Comiendo a mi vecina

Introduje la cabeza de mi pene en su culito, ella soltó un gran gemido y me dijo que la sacara no le hice caso y empujé con un poco más hasta penetrarla hasta el medio de mi pene, ella gemía de dolor eso me excitó más y le introduje todo mi pene en su culito, ella empezó a sentir un grado de placer que empezó a moverse a mi ritmo de mete saca hasta que logró un nuevo orgasmo.

Esta historia sucedió en una actividad de trabajo en la casa de mi vecina y para guardar el anonimato del mismo voy a llamar a los protagonistas con nombres diferentes, pero lo ocurrido es cierto, esto sucedió en una casona donde vivimos varias familias en diferentes departamentos, todo comenzó cuando hubo un tremendo apagón en la cuidad donde vivimos y que por circunstancias que desconozco malogró las redes eléctricas de mi zona de residencia, y como soy electricista de profesión y que es sabido por mis vecinos que yo me dedico a esta actividad, me dieron trabajo en algunos departamentos de la casona.

Pues bien esto sucedió en la casa de mis vecinos que todo los conectores del sistema eléctrico fallaban así que tuve que realizar una instalación concienzuda de todas las habitaciones del departamento que en si son 7 si contamos todas las habitaciones, entre el comedor, la cocina, el cuarto de baño, las recámaras que son dos, la sala y su cuarto de estudios, todo empezó cuando realicé los primeros estudios del costo de la nueva instalación y cuál sería el pago que les iba a cobrar.

Cuando conocí a mi vecina Loly y a su esposo Ricardo que por recomendación de mis vecinos ellos me llamaron, me quedé prendado por mi vecina por tener ella un cuerpo espectacular para los 29 años que dice que tiene, un culito bien paradito, un rostro angelical y unos senos no tan grandes, pero bien formaditos es decir redonditos, llevé todos los materiales que requería y los insumos que pedí ya lo tenían comprados, Ricardo trabajaba fuera de la cuidad y siempre llegaba los fines de semana y mi vecina se quedaba sola en su casa así que yo trataría con mi vecina Loly todos los problemas que pudiera surgir durante el tiempo que durase la reparación de la instalación de la casa.

Una tarde que estaba trabajando mi vecina fue al baño supongo que preparándose para bañarse y cuando estaba completamente desnuda en la ducha la puerta del baño se abrió por completo yo levanté la mirada hacia esa dirección y sin querer la vi completamente desnuda.

Ella se quedó atónita ante este hecho y lo que atinó hacer es taparse con las manos sus partes íntimas, que por cierto la tiene bien llenita de vellos, y su cuerpo desnudo, me mostró unas tetas rosaditas, pero redonditas que me hizo alucinar mil cosas en ese momento ella estaba alejada de la puerta por unos metros y me dijo con una voz delicada puedes cerrar la puerta por favor, yo le contesté que eso no podía hacerlo porque estaría cerca a ella, y que tal vez entraría al baño y podría suceder cualquier cosa, ella temerosa me pidió que me diera vuelta así lo hice y ella cerró la puerta. Y allí terminó el primer encuentro visual con mi vecina.

En la ciudad donde trabajo tenemos la costumbre de darle al trabajador la pensión de alimentos en casa, y así lo hacía Loly conmigo, yo almorzaba en su casa todos los días. En la noche cuando me despedí de Loly lo hice de una manera que le hice entender que tenía un hermoso cuerpo y un chochito muy peludito. La reacción de ella me desconcertó pues me dijo por qué no viniste si eso era lo que quería.

Me fui a casa y no pude dormir por la respuesta que me dijo Loly así que para el día siguiente ya tenía una idea fija para realizarla y lo hice cuando fui a trabajar la saludé dándole un beso, y ella no rehusó sino me correspondió me dediqué a trabajar por la mañana y a la hora del almuerzo fue lo más bello que me sucedió ella me sirvió y me dijo termina pronto y te espero en el dormitorio, así lo hice y me dirigí a su recámara y la vi a Loly echada en la cama cubierta por un cobertor pensé que estaba dormida toqué la puerta y ella me dijo entra y cierra la puerta.

En ese momento de un tirón botó el cobertor y dejó descubierto su cuerpo hermoso, totalmente desnudo y me dijo, ¿que puedes hacer por este cuerpo?, yo no lo pensé dos veces y me desnudé por completo y empecé por gozar del sexo como loco con el cuerpo de Loly. Ella me contó que su marido la dejaba muchas veces insatisfecha cuando hacían el amor y era el momento de saber que se siente tener un orgasmo y empecé por manipular su cuerpo, besar sus senos la volvían loca, tocar su clítoris también, pero lo que más le gustó fue cuando le hice el amor con la pose del alacrán donde ella logró sentir por primera vez un orgasmo.

Cuando estábamos desnudos le propuse hacerlo en la ducha, y así lo hicimos le empecé por manipular sus senos con mis manos y besar su cuello cuando de pronto ella abrió el caño de la ducha y nos regaba de agua los cuerpo es que empecé a meterle mis dedos a su vagina, y de pronto ella se arrodilló tomó mi pene y empezó a mamarlo que tan pronto se me vino que la llené de leche toda la boca.

Se paró y me dijo que le haga lo mismo lo que me fui primero en tocar fue su clítoris luego metí mi lengua en su chochito que ya estaba húmedo luego mordí nuevamente su clítoris cuando de pronto se le vino un orgasmo que me cayó en la cara, pero con el agua que nos caía me excitó sobremanera.

Mi pene ya estaba nuevamente parado cuando me paré y la cogí de espalda, ella solo se dejaba llevar por la lujuria de nuestros cuerpos, cuando le propuse hacerlo por atrás ella me dijo que nunca lo había hecho y que su marido una vez intentó hacerlo, pero ella no quiso.

Le dije que se relajara y que solo se dediqué a disfrutarla luego se dejó hacer lo que le propuse. Ya estando en la posición adecuada le puse mi pene en la entrada de su culito presioné para adelante y en la primera no pude introducirla, así que le dije que abriera más las piernas.

Ella lo hizo y fui por la segunda embestida, allí fue que introduje la cabeza de mi pene en su culito, ella soltó un gran gemido de dolor y me dijo que la sacara no le hice caso y empujé con un poco más de fuerza hasta penetrarla hasta el medio de mi pene…

Ella gemía de dolor eso me excitó más y cuando quiso zafarse la tomé más fuerte de la cintura y le introduje todo mi pene en su culito, ella empezó a sentir un grado de placer que empezó a moverse a mi ritmo de mete saca hasta que logró un nuevo orgasmo, esa tarde no trabajé nada sólo me dediqué a hacer el amor con Loly.

Todas las mañanas trabajaba y por las tardes hacíamos el amor. Esa es mi historia espero que les guste.

Pepe Sabroso

Me gusta / No me gusta

En los hombres se puede confiar

Mi polla se apretó contra el potro al que me había atado. La sensación subió por mi espalda como una ola cálida, y estalló en mi nuca. Me encantaba, quería que me follase, ser sometido por aquel macho dominante, que me tomase como suyo, como su puta, su hembra, su perra, su guarra. Que me usase para lo que quisiese y que luego me tirase a un lado, hasta que tuviera ganas de follarme de nuevo.

No se por qué cuento esto ahora, cuando ya han pasado tantos años. Debería haberlo contado en su momento, para que todo el mundo hubiese condenado lo que me hicieron, pero supongo que en el fondo no quería que nadie los castigase. En el fondo me había gustado tanto como a ellos.

Era el año 1980, más o menos el mes de abril. Había repetido un par de cursos 5 años antes, a causa de la muerte de mi padre, pero este era mi último año en el colegio. Al año siguiente tendría que empezar el instituto, y reconozco que me daba miedo. Mi colegio era muy conservador. Quizás años atrás todos los profesores eran curas, pero en mi época esto había cambiado. Eso si, seguíamos siendo un colegio exclusivamente masculino. Las chicas eran algo desconocido para nosotros, algo prohibido, y para alguno de los pocos curas que aún daban clase, eran el demonio.

Supongo que lo creí, o que me lavaron el cerebro, pero las aborrecía. Por el contrario mis compañeros, mis profesores, el director… Todos eran hombres, y en ellos si se podía confiar. Una tarde el profesor de gimnasia nos hizo un examen sorpresa. Yo era muy responsable, vamos, que era el típico chaponcete, y me puse muy nervioso porque todo me había salido muy mal. Nunca fui muy fuerte, ni muy ágil, y en ese examen quedó claro.

Me sentí tan mal que me puse a llorar. El profesor, Don Andrés, era un tipo alto, de espalda ancha, de unos 45 años. Tenía una ligera barriguilla, pero se mantenía en buena forma, supongo que gracias a su trabajo. Tenía un pelo oscuro y bastante tupido, y llevaba un bigote espeso y bien cuidado. Era un cascarrabias, el típico profesor autoritario que te grita por todo y para el que todo lo que haces está mal. Por eso me sorprendió tanto que mandase a todos los alumnos que se reían de mí a las duchas, se sentase a mi lado y con una voz grave y tranquila me dijese:

– Pero Juan hombre, no te pongas así. Que esto no es para tanto. – Si que lo es Don Andrés, me ha salido fatal, y va usted a suspenderme.- sollocé. – No hombre – me dijo – esto ha sido sólo para asustaros y que os toméis el curso en serio, tú tranquilo… Y allí se quedó, más de 20 minutos consolándome y tranquilizándome, hasta que vi el reloj. – Caray Don Andrés, son casi la ocho y media. Van a cerrar el colegio y me voy a quedar aquí encerrado. – No te preocupes –me dijo- voy a avisar al director de que no cierre la puerta, y así podrás salir. Dúchate rápido y ve corriendo a casa, que tu madre estará preocupada. – No se preocupe, mi madre no llega de trabajar hasta las diez y media. Si usted avisa al director no hay problema.

Me fui corriendo a la ducha. El vestuario estaba ya vacío. Todos mis compañeros se habían ido a casa. Me quité la ropa y la dejé desperdigada en uno de los bancos del vestuario. Olía a humedad. Era normal, los vestuarios estaban en el sótano del pabellón del colegio y no tenían ventilación. Había unas ventanas en lo alto de la pared del fondo, pero estaban selladas y pintadas con una pintura opaca. Años atrás habíamos tenido un par de problemillas con un mirón de la zona, y se decidió que lo mejor era quitarle todas las posibilidades de vernos de cerca.

Abrí el grifo y me metí en la ducha. Aún estaba un poco fría, pero pronto aumentó su temperatura. Me froté rápido con jabón la cabeza y el cuerpo, y empecé a enjuagarme. Y de pronto todo se oscureció. No veía absolutamente nada. Abrí y cerré los ojos unas cuantas veces, porque no creía que pudiese haber una oscuridad tan absoluta, pero al final me convencí.

– Mierda –pensé- a ver como llego ahora hasta la mochila.

No recordaba donde la había dejado, y no me veía capaz de encontrarla a ciegas, sobre todo porque los bancos cambiaban de sitio cada día a causa de nuestros juegos y peleas mientras nos cambiábamos. Salí de la ducha con las manos extendidas. Di un pequeño resbalón y mi pie se estampó contra la pata metálica de uno de los bancos.

– ¡Ahhhhhhhhhh! –grité mientras me frotaba el pie sentado en el suelo. – ¿Juan estás bien? Era Don Andrés. Menos mal, aún no se había marchado. – Juan, tranquilo, ha habido un apagón. ¿Dónde estás? –lo oí gritar. – En el vestuario –dije como pude a causa del dolor. – No te muevas, voy para ahí. –dijo Don Andrés. – Vale –respondí.

Oí sus pasos acercarse, un poco dubitativos a causa de la oscuridad supuse. Entró en el vestuario y a tientas y guiado por mi voz llegó hasta donde yo estaba.

– Tranquilo, ya estoy aquí –dijo- Pero Juan, estás empapado, y helado. – Si, no tuve tiempo de secarme, no encontraba la toalla.-respondí.

Hasta entonces no había notado el frío, creo que porque estaba muerto de miedo, pero en ese instante me di cuenta de que tenía la piel de gallina.

– No te preocupes, en mi despacho hay una taquilla, y tengo varias toallas dentro. Iremos allí y te secas. – dijo Don Andrés. – Pero no sabré ir a su despacho… -respondí. – Tranquilo hombre, que te guió yo.

Y entonces puso una mano sobre mi cuello, justo en la unión con los hombros. Estaba caliente, muy caliente, y me dieron varios escalofríos de placer a causa de la diferencia de temperatura entre su mano y mi cuerpo. Era una mano contundente, dura y segura de si misma, con autoridad, pero me guió suavemente hasta su despacho. Una vez allí me dijo:

– Quédate aquí y no te muevas. Vuelvo enseguida con la toalla. Y no te muevas- repitió- o me costará mucho encontrarte.

Me quedé allí quieto, desnudo, empapado y helado. Totalmente indefenso. Oía a Don Andrés buscar en la taquilla, y de repente el ruido paró.

– ¿Don Andrés?-llamé. – ¿Siiiiii?

Salté del susto, pues la voz lasciva venía justo de detrás de mí. A pesar de mi salto dos manos fuertes me cogieron, una por la cintura y la otra por la nuca, y me obligaron a inclinarme hacia delante, haciendo una L.

Mi cara se topó de golpe con algo duro, pero acolchado, y el golpe me atontó un poco. Noté como me colocaban sobre algo pequeño, boca abajo, y me ataban a él con una cuerda. Reconocí de inmediato aquello sobre lo que estaba tumbado. Era el potro de salto de la clase de gimnasia. El pequeño, que solo usábamos para dar saltos con las piernas abiertas. Mis pies aún estaban en el suelo, y mi culo totalmente abierto estaba en pompa. Me ató las piernas a las patas del potro, e hizo lo mismo con mis brazos y las patas delanteras.

– Don Andrés ¿Qué hace? Suélteme por favor…-grité. – ¡Cállate!- gritó Don Andrés aún más alto.- Don Andrés yo… -empecé a decir. – Muy bien, si no te callas…

Metió una tela en mi boca y la ató fuerte con una cuerda. Grité lo más fuerte que pude, pero nada salió de mi boca. La tela era muy gruesa, y casi no me dejaba respirar, mucho menos emitir sonido alguno. Entonces noté una respiración excitada en mi oído, era Don Andrés.

– Ahora eres mío, solamente mío, y te voy a hacer ver las estrellas. De dolor…y de placer. Vas a ser usado como lo que eres, una puta, mi puta. Y te aseguro que si te resistes… será peor, mucho peor.

Me moría del miedo. Sabía lo que iba a hacerme, y me horrorizaba, pero no podía hacer nada. Se colocó detrás de mí, y empezó a masajearme el culo. Poco a poco pasaba su lengua por mi ano virgen y me lo llenaba de babas. Y entonces ocurrió lo que yo menos esperaba. Me empalmé. Mi polla creció de golpe y se apretó contra el potro al que me había atado. No me lo podía creer. Me estaba gustando. La sensación subió por mi espalda como una ola cálida, y estalló en mi nuca. Me encantaba, estaba totalmente salido. Quería que me follase, ser sometido por aquel macho dominante, que me tomase como suyo, como su puta, su hembra, su perra, su guarra. Que me usase para lo que quisiese y que luego me tirase a un lado, hasta que tuviera ganas de follarme de nuevo.

Y Lo hizo. Cuando consideró que mi culo estaba bien mojado colocó su polla en mi ano virgen y me la metió de un solo golpe. Grité del dolor, pero seguía queriendo más. El dolor pasó, y mi calentura aumentaba por momentos. Me di cuenta de que le quedaba más polla para darme, y relajé mi culito para recibirla como se merecía. Era una buena polla gruesa y dura, o por lo menos eso le parecía a mi anillito recién desvirgado. Se acostó sobre mi espalda y noté su pecho y barriga peludos, como los de un buen macho, y ese placer hizo que me corriera. Don Andrés notó las contracciones de mi culito contra su polla, y se acercó a mi oído diciendo…

– Así que en el fondo eres una putilla. ¿Te está gustando verdad?

Y mientras decía esto no paraba de follarme, cada vez más duro, cada vez más al fondo. Pensé que estaba apunto de correrse, pero me equivoqué. Mi hombre era un macho de verdad, un macho que sabía tratar a su hembra, fuerte y duro como su polla. Yo seguía amordazado aunque ya no hacía falta, a no ser por los gritos de placer. Me costaba respirar y para coger un poco de aire levanté un poco la cabeza, liberándola de la mano de mi macho, que la estaba sujetando por los pelos. Me quedé de piedra.

Frente a mí vi una luz roja, pequeña, que por momentos intensificaba su brillo. Era la brasa de un cigarrillo, no, algo más grande, la de un puro, y en todo el colegio sólo una persona fumaba puros. Don Julián, el director de la escuela. No sabía que hacer. No podía avisar a mi macho, que seguía follándome sin piedad, de que el director había entrado y nos había pillado. Moví mis nalgas como pude, pero Don Andrés no paró, y el director seguía acercándose. Desató la cuerda que me amordazaba y retiró la tela de mi boca.

– Don Julián, esto…

No pude continuar. Me agarró por el pelo y clavó su enorme polla en mi boca, hasta el fondo. No sabía como reaccionar, no entendía nada, intenté apartarme y…

– Puta, o chupas esa polla o te juro que Don Julián apagará ese puro en tu espalda- dijo Don Andrés.

Así que eso era. Lo entendí de repente. Estaban en compinche desde el principio. Desde que supieron que mi madre no me esperaba, o incluso desde antes. Quien sabe si aquel examen sorpresa no era tal. Ya me extrañaba que el cabrón de Don Andrés hubiera estado tan amable consolándome. Don Julián era el más antiguo de los profesores del colegio, pero aún así sólo tenía 50 años. Estaba calvo y tenía barriga, pero si mi macho quería que se la chupase… Se la chuparía hasta dejarlo seco.

Don Andrés seguía follándome cada vez más rápido, y consiguió que volviera a empalmarme. Cada una de sus embestidas hacía que la polla de Don Julián entrase hasta mi garganta. Al principio me daban arcadas, pero conseguí relajar la garganta al igual que el culo, y acabó entrando suavemente.

– Lo ves Julián – dijo Don Andrés- te dije que este chico era una puta, que se le veía en la cara, y yo a las putillas como esta las reconozco nada más verlas. – Tienes toda la razón, la come de puta madre, es más creo que… uh… voy… uuuhhhh

Y se corrió en mi garganta, con la polla metida hasta el fondo, con los pelos de su pene haciéndome cosquillas en la nariz, y su mano en mi nuca aplastándome contra su barriga. Ni siquiera tuve que tragarme su semen. Simplemente bajó por mi garganta despacio, cálido y pastoso. Empezó a retirarse hacia atrás, pero cerré la boca y mis dientes arañaron suavemente su capullo hinchado y rojizo.

– ¡Ehhhh! –gritó. Y mi macho me dio una palmada en el culo. – Trata bien a Don Julián puta o te acordarás de nosotros –dijo Don Andrés.

Ya tenía la boca libre y podía hablar.

– No Don Andrés, no quería lastimarlo, sólo pretendía limpiarle bien la polla, para que no tenga que limpiarla él con papel higiénico que es muy áspero.-dije. – Joder Andrés, menuda joya que has encontrado-dijo Don Julián volviendo a meter la polla en mi boca.- Chupa hijo chupa, por mí que no quede.

Don Andrés se había quedado quieto de la sorpresa. Supongo que no esperaba que fuese tan puta como había demostrado, y su polla había salido de mi culito, que latía hambriento de su macho, bien abierto para recibir toda su fuerza.

-Por favor Don Andrés no pare, fólleme por favor, hágame su putita, reviénteme el culo, haga lo que quiera, pero no pare.-dije sacándome la polla de Don Julián de la boca.

Aquello excitó más aún a mi macho, que me la clavó sin piedad hasta el fondo, y tras unas cuantas rápidas embestidas, se corrió en mi culo, empujándome con cada chorro de lechita que salía de su nabo, tirándome de los pelos y mordiéndome la nuca. Salió de mi culo lentamente, agarró mi polla y la meneó hasta que me corrí. Estaba muy cansado, así que me llevaron a la ducha y me limpiaron bien a fondo. Me vistieron y abrieron la puerta del despacho. Fuera ya había luz. Miré inquisitivamente a Don Andrés.

– Ya hemos conectado los fusibles. No hubo ningún apagón putilla, solo queríamos follarte- me dijo. Don Julián se reía en una esquina. -¿Sabes?-continuó mientras agarraba con fuerza mis pelotas. –El otro examen lo suspendiste, pero este lo has pasado con nota… perra. Creo que no hace falta decirlo, pero como digas algo a alguien te mato. Lo mire a los ojos y le dije. -Usted lo ha dicho Don Andrés, no es necesario. -Muy bien- contestó- ya nos veremos para próximas evaluaciones- y apretando fuerte mis pelotas me empujó fuera del gimnasio y cerró la puerta.

Me fui a casa, y…

Este relato, aunque relatado como real, es totalmente ficticio. Cualquier similitud con lugares o personas reales es simple casualidad.

Espero vuestros comentarios.

Autor: yomiamo

Me gusta / No me gusta