El billar

Mi novia invitó a Raúl a que se sentara, y entonces Julia le dio la espalda para sentarse encima de su polla, quedando Raúl detrás de ella y Alejandro enfrente, con su polla a la altura de su boca. Asió esta y empezó a hacerle una mamada de campeonato, y mientras cabalgaba para sentir las penetradas de Raúl, sus tetas saltaban siguiéndole el ritmo, era un regalo para los ojos.

Hola, mi nombre es Roberto y mi chica Julia. Somos una pareja que vive juntos desde hace poco menos de 1 año a las afueras de Ciudad Real, España. Ella es morena con el pelo largo, mide 1,70 metros con una figura fina, bastante estilizada pero con formas, sus pechos son un poco grandes, pero naturales y sobre todo bastante tiernos a la vista y el tacto. Y tiene un culito respingón y duro muy apetecible.  Se diría que es una mujer que despierta mucho morbo. Por si fuera poco, es una mujer muy pícara y traviesa en lo que al sexo se refiere. Ambos tenemos 24 años.

A mí me encanta que ella suela llevar la iniciativa en la cama y siempre le contaba que me excitaba mucho fantasear con ella hacer tríos con otros hombres, cosa que le ponía a cien. Pero una cosa es la fantasía y otra que esta se haga realidad, son dos cosas diferentes.

En nuestra casa tenemos un salón grande con una bonita mesa de billar, en ese salón casi siempre lo hemos usado para hacer alguna fiesta con nuestros amigos pues lo decoramos hasta el punto de que pareciera un mini-bar. En ocasiones solemos echar partidas de billar Julia y yo, nos encantaba. Pero llegó el día en que estábamos jugando a billar y me propuso una apuesta:

– Esta vez te voy a ganar. Le dije a Julia, normalmente jugábamos los dos bien el billar, pero tenía un poquito más experiencia que ella y solía ganar más ocasiones. – ¿A si? Como no. ¿Que te apuestas a que esta noche gano yo?- Lo que quieras… Dije con una pequeña risa. – Si te gano al billar hoy, hago un trío con tus amigos, tantos como yo quiera.

Aquello me sorprendió, sin remedio no pude evitar una erección, que sospeché que ella percibió.  Y si tú ganas, el trío será con mis amigas.

– Eh… no sé Julia…- Mmmhh… ¿Tienes miedo de perder? Reaccioné con sus palabras, estaba seguro de que no podía perder, era mejor jugador que ella, así que acepté su apuesta…

Empezamos la partida y al principio iba ganando yo aunque sin mucha diferencia con ella. Le sacaba un par de bolas de ventaja. Pero cuando faltaban pocas bolas que marcar, noté que Julia intentaba seducirme cada vez que me tocaba a mí tirar. Dejándose ver un poco uno de sus pezones de forma muy sensual y gimiendo un poquito para captar mi atención. La verdad es que lo intenté, pero aquello me distraía demasiado y poco a poco ella ganaba terreno hasta que finalmente, ella marcó la bola número 8. Había perdido la apuesta.

Ella, con una expresión de gatita traviesa, me agarró mi paquete con su mano y me llevó a nuestro dormitorio. “Ahora tienes que cumplir mi deseo, has perdido” Me dijo con una voz sexy mientras me tumbaba en la cama y me amarraba con unas esposas a los barrotes de la misma, lo usábamos para nuestros juegos sexuales. Me estuvo follando toda la noche, imitando que otro hombre la estaba penetrando por atrás y se la chupaba a otro mientras me montaba en ese estado. La verdad es que me excitó muchísimo que hubiéramos empezado el juego con la apuesta del billar para acabarlo en la cama de esa manera. Estuvimos así un rato hasta que nos desplomamos y nos quedamos dormidos en la cama.

Al día siguiente los dos trabajábamos, ella sale un par de horas antes de su trabajo mientras que yo ya salía tarde y algo cansado sobre las 8 de la tarde, aparte de que estoy lejos de casa y suelo tardar una hora más en volver, por lo que Julia suele estar casi 3 horas en casa sola esperándome. Eran algo más de las 9 de la noche cuando volví a casa, cuando entré por la puerta llamé a Julia para saludarla pero o no estaba o no me oyó. Fui derecho a la cocina que me pillaba cerca para ver que había de cenar. Pero en ved de una cena, había una nota. Supuse que Julia había salido y que lo dejaba ahí escrito, pero en la nota ponía “Ven al salón del billar. Julia”. La verdad es que me mató de curiosidad, tan pronto pude, me fui al salón para ver que pasaba.

Cuando llegué a la puerta del salón ya estaba oyendo ruido y voces, pensé que mi chica había organizado algún encuentro o fiesta y la cena se iba a celebrar abajo. Pero cuando abrí la puerta, me quedé boquiabierto: Estaba Julia allí, vestida con un top blanco muy sexy que dejaba bastante al descubierto el canalillo de sus senos, la espalda al descubierto y su barriguita también. Y llevaba unos vaqueros blancos, ambos muy ajustados con unas sandalias blancas a juego. Aquella imagen me hubiera encantado si no fuera por que con ella estaban 2 amigos míos: Alejandro y Raúl, todos tomando unos saladitos y cerveza cerca de la mesa del billar.

– ¡Hola mi amor! ¿Qué tal el trabajo? He invitado a tus amigos para disfrutar de una velada muy… excitante. Ahora íbamos a jugar a billar, pero estábamos esperándote para que fuésemos 4 y hacer 2 equipos, tú vas conmigo ¿De acuerdo mi cielo?

No sabía que decir, le dije que vale mientras saludaba a mis amigos. Lo que me extrañaba es que los 2 amigos que había invitado eran precisamente los 2 amigos que le conté una vez que la miraban demasiado cuando salíamos de fiesta. Seguramente fantaseando con mi novia de poder follársela mientras se la meneaban. Estaba un poco confuso del por qué todo esto, que ella los hubiera invitado y el por qué estaba tan ricamente sexy Julia esta noche.

Nos pusimos a jugar a billar los 4, cada vez que a Julia le tocaba tirar, adoptaba una pose que era imposible no verle un poco sus senos a través de su blusa, o marcaba mucho su trasero dejándolo a la vista de nosotros 3, también hacía pequeños gemidos mientras se acariciaba el pecho, la cintura el trasero… e incluso mientras esperaba su turno para tirar, agarraba el bastón del billar y lo movía suavemente como si estuviera haciendo una paja a una enorme polla. No podía evitarlo, de alguna forma me estaba excitando aunque seguía extrañado por la situación, mis amigos tampoco le quitaban el ojo de encima, parecían incluso más excitados que yo. El juego terminó ganando el equipo contrario, el de Alejandro y Raúl, este último fue el que marcó la bola número 8. Pensé que al acabar el juego se marcharían, pero Julia lo que hizo fue subirse a la mesa del billar a 4 patas y con una mirada de gatita traviesa acarició el cuerpo de Raúl. Me quedé atónito por lo que estaba viendo, mi novia le estaba metiendo mano a mi amigo, delante de mí y de otro colega.

– Julia. ¿Qué estás haciendo? – ¿A ti qué te parece mi amor? Cobrando mi apuesta. Dijo mientras le estaba sacando su camiseta y le masajeaba todo el cuerpo a Raúl, desde su cuello hasta su abdomen. Aún tenía colocados sus pantalones.

Como si fuese un calambre, enseguida me acordé de la apuesta que mantuvimos anoche jugando al billar el trío con los amigos del perdedor. Solo que yo pensaba que no hablaba en serio, sobre todo cuando nos fuimos a la cama al terminar, que tuve la sensación de que estábamos fantaseando, como muchas otras veces.

Julia, aún de rodillas incorporada en la mesa de billar, se había aproximado tanto a Raúl, que sus senos tocaban el pecho de Raúl a través de su ropa. No pudo contener una erección, que mi novia no tardó en descubrir. Con unos movimientos muy sensuales se puso a 4 patas y con su boca experta intentó quitar el cinturón de sus pantalones no abrochados con éxito. Estos se cayeron al suelo quedando solo sus bóxers con un bulto deseando salir. Mi otro amigo Alejandro estaba tocándose descaradamente a través de sus pantalones, no podía contener su excitación y miraba a mi novia con ojos hambrientos. Yo no sabía qué decir, instintivamente abrí la boca como sabiendo que algo tenía que decir, pero no sabía el qué. Estaba confuso y excitado a la vez, y esa excitación quizá fuese lo que me había impedido interrumpir todo lo que estaba viendo.

– Mmmh, como vosotros dos habéis ganado la partida, os voy a premiar dejando que me hagáis todo lo que más os apetezca, soy toda vuestra (refiriéndose a Raúl y Alejandro), la guinda del pastel se la lleva Raúl por colar la última bola. Tras decir esto, con su boca bajó los bóxers de Raúl dejando su pene bien duro y empalmado al descubierto. Alejandro ya se había bajado sus pantalones y sacado su polla mientras se acercaba a la boca de mi novia, no obstante esta había comenzado una lenta pero cuidadosa mamada sobre el instrumento de Raúl.

– ¿Y yo qué? No me había incluido en su premio. – Tú puedes mirar.- ¿Cómo? ¿Solo mirar?- Bueno… también puedes hacerte una paja mientras miras. Se le escapó una risa traviesa.- Pero… ¿No acordamos que si perdía la apuesta, nos montábamos un trío con mis amigos?- No mi cielo, la apuesta era que yo me montaba sola un trío con tus amigos, en ningún momento te mencioné a ti. Ahora es demasiado tarde, ya no puedes negarte. Voy a disfrutarme a tus amigos hasta que me hagan olvidar que soy mujer, más suerte en la próxima partida de billar. Y volvió a engullir la polla de Raúl como si su vida dependiera de ello.

Yo estaba con cara de tonto, mi novia me la había jugado a base de bien, y lo peor es que la apuesta la acepté sin problemas, así que en el fondo estaba jugando limpio, y yo había perdido y tenía que aceptar la derrota. Así que poco convencido y un poco molesto, aunque todavía terriblemente excitado, cogí una silla y me senté para intentar “disfrutar” del espectáculo.

Julia turnaba su boca para chupar las dos pollas de mis amigos. Aún llevaba puesto su sensual top y sus vaqueros blancos, sus sandalias blancas se las había quitado para subir a la mesa de billar. En ningún momento había usado todavía las manos para masturbar a Alejandro y Raúl, solamente usaba su boca y su lengua, lamiendo desde la base hasta la punta de aquellos rabos. El que estaba recibiendo la mamada adoptaba una expresión de mandíbula desencajada y ojos en blanco, debía de estar gozando como un cabrón. El otro en cambio aguardaba su turno como un niño que espera un delicioso postre después de comer. Julia interrumpió la mamada de uno, con una mirada viciosa miró a mis dos amigos y les dijo:

– El primero en correrse le dejo que me folle primero.

Aquello se desató, los dos agarraron sus sendas pollas como alma que lleva el diablo y empezaron a masturbarse frenéticamente, deseosos de bautizar a mi novia con su leche. Yo ya no pude contenerme más y saqué mi polla fuera y empecé a hacerme una soberana paja. Julia acariciaba suavemente los huevos de ambos, dejó de acariciar a uno para señalar con su dedo índice donde quería que descargaran su caliente munición: en su boca.  Los dos apuntaron con sus pollas a sus labios, y ella empezó a sacar la lengua esperando recibir su blanco néctar.

Raúl fue el primero en soltar todo su semen acumulado en la boca de mi novia, salpicando también su cara, su cuello y parte de su pelo, y ella muy gustosa lo recibió y lo saboreó como si fuese dulce miel. Con su mano asió la polla de Raúl y empezó a lamer su polla, dispuesta a limpiar muy cariñosamente hasta la última gota de leche, lo sabía por que siempre me lo hacía a mí en nuestras relaciones de pareja, pero en esta ocasión, me había excluido en su juego, castigado por una apuesta.

Alejandro tardó un par de minutos después en correrse también, pero mi novia no prestó atención a su corrida, estaba muy ocupada saboreando los jugos de Raúl (el ganador por ser el primero en correrse), así que Alejandro con la polla apuntando a sus mejillas, descargó toda su leche en ellas, viendo como se derramaba el semen de su cara a sus tetas, descubiertas por el ajustado Top que llevaba. Yo estaba masturbándome sin parar, mi excitación crecía por momentos. Julia se percató de ello y dejó de chupar la polla de Raúl un momento.

– Mi amor, te propongo un juego. Con cara de sorpresa oí decirle.   Te dejo que te masturbes, pero no que te corras. Si no termino con tus amigos y tú no aguantas más y desperdicias tu leche en una paja, estos señores volveré a invitarles mañana a cenar y tendré que ser una muy buena anfitriona con ellos.

Mientras decía esto se relamía los labios manchados del semen de Raúl. .  Por el contrario, si eres un chico bueno y dejas tu leche bien guardadita en tus huevos, seré yo la que te prepare una buena cena mañana solo para ti, y tus amigos tendrán que despedirse… por un tiempo. Era lo que me faltaba por escuchar, no tenía bastante con follarse a dos amigos míos y dejarme a mí solo con mi mano viendo como se los gozaba. Ahora quería hacerme sufrir más sin dejar que culminara mi placer conllevando celosas consecuencias.

– Lo que tú quieras. Le dije poco convencido. Aunque estaba muy excitado. – Mmhhh así me gusta, no obstante si no puedes aguantar más, quiero que me des tu leche sobre mis pies, para que no la malgastes. Pero no quiero que me toques, mi cuerpo ahora es solo para tus amigos, no para ti, así que cuidadito cuando quieras culminar tu derrota vaciando tus huevos.

Increíble, además, quería humillarme, no solo estaba disfrutando con dos hombres a la vez, sino que además, se lo pasaba en grande viendo como yo sufría por ello.

– Qué puta eres.- ¿Ah sí? Mmhhh, como castigo, les dejo que me follen sin condón, será más rico. Y dejó escapar una risita traviesa.

Aquello me encendió más, pero no sabía si era mi rabia acumulada, o la enorme excitación que tenía entre mis piernas. Les iba a consentir que se la follaran sin preservativo, y eso a mí solo me ha dejado hacerlo en ocasiones muy contadas, y de repente a ellos que solo los había visto un par de veces y de lo que yo le he contado, se abría de piernas para ellos sin rodeos.

Por fin se había quitado su top, dejando al aire libre unas tetas tan bonitas como riquísimas. Se acostó sobre el borde de la mesa de billar y se quitó finalmente los pantalones contoneando un poco las caderas, ahora estaba completamente desnuda para Alejandro y Raúl (me di cuenta que no se había puesto ropa interior), aún tenían las pollas bien tiesas, sin duda tenían muchas ganas de follársela. Raúl no pudo esperar más, además fue el primero en correrse y como dijo mi novia, iba a ser el primero en follársela, así que sin rodeos comenzó a penetrarla. Ella gemía, le estaba gustando lo que sentía entre las piernas, mientras Raúl dejaba entrar y salir su polla del coño de mi novia, sin duda debía estar muy mojada la muy puta, y el cabrón de Raúl gozándola sin condón. Alejandro acercó su polla a la boca de mi novia y esta la aceptó encantada, lamiéndola y chupándola como un dulce caramelo. Yo estaba haciéndome una paja, no podía hacer otra cosa, terriblemente excitado a la par de enfadado. A juzgar por sus gritos y como se masturbaba con la mano libre que le quedaba (la otra la usaba para chupar la polla de Alejandro), Julia se corrió enseguida.

Cambiaron de postura, ahora Raúl de pie cerca de la mesa de billar, donde estaba acostada boca arriba mi novia, se estaba follando las tetas de Julia, mientras esta le lamía los huevos conforme hacía el “mete-saca” por el canalillo de sus blanditos y jugosos senos. Que jodidas tetas tiene mi novia… eran un regalo de Dios, rara vez me dejaba tocárselas cuando lo hacemos en la cama, le gustaba hacerme sufrir con ello, pero en cambio le consentía todo lo que quería a Raúl que se las manoseaba y las usaba a su gusto. Alejandro estaba comiéndole el coño, antes de penetrarla a placer, ya que era su turno. Julia se percató de ello y cuando terminó de chuparle el coño, se dio la vuelta, quería que la follara a 4 patas. Alejandro empezó a penetrarla por detrás y siguió con sus movimientos para su disfrute. A Raúl de vez en cuando se la chupaba con cariño al tiempo que le hacía una paja con sus tetas, le encanta hacer masturbaciones y jugar con sus senos. Sabe que eso me vuelve loco, tal vez no me deje tocar mucho sus tetas, pero lo hace por que sabe que eso me vuelve loco. Y mucho menos eso no significa que no las use conmigo.

– Vamos nenes, quiero sentir vuestros rabos dentro de mí… Parecía una orden, y aunque lo era, lo decía de forma muy sensual. Como si pidiera un favor. .

Indicó a Alejandro que se acostara en la mesa de billar, y Julia se puso encima de él dispuesto a cabalgarlo. No obstante Raúl estaba detrás de ella, chupándole el agujero del ano. Me estaba temiendo lo peor…

– Te lo dedico mi amor, tu amigo Raúl me va a follar donde tú aún no me la has metido.

No era del todo cierto, sí que habíamos practicado sexo anal, sin embargo era algo que a mí me gustaba poco o nada hacerlo. No obstante la única vez que lo hicimos fue tan breve que casi se podría considerar que no se la he metido aún, comparadas con las muchas otras veces que hemos mantenido relaciones sexuales, así que a lo mejor aprovechó esa situación para soltarme eso y matarme de excitación.

Tal y como dijo, empezó a cabalgar a Alejandro al tiempo que Raúl le empujaba fuerte por detrás, gemía y gritaba como una loca en celo. Estaba disfrutando la muy zorra, Raúl no dejaba de propinarle embestidas a su fantástico culo, oyendo como sus huevos chocaban con los cachetes de mi novia. Alejandro se dejaba llevar por el mar de placer que le estaba dando mi novia montándole de esa manera, aprisionando su polla dentro de su coño sin dejarla escapar. A mí me faltaba poco para terminar, y recordé lo que dijo mi novia, que si me corría antes de que ella terminara de follarse a mis amigos, tendría que hacerlo sobre sus pies como castigo y humillación, y por si fuera poco, que eso era una garantía de que volvería a follárselos otra vez al día siguiente. Tenía que aguantar, pero entre el espectáculo que estaba viendo y los gritos y gemidos que estaba oyendo (seguro que se había vuelto a correr), era difícil retener la tensión acumulada en mi entrepierna.

En ese momento me di cuenta de algo: Mi novia me estaba observando, y no sé como, creo que intuyó que me faltaba poco para correrme y me estaba conteniendo. Por lo que me lanzó una mirada y una sonrisa muy pícara, a la par que traicionera. Sin duda había tenido una idea, y estaba tramando algo. Hizo un par de palmadas en el aire y avisó a mis dos amigos de que quería cambiar de lugar para follar. Así que dejaron la mesa de billar y se fueron a nuestro sofá que había en el salón. Invitó a Raúl a que se sentara, y entonces Julia le dio la espalda para sentarse encima de su polla, quedando Raúl detrás de ella y Alejandro enfrente, con su polla a la altura de su boca.

Asió esta y empezó a hacerle una mamada de campeonato, y mientras cabalgaba para sentir las penetradas de Raúl, sus tetas saltaban siguiéndole el ritmo, era un regalo para los ojos. Hablando de ojos, observé que no dejaba de mirarme, estaba controlándome, yo seguía pajeándome pero había bajado el ritmo, ya que sino terminaría corriéndome y entonces habría ganado ella. Mi polla me dolía de tanto retener mi semen, pero si me desahogaba en ese momento, más tarde lo lamentaría. Con una mirada muy viciosa, colocó la polla de Alejandro entre sus tetas y empezó a hacerle una paja cubana impresionante, acompañando el sube y baja de la follada con Raúl, al meneo de sus tetas para hacer gozar a Alejandro con ellas. Qué maravilla, ojala esa polla fuese la mía, inconscientemente estaba acelerando el ritmo de mi masturbación.

– Alejandro cariño. Vas a ser un chico bueno y me vas a dar leche. ¿Verdad? Quiero que te corras sobre mis tetas. Pero no quiero que lo hagas con tus manos, ni con las mías, quiero ver como tu polla me baña de leche solo con el sube y baja de ellas.

Maldita zorra, me estaba calentando peligrosamente, eso era algo que me ponía berraco cuando lo hacíamos. Tengo perdición por los senos de las mujeres y por si fuera poco las suyas eran más que apetecibles, y quería que Alejandro se corriera sobre ellas solo con la ayuda de la paja cubana que le estaba haciendo, sin que ella o él terminen con sus manos. Y efectivamente, cuando observé la cara de Alejandro y el pedazo grito que soltó, al instante salió un río de leche de su polla que bañó casi totalmente las tetas de mi novia, una corrida monumental que había llegado incluso a su cuello y su barbilla.

Con sus brazos (los de mi novia) intentó hacer más presión con sus tetas sobre la polla de Alejandro, para que así disfrutara más conforme su leche salía disparada de su rabo. Julia sin dejar de mirarme, se intentó relamer el semen que estaba cerca de su boca, mientras seguía pajeando a Alejandro hasta que terminara de descargar totalmente su caliente munición. Casi sin darme cuenta estaba siguiendo mi paja sin importarme lo que pudiera pasar, me costaba pero hacía un esfuerzo por controlarme.

– No puedo más. ¿Dónde quieres que me corra? Ese era Raúl, al parecer no podía aguantar más de las cabalgadas que le estaba haciendo mi novia acompañadas de la paja cubana que le había hecho a Alejandro. Julia me miró, se rió y sin dejar de mirarme le dijo: – Cariño… tú no tienes elección, Quiero cabalgarte por que me da la gana. Si no puedes más, será una pena, tendrás que dejarme preñada.

Di un salto de mi silla y fui casi corriendo hacia Julia, con la mano en la polla. Aquello ya era demasiado, superior a mis fuerzas, y no podía dar crédito.

– Julia, no puedes hacerme esto. Eso es pasarse de la raya. Sonreía, sin duda estaba disfrutando el momento. – ¿No puedes aguantar más? Entonces cállate, córrete en mis pies y déjame gozarme a tus amigos.

Me había rendido, obedecí, mi excitación era mi condena, y ella me había ganado. Me puse de rodillas, apunté con mi polla a su pie izquierdo y aceleré con excitación el ritmo de la paja. Ella seguía cabalgando a Raúl como si nada, ya me daba igual si yo me corría antes o después que mi amigo, estaba loco de ganas por correrme, la morbosa, celosa y excitante situación se habían apoderado de mí y no podía ni pensar ni razonar nada. Cuando mi polla empezó a escupir su leche y tocó el pie de mi novia, esta rió en el momento que notó el calor y la humedad del semen. Colocó un dedo bajo mi barbilla para que levantara la vista y la mirara a los ojos, sonreía muy contenta.

– No te preocupes mi amor, si tu amigo Raúl no me deja preñada ahora, tiene otra oportunidad de hacerlo mañana después de la cena. Me guiñó un ojo. Y las embestidas de Raúl ya eran más lentas pero más fuertes al tiempo que gritaba de satisfacción, sin duda se estaba corriendo dentro de ella el muy hijo de puta. Y la zorra de mi novia recibiendo toda su corrida dentro mientras gemía y reía, ahogada de triunfo y placer, sin duda había tenido otro orgasmo.

A mí ya me daba igual todo, con mi polla seguía masturbándome para terminar de eyacular todo lo que me quedaba, tenía unas enormes ganas de restregar mi semen por todo su pié, pero tenía prohibido tocar su cuerpo, pues esa noche no era de mi propiedad. Ahora que Raúl había terminado dentro de ella.

Julia frenó el ritmo, pero cabalgándolo tranquila y suavemente, asegurándose de que hasta la última gota de semen queda dentro de mi novia, mientras disfrutaba sintiendo esa polla subiendo y bajando en su coño. A Alejandro con una mano le había cogido su polla para empezar a limpiársela con su boca, mientras que con la mano libre estaba extendiéndose la leche por todo su cuerpo, como si de una crema nutritiva para la piel se tratase, empezando por sus senos, luego su cuello, sus mejillas, su barriguita… no quedó centímetro de piel sin hidratar.

En aquel momento, con mi excitación disipada, no sentía rabia, solo un poco de incomodidad, y en parte alegría, de que esta tremenda experiencia tendría que repetirla mañana a la hora de cenar.

Autor: Anarfabeztia

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