Y me dominaste

El domingo que había sido siempre una pelea entre salir a pasear por una ciudad casi fantasma o quedarnos en casa intentando descansar frente a un interminable trabajo de la semana, me propuso una sorpresa. Mi ánimo agotado, de una semana cansona, se volvió inerte a su propuesta, y después de las indirectas sumamente directas, acepté la invitación. Con un misterio nada común en ella, tomamos las cosas y salimos. En la autopista le pregunté a dónde íbamos y lo único que conseguí fue que me obligara a recostarme en el asiento, echara todo el cuerpo para atrás, pero antes, debía sacar de la guantera una tela negra que me insistió debía amarrarme a los ojos. Read more

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