Salou, todo queda entre nosotros

Cuando tuve dentro aquel deseado órgano cerré las piernas para sentirlo todo dentro de mí, mientras me follaba sentía su aliento en mi espalda y su lengua jugueteando con mis orejas, hasta que empezamos a jadear más y más y posteriormente se escaparon gritos de nuestra boca.

Aquella noche de primavera el mistral no me dejaba dormir, habían conseguido desvelarme por completo los silbidos y ruidos de los árboles, primero empecé a leer y más tarde me levanté, me hice un té y puse la TV. La programación realmente se limitaba a tele-tienda y porno en sus diferentes versiones, por lo que empecé con curiosidad a ver cuerpos entrelazados, miembros y escuchar gemidos y gritos fingidos, la verdad es que sin demasiado afán, pero poco a poco el sonido virtual junto con el viento provocó una humedad creciente en mi entrepierna y mis pezones duros por el frío nocturno se erizaron más aún.

La verdad es que mis bajos instintos estaban a flor de piel y empecé a acariciarme la cara interna de los muslos, con suavidad, rozándome con las yemas y casi sin querer supe que tenía mis dedos aprisionando el clítoris entre los pliegues de mi ropa interior y me recorrió un escalofrío por todo el cuerpo.

Mi imaginación y la excitación que me embriagaba hicieron que pensara en algo más y fui a buscar el consolador a pilas que guardaba para noches como ésta, entonces simplemente presionar el botón para comprobar si funcionaba, provocó en mí una reacción de sed de penetración y me noté aún más mojada y excitada. Estaba caliente y deseaba gozar, así que semi-tumbada en el sofá del salón, fui buscando el camino entre mi ropa interior, hasta notar la textura de aquel extraño, pero esencial objeto en el interior de mi vagina. Con aquello entre las piernas empecé a emitir gemidos que se mezclaban con el viento y el sonido de las ventanas repicando contra las paredes del edificio de apartamentos donde vivía.

En pleno éxtasis cuando el orgasmo llamaba a mi puerta oí un ruido espantoso, algo como un trueno y a continuación, algunas voces de los vecinos del bloque de apartamentos de una céntrica calle de Salou en la Costa Dorada. No pude más que quedarme quieta esperando acontecimientos, al escuchar aún más voces de los vecinos, se enfrió mi libido y un poco apesadumbrada extraje mi fiel amigo de su escondite. Al cabo de unos segundos escuché el timbre, así que me puse una bata y me dispuse a abrir.

Buenas noches Angie, – era mi vecino holandés Pieter y detrás de él la anciana del 3ºB. Resulta que se ha caído la contraventana de madera del piso de esta señora debido al viento, ha quedado entre tu terraza y la mía. Si quieres lo vemos pasa, pasa – le dije. Fuimos hacia la terraza y después de abrirla, vimos la contraventana medio rota cerca de la baranda entre su apartamento y el mío, así que Pieter mi vecino holandés la desplazó hacia adentro para que no provocará un nuevo percance, después de cerrar la terraza al pasar junto al sofá, observé claramente que vio el consolador, que yo no muy discreta por mi parte lo había dejado de pie encima de la mesita del salón. Me ruboricé un poco y él se dio cuenta, así que dejó escapar un, – No te preocupes queda entre nosotros, – aunque noté que se fijó en mi cuerpo, desnudo debajo de la bata, con una mirada masculina poco discreta.

A partir de aquel momento, sentía como si hubieran violado mi intimidad y por otra parte cada vez que veía a Pieter se me humedecía la ropa interior, era algo extraño. Todo ello se lo conté a mi compañera de trabajo Alejandra una pedagoga argentina voluptuosa que me dijo que en lo único que se fijaba de Pieter era en su culo y en su paquete, que se le va a hacer, ya sabes que yo soy una salida, me dijo.

Reconozco que mis hormonas sexuales estaban aceleradas y empecé a espiar a Pieter, como si se tratara de una hembra en celo que busca su macho particular, estaba más atenta a sus movimientos y le espiaba especialmente cuando traía compañía femenina a casa, entonces me sentía enormemente celosa y era capaz de cualquier cosa. Aprovechaba cuando él salía a la terraza a fumar un pitillo para saludarle, yo acostumbraba a salir con falda y sin bragas, me encantaba sentir el aire fresco en mis labios húmedos y mientras hablaba con él de cosas banales me excitaba cada vez más.

Reconozco que para estas cosas los hombres son muy torpes, pues cuando alguna vez salía sin sostén y mis pezones se marcaban en la blusa o camiseta, él los miraba sigilosamente, pero escondía rápidamente la vista, deduje que a pesar de mis provocaciones, me tenía demasiado respeto. Una mujer ya de más de cuarenta como yo, con una posición y una personalidad parecía que le daba miedo y así era. Alejandra me decía que no me entendía, que le dijera claramente lo que quería, pero yo era demasiado orgullosa para hacerlo, prefería seguir jugando.

Un domingo por la tarde, mientras tendía la ropa, vi que se acerca con una chica rubia, parecía holandesa como él, se trataría de un familiar, su novia, un ligue, mi corazón se aceleraba… La curiosidad me embriagaba cada vez más y empecé a espiar por el balcón y escuchando en el salón a través de los delgados tabiques de los apartamentos, la realidad es que hablaban en lo que deduje que era holandés y no entendía nada. Al cabo de una hora, empecé a oír lo que eran sin duda gemidos de mujer, y salí al balcón a ver si veía algo a través de las ventanas de refilón, como buenos holandeses no se habían molestado en correr las cortinas y estaban los dos cabalgando en el sofá del salón, ella recostada con posición fetal y él le penetraba por detrás, no me hizo falta lubricarme demasiado para meterme un dedo debajo de las bragas porque estaba completamente mojada. Seguí mirando, pero llegó un momento que no puede disimular más y por pudor me metí en mi apartamento.

Ansiosa me desnudé completamente y junto al tabique en una alfombra y mientras escuchaba sus gemidos empecé a jugar con mi consolador, hasta llegar al orgasmo una y otra vez. Ellos seguían gozando y eran muy escandalosos, Pieter gritaba como un poseso, oía ruido de muebles al vaivén de las embestidas del coito y mientras a mí me dolía la vagina de masturbarme como una loca.

Cuando le contaba la escena a Alejandra, por primera vez me di cuenta de que se excitaba con mi relato y sus ojos brillaban, pero yo sabía que ella no era tan solitaria como yo en temas de sexo, era muy promiscua y siempre había llevado una vida muy azarosa en ese sentido. Incluso, a pesar de mis advertencias, más de una vez se había acostado con alguno de sus pacientes del gabinete de psicología donde ella ejercía y yo trabajaba como logopeda.

A partir de ese momento realmente deseaba tanto a Pieter, que según Alejandra se me notaba que estaba permanentemente excitada por ese macho y fue cuando mi libido estaba tan desarrollado que la provocación por mi parte llegó a su punto más álgido. Cada vez que salía a la terraza acostumbraba a salir siempre sin sostén y sin braguitas, y el siguiente paso fue mostrarle mis desnudeces poco a poco, así que salía a tender la ropa cuando él estaba fuera en la terraza y siempre le dejaba ver alguna cosita agachándome, las camisetas escotadas mostraban mis senos y me atreví a dejarle ver por unos instantes todo mi monte de Venus cuando deliberadamente un día se me cayó una prenda de ropa al suelo y por debajo de mi falda pudo observarme sin impedimento alguno. Al cabo de unos segundos de la escena vi por el volumen de sus tejanos que tenía una erección y sin demasiado pudor le miré y le sonreí maliciosamente diciéndole: – No te preocupes, esto queda entre nosotros.

El siguiente capítulo fue dejarle una nota por debajo de la puerta al día siguiente, donde le citaba de la siguiente forma, “esta noche después de cenar me tienes que ayudar para solucionar una situación, tranquilo que todo quedará entre nosotros”. Aquella tarde acabé pronto de trabajar y me fui a mi apartamento con tiempo para prepararlo todo, me depilé, me di un baño relajante, me perfumé y me estaba preparando como si fuera un capón antes de que lo asaran para una fiesta familiar. A continuación me puse un albornoz y empecé a pensar cómo organizar aquella, mi fantasía.  Recordando algún cuento infantil, pensé que le iría dejando notas por la casa y trataría de excitarlo todo lo posible, me puse manos a la obra…

Pieter llamó a la puerta discretamente, eran más de las once, llevaba un buen rato esperando y oí como pronunciaba mi nombre en la versión inglesa – “Angie”…”Angie”,- estaba todo oscuro y la puerta estaba entreabierta así que al cabo de unos segundos la abrió sigilosamente y volvió a repetir mi nombre… allí delante de la puerta había una linterna encendida y un papel escrito que quedaba iluminado, la linterna se movió y Pieter lo pudo leer.

“Buenas noches Pieter, sigue mis instrucciones y llegarás a buen puerto, te lo aseguro. Esto se trata de un juego, en primer lugar y como hace mucho calor, quítate la ropa y ponte esta bata, cuando digo toda la ropa es toda la ropa… cuando acabes se encenderá una luz ve hacia ella sin caerte.”  Yo estaba en mi habitación observando sigilosamente, en efecto empezó a quitarse la ropa, sólo verle como su cuerpo se dejaba ver entre las prendas de ropa me provocaba tal excitación que tenía que contenerme. Allí en la penumbra y desnudo completamente, Pieter se puso la bata de seda y caminó hacia la habitación de invitados donde había encendido una luz de la mesita de noche, allí encontró un sostén de encaje negro perfumado junto con un “post it” que decía: “Te has portado muy bien, así que aquí tienes un premio, yo llevo excitada toda la tarde pensando en ti, camina hacia el cuarto de baño y tendrás otra muestra de mi deseo”, Pieter caminó hacia el cuarto de baño y allí en un taburete encontró mis bragas negras empapadas y un preservativo, entonces cuando supe que se las acercada a su cara, le llamé – Pieter estoy aquí esperándote-.

Estaba sentada en la cama con una picardía totalmente transparente que dejaba ver mi cuerpo desnudo, la luz dejaba ver mis pezones endurecidos asomando por la fina prenda y una diminuta oscuridad en mi entrepierna que correspondía a mi rasurado pubis, Pieter caminó hacía la habitación y cuando me vio no pudo dejar de decirme.

– Menudo jueguecito, ¡cómo me has puesto! Tenía el pene como un palo de escoba, asomando por la bata, no pude menos que tocarle el miembro por encima de la bata y quitarle la prenda poco a poco desde su cintura, él ansioso empezó a tocarme la cintura, deslizándose hasta mis voluptuosas nalgas y rozándome con su pecho mis senos. Saltamos a la cama y nuestros cuerpos se entrelazaron, la excitación era tal que instintivamente su polla se situó cerca de mi coño rozándolo, mis labios mayores estaban ligeramente hinchados y estaba completamente mojada por mis secreciones, que menos que sentirme como una hembra en celo.

Después de sentir su olor y de percibir de nuevo su polla en mi entrepierna, no pude aguantarme y le pedí por favor que me penetrara.  Me dio la vuelta y tumbada con las piernas cerradas se colocó de forma que su pene erecto viajó desde la abertura de mi culo tuvo que dibujar un recorrido pasando cerca de mi ano y buscando la vagina, cuando la encontró, elevé un poco mis caderas y cuando tuve dentro aquel deseado órgano cerré las piernas para sentirlo todo dentro de mí, mientras me follaba sentía su aliento en mi espalda y su lengua jugueteando con mis orejas, hasta que empezamos a jadear más y más y posteriormente se escaparon gritos de nuestra boca.  Cuando me acercaba al éxtasis me sujeté a los barrotes de la cama tensé mi cuerpo abriendo las piernas y sintiendo los testículos en mi culo, mientras Pieter apretaba y aceleraba su ritmo recordando el instinto animal que todos llevamos dentro. Fue indescriptible el recorrido del placer por mi cuerpo cuando llegué a aquel electrizante orgasmo y sentía los movimientos de la polla de Pieter en el bombeo del semen que quedó atrapado en el látex.

Inmóviles nos quedamos en esa posición, hasta que fue necesaria la desconexión por un tema puramente logístico. Estaba agotada el placer me había embriagado y estaba satisfecha por momentos.

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Autor: Pere33

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