La psicologa me engaño XI

Bajé a mi cuarto de sirvienta con una mezcla de sentimientos que me confundían hasta la desesperación. Por un lado, había visto la cruda realidad de mi Ama Marcela. Una mujer desalmada y cruel, quien se había apoderado de mi cargo de gerente en la compañía para la cual trabajaba y, de paso de todos mis bienes, al unísono de haber acabado con mi matrimonio y toda posibilidad de vida familiar, desde hacía ya dos interminables años hoy cumplidos. Como aniversario de mi esclavitud, había sido regalada con la llegada del nuevo inquilino declarado como Novio de mi Señora y nuevo Amo mío y acto seguido se me había permitido asistir a mi primera luna de miel de mis Amos-Amantes.

Había sido presentada ante mi nuevo Amo, no solamente como esclava y sirvienta, sino también con la orden perentoria de convertirme en la puta personal y propiedad de mi Señor Marcos subordinada a sus más ínfimos caprichos. La buena noticia había sido mi exitoso debut como mujer exuberante ante los ojos de mi ahora Dueño y Señor. No había dejado de notar el trato preferencial que había recibido del hermoso efebo, y el contraste manifiesto entre mi Ama como mujer y yo, su sirvienta, claramente superior en todo como fémina. Creo no equivocarme al afirmar, que la intención de la señora Marcela con su novio era utilizarme como cebo, para atraerlo definitivamente a su lado, ya que ella sola no lo había logrado en todo este tiempo como jefa del asistente de sugerencia.

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Mi desafío

22:00. Él tocó el timbre puntual como siempre. Cinco minutos antes había dado el toque final a mi producción personal. Siempre lo hago para él. Desde que empiezo a elegir el vestuario de cada encuentro mi cuerpo se prepara para lo que vendrá… Esa noche iba a ser diferente a las otras. Una sorpresa para él, un desafío para mí… Read more

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Ángela.

Aquella tarde había quedado como tantas otras veces con un grupo de amigos, todos interesados en el BDSM, para charlar, tomar un par de cervezas y reírnos un rato, nada realmente apasionante. Aquella tarde vino Ángela, una chica sumisa que no conocía, era de pelo castaño, nariz respingona y unos ojos que denotaban simpatía y desparpajo. Pasamos la tarde entre risas y no se como ella y yo congeniamos, nos caímos simpáticos. Cuando llegó la hora de despedirnos, ambos nos quedamos con ganas de más. Pero ninguno de los dos teníamos tiempo para más.

Al dia siguiente, decidí invitarla a casa a cenar, sería la ocasión de seducirla y hacerla mía, así que quedamos a las 21:00 horas en mi casa.

Justo a las 21:00 horas en punto, sonó el timbre de mi casa, abrí la puerta y cuando la vi, me quedé sorprendidísimo, Ángela  venía espectacular, su pelo perfectamente peinado sobre sus hombros, un vestido negro a medio muslo con escote palabra de honor, y unos stiletto rojos con un tacón que mínimo median 10 cm.

La hice pasar, y serví un par de copas de un buen vino, para tomarlas mientras se hacia la cena, las cuales bebimos entre charla, risas y miradas cómplices, los dos sabíamos cual era el fin último de aquella cena… Pasamos a la mesa y empezamos a cenar un rico solomillo con salsa roquefort, regado con el mismo vino que habíamos tomado antes de la cena. En ese momento, metí mi mano por debajo de la mesa y empece a acariciar uno de sus muslos, y entre el tacto de sus medias, y el de la seda del vestido, empece a calentarme ya en demasía. Ella sonreía y se dejaba hacer, lo cual me ponía mas caliente todavía. Cuando terminamos de cenar, yo ya no podía más, así que me levanté, ella me imitó, y la cogí de su pelo, estirando fuertemente de el

— ¿Vas a ser una putita buena y me vas a hacer caso verdad?

— Si, soy suya para lo que necesite– contestó.

Entonces la llevé al medio del salón, donde la puse con las piernas abiertas y los brazos en cruz, a que esperase (me encanta hacer esperar a las sumisas, cuando ya saben por donde van los derroteros, hace que se calienten muchísimo más, pensando en lo que vendrá a continuación). Mientras tanto, fui al baño, y me di una larga y relajante ducha, excitado por lo que tenía en el salón. Cuando volví al salón lo hice desnudo y con mi verga totalmente erecta de lo cachondísimo que estaba.

Me pare justo detrás suya, y rodeándola, agarré sus pechos por encima del vestido mientras le echaba el aliento en su nuca. Noté como se le erizaba el vello. Poco a poco y en completo silencio le iba bajando la cremallera de su vestido. Cuando terminé, y sin permitir que ella bajara los brazos, que ya le debían doler bastante de mantenerlos en cruz tanto tiempo, le di una vuelta completa admirando tanto las curvas y la voluptuosidad de su cuerpo como la increíble lencería roja (tanga y sujetador a juego) de raso y encaje que llevaba, era realmente una mujer espectacular.

Mientras iba al dormitorio a por un vibrador y otros juguetitos para jugar con ella, le dije que fuese quitándose el sujetador y el tanga, y se tumbase en el sofá. Cuando volví estaba tumbada en el sofá, solo con las medias puestas, se había quitado los zapatos. La mire fijamente con mirada severa, ella me miró con miedo, sabiendo que algo había hecho mal. Cogiéndola del pelo y con voz autoritaria, pero sin gritar, le dije: –Eres una zorra mala, levanta puta. La levanté y la obligué a apoyar las manos en la pared y bajarlas hasta que su cuerpo quedó paralelo al suelo, así tendría el culo bien hacia afuera y tendría buen acceso a él.

Volví al dormitorio a por mi fusta la cual iba a usar por primera vez, llegué al dormitorio, fusta en mano, le pregunte: — A ver zorra, dime un numero del 20 al 40, vas a ser castigada, una buena puta no se quita nunca los tacones, ni siquiera para el sexo. — Si señor, no volverá a pasar– contestó. — El 25 señor.
— Vale, empieza a contar, y no te equivoques, porque si no, volveré a empezar.

Empece a descargar fustazos en su culo, variando en intensidad, y en ritmo. 1… 2… 3… 4… iba diciendo Ángela, cada vez mas dolorida, pero a la vez mas excitada, estaba demostrándome lo buena sumisa que es, le dolía, si, y sufría, si, pero ese dolor y ese sufrimiento le excitaba, y eso se notaba. 12… 13… 14… a Ángela cada vez le costaba más seguir la cuenta y entre fustazo y  fustazo se le escapaba algún gemido. En ese momento le acaricie el coño, ante lo cual ella reaccionó con un gemido en toda regla, estaba chorreando, estaba disfrutando de su castigo, de su sufrimiento… Que gran Sumisa era… 23… 24… 25… justo después del   ultimo fustazo, estalló en un gran orgasmo que la dejo temblando.

Después, la abracé, la tranquilicé, bese sus preciosos labios y le dije que me había encantado, que lo había hecho genial. Entonces la arrodillé suavemente, y hice que me la chupara, hasta que me corrí en su boca, y se lo tragó todito. Había sido una mamada espectacular. Que hembra, dios mio, que hembra!!!

Volví a abrazarla y le pregunté:

— ¿Qué Ángela, te animas a ser mi sumisa?

— Por supuesto contestó.

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Confesando un deseo I: un mundo nuevo surgió

PREAMBULO

Todo partió la noche de un matrimonio al cual mi mujer Elvira y yo fuimos invitados, vivimos en una ciudad de provincia y un viejo amigo de la Universidad nos invitó a tal encuentro. Entusiasmado por ver a mi viejo compañero en ese momento de felicidad, logré que mi mujer se entusiasmara para asistir viajando desde nuestra ciudad a la capital.

Así las cosas, el día del evento viajamos y, gracias a un amigo, pernoctamos en la ciudad a la espera del evento, en la mañana salí a hacer unos trámites y mi esposa, a la peluquería para trabajar en su peinado y en depilación completa, después de la fiesta empezaríamos nuestra propia celebración, ignoraba en lo que iba a empezar a involucrarme en ese momento, quizás ella también.

En la tarde, como a los hombres nos va más fácil, me duché pensando en los muslos suaves y la entrepierna depilada de Elvira, me masturbé pensando en aquello, terminé, me afeité y esperé a Elvira mientras se preparaba, vestido corto para cóctel, medias negras, tacos y escote de espalda y pecho bastante sugerente, nos besamos fuertemente, el deseo fluía y llamamos al radiotaxi que nos llevaría al evento.

Llegamos a la fiesta y luego de la ceremonia civil y religiosa, cenamos y empezó el baile, ella se veía muy hermosa bailando insinuando pero no mostrando, tenía una suerte de energía sexual, un aroma de hembra que a cualquiera le causaba una erección, en un momento determinado le indiqué que iba a buscar unos tragos para refrescarnos a lo que ella accedió quedándose en la pista de baile.

Un whisky y un vodka tónica eran para mí y para ella, con poco hielo y más vodka, respectivamente.

Me acerqué hacia ella con los vasos y, con gran sorpresa la veo bailando con un tipo de manera muy entusiasta, el me vio y con un gesto como de disculpa me cedió el espacio, de la inicial sorpresa y un poco de molestia, un dejo de morbo surgió al verla con otro, brindamos y nos dimos un beso de suyo más entusiasta de los que habíamos compartido, quizás por la obscuridad de la celebración nadie reparó que había introducido mi mano entre sus piernas sobando su calzón y su vulva depilada debajo mientras nos besábamos.

Continuó la fiesta y momentos después decidimos cambiarla al departamento, después del taxi, cerramos la puerta, nos desnudamos mientras íbamos a la habitación, ella me dio una mamada de campeonato continuando con su boca  hacia arriba succionando mi abdomen, mi pecho y luego con mi cuello, con los tragos estábamos excitados, a fondo y la penetré, mientras ella cabalgaba le dije

  • Me volverías loco si me pones los cuernos, verte con ese tipo me ha calentado mucho

Ella se detuvo en su cabalgata me miró y me besó profundamente con su lengua

-Eres un loquillo, como se te ocurre?

Pero su pregunta era de la boca para afuera, continuando su cabalgata hasta quedar llena con mis fluidos, nos quedamos exhaustos en la cama.

Desperté sintiendo sus pechos sobre mi pecho, ella también lo hizo y me miró muy coqueta, desayunamos y en la tarde nos fuimos a nuestra ciudad, eso sí, dejando ordenado el depto. y con un dinero extra de propina para la señora que le hacía el aseo a mi amigo.

COMO CAMBIAN LAS COSAS, LA SORPRESA

Volvimos a nuestra ciudad y, el sexo fue aumentando en su intensidad, aunque ella me dijera que era su puto, que deseaba a otros y que solo estaba por mi cosa conmigo, eso me excitaba más con lo que la intensidad aumentaba con los insultos, una noche, montada encima mío me golpeó con unas cachetadas, me tomó la boca con una mano y me dijo

  • Como putito que eres, no quiero tu carne en mi concha, a partir de ahora la vas a usar con condón, para mi goce….

Sorprendido, no dije nada pero asentí moviendo levemente la cabeza, ese trato me calentaba, me excitaba y pensaba que podía darlo vuelta en cualquier momento.

Tan equivocado estaba

Al día siguiente, compré una caja de condones, siendo pareja única no entendía este cambio, pero comprendí que era parte del juego de mi confesión esa noche, en casa, conversando ella me dijo que era parte del juego y por eso continuamos.

Semanas después, me pidió que sólo tomara su culo mientras lo hacíamos estando ella arriba, sus tetas y boca quedaban vetados como parte de nuestro juego

Tiempo después, tuve que viajar por motivos de trabajo y volvía los fines de semana, su deseo se mantenía pero poco a poco bajaba su fogosidad

Un viernes por la noche, pude viajar antes a mi casa –sí, digo mi casa, todavía- en vez de los sábados por la mañana, llegué en silencio para sorprenderla y compartir, quizás renaciendo nuestra chispa, sentí un ruido acompasado en el living, me acerqué a la habitación, prendo la luz y estaba con un tipo en plena penetración, no gritaba, sólo gemía mientras la montaba lentamente y manoseaba sus tetas y le metía la lengua hasta el fondo de la garganta, la luz no los intimidó, unos segundos continuaron hasta que él se dio cuenta, desmontándola y quedando ambos en la cama expuestos.

-Andrés, disculpa, no quería que fuera así, pero tarde o temprano te lo iba a contar- dijo ella, mientras la miraba entre indignado, sorprendido y…caliente, mi miembro se endurecía a cada rato.

– Elvira, era un juego, sólo eso, no pensé…..decía mientras eran solo palabras vacías, se levantó y con su dedo índice me tapó la boca

– No querías esto? No deseabas verme culeando a otro? No te gusta sentirte puto, un cornudo sometido?

– Si

Con eso marqué mi destino

  • Te presento a Antonio, somos amigos con ventaja, nunca ha querido negar tu matrimonio conmigo y por de pronto, para afuera somos todos amigos, siendo tú el esposo….después veremos que pase

Me besó y en ese momento me entregué, me desnudé y quise meterme a la cama, negándome ello con su mano sobre mi pecho

-Mira y haz lo que quieras pero no conmigo

Antonio la besó, la montó hacia la cama y la penetró aumentando la velocidad, caliente, impactado empecé a mover mis manos por mi cuello, tetillas, abdomen para terminar pajeandome, era el súmmum del placer y lo excitante lo que veía, él se fue dentro de ella, sin gomas de por medio….nos quedamos dormidos, ellos en la cama, yo al lado….protegido por el pisapies de la cama.

EL NUEVO TRATO

Desperté entumecido, manchado en mis propios líquidos, ellos no estaban, la cama estaba desordenada, sentí que estaban en el comedor tomando desayuno, me duché y al salir, me fui a vestir, faltaba mi ropa interior, boxers, principalmente….me puse pantalones, una camisa y fui al estar

-Andrés, querido, que vienes a desayunar, por esta vez podemos hacerlo pero como Antonio es el dueño de casa dentro de nuestro juego, tu deberás en el futuro desayunar y comer en la cocina, tu ropa interior no es necesaria, la botamos para que sepas que acá no tienes intimidad y si, Antonio

Asentí, sorprendido, sabía que podía decir hasta aquí podemos

  • El domingo cuando te vayas, recuerda que para afuera somos matrimonio y Antonio es un amigo común, pero al llegar, luego de cerrar la puerta debes desnudarte, es para saber cómo andas, que sientes, que deseas, podrás estar conmigo cuando yo lo diga y quizás con Antonio si ambos lo decidimos

Me inquietó ese comentario

  • Acá la idea es compartir, disfrutar pero dentro de los roles que tú mismo has deseado, te pido por favor te saques la ropa, podrás usarla si hay visitas y puedes hacerte el desayuno

Abajo camisa, abajo pantalones, fuera zapatos y calcetines, me vieron con cara de burla y de conmiseracion, Antonio la miró con un dejo de “con este te revolcabas”, él era alto, bronceado, musculado y bien dotado.

Me fui a la cocina a preparar mi café

UNA LUCHA INÚTIL

Y así avanzaban las semanas, trabajaba y llegaba los viernes por la noche, me bajaba del auto, en el porche me desnudaba dejando mi ropa para asumir al entrar (la llave debajo del felpudo) mi rol de esclavo y cornudo….

Los podía ver fornicar de todas las maneras mientras se me permitía masturbarme, después, debía servir los desayunos, preparar el almuerzo y la cena, hacer aseo y ordenar la habitación, algunas veces podía participar en algún trío, con preservativo y sudor como únicas vestiduras.

Un sábado por la mañana me dirigí a la ducha mientras sentía que Antonio estaba en el comedor desayunando y Elvira se había ido al gimnasio.

Pensaba con los ojos cerrados en la condición a la que ella me había reducido, de como salir y de los goces que había experimentado…

Abro los ojos y veo a Antonio observándome, desde afuera, desnudo con un gesto me señala su miembro erecto, duro,afeitado…. apago la ducha, me seco y nos quedamos mirándonos, me hizo un gesto y le seguí a la cama, en mi interior no quería hacer esto, pero Elvira me tenía sugestionado en casa, con lo de la obediencia, pensando absurdamente en que quizás volviese nuestra pasión mostrando mi lealtad y obediencia.

En la cama me sentó, tomó mi cabeza haciendo succionar su pene mientras con las manos le tomaba el culo, no lo había hecho así con un hombre, me atragantaba el deseo y su miembro, continuamos hasta que me empujó, me volteó y con mi saliva de lubricante, previo trabajo de sus dedos, me desvirgó, violado y desvirgado en mi cama, en mi antigua cama matrimonial, era lo último que me quedaba (no sabía que había mas) de a poco aumentó la velocidad hasta que me llenó, quedando ambos sudados, calientes y somnolientos en la cama, mis pezones, mi miembro y mi trasero vibraban de deseo, mi boca también. Antonio se había servido al matrimonio completo.

  • No lo puedo creer- fue lo que oí al despertarme
  • Andrés, Antonio, no me imaginaba lo marica que son
  • Elvira, espera, no es así- traté de decirle….
  • Tu no puedes hablar, esclavo, eres un cornudo, un sumiso, una cosa para mi servicio, por favor esperame de rodillas afuera en el living- salí de la habitación cerrando la puerta asumiendo mi posición en el lugar asignado. Me quedé así, por un buen rato mientra sentía como discutían.

No percibí el paso del tiempo, me molestaban mis rodillas, cuando llegó ella

  • Andrés, veo que asumes ser parte de mi dominio y de Antonio- quise decirle que el se había propasado, abusado de su propiedad pero no podía abrir la boca.
  • En ese sentido, creo que deberás asumir algunas decisiones o esto servirá –mostrando su celular- para demostrar que me has sido infiel pudiendo divorciarme sin dejarte nada….infidelidad homosexual, cualquier juez la entendería para compensarme.
  • No
  • Si, esta semana renuncias a tu trabajo, nos entregas todo tu dinero, cierras la cuenta y te asumes como lo que eres, si el viernes no llegas con eso ordenado, tus padres, los míos, amigos y parientes sabrán en la primera semana,en  la segunda te demando….y te saco con lo puesto, es decir, nada.

Ese viernes llegué con la renuncia a mi trabajo, el cierre de la cuenta y el documento de traspaso de dineros y bienes a Elvira…..ella los destruyó frente a mi, guardó mis documentos de identidad y me hizo mantener nuestra rutina por ultima vez….para empezar a aumentar la intensidad de su control lo peor de todo…..me gustaba

UN NUEVO TRATO UNA NUEVA VIDA

Era demencial, era absurdo para alguien de afuera, pero el deseo me atenazaba al saber que Elvira controlaba todos los aspectos de mi vida, quizás esperando que con ello estuviéramos más conectados física y emocionalmente, dándole cuenta de mi deseo y amor hacia ella. Equivocadísimo estaba.

La miré con deseo, mientras sentía que mi miembro se endurecía al ver como destruía mi vida cotidiana,  al terminar me miró la cara, bajó su visión, dándose cuenta de mi bulto, cambiando su cara a una de burla, me sentí avergonzado y humillado

-Andrés, esto no es un jueguito pajillero, tu has dado cuenta que eres incorregible y piensas que todo es una especie de juego sexual, te equivocaste conmigo, al soltar el deseo de ser un cornudo, un puto cornudo y maricón, abriste en mi el deseo de saltar las convenciones, las reglas y las cosas que parecen “normales”. Antonio, es para mi  goce, tu, para mi servicio y quizás cuando me queden ganas… tu no tienes nada,  –ante mi mirada de sorpresa que evidencié, continuó- Otra cosa, tu no puedes mirarme a los ojos, estas para mi servicio, eres mi todo servicio acá… quedé expuesto delante de ella y Antonio, se acercó a mí, tomó con su mano derecha mis pelotas, y a mis oídos dijo –que desperdicio, le daremos un mejor uso a esta cosa que no mereces.

Me ordenó irme a la pieza de invitados que, para mi sorpresa estaba reducida a un colchón de espuma, dos platos cerealeros y una bacinica…ella detrás mio…. la miré humildemente, dándome ella un golpe en el pecho con el diario de ese día que llevaba enrollado en su mano.

-Otra vez, aprende que no puedes mirarme a los ojos, esta es tu habitación, no saldrás hasta cuando te lo diga, comerás en los platos y la bacinica es para tus necesidades diarias, una vez al día, si me acuerdo, podrás lanzar tus desechos al inodoro…. acá estas para servir, darme placer si me apetece y darte cuenta de lo que te perdiste por tus calenturas huevonas, ahora te pones a lo perrito, si quieres sobre el colchón y espera instrucciones- sentí una mirada burlona de Antonio, quizás una mueca, cerrando la puerta y sintiendo como cerraba con una aldaba que percibí de reojo al entrar a la habitación.

Todo había cambiado…..y debía estar así hasta que ella decidiera, estaba a mil pero no podía hacer nada, mi destino estaba en sus manos, pasando varias horas hasta que se abriera la puerta

EL CAMBIO ES CADA VEZ MAS RÁPIDO

Pasaron las horas, seguía en esa habitación, sentía los ruidos cotidianos de la casa, mientras seguía  a lo perrito sobre el colchón, mejor dicho colchoneta, a la que se había reducido lo que era mi cama matrimonial en mi propia casa, cama matrimonial que usaban Elvira y Antonio si es que no me usaban a mi. Pensaba a mil que es lo que me iba a pasar, que iban a hacerme, de por que aceptaba esto, quizás pensando en hasta donde llegarían mis límites o deseo, pese a la postura, de a poco pasaba de la sorpresa y humillación a sentir un calor en mis manos, mi pecho, mis caderas, mi miembro.

Ni pensarlo, me senté, levanté mis manos tratando de evitar lo inevitable, tomándome la cabeza, las bajé por mi cuello, sudado, más por los nervios, bajé por mi pecho, mis tetillas necesitaban un masaje de manera urgente, la transpiración me lubricaba el pecho, seguí con mi mano izquierda masajeando mi tetillas mientras mi mano derecha, de a poco bajaba hasta mi miembro, mi pene, en un ultimo esfuerzo dirigí mis manos a mis testículos, sobándolos suavemente, pero era imposible, mi mano estaba conectada a mi pene, la masturbación partió con una, después con las dos manos, la eyaculación fue placentera, liberadora, mi cuerpo se relajó, quedándome dormido sobre ese colchón, mi placer era privado, mio, no me lo habían quitado.

Era un sueño profundo, reparador, interrumpido por un golpe frio, inesperado –Despierta, maricón pajero, esa colchoneta es para que duermas no para que la manches con tu moco!!!- Elvira me sorprendió con lo que me dijo, me incorporé, me había lanzado el contenido de un jarro de agua para despertarme.

  • Te había traído este jarro para que lavaras, putito, pero me indigna que hagas lo que tu quieras, por eso, no puedes lavarte por hoy.

Estaba de rodillas mirando al suelo en posición sumisa ante ella, sentía la mucosidad en mis piernas y me avergonzaba que se secara quedando con incomodidad ante mi eyaculación.

  • Disculpa, Elvira….-golpe en mi cabeza, era el jarro de aluminio.
  • Nada de Elvira, nada de tu, putito, a partir de ahora no eres Andrés, eres putito, por ahora, y yo soy Señora, no tienes derecho a decir mi nombre, ni siquiera a pensarlo, Antonio será señor y no te dirigirás a nadie salvo con Ud y cuando tengas permiso mio, sólo mio, Antonio te usa cuando YO quiera, entiendes
  • Si, Señora
  • ¿Cómo te llamas?
  • A…An….putito, Señora
  • Y tu apellido será De Señora, como te llamas ahora?
  • Putito de Señora….
  • Muy bien, pon ese colchón a airear en el patio y haz el aseo de la casa mientras Antonio y yo vamos a trabajar.
  • Si, Señora

Salí de la habitación, llevando mi colchoneta, la puse en un patio que colindaba con la cocina para que el sol lo secara y en la cocina, lavé los platos, las tazas con el resto de café que bebieron Señor y Señora, debía acostumbrarme a decirles así, tomé una escoba y barrí la cocina, dándome cuenta de que en el piso de ella, al lado del refrigerador estaban dos cuecos, uno con agua y otro con restos de pan, jamón y huevos del desayuno, afuera de este con plumón decía en cada uno de ellos “Putito”,  humillado al darme cuenta que había ensuciado con el barrido mi desayuno, me senté y comí esos restos fríos, empolvados y bebí parte de esa agua, la mezcla era repugnante pero al ver los cuencos, se activó el hambre en mi. A eso había llegado, a comer en el suelo de la cocina restos de comida.

Continué con el salón y el comedor, pensaba en lo ridículo de verme en pelotas haciendo aseo en el centro de mi casa.

Después seguí con el balde, escobillón y plumero a las habitaciones, llegué a la que era mi espacio con Señora y empecé mi triste labor, terminando me di cuenta que podía husmear el armario sin problemas, los Señores no estaban, todavía no me convenzo que de un día para otro no podía llamar a mi esposa y su amante con su nombre, lo abrí, nada de mi ropa, vacío, a la espera del guardarropa de Señor, me sentí devastado, eso significaba que Señora me expulsaba de su vida, sólo me reducía a su esclavo, su siervo, su Putito de Señora, me puse de rodillas, llorando silenciosamente.

Me quedé unos momentos y salí de esa habitación, a cada momento me veía más cubierto de mis fluidos, el semen seco de mi masturbación, las lágrimas secas en mi cara, fui al baño, me mojé la cara para limpiarla, pensé en ducharme por lo otro…. recordé lo que me dijo Señora y opté por no hacerlo, esperando su jarrón con agua fría y paños de cocina usados. Continué mis labores y terminé, Señora no me ordenó cocinar así que fui al patio a recoger mi colchoneta, estaba seca por el sol, con la mancha de mi polución, algo de vergüenza me dio, la llevé a la habitación de servicio que me dio Señora, la acomodé dejando la mancha debajo no visible y en ese momento, la necesidad de mis entrañas me remeció, sin necesidad de nada, me acuclillé sobre la bacinica que Señora me dejó y liberé mi vejiga e intestinos en ella, me limpié con unos restos de papel de diario que me dejó en la habitación y tapé el inmundo resultado de m digestión con el resto del diario encima, el problema es que ese día era caluroso, cerré la puerta y esperé a Señores esperando ignorar esos hedores.

Descansé unas horas, despertando con el hedor creciente y el ruido de Señores entrando a la casa, ingresaron, sentí una risas y algunos gemidos acompasados rato después desde la habitación, gritos al final. Sabía lo que pasaba….un par de horas se abrió la puerta, prendió la luz –el interruptor estaba afuera de mi habitación-trastero-baño, antes que lo hiciera estaba en posición sumisa dispuesto a sus órdenes.

-Que mierda, hiciste putito? Huele a carroña muerta, no pensé que de la raja que se culea Señor cuando no estoy salga tanta porquería.

– Perdone, Señora, pero sé que no soy digno del baño de Los Señores

– Muy bien, aprendes rápido, lleva esa inmundicia a la tapa del colector, lo abres, tiras tus cosas –así lo harás de ahora en adelante una vez al día, al anochecer, y limpias la bacinica con la manguera, si quieres y respetas tu culo como no lo respetas con Señor, te limpias con esa agua tu raja. De ahí te vuelves, te tengo un regalo.

Una luz, un rayo de esperanza me pasó por la cabeza pero estaba muy equivocado como se verá. Salí al patio, en pelotas, hacía frío, la noche era obscura, levanté la tapa del alcantarillado, corrían aguas sucias y lancé mis restos, algunas formas salieron de la alcantarilla, quizás alguna cucaracha espero, cerré la tapa y con la manguera limpié la chata y luego mi culo, estaba helada el agua, mis pelotas se contrajeron, me sequé con las manos y fui donde Señora al living

CUESTA ABAJO EN LA RODADA

Recostada sobre su costado estaba ella en el sillón, sus piernas arriba en el borde denotaban que descansaba de su trabajo, se veía igualmente excitante, retomando mi miembro parte de su calor al igual que mis pelotas, me cubrí ante la mirada desaprobatoria de Señora y de inmediato esa cuasi erección cesó.

  • Veo que sigues siendo un calentillo, me gusta, pero debes estar claro que debes ir dejando de pensar en ellos y asumir que estas para MI goce y el de Señor, si YO lo permito, en fin, hueles mal y te necesito pulcro para lo que viene, por esta vez, anda a la ducha y date un buen baño caliente, anda y usa lo que necesites allá.

Agradecido del pequeño premio que me ofrecía SEÑORA, fui al baño, ya me parecían –pese al tiempo de este cambio-  extraños shampoo, jabon y agua caliente, di el agua caliente, esperé que se calentara con vapor y me metí a la ducha enjabonándome cada parte del cuerpo, embadurné mi cabello con  shampoo y al sentir la espuma y el agua me sentí relajado, de a poco retomé la erección recordando a SEÑORA en el sillón y sin darme cuenta tenía mis manos en mis pelotas y pene satisfaciéndome gratamente dentro del vapor, me limpié para secarme con toallas de verdad, no con papeles de diario o trapos como los que deja SEÑORA en mi cuarto

Luego de ese contacto con la vida de persona que tenía, salí y me presenté con Señora quien me esperaba con An…perdón, SEÑOR y una señora con delantal blanco, no entendía que estaba pasando –Putito- me dio vergüenza que me tratara así aunque se fue al rato esa sensación- ella es la señora Martina, está para que estés más pulcro y presentable, para que estés realmente desnudo, por eso, para ayudarte, te pedí que te bañaras.

  • Disculpe, no entiendo
  • Ella va a depilar ese vello y hará que estés más pulcro
  • No, Elvira, esto no puede ser, creo que….Señor se incorporó y me tomó de un brazo inmovilizándome mientras la señora se acercaba como para calmarme
  • Parece que no entiendes cual es tu rol acá, tu has dejado de ser el hombre, el marido de la casa, tu mismo deseaste esto y lo reconociste- me decía mientras Señor me reducía con su fuerza- ahora, irás con la señora Martina y colaborarás en tu depilación del cuello hacia abajo- entendí que no podía resistir aquello, que quizás Ella fuera más condescendiente ante mi entrega y accedí ir a mi pieza, en donde la señora había implementado una camilla con su equipo de ceras depilatorias, acompañado por Señor en todo momento.

El dolor fue impresionante

Al despertar en mi camastro sentí la suavidad de mi piel, la cual me hizo excitar profundamente, pero antes de satisfacerme, esperé que Señora llegara con el balde con agua y el paño, lo dejó mientras estaba y me limpié, las ganas me superaron antes de terminar de limpiarme pero descargué en el resto de agua que tuve que botar en el desague del otro día…..era raro y excitaba sentir el frio en mi piel…. luego de hacer mis acciones del día, Señora me permitió, con su protección participar en sus juegos con  Señor…ambos la penetramos y ante una seña de Señora, Señor me hizo succionar su pene y luego recibirlo en mi ano, como antes de mi esclavitud, pensé que mi actitud estaba siendo recompensada

Me equivocaba.

Continuará

 

 

 

 

 

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Nuevamente con B

Saludos amigos, después de mucho tiempo sin escribir, relataré lo que sucedió el pasado mes de julio cuando B se comunico conmigo de nueva cuenta.

Después de mucho tiempo sin saber de ella, me mando algunos mensajes, diciéndome que quería verme de nuevo, pero esta vez quería que fuera una experiencia como las que acostumbro tener con otras sumisas, le di las indicaciones de como me gusta que vistan.

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Mi perra en el súper…

Cuando entramos en el súper mi perra y yo, lo primero que vi fue como la boca del seguridad se abría para no cerrarse más. Bajé la vista por la camisa marrón hasta el pantalón y comprobé cómo le debía estar apretando desde este mismo instante.
Primera víctima.
No nos dijo nada. No podía. Sólo miraba a mi perra. Se ve que estaba en celo. Como ella. Bueno, ella siempre lo está.

La llevaba bien sujeta con su correa favorita: de cuero negro con tachuelas y cadena plateada de eslabones pequeñitos… el ruido que hacen cuando se mueven pone mi polla como un resorte.

Iba a cuatro patas, meneándose a cámara lenta, lentísima, como si quisiera ralentizar todo el placer provocado a su paso. Con la cabeza alta como si la coleta apretada de rizos castaños le tirara desde arriba. La mirada tan desafiante como su culo. Se paró en seco y giró la cabeza. Me miró. Al volverse el pelo le había dado en la cara y como un látigo volvía a su sito. Impresionante mi perra. Me miró, le señalé en un gesto seco el camino y obedeciéndome continuó el paseo.

Dominar esas nalgas que bailaban delante de mi y de todo el que quisiera mirar… uf, por un momento pensé que era suficiente para correrme…pero no, el espectáculo aún no había comenzado.

Las botas negras infinitas de charol y tacón fino que le llegaban a los muslos y se deslizaban por el suelo cuando arrastraba las rodillas, reflejaban todos los fluorescentes. Sonaba como una serpiente.
Tiré de la correa hacia la derecha y giró. Entrábamos en el pasillo de los yogures.

Había una empleada reponiendo magdalenas, enfrente, agachada. Nos vio e inmediatamente hizo como que no nos veía. Pero la muy zorra miraba a mi perra que iba muy orgullosa con su corpiño negro abotonado por delante y ajustado con un cordoncito por detrás. El zig-zag que le hacía en la espalda me la terminaba de poner tiesa. A mi y al otro empleado que reponía, éste con un palé de panes de molde al lado.

El seguridad le seguía el rastro de hembra en celo. Llevaba el coño al aire y todo el pasillo olía a ella. A mi perra. Yo empezaba a babear. Igual que el chico que estaba comprando y se esforzaba porque no se le cayeran al suelo los cuatro flanes que sujetaba como podía con la mano derecha.

Llegó el momento.
-Para, putita- le ordené-¡sube!
Y se alzó apoyando las manos en el borde de la nevera, subiendo el torso. Sacó la lengua, ya sabía.
Y pudo acabar conmigo cuando empezó a levantar despacio los párpados hasta que aparecieron esos ojos oscuros que me atravesaban gritándome lo perra y lo mía que era.

Cogí una botella de yogur líquido, la abrí y se la chorreé en la boca.
-Qué rico, perrita…Así, chupa, chúpalo todo…Chupa la botella, puta.
Y cómo lamía la botella. Sedienta. Muy, muy rápido. Casi tan rápido como se fueron acercando todos los de alrededor.

El seguridad ya se había bajado la cremallera del pantalón y estaba tocándose el muy cerdo.
Cómo los ponía mi perrita…
El fuerte olor de su coñito también puso cachonda a la empleada, que se había abierto la blusa para meter la mano y sobarse las tetas intentando aliviar el calentón. Su compañero no pudo más y metió la manaza también.
A mi se me iba a romper el pantalón así que me la saqué, aparté la botella de la su lengua y la pusé encima de mi rabo. El líquido blanco fue cayendo en la polla y de ahí al suelo, goteando.
-Chúpamela. Chupa el rabo de tu amo, perra. Y el suelo también. Eres muy guarra. Chúpalo todo, ¡todo! así. Cómo te gusta….

Y ella iba de mi polla al suelo y viceversa. Desesperada, caliente. Obediente.
Deseando que le mandara, que le ordenara. Deseando ser mía, ser de su amo.
Ya así, encantada de ser una perra cachondísima, estiré el brazo y le toqué por detrás el coño. Como esperaba, me mojé la mano,
Le di en el culo un azote.¡ZAS!
-Pero cómo te has mojado, puta.
Y otro azote ¡ZAS!. No dejaba de sacar la lengua muy rápido sorbiendo yogur y babeándome la polla, y clavándome los ojitos. Parecía que sonreía. Tenía toda la boca blanca.
-Un azote más por ser la perra más zorra que conozco ¡ZAS!
Se estremecía y yo sabía que a cada torta su chochito se empapaba más y más de fllujo….

Miré el panorama alrededor. Creí morir de gusto cuando vi que el empleado le había quitado el pantalón a su compañera y la tenía en el palé abierta completamente mientras se merendaba el conejo de la chica, que a su vez le comía el enorme pollón que el segurata se había encargado de acercarle amablemente a los labios, para que la muchacha se entretuviera jugueteando con su rabo y a su vez se corriera restregándose en la carita del reponedor de pan, que se hacía una paja mientras dejaba más que a gusto a la chica, desencajada ya, perdidamente cerda, gimiendo como podía con aquello que entraba y salía de su boca…

Sólo quedaba al lado nuestro el cliente de los flanes inmóvil. La tienda de campaña que delataba su pantalón corto me hizo pensar que podía hacer lo que quisiera con él.
-¿Te gusta la perrita?
-Sí-contestó tragando saliva.
-Pues huélele el chocho… ¿¿a qué esperas??
Como un zombie se agachó detrás de ella y empezó a jadear, a oler…Le agarró las nalgas por los lados firmemente y metió la cabeza en todo el trasero. La movía como loco, queriéndose tragar todos los olores. Se empapaba de sus líquidos y le metía la la lengua por todas partes.
-¡Por el culo, métele la lengua en el culo! Por el agujerito. Así es como le gusta a esta putita. ¿Verdad putita?
Y ella, deliciosamente rica, con la lengua fuera porque no podía meterla ya de lo bruta que estaba y con una cara de zorrón que me desarmaba dijo: -Sí, mi amo, así le gusta a esta puta.

-Muy bien chico, date la vuelta que te va a comer todo. Y a ti también-dije mirando al seguridad.

Éste se acercó dejando a la otra chica con la boca vacía, y los dos a mis órdenes, se pusieron delante de mi perra, a la que cogí de la coleta y adelanté hasta que los tres rabos, el mio incluído, estuvieron muy juntos y pudo comenzar a succionarlos casi a la vez.
-Trágatelas, perra, las tres, todas, como tú sabes ¡venga! venga, más, más dentro.
Los tres estábamos en trance, bueno, todos…

Se había levantado la pareja del palé y de repente estaban al lado. Ella se metió entre nosotros, y para mi sorpresa, se agachó, le abrió las piernas a la perrita y se amorró a comer y a comer, y a comerse todo, y a llenarse la cara de los jugos de mi perra, que estaban causando estragos.
Como pudo su compañero se puso detrás de ella en cuclillas y se la empezó a follar como un loco.
Éramos una piña de carne humana, yo sin soltar los rizos de mi zorrita le decía:
-Que suerte tienes puta, que te comen el chocho y todo. Guarrona, con lo que te gusta dejar caras marcadas para que huelan a ti.

Entonces empezaron a soltar leche el segurata y el chico joven encima de mi perra. La pusieron perdida.
Y también el reponedor se corrió en el culo de su compañera, que seguía devorándole el coño chorreante a mi perra que se estaba corriendo sin poderse contener más…

Yo respiré hondo. Aparté a la chica del súper un poco hacia atrás.

-Mira qué sucia estás…Date la vuelta puta, ¡ya!
Y ansiosa mi perra, con la cara manchada, se dio la vuelta y me puso ese culazo delante reventado de saliva, enrojecido e hinchado.
Un azote, ¡ZAS!
-¿Quién se va a follar esto? ¡¿Quién?! ¡Contesta perra!
-Tú mi amo, tú- soltó como pudo.
Empecé a meterle todo el rabo por el coño, que de lo caliente que estaba quemaba. Y resbalaba y daba un placer indescriptible. Ella lo sabía y apretaba fuerte, me aprisionaba la polla. Me mataba de gusto. Y en esto que había una boca cerca…una boca abierta que pedía, la de la muchacha que quería su leche también. Así que cuando vi que me corría la saqué y apunté a la boca de la pava que no había tenido un día de trabajo igual en su vida. Me juego lo que queráis.
Y me temblaron las piernas cuando le eché el semen.
Mi perra se había girado sonriente, feliz, retorciéndose de gusto muy despacio y me decía sólo a mi…porque los demás estaban desinflados, caídos, tirados, muertos…
-Quiero que me saques más a pasear por el súper…¿¿Lo harás, mi amo??
Y me guiñó un ojo…
………………………………………

Y …sonó el despertador. Por una vez en el momento adecuado. Y noté que tenía una erección bastante importante. Me di la vuelta buscándola. Dormía, la agarré por la cintura y llevé mi mano hasta el coño por debajo del camisón, tan pequeño y accesible él… Hizo un ruidito y llevó hacia atrás el culo…
-Mmmmmm…buenos días, perra, te voy a contar lo que he soñado-le susurré.
Ella ya se reía y tiraba mano a mi polla.
-Cuéntame, mi amo.

Pero eso ya es otro relato… ;

Gracias por leerlo :)

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Paula y Andrea van a la playa

Le estiré fuerte uno de los pezones y, con mi rodilla le empecé a frotar en círculos su coño” y, eso la calentó más. Era una caricia correspondida, ella me tocaba mi espalda y ambas nalgas, que dentro del agua se sentía una sensación envolvente.

Andrea, es mi mejor amiga, una niña bien y mide 1,66, pesa 56 kilos, sus medidas no tienen nada que envidiar a las modelos (es el típico bomboncito de 21 años). Nos encontramos en la cafetería de la Facultad y me dijo que quería hablar conmigo, que me había visto por el barrio y empezamos a hablar, nos caímos bien e intimamos, y claro vamos juntas a la Universidad.

Mi nombre es Paula, tengo 20 años, físicamente, soy una chica rubia, de pelo largo y liso, ojos oscuros, de 1,68, muy delgada. Ah, soy de buena familia, o lo que se conoce como una niña bien o una nena pija. Tengo las tetitas pequeñas, pero muy paraditas y sensibles, de hecho casi siempre salgo sin sujetador; y tengo un culo muy bien puesto, respingón y que atrae la mirada de chicos y de alguna de mis amigas. Vivo con mis padres, estudio, salgo con mis amigas y tenía novio (por ese entonces), ahora tengo a mi Amo, y vivo pensando en estar con él.

Había pasado el día en grupo, con mi novio (Joan), y mis amigos (Andrea y Lluís): estuvimos en la playa jugando, bromeando y poniéndonos a tono. Bueno a mi novio lo puse a 1000. El me puso crema, y luego nos estuvimos dando el lote sobre la toalla (una de esas enormes), él sabe besarme y me gusta cómo me toca. Pero sobre todo, dentro del agua… y, nos calentamos tanto que, se la tuve que sacudir (en el agua, claro), haciéndolo correrse un par de veces (por la mañana).

Luego él, como estaba contento, me invitó a comer un helado y tomar algunas cosillas, le dejé tocarme otro poco más; me había puesto el vestido, en el coche. Me gusta sentir como me toca, así me excito mucho, lo paso bien (pero no llegué a correrme). A veces pienso que soy rara, porque además el clítoris no me sale nunca; siento… sí, una sensación muy agradable, pero no me llega el orgasmo (bueno en sueños sí, y eso me daba que pensar).

Por la tarde luego de comer, los chicos se empeñaron en hacer un partidillo de futbol, con otros amigos, que conocemos de otras veces, pues vamos mucho a Platja d’Aro, y Andrea y yo nos quedamos solas. Hablamos y, Andrea me dijo que también estuvo cariñosa con Lluís, y dijo que me había mirado, que se excitaba más mirándome a mí he imaginado que está conmigo. Que si a mí sólo me gustaba con chicos, pero que ella es bisex. Yo, ya lo sospechaba, en cómo me miraba y, le dije que no he estado con chicas. Pero, le comenté lo que me pasaba con Joan, y que ni tocándome a solas llego a eso que llaman orgasmo, que me excito y es agradable, no siento ni sacudidas, ni cosas así… pero que si me mojo…

Me respondió que, si siempre era igual, y le dije que en sueños sí que siento más fuerte, pero que luego no me acuerdo que he soñado. Sólo que cuando me levanto, estoy arañada por todos lados y, a veces hasta noto que me he mordido los labios. Por eso, me arreglo cada vez más las uñas (bien cortitas) y, uso mucho la crema labial…

Dijo que quería estar conmigo, en el agua, y jugar un rato. Y como ellos (los chicos), estaban haciendo el bobo con el balón. Le dije que estaba bien. Se puso contenta, nos pusimos la parte de arriba (para ir más cómodas y evitar tanto moscardón…); y por señas les hicimos ver, a los chicos que íbamos a dar una vuelta, que no se preocuparan. Lo entendieron y nos alejamos de ellos empezando a bromear.

Yo notaba que Andrea no paraba con sus miradas, y que buscaba excusas para acariciarme. Yo simplemente, me sentía bien, y bueno ella tampoco se pasaba. Fuimos haciéndonos confidencias… y todo iba bien. Nos alejamos algo más de lo que habíamos pensado, y llegamos a una zona casi sin gente. Y me dijo, que si quería entrabamos en el agua a jugar, que fuera es todo demasiado claro y aunque hay poca gente, llamaremos la atención si jugamos demasiado… Estuvimos jugando un buen rato, nos masturbamos mutuamente. Nos sacamos la parte de abajo… Luego, le subí la parte del suje, para tener sus tetitas libres, y empecé a tocarle el vientre y el culo. Me dio un par de besos en la boca, y apretándose se frotó un rato largo conmigo. Me dijo:

Paula, estoy a mil, me has puesto como una moto. Quiero comerte ahora, bajo el agua… ¿sí?

Andrea, se zambulló sin esperar mi respuesta, y estuvo lamiéndome mi coñito sumergida, también me lamió mi vientre, las nalgas y el culo. Se sumergía, subía a tomar aire (cuando no podía más), y jugaba así… un rato. Me frotaba con su lengua, con la boca, con la cara y con las manos. Luego se pegaba a mí, frotando sus tetitas con las mías, con mi vientre, y con mi pubis… Era muy agradable, me excitaba, y yo quería más… así que, separé las piernas y le acariciaba la cara y la cabeza. Salió, para tomar aire, después de esa tanda de inmersiones calientes. Su respiración estaba alterada… la cara roja… Me dijo que… la tocase y que me deseaba, se colocó en frente y estaba a punto de venirse… Me fijé que alguien… si… un chico nos miraba (sin acercarse, pero sin perder detalle), y se lo dije. Respondió ya a punto de llegar al orgasmo:

¡Es igual, ahora no pares Paula, por favor…! ¡Fóllameeee, fueeeerte y duroooo…!

Empecé a tocarle las tetas, a apretarlas, y aún me pedía más… Quise vengarme… por envidia de que se corra… y yo no. Y “le estiré fuerte uno de los pezones y, con mi rodilla le empecé a frotar en círculos su coño” y, eso la calentó más. Era una caricia correspondida, ella me tocaba mi espalda y ambas nalgas, que dentro del agua se sentía una sensación envolvente. Le dije que:

¡Eres una puta y voy a azotarte hasta que te corras, guarra!  Y tú, sujétate a mis caderas y ábrete más…

Lo hizo, y además se frotaba… fuerte, ella misma, con mi rodilla. La estuve azotando, y dándole besos, sin parar, y ella se entregaba totalmente… Así estuvimos hasta que Andrea, se vino, la sentí gozar entre mis brazos, apretándose a mí… Yo, mientras, también me había excitado, pero no sentía como ella (Andrea se movía, temblaba y emitía unos suspiros que envidié). Y, me hizo sentir mal, saber que yo no podía sentir lo mismo. La envidié, con toda mi alma, juro que la envidié. Me hizo sentir, la importancia de conseguir correrme, no sabía cómo, pero lo deseaba… Luego seguimos un rato, con caricias, y más relajadas. Y Andrea, me dijo que iba nadar un rato. Le contesté que bien, y yo… también nadé… un rato… Al rato me paré y vi a aquel chico que nos miraba, que se me acercaba, y empezó a hablarme:

Hola, me llamo Kharlos, te he visto con tu amiga… Luego hablamos… pero eso tal vez lo cuente otra vez… jajaja

He aportado mis notas, y mi amo con sus recuerdos, ha redactado este relato. Pero desde mi perspectiva. Me lo ha hecho leer, y me ha dicho que lo escribe porque así soy más suya. Y así hay otras que saben que soy su esclava, y su perra.

Si lo deseáis; podéis enviar vuestros comentarios.

Autor: Kharlo1

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L. (I)

Saqué mi polla y comencé a follarla por el coño. A través de la cortina podía ver la gente de la calle, y alguien que se paraba a mirar, aquella chica que, con cara desencajada de placer, estaba allí desnuda, mostrando sus pechos pegados a la ventana. Pero L. no veía nada, estaba con los ojos cerrados, disfrutando de mi polla, de la polla de su amo, que la estaba follando, cada vez más rápido.

Conocí a L. casi sin quererlo. Era una mañana gris y espesa, y entré al chat unos minutos. Vi su foto, claramente falsa, y piqué sobre su nombre, con indiferencia, casi mecánicamente. L. contestó enseguida, y comenzamos una breve charla. En unas pocas frases tuve la sensación de estar hablando con alguien que conocía desde hacía mucho tiempo, con quien me entendía perfectamente. Iba de frente y, como comprobé más tarde, era absolutamente sincera. No hubo punto intermedio, y enseguida pusimos las cartas sobre la mesa. L. buscaba lo que yo estaba dispuesto a dar, y ella me ofrecía lo que estaba buscando. Así que decidí probarla.

L. es lo que se diría una triunfadora, o al menos está en ese camino. Y por eso todos los que tiene alrededor la respetan y la temen. Todos menos yo. Y por eso elegí su cueva de triunfadora, su despacho, para probarla, para saber hasta donde era capaz de llegar. Me contó que iba vestida de manera elegante, con blusa y falda ajustada. Que le gustaba vestir bien, sentirse deseada. En la distancia no podía explotar por mi mismo el deseo, por lo que decidí que serían otros ojos los que lo hiciesen por mí esa vez.

Hice que se quitara las bragas y el sujetador, que abriese sus piernas y que se tocase para mí, hasta que su excitación aumentase. Quería que estuviese húmeda, que casi se puede oler su humedad, y que sus pezones estuviesen duros y excitados. L. me obedeció, como siempre a partir de este momento, y comenzó a tocarse, tanto que humedeció su falda. Imaginaba cómo sería su coño, y quería que mis dedos fuesen los suyos, esos los que estaban sintiendo su calor y su humedad, esos que la acariciaban.

Cuando estaba a punto de llegar al orgasmo hice que parara. Le ordené que llamase a alguien de su despacho, cualquier hombre al azar, de esos que la temían y respetaban, y que lo hiciese venir a su mesa. Tenía que estar con la blusa abierta, para que ese desconocido pudiese ver sus pechos al acercarse. Tendría que comportarse como una puta para mí, haciendo que él se acercarse a su lado, que pudiese ver, que pudiese oler. Y L. lo hizo, sin rechistar, sin pensárselo dos veces. Lo hizo y me lo contó. Lo hizo y le gustó. Más de lo que seguramente pensaba. Una puerta en ella se abrió, y yo entré por allí. Porque, como luego L. me confesó: “se folla con la cabeza y no con la polla”.

Nos citamos en un hotel céntrico, en una 5ª planta, en una habitación que daba a la calle. Era un edificio modernista de esos que abundan en Barcelona, que los turistas van mirando y fotografiando continuamente. L. llegó puntual, y yo ya estaba esperando dentro, sentado en una cómoda butaca, en penumbra. Le dije que se quedase en el centro de la habitación y que se fuese desnudando para mí, poco a poco. Primero su blusa, luego su falda. Llevaba puesto un erótico conjunto de bragas y sujetador que se había comprado especialmente para mí.

Le ordené que recogiese su pelo, de manera que su cuello quedase completamente libre, y que se quitase su collar, anillos y pendientes, pero que dejase sus tacones. “Toma”, le dije, y le tiré el collar de perra que había comprado para la ocasión. Era de cuero negro, con tachuelas brillantes, ancho. Al ponérselo resaltaba aún más su cuello esbelto y elegante, y el contraste con su piel.

“Ahora, abre la ventana, zorra”. L. se dirigió a la ventana, sin rechistar, y la abrió de par en par. “La cortina también”, le ordené. Ella descorrió la cortina, y el sol de la ciudad entró y acarició su cuerpo.
“Bien, acércate a la ventana, que se te vea de la calle”. L. se acercó, casi hasta rozar el cristal, y mostró su cuerpo al exterior. Observó como circulaba un río de gente. Cualquiera que pasase por la calle podría verla allí, de pie, casi desnuda. Pero para eso había que levantar la cabeza y fijarse un poco. Había que observar atentamente. Comprobó también que cada cierto tiempo algún turista hacía una foto del edificio. Y L. se excitó pensando que su imagen, semioculta y discreta, iba a estar viajando por cualquier lugar del mundo, que más adelante, cualquiera, en cualquier lugar, vería aquella mujer desnuda en la ventana, aquella puta obediente a las órdenes de su amo.

“Ahora, zorra, quítate las bragas y el sujetador”. L. me miró, un poco desconcertada, pero hizo lo que le ordenaba. Ahora sí, su cuerpo se mostraba totalmente desnudo. “Bien, vas a hacer lo siguiente: quiero que te inclines un poco, de manera que tu cara y tus pechos rocen el cristal. Abre tus piernas y haz tu culo para atrás, de manera que te vea bien, zorra. Eso es. Ahora tócate, muy despacio, quiero que estés mojada, mientras miras hacia la calle, a ver si alguien ve tu cara de puta.” “Y no quiero oírte gemir, zorra”

L. me obedeció, y comenzó a tocarse muy despacio. Podía ver su cuerpo estirado, abierto, sus pechos y su boca abierta por el placer, pegada al cristal. Movía su mano un poco más rápido cada vez y comenzó a respirar aceleradamente. Hacía esfuerzos por no gemir, y su olor a hembra, a puta, fue invadiendo la habitación. Me levanté y cerré las cortinas detrás de ella, dejando su culo detrás de la tela. De esta manera, desde la calle se podía ver su cuerpo, su cara y sus tetas. Pero no se me podía ver a mí, que estaba ahora detrás de ella. “Para”, le dije.

Toqué su coño húmedo, muy húmedo, con mis dedos, y llevé un poco de sus jugos hasta su culo. Estaba realmente excitada. Tomé un pequeño consolador anal que llevaba en mi mano y lo introduje en su culo, hasta casi el final. L. gritó un poco, porque no estaba preparada para esto. “Calla, zorra”, y le di un fuerte azote en sus nalgas por haberme desobedecido. “Si, amo”, contestó ella. “Qué calles, te he dicho”, y volví a azotarla con fuerza. L. aguantó los golpes en silencio. “Así me gusta, zorra”.

L. estaba como yo quería, excitada, humillada, expuesta. Era mi puta, mi zorra. Y me excitaba. Saqué mi polla y comencé a follarla por el coño, muy despacio. Empujaba su cuerpo, que se pegaba contra el cristal. A través de la cortina podía ver la gente de la calle, y alguien que se paraba a mirar, aquella chica que, con cara desencajada de placer, estaba allí desnuda, mostrando sus pechos pegados a la ventana. Pero L. no veía nada, estaba con los ojos cerrados, disfrutando de mi polla, de la polla de su amo, que la estaba follando, cada vez más rápido.

L. sólo quería que la siguiese follando, mostrarle al mundo lo puta que era y lo que la hacía disfrutar su amo. Y quería que su amo se corriese en ella, completamente, para complacerlo hasta el final. Yo la follaba cada vez más rápido, y comencé a azotar su culo, a follarla con fuerza, mientras me vaciaba completamente en el coño de mi puta, de mi zorra, de mi esclava. Mientras lo hacía, L. tuvo un orgasmo intenso, y no pudo reprimir sus gemidos, sus gritos. Ya no le importaba nada, sólo quería disfrutar, sólo quería sentir mi polla, y sentirse mi zorra, mi hembra.

Nos derrumbamos y caímos al suelo exhaustos, agotados por el placer. Empujé a L., y la aparté de mi lado. La dejé allí un rato, tumbada en el suelo, desnuda, recuperando el ritmo de su respiración.
Yo me levanté, me vestí y me fui. Sabiendo que L. siempre sería mía.

(Continuará…)

Autor: Amobcn

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Amparo, mi princesa Íbera

Se le escapó un pequeño grito de dolor cuando la polla penetró su culo, pero el placer y la mezcla con el hilo de dolor hizo que durase apenas un instante. Sentía su humedad caer por sus muslos, sentía como se mezclaba con el sudor y otros líquidos y sentía el placer de los cachetes que caían, al ritmo de las enculadas, sobre sus nalgas. El ritmo siguió así hasta que él se corrió dentro de su culo.

La verdad es que la primera vez que te vi mis pensamientos fueron de lo más dulces, por tu sonrisa, por tu cara y esos preciosos ojos que tienes, pero enseguida se despertó la libido en mi por tu escote, bueno, por tu escote no, por el hueco que quedaba entre los botones, que dejaba ver claramente tu sujetador ocultando tus dulces pechos de fruta divina. Supongo que la mezcla de esas dos sensaciones, la pura y casta y la libidinosa y salvaje fueron el coctel ideal para que me volviera loco por ti.

Desde la primera visita quedó claro que el componente sexual nos era común y que en nuestra relación jugaría una parte muy importante, como era de esperar. Pero no era una sexualidad “convencional” pues ni tú ni yo lo somos y de esa manera nuestra sexualidad sería viva, despierta y… diferente.

De esa manera el primer cachete, el primer pellizco y la primera vez que apreté tu cuello al hacer el amor son elementos que no extrañan, ni extrañaron cuando aparecieron, poco a poco pero de forma inflexible, en nuestra relación. Poco a poco notábamos como la sensación del placer se aliaba con la del dolor, un dolor conocido, controlado y cedido, pero no por eso menos deseoso, menos apasionado y menos sabroso.

La primera vez que tu culo se puso en pompa para recibirme en toda la libertad que tu sumisión me daba, se despertó en mi una llama aún más libre para usar la fantasía y la fuerza con maña y con mesura de forma que tus gemidos, los de mis manos, mis cintos y cuerdas no fueran acallados ni hirientes, más deseados, esperados y dulces.

Es curiosa esa mezcla de dolor y placer que hace que uno y otra deseemos más de ello, como una caricia que hace cosquillas o ese orgasmo inacabable que por deseado y placentero no es menos doloroso.

Con todo, preciosa, quiero que esta fantasía sea para ti recuerdo de experiencias vividas y deseadas, como ejemplo solo pondré el crucero del año pasado y nuestra parada en Malta, cuando llegamos al interior de la isla visitamos una pequeña ciudad amurallada. Usaremos el cepo que había para los presos, aquel que al verlo nos miramos de forma complacida sabedores de lo que insinuábamos y que ilustra esa sensación para mi reina, para mi princesa y mi perra, para ti.

“Ella no sabía bien si debía o no hacer ese viaje, hacía mucho tiempo que no le veía y le daba un cierto miedo saber hasta donde habría estado fantaseando, o investigando en el tema que más les excitaba a ambos. Cerrando los ojos podía verse, siempre había tenido buena memoria, atrapada por el cepo de la calle mayor de aquel pequeño pueblo que como reclamo publicitario usaban los turistas para hacerse fotos.

Ellos habían decidido asaltarlo a altas horas de la noche, de inmediato ella asumió su papel e introdujo cabeza y manos en el cepo que él ató con rapidez inmovilizándola. Sin dar pie a más comentarios él le arrancó la camiseta a ella y con un jirón le tapó la boca. Ella sabía que poco después le taparía los ojos, y así fue, de forma que allí estaba ella, medio desnuda, atada, amordazada y con los ojos tapados en la plaza de un pueblo desconocido. De repente, pensar en esa sensación empezó a excitarla y su sexo se humedeció. Sobretodo después de recibir una serie de cachetes que hizo escocer su bello culo sedoso. Ella esperaba más, estaba acostumbrada a mucho más, sobretodo con mucha más fuerza, pero los cachetes se retrasaban.

Esa sensación era nueva, ¿dónde estaba él? ¿Qué estaba pasando? Y esas dudas, esa indefensión hizo que se excitase aún más. De pronto una nueva lluvia de cachetes cayó sobre ella y su indefenso culo antes de que su sexo recibiera la recompensa en forma de una larga y profunda penetración con la lengua. Ella no podía esconder el placer de sentir su culo ardiendo y su coño invadido por su propia humedad y por la lengua. Cuando estaba a punto de correrse sus gemidos, pese a tener la boca tapada, se hicieron rápidos y continuos, momento en el que la lengua se retiró y de forma brutal y salvaje fue sustituida por una polla que penetró su sexo de forma completa e irremediable.

Ella en realidad adoraba esa sensación, se sentía dolida por los cachetes y le costaba respirar, pero se sentía llena por aquel miembro que le llenaba por dentro. De esta forma no le costó nada retomar el ritmo por el orgasmo, pero al hacerlo este se detuvo, y tras unos segundos y al tiempo, volvió el placer en forma de cachetes en el culo y la polla penetrando su culo de forma metódica, rítmica y salvaje. Ella poco podía hacer. Se le escapó un pequeño grito de dolor cuando la polla penetró su culo, pero el placer y la mezcla con el hilo de dolor hizo que durase apenas un instante.

Sentía su humedad caer por sus muslos, sentía como se mezclaba con el sudor y otros líquidos y sentía el placer de los cachetes que caían, al ritmo de las enculadas, sobre sus nalgas. El ritmo siguió así hasta que él se corrió dentro de su culo. Como si las enculadas y los cachetes no hubieran sido suficientes, él dejó el culo de ella chorreando todo lo que había entrado y desapareció un instante en la parte frontal. Le destapó la boca y enseguida notó el olor y el sabor de su polla mezclado con el suyo propio, el de su humedad, su vagina y su culo, todos mezclados en una amalgama de olores y sabores, sobretodo por que el no dejaba de apretar el pene flácido mientras la insultaba contra la boca para que quedase bien limpio.

Ella se sentía henchida, él se había corrido y la usaba para limpiarse, era una auténtica perra para su amo, pero también deseaba más para llegar ella también al orgasmo. Cuando él estuvo bien limpio la volvió a poner la mordaza y se separó. Ella ansiaba más contacto, cada poro de su piel lo gritaba y su sexo lo marcaba con su humedad. De pronto sintió como algo áspero y frío la penetraba su sexo con dificultad, apenas cabía, pero el ritmo era interminable, y la llenaba, la llenaba entera por dentro. Cuando parecía que todo había acabado empezó el tremendo mete-saca de aquel objeto que causaba placer y dolor y que solo se detuvo para introducir un nuevo objeto, de la misma textura, en su culo mojado.

Al ritmo los dos objetos la penetraban con saña e ignorando sus gemidos. Se sabía puta, se sabía disfrutada y disfrutando pero el dolor de su piel, el de su sexo, y el de su culo la mantenían despierta y multiplicaban el placer. Notó como el ritmo paraba dejando los dos objetos bien dentro de ella, bien dentro de ella, y de inmediato empezó a oír lo que parecía el flash de una cámara.

Al oírlo recordó su posición, recordó donde estaba y recordó lo perra que era obedeciendo a aquel hombre que la torturaba con el placer y el dolor. Se sentía especialmente indefensa, se sentía protagonista de la imagen pero no sabía como acabaría y esa sensación, esas sensaciones la hacían estar aún más excitada…

Esta historia está inventada, en parte, e inspirada en hechos reales, en las aventuras entre Amparo y yo. Ella es una mujer impresionante de larga cabellera rizada y mirada impactante, una de esas mujeres que al verlas se te llevan el ánimo y la respiración. Sus pechos son dulces y generosos al ofrecerse y más dulces y generosos cuando se saborean en una playa o en una noche oscura en el rellano antes de entrar a casa.

Si quieres saber como acaba esta aventura o conocer otras aventuras déjanoslo saber. Hasta entonces un beso y un pellizco…

Autor: Lebret

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A las cartas

Estaba dispuesto a disfrutarla sin prisas, por lo que cuando sentía estar a punto disminuía mi ritmo de nuevo. No sé cuánto tiempo estaría, lo que sé es que la situación de poseerla totalmente y en esa postura me hacía contenerme para que no acabara. Ya cuando no pude más me puse frenético en mis movimiento, le indiqué que ahora se moviese y ambos empezamos ya con fuertes gemidos.

Marie era una mujer de constitución algo atlética: vientre plano, muslos bien contorneados y pechos no muy grandes pero firmes. La conocí por motivos laborales y tras varios encuentros empezamos nuestros encuentros sexuales. Hoy no quiero cansar explicando cómo llegamos a una relación de dominación – sumisión y tan sólo os contaré como fue la primera vez que decidimos actuar con esos roles.

Ahora Marie estaba totalmente entregada. Tendida, tanto sus muñecas como sus tobillos estaban rodeados por suaves cuerdas sedosas y no “podía” liberarse. Excitada como nunca antes, estaba a la vez exhausta, pues se enfrentaba a su tercero y por hoy último según había salido en las cartas. Además ya estaba deseosa pues al final, vendría su “regalo”.

Su cuerpo en tensión la hacía mucho más atractiva todavía y sus ojos vidriosos pedían que no se acabara la “tortura”. Me pedía a susurros un descanso y yo le respondía que podía hacerlo pero que se quedaría sin nada más por hoy, entonces es cuando me rogaba que empezáramos de nuevo, aunque todavía temblaba pues apenas hacía diez minutos que habíamos finalizado el anterior.

Sin pensarlo más, seguí con el “castigo”, nuestros labios se juntaron de nuevo mientras me disponía a acariciar su clítoris, su boca ya no oponía resistencia, totalmente húmeda me la dejaba totalmente a mi merced y de nuevo empezaban sus quejidos. El artilugio masajeador recorría amplia y lentamente su sexo, introduciéndolo parcialmente entre sus labios.

Enseguida empezaron los primeros gemidos, acompañados de esa mirada suplicante para que se acabara pronto pero también para que nunca finalizara. Esa incertidumbre en su mente le provocaba un placer como nunca antes se había atrevido a tener.

Con mi mano desocupada la acariciaba también sin prisas, disfrutando de sus muslos, de sus nalgas, de su cintura, de sus pechos, de todo su cuerpo, esparciendo su humedad por toda su piel. Me entretenía con la enorme dureza de sus pezones y no dejaba de mirarla. Con mis ojos no dejaba de preguntarle ¿sigo? y con la suya me respondía “no pares”.

Ya a sus gemidos le acompañaban temblores de excitación, solo entonces separé mis labios de su boca para susurrarle al oído. A mis preguntas, ya sabía sus respuestas, pero quería hacerle ver que era mía, que su disfrute me pertenecía y disfrutar de eso:

-¿Quieres que siga? – Te ruego amo que no pares – ¿Puedo seguir poseyéndote hasta que me plazca? – Claro ¿no ves que mis ataduras me obligan a ser suya? Aahhh…

No podía dejar de gritar de placer.

-Si quieres puedo desatarte, – No, por favor se lo ruego – Recuerdas lo que significa este tercer orgasmo que todavía puedes parar ¿no? – Claro, que debo ser su sierva durante tres semanas – Y ¿estás dispuesta? – A eso y mucho más amo.

Jamás la había obligado a que me llamase amo y las cuerdas atadas a unas anillas solo rodeaban suavemente sus muñecas y tobillos, pudiéndose desatar cuando quisiera. Era ella la que asía fuertemente las cuerdas sin poder “desatarse”, la que permanecía “atada” voluntariamente, como no queriendo romper la magia de su voluntaria sumisión.

-Seguro que ya estás deseando tener tu tercer orgasmo. – Creo que ya no podré aguantar más, ahh, ummm, por favor ¿puedo? – Sabes que todavía no tienes mi permiso, que si lo haces te tendrás que marchar y no tendrás lo que más deseas, – Sí, sí, aguantaré amo, pero no sé cuanto más podré, ¿no nota que mis muslos están impregnados de placer? – Me gusta poseerte, por eso aguantarás – Siiiiiiii, por favor mordisquee mi pezón.

Esa era la señal establecida, un suave mordisqueo en uno de sus pezones indicaba que ya podría relajarse y dejar su cuerpo convulsionarse hasta el orgasmo final. Mis manos se dirigieron otra vez a sus pechos y a acariciar uno de sus pezones, con un ligero pellizco le hacía indicar que el momento estaba cerca, mi boca se acercó y lo mordió lascivamente.

-Ahhhhhhhhhh… ohhhhhhhh… gracias amo…ahhhhhhhhhhh… ummmmmmmmm…

Sus enormes quejidos los acompañó con convulsiones descontroladas mientras sus ojos no se apartaban de los míos en señal de enorme agradecimiento. Era justo en ese momento, cuando más me apetecía pegarme a ella, como parando con mi cuerpo sus movimientos, notando que era mía. Su docilidad y abandono en ese momento me llenaban enormemente de placer.

Estaba tan aturdida y extasiada que cerró los ojos como para descansar un rato, la dejé recuperarse. Ahora yo seguía disfrutando de su total abandono, mis dos manos no paraban de tocarla, de palpar cada centímetro de su piel, mi erección era enorme y fue cuando al rozarla con sus pliegues húmedos reaccionó.

-Ahora toca mi premio.

Efectivamente, según nuestro juego había que elegir dos cartas de sendos montones. En uno de ellos estaban las cartas del 3, 4 y 5 y en el otro el “as” y el 2. Ella debía coger una de cada mazo, la primera indicaba los orgasmos que tenía que regalarme, los que tenía que soportar al ritmo y de la forma que yo quisiera y la segunda que llamábamos premios, las veces que iba a penetrarla. Para esta ocasión habían salido el 3 y el as que indicaba que tras su tercer orgasmo vendría por hoy su único premio.

Así que aunque cansada, se dispuso a tomar posición. Se dio media vuelta hasta ponerse tendida boca abajo, todos sus movimientos eran lentos y muy sensuales, extendió los brazos para lograr un buen apoyo y obedientemente elevó sus nalgas todo lo que pudo separando a la vez sus muslos. No necesitaba más órdenes que las que les dí al principio de la sesión, solo le dije que quería una posición muy sumisa. Para excitarme más me murmuró:

-Por favor amo, esta esclava está deseando ser poseída, ser penetrada, si mi amo lo estima, creo que me lo he merecido

Esa postura, el olor a sexo que había en el ambiente y sobre todo esa predisposición de entrega total hicieron que aumentará más la rigidez. Pero quería disfrutarla sin prisas ni brusquedades.

-Me demuestras con eso que eres mía, que puedo poseerte durante las próximas tres semanas y que estarás a mi completa disposición en cuanto te llame. – Si mi señor, sé que soy su sierva y estaré a su merced cuando lo requiera – renunciarás a llevar ropa alguna ante mi presencia – le mostraré mi total desnudez en señal de sumisión delante de mi señor. – Ahora voy a poseerte y de momento quiero que no te muevas. – Estaré como una estatua hasta que mi amo lo requiera.

Me puse ya directamente detrás de ella y empezaron mis roces con el falo mientras la agarraba fuertemente por las caderas. Recorrí sin prisas toda su raja antes de la penetración. Inicié esta lentamente, sintiendo cada milímetro que entraba. Debido a la lubricación extrema que ambos teníamos, la introducción fue total inmediatamente y empecé entonces con vaivenes a distintos ritmos. Cuando casi volvía a estar fuera, Marie ejercía un movimiento reflejo para evitar que se saliese del todo y entonces es cuando aproveché para darle unos palmetazos en sus nalgas y para sacar partido a la situación.

-Creo haberte advertido que no te movieses. – Lo siento amo, lo siento señor, es que no quería que se saliese. – Eso lo decido yo. – Si amo, si amo, lo siento de verdad, pero por favor no pare. – ¿Quieres tu premio, quieres que explote dentro de ti? – Sí amo, se lo ruego. – Entonces me tendrás que regalar una semana más de tu servidumbre. – Si amo, todo lo que quiera, pero poséame hasta el final.

Todo esto no hacía más que aumentar mi excitación, pero estaba dispuesto a disfrutarla sin prisas, por lo que cuando sentía estar a punto, disminuía mi ritmo de nuevo. No sé cuánto tiempo estaría, quizás unos veinte minutos, lo que sé es que la situación de poseerla totalmente y en esa postura me hacía contenerme para que no acabara. Ya cuando no pude más me puse frenético en mis movimiento, le indiqué que ahora se moviese y ambos empezamos ya con fuertes gemidos. También en esos instantes le propiné unos buenos palmetazos en sus nalgas.

-No aguanto más, ahhhhhhh. – Gracias amo, gracias… más, más, ummm – arrrrrgg, ahhhhhhhhhhhh…

Un largo rato estuvimos jadeando, mientras me vaciaba dentro de Marie. Extasiados ambos permanecimos tendidos y abrazos, ella con su cabeza en mi pecho. Creo que hasta ambos nos quedamos dormidos.

Ya algo recuperados, no dimos una ducha y la invité a unos baños árabes para relajarnos totalmente, después nos fuimos a cenar a un indio mientras hablamos de nosotros. En la sobremesa le recordé su compromiso.

-Creo que me debe cuatro semanas. – Eso para mí no es ningún problema, más bien tengo otro. – ¿A que te refieres? – Pues a que querría cuatro más y cuatro meses y… – ¿Dispuesta a esta entrega, a esta sumisión? – Por supuesto. – Bueno todo se andará.

Ya de nuevo en la cama, ambos desnudos, me disponía a dormir cuando poniéndose a gatas se dirigió si miramiento a mi sexo, sus labios los situó a escasos milímetros, casi rozándolo. Entonces, susurrando me preguntó incluso con descaro:

-¿Puedo lamerla? ¿Disfrutarla con mi boca?…

Describir como a Marie le gusta lamer y su sumisión durante las cuatro semanas siguientes, lo veréis pronto, si este relato os ha gustado.

Autor: cadoan41

cadoan41@hotmail.com

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Mariposas en el estómago

Que placer sentir por fin una corrida de mi Amo dentro de mi, yo iba a estallar y le pedí permiso para correrme, no me lo dio, entonces agarré su polla y la metí en mi coño, empecé a moverme, quería que me la metiera hasta lo más profundo y se corrió de nuevo, esta vez dentro de mi coño, yo le volví a pedir permiso y esta vez me lo dio y estallé en un orgasmo inolvidable.

Las mariposas en mi estómago no paraban de revolotear. Hoy era el día. Después de varios meses de entrega, de doma, de deseo, de pasión, de largas conversaciones tan excitantes como tiernas, de tantas órdenes obedecidas, tantas desobedecidas, tantos castigos aplicados y aceptados con humildad, a través del teléfono, de Internet…, hoy por fin, iba a encontrarme con mi Amo.

Tocaba nerviosa el collar que él me impuso como señal de sumisión, de propiedad, mientras elegía la ropa que me pondría para recibirle. Quería estar preciosa, apetecible y accesible para mi Amo…Me decidí por una falda, no demasiado corta y una blusa…no llevaba ropa interior, ni tanga ni sujetador. Mi sexo estaba completamente rasurado y mis pezones duros y preparados para recibirle. La primera vez que hablamos él me pidió que lo recibiera así. Hace ya bastante tiempo, pero las palabras de mi Amo, sus peticiones, sus órdenes, se me graban a fuego…

En la sala del aeropuerto mis nervios eran cada vez mayores…¿como debía actuar? Debería abrazarle y besarle…o bien era más propio de una sumisa esperar la señal de su Amo…por otro lado a él le gusta que me comporte como una puta a veces…como su puta. Esos pensamientos hacían que mi sexo se mojara, desde que me hizo suya, el solo recuerdo de mi Amo, de su nombre, de su voz, de su contundencia, de su dureza, de su ternura, me pone tremendamente caliente. Sentirme suya, un objeto de su posesión, a su merced, su perra…es una dulce sensación que me hace desearlo, entregarle mi cuerpo y mi alma…Sumida en esos pensamientos me encontraba cuando lo noté…un dedo recorrió mi espalda…su mano me agarró contundente, por la cintura y me acercó a él…mi culo quedó apoyado en su sexo, que sentí duro…No podía ni moverme, estaba paralizada por los nervios y la excitación…Con la otra mano apartó mi pelo y me dio un suave beso en la nuca. Eso me hizo derretirme, me giré, clavé mis ojos en los suyos y él clavó su lengua en mi boca…fundiéndonos en nuestro primer beso.

Yo hacía de anfitriona, así que elegí el mejor restaurante de la ciudad, con una hermosa terraza y música ambiental. Estuvimos hablando mucho rato, de todo un poco, de nuestra vida, de nuestros deseos, me hacía reír…Pedimos una botella de Castillo de Clavijo Gran Reserva, y mientras el camarero la abría, mi Amo metió su mano por debajo de mi falda y empezó a acariciar mi coño. Yo me ruboricé, él hablaba con el camarero como si nada, y yo me moría de vergüenza ya que el camarero me miraba, creo que se deba cuenta de lo que pasaba…mi Amo permanecía impasible, mientras seguía acariciando mi sexo, introduciendo sus dedos en mi agujero, yo estaba chorreando, muy caliente, mis pezones estaban duros y tiesos, el camarero me miraba con una mezcla de deseo y confusión, y yo mismo estaba confundida, por una parte estaba completamente avergonzada y por otro caliente como una perra…Una vez que el camarero se fue mi Amo tiró de mi y me dijo al oído que le encanta que sea una perra obediente…eso me encantó, porque fue una reconocimiento por su parte y porque significaba que también recordaba nuestras conversaciones…

Después llegamos a mi casa…yo iba pensando en como se desarrollarían los cosas, pero Él ya lo tenía todo pensado…Empezó a desnudarme, al principio muy despacio…sentir sus manos, su respiración cerca de mi, como tantas veces había imaginado…mi coño iba a estallar de excitación, todo mi cuerpo se estremecía con sus roces, pero aún faltaba mucho para correrme…Cuando me tuvo desnuda, vendó mis ojos, y agarrándome del pelo me puso de rodillas frente a él, yo, sin poder ver, buscaba ansiosa su polla, con mi boca, con mi lengua, y cuando la encontré él me la metió de golpe, hasta dentro, me permitió tener su polla dura y palpitante dentro de mi boca, a la entrada de mi garganta, yo no podía dejar mi lengua quieta, había deseado lamer esa polla tanto…después la sacó y sin permitirme ponerme de pie, de rodillas, me puso un collar de perra y me arrastró hasta la cama. Una vez allí, me ató en cruz, cada tobillo a una esquina de la cama e hizo lo mismo con mis manos…mis piernas estaban abiertas, era imposible cerrarlas, y mi coño y mi culo estaban absolutamente expuestos a su merced, como todo mi cuerpo.

Sabía que a mi Amo le encanta aplicarme dolor, por lo que estaba preparada para recibir los castigos y vejaciones que a Él le vinieran en gana. Primero examinó mi cuerpo, sobó mis tetas, abrió mis agujeros, mi coño, mi culo, los forzó para ver hasta donde podía llegar su puta…entonces dejó de tocarme yo no veía nada, pero al instante empecé a sentir como cera ardiendo caía sobre mis pezones, el dolor era cada vez más, y comenzó a derramar cera sobre mis labios vaginales y en mi esfínter…Pellizcó mis pezones doloridos y los retorció como si fuera a arrancarlos…cogió una fusta y se dedicó a quitar la cera seca de todo mi cuerpo a latigazos…se esmeró, para que no quedara ni una gota…El dolor era insoportable, así como mi estado de excitación…que estaba en 25…

A esas alturas mis sentidos estaban corrompidos y ya no distinguía el placer del dolor…me desató y me puso a cuatro patas, poniendo una barra entre mis piernas para que no pudiera juntarlas. Empezó a lamer mi culo para lubricarlo, aunque ya estaba bien mojado, y cuando menos me lo esperaba clavó de un golpe su polla en mi culo, y empezó a bombear, diciéndome sin parar lo puta y lo perra que soy. La sacó y yo pensaba, ilusa, que el dolor iba a parar, pero nada más lejos.

Comenzó a azotarme con la fusta el culo, haciéndome llorar de dolor, yo le suplicaba que me azotara con su mano, quería sentir su piel, pero se hartó de mis suplicas y me amordazó para que me callara. Siguió azotando mi culo hasta marcarlo, y después lo frotó con sal, para aumentar el dolor. Cogió dos pares de pinzas unidas con cadenas, y me puso dos en los pezones y otras dos en los labios vaginales. Volvió a penetrar mi culo, mientras tiraba fuerte de las pinzas. Mis sollozos, mis quejidos, eran absorbidos por mi mordaza, siguió follando mi culo hasta que por fin sentí como lo inundaba de su leche…mmmm que placer sentir por fin, una corrida de mi Amo dentro de mi. Entonces besó mi espalda, la llenó de besos, me desató y limpió mis lágrimas…aplicó alcohol y crema en mis heridas para aliviarme y me abrazó…me sentí plena en aquel momento.

Le besé y él acarició mi sexo con mucho cuidado, yo iba a estallar y le pedí permiso para correrme…no me lo dio y casi me alegré porque entonces agarré su polla y la metí en mi coño, empecé a moverme, a ponerme muy cerca de él, quería que me la metiera hasta lo más profundo…y se corrió de nuevo, esta vez dentro de mi coño…yo le volví a pedir permiso y esta vez me lo dio y estallé en un orgasmo inolvidable…La noche no se acabó ahí, pero esa es otra historia…

Gracias mi querido amo por hacerme tuya, por haber tomado posesión de esta tu sumisa, por enseñarme cada día a complacerte… ¡Te adoro!

Autora: Lola sumisa

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La puta de mi mujer y sus amigas III

Los dos obedecimos. Y me corrí, y me corrí, fue eterno, salieron lecherazos bien fuertes, mientras la zorrita Carlos apretaba bien los labios para que no saliera nada. Creo que me estuve corriendo durante 30 segundos, sin exagerar. Mientras mi ama me seguía dando por el culo, que ahora me parecía gloria, yo follaba al unísono la boca del puto Carlos. Mi ama salió de mi culo y yo salí de la boca de Carlos, que apretó bien los labios para que no saliera nada.

Y volvió, o mejor dicho he de decir que volvieron después de cenar. Traían la cuchilla de afeitar y brocha y empezaron a afeitarme todo el pelo alrededor de la polla y culo hasta dejarlo todo bien limpio. Luego me depilaron el resto del cuerpo. Esto dolió bastante por no decir mucho. Después me pusieron el anti-erector bien prieto y me vistieron con ropa de mujer: medias largas, falda corta, muy corta y camiseta fina, sin bragas. También me pintaron la cara y me pusieron peluca, negra, quedé bastante puta. La verdad es que se me veía bastante buenorra. Me habían puesto inyecciones de cortisona en los labios y en los pezones y pechos lo cual hacía que se me inflaran los pezones y que pareciera que tenía unas pequeñas tetitas (ya tengo algo de tetas de por si ya que hago natación). Todo esto si cabe hacía que pareciera más puta, ya que no llevaba sujetador. Me temía lo peor y efectivamente salimos los cuatro de fiesta esa noche del sábado. La verdad es que “las” cuatro estábamos imponentes. Ellas también iban con faldas bastante cortas pero con tangas (yo era la puta y ellas las amas). Fuimos a una discoteca y mi mujer y sus amigas empezaron a tontear con tres chicos hasta enrollarse. Yo estaba sentado en una mesa sin decir nada, con las piernas cruzadas, intentando que no se viera el antierector aunque la falda era tan corta que se podía ver una parte del cachete del culo. La verdad es que era una pose bastante femenina. Entonces ellas me señalaron a los chicos y se empezaron a reír. Mi mujer se acercó y me dijo:

“Puta ven”

Los que estaban al lado miraron de reojo al oírla. Yo me levante y la seguí detrás de ella. Salimos todos y nos metimos en los coches. Yo con mi mujer y Carlos y Pedro en uno (los nombres los oí, no es que me los presentaran, ya que yo no decía nada y mi mujer solo se dirigía a mi para darme órdenes). Mientras Marta y María se fueron con Alberto. Mi mujer me dijo

“Puta conduce tú. Esta es la dirección de Carlos”

Y me dio las llaves. Yo me senté delante mientras ellos tres se sentaron detrás. Enseguida empezaron a morrearse y le empezaron a comer el coño.

“Mira también son sumisos, aunque no tanto como tú” y se empezó a reír.

Llegamos pronto a casa de Carlos, así como los otros. Cuando llegamos me hicieron ponerme de rodillas y con las manos en la espalda, aunque miraba de reojo la situación. Estaban todos desnudos y morreándose. Yo estaba excitadísimo y como siempre chorreando líquido seminal. Llevaba ya más de un día así! Aun no habia eyaculado y lo notaba en los huevos. Mi mujer era la que llevaba la voz cantante. Lo que esperaba sucedió (llegados a este punto de excitación no sabía si quería que pasase eso o no, pero no me queje). Les dijo a los tres chicos que se sentaran el sofá y a mi que les chupara las pollas, cosa que nunca antes habia hecho, pero que empecé a hacer sin ningún reparo y lo mejor que pude (era la puta sumisa de mi mujer y sus amigas). Ahí estaba yo, de rodillas, con las manos en la espalda, depilada, con un anti-erector bien apretado en mi polla y chupando pollas lo mejor que podia y tan al fondo como podía (hasta me entraban arcadas). Mi mujer y sus amigas se reían un montón.

“¡Vaya con la puta! Como le gusta chupar polla”

De vez en cuando mi mujer me cogía de la cabeza y me la metía bien hasta el fondo hasta que me entraban arcadas. Pero yo no me quejaba, era una buena putita sumisa. Entonces mi mujer dijo

“Muy bien, pasemos a la siguiente fase” me levantó la falda hasta la cintura y le dijo a Carlos. “¿Ves este culito depilado? Pues es virgen, es tu oportunidad de desvirgarlo” Esto también lo esperaba, aunque eso no quiere decir que me hiciera ilusión, la verdad es que no me excita que me den por el culo. De todas maneras, como una buena sumisa, estaba dispuesto a aceptar lo que mi ama me dijera. Además lo que si me excitaba, y un montón, era toda la situación, y cuando no eyaculas, llega un momento en que cualquier cosa te excita, estás como medio loco por correrte. Total que nos pusimos en una postura de cine porno. El Carlos ese me empezó a follar por atrás (al menos con vaselina, un detalle) mientras yo le comía el coño a mi mujer, que además me tenía cogido del cuello con un collar de perro. Con cada mano les hacía una paja a Pedro y Alberto que estaban sentados también en el sofá. Estos les comían los coños a Marta y María que estaban de pie en el sofá (la verdad es que estos tres también eran unos putos sumisos, hacían todo lo que mi mujer les decía). Así estuvimos un buen rato. La verdad es que era un poco incómodo. Tenía como ganas de cagar y me tenía que aguantar pero yo estaba excitadísimo, habría hecho lo que fuera, lo que fuera, por correrme. Como seguía echando liquido seminal, desde la tarde me habían puesto una bolsita para recogerlo. El primero en correrse fue Carlos en mi recién desvirgado culo (lo noté porque se hinchó todavía más y la sensación de cagar se hizo casi insoportable). Ante mi sorpresa mi mujer le dio una soberbia bofetada en la cara.

“¡Aquí nadie se corre sin mi permiso!”

Los otros dos no se atrevieron a decir ni mu. Además Marta y María los cogieron fuerte de la cabeza para seguir comiendo coño

“Ahora resulta que voy a tener que domar estas putas también”

Cogió a Carlos de una oreja fuerte, lo sacó de mi culo y lo hizo poner a cuatro patas. El preservativo se quedó incrustado en mi culo pero para mi fue un alivio. En cualquier caso yo seguía comiendo el coño de mi ama lo mejor que sabía. Mi ama sacó el preservativo y la leche que habia dentro y se lo puso en la palma de la mano. Le volvió a dar otra sonora bofetada a Carlos, más que nada para que quedara claro quien mandaba, y le ordenó comerse su propia leche, cosa que hizo sin rechistar lamiendo la palma de la mano de su nueva ama (que sumisos que podemos ser a veces los hombres, joder). Supongo que toda la situación y la comida de coño que le estaba haciendo, la llevo al clímax, puso los ojos en blanco y se corrió echando todos los flujos en mi boca, que intenté tragar lo mejor que pude. Entonces Marta y María también se corrieron en la cara de Pedro y Alberto. Estos estaban cerca de correrse, pero yo no les podia masturbar bien, primero por la postura, y segundo porque no sabia, total que les costaba. En cualquier caso mi ama me hizo parar. Los dos hicieron un cierto gesto de disgusto y, efectivamente, mi ama les dio un par de bien dadas bofetadas (se les puso la cara como un tomate). Yo seguía con mi cara en el coño de mi ama, refregándome suavemente (no me tenia que retirar hasta que mi ama me lo indicara), y Carlos seguía lamiéndole la palma de la mano, aunque ya no quedaba semen (puto sumiso…).

“Mirad los tres, sois putos sumisos y haréis lo que yo diga”. Y mirando a Pedro y Alberto, le volvió a dar una bofetada, más fuerte si cabe, a Carlos, mientras decía:

“Aquí nadie se corre, y sobretodo eyacula sin mi permiso”

Marta y María entendieron el mensaje, fueron por unas cuerdas que ataron a los huevos y la base de la polla de Pedro y Alberto. La erección de estos se hizo más fuerte si cabe (y por mi experiencia supongo que también dolorosa).

“Ahora le vais a follar el culo al puto Carlos para que aprenda quien manda aquí” Os recuerdo que no os podéis correr. Cuando estéis a punto tenéis que salir y dejar al otro.”

Carlos no había hecho ningún ademán al oír la situación. Seguía lamiendo la palma de la mano de la ama. Creo que a partir de la segunda o tercera bofetada se había vuelto en un perfecto sumiso. Total, que se lo follaron, bien follado, durante una buena hora, hasta que mi ama dijo basta. Sorprendentemente aguantaron sin correrse, pensarlo me excitaba, ya que pensaba en su propia excitación, o que yo era quien follaba a Carlos. Cuando paramos me quitaron el antierector y a ellos las cuerdas de huevos y polla, aunque nos ataron las manos a la espalda y a la pata de la mesa para que no pudiéramos masturbarnos. Esa noche dormimos así. Ellas se fueron a las camas a dormir, mientras nosotros estuvimos con una señora temprera, medio adormilados pero sin poder dormir. En mi caso era insoportable. Me hubiera roto la columna vertebral para poder chupármela, viéndola en un estado de erección casi imposible.

Ellas despertaron sin prisas, desayunaron, y se mearon en las bocas de ellos. Los tres tíos tragaron sin rechistar (vaya nenazas). Cayo al suelo, pero como era el piso de ellos no le importo a mi ama. De hecho nosotros nos meamos también ya que nos dejaron allí toda la mañana, y ellas se fueron a la playa. Eso si, antes de irse, nos dieron un buen palmotazo en los huevos para que bajara la erección (aunque no duró mucho…).

Al volver soltaron a Carlos y le dijeron que preparara la comida. Le pusieron solo un delantal mientras se reían. A Pedro, Alberto y a mi nos hicieron limpiar el suelo de orín con la lengua. Las manos seguían atadas ya que no se fiaban que nos pudiéramos masturbar, y no podíamos, pero si entre nosotros (a estas alturas ya habíamos perdido cualquier dignidad), total que nos intentábamos frotar disimuladamente los unos a los otros mientras limpiábamos el suelo o lamernos la polla, con el sabor de orín incrustado en nuestras bocas, hizo falta muy poco para estar cerca de corrernos.

“¡Mira las mamonas!” dijo mi ama riendo.

Entonces nos separaron, nos pusieron cubitos de hielo en la polla para bajarnos la erección, y nos pusieron un antierector a cada uno. Era horrible, quería correrme, no podia soportarlo mas, y ahí estaba de nuevo con el antierector. Ellas no parecían estar muy preocupadas por eso y se pusieron a comer.

Después de la siesta, nos pusieron en el suelo a Pedro, Alberto y a mí, mientras a Carlos, castigado, lo pusieron atado de rodillas mirándonos. Y empezó la sesión otra vez. Nos ataron los huevos y a follar! Esta vez tenían la cuerda cogida con la mano y a veces tiraban, just for the fun of it. En particular, mi mujer se estaba follando a Pedro, la primera vez que follaba a alguien que no fuera yo, ¡y yo mirando!

“Mira putita, ¿ves como me follo a otros hombres? Acostúmbrate porque pasara más veces. Sois todos unas zorritas. En el fondo todos deseáis que os traten así”

Y mientras decía eso se corrió. Por cierto el Pedro, ¡que aguante!, no se corrió en todo momento, aunque por la cara de sufrimiento, no lo debía estar pasando bien, ya que mi mujer lo regulaba con la cuerda. Lo mismo hacían Marta y María con nosotros hasta que se corrieron, dejándonos a los tres con un palmo de narices, aunque al menos nos soltaron las cuerdas de los huevos. Que alivio, pero yo llevaba desde el viernes por la tarde en un estado de excitación continuo y sin poder eyacular, los demás no creo que estuvieran en una situación mucho mejor, excepto el cabrón del Carlos. Total, al final su castigo habia sido que le follaran por el culo. Tal como estaba yo lo hubiera aceptado mil veces.

Entonces mi ama me dio un pequeño golpecito con el dedo en los huevos, que me ardían, e hice un gesto de dolor. Entonces dijo:

“Parece que la putita ya está lista” No se a que se refería pero yo tenía una erección de campeonato, dolorosa.

Me hizo poner a cuatro patas y le dijo al Carlos “Ven, mastúrbalo, ¡pero que no se corra!” “¿Como?” Pensé. Hasta cuando me iba a hacer sufrir mi ama, aunque yo chitón, como un buen sumiso. Carlos, otro buen sumiso, me empezó a acariciar suavemente mi dolorida polla, ahora libre en mucho tiempo. No la podia tocar mucho ya que si no me correría. Entonces mi ama cogió un consolador y me empezó a follar por el culo. Ahora hasta esto me excitaba, no era un consolador muy grande. Estaba en el cielo. Me cogió por el pelo.

“Mira puta, cuando estés a punto de correrte, quiero que me avises, ya sabes que no puedes correrte hasta que yo te de permiso”

“Si mi ama” respondí, aunque no estaba muy seguro de que tenía en mente, ¿me dejaría de nuevo con las ganas? En cualquier caso no tardé mucho en saberlo. La suave masturbación del Carlos y la follada de mi ama estaban empezando a hacer su efecto.

“Ama, estoy a punto de correrme, ¿puedo hacerlo?” supliqué.

Entonces mi ama cogió la cabeza de Carlos por los pelos y le obligó que me la chupara (obligar es un decir, era un esclavo bien dócil). Esto casi hizo que me corriera, aunque intenté aguantar, ya que mi ama no me había dado permiso todavía, pero ya estaba en el punto de no retorno, afortunadamente mi ama dijo

“Ya puedes correrte, puta” “Y, Carlos, zorrita, no quiero que caiga ni una gota al suelo ni que te la tragues”

Los dos obedecimos. Y me corrí, y me corrí, fue eterno, salieron lecherazos bien fuertes, mientras la zorrita Carlos apretaba bien los labios para que no saliera nada. Creo que me estuve corriendo durante 30 segundos, sin exagerar. Mientras mi ama me seguía dando por el culo, que ahora me parecía gloria, yo follaba al unísono la boca del puto Carlos. Mi ama salió de mi culo y yo salí de la boca de Carlos, que apretó bien los labios para que no saliera nada. Mi mujer y yo nos levantamos, entonces ella me preguntó:

“¿Lo hemos hecho bien, amo?”

Mi respuesta fue pegarle una buena bofetada en la cara.

“¡Ya has olvidado que ante mi has de estar de rodillas al menos que diga lo contrario?”

Las tres se pusieron en actitud sumisa: de rodillas, manos a la espalda y mirando al suelo. Entonces sonreí, les acaricié la cabeza a las tres y dije

“Sois unas buenas perritas, lo habéis hecho muy bien”

A todo esto los tres tíos se habían quedado de piedra, pero no se movieron, ¡vaya zorritas!, el puto Carlos seguía con mi leche en mi boca y por lo que veía bien empalmado, los otros dos seguían con el antierector. Le dije a mi mujer.

“Átalos a las patas de la mesa”

Y me fui a descansar un rato al sofá. Cuando volví, el Carlos seguía teniendo mi leche en su boca. Sonreí, no le había dicho nada, pero la última orden (de hecho de mi mujer) habia sido que se quedara con mi semen en su boca, y esto es lo que hay que hacer hasta que haya una nueva orden. Este tío también era un buen sumiso, así que decidí probarlo, lo desaté y lo puse a cuatro patas.

“Veo que eres una puta sumisa, ayer te follaron tus amigos y hoy lo voy a hacer yo. A ver como se folla el culo de un tío”

Estuvo bien, el culo estaba bastante prieto a pesar de lo de ayer. Además me daba morbo follarme un tío…con su boca llena de mi leche. Total que me corrí rápido.

“Muy bien puta, ahora tienes mi semen en tu culo y en tu boca”

Cogí a Pedro y Alberto y les dije. “Venga limpiadle el culo y la boca” lo cual hicieron dócilmente. Pensé, “Joder aquí todo el mundo es sumiso” Esto me excitó.

“Vaya, vaya, le voy a coger gusto a follar culos de tíos”

Cogí a Pedro pero no la tenía suficientemente dura, así que le dije a mi mujer que me la chupara. Me dio morbo ver como me limpiaba la suciedad del culo de Carlos. Esto me entonó lo suficiente y me follé a Pedro, mientras veía como le limpiaba la boca a Carlos. Aquí estuve un buen rato, y quiero decir un buen rato, hasta que me corrí. Cogí a Alberto e hice que me la limpiara. De nuevo me fui al sofá a descansar pero me llevé a Alberto para que me la siguiera chupando. Me daba morbo que un hombre me la chupara, además quería que aprendiera a hacerlo bien. Total que me tumbé y le ordené que me la fuera chupando de forma suave. De vez en cuando le daba bofetadas para que supiera quien mandaba. Es agradable estar en el sofá, tumbado, mientras alguien te la chupa. De hecho el puto tío le puso ganas y al final me corrí. Aproveché entonces para coger a los tres esclavos y ponerlos delante de mí en posición sumisa

“A partir de ahora sois mis esclavos y deberéis estar disponibles si así lo dispongo”

“Si, mi amo” dijeron los tres al unísono mientras me meaba en ellos.

Después de esto mis esclavas y yo nos fuimos.

Ya sabéis, una buena esclava también tiene que saber ser una buena ama, si su amo así lo exige.

Autor: Pervertido

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La puta de mi mujer y sus amigas I

Empecé a metérsela en el culo. Ella se quejó pero la amenacé con dejarla con la otra y no se quejó. Seguí follándola, le dije a la amiga que esperara con la boca abierta y la lengua fuera, decidí que era el momento de llamar a mi esposa, el espectáculo era tremendo. Tenía a sus dos amigas atadas y boca abajo. Una de ellas tenía la boca abierta y ya estaba babeando y a la segunda le estaba abriendo el culo a conciencia.

Todo empezó hace dos años. Hacía 5 que me había casado con mi mujer y teníamos una vida sexual que calificaría de normal. La follaba en diferentes posturas y también me la mamaba aunque nunca se tragaba la leche (lo cual la verdad que me molestaba un poco); sacaba la polla un poco antes de que me corriera. Alguna vez habíamos hecho sexo anal pero esto había decaído con el tiempo (también para mi desespero). La verdad es que ella se lo pasaba bien mientras la follaba y se ponía supercachonda. Se le ponía el coño supermojado y se podía correr varias veces antes de que yo llegará.

Por mi trabajo yo tenía que viajar a menudo. Las folladas a la vuelta eran las mejores ya que se notaba que ella me cogía con ganas. En una de estas estábamos cuando empecé a comentarle lo mojadita y cachonda que estaba (una costumbre que habíamos empezado recientemente para dar algo más de morbo a nuestras folladas). Ella me respondía que si y que estaba muy caliente. La verdad es que yo también estaba muy caliente. Y le iba diciendo.

-¿Que? Te gusta mi polla, ¿eh? Se nota que estás disfrutando. -Si, mi amor, ya sabes que me gusta mucho.

En este punto me gustaba parar de follarla para que ella me pidiera que siguiera.

-Métemela, métemela. Sigue. No pares.

Normalmente las conversaciones no pasaban de aquí pero esta vez me sonó a imperativo y le dije.

-¿Quieres que te folle? -Si. -Si. ¿Que? -Si. Por favor. -Así me gusta. ¿Quien manda aquí? -Tú. -¿Tú?

Ella dudó pero dijo.

-Tú, mi señor, pero fóllame.

Entonces repetí.

-¿Quien manda aquí?

Esta vez dijo sin rechistar.

-Tú, mi señor.

Esto era lo que quería. Decidí seguir follándola pero esta oportunidad no iba a perderla. Cuando veía que estaba todavía más caliente volví a parar.

-Por favor no pares. -¿Qué? -Por favor no pares, mi señor. -¿Quien manda aquí? -Tú, mi señor.

-Entonces ya está bien de pedir tanto. Ponte de espaldas.

Un poco sorprendida se puso de espaldas. Entonces empecé a restregar la polla por su coño. Ella esperaba que la metiera por ahí pero esta vez dije.

-Creo que te la voy a meter por el culo. -Por el culo no por favor. Me va a doler.

Ni me digné a contestar y empecé a presionar ligeramente mi polla en su culo aunque sin meterla, mientras con la otra mano la restregaba por el coño. Quería tenerla caliente. Ella no quería que se la metiera por el culo pero le gustaba lo que le estaba haciendo en el coño. Cuando su resistencia fue cediendo, quizás porque creía que no se la iba a meter al final o porque estaba cachonda perdida, le volví a preguntar.

-¿Quien manda aquí? -Tú, mi señor.

Esta vez me sonó totalmente entregada y aproveché para metérsela por el culo mientras no dejaba de trabajarme su coño. Ella empezó a respirar fuerte. Era evidente que le costaba y estaba sufriendo pero no se quejó. Al final se la metí entera y empecé el mete-saca. Al principio lentamente y posteriormente más rápidamente. Al compás de mi mano en su coño. Ella lo estaba empezando a disfrutar. Eso era lo que yo quería. Quería que se corriera con mi polla en su culo. Ahora estaba gimiendo, pero era de placer.

-¿Te gusta?

Ella gimió. Entonces repetí.

-¿Te gusta? -Sii…iii…iii” Dijo con voz entrecortada. -¿Si?  -Si, mi señor. -¿Te gusta que te la meta? -Si, mi señor. -¿Te gusta que te la meta por el culo? -Si, mi señor” decía y ahora estaba gozando a fondo.

Ahora si que me parecía entregada y toda la conversación me estaba poniendo a mil pero quería aguantar por todos los medios así que paré ante su sorpresa.

-¿Harás todo lo que yo te diga? -Si, si mi señor.  dijo mientras se retorcía intentando prolongar el gozo que tan bruscamente había parado. Estaba totalmente entregada.

-Eres una calentorra. Harías lo que fuera para que te la metiera. Ella asintió. Era el punto clave. Había que subir el tono hasta llegar al insulto para que supiera que era mía.

-Venga, mastúrbate pero no te corras, guarrita.

Ella obedeció mientras seguía a cuatro patas y con el culo en pompa y todavía abierto.

-¿Qué eres?”, le susurré al oído. -Soy tu esclava y haré lo que me pidas.  -Y una guarrita. Añadí yo medio cariñosamente mientras le metí tres dedos en el coño. Noté un escalofrío en su cuerpo. Estaba a punto de correrse. Esto no lo quería. -Deja de masturbarte, ¡zorra! grité. Ella paró bruscamente un poco sorprendida. Nunca la había llamado así. De hecho yo también estaba sorprendido. Pero no se quejó. Estaba a punto de caramelo.

-Estabas a punto de correrte. ¿No sabes que solo podrás correrte cuando tu amo te lo diga? -Si mi señor. Lo siento. -Fíjate lo calentorra que estás… y le di a probar sus flujos. Ella se los metió en la boca sin rechistar y empezó a chuparlos mientras gemía.

-Que guarrita. Supongo que esperas poder correrte pero estás aquí para servirme y hoy no te vas a correr. Lo que vas a hacer es que me la vas a chupar y te vas tragar toda mi leche.

Ella no dijo nada, dudaba, aparte de tragarse mi leche, se tenía que meter mi polla después de haber estado en su culo.

-Hoy te voy a follar por los tres agujeros. Estaba totalmente salido y empecé a restregar mi polla por su cara mientras volví a masajearle el coño. Ella reaccionó enseguida. Estaba salidísima. Saqué los dedos de su boca y puse la punta de mi polla en su boca. Ella abrió la boca y empezó a chuparme la polla. Ahora si que la había dominado por completo. Esto me puso a mil y no pude aguantar más corriéndome en su boca mientras gritaba.

-Chúpala así,¡zorrita! ¿Te gusta mi leche? Trágatela.

Fue una de las mejores corridas de mi vida. Ella se la tragó toda y no hizo ademán de retirarse hasta que yo quité la polla. A eso ella todavía seguía a cuatro patas. Le susurré al oído.

-Lo has hecho muy bien. A partir de ahora serás mi zorrita particular.” Ella asintió con la cabeza sin mirarme.

Todo esto me había puesto muy salido y quería follar de nuevo pero no quería que se corriera hoy. Lo había dicho y tenía que cumplir la promesa. Entonces se me ocurrió algo. La verdad es que estaba fuera de mí. Sabía que también le gustaba a dos amigas de mi mujer, ya que ella me lo había dicho, y yo mismo había estado dudando antes de escoger a mi esposa. Una de ellas era bastante delgada aunque con una cara de estas viciosas. Lo más llamativo de la otra era su culo. Me fui al comedor y llamé a sus dos amigas para que cenaran esta noche en casa. Las dos aceptaron encantadas. A todo esto mi mujer seguía en la cama en la postura que la había dejado, quieta sin atreverse a hacer nada.

-He llamado a tus amigas para cenar esta noche. Nos vamos a divertir los tres. Vete a preparar la cena.

Esto le sorprendió pero no dijo nada, solo:

-Si, mi amo. He hizo ademán de empezar a vestirse. La paré bruscamente. -No te he dicho que te puedas vestir todavía. Ve a la cocina.  -Lo siento mi amo.  y se dirigió a la cocina. Ya era evidente que podía hacer con ella lo que quisiera. Estaba en la situación que todo hombre podía soñar. Fui a buscar la ropa adecuada para su nueva situación. Encontré un top lo suficientemente corto y estrecho para satisfacer mis propósitos y una falda que tuve que recortar yo mismo así como hacer más estrecha. Con estas dos piezas fui a la cocina y le dije: – Hoy te vas a poner esto.

Me miró con cara de sorpresa pero se puso las dos piezas. Al verse con ellas puesta comprendió la magnitud de lo que parecía: las tetas estaban que se le salían o por debajo o por arriba o según como que se le rompería la camiseta sin más, la falda no era mejor, a la que se agachara se vería que no llevaba bragas, la verdad es que verla así me estaba poniendo la polla como una piedra.

-Pero así me van a ver mis amigas. Le pegué un azote fuerte en el trasero. -¿Que has dicho?  Bajó la cabeza y dijo: -Lo siento señor, pero me da vergüenza ir con esto delante de mis amigas, parezco….” -¿Que pareces? -Una prostituta, señor. -¿Y que crees que serás a partir de ahora? Mi putita particular.

Mientras le decía esto le volvía a meter los dedos en el coño, seguía mojadísimo. -Como no quieres que te trate como a una puta. Fíjate como tienes el coño, mientras le metía los dedos en la boca.  -Estás deseando que te la metan, ¿verdad?  -Si mi señor. -Ya te da igual quién te la meta, solo quieres polla, ¡so puta! -Si mi señor, soy una puta. Haré lo que diga mi señor. -Joder que puta. No aguanto más.

Levanté levemente la falda y se la volví a meter por el culo. Esta vez me costó muy poco. De tres embestidas me volví a correr de lo caliente que estaba. Ella estuvo a punto pero conseguí correrme antes. Se quedó con la cara de puta que se le estaba poniendo y restregándose con el armario de la cocina. -Para de restregarte como una puta y termina de hacer la cena. Te la volvería a meter por el culo pero primero tienes que hacer la cena.

Me fui al comedor a descansar. Me puse a ver la tele y estuve descansando lo que quedaba de tarde. A eso de las 10.00 llegaron las dos amigas. Les di dos besos bastante efusivos y no pudieron disimular la sorpresa al ver las ropas que llevaba mi mujer. Empezamos a cenar. La verdad es que mi mujer apenas paraba en la mesa mientras yo departía con sus amigas, el vino también estaba corriendo de forma abundante de forma que ellas estaban cada vez más contentas y mis manos iban cayendo en sus piernas y espaldas de forma cada vez más continuada. A todo esto ellas estaban bastante extrañadas con el comportamiento (y ropas) de mi mujer pero a medida que se fue desarrollando la noche se les fue pasando.

Al terminar de cenar (ellas más que contentas con el vino) nos pusimos los tres en el sofá mientras que le decía a mi mujer que fuera acabando en la cocina. Para entonces tenía abrazadas a las dos de forma cariñosa y estábamos semi-estirados en el sofá. En esta postura de forma natural fuimos apretándonos mutuamente. No hay nada como dos mujeres bebidas y en celo total que al final casi se pelearon para empezar a besarme. Empecé a pegarle un morreo a las dos mientras mis manos empezaban a pasar por encima de las tetas. Ellas iban mirando de forma nerviosa hacia la cocina pero la situación las estaba excitando sobremanera y parecían no dispuestas a perder la oportunidad de obtenerme, algo que siempre habían querido (mi mujer me lo había confesado alguna vez). Aparte la competición entre ellas hacía que intentarán adelantarse a la contraria. Así, aunque mirando hacia la cocina, habían empezado a sobarme la polla por encima del pantalón.

Yo por mi parte ya les había levantado la falda y les masajeaba el coño por encima de las bragas. Estaban a cien. Les dije: -Bajaros las bragas. -¿Y si viene tu mujer? Respondieron casi al unísono. -No os preocupéis, en cualquier caso siempre podéis bajaros las faldas si viene. Se miraron y medio nerviosas, por no quedar detrás de la competidora, se quitaron las bragas tan rápidamente como pudieron. Le froté el clítoris a cada una de ellas. Ambas tenían el coño supermojado. Para entonces ya me habían desabrochado totalmente el pantalón y me estaban empezando a pajear. Como no me habían bajado el pantalón no estaba totalmente cómodo. Les dije_ -Voy a ponerme algo más cómodo, seguidme. Pasamos por delante de la cocina, yo con el pantalón semi bajado y ellas sin bragas.

-Ahora tumbaros en la cama y quitaros la ropa, la primera tendrá premio. A pesar de que podia venir mi mujer los celos hicieron que se quitaran la ropa tan rápido como pudieron y les empecé a chupar el coño a las dos. Gemían como verdaderas putas. Obviamente mi mujer las podía oir. En esto paré, mi táctica habitual, y también dijeron: -¡No pares! -Aquí las cosas se piden por favor. -Por favor, no pares. -¿A qué estarías dispuesta por que siguiera. -A lo que sea. -Poneros de espalda. y les tapé los ojos con una venda y les até las manos a la espalda, y esta vez puse la cámara para grabar.

Cogí la que me más me gustaba el culo y empecé a metérsela. Ella se quejó pero la amenacé con dejarla con la otra y no se quejó. Seguí follándola. Mientras le dije a la amiga que esperara con la boca abierta y la lengua fuera, que no se tragara la saliva. Me gusta ver como babean.

En esto decidí que era el momento de llamar a mi esposa. Cuando llegó el espectáculo era tremendo. Tenía a sus dos amigas atadas y boca abajo. Una de ellas tenía la boca abierta y ya estaba babeando y a la segunda le estaba abriendo el culo a conciencia. Pero ella ya estaba totalmente en su papel y solo dijo:

-¿Que desea mi señor?

Sus dos amigas escucharon sorprendidas pero no dijeron nada. Una no podía, tenía que tener la boca abierta y la otra estaba demasiado preocupada por mis embestidas.

-Quiero que me chupes el culo mientras me follo a tu amiga.

Ella obedeció sin rechistar.

Cuando estuve a punto de correrme la saqué de su culo y la metí en la boca de la amiga. -Chupa polla, ¿te gusta el sabor del culo de tu amiga? Vaya par de putas. Y me corrí en su boca.

Continuará…

Autor: Pervertido

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Sometiendo a Ana II

Ella no paraba de jadear y de pedir más. Se corrió una vez más mientras la follaban, Ana estuvo así un buen rato, siendo usada como un trozo de carne por los tres chicos y se corrió al menos tres veces más. Rubén le ordenó ponerse de rodillas. Ana lo hizo y éste comenzó a masturbarse hasta que se corrió. Los demás lo imitaron y poco tiempo después Ana estaba con semen de la cabeza a los pies.

Miré como Ana se alejaba hacia la puerta. La minifalda apenas le cubría las nalgas, realzadas por las plataformas de 17 centímetros. Con cada paso que daba el diminuto tanga se alcanzaba a ver y una parte del plug que llenaba su culito. Sus muslos brillaban, mojados por la excitación que llevaba sintiendo toda la tarde. El delantal dejaba su espalda desnuda y el collar que acababa de ponerle le sentaba de maravilla. Se me puso dura cuando, con pasos tímidos llegó a la puerta.  Mientras giraba el pomo aumenté la velocidad del vibrador que llevaba dentro del coño.

Cuando abrió se encontró con Pedro, un chico de unos 30 años. Moreno, alto y el típico cachas. Lo había conocido en el gimnasio, al igual que al resto de mis compañeros de póker. Ana no los conocía ni ellos a ella, lo que me animó a invitarlos diciéndoles que tendrían una sorpresa, sin darles más detalles.

La cara de Pedro era de shock. Se quedó parado unos segundos, comiéndose a Ana con la mirada de arriba a abajo sin entrar. Me acerqué y le dije:

“Pasa Pedro, esta es mi esclava que nos atenderá esta noche mientras jugamos”, dije mientras Ana estaba con la cara roja por la vergüenza que estaba pasando.

Pedro entró a casa y yo apagué el vibrador para dejar que mi novia se repusiera un poco. Le ordené que guiara a nuestro invitado al salón para ponerse cómodo. Mientras iba delante, Pedro no paraba de mirarle el culo y se notaba un bulto en su pantalón. Se sentó en el sofa y Ana se quedó de pie, sin saber muy bien que hacer.

“La putita está aquí para servirnos en lo que queramos”, dije poniéndome detras de Ana y dándole un azote seco en el coño mientras encendí el vibrador. “Si quieres puedes examinarla en lo que llegan los demás, pero no la desvistas que quiero que todos se lleven la misma sorpresa que tu”.
Pedro rió y yo cogí una correa de perro y se la ajusté al collar. Pedro se puso de pie y tiró de la correa hacia el. Ana, desacostumbrada a los tacones, casi se cae pero el la cogió entre sus brazos, aprovechando para tocar sus tetas y magrear su cuerpo.

“Levantate la falda, putita. Enséñale a nuestro invitado como estás de llena hoy. Dile lo cachonda que estás”

Ana me miró con una especie de odio y lujuria, Vio, en el rabillo del ojo, la cámara que grababa todo y pensó que no tenía mucha opción así que hizo lo que le ordené. Pedro empezó a meterle mano y sonrió cuando sintió la base del plug.

“¿De donde sacaste a esta guarra?”, preguntó mientras metía y sacaba el plug y le tocaba el clítoris por encima del tanga.

“Esta zorra es una pija que nunca pensó en hacer esto, pero ya ves, se pone un poco cachonda y mira en lo que se transforma. ¿Verdad putita? Dile a nuestro invitado lo que eres”, dije azotándole el coño.

Antes de que pudiera responder sonó el timbre otra vez. Ana comenzó a caminar a la puerta pero le ordené parar. “Ponte a 4 patas, perrita, que Pedro te lleve”. Encendí una vez más el vibrador, lo que causó que sus rodillas se doblaran pues no se lo esperaba. Pedro aprovechó para tirar de la correa y rápidamente Ana estaba a 4 patas.

Pedro tiró de ella hacia la puerta y Ana lo siguió obediente. El panorama de mi novia totalmente sometida, cuando horas antes se cabreó porque la llame zorra, era espectacular. Pedro abrió la puerta y esta vez estaban José y Rubén, los dos que faltaban. Primero entró José, hablando sobre cómo pensaba quitarnos la pasta esa noche y se fue directo al salón, sin siquiera notar la presencia de Ana que se había puesto detrás de Pedro, supongo que para evitar que la vieran desde el pasillo. Rubén sí que la vio y se quedó parado unos segundos, mientras Pedro tiraba de la cuerda para exhibirla. Después de unos segundos dijo: “bonita mascota” y sin mediar palabra se bajó la bragueta y comenzó a golpear la cara de Ana con su polla que se fue poniendo dura. Yo aproveché para aumentar la potencia del vibrador al máximo, lo que produjo un grito en Ana que inmediatamente después empezó a buscar la verga con la boca. Rubén aprovechó para metérsela y follar su boca unos segundos tirándola del pelo.

“Está buena la perra”, dijo Rubén, “se ve que le gusta”. Sacó polla de la boca de Ana y se la guardó en el pantalón. Pedro tiró de la correa hasta el salón y al llegar le dijo: “Ponte de pie putita para que te vean”. Ana obedeció y seis manos comenzaron a recorrer todo su cuerpo, tirando sus pezones, dándole nalgadas y metiendo los dedos en su raja descaradamente. Rápidamente perdió el delantal y mientras Rubén pellizcaba y tiraba de sus pezones, José empezó a meter y sacar el plug. Ana sólo gemía y jadeaba como perra en celo.

“No excitéis mucho a la zorra”, anuncié mientras apagaba el vibrador, “que lleva toda la tarde esperando correrse y vamos a asegurarnos de que nos atienda bien antes de dejar que tenga placer”.  “Antes de que llegaran”, recordó Pedro, “esta guarrilla estaba a punto de decirnos algo”. La azotó en el culo y le dijo: “anda, dínoslo”.

Ana recorrió la habitación con los ojos, mirándonos a todos fijamente mientras se mordía el labio. Finalmente dijo: “Seré vuestra zorra esta noche, haré todo lo que me digáis. Pero por favor folladme y usadme como os plazca. Quiero ser vuestra putita”.

“Pues entonces por qué no nos sentamos a jugar y dentro de un rato la usamos, no se vaya a cansar”, dijo Pedro riendo mientras se acomodaba en la mesa. Los demás le seguimos, poco a poco, dejando a Ana jadeando junto al sofá sin percatarse de que nos alejábamos y de que nadie estimulaba su cuerpo. Supongo que habría estado a punto de correrse pero que el estímulo no fue suficiente.

Nos sentamos en una mesa de cristal redonda, mientras Ana seguía junto al sofá, perdida en las sensaciones así que le grité: “Putita, deja de tocarte y ven con los invitados a ofrecerles algo de beber”. Ana se acercó y se paró entre José y Rubén mientras todos le fuimos diciendo lo que queríamos beber. Verla en tetas y con una minifalda frente a cuatro tipos que no paraban de meterle mano era sin duda lo más excitante que había visto hasta ahora. La pobre se fue a la cocina zigzagueando y comenzamos a repartir cartas.

Tras varias partidas Ana volvió con una bandeja con nuestras bebidas. Cuando la vi acercándose, encendí el vibrador al máximo y comencé a verla haciendo malabarismos con la bandeja hasta que tropezó a causa de los tacones y se cayó todo al suelo.

“Zorra estúpida”, le grité. Ven aquí a recibir tu castigo. Ana me miró a lo lejos y se acercó cabizbaja a la mesa mientras todos la observaban expectantes. “Ve con Rubén y pídele que te de diez azotes como castigo”.

Ana caminó hacia él y Rubén le ordenó que cogiera sus tobillos y se subiera la falda. Ana hizo lo que le ordenaba ese extraño y pronto todos podíamos ver su espléndido culo con la base del plug sobresaliendo. El tanga brillaba de lo empapado que estaba mientras Rubén se quitó el cinturón y soltó el primer azote en las nalgas de Ana que gritó, una mezcla de pero a la vez un jadeo.

“Gracias”, dijo Ana cuando sintió el primer impacto. Rubén continuó azotándola, cada vez con más fuerza, y Ana agradeció cada uno de los azotes a pesar de que nadie se lo había ordenado. Cuando terminó su culo quedó rojo con las marcas del cinturón. Rubén le ordenó que se incorporara y vimos lágrimas en sus ojos pero a la vez una mirada de lujuria que nunca había visto.

“Ahora ve a limpiar el desorden que hiciste, putita, y trae nuestros tragos”, le ordené mientras repartía las cartas. Tuvimos unos 15 minutos para jugar sin distracciones. Vi a Ana acercándose pero esta vez no traía la bandeja, sino solo una copa. Encendí el vibrador pero esta vez lo esperaba así que aunque se balanceó un poco no tiró nada. Lo dejó en el sitio y tras 3 interminables viajes de ida y vuelta a la cocina, Ana cumplió su misión y se paró junto a la mesa, distrayendo nuestra atención de la partida. “Ponte a 4 patas, putita”, le ordené “y ve con Rubén a terminar lo que empezaste en la puerta”.

Encendí el vibrador a lo más bajo y Ana empezó a gatear hacia él. Se puso frente a sus piernas, debajo de la mesa, y le bajó la bragueta. Los demás podíamos ver todo a través del cristal de la mesa. Aunque seguíamos jugando, todos estábamos más pendientes de lo que hacía Ana que empezaba a lamer el pene de Rubén de arriba a abajo mientras lo cogía con una mano. Rubén volvió a golpear su pene contra el rostro de Ana, dejándolo bastante mojado. Después cogió a Ana del pelo y le metió toda la polla en la boca. Era muy grande para ella que empezó a protestar y a tener arcadas pero a Rubén le importó poco y empezó a usarla como si fuera un coño. El maquillaje de Ana se corrió y su cara estaba llena de su propia saliva. Después de unos cinco minutos en los que paró la partida, Rubén le ordenó que lo pajeara y poco después se corrió en toda su cara. Por segunda vez en su vida, y todo el mismo día.

Ana salió de debajo de la mesa para ir hacia el baño pero la detuve del brazo. “¿Dónde crees que vas putita? ¿Y los demás qué?”

Ana me miró desafiante pero se dirigió a Pedro y con voz de niña la preguntó: “¿Me dejarías comerte la polla?” Pedro no dudó en decir que sí y se bajó la bragueta mientras Ana, a 4 patas, gateaba debajo de la mesa hasta ponerse frente a el. Empezó a lamerle los huevos , metiéndoselos en la boca, mientras Pedro la animaba diciéndole lo puta que era y que como se notaba que le gustaba comer pollas. Ana seguía a lo suyo, subiendo poco a poco con la lengua, entreteniéndose en el glande mientras lo pajeaba con la mano. A estas alturas nadie prestaba atención a la partida. José, incluso, metía y sacaba el plug y los jadeos de ella se distinguían a pesar de la polla en su boca. Después de unos minutos así, Pedro explotó y Ana lo tragó todo, sin derramar una gota…

“Mmmmmm, qué rico”, teatralizó Ana. Sin que nadie le dijera gateó hasta José, le bajó la bragueta y comenzó a mamársela otra vez. Cuando intentaba metérsela en la boca, José cogía su polla con la mano y le daba golpes en la cara, esparciendo la lefa que tenía de las corridas previas mezclada con su saliva. Estaba echa un asco, pero nunca la había visto tan sexy. Yo, mientras tanto, cambiaba la intensidad del vibrador… José sin decir palabra se puso de pie y empezó a pajearse hasta que se corrió sobre la mesa. Después cogió a Ana del pelo, la puso de pie y acercó su cara a la mesa: “Límpialo putita, sabemos que te gusta”.

“Si amo”, respondió y comenzó a limpiar la mesa mientras José le metía los dedos en el coño. Cuando lo dejó todo limpio se dirigió a mi.

“Ponte de rodillas y metete mi polla en la boca putita y no hagas nada más. Quiero probar si me traes suerte en el juego, así que no me distraigas”, le ordené. Ana se puso a 4 patas caminó hasta estar entre mis piernas y se metió la verga en la boca. La sensación fue incredible, tenía un calentón tremendo de ver como se había comportado hasta ahora.

Tuve asi a Ana como 45 minutos, mientras jugábamos a las cartas y empezaba a tener una buena racha. Pasado ese tiempo, estaba cada vez más caliente, me costaba mucho concentrarme y mi suerte empezó a cambiar. Los demás, respuestos ya de sus corridas, comenzaban a mirar cada vez más la boca de Ana inmovilizada sobre mi polla.

“Sal de ahí abajo, putita”, le dije a Ana tirando de la correa que todavía llevaba, “Ponte de pie junto a mi, guarra, y cogete los tobillos”.

Ana obedeció sin rechistar. Llevaba más de 8 horas siendo estimulada y se notaba que lo único que le interesaba a estas alturas era correrse. Cuando tuve su culo frente a mi le quité el tanga y se lo metí en la boca. Después quité el plug que llenaba su culito. Tenía el ano totalmente dilatado.

“Señores, yo me retiro un rato de las cartas para follar por el culo a esta zorra. Aunque la vean así de guarra ese agujero es virgen. Hasta esta noche ni siquiera me había dejado correrme en su boca. Pero ya ven lo puta que en realidad es mi novia. Si alguno de ustedes quiere usar algun otro de sus agujeros, adelante”. Dicho esto le escupí en el ojete y metí un dedo para lubricar bien. Mi polla estaba empapada y durísima de haber estado en la boquita de Ana así que sin mediar palabra se la metí de un solo golpe.

Ana pegó una larido, ahogado por las bragas que tenía en la boca. Tiré de su pelo py lo usaba para coger impulso mientras embestía su culo. Los demás sólo miraban aunque después de unos minutos así, Rubén decidió pellizcar sus pezones mientras Pedro le comía el coño. Yo bombeaba cada vez con más fuerza y Ana se corrió por primera vez esa tarde. Además del alarido que soltó, todos nos dimos cuenta de lo que estaba pasando porque la muy zorra eyaculó, tirando un chorro de flujo sobre el parqué. Algo que nunca había hecho antes.

Al verlo no pude aguantar más y tuve una de las corridas más intentas que recuerdo, llenando su culo de leche. Cuando me recuperé saqué la polla de su y me puse frente a ella. Ana sabía lo que tenía que hacer y se la metió a la boca hasta que la dejó totalmente limpia.

“Le voy a follar el coño”, dijo José, “A ver que tan mojada está esta puta”. Se sentó en el sofá mientras Ana se hincó frente a él dejando sus tetas para que pudiera tirar de ellas. Mientras la follaba le ordenó que se inclinara hacia él y que se separara las nalgas. Ella sabía lo que venía.

“Siempre he fantaseado con una doble penetración”, gritó mientras José taladraba su coño.

Yo, mientras tanto, estaba en otro sofá fumando un pitillo y tomando fotos y vídeo del momento. Rubén se puso detrás de ella y la empezó a penetrar el culo. Cuando estuvo llena ambos comenzaron un vaivén mientras ella no paraba de jadear y de pedir más. Se corrió una vez más mientras la follaban así y Pedro aprovechó para acercarse a su boca y que se la mamara.

Ana estuvo así un buen rato, siendo usada como un trozo de carne por los tres chicos y se corrió al menos tres veces más. Rubén le ordenó ponerse de rodillas. Ana lo hizo y éste comenzó a masturbarse en su cara hasta que se corrió. Los demás lo imitaron y poco tiempo después Ana estaba con semen de la cabeza a los pies. Se veía exhausta, pero feliz. Los chicos se vistieron y les pedí que se marcharan. Cuando estuve solo con Ana le di un beso y le pregunté:

“¿Te gustó?” “Me encantó. Me da vergüenza decirlo pero nunca imaginé hacer algo así y la verdad es que me encantó. Nunca había disfrutado tanto.

La miré con ternura y la besé, probando la leche de los hombres que la habían usado esa tarde. Después le dije al oído:

“Todavía no he usado tu coño y estoy cansado así que móntame, putita” Ana me miró, me besó de nuevo y me susurró al oído: “¿Podemos ver el video de esta tarde mientras me follas?”

Autor: Amo123

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Además que me asaltaron me…

El tercer tipo, sacó su verga y mientras yo se la mamaba a uno y el otro me daba por el culo, comenzó a pajearse a mi lado, por lo que no se pero me provocó agarrar su miembro entre mis dedos, al que se lo mamaba acabó dentro de mi boca, el que me estaba dando por el culo, sacó su verga y regó mis nalgas con su semen, y el tercero al que masturbaba se vino entre mis dedos.

Tan recientemente como la semana pasada, tuve que visitar a una pariente mía, que aun vive en un viejo barrio de la ciudad. Más tiempo perdí buscando la dirección, que el que demoré estando en su casa, Ya que como comenzaba a oscurecer, por recomendación de ella misma, me retiré después de cumplir con el compromiso de llevarle un mensaje.

Cuando ya iba de regreso a la parada del autobús, vi que unos tipos mal encarados, se encontraban en la acera por la que yo debía pasar, y como siempre trato de ser precavido, crucé la calle, para bajar por la otra acera. Apenas terminé de llegar al otro lado, no sé de dónde ha salido un chico más o menos de mi edad, que me apuntaba sin preocupación alguna con un revólver. De inmediato me ordenó que entrase por una vieja puerta de madera que me condujo a un solar, en que en algún tiempo debió haber una casa.

Claro que al ver el arma, le obedecí de inmediato, aparte de que clavé la mirada en el piso, para que no se preocupase de que lo fuera a reconocer en otra ocasión. Ya cuando me ordenó detenerme, de inmediato me quitó el reloj, la cartera, y hasta un pequeño crucifijo que llevaba al pecho. Yo pensé que de seguro se conformaría con eso y me dejaría marchar. Pero no fue así, sin demora me exigió que me quitase la camisa, y al entregársela, de inmediato apuntándome aún con el arma me ordenó que me quitase el pantalón. Pensé decirle que no, pero esa arma en su mano me convenció de obedecerle.

Ya estaba yo en interiores, pensando cómo me las arreglaría para llegar a casa, cuando aparecieron un par de tipos más, más o menos de la misma edad que nosotros. Hasta ese momento mantuve la mirada clavada en la tierra, los escuché que saludaban a mi asaltante, y como lo regañaban por estar asaltando tan cerca de su casa. Pensé que quizás después de eso me devolverían la ropa y ya. Pero no fue así, uno de los recién llegados comenzó a caminar a mi alrededor y después le comentó a los otros dos, mejor le damos una buena paliza y lo lanzamos a la quebrada, para que no te denuncie, en ese momento del miedo que sentí, sin poder controlarme me puse a llorar, y hasta me arrodillé implorando por qué no me fueran a matar.

Debió ser el mayor de los tres, el que dándome una cachetada en la cara, me ordenó que me parase, y me quedara callado. Aún gimoteando le hice caso, y uno de ellos me tomó por el brazo obligándome a caminar, retirándonos de la puerta. Hasta que debimos llegar al fondo del solar, donde unos cuantos arboles y matas ocultaban la quebrada. Al detenernos uno de ellos dijo, me gustan esos zapatos, y sin pensarlo dos veces me los quité, y de inmediato dijo y las medias también me gustan, por lo que de igual manera me las quité. El mismo tipo creo que lo hizo por joder, se me quedó viendo los interiores y en tono burlón me dijo que mis interiores también le gustaban, yo me hice le desentendido, pero nuevamente me lo repitió pero ya de manera directa, mira no te hagas el sordo, que te acabo de decir que me gustan tus interiores, así que quítatelos.

El que estaba armado con el revólver, me hizo señas con el arma de que me los quitase, por lo que sin oponer resistencia, me los quité y se los entregué en su mano, pero a penas los tiró al suelo tras él. En ese momento estaba completamente desnudo, muerto de miedo, temeroso de que me fueran a golpear, y con frío. Sumamente  avergonzado, con mis manos ocultaba mi reducido miembro a consecuencia del miedo o del frío que sentía por todo mi cuerpo.

Por un corto rato, entre ellos estuvieron hablando, mientras que yo me quedé de pie, casi dándoles la espalda. En cierto momento sentí que me observaban, y al voltear mi vista hacia ellos, los vi mirándome fijamente y riéndose. Por un instante me quedé quieto, pero de momento como que adiviné que era lo que me pensaban hacer, y lleno de pánico traté de salir corriendo, no había dado ni tan siquiera un par de pasos cuando sentí que los tres me habían caído encima, tirándome contra el suelo. Aunque forcejeé por tratar de soltarme, fue inútil, ya que los tres me tenían sujeto de pies y manos con mi pecho pegado contra la tierra. Y al escuchar el martilleo del arma cerca de una de mis orejas, aún llorando dejé de moverme.

Aún tirado sobre la tierra y sujeto por ellos tres, comencé a sentir que me comenzaron a tocar mis nalgas, por lo que mi mayor temor comenzaba a hacerse realidad. Inútilmente llorando, pedí que se detuvieran, pero fue en vano, como que en lugar de tranquilizarlos mis súplicas los excitaba mucho más. El que tenía el arma en sus manos me comenzó a pasar la lengua por sobre una de mis orejas, y dijo. Bueno ya tú sabes lo que los tres queremos, o te dejas hacer todo por las buenas, o lo hacemos por las malas y encima te damos un tiro. No tuve que decirle nada, el quedarme quieto en un sumiso silencio, respondió por mí.

Casi de inmediato las manos de uno de ellos, continuaron tocando mis nalgas, e introduciendo sus dedos llenos de saliva dentro de mi esfínter, mientras que otro abruptamente separó mis piernas. Aunque me moría de la vergüenza, levanté mi vista para encontrar que frente a mí, el que se encontraba de pie ante mí, sacaba su miembro y se lo pajeaba al tiempo que comenzó a agacharse frente a mi cara. En ese instante sentí que los dedos que se encontraban dentro de mi ano, fueron retirados y casi de inmediato el dolor, producto de la brutal penetración que me estaban haciendo, comencé a sentir entre mis nalgas. El grito que pegué fue tal, que de inmediato me pusieron, un tapa boca, el cañón del arma. Lo que me obligó a callar de inmediato, unas manos me habían  tomaron por mis caderas y con fuerza empujado ese pedazo de carne dentro de mi culo.

Ya el dolor había comenzado a ceder, cuando de momento sentí que me cacheteaban mi rostro y al abrir los ojos veo con mayor asombro que esa verga que momentos antes la pajeaban frente a mí, apuntaba directamente a mi boca, y su dueño me tomaba por el cabello, obligándome a que la aceptase dentro de mi boca, contra mi voluntad. Ya resignado no me quedó más remedio, que dejar que me continuasen usando como les diera gusto y gana. Mi culo era penetrado una y otra vez, al tiempo que el tipo que lo estaba haciendo me ordenó que me moviese, y aunque por mucho que me doliera hacerlo, lo hice. Pero lentamente, algo muy raro me comenzó a suceder, aunque odiaba lo que me estaba pasando, y en mi mente los maldecía infinidad de veces, comencé a sentir un extraño placer, en eso de ser cogido por otro hombre.

No es que lo disfrutase, no era eso precisamente, era el sentirme sometido, vejado y sodomizado lo que comenzó a ser de mi agrado. La verga que tenía dentro de mi boca, me dediqué a chuparla con mayor intensidad, mientras que sin que me lo dijeran, separé más mis piernas, y la penetración fue mayor. Era algo que nunca había ni tan siquiera había pensado en ello, pero me estaba dando cuenta de que me gustaba, todo lo que sucedía. El tercer tipo, sacó su verga y mientras yo se la mamaba a uno y el otro me daba por el culo, comenzó a pajearse a mi lado, por lo que no se pero me provocó agarrar su miembro entre mis dedos, cosa que hice.

Por un buen rato me encontré en esa situación, hasta que al que se lo mamaba acabó dentro de mi boca y parte de mi cara, el que me estaba dando por el culo, al momento de venirse, sacó su verga y regó mis nalgas con su semen, y el tercero al que masturbaba continuamente, se vino entre mis dedos y parte de mi cuerpo. Ellos tres me dejaron tirado sobre la tierra, y a medida que se levantaban se reían de mí. Mientras que yo permanecí tirado en la tierra con mis piernas bien abiertas, sudado y lleno de su semen por todas partes de mi cuerpo.

Traté de levantarme, pero había quedado tan agotado por todo lo sucedido, que un sabroso sueño me venció. De momento siento que alguien me daba con un zapato por las costillas, y abruptamente me desperté. Dos hombres que no sé de donde salieron, me miraban como cosa rara, uno le dijo al otro, no sé si llamar a una patrulla o una ambulancia. En ese momento, lo único que se me ocurrió fue seguir rogando por mi vida, pidiendo que no me matasen, y que no me siguieran haciendo daño.

Los tipos resultaron ser policías, aunque de civiles sin uniforme, al escuchar parte de lo que me había sucedido, llamaron la ambulancia. Según el reporte policial fui víctima de un atraco, y por lo que entendían los asaltantes tenían como modo de operar el sodomizar a sus víctimas para que no hablasen. Como en efecto sucedió, después de recuperarme físicamente de todo lo sucedido, me di cuenta de que emocionalmente, no lo estaba. Internamente deseaba ser nuevamente asaltado y sodomizado, al punto que en ocasiones me ponía a caminar por sitios peligrosos, pero por suerte nada malo me sucedió. Pero al ir donde el psiquiatra que me recomendaron, él rápidamente identificó mi gusto por el masoquismo extremo, como consecuencia de la experiencia que había vivido.

Por lo que aparte de las consabidas pastillas, las cuales no he llegado nunca a tomar, me orientó hacía varios grupos de apoyo, los que fui visitando hasta que encontré uno que se ajustaba a mí. Ya no camino por sitios peligrosos, en lugar de ello, en el grupo de apoyo encontré un amo que me obliga a que haga todo lo que él desea.

Narrador

narrador@hotmail.com

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Sometiendo a Ana I

La dejé en la ventana, un par de chicos la vieron y comenzaron a gritarle cosas, un indigente se quedó mirándola mientras se hacía una paja. Salí al balcón con una cubeta y la puse en el suelo. Empecé a tocar a Ana, que a pesar de sus quejas gozaba como puta. Le ordené, mientras azotaba su coño, que meara en la cubeta. Me miró con una pasión que nunca había visto y empezó a mear en la cubeta.

Cogí su mano derecha y la até a la cabeza de la cama. Día un paso atrás para apreciar mi obra. Sus piernas, totalmente abiertas estaban atadas a las patas de la cama y dejaban su coño abierto a cualquiera mientras que sus brazos quedaban uno a cada lado. Mi dulce novia, Ana, no podía moverse. No sabía nada pero en las próximas horas se iba a transformar en una zorra insaciable.

Ana tenía 23 años. Morena, alta, de pelo negro ondulado que le llega por encima de los hombros. Tiene algunos kilitos de más que no me importan pues tiene unas tetas impresionantes, con unos pezones pequeños pero que se ponían duros a la mínima provocación. A pesar de ese cuerpo vestía conservadoramente, nunca se ponía falda y rara vez llevaba escote. Nos conocimos en una de las clases de la universidad discutiendo. Su carácter fuerte, siempre peleando con alguien y llevando la contraria, me atrajeron al instante. Al salir de clase seguimos discutiendo y la invité a salir. Esa misma noche follamos. Resultó conservadora en eso y me parecía raro. Si la pasión que ponía por discutir la dedicaba a follar podríamos pasarla muy bien. Salimos durante un año, en los que nuestra vida sexual estaba bien pero yo sentía que podría mejorar mucho. Le pedí que se depilase todo el vello del coño y me dijo que no, soltando antes un discurso sobre el feminismo al que no le presté mucha atención.

El sexo anal tampoco quería probarlo. Aunque me la mamaba de vez en cuando, nunca me dejó correrme en su boca. Una vez la convencí de ver una porno y se la pasó hablando, bajándome de inmediato el calentón. Un día le propuse atarla y me dijo que no, aunque no con la misma convicción que otras veces. Pensé que si le insistía podía llegar a convencerla así que estuve dos semanas insistiendo en lo mismo hasta que, finalmente, accedió. No lo podía creer, así que antes de que cambiara de opinión le pedí que se quitara los pantalones y que se tumbara en la cama. Lo hizo con un suspiro de por medio. Cogí un par de cuerdas y la até lo más fuerte que pude, dejando bien separadas sus extremidades. Ahora estaba frente a mí con un diminuto tanga naranja y un jersey de cuello alto.

Le vendé los ojos y cogí una pluma que comencé a pasar muy lento por sus pies. Le hacía cosquillas, pero fui subiendo poco a poco por sus piernas, poniendo especial atención en los muslos y evitando acercarme demasiado al tanga. Para que accediese a lo que tenía en mente tenía que hacerlo muy lento. Me entretuve en las piernas un buen rato, subiendo y bajando y acercándome cada vez más a su zona íntima pero sin estimularla mucho rato. Mi intención era ponerla más cachonda que nunca para ver si así sacaba a la puta que, suponía, llevaba dentro. Por los gemidos note que no estaba mal encaminado. Así que dejé la pluma y empecé a besar sus piernas de la misma forma, subiendo y bajando. Cada vez que me acercaba a su coño percibía el olor de su sexo. Cuando acercaba mi boca, Ana intentaba mover la cadera pero era inútil, las cuerdas la tenían bien sujeta. De vez en cuando simulaba no darme cuenta y dejaba la mano encima de su pubis unos instantes mientras ella intentaba moverse.

Me acerqué a su oído y le susurré:

-“Hoy vas a ser mi putita” Ana gimió un poco pero me dijo: -“Ni se te ocurra empezar con eso que ya sabes que no me gusta nada”. Una vez la llamé zorra mientras follábamos y se paró para darme una bofetada. Hoy no tenía esa opción. -“¿Ah si? ¿Y qué vas a hacer para evitarlo zorra?”, le pregunté. -“Te vas a enterar cuando me desates, capullo”, respondió.

Salí de la habitación y volví con una cámara en la mano. Ana seguía hablando…

-“Es más, esto no me gusta. Quiero que me desates ya”, dijo. Los ojos tapados le impedían ver que estaba siendo enfocada por el lente de la cámara. -“Para asegurarme que te vas a portar bien voy a hacer esto, putita…” y antes de que protestara tomé la primera foto. Ana se quedó muda pensando si en verdad había escuchado el click de una cámara. -“¿Estás tomando fotos?”, gritó molesta. -“Si, y como no te comportes el resto de la tarde irán a parar a internet”, respondí y le bajé la venda de los ojos. Me lanzó una mirada de odio y aproveché para tomarle otra foto. -“Así sin la venda no habrá duda de que eres tú” y se la volví a poner. Tomé unas fotos más.

Ana siguió protestando y yo, ignorándola, cogí unas tijeras y me preparé para cortar el jersey. En cuanto sintió el metal contra su vientre se quedó callada.

-“¿Qué haces? ¿Qué es eso?” preguntó asustada, intentando ver a través de la venda. -“Demostrarte que estás equivocada y que a pesar de lo que digas ahora vas a terminar rogando ser mi putita y harás todo lo que te ordene”. Terminé de cortar el jersey y Ana no paró de insultarme. Respondí quitándole la venda y sacando otra foto para el álbum, en sujetador.
Después puse las tijeras en sus bragas y las corté por en medio, asegurándome de que el frío del metal tocase, un segundo, su raja. Su pequeño tanga estaba empapado. Lo cogí y se lo puse en la cara para que lo oliera, mientras seguí sacándole fotos.

-“Ya ves guarrilla, tu mente dice una cosa pero tu coño otra muy distinta” y antes de que respondiera la di un azote con la mano abierta en el coño.

Ella gimió y volvió a protestar pero para callarla froté su clítoris unos segundos con mi dedo y casi al instante cogí el tanga y se lo metí en la boca:

-“Así ya no te vas a poder quejar, zorra”. Con las tijeras recorté el sujetador por la parte de enfrente y saqué varias fotos más. Cuando terminé le volví a poner la venda. Por fin la tenía totalmente desnuda y a mi merced. Sus pezones estaban duros y comencé a pellizcarlos y jalarlos.

-“He puesto una cámara de video para grabar todo así que ya sabes que pasará si no obedeces, solo esta tarde”. Miré su sexo, lleno de vello y con las tijeras comencé a recortarlo.-“Una putita como tu debe de llevar el coño sin pelos, para que sea más fácil acceder a el y usarla como se merece”, le dije mientras seguía recortando. Ana ya no protestaba. De vez en cuando ponía el frío metal de las tijeras en su clítoris unos segundos para excitarla y otras, aprovechando que no podía moverse, la sobaba con los dedos, asegurándome que disfrutase de su depilación. Estaba empapada. Cuando no se podía recortar más con las tijeras fui al baño por una cuchilla y crema de afeitar. La esparcí en su pubis y comencé a rasurarla con mucho cuidado. Cuando tenía que afeitar en torno a los labios le metía un dedo hasta el fondo y tiraba su piel con el pulgar mientras pasaba la cuchilla con la otra mano. Ana chorreaba, literalmente. Había dejado de quejarse hacía rato y solo gemía mientras intentaba mover su pelvis al ritmo de mi mano. De vez en cuando le daba un azote con la mano abierta que, lejos de dolerle, parecían excitarla más.

Terminé de rasurarla y entonces le puse crema, para que quedara suave y no le picara. Le seguir frotando el clítoris y metiéndole un poco los dedos pero asegurándome que no se fuera a correr. A estas alturas yo tenía la polla a punto de reventar así que me acerqué a su oído mientras metía el dedo medio en su coño y con el pulgar frotaba su clítoris. Con la otra mano le quité el tanga de la boca y le pregunté.

-“¿Te quieres correr zorra?”. -“Si, estoy muy cachonda”, respondió Ana jadeando. A estas alturas estaba con la cara roja y le importaba poco como la llamase. -“Pues falta para eso guarrilla. Vas a tener que rogar mucho el día de hoy para que te deje correr. Hoy estás aquí para darme placer que yo te use como quiera así que no protestes porque estás empapada como una perra” le dije, mientras seguía follándola con los dedos. Sus jadeos se hacían irregulares, noté que estaba a punto de correrse. Paré y saqué la mano y le di un azote.

-“Primero me vas a dar placer a mí”, le dije, mientras acercaba mis dedos chorreantes de sus jugos a su boca y le hacía chuparlos. Mientras tanto me bajé los pantalones y calzoncillos. Mi polla estaba durísima y enseguida la metí en su boca. Ella empezó a lamer y yo la cogí del pelo con ambas manos y comencé a follar su boca. Saqué mi polla y me puse en posición para hacer un 69.

-“Lámeme los huevos y el culo zorra”, le ordené y yo comencé a hacer lo mismo con su raja, empapada. También lamía su apretado culito, que nunca había follado. Cogí el tanga y lo metí en su coño. Noté que Ana estaba cada vez más cerca del orgasmo así que paré. Tenía un plan para el día de hoy y para ello era fundamental no dejarla correrse hasta dentro de un largo rato. Volví a meter mi polla en su boca y a usarla como si fuera un coño. Después de muy poco tiempo estaba a punto de estallar. Saqué la verga de su boca y comencé a masturbarme hasta que exploté, llenando de leche su cara y pelo. Nunca me había dejado hacerlo y hoy no estaba para pedir permiso. Quedó hecha un asco pero todavía muy excitada. No la limpié y, sin decir palabra, me levanté. Me fui a duchar y a cambiar y al poco tiempo fui a la cocina. Abrí la nevera y cogí un pepino. A pesar de mi insistencia Ana nunca quiso tener juguetes. Eso cambiaría hoy también, aunque tendría que salir a comprarlos y, por lo pronto, el pepino bastaría para dejarla caliente el rato que estaba fuera. Volví a la habitación y le puse un condón al pepino y se lo metí poco a poco en el coño. Ana comenzó a jadear hasta que lo tuvo dentro.

-“Nos vemos dentro de un rato zorrita, no te vayas lejos” y antes de que respondiera estaba cerrando la puerta de la calle…

Lo primero que hice fue pasar a un bar a tomar algo y hacer algunas llamadas para la siguiente parte de mi plan. Después fui a un sex shop donde pasé largo rato eligiendo que comprar. Al final me decidí por un plug anal, un huevo vibrador con mando a distancia y un vibrador. También compré unas pinzas para los pezones, un collar ajustado para el cuello con una anilla y un disfraz de asistenta de limpieza que consistía en un tanga negro de hilo dental, unas medias de rejilla, una falda negra muy corta que apenas le cubría las nalgas y abierta por ambas piernas y un pequeño delantal blanco que cubría sus pechos pero la tela era casi transparente.

Al salir del sex shop fui a una zapatería para completar su nuevo atuendo con unos tacones de plataforma de 16 cm negros  y volví a casa. Habían pasado dos horas desde que me fui, volvía a tenerla dura pensando en como encontraría a Ana. De camino paré en una farmacia por un enema. En cuanto abrí la puerta olí sexo en el ambiente. Fui a la habitación y escuché jadeos.

-“Hola Putita, ¿Te has podido correr?”, le pregunté. -“No”, respondió Ana con un largo jadeo. “necesito correrme por favor”. -“Ana, para que te deje correr tendrás que pedirme que te deje ser mi esclava sexual durante las próximas 24 horas. Obedecer en todo lo que te diga y te aseguro que descubrirás una parte de ti que no conocías y que te hará disfrutar del sexo como nunca antes”. Cogí el pepino, que se había salido casi completamente desde que me fui y lo empujé un poco.

Ana comenzó a jadear, dejándose llevar por las sensaciones que le producía el que la estuviese follando de esa forma tan obscena. -“¿Qué me dices? ¿Vas a ser mi putita?”, le pregunté. -“Si, haré lo que quieras pero por favor necesito correrme”.

Saqué el pepino de golpe y la miré serio. -“La cosa es, Ana, que si te dejo correr y te desato se que luego te negarás a ser mi esclavita, y eso no puede ser, ¿no crees?” -“Te lo prometo, haré lo que me digas pero deja que me corra” me dijo molesta pues se notaba vacía.-“Si te niegas a hacer lo que te digo ahora que te desate, estas fotos y este video van a ser muy populares en Internet, así que ya sabes”.-“Si por favor”, respondió ella. -“Una cosa más. Si te quieres correr empieza a rogar putita”.

Ana me miró con ojos de odio pero con una lujuria que no había visto antes en ella. Lentamente repitió: “Quiero que seas mi amo, quiero ser tu zorra esta noche y que me uses como te plazca”.

Comencé a desatarla y cuando estuvo suelta le prohibí que se tocara y le dije que fuera al baño. Cuando se puso de pie pude ver que tenía los muslos y todo el culo empapados de sus flujos. En el baño le ordené que se cogiera los tobillos de forma que su culito quedaba bien expuesto. Sin mediar palabra cogí el enema que había comprado y le metí todo el líquido y puse el tapón. Ana simplemente gimió, no le desagradaba a pesar de que nunca me había dejado acercarme a su culito. Abrí la ducha y la bañé bien, poniendo especial énfasis en su coño y en sus enormes tetas. A ratos le metía un dedo en el coño y comenzaba a masturbarla hasta que notaba que se estaba poniendo demasiado caliente y entonces paraba. Pobre Ana, llevaba ya 4 horas sin poder correrse y siendo estimulada como nunca antes.

Salimos de la ducha y Ana iba por la toalla le dije que parara, que quería que fuera al balcón a ponerse al sol hasta que se secara. Me miró con incredulidad, nuestro balcón daba a una de las calles poco concurrida de la ciudad pero por la que pasaba gente y sobre todo a esa hora. Le recordé a Ana de las fotos antes de que protestara y salió rápido a la ventana. Me dijo que le diera un segundo para mear y quitarse el enema pero le dije que se fuera inmediatamente. La dejé ahí unos 15 minutos durante los cuales un par de chicos la vieron y comenzaron a gritarle cosas y un indigente se quedó mirándola mientras se hacía una paja. Salí al balcón con una cubeta y la puse en el suelo. Empecé a tocar a Ana, que a pesar de sus quejas gozaba como puta. Le ordené, mientras azotaba su coño, que meara en la cubeta. Me miró con una pasión que nunca había visto y empezó a mear en la cubeta. Después, le dije que se quitara el enema en la cubeta, cuando el indigente había terminado de pajearse.  Cuando entró estaba empapada y con los pezones durísimos.

-“Tienes cinco minutos para ducharte otra vez para que quedes bien limpia. Puedes usar toalla. Si tardas más te castigaré zorra” -“Si amo” dijo ella. Metiéndose en el papel y corriendo al baño. Cuando se fue saqué de sus envolturas lo que había comprado y los lavé bien.

-“Has tardado dos minutos más zorra, te mereces un castigo”, le dije en cuánto llegó. -“Si amo”, respondió mirando al suelo. -“Ahora ponte en la cama a 4 patas zorra”.

Ana lo hizo y le metí el huevo vibrador en el coño. Ella respondió moviendo el culo hacia atrás. Me puse frente a ella y lo encendí lo más bajo posible. Ana comenzó a gritar de sorpresa. Cogí el plug y le dije que lo chupara. Obedeció al instante y cuando lo tuvo bien mojado se lo metí por el culo.

-“Muy bien zorrita, ahora ya estás lista para vestirte. Toma tu ropa” y le di el atuendo de mucama que había comprado. Lo miró con incredulidad pero se lo puso sin rechistar, con el vibrador encendido en lo más bajo y yo aproveché para aumentar nuestro álbum de fotos. Cuando quedó lista la verdad es que era espectacular, los tacones hacían sus piernas más largas y su culo se veía increíble. El tanga evitaba que se saliera el plug y el vibrador. Me acerqué a ella y le di un beso, después encendí el huevo vibrador un poco más fuerte.

-“Amo”, susurró, “¿puedo correrme por favor?”-“Muy pronto putita pero ahora no. Dentro de media hora van a llegar mis invitados, prepara la casa” Ana se quedó de piedra:- “¿Cómo?”-“He quedado a jugar póker y tú nos vas a atender así que prepara la mesa, bebidas, botanas, ya sabes. No dijiste que harías lo que fuese con tal de correrte?”-“Si, pero no quiero que me vean así otros hombres, suficiente he hecho ya hoy”, dijo Ana entre jadeos. Sus muslos comenzaban a estar mojados por la excitación que sentía.

-“Verás zorra, te va a gustar mucho. Déjate llevar y veras que te corres como nunca antes. Ahora date prisa y piensa que muy pronto vas a tener cuatro pollas para ti sola que te harán gozar…”, le dije y apagué el vibrador.

Ana comenzó a hacer lo que le decía, con dificultades pues no estaba acostumbrada a llevar tacones, y menos tan altos. Además, supongo que tener llenos el culo y el coño no le facilitaba los movimientos. Al poco tiempo sonó el timbre y Ana se paralizó. Encendí el huevo y le dije que viniera al salón.

-“Faltaba esto”, dije poniendo el collar en su cuello. Después caminé con ella hasta un espejo y la puse frente a el. Se quedó callada unos segundos, sorprendida.

-“¿Qué ves?” -“Una guarra”, me respondió. -“¿Y te gusta putita?” -“Si amo” -“Abre la puerta zorra”.

Continuará…

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Autor: Amo.123

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Una nueva tarde

Me dio otra fuerte palmada en el culo y me desató, me di la vuelta en la cama esperando a ver que pasaba. Pero él me hizo levantar y me condujo por la habitación, yo continuaba con los ojos vendados y no sabía donde íbamos, al notar un borde frío contra mis rodillas supe que estaba en la bañera, me ordenó tumbarme en ella, ya sabía lo que me esperaba, mi Amo me lo había hecho alguna vez.

Una nueva tarde,  una nueva sesión, ¿qué me esperaba esta vez?, como siempre no tenía demasiada información de lo que pasaría. Para la ocasión llevaba un vestido playero, de esos que se abrochan por delante y braguitas. Llegamos a la puerta de los apartamentos donde habíamos quedado con el otro Amo, mi Amo llamó al telefonillo y se abrió la puerta, sin ninguna pregunta, ninguna voz. Fuimos directamente al ascensor y subimos hasta la sexta planta y salimos, un largo pasillo con puertas a ambos lados se abría ante nosotros, no se veía nadie en el.

Mi Amo sacó el antifaz y me lo hizo poner, a partir de ese momento estaba en sus manos, me guió por el pasillo hasta que supuse estariamos delante de una puerta. Entonces sentí las manos de mi Amo deslizarse por debajo del vestido y sin ningun miramiento me bajó las bragas, me hizo levantar las piernas y me las quitó del todo.  Pero no había acabado aquí, sentí como, desde detrás, me descordaba los botones del vestido. Intenté protestar, pero él me indicó que ya conocía las normas y que desde el momento en que habíamos salido del ascensor le pertenecía completamente. Asi que calle y me dejé hacer.

Inmediatamente el vestido quedó completamente desabrochado, pero además, me lo quitó completamente dejándome completamente desnuda en aquel pasillo, a la vista de cualquiera que pudiera pasar en aquel momento. Estaba muerta de vergüenza y más cuando ató mis manos a mi espalda,  solo entonces llamó a la puerta. Parecía que la puerta no se abría nunca, hasta que escuché como lo hacía, mi Amo me empujó suavemente hacia dentro, di un par de pasos y unos dedos se aferraron a mis pezones, tirando de ellos, para acabar de hacerme entrar.

La puerta se cerró detrás de mí y una duda me invadió, ¿había entrado mi Amo?, no lo escuchaba y no tenía la certeza de si estaba con él o me había dejado sola. Evidentemente no podia quitarme el antifaz y cuando le pregunté si estaba conmigo, me respondio la voz de mi nuevo Amo diciendome que aquí solo hablaba él, que había sido entregada para una sesión con él y que bajo ningún concepto debía quitarme el antifaz hasta que él me lo indicara. Mientras hablaba había metido una mano entre mis piernas hurgando en mi mojado coño,  me lo apretaba, metía un par de dedos, haciendo que me agitara con fuerza, a todo esto yo continuaba sin saber si mi Amo estaba conmigo  o no, pero la verdad es que esto le daba un morbo increíble a la situación y yo sabía que él habría elegido perfectamente y no corría ningún peligro.

El Amo dejó de masturbarme, de golpe cuando notó que mi excitación empezaba a ser alta y me ordenó que me diera la vuelta para verme bien. Empecé a hacerlo poco a poco y él me iba parando para verme bien y entonces me hacía continuar.  Cuando estuve completamente de espaldas a él me hizo detener nuevamente para ver con detalle mi culo, me lo apretó fuertemente, separando mis nalgas, como inspeccionando el agujerito con el que en un momento iba a jugar. De repente, me dio una fuerte palmada en el culo mientras me decía que lo tenía muy blanco y que eso lo iba a arreglar él.

Me desató las manos de la espalda para atármelas nuevamente por delante, cogió la cuerda y me llevó por la habitación, yo tenía los ojos vendados  y eso me hacía caminar como un pato, con una indicación suya me hizo arrodillar e inclinarme hacia delante, sentí el frío de una mesa en mi pecho sobre la que me había hecho reclinar, nuevamente desató mis manos para también volver a atarlas a cada extremo de la mesa.

Se colocó detrás de mi y empezó a acariciarme el culo, sus manos se paseaban delicadas por mis nalgas casi sin tocarlas, cuando de golpe llegó el primer golpe, duro, seco, para volver a acariciar la zona golpeada, hasta que un nuevo golpe cayó sobre mi otra nalga, acariciándola de nuevo, entonces se levantó y escuché que buscaba algo, lo siguiente que noté fue un azote sobre mi culo y luego otro y otro, debía utilizar un látigo o algo similar porque los azotes eran agudos y finos, evidentemente no era una pala.

Estuvo un rato así, que a mi se me hizo interminable hasta que paró, entonces me desató y me hizo incorporar, sin atarme me llevó hasta la cama donde me hizo tumbar boca arriba, atándome a las patas de la cama en forma de X. Yo seguí con los ojos vendados, por lo que no sabía lo que estaba haciendo él y ni siquiera si realmente estábamos solos  o no,  aunque eso ya no me importaba. Después de escucharle buscar algo, sentí que se acercaba a mi, separó los labios de mi empapado coño y me puso un líquido que frotó con fuerza contra mis sensibilizados labios, inmediatamente sentí un calor inmenso en ellos, realmente la sensación era de calor intenso.

Volvió a separar mis ardientes labios y algún tipo de aparato empezó a entrar en mi, tenía una punta fina y redondeada, pero enseguida se dilataba cogiendo un tamaño considerable, entre lo mojada que estaba y el lubricante no le costó nada metérmelo todo dentro, y entonces aquello se empezó a agradandar dentro de mi, lo hacía él mediante una bomba, aquello se inflaba y inflaba, cuando me sentía completamente llena, empezó a estirar del mismo, notaba como mis labios se dilataban para dejarlo salir produciéndome un dolor agudo, al dilatarse mis labios dejaba completamente expuesto mi ultrasensibilizado clítoris,  entre el placer de la situación y el extraño lubricante caliente que me había aplicado directamente en el lo notaba muy inflamado y como digo muy sensible, así que cuando mientras sacaba el consolador inflable me aplicó directamente sobre el clítoris un potentísimo vibrador creí morirme de gusto,  me retorcía sobre la cama mientras él sacaba y metía el hinchable a la vez que aplicaba sin piedad el vibrador, poco a poco sentí que me llegaba el primer orgasmo, me venía con una fuerza increíble, él lo notó también y justo en ese momento paro el vibrador y desinfló el hinchable, dejándome a las puertas del orgasmo.

-Nadie te ha dado permiso para correrte y dudo que hoy lo hagas, me dijo mientras sacaba el hinchable de mí.

Me mantuvo atada a la cama mientras lo escuchaba nuevamente trastear, un momento después me desató haciéndome poner de cuatro patas sobre la cama, nuevamente sentí la suave cuerda rodear mis tobillos para atarlos a las patas de la cama y mis manos al cabecero.  De esta manera era mi culo el que quedaba ahora a su disposición, pero su mano fue directa a mi empapado coño, noté como intentaba meter algo dentro de el, algo grande, como una bola, del tamaño de una pelota de tenis, pero estaba tan mojada y dilatada del hinchable anterior que entró toda dentro de mí sin demasiados problemas, entonces acarició con sus manos suavemente mis nalgas, como había hecho antes, y como anteriormente también, una fuerte palmada, esta vez de sus manos cayó sobre ellas, las palmadas se alternaban con las caricias y además la bola empezó a vibrar con suavidad dentro de mí, pero a cada palmada la intensidad de la bola se incrementaba, esperaba cada palmada para incrementar el placer que sentía en mi coño y el calor en mi culo, hasta que tuve nuevamente el orgasmo a las puertas y él nuevamente paró de golpe, sacándome la pelota del coño que hizo un ruido como si fuera un tapón,  notaba como me palpitaba el coño, tenía contracciones y estaba a punto de correrme cuando sentí algo muy frío contra mi coño, me estaba frotando un cubito de hielo para cortar de golpe el orgasmo, esta vez casi se le escapa, pero estaba claro que no me correría.

Me mantuvo en esa posición hasta que notó que ya me había calmado y solo entonces volvió a la carga, me hizo levantar la cara y una puso una mordaza de cuero en mi boca, que ató a mi nuca,  separó mis nalgas y aplicó el lubricante a mi ano, metiendo a continuación un dedo en el, de inmediato la sensación de calor, casi de quemada me llenó el ano, él metía y sacaba su dedo dilatándome poco a poco, después de un par de veces fueron dos sus dedos y fue repitiendo la operación, despacio, con calma, hasta que fueron cuatro los dedos que metía con facilidad en mi culo.

Cuando consiguió meter los cuatro empezó a meterlos y sacarlos poco a poco, pero sin dejar que salieran completamente, a la vez que los giraba, como si fueran a rosca, cada vez que los sacaba, las siguiente vez entraba un poco más en mi, dilatándome el esfínter como nadie lo había hecho.  Después de cuatro o cinco veces, noté como su pulgar también quería entrar en mi, ahora no hacía un mete-saca, solo apretaba contra mi culo, haciendo rotar su mano, el dolor era intenso, pero no podía gritar ni hablar, para eso había sido la mordaza.

Notaba mi ano cada vez más dilatado, él iba lubricando sus dedos mientras entraban cada vez más en mi, notaba el lubricante, mezclado con mis propios líquidos resbalar por mis muslos mientras él seguía con su propósito, estaba segura de que intentaba meterme el puño en el culo y también estaba segura de que no lo conseguiría, pero tampoco tenía manera de evitarlo, el dolor ya era intenso cuando dejó de empujar, sacó la mano de mi culo y lo sentí, además de dolorido, completamente abierto.

-Esta vez no lo hemos conseguido, pero ya sabes que te espera la próxima vez, dijo.

Me dio otra fuerte palmada en el culo y me desató, me di la vuelta en la cama esperando a ver que pasaba. Pero él me hizo levantar y me condujo por la habitación, yo continuaba con los ojos vendados y no sabía donde íbamos, pero al notar un borde frío contra mis rodillas y hacerme meter dentro, supe que estaba en la bañera, me ordenó tumbarme en ella, ya sabía lo que me esperaba, mi Amo me lo había hecho alguna vez, pero nunca un extraño, al momento sentí su chorro caliente sobre mi coño, intenso, con fuerza, el chorro subió por mi vientre y pechos, se entretuvo un momento en ellos mientras me ordenaba abrir la boca y sacar la lengua.

Su chorro se paseó por mi cara, mi lengua, mi boca, sentía su sabor salado hasta que el chorro dejó de tener fuerza, sentí sus últimas gotas sobre mi pecho y me ordenó que se la limpiara bien, me puse de rodillas en la bañera y empecé a lamerla con ganas, sentía su saborcito salado mientras se iba poniendo dura, notaba como crecía y yo seguía chupando, el Amo me cogía la cabeza haciéndome llevar el ritmo, pensé que, incumpliendo los límites, se iba a correr en mi boca, pero en el último momento me la sacó y noté su semen caer sobre mis pechos y muslos, era una corrida intensa, larga.

-Se que tu límite es no correrse en tu boca, pero voy a pedirte que me la limpies bien, si quieres lo haces y si no no pasa nada. Me dijo.

No dije una palabra y me metí nuevamente su polla en la boca, tenía el sabor de su semen y todavía salía algo de ella, pero la chupé con ganas, dejándola bien limpia. Entonces él me dijo que ahora se iba, nunca iba a ver su cara, cuando escuchara que la puerta se cerraba podía quitarme el antifaz y ducharme, me dio un beso en la boca y se fue. Quedé sola en la bañera, pensando en lo que había pasado y disfrutando el momento, me duché y salí, desnuda a la habitación.

Allí, en un sofá estaba mi Amo, iba a preguntarle si había estado o no, pero sabía que no me lo diría, ademas, ¿tenía importancia?

Autor: R.Y.O.

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El laberinto del sexo

Esta es la historia de una sesión de una pareja, en la cual ella es sumisa a los caprichos del Amo, pero no esclava ya que al Amo no le gusta imponer, sino ver como su gatita por amor y lujuria se vuelve dócil ante sus deseos, y en el fondo ella se ve esclava ante sus propios necesidades ocultas, necesidades que solo se atreve a mostrar al hombre al que ama.

Su relación es de bdsm suave y erótico rozando el vainilla, espero que os guste. Su físico no es importante ya que en el bdsm cuentan más las sensaciones y situaciones ,una sumisa es un tesoro ya tenga 40 o 20 años, pero si quieren hacerse una idea, él es un amo de 30 años, apuesto, bello pero fuerte, y ella es una muchacha en último año de carrera, por ejemplo.

Comienza…Uno de mis primero relatos más sensual que sexual…

En algún lugar de Valencia.

-Querida gatita ¿sabes a donde te he traído vendada?

El amo le quita la venda, y la besa.

– Estamos en el campo Amo, hay muchos setos, respondió rápidamente ella, aun estando algo confusa por la situación. -Error, estamos en una de tus fantasías, estamos en un laberinto verde, lleno de setos, en el cual hay cuatro salidas, y tú y yo nos encontramos listos para una sesión, ya que hoy es un día especial ¿Verdad? La cuestión es que dentro de 60 minutos esto tendrá que acabar, y ya que estamos en un jardín de la ciudad de Valencia, te propongo un juego de sexo público, esto es todo lo que puedo decir, dime, ¿quieres o no quieres jugar? -Amo, no se….Esto es…-Susana, te doy mi palabra de amo que no pasara nada mientras sigas las normas, además fuiste tú la que me pidió hacer sexo público, dijiste que era excitante.-Pero y si viene gente y… – Tienes tiempo de sobra, la cuestión es, ¿confías en mi o no? -Si Amo, lo haré.  (¿Ella se somete voluntariamente?  o, ¿es el morbo lo que la obliga?) -Bueno pues, desnúdate ahora.

Susana empezó a quitarse la ropa, pese a ser las 10 de la mañana en verano, la brisa fresquita de la noche, le ponía duros los pezones y la piel de gallina.

-Ven aquí, preciosa.

Susana se acercó, él la calmó acariciándole a lo largo de la espalda, mientras la acercó a un seto, le cogió suavemente las manos y se las encadenó por encima de la cabeza.

-Bien ahora que estás encadenada a la fantasía te diré las normas, primero no huyas del laberinto ya que tu ropa estará doblada en el centro del laberinto, y tienes 60 min. para llegar, cuando lo hagas,… bueno eso ya lo veremos, ahora lo que importa es que no puedo resistirme a la idea de acariciar a mi gatita ahora que está tan provocativamente encadenada.

Él la besó apasionadamente, ella le respondía, sus pezones erectos rozaban con la suave camisa del amo, él la siguió a acariciando suavemente y le puso una mordaza de bola que le impidió hablar, pero no respirar, las caricias del amo iban subiendo en intensidad y bajando desde los pechos, pasando por el ombligo de ella, omitiendo su sexo y acabando en sus piernas, él la iba besando por todo el cuerpo, le dio la vuelta mientras le daba besitos en las piernas, mordisqueaba y besaba su hermoso culo, para acabar subiendo por la espalda lamiendo todo lo largo de la columna vertical hasta llegar al cuello que ahora besaba y soplaba, ella se estremecía, movía sus piernas y su sexo chorreaba, lo deseaba, estaba totalmente indefensa en medio de un laberinto con un hombre que la deseaba más que a nada y ella solo pensaba en hacerle el amor cuanto antes, contoneando sus caderas, buscando la fricción que levanta la pasión, para disfrutar del lujo de la lujuria de un hombre, cuando él le dijo:

-Susana, se que piensas, pero no hay tanta prisa, mejor que disfrutemos y alarguemos este momento y ahora te confieso que tengo la lengua seca de tanto saborear tu cuerpo, así que déjame refrescarme.

Bajó a su sexo y empezó a lamerlo muy despacio, ella suspiró a través de la mordaza, e intentaba acercarle su conejo al Amo, pero estaba atada, no podía llegar, él lo sabía y solo lamía superficialmente el clítoris, ella lo miraba suplicante y él se levantó, la miró a los ojos y la besó, uniendo sus lenguas.

-Se que estás caliente cariño, pero aguanta un poco más, ahora nos divertiremos, pero si ves que no puedes más con este calor veraniego solo dímelo. -Mmmm. -No entiendo lo que dices, bueno déjame acabar de saciarme ya que aun tengo sed además tenemos que darnos prisa ya que el tiempo corre, ahhh! se me olvidaba, espera un segundo, voy a por una silla y unas cosas y ahora vuelvo, por cierto hermosa gatita, no te escapes o me pondré muy triste, dijo esto mientras se reía sonoramente.

Él se fue, volvió a los cinco minutos con una silla y unos botes de pintura, ella pasó todo el tiempo buscándolo, asustada por que alguien la viera, temblaba pero su sexo no la correspondía, este no hacia más que rebosar excitación líquida.

-Bien como veo que pese a proponer lo de sexo público te asusta bastante, he decidido darte dos opciones, puedes ir desnuda por el laberinto ahora o puedo pintarte con pintura especial todo el cuerpo, así si alguien te ve no te vera desnuda, claro que la cuestión es que pintarte todo el cuerpo llevará su tiempo, te quito la mordaza y me lo dices que eliges. -Amo, vamos hacerlo aquí y ahora, estoy muy caliente, vamos déjame calmarte esa erección.-Te he dicho que elijas, puede que vengan la gente antes de lo previsto.

Ella miró de un lado al otro, y eligió la pintura, él sonrió, la amordazó y se sentó en la silla, cogió el primer pincel y lo pasó por el cuerpo de ella, pensando como iba a pintarla, ella estaba mirándole una y otra vez, pero él no parecía decidirse por empezar, dejó el pincel en el bote, puso papel en el suelo y cogió un huevo vibrador, se lo pasó por los pezones a ella, bajó por su vientre zigzagueando para luego acariciar su clítoris, lo metió dentro de su vagina y le dijo que hiciera fuerza para que no se cayera, cogiendo el tanga lo pasó por las piernas de ella y lo subió, consiguiendo así evitar que el vibrador salga.

-Susana cariño, serías tan amable de guardarme este juguete un rato, no lo quites de donde lo he puesto ya sabes como me molesta no saber donde están mis cosas. -Mmmmmmmmm…-Veo que no dices que no, gracias eres muy amable, creo que por eso me gustas tanto.

Además del tanga él le puso rodilleras, y unos guantes negros, ella no entendía el porqué, pero el amo no se detenía ya que continuación le puso unas esposas de cadena larga en los tobillos, con lo que podía andar a pasos cortos pero no correr, ella ya no podía pensar, tenía la excitación de que alguien la viera, el vibrador estaba a mínima potencia con lo que la mantenía caliente sin poder llegar al orgasmo y sobretodo confiaba en su amo y quería ver donde le llevaría esta morbosa sesión, al fin y al cabo los gatos son curioso.

(Mente de Susana)- Él me empezó a pintar, el pincel me hacía cosquillas, eran unas caricias muy delicadas, mis pechos tan sensibles como son, estaban siendo pintados, al igual que cada parte de mi cuerpo expuesto a la mirada de mi amo, notaba sus manos por todo mi ser pintando, cada pincelaba me vestía cara al público pero me desnudaba ante mi amo, que me miró y pintó cada rincón de mi cuerpo, me estremecía al pensar que él me conocía mejor que nadie, desde mis largas piernas hasta mi cuello, él me hablaba de la suavidad de mi piel, de lo bella que era, esas palabras me hacían estremecer pues eran brutalmente sinceras ya que él si de verdad conocía mi cuerpo, no es lo mismo cuando un obrero te lo grita, el obrero no te ama o te desea de la misma forma, no se cuanto tiempo pasó, solo se que mi amo se recreaba en masajear y sobar cada parte de mi cuerpo haciéndolo muy lentamente, cuando acabó, me dijo que pusiera el culo en pompa, ya sabía lo que iba hacerme, iba a ponerme mi cola de gatita, es un elemento de atrezo acabado en plug con una cadena de bolas de goma que se alojan en mi recto y por la forma exterior  realza mi figura y mi rol de animal domestico, al estar en mi ano las bolas acarician y llenan mi recto, yo esperaba que mi amo me penetrara él mismo, quería que se desahogará en mi culo de esa erección que tenia desde hace mucho tiempo y que debía dolerle, pero no lo hizo, solo me metió la cola, Ahhhhggg miauuuauuu, luego me puso la diadema de orejas de gato besándome al acabar, yo notaba que me faltaba algo pero no sabia que era, estaba confusa con todas las sensaciones que mi cuerpo experimenta, tanto por fuera como por dentro.

-Bueno mi caliente gatita, ya estás vestida de pintura, ahora voy a coger estas tijeras y cortaré el tanga, con lo que quedaras desnuda, por cierto no te quites las rodilleras ya que si te caes al andar podrías hacerte un rasguño con las piedrecillas del suelo, ahora te soltaré, y te esperaré en el centro del laberinto, con esas cadenas no podrás correr tras de mi, pero espero que vengas a buscarme, si no llegas antes de tiempo no podrás tomar tu lechecita calentita, me masturbaré y consideraré que me has fallado, por cierto esta pintura se cae con el sudor y ya empieza a hacer calor, espero que me encuentres pronto ya que no me gustaría almorzar solo sin mi dulce gatita, te esperaré Susana hasta que acabe el tiempo. tic-tac.

Él la soltó y la besó, ella intentaba seguirle, pero lo perdió de vista pronto, iba tras él, pero se perdió, no sabia donde estaba lo cierto es que se había desorientado en ese laberinto verde, buscaba y buscaba intentando recordar el camino, pero estaba tan caliente y asustada que no podía recordar por donde iba, la idea de su amo masturbándose, de traicionarle le asustaba, solo podía pensar en él, el único hombre que deseaba ver en ese laberinto, buscaba y buscaba con miedo de encontrar a alguien, creía que ya había pasado por algunos pasillos incluso encontré las salidas del laberinto creí oír ruidos, y me asusté, ya no podía mirar en cada esquina por si había alguien, empecé a correr pero me tropecé y caí, menos mal que llevaba las rodilleras (mi Amo lo sabe todo), seguí buscando pero tener algo introducido en el culo me ponía caliente, el calor de la mañana y el sudor de la búsqueda empezaba a desnudarla en medio de una ciudad verde, sola y desnuda pero con su conejo salvajemente chorreante, estaba tan excitadísima que sus flujos vaginales diluían la pintura de sus piernas, no podía calmarse masturbándose ya que tenía unos guantes con forma de pata de gata que eran de un tejido que arañaba, además no debía masturbarse, debía encontrar a su amo, el tiempo pasó, ella estaba segura que había pasado el tiempo prefijado, ahora encima tenía sed.

Cuando creyó oír la voz de su amo, se quedó quieta, solo su cola se movía por inercia mientras afinaba el oído,  no era una voz, eran unos cascabeles, los cascabeles de su collar, eso era lo que le faltaba de su atuendo, su hermoso collar que la unía al hombre que amaba, demostrando su sometimiento y amor, siguió el sonido, sabía que el único hombre que tenía ese collar era su amo, ya no le importaba que pudiera haber alguien más en el laberinto, ella se dirigió al centro, un lugar por el que ya había pasado, eran un muro que describía una curva, corrió alrededor, sabía que cuando diera la vuelta encontraría a su amo sonriente por su éxito, pero por más que corría no encontraba la entrada, debía estar lejos por lo que había corrido, pero el sonido parecía cercano, pensó en atravesar el seto pero al ir desnuda seguro que se hacía daño con las ramas, empezó a oír a un hombre gemir, su amo se masturbaba, iba a fallarle, estaba desnuda ya no quedaba casi nada de pintura, agotada de correr, se iba a dar por vencida se sentó en el suelo a llorar cuando al mirar el suelo vio una apertura a los pies del seto, era como una entrada de mascotas, ella había buscado puertas o zonas sin setos, nunca se le habría ocurrido buscar entradas en el suelo, entonces se dio cuenta para que servían las rodilleras, se puso a cuatro patas, ando gateando a través del agujero, cabía perfectamente un adulto, entonces lo vio sonriente.

-Cariño por fin, ven acércate que te acaricie, te has portado muy bien.

Ella ni se levantó, se acercó gateando, parecía una autentica gata, orejas-diadema, guantes-gato, cola-plug y una mirada felina y lasciva que nadie le podía quitar en estos momentos de felicidad. El iba vestido con una bata blanca de piscina y unos bóxers ajustados, cogió unas uvas y se las metió de una en una dulcemente a ella en la boca, el frescor de estas calmo su sed y él le coloco su collar, su hermoso collar.

-Sabes que hoy es el aniversario de mi gatita preferida, tal día como hoy yo te puse este mismo collar hace un año, ella se olvidó de todo su cansancio en ese instante. -Me tenías preocupado, te he oído pasar por aquí un millón de veces, lo cierto es que esto es un círculo de setos cerrado cuya única entrada es una abertura en el suelo, como ves es bastante íntimo, aquí nadie nos verá, y podemos pasar todo el tiempo que queramos, y como es el centro del laberinto tiene una decoración distinta, esto tiene el suelo de madera como verás, además de esa preciosa fuente, y con eso y algo de fruta para comer…

(Ella le cortó…)

-Miauuuauuu ¿Amo, has tenido esa erección todo el tiempo? acaso no es mi deber como sumisa cuidar de mi amo, veras amo (voz dulce), tengo mucha sed miauuuauuu, la gatita quiere su lechecita, así que con su permiso ya me sirvo yo sola. – Bien, yo pensaba que estarías cansada, para tener un sexto sentido  gatuno, te ha costado encontrarme, jajaja ,pero si quieres mimar de tu amo, no seré yo quien te lo impida, pero antes me gustaría un beso o no te quito las esposas.

Ella se le abalanzó y le besó apasionadamente, y él le quitó los guantes, las cadenas y una vez ella liberada él la cogió de la mano, la metió en la fuente, todo los restos de pintura y el sudor se fue, la fuente la refrescaba pero no conseguía calmar su sed de pasión, buscó la polla de su amo y le miró suplicante, él le dijo:

-Gatita ya puedes tomarte tu lechecita, que hay que ver como os gusta esto a los gatos.

Ella sonrió y empezó a lamer el musculado abdomen del amo, acariciándole las piernas, quitándole esa bata y dejando ver lo que ocultaba, oliendo por encima del bóxer su tesoro, describiendo círculos con su nariz y besando y lamiendo, le quitó el bóxer con los dientes, se acurrucaba como una gatita  entre sus piernas, rozando sus mejillas con los muslos de su Amo, maullando, mientras su nariz levantaba suavemente sus huevos para comenzar a lamer y chupar la cola del Amo, le encantaba su sabor, las caricias de su amo en la espalda y sus gemidos era lo único que necesitaba ahora, mientras lamía su glande ella recordaba la excitación de correr desnuda por el laberinto, de su amo pintando su cuerpo con pinceles, de la sonrisa de su amo al llegar, y el hecho de no defraudarlo, de ser ella la que él mima con sus caricias, con sus besos, la única que toca sus erecciones y la única que saborea su blanco y puro néctar…

El amo no tardó en correrse, después de todo lo sucedido era normal, ella saboreó su lechecita feliz de liberar al amo se su estrés, que con toda la fruta que su amo había comido estaba dulcecito, su Amo gimió como un león cuando se corrió, sonreía, bueno me sonreía a mi, yo le había hecho feliz, entonces se levantó, su erección se mantuvo incluso después de correrse, yo seguí chupando, lamiendo saboreando, pero él me levantó, comenzó masturbarme con su mano, notaba sus dedos en mi chorreante coño, él me mordisqueaba el cuello y me acariciaba los pechos, los besaba y jugaba con mis pezones, me calentaba la respiración alterada de mi amo sobre mi piel.

Me hizo sentar en el borde de la fuente, con los pies metidos en la refrescante agua, me abrió las piernas, yo no me resistía, lo deseaba, esa pasión de un hombre caliente, que me lamía con furia el coño, como me sobaba los pechos cada vez con más dureza, su erección dedicada a mi alma, levantada hacia el cielo, mostrándose con esas venas guerrilleras que buscan descansar en mi cálida cueva y así calmar esa furia, ese calor, esa pasión.

Mi amo me dio la vuelta y me colocó a cuatro patas dentro de la fuente, teniendo mis manos y rodillas mojadas con la cabeza fuera de la fuente, mirando al cielo soleado y al bosque laberíntico que ocultaba nuestro amor a los ojos del mundo pese a estar al aire libre, mi amo me la metió con fuerza en el coño, moviéndonos creamos olitas en la fuente, el balanceo de mis pechos hacía que mis erectos pezones tocaran las aguas frías, contrastando con el calor de mi corazón desbocado, de mis altos gemidos, olvidando el presente, pasado, futuro y el lugar donde me encontraba, nada me importaba salvo nuestro placer,…

Mi amo estaba desbocado, tanto que se había aguantado y soportado mi llegada había producido en el una pasión incontrolable, unos movimientos de cadera pasionales que hundían toda su virilidad en mi, cuando mis gemidos y los suyos empezaban a sincronizarse, cerca ya del orgasmo que quería darle a mi amo, este quitó mi cola-plug con bolitas de gato de un solo golpe, cada una de las bolitas acariciaron mi recto.

Estaba llena un segundo antes, mi coño y mi ano, y de repente lo sacó de golpe, Agggg, que placer, mi cuerpo se arqueó levantando mi ansioso y vacío culo, bajando mis tetas que se sumergieron en la fría agua, azotándome con la cola de gato con una mano mientras me acariciaba con la otra mi hinchado clítoris, el tiempo se detuvo, ambas almas gritaron unidas, en ese instante sentí todo lo que deseaba como mujer: el frío unido al calor (agua-sol), pasión-amor, dulzura-agresividad, intimidad con compañía, culpabilidad-felicidad, humillación de mi belleza-exaltación de la misma, la belleza de lo natural con lo comodidad de lo urbano, y sobretodo el placer de recibir el orgasmo, y de saber que yo le puedo dar el placer al hombre que más amo, mi Amo.

Después de las convulsiones, de la electrificante gratificación del orgasmo, mi amo y yo nos quedamos en las ya templadas aguas de la fuente, mirando al cielo, abrazados, desnudos, mirando como caían los chorros de agua, cuando le pregunté si podía quedarnos más, que no me importaba si nos veían, él se rió y me dijo:

-De verdad creías que te desnudaría en mitad de una ciudad a mi querida gatita, jajajaja, no Susana, estamos en Valencia, si, pero en el jardín botánico de un amigo mío, lo visita gente pero estos no vendrán hasta mañana, tenemos todo el día para correr desnudos, explorar el laberinto, comer la fruta y dulces, beber champagne y bañarnos, además que se me han ocurrido un par de morbosos juegos más, como has podido dudar, no te dije que lo había pensado todo, la cuenta atrás era para meterte prisa, pero tú eres la que ha llegado a la conclusión de que vendría gente en ese tiempo y la que tenía la fantasía de hacer sexo público, yo solo deseaba estar con mi gatita maullando a mi lado en un lugar hermoso y de paso si puedo verte sonreír de placer disfrutando tu fantasía, mejor que mejor, espero que te haya gustado.

-Amo, miauuuauuu, te amo, tengo más sed, tienes más leche para tu sumisa gatita sedienta, tendré que lamerte las bolas para que produzcas más cantidad, ya sabes que a las gatas nos encanta la leche, jugar con las bolas u ovillos de lana, y nuestra morbosa curiosidad no tiene límites, miauuuauuu.

Fin

Espero que les haya gustado…

Autor: Lordarcia

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Me transforme en su putita

Me puso una almohada bajo el vientre y comenzó el mejor suplicio que me hayan dado nunca. Acomodó su glande en la entrada de mi culito y de una sola vez metió su polla hasta el límite (yo, a veces, pensaba que me llegaba a la boca) y me folló, me folló… él tuvo dos orgasmos, sentía como, de vez en cuando, mi culito se llenaba de su leche calentita, me sentía sucia, guarra y me gustaba.

A los 24 años podía decir sin miedo que mi vida sexual era normal. Yo era un chico resultón, tenía novia y ella satisfacía mis necesidades sin problema alguno. Pero poco a poco algo comenzó a salir dentro de mí. Me angustiaba la necesidad de probar cosas nuevas ya que la monotonía comenzaba a reinar en mi interior. Me decidí a insertar un anuncio en la página de contactos de un portal de internet http://www.yunu.com/. Allí conocí a quién sería mi nuevo amante. Él era mayor que yo, tenía 58 años, tenía pareja estable al igual que yo y su interés era el mismo que el mío: probar cosas nuevas.

Tras muchos mails donde nos conocimos más profundamente y varios meses desde nuestro primer encuentro virtual me decidí a dar el paso y quedar con él (hasta entonces me había mostrado reticente a quedar por miedo…aunque por dentro deseaba hacerlo). El encuentro sería en su casa. Previamente habíamos pactado que tras la presentación oportuna comenzaría nuestro “juego”, en el que yo adoptaría el rol de mujer y sería su sirvienta particular… esto era algo que me excitaba muchísimo. Mi nombre sería Sara y él sería “mi amo”.

Llamé al timbre y rápidamente abrió la puerta. Era tal y como me había descrito (no voy a entrar en detalles), pero era un madurito bastante apetecible (acorde a mis gustos). Nos presentamos y me dijo que fuese a una habitación donde tenía preparada una sorpresa para mí. Fui hacia allá y me encontré sobre la cama un conjunto de ropa femenina que me volvió loco (o loca a partir de entonces).

Primero me puse unas medias negras. Mientras sentía la lycra rozar mis piernas comenzaba a excitarme más y más. Ajusté bien las medias con un liguero precioso a juego con un tanga de escándalo. Más tarde me puse una mini de Lolita que apenas tapaba mi culo y dejaba entrever el tanga. Un mandil de sirvienta y unos zapatos negros de tacón de aguja muy alto completaban mi uniforme… era consciente que desde el momento en que cruzara la puerta vestida así el juego ya habría comenzado.

Al salir al salón mi amo estaba sentado y rápidamente me miró de arriba abajo para dar el visto bueno. “Bueno Sarita, me apetece darme un baño…ven conmigo”, dijo. Fuimos hasta el baño (yo estaba bastante nerviosa). Me hizo desnudarle por completo y meterle en la ducha. Le froté bien por todo el cuerpo. Cargué de espuma mi mano y froté acariciando con eficacia su pene que ya comenzaba a estar durito e introduje uno de mis dedos por su agujerito (cosa que le gustó bastante).

Una vez fuera de la ducha le sequé y vestí con un albornoz y sandalias. Me dijo que le apetecía tomar algo mientras veía una buena película porno. Se sentó en el sofá y yo le puse la película que me ordenó. Fui a la cocina y le traje una cerveza. Justo en el momento en que me agaché para poner la cerveza en la mesa camilla que había frente al sofá mi amo comenzó a sobarme el culo metiéndome mano como un descosido. “Eres una sirvienta muy buena, pero un poco puta”, me dijo; “hoy recibirás lo que siempre has querido”.

El sonido de la película porno, las palabras de mi amo y el manoseo constante al que estaba siendo sometida hicieron que ya no aguantase más y me dirigiese hacia él. Le desaté el albornoz y pude contemplar un precioso pene depilado de 13 cms que decía “cómeme”. Sin dudarlo me lo metí en la boca y comencé a saborear por primera vez lo que a partir de entonces sería mi instrumento de placer favorito. Arriba y abajo intentaba metérmelo por completo en la boca, lamía su glande con la punta de mi lengua, bajaba hacia sus testículos rasuraditos y me los introducía en la boca. Incluso, alguna vez, me tiré al suelo y lamí sus pies con inusitada lujuria. Noté que su excitación llegaba al límite así que comencé a intensificar mis lamidas.

Mi amo me agarró del pelo y me obligaba a chupársela más y más… hasta que mi boca se inundó de un torrente de leche calentita que nunca antes había probado. La excitación no me hizo dudar de que tenía que tragármela toda, cosa que hice, exprimiendo su glande sin dejar ni rastro. Mi boca tenía un extraño sabor dulce y pastoso, me sentía toda una puta y eso me gustaba. Mi amo me dijo que me acercase y me metió su lengua en mi boca para saborear su propio semen… yo estaba excitadísimo.

De repente me dijo que me quitara la faldita y el tanga, cosa que hice despacito y sensualmente. De un cajón sacó un maravilloso consolador que puso mirando hacia arriba sobre la mesa camilla. “Tienes que tragarte el juguetito antes de que mi polla entre en tu culo”, me dijo. Me empujó hacia el consolador no sin antes ponerme unas pinzas de la ropa en los pezones (cosa que me excitó muchísimo). Me incliné sobre el consolador intentado abrir bien mi ano (virgen hasta entonces) pero el consolador era de un tamaño considerable y se resistía a entrar. Mi amo me daba pequeñas bofetadas en las mejillas cuando no conseguía que entrase, hasta que introduje un poco de saliva en mi agujerito y… ¡plof!, mi culo engulló por completo el consolador.

Me encantaba esa sensación. Mientras tanto mi amo había encendido una vela… rápidamente comprendí su finalidad. Rociaba mi cuerpo con la cera aún caliente mientras que no paraba de decirme “puta”, “zorra”…y piropos semejantes y me obligaba a subir y bajar para que mi culito se acostumbrase a recibir polla en grandes cantidades.

En cuanto mi amo vio que era suficiente me levantó de la mesa y me obligó a tumbarme de rodillas con mi culito mirando hacia él. Cogió un cinturón y comenzó a darme cachetes, unas veces con el cinturón y otras con la mano, en mi culito. Me llevó a su cama y me ató bocabajo de pies y manos en forma de “X” (con cuerdas en cada una de las patas de la cama). Me puso una almohada bajo el vientre y comenzó el mejor suplicio que me hayan dado nunca. Acomodó su glande en la entrada de mi culito y de una sola vez metió su polla hasta el límite (yo, a veces, pensaba que me llegaba a la boca) y me folló, me folló… él tuvo dos orgasmos, sentía como, de vez en cuando, mi culito se llenaba de su leche calentita, me sentía sucia, guarra… y me gustaba.

No creáis que yo no había tenido alguna corrida, pues el roce de mi polla contra la almohada mientras mi amo me montaba me provocó la corrida más maravillosa que jamás había tenido. Después me desató y lo siguiente fue hacernos un maravilloso 69 donde disfruté como una auténtica prostituta pues no sabía si me estaba dando más gusto recibir una maravillosa mamada de mi amo o volver a tener ese pedazo de carne en mi boca.

Tras esta sesión nos acostamos juntos completamente desnudos rozando nuestros cuerpos. Al levantarnos no pude más que pedirle que me diese por culo de nuevo, cosa que hizo gratamente con la condición de que yo se lo hiciese a él después… y la puta se folló a su amo (como buena niña obediente que debía ser).

Tras esto de vez en cuando volvemos a quedar inventando nuevos juegos. Unas veces en saunas de Madrid donde me pasea dándome cachetes por los pasillos para que todo el mundo sepa que soy su putita. Otras veces vamos a sitios nudistas y follamos mientras hacemos creer a la demás gente que no sabemos que nos observan. Incluso alguna vez he tenido “invitados” en casa y la sirvienta que soy ha tenido que servir a 2 y hasta 3 pollas a la vez…todo ello con muuucho gusto.

Nuestro próximo objetivo será que nuestras respectivas parejas participen con nosotros en una orgía donde todo esté permitido…tiempo al tiempo.

Autor: Fransex

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El test y las pruebas

Nos conocimos en Sevilla que es donde vivimos. Tras un encuentro empezamos cruzándonos e-mails y no recuerdo como, empezó a hablarme sobre rellenar un test. Tras insistirle para que me lo enviara un día me lo encontré en mi bandeja de entrada y cuando empecé e leerlo no daba credibilidad a mis ojos. Al principio casi me enfadé pero pronto empecé a excitarme y acabé contestándole.

La postura en la que me encuentro ahora es con mis tetas apoyadas en la alfombra mis muñecas atadas entre sí, mis piernas abiertas sin posibilidad de cerrarlas porque están inmovilizadas con cuerdas por encima de las rodillas y por los tobillos y por tanto mi coño y mi culo elevados y totalmente expuestos.

El coño y hasta los muslos los tengo totalmente húmedos porque gracias a mi amo (como tengo que llamarlo) me acabo de correr por segunda vez con la ayuda de un vibrador pero sobre todo por su maestría en tocarme.

Ahora mismo él está sentado en un sillón seguramente disfrutando de la vista que le brindo. Espero, paciente y plácidamente con la total seguridad de conseguir otro orgasmo tal y como lo acordamos antes de que acabe nuestra sesión.

Lo que no tengo claro y por eso estoy excitadísima es como va a disponer de mí, seguramente lo está pensando y poniéndose caliente, porque sabe que puede hacer lo que quiera dentro de lo que tenemos pactado.

Se me ocurren varias posibilidades: que me folle el coño o el culo porque se los tengo bien preparados, que me azote con el látigo que tiene en la mano o con la fusta que me hace sostener con mi boca, que me decida pinzar los labios de mi coño o simplemente que me magree… no lo sé pero a la espera de estos minutos de descanso me excita más.

Ya oigo como se acerca y me susurra al oído: ¿preparada para ser mía otra vez? – sí amo estoy preparada… pero antes de seguir os cuento como empezó todo…

Nos conocimos en Sevilla que es donde vivimos, por motivos de trabajo. Tras un encuentro relacionado con un proyecto, empezamos cruzándonos e-mails y no recuerdo como, empezó a hablarme sobre rellenar un test. Tras insistirle para que me lo enviara (me podía la curiosidad) un día me lo encontré en mi bandeja de entrada y cuando empecé e leerlo no daba credibilidad a mis ojos. Al principio casi me enfadé pero pronto empecé a excitarme y acabé contestándole.

Más o menos podéis imaginar las contestaciones, pero de momento aquí van las preguntas que me hizo.

1.- ¿Te gustaría ser sometida sexualmente?
2.- ¿Te gusta que te aten para ser follada salvajemente?
3.- ¿Te gusta que te azoten?
4.- ¿Te dejarías pinzar pezones, coño y otras partes del cuerpo?
5.- ¿Te gusta la cera sobre tu piel?
6.- ¿Qué juguetes tienes en casa?
7.- ¿Te dejarás sodomizar siempre que yo quiera?
8.- ¿Dime tres formas con las que te gustaría que te llamaran?
9.- Cuéntame tus fantasías sexuales.
10.- Dime alguna página favorita de la web que te guste.

Para acabar el e-mail me decía: bueno espero que me contestes pronto y que nos podamos ver para actuar según tus contestaciones.

Dudé algo, pero en un par de días le contesté. Cuando pulsé el botón “enviar” pensé: “La suerte está echada”. Estuve varios días nerviosa y mirando continuamente los e-mail sin recibir contestación.

Cuando ya pensaba que todo había sido un juego y nada más me llevé la gran sorpresa de que se presentó en la oficina con la excusa de hablar sobre un proyecto. Nada más verlo se me encendió la cara y me puse nerviosa.

Entramos los dos solos en una sala de reuniones y al principio disimuló hablando de trabajo. Cuando ya pasó un rato y se aseguró que no había nadie cerca fue al grano: me ha gustado mucho como has contestado el test, ahora viene la prueba.

¿La prueba?, le dije yo.

Sí, mañana a las seis quiero que quedemos en el café XXX, toma lleva puesto esto desde que te levantes de la cama por la mañana. Ya te adelanto que te pondré dos pequeñas pruebas: la primera será que entrarás en el servicio para que te quites las bragas y me las des y la segunda… bueno esa es un pequeño secreto. Te espero.

Cuando estaba a punto de contestarle, se levantó para despedirse cortésmente y se marchó.

Lo que me entregó eran unas bolas chinas, nada más verlas se me humedeció el coño. Al principio volví a dudar pero al cabo de un par de horas ya había decidido acudir a esa cita.

Por la mañana nada más sonar el despertador salté de la cama y ya excitada me metí en la ducha. Me puse las bolas chinas que entraron sin ningún esfuerzo y el tanga y sujetador más sexy que tenía, por lo demás y como no tenía más indicaciones unos vaqueros bien ajustados y un camisa con un buen escote.

Ni que decir tiene lo caliente y húmeda que estuve todo el día, de vez en cuando tenía que ir al servicio a secarme un poco.

Cuando llegó la hora me fui, porque no quería llegar tarde y a las 6 menos 5 ya estaba en el café. El si que se hizo de rogar y ponerme de nuevo nerviosa y hasta las 6 y cuarto no llegó.

– Hola, como estás. – Bien. – ¿Qué quieres tomar? – Un café, gracias.

Pidió 2 cafés y sin darme respiro me dijo: ¿a que esperas? Ya puedes ir al baño.

Mi corazón latía al máximo pero obedecí inmediatamente. Volví con el tanga dentro de un bolsillo de los vaqueros y me volví a sentar.

-Enséñamelo. -¿Aquí? -Claro, ahora mismo.

Ya tenía una voz autoritaria y no dudé en sacar una parte del bolsillo.

-Bien, veo que me obedeces al instante ¿dispuesta para la siguiente prueba? -Por supuesto.

No supe otra cosa que decir.

-¿Tienes móvil? -Sí, le contesté.

Esta prueba es muy fácil: haz como que vas a llamar, sal del bar detrás del cristal que yo te vea el culo y tienes dos opciones, si te vas sin entrar ya se acabó este “juego” y no volveremos a hablar de nada de esto y si vuelves a entrar serás mi putita personal y podré hacer lo que quiera contigo esta misma tarde.

Todavía si cabe se me aceleró más el corazón, pero obedecí y me salí como hablando con el móvil. Sabía que si entraba ya me iba a poseer y eso me hacía sentir entre excitada y con algo de “miedo”.

Estuve “hablando” por el móvil un rato y… volví a entrar. Lo único que acerté a decir es “Ya estoy a tu disposición”…

Ese fue el inicio y ya os contaré como siguió todo…

Ahora, tras varios encuentros aquí estoy.., os recuerdo, con mi culo bien levantado, a su plena disposición y mientras estaba pensando en todo esto ya se ha resuelto mi duda… mi amo ha decidido azotarme el culo, esta vez diez azotes, creo que bien merecidos porque la mamada anterior no fue todo lo bien que él se merece. Entre azote y azote, esos segundos tan excitantes y como siempre me hace contar:

1… gracias amo, 2… gracias amo, 3…

Siento como mi culo se enrojece mientras pienso en ser follada otra vez…

¿Te ha gustado el relato? Espero tus comentarios.

Autor: cadoan41

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