Relación apasionada

Quería sentir esa pija dentro de mi culo casi inexplorado y sin más preámbulos, la metió de un solo envión. Comenzó un mete y saca delicioso, me pajeaba el clítoris mientas me cogía duro por detrás, no demoré en chillar como loca denunciando un orgasmo interminable. No aguantó más, la sacó y se puso frente a mí, la leche brotaba y yo tragaba sin parar.

Decidí abandonar la vida virtual, ya no más suposiciones detrás de una pantalla, no más citas a ciegas ni horas abandonada a navegar en Internet. Estaba cansada, herida, desilusionada por relaciones aburridas, pero aún quedaban amigos que despedir y todo un vicio que abandonar. Inspirada en el nombre de una canción, mi nick elegido ese día fue fiera herida.

De pronto, un nombre nuevo y diferente me sorprendió, me llamó la atención y decidí hablarle, intercambiamos opiniones sobre una pasión que compartíamos, la música. Él insistía en conocerme y yo buscaba todos los pretextos posibles para evitarlo, creo que me producía la extraña sensación de que ese hombre me podría transportar a un mundo de erotismo y fantasías difícil de resistir.

Nos encontramos a la luz de la vela, cerca del mar, nuestras miradas cálidas e insinuantes crearon el ambiente, las palabras hicieron el resto. La suave música sugería el acercamiento de nuestros cuerpos aún desconocidos y vibrantes. Sin embargo yo me seguía resistiendo a sentirlo, nos despedimos sin saber si volveríamos a estar tan cerca y tan lejos a la vez.

Las barreras fueron cayendo una a una, nos citamos nuevamente, sólo amistad dijimos, pero ambos sabíamos que era un pretexto para estar juntos una vez más. Al momento de despedirnos miré sus ojos claros, sólo delataban un propósito: poseerme. No resistí tanta lujuria. En un arrebato de pasión, acerqué casi con violencia mi cuerpo al suyo, ansiosa de sentir el aroma del deseo, su piel, su boca, su sexo. Él tampoco se resistió, por el contrario, se entregó a toda aquella locura, lenguas entrelazadas, bocas semiabiertas…

Me besaba desesperadamente, el cuello, el lóbulo de la oreja, bajaba por mi espalda dando pequeños mordiscos que hacían erizar mi piel hasta el último centímetro. Me entregué absolutamente al placer de sentirlo, de vibrar bajo sus expertas caricias, exploré ese cuerpo varonil dispuesto a saciar mis instintos más perversos, bajé lamiendo todo su pecho, su ombligo, hasta llegar a su sexo, su pija ya no resistía dentro de la ropa, bajé la cremallera del pantalón apoderándome de su glande, dándole todo el placer imaginable, la tomaba con ambas manos y arrodillada frente a él que aún permanecía de pie chupé, lamí.

Con su mano derecha me aferraba del cabello obligándome a tragarla toda, a llegar hasta el fondo de mi garganta con su pija, con la mano izquierda pellizcaba mis pezones dejándolos erectos.

Mis fantasías se estaban realizando, estar con un hombre que me dominara haciendo volar mi cabeza, nada era prohibido ni tabú, todo valía para satisfacernos.

Me llevó a la cama recostándome con firmeza, arrancó mi ropa interior, separó mis piernas y se dedicó por entero a darme placer en una conchita cada vez más rebosante de jugos, lamió minuciosamente los labios vaginales hasta llegar al clítoris donde se detuvo, chupando, jugando con su lengua… sus dedos buscaron la entrada de mi placer, desatando un orgasmo feroz, gritos gemidos, locura. Él no resistió más, apoyó la cabeza de su pija en la entrada de mi concha y con un golpe fuerte me penetró violentamente provocándome una cadena de orgasmos casi animales.

Con su lengua empapada de mis jugos lamía mis pezones, luego los mordió hasta provocarme dolor, no me importaba, el placer era muy superior. Cuando estaba a punto de acabar, sacó su pija de mi interior, me tomó firmemente del cabello y me obligó a tragármela, a tragar toda la leche sin derramar una sola gota. Lamí hasta dejar limpio a mi hombre, nos fundimos luego en un beso de lengua que parecía no terminar.

Me tentó la idea de poseerlo con mis dedos, quería su culo, definitivamente lo quería. Lo tumbé en la cama, boca arriba, su sexo quedó muy cerca de mi cara, me hundí en él, lamí sus huevos hasta llegar a ese hermoso culo, comencé a penetrarlo con la lengua, una y otra vez, cedía, se dilataba a cada entrada, mientras tanto le cascaba su pija, masturbándolo con una mano mientras mis dedos ya se aventuraban a penetrarlo, un dedo, dos… gemía, creo que perdió la noción del tiempo.

De pronto, giró sobre mí, golpeándome las nalgas me obligó a subirme arriba de él, dejándole todo mi culo a la vista, escupió sobre el para lubricarlo (más de lo que ya estaba con mis jugos), metió sus pulgares abriéndolo, sentí que me partía pero quería más, quería sentir esa pija dentro de mi culo casi inexplorado, volvió a golpearme en las nalgas, me fui sentando lentamente, y él la metió de un solo envión…

Comenzó un mete y saca delicioso, me pajeaba el clítoris mientas me cogía duro por detrás, no demoré en chillar como loca denunciando un orgasmo interminable. No aguantó más, la sacó y se puso frente a mí, la leche brotaba y yo tragaba sin parar.

– Chupa perra, chupa mi pija sucia de tu culo, no dejes de chupar, limpia a tu amo de una buena vez…

Este fue solo el principio, comenzamos a vernos cada vez con más frecuencia, nuestras cabezas volaban en fantasías que compartíamos y planeábamos llevar a cabo cada una de ellas, imaginando hasta el detalle más ínfimo. El morbo crecía con cada encuentro, éramos dos fieras en celo apareándose sin descanso.

Tenía al hombre de mis sueños, un perverso depravado para compartir mis aventuras. Para él, yo comenzaba a convertirme en la esclava que había deseado poseer cada día.

Hemos cumplido muchas de nuestras fantasías y aún quedan más, vívanlas junto a nosotros en los relatos que siguen.

Autora: Perversita

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