Mis deseos

Me aflojé y fue penetrándome, la metía un poco, paraba, así yo iba aceptando aquella pija en mi cola, con algo de dolor y con mucho de goce. Cuando la tuve toda adentro sentí sus huevos pegar contra mis muslos y me sentí dichoso de poderlo albergar dentro de mí, nos besamos, nuestras lenguas bailaban buscando la otra. Comenzó el mete y saca y yo comencé a gozar lo que nunca me imaginé.

Hace mucho que soy lector asiduo de esta muy buena página y no sé por que pero hace ya más de un año que se me despertó una sensación de que tenía ganas de tener entre mis manos la pija de otro hombre. Así fue pasando el tiempo y no me decidía hasta que no hace más de un mes fui a pasear por el centro a comer algo un viernes y algo golpeó en mi mente cuando vi un chico de unos 22 años salir de una pizzería.

Alto, delgado, bien musculado, de lindas facciones, pelo largo pero muy limpio, de jean y de remera con mocasines; me quedé como hipnotizado mirándolo, sin darme cuenta que lo que estaba haciendo me podía acarrear un problema.

Cuando reaccioné me di cuenta que le miraba el paquete que le abultaba entre las piernas y sin darme cuenta me mordí el labio inferior, en señal de deseo justo cuando él gira a verme y me vio. Yo no sabía que hacer y al darme cuenta de lo que había hecho me decidí y me lancé, acariciando mi entrepierna como ofreciéndosela, y me quedé estupefacto cuando él esbozó una sonrisa y dio vuelta sobre sus pasos, y se dirigió escaleras arriba hacia los baños.

Al subir el último peldaño giró, me sonrió y me guiñó un ojo a lo que entendí como una invitación y subí tras él. Yo no pensé que él quisiera que yo lo poseyera, yo quería que él me permitiera tocar su verga, acariciarlo, y después vería. Subí raudamente, y en uno de los apartados estaba él, lo abrió cuando llegué para que supiera a donde ir. Me introduje en el apartado y solo le dije:

-Estás divino, quiero que me comas. -Tú también, estás que matas y deseo comerte y que me comas.

Todo aquello era nuevo para mí, pero estaba lanzado y traté de tomar la iniciativa y mi mano voló a su entrepierna: la tenía dura y no era chica aunque no súper grande; desabroché sus pantalones y los míos y dije a su oído:

-Pásamela en la cola que la quiero sentir.

Me di la vuelta y él cariñosamente me bajó los pantalones, los calzoncillos, se sentó en el wc y me fue abriendo las nalgas para luego darme un beso en pleno culo que me enloqueció, le pedí por favor que quería sentirlo pero él no me hizo caso, siguió en lo suyo pasándome la lengua por la cola volviéndome loco y yo pidiéndole que me hiciera suyo, que quería que mi virginidad fuera suya, a lo que me miró con sorpresa y me preguntó:

-¿Es cierto lo que decís? ¿Sos realmente virgen? -¡Ssiii! y quiero ser tuyo, ¡ponémela por favor!

Su pija comenzó a pasar de arriba abajo y viceversa por mi cola y yo comencé a suspirar de goce. Con una mano la sostenía para que no entrara de golpe y con la otra me abría las nalgas para facilitarle la penetración. Se escupió la palma de la mano, y me pasó la palma por la cola metiéndome el dedo mayor en el huequito, con saliva, haciéndome gozar de mi primera penetración. Me repitió la operación y luego hizo lo mismo con su pija y cuando la sentí en la puerta de mi culo este se contrajo, a lo que él besándome el cuello me decía:

-Tranquilo mi amor, tranquilo, que seré lo más cariñoso contigo, para que goces con el menor dolor no tengas miedo.

Y diciendo esto me aflojé un poco y fue penetrándome, la metía un poco, paraba, me dejaba acostumbrarme, me la metía otro poco y así yo iba aceptando aquella pija en mi cola sin mucho esfuerzo, con algo de dolor y con mucho de goce. Cuando la tuve toda adentro sentí sus huevos pegar contra mis muslos y me sentí dichoso de poderlo albergar dentro de mí.

Busqué su boca con desesperación, nos besamos entremezclando nuestra saliva y nuestras lenguas bailaban buscando la otra. Comenzó el mete y saca y yo comencé a gozar lo que nunca me imaginé: la sensación más placentera hasta ese momento. Me invadió un sentimiento como de amor hacia aquel chico, y se lo dije:

-Te amo, quiero ser tuyo siempre, para siempre, te amo como a nadie, hazme gozar tómame todo, métemela hasta el fondo quiero sentirme tuyo y sentirte mío, más, métela más, métela que me acaboooooooooooooo, – Y yoooooooooooooo…

Así terminamos nuestro primer encuentro.

Soy casado, tengo dos hijos, tengo 48 años y sigo teniendo relaciones con Joaquín, muchas veces en baños públicos otras veces en la playa, alguna vez hemos ido a una amueblada, y al día de hoy practicamos unos 69 que nos dejan exhaustos en el coche, por lo general y desde hace unos quince días ha insistido en que quiere que lo penetre y hemos iniciado esa otra faz pero eso será otro cuento si es que este les gustó.

Vivo en Montevideo.

Autor: Olimarcito

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