Un cliente travieso

Esta es la historia de como un cliente travieso, me sedujo y me llevó al huerto.

Hace unos cuatro años, yo era el director comercial de una mediana empresa de servicios. Como tal, coordinaba un equipo comercial y no me era yo quien tenía que encargarse directamente de las ventas, aunque sí me relacionaba directamente con los principales clientes: lo normal, atenderles, visitarles de vez en cuando, tenerles contentos y mantener el nivel de satisfacción para que no se fueran a la competencia.

De entre ellos, había uno que nos interesaba especialmente, pues además de trabajar mucho con nosotros, era muy buen pagador y nos había conseguido no pocos clientes nuevos. Yo le visitaba, como mínimo, una vez al mes, aunque lo normal era que lo hiciera cada tres semanas. Era simpático, de trato muy agradable, gran conversador y magnífico anfitrión. Era un hombre de unos 55-60 años, viudo, de mediana estatura, complexión normal y razonablemente bien cuidado, habitualmente bronceado, regentaba su propio negocio y vivía solo en un pueblo de unos 20.000 habitantes, a la que yo me desplazaba desde mi ciudad a ciento y pico kilómetros.

En mis visitas, además de negocios, hablábamos un poco de todo, siempre en un clima de gran cordialidad y cercanía. Nunca pasó por mi cabeza que le pudieran gustarlos hombres, o al menos, que le gustara tener sexo, pero un día, estando charlando en su oficina, yo tenía la pano puesta en el borde la mesa, como agarrándolo. Él se levantó para coger algo y al pasar por el lateral de la mesa donde estaba mi mano, rozó ésta con su miembro. El roce fue claro y nítido, pude sentir claramente su bulto, me miró con un tímido gesto de disculpa, pero sin decir nada y yo hice como si no hubiera pasado nada, aunque creo que me ruboricé un poco…y esas cosas se notan. Al volver a la mesa, daba la sensación de que tenía una media erección. Lo cierto es que esas cosas me gustan, ya me he enrollado con tíos y shemales, pero jamás se me habría ocurrido hacerlo con un cliente. La cuestión es que fantaseé con tener sexo con aquel hombre, que aún conservaba cierto atractivo, aunque dejándolo ahí, en una fantasía. También es cierto que me quedó la sensación de que aquel roce no había sido casual.

Como estaba previsto, y como era habitual, volví cuatro semanas después, previa cita unos días antes. Al llegar a su oficina, una empleada me dijo que estaba enfermo, que estaba en su casa y que me pasara por allí, que me estaba esperando. Raro. Si de verdad fuera así, me habría llamado y habría cancelado la cita. En cualquier caso, eso hice, no era cosa de desairar a un cliente.

Al llegar a su casa, un pequeño adosado de dos plantas, llamé al timbre y al abrirse la puerta no podía creerme lo que estaba viendo: salió a recibirme solo con un pequeño albornoz de esos que apenas llegan a medio muslo. Al principio me pareció una situación algo violenta, pero él hizo que me sintiera tranquilo. Me dijo que estaba resfriado, que no me esperada tan pronto (siempre voy a la misma hora, más o menos) y que iba a darse una sesión de sauna (tenía una de esas pequeñas en el sótano de su casa). No sabía que hacer, le dije que si quería volvía más tarde, no sé, lo que fuera. Insistió en que me quedara, que me pusiera cómodo…incluso que si quería, pasara a la sauna también. Tuvo que emplearse para convencerme, le ví tan convencido de ello que al final accedí. Para entrar, me dejó una toalla, me indicó donde podía cambiarme y al rato salí con la toalla.

Allí dentro, charlando, empezó a hablarme por primera vez desde que le conozco, de cuestiones muy íntimas y personales, de la soledad del viudo con hijos mayores que han volado del nido, de la dificultad para tener relaciones que no sean de pago…y empezó a contarme que hacía algún tiempo, como sin querer, que había descubierto el sexo con hombres. Joder, yo estaba súper incómodo con todo aquello, pues además el tío había empezado a tocarse la polla por debajo de la toalla. Me contó de forma muy resumida como fue aquello y yo, casi sin darme cuenta empecé a empalmarme: mi toalla empezó a formar la tienda de campaña y el lo vio. Con un gesto pícaro en su cara, me dijo que parecía que me gustaba lo que me contaba, a lo que tímidamente asentí, diciendo que un poco cachondo sí que me estaba poniendo.

Su reacción fue instantánea: se sentó a mi lado y se abrió la toalla. Empezó a acariciarme el muslo por su cara interior y me dijo “sabía que estas cosas te gustaban, solo era cuestión de tiempo saber cómo entrarte”. Mis defensas habían sido derribadas y me entregué. Miré su polla, ya morcillona, de muy buen tamaño y gruesa. Era una polla bonita. Empecé por acariciarle en su base, a jugar con su vello, sus muslos, le acaricié la pelotas con la punta de los dedos. Yo estaba muy cachondo, el calor de la sauna, el sudor de los cuerpos desnudos, el tacto de su polla y de sus dedos en mi muslo eran el caldo de cultivo perfecto. Me puse de rodillas delante suya, le abrí ligeramente las piernas y pasé mis labios por sus muslos, acercándome a su entrepierna. Le besé y lamí el abdomen, la cintura…seguí bajando, con las manos en sus muslos empecé a besarle la polla, por su base, el tronco, el glande…, la cogí con dos dedos y seguí besándola. Con la punta de la lengua le lamí el frenillo y el orificio de la punta…mirándole a los ojos…le estaba gustando y yo estaba disfrutando. Seguí un rato lamiéndole y besándole polla y huevos, con cortas mamadas entre medias, pero ya llevábamos demasiado tiempo allí dentro y había que salir.

Subimos al dormitorio, con cama king size toda para nosotros. Volví a meterme en faena y seguí afanándome con su polla, con sus pelotas y perineo. Wow!, estaba bien cachondo el tío, y yo estaba disfrutando con aquella buena polla que se calzaba. Me gustaba metérmela en la boca, sentirla, aspirarla, sacarla y recorrerla con mi lengua, comerle la pelotas. Se sentó sobre mi cara y le comí los huevos, perineo y ano, mientras él me pajeaba. Le notaba muy cachondo, con muchas ganas de follarme, así que sacó del cajón de la mesita un plug anal, ya os podéis imaginar para qué y para quién….Dicho y hecho, en un instante ya lo tenía dentro y empezó a moverlo dentro de mí…aquello era increíble, viendo como lo hacía a la vez que me pajeaba. Estuve a punto de correrme, por lo que tuve que pedirle que parara, momento que aprovechó para sacarme el plug y disponerse a follarme bien follado.

Se puso el condón, me colocó a cuatro patas y empezó a taladrarme. Su trabajo con el plug había sido muy bueno y yo suelo dilatar bastante bien, pero nunca había tenido algo tan gordo dentro, por lo que al principio sentí algo de dolor mezclado con placer. Iba despacio, notaba como mi agujero se dilataba y dejaba pasar aquel ariete imponente. Sentía como esa vigorosa barra carne iba penetrando y avanzando dentro de mi culo. Sentía aún algo de dolor y placer, mucho placer, cuando sentí que por fin había entrado entera, para empezar a echarse hacia atrás y comenzar con bombeo…

Continuará

Me gusta / No me gusta