Yo no hacía nada más que mirarle el sujetador negro que se le clareaba por la camisa.

Me dio la sensación de que se dio cuenta, pero hizo como que no se enteraba. Empezó a mover sus piernas mientras miraba mi examen, y no sé si haciendo a propósito que sus pies rozaran suavemente mi paquete. Cada vez me estremecía más, y ella cada vez me rozaba más, ya sin temor ninguno. Noté como me comencé a excitar, y mi polla se empezaba a hacer grande y a apretarme el pantalón. En ese momento se levantó, y acercándome el examen, se arrimó y me dijo:

-Ves, no consigo ver nada que te pueda subir el medio punto que te falta.

Como estaba descalza, y el suelo estaba frío, me preguntó si se podía sentar encima de mi pierna, que se le estaban quedando los pies helados. Yo me quedé muy cortado, porque no sabía que decir, a fin de cuentas, era mi profesora, pero lo único que hice fue asentir. Así que se sentó sobre mi pierna, y empezó a enseñarme lo que había hecho mal del examen. Hasta que no sé muy bien como pasó, noté que sostenía el examen con su mano izquierda, y con la derecha me estaba tocando la polla por encima del pantalón. Ahí fue cuando mi pene se puso a 100, y ya se me puso lo más duro que se puede poner. Ella lo notó, y me dijo: “Vamos a pasar un buen rato”.

Se lanzó sobre mi boca, y me besó como nunca nadie me ha besado, moviendo su lengua por todos los rincones de mi boca, con deseo, con pasión, con excitación… Le quité la camisa con decisión, y comencé a sobarle los pechos por encima del sujetador. Se levantó de mi pierna, y se echó sobre su mesa, a la vez que se desabrochaba el pantalón, y se lo bajaba hasta las rodillas. Terminé de bajárselo, y vi que llevaba un tanga de color negro, a juego con el sujetador.

Le duró puesto un minuto, enseguida se lo quité, le abrí de piernas, y comencé a comerme su coño depilado hasta el último detalle. Estaba muy rico. Luego se incorporó, me sentó otra vez sobre la silla, me quitó todo lo que llevaba puesto, y me empezó a lamer la polla de abajo a arriba, pero sin tocar el capullo. Eso me excitó más aún. Deseaba con excitación, que tocase mi glande con su jugosa lengua. Me hizo sufrir un par de minutos, pero al fin llegó:

-Siiiii –Gemí.

Me empezó a chupar el capullo con deseo, como si hiciese mucho tiempo que no se comía una buena polla. Cuando terminó de comérmela, sin dejar que me levantase de la silla, se sentó sobre mi polla, introduciéndosela hasta los huevos. Que calentito estaba. Comenzó a moverse de arriba abajo sin parar. Hasta que ella llegó al momento cumbre:

-Ahhh, me corro –Me susurró al oído.

Yo no llegué a la vez que ella, así, que se levantó de mi polla, volvió a agacharse y volvió a introducirse mi polla en su boca. Esta vez, con cuatro lengüetazos que me pegó, llegué a la eyaculación. Me corrí, como no me había corrido en mi vida, y de una forma que no había hecho nunca, en su boca.

Así fue como eché el primer polvo con mi profesora. Llevamos casi un mes saliendo, porque después de esto me comentó, que llevaba desde abril enamorada de mí, y que no me había dicho nada porque yo era su alumno, y porque no sabía cómo iba a reaccionar yo. Así que comenzamos a salir, y de vez en cuando (todas las semanas), nos escapamos a su despacho, y lo hacemos con desenfreno. No sé si es porque nos deseamos con pasión, o porque nos da morbo que nos puedan pillar, y nos puedan echar a los dos.

Esta es mi historia, y espero que con ella os hayáis divertido un poco. Sólo espero que Nuria no vea que he contado nuestra historia, porque como se entere me mata. ¡Ah! No me aprobó, pero me consuela verla todos los días en clase, en esa asignatura que no me quiso aprobar, pero no sé por qué me da, que esta vez apruebo…

Autor: Sergcib

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Con mi maestro de religión

Introdujo su verga dentro de mí, más la metía más me dolía, pero más quería sentirla adentro, al cabo de un rato aprecié como sus testículos golpeaba los míos síntoma de que ya había entrado toda, él comenzó su mete saca, yo sentía delicioso, incluso tuve mi primer orgasmo que fue interminable, mojé toda la cama, creí que me había orinado, pero no, era la leche que me había salido.

Hola amigos, a continuación les voy a contar la experiencia que tuve hace algún tiempo con un profesor de mi colegio el cual llamaré Carlos.

Yo soy un hombre casado, padre de 4 hijos ya mayores casi todos, solamente me queda uno de 9 años, tengo una ligera tendencia a tener sexo con hombres, desde esta experiencia que les estoy narrando, me considero pasivo, me casé por miedo a las enfermedades especialmente la del sida, encontré una mujer la cual no es muy caliente en la cama y eso ha ayudado.

Este relato es de cómo desperté ese deseo que llevo por dentro de mí ser y no puedo gritar al mundo o satisfacer por el qué dirán y por mis hijos.

Todo sucedió cuando estaba en el colegio, yo estudiaba en un colegio de sacerdotes salesianos, cosa que a mí no me gustaba pues no habían mujeres y estaba en esa edad (tenía 18 años en ese entonces), en que lo que quería era tener sexo con alguna mujer, soñaba con eso. Bueno resulta que fue pasando el tiempo no tenía tiempo para tratar de ligar a nadie, un día estaba jugando voleibol, era un partido muy intenso ya que la rivalidad de los equipos era de hacía mucho tiempo y la cancha estaba llena de público, entre el público estaba Carlos mi maestro de religión, un hombre que siempre que se me acercaba me trataba con mucho cariño.

Él era un hombre ya un poco mayor para mi edad de unos 45 años, era sacerdote y era muy carismático, siempre durante la merienda que era de una hora, se rodeaba mucho de muchachos como de mi edad a contarles cuentos e historias que nos fascinaban a todos, resulta que durante el partido yo me golpeé en un pie, por lo que tuve que dejar de jugar, Carlos muy amablemente me atendió, me llevó a un aula donde estuvimos solos, me comenzó a masajear el muslo derecho que fue donde recibí el golpe, me dijo que me quitara la pantaloneta para poder hacer su trabajo mejor, yo sentía muy agradable los movimientos que él me hacía con sus manos, fue subiendo poco a poco hasta tocar mis testículos que sentí muy agradable, creo que él sabía lo que hacía, me dijo que me diera vuelta para frotarme la parte trasera de mi muslo, y fue igual.

Lo hacía con tanta ternura que poco a poco me fui excitando, Carlos cada vez subía más su mano hasta llegar a tocarme mis nalgas, yo lo dejé porque la verdad es que sentía muy agradable, en uno de esos movimientos se animó a tocarme el ano con uno de sus dedos lo cual sentí muy interesante, una extraña sensación se apoderó de todo mi cuerpo la cual era muy deliciosa, yo me estremecía todo, Carlos me preguntó:

– ¿Te gusta? yo le dije que si, él seguía masajeándome el ano y yo me ponía más caliente, sacó mi calzoncillo y ya no me acariciaba con sus dedos si no comenzó a utilizar su lengua, me la pasaba por mis nalgas y yo me estremecía más aún porque la verdad es que nunca había sentido nada parecido, se animó y me pasó su lengua por mi virginal ano y más era mi placer.

El tiempo se nos estaba acabando porque él tenía que regresar a impartir lecciones y yo tenía que ir a recibirlas, Carlos vivía en el colegio, todos los sacerdotes tenían un edificio de departamentos al lado del colegio donde cada uno tenía su dormitorio privado, Carlos me dijo debemos irnos hay que ir a clases, yo deseaba que el tiempo no hubiera transcurrido, pero Carlos me dijo: – Te espero en la entrada de los apartamentos después de clases para continuar con tu masaje y yo gustoso le dije que estaba bien, para el final de las lecciones de ese día faltaban 4 horas las cuales han sido las más largas de mi vida, ya que yo quería vivir una experiencia sexual.

Nunca me imaginé que fuera con un hombre y menos con un sacerdote, no me acuerdo cuales fueron las lecciones que recibí ese día sólo pensaba en lo que había sentido con los masajes de Carlos y quería volver a sentir. El tiempo pasó y a la hora de salida de clases esperé que todos mis compañeros de estudio se fueran retirando a sus casas para yo escabullirme hasta los apartamentos de los curas de la institución, nosotros los alumnos teníamos terminantemente prohibido acercarnos allí y menos entrar en ellos, para poder llegar hasta Carlos debía de ser muy astuto y cuidar que nadie me viera.

Cuarenta y cinco minutos después de haber salido de clases y luego de sortear algunos obstáculos llegué hasta el departamento de Carlos, nerviosamente toqué el timbre un par de veces lo cual me puso más nervioso aún, al salir Carlos me quedé sorprendido, ya no tenía su hábito de sacerdote, salió a abrirme la puerta con pantalón y una camiseta al cuerpo, nunca lo había visto sin el hábito, era un hombre para su edad bastante conservado, tenía un cuerpo atlético. Yo le dije tímidamente hola, él me respondió: – Pasa rápido para que nadie te vea, pasé, la habitación, constaba únicamente de una cama, dos sillas y una mesa pequeña, el baño con su servicio, yo como estaba tan nervioso le solicité el baño inmediatamente, me dijo si pasa, allí en el baño muchas cosas pasaron por mi mente entre ellas que estaba haciendo allí.

Yo era joven y no sabía qué hacer, muchas cosas pasaron por mi mente en ese momento, pero el recuerdo de lo que había sentido durante aquel masaje que me había dado Carlos hacía que me quedara en esa habitación, salí del baño y allí estaba Carlos con su mirada me decía todo, yo no pude sostenerle mi mirada así que le dije: – Aquí estoy para que termines lo que empezaste, él me contestó:    – Claro que lo terminaré, quítate el pantalón para poderte empezar a masajear y así lo hice, me senté en una de las sillas, pero Carlos me dijo: – No, allí y me señaló la cama.

Yo acaté como buen muchacho, él comenzó con sus movimientos en mi muslo, se fue acercando a mi boca y sin pensarlo me dio un beso el cual yo respondí y a partir de ese momento nos besamos con pasión, era mi primer beso con otra persona, él como todo un profesional me metía la lengua muy adentro de mi boca y fue así como se me fueron quitando los nervios para entrar en un trance de pasión y excitación que creo Carlos también lo vivía, ya que yo era un adolescente y él era mi profesor de religión y sacerdote, los dos nos comenzamos a calentar, yo me quedaba como inmóvil a todos los movimientos de Carlos, me sacó la camisa, me quitó los calzoncillos y quedé como vine al mundo, él comenzó a chuparme todo mi cuerpo y me sentía como flotando, era muy agradable, eso nunca lo olvidaré, además era mi primera experiencia.

Carlos chupaba mi verga que yo tenía parada, luego me dio vuelta y comenzó a chuparme las nalgas, para ese momento ya era todo de Carlos, él podía hacer lo que quisiera, no tenía voluntad para nada, sólo para quedarme quieto y que Carlos me hiciera gozar, después de unos diez minutos de chuparme las nalgas me levantó un poco de mi cintura quedando mi culito parado a la vista de Carlos y él empezó a chupármelo deliciosamente, yo le respondía con unos movimientos circulares y él metía su lengua hasta donde le llegara dentro de mi virginal culito, estaba muy excitado y quería que me metiera su verga dentro, lo cual le pedía, pero él me dijo: -Se paciente, ya la tendrás toda adentro, primero quiero que me la chupes.

Me quité de la posición en que estaba y comencé a meterme la verga de Carlos dentro de mi boca, pero como no era muy experto, Carlos me decía como tenía que chuparle. – Chúpala como si fuera un helado me decía y yo así lo hice, la chupaba como si fuera una paleta, se la sobaba como lo había visto a él hacérmelo, Carlos estaba muy excitado, me dijo que me volviera a poner en la posición en que estaba anteriormente porque se había acercado el momento de que mi culito se comiera su verga, así lo hice.

Carlos sacó una crema de su mesa de cama me la puso en todo mi ano, incluso metió uno de sus dedos lo cual me dolió un poco, pero sentía mucho placer, acercó la punta de su verga y la fue introduciendo poco a poco dentro de mí, entre más la metía más me dolía, pero más quería sentirla adentro, al cabo de un rato sentí como sus testículos golpeaban los míos síntoma de que ya había entrado toda, me preguntó:

– ¿Te duele no? ya no le respondí, entonces Carlos comenzó su mete saca, yo sentía delicioso, incluso tuve mi primer orgasmo que fue interminable, mojé toda la cama, creí que me había orinado, pero no, era la leche que me había salido.

Carlos mientras tanto seguía con su mete y saca, cuando él iba a terminar me dijo: – Quiero que te tomes toda mi leche, porque a partir de hoy serás mi alumno favorito, yo le dije que si, sacó su verga de mi culito y la puso en mi boca, la metí dentro y enseguida sentí como se venía dentro hasta casi ahogarme.

Esta fue mi primera experiencia sexual, fue con un hombre y ha sido la más deliciosa de todas, después de esta vez seguí visitando a Carlos casi todos los días en su departamento y soy el alumno de mejor calificación en la materia de religión…

Agradeceré mucho sus comentarios.

Autor: Enriquedelsur

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Follando en el vestuario con mi profe

Ella me confesó su gran calentura, se levantó y se posó encima de mí metiéndosela sin ningún tipo de dificultad, no paraba de gemir, pero con cautela, los dos sabíamos que podría entrar cualquiera en el vestuario, ya que no se cerraba con llave, y no era nada conveniente que se escuchasen los gritos, la verdad es que no tardó demasiado en acabar, y me dijo que nunca se hubiera esperado ese tamaño.

¿Nunca te lo has montado con un profesor/a tuyo? La verdad es que ese ha sido uno de mis mayores deseos… en el colegio de Barcelona donde en ese entonces estudiaba, siempre me había gustado espiar a las chicas, aunque nunca pensé que me atrevería a hacerlo con una profesora, pero debo confesar que la profesora de mi clase de educación física era increíble… tenía un cuerpazo digno de escultura… rubia, 36 años, con unas tetas firmes, alrededor de la talla 90, y un culo bestial… cuando hacíamos clases de aerobic siempre me ponía detrás de ella y no le quitaba la vista de encima mientras bailábamos todos siguiendo sus pasos.

Lo curioso es que la pared en frente de la que bailábamos estaba plagada de espejos, con lo cual incluso podíamos vernos las caras, y recuerdo una ocasión en que el tanga casi sobresalía de sus mallas, de lo ajustada que las llevaba… aquél día me quedé más embobado que nunca contemplando ese precioso culo; tanto rato y tan descaradamente la estuve mirando, que no pudo evitar darse cuenta, y me miró a la cara, a través del espejo, y, por supuesto, vio claramente mis ojos puestos en su culo. Yo reaccioné apartando de allí la vista, pero nuestras miradas se cruzaron, y cuando yo pensaba que la había cagado, ella me sonrió como incitándome a no dejar de mirarla… y continuó bailando con un ritmo y entusiasmo aún mayores…

Desgraciadamente la clase tenía que acabar… y cuando nos íbamos se acercó y me dijo que me había visto muy atento a sus movimientos en clase, que había seguido perfectamente sus pasos, y acercándose poco a poco a mi oído añadió dulcemente que era su mejor alumno (a la vez que yo notaba como rozaba su pecho con mi brazo descubierto); se apartó y me dijo que, puesto que era su última hora del día, ella también se iba a duchar mientras lo hacíamos nosotros, pero en el vestuario de profesores, lógicamente, puntualizando que se lo tomaría con mucha calma debido a lo cansada que estaba.

A todo esto yo reaccioné duchándome el primero de todos y, haciendo lo posible para que mis colegas me perdiesen de vista, me dirigí al vestuario de los profesores. Sigilosamente y sin hacer un solo ruido abrí la puerta… un poquito nada más, y la pude ver ya con las mallas fuera, mostrando su perfecto trasero y con la espalda también descubierta, pero sin girarse. Procedió a bajarse el tanga, y se envolvió en esa toalla blanca que tanto resaltaba en su piel morenita… estaba muriéndome por no poder verla del todo desnuda… lo necesitaba… tenía la tranca como un cohete ya, y el miedo por ser descubierto todavía me excitaba mucho más. Como no podía ver como se duchaba, entré al vestuario cerrando la puerta lo más despacito que pude. Entonces me fui adentrando hasta poder recuperar mi perspectiva. Estaba realmente nervioso. Al asomarme ya estaba duchándose, de nuevo de espaldas a mí… no había forma de que se girase, pero su culo me seguía teniendo embobado.

Al rato decidió ponerse jabón, se empezó a untar todo el cuerpo, y con los ojos cerrados se dio la vuelta, al fin… dejando ante mis ojos descubierto ese cuerpazo… se empezó a frotar suavemente, desde su rubio cabello, bajando por el cuello, hasta toparse con sus fascinantes senos, se los apretaba y separaba repetidamente, poniéndome cachondisimo. Yo estaba medio escondido en el vestuario, pensando en que si abría los ojos no me vería… y me daría tiempo a ocultarme del todo, pero afortunadamente cuando los abrió, sí que me vio; tan sólo un segundo mientras era acariciada por el champú que se derramaba desde sus cabellos (quién fuese champú en ese momento, pensé).

Probablemente hacía rato que sabía que yo estaba allí… no lo se… pero estoy seguro de que me vio… pues volvió a sonreír, igual que en la clase de gimnasia, para seguir frotándose el cuerpo… y poco a poco ir aproximándose a lo que, en ese instante, más deseaba yo en el mundo… Se empezó a enjabonar bien, durante un largo rato, y a medida que el tiempo pasaba se le iba escapando algún ligero y suavísimo gemidito… claramente no estaba tan sólo enjabonándose… pero sin dejar de tocarse, y sonriendo, volvió a meterse en el agua, apartando todo el jabón y dejando brillar a su cuerpo… increíble…

Entonces frenó el chorro de agua, dejó sus manos libres para coger su toalla… pero antes de empezar a secarse, susurró: ven… yo no estaba seguro de haberlo entendido, y seguía un poco atemorizado por la situación… pero lo repitió elevando el tono de voz: ven. En ese momento me miró fijamente, y yo me dejé ver, sonrió y me invitó a ir hacia ella con la mano, mientras tapaba su cuerpo con la toalla… tímido me acerqué, la sonreí, y cuando estuve en frente suyo me empujó, dejándome sentado en el banco del vestuario, entonces me tapó la cara con la toalla, dejándome un segundo descubiertos los labios, para besarlos, sólo un instante, y con muchísima suavidad, haciendo que se me estremeciese todo el cuerpo…

En ese instante se sentó completamente desnuda como estaba encima de mí, me levantó los brazos y me quitó la camiseta, para seguidamente hacer chocar sus pechos con mi cuerpo, mientras empezaba a besarme, lamerme y morderme el cuello y las orejas… me estaba poniendo a 100, y empezó a restregar su coño por mi polla todavía tapada, no paraba de moverse… y le pedí, que por favor me desnudara del todo, que no quería agujerear mis calzoncillos nuevos… increíblemente obedeció, y empezó a lamérmela como nunca me lo han hecho en la vida…

Primero suavemente con la lengua, recorriendo cada rincón de mi miembro y de sus acompañantes, para continuar con una felación de toda la vida ejecutada a la perfección, arriba y abajo, saboreándolo todo… no pude evitar correrme, pero justo antes de hacerlo la avisé y me miró, con mi polla en su boca, y volvió a sonreírme de esa manera… tan sensual… tan morbosa… tan provocativa… dándome pie a empapar su boca con mi leche cual una ametralladora que no cesaba de disparar.

Ella entonces me confesó su gran calentura, que por otro lado era evidente… y con mi pene firme de nuevo, se levantó y se posó encima de mí… metiéndosela sin ningún tipo de dificultad… y cabalgando sobre mí con una fuerza increíble. No paraba de gemir, pero con cautela, pues los dos sabíamos que podría entrar cualquiera en el vestuario, ya que no se cerraba con llave, y no era nada conveniente que se escuchasen los gritos… la verdad es que no tardó demasiado en acabar, y me dijo que nunca se hubiera esperado ese tamaño.

A pesar de todo seguíamos ardientes, y yo tenía que volver a acabar, pues no está bien dejar las cosas a medias… así que me propuso, sin darme tiempo a opinar, ponerse a 4 patas y que volviese a bañarla con mi leche, pero esta vez por el culo… ese precioso trasero que tanto había mirado, deseado, codiciado… así lo hicimos… y disfruté aún mucho más, gracias a la presión que se notaba cada vez que entraba y salía… sus gemidos se acrecentaron un poco, también los míos…

Me dio la sensación de que le provocaba dolor de veras… pero eso era lo que parecía hacerla disfrutar todavía más… la confusión de placer y dolor, junto al temor de ser descubiertos, alumno y profesora, en el mismo recinto escolar… el morbo era bestial. Todo ello provocó que mi segunda corrida fuese todavía mayor a la primera, nunca olvidaré el tremendo grito que dejó escapar en cuanto notó la estampida blanca que acababa de emerger de mi polla.

Autor: Loving you

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