Amigos íntimos

Cuando la sintió entrar tan de golpe se estremeció dejando escapar un quejido gutural y me miró entre asustada y sorprendida, lo que me enardeció más de lo que ya estaba, se agarró a mí como una lapa, con brazos y piernas y juntó su boca con la mía. Yo correspondí a su abrazo rodeándola con mis brazos bajo su espalda, y a su beso comiéndole la boca y la lengua como si me fuera la vida en ello.

Un viernes por la noche nos encontrábamos mi novia Beatriz y yo en casa de Antonio y Laura, otra pareja de novios amigos nuestros. La velada se iba animando a medida que tomábamos copas. La botella de escocés que habíamos abierto tenía ya más aire que whisky; poco antes, durante la cena, habíamos vaciado otra de Rioja, así que estábamos ya los cuatro bastante alegres, como otras veces había ocurrido cuando nos reuníamos en casa de ellos o en la nuestra. El plan siempre era parecido: algo de comer, unas copas, unas risas, conversación distendida y poco más, hasta que nos entraba sueño y nos despedíamos marchándose a casa los que estuvieran de visita. Como digo, parecía una reunión igual que tantas otras, pero esa noche ocurrió algo que cambió por completo los acontecimientos y de paso la relación que hasta entonces teníamos con esta pareja de amigos.

Estábamos jugando al parchís, y cuando terminamos la primera partida Antonio dijo que así no tenía gracia el juego. Los demás le miramos extrañados sin entender a qué se refería. Continuó diciendo que para darle más emoción y más interés podríamos jugar al parchís pero con prendas. Los tres soltamos una carcajada suponiendo que era otra de sus bromas, pero él, con una sonrisa pícara, insistió en que hablaba completamente en serio y, a modo de reto, nos dijo que si no nos atrevíamos o nos daba corte lo comprendería, pero que a él le parecía una idea magnífica y mucho más divertido que jugar sin otro aliciente que comer fichas. Entre nosotros había mucha confianza, pero nunca nos habíamos planteado jugar a algo así, por lo que la proposición de Antonio nos sorprendió bastante.

Sin embargo a mí me producía mucho morbo la idea y también influía el alcohol que llevaba encima. El caso es que pensé “¿por qué no?,” y dije que estaba de acuerdo. Las chicas nos miraban incrédulas y algo escandalizadas, pero no podían evitar unas risitas sospechosas; parecía que la idea no les desagradaba del todo. Les insistimos un poco quitándole importancia al asunto, pues a fin de cuentas éramos amigos íntimos y no había nada de malo en pasar un rato divertido jugando a algo nuevo. Finalmente aceptaron, con la condición impuesta por Beatriz de dejarlo si la cosa se desmadraba más de la cuenta. Y así fue como empezamos una nueva partida, bien distinta a la anterior.

Las reglas eran simples: quien perdiera ficha tenía que quitarse una prenda delante de los demás, y la partida terminaría cuando quedaran sin ropa todos menos uno, que sería el ganador, aunque implícitamente dábamos por hecho que antes de llegar a ese punto alguien se echaría atrás y el juego acabaría.

Lo primero que hacíamos todos conforme íbamos perdiendo ficha era descalzarnos, pero como era verano y llevábamos poca ropa enseguida hubo que pasar a otras prendas más interesantes. Laura fue la primera víctima, y tuvo que quitarse la camiseta, mostrando sus magníficos pechos cubiertos por un precioso sujetador blanco semitransparente que le daba un toque de lo más erótico. Luego perdí yo y repetí la operación quitándome la camisa. El siguiente fue Antonio, que al perder dos veces seguidas tuvo que desprenderse sucesivamente de la camiseta y el pantalón, quedando en calzoncillos, que eran tipo tanga y le marcaban un paquete más que notable. Mientras se despojaba del pantalón pude notar como mi novia no perdía detalle y le miraba la entrepierna mordiéndose el labio inferior. Precisamente fue Beatriz la que perdió después, y se quitó la blusa dejándonos ver sus estupendas tetas que parecían apuntarnos desafiantes desde dentro de un sugerente sostén negro.

Al cabo de un rato estábamos los cuatro sólo con la ropa interior, y suponía que alguna de las chicas, considerando que el juego ya había llegado todo lo lejos que aconsejaba la prudencia, pondría fin a la partida y todo terminaría en ese momento, pero lo cierto es que nadie decía nada y los cuatro seguíamos tirando los dados y moviendo fichas en silencio. En el fondo yo deseaba continuar, y creo que los demás también porque ninguno hizo nada por parar aquello.

Entonces le comí una ficha Beatriz. Ella puso cara de susto y se tapó los ojos como no queriendo ver la jugada, mientras le entraba la risa nerviosa. Se notaba que le daba mucho corte quitarse el sujetador, pero supongo que no quería ser ella quien estropeara la función, porque después de pensarlo unos segundos, sorprendiéndonos a todos, se levantó del sofá y procedió a quitarse el sujetador, enseñándonos sus tetas con los pezones duros como piedras, lo que delataba su excitación. Entre aplausos y silbidos, y colorada como un tomate, volvió a su sitio continuando la partida. Después perdió nuevamente Antonio, el cual ni corto ni perezoso se puso en pie y se quitó el calzoncillo mostrando una polla de tamaño considerable y en semierección.

Habíamos traspasado el punto sin retorno, ya no había vuelta atrás. Seguimos jugando y Laura perdió otras dos veces seguidas, viéndose obligada a desnudarse completamente delante de todos. Tenía un cuerpo estupendo y llevaba el coño totalmente depilado, detalle que ya se adivinaba a través de sus bragas transparentes y que ahora la hacía parecer aún más desnuda. También era evidente lo excitada que estaba, pues se le notaba un brillo de humedad entre los labios vaginales. Después de desnudarse dio lentamente un giro completo para enseñarnos la parte posterior de su cuerpo, que no desmerecía en nada a la parte delantera, y regresó a su sitio dejándonos boquiabiertos, sobre todo a mí.

El juego estaba caliente de verdad. Pero el remate fue cuando Beatriz volvió a perder y tuvo que quitarse también las braguitas. Mi novia lleva el vello del pubis y la vagina bastante recortado, cosa que pareció agradar a nuestros anfitriones, especialmente a Antonio, que observaba el espectáculo sin pestañear. Y digo espectáculo porque Beatriz, para darle más morbo al asunto, se dio media vuelta mientras se bajaba las bragas, y después de quitárselas se inclinó hacia delante, separando las piernas ligeramente y ofreciéndonos una vista irresistible de su culo y su sexo, a dos metros escasos de nosotros. También pudimos notar que tenía la raja muy mojada. A Antonio se le salían los ojos de las órbitas viendo a Beatriz de esa guisa, y yo tenía la polla a punto de reventar el calzoncillo. No contenta con esto, mi novia acercó una mano a su entrepierna, y en un rápido pero certero movimiento recorrió toda su raja con el dedo medio. Luego se volvió hacia nosotros y mirándonos con descaro se metió el dedo en la boca y lo chupó un par de veces. Se acercó a mí, me dio un beso en los labios y sin decir una palabra volvió a sentarse, pero lo hizo flexionando una pierna y colocándola debajo de su culo, de manera que le podíamos ver perfectamente el monte de venus y el coñito.

El juego en teoría había terminado, siendo precisamente yo el ganador, pero los cuatro sabíamos sin necesidad de decirlo que ninguno quería terminar aún. El ambiente se podía cortar con un cuchillo; nuestras caras eran la viva imagen de la lujuria, y nos mirábamos sin hablar como esperando a que alguien tomara una determinación. Entonces Laura rompió el silencio y dijo mirándome a mí:

-Alex, es una lástima que hayas ganado tú porque nos hemos quedado con las ganas de verte en pelotas-. Aquello era una provocación, y mi novia se encargó de echar más leña al fuego: -Sí, cariño, eres el único que no se ha desnudado. Anda, sé bueno y enséñanos eso que escondes ahí.

Yo había ganado la partida y tenía derecho a negarme, pero la excusa resultaba de lo más infantil según estaba el ambiente. Además, qué diablos, lo estaba deseando. Incluso me sentía un poco incómodo con mis ridículos calzoncillos verdes mientras los demás estaban desnudos. Pero especialmente me excitaba que Laura me viera en bolas. Ya iba a acceder sin más a la petición de las chicas y quitarme la prenda que me quedaba, cuando se me ocurrió una idea mejor. En otras circunstancias jamás se me hubiera pasado por la mente proponer algo así; de hecho me preocupaba el rumbo que podían tomar las cosas si los demás aceptaban, pero pudo más la excitación del momento y, después de pensarlo un poco, finalmente dije:

-De acuerdo, yo me desnudo, pero con una condición: que sigamos jugando…

Casi no me creía lo que yo mismo acababa de decir. Era como si una fuerza interior hubiese hablado por mí. Laura, que parecía la más interesada en mi propuesta, preguntó cómo haríamos para seguir si ya no quedaban prendas que quitarnos, a lo que yo respondí que cada vez que uno perdiera debería obedecer un mandato que le pondría quien le hubiese comido la ficha.

-Pero ¿qué clase de mandatos?-, preguntó Antonio haciéndose el ingenuo.-De la clase que todos estáis pensando-, contesté, y añadí: -Si no os gusta la idea, nos vestimos y damos por concluido el juego. Como vosotros queráis…

Laura dijo que a ella le parecía bien; su novio también estuvo de acuerdo; Beatriz se quedó pensativa un instante, como sopesando las posibilidades que ofrecía aquello, y finalmente aceptó también. Así pues, me levanté del sofá, me bajé los calzoncillos y sin más ceremonia los lancé con un pie hacia mis espectadores, cayendo en las manos de mi novia que haciéndome un guiño se pasó la prenda por la cara y los pechos. Luego me acaricié la polla mirando hacia las chicas y volví al sofá para reanudar aquella alucinante partida de parchís.

Con mi ocurrencia la situación había dado un giro de 180 grados. Lo que empezó como un simple juego de prendas, más o menos atrevido pero inocente hasta cierto punto, llevaba trazas de convertirse en una orgía si nadie lo paraba, cosa que ninguno parecía dispuesto a hacer; antes al contrario, se notaba bien a las claras que los cuatro deseábamos continuar con todas las consecuencias.

Empezamos a jugar de nuevo, todos desnudos y a cuál más caliente. Beatriz le comió una ficha a Laura, y sin vacilar le ordenó:

-Agarra la polla de Antonio y mastúrbale durante cinco minutos.

Sin duda mi chica había entendido perfectamente a qué me refería cuando expliqué las nuevas reglas del juego. Laura se sentó junto a su novio y empezó a hacerle una paja al tiempo que le pasaba la lengua por las tetillas y le acariciaba los huevos con la otra mano, mientras Beatriz y yo observábamos atentamente la operación. Antonio gemía de placer, cada vez más excitado, pues hay que reconocer que su novia sabía hacer una paja como manda el reglamento. Sujetaba la polla de su hombre firmemente aunque sin apretarla demasiado y movía la mano con una cadencia lenta al principio pero acelerando progresivamente. Pasaron los cinco minutos y Beatriz mandó a Laura detenerse justo a tiempo de evitar que Antonio le llenara la mano de semen.

El pobre se quedó al borde mismo del orgasmo, con la polla palpitando en el aire y el glande impregnado de líquido preseminal. Era un poema su cara de frustración por no haber podido correrse cuando estaba ya en puertas. Incluso hizo ademán de terminar el trabajo con su propia mano, pero resistió el impulso, pensando quizás que le venía bien reservar fuerzas y que pronto tendría ocasión de resarcirse con algo mucho mejor que una simple paja.

Volvimos a la partida. El siguiente en perder ficha fui yo, a manos de Antonio. Supuse que me pondría un mandato sencillo, como masturbarme o hacerle algo a mi novia, pero él tenía otros planes:

-Quiero que le comas el coño y el culo a Laura y no pares hasta que se corra en tu boca.

Uf…, eso sí que era jugar fuerte. Demasiado, pensé, para lo poco sorprendida que parecía Laura. De hecho en aquel momento vi claro algo que venía sospechando desde hacía rato: seguramente ellos habían planeado todo el juego con antelación. El tanga de Antonio y el espectacular conjunto de lencería de Laura no parecían lo más habitual para pasar una tranquila velada en casa, ni desde luego conjuntaban mucho con la ropa cómoda y algo usada que ambos se habían quitado poco antes. Tal vez querían tener con nosotros una experiencia de sexo en grupo o un intercambio de parejas, y al no atreverse a proponerlo directamente pensaron en crear una situación propicia con la excusa del parchís y las prendas, para ver si Beatriz y yo entrábamos en el juego.

Sea como fuere, me alegré de la feliz idea que habían tenido nuestros amigos, sobre todo ante la perspectiva de disfrutar del apetecible cuerpo de Laura, por orden expresa de su novio. Se me hacía la boca agua de pensarlo, y ella me miraba con cara de gata en celo. Antonio concretó el mandato diciendo que debía cumplirlo tumbado boca arriba en la alfombra y con su chica arrodillada sobre mi cara y mirando en sentido contrario a mi cuerpo. Laura trajo un edredón grande y lo extendió sobre la alfombra, luego nos situamos en la posición indicada y, sujetándola por la cintura, comencé a comerme la depilada entrepierna de Laurita, que no podía estar más húmeda.

El aroma a hembra caliente que emanaba me trastornó los sentidos. Su rajita destilaba líquidos en abundancia, y yo los saboreaba con gran deleite. Sin prisa pero sin pausa fui pasándole los labios y la lengua por todas partes. Le recorría lentamente el pubis, las ingles, los labios de la vagina, que ya estaban hinchados por la excitación, el clítoris, la raja del coño, metiendo mi lengua tan profundamente como podía, y de vez en cuando dirigía mis chupadas a su agujerito posterior, llenándoselo bien de saliva y de sus propios flujos, lo que sin duda le encantaba, a juzgar por sus espasmos y gemidos de placer. Yo estaba loco de excitación.

Deseaba a esa mujer con todas mis fuerzas, quería tumbarla allí mismo sin esperar más y follármela como un animal salvaje hasta reventar, pero había que acatar las reglas y dejar que el juego transcurriera según lo convenido. Después de un buen rato devorando a placer el coño y el culo de Laura, me dediqué a estimular su clítoris con lengüetazos rápidos e intensos. Eso fue demasiado para ella, pues a los pocos segundos empezó a gemir más fuerte y a agitarse, hasta que le sobrevino un orgasmo tremendo que la dejó exhausta y a mí con la cara inundada de su néctar, desde la nariz hasta la barbilla, y una calentura insoportable. Pero se suponía que estaba cumpliendo un castigo, de modo que, resignado, salí de entre las piernas de Laura que me miraba con agradecimiento por el placer que acababa de darle, me incorporé y regresé a mi sitio.

A continuación tuve una jugada de suerte. Primero le comí una ficha a mi novia, pero fue con un seis, y al volver a tirar le comí otra a Laura. Se me ocurrió ponerles un mandato que sólo de imaginarlo me ponía a cien, pero no creía que ellas aceptaran. Aún así, teniendo en cuenta cómo estaban las cosas, decidí probar suerte, ya que no tenía nada que perder intentándolo. Dirigiéndome a Beatriz, dije:

-Quiero que le hagas una mamada a Antonio mientras Laura te come el coño a ti. Terminaréis cuando uno de los dos llegue al orgasmo.

Estaba convencido de que se negarían a cumplir ese mandato, y ya empezaba a pensar en otro menos osado cuando Laura se puso en pie muy decidida y dijo mirando a mi novia con cara de vicio:

-Vale, vamos a hacerlo. ¿Por qué no? Beatriz nos miró incrédula, pero se notaba que le daba mucho morbo, de hecho aceptó sin poner objeciones. Seguramente aquello le parecía la revancha perfecta después de verme a mí haciéndole un trabajito de lengua a Laura delante de ella. Hasta donde yo sabía, ninguna de las dos había tenido nunca una relación lésbica, sin embargo parecieron tomarlo con bastante naturalidad.

Antonio se tumbó en la alfombra, mi chica se puso a gatas mirando hacia él y Laura se tumbó boca arriba a continuación de Beatriz y metiendo la cabeza entre sus piernas. Era lo más salvaje que yo había presenciado nunca. Mi novia comenzó a dar lametones a todo lo largo de la verga de Antonio, que pronto reaccionó poniéndose dura como un palo. A ratos le pasaba la lengua por los huevos y se los metía en la boca, provocando en Antonio profundos gemidos, que aumentaron cuando mi chica le cogió la polla y se la introdujo en la boca, primero la punta y luego, poco a poco, toda entera hasta tocar con la barbilla en sus huevos, y empezó a subir y bajar chupando aquel rabo como sólo ella sabe hacerlo. Mientras, en la retaguardia, Laura no perdía el tiempo y se aplicaba con entusiasmo a lamer y chupetear el ardiente sexo de mi novia, haciendo toda clase de ruidos y chapoteos, y con una maestría que cualquiera hubiera jurado que llevaba toda la vida comiendo coños. De paso, al tener las manos libres, aprovechó para acariciar con la izquierda las tetas de Beatriz y darse placer a sí misma con la derecha, frotándose el clítoris y metiéndose los dedos en la vagina.

Ni que decir tiene que yo, con semejante escena, me estaba poniendo otra vez como un toro. El anterior encuentro con la almeja de Laura me había dejado encendido, pero ver a mi Bea tragándose entero el rabo de Antonio mientras su amiga le devoraba el chocho y se masturbaba era más de lo que yo podía resistir. Como espectador disfrutaba al máximo, qué duda cabe, pero necesitaba participar urgentemente, ya no aguantaba más la calentura. Decidí que era hora de dejar a un lado el parchís y ponernos de una vez a follar los cuatro como leones. Me arrodillé entre las piernas de Laura, le aparté la mano del coño y a la vez que me llevaba sus dedos a la boca le puse la picha en la entrada de su cuevecita, que otra vez estaba empapada de flujo vaginal, y empecé a restregarle el glande por toda la raja.

Ella me recibió con ganas. Era evidente que necesitaba imperiosamente sentir dentro una polla, así que me rodeó con sus piernas y se llevó las manos al chocho para separarse los labios vaginales invitándome a que la penetrara. Yo obedecí encantado. Primero le introduje sólo la punta y se la volví a sacar; así unas cuantas veces, hasta que de repente se la metí entera de un empujón, provocándole una sacudida que la dejó inmóvil durante unos instantes. Luego inicié un mete-saca profundo, lentamente al principio para sentir bien y hacerle sentir a ella el húmedo contacto de nuestros sexos, y luego fui acelerando poco a poco mis acometidas.

El culito de mi novia a pocos centímetros de mi cara era toda una provocación, por lo que me incliné hacia delante y, ayudando a Laura, me dediqué junto a ella a la dulce tarea de comernos a medias el coñito y el trasero de Beatriz. Ésta, al notar que había dos bocas y dos lenguas trabajando su entrepierna, dejó por un momento el pene que estaba chupando y miró hacia atrás. Supongo que vernos a Laura y a mí follando como posesos al tiempo que nos la comíamos a ella debió de ser la gota que colmó el vaso de su excitación, porque en ese mismo momento empezó a correrse con una intensidad como pocas veces la había visto. Sus gritos de placer debieron despertar a los vecinos. Al final, cayó sobre el cuerpo de Antonio, quien la atrajo hacia sí, instándola a cabalgar sobre su polla. Beatriz no se hizo rogar.

Tan pronto como recuperó el aliento, se abrió de piernas sobre la verga de Antonio, la apuntó en la entrada de su coño y se la clavó hasta que sus nalgas se posaron en los testículos de su afortunado amigo, que se disponía a gozar de un polvo memorable. Al verlos, Laura y yo aceleramos nuestro erótico vaivén. Al poco noté que me acercaba al clímax y se lo anuncié a Laura; ella me dijo entre suspiros de placer que no parara, pues ella también estaba a punto. Continué penetrándola con fuerza hasta que empecé a correrme derramando toda mi leche en el interior de la vagina de Laura, que al instante se vino también en un orgasmo sensacional, a la vez que se abrazaba a mí y me besaba con gran pasión.

Mientras descansábamos de nuestro polvo, Laurita y yo observamos a nuestras respectivas parejas follando como si se acabara el mundo. La polla de Antonio entraba y salía del chocho de mi Bea a una velocidad de vértigo y ella se derretía de placer. Era cuestión de segundos que explotaran, y efectivamente, los dos se corrieron con ganas y quedaron abrazados durante un rato, mientras aquella verga salía poco a poco del sexo de mi novia, inundado por el semen de su improvisado amante.
Después de aquello el cansancio nos venció y nos quedamos dormidos los cuatro juntos sobre el edredón en medio de la sala.

II

La luz del sol me despertó a la mañana siguiente con una sensación extraña. Mis pensamientos se debatían entre el remordimiento por lo que había hecho y los deseos de repetirlo; entre la lujuria más salvaje y la punzada de los celos. Mucha gente fantasea con aventuras de sexo compartido e intercambios de pareja, pero para aquellos que nunca hayan ido más allá de la mera fantasía, creedme que no es lo mismo imaginar a tu novia follando con otro que verla haciéndolo de verdad delante de ti. Casi todos, en alguna medida, tenemos asumida respecto a nuestra pareja una cierta idea de posesión recíproca o al menos de exclusividad sexual, y os aseguro que un intercambio, sobre todo si se realiza en presencia unos de otros, no es tan fácil como parece al leerlo en un relato. Cuando todo ha terminado y se apaga la pasión y el desenfreno del momento (y, admitámoslo, cuando desaparecen los efectos del alcohol), le asaltan a uno toda clase de dudas.

Te das cuenta de que muchos de los valores y principios que creías inamovibles se han derrumbado o como mínimo se tambalean. Te replanteas seriamente el significado de tu relación de pareja, te cuestionas si de verdad amas a tu novia o ella sólo es para ti poco más que un objeto de placer, y por supuesto te preguntas cuáles son sus verdaderos sentimientos hacia ti. Todas esas consideraciones me hacía yo mientras percibía a escasos centímetros el incitante olor y el calorcillo de la entrepierna de Laura, lo cual, además de terminar de despertarme, he de admitir que vino a desvanecer casi todas mis dudas y alivió notablemente mis remordimientos. Decidí que por el momento era mejor no atormentarse y esperar a ver cómo se desarrollaban los acontecimientos.

Por lo pronto, la escena que formábamos los cuatro acostados y desnudos sobre la alfombra, entre un montón de cojines, era como para despertar la libido de una estatua. Mi novia estaba hecha un ovillo, acurrucada sobre el pecho de Antonio, que descansaba boca arriba. Laura, también boca arriba y situada detrás de Beatriz, tenía una mano en la cintura de ésta y la otra en mi cabeza, que reposaba entre sus muslos ligeramente separados. Ante tal espectáculo no pude contener una erección inmediata, sin embargo preferí quedarme quieto hasta que los demás se despertaran, pues los tres parecían dormir plácidamente.

Al cabo de un rato mi chica se incorporó y yo hice lo mismo. Me dio un beso de buenos días, me acarició levemente la verga haciéndome un guiño y sin decir nada se fue al aseo. Yo me quedé sentado en el sofá y enseguida se despertaron también Antonio y Laura. Se abrazaron y besaron tiernamente, me dieron los buenos días y sin más se fueron juntos al otro cuarto de baño que hay al lado de su dormitorio.

Después de ducharnos y desayunar, salimos a dar un paseo para despejarnos y de paso hablar un poco de lo ocurrido, pues todos estábamos algo abrumados por la situación. Nuestros amigos confesaron que, en efecto, el juego de las prendas y en cierto modo lo que vino después, lo habían planeado antes de invitarnos a su casa. De hecho nos dijeron que fantaseaban desde hacía tiempo con la idea de tener una experiencia erótica con nosotros y finalmente se animaron a intentar ponerla en práctica de alguna manera, aunque los resultados superaron ampliamente sus expectativas iniciales.

En principio pensaron en algo como un striptease, o tal vez algún juego de caricias y besos entre parejas, para terminar haciendo el amor cada uno con la suya delante de los otros, pero sin llegar necesariamente al intercambio. Primero porque, aunque esa posibilidad les excitaba mucho, no sabían si llegado el momento serían capaces de hacerlo, y segundo porque ni siquiera tenían claro que nosotros quisiéramos tomar parte en esa clase de juegos. Temían ofendernos y poner en peligro nuestra amistad si nos lo planteaban abiertamente, y concluyeron que, para evitar situaciones desagradables, lo más aconsejable era ir poco a poco, crear un ambiente que invitara a iniciar el juego y al tiempo pareciera casual, espontáneo, algo no premeditado. La opción del parchís y las prendas resultaba muy conveniente: si nosotros aceptábamos, el primer paso estaba dado y a partir de ahí podríamos llegar hasta donde quisiéramos los cuatro. Y si no aceptábamos o reaccionábamos mal, siempre podrían salir del paso diciendo que todo fue una broma.

Por nuestra parte, Beatriz y yo también teníamos fantasías parecidas, aunque sólo hablábamos de ello algunas veces mientras hacíamos el amor con el propósito de excitarnos, pero sin personalizar en nadie y mucho menos en Antonio y Laura. Sin embargo, en el fondo yo sí pensaba en ellos. Así lo reconocí y Beatriz confesó que también fantaseaba con nuestros amigos. Los dos admitimos que cuando Antonio sugirió lo de las prendas la idea nos excitó tanto como a ellos, y sólo nos preocupaba que nuestra amistad o nuestras respectivas relaciones de pareja salieran mal paradas si el juego llegaba demasiado lejos.

El juego llegó tan lejos como habéis leído más arriba, y aún avanzó mucho más, pues los cuatro, una vez hechas las aclaraciones pertinentes, decidimos continuar esa misma tarde. Todos deseábamos seguir explorando el territorio que acabábamos de descubrir, y esos deseos eran más fuertes que los temores que aún teníamos. Pensamos que sería buena idea proseguir con nuestras aventuras sirviéndonos del juego ya conocido del parchís y los “castigos” de contenido sexual. Para ello nos comprometimos a obedecer sin excepción todos los mandatos que se nos impusieran, siempre que no entrañasen dolor físico ni resultaran ofensivos o humillantes. Beatriz y yo invitamos a comer a Laura y Antonio en un restaurante cercano, y desde allí nos fuimos a nuestra casa para reanudar los juegos.

Ya en casa, serví unas copas y puse algo de música mientras las chicas iban al aseo para retocarse el maquillaje y, supongo, para hablar con intimidad. Regresaron al rato y los cuatro nos acomodamos en el sofá y los sillones a charlar tranquilamente en espera de acontecimientos. Media hora y un par de copas después, en vista de que nadie se decidía a romper el hielo, Beatriz se levantó del sillón, sacó el tablero de parchís de un cajón y lo puso en la mesita; luego fue a buscar un edredón y, extendiéndolo sobre la alfombra, dijo:

-Juguemos…

Los tres nos miramos con una media sonrisa que lo decía todo, luego nos quedamos viendo a mi novia, que seguía de pie con los brazos en jarras, y soltamos una sonora carcajada. Como no era cuestión de repetir entero todo el ritual de las prendas, decidimos empezar la partida vestidos sólo con la ropa interior, no tanto porque a esas alturas tuviéramos el menor problema en comenzarla desnudos, sino más bien para darles a las chicas una pequeña ventaja inicial, y también, puesto que no había ninguna prisa, para disfrutar el siempre estimulante espectáculo de vernos unos a otros despojarnos de ella.

Al cabo de unas cuantas tiradas sólo faltaban por desaparecer las braguitas tanga de Laura, que disfrutaba como una chiquilla de esa momentánea victoria. Luego ésta le ganó otra ficha a mi novia, quien, al no tener más prendas que quitarse, debía pagar con una penitencia. Beatriz respiró hondo esperando el mandato con ansiedad. Laura se quedó pensativa un momento, y dijo:

-El castigo que te pongo es… que mi novio te depile la entrepierna, siempre que él esté de acuerdo, claro. ¿Tú qué dices, nene?- Y, claro, qué iba a decir el “nene”… pues que sí, naturalmente.

Beatriz hizo un poco de teatro. Fingía no querer someterse al castigo, pero todos nos dábamos cuenta de lo excitada que estaba. En alguna ocasión se lo había hecho yo y puedo asegurar que se pone a cien. Y más cuando luego le doy el “visto bueno” al trabajo comiéndomela hasta que se derrite literalmente en mi boca. Después de hacerse rogar y protestar un poco, Bea se tumbó en el edredón dispuesta soportar la “penitencia”. Entretanto fui al baño a buscar una maquinilla de las que usa ella para esos menesteres, junto con un bote de espuma de afeitar, un barreñito pequeño con agua templada, una esponja, una toalla y una crema hidratante. Le entregué a Antonio todo el instrumental y me senté a ver la operación de rasurado de mi novia. Antonio le abrió las piernas completamente y humedeció toda la zona con agua, empleando sus propias manos. Luego le echó una buena cantidad de espuma y la extendió por el pubis y la vagina. Cogió la cuchilla y comenzó a afeitarle el pubis y las ingles hasta que no quedó ni un solo pelo. A continuación y con mucho cuidado repitió el mismo tratamiento en los labios mayores.

Para evitar herirla con la cuchilla, le estiraba la piel sujetando los labios y poniendo los dedos casi en la entrada de la vulva, que debido a la postura se mostraba abierta como una flor y empapada de flujo vaginal. Cuando terminó por los dos lados, mojó la esponja y retiró los restos de espuma que quedaban. Luego la secó con la toalla y le aplicó la crema hidratante dándole un suave masaje en toda la entrepierna. A esas alturas Beatriz se encontraba en pleno éxtasis y movía las caderas adelante y atrás como si la estuvieran penetrando. Antonio captó el mensaje y, ya sin disimulos, se puso a masturbarla en toda regla. Restregaba los dedos mojándolos en el chorreante coño de Bea y a la vez le frotaba el clítoris. Mi novia se estremecía moviendo todo su cuerpo y aullando de placer. En pocos segundos anunció a gritos:

-¡Me corroo!-, y acto seguido se vio sacudida por un violento orgasmo que casi la hace desmayarse. Los demás nos excitamos hasta límites insospechados y nos entraron unas ganas enormes de seguir jugando. Esperamos a que Beatriz se recuperara y volvimos al tablero de parchís para continuar la partida. Transcurrieron varias tiras sin que nadie perdiera, hasta que mi novia me comió una ficha y al contar veinte hizo lo propio con otra de Antonio. Entonces saltó alborozada en su asiento, miró a Laura con cara de perversa y ésta le respondió con un guiño de complicidad, sonriendo satisfecha. Era obvio que tramaban algo, por lo que empecé a preocuparme, al igual que Antonio que las miraba sin decir nada pero con cara de susto.

-Muy bien, chicos, ésta es la jugada que Laura y yo estábamos esperando-, dijo mi novia corroborando nuestras sospechas sobre una conspiración femenina, y continuó: -Como los dos habéis perdido simultáneamente, vais a cumplir vuestras penalizaciones, por así decirlo, en equipo. Uno de los dos masturbará al otro y, a continuación, el que fue masturbado le hará al primero una mamada. Cada castigo durará cinco minutos, pero si alguno de los dos siente que se va a correr, avisará al otro para que se detenga el tiempo necesario y continúe luego hasta completar los minutos que le falten. Para decidir quién de los dos masturba y quién chupa, lanzaréis un dado cada uno y hará la mamada el que saque la tirada más baja.

Antonio y yo escuchábamos a mi novia sin terminar de creer lo que decía y moviendo enérgicamente la cabeza y el dedo índice en señal de negación. Nos levantamos del sofá diciendo que de ninguna manera íbamos a cumplir semejante mandato. Les ofrecimos hacer cualquier cosa, salir desnudos al balcón, bañarnos en pelotas en una fuente pública o lo que quisieran, excepto eso. Pero ellas, ya en abierta alianza, se mantenían firmes. Alegaron, con toda la razón, que la noche anterior ellas habían realizado sin protestar el numerito lésbico que yo les mandé. Insistieron diciendo que por la mañana se acordó llevar adelante nuestros juegos sin restricciones, lo cual también era cierto.

Para qué engañarse, no teníamos ninguna defensa. Los argumentos de las chicas eran inatacables y lo sabíamos. Nosotros sólo podíamos negarnos a cumplir el castigo sin más justificación que el mero hecho de que no nos apetecía. Era innegable que, tanto Antonio como yo, habíamos aceptado las reglas y en ellas nunca se excluyó el sexo entre hombres. Si no estábamos dispuestos a ello, debimos haberlo advertido en su momento. En mi caso debo reconocer que pensé en ese particular cuando se habló de las reglas a seguir, pero no quise mencionarlo: confiaba en que a nadie se le ocurriera introducir mandatos de esa clase y, además, no quería arriesgarme a que las chicas se negaran también a tener sexo entre ellas, lo cual habría sido una lástima pues me excitaba enormemente. Beatriz y Laura amenazaban ya con abandonar los juegos para siempre si persistíamos en nuestra negativa. Y para demostrar que hablaban en serio, empezaron a vestirse.

-Chicos, es lo justo. Nosotras ya lo hicimos ayer y bien que lo disfrutasteis, ¿no es cierto? Bueno, pues ahora deseamos veros a vosotros haciendo algo parecido-, señaló Laura mientras se abrochaba la falda. -Lo hemos hablado Beatriz y yo hace un rato y las dos tenemos esa fantasía; nos da mucho morbo y nos excita una barbaridad la idea. Venga, no seáis tontos, si sólo es un juego. No vais a dejar de ser hombres por hacerlo. ¿Es que nos vais a negar ese capricho? Después de hablar Laura se hizo un silencio tenso e incómodo. Las chicas observaban desafiantes y Antonio y yo nos mirábamos como si fuéramos víctimas propiciatorias dispuestas para el sacrificio. Estábamos vencidos y lo sabíamos. Si no hacíamos lo que nos pedían, todo terminaría ahí, y ésa era una opción que no nos gustaba a ninguno.

Lo pensé despacio y llegué a la conclusión de que, aunque no me agradaba hacerlo, tampoco era tan grave darle unas cuantas sacudidas con la mano a la polla de Antonio. Lo de la mamada se me hacía inconcebible, pero las posibilidades de librarme eran del cincuenta por ciento. Así que finalmente acepté, confiando en el azar. Y supongo que Antonio se hizo las mismas cuentas, pues también decidió arriesgarse.

Contuve la respiración y crucé los dedos mientras lanzaba el dado a la mesa. Salió un 3. Ya me veía chupando la polla de Antonio, aunque él tampoco parecía tenerlas todas consigo. Tiró el dado y sacó un 2. No pude evitar un resoplido de alivio. Miré a Antonio como pidiéndole disculpas y, encogiéndome de hombros, le dije:

-Lo siento, amigo, esto me hace tan poca gracia como a ti, pero se han empeñado estas dos arpías y no hay más remedio que complacerlas. -Vale, vale, déjalo…, mejor no digas nada-, respondió Antonio avergonzado.

Beatriz tomó otra vez el mando de las operaciones, indicando que debíamos cumplir la penitencia sobre el edredón y que el primero en actuar sería yo, masturbando a Antonio. Así que éste se recostó con las piernas extendidas y apoyándose en los codos, y yo me situé a su derecha. Tenía el miembro totalmente flácido, y yo pensé que su estado no cambiaría por más que yo lo estimulara con mi mano, de manera que me planteé hacerlo sin el menor entusiasmo, más bien de un modo mecánico. Beatriz me mandó empezar mientras ponía en marcha el cronómetro. Tragué saliva y me dispuse a sostener en mi mano por primera vez una verga que no era la mía. Se la cogí tímidamente y empecé a mover la mano despacio. La sensación era extraña, pero no desagradable. Además, me consolaba pensando que eso era una tontería comparado con lo que más tarde le esperaba a él. Al cabo de un minuto, como aquello no se enderezaba, Laura me pidió que le diera más ritmo y más arte a mis movimientos. “Házselo como te gusta que te lo hagan a ti”, fueron sus palabras exactas.

Obedecí de mala gana. Aumenté el ritmo y la presión de mi mano, y el cambio surtió efecto, pues la polla de Antonio comenzó a cobrar vida entre mis dedos. No sabría decir si eso me satisfizo o me avergonzó más de lo que estaba, pero lo cierto es que al poco rato Antonio tenía una erección completa y su respiración evidenciaba que estaba empezando a excitarse.

-Vaya, vaya, eso está mucho mejor-, dijo Beatriz entusiasmada. Las chicas, que de nuevo estaban desnudas, se relamían viendo la escena y acariciaban sus cuerpos dando rienda suelta a sus instintos. Pero lo peor fue cuando noté que mi polla también empezaba a ponerse dura sin remedio. Intenté dejar la mente en blanco pero era inútil. Me estaba excitando, y cuanto más hacía por evitarlo, mayor era mi erección. Laura se percató de ello y le dijo a mi novia en voz alta:

-¿Qué te parece, Beatriz? Tanto protestar hace un momento y mira ahora cómo están los dos. Apuesto a que si les mandas parar no te obedecen.

Concluyeron los cinco minutos y por suerte Antonio logró aguantar sin correrse, aunque después me confesó que no hubiera resistido ni veinte segundos más. Ahora venía la parte más difícil, sobre todo para Antonio. Aquí podría deciros que la situación me molestaba o me producía rechazo, pero mentiría. La verdad es que, por más embarazosa que fuera la idea de que me la chupara un hombre, sentía una extraña excitación que ni yo mismo podía entender. Tenía la verga dura como una barra de acero y sólo deseaba que Antonio cumpliera su castigo. Pero eso no era todo: Antonio exhibía una polla tan tiesa o más que la mía y, viendo su cara, costaba trabajo creer que aquello le desagradara, sino más bien lo contrario. Nadie hablaba, ni siquiera las chicas, que ahora nos observaban con una expectación morbosa. Acaso dudaban que Antonio fuera capaz de cumplir su delicada misión y preferían no ponérselo más difícil con sus comentarios jocosos. O quizá la calentura que las invadía no les dejaba articular palabra.

Me senté en la misma posición que antes había adoptado Antonio y separé las piernas para dejarle espacio. Entonces él se arrodilló delante de mí y observó mi tranca, que para entonces no sólo estaba increíblemente erecta sino que ya empezaba a expulsar por la punta una gruesa gota de líquido transparente. Antonio parecía haber entrado en una suerte de trance hipnótico. Se inclinó lentamente atrapando mi polla con su mano derecha. Lo que hizo a continuación nos dejó a todos estupefactos. Comenzó a presionarla con los dedos desde la base hasta la cabeza, provocando que saliera un reguero de líquido transparente por el orificio de mi amoratado glande. Entonces acercó su boca y le dio varias pasadas con la lengua hasta dejarlo limpio.

No me había recuperado de la impresión cuando vi mi verga desaparecer entre los labios de Antonio, que la engulló hasta donde pudo de un bocado y la retuvo un instante dentro de su boca presionando el tronco con los labios. Volvió a sacarla lentamente pero manteniendo la presión, y cuando sólo le quedaba dentro la punta sentí la caricia de su lengua recorriendo por todas partes la cabeza de mi polla. Repitió la misma operación al menos cinco o seis veces, pero con una lentitud que me permitía sentir plenamente cada uno de sus movimientos y me hacía delirar de placer, aunque intentaba disimularlo a duras penas. Antonio se sacó mi verga de la boca y procedió a pasarle la lengua varias veces, como si fuera un helado. Luego me la inclinó hacia atrás y se entretuvo un rato chupando mis testículos y metiéndoselos en la boca, para volver después a mi polla.

A esas alturas ya no me importaba si aquello me lo hacía un hombre, una mujer o un extraterrestre, sólo podía pensar que me estaban dando una mamada de película. Era claro que mi amigo, por la razón que fuera, se había propuesto hacerme gozar al máximo, y casi me parecía una descortesía permanecer impasible y rígido en lugar de exteriorizar el placer que estaba sintiendo, así que me relajé y empecé a gemir y a mover la pelvis al compás de las chupadas de Antonio, el cual, ya lanzado, subía y bajaba cada vez más a prisa a lo largo de mi verga, metiéndosela hasta la garganta en cada movimiento. Cuando faltaba poco más de un minuto para cumplirse los cinco, sentí que me acercaba peligrosamente al orgasmo y se lo avisé a Antonio antes de que fuera demasiado tarde:

-Antonio, no sigas que me voy a correr-, le dije entre jadeos de placer. Aminoró un poco la velocidad de sus chupadas y pensé que se iba a parar, pero en vez de eso continuó subiendo y bajando lentamente. Con ello evitó que me corriera, sin embargo consiguió mantenerme estable en ese punto inmediatamente previo al orgasmo.

Las chicas no daban crédito a lo que veían. Se levantaron del sofá y se sentaron junto a nosotros para no perder detalle del increíble espectáculo que les estábamos brindando. Yo no sabía cuál era el propósito de Antonio, pues volví a pedirle que lo dejara y él siguió a lo suyo como si no me oyera. Comprendí que estaba decidido a terminar el trabajo. Efectivamente, me sujetó de las caderas y continuó chupando despacio pero presionando mi verga con los labios cada vez más fuerte. En vista de ello, incapaz ya de oponer más resistencia, me dejé ir y en pocos segundos llegué al orgasmo vaciándome en la boca de Antonio, que siguió mamando hasta el final. Cuando notó que había terminado de correrme, sacó lentamente mi polla de su boca manteniendo dentro todo el semen recibido, que era abundante.

Se incorporó, se volvió hacia Beatriz que estaba a su derecha mirándolo alucinada, la sujetó por la nuca, acercó su boca a la de ella y le dejó caer toda mi leche entre los labios. Mi novia recibió la descarga reteniéndola a su vez en la boca y se puso a lamer la lengua y los labios de Antonio, llevándose las últimas gotas de mi semen y de su saliva. A continuación tragó una parte de lo que tenía en la boca y luego se inclinó hacia mí para compartir conmigo lo que quedaba, dándome un morreo tan húmedo y caliente que consiguió excitarme otra vez.

De nuevo nos quedamos los cuatro en silencio, supongo que cada uno trataba de asimilar lo ocurrido. No es fácil describir lo que pensaba y sentía yo en aquel momento. Soy persona de mente abierta y nunca he tenido prejuicios en lo tocante al sexo, y aunque por la imaginación de uno pueden pasar y pasan toda suerte de situaciones, incluso algunas realmente fuertes, puedo asegurar que nunca me había planteado seriamente la posibilidad de participar en algo como lo que acababa de suceder, porque sencillamente no me atrae.

Tengo muy claro que soy heterosexual, pero no es menos cierto que acababa de recibir una de las mejores mamadas que recuerdo, y me las han hecho muy buenas. Cuando Antonio comenzó a chupármela yo estaba tenso e incómodo; mi mente rechazaba aquello y no conseguía disfrutar. Pero al rato decidí relajarme y tomarlo como lo que era: una experiencia nueva, uno más de nuestros juegos. Me concentré únicamente en mi propio placer y me dejé llevar por las sensaciones que estaba experimentando, lo que me permitió gozar de un excelente trabajo oral.

Pero entonces, ¿por qué me sentía así? ¿Qué era lo que me preocupaba? Enseguida lo comprendí. Nuestras aventuras apenas estaban empezando, y si Antonio me había hecho semejante homenaje, no es difícil suponer que muy pronto alguien me mandaría a mí corresponderle del mismo modo. Y cuando llegara esa ocasión, que llegaría sin duda, ¿con qué cara iba yo a negarme? De todos modos procuré apartar de mi pensamiento esas preocupaciones, ya decidiría lo que fuese en el momento oportuno. Entretanto, Laura rompió el espeso silencio que reinaba en la habitación:

-Joder, tíos, es lo más morboso y salvaje que he visto en los días de mi vida. Me habéis puesto más caliente que un volcán. -Pues no te cuento cómo estoy yo, querida-, dijo Bea-. Me he mojado hasta los muslos viendo el espectáculo que nos han dado estos chicos. Vamos a seguir jugando, a ver si tengo suerte y consigo que alguien me alivie pronto esta calentura.

Así, pues, regresamos al tablero de parchís para continuar la partida. Sin embargo, a pesar de haber 16 fichas en circulación, transcurrió más de media hora sin que nadie se comiera ninguna. Por fin la suerte cayó de mi lado y le comí una ficha a mi novia. Mi mandato fue el siguiente:

-Quiero que le comas la entrepierna a Laura hasta que se corra en tu boca, y luego, si ella no se opone, la besarás durante dos minutos para darle a probar su propia miel.

Sabía que estaba jugando con fuego pero realmente me apetecía ver a las chicas en acción y de paso cobrarme una pequeña venganza por la jugada anterior, aunque faltaba por ver si Laura accedía al beso lésbico que les estaba proponiendo. Por el momento ninguna de las dos dijo una palabra, se limitaron a tumbarse sobre el edredón, Laura boca arriba con las piernas muy abiertas y Beatriz delante de ella mirando a su coño. A una indicación mía, mi chica se inclinó sobre el sexo de Laura y empezó a darle suaves y delicadas pasadas con la lengua por los alrededores de la vulva. La afortunada se incorporó apoyándose en los codos para observar lo que ocurría entre sus piernas, y por la expresión de su rostro parecía disfrutar mucho con ello. No era para menos, porque Bea se aplicaba a la faena con gran dedicación.

Tras lamerle repetidamente las ingles, el interior de los muslos y el pubis, empezó a pasar la lengua por los labios externos, hasta que consideró que era el momento de atacar sin contemplaciones el objetivo e incrustó su boca en el sexo de su amiga, que para entonces era un lago de flujo vaginal. Mantuvo un rato los labios pegados al coño de Laura, chupando la raja a conciencia y metiendo toda la lengua en su interior. Después, aprovechando que su compañera levantaba la pelvis acompasadamente, Bea colocó las manos bajo sus nalgas, se las separó y le atacó el otro agujerito. Laura se retorcía de gusto; las caricias de mi novia la estaban enloqueciendo y sin duda la llevarían al orgasmo en muy poco tiempo.

Así ocurrió en cuanto sintió la lengua de Beatriz paseando por su clítoris. Empezó a convulsionarse y a gritar mientras se corría con toda su alma. Pero cuando el orgasmo de Laura comenzó a apagarse, mi novia volvió al ataque lamiendo su botoncito del placer y logró que enseguida encadenara otro más. A todo esto mi polla se puso dura de nuevo, y qué decir de Antonio, que aún no se había corrido en toda la tarde: tenía la verga a punto de estallar y se la acariciaba mientras miraba a las chicas completamente encendido por la lujuria.

Beatriz se separó por fin de la almeja de su amiga y nos miró visiblemente excitada. Tenía la boca, la barbilla y las mejillas impregnadas de líquido vaginal y saliva. Sin necesidad de decir nada estaba pidiendo a gritos que la follaran, pero aún no era su turno. Comenzó a gatear sobre el cuerpo de Laura y acercó su boca a la de ésta para cumplir la segunda parte de mi mandato. Antonio y yo pudimos deleitarnos viendo cómo nuestras novias se fundían en un tórrido beso de lengua, abrazándose y acariciándose mutuamente. Se lamían una a otra los labios, jugaban con sus lenguas e intercambiaban saliva y el jugo sexual de la propia Laura. Fue algo espectacular y caliente a más no poder, pero sólo tenía que durar dos minutos, transcurridos los cuales se separaron y se quedaron mirándonos con cara de viciosas. Antonio y yo no pudimos menos que ponernos en pie y prorrumpir en aplausos y silbidos de admiración.

Decidimos hacer un receso, pues los cuatro, por diversas razones, necesitábamos ir al aseo y también nos apetecía comer algo para reponer fuerzas. Luego volvimos a la mesa y esta vez no tardó mucho en llegar la acción. Mi novia me comió una ficha y se puso de pie muy contenta y sonriente. Pero su sonrisa era maliciosa. Me temía lo peor.

-Bueno, ahora vamos a montar un numerito excitante y morboso de verdad-, dijo Bea, y añadió dirigiéndose a Antonio y Laura: -, aunque hará falta vuestra inestimable colaboración para realizarlo. Ya sé que sólo ha perdido Alex, pero si no participáis vosotros no se puede hacer. Es una escena para cuatro actores que se me ocurrió antes mientras me comía el coño de Laura.

Miedo me daban las ocurrencias de mi chica, dados los precedentes, sobre todo en ese momento, pues parecía haberse apoderado de ella la lujuria más perversa. Se la veía desatada, dispuesta a lo que fuera con tal de gozar al máximo. Mis peores sospechas se confirmaron cuando nos explicó en qué consistía la escena:

-Tú, Alex, debes tumbarte boca arriba; Laura se pondrá encima de ti en la posición del 69, con su sexo en tu boca pero dejando libre tu polla, porque la necesito para mí, je, je, je… Yo me sentaré sobre ti clavándome tu verga en el coño y, a su vez, Antonio se situará detrás de Laura para penetrarla. Y ahora viene lo interesante. Por un lado, Laurita me dará placer con la lengua desde mis tetas hasta mi clítoris; yo me sacaré tu polla de vez en cuando para dársela a probar bien mojadita en mis jugos. Y por el otro lado, Antonio meterá la suya alternativamente en el sexo de su chica y en tu boca, pudiendo correrse donde él prefiera. Cuando tú estés cerca del orgasmo me darás una palmadita en el culo, entonces yo me la sacaré y se la pasaré a Laura para que ella te haga acabar y se trague toda tu leche. ¿Qué, os parece bien?

Esa pregunta, obviamente, no iba para mí sino sólo para nuestros amigos, pues yo no tenía elección. Para mi desgracia, los que podían elegir decidieron prestarse a al capricho de mi novia y a mí no me quedó más remedio que aceptar lo inevitable. No se puede negar que la escena propuesta por Bea era excitante y salvaje como pocas, algo digno de una película de porno duro, pero comprenderéis que yo hubiera cambiado ligeramente la posición de los actores, y entenderéis también que a mí todo aquel invento no me hacía ninguna gracia. Sin embargo, quizá por el morbo de la situación o por la excitación acumulada, la realidad es que estaba ya muy caliente; tenía la verga totalmente erecta y deseaba que las chicas me la trabajaran a modo, y me motivaba especialmente saber que Laura me la iba a mamar hasta el orgasmo y luego se tragaría todo mi semen. Era la única compensación que podía encontrar al embarazoso papel que me tocaba desempeñar.

Me tumbé en el edredón y Laura se colocó a cuatro patas sobre mí como había dicho mi novia. De nuevo tenía el suave y cálido sexo de Laura a mi alcance, pero esta vez no tardaría en acompañarnos un visitante que no me era nada grato. Traté de no pensar en ello y concentrarme únicamente en disfrutar. Mientras Bea y Antonio se situaban en sus lugares correspondientes, aproveché el momento para hundir mi boca y mi lengua en la deliciosa raja de aquella chica que cada vez me gustaba más, al tiempo que ella hacía lo propio metiéndose en la boca y chupando con verdadera pasión mi excitadísima verga. Quizá la situación no invitaba a consideraciones de esa especie, pero en aquel instante me di cuenta de que Laura empezaba a atraerme de verdad.

Estuve tentado de pedirles a Bea y Antonio que nos dejaran solos un rato para entregarnos por entero el uno al otro en la intimidad, pues eso era lo que más me apetecía, pero obviamente no era el momento. Me sacaron de mis cavilaciones, por un lado las manos de mi novia arrebatándole a Laura su golosina e introduciéndola en su coño de una sentada, y por otro la visión de la polla de Antonio acercándose peligrosamente. De inmediato me aparté del coño de su chica para cederle el sitio y él lo ocupó de un solo empujón, penetrándola sin dificultad gracias a lo mojadísima que estaba, lo cual me permitió tener un primerísimo plano de la follada de ambos.

Beatriz empezó a cabalgar lentamente sobre mi verga presionándola con su vagina (sabe que eso me encanta) mientras su amiga, ligeramente incorporada, le comía las tetas. Después Laura se volvió a inclinar, metió la cara entre las piernas de Bea y sentí sus labios y su lengua jugando con el clítoris de mi chica, aprovechando para lamer también el tronco de mi polla cada vez que quedaba al descubierto. Quise devolverle el favor, así que acerqué mi lengua y le lamí el pubis y el clítoris durante un rato. Entonces ocurrió lo que tenía que ocurrir. Mi novia se sacó mi polla del coño para ofrecérsela a Laura, que se la tragó hasta la campanilla, y Antonio, al ver la jugada, se decidió a imitarla: sacó lentamente la verga de su cálido alojamiento y me la puso en los labios. Estaba durísima y totalmente impregnada de la miel del sexo de Laura.

No quise pensarlo más, pues la cosa era inevitable, de modo que cerré los ojos, abrí la boca y le dejé paso a la verga de Antonio. Él empujó lentamente hasta que la tuvo casi entera dentro de mi boca. Tenía, lógicamente, todo el sabor de su novia, por lo que no me importó tanto chuparla y degustarla. Al mismo tiempo sentía la boca de Laura haciendo maravillas en mi polla y decidí repetir exactamente sus mismos movimientos en la de Antonio. Si ella me pasaba la lengua por el glande, yo hacía otro tanto; si ella me la chupaba adentro y afuera, yo también se la chupaba igual a Antonio. Así estuvimos unos minutos hasta que Beatriz se apoderó nuevamente de mi rabo y se ensartó en él para seguir gozando a todo galope. Antonio, que parecía estar muy próximo a correrse, imitó de nuevo la acción que se desarrollaba ante él y sacando su polla de mi boca volvió a clavarla en la vagina de Laura.

La primera en acabar fue mi novia. Se dejó caer sobre mi verga y con ella bien clavada comenzó a balancearse presionando su clítoris contra mi pelvis, hasta que alcanzó un fabuloso orgasmo entre gritos de placer que Laura intentaba ahogar sin mucho éxito besándola en la boca. Acto seguido Antonio anunció que le llegaba su turno. Yo estaba preparado para apartarme en caso de que intentara correrse en mi boca, pero no fue necesario. Tal vez porque no se atrevió a devolverme la moneda o tal vez porque simplemente le apetecía más eyacular dentro de su chica, cosa muy comprensible (yo hubiera hecho lo mismo), la cuestión es que empezó a acelerar el ritmo de sus embestidas y a gemir fuertemente mientras se vaciaba con gran placer en el ardiente y enrojecido coño de Laura, cayendo luego en el edredón completamente agotado.

Ella aún no había logrado correrse pero estaba cerca, y en esas circunstancias sólo había un modo de que lo hiciera. Puse mi boca en su sexo y volví a lamerlo sin importarme ya lo que hubiera en él. Notaba el semen de Antonio escurriendo por su abertura mezclado con los propios jugos de la chica, pero continué comiéndome ese coño chorreante.

Cuando llevaba haciéndolo unos diez minutos, en vista de que aquello ya no bastaba para hacerla llegar al clímax, decidí saltarme el guión. Agarré a la chica por las caderas, la volteé y me giré para invertir nuestras posiciones, por lo que quedé sobre ella cara a cara. Nos miramos un instante sin hablar; Laura tenía el rostro encendido, sus preciosos ojos me pedían que la follara y me lo reiteró abriendo las piernas cuanto pudo y empujando mi trasero con las manos en busca del contacto íntimo, que era justamente lo que yo deseaba. La penetré sin contemplaciones, con furia. Como ya he dicho, su coño era una catarata de líquidos sexuales, así que no parecía probable que le hiciera daño al meterle mi verga bruscamente.

Aun así, cuando la sintió entrar tan de golpe se estremeció dejando escapar un quejido gutural y me miró entre asustada y sorprendida, lo que me enardeció más de lo que ya estaba. Entonces se agarró a mí como una lapa, con brazos y piernas y juntó su boca con la mía. Yo correspondí a su abrazo rodeándola también con mis brazos bajo su espalda, y a su beso comiéndole la boca y la lengua como si me fuera la vida en ello.

El contacto de nuestros cuerpos era máximo, pues mi verga permanecía completamente alojada en su coño hasta tropezar con la matriz. Una vez acoplados, empecé a moverme lentamente, sacando la polla hasta la mitad y volviendo a meterla entera, pero después de unas cuantas acometidas aumenté la velocidad hasta el máximo. Mi polla era ya como un pistón subiendo y bajando a un ritmo enloquecido. Repentinamente, Laura tuvo un orgasmo, pero yo no me detuve, quería que tuviera al menos otro y seguí empujando todas mis fuerzas. Por suerte no tardó mucho en correrse de nuevo, pues yo ya estaba casi al límite de mi resistencia física. Laura quedó entre mis brazos, temblando de placer. Permanecimos un instante así, quietos y abrazados, y luego yo me incorporé sacando mi polla de su sexo y quedé arrodillado frente a ella. Entonces Laura se dio la vuelta hacia mí, acercó la cara a mi verga y, mirándome a los ojos, se la metió entera en la boca.

En ese momento volví a tomar conciencia de que no estábamos solos. Giré la cabeza y vi a Antonio y a Bea que nos observaban atónitos desde el sofá. Me concentré de nuevo en las atenciones que Laura le dedicaba a mi polla, que eran ciertamente exquisitas. Me la chupaba con ansia, la metía en su boca hasta casi atragantarse, luego la sacaba lentamente y la succionaba como si quisiera exprimirla. Una de las veces se la sacó de la boca y me dijo:

-Dame tu leche, Alex, quiero que me llenes la boca de semen y bebérmelo todo hasta dejarte seco.

Y eso hizo exactamente. Yo estaba a punto de venirme y con sus palabras no hizo falta mucho más. Volvió a tragársela y a succionarla con toda su alma, y en pocos instantes me derramé completamente en su boquita. Ella, al notarlo, siguió chupando aún más deprisa sin parar de succionar hasta la última gota. Cuando terminó su trabajo se incorporó quedando en la misma posición que yo y casi pegada a mí, luego abrió la boca para que viera mi semen dentro de ella, la volvió a cerrar y se lo tragó todo. Finalmente la abracé y nos dimos un interminable beso. Fue uno de los mejores y más calientes polvos que he disfrutado en mi vida, y la mamada de Laura me proporcionó un orgasmo sencillamente bestial. Así se lo dije cuando nuestras bocas y lenguas se separaron.

Con esto dimos por terminado aquel encuentro, nos duchamos, nos vestimos y nuestros amigos se despidieron hasta una nueva ocasión. Desde entonces nuestra relación ha cambiado completamente. Siempre que podemos nos reunimos los cuatro y, por lo general, terminamos haciendo locuras parecidas a las que acabo de contar, pero que prefiero dejar para próximos relatos. Por ahora, espero que éste haya sido de vuestro agrado.

Besos y hasta pronto.

Autor: Alex

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Antonio del Mar II

En un arranque de algo que supongo fue lujuria, Antonio se abalanzó sobre mí, abrazándome y tumbándome boca abajo en el colchón, como me había pedido antes que lo hiciera. Ya estando en esta posición me dejaba sentir, justo como la noche anterior, la firmeza de su tersa y bronceada piel pegada a la mía, y de nuevo para coronar la situación, su pene humedecido por mí entre mis nalgas.

Desperté. No debían ser las 7, pues la mañana era aún toda de azul Lo supe después de asomarme hacia la ventana y descubrir por primera vez cuán grande era la vista que tenía. Más no estaba en la mejor disposición para apreciarla. Me levanté de la cama con la intención de darme un baño, y acto seguido sentí cierta viscosidad en el trasero. Lo recordé todo; y si Antonio también lo recordaba definitivamente no era buena idea cruzarme en su camino. No fuera a ser que me tildara de pervertido delante de todos. No era en absoluto su estilo, pero los sentimientos de culpa me hacían pensar que no titubearía en hacerlo.

Me quité mi única prenda y… ¡maldición! olvidé que justo en la puerta del baño el espejo me acosaba. Lo ignoré y entré a la regadera lo más pronto que pude. Siempre he sido acomplejado respecto a mi cuerpo (a pesar de que, siendo honesto, bastantes personas me han elogiado en este aspecto), pero en esa ocasión no sentí sino vergüenza de mí mismo. Abrí ambas llaves completamente en un intento por hacer que el agua lavara mis pensamientos.

Le di la espalda al torrente que caía sobre mí, para que lavara también mi culito, y me llevé los dedos a la zona para asegurarme de que el agua tibia llegara bien a ella. Instintivamente me froté la superficie del ano con el dedo índice enjabonado muy lentamente y me sorprendió lo adormecido que lo sentía.

Con un poco de presión fui dejando que se hundiera hasta casi la mitad. Mi “interior” aún estaba ardiendo por la fricción que le había aplicado aquel rígido miembro. No me permití pensar en ello para no volver a caer en la mezcla de sentimientos tan agotadora que había tenido la noche anterior, y saqué de inmediato mi dedo de mí para encontrarlo cubierto de un líquido que tenía una pinta a medio camino entre la saliva y el semen… ¡Qué raro era todo aquello!

Me apresuré a terminar y salí con la toalla sobre los hombros para decidir que ropa iba a ponerme. Nada me convencía. Me decepcionó pensar en el tiempo y la ilusión con la que había escogido todo lo que iba a vestir, y la falta de ganas que tenía de hacerlo. Me vería igual de mal de igual forma, así que no lo medité demasiado y me saqué una playera naranja, un “short” que me quedaba algo grande y el mismo par de sandalias que había usado antes. Dejé caer la toalla de mis hombros y me vestí de la cintura hacia abajo. Incómodo de nuevo, me acerqué al espejo para constatar que me veía al menos de forma aceptable para salir de mi cuarto. Pero me encontré con una marca inesperada en mi hombro izquierdo. Al acercarme al espejo quedó claro: un chupetón muy poco discreto. Si me quitaba la camiseta iba a ser muy difícil ocultarlo, y más todavía explicar cómo llegó ahí.

Decidí que no iba a entrar al mar ese día para evitar preguntas incómodas. Salí de la habitación a las 8:30. Excepto Antonio, todos habían despertado y podía escuchar sus conversaciones y cómo hacían el desayuno allá abajo. Y de nuevo,  mi curiosidad me llevó a donde estaba él. Dormido, tal como lo había encontrado hacía unas cuantas horas, con la pequeña gran diferencia de que esta vez no se olvidó de cubrirse bien las partes de su cuerpo que ojalá no hubiera visto nunca. Cerré la puerta muy angustiado. Aún no sabía si él iba a recordar que habíamos tenido sexo, y si al final era así, existía la posibilidad de que su memoria omitiera el acto forzado y sólo le mostrara el momento en el que lo toqué contra su voluntad.

Bajé las escaleras y di los días a todos. Me ofrecieron desayuno, y acepté, sentándome en la mesa al lado de Andrés.

-Que tarde te levantaste Memín -dijo éste, sabiendo lo mucho que odio que me llamen así. -De hecho me desperté antes de las 7, pero no había salido de mi cuarto… -¿Qué tanto hacías pues? No sé si era una paranoia mía, pero noté un tono acusador en su cuestionamiento… ¿estaba acaso Andrés enterado de algo?

-Ya sabes… me tardo mucho en escoger que ponerme. -se me ocurrió decir. -Pero no creo que te tardaras una hora y media en escoger eso que traes ¿no será que te la estabas jalando? -se burló. -Por si no lo has notado hay una mujer presente -aseveró el padre, refiriéndose a su nuera- y es una vergüenza que… -¡Dos! -lo interrumpió su esposa indignada.

Todos nos echamos a reír en ese momento olvidándonos de lo que había dicho Andrés, aunque a la madre de los hermanos no parecía causarle ninguna gracia. Mas estuve a punto de atragantarme cuando vi que Antonio ya se había levantado y venía escalones abajo. Traía unos bóxers holgados y una camisa interior blanca. Se le veía, como casi siempre, contento, así que solté un poco el cuerpo, ya que esto podía significar que al írsele la borrachera, se le iría también todo lo que hizo cuando la traía encima.

-Buenos días -dijo con esa gravísima voz que me ponía loco. -Buenos días ¿qué tal la cruda? -preguntó su padre serio.-Bien -le respondió mientras jalaba la silla junto a su novia- la verdad ni la siento. -Espero que no por eso te pienses poner así hoy también, amor -dijo Bere en un tono aniñado.-No, hoy no guapa.-Bien -habló la madre, quizás celosa por la forma en que su primer hijo se dejaba tratar por una mujer tan poco conocida para ella- el último en sentarse lava los trastes ¿está bien, Toño?

Dentro de nada todos se habían levantado de la mesa. Y siendo nosotros dos los últimos en sentarnos, quedamos solos en la mesa. Mis nervios comenzaron a atacarme nuevamente.

-Que lástima que nos durmiéramos tan temprano anoche. -comentó. -¿Anoche?  ¡Ah! sí, sí.  -balbuceé. Se hacía más evidente que no lo recordaba.- Pero lo bueno es que nos quedan suficientes días para disfrutarlo.-Sí, tienes razón. Sería bueno que tú y yo saliéramos hoy en la noche para reponer el tiempo perdido ¿no?-Emm… pues sí, me agradaría. -dije haciendo un esfuerzo para no saltar de la felicidad.

En mi ingenuidad, aquella invitación significaría que todo seguiría como siempre. Que aún era el hermano menor “extraviado” de Antonio, y nada de lo que pasara iba a cambiarlo. En mi alegría le dije que yo iba a lavar los trastes que su mamá le había encargado, así él podía ir a alistarse para que saliéramos pronto a la playa. No del todo convencido aceptó y se retiró dándome las gracias.

Ese día transcurrió de la misma forma que el anterior. Olvidé completamente el detalle del chupete que “Tony” me había hecho en mi hombro y me quité la camiseta apenas salimos de la casa. Pero con alguien tan bromista como Andrés a mi lado era imposible que no lo recordara inmediatamente.
-Que buen chupetón te cargas, jajaja ¿quién te hizo eso? -se burló al tiempo que yo me preocupaba por haberme puesto en evidencia tan tontamente. -Esto… la verdad no me acuerdo pero ya hace rato que lo tengo. -dije muy tenso.-¿Cómo no te vas a acordar? ¡Toñooo! -llamó a su hermano, mientras yo me moría pensando que eso podía desatar la ola de recuerdos supuestamente reprimidos- ¿le crees que no se acuerde de quien le dejó eso?

Antonio se acercó a observar con ojos incrédulos y sonrió de esa forma que sólo él es capaz:

-Ya estamos mejorando ¿no? -dijo en tono jocoso, a modo de “felicitación”. -Supongo que sí, jeje… -contesté aliviado de nuevo, y un tanto ruborizado también. Se veía muy guapo y masculino con ese traje de baño que portaba.

En más de una ocasión durante ese día Antonio me sorprendió mirándole ciertas partes de su cuerpo que no es “normal” que un chico observe con tanta atención. No sé si eso le agradaba o disgustaba, pero era inevitable no ver el paquete que se marcaba en su bañador ajustado. Aunque parecía que él no estaba pendiente de lo que yo veía en él, pues tenía una chica buenísima que admirar.

Constantemente Andrés estaba haciéndome comentarios sobre los pezones de Bere que tardaban realmente poco en reaccionar al contacto con el agua. Yo sólo echaba un vistazo para comprobarlo y me reía de sus ocurrencias, aunque era innegable que la chica tenía un buen par.

Esta vez no nos separamos en grupos. Íbamos y salíamos del agua casi siempre juntos. Jugábamos voleibol cuando nos aburríamos de estar dentro. Naturalmente, Berenice y Antonio formaban una pareja, mientras Andrés y yo éramos otra. Y aunque al final los novios nos derrotaron con un mayor número de victorias, siendo Berenice una jugadora bastante agraciada, Andy y yo logramos un número respetable también. Recuerdo haber disfrutado tanto esa tarde que se me fue increíblemente rápido, al grado de que cuando me percaté de ello el sol ya estaba puesto.

-Joder… ¿qué horas son? -dije extrañado.-Las 6 -contestó Bere.-¿Qué? ¿Pero cuándo se hizo tan tarde?-Creo que fue después de la séptima vez que les ganamos -se rió.-Ya, pero mañana no nos vamos a compadecer de ti por ser mujer como lo hicimos hoy -respondió Andrés intentando hacerla enfadar, como le encantaba hacer con todos.

Todos nos disponíamos a guardar nuestras cosas para entrar a cenar, cuando Antonio se acercó a mí para preguntarme si quería que fuéramos a caminar en ese mismo momento como habíamos acordado, o durante la noche. Me sentí emocionado, pues ni siquiera lo recordaba. Claro que quería estar a solas con él en ese instante, así que poniéndome mi camiseta le dije que si así lo quería iríamos ya.

Se acercó a Bere, le explicó que íbamos a caminar un rato. Se despidió de ella dándole un tierno beso, y al ver esta escena no pude evitar desear estar en los zapatos de esa mujer. Aunque él ya me había besado la noche anterior, seguramente eso no se repetiría y tendría que conformarme con el recuerdo de sus dos besos, los más profundos que me habían dado nunca.
-Vámonos Guille -escuché su voz sacándome súbitamente de la fantasía que mi cabeza comenzaba a armar.

Empezó a andar y yo me limité a seguirlo. No se puso nada que no trajera antes excepto unos jeans algo rotos, usuales en él. Anduvimos unos 20 minutos por la orilla del mar. Platicamos más bien poco en ese rato. De hecho estábamos bastante callados, y comencé a sentirme preocupado, pues sospeché que Antonio tenía algo que reclamarme. Al pensar en esto rápidamente traté de proponer un tema pero mi torpeza me impidió encontrar algo útil de que hablarle.

Nos detuvimos en un lugar en el que no había ninguna casa, y apenas parecía que alguna vez alguien hubiese pasado por ahí, pues las marcas en la arena eran imperceptibles. Me tumbé en la arena, mientras el permaneció de pie.

-¿Qué pasa? -pregunté- Pareces muy serio.-No, nada. Es sólo que quiero saber si estamos totalmente solos. -Jaja ¿y de quién te escondes? -le dije en tono inocente. Se mordió el labio inferior, volteó hacia todos lados y me preguntó:

-¿Haz nadado desnudo alguna vez?-¿Mande? ¡No! Claro que no…-Este lugar está perfecto para eso. Si te fijas la gente nunca viene aquí.-Pero… ¿acaso quieres nadar sin nada de ropa? -le dije, incrédulo.-Claro. Dime ¿te gustaría verme nadar desnudo?  -preguntó muy directamente.-No entiendo… ¿por qué iba a querer que tú nadaras desnudo? -dije, mientras mi corazón comenzaba a acelerarse. Es algo que siempre me sucede en estas situaciones.-No sé. Dímelo tú. -dijo, de nuevo más directo que nunca.
-¿A qué te refieres con eso, Toño? -me temí lo peor.

Se alejó un poco de mí dándome la espalda. Parecía estar pensando muchísimo que era lo siguiente que iba a decirme. Lo que fuera, yo estaba muerto de miedo. Finalmente habló, sólo para hacerme otra pregunta aún más tajante:

-¿Te gustan los hombres, Guille?-¿Q-qué? -dije tartamudeando. La pregunta había caído encima de mí como un bloque de hierro.-Me oíste bien ¿te gustan los hombres? -siguió cuestionándome Antonio.-¿Por qué se te ocurre preguntarlo?-Sólo contéstame, sin rodeos. Es una simple pregunta.-¿Pues qué voy a decirte? No, supongo -mentí. Antonio era un hombre, y sabía que me gustaba, pero no podría soportar su rechazo.

-¿Supones? -dijo acercándose a mí con una mirada descalificante, aún de pie y apoyando sus manos en sus rodillas mientras me veía a la cara- Bueno, pensé que era una persona de confianza y querrías decirme lo que pasaba directamente a mí.

-Es que no pasa nada, Toño ¿por qué estás tan molesto? -fingí no saber de qué me hablaba. Sabía que inevitablemente iba a mencionarlo.

-No estoy molesto. Sólo decepcionado. Pero en fin, quizás prefieras hablar de esto con alguien más, podríamos contárselo a tus padres, por ejemplo… -dijo al tiempo que sacaba de su pantalón su teléfono celular.-¡No, no! -supliqué. No estaba listo para contarle a mis padres algo de ese calibre- ¡Eso no!-¿Ves cómo sabes bien de que te estoy hablando? ¿vas a decirme ahora por qué me estabas tocando anoche?

-Yo… esto, yo… -no atinaba a decir nada. El pecho estaba a punto de explotarme. -Si eres gay perfecto, te entiendo, pero debes saber muy bien que yo no lo soy, y me gustaría que respetaras eso, porque no voy a dejar de tener intimidad por ello…

Estuve tentado a decirle que fue él el que me había besado y penetrado casi a la fuerza, pero estaba seguro de que esa parte no la recordaba. Justo como me había temido, sólo recordó el momento en el que me di el gusto de acariciarlo, creyéndolo dormido. Sentí una impotencia terrible por no poder responderle a la persona que más quería en todo el mundo, además de que su rechazo se había hecho evidente. Un par de lágrimas se me escaparon, pero hice lo imposible por no romper en llanto.

-Perdóname, Antonio. No va a volver a ocurrir. –lamenté. -…Guille ¿por qué no me dijiste nada antes? -me dijo, dejándose caer en la arena a mi lado. -Porque temía esto, y sabía que no podía ser de otro modo -respondí con la voz hecha trizas. -Quiero creer que yo nunca te di esperanzas de nada… -mentía, pues su “trato” especial la noche anterior si que me hizo pensar, al menos por un instante, que quizás él veía algo en mí.-Sí, lo sé, pero es que… No sabes cuanto te admiro desde que te conozco. No me atrevo a decir que me gustan los hombres porque sólo me gustas tú, Toño. -dije después de tranquilizarme un poco.

-…No tienes nada que admirar en mí. -añadió, aparentemente conmovido por lo que le había dicho.-Claro que sí. Tú eres diferente, no eres como nadie que haya conocido. Siempre sabes qué hacer y como reaccionar. Yo sólo quiero ser parte de eso…

Nos quedamos callados. Ya era de noche otra vez. Se levantó me tendió la mano y me dijo algo a modo de propuesta que recordaré hasta el fin de mis días:

-¿Amigos?

Tomé su mano y asentí. Me prometió que no le diría a nadie lo que habíamos platicado. Sería “nuestro secreto”. Otro más… como si eso deseara yo.

De vuelta a casa conversamos aún menos. Todo el camino fui con la cabeza baja, diciéndome a mí mismo que era un estúpido. Quise volver a llorar, pero no soy muy bueno mostrando mis emociones cuando hay alguien presente. Al llegar todos estaban en la sala, riendo.

-¡Ah, ya llegaron! Como se tardaron tanto y nos moríamos de hambre no los esperamos para cenar, pero pueden servirse cuando gusten -dijo la señora del Mar, en su tono amable de toda la vida.-Gracias, señora, pero creo que sólo tomaré un vaso de leche y me iré a dormir. -contesté desanimado. -¿Seguro? Porque milagrosamente le salió buena la cena a mi mamá -dijo Andrés, burlándose como siempre. La señora del Mar le lanzó una mirada furiosa.-Sí. Gracias, pero creo que tengo mucho más sueño que hambre. Permiso, buenas noches -me despedí, habiéndome servido el vaso de leche y llevándomelo a mi habitación.

Ya arriba, dejé el vaso en la mesita de noche junto a la cama, me desvestí completamente y busqué unos pantalones para dormir, pues suelo dormir sin ropa interior por comodidad. Mientras me ponía mi pijama escuché que la mamá de Antonio le preguntaba si había hecho él algo para que yo estuviera así. Él le respondió que sólo me sentía cansado. Ojalá hubiera sido eso…

Me bebí el vaso en menos de 10 segundos. Tomé mi iPod, me coloqué los auriculares y apagué la luz. Suelo escuchar música aleatoriamente para dormirme cuando sé que no voy a poder hacerlo por mi cuenta. Recuerdo que la primera canción que apareció en la lista fue, para variar, “Yesterday Once More” de los Carpenters, que no me sentó nada bien, pues me sentía miserable en ese momento, y si alguien ha escuchado esa canción estará de acuerdo en que no es exactamente lo que deseas escuchar cuando ya de por sí estás deprimido. No recuerdo cuales fueron las demás, pues empecé a lagrimear inmediatamente sin prestarles atención hasta casi quedarme dormido.

Justo en ese momento oí que llamaban a la puerta. Observé la hora en mi reproductor: eran más de las 11 ¿se me habían ido más de dos horas llorando mi suerte? Quién quiera que fuera no quería que se diera cuenta de que había estado llorando, así que no prendí la luz. Los golpes se iban haciendo más insistentes.

-Ya voy, ya  voy.-Soy yo, Guille -reconocí la voz de “Tony”.

Abrí la puerta. El pasillo estaba totalmente oscuro, así que apenas lo reconocí, vistiendo únicamente bóxers holgados, como acostumbra.

-¿Qué sucede?-¿Me dejarías pasar? Quiero que hablemos. -pidió él- Ya todos están dormidos.-Claro. Sólo no prendas el foco. -le aclaré-¿Por qué? -me preguntó al entrar, mientras cerraba la puerta.-Porque… me gusta la oscuridad.-Mentiroso -dijo prendiendo la luz no obstante lo que le había pedido. Me tapé la cara inmediatamente fingiendo estar encandilado.

-Seguiste llorando ¿verdad? -se preocupó.-Te pedí que no prendieras la luz, no sé si me oíste -dije sin voltearlo a ver.-Bien, la apago, pero ¿podemos hablar? -dijo, y acto seguido estábamos casi ciegos otra vez.-Ya lo estamos haciendo… y pensé que ya me habías dicho todo lo que tenías que decir.
Me senté en la cama. Él hizo lo mismo.

-Quiero disculparme porque quizás fui algo duro hoy por la tarde pero…-Aceptada. -lo interrumpí- Pero de todas formas tenías razón, sí.-No, no era eso lo que iba a decir. Mira…

Antes de que terminara encontré mi iPod en la oscuridad. Me coloqué los auriculares y me puse a escuchar música sin ganas de hacerlo. Quería ignorarlo completamente. Lo adoraba, sí, pero no me correspondería jamás, y ahora que él lo sabía era obvio que aunque me dijera lo contrario, no iba a ser como toda la vida.

-¿Escuchaste lo que te dije? -dijo retirándome del oído el auricular. -Sinceramente, no. El mensaje ya está claro ¿qué crees que voy a esperar a que se te ocurra emborracharte y dormir con todo a la vista otra vez para aprovecharme?-No era nada de eso lo que te estaba diciendo. -me contestó un poco molesto.-¿Podrías darme el auricular?

-No. Me vas a escuchar, porque esto no lo voy a repetir. -ultimó.
-Vamos, dámelo. -le repetí extendiendo la mano, fastidiado.-¡Sácalo! -dijo maliciosamente colocándolo dentro de su bóxer.

En una condición normal no hubiese demorado en hacerlo, pero me confundió la forma en que estaba actuando, pues hacía un rato me había dicho que nos olvidaríamos de todo lo ocurrido.
-Antonio… ¿qué es lo que pretendes?-¿Qué más puedo pretender? -se hizo el inocente. -Hoy me dijiste que te respetara y no volviera a tocarte porque tú no eres gay y…

-Es eso lo que estoy tratando de decirte desde que entré y tú me has estado ignorando. -dijo exaltado- Que yo no sea gay no significa que no podamos tener relaciones de vez en cuando. – ¿Perdón? ¿Tener qué?-Vamos, Guille, ya lo sabes ¿me vas a decir acaso que no te gustaría?

Respiré hondo. Me quité el auricular que traía puesto y me quedé muy pensativo. En realidad no sabía que decirle. Por un lado, la enculada que me había dado la noche anterior había sido dolorosa, pero por otro había disfrutado el hecho de sentirme tan cercano a él.

-No sé. Es algo delicado, Toño, tú tienes novia…-Sí, Bere es mi novia, pero al verte llorar hoy cuando te obligué a decirme lo que sucedía, me di cuenta de que al menos puedo tener la certeza de que eres sincero. Siempre lo serás Guille. Aprecio mucho eso.

Y esa fue la frase que selló mi destino con Antonio. Dijo justamente lo que quería oír. Una acción bastante “inteligente” de su parte, pues a partir de ese momento no le negué mi cuerpo ni una vez más. Me quité el auricular que me quedaba y dejé caer el iPod al suelo. Con él cayó el que Antonio guardaba junto a sus genitales, saliéndose de su prenda interior.

-¿Y bien? ¿Qué dices, Guillecito? -me preguntó cariñosamente, poniendo su mano sobre mi hombro y atrayendo mi cuerpo al suyo. -Uff… no sé si sea lo correcto, Toño. -dije conteniendo la excitación que provocaba el contacto con su piel. -Al carajo con eso ¿me lo quito? -exclamó sujetándose su ropa interior. -…¿Q-qué cosa? -El bóxer… ¿quieres que me lo quite? -repitió. -Tú sabes que sí… -respondí sin ganas.

No creí que fuera a hacerlo. Se puso de pie y lo miré a la cara. Pude distinguir la blancura de su sonrisa tan peculiar en su rostro.

-¿Y por qué no me lo quitas tú? -dijo mientras tomaba mi mano y la ponía en el elástico de la prenda- Vamos, de todas formas no pasará nada malo… que tú no desees que pase.

Ya estaba demasiado caliente cómo para negarme más. Mi fuerza de voluntad era inexistente. Tragué saliva y con ambas manos me aferré a aquella prenda holgada y la deslicé hacia abajo. Tardé unos segundos en volver la vista hacia arriba, y al hacerlo contemplé una de las imágenes más especiales que me llevaré a la tumba. El pene parcialmente erecto y los testículos de Antonio se balanceaban a unos 15 centímetros de mi cara, y su cuerpo era iluminado por un finísimo rayo de luz de luna que se filtraba por la ventana para dejarme apreciar sus atributos. Distinguí como su vello púbico estaba rasurado en algunas zonas pero conservaba su volumen justo arriba del pene.

Me incorporé sin quitar mis ojos un segundo de ese bien formado falo. Antonio volvió a tomar mi mano y la llevó a su pene, haciéndome que se lo sobara torpemente.

-¿Te gusta como se siente? -me preguntaba impacientemente. -Sí… suave. Tibio. -le respondía yo apretando poco a poco con mi mano ese miembro, que comenzaba a endurecerse y a crecer hasta alcanzar una longitud, que según Toño me dijo en otra ocasión, era de 7.5 pulgadas. Aunque me sorprendía más el hecho de que apenas pudiera cerrar mi puño alrededor. Ahora tenía idea de porque la penetración había sido tan dolorosa la noche anterior. -Puedes darle un besito, si gustas…

Me puse de pie sin soltar su verga. Nuestros ojos se cruzaron una vez más, y estando muy cerca nuestras caras le dije algo que me salió del alma:

-Yo no sé ni siquiera que es lo que quiero, todo lo que sé es que quiero estar contigo de todas las formas que pueda. Guíame, por favor, dime qué debo hacer…

Antonio hizo un gesto de desconcierto y comenzó a interrogarme nuevamente:

-¿De verdad soy el primero, Guille? -¿Lo dudas? -me ofendí un poco- ¡por supuesto! ¡ni siquiera he sentido atracción física por otro chico que no seas tú! Fue totalmente cierto cuando te dije que de no ser por ti quizás nunca me hubiese gustado otro hombre.

Esta declaración pareció conmoverlo, pues extendió su brazo y lo colocó detrás de mi, acercándome hacia él para besarme. Tuvo que bajar un poco su cabeza dado que él es más alto que yo. En medio del frenesí, mi mano que en ningún momento se había despegado de su pene comenzó a moverse de arriba hacia abajo, al tiempo que la lengua de Antonio tomaba las riendas de la situación dentro de mi boca. Casi me parecía que iba a llegarme al corazón con ella de tan larga que la sentía.

Sin perder el tiempo, puso ambas manos detrás de mi nuca e interrumpiendo el beso dirigió mi cabeza hacia su pene que ya estaba en su máxima expresión debido al masaje torpe que le había aplicado. No supe muy bien como había que proceder cuando tuve esa verga suave y con aroma limpio acariciándome los labios, pero tal como me había sugerido él antes, la tomé y le di un cálido beso en el glande descubierto. Un suspiro me indicó que iba por buen camino.

Me entusiasmaba el hecho de que el placer de Antonio se hiciera tan evidente, así que me animé a pasar la punta de mi lengua por su cabecita, haciendo pequeños círculos en torno a ella. Un suspiro más intenso se dejó escuchar, pero mucho más lo fue el tercero de ellos, que soltó cuando me decidí a meter la punta de su miembro a mi boca. Nunca me lo hubiese creído si alguien me hubiera dicho lo mucho que me iba a gustar hacerle sexo oral. Era extraño, pues yo no recibía con esto ninguna estimulación directa, mas fue suficiente con una vez para que me diera cuenta de que esa era la mejor manera de hacerlo llegar a las nubes siendo dominante. Me separé de él y apenas lo hice se llevó su mano a su entrepierna y me dijo en un tono de súplica:

-No, por favor, por favor Guille, no te la saques de tu boca todavía, me tienes calientísimo…  -Tranquilo, sólo quiero cambiar de postura ¿por qué no te acuestas en la cama?

Más tardé yo en sugerírselo que él en tumbarse sobre el edredón con su pene durísimo apuntando alto. Al ver que el abanico de techo estaba encendido bromeé:

-Cuidado, Toño, te vas a lastimar con el abanico…-¡Jajaja! ¿Tienes miedo de que lo descomponga? -se rió como un farsante- No te preocupes, no te culparía en caso de que se averiara.-¿No? ¿Y cómo lo explicarías? -pregunté curioso.-Pues diría que un niño delgadito y encantador me puso tan caliente que lo descompuse por accidente.

Estas bromas entre cada acto me hacían ver que no congeniaba con nadie como con él. Si el sexo con Antonio no era satisfactorio no lo podía ser con nadie. Estuvimos riéndonos por un corto espacio de tiempo, cuando decidí retomar la mamada donde la había dejado, esta vez con él acostado y yo con mi cabeza en su entrepierna, sin necesidad de que sus manos me llevaran a ella. Había tomado un poco más de confianza al ver que no era difícil hacer con mi boca algo que le gustara, así que intentaba meter el pene de Antonio lo más que me cabía en ella, pero para mi decepción no me entraba más de la mitad sin ahogarme.

-¡No puede ser! -dije sorprendido después de sacarlo de mi boca.-¿Qué pasó? -creo que lo saqué súbitamente del trance.-¡No me lo puedo meter a la boca! -le respondí desilusionado.-¡Qué tonto eres! Me habías asustado, pensé que había pasado algo.

-Perdón… -me apené.-Es normal, Guille, toma su tiempo. Tú no vas mal encaminado, pero… del susto ya me hiciste perder la “emoción”.

Observé su pene y entendí a qué se refería. Ese bello falo estaba ahora reposando cubierto de una capa brillante de mi saliva. Aunque en su estado de flacidez no era pequeño, si se veía bastante menos desafiante.

-Ahora eres presa fácil… -le dije sosteniendo con mis dedos su  miembro dormida, y acto seguido me lo metí en su totalidad. Se sentía muy suave y carnoso al estar blando y podía dominarlo con relativa facilidad. Dejaba que mi lengua diera vueltas alrededor del intruso que invadía mi cavidad bucal. Lo acepto: estaba absorto en ese hermoso trozo de vida. Cuando la erección volvió en su totalidad, me ayudé con una mano para masturbar a “Tony” mientras seguía succionando (en algo habrá ayudado el porno que veía, en su mayoría gracias a Andrés). Pero mi inexperiencia me hizo otra jugada, pues la dureza de aquel mounstro me hizo entumir los labios rápidamente, así que le pedí que me disculpara unos momentos para recuperarme del cosquilleo labial que sentía.

-¿Está algo grande, verdad? -me presumía Antonio de forma aniñada.-No sé, no había visto otro, además del mío… -respondí, aunque honestamente, para molestarlo.-¿Me estás diciendo que no te parece que la tenga grande? Puedo hacerte pasar muchos problemas por eso -me dijo mientras se incorporaba y me daba un beso corto en los labios.-¿De qué problemas hablamos? -le dije extasiado, ofreciéndole otro beso.

-No querrás saber… -contestó en un tono intrigante. Este chico sabía muy bien como hacerse desear.-Por supuesto que quiero. Estar en problemas contigo debe ser lo máximo ¡jajaja!-Si tú lo pides, lo tendrás -dijo amenazante.

Se levantó de la cama y me dio indicaciones para que me quitara finalmente el pantalón del pijama, que era la única prenda que traía puesta, y me colocara boca abajo. Ya estaba sintiendo el dolor antes de siquiera ser tocado por ese pene, pero me dominé como pude y obedecí dándole la espalda.

-Qué bonito par de nalguitas tienes, Memín… -me halagó. Volteé hacia él y lo vi jalándose su pene despacio.-No me llames así. Y la verdad a mí no me gusta. -respondí, en mi línea habitual de no aceptar ningún cumplido.-¡¿Por qué?! Si están paradas y redonditas. -dijo.-Pues, no están grandes que digamos… -lamenté.-El caso es quejarse… siendo tan flaquito como eres no las puedes tener grandes -me reprendió.

Y algo de razón tenía pues mido 1.73m y mi peso nunca ha estado por encima de los 60 kg- y de todas formas no están nada planas. Más grandes que Andrés si las tienes, jeje.

-¿Más que Andrés? ¿y qué oficio tienes viéndoselas a él? -le comenté como burla. -Era un comentario nada más… -dijo, seguro sintiéndose en la encrucijada- no soy un pervertido. -¡Ja! Sí lo eres -seguí burlándome. Cuando está un poco molesto Antonio es terriblemente sexy. -No lo soy, y si no te retractas te las vas a ver con éste… -respondió agitando su pene y azotándolo levemente en la palma de su mano libre. Me excitó en demasía verlo hacer eso.- ¡Wow, que miedo! -exclamé sarcásticamente.

En un arranque de algo que supongo fue lujuria, Antonio se abalanzó sobre mí, abrazándome con todo su cuerpo y tumbándome boca abajo en el colchón, como me había pedido antes que lo hiciera. Ya estando en esta posición me dejaba sentir, justo como la noche anterior, la firmeza de su tersa y bronceada piel pegada a la mía, y de nuevo para coronar la situación, su pene humedecido por mí entre mis nalgas.

-¿Te vas a retractar ahora? -me dijo al oído.- ¡Claro que no! -contesté para provocarlo.

Comenzó a besarme el cuello, cara, los hombros, la parte alta de la espalda y todas las zonas de mi cuerpo que sus labios alcanzaban a rozar en esa posición. A excepción de mis brazos con los que me dedicaba a palpar su trasero. Yo estaba completamente inmóvil, sometido a su disposición. Para excitarlo aún más decidí fingir que me sentía completamente vulnerable ante él y que haría lo que fuera para que me dejara.

-Toño… ¡Toño! está bien, me rindo…-Si te rindes también hay un precio a pagar -insinuó de forma seductoramente peligrosa.-¿Sí? No, no importa Toño, haré lo que me digas. Tú ganas.-¿Seguro?-¡Síiii!-Muy bien, Guillecito, como yo gané puedo pedirte esto… -dijo con una voz enloquecida, dándome una fuerte nalgada. Hacía movimientos de arriba hacia abajo con su cuerpo encima del mío, y por ende, haciéndome sentir su pene duro tallándose justo en medio de mis nalgas que apretaba con sus yemas cada tanto.

Se levantó apoyándose en sus rodillas y me tomó de las caderas, nalgueándome levemente un par de veces. Me puso a la altura de sus muslos y separó mis piernas con sus rodillas. Sabía lo que seguía de ahí, y no me gustaba nada pensar en lo doloroso que iba a ser. Por única vez en esa ocasión comencé a sentirme nervioso y Toño salió de la excitación incontrolable en la que estaba.

-¿Qué sucede, niño? ¿Te pusiste nervioso?-Sí, perdóname, pero no puedo evitarlo -le dije apenado.-Si te sientes comprometido no tienes que hacerlo. No creas que voy a obligarte -me pareció algo cínico que me lo dijera, ya que la noche anterior no esperó a que se lo permitiera para penetrarme.-No, no quiero que dejemos de hacerlo, sólo ten cuidado y paciencia por lo que más quieras -le rogué.

-OK, flaquito ¡no te vas a arrepentir! pero no se te olvide que tienes que relajarte lo más que puedas, o te puede doler mucho.-Lo sé… así lo haré. -respondí. De seguro no se imaginaba que yo ya sabía cuanto podía dolerme gracias a él.-Ahora te voy a ayudar a que te relajes un poco.

Me indicó que me quedara así con mis piernas separadas mientras con sus manos fuertes acariciaba mis nalgas abriéndolas ocasionalmente para soplar en mi hoyito que todavía resentía un poco la violencia con la que lo habían tratado antes, pero no podía detenerme más a imaginarme eso o nunca lograría relajarme ¿qué estaba por hacer este hombre? Casi me golpeo con la cabecera de madera de la cama cuando Antonio, para mi sorpresa, puso su cálida lengua en la entrada de mi ano, haciéndome estremecer de forma muy brusca.

-Ahh-ah ¡ay! -atiné a murmurar.-Sabía que esa iba a ser tu reacción -se rió. -P-perdón es que… no me lo esperaba -hablaron los escalofríos por mí. -No te disculpes. Dime ¿cómo se siente? -preguntó antes de continuar. -Bien… la verdad se siente muy bien.

Mi pene se puso tan caliente y rígido que a ratos me dolía. Pensaba que probablemente me estallaría dado lo placentera que me resultaba la estimulación que la lengua de Antonio me proporcionaba. Reconozco que era algo confuso para mí que un sitio de mi anatomía que hacía 3 días prácticamente no conocía, ya me había hecho pasar por el cielo y por el infierno en ese lapso tan corto.

Cada vez que la punta de esa lengua ejecutaba el movimiento circular que me hacía sacar todo el aire de mis pulmones, mi cuerpo temblaba azotado por una ola de escalofríos, y cada que esto pasaba, el buen Antonio me preguntaba si me encontraba bien. Me parecía tan tierno de su parte cada que hacía ese gesto de preocupación, mucho más sabiendo que estaba siendo condescendiente a pesar de que deseaba follarme con mucha fuerza. Su dedo medio empezó a pasearse alrededor de mi ano, mientras él dejaba reposar su cara en mis nalgas, usándolas como si fueran una almohada.

-No creo que las encuentres muy cómodas -me burlé de él y de mí mismo. -De hecho sí: son suaves… -dijo mientras las besaba- firmes.

En este punto dejó hundir en mí su dedo. Hice un esfuerzo para no hacer ningún sonido ni movimiento, pues quería concentrarme y relajar mis músculos todo lo que pudiera. Lo dejaba llegar hasta lo más profundo que le era posible para después moverlo dentro, frotando las paredes de mi interior con más delicadeza que la primera vez. Era tan agradable que me costaba trabajo no hacer sonidos que me delataran.

-Esto te va a ayudar a aguantármela mejor. -murmuró. -Lo que sea que me ayude a soportar la cogida. -¿Soportar?  ¿Crees que no tengo oportunidad de complacerte? -se indignó. -No, no quise decir eso. Yo… te quiero mucho Toño. -sólo se me ocurrió decir.

Antes de que terminara de decir esto, quizás con la intención de silenciarme, gateó en la cama y se postró a mi lado poniéndome el pene cerca de la cara.

-Escúpele a tu nuevo amigo para que puedan conocerse bien -ordenó con una voz de calentura terrible.

Decidí exceder sus expectativas y meter a mi “amigo” en la tibia cavidad que ya conocía lo más que pude, dejándolo brillante y rebosando de saliva. Antonio suspiró por enésima vez y retomó su posición detrás de mí.

-Ahora sí, Guille, necesito que te pongas lo más flojito que puedas -dijo antes de proceder. -Está bien…

Esta vez estaba mucho mejor preparado para lo que venía, pues la constante estimulación que recibí de mi compañero fue de gran ayuda.  El glande completamente mojado de Antonio se dejó sentir en la entrada de mi culito, y él sin perder tiempo presionó hasta tener dentro la mitad.

-¿No te está doliendo? -su preocupación por mí me hacía sentir protegido. -No… Nada. -mascullé, sin ser del todo honesto.-Lo tienes bien apretadito y caliente -dijo en un tono similar al del gruñido de un macho en brama- ojalá te hubiera culeado antes.

Aunque me sentí un poco objetivado al oírlo no dije una palabra, solo me limité a dejarme penetrar por ese miembro grueso y un tanto alargado. Estando tan centrado en reducir la tensión de mi cuerpo, no me disgustaba lo que estaba sintiendo, pero en un principio tampoco sentía placer, a diferencia de Antonio que podía notar que se la pasaba muy bien con mi culo, pues estaba cogiéndome como un animal, diciéndome toda clase de obscenidades “tiernas”.

-¿Sabes? -me decía- puedo correrme de sólo ver mi pito clavado en ese culito tan fino y delicadito que tienes.-¿Sí? -le respondía, intentando que apreciara cierta “inocencia” en mis palabras.-Sí, créelo tanto como lo mucho que dices quererme. -Uffff… entonces ya deberías haberte venido -le contesté sin pensarlo dos veces.

Siguió un rato con su movimiento de caderas hacia dentro y hacia afuera que comenzaba a ser un tanto placentero para mí también. Me tomaba de los hombros, me besaba la cintura y las costillas. Me hacía sentir tremendamente suyo, como si fuera de su pertenencia, y yo no deseaba más.

-¿Eso es un reto? -jadeó.- ¿Qué cosa?-Lo que acabas de decir -se detuvo, dejando su vigoroso mástil a medio camino. -¿Que ya deberías haberte venido si te excitara tanto como lo que tú me gustas? -cuestioné con el aire a medias, pero desafiante- pues si no un reto, sí es un hecho y lo sostengo. Me la sacó repentinamente.

-¿Q-qué pasa? ¿Ya terminamos? -le pregunté, temiendo que mis palabras lo hubieran molestado.

Se sentó con su espalda recargada en la cabecera, sobándose su pene para no perder la erección.

-Siéntate en ella -dijo más serio que la muerte.-¿No te vas a lastimar al tenerme encima? -Te he cargado varias veces sobre mi espalda y nunca me he lastimado, creo recordar -fue su respuesta.-¿Y a mí no me vas a lastimar?-No. Pero si no te sientas y empiezas a cogerte tú solito antes de que cuente hasta 3, quizás tenga que hacerlo.

Esas amenazas de Antonio me hacían derretirme por él. Su voz de roca le ayudaba a ejecutarlas en mí con una efectividad exagerada. No podía escuchar que me hablara en ese tono sin obedecerlo. Y sin excepción, me acomodé frente a él antes de que terminara la cuenta sin sentarme. -Rápido como me gusta. -sonrió- Ahora, si te dejas caer sobre esta verga te daré una bonita sorpresa. -Lo que tú me pidas…

Y acto seguido me dejé caer, provocándome algo de dolor que no tardé mucho en olvidar. Enrosqué mis brazos alrededor de su cuello. Sentía su vello púbico rozándome, y por ende, cosquilleándome en la zona baja de mis testículos.

-Auuuuch… espero que el premio valga la pena -me quejé- porque eso fue…

Me hizo callar en ese instante, como antes lo había hecho con su verga en mi boca, pero esta vez con sus labios gruesos sobre los míos. Creo que lo más atinado que puedo decir sobre esta fracción de mi experiencia es que es quizás lo más cercano a la plenitud de la felicidad más pura y gratificante que he sentido.

Sentía que Antonio y yo nos complementábamos el uno al otro en ese acto. Su pene perdido en mi interior, nuestros labios y nuestros cuerpos juntos, mis manos acariciando su cuello y las suyas mi cintura. Mi timidez unida a su seguridad. La fuerza de mi deseo unida a su pasión. El orgasmo más enloquecedor parece poca cosa al lado de esta sensación de compatibilidad absoluta. Puede incluso que sea correcto decir que jamás, antes o después de estar en los brazos de Antonio esa noche, volví a sentirme irremplazable.

El ritmo de nuestras caricias se hacía más pausado a medida que volvíamos a enfocarnos en la penetración. Antonio dejó que su mano izquierda me masturbara mientras me asía con la derecha (peculiarmente este hombre es zurdo), pero extrañamente descubrimos que… ¡no era tan interesante el acto sexual como la compenetración que estábamos logrando! Quiero creer, sin pecar de falta de humildad, que él, con todo y su virilidad, su atractivo, carisma y sensualidad, también sintió algo de lo que yo quizás no vuelva a sentir.

Así, sin movernos más, sólo con la excitación de la energía quemada por nuestros labios, terminé sobre el vientre de Antonio, estrangulando su verga con mi esfínter que se cerraba a medida que mi eyaculación, más abundante que de costumbre, caía en su piel. No fue el mayor orgasmo que logré con este chico, pero si la experiencia más llena de ese no sé qué que temo no poder llamar de otra forma que no sea “magia” a secas que tuvimos.

Él terminó unos 5 minutos después de mí. Coloqué las palmas abiertas en su pecho para sentir cómo sería su respiración mientras eyaculaba en mi interior por segunda noche consecutiva. Aún sueño con el recuerdo de mis manos sintiendo el aire escapar de su torso unidas a la expresión facial del que fue mi ídolo mientras su semen se vaciaba en mi cuerpo. Esta vez no lo tomé como algo denigrante. Yo había aceptado tener relaciones con él, y me imaginé que se correría en mí desde el principio.

-Perdón, Guillecito, no sé que me pasó… No quería terminar todavía. Tampoco quería dejarte todo… -se avergonzó tanto que no pudo terminar la frase. -No importa… anda ve a limpiarte antes de que eso se seque y lo tengas jodido para quitártelo -hablé en referencia al semen que mi verga le había escupido sobre su abdomen.-S-sí… en un segundo vuelvo -se movió delicadamente y terminó de retirar su pene, que hizo un pequeño chasquido al salirse de mí al tiempo que él exhaló aire hirviendo de su garganta con sus ojos cerrados.

Tomó su bóxer y se dirigió al baño. Demoró poco en salir y me encontró tendido con las rodillas flexionadas y aún desnudo sobre mi cama. Se recostó a mi lado y lo abracé instintivamente. Entre toda la confusión, me atreví a hablarle:

-Toño, me gustó mucho todo esto. No sé si creerme que sucedió o no… -Shhh… -me silenció- es real. Te acabo de dar una de mis mejores cogidas, mejor que la que soñé anoche… -¿Mande? ¿Qué soñaste qué…? -algo me parecía sospechoso. -Ayer soñé que te cogía de ladito aquí en tu cama, y te puedo decir que eres bastante más cooperativo en la vida real.

No pude evitar reírme de la situación. Me miró extrañado ¿estaba hablando en serio? ¿la culeada que me dio la primera vez fue producto de un sueño? ¿O me estaba tratando de hacerme creer que era sonámbulo?

-¿Sabes que no le puse seguro a la puerta cuando entré? -me borró la risa drásticamente.

Me levanté en ipso facto pensando que alguien quizás había entrado mientras yo estaba sentado encima de la verga de Antonio, dando la espalda a la puerta, y ni él ni yo nos habríamos dado cuenta.

-¡Jajajaja! ¿Me crees todo lo que te digo o qué? ¡Claro que se lo puse! -ahora era él quien se burlaba de mí.

Suspiré de alivio. Me puse el pantalón, tomé mi iPod y ofreciéndole un auricular a Antonio, volví a acostarme junto a él, acariciando de vez en vez su cara sin afeitar, sus brazos, su fuerte abdomen. Platicamos de tópicos aleatorios, riéndonos mientras escuchábamos una canción tras otra. Hasta que una voz a lo lejos tras el auricular nos cantó:

Nos ahogaremos juntos en aguas que todos quieren tomar, caminaremos juntos, escaparemos de la realidad, transformaremos mundos e inventaremos mares que cruzar; si nos perdemos nada pasará. Ahora lo entiendo: amar es liberal, y yo… me siento vivo. (Fobia – Vivo)

…y sin más permanecimos en silencio, dejándonos abarcar completamente por ese sentimiento.

Fin de la segunda parte.

Autor: Autor: Gyork

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Adriana una esposa múltiplemente infiel

Antonio se puso como loco al ver el sexo oral que le estaba efectuando a Alex, luego Alex me puso en cuatro mirando hacia la cara de Antonio, eso me excitó de sobremanera y comenzó a penetrarme de forma violenta, mientras tanto le miraba la cara a Antonio de desilusión, yo gozaba esa enorme polla de Alex. Antes de que me llenara con sus fluidos logré llegar al orgasmo unas tres veces.

Esta historia que les voy a contar es ciento por ciento verdadera, pasó en el segundo año de casados, para empezar mi nombre es Adriana actualmente casada con Antonio (mi marido) hace más de 3 años. Para comenzar con esta historia voy a describirme: Soy una mujer de 32 años no muy alta de 1,65, soy de pelo lacio teñido de negro con un corte a lo Cleopatra, de tez blanca, mis labios son muy carnosos, mis ojos son de color marrón, mis senos son normales se podría decir que son 80 de medida, mi cola es lo mejor que tengo: bien parada y voluptuosa, además de que no tengo panza ya que me mato en el gimnasio, por suerte tenemos una buena posición económica. Mi marido es un hombre mayor de 54 años por ahí aparenta más por su panza y su calvicie, él es profesor universitario es muy culto además me trata muy bien como esposa, aunque por ahí yo necesito más que eso. Además tiene una hija de unos 25 años con otro matrimonio, yo siempre fui soltera, y actualmente vivimos solos los dos juntos.

Por empezar a redactar mis actos de infidelidad comenzaré diciendo que mis fantasías de acostarme con un macho musculoso y dotado revenían a mi cabeza una y otra vez, he tratado de sacarme esa fantasía pero me es imposible, muchas veces necesito ser mal tratada, insultada, cogida con fuerza y lamentablemente Antonio no cumplía con esas cualidades. No me canso de ver en mi oficina en la que trabajo, fotos y videos de strippers dotados enfiestados con mujeres, eso me vuelve loca. Aunque nunca he ido a ver un show de esos, moriría por ver uno en vivo. Por la calle cada joven que veo atractivo no dudo en echarle una mirada pero nunca sin llegar a nada ya que nunca le fui infiel a Antonio, hasta ahora.

Un día Rita, una compañera de mi trabajo, hacía una fiesta de despedida por que se iba a casar. Al principio la idea de Rita era permanecer en un lugar bailable o simplemente salir a tomar algo, pero luego se le ocurrió la idea de ir a un show de stripper, yo no dudé en decir que no. Esa misma semana no veía la hora que fuera sábado, por mientras Antonio siempre me cela mucho por lo que decidí no contarle la verdad del hecho Esa noche me vestí muy provocativa: me puse una mini muy corta, de jeans, con unas botas de cuero, una supertanga debajo, y una remerita muy escotada, además me pinté mucho más de lo común, me delineé los ojos… tenía una pinta de atorranta terrible. Antonio no me miró con buena cara cuando salí. Al llegar estaba nerviosa, ansiosa, ni contar cuando apagaron las luces y salió el primer bailarín: un joven musculoso que se movía sensualmente, mis ojos brillaban y mi boca estaba abierta, no lo podía creer, ver a esos machos meneado.

El tercer bailarín pidió ayuda del público por lo que yo no dudé en levantar la mano, a todo esto mis compañeras me miraban asombradas por estar casada y a la vez que no se esperaban eso de mí. Cuando me agarró de la mano no pude evitar el tiritón de excitación en todo mi cuerpo, notaba como este chico me pasaba todo su cuerpo sudado sobre mí, me abrazaba, me apretaba, estaba muy mojada. En un momento me acuesta y me empieza a bombear en el suelo, luego se fue yendo con su bulto hasta donde estaba mi boca y me lo empezó a rozar sin tocar mis labios, yo en ese momento deseaba meterme todo ese pedazo a mi boca, estaba muy caliente. Luego apagaron las luces y el stripper, Nico, me dejó en el escenario, cuando bajé las chicas me miraban con cara de que me había zafado un poco y que dejé que se zafaran pero a mi no me importaba ¡nada!

Al rato fui al baño y mientras iba me agarraron fuerte de la mano y me empujaron hacia una pieza…estaba asustada pero cuando pude ver quien era me excité de sobremanera… ¡era Nico! El stripper, lo miré y sin pensarlo nos comimos la boca de a poco me comenzó a besar todo el cuerpo, no paraba de lamerme yo en ese momento estaba súper mojada, me tocaba mis piernas y me las lamía, de repente me sacó mi tanga y comenzó a lamerme mi conchita, directamente no sentía mucho, su lengua estaba muy húmeda ahí debajo, luego comenzó a lamerme el culo. Luego de hacerme acabar se paró y me puso de espaldas, sacó su enorme instrumento que pude divisar con mis manos y me lo introdujo muy lentamente hasta el fondo de mis intimidades, mi grito de placer se tiene que haber escuchado más que la música del lugar…luego de hacerme acabar dos veces seguidas, me avisó que ya se acababa para comenzar a lamer ese hermoso pene que metí todo a mi boca (casi ni entraba), y me llenó la boca con su acabada…muy rico luego me fui hasta donde estaban las chicas y siguió el show.

Al fin se me había cumplido el sueño de cogerme un muy buen macho, por mientras no podía creer que le había metido terribles cuernos a mi marido. Al otro día actué como si nada con Antonio, me preguntó que habíamos hecho anoche pero yo traté de inventar todo.

Esa tarde no dejaba de pensar lo bien que me cogió ese macho y de lo bien que me hizo gozar…Al otro día, los domingos salgo a correr a un parque siempre sola, me tomo un colectivo que me lleva directo al parque, me voy en micro por que intento estar más libre. Yo siempre me tomo uno vacío para no ir parada ya que hay otro que viene lleno, la mayoría de ellos son los jugadores de rugbiers que van a entrenar. No tuve mejor idea que tomarme ese micro lleno de jóvenes tan fuertes y atractivos. Nunca se me había pasado tomarme ese micro por si Antonio me llegara a ver y para tratar de evitar mis impulsos sexuales. Esa tarde vestía mis calzas blancas bien apretadas con una remera corta y mis gafas, sin faltar mi diminuta tanga que se me traslucía. Al subir al micro noté como me comenzaron a mirar esos jóvenes. Poco a poco iba pasando por el pasillo del colectivo hasta que me quedé delante de un joven muy apuesto, no dudé en apoyarle todo mi voluptuoso trasero en lo que parecía ser un gran pene según mis tactos.

A los minutos de estarme apoyando se le puso más tiesa que la baranda en la que iba agarrada, sentí todo su enorme pene en mi culo, en la medida que el micro avanzaba el joven me bombeaba y me apoyaba cada vez con más fuerza su pene erecto. Comencé a excitarme de una manera muy lenta, mi vagina estaba muy húmeda. Cuando me moví para bajarme en el parque noté que alguien bajó conmigo, cuando me di vuelta para ver quien era, pude ver que era el joven que venía detrás de mí. Inmediatamente me dijo.

-Hola, yo no dudé en responderle: -Hola como estas? -Bien (me dijo) ¿venís a correr siempre al parque?-Si todos los domingos, siempre solita sin mi marido ni nadie. -Ah ¿estás casada? ¡Una mujer tan atractiva que afortunado tu esposo! (me dijo el joven) -Gracias! (eso me excitó de sobremanera) la verdad que el afortunado es él. -Ah, ¿y vos no? -(En ese momento me temblaban las piernas) La verdad que no me hace sentir muy afortunada…

Sin más rodeos terminamos yendo a un hotel a unas dos cuadras del parque, pasé tres horas cogiendo de lo más rico con este hermoso y fuerte joven, me hizo gemir como una verdadera puta y me hizo acabar de lo más rico. Me porté como una verdadera puta con él, le lamí todo su enorme pene hinchado de la excitación. El me practicó sexo oral de lo más rico, me metió su pene hasta el fondo…no paraba de gemir y morder la almohada.  Me imagino si Antonio se enterara de lo que estaba haciendo…Esto me ponía más caliente de lo común. Una vez que me fui del hotel me fui directo a mi casa, después del intenso deporte que practiqué…je jeje. Una vez que llegué a mi casa estaba Antonio, me dijo:

-¿Se donde venís vos? – De cog… de correr en la avenida mi amor. ¿Por? -No por nada, porque te andaba buscando por toda la casa.-¡Ah! es que me fui a correr y además hice deporte intenso (en ese momento no paraba de mirarle en su cabeza e imaginarle el tamaño de sus cuernos). -Ah bueno amor, anda, date una ducha si quieres…

Una vez que salí de la ducha Antonio me esperaba en nuestra cama. Parecía que quería intentar tener algo conmigo pero de todas las formas intenté esquivarlo, la verdad que no sentía atracción sexual con él, en ese momento se enojó y yo directamente me hice la victima diciéndole que estaba muy cansada. Al rato Antonio me pidió perdón, me sentía muy puta si la que se había portado mal había sido yo.

Pasaban los días y cada vez me iba soltando más, se ve que mis infidelidades me habían hecho una mujer más interesante, aunque no precisamente para Antonio. Me vestía cada vez con ropas más atractivas, faldas cortas, tanguitas, top, remeras ajustadas jeans ajustados y me maquillaba muy llamativa. Cuando iba por la calle me decían de todo, peor si Antonio estaba presente porque se ponía de los pelos.

Un día iba caminando por la calle con Antonio cuando pasamos por un lugar en construcción, habían un montón de obreros trabajando, iba de minifalda de vuelos, una remera y mi boca pintada de rojo carmesí, de repente vi uno de ellos, que estaba muy bueno, un tipo joven, alto, atractivo y con músculos como a mi me gustan. Cuando pasé nos miramos mutuamente y me dijo: -¡Que hermosa puta tu esposa! Yo quedé sorprendida  de lo descarado de este hombre, pero a su vez me calentó de sobremanera esa rudeza. Alberto por mientras se dio vuelta y lo insultó, yo me di vuelta y le respondí con una risita muy de turra. Cuando Alberto me miró yo fingí esa sonrisa con una puteada y todo pasó por alto, mientras tanto Antonio tenía cara de sospechas de lo puta que me estaba volviendo, cada vez más sueltas de ropa y más liberal.

Un día, muy cercano a todos estos hecho de infidelidad, iba saliendo de mi trabajo para luego irme al GYM, cuando me paré en un quiosco a comprarme unos cigarrillos, de paso me prendí uno. Noté que alguien iba detrás mío cuando ingresé al gimnasio pude ver que era un joven que va siempre al gimnasio, se llama Alex un chico de 25 años muy bien puesto; moreno, alto, atractivo de ojos azules y con unos músculos terribles. Además en varias veces tratando de explicarme como funcionan ciertos aparatos me ha apoyado su miembro en mi parado culo y la verdad que tiene un pene muy grande a comparación de otros. Este chico me calienta mucho pero no me da mucho calce cosa que me calienta aún más

En esos días se me ocurría el morbo de cogerme a alguien delante de mi esposo sabiendo de la locura de celos que le daría verme con otro delante de sus ojos, y para expresarle además de los cuernos que llevaba puestos. Con Alex somos como amigos, además de asistir al gimnasio juntos es mi compañero de salsa en las clases que se dan ahí mismo, a él le cuento cosas, a veces no tan profundas (como lo mucho que me calienta), pero ese día estaba decidida a ser profunda; y contarle mi fantasía. Me miró sorprendido y con cara de asombro me preguntó:

-¿Y has elegido a esa persona para hacer esto? -Si te elegí a vos…le dije. Sin dudar Alex dijo que si.

La idea era simular un robo que estuviera bien armado tratando de evitar problemas serios, por lo que traté de que no fuera nadie a casa, es más le dije a Antonio que me encantaría que pasáramos un día solos en casa, lo que no dudó en decir que no. Había armado todo un clima de erotismo… Me había calzado unos tacos punta aguja una mini con vuelitos, debajo una tanguita súper chiquita y con un top. Además me había pintado como una verdadera puta: delineador en ojos y boca bien roja.

Esa noche Antonio me preguntó por que me había vestido tan provocativa y del por qué me había estado vistiendo así últimamente y del por qué hacía mucho que no manteníamos relaciones…Para tratar de contestar a todas estas preguntas, supe esquivarlas contestando: -Y…mi amor me pongo así para vos, ¿para quién más sino?… Él me contestó: -Uh mi amor perdona es que he estado tan ocupado en mis cosas que poco interés habré mostrado estos días en mi hermosa esposa. En ese momento no paraba de reírme por dentro de lo bien que la pasaba sin mi marido. Nos pusimos a ver la película que había alquilado, una peli erótica acerca de un tema que me calentaba tanto: infidelidad. Al ver esta película Antonio me ponía cara rara del por que había alquilado esta película, en ese momento me dijo:

-¿Por que alquilaste esta película? -¡Porque me gustaba! Le contesté. -¿Que acaso te gusta ser infiel? -¿A que va esa pregunta Antonio?

No sabía que contestar en ese momento me fui al baño corriendo haciéndome la victima, me metí, cerré la puerta y le hice sonar el celular a Alex para que tocara la puerta. En ese momento en que Antonio me pedía disculpas tocaron la puerta… Nos quedamos callados, en ese momento Antonio fue atender la puerta, cuando la abrió escuché un grito de Antonio: -¡No por favor no me haga daño róbese todo! En ese momento supe que era Alex pero permanecí en el baño… Alex cerró la puerta le dijo a Antonio que se sentara y que se callara la boca, le preguntó si había alguien más en la casa.

-No, dijo Antonio estoy solo llévese todo. Alex ató e una silla a Antonio y le tapó la boca…

En ese momento Alex se dirigió al baño y para simular el robo pegué un grito despacio: -¿No por favor, no me haga daño! (le decía a Alex) Alex a todo esto con la cara encapuchada dijo: -Ah ¿con que estabas guardando a esta perra! ¿Quién es, tu hija? Antonio decía que no con su cabeza. -No me digas que es ¿tu esposa? En ese momento Antonio asintió con su cabeza… -¡Pero que pedazo de hembra de esposa tenés! Yo en ese momento me derretía y me retorcía de placer. ¡Se estaba cumpliendo mi fantasía!

Alex con su enorme mano comenzó a manosearme de forma grosera…  Por mi parte no me salía simular mi calentura por lo que largaba cortos gemidos. Antonio no sospechaba, estaba desentendido. En ese momento Alex no paraba de tocar mis piernas, de acariciarme y ser brusco, me arrojó fuerte hacia al lado de Antonio. Sacó su remera sin sacarse la capucha que le cubría la cara.

Pude apreciar lo bien musculoso que estaba, bien marcado. Se le podía ver su tremenda pija de 25 centímetros y de gran grosor comparada con la de Antonio de 12 centímetros y escaso grosor. Alex me tomó del brazo fuerte y me levantó, ordenó que le sacara el pantalón, mientas se lo sacaba miraba la cara de Antonio de forma burlesca. Cuando terminé de sacarle el pantalón, quedó en boxer con su bulto bien marcado y me dijo que le lamiera su pija bien enterita; a lo que me opuse para seguir el teatro. Alex sacó su enorme polla por lo que sin pensar me fui directo a besarla y lengüetearla.

Antonio miraba cada vez más desentendido, se puso como loco al ver el sexo oral que le estaba efectuando a Alex y además lo cornudo que era. Luego Alex me puso en cuatro mirando hacia la cara de Antonio, eso me excitó de sobremanera…y comenzó a penetrarme de forma violenta, mientras tanto le miraba la cara a Antonio de desilusión, yo gozaba esa enorme polla de Alex. Antes de que me llenara con sus fluidos logré llegar al orgasmo unas tres veces, ¡estaba muy excitada! Luego Alex se fue y quedamos los dos solos. De inmediato desaté a mi marido, estaba aterrado y confundido, yo a su vez había cumplido mi fantasía. Luego llamó a la policía y le contamos lo sucedido del hecho.

En esos días no paraba de pensar en lo buena que salió la estrategia, la policía no encontró huellas ni nada,  ¡por suerte! A los días invité a Alex a mi casa, lo presenté como un amigo del gimnasio y a su vez como mi compañero de salsa. Ya no sabía como decirle a mi marido de lo cornudo que era, estas situaciones me excitaban mucho; ese día me había vestido con una falda de jean corta, tacos finos, una remerita común y mi tanguita, además de haberme pintado muy provocativa…eso le excitaba mucho a Alex.

Cuando tocaron la puerta atendí yo, era Alex lo hice pasar se saludó con mi marido y nos sentamos los tres juntos. Comenzamos hablando del asalto que tuvimos la semana pasada y de lo que me había hecho el ladrón y de los tratamientos psicológicos que estábamos siguiendo, a todo esto Alex y yo nos mirábamos con una pequeña risa burlona y pícara. Al finalizar la cena Antonio sacó un vino muy caro que tenía y se lo puso a beber con Alex, yo por mientras me quedé ahí sentada con ellos, me encendí un cigarrillo, no paraba de mirarle la boca a Alex y de lo que me imaginaba con su boca… ¡Ya me estaba empezando a calentar! Comencé a arrojarle el humo en la cara a Alex y a juguetearle debajo de la mesa con mis tacos, todo esto delante de Antonio.

Luego puse música de salsa y saqué a bailar a Alex para mostrarle a mi marido de lo bien que iban mis clases de salsa jeje… no parábamos de franelearnos y apoyarnos con movimientos muy seductores, Antonio se sentía muy incómodo no sabía que hacer y eso me excitaba mucho. Al rato Antonio dijo que se iba a dormir, que estaba muy cansado, apenas se fue a dormir, nos fuimos con Alex a una pieza y nos dimos sexo. No paraba de gemir y gritar, trataba de morder la almohada pero mi excitación llevaba a gemir. Mientras estábamos cogiendo de lo más rico con Alex, se sintieron pasos, cuando de repente se abrió apenas la puerta, pude ver apenas que era Antonio observando a hurtadillas.

Comencé a gemir con fuerza, a gritar como una puta, a decirnos de las groserías más obscenas con Alex, esto me excitaba de sobremanera, me sentía muy húmeda, podía verle la cara de decepción a Antonio, más bien la cara de cornudo consentido. Logramos acabar al mismo tiempo, me sacó toda la calentura que llevaba. Una vez que finalizamos pude ver que mi marido no seguía allí. Al rato Alex se fue y yo me fui a mi cama junto con Antonio sin decir una palabra. Por una cuestión mía de vergüenza no le comenté nada (tampoco hacía falta que le contara), Antonio tampoco me preguntó nada esa noche.

Al otro día Antonio me comenzó a tratar de una manera más respetuosa conmigo, como si los pantalones de la casa los llevara yo… Las visitas con Alex fueron más íntimas para evitar problemas con mi matrimonio, de igual manera si me pedía el divorcio el 50% de sus bienes también eran míos por lo que no mencionó ni siquiera la palabra “divorcio” y él siguió siendo un cornudo resentido y yo una puta infiel ¡como a mí me gusta!.

Pueda ser que mi relato les haya gustado.

Autora: Adriana

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Antonio del Mar I

Antonio envolvió sus brazos a mi alrededor y pegó la parte frontal de su cuerpo con la parte trasera del mío. Sentí sus brazos alrededor de mi abdomen, su vello facial y su aliento alcohólico en mi cuello y para rematar, la totalidad de su anatomía masculina frotándose y endureciéndose justo en mi trasero sin experiencia. Sentía como la corona de vellos de su sexo se restregaba en mi cintura.

No me parece descabellado decir que todos los seres humanos admiramos apasionadamente a nuestros semejantes alguna vez. Quizás a nuestro maestro, o a nuestro tutor, incluso a nuestro mejor amigo. Siempre hay algo que buscamos en otros, algo de lo que creemos carecer, y encontrar cualidades de las que quisiéramos hacer gala en otra persona nos atrae hacía ellas, en un intento por sentirnos individuos más “completos”.

Antonio me suscitaba esto y más. Era todo lo que yo hubiese querido ser de haber podido elegir. No hablo ya del panorama físico, porque siendo yo, sería demasiado exigirle a la vida lo mismo que le regaló a él. Una sonrisa perfecta, una tez y cabello tanto suaves como brillantes, un hermoso torso alargado como el de una escultura griega o una voz muy grave y masculina. Nada de esto hubiera pedido, una vez conocida su mejor cualidad: esa increíblemente atrayente personalidad. No pretendo decir que no apreciaba y, sobre todo, deseaba su atractivo físico, pero no era este aspecto perecedero lo que me hacía querer estar cerca de él tanto como me fuera posible. Era su carisma de lo que quería contagiarme. Y aunque al fin obtuve algo bastante diferente a lo que me esperaba, pues en su astucia supo aprovechar mi condición a su antojo, no me arrepiento en lo más mínimo de haber hecho de él mi modelo a seguir. Trataré de ser más directo en los siguientes párrafos para no desalentar a nadie con detalles insignificantes.

Andrés y yo nos habíamos hecho buenos amigos poco después de comenzar la escuela secundaria. Por aquel entonces éramos compañeros de clases. Él era quizás una réplica exacta del estereotipo del adolescente rebelde y lleno de energía, algo de lo que también buscaba contagiarme, mientras que yo era un tanto más introvertido y tímido. Aún con esto, compartíamos muchas cosas. Era muy común que la gente nos relacionara automáticamente al uno con el otro con sólo mencionarles su nombre o el mío. Gustábamos de las mismas cosas, nos hacíamos las mismas preguntas e incluso vestíamos de la misma forma. Más de una persona nos decía a menudo que guardábamos cierto parecido físico, pues nuestra complexión y altura era (e incluso hasta el día de hoy es) exactamente la misma.En conclusión, Andrés era el compañero y amigo ideal, alguien irrepetible para mí. Debo muchos momentos gratificantes a él, pero mi mayor adeudo es el haberme hecho llegar al verdadero motivo de este relato: su hermano Antonio.

No llevábamos mucho tiempo de conocernos cuando fui por primera vez a casa de Andrés y conocí a su familia. Aquellas tareas de la secundaria nos parecían tan largas que para hacerlas un poco más llevaderas las hacíamos juntos, y fue una de esas tardes que nuestros profesores atiborraban de trabajo por hacer, que conocí a su hermano 5 años mayor que nosotros: Antonio. Admito que aunque, me llamó poderosamente la atención que un joven de 18 años se presentara y me tratara como alguien de su edad, incluso ofreciéndome ayuda en los temas escolares, no me sentí atraído hacia él inmediatamente.

Al ser hermanos, Andrés y Antonio eran bastante parecidos, aunque claro, obviando el tamaño dada la diferencia de edades. Por su parte, Antonio tenía una piel más bronceada y un cabello más obscuro, así como unas facciones menos aniñadas con respecto a su hermano menor, aunque supongo que esto era más que nada un atributo que el tiempo le otorgó. También lucía un lunar muy gracioso en su mejilla, y un vello facial casi tan definido como el de un adulto que en aquel entonces envidiaría cualquier chico.

Francamente no recuerdo en que momento empecé a interesarme en él. Cada vez lo buscaba con más frecuencia: fingía que necesitaba ayuda con la escuela, iba a estudiar a casa de Andrés solo para tener un pretexto para poder ver a su hermano y escuchar sus consejos. Hubo ocasiones en las que olvidé mis cuadernos a propósito con el fin de regresar a verlo otra vez.

Eventualmente dejó de ser necesario que estuviese Andrés para que pudiéramos vernos. Congeniábamos bastante bien, con o sin su hermano presente. Incluso en muchas ocasiones iba a visitarlo directamente, y procuraba su compañía al grado que me llegó a considerar, según sus palabras, más “hermano” que su propio hermano. Andrés no parecía tener ningún problema con ello. Durante los siguientes 4 años pocas cosas cambiarían. Si bien, las novias de Antonio iban y venían, y Andrés y yo teníamos el llamado “mal del adolescente” a tope, hostigándonos todo el tiempo, pero nada cambió demasiado. Ni siquiera nuestros aspectos. A grandes rasgos seguíamos siendo: Andrés, atrevido; Guillermo, tímido; Antonio, carismático.

Cursábamos ya la preparatoria, tratando de devorarnos al mundo. Antonio estaba en la universidad, a punto de graduarse. Cabe destacar que fue ahí donde conoció a una chica bastante bonita y agradable de nombre Berenice, con la que mantuvo una larga relación, hasta poco después de los incidentes que estoy por contarles. Y quizás he sido responsable de ello en cierta medida, pero he decidido tomar nota para dejar atrás por mi bienestar esos desastrosos resultados tras este viaje de placer y discordia.

Por aquel entonces Andrés y yo ya habíamos cumplido la peligrosa edad de 18 años, a la vez que Antonio no hacía mucho había cumplido sus 23 en todo su esplendor. No había cambiado gran cosa desde que lo conocí, pero su cuerpo ya se asemejaba más al de un hombre que al de un chico, con sus espaldas y hombros ensanchados. Mejor aún, conservaba su sencillez que le hacía caer bien a todos.

Como ya he dicho, tras conocernos Andrés no demoró en presentarme con su familia. Sus padres eran bastante agradables y constantemente le decían que yo era un ejemplo a seguir para él (ignorando que era a la inversa, pues yo envidiaba en Andrés todo lo que yo no era). Cada que salían de viaje me quedaba en casa de los hermanos, y cuando no era así era porque los padres nos llevaban con ellos.

Un día cerca de la semana santa me comentaron sobre sus intenciones de ir a su casa de playa por unos días, viaje al cual Berenice y yo nos encontrábamos invitados, así que no dudé en asentir y en prepararme para una turbulenta semana en el mar de Cortés (irónicamente “del Mar” es el apellido de estos hermanos).

Aunque no fuera mi objetivo, siempre trataba inconscientemente de atraer la atención de Antonio. Vestía de forma que sabía que a él le agradaría, y muy a menudo recibía elogios de su parte. En este punto de nuestra historia aún no definía claramente lo que sentía, sólo sabía que quería mejorar para ser alguien de su calibre algún día. Así pues, me dispuse a elegir cuidadosamente que bañador, que gafas de sol usaría cuando él me viera o que ropa interior ponerme cuando no estuviese en la playa, sin imaginarme que de poco me iba a servir usarla…

Partimos en mediodía de un martes de abril en la camioneta de los señores del Mar. El camino hacia la playa era, por fortuna, corto, y aún más corto nos pareció a Andrés y a mí que íbamos riéndonos de todo lo que se atravesaba frente a nosotros. Berenice y Antonio hablaban en silencio, seguramente de los temas que a los novios les gusta hablar todo el tiempo. Al cabo de una hora habíamos llegado a la amplia y elegantísima casa a orillas del mar, donde, como en todas las casas bellas, el tiempo parecía dilatarse y los días hacerse más largos.

Los señores del Mar nos sugirieron tomar las dos recámaras con baño propio a Berenice y a mí, mientras Antonio y Andrés compartirían una recámara y ellos compartirían otra. En menos de una hora estábamos todos listos para salir a bañarnos en el sol.

Así se nos fue esa primera tarde, de una forma muy distinta al resto, al menos para mí. “Andy” y yo jugando bruscamente bajo el agua. Berenice y Antonio, por su lado, se alejaban bastante de nuestra vista. Se veían felices. No entiendo por qué, por unos momentos me sentí triste al ver que Antonio no jugaba con nosotros como las últimas veces.

Unas horas más tarde, cuando el sol estaba poniéndose, los señores del Mar, que habían estado todo este tiempo sentados en la arena ante una palma, nos propusieron alistarnos para salir a hacer una fogata más tarde, y como bien sabíamos todos los presentes: fogata significaba alcohol, al menos para los hermanos. Por raro que fuera, los padres de Andrés le dejaban consumirlo sin reprocharle nada, y vaya que él aprovechaba la situación, pues tanto él como su hermano bebían bastante. 40 minutos más tarde estaba oscuro. Había un poco de luz, pero apenas la suficiente para distinguir las calles detrás de la playa. Antonio y Berenice tomaron la camioneta con el pretexto de ir al expendio más cercano a comprar bebidas, mientras nosotros nos cambiábamos de ropas.

Salimos todos cuando no había un ápice de luz. El señor del Mar ya había dejado todo listo para la fogata que posteriormente encendió. Nos acomodamos como pudimos alrededor de ella y observamos las estrellas durante largo rato. Las recuerdo preciosas. No cabía una más en el cielo. Berenice estaba fascinada, y lo estuvo más aún al ver el tono cobrizo de la luna. Reconozco que no estaba muy centrado en ello esa noche. Andrés, y en especial, Antonio, bebieron cuanto quisieron y más, como siempre hacían. No pensaban mucho en la belleza del mar ni en nada de lo que los señores del Mar y Berenice discutían. Y yo: al margen, como siempre. Callado y sin saber si prefería ver la perfección del firmamento o a Antonio.

No pasó mucho antes de que Antonio decidiera que el alcohol se le había subido muy pronto a la cabeza, y que quería irse a recostar. Alguien tenía que acompañar a ese hombre, porque quien sabe como hubiese subido las escaleras estando solo. Para asombro mío, Berenice, que no quería dejar de ver el océano, me pidió que yo lo acompañara. En voz baja por supuesto. Antonio es orgulloso y no tolera que nadie cuide de él. Así que lo fui siguiendo hasta llegar a la casa.

-¿Vienes por algo? -me dijo al verme en la puerta junto con él. -En realidad yo también quiero acostarme ya. -¡Ja! -dijo en tono burlón- ¿te mandaron para que me ayudaras a subir? -No, y aunque fuera así, no me ibas a dejar ayudarte -contesté en el mismo tono.

No hablamos más. Abrió la puerta y ambos nos dirigimos a las escaleras. No tuvo problemas en subirlas. Quizás los habría tenido de no haber estado yo ahí, pero en su orgullo él era capaz de haber controlado la borrachera por ese momento sólo para no aceptar la ayuda. Llegamos a la planta alta y nos despedimos.

-Buenas noches. -Hasta mañana, que descanses Guille. -dijo mientras caminaba desvistiéndose hacia su cuarto.

Entré a mi pieza y me quité la camiseta, las sandalias y los pantalones cortos quedando en la ropa interior que elegí tan cuidadosamente. Retiré las sabanas y me acosté sobre la cama un par de minutos. No tenía sueño, pero tampoco deseaba salir a la fogata otra vez. Viendo algo de televisión probablemente me entrarían ganas de dormir. Me vestí de nuevo. Salí de la alcoba con la intención de bajar las escaleras hacia la sala, pero algo llamó poderosamente mi atención. El cuarto de Antonio permanecía abierto, así que probablemente el aún estaría despierto. Me alegré bastante, pues una conversación a solas con él me valía lo que mil horas de televisión, pero no había forma de saber que tan grande sería el salto que daría al entrar a la habitación. Entré apresurado creyendo que iba a encontrarme con mi ídolo tratando de dormir como lo estaba haciendo yo, pero no fue así. Y vaya que representó un giro bastante violento…

Apenas permanecí un instante en ese cuarto cuando ya estaba retrocediendo torpemente, pues me encontré con una escena que jamás hubiese esperado presenciar. Ahora caía en cuenta: quizás a causa de su abuso con el alcohol olvidó cerrar la puerta de su alcoba. Estaba tendido completamente desnudo de pies a cabeza sobre la cama aún cubierta por el edredón azul. Para darle un toque aún más dramático al cuadro representado frente a mis incrédulos ojos, su mano se encontraba bien cerrada alrededor de aquel rígido mástil que salía de su entrepierna, subiendo y bajando frenéticamente a la par que su respiración entrecortada resonaba en mis oídos.

No lo soporté. No sabía que debía hacer ni pensar, así que me resultó sencillo huir de allí. Estaba bastante confundido por lo que acababa de suceder, mas me es imposible negar que estaba también terriblemente excitado ¿por qué? ¿ver la expresión de pleno placer en el rostro de Antonio, con su cuerpo totalmente descubierto ante mi vista, con sus ojos cerrados y sus labios ligeramente abiertos mientras su mano estrangulaba con fuerza un pene con una postura muy desafiante era algo excitante?… ¿un pene? ¿De Antonio?

Simplemente era demasiado para mí. Me sentía completamente abrumado por el sentimiento que me ocupaba: era otro al que yo vi plasmado en esa escena, no podía ser el mismo que yo había estado admirando a escondidas desde hacía años ya. Y aún con toda aquella mezcla de emociones, mi curiosidad me pedía regresar. Sin temor a equivocarme puedo decir que fue en este punto donde la bomba de tiempo estalló y me di cuenta de mis deseos hacia él. Al diablo con la admiración y con desear tener todas sus cualidades, era más lo que yo ambiciaba.

Lo medité unos cuantos minutos. Existía el riesgo de que él saliese del estado de euforia en el que estaba y me descubriera espiándolo, y eso destruiría toda visión de “hermano menor” que pudiera tener hacia mí, pero era tal mi curiosidad que no dejé a ese pensamiento ocupar mi mente. Salí de mi habitación caminando sobre las puntas de mis pies, solo para notar que el resto de la familia aún no había vuelto de la playa. Una vez que me di cuenta de esto, y temiendo que el espectáculo de mi estimado se hubiera terminado, apreté el paso y crucé nuevamente la puerta aún abierta hacia el cuarto de Antonio. Y aclaro que con esta acción, no sé si por fortuna o por desgracia, no solo entré allí, sino que entré a una etapa para la cual no estaba preparado psicológicamente.

Ahí estaba, tendido boca arriba como para dejar que el aire acariciara toda la extensión de su piel, aunque desgraciadamente, todo parecía indicarme que el buen Antonio había acabado su faena, pues aunque su pene seguía parcialmente firme, él ya no se encontraba consciente. Se oprimió mi corazón. Esta situación era mucho más ventajosa para mí. Nadie me vería mientras admiraba aquel maravilloso cuerpo desnudo, ni siquiera él. Podía incluso descargar mi excitación ahí mismo enfrente suyo, y lo más seguro sería que ni siquiera se inmutara.

Una idea perversamente atractiva pasó por mi mente: si él estaba profundamente dormido, y no había nadie en la casa que pudiera entrar repentinamente y descubrirme ¿no podría también tocar ese cuerpo que tanto deseaba? a fin de cuentas, Antonio no se quejaría estando en ese estado. Durante un par de minutos más me dediqué únicamente a verlo, debatiéndome entre si era o no correcto hacer lo que estaba a punto de hacer. Y al final no pude más, pues tras estar a muy cerca de acariciar su pecho en varias ocasiones para después arrepentirme, mi erección decidió por mí y dejé caer mi mano sobre la piel tibia y bronceada de mi príncipe.

Era una sensación totalmente sublime. Había “jugado” físicamente con Antonio antes, sobre todo cuando jugábamos en forma brusca como hacen todos los chicos algunas veces, pero esta vez lo estaba tocando a otro nivel completamente nuevo. Comencé a frotar su abdomen, sus brazos, su rostro, sus cabellos. Me parecía hermoso verlo descansar justo como vino al mundo, tan perfecto y tan vulnerable ante mis perversiones. Al llegar a la parte baja de su abdomen me detuve. Lo menos que quería era ser irrespetuoso con su cuerpo, por ello me abstuve de tocar algunas zonas aún prohibidas para mí.

De pronto me percaté de que había pasado casi media hora y la familia aún no volvía. Ya era hora de dejar al pobre Antonio en paz, de lo contrario podría darse cuenta de lo que sucedía y pensaría que mi intención era aprovecharme de él. Quizás esa oportunidad no se volvería a repetir pero no me importaba: mi atracción hacia él era afectiva mucho antes que sexual, y una fantasía no valía el sacrificio de nuestra buena amistad. Justo antes de retirarme, me incliné y besé su mejilla, pasando mis labios muy cerca de su lunar que lo caracterizaba. Eché, pues, una última mirada a su entrepierna antes de irme a dormir. Quedé anonadado: el pene, que ya se encontraba flácido, volvía a tomar fuerzas tras el contacto de mi boca con su cara. Y como por arte de magia, nuevamente estaba yo a mil, así que para no cambiar de opinión abandoné la habitación lo más pronto posible para despejar mis ideas en la tranquilidad de mi almohada.

Arrojé la puerta y sumido en el trance olvidé colocar el seguro. Me desvestí completamente. Quería que Antonio del Mar y yo estuviéramos en igualdad de condiciones sin importarme nada más. No me interesaba si alguien más me veía desnudo, solo quería jugar con la idea en mente de que él y yo estábamos a menos de 4 metros el uno del otro, y ninguno usaba prenda alguna que lo cubriera de la mirada lujuriosa del otro… Sí… ¡qué bueno sería si me deseara como yo a él! ¡si quisiera experimentar el tacto de mi cuerpo como yo lo hice con el suyo! Comencé a masturbarme bajo la sábana antes de terminar de cubrirme con ella. Aún estando desnudo sentía cierto calor, de seguro debido a la “felicidad” de mis hormonas fuera de sus cabales. No era para menos después de haber vivido la experiencia de mi vida, así que traté de ejecutar los movimientos exactos que vi a mi príncipe hacer con su mano sobre su herramienta. Susurré su nombre en voz baja varias veces, y hablé un idioma que ni siquiera conocía, pero a medida que aumentaba el ritmo de mi lasciva tarea me imaginaba que era él quien asumía mi placer.

Es natural, cuando menos, que nadie estuviese preparado de haber estado en mi lugar para lo que ocurrió justo después de esto, pero aseguro al lector que me arrebató de golpe del plácido estado en el que estaba. Noté que alguien irrumpía en la alcoba, y horrorizado pensando que sería Andrés o peor aún, Berenice, que habían entrado tras escucharme exclamar el nombre de su hermano, o bien, de su novio respectivamente, cubrí la totalidad de mi cuerpo con la sábana y di vuelta inmediatamente hacia la ventana para dar la impresión de estar dormido. Y fue más grande mi horror cuando me di cuenta de que, quien quiera que fuese, se había sentado a mi lado. Quizás de haber salido de la sábana habría descubierto más pronto de quien se trataba, pero no quería que ese individuo se enterara de que estaba despierto, menos aún, que me hiciera preguntas sobre el por qué de mi desnudez.

Pasaron unos instantes, y esa persona no hacía más que estar sentada allí, en el borde de la cama. Temí infantilmente que se tratara de un fantasma que venía a espantarme por haber tocado a Antonio sin su consentimiento, y en mi estupidez sentí miedo de ser castigado por lo que había hecho. El “ente” comenzaba a recostarse y a colocarse en una posición idéntica a la mía. Cuando finalmente habló, me quedé más frío de lo que ya de por sí estaba:

-Hey… ¿estás despierto Guille?… -habló una grave voz.

El alcohol presente en su aliento lo delataba. Era él. Había venido a mi habitación, y me asustaba que fuera a enfrentarme por mis acciones. Sentí un nudo en la garganta y casi de inmediato la culpabilidad se hizo sentir.

-¿Me escuchas Guille?… -continuaba susurrando aletargado, a la vez que puso su mano en mi hombro. -Sí… -contesté inmóvil.

Hubo un silencio. Supuse que el no encontraba las palabras para abordar el tema así que para no hacerlo enfadar más comencé con la intención de apagar su supuesto enojo:

-…Yo… sé que me vas a pedir explicaciones. -¿Por qué? -¿Estás enojado conmigo? -Tengo frío. -¿Frío? Estás mal Toño… -dije aliviado de que no quisiera hablar del tema. -Déjame acostarme aquí contigo mientras se me pasa… Las cobijas no me calientan nada -dijo mientras asía con su mano la sábana con la que me estaba cubriendo y se cubría con ella también.

Me estremecí de nuevo. No exagero al decir que a poco más que me hubiese exaltado sufriría un colapso nervioso. Eran demasiadas emociones fuertes en menos de una hora. Literalmente estaba temblando cuando noté que no se había vestido antes de la “visita”, y actuaba como si no se diera cuenta de su desnudez ni de la mía ¿qué era lo que quería este muchacho? No sabía si estaba más asustado por él o por mí. Cualquiera que fuera su objetivo, mi cuerpo reaccionó inmediatamente a la situación: mi cuerpo me hizo una jugada de desesperación y comenzó a temblar como nunca lo habían puesto a temblar los nervios.

-¿Ves que no estoy loco? tú también tiemblas de frío. -No… No es por frío por lo que tiemblo -dije con la voz entrecortada. -¿Entonces, pues? -exclamó por primera vez con un tono de molestia. -Nada Toño, durmámonos ya.

Con esta última frase esperaba que me hiciera caso, pues Berenice y la familia debían estar por llegar y hallarnos desnudos en la cama a los dos no sería en absoluto fácil de explicar. Andrés no me dirigiría la palabra jamás, sus padres quizás hablarían con los míos y Antonio y yo no podríamos vernos más. No. Eso no podía ocurrir. Mi intención era dejar que se durmiera, vestirme y llevarlo como pudiera a su alcoba lo más pronto posible… nada más lejos de la realidad.

Antonio envolvió sus brazos a mi alrededor y pegó la parte frontal de su cuerpo con la parte trasera del mío. Sentí sus brazos largos alrededor de mi abdomen, su vello facial y su aliento alcohólico rozando mi cuello y para rematar, la totalidad de su anatomía masculina frotándose y endureciéndose justo en mi trasero sin experiencia. Sentía claramente como la corona de vellos de su sexo se restregaba en mi cintura…

-¿Qué demonios te pasa? -dije asustado por la forma en que pudiera reaccionar. -De verdad tengo mucho, mucho frío. -contestó cómo pidiendo condescendencia. -¡Pues vístete! -dije firmemente- pero no te me pegues así ¿que no te das cuenta de que estás…? -Escupe -me interrumpió acercando sus dedos medio e índice a mis labios acariciándolos levemente. -¿Perdón? -contesté sin entender el mensaje que quería darme a captar -Que escupas -repitió. -¿Y qué pretendes con ello? -Lo sabrás cuando lo hagas -añadió, adoptando de nuevo ese gesto de molestia.

Obedecí sus instrucciones sin entender, en mi inocencia, que era lo que pretendía. Su voz me dominaba. Tampoco quería escupirle, pero si se lo seguía reprochando quizás se hubiese exaltado. No deseaba sostener una discusión con él en ese estado, pues los demás se hubiesen dado cuenta de lo que estaba sucediendo. Eso me aterrorizaba tanto que no pude oponerme a su extraña petición.

-No entiendo que pretendes -dije después de escupirle abundantemente las yemas de los dedos- pero estás ahogado y deberías vestirte e irte. -¿Por qué? -exclamó burlescamente mientras, contra todo pronóstico, hurgaba debajo de las sábanas entre mis glúteos con sus dedos ensalivados- quieres lo mismo que yo vine a buscar ¿o no? -¿Qué… qué haces Toño? -mis palabras se quebraron impidiéndome hablar correctamente en el momento en el que encontró su objetivo -Shh, shh… -susurró en mi oído- tranquilo, Guillermito, no pasa nada. -A-ah… no, no, estás borracho Toño, me estás lastimando, no deberíamos estar haciendo esto. -¿Por qué? ¿Te duele lo que estoy haciendo? -dijo, por primera vez de forma preocupada. -No… Pero no quiero hacer esto… por favor. No estoy listo. -¿Por qué? -insistió.

Ya estaba hartándome de sus preguntas. Esta situación era totalmente surrealista. Definitivamente este no era Antonio del Mar, el que me aconsejaba sobre como relacionarme con las personas, sobre cómo reaccionar ante las acciones de los demás, incluso sobre sexo. Era un lado de su personalidad que no conocía, y lo peor de todo era que, a pesar de la sensación extraña de sus dedos dentro de mí, no me resultaba desagradable la forma en que me frotaba esa zona tan privada y desconocida, así que intenté tranquilizarme. Antonio ya me había alzado la voz en dos ocasiones, y si lo hacía perder la paciencia sabía a que atenerme. Pocas veces lo vi molesto antes, pero sé bien que no es alguien a quien uno quisiera enfrentar estando borracho y furioso.

Capté lo que estaba sucediendo. Si hacía nada me sentía calientísimo de solo verlo tocarse sus partes íntimas, debía sentirme aún más caliente de tenerlo en mi cama, con su cuerpo pegado al mío y acariciándome de forma, aunque no muy normal, si un tanto placentera. Aquella experiencia empezó a volverse más llevadera, incluso a ratos me agradaba la forma en que sus me frotaba lentamente por dentro haciendo círculos. Traté de disimularlo para que Antonio se diese cuenta de que quería que terminara, pero nuevamente su astucia fue superior a mí.

-¿Te das cuenta? si cooperas todo va a salir bien… -No. Pero ya es… -solo atiné a decir, antes de soltar un suspiro de gusto. -Creo que ya estás listo Guillermito -dijo retirando su dedo de mi interior. -¿Para qué debo estar listo? -pregunté, al tiempo que mi diminutivo hacía un eco de forma hipnótica en mi cerebro.

Permaneció en silencio con sus brazos aún a mi alrededor como tratando de aplicarme una llave. Separó una de sus manos y la acercó a mi boca nuevamente.

-¿Qué te parece si te los pones en tu boquita por mí? -dijo acercándome de nuevo sus dedos.

Ensalivé de nuevo temiéndome lo peor. Aunque Antonio estaba siendo menos violento con sus palabras, todo estaba saliéndose de control. Tenía que hacerlo recapacitar de alguna forma. Admito que aunque tenía miedo quería experimentarlo, pero sabía que a partir de ese momento, a menos que tuviera la suerte de que Antonio se olvidara de todo al día siguiente, nuestras vidas cambiarían drásticamente.

-Esto no es correcto… -dije en un último y vano intento de disuadirlo. -¿Por qué? -dijo, y acto seguido sentí algo caliente y firme en la entrada de mi ano. Era su herramienta que había ensalivado con mi propio flujo bucal. -Espera… no, no estoy listo ¿qué es eso? -Adivínalo -respondió sádicamente para después hundir su pene en mí de una forma abruptamente dolorosa que me puso a sollozar al instante. Introdujo profundamente aquel miembro ardiendo y quedamos en esa posición, sintiéndolo más próximo a mí que nunca. No se movía en absoluto, parecía más bien que estaba dejando un espacio para que me acostumbrara a el, aunque sin éxito, pues a pesar de su “consideración”, no dejaba de sentir ese dolor tan agudo en un sitio que apenas había descubierto que podía causar tanta molestia.

-¿Estás bien Guille? -preguntó en voz baja. -No Tono, me duele, te juro que no me lo estoy inventando, de verdad me duele… -atiné a decir, y aseguro que estaba siendo más que honesto. -No te preocupes. Sé cómo se hace. -Por favor, yo no puedo… -y dicho esto tomó mi rostro, lo volteó hacia el suyo y ahogó mis quejidos antes de que terminara con un beso muy fuerte que no supe corresponder.

Solo dejé que su lengua con gusto a cerveza hiciera lo que quisiera: llegaba hasta mi garganta  y se enroscaba alrededor de mi lengua, haciéndola moverse instintivamente. Al menos eso me servía como distracción y alivio.

-¿Qué pasa? ¿No te habían besado así antes? -me susurró mientras se incorporaba, dándose cuenta de mi evidente falta de experiencia. -N-no… -Tranquilo, todo esto es normal. No debes de estar nervioso.

Hoy que pienso en ello, no comprendo cómo un hombre borracho podía tranquilizarme en medio de una experiencia tan bizarra, pero sólo él lo hubiese logrado. Tomó, pues, mi mano e iniciamos un beso aún más intenso. Había besado a mujeres un par de veces, pero esto no podía desde ningún punto de vista asemejarse a mis anteriores experiencias. El roce de su barba de 3 días era un tanto incómodo, pero teniendo un problema mayor como el de su miembro viril abriéndose paso en mi trasero hacía que me importara más bien poco. Hasta este momento Antonio se había limitado a besarme y a acariciar mi torso con sus manos, acciones que yo no podía corresponder como me hubiese gustado. No había hecho ningún movimiento con sus caderas para evitar lastimarme.

-¿Ya? -No sé, sólo hazlo rápido -contesté resignado.

Dicho esto comenzó a ejecutar un vaivén hacia adentro y hacia afuera que me obligaba a apretar mi esfínter alrededor de su pene contra mi voluntad. El dolor que se había estado apaciguando volvió a encenderse. Antonio se dio cuenta de esto y no me permitió quejarme, pues colocando sus dedos en mi boca por tercera vez, acercó sus labios a mi cuello y al dorso de mi cara y comenzó a besarlos. Desde ahí lo único que escuchaba era su respiración enloquecida y el sonido típico de los besos sobre la piel. No dijimos una sola palabra hasta que él terminó. Pude notar que tan próxima estaba su venida porque el cálido aire que arrojaba sobre mi rostro fue acelerándose cada vez más hasta que lanzó un suspiro silencioso y muy prolongado. Había acabado y juro que estaba agradecido. No iba a hacer eso nunca más, simplemente no era para mí, no quería experimentar algo tan doloroso otra vez.

-Muchas gracias Guillecito, esto quedará entre nosotros ¿sí? no podemos decírselo a nadie o no nos podremos ver más. Que descanses… -dijo retirando su pene de mí interior para después pasar su mano cariñosamente por mis cabellos y levantarse de la cama. Se marchó de la habitación dejándola impregnada de un aroma a sexo y alcohol, mostrándome la, hasta ahora desconocida, parte trasera de su desnudo y bien formado cuerpo. Recuerdo que se notaba cierto descaro en su voz cuando se despidió.

No contesté nada. Mi pene estaba durísimo pero yo estaba cansado y molesto. Era como sí mi moral me dijera que acababa de ser usado tras cometer un error irreparable, pero mi libido me indicara que todo estaba bien y que había que disfrutar de ello. Me levanté, tomé mi ropa interior y me dirigí al baño. Por fortuna mi alcoba, al igual que la de Berenice, contaba con baño propio. Justo frente a la entrada había un espejo que me permitía verme de cuerpo completo, pero avergonzado de mí mismo por lo que acababa de suceder evité verme reflejado en el. Mientras me enjuagaba la cara me di cuenta de que tenía muy húmeda la zona baja de mi trasero y además la sentía tan caliente como una brasa de carbón al rojo vivo, y no era para menos, el pene de Antonio, sin ser enorme, era el más grande que había visto (quizás porque había sido el único) y por ello la fricción que hacía con mi culito era tremenda, además había eyaculado en mi interior sin avisarme nada ni ofrecerme ninguna disculpa, solo un descarado “gracias Guillecito”…

Y entonces me pregunté ¿no había sido mi culpa todo esto? lo más seguro era que yo lo hubiera despertado, y al estar tan alcoholizado él no podría controlar al 100% sus acciones. Yo era el responsable de lo que acababa de sucederme y seguro que si Antonio recordaba que había pasado al día siguiente podía irme olvidando de él, pues yo sería el único culpable.

Me puse los calzoncillos y salí del baño. Eché un vistazo a la sala desde la planta alta y vi que los focos de abajo estaban encendidos. Andrés y los demás ya habían llegado así que puse el seguro a la puerta y me tumbé boca arriba sobre la cama. Nunca había estado tan triste, molesto y excitado al mismo tiempo. Mi pene seguía inconforme, no le importaba un carajo como me sentía: deseaba satisfacción y punto. Y se la di. Me masturbé como lo había estado haciendo antes de que Antonio llegara a mi habitación. Me maldije a mí mismo mientras tiraba con coraje de mi miembro. Menos mal que no tardé nada en terminar, y así, agotado por esa frustración, con el vientre ensopado en mi propio néctar de vida, y escurriendo de entre mis piernas el de mi ídolo, me dejé vencer por el sueño […]

Fin de la primera parte.

Autor: Gyork

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El cambio en mi vida

Una de mis mayores sorpresas ha sido darme cuenta de lo extraña que es mi situación, y disfrutarla.  Los deseo a los tres, cada uno a su manera, cada vez que ellos quieren. Vienen, me hablan e inmediatamente estoy en disposición de disfrutar el sexo.

Queridos lectores: Me he masturbado tantas veces leyendo estos relatos que me parece justo contaros mi cambio de vida. Soy Elena. Tengo 39 años y hace tres que me he divorciado, después de unos años difíciles. Me quedé con la casa familiar, de cuatro dormitorios. Planeábamos tener muchos hijos, pero la vida no lo quiso así y, con el paso de los años, nuestra relación se fue al traste.

El destino, sin embargo, ha querido que todas estas habitaciones acabasen siendo útiles para mí. Hace dos años decidí alquilarlas a estudiantes para aumentar mis ingresos. Puse anuncios en la universidad y la casualidad quiso que el primero que viniese fuese un chico, Antonio. Otros estudiantes, chicos y chicas, pasaron algún tiempo en las dos habitaciones restantes hasta que Benjamín y Carlos las ocuparon permanentemente. Los tres hablan mucho entre si y conmigo y el paso del tiempo ha hecho que nos conozcamos bastante bien y nos aceptemos.

Los cuatro tenemos una visión similar del amor y del sexo y el caso es que los tres hacen el amor regularmente conmigo. No sentimos compromisos sentimentales, nadie tiene miedo de hacer daño a nadie, y los cuatro disfrutamos del sexo de esta manera. Yo he encontrado una nueva estabilidad emocional y, desde luego, hago el amor como nunca antes lo había hecho. No hago cuentas, pero es posible que cada semana me corra cincuenta veces o más. Nunca había imaginado que esto fuese posible, pero lo es. La tranquilidad de la relación, la falta de tensión, me facilita el disfrute y, por otra parte, Benjamín, Antonio y Carlos son encantadores, amables, seguros de sí mismos, tiernos y cariñosos, y los tres, a su manera, tienen la capacidad de excitarme con facilidad hasta el orgasmo.

No siempre ha sido así, pero han aprendido con facilidad y ahora no hay ocasión en que hagamos el amor en que no me hagan correrme. Antonio lo consiguió desde la primera vez y sus polvos son tiernos y largos, con poca penetración, relativamente, y suele conseguir de mí dos o tres orgasmos cada vez que me hace el amor; él se corre conmigo en el segundo y es capaz de mantenerme en tensión hasta que yo vuelva a correrme una vez más. Benjamín me penetra rápidamente y ahora consigue aguantar hasta que yo me corra sin eyacular; las primeras veces, sin embargo, se corría pronto y se desconcertaba. Pero yo supe darle seguridad en sí mismo y hacerlo concentrarse en el amor hasta controlarlo. Hoy Benjamín es un buen amante. Le gusta moverse dentro de mí, entrar y salir, empujar, follarme con fuerza. Y a mí también.

Habitualmente tengo un orgasmo con Benjamín y él otro. En ocasiones todavía se corre demasiado pronto, a veces me lleva hasta el orgasmo después de ello y otras no. Carlos todavía tiene mucho que aprender. Pero es tan encantador… Siempre me corro con él, pero el día que aprenda a controlar todos los momentos, y espero que sea pronto, creo que batiré records con él. Algo esencial es que Antonio, Benjamín y Carlos se llevan bien entre sí, no tienen celos ni competencias entre ellos, y los tres saben exactamente lo que está pasando. Nunca nos hemos juntado en tríos y menos en cuarteto. Pero todos saben que me acuesto con los tres. En otra ocasión os contaré detalles de nuestra relación, quizá os cuente cómo fue la primera vez con cada uno de ellos y detalles que os resulten más excitantes que este relato.

Hoy, dejadme que me limite a presentaros esta realidad y a contaros lo feliz que me siento. A deciros, con orgullo, que a estos jóvenes llenos de vida les encanta follarme. Que es raro el día que no lo hacen los tres y en ocasiones varias veces el mismo día. Ellos saben que si mi habitación esta entreabierta ellos pueden entrar, para charlar simplemente o para hacer el amor si nos apetece. Un domingo de hace tres o cuatro semanas algo le pasaba a Antonio y cerró la puerta de mi habitación cuatro veces durante el día y durmió toda la noche conmigo. Ese día Benjamín y Carlos me visitaron una sola vez. En otra ocasión fue Benjamín el que quiso follarme varias veces en el día. Carlos rara vez lo hace más de una vez, pero intuyo que va a ser mi mejor amante. Una de mis mayores sorpresas ha sido verme a mí misma en esta situación, darme cuenta de lo extraña que es, y disfrutarla. Nunca lo hubiera creído si me lo hubiesen dicho antes, pero para mi sorpresa así es.

Los deseo a los tres, cada uno a su manera, cada vez que ellos quieren. Vienen, me hablan e inmediatamente estoy en disposición de disfrutar el sexo. Creo que en este último año he debido hacer el amor más veces que el resto de mi vida. En fin, esta es mi nueva vida. Espero saber disfrutarla mientras dure y no echarla de menos si no siempre puede ser así. Lo que sí sé es que me costaría mucho vivir sin mis cuatro o cinco orgasmos diarios.

Saludos y hasta la próxima.

Autora: Elena

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El sacerdote

Yo con lentos movimientos de caderas comencé a moverme. Sus ojos no dejaban de verme, sus labios chocaban contra los míos con verdadera lujuria. Sus manos las colocó sobre mi cintura y con gran fuerza me traía hacía él. Los dos realmente nos entregamos en cuerpo y alma. Mi vagina recibía una y otra vez su verga, mis piernas las cerré sobre su cuerpo y ambos disfrutábamos como enamorados.

Perdóneme padre, porque he pecado. En pensamiento, palabra y obra. Así era como todos los domingos, yo saludaba al viejo párroco de mi iglesia. Luego de comunicarle, alguna que otra tontería, él me imponía como penitencia, el rezar o un Padre Nuestro o un par de Ave María, o a lo sumo un Rosario. Yo creo que dependía de como se levantase, ya que estoy segura, que jamás realmente escuchaba lo que le decía. Ya que era sordo como una tapia.

Hace unos seis meses más o menos, encontraron el cuerpo del viejo sacerdote, sin vida en el confesionario, según dicen las chismosas de la iglesia, le dio un ataque al corazón, al escuchar la confesión del alcalde del pueblo.

Por lo que a la semana, se presentaron dos nuevos sacerdotes, el padre Marcos, y el padre Antonio. El padre Marcos, es un sacerdote cuarentón. Las malas lenguas del pueblo dicen, y la mía que no es muy buena lo repite, que el padre Marcos es el guía espiritual y consolador, mejor dicho consuelo, de las viudas y de las divorciadas. No muy alto, grueso de espaldas, con manos grandes, con una gran sonrisa y abundante cabellera, la mayor parte del tiempo uno le ve en la calle sin sotana. Mientras que el padre Antonio, era un joven sacerdote, que aun olía a seminario. Delgado, de estatura media, cabellera y barba negra. Grandes ojos marrones, labios carnosos, y me daba la impresión de que no se quitaba la sotana ni para dormir.

La primera vez que vi a los dos nuevos sacerdotes, pensé. Ese curita está como para pecar con él, refiriéndome al padre Antonio, ya que el padre Marcos, me cayó algo pesado. Desde el primer día en que vi, al padre Antonio, me las ingenié para hacerme notar por el joven sacerdote. Antes de entrar al confesionario, me bañé en Chanel nº 5. Con el fin de hacerme notar, mi confesión fue corta y sencilla. Luego a la salida de la iglesia, me ofrecí para dirigir el grupo del coro de niñas. Al presentarnos formalmente, el padre Antonio, comentó el agradable aroma que había en el ambiente.

Cada vez que podía, buscaba alguna excusa para hablarle, y estar cerca de él. Pero el joven sacerdote, por lo general no se daba por enterado de mi existencia, o por lo menos eso me parecía a mí. Mi esposo, era quien a duras penas y apagaba mis calenturas. Por suerte comenzó a usar esa pastilla de nombre “Viagra” y con eso nos hemos mantenido dentro de nuestro matrimonio. El farmaceuta del pueblo, a tono de broma dice que el verdadero nombre de la pastilla es Vieja Agradecida. Pero yo pienso que debería ser Viagro, por viejo agradecido. Pero regresando al tema, preparé un plan de ataque a prueba de fallos, claro a menos que el padre Antonio fuera gay. Lo primero que hice, fue cambiar mi guarda ropa. Lo segundo fue realizar una lista de las horas libres del padre y las mías, y tercero poner el plan en marcha.

En el confesionario, se inició el primer ataque. Llegué temprano, olorosa, y con una blusa que deja ver los encantos de mis bien formados senos. Al entrar para confesarme, me fui por el frente y no por el lado, de manera que el padre Antonio, me tuviera frente a él. Sus ojos de inmediato se posaron en mis tetas, y ese día mi confesión prácticamente fue una narración de la relación sexual que mi esposo y yo mantuvimos la noche anterior. Yo toda apesadumbrada y compungida, le fui diciendo como, aunque yo no estaba de acuerdo, mi esposo me usaba para saciar sus bajos instintos carnales. En ocasiones yo levantaba la vista para ver al padre a los ojos, mientras me confesaba con él, y lo observaba como mantenía sus ojos cerrados, y una de sus manos dentro de la sotana. El solo pensar que lo excitaba a él, me excitaba a mí. Mi coño ardía por dentro, y tendría que buscar la manguera de mi marido para apagarlo, no es que en el pueblo no hubiese más hombres. Lo que sucede, es que todos apenas le tocan la mano a una mujer se van al bar del pueblo para decírselo a todo el mundo, pero de manera muy exagerada. Lo que a mí no me conviene, desde luego.

Bien regresando al tema de nuevo, les diré que con la escusa de ser la directora del coro de niñas me la pasaba metida en la sacristía y en el patio interior de la iglesia, ya que eran los dos lugares donde ensayábamos, prácticamente a diario, bajo la curiosa mirada del padre Antonio, yo por mi parte siempre iba vestida de la manera más insinuante posible. Lo que más me gustaba usar era un conjunto de falda larga, con una gran abertura al frente. La cual, yo abría y cerraba a mi discreción. Por lo general la acompañaba con alguna de las blusas, que compré un par de números más chicas, que las que suelo usar normalmente, lo que hace resaltar mis prominentes senos. Cierto día el padre Antonio, se acercó al coro para darnos la letra de una nueva canción. Yo le solicité que nos la cantara, por lo que él tomó mi puesto y yo me senté en el suelo, con las piernas ligeramente abiertas. Desde luego que sin ninguna mala intención, más bien fue por comodidad, se los juro. Mientras el padre, nos daba la letra de la canción, yo de vez en cuando movía mis piernas, inocentemente desde luego, y fíjense que casualidad, ese día se me olvidó ponerme, mi ropa íntima. El pobre padre se puso tartamudo del tiro, sudaba a mares, y yo ingenuamente le pregunté, si se sentía bien.

En otra ocasión, me presenté con una mini falda extra corta, y un tanga tipo hilo dental. Y ese día nos encontrábamos, preparando una verbena, pro fondos de la iglesia desde luego. A mi grupo y a mí nos tocó, un Kiosco de comida, por lo que preparamos una gran mariscada, para la venta. Pero para decorarlo, era necesario que le pusiéramos unas guirnaldas, y unos globos. Por lo que yo me iba a subir a una frágil escalera, con el fin de ir colocándolas. Justo cuando pasaba el padre Antonio, él muy diligente se ofreció para ayudarnos, se subió a la escalera, y trató de colocar los arreglos, yo me aseguré de que mis pechos quedaran al alcance de sus ojos, y zas, que se da un buen martillazo en un dedo. Por lo que se debió bajar de la escalera, en ese momento yo aproveché, para subirme y terminar de colocar todos los arreglos.

Como las niñas, son muy pequeñas le solicité al buen padre, que me sujetara la escalera. De momento, sentí como su mirada se clavaba dentro de mis nalgas. Yo de re-ojo haciéndome la distraída lo observaba, como se iba poniendo colorado. En ocasiones él bajaba su mirada al suelo, pero a los pocos segundos, yo volvía a tener la sensación de que era observada fijamente por el padre.

La cuarta vez que me trepé en la escalera, el padre Antonio tuvo la amabilidad de ayudarme a subir tomándome por la cintura, sus manos acompañaron mi cuerpo hasta que llegué al último peldaño. Para mí fue excitante, y me supongo que para él también, ya que se encontraba totalmente empapado en sudor. Como estocada lo ultimó fue, que perdí el equilibrio, y el buen padre me tomó en sus brazos, por suerte ya las niñas y el resto de las demás personas se habían retirado. Sus manos recorrieron mis muslos lentamente, mientras me colocaba en el suelo. De momento, nuestras bocas se fueron uniendo, en el más fogoso de los besos. Que jamás persona alguna me hubiese dado. Lentamente los dos nos fuimos arrodillando, dentro del kiosco. Allí continuamos besándonos sin decirnos nada, por un buen espacio de tiempo, su lengua y la mía danzaron juntas. Sus manos aunque algo nerviosas por la inexperiencia, eran fuertes y calientes.

Poco a poco fue conociendo mi cuerpo, y yo el de él. Ya habíamos llegado al punto en que uno se para o continúa, pero por lo visto ninguno de los dos teníamos idea de parar. Lentamente me fue despojando de toda mi ropa, que de paso no era mucha. Yo quede como vine al mundo, completamente desnuda, mientras que él continuaba totalmente vestido, con todo y sotana. Así continuamos besándonos por otro rato, sus manos fueron explorando cada centímetro de mi cuerpo, hasta que llegaron a mis labios vaginales.

Yo me encontraba totalmente excitada, y en el proceso alcancé más de un orgasmo, dirán que soy exagerada, pero así soy yo, cuando me encuentro caliente. El padre Antonio por su parte también se encontraba muy excitado, yo podía sentir su calentura y dureza a pesar de tener la ropa con todo y sotana. De momento él tan solo se subió la sotana a la altura de la cintura, mientras que yo hábilmente le bajé la cremallera del pantalón. El hecho de estar completamente desnuda, dentro del kiosco de madera a las ocho de la noche, teniendo relaciones sexuales con un cura y expuesta a que pasara alguna persona o hasta mi marido, y nos encontraran en plena faena.

Me excitó mucho más aun, a tal punto que apenas tuve su miembro entre mis manos, dejé de besarle la boca. Para besarle su roja cabeza, cosa que a mi marido nunca le había hecho. Al principio tímidamente le pasé mi lengua, pero en cuestión de segundos me la introduje totalmente dentro de mi boca.

Ni él ni yo estábamos preparados, para lo que pasó. En cosa de unos cuantos minutos, derramó todo su semen dentro de mi boca, lo que más me sorprendió fue el hecho de que yo gustosamente me lo tragara todo. Desde luego el padre Antonio hasta ese momento había sido célibe, casto y puro. Pero luego se puso mejor, hay nos encontrábamos los dos tirados en el piso de madera del kiosco, yo totalmente desnuda, y el vestido. A mí me dio vergüenza el que me viera así, completamente desnuda, pero él nuevamente buscó mi boca y me besó, no le importó que rastros de su semen aun se encontraran en mi boca.

Como por arte de magia su miembro se irguió de nuevo, contrario al de mi marido que una vez que se viene, no lo vuelvo a ver hasta la próxima semana. El padre me tomó en sus brazos, y tras una buena ración de cálidos y fogosos besos, yo abrí mis piernas lo más que pude, en señal de que esperaba por él. El padre, de inmediato se dio cuenta del mensaje, y con todo y sotana me lo fue metiendo, lentamente, despacio, con calma. Hasta que llegó a donde tenía que llegar.

Yo con lentos movimientos de caderas comencé a moverme. Sus ojos no dejaban de verme, sus labios chocaban contra los míos con verdadera lujuria. Sus manos las colocó sobre mi cintura y con gran fuerza me traía hacía él. Los dos realmente nos entregamos en cuerpo y alma. Mi vagina recibía una y otra vez su verga, mis piernas las cerré sobre su cuerpo, y ambos disfrutábamos en cuerpo y alma. El padre Antonio, posó su boca sobre mis senos, y me los mamó con gran avidez.

Así continuamos por un largo rato. Como ya les dije anteriormente, yo soy de las mujeres que tienen múltiples orgasmos. Y hacía tanto tiempo que perdí la cuenta, como me sucedió esa noche. Mis caderas se movían con fuerza, al igual que las de él, todo fue sucediendo hasta que él descargó todo su líquido dentro de mi cuerpo.

Los dos permanecimos abrazados, en un largo beso. Hasta que el ruido hecho por unos, vecinos que pasaron cerca del kiosco, nos trajo a la realidad. Las personas continuaron de largo, el padre Antonio se arregló la sotana, me dio un beso y quedamos en vernos luego. Yo por mi parte, permanecía totalmente desnuda, despeinada, sucia por el polvo acumulado en el piso de la construcción, chorreando semen por mis muslos, sudada, cansada, pero gozosa. Lentamente recogí mi ropa, con la tanga me fui limpiando entre los muslos, me coloqué la mini falda, la blusa, y me calcé las sandalias que yo traía puestas anteriormente. Me arreglé el cabello, y con discreción salí del kiosco, en la plaza no se encontraba ya ninguna persona, al parecer durante nuestra sesión de amor, llovió algo.

Camino a mi hogar, estaba pensando cómo le explicaría a mi esposo, lo sucia que me encontraba, sin que fuera a sospechar algo. Y justo cuando me encontraba frente a mi casa, pasó un coche a toda velocidad por un charco de agua lodosa que se acumula frente a mi casa. Mi primera acción, fue recordarle la madre al chofer. Pero luego en silencio le di las gracias. Mi marido al verme, y luego de escuchar mi grito, comprendió que mi estado se debía a ese pequeño accidente. Entré furiosa a mi casa, me di un baño, y me acosté temprano.

Al día siguiente, me reuní a solas con el padre Antonio, y desde ese momento fuimos formalmente amantes. Nuestros encuentros, son cosas que si se las cuento quizás no me las crean. Pero para mí lo importante es que las disfrutamos al máximo. Hasta los actuales momentos.


Autor: Narrador.

narrador@hotmail.com

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En plena efervescencia

Sentía el dedo de mi madre acariciando mi ano, un cosquilleo se apoderó de mí y mi verga creció más era simplemente fenomenal. Mi mamá me metió todo el dedo, me dolió pero me dio placer, todo era tan morboso y prohibido que sentía explotar. Estuve dándole placer a mi mamá hasta que ambos terminamos me vacíe como nunca dentro de la vagina de donde vine, la de mi madre.

A continuación un relato real de una fantasía hecha realidad gracias a la vida y la suerte que tuve.

Esta historia comenzó cuando tenía 18 años de edad, estudié en un colegio fiscal en el interior de mi país, a esta edad con los amigos del colegio empezamos a despertar como hombres en el campo sexual y conversábamos bastante de chicas y de sexo, en especial con dos amigos con quienes alquilábamos juntos (No teníamos dinero para comprar) revistas y libros pornográficos para leerlos en casa. Un día Carlos nos comentó que había visto por primera vez desnuda a una mujer verdadera, esto nos sorprendió mucho y era todo un logro para nosotros, pues generalmente siempre intercambiábamos nuestras fantasías y experiencias, y sabíamos que ninguno de los tres teníamos novia ni siquiera amigas a quienes pudiéramos observar.

Me entusiasmé con la aventura de nuestro afortunado amigo, y le pedimos que nos contara como había sucedido. De tanto insistir él lo hizo con la condición de jurar silencio absoluto y no contar nunca a nadie, absolutamente nadie, lo que nos iba a contar, ni corto ni perezoso lo juramos y estoy seguro podíamos hacer todo lo que él pidiera con tal de enterarnos que le había sucedido.

Él empezó a decir que el día anterior al llegar a su casa, se encontró con su hermana mayor, quien vivía en la capital con su esposo y su hijo, estaba de visita en casa y estaba alojada en la habitación de mi amigo por ser la más amplia y cómoda, él la saludó y estuvieron conversando animadamente en la sala de su casa hasta que recordó que las revistas pornográficas estaban escondidas debajo de su cama, por lo que subió en forma inmediata para poder guardarlas en otro lugar.

Subió en forma inmediata y empezó a levantar el colchón y recuperar el “tesoro” de las revistas, así lo llamamos, las tenía en la mano cuando escuchó subir a por la escalera a alguien por lo que se escondió inmediatamente entre las cortinas y un armario, conteniendo la respiración y rezando que no lo descubran.

Su nerviosismo aumentó al percatarse que era su hermana, ella ingresó al dormitorio cerrando la puerta, estaba con un vestido de tela delgada color azul y una blusa blanca, él ni respiraba rogaba tan sólo que se fuera inmediatamente. Entonces ella se quita en forma lenta la blusa mientras se miraba en el espejo, quedando sólo en brasiere, sí que tenía unos lindos senos su hermana luego se sacó su falda descubriendo sus hermosas piernas. Él sentía sofocarse pues estaba mirando a su hermana vestida con sólo en ropa interior, ella caminaba por el cuarto. Estaba emocionado viendo a su hermana como una hermosa mujer, su emoción fue en aumento cuando se percata que ella empieza a tocarse los pechos como si intentara acomodar sus senos, peor aún cuando se quita toda la ropa interior, quedando desnuda por completo. Observó como su hermana se acarició ligeramente los pezones, se miró en el espejo de frente y de perfil y luego se colocó su ropa de dormir saliendo del cuarto.

Esta aventura nos dejó por un momento callado a los tres, estábamos excitados así que nos despedimos en forma rápida y cada uno se dirigió a su domicilio.

En el camino pensaba que mi vida era una desgracia pues no tenía ninguna persona a quien ver en casa, no tenía hermanas y bueno sólo estaba mi mamá, pero el sólo pensamiento, hizo que me insultara a mí mismo por haber tenido un pensamiento tan pecaminoso y oscuro. Mi mamá tenía 34 años ella tiene los cabellos negros y unas cejas y pestañas pobladas con unos ojos preciosos negrísimos, a simple vista parece enojada pero no es así. Su cuerpo es muy especial tiene unas piernas deliciosas bien firmes y torneadas, una cintura delgada y unos senos bien formados, y tiene un porte y garbo elegante. Cuando se pone faldas resaltaba sus hermosas y lindas piernas que asumo enloquecían a algunos hombres.

Todo fue normal y rutinario hasta el verano de ese año, temporada en la cual papá programó un mes de vacaciones, como me iba a aburrir en ese viaje, con mis ahorros obtenidos me compré una buena cantidad de revistas pornográficas. Había pedido las más fuertes y calientes a nuestro proveedor y estaba feliz por mi compra. Me enteré que el destino de nuestras vacaciones era para ir al campo a una casa rústica que tenía la familia a unas 8 horas de la ciudad. A mi padre le encantaba porque se distraía de todas sus obligaciones, a mi mamá porque estaría junto a papá, sin teléfonos ni computadora que lo distrajera. Yo estaba feliz por el hecho de irme al campo a leer mis tesoros (revistas pornográficas) al campo libre sin ningún temor que alguien me descubriera o me interrumpiera y poder masturbarme con la mayor tranquilidad más aún al hacerlo en el campo al aire libre iba a ser una sensación nueva y diferente.

Al día siguiente de la llegada me fui con una revista porno para mis paseos y al empezar a hojear me percaté que eran historias y fotos de relaciones de incesto. Existían muchos artículos relacionados con este tema, en donde se justificaba las relaciones sexuales entre miembros de la misma familia. Inicialmente me incomodó bastante pero conforme leía me sentía excitado y emocionado. Al leer esta revista me imaginaba protagonista de alguna de las aventuras escritas, me masturbé hasta que me dolía el pene de tanto ir y venir acariciándolo, regresé agotado, satisfecho y cansado a casa.

Llamé a mi mamá pues la verdad estaba con hambre, mas nadie me respondió, salí por la puerta posterior de la casa pues me parecía extraño que no esté en casa, seguí avanzando y escuché algunos ruidos extraños cerca de un árbol en el huerto, me acerqué sigilosamente pues los sonidos a los que me refiero eran voces y gemidos de placer y de sexo.

Me coloqué tras un arbusto y vi a mi mamá totalmente desnuda montada encima de papá, subiendo y bajando sobre su pene, mientras papá le acariciaba los senos con ambas manos, el rostro de mi madre estaba irreconocible y colorada ya que normalmente es blanca. Escuché lo que hablaban en voz alta…

-Menéamela con fuerza mi amor – decía mama – quiero sentir tu verga hasta el fondo.-Eres toda mía puta, me encanta tirarte con fuerza, toma toda mi verga.-Sí qué rico mmmmm qué placer sentir tu verga.-Así perra mueve la cintura.-Sí mi rey la muevo para ti. -Aahhhh me vengo puta.-Sí amor recibo toda tu pinga.

Me sentía en shock mirando a mi mamá desnuda, tenía unos senos grandes blancos con los pezones marrones que se movían en vaivén, al ritmo de su movimiento toda ella estaba roja y colorada, sentada encima de mi padre, veía como disfrutaba del sexo con sus cabellos sobre su rostro en desorden, con esa cintura delgada tomada por las manos de mi padre, suerte la de él de tener a una mujer tan caliente como mamá… pensé.

-Amor ponte en cuatro por favor, dijo papá, quiero penetrarte en esta posición. -Está bien, respondió mamá colocándose en cuatro, pero penétrame rápido mi vida que tengo ganas.-Quiébrate para poder penetrarte por la vagina, agacha la cabeza linda. -Amor quiero sentir tu pene dentro de mí por favor. -Siente la cabeza de mi verga cómo roza tu vagina perra, sientes como empieza a entrar.-Sí y es rico riquísimo, párteme en dos mi cielo mmmmmmm

Empezaron el movimiento y danza del vaivén del amor. A mí me invadía una fiebre interna, me consumía, mi pene estaba totalmente erecto y me percaté que estaba sudando. Estuvieron jadeando unos diez minutos y luego mi padre gritó más fuerte aún terminando y echándose ambos uno encima de otro. Totalmente confundido me alejé sigilosamente y encaminándome a la casa, fui directo al baño para masturbarme pero no pude terminar ya lo había hecho tres veces ese día y no podía más. Me invadió una sensación de impotencia porque no podía tener a una mujer como mi madre.

También sabía que nunca más volvería a ver a mi madre como antes de lo sucedido. Sino que ahora era consciente que era ardiente como cualquier mujer de mis sueños muy ardiente, sensual y que le gustaba la pinga como a cualquier mujer mortal sobre la tierra. A partir de ese día empecé a observar a mi madre de una manera diferente, tratando de aprovechar en todo momento el poder ver su silueta cuando se ponía alguna prenda delgada, adivinando el entorno de sus piernas, el busto de mujer madura que tenía, me sentía feliz ayudándola en algunas tareas domesticas estando cerca de ella.

Sobre todo en el lavado de la ropa pues al estar en el campo se hacía de manera manual y luego de iniciada la tarea se humedecía la ropa de mamá que ella tenía puesto. Recuerdo en forma especial un día en que ella estaba vestida con una vestido celeste con el cabello recogido, ella estaba linda. Empezamos la tarea y luego de unos momentos me percaté de que su vestido se estaba humedeciendo. Sus pezones se notaban en forma notoria quizás por la temperatura fría del agua, asimismo se humedecía la cintura y caderas de mamá trasluciendo de manera evidente el contorno de su ropa interior.

En un momento me quedé mirando absorto a mi madre, lo linda y hermosa que estaba, mi pene estaba erecto y muy duro, sintiendo algo de remordimiento por verla de esa manera. Mi deseo era muy intenso, deseaba acariciar sus piernas, sus pechos, sus brazos era muy muy excitante estas ideas.

La estaba mirando en forma inmóvil cuando ella se percató:

-¿Qué te pasa Antonio? -Mamá eres una mujer muy hermosa – fue lo primero que se me ocurrió – eres muy linda.-Gracias – me respondió.-Realmente mi papá es muy afortunado por tenerte.-Tú tendrás a su tiempo también tu pareja.-Nunca será tan linda como tu mami – mi pene estaba durísimo no podía controlarlo – además te ves sensual.-Bueno hijo – se percató de mi erección, lo noté en su mirada – sigamos haciendo la tarea si no no terminamos nunca.-Bueno mamá te digo que eres una mujer con una linda figura – no sabía lo que decía solo hablaba – me gusta mirarte porque eres el modelo de mujer que me gustaría tener.-Ya hijo tranquilo y sigamos haciendo la labor.-Ok mamá.

Estaba algo sorprendido de mi atrevimiento pero temeroso que le diga algo a papá y a lo mejor ser reprendido y castigado por él. Pero fue la primera vez que cortejé en forma directa a una mujer… y ella era mi madre.

Al día siguiente, llega de visita un compañero de mi padre quien le comentó que había surgido un problema en la oficina y requerían la presencia de mi padre en la oficina, que era una cuestión de una semana, mi papá llevó a una habitación a mamá:

-Sabes hay problemas en la oficina debo de ir unos siete a nueve días. -Pero tú sabes que recién estamos disfrutando de estas vacaciones después de planearla hace tiempo. -Lo siento pero tratare de estar antes de los siete días. -Siempre das prioridad a tu oficina es algo que me enoja muchísimo. -No empieces por favor no quiero discutir. -Claro, claro vete de una vez a solucionar tus grandes problemas. -Elena no empieces con esto por favor tengo y debo de hacerlo y punto.

Mi papá salió de la habitación inmediatamente, se despidió de mí con un abrazo y me dijo que era ahora el hombre de la casa, que consuele y cuide a mamá, que él iba regresar pronto. Ingresé a la habitación donde estaba mi mamá ella estaba sentada en una orilla de su cama, me acerqué a darle un abrazo ella también me abrazó, sentí su cuerpo junto al mío y realmente me encendió muchísimo pude abrigar todos sus senos junto a mi pecho siendo muy excitante este contacto.

En los dos días siguientes mamá estaba algo aburrida y sobre todo molesta, me pidió comprar algunos comestibles para preparar el almuerzo. Olvidé comprar dos de ellos y ella me levanta la voz diciendo que era un tonto. Me molesté muchísimo no almorcé, salí al campo regresando al atardecer sin haber almorzado. Al retornar mi mamá me abrazó y me pidió disculpa por haber perdido el control.

-Mamá si fuera papá nunca me voy a ir de casa en vacaciones.-Es lo que dicen todos los hombres pero siempre nos dejan, me respondió sonriendo.-Yo no mamá tu eres una mujer muy hermosa. -Bueno hijo veo que serás todo un don Juan, sabes como impresionar a una mujer. -No mamá para nada, es mas no tengo ni amigas, soy muy tímido. -¿Por qué no tienes amigas hijo? -No sé, ellas no quieren hablar conmigo sólo tengo amigos nada más.-Eres un chico lindo cualquier día de estos vas a conocer a alguna amiga que luego será tu enamorada.

Esa noche mientras cenábamos ella puso una botella de vino y preparó una rica comida, diciendo que teníamos que estar contentos por ser nuestras vacaciones y debíamos disfrutarlas. Después de la cena nos pusimos a conversar en la sala, ella estaba vestida con una falda azul marino y una blusa blanca, estaba sin zapatos y tenía unos pies hermosos y pequeños, su pantorrilla y piernas eran lindas y sus muslos una divinidad. Estaba absorto mirándola, ella se dio cuenta e intentó bajar un poco su falda.

-Antonio, creo que ya eres todo un hombrecito y guapo además. -Mamá te puedo pedir algo, espero no te molestes.-Claro, dime hijo.-¿Te puedo hacer masajes en tus pies? -No sabía que sabías hacer masajes – me respondió – puedes hijo.

Me acerqué y le empecé a hacer masajes a mi mamá, al sentir sus pies en mis manos, me dije que era la oportunidad de mi vida, inicié unos movimientos suaves y firmes en forma circular tratando de relajarla mientras hacía esfuerzos sobrehumanos mentales para intentar seducirla.

-Mmmmm hijo es delicioso y relajante tus masajes.-Me alegra que te guste mami.-Sigue haciéndolo, realmente es muy agradable, tu papá no tiene paciencia para hacer masajes.-Mamá, te propongo un juego. -Vaya vaya, ¿a qué quieres jugar hijo?

-Imagínate que no soy tu hijo, sino tu mejor amigo – se me ocurrió de pronto – y vamos a hacernos preguntas de adultos y ser respondidas con sinceridad, ¿qué dices? -Ja ja ja sí que eres ocurrente hijo – me respondió – mientras sigas haciendo masajes en mis pies no hay problema. -Bien yo empiezo a preguntar – no dejaba de hacerle masajes a sus pies, pasándole por el empeine en forma suave la yema de mis dedos, noté como ella a veces recogía la pierna ante estas caricias y luego la volvía estirar nuevamente – mi primera pregunta es ¿ Disfrutas plenamente de la vida?

-Ay hijo la verdad nadie hace eso – me respondió – siguiente pregunta.-Mamá soy tu amigo, no tu hijo- le regañé.-Ok amigo mío, próxima pregunta. -Me imagino que recuerdas tu primer beso, ¿ Qué sentiste cuando te besaron por primera vez? -Déjame recordar – se sonrió – me sentí emocionada, mucha ternura, enamorada, muy feliz.-¿Dónde te besaron por primera vez, en que lugar? -A ver a ver, fue en el jardín de mi casa, un amigo del colegio fue mi primer enamorado.

Mientras me respondía estaba acariciándole no solo los pies sino también las pantorrillas suavemente con firmeza. Desde los pies hasta las pantorrillas, su piel era suave y deliciosa aun siento como si fuera ayer la textura tersa y firme. Con el movimiento también se había subido la falda dejando ver parte de sus piernas y muslos. Estando yo al costado con mi verga durísima me latía toda ella, sintiéndome sumamente excitado.

-¿ Cuándo te besaron el cuello por primera vez? -Mmmmm – se quedó en silencio, tenía miedo que diera por terminado el juego – fue en el auto de mi enamorado al retornar de una fiesta.-¿ Te acarició los pechos también? -Bueno lo intentó pero no lo dejé – seguía acariciándola. ahora llegaba hasta la rodilla – logró hacerlo luego de 6 meses de intentarlo. -¿ Cuál es tu talla de brasiere y el color favorito? -Es 36 B – sentía como se estremecía su piel estaba prácticamente tirada en el sillón, la acariciaba encima de la rodilla, su piel estaba muy sensible se estremecía al sentir como la acariciaba – mi color favorito es blanco y negro.

-¿ Dónde hiciste el amor por primera vez? – estaba emocionado y excitado ojalá no se moleste con la pregunta pensé. -Fue en la casa de una amiga – peligro peligro al intentar subir mis caricias por su cuerpo ella había puesto sus manos sobre la mitad de sus muslos para evitar subir aún más mis manos, pero podía acariciar parte de sus muslos, me encantaba hacerlo – sus padres estaban fuera e hicimos una fiesta. -¿ Te gustó hacerlo? – pregunté.

-Mm. – silencio, esperaba ansioso, me parecía una eternidad este silencio – sí me gustó hacerlo. -¿ Puedo besarte las piernas? – pregunté en forma directa.-No, creo que por hoy es suficiente de juegos – respondió inmediatamente.

Se levantó rápidamente y noté cómo estaba acalorada, su respiración era agitada y además estaba roja no sé sí de vergüenza o de excitación. Me dijo que tenía sueño y se fue a dormir, me levanté y fui directo al baño. Masturbándome como nunca de haber podido acariciar las piernas deliciosas de mamá. Me vine sobre el lavatorio y lo dejé así para que mi mamá se de cuenta al lavarse la cara el día siguiente.

Algo había cambiado en mí me sentía un hombre sólo era cuestión de paciencia, los dos días siguientes fue normal. Mi mamá no hizo ningún comentario. Empecé a salir vestido solo con slip por toda la casa pues hacía mucho calor, ella me regañaba diciendo que era impropio, pero no le hacía caso y luego ya no insistía. En varias oportunidades cuando estaba excitado me acercaba más a mamá para que lo note ella, quien miraba disimuladamente luego desviaba la vista a otro lado. Paciencia pronto lo intentaré nuevamente.

Al cuarto día en la noche toqué la puerta de su cuarto, cuando ella estaba por dormirse, abrió la puerta y me preguntó:

-¿Qué sucede hijo? -Mamá, ¿puedo hablar contigo un momento? Estaba solo en slip y mi verga estaba parada – tengo un problema.-Pero por supuesto- pasa me dijo ella se sentó al borde de la cama, veía como sus piernas traslucía por las telas delgadas – dime ¿qué sucede? -Espero no te molestes y déjame terminar mi pregunta.-Está bien – se percató de mi pené erecto y desvió inmediatamente la mirada al piso – me preocupa lo que te suceda.

-Mamá sabes que te quiero como nadie en el mundo, pero en verdad estos últimos tiempos, empiezo a ser hombre y la verdad desde hace un año me masturbo pensando en diferentes chicas que veo en las revistas o en el cine. Pero últimamente no dejo de pensar en ti como una mujer pues eres a mi modo de ver eres muy linda y sensual, más aún después de descubrí como hacías el amor con papá en el campo hace unos días por lo que quiero hacerte el amor si no creo que me volveré loco – al fin lo dije, mi voz temblaba pero lo había dicho – ¿Qué dices mamá? -Antonio – hizo una pausa – sospechaba algo por tu actitud en estos últimos días, lo que pides es imposible por favor ve a tu cuarto inmediatamente ya hablaremos mañana más tranquilos.

Salí derrotado y triste mis esperanzas y avances en poder seducirla se habían ido al tacho, al día siguiente me levanté tarde no desayuné y me fui al pueblo a pasear intentar distraerme, pensé hasta en irme de la casa, no retorné a almorzar tampoco, sólo quería que la tierra me tragara. Como había sido capaz de llegar hasta esa situación nunca más vería una película o revista porno, no tendría otra vez ideas como esas. Al final regresé arrepentido y con la firme promesa de ser un hijo ejemplar.

Retorné como a las 5:00 pm, estaba mi madre preocupadísima ni bien me vio me abrazó fuerte y me dijo nunca más me vuelva a ir así de la casa. Me fui a mi cuarto a dormir, me tocó la puerta como a las dos horas a decirme que íbamos a cenar que me bañara y cambiara.

Al llegar al comedor me sorprendí, ahí estaba mi mamá radiante y bella. Tenia un vestido negro entero que le quedaba hasta la rodilla, tenía puesta unas medias de seda, zapatos de taco alto, un collar de perlas, se podía ver el inicio de sus senos por el escote del vestido y estaba maquillada en forma especial como cuando tenía una fiesta con papá. Simplemente estaba lindísima.

-¿Tienes una fiesta mamá?-Sí hijo y espero que salga todo bien. ¿Quieres vino?-Claro le dije – Ella se levantó y sirvió dos copas de vino – te gusta el vino ¿no mamá? -Sí es mi licor preferido. Bien hagamos un brindis.-Hazlo tu mamá.-Mmmm a ver a ver, por el hombre más guapo del mundo, por ti hijo.-Gracias – le respondí – y ¿con quién vas a la fiesta le pregunté?-Con un amigo – me respondió sonriendo.

Comí con muchas ganas mientras comíamos conversábamos de cuando era pequeño, las travesuras que hacía y las ocurrencias riéndonos mucho, era muy divertido y estaba relajado. Mi mamá no hizo ningún comentario de lo sucedido y yo pensé que todo quedaría en el olvido. Fue una deliciosa comida, luego mi mamá me dijo que fuéramos a la sala con otra botella de vino hasta que llegara su amigo para irse a su fiesta. Estaba feliz por la reacción de mi mamá y pensaba que por eso se quiere mucho a las madres porque siempre nos hacen sentir bien.

Nos sentamos y empezamos a conversar del colegio, de lo que iba a estudiar una vez terminado, de la familia de los tíos, y mientras hablábamos tomábamos nuestras copas de vino. Noté que eran la 1:00 pm en el reloj de la sala y me preocupé porque mamá saliera tan tarde.

-Mamá tu amigo ¿a qué hora viene? -No tarda hijo – me respondió, estaba sentada con las piernas cruzadas, las cuales movía como un vaivén compitiendo con el reloj, realmente lindas piernas pensé – ¿por qué no me haces masajes? -Bueno – me sentí algo nervioso y cortado, en cualquier momento tocarían la puerta – te voy a sacar los zapatos. -Claro hijo – se sentó en forma relajada y terminó su copa, estaba acalorada por el vino, empecé a hacerle masajes en los pies – hijo te propongo un juego me dice ella. -Ok mamá. -Juguemos a que ambos somos amigos y nos hacemos preguntas – me sorprendí por la propuesta, e imaginaba que me iba a llamar la atención por mi comportamiento en forma indirecta – ¿qué dices?

-Bueno mamá, un rato hasta que salgas a tu fiesta. -¿Sabes guardar un secreto? – me preguntó.-Sí al menos eso creo soy discreto – respondí – aunque la verdad nunca he tenido un secreto.-¿Sabes besar?-No nunca lo he hecho, pero si he leído como hacerlo así que supongo que sé la mitad.

-Eres ocurrente Antonio, sigue así hijo, haciéndome masajes en mis pies y también la pantorrilla. -Mamá, me preocupa que salgas tan tarde, no viene tu amigo.-Hijo mi amigo, me está haciendo masajes y ya esta él conmigo.

Me quedé sin respiración, mis manos no se movían, empecé a ponerme nervioso, totalmente confundido, qué sucedía con mi mamá, era una prueba de mi comportamiento, ella está insinuando algo, estaría esperando como reacciono para saber si he aprendido la lección, mil ideas se agolpaban a mi cabeza.

-Antonio, continúa con los masajes, ¿sí? -Claro mamá – reanudé con mi tarea, esperando la siguiente pregunta, era una eternidad de tiempo. -¿Alguna vez has sacado las medias a una mujer? –No nunca mamá. -¿Puedes intentarlo conmigo? – sentí que mi corazón iba a estallar.-Cla, cla, claro que sí mamá. -Despacio hijo son delicadas.

Subí mis manos hasta los muslos donde estaba el elástico, sentí una fiebre inmensa dentro de mi cuerpo era todo un placer al sentir sus piernas y sus muslos. – Desenróllalas poco a poco, me dijo.-Mamá tus piernas son deliciosas. -Tranquilo hijo – le bajé las dos medias sentía como la sangre me recorría el cuerpo – tienes unas manos suaves y firmes.-Son lindísimas tus piernas mama, siempre me gustaron. -Eres muy travieso – me respondió – ¿Te gustaría besarme las piernas hijo? -Sí mamá – empecé a besarla tiernamente las mordía y las besaba por todas partes – me haces feliz mamá.

-Soy tu regalo hijo, pero júrame que no le dirás a nadie.-Nunca lo contaré a nadie mamá absolutamente a nadie.

Sentí el olor de su sexo pues mi cabeza estaba entre sus piernas, mi pene estaba súper duro, me parecía un sueño, era el hombre más feliz del mundo. Le besaba las pantorrillas, los pies todos sus deditos, las rodillas, los muslos. Ella solo gemía muy despacio moviéndose en forma rápida ante algunos de mis besos. Le levanté la falda y observe todas sus piernas, tenía una tanga negra y podía ver como algunos vellos salían por el costadito de la tanga. No pude controlarme empecé a besarla cerca de su sexo.

-Así hijo mío hazme gozar. Sólo lo haremos esta vez y tiene que ser inolvidable. -Sí mamá va a ser así porque estas deliciosa. Y te deseo con locura.-Me encanta sentir tu lengua por mis piernas, muérdelas mi vida. -Sí mamá, voy a obedecerte en todo.-Desnúdate hijo te quiero ver desnudo- me lo pidió y lo hice en menos de dos segundos.

-Ven para acariciarte la verga – Ella tomó mi pene con su mano derecha y la movió de arriba abajo.-Me gusta mamá… mmmmm -¿Así te la acariciabas pensando en mí, hijo?  Me movía la mano en un vaivén, pero su mano era pequeña de piel suave, el placer era inmensamente superior al mío.

-Sí mamá, me he masturbado pensando en ti. Muchísimas veces.-Sácame la tanga hijo – elevó la cadera para facilitar la labor, le saqué la tanga y pude observar su vagina deliciosa y húmeda con unos vellos negros – ahora penétrame.-Claro mamá – acerqué mi verga a su vagina y empecé a penetrarla, sentía su sexo caliente como entraba mi cabeza, escuchaba como gemía, sentía que me mojaba con sus jugos toda mi verga – estas deliciosa mamá.-Mmmmm muévete más rápido hijo.

Empecé a bombear con vigor, mi mamá me abrazó con fuerza, empecé a penetrarla y era enfermante. Sentir como mi verga entraba y salía. Ella empezó a besarme los labios y sentí los suyos le metí mi lengua en su boca de manera desordenada y apasionada. Ambos gemíamos y nos abandonamos al placer de hacer el amor con desenfreno.

-Mamá me encanta lo que se siente. -¿Qué sientes hijo? -Un cosquilleo por todo el cuerpo… qué rica que eres mamá. -Sigue moviéndote hijo, destrózame por dentro.-Aahhh qué placer mamá siempre soñé con esto, sentir tu vagina penetrada por mi verga.

-Mmmmm si hijo me encanta que me penetres. Nunca le digas nada a tu padre. -Mamá siempre te voy a poseer a partir de ahora eres mi mujer también.-Sí hijo…mmmm, te voy a tocar el ano.

Antes de reaccionar sentía el dedo de mi madre acariciando mi ano, un cosquilleo se apoderó de mí y mi verga creció más era simplemente fenomenal. Mi mamá me metió todo el dedo, me dolió pero me dio placer, todo era tan morboso y prohibido que sentía explotar. Estuve dándole placer a mi mamá hasta que ambos terminamos, me vacié como nunca dentro de la vagina de donde vine, la de mi madre.

Desde esa fecha hemos hecho muchas locuras pero lo más importante era que siempre que uno de los dos quería algo especial, no lo decíamos directamente lo que hacíamos era invitar una copa de vino uno al otro si se aceptaba ese día ambos disfrutábamos del sexo.

Ahora acabo de romper la promesa hecha, de no contar esta historia a nadie. Pero estoy seguro que sólo ella podría saber quiénes somos… quizás también mi padre si llega a leer este relato. Pronto enviaré algunas experiencias adicionales acerca de mi vida sexual.

Autor: Antonio

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La novia de mi hijo

Luego de tantas embestidas ella tuvo su orgasmo y sentí que yo me venía, le dije que se levantara y me chupara la pija, se agachó y tomándola con una mano se la colocó en su boca. Me la mamaba de maravilla, sentía un placer inmenso, mientras pensaba que la novia de mi hijo era una flor de perra. Me vine en su boca, el semen se le escapaba por sus labios, pero ella se lo tragó con deleite.

Mi nombre es Antonio, soy viudo y tengo un hijo llamado Ariel. La historia que les voy a contar me sucedió hace dos años. Era el mes de mayo y resulta que Ariel, que tenía en ese entonces veinte años, había conocido a una muchacha en la facultad y la trajo a la casa porque tenían que estudiar para un examen.

Al entrar los dos a la casa, Ariel me la presentó diciéndome que su nombre era Laura, rubia con el pelo recogido, cuerpo bien moldeado, buenas curvas, 1.60m de altura, buenas tetas, y un lindo trasero. Como era sábado yo no trabajaba y estaba arreglando cosas de la casa, en ese momento terminaba de arreglar un ventilador de techo del living cuando escuché a Ariel decirle a Laura (estaban en su habitación) que iba a buscar un libro a la casa de un amigo y que enseguida volvía. Ya terminado el trabajo del ventilador fui hacia el baño (se encontraba al frente de la habitación de Ariel) para lavarme las manos y por casualidad miro hacia la habitación (miro un minuto) y veo a Laura estudiando en el escritorio de la habitación de Ariel pero ella estaba parada apoyando sus manos en el mismo un poco inclinada hacia adelante.

Me quedé unos segundos mirándola, especialmente ese trasero que parecía bastante bien formado, encima tenía puesta un jean azul bien ajustado como usan las jóvenes ahora. La chica me había excitado y vi que ella se dio vuelta rápidamente y me miró a la cara pero también lo hizo, medio disimulada, hacia mi pene que en ese momento hacía un bulto en mi pantalón. Yo un poco avergonzado por lo ocurrido me metí en el baño a lavarme las manos pensando en que pensaría ella por verme el bulto. Luego salí del baño, miré de reojo hacia la habitación y vi que Laura se encontraba esta vez sentada.

Fui hacia la cocina a tomar algo cuando en ese momento vino ella con una sonrisa no tan pronunciada y me dijo si tenía algo para beber. Yo le pregunté si Ariel le había ofrecido algo, pero ella me contestó que no. Le ofrecí un vaso de Coca-cola y tomé uno para mí. Ya que estábamos ahí empezamos a entablar una conversación en donde ella preguntó: “-Que edad tiene usted?”, yo le respondí: “-Unos 47”, ella: “-Parece más joven.”, yo le dije: “-Y vos que edad tenes, 18?”, ella: “-Si”, yo le dije: “-Haces algún ejercicio?, lo digo, porque estás en buena forma.”, ella: “-Pues si, hago aerobic, es como mi hobby.”. Luego de entablar algunos otros temas llegó Ariel con el libro, y juntos se fueron a estudiar a su habitación. Yo cansado por los trabajos fui directo a la cama en donde me dormí. Me levanté unas horas después (las seis de la tarde) y vi que ellos se habían ido. Pasó el domingo y llegó el lunes.

Eran las dos de la tarde, y mi hijo se había ido a la facultad hacía una hora, cuando escuché el timbre sonar. Para mi sorpresa era Laura. Le abrí la puerta, la saludé y le pregunté que andaba haciendo por aquí, ella me dijo que los lunes no tenía clases en la facultad y que si por casualidad mi hijo o yo no habíamos encontrado un aro que había perdido. Le dije que no, pero que pasara, que lo íbamos a buscar en la habitación de Ariel. Camino hacia allí ella me dijo que tenía poco tiempo porque tenía que ir a las clases de aerobic. De eso me di cuenta porque ella vestía una calza de lycra negra que hacía que su culo se notara perfectamente, y una blusa de algodón bien abrigada.

Ella siguiéndome llegamos a la habitación de mi hijo y ella dijo: “-Afuera hace un frio, pero aquí hace mucho calor.”, sacándose la blusa y dejando a la vista sus bien formadas tetas ajustadas por una playera de lycra negra, de esas para gimnasia. Yo diciendo hacia dentro mío: “-Que nena, que cuerpo tiene.”, “-Y encima viene con esa ropa ajustada.” luego pensé: “-Esta no vino solo por el aro.”. Mientras pensaba todo esto buscando ese aro le miraba de a ratos el culo y esa concha lo que me produjo una erección haciendo un bulto en mis pantalones. Parece que Laura se dio cuenta y se agachó en posición de perrito para mirar debajo de la cama. No la vi al principio cuando lo hizo porque yo estaba buscando debajo de la mesita de la computadora, pero cuando me di vuelta vi ese provocativo trasero apuntando directo a mí. Ella dijo: “-No está en ningún lado.” “-¿Sabes que?, Ariel la debe haber encontrado y guardado.”, decía mientras le contemplaba ese hermoso trasero.

No estaba seguro si me estaba provocando hasta que me di cuenta cuando empezó a moverlo de un lado a otro. Ante esta provocación, que si lo era, me acerqué lentamente detrás de ella y para ver si reaccionaba, me agaché y de rodillas empecé a frotar mi pija (dentro del pantalon) sobre su culito.

Su culo paró de menearse y ella dijo: “-¿Parece que te excité, no?”, yo le contesté: “-Y si, si traes esas calzas y me provocas así, ¿cómo no me voy a excitar?”, ella mirando hacia atrás dijo: “-Pues entonces, hazme el amor Antonio.”. Entonces me levanté, me bajé los pantalones y el slip, la levanté, le bajé la calza hasta mitad del muslo, vi que tenía una bombacha de encaje bien metida entre sus muslos. Luego me senté en la cama con la pija erecta, la tomé del brazo y la ayudé a sentarse sobre mi pija dándome la espalda. Tomé con una mano el pene y con la otra corrí su bombacha hacia un costado de sus muslos mientras ella se sostenía con las manos hacia atrás en la cama.

Ya preparado posicioné mi pija en la entrada de su concha y de una embestida la penetré. Ella gimió de placer y empezó con el sube y baja. Mientras ella lo hacía yo tomé sus tetas con mis manos y desplacé su playera hacia arriba liberando esas maravillas. Le pellizcaba sus pezones y manoseaba todo su contorno. Laura decía cosas como: “-Si, así, dámela más adentro, que lindo.” Sus jugos empezaron a chorrear sobre los muslos y sobre mí. Luego de tantas embestidas ella tuvo su orgasmo y sentí que yo me venía, le dije que se levantara y me chupara la pija, se agachó de rodillas ante mi verga y tomándola con una mano, se la colocó en su boca. Me la mamaba de maravilla, sentía un placer inmenso, mientras pensaba que la novia de mi hijo era una flor de perra. Ahí nomás me vine en su boca, el semen se le escapaba por sus labios, pero ella se lo tragó con deleite.

No tan cansados los dos le dije que había estado de maravilla y ella se subió la calza y se fue al baño. Me levanté, acomodé mis pantalones y me fui directo a la cocina a beber una cerveza. Pasaron dos minutos cuando apareció ella pidiéndome una cerveza ya que me vio con una.

Al darle la cerveza tuve curiosidad en preguntarle por que había ocurrido, y porque me había provocado a mí. Ella me dijo que le parecía atractivo y quería probar sexo de un hombre con experiencia. Se dio cuenta de que yo estaba caliente hace dos días cuando le estaba viendo el trasero en la habitación. La tomé de la cintura y empecé a besarla en la boca, entonces ella se apartó de mi y se agachó en la mesada de la cocina con su culo respingado hacia arriba y me dijo algo que me dejó asombrado: “-Me gustaría que me penetres por el culo, aquí en la cocina.”, yo le dije:

“-¿Sabes que?, eres una verdadera puta.” “-Y claro que te lo voy a hacer, te voy a dar hasta que no lo sientas.” Me coloqué detrás de su culo, me desnudé totalmente, le empecé a palmear el trasero mientras ella gritaba con cada palmada. Le bajé la calza hasta los tobillos y le arranqué de un tirón la bombacha. Ella me dijo “-Hacémelo despacio por favor.”, yo dije: “-Como quieras perra.”. Apoyé la cabeza en su culito, que parecía muy cerrado, y empecé a querer entrarlo pero era imposible, intenté con más fuerza como cinco veces en las cuales Laura decía que le dolía.

Entonces se me ocurrió ponerle aceite para facilitar la entrada. Lo tomé y me lo pasé por toda la verga y en un dedo, el cual se lo empecé a entrar y sacar en el culo para lubricarlo. Yo dije: “-Ya estás lista putita, aquí voy.”.

Empecé a introducir mi pija en el culo con fuerza y de repente sentí mi huevos chocar con sus nalgas, estaba todo adentro. Ella gritó desaforadamente mientras yo lo dejé sin moverlo un minuto, así se empezaba a acostumbrar a mi tamaño. Luego ella dijo: “-Estoy lista”. Y empecé a entrarlo y sacarlo, lo sentía muy ajustado pero muy placentero a la vez a causa del aceite. Empecé a culear más rápidamente tomándola del pelo rubio de caballo que tenía y ella gemía como zorra que era, hasta que en un momento paró de gemir.

Le llené las entrañas con mi semen. Entonces le pregunté: “-Hey, perra, ¿te gustó?” mientras hilos de sangre salían de su ano. Pero no contestaba y vi que estaba desmayada a causa de mis embestidas, parecía que fue demasiado para ella. Le subí la calza y la llevé a mi cama. Pasaron treinta minutos cuando se reanimó y le dije que se había desmayado pero había estado espectacular.

Ella ya bien nos fuimos a duchar los dos juntos. Luego se despidió con un beso y se fue. No lo hice nunca más con ella ya que respeto a mi hijo y ella le pertenece.

Ya no es más su novia.

Autor: Antonio

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Mi prima Solange y mi tía

Comencé a penetrarla con cuidado y mi prima gritaba mucho, empecé a embestirla con ganas mientras besaba sus pechos, recuerdo que eran exquisitos y virginales, el agua se puso un poco roja, había roto su himen, ya no soy virgen, dame, que rico papi, soy tuya entera, de repente me quedó mirando y muy quieta en el agua…estaba mi tía mirándonos.

Hola, mi nombre es Antonio, tengo 25 años. Desde muy pequeño siempre estuve junto a mi prima, ya que vivíamos juntos en la misma casa, me había criado con ella y mis tíos. Desde muy niño solía jugar con mi prima a la mamá y al papá y pasábamos días enteros durmiendo juntos hasta que mis tíos, que en esa oportunidad aun no estaban casados, se casaron. Se fueron a vivir a una ciudad distinta, yo siempre he vivido en Santiago de Chile y me gusta mucho. A todo esto fueron pasando los años  y no veía a mi prima y tíos hace mucho tiempo.

Con tan solo 22 años de edad ya habia recorrido parte del mundo con mujeres y la verdad me encantaba. Yo soy de pelo castaño claro y mido alrededor de 1.70, soy guapo y nunca me ha costado encontrar muchacha. Un día mis padres decidieron ir a ver a mis tíos, ya que habían pasado demasiado tiempo en que no nos encontrábamos, y a él le había ido muy bien en sus negocios. Fueron largas horas de viaje, en aquel momento me arrepentía de haber ido porque me cansaba mucho estar horas sentado en el auto.

Cuando llegamos a Concepción nos encontramos con una residencia muy grande, con unos árboles hermosos y un viento muy cálido, mi madre avisó a mi tío por teléfono que estábamos fuera de la casa y que abriera la puerta. De repente por aquella puerta se asomó un hombre muy delgado y bien parecido el cual nos saludó con un abrazo, en ese instante mi madre lloraba porque no veía hace años a mi tío. Nos hizo pasar y pude ver a mi tía, ella estaba con unos jeans ajustados los cuales hacían que se viera muy guapa y zorrona, me saludó de un beso y mi pene se puso muy duro por unos instantes, no sacaba mi mirada de su culo y senos grandes que se  asomaban.

De repente vi salir de una habitación a una chica alta, muy rubia, con una minifalda espectacular, de zapatos altos y un escote muy abierto, mi tío me preguntó: -¿Recuerdas a Solange, cierto? siempre jugaban juntos. Ella con una sonrisa muy coqueta me saludó y me abrazó, no podia evitar ver su cola.

Después durante la tarde fuimos a dar una vuelta juntos para poder recordar los lindos momentos, ella me mencionó que tenía 21 años y no había tenido pololo lo cual la hacía sentirse mal porque sus padres no la dejaban. A todo esto la muy perra tenía una cintura muy formadita, unos tremendos senos y una cola muy paradita, su falda le cubría lo justo y lo necesario. Estaba loco por mi prima ¡Sole! Mi pene cada vez que la miraba se ponía grande y duro. Luego que volvimos a la casa mi prima se fue al dormitorio a cambiarse de ropa, observé por la puerta entre abierta como tocaba su vagina depilada y se sacaba su minifalda muy sensual, quería masturbarme ahí mismo, pero ella se dio cuenta por un leve ruido y cerró rápidamente.

Al día siguiente nos levantamos y mi prima fue a mi dormitorio, muy coqueta se acercó hacia mí y me dijo. -Has crecido bastante, te ves muy maduro, ¿recuerdas que jugábamos a la mamá y al papá? a lo cual respondí. –Perfectamente, y me dio un beso en la cara con lengua, eso me excitó mucho y le dije, -Eres hermosa, se fue y me dejó solo, pude observar cuando se fue como en ese trasero grande, hermoso, tenía puesto su colales negro, su pijama era rosado por lo cual se notaba perfectamente.

Durante la tarde mis tíos y padres decidieron bajar a comprar al market, yo y Sole nos habíamos quedado en casa. Mientras tomaba un baño, Sole preguntó si podía pasar a orinar me dijo, -Antonio quiero hacer pipi, dije que pasara. Observé que andaba con un jeans muy ajustado el cual denotaba mucho su cintura y su cola, se veía espectacular, se agachó y se sentó a orinar, mientras eso comencé a masturbarme,  no dejaba de pensar en ella con ese escote rosado y sus jeans, su vagina denotada. En eso sentí que abrieron la cortina y dijo mi prima muy sorprendida.-¿Que haces asqueroso? ¡Tu pene está erecto y estás pronunciando mi nombre! Intenté explicar la situación y se fue muy sorprendida. Yo tomé mi toalla y me fui al dormitorio.

No nos hablamos durante toda la tarde. Durante la noche me fui a acostar con el miedo de que Solange le contara mis tíos y a mis padres. Mientras dormía, de repente sentí algo muy húmedo bajo mis sábanas y sentía algo muy extraño, me puse muy  nervioso, y de repente levanto mis sábanas y me doy cuenta que es mi prima, estaba lamiendo mi pene y masturbándome…

Dijo: ¿Crees que les contaría de esta cosa grande y hermosa a mis padres? Solamente pasaba su lengua por mi pene. Le dije: – Somos primos Sole, me respondió, no importa, eso no me quita la calentura, quiero que me quites la virginidad. Me sentía en el cielo, tenía a mi prima Sole bajo mis piernas lamiendo mi pene duro y grande, ella seguía y yo me sentía muy bien me dijo: -Desde que te vi me calentaste, quiero que me hagas una mujer, enséñame todo lo que sepas y tengas por favor. Tomé de su cabeza y se la enterré en mi pene, hasta su garganta… ¡comételo! -Me lo como mi amor, me encanta, está húmedo y caliente…y de repente me corrí por completo en su boca, llené de semen su garganta, tuve el mejor orgasmo, ella seguía muy caliente.

Tiré a mi primita en la cama, levanté la bata de dormir y me encontré con un sexy colales negro todo húmedo, empecé a pasar mi lengua y ella gozaba mucho, decía con pequeños gritos orgásmicos -Siiiii sigue mi amor, sigue, sentía con mi lengua su clítoris y sacaba todos sus jugos vaginales, comencé a meter mi lengua en su concha y agarraba sus senos, cuando me encuentro con la sorpresa de que era su himen, ¡era virgen mi prima! No lo podia creer, saqué mi pene y cuando se lo iba a poner en su vagina excitante se encendió la luz de la pieza de los papás, se bajó la bata y me dijo: -Quédate con las ganas, me masturbé toda la noche en mi cama.

Al otro día nos levantamos y me daba vergüenza mirarla a la cara, nos sentamos juntos a la mesa, andaba con una minifalda naranja muy cortita y sus senos cubiertos por un bikini.

Después en la tarde mi tío y mis padre bajaron a la playa, mi tía se quedó en casa durmiendo, yo tenía ganas de cogerme a Solange pero no la pude encontrar por toda la casa. Luego de haber fumado fui nuevamente al patio y ahí estaba mi prima, fuera de la piscina tomando el sol. Estaba sentada y de lejos me vio venir, se abría de piernas y yo veía todo su calzoncito, me acerqué y nos besamos apasionadamente, sacó su mini falda y me dijo: -Báñate conmigo. Me desvestí por completo y comenzó a manosear mi pene con mis testículos mientras avanzábamos hacia la piscina. Nos metimos en el agua y besándonos le saqué su colales en el agua, besé sus senos y me dijo: – Hacémelo, hacémelo, ¡hacémelo!

Saqué mi pene y le dije: -Mi amor esto va a doler un poquito. Comencé a penetrarla con cuidado y mi prima gritaba mucho, le dije:-No grites tanto Sole, está tu mamá, ¡aaay! Ayyyyy, me duele Antonio, y empecé a embestirla con ganas mientras besaba sus pechos, recuerdo que eran exquisitos y virginales, el agua se puso un poco roja, había roto su himen.

-¡Ya no soy virgen! Aaaay, dame, que rico papi, soy tuya entera….de repente me quedó mirando y muy quieta en el agua…estaba mi tía ¡Mirándonos!

Aun recuerdo esa cara de sorpresa. Se metió al agua y me besó en los labios y me dijo:

-Haceme tuya igual que mi hija. Mi prima me miraba muy sorprendida y a la vez moviendo las piernas en el agua…miré las tetas de mi tía y me zambullí en ellas, eran deliciosamente muy grandes…quería partir su culo…mi prima se puso al lado y comenzó a besarme el cuello y a pasarme la lengua, mientras daba dedos a mi tía para lubricarle el ano, cuando noté que lo tenía dilatado empecé muy lento pero se abrió a la vez muy rápido, comencé a darle fuerte…toma, toma, ¡toma!

Mira como me follo a tu mamá en el agua Sole, ¡besame! Ooooo, dame sobrino, besa a mi hija….es tuya, es tuya…dale a ella…me sentía en el cielo, -Uuiiiiiiiiiiii, tía estás exquisita….manoseaba sus senos tremendos…mi prima se seguía masturbando con los dedos…no podia creer, eran las mejores vacaciones…de repente sentí el orgasmo de mi tía…-Uiiiiiiiiii gritaba la vieja…faltaba echarme a mi primita linda…

La tomé en mis brazos y me la monté encima…sentí que mi pene volvió a penetrar su concha, uiiii, estaba llena de agüita…nos fuimos al escalón de la piscina y le dije: -Siéntate en mi pene” me dijo, -¡No! Yo la forcé y se sentó sobre mi pene, rompí todo su trasero virginal, mi prima casi lloraba, mientras mi tía se vestía muy tranquila… -Aaaaaaay primo ¡noooo! Me duele mucho…

Saqué mi pene, la tomé de la cintura y decidí embestirla por la concha nuevamente.

-Penétrame, penétrame, ¡penétrame! Decía ella la muy perra, ya no di más y le dije: -¡Sole! ¡Me corro! Voy acabar amor, voy acabar. -¡Estás loco! ni se te ocurra adentro, no me estoy cuidando.

Saqué mi pene de su concha y continué masturbándome, y me pidió:-Llename la boca de semen como a las yeguas (no se que quiso decir con eso) y llené su boquita, en eso se acercó mi tía rápidamente y se llevó mi pene en la boca, me dijo:-Esto me hace muy bien a mí.  La dejé embarrada con mi semen. Todo quedó en un secreto, nadie supo del trío, mi tía quedó embarazada, no sé si de mí, pero todavía sigue muy linda y aun sigo teniendo sexo con mi prima cada vez que nos vemos…

Autor: Antonio

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Charo

Me tumbé en la cama y le pedí que se pusiera encima. Se movía arriba y abajo, cogí sus tetas y le pellizqué los pezones. Ella gemía y se movía cada vez más con los ojos cerrados mordiéndose el labio. Le pedí que me hiciera una cubana, y se inclinó sobre mí, cogió mi polla entre sus tetas y empezó a masajeármela…¡que gusto! En dos o tres meneos ya me había corrido sobre sus tetas.

Me llamo Antonio y os voy a contar una de mis experiencias más interesantes que me han sucedido sexualmente hablando. Por aquel entonces yo tenía 20 años y Charo tenía 50. Charo es la madre de Fran, mi mejor amigo. Mide sobre 1,60, está gordita, es morena y tiene unas tetas grandes y un buen culo. Yo iba mucho a su casa y tenía un trato con ella como si fuera mi madre ya que estaba allí muchas veces con Fran, además, es amiga de la familia.

Fran tiene una hermana de nuestra edad más o menos y yo andaba loco con ella, ya que estaba muy cachonda. Uno de los días que fui a su casa Charo me comentó que Fran y Susana, que así se llama la hermana, habían ido a unos recados, que si quería los esperara. Entonces le dije que subía y los esperaba jugando en el ordenador. Subí y lo que hice fue ver fotos porno en el ordenador de Fran. En fin, que pillé un calentón que no podía más. Fui a la habitación de Susana y busqué entre su ropa unas braguitas. Cogí unas negras de encaje y me las llevé. Volví a la habitación de Fran y delante del ordenador saqué la polla y me puse a meneármela a la salud de las chicas de las fotos. Estaba masturbándome, y acariciándome la polla con las braguitas, cuando de pronto se abrió la puerta y apareció Charo.

– Toni quieres tomar algo mientras espe…

Y se quedó muda en la puerta y yo pálido como una roca.

– Chiquillo, como estamos, a las cuatro de la tarde y ya dándole… anda, termina que yo bajo.

Me quedé helado con sus palabras. La verdad es que mi polla ya no estaba para acabar nada. No sabía que hacer, el corazón me latía a mil por hora, me temblaban las piernas, no podía decir palabra… Pasados unos segundos oí ruidos y escuché como Fran subía por las escaleras a toda velocidad.

– ¿Que pasa Toni?… ¡Joder! Vaya cara que tienes tío.- Pasa y cierra la puerta que te cuento. ¿No te dijo nada tu madre?- No, ¿por qué? ¿Qué tenía que decirme? Larga ya, anda… – Nada, que como no estaban subía al ordenata y… ¡que corte tío! Me pilló machacándomela.

Fran empezó a reírse.

– No jodas, ¿y que pasó? – Que iba pasar, nos quedamos cortados los dos. Imagínate me la estaba machacando con las bragas de tu hermana.

Entonces cogió las bragas que estaban a su lado y me preguntó:

– ¿Con las bragas de Susi? Que cabrón eres jodido…- Si tú ríete, pero yo no sé dónde meterme… – Pasa de todo, mi madre es muy liberal y no vio nada que no viera ya…tú olvídalo, como si no pasara nada.

Total que me fui como si no pasara nada pero no pude pegar ojo en varias noches. Yo, que ante Charo era tal formal, el ejemplo que le ponía a Fran y ahora…. A los pocos día fui a ver a Fran y me abrió la puerta su hermana. Le dije que subía y mientras subía rápidamente la escalera le oí decir:

– Cuidado con mancharme las bragas…

Me quedé casi clavado en el sitio, pero de pronto bajeé y le dije:

– ¿Cuidado con que?- Con mis bragas, que ya me contó mi madre que tienes la mano inquieta.

Subí para arriba colorado como un tomate y pensando en lo que tardó Charo en largarle a la hija lo de la paja. ¡Joder con las mujeres! Llegué arriba y le comenté el tema a Fran.

– Si nos lo dijo ayer comiendo. La verdad es que me reí un rato y a mi hermana no le gustó nada que usaras sus bragas.- ¿Y tu madre que dijo?- Que la tenías bonita…Jejejeje.- Anda ya… ¿Dijo eso? – Que si joder, no sé si en serio o en broma. Tú sabrás.

Cuando estábamos en plena charla llegó Charo y nos dijo:

– Fran, déjame hablar un momento con Toni.

Fran se fue y nos dejó a solas.

– Oye Toni, perdona por lo del otro día, yo sé que es normal a vuestra edad, pero me dijo Fran que estabas molesto. A mí no me pareció mal, son cosas vuestras, pero procura ser más discreto. – Yo soy quien lo siento. Perdona que hiciera eso, y cogiera las bragas de Susi, pero yo… no sé que me pasó.

– Venga déjalo ya. Yo lo olvido vale. Justo en ese momento se levantó y me dio un beso en los labios con un ligero roce y se despidió. En ese momento tenía la polla a punto de reventar. Charo que acababa de poner como una moto. Desde ese día empecé a ver a Charo con otros ojos. Tanto es así que siempre le pregunta a Fran cosas de su madre y él un día me dijo, medio en broma, si me gustaba su madre o que. Cada vez que iba a su casa me ponía enfermo y llegaba a mi casa y me mataba a pajas. Me fijaba más en ella que en su hija. Un día estaba viendo la tele con Fran cuando llegó de trabajar. Le pidió a Fran que le bajara unas bolsas del coche y las pusiera en la despensa. Se sentó en el sofá a mi lado y se descalzó los pies. Con solo ver sus piernas desde la rodilla a sus pies enfundados en las medias negra me puse como una moto. Empezó a charlar conmigo:

– Que, como lo llevas. Yo vengo muerta de trabajar, traigo las piernas hechas polvo de estar todo el día de pie.- Tienes que buscarte un masajista que te cuide las piernas…

Ella suelta una carcajada y se rió un buen rato.

– Si, era lo que yo necesitaba, que me trataran como una reina.

No se lo que pasó por mi cabeza pero tomé sus piernas y las llevé encima de las mías. Ella se giró para ponerlas encima de las mías. Yo, con suavidad, empecé a masajear las piernas hasta la rodilla, de arriba abajo, con cuidado, lentamente. Ella tenía los ojos cerrados. Me quedé un poco cortado cuando vi a Fran en la puerta observando. Me hizo gestos de que siguiera y se fue para arriba en silencio. Seguí masajeándole las piernas y empecé a subir por debajo de su falda. Tenía los muslos firmes y muy calientes. Entonces me armé de valor y le dije:

– Vamos a tu habitación y te doy un masaje.- ¡Tú estás loco! Si puedo ser tu madre…- Si, pero no lo eres y yo te deseo.- Estás loco, si nos ve Fran ¿Qué?- Ya nos vio, acaba de subir y no dijo nada. – Estoy loca pero…vamos a mi cuarto.

Yo estaba ya como una moto. Me cogió de la mano y me llevó a su cuarto. Cerró la puerta y allí de pie me besó. Nos estuvimos comiendo la lengua durante un rato pero se separó de mí:

– Esto es de locos, dejémoslo ahora que estamos a tiempo, antes de que sea demasiado tarde… – Charo, yo estoy soltero y tú divorciada, no estamos haciendo daño a nadie.- Si, pero y mis hijos… – Fran ya se lo imagina después de lo que vio y Susana no tiene por que saberlo. Yo te deseo, quiero que seas mía…por favor.

Se acercó a mí y seguimos besándonos. Levanté su falda y le clavé las manos en el culo. Lo tenía grande y firme. Era una gozada sentir el tacto de su piel y de sus bragas por encima. Empezó a desnudarme, enseguida me quitó la camiseta y dejó mi torso al descubierto. Empezó a acariciarme los pezones, y a lamerlos, me estaba poniendo a cien. De pronto sentí un placer increíble cuando me pellizcó los dos pezones a la vez. Le quité la camisa y ante mi aparecieron dos hermosos pechos. Tenía un sujetador negro que los mantenía comprimidos, tan grandes y hermosos.

Después de un ligero movimiento le saqué el cierre y le solté el sujetador dejando sus tetas al aire. Apenas se cayeron, eran grandes pero estaban firmes. Tenían unos pezones grandes y muy morenos. Lentamente empecé a lamerlos y a besarlos, chupándolos como un niño pequeño, no sabía lo que hacer con ellos, los sobaba, lamía… Nos desnudamos y nos tumbamos en la cama. Nos abrazamos y seguimos besándonos, notando como mi polla rozaba con los pelos de su conejo.

Charo se tumbó boca arriba y se abrió de piernas. Las cogí y llevándomelas a los hombros se la metí. tenía el chocho todo mojado, caliente y delicioso. Empecé a follarla lentamente ya que estaba a punto de correrme, pero a los dos o tres minutos ya no pude más y me corrí dentro de ella. Pero seguí metiéndosela pero que no se me aflojaba.

Me tumbé en la cama y le pedí que se pusiera encima. Madre mía que veían mis ojos… Se movía arriba y abajo, cogí sus tetas y le pellizqué los pezones. Ella gemía y se movía cada vez más con los ojos cerrados mordiéndose el labio. Le pedí que me hiciera una cubana, y se inclinó sobre mí, cogió mi polla entre sus tetas y empezó a masajeármela…¡que gusto! En dos o tres meneos ya me había corrido sobre sus tetas. Se acostó a mi lado y me cogió la mano.

– ¿Te gustó como lo hicimos?- Si, Tony, hacía tiempo que no follaba y me gustó mucho…pero es mejor que no se repita. – Bueno, eso ya lo veremos.

Desde ese día Fran y yo ya no nos llevamos como antes. Aunque no decía nada sobre el tema no le gustaba que me follara a su madre, aunque lo respetaba.

Después de nueve meses dejamos de vernos ya que Charo empezó a salir con un señor de su edad y yo hacía ya un par de meses que tonteaba con una niña.

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Autor: Antonio

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