Con mi compañera Lola en la comida de Navidad

La historia que voy a contar sucedió en una de las cenas de navidad que hice con mis compañeros/as de clase. Era una noche de diciembre mayo cuando había quedado con todos/as mis compañeras de clase. Tras la cena algunos nos fuimos a la discoteca “ El Sitio”, entre esta gente Carmen, Beatriz, Lola, Miriam, José, Luis, Antonio y yo.

Entre copa y copa nos reíamos y contábamos chistes los hombres mientras que mis compañeras bailaban en la pista de baile.

No veas como está Carmen, con ese vestido verde ajustado que no deja nada para la imaginación.dijo José.

Joder, y Beatriz con esa falda que quita el sentido.

Perdonad pero el sándwich lésbico que están haciendo las tres donde lo dejas.

Seguimos así durante toda la noche. En un momento de descanso del baile las chicas se vinieron a la barra con nosotros. Mientras que Beatriz, Lola y Miriam guardaban las distancias Carmen se apoyó en mí como de costumbre, ella y yo siempre hemos tenido buen rollo sin contar las veces que habíamos coincido para echar un polvo. Yo rozaba más de la cuenta y Carmen se dejaba, lo que había hecho que mi polla se hubiera puesto a tono, follarme a Carmen fue la primera idea pero ella no estaba por la labor, ya que por mas que le insinuaba ella me daba calabazas.

Comencé a meterle cuello a toda la disco sin ningún resultado, llegando a entrarme ganas de ir al baño.

Cuando entré en el baño Lola salía y me preguntó:

¿Cómo va la caza?

Yo respondí pícaramente “como siempre” me gusta jugar con las palabras con ella.

– Aquí con ganas de descargarme.

¿qué te lo impide?.- dijo ella.

No tengo con quien.- Le contesté.

jaja eso no lo creo.- dijo ella.

¿Porque no me ayudas con eso?.-  Le contesté.

Si quieres, dime como.- dijo ella.

Yo, sorprendido con aquella respuesta, por qué me lo dijo con la cara pícara y algo seria.

Bueno como tu quieras.- Le contesté.

Entramos en el aseo de caballeros, cerré el pestillo y comencé a besarle en los labios, metiéndole mi lengua muy, muy adentro, sentía que podía tocar su garganta mi lengua…ella se excitó muchísimo, se dejaba llevar diciendo “ hazme lo que quieras, se lo bruto que quieras, poséeme”, eso fue algo que me excitó mucho, fue cuando la levanté por el culo para que estuviera dentro del lavabo, en ese espacio diminuto, y comencé  a desnudarla con mis manos.

Primero le quité su pantalón vaquero dejándolo sobre el váter, luego fue su tanga, subiéndole dejando su chochito al aire, ella estaba atónita,quizás todo había pasado muy rápido para ella. Luego le subí su top dejando su sujetador al descubierto pero al poco tiempo sus pechos salieron de su prisión, mientras los acariciaba, esta vez sin ropa ella me miraba se forma pícara pidiéndome más.

Cuando al fin estuvo completamente desnuda, comencé a sacarme toda mi ropa, quedando desnudo frente a ella, mostrándole mi duro rabo. La mire a ella y luego a mi duro rabo, y le exigí que me lo chupara. Al principio parecía que le dio algo de asco, pero después le gustó saborear mi miembro.

Luego de eso, cuando mi polla estuvo totalmente húmeda hice que se levantara y la apreté contra la puerta del baño mientras con una mano aprisionaba sus muñecas, con la otra, introducía mi pene en su vagina muy fuertemente, tuvo que ser  un dolor inmenso, pero no gritó, se sostuvo en mí, mientras mi polla se columpiaba en su vagina y con mis manos apretaba bien sus tetas. Ella gemía, lo estaba disfrutando. En un momento, escuchamos que alguien llamaba a la puerta del baño y paramos, entonces ella aprovechó para sujetarse a mi cintura con sus piernas, ahí sentí mi pene más y más adentro, porque sus piernas estaban mas abiertas sujetándose a mi. Cuando se fue el que fuera, le pedí que se pusiera mirando al espejo. Cuando se dio la vuelta metí todo mi pene a través de su ano y ahí si que le dolió, le dolió y mucho, pero lo disfrutó más que por la vagina, según me dijo tiempo después. Comencé a hacer movimientos bruscos con mi pene en su ano y no paraba de meterlo y sacarlo, ahí comenzó a gritar, gritos de placer que hicieron que tuviera que abrir los grifos para amortiguar el sonido de su garganta. Cuando terminé, nos vestimos, salí yo primero, al  momento salió ella. Afortunadamente nadie de nuestros compañeros nos vio salir.

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