Me transforme en su putita

Me puso una almohada bajo el vientre y comenzó el mejor suplicio que me hayan dado nunca. Acomodó su glande en la entrada de mi culito y de una sola vez metió su polla hasta el límite (yo, a veces, pensaba que me llegaba a la boca) y me folló, me folló… él tuvo dos orgasmos, sentía como, de vez en cuando, mi culito se llenaba de su leche calentita, me sentía sucia, guarra y me gustaba.

A los 24 años podía decir sin miedo que mi vida sexual era normal. Yo era un chico resultón, tenía novia y ella satisfacía mis necesidades sin problema alguno. Pero poco a poco algo comenzó a salir dentro de mí. Me angustiaba la necesidad de probar cosas nuevas ya que la monotonía comenzaba a reinar en mi interior. Me decidí a insertar un anuncio en la página de contactos de un portal de internet http://www.yunu.com/. Allí conocí a quién sería mi nuevo amante. Él era mayor que yo, tenía 58 años, tenía pareja estable al igual que yo y su interés era el mismo que el mío: probar cosas nuevas.

Tras muchos mails donde nos conocimos más profundamente y varios meses desde nuestro primer encuentro virtual me decidí a dar el paso y quedar con él (hasta entonces me había mostrado reticente a quedar por miedo…aunque por dentro deseaba hacerlo). El encuentro sería en su casa. Previamente habíamos pactado que tras la presentación oportuna comenzaría nuestro “juego”, en el que yo adoptaría el rol de mujer y sería su sirvienta particular… esto era algo que me excitaba muchísimo. Mi nombre sería Sara y él sería “mi amo”.

Llamé al timbre y rápidamente abrió la puerta. Era tal y como me había descrito (no voy a entrar en detalles), pero era un madurito bastante apetecible (acorde a mis gustos). Nos presentamos y me dijo que fuese a una habitación donde tenía preparada una sorpresa para mí. Fui hacia allá y me encontré sobre la cama un conjunto de ropa femenina que me volvió loco (o loca a partir de entonces).

Primero me puse unas medias negras. Mientras sentía la lycra rozar mis piernas comenzaba a excitarme más y más. Ajusté bien las medias con un liguero precioso a juego con un tanga de escándalo. Más tarde me puse una mini de Lolita que apenas tapaba mi culo y dejaba entrever el tanga. Un mandil de sirvienta y unos zapatos negros de tacón de aguja muy alto completaban mi uniforme… era consciente que desde el momento en que cruzara la puerta vestida así el juego ya habría comenzado.

Al salir al salón mi amo estaba sentado y rápidamente me miró de arriba abajo para dar el visto bueno. “Bueno Sarita, me apetece darme un baño…ven conmigo”, dijo. Fuimos hasta el baño (yo estaba bastante nerviosa). Me hizo desnudarle por completo y meterle en la ducha. Le froté bien por todo el cuerpo. Cargué de espuma mi mano y froté acariciando con eficacia su pene que ya comenzaba a estar durito e introduje uno de mis dedos por su agujerito (cosa que le gustó bastante).

Una vez fuera de la ducha le sequé y vestí con un albornoz y sandalias. Me dijo que le apetecía tomar algo mientras veía una buena película porno. Se sentó en el sofá y yo le puse la película que me ordenó. Fui a la cocina y le traje una cerveza. Justo en el momento en que me agaché para poner la cerveza en la mesa camilla que había frente al sofá mi amo comenzó a sobarme el culo metiéndome mano como un descosido. “Eres una sirvienta muy buena, pero un poco puta”, me dijo; “hoy recibirás lo que siempre has querido”.

El sonido de la película porno, las palabras de mi amo y el manoseo constante al que estaba siendo sometida hicieron que ya no aguantase más y me dirigiese hacia él. Le desaté el albornoz y pude contemplar un precioso pene depilado de 13 cms que decía “cómeme”. Sin dudarlo me lo metí en la boca y comencé a saborear por primera vez lo que a partir de entonces sería mi instrumento de placer favorito. Arriba y abajo intentaba metérmelo por completo en la boca, lamía su glande con la punta de mi lengua, bajaba hacia sus testículos rasuraditos y me los introducía en la boca. Incluso, alguna vez, me tiré al suelo y lamí sus pies con inusitada lujuria. Noté que su excitación llegaba al límite así que comencé a intensificar mis lamidas.

Mi amo me agarró del pelo y me obligaba a chupársela más y más… hasta que mi boca se inundó de un torrente de leche calentita que nunca antes había probado. La excitación no me hizo dudar de que tenía que tragármela toda, cosa que hice, exprimiendo su glande sin dejar ni rastro. Mi boca tenía un extraño sabor dulce y pastoso, me sentía toda una puta y eso me gustaba. Mi amo me dijo que me acercase y me metió su lengua en mi boca para saborear su propio semen… yo estaba excitadísimo.

De repente me dijo que me quitara la faldita y el tanga, cosa que hice despacito y sensualmente. De un cajón sacó un maravilloso consolador que puso mirando hacia arriba sobre la mesa camilla. “Tienes que tragarte el juguetito antes de que mi polla entre en tu culo”, me dijo. Me empujó hacia el consolador no sin antes ponerme unas pinzas de la ropa en los pezones (cosa que me excitó muchísimo). Me incliné sobre el consolador intentado abrir bien mi ano (virgen hasta entonces) pero el consolador era de un tamaño considerable y se resistía a entrar. Mi amo me daba pequeñas bofetadas en las mejillas cuando no conseguía que entrase, hasta que introduje un poco de saliva en mi agujerito y… ¡plof!, mi culo engulló por completo el consolador.

Me encantaba esa sensación. Mientras tanto mi amo había encendido una vela… rápidamente comprendí su finalidad. Rociaba mi cuerpo con la cera aún caliente mientras que no paraba de decirme “puta”, “zorra”…y piropos semejantes y me obligaba a subir y bajar para que mi culito se acostumbrase a recibir polla en grandes cantidades.

En cuanto mi amo vio que era suficiente me levantó de la mesa y me obligó a tumbarme de rodillas con mi culito mirando hacia él. Cogió un cinturón y comenzó a darme cachetes, unas veces con el cinturón y otras con la mano, en mi culito. Me llevó a su cama y me ató bocabajo de pies y manos en forma de “X” (con cuerdas en cada una de las patas de la cama). Me puso una almohada bajo el vientre y comenzó el mejor suplicio que me hayan dado nunca. Acomodó su glande en la entrada de mi culito y de una sola vez metió su polla hasta el límite (yo, a veces, pensaba que me llegaba a la boca) y me folló, me folló… él tuvo dos orgasmos, sentía como, de vez en cuando, mi culito se llenaba de su leche calentita, me sentía sucia, guarra… y me gustaba.

No creáis que yo no había tenido alguna corrida, pues el roce de mi polla contra la almohada mientras mi amo me montaba me provocó la corrida más maravillosa que jamás había tenido. Después me desató y lo siguiente fue hacernos un maravilloso 69 donde disfruté como una auténtica prostituta pues no sabía si me estaba dando más gusto recibir una maravillosa mamada de mi amo o volver a tener ese pedazo de carne en mi boca.

Tras esta sesión nos acostamos juntos completamente desnudos rozando nuestros cuerpos. Al levantarnos no pude más que pedirle que me diese por culo de nuevo, cosa que hizo gratamente con la condición de que yo se lo hiciese a él después… y la puta se folló a su amo (como buena niña obediente que debía ser).

Tras esto de vez en cuando volvemos a quedar inventando nuevos juegos. Unas veces en saunas de Madrid donde me pasea dándome cachetes por los pasillos para que todo el mundo sepa que soy su putita. Otras veces vamos a sitios nudistas y follamos mientras hacemos creer a la demás gente que no sabemos que nos observan. Incluso alguna vez he tenido “invitados” en casa y la sirvienta que soy ha tenido que servir a 2 y hasta 3 pollas a la vez…todo ello con muuucho gusto.

Nuestro próximo objetivo será que nuestras respectivas parejas participen con nosotros en una orgía donde todo esté permitido…tiempo al tiempo.

Autor: Fransex

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El aventón

Mi asiento lo recliné para que ella se pudiera subir, me montó y comenzó a cabalgarme, le metí un dedo en el culo por lo que ella comenzó a moverse rápidamente, ella me comentó, ¿por qué siento tanto cuando me haces eso atrás? dicho esto como que si fuera un catalizador de placer nos venimos ambos a la vez. Descargué tres grandes chorros de semen en su cueva.

Una tarde en la que estaba en mi trabajo, fui a visitar a una secretaria que estaba en otra área, hacía mucho tiempo habíamos sido amantes, obviamente fue una corta visita pues como en muchos lugares te llaman la atención si te encuentran en otra área al menos por mucho tiempo ya que se supone que no debes quitar el tiempo a quien si tenga trabajo en el momento que probablemente uno no.

La vi y ella llevaba un vestido corto café claro de no mucho vuelo, con unos zapatos de tacón mediano y pantimedias blancas, se veía muy atractiva pues ella cuenta con unos excelentes pechos aunque es delgada también tiene unas ricas nalgas, también contarles que ella es mayor que yo aproximadamente 15 años, en ese momento yo contaba con 30 años pero a pesar de ser una persona madura es realmente una mujer muuuy encamable, aunque siempre ha tenido la fama de nada fácil.

Pues es muy mi gusto ser discreto, y así nunca nadie se enteró de que éramos amantes, por cierto fue ciertamente caliente y duró su tiempo (unos 2 años), bueno en ese día que tenía mucho de no tenerla cerca fui a saludarla y ella me dijo que a que horas salía del trabajo, yo le contesté que a las 9 de la noche me dijo -perfecto yo hoy también salgo a esa hora, ¿me podrías dar un aventón?-  a lo que le respondí que hasta su casa no, pues la verdad vive verdaderamente lejos y me desviaría muchísimo en tiempo más o menos hora y media, pero ella me dijo -solamente hasta la avenida donde tomo mi camión, además te queda de paso.

Yo acepté y me retiré y le dije que nos veíamos a la salida, cuando fui a checar mi salida ella ya me estaba esperando y le comenté que ahí me esperara en lo que iba por el carro al estacionamiento, regresé a donde me esperaba y al subir ella me percaté que ya no traía medias por lo que enseguida me calenté, avancé un poco y entonces me detuve en la esquina y me acerqué a darle un tierno beso en la boca para tantear el terreno pero como yo lo pensé me respondió con un beso más fogoso que el que yo le daba.

En eso mi mano rozó su pierna y ella me dijo pícaramente que si ya había visto que ya no traía medias, y yo le contesté que por supuesto, por lo que le di un beso con lengua, chupetón y mordida o sea ya comenzando a cachondearla, avancé el carro pero mi mano también rápidamente se posó en su pierna, mi auto como es automático me lo permite, se la acaricié pero rápidamente se fue hasta su entrepierna, le hice hacia un lado la panti y le toqué directamente su raja que estaba empapada, yo volteé y le dije -¿qué te pasa? – y le sonreí ella no contestó y solo hizo por subirse un poco el vestido y abrir sus piernas yo la dedeaba con toda la velocidad que me permitía el ir conduciendo.

Por cierto lo trataba de hacer por las calles más obscuras y solas que veía por mi trabajo pero no podía detenerme porque es muy común que ronden patrullas por la zona industrial así que yo trataba más bien de irme de esa colonia, en una de las arremetidas de mis dedos ella abrió de tal manera las piernas que movió la palanca del carro a neutral y yo sin darme cuenta me alarmé y le dije -no se que le pasa al carro no acelera- ella me comentó con sus ojos en blanco -moví la palanca- recuperado del sustillo pues en ese momento iba ya circulando por una avenida.

Por cierto cada que pasábamos cerca de gente yo aceleraba el mete y saca, y ella gritaba por lo que me estaba perdiendo en la calentura, pues soy un poco exhibicionista, yo le pagaba su osadía dándole la mayor dosis de placer, le desabotoné la parte de arriba de su vestido, por la parte de atrás, para poder meterle mano también a sus exquisitas tetas, en una vuelta alcancé a pegar mi llanta con el machuelo pero lo que me importaba, era estacionarme para poder hacer todo a dos manos, por fin vi un lugar perfecto, medio oscuro y solo, además era una pequeña calle por la que no había mucho tráfico.

Me estacioné apagué rápidamente el auto, comencé a agarrarle una teta mientras la otra la tenía en mi boca y en su concha tenía tres de mis dedos que entraban y salían frenéticamente, ella de repente gemía muy fuerte y yo la besaba y metía mi lengua para callarla, pues no quería que nada estropeara ese momento, pues de vez en vez pasaba gente que por cierto ni teníamos en cuenta.

Estaba muy empapada, por lo que mis dedos entraban con toda facilidad, no tardó en venirse y yo solo me quedé quieto dentro de ella para sentir sus contracciones, pasado el momento de éxtasis seguí más suavemente metiendo dos dedos para que continuara la calentura, ella poco a poco reaccionó, obviamente yo le di el tiempo para que se recuperara, la besaba pasionalmente con toda la humedad que debe ser, nuevamente se puso a tono por lo que ahora me tocaba a mi, me saqué la verga y ella se abalanzó a mamármela.

Yo me contentaba con ver si nadie pasaba y nos podía echar a perder la fiesta, en eso me percaté el por que estaba medio solo, pues nos pusimos al costado de un templo de testigos de Jehová (o sea no había casas por ahí) que por cierto estaban en esos momentos con sus cánticos y aplausos, por lo que yo en ese momento medio me desconcerté pero dije ni modo, alguien quiso que encontrara este lugar para poder hacerlo.

La levanté de mi verga y luego hice mi asiento hacia atrás, lo recliné para que ella se pudiera subir a mí, así lo hizo, me montó y comenzó a cabalgarme, yo le alcancé sus nalgas y le metí un dedo en el culo por lo que ella comenzó a moverse rápidamente, ella me comentó – ¿por qué siento tanto cuando me haces eso atrás?- dicho esto como que si fuera un catalizador de placer, nos venimos ambos a la vez.

Descargué cuando menos tres grandes chorros de semen en su cueva y le dije -discúlpame pero ya vámonos, estuvo riquísimo pero otro día lo saboreamos- así que nos fuimos de ahí.

Ella se limpió rápidamente ya que estábamos cerca de donde la iba a dejar nos dimos un rápido beso de despedida y la dejé como si no hubiera pasado nada.

Saludos.

Autor: Fiera en celo

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