Las 3 cerditas o quien teme al lobo feroz..

Amor Filial Lésbico, Gracioso, Cuento erótico. Había una vez tres cerditas que vivían con su padres Ana, de 22 años, Carla, de 21 años y Sandra, de 19 años. Las tres cerditas habían crecido alegres en una casa del bosque. Y como ya eran mayores, sus papás decidieron que era hora de que se quedarán solas en casa. Las tres cerditas se despidieron de sus papás, Sus papás les advirtieron que tuvieran cuidado con el Lobo feroz. Ellas no le hicieron caso e invitaron al lobo a su casa por el cumpleaños de la cerdita mayor (Ana)

 

Ellas hicieron una cena, reunieron a los animales del bosque mos para beber hasta que los cuerpos aguanten.

Se juntaron 16 animalitos del bosque, exactamente la mitad hembras y la otra machos.

Todo era normal, bebiendo unos vinitos y picando algo antes de cenar, por lo que cuando la cena estaba servida casi no había hambre, pero las ganas de beber no se quitaban y al poco de comenzar a cenar la mayoría de los animalitos ya estaban demasiado bebidos.

Siguieron bebiendo hasta las 2 de la madrugada, todos habían bebidos menos el lobo feroz que se había contenido buscando a su presa. Lo animalitos ya quería irse a seguir la fiesta en alguna otra madriguera, otros ya estaban borrachos perdidos ninguno ayudó a recoger. Se fueron todos y solamente se quedaron las tres cerditas, dueñas de la casa y el lobo feroz que se quedó a recoger con ellas. Que amable el lobo feroz, no?.

 

Los cuatro se pusieron a recoger la casa, las cerditas estaban muy borrachas y el lobo les ofrecía más bebida mientras limpiaban y ellas incautas seguían bebiendo, a la vez que con sus cuerpos  ponían más hambriento al lobo feroz. El se ponía muy caliente al ver los cuerpos y la forma de vestir de las cerditas..

 

Carla era de piel muy morena y de pelo moreno, tenía un cuerpo perfecto, con unas curvas de vicio y unos pechos perfectos, ni muy grandes ni muy pequeños, y llevaba puesta una minifalda blanca muy cortita y una camiseta también blanca que dejaba ver el ombligo enganchada de un lado a otro con cordones y que dejaba la espalda al descubierto. Por su parte, Sandra no se quedaba atrás, era de cuerpo más curvo que Carla, algo más rellenito y tenía unos pechos preciosos que le gustaba lucir siempre que podía  también llevaba una falda muy cortita pero de color negro y en la parte superior una camisa normalita muy ajustada por lo que sus pezones se marcaban en cuanto se ponían un poco duros.  Y por último quedaba Ana, y en ella se caracterizaba su precioso culito, sus pechos eran redondos y perfectos. Se caracterizaba por ser la más cerda de las tres y la más mayor, además olía decir que le encanta follar a todas horas. Llevaba puesto un traje de color blanco, muy escotado en la parte superior y muy cortito en  la parte inferior algo que le gustaba al lobo feroz ya que cada vez que se levantaba de la silla o se agachaba a coger algo se dejaba ver su precioso culito, y eso yo ya le había hecho fijarse en su minúsculo tanguita.

 

En fin, estas tres cerditas eran unas verdaderas provocadoras y apetecibles para el sexo.

 

La polla del lobo se empezaba a ponerse dura. No sabia que hacer. Además veía a las tres cerditas recoger moviendo sus culitos y su pechos, y empezó a tocarle el culito una a la otra, ellas no ofrecían resistencia, necesitaba más?, si.

Sandra lo llamó para que con su fuerza le ayudará con una cosa, el fue…En la habitación de Sandra cogiendo un vaso se manchó la camiseta blanca  tomó una camisa negra y se cambió delante del lobo. El se quedó atónito al verla cambiarse de camisa, esos pechos con lo que había soñado miles de veces, por lo que su polla creció sin control hasta quedar un marcado bulto en mi pantalón. la cerdita de Sandra se enteró y empezó a provocarme con movimientos eróticos mientras se quitaba de nuevo la camisa lo que más calienta aún al lobo. La cerdita se desabrocho el sujetador y dejó sus enormes pechos a la vista de los ojos del lobo, que le entró tal calentón que no pudo aguantarse y se abalanzó sobre ella.

 

La empezó a lamer sus tetas y a mordisquear sus pezones mientras que con las garras le bajó su faldita. Llevaba puesto un tanga de hilo de color verde, en el cual pudo observar que tenía su rajita mojada, ya que dicho tanga estaba húmedo. Se tiró para encima de la cama y le empezó a quitar la ropa hasta quedarse en pelotas y a continuación metió su polla en su boca y la cerdita la empezó a chupar de tal manera que no dudó en correrse por primera vez en su boca. La cerdita se tragó todo el semen del lobo feroz y el que se había quedado alrededor de su polla hasta dejársela bien limpita, luego empezó a hacerme una fantástica cubana, ya que el deseo del lobo, de la cual disfrutó mucho.

Estaba con su polla entre sus tetas cuando de repente se abrió la puerta. Era Carla y los vio en plena acción. Ella, que estaba demasiado afectada por el alcohol, se quedó algo sorprendida ante lo que estaba viendo pero pronto se le cambió la cara poniendo una sonrisa de pícara, ella también que también quería participar y sus pezones se empezaron a endurecer. “ Llama a tu hermana Ana “ le dijo el Lobo feroz y ella llamó a Ana para que fuera a disfrutar de la fiesta, cuando Ana subió y vio a sus hermanas Sandra y Carla desnudas, Carla no había perdido el tiempo y se había quitado la ropa, Ana aceptó sin pensárselo.

 

Las dos, Carla y Ana se quedaron de pie, luego Ana le empezó a acariciar los pezones a Carla y esta empezó a tocarle la almeja de Ana formando un escena lésbica que hizo que se corriera el lobo otra vez.

Nada más correrse se tiró encima de él, Ana, y le lamió la polla como antes hizo Sandra, y todo su semen mientras el lobo le agarraba ese precioso culito. Entonces se subió encima de él Carla y empezó a cabalgar como una puta en celo, botaba sin parar y le entraba hasta el fondo. A esto que la cerdita de Sandra se sienta en la cara del lobo y se pone delante de su boca su coño, el lobo empezó a lamer gustosamente aquel manjar mientras que Ana le lamía las pelotas. El lobo le comía el conejo hasta que Sandra se corrió y sus jugos mojaban el hocico del lobo. Ana estaba de rodillas en el borde de la cama y se estaba masturbando mientras lamía sus bolas, entonces el lobo se quitó de encima las otras dos cerditas y se dirijo a Ana, a la que puso a cuatro patas en el suelo y le empezó a penetrar por el culete. Al principio le dolía pero poco a poco fue cogiéndole gusto y no paraba de pedirle mas y mas, mientras Sandra y Carla se estaban masturbando una a la otra. Las tres estaban gimiendo de tal forma que sus gritos hicieron que se corriera el lobo, saliendo un chorro inmenso de semen que fue a parar a espalda de Ana las cerditas de sus hermanas lamieron toda la leche y luego la compartieron con ella.

 

Se quedaron las tres cerditas tumbadas en la cama durante unos minutos, abrazando al lobo, y cantando “ A QUIEN SE HA FOLLADO EL LOBO FEROZ A QUIEN A QUIEN. A QUIEN A QUIEN…

 

COLORÍN COLORADO…. ESTE CUENTO SE HA ACABADO,

COLORÍN COLORUCHO… ME GUSTA FOLLAR MUCHO

COLORIN COLORETE… TE QUIERO RELLENAR EL OJETE

Me gusta / No me gusta

Mi doctora indecisa…

Me puse encima de ella comencé a mover mis caderas, veía la cara de excitación que ponía, escuchaba sus gemidos y la forma que me decía que qué rico me movía, la besé y metí mis dedos en su vagina los saqué y los probé. Era un manjar, que rico estaba el sabor de mi hembra.

Hacía mucho tiempo que leía estos relatos, todos excelentes y gracias por compartir con nosotros sus experiencias, pero es hasta hoy que me decido a escribir mi primera experiencia con mi bella mujer.

Ella es doctora y la conocí cuando recién inicié mis prácticas de enfermería en el lugar que ella trabajaba, fue mi primera instructora y guía en mi área profesional, nos conocimos y nos tratamos mucho tiempo, y esperé 3 años para tenerla en mis manos.

Me llamo Ana, mido aproximadamente 1.67, caderas bien torneadas al igual que mis muslos y piernas, de senos regulares y unos ojos que a muchas mujeres les gusta y les fascina mi mirar. Nunca había soñado con mi mujer ideal, me creía heterosexual, pero fue hasta la preparatoria que conocí el placer lésbico, todo inició con juegos de retos y castigos de besar a mujeres y demás cosas que hacemos los jóvenes, tuve algo que ver con una que otra mujer de mi misma edad, pero nada sin trascendencia.

De la persona quien les narraré… le pondré el nombre de Miss que es así como yo le digo, cuando tenía yo 18 años y ella 34 ella se involucró sentimentalmente con mi tío, se fue a vivir con el casi un año, no duró mucho su relación y fue cuando inició la nuestra… hace 2 añitos.

Por las fechas finales de julio Miss comenzó a escribirme por medio del Messenger que me extrañaba mucho, que necesitaba verme y besarme. Yo no lo tomé por otro lado así que la busqué la abracé fuertemente y le di un beso en la mejilla como cualquier amiga, pero no bastó, siguió insinuándome lo mismo durante varias semanas hasta que me dijo que sentía algo raro, nuevo, diferente hacia mí, fue entonces cuando tomé cartas en el asunto y en forma de juego me comenzó a retar y yo que le seguí.

Miss me decía a que no te atreves a besarme y yo le decía que si, que no me toreara porque no sabía de lo que era capaz y ese tipo de cosas, durante esos días terminó con mi tío y ella me comentaba que se sentía muy mal y triste, a cada rato lloraba, una de sus amigas realizó una pijamada, era un viernes y estaba lloviendo, llegué un poco tarde y ellas ya estaban entonadas o más bien medio borrachas, jaja… Una se llama Mar y la otra Isa, ambas amigas en común, comenzamos a charlar y todo lo que se hace en pijamadas, trataron de ponerme al mismo tono que ellas y lo lograron, jajaja.

Mar se levantó por unas cervezas a la cocina e Isa fue al baño, fue entonces cuando me quedé a solas con Miss, ella comenzó a llorar y yo me acerqué a consolarla por lo triste que se sentía de haber terminado con mi tío, o al menos eso creí, la abracé fuertemente, coloqué mis labios en su cuello, y nos separamos un poco y nos hundimos en un beso tierno, después otros de esos de piquito, y fue cuando le dije: ¿no que no te besaba? Desde ahí dimos rienda suelta a nuestro deseo, fue cuestión de segundos para desencadenar lo que ya sentíamos, llegaron nuestras amigas y nos separamos como si nada hubiese pasado, un rato después nos encontrábamos separadas por Isa, y enfrente de las 3.

Miss colocó su mano en los hombros de Isa, apuntando hacia mis labios, y los encontré en medio de la oscuridad ya que estábamos viendo unos video de Marck Anthony, comencé a lamerle los dedos, a succionarlos, morderlos, chuparlos, y comenzó a bajar sus dedos por mi cintura, quería sentir mi conchita, pero nos impedía Isa que se encontraba en medio de las 2, pasé mi mano hasta encontrar sus labios e hizo lo mismo con mis dedos, ya no podíamos más, así que por detrás de Isabel nos fundimos en un beso salivoso, caliente, tan esperado por las dos, yo sentí como mis pezones se endurecían de tanta excitación de sólo besarla y el que nos fuesen a ver nuestras amigas, seguimos con ese juego de miradas y varias veces nuestras lenguas se encontraron a espaldas de nuestra amiga.

Pasado el juego de deseo, me levanté por un vaso de agua a la cocina, me percaté que me miraba, me alcanzó y me dijo que la acompañase al comedor a llamar por teléfono a su casa para avisar que todo estaba bien, la acompañé, ella levantó la bocina y comentó que no había línea, entonces me pidió que la acompañase al teléfono que había en la planta alta, subimos, al llegar al pasillo me abrazó y comenzó a besarme desenfrenadamente, sus labios me buscaban desesperadamente, su mano tocaba y recorría todo mi cuerpo, yo sentía  mi conchita como estaba ya toda mojada, en el primer cuarto que pasamos me tumbó a la cama y comenzó a desabrocharme el pantalón, de un solo tirón metió sus dedos en mi vagina, mientras me mordía y succionaba mis labios, era mi deseo, ¡me estaba comiendo una mujer mucho mayor que yo

La excitación y el morbo terminó en un largo y rico orgasmo, ahora era mi turno, la voltee, le quité los jeans y sus braguitas ya toda mojadita, me puse encima de ella comencé a mover mis caderas, veía la cara de excitación que ponía, escuchaba sus gemidos y la forma que me decía que qué rico me movía, la besé e igualmente metí mis dedos en su vagina los saqué y los probé… Era un manjar, que rico estaba el sabor de mi hembra, me volvió a besar a morder fuertemente mis labios, me sujetaba de los cabellos y no me dejaba separarme, necesitaba sentirme y yo a ella, seguimos tocándonos y recorriendo cada espacio de nuestro cuerpo, hasta que recordamos que no estábamos solas, así que decidimos que nuestra historia continuaría, pero era momento de bajar con nuestras amigas, bajamos y me percaté que llevaba hasta sangre en mis labios pues me había roto el labio y lo tenía inflamado, pero no importaba, me dolía y ardía, pero me lo había hecho mi señora ardiente, mi doctora corazón, mi diosa, mi reina, mi musa. ¡Mi mujer!

El siguiente día, fue normal como cualquier otro… Aún tenemos relaciones esporádicas, la amo y ella a mí quien sabe, pero hoy les digo que es una de mis razones para vivir, eh dado todo por ella, en cambio ahora ella ya tiene novio… Casi al mes que pasó esto, lo tuvo y aún así hemos seguido juntas… últimamente ella ya no quiere estar conmigo sexualmente y no me permitió que la abrazara… ojalá me puedan decir que hacer, ¿la dejo ir?  Ella siempre ha sido heterosexual… hasta tiene un hijo de su primer matrimonio.

A pesar de nuestros encuentros sexuales, nuestra amistad sigue intacta, y hay mucha relación con nuestras familias, obviamente… ¡nadie sabe! y ahora menos con su nuevo trabajo tan importante en la región que vivimos. No sé qué hacer, no puedo estar con ella, pero tampoco sin ella.

Saludos y gracias por sus comentarios.

Autora: Kmp_ana

Me gusta / No me gusta

Fui muy puta

Me puso a cuatro patas, sentía su capullo que jugaba en la entrada de mi chocho y yo pidiendo métemela por favor, en eso empecé a sentirla dentro, cada vez más hasta llegó en un momento que me dolía, nunca me había imaginado que todo eso cupiera dentro, no se las veces que me corrí esa noche, me penetró un montón de veces cambiando de posición, el cabrón duró toda la noche.

Hola, mi nombre es Ana, tengo 49 años me dicen que muy bien llevados, y os voy a contar lo puta que me comporté unos años atrás cuando tenía unos 25 años, yo estaba casada, con un hijo, y era muy mal tratada por mi ex-marido, dándome, palizas, insultos, bueno de eso no me gusta recordar.

Yo trabajaba en una fábrica y todo empezó cuando uno de los encargados que teníamos empezó a tirarme los tejos, era mayor, tendría unos 40 años, en una posición bastante cómoda y empezó a regalarme braguitas, bombones y yo no le hacía caso, le decía que estaba casada y no me interesaba nada, además con un marido muy celoso que no podía ni hablar casi con mis propios hermanos, se ponía furioso y no digamos con otras personas, pasó un fin de semana que fuimos a una boda de unos amigos y cuando llegamos a casa me dio una paliza que el lunes no pude asistir a trabajar.

En fin que Pedro, el encargado, no desistía en su empeño, era muy amable conmigo, seguían sus regalitos que me dejaba en la taquilla, me esperaba a la salida, hasta que un día accedí a subir en su coche para acercarme a casa, y me propuso tener relaciones con él, yo negándome, llegó a ofrecerme dinero, cosa que en casa escaseaba ya que la única que trabaja era yo, pero me resistía una y otra vez, ya un día me ofreció dinero para hacerle una paja yo nunca había estado con otro hombre que no fuera mi marido y ese día lo acepté nos fuimos lejos de la ciudad como a unos 60 km. por miedo supongo, en el coche se sacó la polla y empecé a pajearle, cuando llevaba un buen rato me la metí en la boca y terminó corriéndose en mi boca, yo solo le dejé que me tocara por encima de mis braguitas ya que nadie más que mi ex me lo había hecho.

Pasó un mes aproximadamente y mis hermanos y cuñados, o sea la familia, propusieron de ir a comer a un restaurante, cada uno pagaba su parte, y mi ex-marido me decía que no podíamos ir porque no teníamos dinero, le dije que yo a escondidas había ahorrado algo, con lo cual podíamos ir a esa comida, él se puso todo contento y que tenía una maravillosa mujer que sabía muy bien administrar y ganar la pasta ya que a él ningún trabajo le duraba. Si decía yo te voy a invitar de los cuernos que llevas, cabrón, yo ya estaba muy harta de él pero lo quería.

El caso que Pedro seguía insistiendo en vernos y la primera vez no había estado mal, había sido muy fácil ganar ese dinero. Me propuso que le comunicara que no me encontraba bien por la tarde y me daría la tarde libre, y él también la tomaría, y así lo fue, esta vez me llevó más cerca, a Sagunto, a unos 30 km. de la fábrica, igualmente solo fue una paja como la vez anterior, y él poco a poco fue retirando las bragas a un lado hasta meterme los dedos dentro, no le dejé más ya tuve un buen orgasmo comiendo su hermosa polla, con su mano que no dejaba de acariciarme. Dándome otra vez la misma cantidad de euros y mi ex seguía insultando que yo era una puta, ahora si ya lo había conseguido. Repetimos varias veces más sin nunca llagar a penetrarme yo no quería pero me gustaba cada vez más.

El tema fue que llegó el verano nos fuimos de vacaciones y cuando regresamos en septiembre la fábrica había cerrado. Y todos a la calle, nos seguimos viendo ya que hacíamos guardia en la puerta para que no se llevaran los dueños las máquinas y nos quedásemos sin cobrar. Pedro seguía insistiendo hasta llegó a ofrecerme unos cuantos euros, eran muchos, por una noche y tonta de mí no lo acepté, él me decía que ahora que pasábamos las noches de guardia me sería más fácil, pero yo no acepté. (Tonta de mí, ahora me arrepiento no haber sacado más pasta).

Tampoco él me gustaba, si en cambio acepté irme con otro compañero, una noche en su casa Manolo, un chico de 30 años, muy majo, llevaba unos meses separado, la noche era muy fría y dije que no me sentía bien, él se ofreció a llevarme a casa y nos fuimos por el camino a casa, me dijo que sabía lo mal que lo pasaba con mi ex, bueno, lo sabía todo el mundo, y me eché a llorar, paró el coche y claro le expliqué, ahora la que me espera cuando llegue a casa, me preguntará quien me ha llevado y ya tendré la bronca, con lo cual me propuso ir a su casa descansar y por la mañana podría regresar a mi casa con el bus, y me gustó la idea y acepté ir a su casa, me cuidó muy bien me ofreció unas infusiones y la verdad empecé a sentirme mucho mejor, estábamos hablando en el sofá, empezó a decirme que siempre me había admirado, que era muy guapa y palabras muy amables, la cuestión que se me había ido el frío por completo y cada momento estaba más caliente y excitada por lo que me decía y me contaba.

Sin casi darme cuenta nos estábamos besando, empezó por mi parte débil mi cuello y estaba yo como un flan, no tardé nada en ponerle la mano en su paquete y como estaba de duro, ummm cuando lo recuerdo, le bajé la cremallera y salió disparada, vaya polla, nunca antes había visto nada igual, larga y gorda, intentaba tragarla toda pero no había forma, casi no cabía en mi boca, me dio media vuelta metió su cara debajo de mi falda y a mordiscos me arrancó mis bragas, no tardamos nada en irnos los dos, yo tenía un orgasmo descomunal con su polla en mi boca y su lengua jugando con mi chocho, como nunca nadie había hecho antes conmigo, paramos un rato, nos fumamos unos pitillos, y al poco rato pasamos a la habitación.

Nos quitamos las ropas mal puestas que teníamos y me tumbó en la cama, su lengua recorría todo mi cuerpo con lo que no tardé en tener otro orgasmo, pero tenía unas ganas locas de tener esa polla dentro que se lo pedí por favor, métemela, no puedo aguantar más, me puso a cuatro patas, sentía su capullo que jugaba en la entrada de mi chocho, y yo pidiendo métemela, métemela por favor, y en eso empecé a sentirla dentro poco a poco, cada vez más hasta llegó en un momento que me dolía, nunca me había imaginado que todo eso cupiera dentro, no se las veces que me corrí esa noche, me penetró un montón de veces cambiando de posición, el cabrón duró toda la noche se corría y a los 5 minutos estaba otra vez con el cacharro en posición, nunca me lo había imaginado, cuando se corría mi ex ya no había forma y yo pensaba que todos los hombres eran iguales, que equivocada estaba, cuantas cosas me había perdido.

Y llegaron las 7 de la mañana me di una ducha me vestí y no tenía bragas ya que estaban rotas, me tuve que ir en el bus sin bragas y sin poder casi caminar, tenía el chocho como un tomate muy maduro, cuando llegué a casa le dije a mi marido que no había dormido nada, que era muy duro eso de hacer guardia toda la noche, y que me iba a descansar. A partir de ese día tenía más guardias que antes para estar con Manolo, la cosa duró tres meses dos veces por semana, hasta que Manolo regresó con su ex-mujer. Nunca lo he olvidado, fue el primero que me hizo sentir mujer y disfrutar como una perra.

Autora: Ana

Me gusta / No me gusta

Ana María

Relatos de Marqueze, venturas y desventuras de un webmaster.

Hay quien no sospecha el esfuerzo que hay detrás de una página web cuando quieres llevarla adelante con seriedad. Buscar un diseño agradable, una “marca” de fábrica, gráficos vistosos pero que no tarden mucho en cargarse… Y luego, cuando ya tienes montado el esqueleto, encontrar los contenidos más adecuados. Y muchas, muchas horas de trabajo, maquetando, preparando, actualizando… Para que mis queridos y apreciados visitantes puedan tener cada día su página lista, cuántas noches hasta las tantas subiendo ficheros al servidor y haciendo ajustes de última hora.

Más de una vez he vuelto a casa de amanecida o me he quedado dormido junto al ordenador después del último teclazo.

Ya van para seis años que estoy con ella y siento el mismo entusiasmo del primer día porque cientos, miles de amigas y amigos, algunos de ellos anónimos, otros que se han hecho ya viejos conocidos, han seguido visitando fielmente la página.

Y también me han ocurrido muchas cosas interesantes a lo largo de este tiempo. Por eso es que quiero compartirlas también con vosotros…

Hace unos tres años recibí uno de tantos correos electrónicos a cuenta de la página, que hubiera pasado desapercibido en la bandeja de entrada si no fuera por el “aroma” especial que tenía. Os preguntaréis cómo es posible que un email pueda tener aroma. Para mí lo tiene, lo mismo que esas cartas “perfumadas” que después de leídas dejan una huella en el ambiente y que nos acompaña durante mucho tiempo. Ese es para mí el aroma de un email: una especie de magia especial que hace que nos detengamos a releerlo y deseemos contestar enseguida.

Lo enviaba una chica de Madrid, que había conocido la página casi por casualidad, buscando material sobre nuestro bienamado Linux y había encontrado algún artículo de utilidad en mi sección de informática. Después de descargarlo a su disco duro invirtió un rato en recorrer toda la web y encontró varios relatos que le parecieron interesantes, otros más flojillos para su gusto, de diversas temáticas, pero que lograron captar su atención. Entonces, antes de desconectarse de la red decidió incluirla en la carpeta de favoritos.
Así comenzó una rutina de visitas, un par de veces por semana, pasando progresivamente a venir casi a diario. Y uno de los días posó el cursor del ratón en el enlace del correo y decidió escribir al webmaster, o sea, a mí.

El resultado fue ese correo que os comentaba. Se presentaba muy correctamente, contaba su interés por Linux y su amor definitivo por nuestros queridos pingüinos y luego comentaba asuntos relacionados con los relatos.

Hasta ahí podía ser como otros correos que llegan diariamente, a veces a cientos, a mi buzón. Pero éste era especial. Ana María, porque éste era el nombre con que firmaba, tenía una forma jovial, abierta y sin prejuicios a la hora de analizar la página, los relatos y sus contenidos y, sobre todo, de dirigirse a mí. Mucha gente puede pensar que soy una especie de súcubo, de demonio sexual que participa de todas las tendencias y perversiones imaginables y que sólo así se explica que mantenga una web con alto porcentaje de contenido sexual. Sin embargo ella comprendía sin dificultad que yo era una persona muy normal que, gustándome el sexo como a cualquier persona, no había hecho de ello una obsesión, sino una forma de disfrutar de la compañía, el trato y la proximidad de las mujeres, ese maravilloso fruto de la creación al que nunca agradeceré bastante al Buen Dios que nos haya puesto en la tierra.

Aprecié sus comentarios y opiniones sobre muchos temas. Me aportó observaciones interesantes sobre la página y la forma de desarrollarla. Algunas de sus críticas constructivas me hicieron reflexionar y cambiar cosas en el formato de presentación y en los contenidos.

Con el tiempo se me hizo natural el recibir correo suyo una o dos veces por semana y terminamos por establecer una buena amistad, eso sí, siempre virtual. Hasta que llegó aquel viaje a Madrid…

Cuando hubo secciones en la página que me supusieron beneficios económicos que me ayudaban a mantenerla y hacerla crecer, comenzaron también los viajes por España para entrevistarme con clientes y socios potenciales interesados en aprovechar las ventajas que ofrecía una web con tanta aceptación en el ámbito de habla hispana. Lo que había comenzado como un pequeño espacio insignificante en la red rebasó las cincuenta, las cien mil visitas.

Siempre había sido comodón y algo perezoso para viajar, pero no para hacer amigos y los viajes me proporcionaban esa oportunidad. Si no iba a poder actualizar con la regularidad habitual me gustaba prevenir a mis lectores insertando una pequeña cuña en la página principal. Esta vez hice lo mismo y comuniqué que iba a estar en Madrid un par de días. Y justo en el momento en que me disponía a desconectarme y coger las maletas para ir a la estación llegó al mail de Ana María. Me decía que acababa de leer el anuncio de mi viaje y que, si yo quería y tenía un hueco en mis planes, estaría encantada de que nos viéramos y conocernos al fin en persona. Y me daba su número de móvil al final del mensaje y me repetía que no dudara en llamarla.

En el tren iba repasando mentalmente los asuntos que tenía que tratar y las estrategias a desplegar con cada una de mis citas comerciales, los beneficios mutuos que podíamos obtener y los puntos delicados de cada entrevista. Ana María saltó a mis pensamientos también. De repente caí en la cuenta de que no la conocía más que por sus correos: nunca habíamos hablado por teléfono ni intercambiado fotografías. De hecho la consideraba como una buena colega linusera y sólo era factible que nos hubiéramos encontrado en algún intercampus o reunión maratoniana de “informáticos locos”. Pero ahí tenía su teléfono anotado y realmente me picaba el gusanillo de conocerla.

El primer día en Madrid fue de locura, no paré un momento. Eran casi las nueve de la noche cuando entré en una cabina y metí una tarjeta con idea de marcar su número aunque sospechando que, si la avisaba con tan poca antelación, seguro que ya había hecho otros planes para esa noche.

Me contestó una voz agradable y bien modulada. De esas que inspiran confianza desde el primer momento, no sé si me entendéis. Una voz, lo mismo que la ropa, los coches y hasta un nick en icq o un chat, nos dan una información sobre su poseedor, algo así como un flash, como un telegrama informativo sobre la persona que los usa. Y su voz me resultó muy atractiva y además me decía que su dueña era una persona de las que pocas veces se encuentran sin apreciarlas al instante.

Cuando le dije quién era se alegró muchísimo, me preguntó por mi día de trabajo y, antes incluso de que yo lo propusiera, se ofreció a que nos viéramos. El tiempo justo de arreglarse y podíamos encontrarnos y me enseñaba un par de rinconcitos en Madrid para cenar y tomar una copa.

Quedé encantado y a su disposición para lo que tuviera pensado hacer. Me preguntó dónde estaba y me dijo que era un sitio muy cerca de su casa, por la zona de Atocha y que pasaría ella a recogerme en media hora. Que de momento podía esperarla en la Cervecería Alemana, en la plaza de Santa Ana y que fuera pidiendo una cerveza.

Me gustó mucho el local, con su saborcillo rancio, sus mesas de mármol, sus espejos antiguos y una clientela muy particular. Y justo estaba observando todo esto cuando esa encantadora voz que había escuchado un rato antes sonó a mi espalda:

– ¿Marqueze?.

Me volví y allí estaba ella. Ana María era una mujer menudita, con media melena, pelo caoba y una sonrisa encantadora. Apenas en un segundo aprecié su figura: unas caderas bien marcadas y unos pechos muy sugerentes.

Nos dimos los besos de rigor y tomamos una cerveza en la barra. Me contó que vivía cerca, en un piso antiguo de esos de techos muy altos, por la calle Huertas. Y que tenía intención de llevarme a cenar y de copas por esa zona, que era de las más marchosas.

Efectivamente había visto un montón de locales que apenas estaban abriendo, pero había mucho movimiento por la calle.

Estuvimos riéndonos y comentado lo curioso de la primera impresión; cómo te haces instintivamente una imagen mental de las personas que no siempre se ajusta a la realidad. Yo le dije que lo tenía más fácil por la caricatura que aparece en la carátula de entrada de la página. Pero ella protestó que no me hacía justicia en absoluto.

Ana María tenía un sentido del humor muy fino y era persona de sonrisa fácil y conversación fluida. Parecía que nos conocíamos hacía mucho tiempo y que hubiera entre nosotros una corriente de complicidad.

Fuimos a cenar y después a tomar unas copas. Yo me encontraba muy a gusto y ella estaba contenta de enseñarme sus rincones favoritos en su barrio. Mientras vaciaba mi vaso y ella pedía otra ronda al camarero me fijé en su perfil. Era realmente bonita y sus labios se fruncían al hablar y sonreír de una manera muy atractiva. Su blusa ibicenca realzaba sus pechos, generosos, apetecibles. Se había recogido su falda india al sentarse y por un lado mostraba a medias sus piernas fuertes y sus muslos.

Realmente era una fruta joven y deliciosa. En estos pensamientos estaba cuando de pronto puso sus ojos a un palmo de mi cara y me dijo con un tono entre seductor y divertido:

– ¿Qué está mirando mi webmaster favorito?

Me pilló completamente en fuera de juego. Hasta ese momento la velada había transcurrido suavemente, de buen rollo. Pero de repente el tono de su voz y un brillo extraño en sus ojos hicieron que todo cambiara… Y más aún cuando sin mediar palabra extendió sus manos, cogió las mías y se las llevó a la boca, besándolas muy dulcemente, sin dejar de mirarme.

– Ana, yo…

– ¿Sabes lo que me está apeteciendo? – me interrumpió. Que tomemos la penúltima en mi casa. ¿Quieres? ¿Te atreves a venir conmigo?.

– Claro que sí. Si tú también deseas…

Mis palabras quedaron en el aire cuando se inclinó hacia mi cara y me besó.

Cancelamos justo a tiempo la última comanda, pagamos y me llevó de la mano, calle abajo, hasta llegar a su portal. Abrió la puerta, una cerradura moderna en una puerta de madera, enorme, de más de cien años. Entramos al zaguán y enfilamos la escalera, ancha, con un elaborado pasamanos y los escalones también de madera.

– Cuidado, hay un par de escalones muy traidores, no vayas a resbalar. Y comenzó a subir delante de mí.

– Lo único peligroso realmente, aquí, eres tú…

Y mis manos se fueron instintivamente a sus piernas. Las metí por debajo de la falda y acaricié por primera vez sus pantorrillas, sus muslos. Ella no dijo nada, pero cuando llegamos al primer rellano se detuvo, suspiró profundamente, sin volverse, mientras ya sin pudor estaba acariciando su culito enfundado en unas bragas muy agradables al tacto. Lentamente se volvió hacia mí, me abrazó y nos unimos en un beso salvaje, de deseo mal contenido. Su lengua penetró en mi boca y jugó con la mía a su placer. Mis manos seguían en su culo pero esta vez salvando la barrera de las bragas y tocando su piel suave y deliciosa, mientras la acercaba más a mí y correspondía a su beso.
De pronto se liberó y emprendió carrera escaleras arriba. La seguí aceptando el juego. Se detuvo ante su puerta y metió la llave, mientras yo me pegaba a ella por detrás presionando su cuerpo ya haciéndole sentir mi dureza en su trasero y apartaba su pelo para besarla en el cuello. Gimió bajito, divertida y excitada, mientras giraba con prisa la llave y entramos en su casa.

Tiró el bolso en una silla donde había un par de periódicos y un paraguas. Me cogió de la mano y me llevó pasillo adelante hasta llegar a un salón, muy coqueto, con una enorme alfombra, una mesa baja de teca y cojines por el suelo. Me invitó a sentarme, se descalzó y, andando casi de puntillas encendió el equipo de música, corrió a la cocina y trajo una botella de vino y dos copas.

Aguantando mi deseo de tomarla en mis brazos abrí la botella y serví el vino. Cuando estaba ofreciéndole su copa, la mia en la otra mano, ella se acercó, levantó su falda y se sentó a horcajadas sobre mí. Tomó mi cara con las dos manos y volvió a besarme, me mordió los labios, me succionó con frenesí creciente.

A duras penas dejé las copas en el suelo y la abracé con no menos deseo. Sentí sus pechos aplastarse contra mí y sus piernas cerrarse sobre mi cintura. Susurré su nombre mientras mis manos recorrían sus costados y poco a poco comenzaron a sacar su camisa de la falda. Al poco se habían colado furtivamente por debajo y estaban acariciando directamente sus pechos.

Ella se echó atrás, dejándome hacer y mirándome con expresión extraviada. Comenzó a gemir cuando alcancé sus pezones y los retorcí suavemente. Su pelvis se restregaba contra mi paquete que estaba alcanzando considerables proporciones.

Y de pronto se levantó, deshizo el nudo de la cintura y su falda cayó en un montón alrededor de sus pies. Sus bragas siguieron el mismo camino. Puso uno de sus muslos en mi hombro y me ofreció su coñito. Qué podía hacer sino rendirle honores. Mi lengua trazó el camino de sus labios. Su aroma era muy excitante y su humedad un néctar para mi boca. Estuve recorriéndola de arriba a bajo y vuelta empezar. Paraba a veces en su clítoris y mis labios se curvaban para abarcarlo y lamerlo más intensamente. Sus manos estaban en torno a mi cabeza, tomándome por la nuca y de tanto en tanto me pegaba más contra su sexo.

Seguí chupando y comiéndome esa delicia mientras mis dedos campaban entre su culito y su coño, abriendo los labios, dilatando, acariciando las nalgas. Hasta que sentí cómo sus gemidos subían de volumen y sus caderas y piernas comenzaban a temblar.

Empezó a correrse de forma incontenible y los gemidos dieron paso a un instante de silencio, sus dedos engarfiados en mi pelo, y luego a un aullido in crescendo que me confirmó que se estaba viniendo.

Siempre he pensado que un buen amante ha de conseguir que su pareja tenga los primeros orgasmo incluso antes de haberse desnudado él y por supuesto, antes de cualquier penetración. Ana María había tenido el primero de la larga serie de orgasmos que disfrutó aquella noche. Tiempo tendría yo de ponerme a su altura.

Comenzó a relajarse y se separó de mi cara. Se hincó de rodillas y mirándome con los ojos húmedos y la respiración agitada comenzó a desabrochar mi cinturón, abrió mi bragueta y tiró de mis pantalones hasta sacarlos totalmente, al tiempo que me quitaba también los calzoncillos. Mi verga apuntaba insolente al techo.

Ella se detuvo el tiempo justo para quitarse su blusa y sacarse las tetas fuera del sujetador, ofreciéndose sobre sus copas. Tenía unos hermosos pezones marrones, que invitaban a besarlos durante horas.

Sin mediar palabra pero con una sonrisa lasciva agarró mi polla con una mano y, mientras se sujetaba el pelo con la otra, se la metió entera en la boca. Comenzó a mamarla con una cadencia lenta, cerrando los labios cuando subía y relajándolos cuando se autopenetraba de nuevo. Su lengua no dejaba de moverse en círculos sobre mi glande. Me apoyé en los cojines y disfruté del espectáculo que me ofrecía. Siempre me ha fascinado ver a una mujer comiendo una polla con delectación, saboreándola, haciendo de su boca un instrumento de placer tan satisfactorio o más que su propio coño.

Y Ana María sabía hacerlo muy bien. Estaba consiguiendo ponerme en un estado previo a la eyaculación, cuando se contraen los músculos y parece que la cadera se levanta al encuentro de esa boca que está sorbiéndote y sientes que de un momento a otro vas a vaciarte en su interior sin que puedas retrasarlo ni evitarlo, ni maldito deseo de hacerlo.

Cuando además añadió un movimiento con su mano a lo largo de todo el tronco fue cuestión de segundos que mi semen volara.

Abrió la boca lo justo para que la primera descarga se desparramara por su lengua y se perdieran en su interior las siguientes.

No dejó de masajearme la polla hasta que las últimas gotas pendían de la punta, entonces cerró nuevamente sus labios alrededor y succionó hasta llevarse todo el semen restante.

Como una gatita satisfecha se retrepó sobre mí lentamente, me besó y se acurrucó en mi hombro. Abracé su cuerpo y charlamos muy quietos durante un rato. Me había dejado en éxtasis y creo que ella se sentía igual. Conversamos, reímos, nos acariciamos y poco a poco nuestros cuerpos pidieron un nuevo encuentro a medida que nuestras bocas volvían a explorarse.

Se puso nuevamente en cuclillas y me abrió la camisa. Acarició mi pecho y pellizcó mis pezones. Se rió con ganas al ver el respingo que di. Luego tomó mi polla otra vez erecta. Sus manos la llevaron a los labios de su coño y comenzó a restregar el glande, lo llenó con su flujo y se masturbó con él. Acarició mis huevos mientras seguían dándose placer. Me estaba enardeciendo hasta el extremo que ella precisamente quería. No pude aguantar más sus manoseos, el calor de su chochito y su mirada desafiante. Cogiéndola con ambas manos por el culo la alcé y la llevé a sentarse sobre mi polla. Penetró de una vez, hasta el fondo. Ella dejó escapar el aire de sus pulmones como diciendo, por fin…

Comenzó a mover sus caderas en círculos. Controlaba totalmente la penetración, decidía cómo y hasta dónde quería empalarse. Alzaba su culo hasta que alcanzaba a verse el glande y se dejaba caer nuevamente, tragándola, golosa, lasciva.

Seguimos así, mientras mis manos no paraban de acariciar y amasar sus tetas y de vez en cuando instalarse entre sus muslos para acariciar su clítoris. Nos besábamos, nos mordíamos los labios. Estábamos enfebrecidos, ardiendo de deseo. Era un encuentro inesperado, no planeado, pero lo estábamos disfrutando con la sabiduría de los viejos amantes que conocen el cuerpo del otro y se entregan a él para darle placer.

Murmurábamos el nombre del otro. Musitábamos cortas frases de contenido muy fuerte y muy excitante. Animábamos al otro a disfrutar sin medida. Y seguimos follando hasta que el orgasmo nos alcanzó como una ola nos derriba en la orilla del mar. Los cuerpos sudorosos, abiertos al placer y a la pasión. Nos perdimos el uno en el otro mientras ella se aferraba a mi espalda en pleno éxtasis y yo llenaba sus entrañas con un grito gutural.

Después nos duchamos y pasamos el resto de la noche en la cama, jugando y disfrutando como cachorros.

Al día siguiente desayunamos juntos. Hicimos el amor en la cocina. Después me acompañó a la estación y nos despedimos con un beso muy dulce y una caricia.

Recuerdo con extraordinario cariño el calor de su mirada cuando el tren se puso en marcha.

Espero verte pronto, Ana María.

——
Si quieres comentarme algo sobre este relato, ya sabes donde me tienes: marqueze (arroba) gmail.com

Puedes leer el siguiente relato de esta serie en : Elena, venturas y desventuras de un Webmaster (II)

Me gusta / No me gusta

La caida moral VIII

Regrese el lunes a la madrugada. Por supuesto Jorge me había dado el día franco, no laborable.

– Demasiado trabajó esa concha todo el fin de semana, jajaja-habían sido sus palabras.

Llegue literalmente reventada. Mis labios vaginales estaban hinchados y al rojo vivo. Mi marido abrió un ojo, me vio llegar, miró la hora, se dio media vuelta en la cama y siguió durmiendo. Yo necesitaba una ducha urgente. El olor a semen que desprendía mi piel era impresionante. Pase unos veinte minutos bajo el agua y me seque con un inmenso toallon. Me coloque ropa interior limpia y me acosté. Mi mente rememoraba todo el fin de semana. Ya no solo me gustaba chupar pijas sino también conchas.

Segundos antes de caer rendida ante el sueño, senti la tos de uno de mis hijos y pensé: -Dios mio Ana, ni siquiera se te ocurrió mirarlos, ni te acordaste de ellos….Y me rendí a los brazos de Morfeo.

Dormí todo el día y me desperté a eso de las 5 de la tarde. Esa noche y durante todo el desayuno siguiente Germán ni siquiera me dirigió la palabra. Los niños me miraban como a una extraña y caí en la cuenta de que cada día era menos el tiempo que pasaba con ellos

El martes llegue a mi oficina diez minutos antes de lo previsto y sentí en el ambiente el perfume de mi macho. No pude evitar una carcajada al preguntarme a mi misma si lo que yo calificaba como “el perfume de mi macho” era aroma a Kenzo ( su fragancia preferida ) o el aroma a su semen.
Jorge tampoco me dirigió la palabra en todo el día, parecía como si los dos hombres de mi vida se hubieran puesto de acuerdo para ignorarme.

A eso de las 5 de la tarde dí por terminado mi día y como aún tenía mucho por tiempo por delante hasta la hora en que habitualmente comenzaba a cocinar para mi familia, decidí ir a tomar un trago sola.
No pude evitar sonreír al pensar en cuanto tiempo hacia que no cocinaba para mis hijos. Mi vida iba en declive….un declive maravilloso….

Iba por mi segundo Martini cuando me sentí profundamente observada, levante mi vista y en una mesa cercana ví a dos hombres de piel negra que susurraban entre ellos dirigiéndome miradas de tanto en tanto.
Me levante para ir al servicio de baño y al salir del mismo casi choco de frente con uno de ellos. Era inmenso, joven y muy atractivo. Casi rozándome me dijo : – Me enloquece tu perfume….
Eso hizo que automáticamente mi vagina se pusiera en funcionamiento. Regrese a mi mesa y termine lo que quedaba de mi trago, pague la cuenta y me dirigí a la salida, preguntándome donde estaban los dos apuestos negros.
Apenas salí al estacionamiento los vi en un auto rojo con las puertas abiertas y mirándome fijo.
Cuando pase a su lado uno de ellos descendió y me señalo el interior del vehículo. Como una autómata subí al mismo. Las puertas se cerraron y el motor aceleró.

Sin dirigirme una palabra, manejaron durante unos diez minutos y entraron al estacionamiento de un moderno edificio de departamentos de la zona de Retiro.

Casi sin darme cuenta me encontré en un piso 17 sentada en el medio de una inmensa cama de un departamento de lujo con dos negros enormes y muy buenos mozos que lamían los lóbulos de mis orejas al tiempo que me iban desvistiendo en silencio.

-Ana, Ana, ¿que haces? me pregunte, mientras mis pezones parecian a punto de estallar producto de las lamidas de mis acompañantes. Mire de reojo el reloj y este me indico que eran las 19 hs.

Abrí mi boca de manera automática para que la primer pija se metiera en ella. Larga, ancha, dura, venosa, un sueño. Mire a su lado y ahí estaba su gemela. Las dos pijas mas grandes que había visto en mi vida a centímetros de mi lengua.

Estaba por ser infiel a Jorge, pensé. Por un instante logre asimilar lo terrible de mi pensamiento. Serle infiel a mi jefe, ni pensé en mi marido Germán.

Y mi boca comenzó su tarea. Trague pija como para estar satisfecha un año entero. Ellos ya estaban desnudos y yo ni me había dado cuenta por la manera enloquecida en que mamaba sus miembros. Uno de ellos se acostó boca arriba y yo me senté sobre su pija mirando a sus pies. Cuando me penetró mi concha era un rio de flujo que resbalaba hacia abajo, hacia mi ano hambriento, lubricándolo, preparándolo. El otro negro se puso de pie delante mio y comenzo a coger mi boca que babeaba de calentura.

Como no podía ser de otra manera mi celular comenzó a sonar. Estaba en mi cartera, sobre la cama a mi lado. Con una mano atendí y vi que era mi hijo. – Mamá… comenzó a decirme y corte la comunicación. En ese momento nada era mas importante que esas dos vergas inmensas. Ni siquiera mi hijo.

Con un plop me saque la pija de la concha y la dirigi a mi ano lubricado. Me senté despacio y comencé a metermela . Los gemidos del negro comenzaron a hacerse oír en todo el edificio pero cuando metió la punta en mi ya dilatado culo, mis gemidos lo superaron ampliamente. La cama era un charco de flujo y ver al segundo negro prepararse para metermela en la concha hizo mi vagina se empapara por completo.

Mi cabeza trabajaba a mil. Seguramente mi marido estaría preparándoles algo de comer a los niños y yo, la esposa-madre estaba siendo empalada por dos sementales negros, a conciencia y muy a gusto. Sonreí y lancé un escupitajo a la cara del morocho como para indicarle mi urgencia de carne. Este no se hizo rogar y me la clavo en la concha hasta el fondo.

Parecía un sándwich mientras los dos negros me cogían como animales por la concha y por el culo. De mis tetas caían gotas de transpiración tanto mías como del negro que tenia encima. Cada tanto el de abajo me levantaba la cadera y sacaba la pija de mi culo y con sus manos abría mi culo mostrándoselo a su compañero. El hueco parecía el túnel del subte de Buenos Aires. Lo supe porque podía verme en el espejo. Tremendo. El morbo era terrible, mi moral por el piso era mi trofeo.
En pocas semanas mi vida había dado un vuelco terrible y me había transformado en la puta más grande de la ciudad. Verme en el espejo era para una fotografía: Mis ojos semicerrados, mis tetas rojas brillando de sudor y saliva, mi culo abierto, mi concha chorreada, mis gemidos de yegua en celo, de perra sucia caliente. La madre y esposa salivando a la cara a sus dos sementales mientras su maridito cocinaba para los niños.
Todo eso era tremendo, terrible, hermoso, doloroso, humillante, todo en uno. La yegua, la cerda, hambrienta de pija ajena, o sea yo, empezó a despedir aire por el orificio del culo cada que la pija del negro de abajo, salia del mismo. Esto enardeció al que estaba encima mio que me pego una cachetada mientras me martillaba con su taladro humano.

-¿Te gusta cerda?

-…Si…. respondí

– Dilo , entonces

– Me encanta, hijos de puta , revientenme, partan en dos a esta puta asquerosa, les grite.

Acabaron casi al mismo tiempo. Me rebasaron de leche humana. Me cogieron tres horas seguidas y cuando se agotaron nos dirigimos los tres a la ducha donde luego de arrodillarme me hicieron abrir la boca para llenarla de su orín, tibio, amargo, caliente.

-Orín de negros para la cerda blanca , dijeron y eso me volteó de excitación.

Orgasmé como una yegua tirada en la bañera para deleite de los negros.

Llegue a casa a las 3 de la mañana. Las puertas de los dormitorios estaban cerradas con llave y una nota en la heladera rezaba:

– Ana en esas maletas esta tu ropa. Quiero que te vayas de esta casa. Firmaba Germán.

Comencé a llorar en silencio. Mi vida tocaba fondo. Caí en la cuenta de que era más grande mi hambre de pija que el de madre y esposa.

Continuara….

Ana

Me gusta / No me gusta

El profe y las tetas de Ana

Con un movimiento de cabeza le metió su enorme pija hasta las bolas. Ella se corrió inmediatamente después de comenzar el mete y saca, y sus golpes contra la piel de Anita parecían de pistones hasta que ella se corrió una y otra vez. Finalmente, el profesor dio un fuerte gemido y vació otra carga, sólo que, en esta ocasión, fue en la profundidad de su hirviente conchita.

Desde muy chica, Ana siempre había tenido las tetas más grandes que cualquier otra chica de su clase. Aún en primer año del secundario, medía 90 de busto, y ahora, tenía un busto de 110 cm. Ser tetona le venía de familia, dado que sus dos hermanas mayores medían de 115 para arriba y su madre así como dos de sus tías, medían 140. Tampoco era que fueran vacas gordas, sino que las chicas Estévez, sin ser flacas raquíticas, eran bien formadas y saludables, como su padre se refería a su madre. Esto también se aplicaba perfectamente a Ana.

Dados sus obvios atributos, Ana solía recibir mucha atención de los varones, y no sólo de los muchachos de su edad y algo mayores. Los profesores siempre la tenían un poco más en cuenta que a las otras chicas normalmente dotadas. Y a pesar de que no hacía ostentación de esto, le encantaba hacer que los muchachos (y hombres) se retorcieran de ganas a su paso, acentuando -si fuera posible- su enorme busto.

Su víctima favorita era el Sr. Campos, un tonto de primera, petiso y feo que enseñaba educación constitucional. A Ana le encantaba el sólo hecho de desabrocharse los dos botones superiores de su blusa, acercarse al Sr. Campos y reclinarse hacia adelante para preguntarle cualquier pavada, con el único propósito de darle una vista de su generoso escote. Sólo hacía esto para divertirse, pero nunca pensó en llegar a más, pues eso significaría una sola cosa: líos.

Sin embargo, líos eran los que Anita debería afrontar. A dos semanas de las vacaciones de fin de año, todos los profesores entregaban sus informes, a fin de que los estudiantes (y sus padres) supieran cómo les había ido y poder ingresar en la universidad. Ana siempre había sido buena estudiante, y sus padres no se conformarían con menos que ver a su hija en el cuadro de honor. Todo estaba bien hasta que el Sr. Campos entregó sus informes, aquel fatídico viernes. ¡Un aplazo! Tenía un aplazo en educación constitucional. Esto no sólo era malo: ¡era un desastre! Sus padres podrían tolerar un seis en su informe  pero un aplazo sólo significaría un castigo de un mes sin salir ni ver a nadie. ¡Nada de vida social durante todo un mes! Anita decidió hablar con el Sr. Campos después de la última hora de clases. Tal vez, si razonaba con él, podría conseguir un seis.

Al sonar el último timbre, los estudiantes comenzaron a salir del colegio, como peces que querían volver al agua. Muy pronto, todo el establecimiento estuvo casi desierto, siendo Ana uno de los pocos estudiantes que aún quedaban en el edificio. Mientras se acercaba al aula, esperaba que el Sr. Campos estuviera solo. Cuando Ana espió a través de la ventana de la puerta, vio al Sr. Campos solo, calificando unas pruebas escritas. Sin perder el tiempo, desabrochó los dos botones superiores de su blusa y entró en el aula. Al acercarse al escritorio, el Sr. Campos emergió de sus papeles y le preguntó qué deseaba. Anita, con cara muy afligida, le explicó al Sr. Campos su posición; y, pese a ser comprensivo, le dijo que no había nada que pudiera hacer para ayudarla. Al oír esto, Anita comenzó a llorar. El Sr. Campos se puso de pie y la rodeó con su brazo para que la jovencita tomara asiento. Al hacer esto, Ana sintió que la mano del profesor rozaba, casualmente, sus pechos. A estas alturas, debía tomar una rápida decisión. Mientras lloraba, le dijo al Sr. Campos que había otra cosa que, realmente, la molestaba.

-Es mi pecho; me siento como una vaca con estas dos cosas pegadas a mi cuerpo. Todo el mundo se queda mirándome  ¡Soy un fenómeno! -dijo y empezó a llorar aún más fuerte.

Obviamente confundido, el profesor intentó consolarla, diciéndole que lucía perfectamente bien y que no prestara atención a lo que los demás podrían pensar.

-Eso es fácil de decir. ¡Usted no tiene estas cosas horribles en su pecho! -contestó, continuando con su plan y desbrochando toda su blusa, con un movimiento rápido, al cabo del cual sus tetas quedaron expuestas ante el Sr. Campos, y dijo: ¡Mire qué feas que son! ¡Apuesto a que nunca en su vida ha visto peores que éstas!

El profesor, completamente pasmado, no pudo hacer otra cosa que quedarse observando el par de tetas más espectaculares que jamás había visto, las cuales, al hacer presión contra el fino nylon del corpiño de borde bajo, permitían ver claramente los pezones oscuros de Anita a través de la tela casi transparente. Comparada con esto, la esposa del Sr. Campos parecía un muchacho adolescente. Viendo la confusión marcada en el rostro del profesor, Ana tomó la iniciativa y colocó una de las manos de su víctima sobre una de sus enormes tetas.

Sintió que él trataba de sacar la mano de tan embarazosa situación, así que volvió tomar su mano con renovados bríos, actuando como si él se sintiera asqueado ante el sólo hecho de tocarlas y lloró aún más fuerte. Él le aseguró que no había nada de malo con ella y que disfrutaba tocándoselas. Anita dijo que no le creía, y se separó de él, girando como ocultándoselas. Al ver que intentaba consolarla nuevamente, Ana se puso nuevamente cara a cara con él, sólo que esta vez había quitado el corpiño y sus tetas colgaban libres. Ana pensó que, tal vez, el profesor moriría de un infarto. ¡La cabeza del Sr. Campos le daba vueltas! Trató de hablar, pero no le salían las palabras; entonces, Ana se le acercó.

-La única manera en que podría probarme que mis tetas no son horribles sería si me las chupara -dijo, empujando un apetecible pezón hacia su boca abierta y embobada.

Era pedir demasiado suponer que se resistiría, así que se zambulló y comenzó a chupar y lamer con todas sus ganas. Pese a que el profesor se estaba poniendo un poco salvaje, Ana tuvo que admitir que era bueno chupando tetas; cuanto él más chupaba, más mojada se sentía. Miró hacia abajo y vio una gran carpa formada en la parte delantera de los pantalones del Sr. Campos, así que, tranquila, bajó la mano y comenzó a frotar la punta del bulto a través del pantalón. Una mancha de líquido preseminal apareció de pronto en la punta del bulto, y el profesor gemía mientras chupaba y Anita frotaba. La alumna bajó hábilmente el cierre de la bragueta y sacó lo que resultó ser una pija muy grande.

Al verla, Ana se arrodilló y, con avidez, comenzó a chuparla, mientras el Sr. Campos se apoyó contra una pared sin poder creer lo que estaba sucediendo. En el momento en que estaba por correrse, Anita miró hacia arriba y le preguntó si su trabajo merecía un aplazo. Él meneó la cabeza y balbuceó la palabra “Diez”. Entonces, Anita continuó la mamada hasta que sintió una poderosa descarga en su ansiosa garganta. Mientras su pija se empequeñecía en la boca de Ana, la respiración del profesor se normalizó, ella se puso de pie, levantó sus tetas -una por vez- en sus manos y comenzó a pellizcar sus pezones hasta que quedaron erguidos como dos dedales.

Al ver esto, la pija del Sr. Campos volvió a endurecerse, así que Ana se quitó la falda y se bajó las bombachitas en un rápido movimiento. Se sentó al borde del escritorio con sus piernas bien abiertas, mostrando su concha mojada y una fina raya de vello en la parte superior de su zona pubiana, prolijamente depilada.

Esta vez, fue él quien se arrodilló y comenzó a chupar esa hermosa conchita. Lamerla era todo un placer; ¡pero penetrarla con la lengua y rozar aquel clítoris con sus labios era lo máximo! Los gemidos de Anita excitaron aún más al Sr. Campos, cuya cabeza ella se empeñaba en apretar contra su cuerpo, con ambas manos, como si fuera necesario. Aún sin esa presión, jamás se habría perdido semejante manjar que, tras unos minutos de gemidos y suspiros, no tardó en llegar. Enseguida, resolvió prepararla para lo que vendría: ya de pie, comenzó a acariciar esa lujuriosa cueva de placer, separándole más aún los labios con los dedos, tocándole el clítoris, jugando con él.

Ana volvía a suspirar y a gemir; al ver esta reacción, le introdujo un dedo que terminaron siendo tres. Se corrió una vez, pero él sacó los dedos, para darle la oportunidad a otra parte de su deseosa anatomía de entrar en esa cueva caliente y jugosa. Así, se relamió y, con un movimiento de cabeza, le metió su enorme pija hasta las bolas. Ella se corrió inmediatamente después de comenzar el mete y saca, y sus golpes contra la piel de Anita parecían de pistones hasta que ella se corrió una y otra vez. Finalmente, el profesor dio un fuerte gemido y vació otra carga, sólo que, en esta ocasión, fue en la profundidad de su hirviente conchita.

-Acabás de ganarte un 10, y recuerda que seré tu profesor en la U el próximo año, y tendrás un diez si  esto vuelve a repetirse -dijo, mientras ella estaba sentada, goteando semen de su conchita.

Autor: Adrian Alejandro

Guarda un buen video en tu PC, luego nos cuentas http://www.videosmarqueze.com/

Me gusta / No me gusta

Entre danzas y sexo I

Comenzamos una lenta danza sexual… un entra y sale que fue tomando ritmo y acelerando su cadencia, hasta que, por momentos se hacía violento para luego volver a su lento compás mientras nos mirábamos a los ojos sin decirnos nada… fueron yo creo más de veinte minutos de total silencio en el que solo se oía el ruido que nuestros movimientos hacían producir al sillón.

Habíamos sido convocados a un foro Patagónico sobre inserción de la danza en la escuela. La convocatoria fue para el fin de semana que va entre los días 23 y 26 de abril con encuentros diarios de varias  horas. El lugar la ciudad de Neuquén. Nos encontramos el día 23 a las 14,00 hs; éramos cerca de cien profesores con amplia mayoría (cosa común en estos encuentros) de mujeres. Edades…  desde muy jovencitos, no mucha más de veinte añitos hasta los ya “grandecitos” (mi caso).

El abanico y variedad de profesoras era “muy interesante” y como de costumbre de inmediato apareció en mi… digamos… ese reincidente  interés por “intercambiar experiencias”. Así fue que saludé a una… a otra… a otra más con las que charlé sobre los temas que hacían a nuestra reunión, sin dejar de tocar algunos aspectos personales…

Por la dinámica de trabajo hice grupo de trabajo con otros nueve profesores… siete chicas y tres hombres. Me senté entre dos bellas jóvenes, Laura, una hermosa rubia, buen cuerpo, veinticuatro años, y Ana Carina, una pequeña y bellísima mujer de unos 1,55 m de estatura (que después comprobé no me había equivocado), y con medidas que inmediatamente calculé en…. 90 60 95, cabello castaño largo hasta la cintura… unos cautivadores y grandes ojos verdes… su edad…sólo veintidós añitos, la primera neuquina de la ciudad y  Ana Carina proveniente de un pueblito pequeño de la provincia de Rio Negro y que  no conocía la ciudad.

La primera jornada pasó velozmente y ya sobre el final y cuando nos preparábamos para partir a nuestros lugares de residencia Ana Carina me comenta por lo bajo….

-¿Sabes Mario?… yo no conozco Neuquén… ¿No me acompañarías hasta el hotel?… no tengo idea como llegar a él. -Por supuesto que si Anita – le respondí de inmediato. -Gracias – me dice la profe – disculpa mi impertinencia pero es verdad que no sabría cómo llegar. -Por favor Anita…. Será un placer. Y de paso nos conocemos mas… ¿no te parece? -Sí. Es verdad – comenta.

La tarde era hermosa, por lo que decidimos hacer el trayecto caminando. Ella estaba instalada en un hotel distante a unas 25 cuadras del lugar de la reunión.

-Es temprano, Ana Carina – le comento – Que te parece si caminamos un poco por el centro antes de ir a tu hotel… de paso conoces. -Siiii – me responde mostrando alegría – No me atrevía a proponértelo porque me parecía muy atrevido quitarte tu tiempo.

Caminamos durante una larga hora por el centro comercial y luego la invité a tomar un trago aprovechando que pasábamos frente a una confitería.

-Encantada – me dice – Pero… ¿no tenés alguna obligación y yo estoy importunando? -Por supuesto que no Anita – Le digo. -Sos muy amable – me comenta sonriendo.

Tomamos un aperitivo mientras charlamos largamente… le conté algunas cosas de mi vida… ella hizo lo mismo. Así me enteré que hacía apenas dos años había llegado a ese escondido pueblito neuquino a trabajar como maestra de escuela primaria, donde, para llenar más su tiempo y aprovechando que también tenía titulo que la habilitaba, tuvo la iniciativa de iniciar a los niños en la danza nativa. Este era la primera vez que venía a la ciudad de Neuquén y me volvió a agradecer mi amabilidad de hacerle de cicerone. Como era inevitable… tocamos el tema sentimental… me dijo que no tenía novio ni pareja. Que desde su arribo a la escuela se había dedicado solamente a sus niños.

-¡Mal hecho, le dije. -¿Porqué? – me preguntó. -¿No has pensado dedicar algún tiempo para vos? -Sii, me respondió – Lo dedico y me siento muy feliz regalándoselo a mis queridos alumnos. -No…- le insistí – Digo algún tiempo para vos… para tu persona… ¿No has pensado en la posibilidad de un novio? -Nooo – me respondió – donde trabajo no hay hombres…. Solo los papas de los alumnos y algunos, porque tiene que partir de allí en busca de trabajo. -¡Pobre! – Comenté – tomando su mano entre las mías y acariciándola suavemente.

Sentí que se estremecía y trataba de retirarla, a lo que la tome Más fuerte evitando que la quitara… La miré a los ojos y ella bajó la vista ruborizándose.

-¿No te sentís sola? – pregunté. -Por supuesto que si – me dijo – pero para que eso no ocurra trabajo todo el día, por eso lo de las danzas.

Permanecimos un momento con su manos entre las mías sin hablar y luego la invité a cenar.

-No Mario – me dijo – sería ya un abuso total… recién nos conocemos y ya causándote tantas molestias. -No me molesta – le dije rápidamente – si no… no te invitaría. Por esta noche quiero que te sientas acompañada… luego volverás a tu soledad. -¿Verdad que no te causo molestias? insistió. -¡Claro que no Anita!… será para mi un placer. -Bueno… – dudó – acepto ya que tanto insistís.

La llevé a un restaurant muy agradable que ya conocía de viajes anteriores y le pedí al mozo que nos ubicara en unos sitios privados que tienen. La cena fue muy rica y el momento super agradable. La charla, que comenzó intercambiando ideas sobre la danza,  paso por los más diversos temas, hasta que, como  no podía ser de otra manera, recaló en lo inevitable … primero el aspecto romántico en el que Raquel por momentos se sonrojaba ante mis preguntas, hasta que de pronto y creo sorpresivamente para ella, le pregunte:

-Anita… y de sexo… ¿que me cuentas?… perdona que sea tan atrevida mi pregunta.

Me miró primero con cara de asombro… permaneció un momento en silencio bajando su mirada  mientras jugaba con los dedos golpeteando la mesa y su rostro se ruborizaba al máximo… Hasta que por fin me dijo muy quedo, casi inaudible:

-Mario… por favor…. ¡Que pregunta! -Si no quieres… no la respondas – le respondí también en tono muy bajo… casi un susurro. -No Mario… no hay problema… es que … me da vergüenza – me dijo muy dubitativa- recién nos conocemos y mirá lo que me preguntas. -Perdoname Anita – me apuré a decir – no fue mi intención molestarte. -No, no es nada… pasa que me tomaste de sorpresa – murmuro casi inaudible – pero te contaré… desde el mes de enero, cuando estaba de vacaciones en mi pueblo… no pasa nada… -¿Verdad? – pregunté poniendo cara de asombro – no lo puedo creer. -Si… verdad… te imaginas que donde vivo es un pueblito  pequeño… no hay lugar ni oportunidad para estas cosas…. Además todo se sabe inmediatamente.

Como la vi incómoda por el tema cambié el rumbo de la charla y así continuamos largo rato.

-Anita querida – susurré de pronto, tomando sus manos – caminamos por el centro? -Si… encantada… – me murmuró.

Salimos y caminamos lentamente mirando vidrieras… la tome de una mano y como dejó hacer la tomé de la cintura… no se opuso… la atraje suavemente hacia mi y besé suavemente su mejilla…  mostrando asombro me miró y aproveche el momento para darle un suave beso en la boca.

-¿Qué haces Mario? – me dijo. -Te beso solamente – le susurré al oído mientras la besaba junto a la oreja.

Sentí que se estremecía pero dejaba hacer. La atraje fuertemente contra mi cuerpo y la bese nuevamente… entonces ella respondió y nos enredamos en un beso en el que nuestras lenguas de trenzaron buscándose una a la otra. Llegamos a la plaza y nos sentamos en un banco. La abracé y continuamos besándonos.

-Anita – murmuré a su oído – ¿seguimos caminando?

En ese momento pasaba un taxi y la invité a subir… lo hizo y partimos.

-¿Adónde vamos? – me preguntó. -No preguntes – le dije, ¿me dejas hacer?… ¿Confias en mi? -Si Mario – Me respondió.

Di la dirección al taxista y luego de andar unos quince minutos llegamos al motel en el que me encontraba albergado.

-¿Pasamos? – la invité. -No se Mario – me dijo – Vas a pensar mal de mi. -No Anita para nada- Te invito a tomar un café… ¿sí? -Acepto – respondió tímidamente.

Pasamos y al entrar vio mi coche estacionado frente al departamento que ocupaba, preguntándome si había venido en coche propio. Le explique que si pero que no lo había usado para ir al foro porque es muy difícil estacionar en el centro, pero que luego la llevaría hasta su hotel.

-Gracias –me dijo.

Preparé un café y nos sentamos en el un mullido sillón que había en el lugar… esperé que ella lo hiciera y luego me senté a su lado. Dejé la bandeja con los cafés y una copita de licor sobre la mesita y la abracé tiernamente, primero se retrajo levemente pero luego me dejó hacer. Nos besamos largamente y cuando la sentí relajada y entregada a mis caricias comencé a desprender sin apuros y entre besos y caricias  su blusa… así apareció ante mí un pequeño sostén de color rojo con hermosos adornos que guardaba dos bellos senos que parecían querer escaparse de su encierro… los tomé uno con cada mano y los acaricié suavemente mientras continuaba besándola a los labios… mis labios fueron recorriendo lentamente su rostro y cuando llegaron a sus orejas comenzaron a bajar por el cuello…

Ella me respondía aferrándose fuertemente a mí mientras mis besos bajaban haciendo pequeños círculos hasta llegar al borde del sostén… entonces mis manos fueron a su espalda y desprendieron la prenda, quedando ante mí sus bellísimos senos que coronaban en unos enormes botones de color marrón oscuro que estaban totalmente duros. Hacia ellos fueron velozmente mis labios con besos que al llegar allí se transformaron en chupones en un principio muy suaves, pero que fueron intensificándose  al sentir que ella gemía y se retorcía demostrando placer.

Tomé su mano derecha y la llevé a mi bragueta que ya había abierto, posándola sobre mi pija ya dura y preparada para lo que viniera. Primero la dejo quieta pero no la retiró… luego tímidamente comenzó con unas suaves caricias. Entonces intensifiqué mi trabajo sobre sus senos y ella comenzó también a hacer con más intensidad su trabajo hasta que la tomó con las dos manos y comenzó con una hermosa paja.

Mis manos, que estaban libres bajaban por su cuerpo y al llegar a su pantalón comenzaron a bajarlos mientras mis labios continuaban su labor y sus manos apretaban más fuerte la pija… ella levantó la cola facilitando mi tarea y en pocos minutos se encontraba  totalmente desnuda. Mientras mi mano izquierda bajaba hasta su conchita y frotaba suavemente el clítoris con la otra quité mi ropa y entonces la abracé fuertemente, sintiendo la suavidad y tersura de su piel contra la mía, al tiempo que la ponía de espalda sobre el sillón y poniéndome sobre ella la seguía besando y acariciando. Ella solo gemía y por momento susurraba:

-Mario… ¿que me haces? -Te deseo Anita – le decía mientras besaba su rostro- -Aay Mario… ¿Qué vas a pensar de mi?…-Que sos  una mujer divina – le repetía una y otra vez mientras continuaba recorriendo su cuerpo con mis caricias. -Pero… -Pero nada Ana Carina– disfrutemos del momento. -Si Mario – respondió entre suspiros de placer – haceme tuya… quiero ser tuya.

La puse totalmente de espaldas sobre el sillón y separé sus piernas mientras besaba ora su rostro… ora sus labios… ora sus tetas y chupaba sus pezones y mi mano derecha recorría su conchita desde el clítoris hasta su vagina… subí sobre ella entre sus piernas y mirándola a los ojos tomé mi pija y la comencé a pasar por su sexo, recorriéndolo desde el clítoris hasta el culito… luego muy lento comencé a meter la cabeza en ese agujerito que al sentirla se contraía y producía tanto flujo que corría por su raja y pasando por el culito caía sobre la sábana.

Cuando entró bien la cabeza me quedé allí quieto mientras besaba sus labios… sus ojos y mirándola le susurraba:

-Sos hermosa Anita… te deseo mucho. -Yo también te deseo Mario – me respondía – quiero ser tuya… totalmente tuya… hace conmigo lo que quieras.

Seguí entrando lentamente hasta sentir mi pubis afirmado con fuerza sobre el suyo y mi pija totalmente enfundada en un cálido y totalmente mojado canal.

-¿Así Anita? – le pregunté muy quedo a su oído. -Así Mario… asiiiiii – me respondió casi en un grito – ¡soy toda tuyaaaaaa! ¡Todaaaaaaa! -Si amor, sos mía y yo soy tuyoooooo.

Comenzamos una lenta danza sexual… un entra y sale que fue tomando ritmo y acelerando su cadencia, hasta que, por momentos se hacía violento para luego volver a su lento compás mientras nos mirábamos a los ojos sin decirnos nada… fueron yo creo más de veinte minutos de total silencio en el que solo se oía el ruido que nuestros movimientos hacían producir al sillón.

De pronto y simultáneamente comenzamos a acelerar al mismo tiempo el ritmo y la fuerza de nuestros movimientos hasta llegar a un loco mutuo sube y baja…

-¡Mariooooo! –Me grita Ana Carina – acaboo… Acabooooo… Acabooooo! -¡Yo también amor! ¡Yo tambiééééénnnnnn!

A la vez llegamos a un orgasmo tan intenso que nos hizo perder noción de tiempo por largos minutos… su concha se contraía apretando fuertemente mi pija que lanzaba chorros de leche en su interior y nuestros labios se fundieron en un largo beso… quedamos por un largo rato en esta posición, yo arriba de ella y con mi pija totalmente metida en su concha…  creo que dormitamos por un momento… cuando volvimos a la realidad su concha se contraía y expulsaba mi pija ya totalmente blanda.

Me acosté a su lado y nos mimamos largamente sin decirnos nada mientras nos acariciábamos y besábamos sonriéndonos mutuamente… luego la invité a ducharnos. Fuimos juntos… yo me encargué de su cuerpo y ella del mío… nos secamos también uno al otro y luego, tras mirar la hora… eran ya las dos de la mañana, le dije:

-Anita querida… te invito a que te quedes a dormir acá… ya es tarde y mañana recién comenzamos nuestra actividad a las dos de la tarde… ¿aceptas? -¡Gracias Mario! – me respondió de inmediato – claro que acepto… estoy muy cansada y vos sos el responsable de mi cansancio – sonrió mientras me besaba.

Nos acostamos los dos totalmente desnudos en la amplia cama, ella dándome la espalda y yo la abracé desde atrás y, tomando sus tetas una con cada mano se las comencé a acariciar suavemente mientras besaba su cuello…  nos quedamos dormidos casi de inmediato.

Al otro día continuaba el foro a las dos de la tarde.

Autor: Mario

Guarda un buen video en tu PC, luego nos cuentas http://www.videosmarqueze.com/

Me gusta / No me gusta

La caída moral VII

El segundo muchacho enterró la verga en la vagina de Alicia y esta comenzó a lamer la concha de mi esposa con mayor velocidad. Jorge tomando una de las botellas de champan la acercó a la vagina de mi mujer, le enterró el pico de la botella de champagne y batió la botella para sacarla de golpe y una catarata de burbujeante líquido salió expedido de la concha de Ana que lloraba entre orgasmos.

Se inserta nuevamente en esta parte del relato, la visión de mi marido.

La observé y mi mente recorrió en un segundo años de mi vida, De aquella Ana nada quedaba casi, me dije. Una amiga leal, una novia hermosa, una esposa fiel y amante, una madre ejemplar Y ahora tenía esto ante mí. Una mujer madura de 39 años aun muy hermosa, despeinada, ojerosa, con olor a semen en su boca llegando a casa con la fiesta de cumpleaños de su hijo ya acabada y solo deseando irse a dormir.

-Necesito dormir. Me dijo. -Anda a acostarte Ana, del niño, de guardar la torta en la heladera y de los restos de comida me encargo yo.

Sin decir una palabra más se fue a dormir, ni siquiera pasó antes por el baño. Ni para orinar ni mucho menos asearse En silencio me dediqué a mis tareas y ya con mi hijo en cama y la casa medianamente aseada, me senté en el living a pensar.

Eran las 2 y 15 de la madrugada, encendí un cigarrillo y fijé mis ojos en la oscuridad cuando sentí que Ana se movía en la cama. Mi instinto protector, aun cuando comenzaba a odiarla, me hizo apresurarme al cuarto a ver que le sucedía. Y no, no le pasaba nada, solo cambiaba de posición. Las piernas ligeramente separadas me permitieron ver que venía sin bragas. Cerré la puerta y lloré en silencio en el pasillo.

Pasaron dos días sin dirigirnos la palabra, dos días en los cuales ella llegó a casa a la hora en que solía hacerlo antes del desastre de nuestra vida. Una noche mientras cenábamos los cuatro y sin mirarme a los ojos me dijo que por motivos de trabajo debía viajar a Rosario a una convención el fin de semana, y que era una obligación hacerlo pues de ello dependía su trabajo. Los chicos comenzaron a protestar hasta que levanté la voz y muy tranquilo dije: -Está bien Ana. De la casa me encargo yo. Un plan comenzó a elaborarse en mi cabeza y sin perdida de tiempo lo puse en acción.

Esa mañana siguiente llamé a la empresa donde trabajaba mi mujer y a la encargada del conmutador le dije que era de la comisión  de relaciones públicas y quería coordinar con ellos la cantidad de gente y horario de llegada de la delegación para tener preparadas las cosas.

La secretaria inocentemente respondio – ¡Ah! Ud. llama de Rosario entonces, ¿del Hotel Continental? -Si, si…me apresuré a decirle – Bien Señor…..eh, Señor ¿cuánto?  -Albornoz es mi apellido señorita – Bien Sr Albornoz, las personas son apenas 5. Tres caballeros y dos damas entre los que se cuentan, nuestro jefe, el Sr Jorge Mandelevite, su secretaria particular la Sra. Ana y tres ejecutivos de cuenta más. -Sabe Ud. decirme a que hora llegaran por acá el sábado? – No, no, debe estar equivocado Sr Albornoz, llegaran el viernes a la noche. -Ah, gracias, bien, bien, estará todo dispuesto.

Eso alteraba mis planes, pues ya habia encargado los niños a mi hermana para el fin de semana pero ahora debía agregarle el viernes a la noche. Por suerte no hubo drama y esta aceptó gustosa que se los dejara el viernes, sin hora definida. Llamé al hotel Continental de la ciudad de Rosario y reservé una habitación en planta baja. Mi mente trabajaba a mil, pensando, pensando, pensando…

A las 5 de la tarde del viernes Ana se despidió de nosotros con la valija lista. Me ofrecí a llevarla a donde fuera pero se negó argumentando que se juntaban en el departamento de la otra chica que viajaba para delinear estrategias antes del viaje. “¡Para delinear estrategias!”

En media hora había dejado los dos niños en casa de mi hermana y en una hora estaba en la autopista Buenos Aires-Rosario a más de 120 km por hora. Llegué a Rosario cuando apenas habia anochecido, me instalé en mi habitación, me duché y sin saber en realidad que más haría, salí al lobby del hotel a pedir una copa cuando de repente escuché la voz de mi mujer en la recepción que gritaba: -¡Jorge ! ¡Nosotras con Alicia queremos dormir juntas!

Logré esconderme tras una columna y el grupo no me vio. Logré escuchar que el avión les habia parecido muy pequeño, etc, etc, etc. Así que por eso casi me pillan en el lobby, ¡llegaron tan rápido porque lo hicieron en avión! Pensé.

El botones se dirigió al ascensor y las puertas se cerraron tras Ana, Alicia y el mismo. El indicador luminoso se detuvo en el piso 7. Otro botones con el jefe de Ana, Jorge, más los dos jóvenes también subieron hasta el piso 7. Muy bien, pensé, la fiesta será en el siete.

Esperé un tiempo preventivo y le dije al conserje que deseaba cambiar de habitación que quería una en el piso 7. No hubo problema y allá fui. Al bajar del ascensor se escuchaba la música y las risas de los 5 en una de las habitaciones. Me duché, fumé y mi mente trataba de decidir entre matarla o continuar el plan. Plan que no era tal en realidad, pues lo único que quería yo era ver que hacía ella en realidad. Motivo por el cual yo solo estaba provisto de una cámara digital de excelente definición y una filmadora de mano.

Minutos antes de media noche tuve suerte y escuché el ascensor que se detenía en nuestro piso y vi bajar a un mozo con 2 botellas de champagne. Abrí la puerta de mi habitación y este se sorprendió, momento en que aproveché para decirle: – Ahí adentro están dos de mis primos, me gustaría darles una sorpresa y llevarles el champagne yo mismo, pero vestido de mozo, claro que yo agradecería, si me permite Ud. hacerlo, con una propina. Y le mostré un billete de 100 dólares.

El muchacho sin decir una palabra entró a mi habitación con el carrito y comenzó a sacarse el uniforme en medio de bromas sobre la cara de sorpresa que pondrían al verme.

Me vestí en un santiamén y transpirando la frente me dirigí a la habitación. Era una suite. Golpeé y en medio de las risas logré escuchar un – ¡Adelante! Entré dispuesto a enfrentar a Ana y a quien fuera pero la escena me paralizó. Mi esposa y la otra chica con antifaces puestos yacían en uno de los sillones abiertas de piernas, totalmente desnudas y masturbándose mientras gemían como yeguas. Los tres tipos sentados a su frente reían y fumaban mientras se comenzaban a desvestir.

– Adelante chico, me dijo el jefe de Ana, Jorge, -Puedes dejar las cosas y si te gusta mirar algo que nunca olvidaras, puedes hacerlo, dijo entre las risas de los demás.

Miré a mi mujer esperando que me observara cuando me percaté que los antifaces no tenían agujeros para los ojos, por lo que su visión estaba totalmente nula.

– ¡Siéntate y descorcha las botellas! Me ordenaron. Y eso hice.

Uno de los muchachos, ya desnudo abrió una valija y comenzó a sacar de ella todo tipo de juguetes sexuales y un aparato para dar enemas, al tiempo que muy decidido comenzaba los preparativos.

Ana balbuceaba: – Jorge, quiero verga, por favor, ¿dónde estás?, quiero verga mi amor. A lo que este contestaba: -No, sos una señora casada y madre de familia. -Por favor mi amor, no me interesa eso, quiero leche, quiero verga, necesito ya mismo tener un orgasmo. -Aun no Ana. Recuerda que dijimos que sería especial esta vez y estuviste de acuerdo. – Ábrete el culo que Walter te dará una enema. Mi mujer lejos de amilanarse se acomodó y se abrió el culo mientras el otro muchacho con sus dedos le masajeaba los labios vaginales.

La otra muchacha parecía que iba a destrozarse la concha con sus propias manos. El tal Walter era un experto pues en menos de un minuto le habia colocado dos enemas a mi mujer y esta, solita sin mediar indicación alguna se colocó con el culo apuntando al techo y empezó a soltar el líquido de manera muy potente.

La escena era de una dureza extrema, restos de materia fecal volaban por el aire, entre los alaridos y los vítores de los demás presentes. Alicia se levantó y comenzó a lamer la concha de Ana mientras esta con un alarido tenía su ansiado orgasmo. El segundo muchacho enterró la verga en la vagina de Alicia y esta comenzó a lamer la concha de mi esposa con mayor velocidad.

Jorge, se incorporó y tomando una de las botellas de champan la acercó a la vagina de mi mujer, ¡cuando recordé que debía tomar fotos o algo! Encendí mi minifilmadora y nadie se dio cuenta debido a la tremenda calentura que tenían y al alcohol.

Le enterró el pico de la botella de champagne y batió la botella para sacarla de golpe y una catarata de burbujeante líquido salió expedido de la concha de Ana que lloraba entre orgasmos.

-¿Te gusta, perra? le dijo su jefe.-Si…me encanta…dejame chuparte la pija Jorge, Por favor…. -No, antes debes preguntar cómo está tu familia, Ana… -¡No, No, Eso No! respondio ella. Pero Jorge ya le alcanzaba su propio celular y esta lo tomaba. El marcó el número, pero claro, mi celular estaba apagado en mi bolsillo.

Ella lejos de sorprenderse comenzó a hablar. ¡A fingir! – Hola Germán, mientras la lengua de Alicia hacía estragos en sus pliegues y la pija de Jorge dibujaba círculos en sus mejillas.

-Hola amor, ¿cómo están los chicos? Yo estoy bien, recién llegamos y estoy con Alicia, mi compañera en una habitación para nosotras. – Bueno Germán, quedate tranquilo que estoy muy bien, dijo entre las risas sofocadas de los otros 4. Cerró el celular y lo arrojó lejos al tiempo que haciendo fuerza con su ano, liberaba los últimos restos de la enema.

-¡Listo, ya cumplí! Ahora cumplan Ustedes, gritó. Y comenzó una noche tremenda para ella. Yo filmaba con lágrimas en los ojos mientras nadie parecía percatarse de mi presencia.

Colocaron un embudo en el ano dilatado de mi esposa y todos comenzaron a orinar en el. Su culo sediento retuvo los orines de tres machos para luego expulsarlo a gran altura y con tremenda potencia. Ana y Alicia tomaban champagne del pico de la botella mientras gemían por más verga.

Comencé a retirarme y la última escena que pude ver fue a Ana empalada por el culo por el sable de Jorge mientras chupaba la concha de su compañera, que a su vez les lamia la pija a los otros dos.

-¿Como estarán tus hijos Ana? preguntó su jefe. Y esta respondió: -No me interesa en lo más mínimo. Solo dame otra enema porque me encantó…

Cerré la puerta tras de mi apagando la filmadora y me dirigí a mi habitación…

Continuara…

Autora: Ana.

Guarda un buen video en tu PC, luego nos cuentas http://www.videosmarqueze.com/

Me gusta / No me gusta

Disfrutando de libertad

Yo disfrutaba del cuerpo de esa muchacha, hasta que sentí una lengua entre mi pene y el sexo de Ana, era Eduardo que estaba lamiendo nuestros sexo con mucha devoción, eso me hizo gozar más de la cuenta y empecé a follarla con más intensidad hasta que empecé a venirme en un orgasmo y ella, empezó a gemir como una niña, mientras nos besábamos, y nos repetíamos que había sido genial.

Hace unas semanas mi esposa salía a visitar a su madre a provincia, ella se encontraba muy enferma, yo debido a los trabajos no pude ir a acompañarla. Permítanme presentarme me llamo Martín, tengo 29 años, mido 170 y me considero un hombre de contextura normal, no soy gordo, pero tampoco soy un esqueleto jajaja, llevo un par de años casado aún sin hijos, con una bella mujer.

Era un viernes por la noche y me dispuse a salir con algunos amigos, ya que quería disfrutar de libertad, pero al final ninguno me pudo a acompañar así que salí a  buscar alguna discoteca por la avenida Arequipa y luego de entrar a unas cuantas, llegué a una que nunca antes había visto y que por cosa curiosa entraban muchos jóvenes, luego de pagar noté que era una discoteca de ambiente, yo siempre me he considerado hetero, pero la verdad es que me daba mucho morbo saber cómo era.

Al entrar lo que me causó mucha gracia y curiosidad era ver a esas muchachas o hombres bailando muy pegadas sobándose con las músicas regatoneras de ahora, me excitó y pude ver como muchas al ritmo de la canción empiezan a manosearse, lo que me llamó la atención es un tipo rubio que se sobaba con una chica y un chico en la pista de baile, me miró y se sonrió lo que me dio corte, ambos chicos eran altos y bien parecidos y la chica era guapa y se dejaba sobar donde ellos querían, al rato no sé cómo me hice amigo de uno de ellos que se llamaba Eduardo, y me invitó  a bailar con ellos, yo acepté algo picado por la situación.

En eso empezó la sobada digo la canción, y mientras la chica se frotaba con mi pene, el chico de atrás el más guapo se sobaba conmigo, la situación al inicio me incomodó, pero luego no mucho, al fin y al cabo no hacíamos daño a nadie, luego volteamos y mientras la chica se sobaba con mis nalgas y me ponía sus senos en la espalda yo me frotaba con Eduardo, luego de más de media hora acariciándonos y riéndonos con la situación, ella me dijo que si queríamos ir todos a la parte de atrás donde se reunían las parejas y bueno sólo estábamos Ana, Eduardo y yo, así que acepté guiado por la curiosidad y el morbo.

Al  entrar era un cuarto oscuro y no se podía ver bien, me di cuenta que Eduardo y Ana empezaron con unos besos y abrazos muy fuerte, me puse detrás de ella, y lamí su nuca y su cuello. Al rato sentí una mano en mi entrepierna y dado el morbo ayudé a esa mano a bajarme el cierre y sobarme el pene, luego sentí que se sacaba el brassier y me lo dieron, lo olí y empecé a jugar con su senos y me llevé uno a la boca, los tres nos echamos en una cama preparada ahí, cuando siento una boca en mi pene.

Yo que estaba muy excitado me terminé de abrir el pantalón y me eché a gozar con esa boca riquísima, en eso siento un seno en mi cara del otro lado de la cama, ahí comprendí que el que me la estaba chupando tan bien era Eduardo, uuummmmm eso me excitó bastante, nunca me había ocurrido algo semejante, mientras nos estábamos besando con Ana y metía un dedo en su vagina para llevarlo a mi boca, Eduardo lamía y lamía mi miembro que estaba bastante duro por toda la situación.

Ella no aguantó toda la situación porque en un momento movió de su lugar a Eduardo y poniéndome un preservativo con la boca (que rico fue eso), empezó a metérselo y cabalgar encima de mí, mientras Eduardo le ponía el pene en la boca a ella.

Yo disfrutaba del cuerpo de esa muchacha que no debía tener más de 18 años, hasta que sentí de nuevo una lengua entre mi pene y el sexo de Ana, era Eduardo que estaba lamiendo nuestros sexo con mucha devoción, eso me hizo gozar más de la cuenta y empecé a follarla con más intensidad hasta que empecé a venirme en un orgasmo y Ana, empezó a gemir como una niña y cayó encima de mí mientras nos besábamos, y nos repetíamos que había sido genial.

Eduardo se acercó a mí y me agradeció que le haya dejado lamerme el pene y que había disfrutado viendo como follaba a la caliente de su novia. Me quedé de piedra, no sabía eso, se me acercó y me dio un beso, que me dejó contrariado, era la primera vez que un hombre me besaba, y mientras Ana estaba a mi lado empezó a bajar a mi pene y junto a su novio Eduardo empezaron a lamerlo y chuparlo, quise sacar la cabeza de él, pero no pude lo hacía tan rico que lo dejé seguir, ahora mi pene estaba de piedra de nuevo y sentía la boca de los dos que lamían y lamían mi sexo una y otra vez.

En ese momento mandé al diablo todo y tomé la cabeza de cualquiera de los dos y empecé a follarla con mi pene a lo que empezó a chupar con más devoción, por dentro de mí deseaba que fuera Eduardo, y así era, ya que Ana se me acercó y nos empezamos a besar jugando con nuestras lenguas, mientras su novio me la chupaba desesperadamente. Hasta que no aguanté y dije que iba a terminar, Ana bajó rápidamente y tomó el lugar de Eduardo para terminar con el trabajo echándose el semen en sus senos y pasándoselo por la cara.

En un momento sentí la necesidad de saber a qué sabía un pene y quise probarlo, pero preferí dejarlo ahí. Ellos se empezaron a arreglar su ropa y yo hice lo mismo, nos despedimos como buenos amigos y opté no darle mi número diciendo que yo iría otro día.

Mi esposa llegó luego de unos días y todo fue como siempre aunque desde esa noche sueño poder probar el pene de un hombre y saber cómo se siente, cómo crece su miembro en mi boca y como me haría gozar de placer el pene de un hombre, pero no conozco a alguien con quien hacerlo.

Por eso espero recibir sus comentarios y si vives en Lima, Perú, espero que me escribas o me mandes tu email o número de RPM para poder ser amigos, compartir nuestras fantasías o si congeniamos bien probar nuestros cuerpos.

Autor: Martín

martin3101peru@hotmail.com

Goza con un buen video, clica aquí. http://www.videosmarqueze.com/ y lo guardas en tu PC

Me gusta / No me gusta