El trabajo soñado

Soy un joven estudiante de leyes que estaba buscando trabajo en un país donde es muy difícil (por no decir imposible) conseguirlo. Gracias a mi padre, aprendí a arreglar ordenadores y básicamente buscaba algún trabajo relacionado con la asistencia técnica de estos. Había inundado de anuncios gran parte de mi distrito (pegué algunos en los postes, en las vitrinas de las tiendas, de los supermercados e incluso repartí volantes. Estaba realmente desesperado por un poco dinero y, por orgullo, no le pedía ni un centavo a mi padre. Necesitaba el dinero para comprarme un auto respetable (no como algunos vejestorios que tienen algunos de mis amigos), no pedía un Ferrari pero tampoco pensaba conformarme con un pedazo de chatarra con ruedas.

Pasaban semanas y ni mi celular ni mi teléfono sonaban con la intención de ofrecerme un trabajo. Pasaba mis días aburrido ayudando en casa y enterrando mi nariz en el Código Civil. Hasta que un día, mientras estaba echado sobre mi cama viendo el techo y recordando episodios de mi vida, siento que mi muslo derecho vibra y emite al mismo tiempo la novena sinfonía de Beethoven versión ringtone. Era un amigo que tenía un problema bastante conocido en su computadora y que quería que vaya a su casa lo antes posible porque necesitaba escribir un ensayo sobre La Nausea de Sartre. No me lo pensé dos veces y le dije que estaba ahí en menos de quince minutos.

Llegué a su casa en doce minutos para ser exactos. Tiene una casa muy grande, una mansión diría yo, con un gran jardín antes de llegar a la puerta de entrada. Toqué el timbre y, mediante el intercomunicador escuché la voz de mi amigo diciéndome que no tardaría en abrir. Cuando abrió la puerta, lo saludé con un gran abrazo y un fuerte apretón de manos (pues, no lo veía desde que habíamos terminado la escuela hace 4 años). Y entramos a su casa. Me empezó a hablar de lo que estaba haciendo y sus planes para el futuro pero yo no le presté mucha atención, pues, mi atención estaba abstraída con el escenario que mis ojos presenciaban. Dentro había muebles que parecían ser muy caros, alrededor de una pantalla gigantesca plana colgada como un cuadro. Seguimos caminando y había una mesa de billar muy elegante de madera clara y pulida. El ambiente era realmente acogedor y sonaba en todo lugar música instrumental. Al costado de la mesa de billar había una gran puerta transparente hecha de vidrio y por donde se podía ver a través una piscina grande rectangular con agua cristalina moviéndose tranquilamente. Alrededor de la piscina había pequeñas mesas con sombrillas y asientos de madera para recostarse y tomar el sol. Con el infernal calor que había ahora mismo me dieron unas tremendas ganas de darme un chapuzón. Finalmente, subimos unas escaleras alfombradas y llegamos a un segundo piso que parecía ser un estudio porque solo había una enorme mesa transparente, y alrededor videojuegos arcade. Sobre la mesa estaba su ordenador.

-Colega, cada vez que trato de abrir el world me sale una pantalla azul. ¿Crees que puedes arreglarlo?

-Claro, claro. Es un problema bastante conocido. Lo he arreglado antes.

-Bueno, te la dejo en tus manos entonces. Iré a recoger a Claire para irnos a la casa de campo.

-¿No tenías que escribir un ensayo?

-Lo haré cuando regresé, tío. Un fin de semana con la novia en la casa de campo no se disfruta tan fácil.

-Tienes razón, buena suerte entonces. Échate un polvo a mi nombre.

-Eso sonó un poco repugnante. Consíguete una novia, pajerillo- me dijo en tono bromista y soberbio al mismo tiempo-Ha, por cierto, lo que cobres, se lo pides a mi mamá que está en el primer piso. ¡Ciao!.

-Jajajajajá. Lo haré, Jack, lo haré. Adiós.

Y Jack se fue y dejando atrás el ruido de la escalera al ser pisoteada.

El problema que tenía su ordenador no era cosa sencilla. Estaba perdiendo la paciencia pero no podía rendirme tan fácil y dejarlo como me lo entregó. El calor me estaba asesinando y me moría por un vaso de agua helada. Decidí bajar y tratar de buscar la cocina por mi cuenta. Cuando terminé de bajar las escaleras, miré hacía la piscina y me quedé contemplando una escena que llamó muchísimo mi atención. Era la mamá de Jack, echándose una especie de aceite sobre sus finas y carnosas piernas. Se echaba un poco en la mano y luego levantaba su pierna derecha hacía y pasaba su mano derecha por toda su pierna suavemente hasta que llegaba a sus muslos y lo esparcía de forma circular. Su piel quedaba bronceada de un color naranja oscuro. Cuando se levantó, todo su cuerpo brillaba bajo el sol, llevaba un bikini muy sensual. Era increíble como una mujer de su edad podía tener una figura tan espectacular. Podía notar sus redondos y levantados pechos, su abdomen plano, sus tentadoras piernas y su cabello castaño claro que se movía con la brisa del aire. Tenía puestos unos lentes negros y mientras se estiraba giró su cabeza hacía mi dirección y me vio. Sentí pánico en ese momento y desvié la mirada buscando un lugar donde esconderme. No funcionó, a los pocos segundos, escuché su voz.

-Hey!. ¿Tú eres amigo de Jackie, verdad?. Has venido por lo de su ordenador.

Me tranquilicé y di un suspiro. Seguía un poco nervioso de todas formas.

-S-sí… soy yo.

-¿Estás buscando algo? ¿necesitas ayuda?. Ven aquí para escucharte mejor y no tener que estar gritando.

Me acerqué cuidadosamente y salí hacía el patio de piscina. En cuanto entré, ella subió sus lentes ligeramente sobre sus cejas con una mano. Y sonriendo, dijo.

-Hola, ¿qué hacías por ahí medio perdido?

-Pues, solo andaba buscando algo de beber. El calor me ha dado mucha sed.

-Has venido al lugar indicado entonces-dijo amablemente. Se acercó hacía una de las mesas con sombrilla que tenía una botella de Chivas Regal sobre ella. Cogió con una pinza metálica de una cubeta de plata un par de cubos de hielo y me preparó un Whisky en las rocas.

-¿Ya tienes edad suficiente para beber, verdad?- me dijo mientras me alcanzaba el vaso.

Solo le respondí con una sonrisa tímida y acerqué el vaso a mi boca. Me tomé el trago muy rápido producto de la sed que tenía y dejé el vaso todavía con los cubos de hielo sobre la mesa.

-Vaya que tenías sed. Siéntate, por favor, te acompañaré a tomar otro.

-Está bien, gracias- le dije sonriendo.

Sirvió dos vasos de whisky en las rocas y mientras tomaba tranquilamente mi trago, pude notar de soslayo que la mamá de Jack no dejaba de mirarme.

-Chivas Regal de 25 años de edad, ¿verdad?.-pregunté para romper el hielo.

-Así es, tiene casi tu edad.- dijo la mamá de Jack con una carcajeada.

-Y la música, ¿Chopin si no me equivoco?.

-Así es, y se llamaba como tú, Federico.- me dijo después de tomar su último sorbo de whisky.

-Jejejé- reí ligeramente sonrojado recordando estúpidamente la escena de La Caperucita Roja. En este caso yo era la caperucita y ella la loba. Y yo me quería comer a la loba. No podía dejar de mirar sus grandes pechos cubiertos de aceite.

-Tienes muy buenos gustos por lo que puedo escuchar.

-Pues, sí, usted también por lo que veo y vi al momento de entrar a esta maravillosa y acogedora casa.

-Gracias, Federico. Son cosas que compró mi antiguo marido. Bueno, me voy a nadar- Acto seguido, se levantó de la silla y dio media vuelta en dirección a la piscina y yo volteé mi cabeza para verla de espaldas. Mientras contemplaba su quebrada cintura y su levantado trasero me quedé pasmado al ver que se quitaba la parte superior del bikini y luego la inferior.

-¿No me quieres acompañar?- dijo medio volteando la cara y, sin esperar respuesta, se dio un clavado contra la piscina.

Me saqué la ropa de un tiro y me tiré, zambulléndome, a la piscina. Cuando mi cabeza y mi tórax salieron al exterior, no pude ver a la mamá de Jack. Tenía en esos momentos una enorme y dura erección. Pensé que tal vez había salido de la piscina rápidamente sin que lo notara pero me sorprendió cuando salió justo delante mío. Clavé mi mirada en sus pechos y sus pezones erectos, ella me levantó la cabeza con un dedo, poso sus brazos sobre mis hombros y me besó frenéticamente mientras alzaba y acomodaba sus piernas alrededor de mi cintura. Logrando que la penetrara suavemente. En ese instante tiró su cabeza hacía atrás dejando ver mejor sus deliciosos senos y emitiendo un gemido. Ella hacía meter su coño en mi dura verga hacía delante y hacía atrás. Cada vez más rápido y cada vez gemía más. “Hazme toda tuya, bribón”. Y empecé a pasar mi húmeda lengua en forma circular sobre sus pezones. “Vamos a la superficie”- me dijo muy excitada al mismo tiempo que jalaba mis cabellos.

La cargué parecida a la misma posición en la que estábamos en la piscina y la recosté sobre la silla para tomar sol, y la abrí las piernas para saborear su coño. Posé mi lengua sobre su clítoris y empecé a moverla de la misma manera a como lo hacen las serpientes. Ella se retorcía de placer con sus manos sobre mi cabeza y su coño escurría un fluido caliente que se diferenciaba con el agua de la piscina. Ya tenía muchas ganas de penetrarla, cogí mi gordo y duro falo, lo pasé primero por su clítoris y sus paredes y le embestí toda mi verga de una sola.  Sus deliciosos senos rebotaban mientras tenía sus pezones erectos y yo la penetraba salvajemente. “Termínate dentro, termínate dentro, por favor”-me decía jadeando de placer. Aquellas palabras me excitaron aún más y la cogí para ponerla en cuatro. La seguí penetrando por su empapado coño mientras le agarraba los senos por detrás. Eso y sus gemidos hicieron que esparciera litros de caliente semen dentro de ella. Ambos soltamos un grandioso gemido de placer.

-Estuvo fabuloso- dijo antes de tomar una bocanada de cigarrillo.- Ahora estábamos echados sobre la silla.

-Es usted una diosa eros, señora- le dije mientras ponía mis manos bajo mi cabeza en pos de descanso.

-¿No te gustaría venir más seguido a arreglar ordenadores?

-Me encantaría- y la besé un largo rato.

Y así, después de unos días, llegué con un auto marca Audi a la Facultad. Mis amigos se quedaron boquiabiertos y no pudieron creer que era yo el que se bajaba del auto.

-Tienes un carro mejor que el de El Decano- dijo uno de ellos. ¿Cómo conseguiste semejante belleza?

-Pues, digamos que ya tengo sueldo fijo-dije guiñando un ojo.

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Leyendo relatos

Me saco la bombacha y empiezo a tocarme mi conchita y sobre todo mi clítoris, a medida que me excito cada vez más, van saliendo fluidos que ayudan a la lubricación. Así continúo tocándome con mi dedito el clítoris hasta que tengo un gran orgasmo. Me siento en las nubes. He gozado leyendo el relato y tuve la necesidad de darme placer, y vaya que lo encontré.

¡Hola!

Es la primera vez que escribo. Les cuento que soy de Argentina, tengo 22 años, soy alta, morocha y con pelo largo con rulos. Un cuerpo normal, no muy flaca, y con buenas tetas.

Si bien tengo un novio, con una tremenda pija, que me satisface muy bien. Hoy precisamente no voy a hablar de él sino de mí.

A menudo frecuento esta página, elijo el relato, lo bajo a la computadora, lo imprimo y lo llevo a mi pieza.

Ahí comienza todo, mientras que voy leyendo con cada historia me voy poniendo super caliente.

Empiezo a sacarme la remera, luego mi corpiño y luego de eso me empiezo a tocar mis tetitas suavemente con los dedos de mi mano.

También suelo pasarle la lengua eso me pone muy hot.

Sigo bajando con mis manos, mientras que sigo leyendo, hasta que llego a mi conchita, me toco un poco por arriba de la bombacha y luego por debajo.

Me saco la bombacha, y empiezo a tocarme mi conchita y sobre todo mi clítoris, a medida que me excito cada vez más, van saliendo fluidos que ayudan a la lubricación.

Así continúo… tocándome con mi dedito el clítoris hasta que tengo un gran orgasmo. Me siento en las nubes. He gozado leyendo el relato y tuve la necesidad de darme placer, y vaya que lo encontré…

Así como estoy guardo todo y me duermo pensando en lo muy rico que lo pasé, y que si no viene mi novio lo repetiré apenas abra la pc…

Como pueden leer soy muy ardiente, y necesito gozar del sexo en todo momento…

Si bien no es muy detallista mi relato probalo y vas a ver que es muy caliente…

Por que sueles usar mucho la imaginación, si no tienes novio pues piensa en tu vecino, o aquel que has conocido en el Súper…

Además, otras veces, suelo sumarle algún video porno que me pasa mi novio o lo bajo de esta página, que son muy buenos, y lo veo con mi Dvd portátil.

No se si está mal masturbarme aunque tenga novio.

Vos, ¿que pensás? Me dejas tu comentario y te respondo…

¿Vale?

Autora: Lovelove_87

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Una madura ardiente

Me dediqué exclusivamente a su ano, pasando la lengua suavemente por el, y con los dedos jugueteaba con su coño. Ella me dijo que le gustaba mucho, así que continué un buen rato. Luego sustituí la lengua por un dedo, que introducí en su ano muy despacio, esa mujer enloqueció de placer; se agarraba los pechos, se metía los dedos en la vagina, y ahora a grito pelado.

Esta es otra historia que les quiero contar. No la había contado hasta ahora porque consideraba que eran cosas muy personales, pero como ya me decidí a contar una historia que tuve con mi jefa (publicada en esta sección, por la firma sabréis cual es), os contaré esta que es de hace poco.

Todo empezó cuando a través del Messenger conocí a una chica, de unos 38 años, cuya dirección me dio un amigo. Vivía en EEUU. Después de varias semanas de conversaciones, algunas calientes, me dijo que iba a venir a España, en concreto a Madrid, por cuestiones laborales. Yo, al ser de Barcelona, le dije que no nos podríamos ver, por cuestiones de distancia. Y así quedó la cosa.

Cual sería mi sorpresa cuando al cabo de un mes, por Messenger, me dice que está en Madrid, y que al día siguiente viene a Barcelona a realizar una gestión por su trabajo. La gestión solo duraría unas horas por la mañana, y que no tendría que volver a Madrid hasta el día siguiente. Tendríamos toda la tarde para conocernos, y quien sabe si hasta la noche, aunque no quería hacerme ilusiones, ya que no la conocía, no sabía como era.

Dicho y hecho. Quedamos en un céntrico bar de Barcelona a las 5 de la tarde. Entonces fue cuando la vi. Uffff! No estaba nada mal esa mujer. Tenía la piel oscura, aunque no era de color. No era muy alta. Pero tenía un traserooo…Era hecho para la mano de un hombre. Sus pechos, aunque no eran muy grandes, se notaban llenos y redondos. Además, no llevaba sujetador, por lo que pude apreciar unos magníficos pezones. Tomamos una bebida en la terraza, y estuvimos hablando de su vida en EEUU, de trabajo, etc., pero yo no podía apartar mi vista de esos pezones que ella generosamente mostraba. Después fuimos a cenar, que después de tanto parloteo ya se hizo la hora.

Después de la cena, la acompañé al hotel. En la puerta me dio dos besos a modo de despedida, y yo le dije que ya la llamaría y nos veríamos otro día cuando pudiera venir. Cuando me giraba para marcharme, ella dijo:

– Oye, ¿no te apetece ver mi habitación?, es muy bonita, y todo pagado por la empresa.

Yo dije que si, y después de recoger las llaves en recepción, subimos a la habitación. La verdad es que era muy lujosa. Consistía de un recibidor, baño completo, y la estancia de la cama, que era enorme. Ella me dijo que se iba a duchar, yo me quedé sentado en la cama viendo la tele. Oía el agua y me la imaginaba desnuda, el agua deslizándose entre sus pechos y entrepierna. Estuve tentado de entrar en el baño, pero pensé que se enfadaría, y me quedé sentado con mis fantasías, aunque una erección empezaba a asomar en mis pantalones.

Al cabo de un rato salió. Estaba envuelta en una toalla blanca, que hacía resaltar su piel morena. El pelo mojado, el bulto de sus pechos, las piernas mojadas… Me quedé sin habla. Ella se aproximó y me preguntó que es lo que estaba mirando en la tele. Le dije que nada, que era para pasar el rato mientras esperaba que saliera del baño.

– Vaya programa aburrido, dijo. ¿No quieres mirar otra cosa?

Y acto seguido se quitó la toalla, dejándola caer a sus pies. El espectáculo era impresionante. Unos pechos erguidos, con pezones erectos, una entrepierna totalmente depilada, donde se adivinaban unos labios jugosos y listos para el juego del amor.

– ¿Te vas a quedar mirando? ¿O vas a probar de hacer algo más?

No me hice de rogar. Avancé hacia ella, la rodeé con mis brazos, y la besé. Fue un beso largo y tierno, mientras mis manos se posaban en sus nalgas, duras y agradables al tacto. Ella se separó y me desabrochó los pantalones, que cayeron al suelo, y yo mismo me deshice de mis calzoncillos. Ella cogió mi nabo y lo empezó a menear de arriba abajo, mientras me besaba de nuevo. Yo acariciaba su rajita con una mano, que cada vez estaba más húmeda, y ella soltaba unos suspiros que indicaban que le gustaba aquello.

Pasamos a la cama, yo me tumbé y ella se dedicó a introducirse la polla en la boca, y a mamármela. Se notaba que no era la primera que chupaba, porque la hacía de maravilla. Ninguna mujer me la ha chupado como aquella. Sabía cuando debía parar y seguir. Yo hacía verdaderos esfuerzos para no correrme, pero ella sabía hasta que punto podía seguir o no. Luego me hizo dar la vuelta y me obsequió con un morboso beso negro. Me estaba volviendo loco.

– ¡Bueno!, dijo, dejando de chupar. Ahora te toca a ti…

Se tumbó, abrió las piernas, y se invirtieron los papeles. Introducía mi lengua en aquella vagina palpitante, y empecé a moverla, del clítoris a su vagina y a la inversa. Ella se agarraba las tetas y se pellizcaba sus pezones, suspirando. Cuando ya tenía todos los morros mojados de fluidos, le levanté las piernas, y amplié el recorrido de mi lengua. Pasaba de su clítoris a su vagina, y luego a su ano, y así sucesivamente.

Después de un rato, me dediqué exclusivamente a su ano, pasando la lengua suavemente por el, y con los dedos jugueteaba con su coño. Ella me dijo que le gustaba mucho, así que continué un buen rato. Luego sustituí la lengua por un dedo, que introducí en su ano muy despacio, para que le doliera lo menos posible, y lo sacaba y metía.

Literalmente, esa mujer enloqueció de placer; se agarraba los pechos, se metía los dedos en la vagina, y ahora a grito pelado. Gritaba tanto, que tuve que taparle la boca con una mano, porque tenía miedo que de viniera alguien, era como si la estuvieran matando, y así era pero de placer.

Luego ya se la metí en la vagina. Y fue como entrar en una cosa suave y totalmente lubricada, entraba y salía a la perfección, y luego eyaculé, pero no antes de que ella tuviera su orgasmo. Es norma de la casa, ella antes que yo. La corrida fue a parar a su ombligo y pechos, ya que no quería que lo hiciera dentro. Descansamos un rato, para recuperar fuerzas. Al cabo de ½ hora, ella se acercó a mi oído y me susurró.

– Quiero probarlo por atrás….Solo lo he hecho una vez, y me gustó, así que ahora quiero hacerlo de nuevo.

La hice poner encima del escritorio, de cara a mí. Le abrí las piernas, y se las levanté a lo máximo que pude, y ella se las agarró para que se mantuvieran en esa posición. Seguidamente, fui al baño a buscar el gel de ducha, me unté la polla con el. Luego, depositando una pequeña cantidad en mi dedo, se lo pasé por el ano para que quedara bien untado. Luego introducí el dedo en su ano un poco para lubrificar más a fondo. Cuando ya estuvo a punto, empecé la introducción.

Poco a poco fue entrando, mientras ella ponía cara de dolerle un poco. Pero el dolor terminó pronto, porque lo hice muy suavemente, parando cuando ella ponía cara de dolor, y luego empujando suavemente. Al final entró.

La tenía de cara y podía ver sus pechos y su cara perfectamente, así que me dediqué a besar tanto una cosa como la otra, mientras entraba y salía de su interior. Era una maravilla, y cuando empecé a notar que iba a eyacular la besé más fuertemente. Ella gemía y gritaba, y el beso disimuló sus gritos. Nos corrimos los dos, yo fuera.

Después de dormir un poco, yo marché. Quedamos en vernos cuando ella volviera, pero no sabemos cuando será eso. Es una mujer muy dulce, y en la cama no se corta nada, así que espero impaciente su vuelta.

Podéis enviarme vuestros comentarios, y si alguna mujer se anima, ya sabe.

Autor: Ericsson

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Soledades

Su cuerpo comenzó a cubrirme y a yo sentí su peso sobre el mío aplastándome como yo sabía desde mis sueños que lo haría, despierta cuando su otra mano acarició mi sexo abierto para él como una regalo deseado desde años, y despierta cuando el grosor inaudito de su virilidad quemante pareció partirme en un delirio orgásmico.

Habíamos terminado por quedarnos solos.

Ninguno de los dos quería admitir su propia soledad y tratábamos de mentirnos manteniendo cada uno en su espacio una rutina que pretendía dar a entender que todo seguía como antes.

Él venía a verme dos veces en la semana. Por propia iniciativa y cuando pasaba un tiempo sin hacerlo yo provocaba su visita con el pretexto de resolver, en mi departamento, algún problema doméstico. Él, a su vez, me invitaba todos los sábados a cenar en un restaurante del centro de la ciudad, a lo que yo retribuía el domingo siguiente preparando algún menú especial que disfrutábamos juntos a la hora de almuerzo en mi departamento frente al parque.

Sin embargo, los dos sabíamos, que esta armónica situación no podría mantenerse por mucho tiempo. No era lógica, ni conveniente, ni económica y hasta resultaba peligrosa en los tiempos que estábamos viviendo.

Así, poco a poco, la idea de vivir bajo el mismo techo se fue abriendo paso, hasta el día en que hablamos por primera vez de ello. Recuerdo que fue en el restaurante frente al río que tanto nos gustaba.

En una armonía perfecta fuimos ultimando los detalles y cuando nos fuimos de ahí ya estaba claro que yo me mudaría a su casa el próximo fin de semana.

Debo confesar que la decisión tomada, si bien era feliz, no me tenía muy tranquila desde el punto de vista de mi propia conducta.

A mi edad, 38 años, había desarrollado un modelo de vida independiente, sin grandes preocupaciones, dueña de mi espacio, segura de no ser observada, a menudo caminaba por mi departamento ligera de ropas, a veces desnuda, en un ambiente relajado al máximo.

Nunca había compartido mi espacio con nadie y menos con un hombre, de modo que, conociendo mi carácter, me preparé para superar todos los inconvenientes que podría derivarse de ocupar ahora espacios comunes con él.

Ya instalados en la casa, comencé a darme cuenta que no se trataba solamente de compartir espacios con otra persona, sino que también de sentir en todo momento la presencia de su personalidad fuerte.

Era un hombre de 55 años, aun plenamente vigoroso, que parecía marcar los espacios en todo lo que hacía y que sin mostrar en absoluto ansias de dominio, por su sola presencia, quedaba establecida una jerárquica indiscutible que yo acepté de buen grado, porque en realidad no me molestaba y me hacía sentir protegida y segura. En suma me gustaba el cambio que habíamos operado.

Sin embargo las primeras noches me costaba conciliar el sueño.

El solo pensar que él estaba bajo el mismo techo durmiendo o leyendo en su cuarto allí, a unos cuantos pasos, en el otro lado del pasillo, ocasionaba en mi una rara inquietud y comencé a preguntarme si a él habría de sucederle lo mismo. Yo estaba dispuesta a preguntárselo en la mañana, pero llegado el momento me di cuenta que no sabía que preguntarle porque yo tampoco tenía claro en mi mente lo que me pasaba.

Pensé que había que dejar al tiempo la adaptación necesaria a la nueva situación y casi había olvidado totalmente mis pequeños insomnios, cuando llegó el día, o más bien dicho la noche, en que me desperté terriblemente agitada con una avanzada taquicardia, para darme cuenta, entre dormida y despierta, que estaba sudando copiosamente, que tenía el cabello revuelto, que mis cobertores habían caído de mi cama y que yo estaba totalmente desnuda con mi camisón de noche recogido a la altura del cuello y que mi sexo latía como un reloj desesperado como si hubiera cobrado vida independiente, sin que yo pudiese hacer nada por evitarlo.

No soy en absoluto una persona capaz de ocultarse de la realidad, de modo que una vez despierta, pude darme perfecta cuenta que me había despertado en medio de una excitación sexual de características mayores como yo nunca había experimentado.

Si yo comparaba con los momentos de autosatisfacción que a veces me proporcionaba en mi cama o en la ducha, debía admitir que lo que había experimentado ahora, tenía una dimensión totalmente distinta, tanto en sus características placenteras como en su intensidad y sin mayores análisis admití también que el factor desencadenante de tal fenómeno no era otro que la presencia suya en la cual me había detenido a pensar con inquietante frecuencia.

Los días siguientes, en forma cada vez más intensa, se me fue haciendo presente su imagen en mi mente y mi cuerpo al evocar mi incendiaria experiencia nocturna, comenzó a evocar situaciones eróticas cada vez más audaces, de las cuales el y yo éramos protagonistas.

De estos simples, aunque diabólicos pensamientos, fui pasando luego a acciones más reales, como era mirarlo con calma, con otra forma de percibirlo, rescatando en él, no ya su personalidad ni su presencia jerárquica en la casa, sino reparando en sus brazos vigorosos, en sus labios gruesos y sensuales en su forma elástica de caminar, en la forma como él tomaba los objetos entre sus dedos que me parecían de una suavidad perturbadora, en las pocas oportunidades que tenía acceso a tocarlo, y lo que más me importaba, darme cuenta si él me miraba de forma particular.

Solamente una vez creí notar algo, fue cuando yo lucía una blusa muy ajustada la cual hasta yo misma encontré provocativa y percibí su mirada directa detenida inequívocamente sobre mis pechos monumentales cuyos pezones parecían querer perforar la delgada tela.

En apariencia todo parecía normal en la casa. Pero esa normalidad era en la superficie, pues mi vida interior se había alterado completamente. Esta alteración ya había invadido, como un incendio que nadie tuviese interés en extinguir, hasta mi trabajo, donde pasaba largos momentos ensoñada pensando en él y donde barajaba alternativas para encauzar lo que me pasaba, donde parecía desear que de algún modo él tomara algún tipo de iniciativa para poderle contar lo que me estaba pasando. Pero como nada de esto sucedía terminé por envolverme en una especie de torbellino erótico mental del cual realmente no quería salir aunque el mismo me llevara hasta el infierno.

Pero el infierno vino a mí sin esperar que yo lo buscara.

Fue la noche del sábado pasado y habíamos acudido al restaurante frente al río.

Me dejé llevar por la alegría de las copas, me dejé arrebatar por la mirada pícara de sus ojos celestes, me dejé arrebatar por sus palabras envolventes, sobre un tema que no recuerdo, porque solamente me interesaba escuchar el sonido de su voz y mirar sus labios semi abiertos y a veces húmedos. De modo que cuando conducía el automóvil rumbo a la casa yo ya sabía perfectamente lo que haría y ni mis convicciones, ya casi olvidadas, me harían retroceder en el camino que ya había iniciado sin remedio.

Ni siquiera me acosté esa noche. Simplemente me desnudé para darme un suave masaje perfumado y para mirarme en el espejo y comprobar que era una mujer excitante. En realidad no sé si lo soy, pero lo importante era que así me sentía, ardiente, deseable, insolente, provocativa, insinuante y no me atrevía a pronunciarme la palabra, pero ella me llenaba el alma. Me sentía una puta.

Y entonces abandoné mi cuarto y comencé a caminar por el pasillo hacia el cuarto de mi padre.

En cada paso que daba en silencio, escuchaba crujir bajo mis pies los fragmentos destrozados de mis tabúes, de mis temores, de mis trancas, y me parecía avanzar gloriosa hacia un mundo distinto y deseado y con cada paso me sentí más mujer más hembra y más suya aún antes de entregarme, de modo que cuando aparecí en su puerta debo haberme visto como una diosa diabólica y pecadora con mi cabellera negra sobre mis hombros que era lo único que me vestía.

Me detuve solamente unos segundos, para que él me recorriera con su vista, para que su mirada redibujara mis contornos y abarcara en un solo instante mi figura pecadora. Luego avancé para meterme bajo sus sábanas y me di cuenta que estaba desnudo y que su piel emanaba una calentura tal que me envolvió como una ola atrapadora que no habría de soltarme en toda esa noche iniciática.

No quería desmayarme y no me desmayé.

Estuve más despierta que nunca. Despierta cuando su mano hábil dura y tersa a la vez englobó mis pechos, despierta cuando sus rodillas fuertes separaron mis muslos con cálida certeza, despierta cuando su cuerpo comenzó a cubrirme y a yo sentí su peso sobre el mío aplastándome como yo sabía desde mis sueños que lo haría, despierta cuando su otra mano acarició mi sexo abierto para él como un regalo deseado desde años, y despierta cuando el grosor inaudito de su virilidad quemante pareció partirme en un delirio orgásmico que me estremece aún en la evocación.

Autora: Horte

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Mi ardiente cuñada II

Me senté en la grada y abrí un poco las piernas… ella se sentó cogiendo mi verga dirigiéndola a su concha hasta que entró totalmente dando un suspiro de placer, en esa posición yo podía tener a entera disposición sus pechos en mis manos y su cuello para mi boca.  Érica se inclinó hacia adelante para que viera mejor sus curvas, se puso las manos en sus rodillas y empezó un sube y baja.

De nuevo yo, para continuar con un relato anterior llamado “Mi ardiente cuñada” publicado el 9 de marzo de 2009 en esta página el cual ha gustado y he recibido muchos mensajes.

Recuento relato anterior: soy de Cali, Colombia.  Tengo una novia hermosa, linda cara y excelente cuerpo, pero no es nada comparado con el cuerpo de su hermana.  Érica, una mujer con curvas despampanantes, piel trigueña, ojos llamativos, pelo negro azabache, 1,65m de estatura, operada con talla 38 B, de senos coronados por unos pezones de 1 cm cuando están erguidos y un culo, culazo, redondito, paradito y tonificado producto del gimnasio y de una cirugía.  Fuimos a una finca, con su familia, y después de unos cuantos tragos, copas y demás, nos fuimos a dormir.  Yo dormí en el cuarto de ella porque el destino así lo quiso.

Ahí, su cuerpo se entregó a mí y mi mente voló  hasta el infinito seducidos por el peligro y la necesidad de hacernos, cada uno del otro.  Olí su aroma, pero no completo, saboreé su piel pero no toda, vi su cuerpo pero no lo miré, toqué su piel pero con un solo dedo… en últimas y por la situación mi deseo se cuadruplicó y mis ganas de tenerla conmigo eran más grandes.

Relato: Nos fuimos de la finca con la complicidad de las acciones de la noche anterior pero no se notaba, cada uno trataba de disimular pero de vez en cuando las miradas y sonrisas se cruzaban con deseo.  En el camino íbamos en 4 autos distintos y en el mío mi novia, Érica y yo.  Por el espejo la miraba mientras la peinaba el viento.  Cuando nuestras miradas se cruzaban, corrientazos pasaban por mi cuerpo y mi pene saltaba.  Llegamos a Cali, mi ciudad, después de 40 minutos de trayecto.  La llegada a Cali, a la casa de ellas, terminaba con un viaje excitante y lleno de placer… pero no tardaría mucho en verla desnuda.

Érica es una mujer que le encanta la rumba.  Se la pasa de fiesta en fiesta, de parranda en parranda, tomando y bailando… me imagino como quedaran los hombres al verla bailar.  Pasaron unas semanas y yo estaba en esos días que quería salir solo, con mis amigos y nada de novias ni fiscalías.  Ese fin de semana quedé de salir con ellos a una discoteca muy de moda en mi ciudad.  Llegamos, entramos y empezamos a bailar y tomarnos unos tragos, una rumba normal.  Era como media noche, calculo yo, cuando siento que me tapan los ojos y me susurran al oído “¿quién soy?”.  Pues con la música a todo dar y la algarabía de la rumba no diferencié la voz sensual y calidad de Érica.  Si, ya se lo imaginaban, era ella, la mujer de mis sueños, la que tengo en la cabeza cuando le hago el amor a mi novia, la que su cuerpo me derrite.

La miré y mi corazón palpitó fuerte.  Describiré como estaba: tenía un vestido enterizo de muy fina tela, muy corto, color blanco en su totalidad, ceñido a su culo y cintura dejando ver unas curvas de guitarra, pero bastante flojo de la cintura para arriba.  Tras de el, se podía disimular unos grandes senos, un poco abiertos hacia los lados con sus pezones erectos sin ningún sujetador, la gravedad no hacía efecto en ellos.  Su espalda estaba descubierta por un escote en V sujeto de lado a lado con 2 cadenitas doradas. Usaba unos zapatos de tacón mediano, amarrados con 2 cuerdas de cuero alrededor de sus pantorrillas, como tipo romano… Una diosa.

Yo me paré de mi asiento para saludarla y darle un abrazo para sentirla junto a mí.  Érica estaba bastante tomadita, se le notaba en su voz y sus movimientos. Érica: “hola, que mas” Yo: “bien, bien y tú? Como estás de linda” Érica: “¿linda no más? Pues como me miras parece que me quisieras comer… otra vez jajajajajaja”; Yo: “jajajajajaja si créelo que si” Érica: “¿ah sí? Y entonces” decía Érica en son de burla y con risas entre sus palabras.

Solo la miré y la saqué a bailar.

En la pista, bailando reggaetón, sus movimientos sensuales no solo me atraían a mi, esos movimientos eran un imán de miradas deseosas de los hombres a su alrededor.  Subiendo y bajando, moviendo su culo mientras sus manos pasaban de su cuello, por sus senos hasta sus piernas, sensual.  Su mirada en mis ojos, su culo moviéndolo contra mi pene, su cabello en mi cara, transpirada.  Yo por mi parte, metía un poco mis manos por la abertura de su vestido, tocaba su espalda y los lados de su cuerpo disimulando un poco cuando alcanzaba a tocar el comienzo de sus senos.  Érica pasaba su brazo por detrás para tomar mi cabeza y arañármela jalando de mi cabello… era una yegua en celo pero cada vez que me acercaba se retiraba… estaba jugando conmigo la descarada.

Terminamos de bailar y fuimos a sentarnos pero ella cogió rumbo a su mesa donde estaba con sus amigos.  Yo quedé extasiado, excitado, arrecho.  Mis amigos hacían comentarios sobre ella morbosos y cochinos.  Ella me miraba y seguía con sus amigos.  Al rato, llegó a mi mesa y se sentó conmigo para hablar un poco.  Me pareció extraño y quedé con algo de temor que se hubiera arrepentido de lo que hicimos y hacíamos. Ella comenzó: “¿Le has dicho a tus amigos quién soy?”

Yo: “claro que no, una amiga no más, ¿por qué?”;  Érica: “pilas, mis amigas creen que sos otro amigo”; me dio risa de saber lo que le estaba haciendo a su hermana, pero no me importaba. Érica: “ah, y a veces me da cagada con mi hermana porque…” Yo: “no me importa, vos me atraes mucho”;  Érica: “si, vos también… ahora hablamos” se paró y se fue… Ummmm, todo terminó, imaginé.

Siguió la rumba unas horas más hasta que cerraron el local a eso de las 2 am.  Pagamos la cuenta, nos despedimos entre los amigos y salimos no sin antes echar una mirada buscando a Érica, pero no la encontré.  Parecía que la noche había concluido.  Salimos del sitio y en las afueras estaba ella con sus amigas.  Me le acerqué a despedirme y me preguntó que para donde íbamos a rematar.

Yo: “no, ya para la casita, ¿y vos?” Érica: “pues también, pero no quiero irme todavía” Yo: “vamos a tomar algo y yo te llevo” Érica: “dale”.

Se despidió de sus amigas y nos fuimos para mi auto.  Salimos del parqueadero y fuimos en busca de algún lugar en donde pudiéramos parar a tomarnos otros traguitos pero nada de nada, todo estaba cerrado o ya no vendían licor.  No sabía que hacer pero dejarla en la casa ¡No!, nunca.

Después de darle casi la vuelta a la ciudad me dijo que porque no íbamos a rematar a un motel ya que eso se acostumbra en la ciudad.  En los moteles uno puede seguir tomando y bailando sin tener que tener sexo (a veces).  Yo: “Mmmmm bueno dale” haciéndome el rogado.  Me pareció buena idea, no la de seguir tomando, sino de ir a un motel.

Entramos a un motel muy bueno, cerramos la puerta, pusimos musiquita bien rica, pedimos unos cocteles y nos sentamos a hablar.  Poco a poco, mientras hablábamos, nos íbamos despojando de nuestras ropas en la imaginación de cada uno, tal vez recordando lo que habíamos hecho en días anteriores.

Érica: “bueno, bailemos un poco pues…”

Empezamos a bailar mientras el silencio se apoderaba de nuestras bocas.  Nos comunicábamos con movimientos y roces acertados.  Nuestras caras se acercaban y nos dejábamos escuchar la respiración y uno que otro quejido bajo mientras nuestros cuerpos no paraban de vibrar.  Más y más pegados, más y más entrelazados, más y más excitados, más y más sedientos de placer…

No aguantamos más, el licor, la música, la ocasión, lo prohibido… y nuestros labios se juntaron de la manera más sensual que se puedan imaginar… suaves besos, suaves mordiscos, suaves gemidos mientras apretábamos los cuerpos.  Mis manos estaban en sus tonificadas piernas subiendo la poca tela que tenían para descubrir su culo… un monumento.

Mi pene estallaba, los besos más jugosos, babeábamos literalmente a cantaros.  Mis manos recorrían sus curvas y llegaban a sus senos… subiendo hasta su cabellera.  Mientras la besaba recorría su cabellera por la parte trasera de sus orejas, la rasguñaba suavemente, le halaba el pelo para chuparle su cuello; ella por su lado no dejaba de masajear mi gordo pene que ya botaba jugos por ella.

Le di vuelta frente a la cama y le solté las dos cadenas que sostenían su vestido.  Inmediatamente este cayó de la parte superior de su cuerpo.  Yo me retiréun poco para verla de espaldas… el canalillo de su espalda, coronados por dos huequitos inferiores, sus curvas, su piel morena, su cabellera hasta la mitad de su espalda… imagínense. Ella volteaba su cara para verme de reojo, mordiendo su labio inferior con sus dientes mientras se terminaba de bajar el vestido.  Wowww, no tenía bragas… luego me di cuenta que era para que no se le marcaran en el vestido.  Solo le dije que se dejara los tacones…

Érica se dio la vuelta, se sentó en la cama y me hizo señas que fuera.  Cuando llegué, me quitó la camisa, me desabrochó el pantalón y sacó mi verga, mi excitada y venosa verga para comenzar a besarla… Ummmm su boquita estaba hirviendo.  Ella me pasaba su lengüita por la cabeza de mi pene, solo por ahí, la parte más sensible… aaajjj me estaba matando.  Yo no soportaba, la quería tener en mis manos, quería sexo duro para saciar las ganas que tenía de su cuerpo.

Me terminé de quitar todo y le dije que se acostara en la mitad de la cama, con las piernas abiertas y que se tocara un poco… a mi me puede matar que una mujer se masturbe… que se toque… me encanta, es uno de mis “fetiches”.  Verla ahí, a la mujer con que últimamente he soñado tocándose sus grandes senos con sus frágiles manos, mojándose los dedos con sus jugos para luego probarlos… jadeando y blanqueando los ojos Hummmmm.  Me acosté en medio de sus piernas dispuesto a hacer lo que más me gusta hacerle a una mujer… sexo oral.  Empecé a besar o a rozar, sería la palabra, con mis labios sus piernas… la parte interna de sus piernas.  Érica se estremecía y se erizaba.  Bajaba hasta su vagina pero sin tocarla.  Besaba la parte superior, donde se juntan los labios de su hinchada vulva y daba un toquecito con la punta de mi lengua en su hinchado clítoris.  Aaahhhhhhh, aaahhhh, ahaaaa, daleeee me pedía.  Pero yo seguía por otros caminos.  Volvía a subir por sus piernas hasta sus tacones para chupar sus dedos y el cuero de sus zapatos…

Érica solo me miraba con los ojos achinados mientras sus manos juguetonas daban círculos en su vulva y pellizcos en sus pezones.  De nuevo bajaba para pasar por su concha y seguir directo a sus pezones.  Besaba sus tetas, por todos lados, por los costados, por encima y por debajo… sus pezones los atrapaba con mis dientes mientras ella con sus manos trataba de meter mi verga en su interior.  Bajaba por su vientre, su ombligo, dejando un canal de saliva por donde recorría.  Su aroma a animal en celo, a hembra caliente, me iba embriagando cuando me acercaba a su vulva… pero ya quería saborearla.

Su vulva chorreaba líquidos espesos con sabores embriagantes.  Con mis dedos abrí sus labios para con mi lengua tener mejor control de su placer… chupaba, besaba, mordía y movía su clítoris mientras sus manos me apretaba hacia ella… aaaaaahhhhhhhhh, Siiiii, siiiiiiiii sigue mi goooorr…ddd…oooooo gritaba mientras agarraba las sábanas y mordía sus labios…. Seguí haciéndolo porque me encanta su sabor, porque me excita, porque puedo tener un orgasmo con solo verla gozar.  Calculo unos 15 minutos dándole lengua a su caliente vagina, cada vez que sentía que se iba a venir paraba y besaba sus senos mientras mi pene chocaba con su clítoris, sin penetrarla.  Aaaahhhhhh,  uummmmm… volví a bajar para que terminara en mi boca, para que me inundara mi cavidad oral… aaahhhh ssiiiii aaahhhiiiiii sssiiiii qquuee  rrriiccooooooa aaaaahhhhh  mmmeee  vveennnggooooooooo…. Y un manantial de sabor ahogo mi boca y mis sentidos.  Érica temblaba, nunca había visto a una mujer así, casi convulsiones…. Que ricoooo.

Yo estaba empezando así que pasados 1 o 2 minutos le di vuelta y me monte en su culote… dos balones totalmente redondos  uuummm si que me gustan.  Desde ese ángulo, metí mi verga erguida entre sus piernas para buscar su vagina.. Aaaahhhh exclamó cuando mi verga le tocó su sensible vulva.  No fue difícil meterla hasta el fondo.  Yo estaba desesperado y caliente.  Empecé a meterla y sacarla, auuhhh delicioso, ella cerraba más las piernas para que el roce fuera mayor y hacerme venir… pero no quería venirme… seguí bombeando y cada metida hacía que soltara un quejido Ahhhh ss ii ii aaa.  La puse en 4 para ver la redondez de su culo y bombearla más mientras le cogía sus senos… grande senos… ella me miraba como pidiéndome más mientras yo veía su culo encima de mi verga que entraba y salía brillante de su vagina.

Aaahhhhh, ssiii, daleeee  yo no aguantaba massss…me  vvenn goooo  Éricaaaaaa aaaaajjjjj aaaa ssiiiiii, cuando estaba a punto saqué mi verga llena de mi leche caliente apretándola con mi mano y volteé a Érica para verle sus tetas… ella entendió lo que quería… y se puso con sus grandes tetas bajo mi verga para que yo con un simple movimiento descargara mi leche sobre ellas, su cara y su boca…

Aaaahhhh  uuuuuuuuummmmmm, aaassssiiiiiiiiiiiii.  Me corrí como pocas veces, cantidades enormes de leche y chorros con fuerza desmedida salían de mi pene venoso, rojo y palpitante.  Yo siempre había querido hacer eso con una mujer pero nunca lo había hecho, fue mi primera vez.  Érica se chupaba la boca y se reía con ojos asombrados de la cantidad de leche que tenía encima.

Descansamos un rato y ella se metió a la ducha para asearse.  Mi calentura iba creciendo mas, no soporté verla bañándose, restregándose jabón espumoso por sus senos, mojando su cabellera, tocándose su concha…. Hummmmm, así que fui a su encuentro.

Nos bañamos juntos mientras nos besábamos y nuestros cuerpos se tocaban.  Nuestros cuerpos fueron creados para el placer… para nada más.  Salimos y nos dirigimos al jacuzzi el cual habíamos preparado con anterioridad.  Nos metimos y hablamos un rato de cosas sin importancia ni sentido.  Sus pies masajeaban mi erecto pene debajo del agua haciendo que la cabeza saliera como submarino. Érica asombrada la miraba y decía “Uuuyyyy que rico, de nuevo para la guerra”… a los segundos de estar ahí, ella se dirigió a mi y puso sus grandes senos alrededor de mi pene, subiendo y bajando… en ese momento yo estaba en las nubes, en el séptimo cielo, viendo como la diosa de ese cielo, me miraba sonriente mientras sus gordos, parados y excitantes senos albergaban a mi pene.  El jacuzzi era muy pequeño para los dos así que nos metimos en el turco, lleno de vapor pero excitante.  Ella brillaba de sudor, como si acabara de hacer ejercicio… estaba ruborizada del calor, cosa que me encantaba.

Me senté en la grada y abrí un poco las piernas… ella se sentó dándome la espalda, cogiendo mi verga cual mástil de velero y dirigiéndola a su concha.  Érica se empezó a sentar sobre mi palo, hasta que entró totalmente dando un suspiro de placer auuhhh uuuuummmmmm que deliccciiaaaa decía Érica.  En esa posición yo podía tener a entera disposición sus pechos en mis manos y su cuello para mi boca.  Érica se inclinó hacia adelante para que viera mejor sus curvas, se puso las manos en sus rodillas y empezó un sube y baja.  Aaahhhhhhh, subía y bajaba sin inconvenientes.  Luego se recostó a mí para yo morderle el cuello, tocarle sus senos y con la otra mano, sobarle su gran clítoris mientras ella se movía adelante atrás sin parar.  Mmmmeee  enenccaaantaaaa  sssiiii aasiiiii  aaahhhhhh pppuutttaaa queee rriicccooo…

Gracias a que soy alto, de 180cm, pude meter mis brazos bajo sus piernas para levantarla en esa posición que estaba cuidándome de no resbalarme.  Cuando lo logré giré y ella se apoyó en el muro donde estábamos sentados.  Ahí, ella quedaba casi en el aire lo cual me dio mucha movilidad. La cogí con fuerza y empecé un desenfrenado mete y saca de su concha.

Aaaahhhh ssiii, Aaaaaaaaaaaaaahhhhh, uuummm yo estaba como loco, sosteniendo su peso pero dándole salvajemente,  mete y saca mete y saca… sus senos colgaban y rebotaban de la forma en que la penetraba… su vulva palpitaba y ella gritaba de placer… Auuhhh, Siiiii,   aaaaaaaaa.

Yo estaba en las mismas y me iba a correr de nuevo, lo cual se lo dije, y ella en palabras entrecortadas me dijo… yyyooo  tt aaaam bbiii en  nnnn  dalllleeeeee… al escuchar esto aceleré mis movimientos, ahogándome por el vapor del turco… aaaaahhh sssiiiiiiiii aaahhhh eeesssttoo  eesss  llooo mmmeejjooorrrrrrrrrr  aaahhhhhh, y nos vinimos los dos juntos, como coordinados, como cuerpos que trabajan parejamente y coordinados, quedando exhaustos al borde del desmayo.  Que rriiccooo.

Descansamos un poco, dormimos juntos, abrazados como pareja.  Nos bañamos y salimos del lugar a eso de las 5 30am, casi de día rumbo a su casa… cuando nos despedimos me confesó que fue delicioso lo cual yo le di la razón y quedó en darme una sorpresa… que más adelante les contaré…
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Autor: Maniconcoco

maniconcoco@hotmail.com

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Mi novio y su amigo

El amigo comenzó a cogerme con la verga rozándome el clítoris, así es que hizo venir otro par de veces, mientras que yo se lo mamaba a Jorge, el cual explotó llenándome la boca y embarrándome la cara de esperma, mi novio es todo un semental, su amigo se vino un par de minutos después dentro de mí, con unos espermas hirvientes que sentía que me quemaban.

Me presentaré un poco, me llamo Claudia, vivo en Guadalajara, México y tengo 20 años, hasta hace un par mis hermanos y primos creían que yo era algo así como una monja, aún cuando tengo sexo intenso desde hace mucho, es la ventaja de ser discreta.

Era un sábado como cualquier otro, caluroso y solitario, estaba sola en casa, mi novio estuvo fuera de la ciudad 15 días, me metí a bañar para quitarme la calentura, aproveché para rasurarme la vagina, estaba  tersa y suave, la tengo larga y profunda, con labios vaginales cortos, en fin a los hombres generalmente les encanta.

Salí de bañarme y me puse una tanga blanca y una playera que llegaba apenas a tapar la parte baja de las nalgas, como estaba sola en casa, me acosté en mi cama a ver la TV, en eso escuché ruidos de un carro afuera, me asomé y vi que llegó mi novio Jorge, wow, en ese momento pensé en las cogidas que me daba y me mojé todita.

Bajé corriendo las escaleras y abrí la puerta, me quedé pasmada cuando vi a Jorge con un amigo, al cual yo había visto un par de veces…

Ho, ho, hola le dije, disculpen la facha, déjenme ponerme algo más presentable, espera me dijo Jorge, vine a avisarte que ya regresé, y a que mi amigo vea lo buena que estás, acto seguido, me levantó la playera y me giró para que le mostrara mis nalgas a su amigo, eso me súper calentó, obviamente el amigo se quedó con los ojos cuadrados, al verle la cara de pazguato, le pregunté: ¿te gusta lo que ves?

El solo dijo claro que si, yo estiré la mano y comencé a tocarle su  miembro a Jorge y al amigo también, ooohh, tiene una verga  gruesa y dura, se la saqué por un lado del short (venían de jugar fútbol), y comencé a acariciársela.

El amigo se sacó su miembro que era igual al de Jorge, a lo mucho 15 cms, yo me giré y me empiné para meterme el garrote de Jorge a la boca, bueno lo que me cabía, su amigo se paró detrás de mí, y sin más me hizo a un lado la tanga y me metió su garrote.

Se sentía delicioso, yo le seguí mamando el chorizo a Jorge, de repente Jorge se hizo hacia atrás y se sentó en el brazo del sofá, junto a la pared por si venía alguien a la casa, su amigo seguía metiéndomelo, pero de repente el amigo incrementó la velocidad de sus embates de manera espectacular, me cogía como un perro, y yo comencé a venirme.

Yo le mamaba la verga a Jorge como desesperada mientras que su amigo me cogía como locomotora, de repente Jorge dijo, a ver ahora me toca a mí. Se sentó en el sillón me puso de espaldas a él y yo me senté en su escopeta…

Aaaaggghh, ooohh, la vez pasada que me cogió yo creo que andaba muy tomada, me costó muchísimo trabajo meterme la enorme cabeza, poco a poco fue entrando y yo sentía como me partía en dos.

Finalmente me comí toda su verga, me sentía mareada aturdida, repentinamente me di cuenta de que tenía la verga de su amigo en la boca, así es que no la desaproveché y se la mamé, me vine como tres veces más con la poderosa escopeta de Jorge ensartada dentro de mi, cuando comencé a sentir que me inundaba con litros de esperma ardiente, yo me vine en ese momento y su amigo me hizo el favor de darme una mascarilla facial de esperma.

Con cuidado me desmonté de la verga de Jorge, y oh sorpresa, la tenía igual de dura que antes de venirse, así es que me puse a mamárselo, a los dos minutos su amigo estaba listo de nuevo para la contienda, así es que me abrió las patas y me clavó la verga…

La verdad es que no la sentí mucho, Jorge me había dejado la vagina como para que me entrara un poste por ahí, Jorge sugirió que me cogieran los dos al mismo tiempo, pero yo los mandé al carajo, por el culo solo mi novio me la mete.

El amigo comenzó a cogerme con su acostumbrada velocidad, con la verga rozándome el clítoris, así es que hizo venir otro par de veces, mientras que yo se lo mamaba a Jorge, el cual explotó llenándome la boca y embarrándome la cara de esperma, mi novio es todo un semental, su amigo se vino un par de minutos después dentro de mí, con unos espermas hirvientes que sentía que me quemaban.

Después de lavarme y de que se fueron, me acosté a dormir y tuve otro orgasmo mientras escurrían espermas y flujos vaginales de mis entrañas…

Autora: Claudia

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Nunca lo pensamos pero lo merecíamos

Carlos me bombeaba con entusiasmo. Pero yo decidí tomar acciones, me le zafé, lo tumbé a él y me lo monté. Era impresionante el largo de su polla, y allí subida a ese mástil, lo tenía dominado y me lo clavaba a gusto y si bien, él llegó primero, yo me volví a acabar montándole. Me di el gusto de montarme a mi marido mientras Carlos me hacía el hoyito trasero. Fue mi primer doblete y me gustó.

Mentira, si que lo habíamos pensado. Mucho más lo había pensado él, mi esposo, que yo. él tenía como ese ratoncito que le regresaba una y otra vez, y cada vez que le regresaba y me lo hacía saber, yo me subía al ratoncito y también fantaseaba un poco.

Que lo merecíamos, porque somos dos que se entienden, dos que se quieren, dos que se aman, dos que se revientan hasta la última gota de placer sexual. Pero hay cosas que no suceden, porque no se buscan y cosas que sin buscar, suceden.

No era la primera vez que teníamos visita en casa, porque éramos para muchos amigos que quedaron allá en nuestra ciudad de provincia, como referentes de contacto en la capital. Y siempre los recibíamos cordialmente. Así fueran familiares, amigos o allegados. Esa oportunidad era nuestro huésped, Carlos, un amigo de la juventud, que se había llegado hasta aquí, para un congreso de la empresa que él representaba allá,  era ese su trabajo comercial. Llegó pasado medio día,  luego de los saludos de rutina, instalarse, recomponerse del viaje, se fue a su primer día de congreso.

Era apuesto, agradable y dulzor. Y si que me miró con atención, pero supo disimular su análisis meticuloso, pero yo me sentí analizada. Pero era normal, entre quienes se ven después de algún tiempo. Y no se si mi esposo, Leo, se dio cuenta de algo, pero le hizo hacer un comentario para responderle a su directa pregunta… ¿Viste como está la tanita? Un bombón que cada día está más rico….

A lo que Carlos respondió: Un bombonzazo, era y es una bombona que tú te mereces.

Fue lo más subido que hablamos pero me afectó. Mi esposo regresó como siempre, temprano. Planeamos lo que haríamos, y luego de cabildeos, pensando si cenaríamos afuera o en casa, resolvimos por esa noche hacer algo liviano así nuestro visitante podía ir a descansar temprano. Hoy, porque mañana lo llevaremos a cenar afuera, y quizás nos vayamos a bailar los tres, porque algo me dice, que te regalaré eso que me anda dando vueltas la cabeza hace tanto tiempo. Mañana lo discutimos, dije, pensando que, al hablarlo seriamente Leo, recapacitaría. Me puse a preparar la cena.

Pronto llegó Carlos, y al igual que Leo, se dio un baño y esperó junto a la mesa, degustando unos vinitos, charlaron cosas de amigos, y los oí reír con ganas. Cenamos y hubo un par de flirteos mutuos, pero solo eso. Yo hasta allí, nada tenía que imaginar o pensar que podríamos tomar eso en serio. Los dejé de sobremesa y me fui a la ducha, a reponerme del calor de la cocina, y a prepararme para la noche, que, si era tal como venía, nuestro huésped se iría a dormir y nosotros a retozar a nuestro dormitorio bien tempranito….y era seguro que nos mimaríamos manoteándonos mutuamente.

Mientras estaba debajo de la ducha, pensé en lo que podría ser esa noche, con José descansado, con algún vinito más de lo acostumbrado y me dije, ¡habrá jaleo!  Pero solita me ruboricé al pensar que mañana podríamos hacer un intento con Carlos. Yo no estoy preparada aun…  Salí y me iba directamente al dormitorio, cuando sentí que Leo me llamaba.

-Espera, dije. -¡No! Ven ahora, dijo él.

No estaba muy presentable, pero no estaba tampoco impresentable. Con mi salida de baño, tela de toalla verde oscuro, puesta como prenda que cubría mi ser, que solo tenía debajo una linda tanguita algo cavada, pero de negro transparente. Así, con el cepillo de cabello, que aun tenía mojado, fui hasta el living donde ellos estaban muy apoltronados en los sillones debatiendo vaya a saber que cosas. La salida de baño, me cubría por encima de las rodillas, algo cortito, así que me la estiré un poco y encaré, cuidando no moverme rápido y sujetando el frente para que no se abriera, ya que tenía un escote algo pronunciado.

-Ven dijo Leo, brindemos, que hemos encontrado un viejo amigo, que bien puede estar pensando que lo olvidamos, pero ya le dije que siempre lo recordamos. -¿? Ah, dije, cierto. -Si, dijo Carlos, – Leo me ha contado lo bien que se llevan, el fuego que no se apaga y la confianza con que cuentan.

Leo, me hizo acercarme a él, al abrazarme me hizo tambalear ya que me llevó hacia el sillón donde él estaba sentado, y eso hizo perder mi línea, provocando que mi salidita de baño no cubriera bien mis nalgas…fue automático…miré hacia atrás y vi los ojos de Carlos clavados en mis redondos cachetes traseros.

-Ves, como está la tanita, dijo Leo, que también vio lo mismo que yo… -Hummmmm…. Fue la respuesta,…Está fantástica.

Leo, me abrazó cariñosamente, y me sorprendí cuando me besó, porque lo hizo como nervioso y exaltado. Yo comencé a intuir algo, cuando sus manos levantaron mi salidita de baño, dejando mi trasero a aire, para que su amigo terminara de regodearse con mis redondeces traseras. Quise como salirme, pero perdí compostura, y eso permitió que en su abrazo, me llevara más arriba mi prenda y ya mis tetas estaban flotando hacia abajo pero en el aire. Mis senos, naturales, medianos, bien formados y bien contundentes, eran de esos que dan cosquilleos en cuanto se los roza, y el roce con la prenda y los brazos de leo, me pusieron algo ardiente.

Pero eso no fue nada, comparado con lo que me puse de confundida, entre ardiente y en guardia, cuando Carlos paseó sus manos sobre toda la superficie de mi redondo trasero, el que bambolee como para decir que no, pero que ayude a que el invasor hiciera más fácil su avance. Yo tenía leído muchos relatos que Leo me hacía compartir en Internet, pero nada de lo que yo había conocido me estaba sucediendo, pues, todo era consensuado y allí me estaban tomando los dos, sin preámbulos ni consulta alguna. Mi esposo se recostaba al sillón, dejándose caer lentamente, lo que hacia que mi inclinación hacia él aumentara, y a su vez, permitiendo que Carlos tomara toda mi retaguardia, ahora solo con la tanguita, ya que la salida de baño estaba sobre mi cabeza.

-Juguemos cariño, me dijo como suspirando Leo, mientras me tenía apoyada sobre su cuerpo con un brazo mientras con el otro, desprendía sus ropas. – Juguemos pero con límite, le dije, y ayudé a quitar su camisa pero él insinuó mucho más al desprender su cinturón.

Si él quería que su amigo me viera desnuda, me vería. Si él quería que su amigo me viera moverme caliente, me vería. Si él quería que su amigo me viera chupándosela, me vería, me incliné sobre su mojada, caliente y dura polla, para darle un aperitivo. Ya me sorprendí al sentir que el juego de manos de Carlos, había pasado a más, y jugueteaba entre mis piernas, rozando mi vello púbico y mmm máaas aun, se había metido de cabeza y lamía mi chochito con desesperación de principiante.

Así desde atrás, clavó su cabeza entre mis piernas y aun sin quitar la tanga, la estiró, para poder adueñarse de mi rajita, y lamerla íntegra… Íntegra lo hacía porque yo subí mis caderas para abrir mejor las piernas y permitirle me regalara sus elogios. Ya no era solo mi marido que toqueteaba mis tetas, era desde allí atrás Carlos que estiraba sus brazos después de recorrer mis piernas, mis nalgas, mis caderas, mi espalda para tomar mis tetas y sobarlas suave, y retozar en mis pezones endurecidos. Ya miré, al costado y vi la mesita ratona con tres copas servidas. Evidentemente, ellos habían planeado algo diferente. También la música estaba diciendo que había otro libreto para aquello, que ellos pretendían seducirme y llevarme a algo, algo que…yo ya estaba entregando, evidentemente.   Leo, suspiraba y le decía a su amigo que me la chupara bien, así él gozaba de mis mamaditas. Fue un instante decisivo y yo jugué mi parte.

– ¿Acaso quieren cogerme entre los dos? Pregunté bien clarito como para que ambos me escucharan. -Veremos. – Fue solo la respuesta de mi Leo, el visitante solo siguió su tarea.

Carlos, de vez en cuando, abandonaba mi conchita para besar mi culito y subir por la espalda, haciéndome un terrible cosquilleo con su peludito cuerpo y a la vez, me producía un deseo de  que siguiera chupándome el clítoris, al que había dejado expuesto y latiendo. Aprovechaba eso, para decir sin escrúpulos…-Que mujercita tenés Leo, que hembra espectacular, mamita querida, o algo así, como…-Estás re buena,  Carlita, estás para partirte mil veces al día.

Fue en unos de esos escarceos, donde yo estaba por explotar, pues su lengua estaba haciendo estragos en mi clítoris y ya estaba a punto, cuando otra vez abandonó su lugar, pasó por toda mi rajita, revoloteó por el hoyito de mi culito también deseoso y subió por mi columna haciéndome temblar de calentura. Pero sentí su mano abriendo mi rajita, y así como fue un segundo que tardé en darme cuenta, en un segundo me había ensartado su pija, sin miramientos, sin permiso, sin aviso.

Me retorcí, de sorpresa, pero también de goce, me tensé por el momento, pero también por festejar su osadía de habérmela metido hasta los huevos. Así como me la metió, me la sacó, dejándome pasmada de emoción, intriga y confusión. ¿Se había enterado Leo, que su amigo Carlos me la había metido si permiso? No lo supe, ni lo sabré nunca.

Fui subiendo mi cara, como para enfrentar a Leo, y algo decirle, pero fue él el que me dijo…-Date vuelta Carlita que quiero ensartarte toda…

Giré o me giraron sobre mi, y sentí las manos de mi Leo sobre mis caderas, tomando posición para una arremetida, justo allí donde acababa de sacar su polla Carlos… ¿Se daría cuenta ahora? No lo supe, porque me inclinaron entre los dos, enfrentándome a lo que yo quería, para curiosear los atributos de Carlos. Era bueno, porque lo que había sentido adentro, me había regustado, pero al verla, allí, parada, durísima, mucho más larga que la de Leo, más fina, puntiaguda y algo torcida, pensé,…. Hoy si que voy a tener variantes ¡!.

Se la lamí suave, y la humedad que tenía era también mía, pues había vestigios frescos de mis jugos vaginales, aun allí. Me emocioné, me calenté, me recontracalenté, al momento de metérmela en la boca, y así con los enviones que me daba la dura, gruesa y fuerte pija de mi marido, me entregué al primer orgasmo.

-Cogela Leo, que la chupa espectacular, cogela bien a esta mamacita caliente.

Estaba reponiéndome de mi orgasmo cuando me volvieron a girar, y entonces, ya no cabía duda de lo que sucedería, Carlos en un santiamén me ensartó desde atrás, al tiempo que Leo, mordía mis labios, y exclamaba…-¿Te gusta mamita, te gusta?

No pude mentirle, y le sonreí y gemí a la cara…con varios, si…si…si…si…  Algo lo puso ardiente a Leo, porque no bien metí su pija en mi boca estalló ostentosamente. Ahora él me sonreía, y me decía, -Ves, mamita, que rico que es esto…Sigue, sigue que ya vengo…y demostrando su excitación explotó bonito y de allí se fue a limpiar.

Carlos me bombeaba con entusiasmo. Pero yo decidí tomar acciones, me le zafé, lo tumbé a él y me lo monté. Era impresionante el largo de su polla, y allí subida a ese mástil, lo tenía dominado y me lo clavaba a gusto y si bien, él llegó primero, yo me volví a acabar montándole. Nos levantamos, y se cruzó con Leo en su viaje a recomponerse.

-Vamos cariño, dije…lleva las copas al cuarto y allí brindaremos los tres. Y me fui al dormitorio.

Cuando entraron, yo estaba, seca, perfumadita, y esperándolos. Se las chupé por turno, me los monté por turno. Y otra vez, los acabé por turnos. Me di el gusto de montarme a mi marido mientras Carlos me hacía el hoyito trasero. Fue mi primer doblete, y me gustó un montón. Debí esmerarme para que ellos se repusieran y me lo volvieran a hacer.

A la mañana levanté mi tanguita del living, y sentí calentura. Aquellas tres noches que siguieron antes de que Carlos se fuera, fueron la apertura de mi viciosa carrera hacia toda nueva experiencia.

Me cogían estupendamente, principalmente Carlos, que decía, -Yo tengo derecho a más, porque me voy y este te va a tener a gusto.

La verdad, que fue maravilloso, y nunca había tenido una sensación tan agradable cuando me hacían el culito, que con aquella larga, fina y puntiaguda verga de Carlos. Pero se fue. Y se supone, tendrá algún otro congreso… más ya a la semana, Leo, que en esas cosas es sabio, me estaba indagando sobre si estaría bien que su sobrino Diego, viniera los fines de semana a pintar nuestra casa.

La pintura estaba intacta, pero dije…. Si cariño, vendría bien unas pinceladas extras.

Siempre compartiendo…

Autora: Marianella

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Haciendo un favor

Después de una buena mamada, saqué un condón, me lo coloqué y a tirar como loco, duramos unas tres horas en varias posiciones, en una sola posición se cansa uno si dura mucho tiempo. La chica era muy ardiente, cuando terminamos de follar después de dos polvazos, ella me dijo que tenía un novio que era un bobo teniendo sexo porque solo duraba 10 minutos, eyaculaba y ella nunca disfrutaba.

Hola, soy de Bogotá, he leído muchos relatos y quiero exponer una experiencia que me pasó estando en la universidad, esto fue por el año 2004.

Mi nombre es Juan actualmente tengo 29, para serles sincero no soy el más simpático, pero si mido 180, ojos cafés y delgado, tengo un buen sentido del humor, y lo mejor que no soy arrogante ni creído, y esto le gusta a las personas, además tengo buen cuerpo.

Estando en la universidad tenía muchos compañeros y había un compañero que se llamaba John, es de esos tipos que visten bien, tienen buena presencia y todas las mujeres viven pensando en él, a mí al contrario solo me miran para estar alegres y no para ratos íntimos.

Un cierto día pasé por la casa de John y él estaba haciendo un programa de computación por el cual estaba muy ocupado, me pidió el favor de llevarle un trabajo escrito a una amiga de él, (yo no la conocía ni sabía que existía), como no estaba haciendo nada le dije que listo, él me dio la dirección y me fui a entregar el trabajo.

Cogí un bus y cuando llegué pregunté en portería y por citófono me hicieron pasar al apartamento. Cuando entré había una chica trigueñita, se llamaba Andrea, tendría unos 20 años, ella me hizo pasar y me dijo que tenía clases en la tarde y que estaba haciendo oficio limpiando.

Estaba en un short y una blusita pequeñita y tenía una tanga metida entre sus entrañas. Ella estaba lavando unos platos y yo estaba en la sala sentado mirándole ese culo que tenía bien rico. La chica no era la súper modelo, pero tenía buen culo y unas tetas ricas, bien paraditas y normales a su tamaño, ojos cafés, y color trigueño, medio bronceadita.

Delgada, medía unos 160 cms., de estatura, ella me ofreció un café, cando terminé de tomarme el café fui y dejé el pocillo en la cocina en donde ella estaba lavando los platos, por molestar le dije que olía rico, y le olí el cabello, que tenía un aroma delicioso, como se llama tu loción pregunté, a lo que ella sonrió.

Yo le coloqué una mano en la cintura y ella no hizo nada, seguía lavando los platos y no dijo nada. Me fui acercando hacia la parte de las orejitas, y la seguía oliendo moviendo su cabello con mi respiración, apenas hacía movimientos, pero no decía nada, así que se me fue parando el pene, yo lo que hice fue irla apretando contra mí hasta que ya le estaba besando la cara por la parte de las orejitas.

Ella solo seguía lavando los platos, yo me acerqué y le di un beso en la boca a lo que ella se dejó, en ese momento lo que hice fue continuar con el juego, le di media vuelta y ya la tenía frente a mí recostada contra el lavaplatos, nos dimos besos de larga duración, y comencé a moverle las manos por la espalda llegando al doblez de la cola.

Comencé a bajarle la mano hasta apretarle el culo con mi mano, tenía un culo suave, apretadito y todo redondito, y en la parte delantera ya le tenía mi pene frente a su vagina. En esas la agarré y la levanté, ella se dejó y me dirigí hacia la sala, vi un cuarto y ella me dijo, esa es mi habitación a la que yo la metí.

La dejé encima de la cama y yo me quedé sobre ella cogiéndole todo. Le fui metiendo la mano por entre los senos y después le fui quitando todo hasta dejarla sin la blusita, le quité el short y cuando le vi una tanga licra que tenía me dio más ganas de penetrarla, estaba rica esta mujer, y empecé a besarle los senos muy despaciosamente.

Cuando empecé a bajar hacia su tanguita, comencé a besarla por encima de la tanga mostrando la figura de su vagina por la humedad de la saliva y los flujos de ella, le corrí la tanga y comencé a moverle la lengua circularmente por del clítoris, esta mujer estaba que emanaba flujos y apenas me pedía más.

Como todo hombre que se respete y que sea precavido me levanté y me bajé la ropa que tenía puesta, ella se lanzó hacia mi pene y comenzó a tragárselo como si fuera el último pene que había en este mundo dejándolo solo para ella, se lo metía todo moviendo esa lengua en el glande.

Después de una buena mamada, busqué mi billetera, saqué un condón, me lo coloqué y a tirar como loco, duramos en esas unas tres horas haciendo diferentes posiciones, porque en verdad en una sola posición se cansa uno más si dura mucho tiempo. Recuerdo que estaba colorada y sudaba.

La chica era muy ardiente, y lo que más le gustaba era que me moviera rápido. Cuando terminamos de tirar después de dos súper polvazos, ella me dijo que tenía un novio y que era un bobo para tener sexo porque solo duraba 10 minutos y eyaculaba y ella nunca disfrutaba.

Después salí y nunca más la volví a ver, ella me dio un número de teléfono y como a los 15 días tenía unas ganas de tirar, llamé al teléfono que me había dado y ya no vivía allí, vivía otra familia.

Espero les haya gustado esta experiencia que tuve.
Autor: Juan Carlos

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La secretaria del aeropuerto

Estuvimos unos minutos a este ritmo de metisaca mientras con nuestras manos nos acariciábamos y con nuestras bocas nos besábamos. Yo estaba acabando y derramé toda mi leche dentro de ella. Ella me dice dame más que estoy a punto, seguí el bombeo sólo esperando que mi pene no bajara antes de que ella lo hiciera. Por suerte alcancé a darle ese orgasmo que tan feliz me hizo.

De nuevo estoy aquí, y quiero contarles otra historia real que tuvo lugar en el año 1991, un mes antes de casarme, y fue mi real despedida de soltero.

En aquella época recién me había titulado en la Universidad, y estaba de novio con la mujer que es ahora mi esposa. Lo que pasó es que ella siendo mi novia quedó embarazada. El problema era que aunque ni ella ni yo éramos unos niños, ya que ella en esa época tenía 31 años y yo 26 años, teníamos familias bastante tradicionalistas.

El problema era como yo podía decirles a mis padres que había decidido casarme con esa novia rápido, y a su familia que ella se casaría porque estaba embarazada. Aunque quisiéramos hacerlo porque nos queríamos y no porque el embarazo nos obligara. La cosa es que yo hablé con mis padres, y después de un pequeño regaño, aceptaron. Quedaba el mayor escollo, hablar la madre y hermano de mi novia para que aceptaran.

Decidí que el siguiente sábado yo iría a la casa de mi novia y les explicaría la situación. La verdad es que me estaba ahogando en un vaso de agua, ya que la explicación fue más fácil de lo que yo pensara, inclusive se alegraron mucho con el hecho de la llegada de un nuevo miembro a la familia, y de nuestra unión, que definimos se llevaría a cabo cuatro semanas después. Ese sábado siendo las 12 de la noche, después de la charla con la familia de mi novia, me fui a casa, en auto, bastante satisfecho de todo lo sucedido.

Yo estaba estacionado en un semáforo, cuando del auto del lado, dos mujeres comienzan a preguntarme por un sector bastante bohemio de Santiago. Yo les dije como llegar, pero al ver lo linda que era la conductora, les dije que mejor yo las llevaría, así que me siguieran.

Al llegar estacionamos los autos. Al bajarse ellas, realmente me di cuenta que estaba en lo cierto, la conductora, que la llamaremos así ya que con el paso del tiempo he olvidado su nombre, y no he podido acordarme, era una hermosa mujer de facciones preciosas, de pelo castaño largo, unos 45 años, y con un cuerpo fenomenal, vestida en forma bastante provocativa, que mostraba unas tetas grandes y preciosas, y un culo realmente fenomenal.

La otra mujer, que si más no me acuerdo, se llamaba Andrea, tenía un poco más, creo que 48 años, era un poco más flaquita que la conductora, pero con un cuerpo bastante menos atractivo que ella, pero apetecible también, estaba vestida con unas ropas bastante menos provocativas, tenía el pelo negro, pero con un rostro poco atractivo, desmejorado con el paso de los años, aunque no llegando a ser feo.

La verdad que la visión de la conductora me dejó helado, la vi y me excité de inmediato. Les propuse que fuéramos a tomar unos tragos a un bar, y así lo hicimos. Nos sentamos y pedimos tres piscolas (pisco con coca cola), y nos pusimos a conversar. Me contaron que eran secretarias en el aeropuerto, lo que me dio un poco de risa en mi interior, porque ya años antes había conocido a otra secretaria del aeropuerto, con la cuál había tenido excelentes momentos, y muy buen sexo, cosa que no compartí con ellas, para no tener ningún tipo de inconveniente.

Me comentaron que la conductora era casada y Andrea separada. Conversamos de todo y nos reímos de todo, y yo loco con la visión de esa conductora, que esa noche me propuse poseer. Yo busqué mil formas para estar a solas con la conductora, e intentar abordarla, pero ninguna funcionó. Ya llevábamos tres corridas de tragos y ya a ellas se les notaba los efectos del alcohol. En un minuto, la conductora decide ir al baño, ella va y dos minutos después me paro para ir a la zona de baños, para poder estar a solas con ella y empezar a seducirla.

La esperé a que saliera del baño, y la abracé e intenté besarla, pero ella no aceptó nada. Volvimos a la mesa, y yo me decía a mis adentros, que esa batalla no estaba perdida todavía. Los efectos del alcohol en estas mujeres se hizo más evidente, hasta que la conductora dice que está muy ebria, y que mejor se va a casa. En este minuto yo inventé otra estratagema para seducirla, y les dije que porque no íbamos a dejar a Andrea, en mi auto, mientras a ella se le pasaban un poco los efectos del alcohol, ya que yo consideraba que no estaba en condiciones para manejar.

De esa forma, yo pensaba por fin quedarme a solas con ella y seducirla. Eso tampoco funcionó, y la conductora me dice que mejor yo vaya a dejar a su casa a Andrea, y que ella sola se va a su casa que quedaba mas o menos cerca. En este minuto, me di cuenta que la batalla estaba perdida, no logré que la conductora me dijera su número telefónico siquiera, para llamarla e intentar verla otra vez. Bastante contrariado, y sin imaginar lo que se avecinaba, fui a dejar a Andrea.

De camino a la casa de Andrea, ella me dijo como había notado que me gustaba su amiga, a lo que yo le respondí con un rotundo no, que como sabía que ella era casada, no me habría metido con ella, lo que obviamente era mentira. El trayecto era relativamente largo hasta la casa de Andrea, y yo todavía estaba excitado pensando en su amiga.

De repente ella me pide parar en un negocio para comprar cigarrillos, ella bajó y yo la esperé. Al llegar me dice que porque no fumamos algún cigarrillo antes de irla a dejar. Me dirijo a una calle más oscura y apartada, y ella me ofrece uno, y empezamos a fumar.

Conversamos un poco más, y empecé a mirarla y observarla, y la verdad es que me empecé verla con otros ojos de los que la había visto hasta ahora, ya que en todo el rato que antes habíamos pasado juntos, casi no me había fijado en ella, y debo decirlo, en ningún minuto pensé en tener algo con ella, y mucho menos sexo Esta situación hizo que mi temperatura subiera mucho, no se si por la excitación que llevaba por su amiga, que no había querido tener algo conmigo, o por los efectos del alcohol, o porque realmente ahora Andrea me estaba gustando mucho.

Mi pene empezó a tomar proporciones realmente grandes, saltando contra mi slip como queriendo escapar de esa prisión. De esta forma tomé su mano, y nos quedamos mirando a los ojos, acerqué mi boca a la suya y me fundí en un gran beso. Sus labios se abrieron y mi lengua entró en su boca y la presioné lo más que pude, para llegar lo más adentro posible.

Puse mis manos por debajo de su blusa en su espalda y empecé a acariciarla con mucha calentura, sentía que ella a estas instancias estaba tan caliente como yo. Puse mis manos delante y empecé a acariciar por debajo de su ropa sus pechos, que eran de un tamaño mediano pero muy paraditos, mucho más de lo que yo había pensado.

Lo hice mucho rato, sentía como le gustaba, su respiración estaba entrecortada y gemía. En un minuto determinado solté el botón de su pantalón e introduje una de mis manos hasta su culo, en el cuál palpé unas ricas, suaves y apretaditas nalgas y empecé a acariciarlas aceleradamente, ella gemía más, demostrándome las ganas que tenía que yo la culeara. De repente ella me para y me dice que no quiere seguir en ese lugar, y que quería ir conmigo a una cama.

Con eso me dirigí a un motel cercano, y entramos a una cabaña, y comenzamos a besarnos de inmediato apasionadamente, sintiendo como nuestras lenguas jugaban. Solté los botones de su blusa rápidamente, y saque sus ricos pechos. Con mis manos me puse a acariciarlos, notando lo duros y paraditos que estaban, con mis dedos comencé a pellizcar sus pezones con delicadeza, lo que la hacía emitir gemidos mucho más fuertes.

Con mucha calentura, seguí amasando sus pechos mientras nos besábamos, notando como su respiración se aceleraba y gemía aún más. Solté su pantalón, y dejándolo caer hasta sus tobillos, puse mis manos en su culo, empecé a apretarlo sobre su calzón, y mis dedos largos encontraron su conchita desde atrás. Hice un lado el calzón y comencé a palparlo estaba peludito, y muy húmedo. Ella me soltó los botones de mi camisa y comenzó a besarme el cuello y mi pecho, lo que me tenía muy caliente.

Mis dedos estaban ya habían ubicado su clítoris, y comenzaron a acariciarlo provocando gemidos más largos, lo que demostraba lo caliente que estaba. Nos soltamos y nos quitamos la ropa, tendiéndonos en la cama, ella me hizo acostarme de espaldas e introduciendo mi pene en su boca, comenzó otra vez una mamada muy rica. Sus labios saboreaban mi pico, lo besaba entero, besaba mis testículos, y yo estaba a punto de acabar, por lo que la paré y le dije que ahora la mamaría yo, e hice que se acostara de espaldas y abriera sus piernas. Yo me puse de frente a su zorra, y con mis dedos separé sus labios vaginales. Metí uno de mis dedos y sentí su clítoris.

Lo introduje más adentro y empecé a masturbarla, con un mete y saca, presionando parte de mi dedo contra su clítoris, ella gemía como loca y se apretaba su culo contra esa cama. Saqué mi dedo, y metí mi cara, comencé a besarle el clítoris e introduje mi lengua muy adentro, ella gemía y su respiración era increíblemente acelerada, se revolcaba aún más en la cama. Con uno de mis dedos busqué por debajo de ella su ano, y cuando lo encontré se lo metí ahí, enterrándolo muy adentro.

Su ano no era estrecho, y se dilataba con facilidad, ya que ni se inmutó cuando metí mi dedo. Ella me paró, y me dijo por favor no más, si sigues me harás acabar, y lo que quiero es que me lo metas ya. Le comenté que lo que más me gustaba era que me montaran, y ella me respondió que a ella le encantaba montar, por lo que me acosté de espaldas.

Ella se subió sobre mi, tomó con una mano mi pico, lo pone a la entrada de su conchita mojada, y comienza a sentarse en el. Se penetró lentamente, hasta que se dejó caer con todo su peso, y se la enterró entera, emitiendo un verdadero grito de placer.

Comenzó a moverse muy rápido de arriba a abajo y de adelante a atrás, a veces su movimiento era circular, lo que a mi me hacía estar a punto del orgasmo. Ella saltaba sobre mi pija, moviendo su pelvis, mientras yo con mis manos la tocaba toda, sus tetas, su culo, y cuanta parte pudiera agarrar. La besaba, la lamía y sobretodo escuchaba sus gemidos.

Sentía como sus jugos brotaban de su zorra, y me inundaban mi entrepierna. Yo ya no daba más, por lo que acabé, vaciando mis testículos en ella. Ella me dice, sigue un poco más ya estoy, casi ya estoy. Ayudé sus movimientos con un pequeño bombeo y ella acabó hasta dejarse caer rendida sobre mi.

Ella bajó de mi y se acostó a mi lado, la verdad es que los dos estábamos muy cansados. Prendimos un par de cigarrillos y conversamos unos minutos de nosotros, y de varias cosas triviales, hasta ella me dice que debe agradecerme el estar con ella allí, ya que desde que me vio le gusté, cosa que su amiga sabía, y hacía mucho que no tenía sexo, cosa que realmente necesitaba.

Allí entendí el porqué su amiga no había querido nada conmigo y de la forma que ella me evitó. Prendí el televisor, y estaban pasando una película porno, por lo que nos pusimos a comentarla, a veces riéndonos de algunas poses que nos parecían increíbles. Esta situación nos calentó mucho, y a ella también. Ella quedó mirándome el pene como de nuevo tomaba dimensiones realmente grandes, y me dijo, que rico veo que el niño despertó de nuevo.

De inmediato nos pusimos a besar nuevamente, comenzamos a tocarnos, y empecé a acariciar sus pechos y a jugar nuevamente con sus pezones con mis dedos. Ella estaba nuevamente muy excitada.

Nuevamente comencé a masturbarla con mis dedos, y palpé que estaba a punto de nuevo, tocando ese clítoris totalmente mojado. Ella me hizo hacia atrás y comenzó de nuevo a chuparme el pico que de nuevo estaba totalmente parado, con mucho oficio. Le dije que de nuevo quería mamarle la zorrita, por lo que elle se puso de lado y separó sus piernas, para permitir que mi cabeza se introdujera en ella. Con una de mis manos separé sus labios vaginales, y con mi boca me puse a besarle la vagina peludita y mojadita.

Sentía en mis labios su humedad, y me relamía con ese sabor tan rico. Introduje mi lengua en esa cavidad lo más que pude, muy adentro, ella gemía y su respiración ya ni se sentía. Ella se movía como si la estuviera penetrando, con moviendo su pelvis suavemente. De nuevo con mis dedos busqué su ano, y metí uno ahí, fácilmente, y comencé a masturbárselo mientras le lamía la zorra enterrándolo muy adentro.

Estuve así unos minutos, cuando decidí sacar mi boca y enterrarle un dedo en su conchita mojada. Empecé a masturbarla fuertemente metiendo y sacando mis dedos, uno de una mano en su zorra y otro de la otra mano en su culo, notando lo dilatado que lo tenía. Era increíble esa mujer ya no gemía, gritaba y me decía que estaba acabando. Mi dedo en su culo entraba con una facilidad tal que si hubiera querido meterle dos o tres dedos, también habrían entrado fácilmente.

Mi dedo en su vagina estaba tan mojado que sus jugos me tenían toda la mano mojada. Sus gritos se hicieron mayores, y yo seguía en mi doble penetración con mis dedos. Ella en un minuto quedó como tensa, como que estiró las piernas, y tuvo un larguísimo orgasmo, y que entra gemidos y balbuceos, me decía que ya acababa. Ella quedó inmóvil, y me dijo que había sido exquisito, que hace mucho nadie la hacía acabar con las manos. Yo le dije y ahora que vas a hacer, ya que yo también quiero.

Ella me dijo que quieres tú, y yo le respondí dame tu culo. Ella como que se asustó, y me dijo pero es que hace tanto que no lo hago, y que quizás costaría por la falta de práctica. Yo sabía que no, ya había notado lo dilatado que tenía ese rico agujerito. Ella aceptó e hincándose se puso a lo perrito. Palpé su ano, le metí de nuevo un dedo adentro por unos segundos, y parando mi pico con la mano apunté a la salida del ano y comencé a meterlo muy despacio, centímetro a centímetro, pero muy fácilmente, debido a lo dilatado que estaba y a que ella me ayudaba moviéndose y levantando su culo, y apretándolo contra mi.

Yo la empecé e bombear suavemente, para ir de a poco aumentando mis ritmos de metida y sacada. Ella no emitía ningún signo de dolor, al contrario me decía así sigue así más quiero más. Eso aceleraba mi excitación y yo casi sin darme cuenta lo tenía entero dentro de ese agujerito. En un momento determinado ya estaba entero adentro, y yo empecé a bombear con un ritmo frenético. Como entraba y salía mi pico de ese culo, era fantástico.

Estaba en la gloria sintiendo como ese agujerito presionaba mi verga, y como se había adaptado a mis grandes dimensiones con suma facilidad. Mi bombeo siguió con un mete y saca por varios minutos, hasta que le dije que iba a acabar y ella me dijo, si, hazlo, si. Mi verga entró hasta el fondo y le inundé su culo de mi semen caliente. La saqué y vi su culo totalmente dilatado y emanando mi leche hacia fuera, fue riquísimo.

Yo me acosté, y ella lo hizo a mi lado colocando su cabeza contra mi pecho. En ese minuto ella me dijo si nos seguiríamos viendo, ya que hace mucho nadie le daba sexo tan rico como yo lo había hecho. Yo miré el techo de la cabaña, y le dije que había un problema, que yo justamente en esa noche me había comprometido para casarme.

Ella me miró, y me dijo que era una pena, pero que tomara todo lo que había pasado entre nosotros como una despedida de soltero. Yo pensé que ella me diría que la fuera a dejar, pero no, ella me dijo pero bueno esta noche no ha terminado, y quiero que ya que estamos aquí la aprovechemos.

Puse nuevamente la televisión y nos pusimos a ver otra película porno, y a reírnos de lo que veíamos, excitándonos a la vez. A los pocos minutos mi pene ya estaba erecto, ella lo vio y me dijo de nuevo el niño despertó, hay que hacerlo dormir.

De nuevo empezamos a besarnos apasionadamente, ella me manoseaba por todos lados. Yo hacía lo mismo con ella. Estaba a full de nuevo y le dije que quería penetrarla de nuevo, que no quería olvidar esa noche, a lo que ella me respondió, que ella era el instrumento que se había puesto en mi camino para que no la olvidara.

Me dijo, ahora me toca a mí, quiero que me montes. Se puso de espaldas y abrió sus piernas, y me puse encima. Coloqué mi pene a la entrada de su zorra y se la metí de una vez, hasta el fondo, sin dificultades ya que se encontraba ya muy mojada. Ella al sentirlo emitió un gemido muy. Levanté sus piernas y las puse sobre mis hombros. Comencé meter y sacar mi pico fuertemente, ella seguía mi bombeo con un moviendo la pelvis, eso me estaba haciendo acabar.

Estuvimos durante unos minutos a este ritmo de mete y saca mientras con nuestras manos nos acariciábamos mutuamente y con nuestras bocas nos besábamos. Yo estaba acabando y derramé toda mi leche dentro de ella. Ella me dice dame más que estoy a punto. Yo seguí el bombeo, sólo esperando que mi pene no bajara antes de que ella lo hiciera. Por suerte alcancé a darle ese orgasmo que tan feliz me hizo.

Nos besamos, colocamos nuestras cabezas juntas y nos dormimos. Despertamos como a las 8 de la mañana, casi juntos, y ella me dijo que era hora que la fuera a dejar. Así lo hice, llegamos a su casa y le pedí su número telefónico para llamarla en otra oportunidad. Ella se negó diciéndome que mejor lo dejábamos hasta aquí, ya que ella no servía de amante, además que no le gustaba compartir a su hombre con otra, por lo que nunca volví a verla.

Esta es la historia quería contar, como fue mi verdadera despedida de soltero, con una mujer que sólo vi un día en mi vida. Fue mi verdadera despedida de soltero, ya que mis amigos de la universidad, me organizaron otra tres semanas después, y que fue realmente aburrida, que terminó en una reunión de hombres solos, solamente para comer y beber.

Espero les haya gustado mi relato.

Autor: Maduro Amante

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Pandora, sola y muy caliente

Bajó un poco su braguita para dejar al aire su vagina ya hinchada de placer y siguió con las caricias. Se apoyó en la puerta del balcón y aumentó el ritmo y la cadencia del movimiento de sus dedos en su coño. La podían estar viendo y no le preocupaba. Bajó un poco más sus bragas hasta la mitad de los muslos para poder meterse los dedos en su interior. Con la mano izquierda acariciaba sus tetas.

¡Menudo hijo de puta! Exclamó al recibir el sms de Pablo.

“Lo siento mucho, no podemos vernos esta noche. Tengo que ir a casa de mi ex. Mi hija se ha puesto mala. Tqm”

Ella lo había organizado todo para esa noche y él venía ahora con esa excusa. Las entradas del concierto de música cubana, la reserva de mesa cerca del escenario, todo preparado para una noche especial, y se había ido todo a la mierda.

Se sentó en el sillón. Buscó el paquete de tabaco y se encendió un cigarrillo para calmarse un poco mientras se servía una copa de vino rosado.

Eran las siete de la tarde y se notaba todavía el calor de finales de verano a mitad de septiembre. Al principio agradeció el frescor del vino recién sacado del frigorífico, pero a la segunda copa el acaloramiento que sentía era máximo, acrecentado quizás por el enfado del mensaje recibido. Que además iba en aumento. ¡Qué pedazo de cabrón! Volvió a insistir.

Tenía la ropa pegada al cuerpo. Todo el día de compras, peluquería, el gabinete de belleza para la depilación y todo el balde porque a la ex de Pablo le había dado por que pasara por su casa con las excusas de siempre. Le pasaban mil maldades por su cabeza.

Estaba en su casa. Sola, compuesta y sin plan. Decepcionada y con una ganas tremendas de llorar.

Se levantó para abrir las puertas del ventanal del balcón y que corriera el aire por la habitación. La brisa de la tarde le acarició el cuerpo al correr las cortinas y abrir las puertas. Agradeció la sensación de frescor que la atrapaba. En este día de perros era lo mejor que le estaba pasando. Cerró sus ojos. Respiró hondo recibiendo la sensación de alivio. Se acarició la nuca echando el cuello hacia atrás para sentir el frescor que la envolvía y, sin pensarlo, comenzó a desvestirse. Lentamente. Frente a la ciudad, con la luz del día languideciendo dando paso a la iluminación artificial de las primeras horas de la tarde.

Quizá fue efecto del vino pero no reparó en que la podían estar observando, además, qué le importaba en ese momento. En condiciones normales jamás se le habría ocurrido hacer algo así pero no era una tarde normal. Estaba irritada, enfadada con su suerte, y esa preciosa sensación la estaba relajando, se estaba abandonando a un placer que merecía. Hoy lo merecía. Con el último botón de la blusa sintió que ésta le pesaba más que nunca, la abrió durante unos segundos para que ese frescor atrevido fuera adentrándose milímetro a milímetro por su torso, su cuello, hombros y espalda dejando a la vista su pecho tapado sólo con el sujetador. Finalmente la blusa cayó al suelo. Y sin abrir los ojos siguió dejándose hacer por un aire desvergonzado que la estaba acariciando a placer.

Temía abrir los ojos para no saber si la estaban viendo desnudarse. Tal vez le excitaba el pensar que seguro que sí. Que alguien también podía estar recibiendo el placer de verla desnuda. Nunca se había exhibido así pero ahora no pensaba en parar.

Se soltó el cinturón y desabrochó su pantalón vaquero de talle bajo. Su braguita de algodón blanca asomaba poco a poco mientras sobre ella resbalaba la cremallera lenta pero decidida. Estaba humedecida pero en esos momentos no sentía vergüenza de mostrarse como casi nunca había hecho. Bajó un poco el pantalón para que la brisa inundara su piel, despacito. Paró un instante con el pantalón a la altura de sus muslos, hasta que la prenda descansó en el suelo golpeando sus pies. Se estaba mostrando en braguitas y sujetador.

Abrió los ojos y se volvió a la mesa para servirse otra copa de vino, la tercera. La fue saboreando en sus labios mientras se hacía la distraída caminando alrededor del salón.

Contempló su cuerpo casi desnudo y disfrutó de verse así. Con 36 años aún se mantenía en forma. Tenía unas piernas delgadas, unos glúteos firmes con unas caderas bien formadas y casi nada de barriguita. Estaba orgullosa de sus pechos. Los vio reflejados en su sombra en la pared. Eran grandes y redondos. Le gustaba lucirlos con buenos escotes y con bonitos sujetadores. Le excitaba que los hombres perdieran la vista en lo que mostraba su canalillo y que las mujeres la envidiaran. Quizá si hubiera sido un poco más alta sería plenamente feliz. Medía aproximadamente 1,60 de altura y se consideraba bajita.

Rellenó de nuevo la copa y siguió saboreando a pequeños sorbos el vino mientras se acercaba de nuevo al ventanal. Respiró profundamente para sentir el aire enriquecedor en su interior, manteniendo la vista fija hacia el horizonte. No quiso observar las casas vecinas, las ventanas y balcones cercanos. Para ella en ese momento ya no existían.

Salió al balcón bebiendo de la copa. Su excitación era máxima. La sensación de calor de su estómago bajaba hasta su entrepierna y humedecía cada vez más la leve tela de sus braguitas. Sus pezones estaban duros y pedían liberarse de su prisión. Volvió a cerrar los ojos, abrió un poco las piernas para que la brisa acariciara el interior de sus muslos todavía mojados de sudor y soltó el sujetador. Se lo quitó de un movimiento rápido. Ella que no había hecho ni topless en la playa por vergüenza o por pudor se había quedado semidesnuda por efecto de algo inexplicable hasta ahora.

Al principio estuvo tentada de taparse sus grandes tetas pero no lo hizo. Un escalofrío le recorría la espalda fruto de su lujuria. La copa de vino se había terminado y volvió a entrar en el salón. Temblando de la excitación se encendió como pudo un cigarrillo y con la primera calada respiró hondo. Necesitaba sentirse segura de lo que estaba haciendo. No quería pensar en ello pero no dejaba de temblar. Se sentía a gusto y llena de placer y eso fue suficiente. Segura de sí misma volvió a su escenario, a la puerta del balcón.

Humedeció la punta de sus dedos índice y corazón tras otra calada a su cigarrillo y aproximó su mano derecha a la goma de su braguita. Acarició suavemente la entrada de la única prenda que le quedaba y al sentir el roce de las yemas de sus dedos en su pubis recién depilado se estremeció y le vinieron a su mente pensamientos que no esperaba, que jamás había tenido.

Recordó las caricias de Verónica, su esteticista, mientras la estaba depilando. A ella nunca le habían gustado las mujeres. No entendía el porqué esos pensamientos afloraban en ese momento. No recordaba el dolor que le produjeron los tirones de la cera, que fueron muchos. Recordaba las caricias posteriores a cada una de sus acometidas. Las frágiles manitas de Verónica acariciando su intimidad. ¿Qué sentiría ella? Había permanecido como otras tantas veces desnuda de cintura para abajo en su camilla. Mostrando todo su intimidad. A su disposición y nunca se lo habría preguntado. Igual ella lo disfrutaba lo mismo que si fuera un hombre.

Se acarició todas las partes que ella había depilado, sintiendo la suavidad de su piel, y pensaba que sus dedos eran los de Verónica. Los labios carnosos que estaban ya rezumando fluidos. La entrada de su ano, las ingles, el pubis en el que sólo había dejado una pequeña rajita de pelo, lo que le gustaba al cabrón de Pablo.

Bajó un poco su braguita para dejar al aire su vagina ya hinchada de placer y siguió con las caricias. Se apoyó en la puerta del balcón para no caer al suelo y aumentó el ritmo y la cadencia del movimiento de sus dedos en su coño. La podían estar viendo y no le preocupaba. Bajó un poco más sus bragas hasta la mitad de los muslos para poder meterse los dedos en su interior. Con la mano izquierda acariciaba sus tetas.

Sólo imaginaba que podía ser Verónica la que se lo hacía, con la misma suavidad con que la trataba siempre. Escuchaba el dulce sonido de sus palabras mientras la depilaba. Conversaciones sin sentido, pero que ahora a ella sí le provocaban placer recordar. Comenzó a gemir plena de excitación y movía sus caderas de atrás adelante en movimientos acompasados. Los dedos de Verónica la estaban follando. Mejor de lo que lo habría imaginado nunca. Estaba a mil por hora. Mordía sus labios emitiendo leves quejidos de placer inmenso.

Dejó de acariciarse las tetas con la mano izquierda para bajar hasta su pubis y su clítoris. Con las yemas de sus dedos lo frotaba para prolongar su excitación. Estaba a punto de explotar. Sacó un momento los dedos que llenaban su coño para aguantar un poco más y los acercó a su nariz para olerlos. Quería oler el jugo de su interior. Eran los dedos de Verónica. Los chupó y saboreó uno a uno. Siguió acariciándose. Aumentó el ritmo.

Recordó levemente que estaba a la vista de cualquiera y ya no pudo soportarlo más. Soltó un quejido largo mientras se convulsionaba al llegar al primer orgasmo. La brisa seguía acariciándola, envolviéndola. Se fue repitiendo la sensación de placer infinito durante un rato más con varios orgasmos seguidos. Se mordía los labios para que no la oyeran gritar de placer hasta que quedó exhausta, complacida, vencida. Resbaló sobre su espalda hasta quedar sentada en el suelo del balcón, con las piernas entreabiertas y las bragas por las rodillas.

Buscó lo que le quedaba del cigarro y con la última calada, mirando al infinito, se puso a pensar. Estaba decidida. Esa noche el cabrón de Pablo se iba a acordar de ella. Sólo le quedaba prepararse para una velada especial, sin él, pero seguro que especial. Ya era hora de que ver en acción a una nueva mujer. Libre. Sin complejos. A partir de esa noche iba a dejar de ser Eva, la mojigata enamorada de un hombre separado, que no sabía disfrutar del sexo plenamente y que siempre había vivido acomplejada. Había nacido Pandora. La mujer que iba a desatar la lujuria y el deseo. Vivía desde siempre en su interior, alguna vez la había sentido, pero esta noche aparecería por primera vez en escena.

Este es el primero de una serie de relatos cortos de Pandora, nuestra protagonista.

Felices experiencias.

Autor: Narrador Tristán

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Su fantasía la hice mía III

Me convertí nuevamente en la hembra ardiente con la que había soñado ser durante mucho tiempo. Así que la fantasía de Enrique de tener una hembra que se le entregara plenamente la hice mía al sentirme plenamente una verdadera mujer.

Hola nuevamente… Recordarán amables lectores que mis iniciales son J. L. y el de mi amante es Enrique con el que pasé tres días en la ciudad de Querétaro por cuestiones de trabajo. Si leyeron mis relatos anteriores también recordarán que la fantasía de Enrique era tener una hembra ardiente y, a falta de ello, me ofrecí a complacerle disfrazándome de mujer y cumplirle cualquier deseo que se le ocurriera. Ya relaté lo sucedido los primeros días y solo falta describir lo que hicimos en el último día que estuvimos en esa ciudad.

Enrique salió a hacer las diligencias que le habían encargado y yo me propuse a embellecerme para él y darle el recibimiento digno de un amante perfecto en el que mi compañero de trabajo se había convertido. Enrique se comportó como todo un caballero dándome el trato de una dama, ya que a pesar de las circunstancias, en ningún momento utilizó un lenguaje ofensivo ni humillante hacia mi persona y a mis preferencias sexuales, lo que hizo que en verdad me enamorara de él.

Me pasé la tarde arreglándome con la ropa femenina que habíamos comprado y maquillándome de la mejor manera posible para que en este último día Enrique cumpliera su fantasía plenamente. Al llegar a la habitación exclamó algo que hizo que sintiera más deseo por Enrique. “Que divina te ves con ese baby doll que traes puesto”, se acercó a mí y, atrayéndome hacia él, me dio un beso largo y profundo que me hizo estremecer. Lo miré con mucha pasión y alcancé a susurrar tímidamente: “hazme tuya”.

Enrique me soltó y se dirigió al baño para darse una ducha, le dije que yo me encargaría de llevarle ropa limpia cuando terminara de bañarse. Al cabo de 10 minutos que estuvo en la regadera no pude resistir la tentación de observar cómo se duchaba y abrí la puerta del baño lentamente sin que él se diera cuenta. A través de la cortina del baño pude apreciar la silueta de su figura y su pene que ya estaba erecto. Me quedé observando con enorme placer a Enrique mientras se aseaba todo su cuerpo y gratamente pude admirar cómo se detenía cuando pasaba el jabón por su enorme verga. Deseaba en ese momento ser yo quien se lo hiciera, pero sabía que en breves momentos ese miembro viril lo tendría en todas partes de mi cuerpo.

Enrique gritó que ya había terminado de ducharse y, haciendo como que entraba al baño, le acerqué la toalla y le dije en forma sugerente: “¿te gustaría que yo te secara?”. El asintió brindándome una sonrisa y, a partir de ese momento, lo que vivimos y disfrutamos fue increíble.

Sequé amorosamente cada parte del cuerpo de Enrique en especial su miembro erecto, después salimos del cuarto de baño y nos dirigimos a la cama. Enrique estaba completamente desnudo y le dije que se recostara. Él me pidió que le dejara admirar cómo estaba vestida y que caminara sensualmente por toda la recámara, a lo cual accedí sin reparos. Me contoneaba con mis zapatillas de tacón alto y mis medias de color negro, cubría mi cuerpo con el baby doll del mismo color. Enrique tomó su verga y empezó a masturbarse suavemente mientras me observaba caminar provocativamente. Me dirigí con pasos lentos a su encuentro y me acerqué para darle un beso apasionado. Nuestras lenguas se entrelazaron y mi mano la llevé hacia su pene, el cual estaba completamente rígido. El beso se prolongó bastante tiempo y mi mano seguía acariciando su verga y sus testículos suavemente. Dejé de besarlo en la boca y poco a poco fui deslizándome hacia abajo, besé su barbilla y su cuello, pasé por su pecho y sus tetillas hasta llegar a lo que más deseaba besar, su enorme miembro viril. Cuando lo tuve cerca le dí un beso en la punta de su verga que lo hizo estremecer y alcancé a escuchar que decía: “Así chiquita, así”. Sobra decir que en ese momento me convertí nuevamente en la hembra ardiente con la que había soñado ser durante mucho tiempo. Así que la fantasía de Enrique de tener una hembra que se le entregara plenamente la hice mía al sentirme plenamente una verdadera mujer.

Tomé su verga con las dos manos y empecé a chuparle la cabeza con mucho esmero, el ruido que se producía al succionarle su miembro hacía que Enrique se arqueara y seguir murmurando: “así chiquita, así”… Recorría mi lengua con enorme placer por toda su verga y al llegar a los testículos le chupé uno por uno, de la manera más suave y placentera de que fui capaz. El rostro de Enrique lo decía todo, me miraba de tal manera que sabía que lo estaba disfrutando plenamente.

Olvidaba decir que para parecer una mujer me había pintado los labios de un color rojo brillante, y que mis labios se habían quedado plasmados en toda la verga de Enrique. Era estimulante ver cómo su miembro estaba rodeado de las marcas de mis labios. Seguí lamiendo y chupando su dulce verga y cuando empezaba a salir líquido preseminal lo llevaba a mi boca y lo tragaba como un delicioso néctar.

Hasta ese momento Enrique reparó que necesitaba sentirme plenamente realizada en mi función de mujer y, levantándose bruscamente, me dijo: “Nena, quiero poseerte”. Le sonreí y le dí el último beso a esa verga que me encantaba. Me pidió que me recostara en la cama y empezó a besarme por todo el cuerpo. Lo más excitante que sentí fue cuando empezó a chuparme los pezones, aún llevaba puesto el bra con el que me había disfrazado y cuando quise quitármelo él me lo impidió, me dijo que le gustaba como lucía y que quería tenerme así todo el tiempo.

Decía que le excitaba mucho la lencería que traía puesta y que quería guardar en su mente la imagen de mi entrega en estos tres días. Le dije que por mí no había problema que en ese momento me sentía de él y le confesé que me estaba enamorando como una colegiala. En ese momento comprendí que las cosas funcionan mejor cuando hay una entrega por amor.

Le dije que me gustaba la forma en que me chupaba los pezones y podía sentir la dureza de ellos. Sentir su lengua rodeando la aureola provocaba más mi deseo de sentirlo dentro de mí. Cerré mis ojos y Enrique me dijo que deseaba poseerme observando mi expresión. “¿Sabes? – me dijo, “quiero penetrarte así de frente”, “quiero que levantes tus piernas y me las pongas en mis hombros”. Yo le contesté: “Lo que tú digas, amor”. Me volvió a besar en la boca y me quitó la tanga que traía puesta, me acomodé de tal forma para que pudiera penetrarme como me lo había pedido.

La suavidad de las medias que traía puestas Enrique la sintió al momento que coloqué mis talones sobre sus hombros. Poco a poco empezó a meter su verga en mi ano, el cual se fue dilatando poco a poco, a cada embestida de Enrique cerraba los ojos y abría la boca al sentir un poco de dolor, pero el sentir la punta de su verga en la entrada de mi orificio hacía que mi ano palpitara con enorme deseo.

Tenía mis talones recargados en los hombros de Enrique, pero al sentir su enorme verga dentro de mí levanté al vuelo las piernas para recibirlo plenamente, lanzaba quejidos mezcla de dolor y de placer que se fueron haciendo más prolongados al sentir que su verga se estaba ajustando a mi cilindro en el que se había convertido mi ano. Enrique metía su verga a un ritmo acompasado con el movimiento de mis nalgas, podía sentir el choque de sus testículos con mis nalgas y el ruido que se escuchaba de ese movimiento. “¿Te gusta, amor? – me dijo Enrique. “Claro que sí”… le contesté.

Le lancé una sonrisa de satisfacción y me pidió que si podía complacerlo en otra postura. Con el enamoramiento que sentía por Enrique no podía negarme a sus peticiones y le respondí que a partir de ese momento era de él y que podía hacer de mí lo que quisiera.

Retiró su verga de mi ano dilatado y me pidió que me levantara de la cama. Me tomó de la mano y me condujo a un sillón individual que había en la habitación. Enrique se sentó y me pidió que me sentara sobre su verga, como mi culito seguía dilatado no tuve problema para introducirme nuevamente su verga y de un sentón me encajé hasta el fondo su rico miembro que me estaba dando un enorme placer. Él me tomó de las nalgas y yo empecé a cabalgarlo, era una sensación increíble ser penetrado de esa manera, yo lo besaba frenéticamente y le decía sin ningún miramiento: “te amo… te amo… te amo”…

Me besaba los pezones y sin soltarme de las nalgas me sentía en las nubes. Arqueaba mi cuerpo a cada palpitación de mi ano y él me decía que estaba a punto de venirse. Recordé que ya había probado su deliciosa leche y le dije con todo el amor que sentía por él: “quiero que te vengas en mi boca”. Enrique me dijo si sería capaz de hacerlo nuevamente. “¡claro que sí!” – le respondí. “Deseo darte todo el placer que mereces por el trato que me has dado”. Me bajé de mi montura y me hinqué enfrente de él, veía cómo su verga seguía palpitando y me admiraba de que ese enorme falo lo haya tenido muy dentro de mí.

Empecé a mamar la verga de Enrique con desmesurada pasión deseando con eso darle todo el amor y el placer que merecía mi amante. Succioné hasta sentir cómo su cuerpo se contraía y sentí el primer chorro de semen que inundó mi boca. Enrique me tomó de la cabeza y me atrajo hacia su verga mientras descargaba toda la leche que le quedaba y yo con mucho placer lo recibía y me tragaba apresuradamente su semen que salía a borbotones. Nos quedamos así hasta que derramó la última gota de su rico semen el cual lo saboreaba sin ningún pudor.

Enrique quedó desfallecido, pero con una sonrisa plena de satisfacción, mientras que yo lo miraba tiernamente y sintiéndome más enamorado que nunca y con la fantasía llevada a la realidad.

Terminó nuestro viaje a la ciudad de Querétaro y regresamos a la ciudad de México, durante el trayecto comentamos lo mucho que lo disfrutamos y haciendo planes para futuras salidas. Le pregunté a Enrique si su fantasía había sido cumplida y él respondió que sí… que fue satisfecha con creces. En mi interior quedó la emoción de saber que soy capaz de complacer a un hombre cualquiera que sea su fantasía… pero mientras sienta amor por Enrique no sé si me atreva a estar con otro hombre… a menos que…

Autor:  Claudio

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Le llené el culito a la madurita

Al tratar de metérselo por su vagina me dice que ella lo deseaba por atrás, la penetro y ella empieza a decirme, rompeme el culo que lo necesito, dime que siempre me lo vas a meter por el culo papi, era tal mi calentura y lo que ella decía que inmediatamente le llené su culito de mi ardiente leche en medio de los gemidos de los dos. Mis bolas quedaron inundadas de los jugos de su deliciosa conchita.

Después de tanto tiempo de ser un asiduo lector de esta maravillosa página paso por fin a enviar este relato deseando que sea del agrado de todos los lectores, pues lo que si puedo decir es que todo lo que coloco aquí es verídico.

Resido en la ciudad de Cali Colombia, una ciudad alegre y de clima tropical los 365 días del año, donde hay mujeres bellas y muy necesitadas, pues el clima nos lleva a mantenernos con deseos permanentes. Tengo 45 años, militar jubilado, separado hace 9 años, mido 172 trigueño claro, fornido de talla 36, tipo latino normal con un pene normal aunque un poco grueso pero con una cualidad, muy ardiente a la hora de la intimidad.

Participé en Cali en un programa radial muy nombrado, donde uno llama para buscar pareja y diciendo las características que uno desea de esa persona, y así inmediatamente empiezan a llamar. Recibí aproximadamente cuatro llamadas de mujeres de toda clase, edad, gusto, y colores, así que imagínense lectores el gustazo que tenía para darme en ese fin de semana.

Entre las que llamaron atendí a una dama de 49 años, quien dijo que vivía sola y no tenia problema en recibirme en su apartamento al cual me dirigí sin perdida de tiempo.

Al llegar al lugar de la cita me encuentro con la dama, era una persona normal aunque le sobresalían unos bellos senos, talla 36b, y una hermosa cola bien llena, y cuando la pude palpar bien apretadita, lo cual me puso a 100, pues ya me imaginaba dándole carne por esa cola la cual se veía necesitado de esto.

Después de unos tragos para desinhibirnos empecé a acariciarla por todos lados y ella no dejaba de gemir, así papi, apretame las tetas, chupámelas que están necesitadas. Que rico papi, muérdemelas que estoy muy caliente y yo veía como estaba de ardiente esta bella dama.

Posteriormente bajé a darle una buena sesión de lengua, ya que es una de las cualidades mías, pues puedo durar tranquilamente hasta una hora dándole lengua en el clítoris a la dama de turno, pues por edad y experiencia se como se debe complacer completamente a una dama, y esta no iba a ser la excepción, sintiendo como empezó a temblar y a mojarle la cara por el resultado de mis caricias y sentía como esa vagina se empezaba abrir pidiendo ser penetrada por mi pene el cual se encontraba en su punto y rezumando jugos de la calentura que tenía.

Pero lo mejor vendría a continuación cuando al tratar de metérselo por su vagina me dice inmediatamente que ella lo deseaba en ese momento era por atrás, imagínense lectores con esa cola maravillosa, como les dije anteriormente, y que ahora sería penetrada por mi pene, el cual estaba en sus humildes 19 cms y bien grueso.

Comienzo a penetrarla y ella empieza a decirme cosas, así papi que rico, rompeme el culo que lo necesito, ábreme las nalgas, dame duro cabrón que me gusta por aquiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, dime que siempre me lo vas a meter por el culo papi, papi dale yaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa…

Era tal mi calentura y lo que ella decía que inmediatamente le llené su culito de mi ardiente blanquecina y deliciosa leche en medio de los gemidos de los dos.

Mis bolas habían quedado inundadas de los jugos de su deliciosa conchita, luego, en la ducha, me confidenció que se había corrido cuatro veces, un polvo más rico que el otro, y me llenó de besos, y no perdió la oportunidad de darle un beso bien prolongado a mi miembro, se lo merece me dijo…

Esperando que sea del agrado de ustedes la presente realidad y me animen a seguir escribiendo muchas cosas que me han pasado sus comentarios serán el puente.

Autor: Elardiente45

MADU

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La mujer de mi abuelo

Me subió encima de ella y se colocó mi palo en su vagina ardiente, el cual se fue hasta el fondo en el primer intento, me pasó las piernas por atrás, me abrazó y empezó a moverse, yo sentía ya arder los hombros pero no podía decirle que me soltara, pues se movía tan rico, además de que movía las piernas tan rápido por atrás de mis caderas que pronto nos volvimos a venir los dos juntos.

Mi abuelo era médico en un pequeño poblado del Estado de Guanajuato, en México, había contraído nupcias por segunda ocasión con una señora, a la que llamaré Martha, con la que había tenido tres hijas, que eran a la postre medias hermanas de mi padre y que eran mis tías, Esther la cual tenía 21 años en el tiempo en que se desarrolla el relato, mi tía Bety que tenía 19 y mi tía Rosita de 18, aunque aparentaba mucha menos edad, Martha en ese tiempo contaba con 39 años de edad y mi abuelo tenía 73, aunque  estaba muy fuerte aun en esa época, yo tenía 18 años, recién cumplidos, en ese entonces.

Cursaba el primer año de bachiller y mi tía Rosita el segundo en la misma escuela que yo. Con la señora de mi abuelo, que venía a ser mi abuelastra, no llevaba muy cordial relación por los prejuicios que mis tíos me habían creado, ya que no vieron con buenos ojos que mi abuelo se hubiese vuelto a casar, yo vivía en la casa de mi abuelo, no sé por qué razón, ya que aún vivían mis padres, pero desde que recuerdo ahí vivía, aunque no llevaba relación cordial con Martha, no le faltaba tampoco al respeto nunca. Un día que llegué del instituto, era jueves, bien lo recuerdo, estaba abatido, eran como las dos de la tarde, traía un reporte que me tenía que firmar mi abuelo y tenía, aparte, que ir a hablar con el director de mi comportamiento, como era jueves, yo sabía que mi abuelo no llegaría hasta entrada la noche, pero no sabía qué decirle ni cómo empezar.

Dieron las 3 de la tarde y Martha fue a hablarme para que bajara a comer, entró en mi recámara y yo estaba en la cama, con el radio encendido, pero sin oír la música, y ella me sacó de mis pensamientos diciéndome, ¿bueno qué no escuchas que te estoy hablando para que vengas a comer? ya sabes que es jueves, Pancho (que era mi abuelo) no va a venir, ya lo sabes, y Rosita de seguro está con mis padres (los jueves siempre se iba mi tía con sus abuelos), sólo estamos tú y yo, ya lo sabes, yo me disculpé diciéndole que no había escuchado que me hablaba y me dijo, oye ¿qué tienes?, ¿no crees que ya es tiempo de que seamos amigos?

Cuéntame lo que te pasa, me lo dijo, en un tono tan maternal que me convenció, y decidí platicarle que a otro compañero y a mí nos habían botado desde las 11 de la mañana de la escuela con un reporte que debía firmar mi abuelo y, aparte, ir a hablar con el director, a lo que ella me dijo y ¿qué hicieron?, a mí me dio mucha pena confesarle que habíamos estado espiando a las muchachas, escondidos debajo de una escalera que conducía al segundo piso de la escuela, para verles las pantaletas, ella se río y dijo conque ya andan de curiosos ¿eh?. Yo me desconcerté y ella me dijo, mira para que veas que soy tu amiga yo voy a la escuela mañana a hablar con el director y no le decimos nada a Pancho, y yo temeroso le dije ¿y el reporte?, me dijo, dámelo yo lo firmaré delante del director y disculparé a Pancho por no poder ir, esto me cambió el ánimo y le dije Gracias señora usted sí es mi amiga, entonces me pidió que le platicara cómo había estado lo de la espiada y ya le platiqué…

Ella me empezó a decir que era normal a nuestra edad y me hizo una pregunta que me desconcertó, me dijo ¿ya se te para? yo estúpidamente pregunté con un aire de inocencia ¿qué?, a lo que ya no me contestó, me metió la mano en los pantalones y agarró mi verga, hasta que logró la erección, yo no sabía qué hacer, estaba sorprendido y a la vez me gustaba, me quitó los pantalones y los calzones y empezó a darme fenomenal mamada que estaba a punto de venirme.

Ella también se excitó mucho y sólo se levantó la falda y se hizo a un lado las pantaletas color crema que traía puestas, y sin desvestirse, me montó y empezó a subir y bajar en mi pene, que en menos de 4 minutos, me vine en ella que seguía cabalgando hasta que el pito se me desinfló, luego se bajó y descansó unos minutos, y se empezó a desvestir y también me desvistió a mí, empezando a chuparme las orejas, sacándome el aire de las mismas y metiéndome la punta de la lengua en las mismas, luego me frotaba sus enormes tetas en todo mi pecho, me besó de una manera brutal…

Me metió la lengua en mi paladar, yo la sentía casi en mi campanilla, bajó al cuello, ya estaba yo excitado nuevamente cuando me mamó el palo ricamente y me puso su panocha en la boca, ordenándome Mámamela tú también a mí, yo empecé a lengüetearla torpemente, esa era mi primera experiencia, me dijo Saca toda tu lengua y métemela, así lo hice y ella me agarraba de los puros pelos y me arrimaba más a su panocha, hasta la nariz me hizo meterle, después de unos 15 minutos de que me tuvo mamándosela se vino en mi boca, la sentí y me volvió a montar y me dijo:

Vas a ver cómo el segundo palo va a estar mejor que el primero, y así fue, subía y bajaba, mientras sus enormes tetas brincaban sueltas, duró como 15 minutos hasta que yo me vine y ella también, cayó sobre mí y me abrazó, metiendo sus manos por debajo de mis axilas, y apoyándose en mis hombros, moviéndose muy fuerte hasta que se me desinfló el pito, todavía se vino dos veces, descansó nuevamente toda su humanidad en mí, me quedé dormido por el ajetreo, pero una nueva mamada me despertó aproximadamente una hora después de que me quedé dormido, me chupaba la verga apoyando la punta de su lengua en la rajada de mi pito y dándome unos lengüetazos en la cabeza del mismo que pronto estaba firme de nuevo mi palo y, otra vez, me puso su chocha en la boca y luego de volverse a venir en mi boca, ordenándome tragara sus jugos, me dijo:

Dame lengua por el culo, yo sólo obedecí y luego me dijo Dale duro papacito, y se acomodó mi verga en su culo, la cual se fue, sin ninguna dificultad, hasta la mitad y luego me dijo Empuja, empuja, métela y sácala, como no me movía al ritmo que ella quería, sin zafarse, se dio vuelta para quedar encima de mí nuevamente dando juego a un ritmo vertiginoso, subía y bajaba y me puso mis manos en sus tetas ordenándome No las sueltes ni las aprietes mucho Dimas, hazlo con cariño, tuvo dos fenomenales orgasmos que me vació en mis vellos, lo sentí y me dijo: Vente pronto que me matas, y en un rato corto me volví a venir en su culo, cayendo ella en mí, sin zafarse, mamándome las tetas y chupándome las orejas, hasta que mi pito se desinfló y salió solo de su culo, escurriendo de semen.

Me dejó descansar un rato, cuando nuevamente me lo empezó a chupar rico y me puso su panocha en mi boca para que le hiciera nuevamente el trabajito, ya estaba adquiriendo un poco de práctica y logré hacerla venir, esta vez, un poco más rápido que las anteriores, pero pedí más mientras ella mamaba toda mi verga, y esta vez me dijo Como ya estoy cansada y tú todavía no sabes montar ahora así, me subió encima de ella y se colocó mi palo en su vagina ardiente, el cual se fue hasta el fondo en el primer intento y luego que lo tuvo adentro me pasó las piernas por atrás y me abrazó como lo había hecho antes y empezó a moverse, yo sentía ya arder los hombros pero no podía decirle que me soltara, pues se movía tan rico, además de que movía las piernas tan rápido por atrás de mis caderas que pronto nos volvimos a venir los dos juntos, luego nos metimos a bañar por iniciativa de ella y ahí todavía me dio tremenda mamada que me hizo venirme en su boca, saliendo de bañarme me dijo:

Descansa, ahorita te traigo la cena, cuando yo estaba quedándome dormido por el cansancio, alcancé a escuchar que iban a ser las ocho de la noche, hasta entonces no me di cuenta del tiempo que había transcurrido haciéndole el amor a mi abuelastra, o mejor dicho haciéndomelo ella a mí, desperté un poco después al sentir un fuerte ardor en mi pubis, era mi abuelastra con una navaja depilándome todo mi pubis, yo le pregunté que qué hacía y me dijo Este es mi trofeo, mi niño, ahora que te inicié lo tendré muy bien guardado, lo cual me causó un tremendo ardor por tres días seguidos, hasta que me fui acostumbrando, me dijo que una amiga suya le platicó que eso les hacía a los muchachos que se metían con ella, diciéndome:

Pero tú Dimas no te preocupes, lo tú serás mi amante porque ¿sabes? tu abuelo me tiene muy abandonada en este terreno y tú lo sustituirás, pero éste también será nuestro secreto ¿te parece? y así seguimos por 5 años todos los jueves los primeros dos años y luego casi cada tercer día, hasta que me pilló con una hermana menor de ella, pero eso se los cuento en otra ocasión y también cómo estrené a dos de mis tías.

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Autor: El eyaculador de miami.

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