Maratón sexual con Yadira la nalgona

Todo empezó a principios del mes de noviembre de 2004 cuando Ansberto viajó en camión desde Toluca al Congreso de Imagen y pedagogía en Querétaro. Cuando llegó buscó un hotel en el centro para quedarse con una maestra que conoció en Oaxaca, ella se llamaba Rosa. Era 3 de noviembre, llegaron temprano se instalaron en el hotel de nombre Hidalgo, en una habitación doble, fueron hacia el congreso, les dieron los pormenores del evento y se dirigieron hacia los talleres.

Ya era noche como las 9 pm, él salió del cuarto del hotel con el motivo de estar en un momento de soledad, bajó y se dirigió a los sillones que se encontraban a un costado de las escaleras. Entre tanto salió de una habitación una mujer, llevaba un celular en la mano, con el cabello en desorden sujetado con un broche, suéter y pantalones de mezclilla. Ella lo observó, un profesor de telesecundaria de treinta años, tez clara, pelo negro corto, encogido por el frío y mandando mensajes de su celular, estaba sentado en el lugar que quería para esperar a que pasara el tiempo.

Ella se sentó al otro lado del sillón, él empezó a observarla se veía como una mujer llena de problemas, le comentó que hacia frio y ella contestó sin ganas de querer hablar con un tono de voz incipiente y cortante. Se presentaron y platicaron un rato, ella se llamaba Yadira, era maestra en Zacatecas. La plática fluyó, de educación pasaron a política, de política a clima y así sucesivamente. Estaban ahí sentados a dos metros de distancia.

Los jóvenes subían y bajaban, parejas se paseaban, perfumados abandonaban sus cuartos y la plática continuaba, entre enfrentamiento de ideas y pocas coincidencias, lo que a ella la retenía era la soberbia, demostrarle que tenía más elementos que él para argumentar sus afirmaciones. Entre la acalorada plática y el frío la mujer pensó en despedirse, sus manos congeladas tomaron el teléfono que estaba en el descanso, en eso llegó la propuesta “vamos a un bar te invito”, ella no lo dudó, dijo “si vamos “. Se levantó del sillón y se dirigió a su habitación diciendo “espérame regreso en un momento”.

Se puso un pantalón, sus zapatos, una blusa y una chamarra negra, retocó el maquillaje, soltó el pelo, tomó su bolsa y salió. No veía la reacción de él, -de hecho poco lo veía, él era quien la veía-, lo percibía soberbio e irónico incluso. Se dirigieron hacia la puerta de salida, entregaron las llaves al administrador mencionando que regresarían más tarde. Salieron del hotel, caminaron por las calles, llegaron a la esquina en donde se encontraba un parque con una fuente en el centro, observaron como un portal servía a decenas de pordioseros para pasar la noche.

Continuaron el rumbo, ya estaban cerrando los lugares, uno por fin los aceptó. Yadira tenía frió así que pidió un tequila, Ans, pidió lo mismo aun cuando no le gustaba. Una joven cantaba para hacer del lugar un rato agradable. Se acercó un niño para que le comprara una rosa, él le preguntó si quería una y ella contestó que no mientras metía las manos en su chamarra. La compró, la colocó a un lado de ella y le comentó “haz lo que quieras con ella, yo te la regalo”. Yadira observó el riesgo pero a fin de cuentas era sólo una rosa, no la comprometía a nada.

Él platicaba de su vida, de sus padres y todo lo que hacía, una señora se aproximó, varios ramos de rosas se posaban en sus manos y la súplica se repitió, le pidió que escogiera una, vio los colores y escogió, tomó entre sus manos las que le gustaban. Era tarde como las tres de la mañana, el tiempo de cerrar el negocio llegó, un joven les pido que se retiraran, se levantaron, él insistió en pagar la cuenta, ella bastante práctica pensó en el uso que podría darle a ese dinero. Se pusieron a caminar, el frio era inmenso y ella estaba mareada.

Con unas copas encima la fatalidad llegó, ella cayó en un hoyo, él la sujetó al vuelo, la tomó de la cintura y la besó, un beso que evidenciaba que era un hombre desesperado por besar, por sentirse amado, como una especie de aspiradora. La abrazaba por detrás, la volteaba para darle besos, la besaba con pasión, los automóviles pasaban, cruzaron la calle y un jardín, no pensaba follarla a esas alturas. Le preguntó que si la podía abrazar, ella le dijo que sí, tenía frió y de esa forma se tapaba el aire.

Llegaron al hotel, Yadira pidió su llave, Ansberto la acompañó a la habitación, uno frente al otro continuaban hablando, él no se iba y ella no daba paso atrás. La hizo voltear a ver al encargado de la recepción para que viera una estupidez y volvió a besarla, ahora en otra tónica, ella se quitó. En ese momento colocó la llave sobre la cerradura y el de la recepción los vio, él busco sus ojos y le dijo “¿que no me vas a invitar a tu habitación?, en ese momento se confundió, rió, “Ja, ja, ja, unos rosas, tres tequilas, dos besos, una caminata y 5 horas de charla valían una cogida”. Ella accedió, lo dejó entrar al cuarto, penetraron a su habitación.

Primera cogida en el cuarto de Yadira

Al cerrar la puerta la volvió a besar, ella quiso prender la luz él no la dejó porque le excita más a oscuras, se besaron apasionadamente, ella se trepó sobre él, se empezaron a desnudar, las manos de Ans recorrieron sus pechos y piernas, en una tiene una cicatriz, la empezó a desvestir, le quitó la blusa y su pantalón de mezclilla. Entre besos, abrazos y caricias, ella le quito la camisa, el pantalón y el calzón, tocaba su pecho blanco y sin bellos, su verga gruesa y poco morena, sus piernas delgadas y blancas porque no tiene mucho bello, se recostó en la cama, estaban tan ansiosos por estar desnudos.

Yadira estaba parada, él acariciaba sus senos, le tocó las grandes nalgas y la conchita, le quitó un hilo dental muy delgado, agarró su verga y se la metió, la empezó a coger, salía, entraba, le metió la verga varias veces, sentía un ardor de la cogida. Le agarró las nalgas y la estrujó contra su cuerpo, era rico era la primera vez que ella gemía. Se escuchaba el pegar de su verga con sus nalgas.

Le gustaba tanto que la llevó a la cama y se colocó encima de ella, le besó los pechos, levantó sus piernas, las colocó en sus hombros y la penetró, era entrada y salida, la posición era como de carretilla, levantando sus piernas y penetrándola, aumentaba la velocidad, cogida, cogida, cogida, entra sale, entra sale. Tocaba con todas sus fuerzas sus nalgas que lo excitó demasiado, los gemidos de ella eran fuertes. La cargaba, la pasaba de una cama a otra, y otra vez la seducción, las labios se deslizaban por sus entrepiernas, sin llegar a su pubis, su lengua jugueteaba con su clítoris, sus dedos se sumergían en su concha, su ano era suavemente acariciado, la verga se metía por momentos dentro y ella excitada de locura, la estimulo hasta el cansancio, le rogaba que se viniera y su cuerpo se desasía por su pene.

La colocó boca abajo, empezó a acariciar las nalgas, eran redondas, las besó, le colocó la verga y la empezó a penetrar. A ella le gustaba, estaba excitada, quería que lo hiciera varias veces, los huevos chocaban con sus nalgas, la abrazaba con todas sus fuerzas, quería sentirla, la penetró a la orilla de la cama y empezó a echarle la leche sobre su cuerpo, en sus nalgas, mientras le decía “hagámoslo juntos”. Cogieron como media hora, sin condón y con la luz apagada, ella se acostó y le colocó sus nalgas sobre su verga, estaban desnudos, no tenían nada de ropa, se durmieron y no les dio tiempo de extender las cobijas.

Segunda cogida

Eran las 4 de la mañana, ella estaba volteada hacia la pared sus nalgas estaban contra la verga de Ansberto, él despertó, tenía frio, al verla desnuda la empezó a seducir, sintió que era el momento de seguirla cogiendo, la abrazó y le colocó su mano sobre su conchita, le tocaba sus senos y los acariciaba, ella acepto las caricias, se volteó y empezaron a besarse, se colocó debajo de él.

Le abrió las piernas, le colocó su verga y se la metió, la penetró, lo hizo varias veces, metía y sacaba la verga de su conchita que se veía excitada y bien abierta, lista para que esa noche estuviera cogiendo sin saber que era la mejor de su de vida. Él sentía una excitación tan grande que con nadie más había sentido.

Después la colocó de perrito, era una de sus posiciones favoritas, la tomó con sus dos manos y hacía que chocaran sus nalgas con su verga, le daba palmadas porque eran muy grandes y jugosas mientras ella gritaba, era demasiada la fuerza para coger una y otra vez, fueron tantas metidas y sacadas que empezó a sentir la salida de la leche por segunda vez, esa leche que le gustó tanto se la aventó como pudo encima de sus grandes nalgas. Ansberto estaba cansado, se la cogió como 40 minutos.

Se recostaron y metieron entre la sabanas, se durmieron abrazados, ella colocándole las nalgas, él disfrutando inmenso y placentero, la noche transcurría se encontraba todo callado y durmieron para que pasara el tiempo.

Tercera cogida

Pasó como media hora antes de las 6 de la mañana, Ans la volvió a despertar, la buscaba, recorría su piel con su lengua, separó sus piernas, el sueño la vencía, su lengua recorría nuevamente el camino, su vagina lubricaba, su pene estaba erecto. Su pene se introdujo dentro de ella, su cuerpo de lado, con una pierna arriba recibía toda su fuerza y la súplica nuevamente “vente conmigo”, “lo voy a hacer”, “vamos”.

Yadira gritaba que lo hiciera cada vez más rápido, sus piernas las tenía sobre sus pechos, ella decía que la cogiera, que estaba excitada el hacerlo rápido logró que él se pusiera como toro, ya era casi el final estaba excitado que se vino por tercera ocasión, se los echó sobre el abdomen, quedaron embarrados en el ombligo, le dolía la verga. Se limpió, los papeles los depositó en el baño y otros en el cesto de basura. Duró como 20 minutos, ya eran tres cogidas en su cuarto, volvieron a dormir un rato, él ya estaba cansado de los brazos, ella le preguntó que quién lo había enseñado o donde lo había hecho, siempre le recordaba que con quien lo hacía.

Cuando eran cerca de las 7, ella se quedó a descansar, él le dijo que la esperaba en el restaurant del hotel que ahí se verían antes del Congreso, salió de su cuarto, se encontró a uno del hotel bajando de las escaleras y el de la recepción lo vio salir. Cuando Ans llegó a su cuarto, su compañera hacía ejercicios, se quedó observándolo, y él le dijo que se había quedado con unas amigas y que en su cuarto de ellas se bañó. En ese momento pensó que con Yadira había durado más que con nadie, su verga no se bajaba para nada, se sentía tan libre, se olvidaba de sus problemas, se sentía como un toro.

Desayuno

Al día siguiente antes de salir del cuarto Yadira empezó a planear como podría vengarse de la noche anterior, a ¿pero cómo? pensó “yo no cuesto tan barata, me doy a valer”. Era temprano, Ans llegó al comedor del hotel junto con su amiga llamada Rosa, estaban pidiendo cuando de repente entró esa mujer con quien había dormido entre sus brazos, parada en la puerta, se acercó a ellos, buscó lugar para sentarse. Ans le presentó a Rosa, mencionó que se iba ese día por la tarde después de recoger su reconocimiento y le hizo la invitación a Yadira para que se pasara a su habitación para economizar gastos.

Él no tenía ganas de desayunar estaba con asco hasta el tope y sólo pidió algo ligero, un café y fruta. Ella decía que se sentía mal, sólo tomó un jugo. Ans pagó el desayuno y le pidió que si la esperaban para que se fueran al Congreso, pero no accedió y dijo que los alcanzaba, Rosa le pidió que si podían comer a la salida y Yadira dijo “sí”, lo único que quería era recobrar lo que había perdido, su espacio, su libertad.

Subieron a lavarse los dientes y de allí se fueron al Congreso, fue de 9 a 2 de la tarde. Al llegar al lugar Ans se colocó en la parte de arriba, volteó hacia abajo, Yadira estaba casi en la puerta escuchando la conferencia, con un pantalón de mezclilla, amarrado el cabello, platicaba con un camarógrafo. La conferencia estaba bastante aburrida, así que la imaginación de Yadira empezó a volar, tomó la decisión de vengarse. Sin decirle nada, Yadira fue al hotel, recogió sus cosas y las cambió al cuarto de Ansberto, regresó a las conferencias y se dieron las dos, la hora de la comida.

Paso la conferencia y todo lo del congreso, él bajó rápidamente a buscarla, la esperó con Rosa y fueron a un lugar de comida corrida, los tres pidieron lo mismo. Termino la comida, al pasar por un lugar donde vendían helados él les ofreció y accedieron, siguieron caminando, Ans platicaba con Yadira sobre que pensaba de pasarse a su habitación, “mis cosas están en tu habitación”, fin de la plática, Rosa ya estaba de nuevo cerca de ellos. Pasaron por una zapatería, se quedaron mirando un rato y él le preguntó que zapatos le gustaban y ella le enseño unos.
Se acercaban las 4, llegaron al hotel, le preguntó a Rosa si ya se iba y contesto que sí que sus hijos la esperaban, entonces Yadira comentó que se llevara sus cosas, Ans le ayudó a bajarlas, le comentó que se fuera con cuidado, que se verían en el trabajo. Yadira no los acompañó, le desagradaba que la vieran caminando con Rosa, la soberbia le ganaba, sola se sentía mejor. Ans también la dejó, pudo darse cuenta que la rechazaba.

Eran como las 5, transcurrió la fatal y última conferencia, el dolor de cabeza se apoderó de Yadira. Terminó la sesión, nuevamente la puerta, ahí estaba, ahora solo, como su irrenunciable camino. Caminaron al hotel, intercambiaron pocas palabras, Ans trataba de disculparse por Rosa, por él, por todo, creo que pensaba que ella le iba a salir con una tontería.

Cuarta cogida en el cuarto de Ans

Llegaron al cuarto, (6:00) se abalanzó sobre ella, eran tantas las ganas de quererla penetrar que la llevó a la cama y se colocó encima de ella, acostada la penetró, la verga estaba tan dura que entraba y salía cuantas veces podía, ella sintió el pene que la llenaba toda pero le dijo que no, sin condón nada y le dolía la cabeza. Pidió que fuera con condón por cuidar su cuerpo y más a su moro, su esposo, a quien lo bautizaron con ese nombre.

Ans salió caminando de prisa a la farmacia, unos días antes había ido a ese lugar a comprar una aspirina sabía dónde se encontraba, mientras tanto ella se recostó y roció perfume en la habitación. Regresó más rápido de lo que ella esperaba, aun vestida intentaba dormir. Al entrar encontró un aroma a perfume que le penetro el olfato, le preguntó que era y ella dijo “perfume del que traigo te gusta”, le contestó que sí. Ella pensó que podría dominarlo, pero no fue así. Nuevamente estaba sobre ella (6:10), apenas cerró la puerta bajo su pantalón, bajó su tanga, bajó el suyo, la cargó y encajó su miembro erecto en su concha, que se contrajo ante la sorpresa, la subía y bajaba, le dijo –“déjate llevar, no tengas miedo”.

Cuando Yadira volvió a ser consciente estaba nuevamente en la cama a la orilla y Ansberto la penetraba suave e intensamente, intercalando ritmos y haciéndole perder la noción del espacio. La volteó haciéndole caricias por sus senos, chupándoselos y succionándolos como si fuera una aspiradora, le preguntó por el condón, “aquí esta póntelo”, lo desprendió de su envoltura, lo colocó y con una posición de estar acostada en la cama y levantándole sus piernas le penetró la vagina.

En posición de parada le metió la verga, ella la sintió rico porque se tocaba su vagina con sus dedos, se la abría y se la metía, estando adentro la sacaba, la metía lo más fuerte que podía, era metida y sacada metida y sacada, la posición era del perrito, empezó a tocar sus nalgas, las tetas las tomaba con delicadeza, la excitación estaba presente la observaba con cierta soberbia, ella cerraba los ojos para sentirlo adentro, él le preguntaba si le gustaba, si quería más, el olor a condón la despertaba. Sus huevos y verga chocaban contra sus grandes nalgas, una y otra vez se lo hacía, se movían tanto que les pegaba porque estaba excitado.

Ella terminó emitiendo algunos gritos y él a sacar la leche dentro del condón, así eyaculo, retiró el condón y se recostó sobre la cama, Ans le preguntó que le pasaba porque la sitió sin ganas, le contestó que le dolía la cabeza así que le dio una aspirina que tenía. Se recostaron un rato, a él no le incomodaba la desnudez de su cuerpo, a ella tampoco, pero tenía frío así que se vistió nuevamente. Solo se escuchaba el ruido de la televisión, se había dejado prendido por los ruidos que estaban haciendo, ese lapso de tiempo fue para dormir.

Quinta cogida

Paso un tiempo (7:00) ella tenía más control de la situación, lo empezó a acariciar, le toco la verga, con sus caricias él sentía como su cuerpo se empezaba a excitar, las nalgas las movía junto a su verga inmediatamente se precipitó, ella trató de hacer una pausa, le dijo que habría que grabarlo, pero él le dijo que lo hablarían en un ratito, todo siguió, movió su cuerpo con tal sutileza que recostados en la cama y dándole la espalda nuevamente Yadira sentía la verga dentro, no lo podía ver pero disfrutaba mucho.

Ans le levantaba las nalgas, las acariciaba, su verga se la metía y se la sacaba cuantas veces podía, le gustaba sentir sus nalgas grandes, era una mujer cogelona, se las movía y gemía tanto. En ese momento le retiró la verga, se la colocó cerca de su vagina, le dio unos golpes, estaba en la posición por atrás, la volteó y ella tomó su verga y se la coloco para que la penetrara, fue ahí donde Ans le metió toda su verga, ella decía que le gustaba, que estaba grande y gruesa, la eyaculación no tardó más, mordía sus labios para evitar que gritara mucho se vino encima de su vientre, no tenía condón, ella sintió rico, se estiró un momento por esa sensación de locura. Sin palabras Ans volvió a recostarse, la televisión seguía prendida solo para callar los gemidos y gritos de Yadira.

Sexta cogida

El cansancio los hacía presas, dormitaron un rato, ella caminaba por la habitación, el sol ya había desaparecido, la luz natural se fugaba y ahora “cómo diablos iba a grabar”. Ansberto despertó (9:00) y la cargó entre sus brazos, le dijo que ya no pensara tanto, y cuestionó sobre el motivo de la grabación, él le comentó que no tenía videos vírgenes que era noche y no había lugar donde comprarlos, ella le dio sus razones, pero no valieron, cuando menos acordó parada a un lado de la cama con una pierna arriba y entreabierta estaba nuevamente su pene dentro de ella.

Abrió tanto la pierna que Ans no pudo seguir penetrándola así que la colocó de perrito, le metió la verga, ella gimió, unas cuantas metidas y sacadas la hicieron volver a su excitación. Tocaba sus pechos, acariciaba su cuerpo y ella sólo recibía su fuerza, lo empezaba a percibir como todo un Don Juan con mucha experiencia en los asuntos amatorios. Ans la colocó sentada en la cama, la levantó con sus dos brazos, le acercó su verga a la conchita, la cargó con todas sus fuerza y la penetró en posición de frente, la capirucha, su verga estaba dura, varias veces entraba, ella gemía y gritaba, las entradas eran más rápidas, entraban y salían una y otra vez, los gemidos eran más fuertes, esa era la posición que más le gustó, pero Ans se cansó y la bajó. Trató de volverlo a hacer pero sólo duró un momento por el cansancio, ya era la tercera cogida en un mismo día.

Se pasaron a la cama que se encontraba junto a la pared ahí se besaron, la volvió a colocar de perrito, primero subió una pierna, después otra, ella estaba excitada, las nalgas de Yadira chocaban con los huevos de Ans, gritaba como si quisiera más, la verga entraba y salía una y otra vez, ella gritaba y gemía con todas sus fuerzas, la besaba para que se callara porque eran demasiados gemidos y finalmente eyaculo, solo que ahora se retiró el condón y se vino sobre la piel de su espalda, los sacaba con una fuerza que trataba de que le llegaran a toda tu espalda. Volvieron a acostarse un rato, era de noche.

Séptima cogida

El tiempo había transcurrido solo la televisión estaba prendida, ella lo despertó, estaba desnuda y estaban acostados sólo con la colcha, él se levantó y fue al baño. Al salir vio que ella colocaba su grabadora para grabar sus gritos, estaba pensativa, insistió en la grabación, pero ya con más rabia él se molestó, se tiró a un lado y le preguntó que pasaba, le repitió lo de la grabación, pero ahora sí se encrespó, le dijo un rotundo no, ella se enojó, discutieron ligeramente, (12:20) se cogieron con rabia, como en una especie de demostración de poder, Ans la tiró a la cama y en posición de carretilla le colocó sus piernas sobre sus hombros agarró su verga y se la metió, estaba arriba de ella, observándola con soberbia, controlando la follada.

Ella gemía, los huevos empezaron a chocar con sus nalgas, era una y otra vez, entraba y salía, solo escuchaba el chocar de las nalgas, ella volteaba demasiado hacia el lado de la pared, buscaba algo, él se dio cuenta que estaba grabando, así que no hizo nada de ruido sólo dejó que se diera su impulso de quererla coger. Él se colocó en la cama, acostado y ella se subió montada, estaba de frente y empezó a subir y le tomaba sus nalgas. Ella se bajó y se volteó dándole la espalda, la llevó entre las dos camas y estando de frente tomaba sus nalgas, le levantó una y otra pierna.

La colocó de perrito, cacheteando sus nalgas porque eran tan grandes que le excitaban, le tocaba las nalgas y ella lo hacía también, una y otra vez entraba y salía, ella gemía y gritaba, adentro afuera, adentro afuera, sólo gemía, él no hacia ningún gesto ni ruido. La televisión del cuarto estaba prendida porque se escuchaban mucho sus “rico”, “más duro”, “cógeme más” “papi” “más papi Ans”. Casi al terminar la tomó de las piernas y la levantó para hacerle la capirucha, la clavó varias veces, sentía que se quebraba su verga, gritaba y gemía, la bajó y la llevó a la cama, en medio del placer eyaculó, la leche se la aventó encima de su espalda y sintió una gran dolor que venía del estómago, eran ya cuatro. Se tiró sobre la cama era imposible seguir, descansaron por un rato.

Octava cogida

Era sábado (2:00), continuaba pasando el tiempo, ella se desnudó lo empezó a acariciar, Yadira le preguntó si quería que se lo mamara, calladamente le dijo que sí, ella lo hizo, después Ans recorrió su cuerpo con su pene, lo pasaba entre sus pechos, lo pasaba cerca de su boca mientras estaba recostada jugaba con su clítoris, su lengua acariciaba sus labios, sus dedos penetraban todo espacio posible, la excitación ahora si estaba presente, ella le pidió que lo dejara montar, se subió a la verga, él estaba acostado y le tomaba las nalgas, fue de frente y luego se las colocaba casi en la cara, ella le decía “dámelo todo, todo”, lo intentó pero su pene se dobló, se quejó, le dolió, ella se tiró a un lado y todo terminó.

Pero la hombría no lo dejó quebrar, apenas pudo reanudó el ritual, le chupó su conchita buscando su clítoris para hacerlo sentir, olían a semen y él con un dolor en el estómago, sentía vomitarse. La tomó de las piernas y la cargó, su verga estaba algo flácida, la penetró con todas sus fuerzas y una y otra vez entraba y salía, solo gemía y gritaba, era una mujer que soporto y merecía que Ans le dejara un recuerdo de la mega cogida en Querétaro, la hizo que se viniera sacó un lubricante blanco que escurría por su conchita.

Le dijo “me voy a venir” y le pidió que lo hiciera sobre ella, su rostro se descompuso, se retiró el condón lo más rápido que pudo y dejó fluir su semen. Grandes cantidades de leche bañaron su piel, se tumbó en la cama y dijo “no puedo más, acaso crees que no me canso”, y vino otra vez el dolor. Bruscamente se levantó de la cama, no podía orinar, se metió a bañar, ella se vistió, acomodó las camas y esperó a que saliera de bañar, le pidió que lo hicieran una vez más, él no quiso y le pidió que se arreglara para bajar a desayunar, ella guardó silencio, hizo todo sigilosamente, se metió al baño y salió, estaba desnuda, trató de provocarlo mientras se vestía pero nada paso, estaba decidido.

Bajaron a comer, él no quiso nada solo pidió un jugo, ella tampoco quería así que solo fue algo ligero, regresaron al cuarto, y él le pidió que salieran de compras, caminaron por las calles pensando en que tenían poco tiempo para regresar a recoger las cosas. Cruzaron el parque, en los portales había un puesto de revistas, apenas colocaban los diarios, al lado estaba la iglesia, caminaron sobre un callejón, allí Ans le tocó las nalgas, se las tocaba porque pensaba que su hembra estaba buenísima, encontraron un puesto en donde vendían playeras, él compró una azul marino y llaveros. Se retiraron del lugar, en todo el camino ella lo tocaba, acorralándolo en los rincones, haciéndolo correr, quería excitarlo en exceso para que le dijera sí a todo, él seguía tocándole las nalgas de regreso al hotel.

Ultima cogida

Eran casi las 11:00 de la mañana, se dirigieron hacia la habitación, estando ahí él se derrumbó en la cama por un instante y le preguntó “¿qué te llevas de mí?” ella dijo “nada, lo que quería no me lo diste”, él le dijo “¿pero qué te compro, qué quieres, con que me recordarás?”, ella respondió “con nada, esto termina hoy”.

Ansberto la miró y le dijo, “sabes si te vas a llevar algo de mí”, mientras le bajaba el pantalón de mezclilla, su blusa y la tanga negra, “te vas a llevar esto”, la agachó y le metió su verga, la sacudía al chocar sus nalgas, Yadira gritaba “cógeme así papi, así papi hazlo”. Ella no tenía nada sólo un cinturón amarrado a su cintura, él tocaba sus nalgas. La llevó a la cama la colocó en posición de capirucha y la volvió a coger, metiéndole la verga dura, entraba y salía, subida y bajada, ella sentía como la verga erecta llenaba todos sus huecos, sus brazos sujetaban sus nalgas y subían y bajaban al ritmo de su cuerpo, la tiró en la cama, la sujetaba suavemente mientras que su verga entraba y salía con gran fuerza. Se vino encima de ella y le aventó la poca leche que le quedaba. Ella limpio su piel con papel del baño y los colocó en el cesto pero él los tiró por el retrete.

Comprendieron que todo había terminado en el Congreso de Imagen y pedagogía de Querétaro. Se vistieron, Yadira arregló su maquillaje y acomodó su pelo, se encargaba de las rosas y sus pertenencias más pequeñas, él cargó todas las cosas, pagó el cuarto del hotel y la cuenta del restaurante, salieron, pararon y abordaron un taxi, el taxista hablaba mal de las mujeres a ella eso no me importaba. Ya era sábado (12:00).
Llegaron a la Terminal, él bajó todas las maletas y pagó el taxi, el taxista gritó a lo lejos, “señorita, se le olvida su ramo, que va a pensar su novio”, todos los voltearon a ver, a ella le dio un poco de pena, tomó el ramo que él le había dado y se metió al edificio. Él espero a que ella comprara su boleto a Zacatecas, después fue él, casualmente no había salidas sino hasta después de que ella se fuera. Esperaron en la misma sala, él pidió precaución, que cuidará los detalles, que buscará estrategias para no delatarse.

Se dirigieron al autobús cargando las maletas, él le pidió que se quedara, le dijo que se esperara para el domingo, le pedía que se fuera con él, ella no quiso quería ir a ver a su esposo. A unos instantes de viajar se dieron los últimos besos, estaban sentados, él se preguntaba “¿porque no se va conmigo?”. La hora se acercaba, él se veía triste, no quería que se fuera, cinco minutos para la salida, Ans “adiós, recuérdame”, ella, “claro te recordaré”, él “¿pero me llamarás?” Subió sus cosas al autobús, ella no volvió la mirada más a él.

Aun no salía el autobús cuando ella recibió su primer mensaje, “¿Qué te llevas de mí?”, intercambiaron algunos mensajes mientras que salía el autobús, más ninguna de las respuestas de ella le complacían, era como si la estuviera forzando a decirle que lo quería. Y ahí quedó una historia que destapó más dudas que respuestas. Ella se lo cogió y cada vez que él le escribía era para decirle que se siente solo, que la quisiera junto a él, y ella lo escucha, lo percibe, quisiera ayudarle a sentirse mejor.

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