Sometiendo a Ana II

Ella no paraba de jadear y de pedir más. Se corrió una vez más mientras la follaban, Ana estuvo así un buen rato, siendo usada como un trozo de carne por los tres chicos y se corrió al menos tres veces más. Rubén le ordenó ponerse de rodillas. Ana lo hizo y éste comenzó a masturbarse hasta que se corrió. Los demás lo imitaron y poco tiempo después Ana estaba con semen de la cabeza a los pies.

Miré como Ana se alejaba hacia la puerta. La minifalda apenas le cubría las nalgas, realzadas por las plataformas de 17 centímetros. Con cada paso que daba el diminuto tanga se alcanzaba a ver y una parte del plug que llenaba su culito. Sus muslos brillaban, mojados por la excitación que llevaba sintiendo toda la tarde. El delantal dejaba su espalda desnuda y el collar que acababa de ponerle le sentaba de maravilla. Se me puso dura cuando, con pasos tímidos llegó a la puerta.  Mientras giraba el pomo aumenté la velocidad del vibrador que llevaba dentro del coño.

Cuando abrió se encontró con Pedro, un chico de unos 30 años. Moreno, alto y el típico cachas. Lo había conocido en el gimnasio, al igual que al resto de mis compañeros de póker. Ana no los conocía ni ellos a ella, lo que me animó a invitarlos diciéndoles que tendrían una sorpresa, sin darles más detalles.

La cara de Pedro era de shock. Se quedó parado unos segundos, comiéndose a Ana con la mirada de arriba a abajo sin entrar. Me acerqué y le dije:

“Pasa Pedro, esta es mi esclava que nos atenderá esta noche mientras jugamos”, dije mientras Ana estaba con la cara roja por la vergüenza que estaba pasando.

Pedro entró a casa y yo apagué el vibrador para dejar que mi novia se repusiera un poco. Le ordené que guiara a nuestro invitado al salón para ponerse cómodo. Mientras iba delante, Pedro no paraba de mirarle el culo y se notaba un bulto en su pantalón. Se sentó en el sofa y Ana se quedó de pie, sin saber muy bien que hacer.

“La putita está aquí para servirnos en lo que queramos”, dije poniéndome detras de Ana y dándole un azote seco en el coño mientras encendí el vibrador. “Si quieres puedes examinarla en lo que llegan los demás, pero no la desvistas que quiero que todos se lleven la misma sorpresa que tu”.
Pedro rió y yo cogí una correa de perro y se la ajusté al collar. Pedro se puso de pie y tiró de la correa hacia el. Ana, desacostumbrada a los tacones, casi se cae pero el la cogió entre sus brazos, aprovechando para tocar sus tetas y magrear su cuerpo.

“Levantate la falda, putita. Enséñale a nuestro invitado como estás de llena hoy. Dile lo cachonda que estás”

Ana me miró con una especie de odio y lujuria, Vio, en el rabillo del ojo, la cámara que grababa todo y pensó que no tenía mucha opción así que hizo lo que le ordené. Pedro empezó a meterle mano y sonrió cuando sintió la base del plug.

“¿De donde sacaste a esta guarra?”, preguntó mientras metía y sacaba el plug y le tocaba el clítoris por encima del tanga.

“Esta zorra es una pija que nunca pensó en hacer esto, pero ya ves, se pone un poco cachonda y mira en lo que se transforma. ¿Verdad putita? Dile a nuestro invitado lo que eres”, dije azotándole el coño.

Antes de que pudiera responder sonó el timbre otra vez. Ana comenzó a caminar a la puerta pero le ordené parar. “Ponte a 4 patas, perrita, que Pedro te lleve”. Encendí una vez más el vibrador, lo que causó que sus rodillas se doblaran pues no se lo esperaba. Pedro aprovechó para tirar de la correa y rápidamente Ana estaba a 4 patas.

Pedro tiró de ella hacia la puerta y Ana lo siguió obediente. El panorama de mi novia totalmente sometida, cuando horas antes se cabreó porque la llame zorra, era espectacular. Pedro abrió la puerta y esta vez estaban José y Rubén, los dos que faltaban. Primero entró José, hablando sobre cómo pensaba quitarnos la pasta esa noche y se fue directo al salón, sin siquiera notar la presencia de Ana que se había puesto detrás de Pedro, supongo que para evitar que la vieran desde el pasillo. Rubén sí que la vio y se quedó parado unos segundos, mientras Pedro tiraba de la cuerda para exhibirla. Después de unos segundos dijo: “bonita mascota” y sin mediar palabra se bajó la bragueta y comenzó a golpear la cara de Ana con su polla que se fue poniendo dura. Yo aproveché para aumentar la potencia del vibrador al máximo, lo que produjo un grito en Ana que inmediatamente después empezó a buscar la verga con la boca. Rubén aprovechó para metérsela y follar su boca unos segundos tirándola del pelo.

“Está buena la perra”, dijo Rubén, “se ve que le gusta”. Sacó polla de la boca de Ana y se la guardó en el pantalón. Pedro tiró de la correa hasta el salón y al llegar le dijo: “Ponte de pie putita para que te vean”. Ana obedeció y seis manos comenzaron a recorrer todo su cuerpo, tirando sus pezones, dándole nalgadas y metiendo los dedos en su raja descaradamente. Rápidamente perdió el delantal y mientras Rubén pellizcaba y tiraba de sus pezones, José empezó a meter y sacar el plug. Ana sólo gemía y jadeaba como perra en celo.

“No excitéis mucho a la zorra”, anuncié mientras apagaba el vibrador, “que lleva toda la tarde esperando correrse y vamos a asegurarnos de que nos atienda bien antes de dejar que tenga placer”.  “Antes de que llegaran”, recordó Pedro, “esta guarrilla estaba a punto de decirnos algo”. La azotó en el culo y le dijo: “anda, dínoslo”.

Ana recorrió la habitación con los ojos, mirándonos a todos fijamente mientras se mordía el labio. Finalmente dijo: “Seré vuestra zorra esta noche, haré todo lo que me digáis. Pero por favor folladme y usadme como os plazca. Quiero ser vuestra putita”.

“Pues entonces por qué no nos sentamos a jugar y dentro de un rato la usamos, no se vaya a cansar”, dijo Pedro riendo mientras se acomodaba en la mesa. Los demás le seguimos, poco a poco, dejando a Ana jadeando junto al sofá sin percatarse de que nos alejábamos y de que nadie estimulaba su cuerpo. Supongo que habría estado a punto de correrse pero que el estímulo no fue suficiente.

Nos sentamos en una mesa de cristal redonda, mientras Ana seguía junto al sofá, perdida en las sensaciones así que le grité: “Putita, deja de tocarte y ven con los invitados a ofrecerles algo de beber”. Ana se acercó y se paró entre José y Rubén mientras todos le fuimos diciendo lo que queríamos beber. Verla en tetas y con una minifalda frente a cuatro tipos que no paraban de meterle mano era sin duda lo más excitante que había visto hasta ahora. La pobre se fue a la cocina zigzagueando y comenzamos a repartir cartas.

Tras varias partidas Ana volvió con una bandeja con nuestras bebidas. Cuando la vi acercándose, encendí el vibrador al máximo y comencé a verla haciendo malabarismos con la bandeja hasta que tropezó a causa de los tacones y se cayó todo al suelo.

“Zorra estúpida”, le grité. Ven aquí a recibir tu castigo. Ana me miró a lo lejos y se acercó cabizbaja a la mesa mientras todos la observaban expectantes. “Ve con Rubén y pídele que te de diez azotes como castigo”.

Ana caminó hacia él y Rubén le ordenó que cogiera sus tobillos y se subiera la falda. Ana hizo lo que le ordenaba ese extraño y pronto todos podíamos ver su espléndido culo con la base del plug sobresaliendo. El tanga brillaba de lo empapado que estaba mientras Rubén se quitó el cinturón y soltó el primer azote en las nalgas de Ana que gritó, una mezcla de pero a la vez un jadeo.

“Gracias”, dijo Ana cuando sintió el primer impacto. Rubén continuó azotándola, cada vez con más fuerza, y Ana agradeció cada uno de los azotes a pesar de que nadie se lo había ordenado. Cuando terminó su culo quedó rojo con las marcas del cinturón. Rubén le ordenó que se incorporara y vimos lágrimas en sus ojos pero a la vez una mirada de lujuria que nunca había visto.

“Ahora ve a limpiar el desorden que hiciste, putita, y trae nuestros tragos”, le ordené mientras repartía las cartas. Tuvimos unos 15 minutos para jugar sin distracciones. Vi a Ana acercándose pero esta vez no traía la bandeja, sino solo una copa. Encendí el vibrador pero esta vez lo esperaba así que aunque se balanceó un poco no tiró nada. Lo dejó en el sitio y tras 3 interminables viajes de ida y vuelta a la cocina, Ana cumplió su misión y se paró junto a la mesa, distrayendo nuestra atención de la partida. “Ponte a 4 patas, putita”, le ordené “y ve con Rubén a terminar lo que empezaste en la puerta”.

Encendí el vibrador a lo más bajo y Ana empezó a gatear hacia él. Se puso frente a sus piernas, debajo de la mesa, y le bajó la bragueta. Los demás podíamos ver todo a través del cristal de la mesa. Aunque seguíamos jugando, todos estábamos más pendientes de lo que hacía Ana que empezaba a lamer el pene de Rubén de arriba a abajo mientras lo cogía con una mano. Rubén volvió a golpear su pene contra el rostro de Ana, dejándolo bastante mojado. Después cogió a Ana del pelo y le metió toda la polla en la boca. Era muy grande para ella que empezó a protestar y a tener arcadas pero a Rubén le importó poco y empezó a usarla como si fuera un coño. El maquillaje de Ana se corrió y su cara estaba llena de su propia saliva. Después de unos cinco minutos en los que paró la partida, Rubén le ordenó que lo pajeara y poco después se corrió en toda su cara. Por segunda vez en su vida, y todo el mismo día.

Ana salió de debajo de la mesa para ir hacia el baño pero la detuve del brazo. “¿Dónde crees que vas putita? ¿Y los demás qué?”

Ana me miró desafiante pero se dirigió a Pedro y con voz de niña la preguntó: “¿Me dejarías comerte la polla?” Pedro no dudó en decir que sí y se bajó la bragueta mientras Ana, a 4 patas, gateaba debajo de la mesa hasta ponerse frente a el. Empezó a lamerle los huevos , metiéndoselos en la boca, mientras Pedro la animaba diciéndole lo puta que era y que como se notaba que le gustaba comer pollas. Ana seguía a lo suyo, subiendo poco a poco con la lengua, entreteniéndose en el glande mientras lo pajeaba con la mano. A estas alturas nadie prestaba atención a la partida. José, incluso, metía y sacaba el plug y los jadeos de ella se distinguían a pesar de la polla en su boca. Después de unos minutos así, Pedro explotó y Ana lo tragó todo, sin derramar una gota…

“Mmmmmm, qué rico”, teatralizó Ana. Sin que nadie le dijera gateó hasta José, le bajó la bragueta y comenzó a mamársela otra vez. Cuando intentaba metérsela en la boca, José cogía su polla con la mano y le daba golpes en la cara, esparciendo la lefa que tenía de las corridas previas mezclada con su saliva. Estaba echa un asco, pero nunca la había visto tan sexy. Yo, mientras tanto, cambiaba la intensidad del vibrador… José sin decir palabra se puso de pie y empezó a pajearse hasta que se corrió sobre la mesa. Después cogió a Ana del pelo, la puso de pie y acercó su cara a la mesa: “Límpialo putita, sabemos que te gusta”.

“Si amo”, respondió y comenzó a limpiar la mesa mientras José le metía los dedos en el coño. Cuando lo dejó todo limpio se dirigió a mi.

“Ponte de rodillas y metete mi polla en la boca putita y no hagas nada más. Quiero probar si me traes suerte en el juego, así que no me distraigas”, le ordené. Ana se puso a 4 patas caminó hasta estar entre mis piernas y se metió la verga en la boca. La sensación fue incredible, tenía un calentón tremendo de ver como se había comportado hasta ahora.

Tuve asi a Ana como 45 minutos, mientras jugábamos a las cartas y empezaba a tener una buena racha. Pasado ese tiempo, estaba cada vez más caliente, me costaba mucho concentrarme y mi suerte empezó a cambiar. Los demás, respuestos ya de sus corridas, comenzaban a mirar cada vez más la boca de Ana inmovilizada sobre mi polla.

“Sal de ahí abajo, putita”, le dije a Ana tirando de la correa que todavía llevaba, “Ponte de pie junto a mi, guarra, y cogete los tobillos”.

Ana obedeció sin rechistar. Llevaba más de 8 horas siendo estimulada y se notaba que lo único que le interesaba a estas alturas era correrse. Cuando tuve su culo frente a mi le quité el tanga y se lo metí en la boca. Después quité el plug que llenaba su culito. Tenía el ano totalmente dilatado.

“Señores, yo me retiro un rato de las cartas para follar por el culo a esta zorra. Aunque la vean así de guarra ese agujero es virgen. Hasta esta noche ni siquiera me había dejado correrme en su boca. Pero ya ven lo puta que en realidad es mi novia. Si alguno de ustedes quiere usar algun otro de sus agujeros, adelante”. Dicho esto le escupí en el ojete y metí un dedo para lubricar bien. Mi polla estaba empapada y durísima de haber estado en la boquita de Ana así que sin mediar palabra se la metí de un solo golpe.

Ana pegó una larido, ahogado por las bragas que tenía en la boca. Tiré de su pelo py lo usaba para coger impulso mientras embestía su culo. Los demás sólo miraban aunque después de unos minutos así, Rubén decidió pellizcar sus pezones mientras Pedro le comía el coño. Yo bombeaba cada vez con más fuerza y Ana se corrió por primera vez esa tarde. Además del alarido que soltó, todos nos dimos cuenta de lo que estaba pasando porque la muy zorra eyaculó, tirando un chorro de flujo sobre el parqué. Algo que nunca había hecho antes.

Al verlo no pude aguantar más y tuve una de las corridas más intentas que recuerdo, llenando su culo de leche. Cuando me recuperé saqué la polla de su y me puse frente a ella. Ana sabía lo que tenía que hacer y se la metió a la boca hasta que la dejó totalmente limpia.

“Le voy a follar el coño”, dijo José, “A ver que tan mojada está esta puta”. Se sentó en el sofá mientras Ana se hincó frente a él dejando sus tetas para que pudiera tirar de ellas. Mientras la follaba le ordenó que se inclinara hacia él y que se separara las nalgas. Ella sabía lo que venía.

“Siempre he fantaseado con una doble penetración”, gritó mientras José taladraba su coño.

Yo, mientras tanto, estaba en otro sofá fumando un pitillo y tomando fotos y vídeo del momento. Rubén se puso detrás de ella y la empezó a penetrar el culo. Cuando estuvo llena ambos comenzaron un vaivén mientras ella no paraba de jadear y de pedir más. Se corrió una vez más mientras la follaban así y Pedro aprovechó para acercarse a su boca y que se la mamara.

Ana estuvo así un buen rato, siendo usada como un trozo de carne por los tres chicos y se corrió al menos tres veces más. Rubén le ordenó ponerse de rodillas. Ana lo hizo y éste comenzó a masturbarse en su cara hasta que se corrió. Los demás lo imitaron y poco tiempo después Ana estaba con semen de la cabeza a los pies. Se veía exhausta, pero feliz. Los chicos se vistieron y les pedí que se marcharan. Cuando estuve solo con Ana le di un beso y le pregunté:

“¿Te gustó?” “Me encantó. Me da vergüenza decirlo pero nunca imaginé hacer algo así y la verdad es que me encantó. Nunca había disfrutado tanto.

La miré con ternura y la besé, probando la leche de los hombres que la habían usado esa tarde. Después le dije al oído:

“Todavía no he usado tu coño y estoy cansado así que móntame, putita” Ana me miró, me besó de nuevo y me susurró al oído: “¿Podemos ver el video de esta tarde mientras me follas?”

Autor: Amo123

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