Patricia y su Ñieto, algo Inesperado

Bueno, lo que les contare fue la confesión de mi amiga patricia, ella tiene 61 años cumplidos, una mujer trabajadora y dedicada a su familia, con malas relaciones incluyendo a su ex marido, tiene dos hijas la mayor, Andrea y la segunda Manuela. Pero lo que contare se centra en el Hijo de Andrea, Andres que actualmente tiene 19 años. Todo empezó una mañana cuando Andrea tenia que ir a su trabajo le pidió a su madre que bañara a su hijo por que ella no tenia tiempo. Bueno Patricia se tenia que bañar también y llevo a su nieto a la ducha para bañarlo, hasta que sonó el teléfono, y ella se puso de lado en la tina para hablar, en ese momento andres le dijo.

Abueli, le paso el jabón por la espalda,

ella le contesta, si andy hazlo

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Mi papá y yo nos enamoramos

Mi papá y yo siempre tuvimos una relación distante. Sin razón aparente, simplemente, durante la mayor parte de mi adolescencia, no conectábamos. Muchas veces percibía que él no podía relacionarse bien conmigo debido a que yo era un joven poco masculino, y a pesar de que no había mencionado mi atracción hacia los hombres a la familia, era muy evidente para todos y no existía duda al respecto.

Mi padre, por otro lado, era un hombre muy masculino. Papá y mamá me tuvieron de muy jóvenes, por este motivo, a mis veinte años, ellos se encontraban apenas por los 42. La relación de ambos siempre fue buena ante mis ojos, sin embargo, una vez que cumplí 21, tomaron la decisión de separarse. Para evitar la participación de abogados, y no complicar aun más las cosas, llegaron a un acuerdo: cada mes tendría que pasar una semana en casa de papá. No era algo que me entusiasmaba mucho, debido a nuestra poca cercanía, pero lo positivo era que en su casa tenía más libertad. Un par de ocasiones llevé a chicos que conocía a través de aplicaciones y teníamos sexo en mi habitación. El jamás se enteraba, o al menos, eso pensaba yo.

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Beso discreto

Día duro de exámenes y después partido de fútbol durante cuatro horas con excelentes resultados, el equipo de Daisuke ganó pero él estaba agotado de todo el día, y que mejor recompensa que refugiarse en los cuidados y mimos del amado

Fué a casa de Ken para recuperar energías, pero antes pidió usar el baño para darse una ducha reconfortante, los padres de Ken trabajaban en ese momento y a él no le importó

– Claro que no, puedes usarlo, no hay problema, mi casa es tu casa, puedes usar hasta mi ropa -. Respondió Ken con una sonrisa
– Gracias, realmente apesto a sudor y no es sano para mi

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Mis Hermanas y Yo I

 

Amor Filial Hetero, Hermana y Hermano. En mi infancia, como todo niño, tuve demasiada curiosidad por el sexo, mi familia estaba conformada por: papá que era Piloto de Aviación, mamá era Profesora, tres hermana dos mayores que yo, y la menor que es por la que cuento mi historia,  en la actualidad tengo  62 años y mi hermana 59.

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Sexo sin Límites (Parte II)

Hetero, Romántico, Polvazo. Ahora es mi turno para poder comentar cuales fueron mis experiencias en ese mismo día. Sé que es muy extenso y que la parte más excitante está abajo, pero me tenéis que permitir la licencia de contarlo todo pues es el comienzo de una nueva era para mí y es muy importante. Os prometo no escribir tan largo y tendido las futuras veces que me centraré más en todo lo sexual que es lo que queremos compartir con vosotros y que seguro que os va a gustar mucho.

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Por fin llegó el momento

Durante muchos años Mary y yo habíamos sido buenos amigos… Inicialmente como compañeros de trabajo y luego como amigos que ocasionalmente se escribían a la distancia. Sin embargo llego un momento en el que las conversaciones eran tan seguidas que la confianza fue aumentando llegando a adentrarnos en pláticas de una profundidad inusual para un par de amigos. Nos contábamos hasta las aventuras más íntimas que ambos teníamos con nuestras respectivas parejas, finalizando siempre nuestras conversaciones con un rubor extremadamente alto en la cara e incluso llegando a provocarme algunas erecciones secretas.

Así transcurrió algún tiempo hasta que nuestras palabras comenzaron a dirigirse a supuestos sucesos que pudieran ocurrir entre nosotros, cosa que, frecuentemente, llegaba a encenderme la lívido… Eso trajo como consecuencia que nos diéramos cuenta poco a poco las muchas cosas y preferencias que teníamos en común… Parecidas fantasías, gustos sexuales semejantes, igual forma de apreciar el amor y el romanticismo y hasta los mismos problemas maritales… En fin… Llegamos a la conclusión que habríamos sido una pareja ideal si la vida hubiera cruzado nuestros caminos con más anterioridad.

Nos imaginábamos como sería estar juntos, las cosas que haríamos, las formas de satisfacernos uno al otro… Eso a su vez,  dio paso a una mutua exploración de nuestros cuerpos,  gustos y sentimientos… Exploración que llevamos a un nivel superior cuando comenzamos a compartirnos fotos… Fotos que podían ser muy normales y comunes como la imagen de su rostro sonriente hasta las fotos más eróticas en las posiciones más sugerentes. No teníamos límites en lo que le solicitábamos al otro. Esto hizo que entre nosotros afloraran sentimientos mutuos de los cuales no hablábamos mucho porque sabíamos la implicación que tenía para ambos ese tema. Llegamos a un punto de nuestra “relación”, en el que queríamos y necesitábamos estar juntos pero el trabajo y nuestras familias no nos permitían hacer un viaje a encontrarnos para desahogar ese sentimiento desbordado de pasión que llevábamos reprimido. En una ocasión ella y su familia vinieron a mi ciudad a pasar unos días de vacaciones y tuvimos la oportunidad de encontrarnos en el mismo hotel donde estaban alojados… Los nervios me desbordaban y al tenerla frente a mi no me contuve y la sorprendí con un beso en los labios… Nos fuimos a una zona apartada y aprovechando la penumbra de la hora estuvimos conversando y nos pudimos dar algunos besos, roces y caricias. Lamentablemente el lugar no se prestaba para nada más, además de los nervios que tenía de que su esposo bajara y nos consiguiera en aquella situación, aunado a que yo tenía el tiempo bastante limitado.

Luego de esa vez solo nos pudimos ver una vez más, en mi carro,  en la cual pudimos descargar un poco la tensión de estar juntos y logramos compartir un poco más nuestros besos, caricias, risas y conversaciones… Sin embargo estos encuentros solo lograban ponerme más desesperado por estar con ella… Así, después de mucho tiempo hablando con Mary por todas las vías posible… email, msm, whatsapp, teléfono, chats… y de conocer todos nuestros sueños, deseos, anhelos, historias, problemas y felicidades, había llegado el gran día de llevar nuestra relación a un nivel más alto…

Mi esposa haría un viaje fuera del país por unos días, era la oportunidad perfecta para viajar hasta su ciudad y desahogar toda esa pasión y morbo que ambos teníamos retenidos durante tanto tiempo… Luego de un viaje de cuatro horas en auto, llegue al lugar en el que habíamos acordado encontrarnos… Un café bastante discreto donde podíamos conversar y relajarnos primeramente. Al entrar al sitio ya ella se encontraba esperándome. Cuando la vi mi corazón dio un brinco de emoción. Me senté a su lado y simplemente me quede mirándola. Es una hermosa mujer de piel clara, pelo negro abundante perfectamente bien peinado, y delicadamente maquillada, de mirada picara, sonrisa amplia y sensual de esas que enamoran, vestía una blusa ligera con un pequeño descote que permitía ver parte de su busto pero dejando el resto a mi incansable imaginación, aunque ya me había deleitado con ellos en infinidad de veces en las fotografías que habíamos intercambiado. Cuando salí de mi letargo y logre articular palabras me acerque a su oído y le susurre…

– Hola muñequita, que hermosa estas

Y ella me contestó como siempre lo hacía…

– Hola novio…

Seguidamente le di un beso en los labios que me pareció lo más delicioso de la vida… Pedimos un café y estuvimos conversando de cosas variadas, de vez en cuando intercambiábamos caricias y roces pero siempre tratando de ser discretos… Teníamos mucho de qué hablar después de tanto tiempo sin compartir un tiempo así juntos en persona… Luego de un buen tiempo conversando, comencé a desviar la conversación hacia el tema por el cual estábamos allí sentados uno al lado del otro.

Acordamos ir a un lugar que ella ya había averiguado, un lugar discreto y apropiado para lo que queríamos. Salimos del lugar, se subió a mi auto y nos fuimos rumbo a un pequeño y discreto hotel de playa a las afuera de la ciudad. En el trayecto casi no hablamos, supongo que los nervios y la emoción del momento nos aturdían. Llegamos al hotel e inmediatamente pasamos a la habitación. Al entrar, yo la deje pasar delante de mí y me quedé viendo su cuerpo que tanto había deseado y soñado poseer y para cerciorarme que aquello que me estaba pasando no era un sueño… Cerré la puerta y y ella se giró hacia mi. En ese momento  pude darme cuenta que yo no era el único que estaba nervioso en aquella habitación… Sin embargo su sonrisa y su mirada tenían una sensualidad única que me encendían. Nos acercamos y nos dimos un abrazo y pude sentir aquel aroma a mujer bonita que me dejo embriagado… Luego nos dimos un beso como siempre habíamos querido darnos. Apasionado, sensual, suave, profundo, lleno de sentimientos y sin presiones, nuestras lenguas danzaban juntas mientras que mis manos acariciaban el rostro más bello que he conocido, metía mis dedos en su pelo y jugaba con él, tocaba sus hombros, brazos y finalmente sus senos. La mezcla de excitación, nervios y el frío de la habitación, habían hecho que sus pezones se marcaran por encima del sostén e incluso de la blusa y pude sentirlos con mis manos. Luego acaricié la piel de su pecho suave como la seda que el descote me permitía y deje colar un poco los dedos dentro de él. Ella pícaramente me susurro…

– Te gustan?

– Me encantan…

– Las quieres?… Me dijo buscando provocarme

– Muero por ellas… Le contesté sin pensarlo

De inmediato se separó un poco de mi y de un solo movimiento se sacó la blusa quedando en brassier lo cual produjo un sobresalto en mi corazón…  Me miró a los ojos mordiéndose el labio inferior y me dijo:

– Son tuyas… Ven por ellas…

No me aguante un segundo más y me abalancé sobre ellos besándolos mientras mis manos buscaban por su espalda para liberarlos de su encierro… Cuando estuvieron libres me pegué a ellos como un desesperado lamiéndolos besándolos, mordiéndolos, pellizcándolos, apretándolos. Sus pezones se habían endurecidos y estaban erectos, desafiantes, incitándome a que los hiciera míos… La emoción no cabía en mi pecho y sus suspiros y gemidos me decían que ella también lo estaba disfrutando… Me tomó la cabeza y me subió a su altura volviéndonos a besar ya esta vez más apasionadamente. Nuestras manos jugaban con el cuerpo del otro. Completamente desenfrenados… De pronto nos calmamos y nos reímos mirándonos fijamente a los ojos, era un sueño de años hecho realidad estar allí los dos juntos…

Se volvió a acercar a mí y comenzó a desabrochar mi camisa al mismo tiempo que me besaba el pecho y susurraba palabras llenas de deseo. Sentía su respiración en mi pecho. Al terminar lanzó lejos mi camisa y sus manos se encargaron de soltar el pantalón el cual cayó al piso dejándome en ropa interior. Comenzó a bajar sus besos hasta que llegó al abdomen y allí la detuve.

Ella quedo un poco sorprendida de que la detuviera en ese momento ya que sabía lo mucho que yo anhelaba tener su boca allí. Me miró a los ojos extrañada y con una mirada de picardía le hice entender que no era el momento… que antes tenía algo para ella.

Efectivamente, la tome de los brazos y la lleve al borde de la cama donde nos seguimos besando y acariciando al mismo tiempo que mis manos se deshacían de su pantalón… Sentir directamente la piel de sus piernas fue una sensación divina… Mientras la besaba, iba acariciando sus piernas y glúteos con una mezcla de amor, pasión, lujuria y morbo. Pellizqué su barbilla con los dientes, bajando las manos por su cuello, deteniéndolas cuando llegue a la parte baja de su espalda. Luego la hice caer lentamente en la cama dejándola acostada con las piernas colgando… Volví a admirar su cuerpo semidesnudo el cual estaba a mi merced… Estaba que explotaba, casi no resistía el impulso de lanzarme sobre ella y poseerla como un endemoniado, pero hice un gran esfuerzo y me resistí a caer en la tentación ya que tenía mucho tiempo para hacer todo lo que quisiera más adelante… Ahora tenía en mente algo que siempre había querido…

Baje lentamente y rocé con mis dedos su vulva aun cubierta por un pequeño hilo dental… estaba caliente y podía sentir su humedad a través de la tela. Ella cerraba los ojos y reclinaba su cabeza hacia atrás para contener los escalofríos que recorrían su cuerpo tras cada toque de mis dedos… Hice a un lado la ajustada tela blanca y allí estaba… Perfectamente depilada, con tres provocativos lunares que siempre había querido ver en persona… Luego de haberla visto cientos de veces en frías fotografías, por fin podía apreciar su calor y humedad… Quería comérmela… Lamerla… Penetrarla, pero no…Le saqué la bluma lentamente, le di un pequeño beso y sin más me levanté… La rodeé, me acerque a su oído y le pedí casi en un susurro

– Te masturbarías para mí?

Instantáneamente pude ver la sangre subir por sus mejillas y tuve el temor de haberme excedido en mi solicitud… Ella cerró los ojos y me dijo en voz baja:

– Por ti hago lo que sea y con mucho placer… Solo te pido una cosa…

– Dime… Le dije un poco sorprendido

– Al final necesitare algo… Ayúdame en el momento que te lo pida… Traje una sorpresa para ti

– Ok… Contesté aparentemente tranquilo pero con el morbo y la curiosidad a toda marcha.

Mientras yo me colocaba en primera fila en un sillón al frente de la cama para observar el espectáculo, ella volvió a cerrar los ojos y su mano izquierda comenzó a acariciar su propio rostro como si necesitara encenderlo, mientras su mano derecha frotaba sus senos, lenta, muy lentamente… Su cuerpo se contorneaba ligeramente a la vez que halaba y pellizcaba delicadamente sus pezones una y otra vez… Luego su mano bajo lentamente hasta posarse sobre su entrepierna y la frotó suavemente… Seguidamente abrió sus labios vaginales con sus dos manos… Eran preciosos… Su interior rosado y totalmente húmedo exigía mi atención…

Con una mano mantuvo la abertura mientras que con la otra comenzó a frotar su clítoris al tiempo que me decía.

– Te gusta??? La deseas???

– La deseo con locura…

– Pues es para ti, siempre lo ha sido y está esperando por ti

En ese momento la punta de uno de sus dedos involuntariamente se humedeció con los fluidos que manaban de su vagina… Ese mismo dedo lo llevo al clítoris y lo frotó con fuerza… Se mordía los labios por las oleadas de sensaciones que estaba experimentando en ese momento, ya que aunque lo había hecho en repetidas ocasiones, nunca había tenido público mirándola y queriendo participar del espectáculo de esa manera. La mezcla de excitación, sensaciones físicas, morbo, y un poco de vergüenza, la estaban llevando lejos…. Comenzó luego introduciendo un dedo en su vagina… al rato dos… tres… hasta que entre gemidos y suspiros logro colar cuatro dedos en su ya dilatado orificio vaginal. Su cuerpo se doblaba por la excitación, sus gemidos eran casi gritos… Me decía lo mucho que me deseaba dentro de ella… En ese momento tuvo un primer orgasmo que la hizo soltar un gemido que fue increíblemente excitante para mí.

Mi pene estaba a punto de reventar… Ya se asomaba por fuera del interior y como si lo que estaba viendo no era suficientemente fuerte, cuando su cuerpo se relajó, me pidió que sacara algo que tenía en su cartera…

Me quede en una sola pieza y con la boca abierta cuando abrí el bolso y vi un brillante consolador de color negro… Esa había sido una de mis fantasías, verla penetrarse en persona, ya que en fotos y videos me había complacido en varias ocasiones… Esto se estaba poniendo aun más interesante y solo estábamos comenzando…

El consolador en cuestión este tenía unas dimensiones bastante inusuales… Yo diría que era solo para mujeres exigentes…

– Guaaaoooo… esto no me la esperaba… Dije completamente sorprendido

Volteé a verla y ya tenía sus piernas levantadas y abiertas dejando su vagina expuesta directo hacia mí… Allí me pidió con voz entrecortada:

– Penétrame por favor… Quiero sentirlo bien profundo…

Mi cerebro iba a explotar… Me acerque a ella casi dando traspiés me coloqué entre sus piernas a escasos centímetros de su orificio… Ella bajo las piernas dejando reposar sus pies sobre mis hombros… Coloque el consolador en su entrada… Podía sentir como se aceleraba su respiración casi tanto como la mía… lo froté varias veces a lo largo de su vagina para empaparlo en los jugos que no dejaban de fluir de su entrada… Lo presioné un poco lo cual abrió su vagina, provocándole un largo y profundo suspiro que se hizo interminable mientras yo hundía aquel grueso aparato en sus adentros… Cuando ya estaba suficientemente dentro, comencé a sacarlo y meterlo suavemente, lento pero aumentando cada vez más la velocidad. Al mismo tiempo comencé a frotar su clítoris hasta llevarla a un estado de descontrol total de su cuerpo y sus gemidos, induciéndola  en un profundo orgasmo que le hizo doblar su espalda hacia arriba apoyando con fuerza sus pies en mi y apretando mis manos con sus muslos. Sus ojos cerrados, todos sus músculos contraídos y un interminable suspiro fueron el reflejo de que estaba teniendo un orgasmo muy intenso…

Cuando logré reaccionar pude ver que el consolador estaba completamente empapado en flujos transparentes… De inmediato lo saque de su vagina… Me quede contemplando cómo le palpitaba… Parecía tener vida… y hambre también… Parecía tener ganas de seguir comiendo… El olor que emanaba de ella era sublime… fuerte… Olía a sexo… A hembra en celo… No aguante la tentación y lleve mi cara muy cerca de ella y respiré ese aroma… ese calor… Solo me faltaba probar su sabor… Pegué mi boca justo en la entrada de su vagina y la penetré con mi lengua todo lo que pude lamiendo todo aquel flujo maravilloso que rodeaba su sexo. Luego subí a su clítoris y lo comencé a lamer con fuerza mientras mi dedo índice entraba en su vagina buscando aumentar su excitación si  es que eso era posible. Mi lengua jugueteaba con su clítoris haciendo que ella gimiera y susurrara palabras inteligibles del placer que sentía. Seguidamente cambié por el pulgar el dedo en su vagina y mi dedo índice lo introduje suavemente en su apretado ano .. Al rato me pidió que fuera mi lengua la que la penetrara y así lo hice… Como si se tratara de un pequeño pene mi lengua comenzó a entrar y salir de su húmeda vagina sin descanso… sin pausas… y sin sacar mi dedo de su trasero el cual parecía gustarle… Aproximó sus dedos al clítoris y comenzó a masajearlo a la vez que yo le daba lenguetazos por dentro y fuera de su cuca… La sentía estremecerse y gozar… Estaba gozando tanto que sus flujos comenzaron a salir nuevamente y escurrían por sus muslos… Gemía… Jadeaba… Se sentía el temblor en sus piernas… Quiso parar las caricias en su clítoris pero yo me apoderé de él con mi boca y volví a penetrarla con dos de mis dedos buscando estimularla aun más… Yo quería llevarla al éxtasis total… Sabía que estaba cerca… Aceleré mis movimientos con mi boca hasta que un fuerte gemido se apodero de su cuerpo y de inmediato supe que estaba teniendo otro orgasmo… Ella trató de separarme pero no lo permití e incluso aceleré aun más mi trabajo en el mismo  momento de su llegada lo que la hizo contonearse toda por unos segundos que parecieron eternos.

Cuando por fin logró reponerse levantó su cara hacia mí y pude ver que estaba enrojecida, sudada, parecía estar transportada a otro mundo… Pero con una sonrisa de satisfacción increíble… Su mirada un poco perdida me daba la aprobación de haber realizado un buen trabajo… Extendió ambos brazos hacia mi pidiéndome en silencio que me acostara a su lado cosa que hice de inmediato… Me tomó de la cabeza y me dio un beso increíblemente divino haciendo que compartiera con ella el sabor de sus flujos que aun tenía en mi boca… Hurgó en mi boca con su lengua apasionadamente sin soltarme de sus manos… Al terminar separó sus labios de los mío y me dijo en voz baja:

– Amor… Eso fue increíble… Jamás había tenido unos orgasmos tan intensos como estos… Gracias!!!

Solo logré responderle con una sonrisa y un pequeño beso en los labios

Pero mi intensión era que no se enfriara su cuerpo… Quería aprovechar ese calor y la electricidad que recorría su cuerpo para que las siguientes sensaciones fueses aun más intensas…

Se dice que la última frontera del placer sexual es el orgasmo y que más allá no hay nada sino empezar de nuevo para volver a sentir ese placer supremo una y otra vez. Pues yo estaba decidido a llevarla nuevamente hasta allá así que aproveche la posición boca arriba en la que había quedado y me deslicé hasta sus pies y comencé a darles un suave masaje que más bien parecían caricias… Ella permanecía con los ojos cerrados pero su sonrisa me indicó su complacencia… La cual se transformó en asombro y placer cuando mi boca atrapó el dedo pulgar de su pie derecho… Lo introduje en mi boca y comencé a hacerle una pequeña felación, cual si de un pene se tratara lo cual provocó que sus ojos se abrieran casi desorbitados cosa que me encendió aun más y pase a lamer y chupar el resto de sus dedos unos tras otro y pasando de un pie al otro.

Así estuve unos minutos mientras ella retorcía sus piernas por las sensaciones que estaba percibiendo en ese momento… Luego fui bajando hasta su tobillo frotando mis labios y lengua  sin detenerme, pasando por la zona trasera de su rodilla y la cara interna de sus muslos… Subí abriendo sus piernas mientras besaba y lamía su vientre, pechos cuello hasta llegar a sus labios los cuales tomé para mí y poseí como un completo enamorado… En ese momento ya mi pene estaba frente a su vagina… El roce de ambos órganos nos hizo estremecer a los dos y ella se sintió sorprendida cuando hice una pequeña presión buscando que mi amigo de toda la vida encontrara el camino de nuestra felicidad… Mary se soltó de mi boca y me susurró al oído…

– Aun no… Quiero mamártelo…

A lo cual yo respondí con un empujón aun más fuerte que aunado a la abundante humedad aun presente en su entrada vaginal hizo que mi pene entrara una buena porción arrancándole un suspiro que le salió del alma clavando su mirada en mis ojos y sus uñas en mi espalda… Me mantuve inmóvil unos segundos que me parecieron una eternidad… Luego, literalmente me deslicé hasta el fondo de su vagina sin ningún obstáculo que me detuviera… Volví a detenerme para sentir su calor y su humedad y ella comenzó a contraer sus músculos internos generando una increíble sensación de calidez y presión sobre mi pene… Era divino… Al cabo de unos instantes comencé a entrar y salir suavemente a lo cual ella respondió con unos suaves gemidos de placer que aumentaban según yo aceleraba y profundizaba mi labor… Acarició mi espalda, yo la bese apasionadamente… Ambos estábamos transportados al paraíso… Las sensaciones nos invadían y desbordaban simultáneamente… Cuando soltaba mi boca sus gemidos se hacían cada vez mas fuertes, intensos y acompasados con el ritmo del vaivén de mi cadera… De pronto sentí que comenzaba a mover la cadera y pensé que estaba queriendo imponer un ritmo propio pero luego me di cuenta que su cuerpo se estaba erizando, sus ojos se cerraron con fuerza y sus manos en mi espalda me halaron con una fuerza inusitada como queriendo introducirme completamente dentro de ella… Yo aceleré la penetración y en mi pecho, pude sentir lo duro que tenía sus pezones, en ese momento que me abalancé contra ellos y los lleve a mi boca…. Justo en ese momento sus gemidos se interrumpieron para dejar salir un grito sordo que salía de lo más profundo de su ser… Yo no dejaba de bombear y chupar sus pezones mientras su espalda se arqueaba por los espasmos que el placer le producía… Justo allí no pude aguantar más y descargué toda mi leche dentro de su vagina afincándome contra ella como queriendo llegarle hasta más allá de donde no podía… Sentía que no tenía pene sino una viga de acero… El mundo se paralizó durante un segundo infinito y gritamos al unísono tratando de liberar ese animal que llevábamos reprimido dentro de nuestro ser… Mi tensión se liberó de un solo golpe mientras que la respiración entrecortada de Mary me decía que aun su orgasmo la tenía poseída… No sé cuanto tardó en recuperar la conciencia tras aquel orgasmo… Lo que sí es cierto es que nunca había visto a una mujer disfrutar tan plenamente su clímax… Me sentí complacido conmigo mismo… Al cabo de unos segundos caí a un lado de ella y nos abrazamos riéndonos de pura picardía y satisfacción.

Así nos quedamos inmóviles unos minutos, abrazados, sintiendo nuestros cuerpos, nuestra piel, nuestro calor y nuestras almas más unidos que nunca… Me levanté de la cama a pesar de su molestia y fui al baño para asearme… Al estar allí Mary me alcanzó y mientras me duchaba se quedó sentada lavándose sus partes íntimas y descargando aquello que yo le había dejando generosamente muy dentro de su vagina… Al salir de la ducha pasé al frente de ella y me detuvo con su mano… Tomándome de la toalla me dijo:

– Para ver… Que llevas allí?

Trató de soltarla pero se lo impedí y con un rápido movimiento me alejé de ella dejándola atrás en el baño y saltando de una vez a la cama… Pude escuchar vagamente sus protestas reclamándome por no haberla pero en un instante puede ver su figura completamente desnuda aparecer en la habitación dirigiéndose a la cama conde me encontraba bajo las sábanas

Se hizo un espacio a mi lado acurrucándose como buscando calor a lo que yo correspondí dándole un cálido abrazo quedándonos inmóviles los dos.

Al cabo de unos minutos mi mano derecha comenzó a acariciar su hombro y a hacerle pequeños roces tratando de estimularla y de activar sus sentidos que al parecer estaban aun un poco aturdidos… Ella se sonrió y comenzó a mover su cuerpo levemente dándome la señal de que le gustaba y que estaba entrando en calor nuevamente… Se volteó hacia mí y mirándome de frente me dijo:

– Ahora es mi turno de hacerte feliz…

Comenzó besándome los labios, mejillas, orejas, cuello… Las descargas eléctricas que estaba sintiendo en ese momento, eran tremendas y todas iban directo a mi zona baja… Siguió alternando besos y lamidas en el pecho mientras su mano derecha iba bajando a la vez que acariciaba mi abdomen hasta llegar a su destino final… Aun tenía puesta la toalla así que introdujo su mano a través de ella y se apoderó de ese trozo de carne que por tanto tiempo había deseado tener para ella… Lo presionó con fuerza como tomándole las medidas y el peso… Los nervios se sentían en su mano pero parecía estar disfrutando la textura de la piel… De pronto de un solo movimiento cambió la posición de su cuerpo colocándose ligeramente agachada a un lado de mi pierna derecha y comenzó a acariciar mis piernas y pies… Luego volvió a subir y me beso apasionadamente en los labios ahora acariciando mi pene por encima de la gruesa tela como queriendo torturarme… Parecía no tener prisa… Más bien parecía tener todo el tiempo del mundo… Yo estaba que quería “algo más” y le pedí que me hiciera feliz con su boca a lo cual ella se negó en silencio con una sonrisa de picardía… Comenzó a bajar de nuevo hasta mi ombligo mientras sus manos seguían acariciándome muy despacio… Luego que le volví a rogar, ella bajo muy lentamente y le dio un suave mordisco a mi pene por sobre la tela… Unos segundos después lo sacó de su encierro para encontrarse cara a cara con él… Su sonrisa era incontenible… Lo estuvo masajeando un rato… retrayendo el prepucio con su blanca manito casi como un juego… Sin quitarle la vista ni un segundo… Finalmente terminó  de soltar la toalla para enfrentarse a mi cuerpo completamente desnudo… 

En ese momento ya mi pene había tomando suficiente consistencia y esta hermosa mujer lo tomó con su mano, para orientarlo directo a su boca… Comenzó a lamer el tronco suavemente por cada lado, con movimientos de abajo hacia arriba… Luego se dirigió a mis testículos introduciéndose uno a la vez en su boca y ejerciendo una succión suave provocando en mí una sensación eléctrica profunda… Luego pasó su lengua desde la base del pene y de vez en cuando frotándola en esa zona mejor conocida como “nies” que tanto nos gusta a los hombres por ser tan sensible… Todos estos movimientos solo pretendían aumentar mi excitación antes de dirigir su caliente boca hasta una zona más sensible… La cabeza  hinchada de mi pene…

Cuando sus labios rozaron esa piel rosada todo mi cuerpo comenzó a vibrar al compás de los pequeños golpecitos que me daba con la punta de su lengua… Me dio unos ligeros mordiscos que alternaba con lamidas las cuales provocaban un estallido monumental en mi mente… Por fin sentí sus labios envolver la punta de mi pene y luego continuar tragando lentamente el tronco, sentía estar penetrando su vagina ya que ella sabía muy bien ejercer presión con los labios, mover su lengua cual serpiente en celo y combinar con un movimiento de entrada y salida a un ritmo bien lento… Era increíble… Me sentía en el paraíso… Su boca era una funda caliente y húmeda hecha a la medida perfecta de mi pene. En ese instante ya mi pene tenía una erección completa… Lo que hacía que mi adorada Mary luchara infructuosamente por introducir mis 19 centímetros de carne en su boca incluso forzando su garganta.

De vez en cuando sus manos ayudaban a estimularme y a aumentar mi placer sosteniendo con una mi pene y con la otra masajeando mis testículos, sumando sensaciones simultáneas… Luego durante un rato se dedicó a darme placer solo a través del glande… La punta de la lengua comenzó a bordearlo una y otra vez hasta detenerse en el frenillo lamiéndolo de arriba a abajo y a veces lamiendo el orificio y tratando de introducir la lengua ligeramente en él, zona esta que me produce grandes sensaciones… De pronto mi mente se tornó más ociosa y me solté de ella y le pedí que se sentara reclinada del espaldar de la cama… Me acerqué y coloqué mi cuerpo frente a ella dejando mi pene justo frente a su boca, la cual abrió al verme tan cerca recibiéndolo casi hasta el fondo de su garganta… Me tomo por mis glúteos y yo comencé una danza de entrar y salir casi como si la estuviera penetrando por la vagina sin poder moverse ya que su cabeza estaba pegada al espaldar de la cama…  Su boca era genial y esta posición en la que estábamos dejándola indefensa hizo explotar mi mente… Estuvimos un rato así hasta que yo mismo me solté y caí tendido hacia atrás  quedando mi pene nuevamente a su merced… Casi se alzó sobre mí apoderándose de él con su mano derecha y su boca nuevamente lo hizo desaparecer… La combinación de sus manos, boca, cabello, gemidos y una que otra palabra desbordada de deseo me hizo sentir que se aproximaba una nueva eyaculación lo cual parecía que era su intención de ya que comenzó a introducirlo bien profundo en su boca y a aumentar el ritmo… Pareció darse cuenta de lo que se aproximaba ya que su mano comenzó a moverse con más velocidad a lo largo del tronco y sacándolo de su boca solo un par de segundos para observarme con esa mirada de morbo que combinada con su sonrisa me volvían loco… Su largo pelo caía sobre mi vientre, testículos y piernas y con cada roce por el vaivén de su cabeza generaban más sensaciones de placer que me torturaban… La tomé por la cabeza aplicando un poco de fuerza como queriendo que no se fuera, cosa que no era para nada necesario ya que ella estaba completamente extasiada y excitada con su labor… De pronto llegó el momento… No me pude contener más… Ella percibió esta sensación y lo soltó solo para decirme:

– Quiero tu leche en mi boca… Quiero tragarla toda…

Esas palabras terminaron de desquiciarme porque era algo que había deseado por mucho tiempo… De pronto sentí que toda mi energía salía disparada a través de mi pene hacia aquella divina boca que la estaba recibiendo con mucho placer y gusto… Y sin hacer el menor asco se tragó toda mi esperma sin dejar escapar una sola gota… Yo estaba alucinando… Mis músculos se contraían y ella tragaba y tragaba toda la leche que salía de mi hinchado pene… De hecho, una vez acabado, comenzó a succionarlo buscando extraer hasta la última gota de semen, dejándolo completamente limpio…

Cuando mi cerebro logró reaccionar, me di cuenta que se había quedado recostada encima de mí con su cara a la altura de mi abdomen… Me acariciaba sutilmente con la punta de sus dedos mi flácido pene que había quedado vacío y agotado pero yo estaba en un estado de satisfacción total… Sin embargo esas pequeñas caricias estaban llegando justo a mi cerebro como descargas de electricidad que me estaban encendiendo… ella se volteo a verme y lentamente fue subiendo y se acostó a mi lado para decirme al oído con una voz entre inocente y viciosa:

– Espero que eso no sea todo lo que tengas para mí

– Por supuesto que no… Le dije… Solo déjame recuperarme unos minutos y tendrás lo que siempre hemos querido

Acto seguido se fue contra mí y tapó mi boca con su boca, con su lengua, besándome con enorme pasión pero a la vez con ternura y una cierta dulzura… Coloco su cuerpo sobre el mío moviéndose con erotismo, tratando de que nuestros cuerpos se sintieran uno al otro en toda su desnuda extensión. No había necesidad de hablar… Para que hablar?? si nuestros cuerpos estaban hablando con ansias y lo expresaban muy bien en total silencio en aquella habitación donde solo se escuchaban suspiros, gemidos y jadeos de inmenso placer. El roce de su piel contra la mía estaba encendiendo nuevamente mi excitación… Mis manos recorrían su pelo, espalda, piernas y finalmente la tomé de los glúteos y los apreté con fuerza, pegándola aun más de mí…  Uno de mis dedos logró hurgar en su orificio vaginal lo cual provocó un estremecimiento en todo su cuerpo. Mi pene, que también estaba tomando cuerpo nuevamente, hacía presión contra su vientre y ella restregaba su cuerpo contra él buscado que alcanzara un mayor tamaño.

Después de un largo, dulce y húmedo beso, Mary se dejo caer a un lado quedando sentada a mi lado, aun con la respiración agitada y yo con las palpitaciones cardíacas bastante aceleradas… Nos miramos a los ojos como dos enamorados y nos sonreímos sin decir una palabra. Bajó la vista y miro mi casi erecto pene… Lo tomó en sus manos y me masturbó suavemente presionándolo de vez en cuando con la palma de su mano y una vez que estuvo totalmente inhiesto bajo su cabeza y le dio unas cuantas lamidas y chupadas para “lubricarlo” un poco y se subió sobre mi llevando ella misma mi verga hacia su vagina y deslizándola  completamente dentro de sí. Apoyó sus manos en mi pecho y cuando lo sintió golpeando el fondo de su vagina arqueó su cuerpo hacia atrás y tomó una bocanada de aire que le llenó completamente los pulmones… Casi de inmediato se incorporó de nuevo y comenzó a mover sus caderas en un movimiento circular el cual me pareció divino e increíblemente caliente… Ese movimiento de rotación lo comenzó a alternar con movimientos de subida y bajada muy muy cortos a la vez que presionaba mi pene con los músculos  internos de su vagina… Mis manos tomaron sus senos los cuales se balanceaban frente a mí al ritmo que ella misma les imponía… Los presioné con fuerza… Me encantaban… Eran de buen tamaño y bastante firmes…Ella sabía que siempre me habían enloquecido sus senos… Sentí que sus pezones me pedían que los chuparan y los complací con fuerza a lo que Mary respondía con gemidos de placer y lujuria, tanto así que comenzó a violarse con un ritmo casi frenético pero sin perder el control. El sonido combinado de  su cuerpo chocando contra el mío y el chapotear de mi pene nadando en sus flujos parecía hacerla enloquecer. Casi de inmediato tuvo otro orgasmo que la dejó paralizada con la espalda recta, la cabeza reclinada hacia atrás y los ojos cerrados mordiéndose los labios. Yo quería hacerla estremecer aun más así que tome el control y continué dándole a pesar del poco espacio que me dejo para ello… Esto la enloqueció ya que no se lo se esperaba, lo que hizo que se lanzara sobre mi pecho casi como queriendo fundirse conmigo…

Cuando por fin sus músculos se relajaron, comprendí que el éxtasis había terminado y me detuve… Pero yo aun quería más… Dejé que reaccionara un poco y me zafé de ella colocándola en cuatro en el borde de la cama

Solo me dijo:

– Me vas a matar!!!!

No respondí absolutamente nada… Me coloque detrás de ella y sin la menor contemplación le coloqué mis 19 cm de carne hasta el fondo de su vagina la cual recibió con mucho agrado ya que sus blancos flujos la tenían completamente lubricada y caliente… Comencé a darle una tremenda cogida tomándola por las caderas y embistiéndola con fuerza sin dejar nada fuera…

Así le estuve dando mientras que ella ya no gemía sino que daba gritos de placer mientras me pedía que le diera más… que no parara…

Al cabo de unos minutos en esa posición ella misma se soltó de mí tumbándose en la cama para luego girarse boca arriba… Yo la tomé por las piernas y las levanté hasta que sus talones se apoyaran en mis hombros… No hubo necesidad de apuntar mucho… Ya mi pene parecía conocer el camino, así que volví a penetrarla y seguí cogiéndola con fuerza y haciéndola gritar una vez más…

Así estuvimos cambiando de posiciones durante un buen rato… Le abrí las piernas y se las lleve hasta el pecho… La puse boca abajo acostada completamente en la cama mientras la penetraba casi aplastando su trasero y su cuerpo… Se volvió a sentar encima de mi pero esta vez dándome la espalda… En fin, nos complacimos mutuamente en  todo lo que se nos pudo ocurrir…

Caímos exhaustos, sudados, sonrientes, felices… Mary había tenido un par de orgasmos más… era increíble la facilidad con que llegaba… Nos volvimos a besar pero esta vez no con desesperación sino como una pareja de enamorados satisfechos… Entre esos besos de lengua y caricias ella me dijo algo que yo esperaba escuchar y que ella en muchas ocasiones me había prometido… Fue sublime e increíblemente erótico y excitante escucharla decir…

– Quiero que me penetres por detrás… Sabes que me gusta mucho y siempre he deseado sentirte bien profundo en mi trasero

Solo alcance a balbucear:

–  Siii…. Sabes que muero por hacértelo!!!

Debido a lo generosa que la naturaleza fue conmigo en lo que se refiere al pene, no sabía hasta ese momento lo que era disfrutar del sexo anal más allá de meter, a duras penas, la cabeza en el imposible ano de mi esposa… Así que, como era de esperar, me sentía entre emocionado y nervioso cosa que ella percibió de inmediato y tratando darme confianza me dijo que lo iba a disfrutar al máximo y me pidió que la dejara darme una buena mamada para relajarme, cosa a la que por supuesto accedí con mucho gusto…

Me recosté en la cama y ella se apoderó de mi verga pero yo me fui colando debajo de ella y quedamos en posición para hacer un 69… Mientras Mary me hacía una increíble felación que me dejo aun más erecto, yo lamía su húmeda vagina, mordía sus labios, metía mi lengua en su entrada, lamía su clítoris y comencé a acariciar suavemente su orificio anal haciendo círculos alrededor de él hasta que le introduje la punta del dedo índice y seguí hasta que lo tuvo dentro por completo… Comencé a frotar su clítoris con una mano sin dejar de meter y sacar el dedo que tenía en su trasero… Su respiración fuerte me indicaba que su excitación iba en aumento… Unos minutos después, cuando se sintió lo suficientemente excitada, se levanto, fue a su cartera y sacó un tubo de lubricante que había traído “por casualidad”, colocándose una generosa cantidad en su entrada trasera…. Volvió a la cama y poniéndose en cuatro, de espaldas a mí me dijo…

– Soy toda tuya… Quiero tu pene en mi trasero

Me levanté como impulsado por un resorte… Me coloque detrás de ella… Le restregué mi pene entre sus nalgas y por sobre los labios vaginales… Ella contorsionaba un poco su cuerpo… Luego apunté mi pene a su deseado orificio y lo presioné un poco al tiempo que ella tomaba una respiración profunda como esperando lo que le venía… Para mi sorpresa, la cabeza entró sin ninguna dificultad a pesar que su respiración se agitaba un poco… Evidentemente no había dolor… Me quedé allí unos segundos inmóvil y luego seguí mi camino hacia sus adentros… Mary estaba con los ojos cerrados y enmudecida… Solo se escuchaba su respiración mientras mi pene invadía su recto centímetro a centímetro hasta que la mitad estuvo dentro… En ese momento ella volteó su cabeza hacia mí para verme… Mi cara debe haber sido un poema ya que me miró, se sonrió y me hizo una pregunta de la cual ya ella conocía la respuesta…

– Te gusta?

– Es increíble la sensación… Le respondí

– No te muevas, déjame hacerlo a mí

Dicho eso, comenzó a moverse suavemente de adelante hacia atrás empujando mi verga más y más adentro de su apretado culo… Yo no me movía, solo disfrutaba mientras observaba como mi pene iba desapareciendo hasta que no quedó nada fuera… Cuando sintió que sus nalgas pegaban de mi cuerpo, presionó mi pene e hizo unos movimientos de una manera que pensé que me iba a hacer llegar en ese momento… Que locura era esa sensación, que divinos sus movimientos, que ajustado y caliente se sentía.

Yo necesitaba retomar el control sino iba a explotar apenas comenzado a disfrutar aquel momento, así que la tome de la cintura comencé a entrar y salir de ella en un ritmo que poco a poco fui aumentando y que Mary agradecía con gemidos, contorsiones de su cuerpo y una que otra frase que le salía como:

– Siiii… Asiiiiii…. Dame así… Me gusta… No pares por favor, no pares. Mételo más, mételo mássssss!!!!!

A lo que yo obedientemente accedía y lo empujaba hasta donde no había más para meterle… Así seguí y seguí dándole, de pronto me reclinaba sobre ella y la tomaba por los senos…. Luego bajaba mi mano y frotaba su clítoris dándole una rica masturbada o la tomaba por los hombros y se la empujaba bien duro en ese rico culo que se estaba tragando todo mi verga… Yo estaba extasiado y disfrutando al máximo aquel momento cuando ella de pronto arqueó su cuerpo, soltó un gemido y apenas logré escuchar cuando me dijo:

– Me vengo, me vengo, me vengooooo!!!!!!

Yo seguí penetrándola sin parar mientras ella parecía vaciarse en un orgasmo increíble e interminable…

Cuando por fin se relajó, ella misma se soltó de mí desvaneciéndose sobre la cama…

Un minuto después ella se incorporó y se fue al baño a asearse y yo me fui tras de ella a lo mismo… Yo entré a la ducha y ella se quedó en el bidet… Cual fue mi sorpresa cuando al salir vi, a Mary recostada del lavamanos mirándose al espejo, obstaculizándome el paso con su culo … Al tratar de pasar por detrás de ella hizo un rápido movimiento de cintura hacia atrás … Obviamente su intención era la de buscarme y que allí mismo la volviera a hacer mía… Me pegué de su espalda y le recosté mi pene de su trasero a lo cual ella respondió con unos movimientos adelante y atrás buscando ponerlo totalmente erecto… Luego de unos besos y mordiscos en su cuello mientras mis manos masajeaban sus ricos senos y absorbía su aroma, mi pene logró una dureza suficiente para comenzar el trabajo que se le estaba solicitando… Enfilé mi verga hacia su vagina pero no era eso lo que Mary estaba buscando… Levantó su pierna para darme una mejor vista de su trasero y facilitar el trabajo que ella quería que le hiciera… Rápidamente me ordenó que me olvidara de aquello diciéndome:

– No, no, no… Lo quiero en mi trasero

Ante aquella orden no pude menos que buscar su trasero, el cual permitió la entrada de mi pene sin ningún reparo… Allí estuvimos haciéndolo de pie frente al espejo el cual yo aprovechaba para ver la cara de morbo que ella ponía al sentirse atravesada de esa manera… Realmente disfrutaba el sexo anal… Le encantaba sentir ese carnoso pene dilatándole el culo.  Yo me fui animando cada vez más y se lo hacía con más fuerza agarrándola de las caderas  y embistiéndola mientras ella se sostenía con una mano y se masturbaba con la otra, de esta manera parecía que el placer anal se multiplicaba hasta el infinito.

Luego de unos minutos nos dirigimos nuevamente a la habitación lanzándose a la cama quedando boca arriba y frente a mí… Yo permanecía de pie al lado de la cama con ganas de más… Pude ver su rostro sudado y enrojecido pero sonriente… Me miró dulcemente a los ojos y me preguntó:

– Quieres más??

– Quiero todo, mientras tú me lo quieras dar!!!! Le dije

Dicho esto, alcanzó una almohada, la puso debajo de su trasero, levantó sus piernas y me dijo:

– Mi trasero también quiere más… Esta hambriento y quiere tu lechita!!!!

No puede articular una sola palabra… Solo me acerqué a ella, apunte nuevamente mi pene a su entrada trasera, presioné un poco y se deslizó toda la cabeza con poca dificultad… Luego me acomodé y presione más hasta que ya no se veía nada de mi pene… Durante esos segundos estuvo con los ojos cerrados y los labios apretados… Una vez que la sintió dentro, abrió sus ojos y me miró con una media sonrisa pidiéndome en silencio que la hiciera gozar… Comencé a penetrarla suavemente pero sin detener mi ritmo, la tomé de los muslos mientras ella se apretaba con fuerza los senos y halaba sus pezones… Así estuvimos unos minutos  hasta que recordé que Mary me había comentado en una ocasión que nunca había tenido sexo anal cabalgándolo, así que me acerque a su oído y, sin detener mi cadera, le susurre que la quería encima de mí.

No lo pensó ni un segundo y me dijo que también lo quería… Así que  me tendí en la cama con las piernas extendidas, se subió de frente a mí, tomo ella misma mi pene y lo dirigió a su ano que seguía lubricado y lo presionó con el peso de su propio cuerpo y no se detuvo hasta que lo sintió completamente dentro de si… Luego se inclinó sobre mi pecho, me dio un beso muy apasionado y sin quitarme la mirada de encima comenzó a moverse lentamente metiendo y sacando mi pene a su gusto, al ritmo y a la velocidad que más le hiciera gozar… La tomé de la cintura ayudándola a subir y bajar poco a poco Su trasero apretaba mi verga haciéndome gozar como nunca y lo mismo me decían los gestos de su cara así como sus gemidos…

– Podría estar así todo el día, y toda la noche haciéndolo contigo… Me dijo…

Me incliné un poco hacia adelante y tome con mi boca uno de sus senos y con mis manos sus nalgas las cuales apreté como buscando más espacio para mi verga dentro de su hambriento culo… Esto pareció encenderla más ya que aumentó el ritmo de sus movimientos mientras me decía que no parara, que se los chupara, que la apretara, que la poseyera con fuerza… Esa palabras me enloquecieron, así que unos minutos después me solté y la tendí boca abajo justo en la esquina de la cama con las piernas colgando y el trasero abierto hacia mí… Me incliné sobre ella, sus nalgas estaban completamente separadas, comencé a lamerle tanto la vagina  como el clítoris y el orificio anal, sorbía sus flujos y la penetraba con mi lengua para dejarla bien húmeda.

Ella enloquecida me decía:

– Ya, ya… Penétrame yaaaa… hazme tuyaaaa… ya, ya por favorrr!!!!!

Cuando consideré que tenía suficientemente lubricado el trasero y totalmente enloquecida la mente, me incorporé y perforé nuevamente ese rico culito que tenía frente a mí… Esta vez no hubo contemplación… la penetré con fuerza… Sin pausas… Una y otra vez… Le di un par de nalgadas… Y ella decía:

– Si, así dame duro… Házmelo con fuerza… Me encanta tu pene!!!!

Mi cuerpo se aplastaba completamente contra el suyo en cada embestida, luego volvía a salir casi por completo y entraba nuevamente con fuerza hasta el fondo lo cual Mary agradecía con gemidos, escalofríos y orgasmos múltiples que le inundaban el cuerpo una y otra vez…

Esa posición era espectacular… Podía penetrarla profundamente, podía acariciar su cuerpo, podía ver sus reacciones, podía darle todo el placer que ella quisiera… Pero llegue a un punto en el que mi orgasmo estaba cerca y no podía aguantar más… Me afinque contra ella tomándola por la cintura, arqueando mi cuerpo hacia atrás y metiéndole todo mi pene hasta lo más profundo de su ser… Descargué todo mi esperma en sus intestinos haciéndola gritar con un nuevo orgasmo que tuvo al sentir que estaba corriéndome dentro de ella… Fue increíble… Sentí que me desvanecía por completo… Que mi energía y todo mi ser salía de mi cuerpo en esa eyaculación… Desee que aquello durara eternamente… Podía sentir las contracciones que la llenaban de gozo y cómo sus músculos tensos apretaban mi pene con una fuerza inmensa. En mi, el orgasmo eran ondas que se expandían por todo mi cuerpo dejándome las piernas flojas y la mente perdida… Esos increíbles segundos quedarían grabados en mi recuerdo y seguramente serían motivo para largas y placenteras sesiones de masturbación al ser rememoradas en el futuro.

Cuando volví en mí, me deje caer sobre ella besándole la espalda sudada, la nuca, las orejas, aspirando y embriagándome con su olor a hembra en celo mezclado con sudor y orgasmos. Finalmente cuando mi pene perdió su fuerza y salió de su trasero, me coloque aun lado de ella y nos besamos dulcemente, totalmente agotados pero a la vez totalmente felices, extasiados y satisfechos.

Así estuvimos alrededor de 20 minutos disfrutando de esa sensación de placer que sabíamos que no se nos iría jamás… Disfrutando de las sensaciones que acabábamos de vivir, así como de su respiración muy cerca de mí, de sus dedos en mi pelo, de sus piernas rozando las mías…

A mi mente llegó en ese momento una pregunta que me atemorizó… ¿Como la iba a sacar de mi mente de ahora en adelante después de aquellas hora vividas en la habitación de aquel hotel? Ya era parte de mí y yo era parte de ella.

Una vez más mis labios se pegaron a los suyos… Los mordí… Mis manos recorrieron su cuerpo… Mi lengua reclamó la suya y ambas se fundieron en un último beso y abrazo que no queríamos que terminara y que no terminaría jamás a pesar de la distancia que estaba a punto de separarnos una vez más.

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Amar Haciendo El Amor (III)

Aquí tenemos el final de una serie de relatos que comencé a publicar en febrero de este año. Aunque la segunda parte se publicó solo dos meses después de la primera, esta tercera parte ha demorado bastante. Aún así, espero que quienes hayan conocido las dos primeras partes y querían leer el desenlace sigan por aquí. Y para todos aquellos que no lo han leído y quieran saber de que va la historia, aquí les dejo el link para la primera y la segunda parte:

Amar Haciendo El Amor (I)
Amar Haciendo El Amor (II)

Amar haciendo el amor III

Froto mis ojos antes de acomodar mis brazos sobre el pupitre y mi cabeza sobre ellos. Me siento extrañamente cansado. He estado soñando con Víctor durante varios días, siempre en las mismas circunstancias. Siempre que sucede eso despierto muy cansado, como si realmente me hubiera pasado la noche entera teniendo sexo con Víctor.

-Te dije que estaría aquí -oigo decir a una voz conocida.

Volteo la mirada hacia la puerta de mi salón, y tal como lo sospeché al oír la voz se trata de mi amigo Miguel, acompañado de Samuel. Los dos entran al salón en el que me encuentro (en el cual solo hay además de mí unos cuantos compañeros más que decidieron quedarse en el salón después de que nos anunciaran que el profesor no se presentaría).

-¡Hola! ¿Cómo estás? -pregunta Miguel mientras se sienta de lado en la banca frente a mí y Samuel hace lo mismo en la que está al lado de la mía.

-Hola -le regreso el saludo, y luego, creyendo que no tiene sentido fingir añado-: Algo cansado, pero bien.

-¿Por qué cansado? -pregunta Samuel mientras se balancea sobre su banca.

-No he podido dormir bien -contesto.

-¿Tiene que ver con Víctor? -pregunta Miguel.

Volteo a ver a mi amigo totalmente confundido. ¿Por qué él piensa que tiene que ver algo con Víctor? No puede imaginarse lo que ha estado pasando cada noche en mis sueños, ¿o sí? Aquello es sencillamente impensable, inimaginable.

-¿Por qué tendría que ver con Víctor? -le pregunto mientras intento mantener una expresión neutral, aunque por dentro siento como el miedo me invade completamente.

-Porque no te has juntado con nosotros desde el día en que tú y Víctor se fueron a “platicar” -me contesta Samuel, con un leve énfasis en la voz que hace que me confunda aún más.

-Eso solo es coincidencia -les contesto mientras cierro los ojos por un momento para bostezar-. Solo es que he estado algo ocupado.

-¿Seguro? -inquiere Miguel.

Veo a mis dos amigos con atención. Sus expresiones me parecen extrañas. Estoy acostumbrado a verlos divertirse, a verlos reír con chistes o incluso a sus caras de excitación cuando cuentan sus aventuras. Nunca los había visto como en este momento: molestos, preocupados.

-Por supuesto que estoy seguro -respondo-. ¿Qué les sucede a ustedes?

Mis amigos se lanzan una mirada de complicidad antes de que Miguel me conteste.

-Israel, Víctor no tiene derecho a hacer lo que se le venga en gana -me dice Miguel con la rabia tiñendo su voz-. Si te hizo algo lo mejor es que nos lo digas ahora.

-¿Hacerme algo como qué? -pregunto yo. Aquello si me confunde totalmente. ¿Qué demonios piensan mis amigos que pudo haberme hecho Víctor?

-Israel, aunque no lo digamos ya la mayoría de nosotros sabemos que eres gay -comenta con mucho tiento Samuel.

-¿La mayoría de ustedes? -contesto mientras siento que los colores se me suben a la cara. Aquello no puede ser cierto. ¡Si eso es algo de lo que no estoy seguro siquiera yo!

-Bueno, no puedes esperar que por ejemplo Juan y Alfredo se den cuenta -contesta Miguel mientras pone los ojos en blanco-. Vamos, si ni siquiera se dan cuenta cuando le gustan a una chica. Uno tiene que ser el que se los ande diciendo.

-Dejémoslo en que Miguel y yo lo sabemos -agrega Samuel-. Creo que los demás si no lo saben por lo menos lo sospechan. Digo, tampoco se necesita ser un genio para darse cuenta que no te gustan las mujeres.

Bajo mi cabeza abochornado. ¡No es posible que los demás ya se hayan dado cuenta de aquello que a mí me ha tomado tanto tiempo aceptar!

-No tienes nada de que avergonzarte Israel -me dice Miguel mientras me toma del brazo-. Eres gay, ¿y qué? No por eso dejas de ser nuestro amigo.

Siento un terrible arrebato de agradecimiento hacia Miguel. A pesar de que no suelo charlar mucho cuando estoy con ellos, me doy cuenta que entre nosotros sí ha crecido un lazo que nos une.

-Sin embargo, el que seas gay no le da derecho a Víctor de hacer lo que se le venga en gana -añade mi amigo.

Aquello me vuelve a confundir. ¿De qué demonios está hablando Miguel? Volteo a verlo solo para ver su expresión de molestia y preocupación nuevamente. Miro a Samuel buscando alguna explicación, pero él solo me mira perspicazmente, como si estuviera esperando alguna reacción de mi parte.

-¿De qué hablan? ¿Qué creen que me hizo Víctor? -inquiero mientras miro uno al otro alternativamente.

-Víctor se las puede dar de muy machito -contesta Miguel-. Pero yo sé bien que ese wey se tira a cualquier cosa que se mueva y tenga un agujero para penetrarlo. Pero si cree que contigo puede hacerlo solo porque eres gay está muy equivocado.

-¡Santo cielo! ¿En qué están pensando? -grito debido a la sorpresa, al mismo tiempo que me pongo de pie. ¿Cómo es que Miguel sabe aquellas cosas sobre Víctor? Dudo que él se lo haya contado, ya que a mí me dijo que no quería decírselo a ningún otro de los chicos.

-¿Te ha hecho algo relacionado con eso Israel? -me pregunta Samuel mientras él y Miguel se ponen de pie también.

-Porque si es así ahorita voy y le parto toda su madre -expresa Miguel mientras golpea una de sus manos con la otra.

-No, no, no -niego-. De verdad Víctor y yo jamás… ¿Cómo se les ocurre?

-¿Entonces por qué quería estar solo contigo? -inquiere Samuel perspicazmente.

-Quería que habláramos -respondo-. Sobre la chava que le gusta. Creía que yo era el que mejor podía entender su situación.

Mis amigos parecen relajarse ante aquella respuesta.

-Bueno, entonces no es tan idiota como creíamos -comenta Samuel mientras asiente distraídamente.

-Sí, la verdad es que yo también te buscaría a ti si se tratara de hablar sobre enamoramientos -opina Miguel-. Sin embargo, eso no explica porque desde ese día has estado evadiendo reunirte con nosotros.

-Ya les dije que he estado ocupado -contesto con una sonrisa-. Pero intentaré dejar que mis deberes ya no me absorban tanto. No es bueno también que pase tanto tiempo solo y sin amigos.

-Eso espero wey -me dice Miguel mientras me da un ligero golpe en el hombro-. Bueno, de todas formas me alegra haber aclarado las cosas. Sobre todo teniendo en cuenta que mi impulso inicial había sido ir a golpear directamente a Víctor.

-Y si yo no le digo que mejor primero habláramos contigo sí lo hace -comenta Samuel para después reírse-. Bueno Israel, entonces te dejamos. Cuídate y nos andamos viendo.

Miguel se despide chocando su mano contra la mía, aunque Samuel me da un abrazo. Uno de esos abrazos raros donde más parece que chocas contra el otro que otra cosa, pero el gesto es lo que importa. Mis amigos se marchan, dejándome nuevamente solo. Una vez que se fueron me doy cuenta de algo tremendamente cómico y comienzo a carcajearme. Mis amigos estaban enfadados porque creían que Víctor había hecho algo que yo me moría porque hiciera, y que sin embargo no había hecho más que en mis sueños.

——❤——

El tiempo corre de una manera extraña para mí últimamente. Los días me parecen eternos, sobre todo debido al cansancio que me produce no dormir bien por las noches. Sin embargo, al pensarlo, me parece sorprendente que hayan pasado quince días desde que habíamos hablado Víctor y yo sobre su enamoramiento, pues esas dos semanas se me han pasado volando. Extrañamente mis días son más largos que mis semanas.

-Israel -oigo una voz frente a mí.

En ese momento me doy cuenta que Víctor se encuentra justo frente a mí. Iba distraído, pero al verlo de repente ahí sonriéndome, cuando voy saliendo del baño, no puedo evitar enfocar mi atención totalmente en él.

-Ah hola -le digo. Lo único que pienso es que ojalá no me esté poniendo rojo. Porque no me sorprendería después de apenas haber visto a Víctor los últimos quince días, a excepción de mis sueños, donde estaba en unas situaciones que… bueno, es mejor que Víctor no se entere de ello, creo.

-¿Dónde te has metido todos estos días? -pregunta de repente él mientras se borra su sonrisa y un gesto de preocupación aparece sobre su rostro.

¡Qué cosas! ¿Por qué me siento más nervioso ante la idea de que él se preocupa por mí? Aquello no puede ser bueno.

-He estado ocupado -le contesto, de la misma manera en que lo hice con Samuel y Miguel.

-Ah, vaya -dice él mientras frunce los labios-. Entonces, ¿no tiene nada que ver conmigo?

-¿Por qué tendría que ver contigo? -le pregunto confundido.

-Pensé que lo habrías notado y habrías decidido echarte a correr -dice él mientras comienza a mover un pie nerviosamente.

-¿Qué fue lo que noté? -inquiero mientras siento mi confusión crecer.

Él me mira un momento detenidamente, como si buscara algún indicio de que mi reacción es fingida. Sin embargo, no hay nada que fingir. ¿Qué demonios cree él que habría notado que me habría hecho evitarlo?

-¿Entonces no dedujiste quien es la persona que me gusta? -pregunta él.

-Pensé que no la conocíamos -le digo yo cada vez más confundido.

Víctor vuelve a quedárseme viéndome atentamente. Al final parece decidir que no finjo, porque su sonrisa vuelve a surgir espontáneamente, haciendo que mi corazón dé un brinco.

-Ah, olvídalo, estoy loco -dice él-. Oye, ¿crees que podamos charlar nuevamente un rato?

-Este… tengo pendiente una tarea de matemáticas -contesto, agarrándome a lo primero que se me ocurre-. No creo tener tiempo en la tarde.

-Oh, vaya… -dice él luciendo frustrado, aunque inmediatamente recupera su confianza-. Tengo una excelente idea. Yo también tengo tarea que hacer. ¿Por qué no vienes a mi casa o yo voy a la tuya después de clases y aprovechamos para hacer la tarea y charlar?

No encuentro una razón para negarme a aquello, así que antes de separarnos Víctor logra que le prometa que nos veremos a la salida para ir a mi casa a hacer la tarea. Una vez hecho eso, él entra al baño y yo me dirijo hacia mi siguiente clase. Mientras voy por el camino no dejo de darle vueltas en mi cabeza a lo que me ha dicho. ¿Por qué creía que yo me echaría a correr al saber quien le gusta a él?

Después de un rato, se me ocurre una explicación, y la verdad me aterroriza saberlo. Si es cierto lo que me dijeron Samuel y Miguel sobre que todos sospechaban que era gay, quizás Víctor ya sabía que a mí me gustaba él. Quizás por eso creyó que yo ya no querría nada con él. Aunque si él sabía que a mí me gustaba él y a él no le importaba, tal vez podríamos seguir siendo amigos.

——❤——

Me encuentro a la salida de la escuela con Víctor, y en cuanto nos juntamos comenzamos a caminar hacia mi casa. Durante el camino se me hace fácil olvidar cualquier cosa que me preocupe sobre si Víctor ya sabe que me gusta, ya que se porta muy bromista y me hace reír constantemente. Resulta que además de los chistes sobre sexo que suele contar cuando estamos en compañía de los demás también se sabe otros igual de divertidos pero sin esa clase de contenido. Es imposible seguir tenso cuando uno se divierte de aquella manera.

-¿No hay nadie? -pregunta él una vez que entramos a mi casa y nos recibe el silencio.

-No, mis padres trabajan y mis hermanas estudian por la tarde -le contesto yo.

-Tu casa es bastante agradable -comenta él mientras entramos a la sala.

-Gracias -le respondo yo con una sonrisa.

Dejamos nuestras mochilas sobre un sillón, sacamos los cuadernos que necesitamos y aunque yo propongo la mesa él dice que porque no mejor simplemente nos tumbamos sobre la alfombra. No encuentro ningún pero, si bien jamás lo he hecho. Me pongo con los problemas de matemáticas, aunque intento hacerlos despacio pues no quiero terminarlos rápidamente y que Víctor se de cuenta de que solo buscaba un pretexto cuando hablamos en la escuela.

Sin embargo, mi reticencia resulta innecesaria. Víctor resulta ser realmente malo en matemáticas, todo lo contrario de mí, por lo que paso mucho tiempo intentando explicarle como resolver los problemas que le dejaron de geometría analítica.

-No, así no se calcula eso -digo sin poder aguantarme la risa ante un intento de resolución de un problema por parte de Víctor bastante cómico.

-¿No? -pregunta él confundido. Incluso frunciendo el ceño me parece extremadamente lindo.

-Te lo explico de nuevo -le digo con calma mientras me acuesto justamente a su lado.

Hasta que no termino de explicarle el método que debe de seguir no me doy cuenta de lo cerca que me he colocado de él. Desde donde estoy puedo ver perfectamente su perfil mientras él se concentra en su cuaderno, donde nuevamente comienza a hacer cálculos. Siento como mi corazón comienza a acelerar mientras veo sus bellas facciones y siento el calor de su cuerpo a tan solo unos centímetros del mío. Nada me costaría acercar un poco más mi cuerpo al suyo, incluso podría hacerlo pasar por un movimiento casual y así podría estar junto a él como nunca antes he estado, a excepción de mis sueños.

-Por cierto, ¿qué ha pasado con la chava que te gusta? -pregunta él justo en ese momento.

Aquello hace que pierda el hilo de lo que estaba hablando, y que la cruel realidad se imponga frente a mí. ¿De qué me serviría acercarme a él si de todas formas él va a estar pensando en alguien más?

-Lo mismo que ha pasado y pasará -le digo yo-. Nada.

-¿No te has intentado acercar a ella? -pregunta él mientras voltea a verme.

Yo evito su mirada. No quiero hablar de ello, pero supongo que no tengo alternativa.

-Voy a renunciar -afirmo tajantemente-. Creo que desde el principio siempre supe que lo haría.

-¿Por qué? -inquiere él confundido.

-Porque es más importante para mí la felicidad de esa persona que el que esté conmigo -le contesto finalmente mirándolo a los ojos.

Esa es la simple verdad. Es mucho más importante para mí verlo a él feliz que el hecho de que esté conmigo, o peor aún, a arriesgarme a la posibilidad de que él me rechace y no quiera volver a saber de mí.

-Oye, cambiando de tema -dice él con la mirada clavada en su cuaderno. Es obvio que no le presta atención a los problemas, pues empieza a rayar una de las esquinas de su libreta con garabatos-. ¿Recuerdas que te hable que me había metido con chicos gay?

¡Madre mía! ¿Acaso Víctor estaba pensando en hacerme una propuesta? Pero si él sabe que yo soy gay, o cualquier cosa que sea por estar enamorado de un chico ¿por qué me había preguntado en femenino sobre la persona que me gusta?

-Sí -le contesto con algo de reticencia.

-¿Tú crees que dos hombres se pueden realmente amar? -inquiere él finalmente.

No le contesto de inmediato, lo cual hace que él hable más.

-Mucha gente suele condenar muy feo a los gays -cuenta-. He oído que muchos dicen que los gays solo buscan sexo, pero no creo que todos busquen solo eso, ¿o sí? Es decir, también entre los heterosexuales hay quienes solo buscan sexo, pero hay otros que buscan algo más. Incluso si uno es de los que en un principio solo busca sexo puede terminar enamorándose, ¿no? ¿Por qué debería ser sustancialmente diferente entre los gays?

No sé que contestarle. ¿Sospecha algo o solo es un tema casual? Quizás es una duda que tiene desde mucho tiempo atrás, pero solo conmigo ha encontrado alguien en quien confiar para sacar esos temas a colación y no recibir burlas e insultos.

-¿Tú qué piensas? -pregunta él nuevamente ante mi silencio.

-Es un chico -contesto sin mirarlo. Las palabras surgen de mis labios sin que las haya razonado.

-¿Es un chico? -repite él confundido.

Yo inhalo profundamente mientras mantengo la mirada en el muro que se encuentra frente a los dos. Si ya le confesé la primera parte no me cuesta nada explicarle.

-La persona de la que estoy enamorado es un chico -aclaro.

-¡Oh! -es lo único que le oigo decir.

Quiero voltear a verlo para saber su expresión, pero también tengo miedo. Tengo miedo de que esa revelación le lleve a concluir que el chico que me gusta es él, y que eso implique el fin de nuestra amistad.

-Entonces supongo que tú si crees que dos hombres se pueden amar -dice él casi murmurando.

Yo permanezco con la vista clavada en el muro de enfrente. Me siento incapacitado para mirarlo, el miedo no desaparece aunque su tono de voz no suena a que este molesto o decepcionado. Más bien parece esperanzado, si soy sincero. ¿Pero esperanzado en qué?

-Israel, si tú has decidido renunciar a ese chico, quizás… no sé… podrías… fijarte en mí -dice él. Comienza con una voz fuerte y segura, sin embargo, la última parte de su discurso es apenas un susurro. Eso hace que yo no pueda estar seguro de haber oído bien.

-¿Qué fue lo que dijiste? -inquiero volteándolo a ver finalmente, mientras mi corazón comienza a acelerarse.

-Me gustas mucho Israel -me dice él mientras su rostro se acerca lentamente al mío.

No puedo creer lo que estoy oyendo. Debo estar alucinando, puesto que aquello no es posible. Es sencillamente imposible que Víctor me esté diciendo que yo le gusto a él.

Sin embargo, de pronto sus labios me demuestran que no estoy teniendo alucinaciones auditivas, puesto que se estampan contra los míos y comienzan una suave danza acompasada. El sabor de sus labios es mejor de lo que había soñado. Sin separar nuestras labios nuestros cuerpos se mueven, hasta que quedo recostado boca arriba y él encima de mí, apenas recargando su peso lo suficiente para saber que está ahí pero sin volverlo incómodo.

Cuando nuestros labios se separan aún me parece difícil de creer. Su rostro se separa un poco del mío mientras me observa atentamente, al igual que lo hago yo. Intento convencerme que seguramente estoy soñando, pero no hay nada que me lo indique de esa manera. Estoy cien por ciento seguro que no puede tratarse de un sueño, aunque lo que esté sucediendo sea increíble.

-Estoy enamorado de ti Israel -dice él mientras me mira fijamente.

-Pero yo creí… -comienzo a decir, pero él me interrumpe.

-¿Qué se trataba de una chica? No. Siempre se ha tratado de ti Israel -dice él mientras deja que sus dedos acaricien mi pómulo y mi mejilla-. Sé que parece extraño, pero eres la primera persona por la que siento una atracción que no implica solo querer coger. Cuando te veo siento algo más, algo que me atraviesa el corazón y me hace desear tenerte a mi lado, poder abrazarte y protegerte.

Siento como mi corazón se infla al escuchar esas palabras, y es que oírlas mientras veo sus profundos ojos oscuros me hace darme cuenta que está siendo totalmente sincero. Jamás lo he visto ver a nadie con esa ternura y pasión en su mirada. Siento mis ojos aguarse mientras pienso en todo lo que ello implica para el presente y el futuro.

-Claro que si tú no sientes nada por mí… -dice él mientras empieza a incorporarse.

Pero antes de que pueda hacerlo lo detengo poniendo una de mis manos detrás de su nuca.

-Eres un tonto -le digo antes de levantar mi cabeza para poderlo besar.

Cuando termino de besarlo él parece confundido. Así que decido explicarle:

-Eres tú. El chico al que pensaba renunciar eres tú.

Al principio parece que él no me cree, pero lentamente su rostro da paso a una sonrisa como nunca he visto en su rostro. Es una sonrisa de éxtasis total.

-Supongo que eso significa que tú no tendrás razón para renunciar, y yo podré estar con la persona de la que me he enamorado -dice él mientras deja que su cuerpo se pose suavemente contra el mío.

Sus labios vuelven a pegarse a los míos, pero esta vez con más fuerza, más desesperación, como si el hecho de saber que es correspondido desde hace tiempo le diese un nuevo impulso. Mi boca se entreabre para poder atrapar su labio inferior, pero él usa ese instante para meter su lengua dentro de mí, la cual comienza a entrelazarse con la mía, reconociéndose por primera vez.

Nuestras lenguas no son lo único que se está reconociendo. De repente mis manos parecen poseídas de voluntad propia mientras recorren su rostro, acariciando cada una de sus facciones, sintiendo la textura de su piel, lo rasposo de su escasa barba que vuelve a salir.

En determinado momento él hace que nos demos la vuelta, esta vez quedando yo encima de él. En cuanto estamos así él empieza a meter sus manos por debajo de mi playera, acariciando mi espalda baja y mi cintura. Mi respiración se agita al pensar que estamos solos en mi casa por horas. Todo podría pasar.

No es solo emoción lo que recorre mi cuerpo, también siento miedo. Una cosa es soñar con algo y otra muy diferente hacerlo en la realidad.

-¿Qué pasa? -me pregunta él al ver la expresión de su rostro, aunque deja sus manos sobre mi cintura.

-Víctor, yo jamás lo he hecho -le contesto atropelladamente.

Él me mira con una sonrisa tierna.

-Bueno, para mí será la primera vez que lo haré con alguien de quien me he enamorado -contesta él-. Así que podemos decir que para ambos será la primera vez.

Suelta una ligera risa para después mover sus manos y atraerme más hacia él, hundiendo su rostro en mi hombro, inhalando con fuerza, lo cual me provoca escalofríos.

-Si no quieres no tenemos que hacerlo -me dice él sin dejar de abrazarme.

Pero quiero hacerlo. Tengo miedo, pero no puedo pensar en otra cosa que desee en el mundo más que estar con Víctor. Excepto quizás estar la vida entera a su lado. Sin embargo, eso es más bien cuestión de tiempo, mientras que tener relaciones sexuales con él sería algo en el presente.

Me equivoco. No sería tener relaciones sexuales con él. Estoy convencido que aquello implicará más que eso. Con él realmente se trataría de hacer el amor.

Pero, ¿cómo hacerlo? ¿Alguien sin experiencia puede pensar en una manera de complacer a un hombre que ha tenido múltiples experiencias con otras personas? Las dudas me carcomen. Mi única referencia es el mundo de los sueños, y no parece una buena referencia desde una perspectiva racional.

Comienzo a acariciar el cabello de Víctor con una mano y con la otra su cuello. El contacto con su piel me produce chispas que parecen encender un fuego potente, y sé que él siente lo mismo cuando sus brazos se cierran con fuerza alrededor de mi tronco.

-Quiero hacerlo -le digo mientras mis labios chocan contra su cuello, comenzando a besar y succionar levemente.

No es momento para dudas. Hacer el amor no es un acto racional, es un acto intuitivo, emocional; y como tal he decidido que me dejaré guiar por mi instinto y mis emociones. Algo en mi interior me dice que no importa que Víctor haya tenido encuentros sexuales antes y yo no, puesto que independientemente de eso como él lo ha dicho aquella será la primera vez para ambos. La primera vez que haremos el amor.

Víctor vuelve a acariciarme debajo de mi playera, esta vez llegando más arriba, tocando mis costillas y deslizando sus dedos por sobre de ellas con suavidad. Mientras tanto yo beso su cuello y la línea de su mandíbula, subiendo lentamente hasta llegar a su oreja.

Después de un momento ambos nos incorporamos a medias, yo arrodillado, todavía sobre sus piernas en tanto él se sienta. Lentamente, casi con timidez, voy levantando la playera que él lleva ese día. Él levanta sus manos para permitirme quitársela por completo, dejando a la vista su torso. No es como esos de los anuncios donde siempre usan chicos con pectorales y abdominales increíbles, es simplemente un torso que se estrecha un poco en la cintura, cubierto por aquella piel morena que me vuelve loco, donde lo único que resalta son sus tetillas por ser más oscuras que el resto de su piel. Y sin embargo, a pesar de no ser un torso de comercial, me gusta más por el simple hecho de pertenecer al chico que se ganó mi corazón sin proponérselo.

Mis manos se escurren por aquella piel que tanto me gusta. Mis pulgares juegan con cada una de sus tetillas al mismo tiempo que él cierra los ojos. Una sonrisa beatífica aparece sobre sus labios. Sé que disfruta de eso. Así que me dejo llevar, y acercándome a él pegó mis labios sobre su pecho. Beso su tetilla primero con delicadeza, para luego comenzar a lengüetearla y finalmente morderla suavemente. Mientras estoy inclinado besando su pecho, siento como él comienza a jalar mi playera por mi espalda. Cuando llega lo suficientemente arriba me jalo hacia atrás mientras estiro mis brazos, permitiendo que él me la retire por completo.

Vuelvo a besar su cuello mientras él acaricia mi espalda y hunde su rostro en mi cabeza, entremezclando su cálido aliento entre mis cabellos. No sé que me gusta más, si el sabor de la piel de su pecho, la sensación que me da su aliento enredándose entre mis cabellos o sus manos que danzan sobre mi columna y mis costillas. Tal vez no se trate de que una de esas cosas me guste más que otras, quizás se trate de una única sensación: la sensación de compartir todo eso con el chico que amo.

Amor. Una palabra muy fuerte que sin embargo sé cierta mientras mis manos se deslizan por el abdomen de Víctor, mientras hundo mi rostro en su pecho inhalando su aroma y dejo que mi mejilla se deslice por él.

En poco tiempo ambos volvemos a estar recostados besándonos. Él sigue acariciando mi espalda, pero hay algo nuevo que antes no estaba, dos durezas a la altura de nuestra entrepierna que a pesar de la ropa que hay entre ellas no dejan de rozarse. Mis manos se mueven por sus costados desde sus hombros hasta sus piernas mientras no paro de mover mi cadera en círculos, mientras que él hace un movimiento más hacia arriba y hacia abajo.

-Israel -dice él con voz ahogada cuando nuestros labios se separan.

Sus manos se deslizan por debajo de mi pantalón y mi ropa interior para acariciarme el trasero. Me recorre un escalofrío, mezcla de placer y miedo. Sin embargo, me recuerdo que he decidido dejar el miedo atrás. Beso nuevamente su cuello mientras me las arreglo para meter una de mis manos entre nuestras caderas y poder acariciar su miembro sobre el pantalón. Dejo que mi mano envuelva aquel pedazo de carne y la tela que lo rodea, y comienzo un movimiento que va desde la base de su pene hasta la punta.

-Ya no aguanto -dice él mientras me empuja hacia arriba.

Ahora me toca ponerme en cuatro. Él se pone justamente encima de mí, restregándome su paquete contra mi culo. Comienza a besarme la espalda mientras sus dedos se afanan en desabrochar mi pantalón. No puedo evitar arquearme ante la sensación que me producen sus labios deslizándose por mi espalda. Cuando al fin desabrocha mi pantalón, mete sus manos por debajo hasta poder acariciar mi pene con una mano. Con la otra me doy cuenta que se está desabrochando su propio pantalón, puesto que roza ocasionalmente mi trasero.

Al final logra desabrochar su pantalón, y baja la prenda de ambos hasta las rodillas, para empezar a frotar su pene sobre mi culo con solo la tela de la ropa interior de por medio, mientras sus manos me toman por el pecho para acariciarme las tetillas y sus labios alcanzan mi oído para besar su lóbulo.

-¿Quieres que te lo meta? -susurra en mi oreja.

-Antes de eso quiero otra cosa -le respondo.

No sé bien como lo logro, pero consigo darme la vuelta debajo de él, de manera que quedo tendido de espaldas con su entrepierna sobre mi rostro. Él comprende de inmediato mi deseo de hacer un 69, puesto que deja caer su cuerpo sobre el mío, con su bulto pegado a mi rostro. Con mis labios yo recorro la forma de su miembro que resalta debajo de la ropa interior, mientras que él imita mi movimiento sobre mis genitales.

Subo mi mano rozando su abdomen hasta llegar al elástico de sus interiores, el cual jalo hacia abajo para dejar a su pene libre. Es una visión espléndida la que se presenta ante mí: su falo totalmente erecto, con aquellos testículos colgantes por debajo. Inmediatamente hago que mi lengua pase por todo su tronco, saboreándolo como si se tratara de un helado. Con diferencia el helado más tentador de mi vida, pues no solo me hace salivar, sino hasta me parece que mi propia verga cobra mayor dureza ante la idea de encontrarme finalmente frente a frente con el objeto de mis fantasías.

Víctor mientras tanto ha conseguido levantar una de las perneras de mi bóxer, dejando con libertad mis bolas, las cuales se dedica a lengüetear con delicadeza. Llega incluso a meterse mis testículos en su boca, masajeándolos suavemente con su lengua.

Comienzo a comerme su verga mientras mis manos se deslizan por arriba de él, rodeando sus nalgas. Bajo también sus calzones por la parte de atrás, para poder acariciar aquel traserito con total libertad, sintiendo el contacto de su suave piel directamente bajo las yemas de mis dedos. Aprieto sus posaderas disfrutándolas, pues estrujarlas me da un extraño placer. Cada vez me acerco más al valle que se encuentra entre ellas, y cuando llego dejo que mis dedos se deslicen por el fondo hasta que uno de ellos topa con un pequeño botón que se contrae involuntariamente. Hago que mis dedos estimulen con cuidado los bordes de aquel agujero cerrado mientras ya su pene ocupa por completo mi boca.

Con cuidado voy presionando cada vez con mayor fuerza la entrada de su recto mientras con la boca succiono y saco su miembro. Me trago su falo casi por completo para después sacarlo hasta solo tener la punta dentro de mi boca, la cual me dedico a estimular con la lengua rodeándola e intentando meter la punta por el agujero de su uretra.

Finalmente consigo que uno de mis dedos entre en su interior. Voy poco a poco, pero puedo sentir como él se tensa y deja de besar mis testículos.

-¿Te molesta? -le pregunto tras sacar su pene de mi boca.

-Continúa -dice él con voz desfallecida. Sin embargo, entiendo que ese tono es resultado de que realmente le gusta lo que le estoy haciendo.

Chupo uno de mis dedos para hacer más fácil la tarea de penetrarlo, tras lo cual comienzo nuevamente a chuparle el pene y a penetrar su ano. Él no vuelve a la tarea de besarme los testículos, pero no me importa, pues lo que verdaderamente me gusta es sentir su cuerpo que se tensa, su respiración acelerada y su rostro restregándose contra una de mis piernas mientras suelta gemidos de satisfacción, lo cual es síntoma de que le está gustando lo que estoy haciendo.

Logro tragarme su miembro hasta que mi nariz se hunde en los vellos que decoran sus bolas y mi barbilla choca con su pubis. Por detrás, mi dedo ya logra entrar sin ningún problema por lo que cuando saco su pene de mi boca aprovecho para tomar más saliva entre mis dedos y ahora intentar introducirle dos. Oigo su gemido claro y potente cuando empiezo a penetrarlo nuevamente, pero él no me pide que pare, y yo no tengo intenciones de hacerlo.

-Basta -dice él de repente separándose de mí.

Aquello me saca de onda, pero la visión de su rostro frente al mío cuando se coloca justo encima de mí hace que me olvide rápidamente del asunto, especialmente cuando sus caderas se asientan sobre las mías.

-Sé que hace ratito quería penetrarte -dice él a pocos centímetros de mi rostro-, pero ahora creo que si esto va a hacer la primera vez de ambos quiero que sea la primera vez completa.

-¿De qué hablas? -le pregunto, aunque dentro de mí algo lo intuye y hace que mi pene gane más dureza si es posible.

-El ano es el único lugar del que sigo siendo virgen -contesta él mientras se desliza hacia abajo para poder desprendernos a ambos de lo único de ropa que nos queda.

Después de eso se dirige hacia su mochila, de dónde saca un condón que traía consigo. Me quedo tendido de espaldas mientras él me pone el condón con cuidado para después colocarse él mismo de tal manera que pueda sentarse sobre mi verga. Es la misma posición que tuve en mi sueño hace quince días, y la idea me encanta. Él toma mi falo con su mano orientándolo justo hacia su ano, y comienza a sentarse. Me recuerdo a mí mismo que aquello debe ser difícil, así que me contengo de levantar mis caderas y meterle así con fuerza mi miembro en su interior.

Él va clavándose mi herramienta poco a poco mientras intenta respirar profundamente. Cuando lleva la mitad dentro retira su mano y continua su camino hacia abajo. Finalmente logra que su culo se asiente directamente sobre mis caderas, y con ello suelta un gemido de satisfacción.

Es genial la sensación de su culito apretado, cuyas paredes presionan a mi pene por todas direcciones. Lo tomo de la cintura, sencillamente sintiendo el placer que me da la sensación de saber que estamos completamente unidos.

Víctor comienza a moverse, primero solamente su cadera en leves círculos, pero poco a poco empieza a alzar sus caderas para comenzar un movimiento de mete y saca que me transporta al paraíso. Lo ayudo de dos maneras, moviendo mi cadera hacia arriba y hacia abajo y cargando algo de su peso con mis manos en su cadera cada vez que él se levanta.

Las penetraciones parecen volverse cada vez más profundas. Sé que es físicamente imposible que mi pene llegue más adentro que lo que logramos inicialmente, pero así me lo parece. Quizás sea solo el efecto que resulta de que cuando Víctor levanta las caderas prácticamente solo queda mi glande dentro de su recto, o quizás sea la fuerza con la que comienzan a chocar mi cadera contra su trasero mientras la velocidad del movimiento aumenta. En cualquier caso aquello me hace desear tener a Víctor más cerca de mí, y lo logro pasándole mis brazos por la espalda y atrayéndolo hacia mí, hasta que su rostro queda justo frente al mío.

-Te amo Israel -murmura él antes de estamparme un beso.

En esa posición Víctor ya no puede saltar hacia arriba, pero el movimiento de nuestras caderas mantiene el mete y saca sin dificultades.

-Yo también te amo -le digo mientras entierro mi rostro sobre su hombro y lo abrazo con más fuerza.

Siento como mi placer comienza a incrementarse cuando oigo a Víctor gemir con fuerza y siento como su recto aprieta con fuerza mi pene, como no lo había hecho hasta el momento. Su recto se contrae de una manera que me lleva a un éxtasis completo. Siento mi orgasmo mientras aprieto el cuerpo de Víctor contra el mío y le empujo mi miembro lo más dentro posible, como si fuera posible a pesar del condón que mi semilla se depositara en su interior y de esa manera le estuviera regalando lo mejor de mí.

Dura solo un momento, pero se trata del instante más sublime del mundo. Cuando el orgasmo pasa mi abrazo pierde fuerza, pero no necesito de fuerza para sentir el cuerpo de Víctor sobre el mío, puesto que Víctor permanece en esa posición mientras su respiración se normaliza poco a poco.

-Jamás me había venido sin penetrar a alguien o sin la ayuda de una mano -comenta él mientras besa mi cuello.

-Eres fantástico -le digo yo mientras acaricio con sutileza su espalda.

Nos quedamos un buen rato ahí, sobre la alfombra, uno sobre el otro, disfrutando del contacto de nuestros cuerpos desnudos, aunque quizás no como hace un momento. Después de todo, aún faltan un par de horas para que llegue alguien más a mi casa. Horas que puedo disfrutar en compañía del único chico que me gusta en el planeta.

-Israel -dice él de pronto mientras coloca su rostro sobre el mío.

-¿Qué sucede? -inquiero yo.

-¿Somos novios? -me pregunta él con algo de pena.

-¿Quieres ser tú mi novio? -le regreso la pregunta sonriendo.

-Me encantaría -contesta él antes de besarme nuevamente con una mezcla de ternura y pasión.

Me emociona pensar que finalmente conseguí que mis sueños se hicieran realidad, y que ahora podré despertar cada mañana sabiendo que no fue un sueño, sino que en algún lugar alguien más se despierta igualmente pensando en mí, esperando el momento de verme. Estoy convencido que algún día podría despertarme al lado de ese rostro que tanto me gusta cada mañana, sabiendo que tendríamos la vida completa por delante para amarnos.

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Sueño

Llevo bastante tiempo desaparecido de esta página, aunque aquí estamos de regreso, conmemorando otro 15 de octubre (días más, días menos dependiendo de cuando se publique este relato). Es una fecha que no podía dejar pasar. Y me gustó bastante el resultado de este año, siento que me he superado a mí mismo a comparación de otros relatos. Juzguen ustedes.

Sueño

“Tú mismo lo has dicho, una vez en un sueño”.

Apenas puedo creer que tus ojos estén posados sobre los míos, y que la distancia entre ellos sea de apenas unos centímetros. Siento a mi corazón acelerarse mientras contemplo tus ojos oscuros que me fascinan, al igual que el resto de las facciones de tu rostro. Intento descifrar que pasa por tu cabeza, pero tus rasgos se mantienen impasibles, con aquella expresión de neutralidad que me hace imposible deducir que pasa por tu cabeza.

Levantó una de mis manos con cuidado, esperando que tú hagas algún movimiento como alejarte de mí o detener mi mano. No obstante, sigues contemplándome mientras mi mano sube y finalmente se asienta sobre tu mejilla. Tu piel es suave y cálida. Dejo que mis dedos se deslicen hasta tu barbilla, donde te has dejado algo de barba, y mientras mis dedos acarician tus piel tú cierras los ojos e inhalas profundamente. ¿Significa que te está gustando? Mis dedos juegan con lo poco de barba que tienes, sintiendo la textura de aquellos vellos que sobresalen de tu barbilla. Finalmente, decido sostener tu barbilla con mi mano, y con algo de reticencia, casi esperando que tú me empujes hacia atrás, acerco mis labios a los tuyos. Cuando mi boca entra en contacto con la tuya la sensación es mejor de lo que de antemano podría haber imaginado. Siempre pensé que se trataría de una sensación agradable, pero no en el extremo en que lo está siendo. Es como si una explosión se suscitara exactamente donde mis labios hacen contacto con los tuyos, provocando un fuego que se encarga de expandirse por mi cuerpo y calentarlo.

El beso continúa, lento y pausado, sin ninguna prisa, porque nuestros labios quieren reconocerse por completo. Siento tus manos vacilantes que se asientan primero en mi cintura, para después poco a poco ir rodeándola. Me atraes con ternura hacia ti, y de esa manera nuestros labios ya no son lo único que entra en contacto.

Pero ¿dónde demonios se fue tu camisa y mi playera? Me es imposible recordar en que momento nos las quitamos, pero no pienso demasiado en ello porque ahora las explosiones no solo suceden en mi boca, sino en todo punto en el que nuestros cuerpos hacen contacto. Suelto tu barbilla para poder tomar tu nuca, mientras mi otra mano aprovecha para deslizarse por tu espalda. Tus brazos parecen adquirir cada vez mayor fuerza, pues tu abrazo gana vigor. A pesar de la presión extra, aquello me hace extrañamente feliz. Es incomparable la sensación de que no existe ningún espacio entre tú y yo, como si fuéramos uno solo mientras nuestros labios siguen besándose y nuestros brazos enredándose detrás del otro. Al mismo tiempo me parece sentir el latido de tu corazón contra mi pecho, y casi me parece sincronizado con el mío: latiendo a todo lo que da.

Cuando nuestros labios finalmente se separan el resto de nuestros cuerpos permanece unido. Pegó mi nariz contra la tuya y no puedo evitar mirarte con una sonrisa que asombrosamente tú correspondes. Casi nunca te veo sonreír, y pierdo momentáneamente el aliento. Tú vuelves a pegar tu boca a la mía, esta vez siendo un poco más atrevido. Tu lengua obliga a mis labios a entreabrirse, dejando que se cuele tu cálido aliento dentro de mí, lo cual parece regresarme a la vida. Tu lengua roza ligeramente mis dientes, y antes de que pueda seguir avanzando la mía sale a su encuentro y se enreda con ella. Asimismo entrelazó mis dedos en los cabellos que nacen de tu nuca, buscando de alguna manera atraer tu rostro más cerca del mío. Mientras tanto tus manos danzan por mi espalda, logrando con ello que algo que solo estaba semiduro en mi entrepierna se levanté completamente, presionando contra una de tus piernas. Mi mano que se encontraba en tu espalda se desliza más abajo, hacia aquel trasero que me vuelve loco, pequeño y bien formado. Lo jaló para tener tu entrepierna más cerca de mí, y es entonces cuando noto que no soy el único que ya se encuentra erecto.

Nuestros labios se separan, pero yo no quiero separarme de ti. Dejo que mis labios recorran tu barbilla, que se deslicen a tu cuello para luego volver a subir por la línea de tu mandíbula, hasta llegar a tu oído. Muerdo tu lóbulo mientras te escucho gemir levemente, al mismo tiempo que tus manos me jalan con mayor fuerza hacia ti por mis omóplatos. Mi lengua recorre las líneas que forman tu oreja, siguen el espiral que se encuentra ahí hasta que la punta puede introducirse por el hueco que se forma, el cual es una de las entradas al interior de tu cuerpo. Tus gemidos aumentan de nivel.

Finalmente me decido por dejar aquello. Me separó de ti, apenas lo suficiente para poder meter mis manos entre tú y yo y poder tomar la hebilla de tu cinturón. Nunca había visto un diseño así, y después de unos segundos en los que trato infructuosamente de desabrocharlo tú mismo te encargas de hacerlo con una sonrisa. El pantalón me resulta más fácil, y mientras meto mi mano para palpar la dureza de tu miembro tú desabrochas el mío, lo cual resulta más sencillo debido a que yo no uso cinturón, y menos uno con un broche extraño. Después me imitas y dejas que tus manos recorran la forma de mi pene sobre mi ropa interior. Tu mano se desliza de izquierda a derecha debido a la posición de mi falo, tus dedos danzan desde la base de mi pene hasta su glande y luego en sentido inverso.

Vuelvo a pegar mi boca a tu cuello, mis labios se escurren sobre tu piel para llegar a tu clavícula, la cual es recorrida por la punta de mi lengua antes de bajar hasta tu pecho. Dejo que mi lengua baile sobre tu tetilla, estimulándola suavemente, para después encerrarla con mis labios y succionarla ligeramente.

Mientras mi boca va bajando mis labios no dejan de entretenerse con el resto de tu piel. Mis dedos recorren tus costillas con la suavidad de un pianista, quien parece hacer danzar sus dedos solo levemente sobre las teclas, pero también con la fuerza suficiente para arrancar de aquellas teclas música. Y me parece lograrlo cuando escucho tu respiración acelerada, cuando tu rostro se pega sobre mi cabeza mientras tus manos me sostienen y tu respiración se mezcla con mis cabellos.

Luego mi boca baja más. Llega a tu abdomen, el cual aunque para muchos no sea perfecto para mí lo es. En ese momento dejo no solo que mi boca se entretenga con aquella piel, también froto mis mejillas y barbilla contra ella. Mi lengua se entretiene especialmente con tu ombligo, pero aún más con la línea de vellos que nace justamente debajo. Al mismo tiempo hago que mis manos deslicen tu pantalón hasta tus tobillos, lo cual no me cuesta trabajo en la posición que he adquirido. Inhalo el aroma que despiden tus vellos, y me parece el más maravilloso olor que he aspirado. Es una mezcla de sudor ligero con un aroma muy tuyo, que sé que no podría encontrar en ningún otro lugar.

Finalmente mi labio inferior topa con tu ropa interior. Una parte de mí desearía simplemente que mis manos jalaran tu ropa interior hacia abajo con rapidez, pero otra parte quiere disfrutar de aquello el mayor tiempo posible. Y dado que sé que tarde o temprano desaparecerá ese trozo de tela que ahora está frente a mí, decido tomarme las cosas con calma. Dejo que mis labios se muevan sobre la tela de tu ropa interior, atrapando entre mis labios el falo que se esconde debajo, mientras mis manos se mueven recorriendo las líneas de tu cadera y mis dedos rozan tus nalgas. Siento tu cuerpo arquearse. Seguramente por dentro te recorren los mismos escalofríos que siento yo, esos que recorren mi cuerpo a partir de donde tu cuerpo y el mío hacen contacto.

-Gerardo -mi nombre se escapa entre tus labios mientras te acuclillas, de manera que quedas justo frente a mí.

Con delicadeza me empujas hacia el suelo, de tal manera que quedo recostado boca arriba. Tu mano toma mi pantalón, y con un movimiento fluido lo llevas hacia abajo con todo y mi bóxer mientras yo levanto mi cadera para ayudarte. Tomo el elástico de tu ropa interior y tú mueves las piernas para que yo pueda liberarte de ella mientras te pones en cuatro justo encima de mí, con el detalle que tu rostro queda exactamente sobre mi entrepierna y tus genitales sobre el mío. No puedo creer la belleza que guarda tu pene y tus testículos colgantes. Estiro mi mano como si temiera que la visión se desvaneciera, pero finalmente mi tacto me indica que están ahí. Mis dedos apenas rozan los vellos que rodean tus bolas, para después deslizarse a lo largo de tu tronco, hasta llegar a tu glande.

Miro hacia abajo, y me topo con tu sonrisa y una mirada que me dedicas. Aparentemente te gusta ver como quedo embobado ante cada parte de tu cuerpo. Es que ¿quién no quedaría embobado ante la maravilla de tu cuerpo? ¿Quién podría negar la belleza que hay en esa piel morena, la sensación placentera que produce el roce de tu piel, la sensación de plenitud que provoca tus ojos? Estoy seguro que nadie, aunque quizás ningún ser humano podría sentir todo eso con la intensidad con que lo siento yo.

Pierdo de vista tu rostro mientras tu cuerpo desciende hacia el mío. Veo nuevamente hacia arriba y contemplo tu miembro acercándose a mí. Sin apenas ser consciente de ello sacó mi lengua, y justo en el momento en que mi tu pene hace contacto con mi lengua, lo mismo sucede al hablar de mi falo con la tuya. Ambas lenguas recorren a lo largo las vergas frente a las que se encuentran, recorren esos troncos de placer, produciendo una corriente cíclica de gozo que es imposible saber donde comienza; puesto que parece recorrer por completo nuestros cuerpos conectados.

Cierro los ojos para dejarme llevar. Mis manos rodean tus piernas, masajeándolas mientras mi boca llega a tus testículos y comienza a chuparlos suavemente, para luego lengüetearlos. Tu por tu parte te dedicas a besar la base de mi pene, y dar ocasionales lengüetazos hacia arriba. Siento que podría venirme en cualquier momento, y sin embargo hay algo dentro de mí que lo impide, un mecanismo que me indica que no es momento de ello todavía.

Mis manos se mueven con destreza hasta llegar a tus dos nalgas. Aquel trasero que siempre me ha enloquecido, y apenas puedo creer que por fin pueda tocarlo. Mientras mis labios suben dando pequeños besos a lo largo de todo tu pene acaricio tus posaderas pequeñas pero perfectas. O al menos así lo son para mí. Mis dedos danzan sobre tu piel, acercándose lentamente al punto donde tus asentaderas se dividen. Llego a ese valle que se forma donde termina tu columna, y mis dedos comienzan a recorrerlo hasta que encuentran un pequeño botón, un agujero que en esos momentos se encuentra cerrado. Para entonces mis labios han llegado a tu glande, y dejo que mi lengua se mueva sobre este con cuidado y delicadeza, y sin embargo también con algo de fuerza, puesto que quiero sentir la superficie que estoy recorriendo. Mi lengua retoza en el lugar como si se tratara de un helado o una paleta. Y ciertamente el sabor es magnífico como con esos postres. No es un sabor dulce, y lo único con lo que puedo compararlo es con tu aroma personal.

Tu miembro comienza a rezumar líqudo preseminal, lo cual le agrega un interesante condimento a tu glande. Con mi lengua tomo cada una de las gotas que salen de tu uretra y las embarro por toda la superficie, para después poder disfrutar de todo ello en su conjunto. Mientras tanto, tú abres tu boca para abrigar a mi amiguito dentro de ella. Introduces lentamente mi pene en tu boca, estimulando con tus labios cada milímetro de piel que entra y con tu lengua acariciando el glande que cada vez se acerca más a tu garganta.

Por otro lado, mis dedos se entretienen en la entrada de tu agujero anal. Ese hoyo que en un principio se contrajo cuando lo rocé, pero que mientras mis dedos continúan estimulándolo parece relajarse. De esa manera puedo comenzar a meter uno de mis dedos en tu interior, primero apenas unos cuantos milímetros, pero mientras más muevo mi dedo y rozo las paredes de tu recto más se va introduciendo dentro de ti.

Y al mismo tiempo que mi dedo se va introduciendo en aquel agujero, así dejo que tu falo se introduzca en mi cavidad oral. Primero solo hago que mis labios rodeen la cabeza de tu verga, pero posteriormente permito que mis dientes se entreabran y tu pene comience a pasar. Dejo que mis dientes rocen tu miembro, sin llegar a morderlo, simplemente una ligera presión que te permitiría saber lo que hay alrededor. Mi lengua danza alrededor de tu pene mientras este se desliza dentro de mí, lentamente pero sin detenerse. De hecho no lo hago hasta que mi barbilla choca contra tu pubis y mi nariz se entierra en los vellos de tus testículos. Me parece increíble no sentir náuseas, pero quizás se deba a que estoy probando el manjar más delicioso de mi vida, y es imposible sentir ascos ante algo tan delicioso.

El sexo oral continua por un rato más, pero no mucho. Sin decir nada pongo mis manos sobre tu cintura y parece que tú sabes lo que quiero, puesto que liberas mi pene de tu boca y te incorporas, sentándote justamente sobre mi rostro, aunque recargándote sobre todo en tus piernas que quedan en mis costados. Dejas tu culo a mi disposición, e inmediatamente con ayuda de mis manos separo tus nalgas hasta que tu pequeño agujero queda en la vía libre de mi boca. Pegó mis labios a esa zona, y dejó que se muevan alrededor de ella mientras mi lengua comienza a puntear intentando introducirse. Al principio es un esfuerzo vano, pero mientras aumento la presión tu esfínter comienza a ceder y permite el paso de mi lengua a los primeros centímetros de tu recto. Si tu pene me pareció delicioso esto es aún mejor. Sigue estando ese saborcito particular tuyo, pero en esa zona está más concentrado. Quizás porque implica una parte mucho más profunda de ti, porque realmente estoy entrando dentro tuyo y no saboreando solo la piel externa.

Por último llega el momento más esperado. Te levantas de sobre mí para que pueda incorporarme, y luego te guío delicadamente hasta que ahora eres tú quien se encuentra tendido de espaldas. Estiro mi mano hasta alcanzar mi inseparable condonera, de la cual extraigo un condón que coloco con cuidado sobre mi miembro viril. Veo en tus ojos un atisbo de preocupación, así que mientras me colocó entre tus piernas inclinó mi rostro hasta poder besarte. Así, mis labios presionan contra los tuyos y mi lengua penetra lentamente tu cavidad oral al mismo tiempo que con mi mano guío mi falo para colocarlo justo en la entrada de tu recto. Comienzo a empujar mientras recargo mi cuerpo sobre el tuyo. Algo complicado, pero vale la pena por sentir la electricidad que recorren nuestras pieles ahí donde hacen contacto. No dejo de besarte, y mientras mi pene se va hundiendo en ti tú muerdes mi labio inferior, no con demasiada fuerza, solo la suficiente para sentir tus dientes presionando mi carne.

Como ya va la mitad de mi pene dentro de ti puedo sacar la mano, lo cual facilita la adopción de la postura en la que nos encontramos mientras mi pene se sigue introduciendo en tu interior. Tú pasas tus manos por detrás de mi espalda, atrayéndome hacia ti, mientras que yo te tomo por los brazos para facilitar la tarea de impulsarme dentro de ti. Suelto tus labios durante un instante, y tu hundes tu rostro en mi hombro mientras mi verga termina de insertarse en tu culo.

Sueltas un suspiro prolongado mientras yo dejo mi pene dentro de ti, sin moverlo, percibiendo como las paredes de tu recto presionan al intruso que ahora se encuentra entre ellas. Sentir el aire que exhalas mientras se desliza por mi piel me provoca escalofríos de satisfacción. Muerdo levemente uno de los lóbulos de tu oreja mientras tu aprietas con más fuerza tus brazos alrededor de mí, como si no quisieras dejarme ir. Se trata realmente de un momento único e inigualable.

-Somos uno solo -dices mientras los dedos de una de tus manos danzan justamente sobre mi columna vertebral.

En eso tienes razón. Comienzo a sacar mi pene, para después volver a introducirlo profundamente en ti. Sueltas un suspiro ahogado al recibir nuevamente mi miembro en tu interior, mientras tus uñas se deslizan por mi espalda, sin la fuerza suficiente para dejar marcas pero con la bastante para hacerme estremecer. Vuelvo a sacar mi pene, y así comienzo con un delicioso mete y saca en el que puedo sentir con claridad la unión que hay entre tú y yo, en el que puedo notar como mi placer es el tuyo y el tuyo el mío.

Nuestras respiraciones se aceleran mientras los límites entre tú y yo se vuelven difusos. Ya no sé dónde empiezas tú y dónde empiezo yo, ni siquiera el alrededor, puesto que lo único que existe en ese momento es el placer, el placer que produce mi cuerpo contra el tuyo, el placer producto de sentir tu cuerpo vibrar contra el mío, el de sentir las contracciones de tu esfínter cuando ambos eyaculamos al unísono. Me es imposible discernir quien es el que gime mientras mi pene se entierra profundamente en tu interior, aunque quizás se trate porque somos los dos al mismo tiempo.

El clímax comienza a desvanecerse lentamente, mientras siento como la inconsciencia empieza a apoderarse de mí. Pero antes de que lo consiga siento nuevamente como me aprietas con fuerza entre tus brazos, mientras murmuras la palabra “gracias”.

-Gracias a ti -te contesto en un susurro en tu oído-. Por regalarme este momento que creí imposible.

Mis párpados me pesan. Me voy quedando dormido con tu cuerpo debajo del mío, aunque una parte de mí sabe que llevo todo el rato dormido. Solo se ha tratado de un sueño, pero por mucho el mejor sueño de mi existencia.

-o-

Bueno, y ese fue el relato dedicado para Marco. Y como nota aparte, quiero agradecerles a aquellos que han comentado mis otros relatos, aunque los comentarios no han aparecido en la página de marqueze los he podido leer en las visualizaciones y sepan que me hace feliz que les guste lo que escribo. Si algún día se publican los comentarios para que todos puedan verlos pueden estar seguros que les agradeceré personalmente ;)

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