Los primos argentinos de Sara

Los primos argentinos de Sara estaban de visita en España. Rondaban los 18 años y con sus cuerpos atléticos de deportistas venían dispuestos para tener mucha fiesta y disfrutar entre las españolas.

Aquella noche, contra todo pronóstico, en lugar de salir de marcha ellos, lo hicieron los padres de Sara, que tenían una cena y baile con amigos.

Diego y Mauro, que así se llamaban los dos jóvenes, volvieron de comerse unas hamburguesas a casa de sus tíos para saquear el mueble bar.

Al llegar a casa, se encontraron a su prima Sara, mayor que ellos (27 años),  sentada en el sofá hablando por teléfono con su novio. La chica, delgadita, poco pecho y culo de infarto, llevaba puesta ropa de andar por casa: un viejo top blanco y unos pantaloncitos cortos que usaba de pijama.

Los chicos se prepararon unos tragos y se sentaron en el sofá con su prima. No paraban de hacer juerga, y Sara dejó de hablar por teléfono indignada.

SARA: ¡a ver, no me dejáis ni hablar por teléfono! ¿Tengo que ser como vuestra madre o qué? – dijo enfurruñada.

MAURO: ja, ja, ¡mamita, mamita! Vos podés ser lo que queráis.

SARA: uff. Desde que no os veía os habéis vuelto unos salidos.

DIEGO: ¿salidos? ¿No recordás aquel juego cuando éramos más chicos de no sé qué beso-verdad-atrevimiento?

MAURO: sí, nos dimos unos piquitos, pero aquí mi hermano y yo nos tuvimos que pajear después.

SARA: lo que yo decía, unos salidos.

DIEGO: ¿salidos? ¡Acá sí que está salido! – el chico guio la mano de su prima hasta su paquete, donde se podía apreciar una buena erección.

SARA: ¡guarro!

Los chicos se apartaron y quitaron las camisetas. En sus cuerpos de deportistas se marcaban  las abdominales y los músculos de hacer mucho deporte, más que de ir al gimnasio.

DIGO: ¿disfrutás con esto?

Sara pasó un dedo por las abdominales de cada chico.

SARA: ya sois todos unos hombres. Seguro que volvéis locas a las chicas en Argentina.

MAURO: ¿Y acá en España? Ja ja ja.

Mauro colocó su mano en el muslo de su prima y le acarició sutilmente.

DIEGO: prima, ¿vos no querés coger? Vamos relocos contigo..

El chico se lanzó a besar a su prima. Ella al principio se resistió, pero finalmente venció a la tentación y siguió besándole mientras le acariciaba las abdominales.

Mauro le acariciaba las lisas piernas. Su mano saltó hasta sus pequeños pechos y los estrujó como si fueran esponjas.  Diego guio la mano de su prima hasta su paquete, y la apretó con una mano ahí.

MAURO: ¿te gusta mi verga?

Ella no respondió, pero le apretó el paquete y lo masajeó por encima de la ropa.

El chico le besó el hombro y el cuello y Diego, más directo, metió la mano por debajo del top y se ensañó con aquellos  dos pequeños y duros pechos.

Entre los dos le quitaron el top, y sus dos preciosos pechos turgentes salieron a la luz sin la protección de un sujetador.  Como si se tratara de lechones, los dos chicos se lanzaron a besar, chupar y morder aquellas dos tetas.

Mauro fue bajando con sus besos hasta besarle todo el vientre. Al llegar al pantalón, lo bajó con rapidez, y se puso a besarle desde la rodilla hasta llegar a sus pequeñas braguitas de Hello Kitty.

Sara gimió y Diego pudo ver cómo su hermano chupaba sin cesar el coñito de su prima.

La chica estaba concentrada en la comida de coño que le estaban haciendo, y se pegó un pequeño susto cuando de repente se encontró la polla erecta de Diego a su lado.

La agarró por la base, y le dio juguetones chupaditas con la punta de su lengua. Su primo le empujó un poco la cabeza, y ella se la mamó como si fuera una puta. Diego la tenía agarrada del pelo, y la guiaba para que se la chupara sin parar.

Cambiaron posiciones, y Mauro no paraba de decir palabrotas mientras que su prima se la comía.

MAURO: te tengo que coger, te tengo que coger!

Con desesperación, el chico cogió a su prima y tras levantarla en volandas la colocó a cuatro patas contra el brazo del sofá.

MAURO: ¡tenés mi pija!

Agarró con fuerza el culito de Sara, y se la metió de golpe. Comenzó un mete-saca rápido y salvaje que hacía gritar a Sara como si la estuvieran violando.

Diego, mientras tanto y sin dejar de masturbarse, se dedicó a escupir en el culo de su prima e introducirle un dedo.

El chico harto de excitación, se sentó al lado y les llamó la atención a los otros para que le hicieran caso.

Sara se levantó y se sentó de espaldas sobre Diego. Con habilidad, se metió su mástil de golpe y le cabalgó. Mauro le agarró la cabeza, y le metió la polla dentro.

Las tetitas de Sara saltaban, y su culito extendía pequeñas ondas con cada metida.

* * *

De repente sonó la puerta de la entrada. Los padres de Sara volvían.

Asustados, cogieron la ropa, y corriendo desnudos salieron pitando escaleras abajo hasta el garaje. Una vez allí, se vistieron como pudieron, y se metieron en el pequeño coche de Sara.

Salieron por el garaje sin rumbo fijo.

En el primer semáforo, todos se pusieron a reír para liberar tensión.

Mauro empezó a magrearla y le suplicó que fueran a algún sitio a terminar lo que habían empezado.

Sara les llevó hasta el oscuro parque del colegio donde había ido de pequeña. Estaba vacío y nada más detener el coche los dos chicos lanzaron sus manos como garfios hasta su cuerpo.

Salieron del coche, y tras abrir la puerta trasera, Diego se lanzó sobre Sara. Sin quitarle la ropa, guio su polla hasta su coño. Éste, aún estaba empapado, y el chico se la metió con facilidad. Su hermano se masturbaba en la calle viendo el espectáculo. Llegó un punto en el que el chico no aguantó más, y avisó que se iba a correr. Se sacó el pene, y soltó grandes chorros blanquecinos sobre el coñito y el pantalón de ella.

SARA: uff, me has dejado perdida. Voy a limpiarme.

Mauro impidió que lo hiciera, y se abalanzó sobre la chica cubriéndola con todo su cuerpo. La tenía aplastada y su pene pronto encontró su vagina.

La folló con fuerza, como un animal en celo.

El chico se levantó de golpe y se arrodilló sobre la cabeza de ella.

MAURO: ahhh, acabaré en tu carita de ángel…

Ella cerró los ojos, y el chico se masturbó a toda velocidad. Borbotones de semen manaron de su polla, y descendieron sobre los ojos, boca y rostro de su prima.

Limpiaron a su prima entre los dos hermanos y volvieron a hurtadillas a casa.

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