Amelia

Amelia cerró las piernas dejando mi pene totalmente aprisionado entre sus piernas, entre el calor de su concha y la humedad de sus flujos por la excitación mi pene podía moverse a lo largo de su sexo, frotando con mi pene sus labios e imitando el movimiento de la penetración. Era una sensación indescriptible, los dos sumergidos en nuestro mundo de lujuria, rodeados de toda esa gente.

Amelia es una mujer que he conocido en mi ciudad, en la ciudad donde ahora resido. Ella es una mujer mayor que yo, tiene 36 años y yo tengo 27. Es una mujer guapa, imponente, que levanta pasiones allá por donde pasa. Todo comenzó un año en el que yo trabajaba de camarero en una piscina de la ciudad. Era una piscina municipal y allí iba bastante gente para darse sus baños, tomar sus clases de natación, leer algún libro con la música de fondo y también para tomarse alguna copa mientras el calor sofocante imponía el ritmo del verano. Amelia siempre venía con su grupo de amigas, entre las cuáles se encontraba mi jefa. Todas las tardes se juntaban en la terraza para jugar unas partidas al parchís, tomarse sus cafés, alguna que otra copa para rebajar la comida, un poco de charla y también para que sus hijos e hijas se bañaran.

Al principio la relación era muy normalita, un hola, un hasta luego, cosas de ese estilo. Pero el hecho de vernos todos los días en la piscina hizo que entre todos se hiciera una amistad muy sana y bonita. Yo al principio no me había fijado en ella para nada, puesto que era una mujer casada, mayor que yo y con una hija, aunque siempre tenía en cuenta que era muy hermosa y con un cuerpo bastante bonito. Así que cuanto más nos íbamos conociendo más me fijaba en ella, sin querer me quedaba embobado mirándola jugar con sus amigas, hablaba con ella en cuanto tenía ocasión, nos reíamos e incluso empecé a jugar con ellas en sus habituales partidas mientras que mi compañero me hacía el turno y aprovechando que no había demasiada gente a la hora que llegaban.

La chispa saltó el día que cerrábamos la piscina, puesto que todas las amigas se tomaron unas copas de más y esa alegría les hizo meterse en el agua y quitarse a todas el bikini, cosa que a todos los presentes (amigos de las mujeres y los empleados) nos hizo ponernos bastante nerviosos y excitados. Así pues, una vez que se salieron de la piscina con sus bañadores puestos otra vez, fueron detrás de todos para irnos metiendo uno por uno en el agua. Como es normal, yo no me dejé coger de primeras, para darle un poco de emoción y hacer el juego más excitante, pero en cuanto vi que ellas ya perdían el interés me dejé coger y me llevaron hasta el borde de la piscina. Justo en ese momento Amelia, sin previo aviso, saltó encima de mí, por la parte de delante y se situó con sus hermosas piernas alrededor de mi cintura, sintiendo yo el contacto de su piel en la mía y notando un ligero roce entre su sexo y el mío, cosa que hizo despertar el miembro que tenía dormido hasta ese momento. Al notar como crecía mi miembro me tiré yo rápidamente a la piscina para que ninguna de las mujeres presentes lo notase. Claro está que Amelia sí que llegó a notar ese hecho, puesto que una vez que caímos al agua se mantuvo un poco de tiempo más abrazada a mí sumergidos.

Está claro que toda esta situación debió de durar unos 5 segundos, pero me dio la sensación de que se trataba de horas. Aún cuando lo recuerdo me parece que estuve muchísimo tiempo abrazado a ella. Al final todo quedó así aquella tarde y cada uno siguió haciendo su vida como si todo aquello no hubiera pasado, pero yo tenía muy claro que eso había ocurrido y que posiblemente nunca lo podría olvidar, o por lo menos a medio plazo no lo olvidaría.

Pasaron los días y las semanas y aquello se iba quedando como un recuerdo, hasta que una noche la chispa volvió a saltar. Era un sábado noche, yo estaba con los amigos de fiesta, como casi todos los fines de semana. Iba un poco pasado de copas y la euforia me podía, por lo que estaba todo el rato bailando, charlando y divirtiéndome. Una de estas veces que me puse a bailar me di cuenta que justo de espaldas a mi estaba Amelia, vestida con una falda azul clara que le llegaba unos 7 dedos por encima de la rodilla. Una de esas faldas con vuelo, que no son ajustadas, sino que cuando bailas y das una vuelta algo rápido se ve todo, también llevaba una camisa blanca y unos zapatos de tacón. Pues bien, me acerqué a ella por la espalda haciendo como que no la había visto, y justo cuando pasé a su altura mi mano recorrió justo por la parte de arriba donde termina la falda, rozando su espalda de una manera sutil y muy suave.

Este ligero roce hizo que le corriera un escalofrío, porque inmediatamente se dio la vuelta para ver quien había hecho eso, con una cara algo descompuesta debido a la sensación y sorpresa del acto. Justo cuando se dio cuenta de que el culpable de esa agradable sensación había sido yo, esbozó una gran sonrisa a la cual no respondí con otra. Me cogió del brazo, nos dimos un par de besos y nos pusimos a charlar sobre el tiempo que llevábamos sin vernos y de la ilusión que nos hacía ese encuentro. Le pregunté por su marido y me dijo que estaba en la barra, con sus amigos tomándose unas copas y que ella estaba con sus amigas bailando un rato. Al final me despedí de ella y me a la barra donde estaban mis amigos y a pedirme otra copa.

Yo me había quedado un poco alterado por su reacción cuando le pasé la mano y la agradable conversación, cosa que hizo aflorar nuevamente todos aquellos sentimientos y sensaciones que despertó esa tarde en la piscina, así que cuando llevaba medio cubata volví a salir a la pista de baile. Tengo que decir que esa noche había mucha gente bailando debido a que eran las fiestas del barrio, por lo que me costó una barbaridad conseguir llegar hasta ella, aparte de que en ese momento estaban poniendo una de las canciones del verano y todas las mujeres salieron a bailarla. Después de un gran esfuerzo conseguí volver a ponerme detrás de ella, al principio sin hacerle caso para ver si ella se daba la vuelta y me veía, pero ella bastante tenía con esquivar los codazos y pisotones de toda la gente que bailaba. Al final, toda esa multitud hizo que quedáramos unos enfrente del otro. Nos miramos a los ojos y sin decir nada nos dejamos llevar por el movimiento de la masa de gente y empezamos a bailar. La verdad es que no hablamos nada en esos 3 minutos de canción, pero nuestros ojos estaban fijos los unos en los otros y de vez en cuando dejábamos escapar una ligera sonrisa debido a lo excitante de la situación.

En el momento en que terminó la canción una de sus amigas le trajo una copa y ella se dio la vuelta y se puso a charlar con ella. Yo no podía dejar de mirarla y estaba deseando poseerla, no sabía cuanto tiempo más podría aguantar sin tocarla. La medio borrachera que llevaba actuó por mí, así que me puse justo detrás de ella, espalda con espalda, y de forma disimula puse mi mano sobre su culo, de forma muy sutil. Tengo que decir, que en la pista de baile de esa discoteca las luces son muy tenues, por lo que no se ve muy bien dentro de la pista, lo cual no quita que se pueda ver todo si pones atención en ello.

Ella torció la cabeza para ver quien era y yo hice lo mismo para ver su reacción, pero al ver mi cara y saber que era mi mano, reculó un poco más hacia mí y siguió charlando con su amiga. Ahora tenía la mano metida entre su culo y el mío y podía notar toda su nalga en la palma de mi mano. Apreté con fuerza mi mano para agarrar esas nalgas que me volvían loco y aproveché para darme la vuelta.

Una vez en esa posición y con mi mano todavía enganchada en su mollete, mi otra mano se posó en el otro mollete de su culo. Ahora la tenía cogida de sus dos nalgas y me encontraba totalmente excitado. Esa situación de morbo de que alguien pueda llegar a descubrirte, el hecho de que su marido estuviera en la barra, la cual no podía ver por la cantidad de gente que estaba en la pista de baile y, también, el hecho de que ella me dejara hacer provocó en mi que dejara escapar mis instintos más animales. La gente seguía bailando y yo estaba ya pegado a su culo completamente. Entre su culo y yo no cabía un folio. Mi sexo estaba que se salía casi por encima del pantalón, en mi vida me había notado mi polla tan grande y gorda, parecía a punto de explotar. Así que aproveché para bajar un poco más mi mano y rozar sus muslos por la parte de atrás, notando esa piel suave y tersa, un poco húmeda por el calor de la gente. Coloqué mi miembro justo entre sus dos nalgas para que ella lo notara, ella me movió ligeramente al notar eso y creo que estuvo a punto de huir, hasta que notó como subía la mano que tenía por detrás, hasta llegar por debajo de su falta justo hasta donde empiezan sus nalgas.

Ahí ella dejó de poner la leve resistencia que me dio a entender un segundo antes. Con mis dedos intentaba encontrar el inicio de sus bragas, pero no lo encontraba, subí un poco más para ver si llegaba hasta su tanga, pero tampoco lo encontraba, así que seguí subiendo un poco más la mano hasta que mis dedos tocaron su vagina. Ella había abierto un poco sus piernas para sentir mejor mi miembro justo apoyado entre su culo y mi mano jugando en la entrada de su tesoro.

Mis dedos empezaron a pasar a lo largo de sus labios vaginales. Ella se mojaba por momentos, incluso me llegó a parecer que se estaba meando, pero era demasiado espeso para ser orina. Su amiga se había ido hacia la barra hacía un rato, pero yo me acababa de dar cuenta, y con todo lo que estaba pasando estábamos justo al lado de una viga que hay en mitad de la pista. Mi espalda chocó contra la viga y dejamos de movernos por un segundo. Yo estaba que no podía más, si no me sacaba la polla esta me iba a reventar dentro. Así que desabroché los botones de mi pantalón y saqué mi pene, siempre tapado por las faldas de Amelia. Ella notaba que yo no hacía nada, así que se pensó que todo había terminado y se disponía a andar fuera de la pista de baile, cuando yo la cogí suavemente de la cintura con la mano izquierda, mientras que con la derecha le levantaba la falda justo hasta la altura de mi polla.

Así, mientras que ella reculaba un poco debido a que yo la sujetaba, de una forma rápida puse mi pene en el hueco de sus piernas. Ella se llevó un gran susto, pues no se esperaba que yo hiciera eso, pero yo la seguía sujetando de la cintura y se abandonó a lo que pasara. Amelia cerró las piernas de repente, dejando mi pene totalmente aprisionado entre sus piernas, y entre el calor de su concha y la humedad de sus flujos por la excitación mi pene podía moverse a lo largo de su sexo, frotando con mi pene sus labios e imitando el movimiento de la penetración.

Era una sensación indescriptible, los dos sumergidos en nuestro mundo de pasión y lujuria, rodeados de toda esa gente, algunos conocidos y otros no, con la música a toda pastilla, el calor, el sexo por nuestras venas…, era un cúmulo de cosas que hacían que nos excitáramos de sobremanera. El ritmo de nuestra pseudo-penetración era cada vez más frenético, yo creía que iba a poder aguantar un par de minutos más, pero de repente ella frenó en seco, noté que se ponía muy tensa y que abría un poco las piernas como para que yo sacara de ahí mi pene, pero no me dio tiempo a reaccionar a la situación. Justo enfrente nuestro vi acercarse a su marido, con un cubata en la mano y con una borrachera bastante considerable. Debido a la cantidad de gente que había o la chispa que llevaba no se fijó demasiado en mí, más bien miró a su mujer por encima del hombro y vio mi cara detrás, pero al lado de la mía había un par de cabezas más de la gente que estaba bailando.

El marido se puso delante de ella a bailar y hacer tonterías al ritmo de la música, pero mientras que asimilaba toda la situación, me di cuenta de que yo todavía tenía mi pene entre sus piernas y que mi erección no se había bajado del todo, más bien seguía prácticamente igual que antes. Así que en ese momento, en vez de echarme hacia atrás y salir de allí, lo que hice fue todo lo contrario, empecé a moverme lentamente detrás de Amelia, restregando nuevamente mi pene con su vagina, ella tensa del todo que no sabía que hacer, al principio quieta del todo y con su cara pálida, pero al cabo de unos segundos ella empieza un ligero vaivén, siguiendo el ritmo de la música y sin perder de vista los ojos de su marido. En ese momento ella pega un par de saltitos, como siguiendo el compás de la música y justo en ese momento y debido a mi tremenda erección, cuando cae en ese segundo saltito y deja caer su peso sobre mi miembro, la cabeza de éste se entierra en su vagina. Esto hace que yo me tenga que agachar un poquito más.

Ella cuando lo nota, vuelve a dar otro pequeño saltito, no sé si para que saliera mi punta o para que entrara más, pero al estar mi miembro tan erecto y con la punta ya introducida, lo que consigue al caer otra vez es que mi miembro se introduzca mucho más y yo me tenga que agachar un poquito más. Ya no había marcha atrás, mi miembro estaba dentro de ella, su vagina lo había asimilado perfectamente al estar tan mojada por los juegos anteriores y ahora no podría de dar más saltitos.

Gracias a la viga no me caí al suelo, puesto que la sensación que estaba experimentando, ese placer tan grande que sentía casi hace que me desmaye. A cada saltito que ella daba más se metía mi pene en su vagina y más rara era mi postura. Ella dejó de saltar, se puso de puntillas y mecía su cuerpo hacia atrás y hacia delante, sin parar. Se notaba que ella estaba cerca del orgasmo, al igual que yo, porque ya no coordinaba sus movimientos y se le notaba que no iba al ritmo de la música, sino al ritmo de nuestros placeres. Su marido mientras tanto no se enteraba de nada, estaba bailando con un grupo de hombres que estaban a 3 metros de nosotros.

Yo ya no podía más, cogí a Amelia de la cintura con las dos manos con fuerza y empezamos el ritmo de meter y sacar más rápido que nunca, estábamos a punto de estallar ambos. Ella estaba con los ojos cerrados y la boca abierta, dejando escapar jadeos que eran amortiguados por el ruido que nos envolvía, pero que yo podía escuchar al estar tan pegado. Yo me encontraba prácticamente igual, ambos estábamos fuera de nosotros mismos.

En ese momento noto que ella empieza a convulsionar, a sufrir espasmos en su vagina, cosa que hace que sus labios vaginales opriman con más fuerza mi miembro y lo exprima. Ella se está corriendo y se le escapa un ligero grito, yo empiezo a correrme al mismo tiempo que ella. Noto como sus fluidos empapan mi pene y ella nota como yo la lleno de mi leche. No sé si ella soltó más o menos fluidos que yo, pero aquello era una auténtica catarata de placer. Nuestras piernas temblaban, ella se tuvo que recostar totalmente en mi cuerpo para no caerse. Yo apoyé todo mi peso en la viga para aguantar su cuerpo y el mío, ¡había sido el mejor polvo de mi vida!

Esta postura duró no más de unos minutos, hasta que ambos logramos recuperar ligeramente las fuerzas y el aliento. Cuando saqué mi miembro de su vagina una cantidad de leche y flujos de ella corrieron por sus piernas y mis pantalones. Ella se dio la vuelta, me miró a los ojos durante breves segundo, acercó su boca a mi oído y me dijo: “Gracias por lo que me has hecho, eres un cielo”.

Me dio un beso en la oreja y se fue.

Esa noche ya no la volví a ver…

Autor: Alfonso

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Nuevas experiencias

Me introdujo el consolador en la concha, yo estaba gozando como loca pero nada comparado cuando lo encendió y empecé a sentir como vibraba, estaba disfrutando como nunca. En ese momento tomó mis piernas dejándome el vibrador dentro de mi concha y apoyó su verga en mi culo, comenzó a metérmela hasta que me lo metió por completo al igual que el consolador.

Hola, soy Amelia y tengo un nuevo relato que me gustaría compartir con ustedes, les comentaba anteriormente que soy una mujer de 35 años bajita de 1.55 delgada cabello largo morena clara, boca mediana y ojos grandes unos senos pequeños pero bien formados una nalgas paradas un culito respingón, bueno eso es lo que dice mi novio, y creo que tiene razón.

Mi novio tiene 38 años, él es bajito, de 1.60 mts de altura, está un poco llenito, no gordo, moreno claro, ojos grandes, muy expresivos un boca delgada, y los dos vivimos en DF.,  todo comenzó cuando recibí un mensaje de mi novio diciéndome  que si estaba lista para la tarde y que se le había ocurrido que me masturbara en el trayecto al motel dentro del carro, debo aclarar que ya lo hemos hecho en otras ocasiones solo que esta vez quería que compráramos un consolador.

Yo jamás en mi vida había usado uno pero me dio curiosidad además del morbo por ver que se sentía así que no tuve mucho problema en aceptar y bueno pensé que sería algo diferente para nuestra cita como en cada ocasión que siempre tratamos de ponerle algo nuevo a nuestras citas, así que nos pusimos de acuerdo para vernos fuera de un sex shop que se localiza cerca del lugar donde trabajo.

Cuando llegó me subí a su auto, me dio un beso muy caliente y me bajó la mano para darme un fuerte apretón de nalgas y manosearlas un poco y me dijo si estaba lista para entrar y escoger mi verga de hule, le respondí que si, entramos de inmediato, en el lugar se encontraban dos jóvenes que escogían algunas películas en un rincón, la que atendía era una mujer que se encontraba en una silla de ruedas y un hombre, los dos jóvenes, de unos 28 o 30 años de edad, la que nos atendió fue la chica que nos dijo que se nos ofrecía, que tenía un variedad de consoladores, ya que era lo que estábamos viendo en esos momentos y él me preguntaba que cual quería.

Como vio que tenía un poco de pena y no le contestaba me dijo que  me parecía  una azul de 22 cm y yo por no estar más en ese lugar porque la verdad me incomodaba un poco le dije que estaba bien, aunque en realidad me pareció un poco exagerado, y pensé que jamás iba a poder usar semejante cosa, una vez en el carro lo sacó de su estuche y  como traía pilas incluidas me pidió que me fuera en la parte de atrás del carro y que comenzara a masturbarme de camino al motel, como ya venía bien caliente de todo lo que estuvimos platicando durante el día le hice caso.

Ese día llevaba puesto una falda verde arriba de las rodillas y una tanga negra, así que me senté en medio de los dos asientos en la parte de atrás, él se puso en marcha y acomodó el espejo de la visera para poder ver por medio del espejo, yo abrí mis piernas e hice de lado la tanga y comencé a tocarme el clítoris, rápidamente me puse bien caliente, él me decía que abriera más la piernas y que me siguiera tocando.

Así estuve un rato, mi concha  estaba súper mojada, me escurría de los dedos todo el flujo que tenía por la calentura, así que deseaba tener su verga y como no podían dármela en ese momento tomé el consolador y comencé a flotarlo por mi concha, al ver esto mi novio se sacó su verga y comenzó también a masturbarse, en ese momento no aguanté más y me comencé a introducir, primero fue la puntita pero al cabo de un rato ya tenía más de la mitad, metiendo y sacándolo de mi concha, y cada vez más rápido.

En ese momento le tocó un alto y aprovechó para sacarme el juguete y meterme tres dedos en la cocha, después sacó uno de los dedos completamente mojado de mis flujos y me lo introdujo por el culo el cual no costó ningún trabajo introducírmelo hasta el fondo, y en ese momento me vino uno de mis orgasmos más placenteros que he tenido en mi vida, y que solo reaccioné cuando nos tocaron el claxon por que ya estaba la luz verde.

Pero esto apenas comenzaba, ya que llegando al motel se bajó rápidamente a pagar, bajó la cortina y se subió en la parte de atrás conmigo se bajó los pantalones, al verle la verga tan parada  me abalancé a ella como desesperada para mamársela, él se recostó también en el asiento para tocarme las nalgas y meterme los dedos en la vagina, alterándolos para meterlos en mi culo, hubo un momento en que tenía tres dedos en el culo y tuve un tremendo dilema, ya que por un lado deseaba que me llenara la boca de su caliente leche, y por el otro que me metiera su verga lo más profundo en mi culo.

Situación que rápido solucionó al sentir como subía y bajaba algo de mi concha a mi culo, al darme cuenta supe que se trataba del consolador, una vez que lo había lubricado perfectamente con los jugos de mi vagina lo acercó a la entrada de mi culo que ya se encontraba totalmente dilatado después de haber tenido dentro apenas unos momentos antes tres dedos, me lo comenzó a introducir lentamente.

Por un momento había olvidado el tamaño de semejante aparato hasta que nuevamente lo comencé a sentir como se abría paso dentro de mi culo provocándome un pequeño dolor que rápido desapareció, una vez que se encontraba a tope comenzó a sobar mi clítoris y a meterlo y sacar cada vez más rápido, al tiempo que yo le mamaba su verga de la misma forma, hasta que sentí sus chorros de leche caliente en mi boca y yo corriéndome al mismo tiempo que él.

Tal como lo había deseado, tener una verga en la boca llenándomela de leche y otra en el culo, terminé un poco adolorida pero después de un rato que nos recuperamos subimos al cuarto, nos dimos un ducha, y al salir del baño me cargó y me subió al tocador, abrió mis piernas y comenzó a darme un tremenda mamada en mi concha que rápidamente me puso muy cachonda, ya que lo sabe hacer de una manera tan exquisita que no tardé mucho en volver a tener un nuevo orgasmo.

Después de eso me bajó del tocador y me puso al filo de la cama boca arriba, tomó el consolador y me lo introdujo en la concha, yo estaba gozando como loca pero nada comparado cuando lo encendió y empecé a sentir como vibraba, era una sensación totalmente extraña para mí, pero que estaba disfrutando como nunca.

En ese momento tomó mis piernas y las levantó un poco dejándome el vibrador dentro de mi concha y apoyando su verga en la entrada de mi culo comenzó a metérmela poco a poco, hasta que me lo metió por completo y poco a poco comenzó a meter y sacar cada vez más rápido al igual que el consolador.

Yo comencé a dar unos gritos de placer, que en más de una habitación los debieron de haber escuchado, lo cual excitó más a mi novio y comenzó a moverse cada vez más rápido hasta que terminó por inundar mi culo de cremas, las cuales una vez que me sacó su verga escurrían a chorros.
Después de esto me dijo que me había parecido tener dos vergas metidas al mismo tiempo y le contesté que me había fascinado, a lo cual respondió, que si no me gustaría que en lugar de un consolador no fuera una verga real,  y le contesté que sí, que me gustaría mucho, tengo que confesarles que él ha sido la única persona con la que he tenido relaciones y aunque he hecho de todo con él, me gusta la idea de sentir una verga diferente, y aparte de ser cogida por dos vergas al mismo tiempo por mis diferentes orificios.

Esperamos que podamos cumplir nuestra fantasía pronto. Espero que les haya gustado nuestro relato cien por ciento real a excepción de mi nombre claro y que lo omito por obvias razones.

¿Otra semana en soledad? No más, registrarte gratis y encuentra lo que buscas http://www.yunu.com/ y goza con la pareja.

Autora: Amelia

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Mi madurita top model del trabajo

Sus pezones eran rosados, no aguanté mucho y comencé a chuparlos, besarlos, tomé uno de sus pechos, mientras la besaba en la boca, con mi otra mano recorría su vulva sobre el pantalón, cuando noté que empezaba a gemir apreté aún más fuerte y ella continuaba con sus movimientos para sentir mis caricias, bajé un poco su calzón, que mata de pelos tenía, impedían llegar a su coñito.

Hace bastante tiempo que me gusta leer relatos y si bien he tenido algunas experiencias que pueden ser contadas, nunca me atreví a escribir…Lo que relataré a continuación es cien por ciento real… ¡Y sucedió hace muy, muy poco!

Mi nombre es Eduardo, soy un tipo normal de un metro setenta y dos, tez blanca, ojos claros y contextura normal, de 44 años de edad, felizmente casado y con 4 hijos. Nunca antes había montado cachos, mucho menos podía imaginarme haciéndolo, tampoco me considero una persona extrovertida en extremo, pero a medida que voy ganando confianza, pues me abro mucho más en mi relación con las personas y siempre me ha gustado jugar y atacar con mucho sarcasmo e indirectas con doble sentido a ver hasta donde llego o me deja llegar a las mujeres con quienes frecuento socialmente o laboralmente hablando.

Todo ocurrió en la oficina donde laboro desde hace unos cuatro años, una típica empresa familiar de mediano tamaño.  Desde que llegué a trabajar con el grupo y a pesar que mi actividad profesional no está directamente relacionada con la actividad comercial del grupo, por tratarse de una ramificación comercial de la cual yo directamente me haría cargo, la imagen hacia terceras personas, compañeros de trabajo, etc de mi persona y capacidad profesional era muy alta.

Al presentarme a cada uno del personal que labora en la empresa sabía que ese trabajo me cambiaría mi vida y no tuve duda de ello desde que la vi por primera vez, supe que sería mi compañera de trabajo favorita en la oficina y fuera de ella y que su belleza física cambiaría mi fidelidad hacia mi pareja afectiva y más temprano que tarde ella sería mi gran amante y no sé que más.

Amelia es administradora de profesión, responsable del manejo diario de la contraloría y finanzas del grupo, un trabajo estresante y de altísima responsabilidad.  Ella tiene 42 años, mujer madura, económicamente independiente, deportista, de cuerpo atlético, muy bien formado y conservado, de pelo amarillo claro, hermosos ojos verdes, con unas suaves y hermosas tetas y un culito bien redondo, digno de usar como prototipo de cirujanos plásticos, además de todos estos atributos, es suficientemente hermosa e inteligente para derretir a cualquiera que le interese pero lo suficientemente madura para que no cualquiera le montara los cuernos.

Más que una administradora más bien parece una hermosa top model o actriz de cine.  Casada y con una picara hija, era la responsable partir de ese día de mis sueños, apetencias sexuales y deseos eróticos.  La idea de poder ser amantes en un futuro cercano comenzó a formar sentido en mi mente.  Tenía que ser mía, era la meta, mi objetivo dentro del ambiente de trabajo y comencé a preparar mi plan de ataque.

Al principio demostré muchísimo profesionalismo en la relación diaria, esa era mi estrategia para entrarle más fácilmente y ganar algo de confianza. Reuniones de trabajo entre mi personal, mis jefes y Amelia demostraban que ambos estábamos muy bien enfocados profesionalmente, que nuestros patronos tenían una alta estima en nuestro trabajo y que les gustaba nuestra actitud y entrega hacia la oficina y los objetivos de trabajo.

Afortunadamente y muy rápido logré que Amelia avalara mi trabajo diario, lo que ayudó de sobremanera mi estrategia de ataque.  Diariamente buscaba conversar con ella en horas de receso laboral o buscaba cualquier excusa para consultar alguna actividad contable por tonta u obvia que ella pareciera, pero era suficiente excusa para poder reunirnos más.  Llegó el primer diciembre y decidí que era el momento de comenzar a romper el hielo de las conversaciones profesionales y las mismas alternarlas con conversaciones más personales.

El viejo truco del regalo de fin de año fue la estrategia, una pulsera de fantasía, de poco valor comercial pero con inmensos resultados.  A partir de ese momento Amelia y yo comenzamos a conversar no solo de cuestiones de trabajo, sino comenzamos a incluir temas banales pero personales al fin y al cabo, nuestra casa, nuestros hijos, el colegio, hobbies, etc.

Pasaron los meses y nuestras conversaciones banales, siempre en el trabajo eran cada vez más amenas y largas, comenzábamos a tenernos cada vez más confianza el uno con el otro y esa confianza permitía que comenzara a trabajar mejor mi plan de ataque.  Amelia hasta ese entonces siempre le había sido fiel a su marido pero ella aceptó igualmente y comenzó también a jugar y seguir el sarcasmo mío.

Trabajo de hormiguita muy lento pero efectivo, así llegó su cumpleaños y esta vez la invité almorzar y aproveché de entregarle otro pequeño regalo y tuve por primera vez la ocasión de hablar con ella del tema de pareja de cada uno, ambos fuimos muy sinceros y abiertos como lo hacen 2 amigos que se conocen pero no intimidan.  La ventaja de esto es que no tenía que suponerme mucho más.  Su vida sentimental era estable, más sin embargo se abría la sutil ventana de poder aceptar algo más.

La cena de fin de año de la empresa, fue considerada mi mejor jugada para conquistarla.  Asistí a ella y decidí no compartir exclusivamente con Amelia la velada, el no mostrar mis deseos e intenciones para con ella, disfrutando y compartiendo la cena de navidad con todo el personal de la empresa, de mesa en mesa por tiempos más o menos iguales.  Por supuesto, antes de la cena ya le habría ofrecido llevarla de vuelta a casa después de la celebración, al igual como le ofrecí a otras 2 compañeras de labores.

Al finalizar la fiesta la llevé a su casa y nos despedimos como cualquier compañero de trabajo hasta supuestamente el año siguiente, deseándole la mejor de las suertes y los mejores deseos para el próximo año, no sin antes en el frente de su casa nos quedamos conversando durante unas 3 horas antes de despedirnos, Un pequeño beso de despedida prendió la llama del deseo.

Al reiniciar el año siguiente, decidimos compartir cada vez más tiempo, conveníamos en salir a almorzar juntos, frecuentábamos al mismo tiempo los breaks para tomar café, solo porque queríamos estar el uno del otro  y por supuesto las indirectas y sarcasmos eran cada vez más obvias.  Fue así como en una celebración de despedida de una compañera de trabajo, con la cual no tenía mucha relación, ni motivos para ir pero Amelia me convenció que la acompañara, pues ella era su jefa y por lo menos necesitaba pasar un rato en esa despedida, acepté el ir.

Terminamos bebiendo tequilas y cerveza entre algunos compañeros, donde el calor y el alcohol hicieron efecto para terminar besándonos, por primera vez,  a vista de los demás, no importaba nada, ahí fue la primera vez que sentí esa lengua maravillosa que se retorcía junto a la mía, fue exquisito, no pasó nada más que besos. Ya en el trabajo no solo buscábamos hablar, sino que también y seguíamos buscando oportunidad para besarnos, parecíamos jóvenes ardientes, pero sin querer pasar a la siguiente fase por temor a las consecuencias en nuestras vidas privadas.

Un sábado yo cargado de trabajo extra llegué a la oficina para adelantar un poco y por casualidad de la vida, Amelia se encontraba en la oficina ajustando unos balances que se necesitaban con urgencia para el lunes siguiente. Fue como caído del cielo,  esta es mi oportunidad dije en mi interior, fue así que al verla me acerqué a ella con toda la intención, luego de saludarla comencé a  acariciarle el pelo, lo desenredaba, olía a frescura, sus rulos suaves caían sobre sus hombros, los cuales separé para besarla detrás del cuello, luego supe que bajo la oreja y detrás del cuello se calentaba mucho, súbitamente dejó  la carpeta de los balances y sin importarle más nada se dejó acariciar, respiraba en su cuello, acariciaba su espalda, besaba sus hombros hasta que finalmente fui por esa boca que me devolvió el beso, nuestras lenguas se retorcían, queríamos comernos a besos, respiraba agitada, hacía calor y nosotros aumentábamos la temperatura, era como un volcán en erupción luego de años de inactividad, necesitaba tocar y masajear esas hermosas tetas, fuente inagotable de tantas pajas en su honor.

Corrimos abrazados a la sala de reuniones donde hay un sofá en cuero, nos acostamos sobre este y  comenzamos el manoseo, nos abrazábamos, nos besábamos, tocaba todas sus partes, saqué su blusa y quedaron esas hermosas tetas a la vista, luego pasé mi mano por su espalda y con ella misma retiré el sujetador, sus pechos apuntaban al techo, y descasaban hacia los costados, sus pezones eran rosados, no aguanté mucho y comencé a chuparlos, morderlos, besarlos, con mis dos manos los agarraba, crucé mi mano por su espalda y tomé uno de sus pechos, mientras la besaba en la boca, con mi otra mano recorría su vulva sobre el pantalón, cuando noté que empezaba a gemir, apreté aún más fuerte y ella continuaba con sus movimientos, para sentir más fuerte mis caricias, abrí su cierre y bajé un poco su calzón, que mata de pelos tenía, impedían llegar a su coñito…

De tanto intentarlo logré por fin introducir un dedo en su húmeda concha, solté su teta y le bajé el pantalón, arrastrando su calzón, con mis piernas terminé de bajárselo completamente, era mía y ella lo sabía, estaba desnuda con sus piernas abiertas, emanando olores a hembra, me saqué mi camisa y giré colocándome de costado, su culo sobre mi verga y mi mano entre sus piernas, la punteaba y le tenía metido dos dedos en su mojada almeja, ella agarró una de sus tetas y se la metió en la boca, era increíble verla tan caliente, se besaba el pezón, agarré su mano libre y junto a la mía la hice que se tocara, por lo que he visto existen distintas formas de pajear a una mujer y a ella le gustaba fuerte, con tres dedos y mi mano sobre su clítoris, me soltó mi mano y se revolvía para ambos lados, noté que faltaba poco para su primer orgasmo, su cara estaba desencajada, abría las piernas y apretaba mi mano, hasta que se corrió entre jadeos.

Eran las 4 de la tarde y el trabajo quedó en el olvido, nuestros cuerpos sudorosos, me sentí de puta madre pensando que le conseguí un orgasmo con mi mano, rápidamente me bajé los pantalones e intenté clavarla, fue cuando me dijo que estaba en sus días y podía quedar preñada, no me gusta con forro fue mi respuesta, pero tuve que acatar si quería culear, y fue así como me puse un condón que llevaba en mi billetera siempre, luego abrí sus piernas, apunté y todo adentro, empecé a meterlo con fuerza, ella se quejaba y gemía, con mis manos sobaba sus tetas, agarraba su culo, la besaba, el sudor caía todo era calentura, seguimos por un buen rato.

Cuando le dije te lo saco, me miró agarrándose una teta y me dijo mételo, metémela toda, no la saques, le pregunté por qué, me dijo estoy caliente y quiero tu rabo, para mí era el fin de tantas pajas, para ella el comienzo de una infidelidad, su marido en su trabajo y ella en el sofá con sus piernas abiertas y yo en su interior, no quise correrme debe haber una mejor manera que con forro, quise bajarme y besarle la concha, me dijo que no, le gustaba estar bañada antes, cagué dije internamente, me saqué el condón y la abracé, terminé mi tarea con tres dedos nuevamente en su zorra y ella corriéndose nuevamente…

La abracé por su espalda, sintiendo el rico sabor a transpiración, sus tetas estaban mojadas, su raja también, seguí tocando y apretando su cuerpo contra el mío, la transpiración empezó a correr por su espalda, mojando su culo, yo aun lo tenía duro por cuanto empecé a deslizar mi pico por la raja de su culo, no faltó mucho para llegar a su agujero, hice un poco de presión y me sorprendió más aún al momento que empujaba sus anchas caderas hacia atrás, no había duda quería que la enculara, no podía entrar, me estaba cansando, pensaba que no podría, hasta que siento que mi cabeza está en su interior, era como si me hicieran una paja con dedos, ella apenas hablaba y me decía despacio mi amor, nunca lo hecho por ahí, no puede ser dije yo, una hembra tan hermosa, casada y virgen del culo, no te preocupes lo haré despacio.

Mentí y de una la enculé chocando mis huevos, lo hice rápido por si se arrepentía, me dejó hacer, la giré boca abajo y empecé el mete y saca, su culo era estrecho, parecía de verdad que era virgen, sus gemidos eran gritos ahogados, mordía los almohadones del sofá,  aumenté la fuerza y ya no pude más descargando toda mi leche acumulada, le llené su redondo y estrecho culo con leche, me salí, sé que hay que sacarlo despacio pero todo lo hacía con brutalidad, queriéndola hacer pagar por tanto tiempo perdido entre ambos….nos besábamos y descasamos un rato, hasta que nos lavamos en el baño.

Me dolía el pene de tan estrecho culo que rompí, en el baño le pasé gel de jabón por su espalda, no faltó mucho para que estuviera listo de nuevo, pero lo mío era su coño, fue así como me senté y ella abrió sus piernas con sus manos me entregó su dulce almejita frente a mi cara, quien iba pensar que en una tarde la vi chuparse las tetas, me entregó su culo y más abría sus piernas para que le chupase la raja, solo quería sentir, como queriendo dejar una marca de fuego para volver a hacerlo, fue grandioso…

A partir de entonces los trabajos de ambos en la oficina los sábados se han hecho rutinarios y las extensas horas de trabajo y de reuniones a puerta cerrada en la sala de conferencias pues se ha hecho una bellísima rutina, ¡Así si da gusto trabajar!

Autor: Eduardo

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