De toda la vida

Nos conocíamos desde hace bastantes años. Ella se había casado muy joven, enamorada de su marido, pero forzada por un embarazo no deseado, yo en cambio había vivido mucho más la vida, habiéndome casado mucho más tarde, después de haber disfrutado de una larga juventud, que derivaba en viajes, juergas, amistades y numerosas mujeres.

Cuando me casé, ella llevaba ya diez años de casada y mantenía un matrimonio llevadero, sin broncas, ni malos rollos, pero para una persona como yo, que tantos años me había negado a dar ese paso, y una vez decidido a hacerlo me parecía increíble que siendo todavía tan jóvenes se sintiera ya esa monotonía.

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