Mi hija, mis sobrinos y yo

Creí que aquella estaca me rompía, pero sentí enseguida el placer de sentirme llena, empecé a sentir a Jesús  jadear,  supuse que se iba a correr y enseguida  sentí en mi coño como se llenaba  de leche caliente de aquel sobrino que me estaba volviendo loca. Aceleré pero sentía que la seguía teniendo dura, estaba loca me iba a correr, sentí un latigazo recorrerme todo el cuerpo y me corrí.

Lo que les voy a contar me sucedió hace apenas 15 días, acabábamos de llegar a la casita  que tenemos en la playa en la costa catalana, vinimos, mi hija Rosa, bueno todos los nombres son inventados claro, José Luis mi marido y yo y nos trajimos a los hijos de mi hermana pues ellos están de viaje en México. Juanjo tiene 19 y Jesús 18 igual que mi hija así  que siempre se han llevado los tres muy bien. Los tres son bastante altos pues has heredado de mi familia, Rosa mide igual que yo 1,70 aproximadamente y mis sobrinos superarán el 1,80 los dos.

Rosa siempre anda con regímenes pues está rellenita, y tiene un buen culo, y le gusta el dulce un montón, además,  como yo, tiene bastante pecho y usa una cien. Lo que ocurrió fue que uno de los días yo había bajado a la playa, como siempre sobre las diez de la mañana, allí me encuentro con unas amigas y como mi marido está trabajando hasta el mediodía no suelo subir a casa, y ellos  tres se suelen quedar durmiendo pues salen de marcha casi todas las noches y  se levantan a las mil. Ese día se estaba nublando un poco y se levantó aire frio, además me acordé que no había sacado del congelador unas cosas para la comida, así  que sobre las once y media me subí para casa. Todo estaba en silencio e imaginé a los tres dormidos, les había oído llegar  a las tres de la madrugada, así  que hice como siempre, me quité en la cocina el pareo y el bikini lo eché  a la lavar y subí a m habitación a ducharme y ponerme algo.

Al pasar por delante de la habitación donde dormían mi sobrinos me pareció oír algo, la puerta estaba medio abierta, no lo podía creer, Rosa inclinada sobre la cama de Jesús que boca arriba le acariciaba,  le amasaba casi sus enormes  tetas y ella le estaba mamando una polla enorme que yo no había visto tan hermosa, mientras Juanjo desde atrás cogiéndola de su hermoso culo se la estaba follando, el primer impulso fue entrar pero en un primer momento me di cuenta que yo estaba desnuda, luego pensé que si entraba y les descubría así  nunca sería nada igual ni con mi hija ni con mis sobrinos.   Me quedé mirando sin poderme mover, veía como Rosa cogía con su mano el enorme pene del más pequeño de mis sobrinos y se lo metía una y otra vez en la boca mientras Juanjo se la metía una y otra vez y la hacía gemir entrecortada. Casi a la vez uno dentro y el otro en la boca de mi hija se corrieron, la leche chorreaba entre los labios de mi hija, en los de la boca y en los del coño se habían corrido bien los dos.

Estaba notándome húmeda y caliente con aquella especie de orgía de la que nunca pensé de mi hija fuese capaz, sin darme cuenta mi mano estaba entre mis muslos notándome y acariciándome. En eso Jesús se incorporó sobresaltándome y haciéndome volver a la realidad de que les estaba espiando y desnuda salí rápidamente y me metí al baño más próximo por miedo a que me viesen. Apenas había entrado en el baño la puerta se abrió y era Jesús,  desnudo  con su polla flácida pero enorme, se sobresaltó al verme allí y desnuda. Balbuceó asustado “- Perdón, no sabía que habías vuelto y que estabas aquí”. Intenté disimular “- Si vas a mear entra me voy a duchar” “- Ah, ¿te has despertado ya? ¿Que pronto hoy no? ¿Rosa y tu hermano seguirán dormidos seguro no?” “-Si si Juanjo si, Rosa supongo”

Rápidamente me metí en la ducha cerrando, pero no del todo,  la cortinilla. Jesús se puso a mear y yo podía verle la enorme polla que me tenía extasiada, y que me estaba poniendo tan caliente. Vi que él, por el espejo creyendo que yo no le veía,  me estaba mirando.  Sin saber por que, actué en esos momentos como una zorra, enjabonándome con parsimonia, casi acariciándome las tetas, que yo también usaba una cien y que mis pezones estaban duros y excitados y se me ponen enormes y colorados. Vi que no terminaba de mear, que entretenido por lo que estaba viendo no se daba cuenta que llevaba ya un rato que había terminado y seguía allí de pie frente a la taza con su polla en la mano: También me di cuenta que esta empezaba a crecer, que se le estaba poniendo dura de nuevo. No dije nada y abriendo mis muslos empecé a jabonarme mi coño, despacio pasando mi mano suavemente entre ms labios, mirando como mi sobrino se le había puesto dura, tiesa, enorme de nuevo y que se la estaba meneando sin apenas darse cuenta.

Había perdido mirándome la noción del tiempo y el sitio y seguía allí de pie, con la polla dura espiándome por el espejo. Se sobresaltó cuando corrí la cortina y salí de la ducha,

“-¿Todavía aquí?”

Pregunté como si no supiese que estaba allí. No supo que contestar asustado como un niño al que le han pillado mirándose la polla dura. “- Vaya – le dije- antes no la tenías así  cuando entraste? ¿Que te ha pasado? Se había vuelto con la intención de salir del baño y me puse desnuda frente a él, con su enorme polla casi rozando mi vientre,. “-¿Supongo que no se te habrá puesto así  espiando a tu tía no? Y acercándome hasta que ahora si su polla pegaba a mi vientre. Él estaba caliente y asustado pero yo estaba que me quemaba mi vagina que chorreaba jugos. “- ¿No me digas que no te ha dejado relajado la mamada que te ha pegado Rosa?.  Le pregunté según le cogía su polla con mi mano. Balbuceó “-Tía yo …es…que…” . “-No no voy a decir nada, no quiero que sepa mi hija y tu hermano que os he visto y enturbiar nuestra relación y espero que tu tampoco cuentes nada”.

En ese momento había yo perdido el norte, la compostura y todo, estaba caliente como una perra en celo y solo pensaba en meterme aquella polla en la boca y ser follada por mi sobrino. “– ¿Y qué pensabas para ponerte así? ¿En tirarte a tu tía después de a tu prima?”. Le dije. “- No tía es que….es que….me gustas mucho, te he visto en topless en la playa pero al verte desnuda…”. Pegado a él fui bajando con su polla entre mis manos, pasándola entre mis tetas, hasta que ya de rodillas, empecé a lamerle suavemente el capullo, a chuparlo y  meterlo entre mis labios, levanté la cabeza y le recordé “- Nadie tiene que enterarse de nada, de nada eh?” Asintió con la cabeza entre confuso excitado y avergonzado. Yo volvía a meterme el capullo en la boca y fui tragándome el resto de aquella preciosa herramienta,  me levanté de nuevo suavemente rozando con todo mi cuerpo su palo duro, “- Nada de nada ¿eh?” le volví a repetir.

Le besé entonces en la boca apretándome contra él y sintiendo su polla clavarse en mi vientre. Había perdido todo el control y solo pensaba en fallármelo, cogiéndole de la mano, desnudos los dos, le lleve a mi dormitorio. Me tumbé al borde de la cama abriendo mis piernas, dejándole ver mi coño,  velludo, abierto y húmedo. Se arrodilló y llevé su cara a él para que se lo comiese, sentía su lengua inexperta lamer mis labios, subiéndola entre ellos, rozando mi clítoris, estaba tan caliente que creí me iba a correr ya. Me senté al borde y levantándole, pasé su polla por mis tetas, acariciando con su capullo mis pezones, sintiendo como con sus jugos los humedecía. Me recosté en la cama y le tumbé a mi lado para ponerle sobre mí y sentir de una vez aquella polla tan generosa dentro de mí. La cogí con mi mano dirigiéndola hacia mis labios, al sentirla rozarlos me estremecí, creo al a la vez hicimos el mismo movimiento de que se clavara en mi.

Creí que aquella estaca me rompía, pero sentí enseguida el placer de sentirme llena, muy llena, empecé un movimiento con mis caderas suave y la sentía tan dura, tan dentro de mí, empecé a sentir a Jesús  jadear,  supuse que se iba a correr y enseguida  sentí en mi coño como se llenaba  de leche caliente de aquel sobrino que me estaba volviendo loca. Aceleré pero sentía que la seguía teniendo dura, estaba loca me iba a correr, le grité que me comiera los pezones que parecían iban a reventar, al sentir sus labios calientes en ellos sentí un latigazo recorrerme todo el cuerpo y me corrí, me corrí como  jamás lo había hecho con su tío, mi marido.

Le mandé volver a su habitación, recordándole lo dicho, por ese pacto de que ninguno contaría nada. Nunca ha vuelto a pasar nada, pero desde ese día tengo una mala conciencia por lo sucedido, y leyendo otros relatos me he decidido a contarlo, por si alguien le ha ocurrido algo parecido y como lo ha superado.

Un beso a todos.

Autora: Amanecer

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