Con mi prima un amigo y yo

Los gritos de placer de Carmen se escuchaban en toda la habitación y eso hacía que mi verga se ponga más dura. Ariel que hasta ese momento había sido solo un observador, no aguantó la visión de la culeada que yo le estaba dando a mi prima, y quiso participar con nosotros. Mientras yo seguía dándole verga a mi prima, él se puso detrás de ella y comenzó a pasar su lengua por su ano.

El relato que quiero compartir con ustedes es quizás un poco diferente a la mayoría, ya que a mis 19 años dependo de una silla de ruedas para movilizarme. Soy un joven algo introvertido y mi madre siempre me ha protegido mucho, tal vez porque desde mi nacimiento me encuentro así.

A medida que pasaban los años se empezaron a despertar en mi los deseos que todo hombre tiene, pero mi única manera de calmar esos deseos era por medio de la masturbación. Deseaba tener la oportunidad de hacerle el amor a alguna chica, pero esto se me dificultaba por razones obvias.

Fue así que el día de mi cumpleaños vinieron muchos amigos y familiares a saludarme, entre los cuales se encontraba mi prima Carmen. Ella tiene la misma edad que yo, y siempre la he notado desinhibida y muy alegre. Durante la fiesta la observé moviéndose de un lado a otro, y mis ojos se situaban indefectiblemente en sus piernas y su trasero. Su cabello lacio enmarcaba un rostro sensual, y sus labios gruesos me hacían divagar con la sola posibilidad de besarlos.

Nunca me hubiese atrevido a proponerle que hiciéramos el amor, hasta que un día le conté mis inquietudes a un desconocido en un chat. No se porqué, pero le tomé confianza y poco a poco dejé que supiera cuanto deseaba poder poseer una mujer. Él me dijo que me ayudaría y para eso le pedí que viniese a mi casa para poder conocernos personalmente.

El día que lo invité a mi casa fue precisamente el día de mi cumpleaños, coincidiendo con la visita de mi prima Carmen. Cuando Ariel, que así es como se llama este conocido del chat llegó a mi casa, mi madre se extraño de su presencia ya que yo nunca había hablado de él. Además de eso era mucho mayor que yo, pero bastó que dijera que era amigo mío para que lo recibieran cordialmente.

Se los presenté a todos incluyendo a mi prima Carmen, y mientras transcurría la reunión vi que Ariel bailaba con ella en el centro de la sala. Él la apretaba mientras bailaban, y vi que le hablaba al oído provocando su risa. En un momento vi que ella asentía con la cabeza a algo que Ariel le había dicho, y mi curiosidad hizo que lo llamara para preguntarle de que se trataba.

Cuando se acercó a mi me dijo que cuando terminara la reunión nos iríamos los tres a su departamento. Quise preguntarle más cosas pero él me dijo que esperara y confiara en él. Mis manos sudaban y sentía que el tiempo no pasaba, deseando que todos se marcharan para irnos de ahí. Cuando se marcharon los invitados, Ariel le dijo a mi madre que iríamos a dar una vuelta en su coche, y que nos demoraríamos un poco. Al parecer esto no le cuadró a mi mamá, pero al verme tan entusiasmado accedió.

En el momento de subir al coche de Ariel, Carmen pasó a la parte trasera y yo fui en el asiento del copiloto. Mi silla la acomodó en la cajuela y partimos raudamente de ahí. Al parecer a Ariel le gustaba vivir al máximo, ya que corría como si el diablo lo siguiera. Mientras íbamos en el coche, Carmen nos pasaba latas de cerveza para que las tomáramos, y mis temores fueron desapareciendo poco a poco.

Esa noche estaba dispuesto a hacer de todo, así que bebí con ellos hasta que llegamos al edificio donde él vivía. Ariel me puso en mi silla y luego de subir en el ascensor llegamos al departamento.

Puso música ni bien entramos y sacó una botella de licor que empezamos a tomar. Carmen quería bailar con Ariel, pero él le dijo que bailara conmigo y la cargó sentándola sobre mí. Ariel movía mi silla de ruedas y Carmen pasó su brazo por mi cuello para no caerse.

El hecho de tenerla sentada así hizo que la verga se me parara al sentir sus nalgas sobre mi, y ella riéndose dijo, parece que mi primito ya ha crecido. Ariel se inclinó hacia ella y la besó en la boca, sin encontrar rechazo de su parte. Agarrale los senos, me ordenó y yo puse mis manos sobre sus pechos masajeándolos.

Ella se dejaba tocar por ambos, y me llamó la atención que cuando Ariel le puso la mano en su coño, ella abrió sus piernas para sentir como la tocaba por ahí. Vamos quítate el vestido le dijo Ariel, y ella se paró de la silla bajándose el cierre del vestido. Se quitó el sujetador y las braguitas, quedando desnuda ante nosotros. Que puta que es mi prima pensé, y los tres nos fuimos a una habitación donde había una gran cama.

Me desnudé como pude, mientras miraba como Ariel le metía mano a Carmen por todos lados. Cuando los tres estuvimos desnudos me pasé de la silla hacía la cama, quedando boca arriba. Ella al ver mi verga parada se inclinó para chupármela. Sus labios gruesos la recorrían, mientras Ariel se ponía detrás de ella y se la metía por la concha. Nunca pensé que mi primera relación sexual sería un trío, pero estaba dispuesto a todo esa noche.

Ella me miró a la cara y me dijo que no pensaba que se me podía parar, y le respondí que se sentara en ella para que lo compruebe. Subió a la cama y mirándome de frente se sentó sobre mi verga, cabalgando para sentir todo su grosor. Con mis manos agarraba sus senos y cuando ella se inclinaba hacia mí, los succionaba mordiendo con mis labios sus pezones.

Los gritos de placer de Carmen se escuchaban en toda la habitación y eso hacía que mi verga se ponga más dura. Ariel que hasta ese momento había sido solo un observador, no aguantó la visión de la culeada que yo le estaba dando a mi prima, y quiso participar con nosotros. Mientras yo seguía dándole verga a mi prima, él se puso detrás de ella y comenzó a pasar su lengua por su ano.

Los chillidos que emitía mi prima, delataban el placer que sentía y yo sentía los flujos que emanaban de su concha por los orgasmos que tenía. Luego ella se volteó hacia Ariel, y le dijo que se la clavara de una buena vez. Él no se hizo de rogar y enfiló su verga hacía el ano de mi prima. Ella apretaba sus dientes mientras la verga de mi amigo se introducía en su recto. En un momento ella se encontró ensartada por ambas vergas y se movía como una perra, disfrutando de la enculada. Después de un momento eyaculamos dentro de ella, y me sentí en la gloria al momento que derramaba mi semen en la concha de mi prima.

A pesar que me había corrido de una manera espectacular, tenía ganas de hacerlo otra vez, y Ariel se echó a un costado diciéndole a Carmen que me hiciera gozar nuevamente. Ella parecía incansable y me la empezó a chupar, lamiendo la cabeza de mi verga para limpiarme la leche que aun salía. Le dije que quería metérsela por el ano, y ella se puso en cuclillas sobre mi y agarrándome la verga se sentó sobre ella.

Esta vez se había sentado pero dándome la espalda, y yo la ayudaba a subir y bajar agarrando sus deliciosas nalgas. A pesar de que Ariel había dicho que él no iba a participar esta vez, se puso de pie en la cama delante de mi prima y le mostró su verga parada. Ella al verla la agarró y se la metió a la boca. Su ano apretado y la situación tan morbosa del momento hizo que me corriera en ese momento, llenando su culito con mi leche.

Luego de mi corrida me puse a observar como se la chupaban a mi amigo y podía ver como la puta de mi prima se la mamaba, hasta que él eyaculó en su cara. Ella limpió su verga, lamiendo hasta la última gota.

Esa noche en que dejé de ser virgen fue memorable para mi, y de ahí en adelante salíamos los tres a todas partes. Casi siempre terminábamos en el departamento de Ariel, culeándonos entre los dos a Carmen, ya que la habíamos convertido en nuestra puta particular.

Espero que les haya gustado.

Autor:jrosas

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Ayudando en un centro de deportes

Le quité el slip, apareció ante mí una pija maravillosa, no lo dudé y comencé a chupársela, él me miraba asombrado, pero no dijo nada, yo seguí chupando, y al cabo de unos instantes comenzó a gemir muy despacio y su cuerpo comenzó a reaccionar, por lo cual me animé a seguir cada vez con más fricción mi labor, no pudo más y soltó toda su leche caliente en mi boca.

Corría el verano en mi ciudad y en la mañana suena el timbre del departamento, yo desocupado y sin ganas de levantarme tan temprano fui a atender sin ganas, era mi amigo Ariel, que desde hace mucho no veía.

Como estaba en calzoncillos, lo invité a pasar que pronto lo atendería, lo encontré sentado en la banqueta de la cocina esperándome con cara de ansioso, luego de retarlo por la hora que era, (las 7:00 A.M.), él se disculpó, pero que valía la pena ya que me invitaba a formar parte de un programa de ayuda comunitaria, yo sin muchas ganas le dije que esos trabajos son mal pagos y que seguro no me gustarían, a lo que él me dijo, pero… ya que vos sabes algo de educación física podrías enseñar y ayudar en el C.E.N.A.R.D. (un centro donde se entrenan sólo los olímpicos del país), tanto fue su insistencia que accedí a acompañarlo esa mañana a inscribirme en el programa.

Fui con una remera y un jogging gris claro, para estar a tono con el lugar y su gente. En cuanto entramos, el aire era distinto, todo mundo haciendo ejercicios, corriendo, alongando, lo cual fue un poco volver a lo mío. Mi amigo me llevó a presentarme a las autoridades para inscribirme y luego a una oficina donde me darían la tareas a seguir, la mujer de la ventanilla me interrogó sobre lo que sabía y mi experiencia y luego de unos minutos de espera volvió con una planilla y una nota donde decía a donde había sido asignado, me entregó el papel y yo todavía con sueño sin leer el papel, acompañé a mi amigo que si lo leyó y nos fuimos al gimnasio inmenso que está al fondo del predio. Al llegar me presenta con unas personas de edad que me estrechan su mano firmemente y me prometen ayudarme en lo que necesitaré, luego de estas presentaciones me fui despertando y al rato le pregunté a mi amigo quienes eran:

¿Quiénes son estas personas que vimos y que estamos esperando? –dije.  Son los ayudante que junto con otro que todavía no vino. Uds. lo reemplazarán en las tareas de ayuda al equipo de gimnasia deportiva y al de natación- no vas a tener problemas son gente muy disciplinada que siguen al pie de la letra todo lo que les indicas- dijo él.

A los 10 minutos aparece un chico alto, de cuerpo bien fibroso, pelo negro al ras y ojos celestes, se presenta, como Marcelo, profesor de Educación física, luego de estrecharme la mano, se quedó conversando con mi amigo y noté que tenía unos pantaloncitos de algodón medio ajustados que le marcaban bien el bulto que tenía, la pija la tenía de costado y de tan fina que era la tela se le notaba el pliegue donde comienza la cabeza de la pija, además de los huevos bien grande y redondos, unas piernas algo velludas, pero muy fuertes, eso me calentó, pero preferí dejarlo pasar ya que íbamos a ser compañeros de trabajo y con mi amigo de por medio podría ser perjudicial para mí. Es así que Ariel se retiró y nos dejó solos para que combináramos alguna estrategia o plan de trabajo con los equipos.

¡Mira, podríamos empezar con mucha actividad para ver que resistencia aeróbica tienen, después ver la respuesta muscular de cada uno y luego de eso empezar con cada caso en especial los cuales nos repartiríamos para hacerlo más personalizado, yo, casualmente tengo una planilla de entrenamiento donde podemos empezar!  Dijo Marcelo muy enfocado en la tarea a seguir. No tengo ningún problema, empecemos con eso- dije.

Fueron apareciendo algunos de los integrantes del equipo de gimnasia, todos con pantaloncitos cortos, bien ajustados, de algodón, color celeste, y una remera ajustada de color blanco, todos tenían unos cuerpos espectaculares, una vez todos presentes, nos presentamos, ellos eran adolescentes de hasta 21 años, que nos atendían y asentían a todo lo que referíamos, luego de la charla nos separamos en grupos y me llevé a mi equipo al otro lado del gimnasio separado por un campo de básquet y unos tabiques de madera bien altos, donde había una oficina para poder llenar las planillas, en camino a la oficina comencé a leer de que se trataban los datos a llenar y con sorpresa veo:

– estatura
– peso
– diámetro brazos
– diámetro piernas
– diámetro cintura
– diámetro pecho
– densidad y composición de musculatura
– Operaciones anteriores
– Hernias.

Me quedé perplejo al ver todo lo que tenía que hacer, la perplejidad dio paso a la calentura que me dio al ver esos culos bien marcados y musculosos de los muchachos, así que antes de llegar a la oficina, les comenté los que íbamos a hacer y que mientras llame a uno, los otros se quedarían alongando y practicando hasta terminar la rutina, contestaron a la vez, ¡si señor!  Todo fue de maravillas midiendo y respetando a raja tablas lo que la planilla pedía, trataba de concentrarme profesionalmente dejando de lado el hecho de tocar esos cuerpos perfectos y firmes, de jóvenes que no oponían resistencia a cualquier pedido mío. Hasta que finalmente llamé a Juan Miguel, de verlo entrar me impactó, 1.80, morocho, pelo enrulado, ojos negros, me quedé impresionado por su belleza y su masculinidad, al escucharlo hablar, le pregunté de donde era. ¡Soy venezolano, y estoy aquí, por intercambio, así que debo esforzarme mucho para lograr buenas marcas, es por eso que estoy a su disposición total para lo que necesite!

Al escucharlo me dio un temblequeo interior que no podía controlar, pero sabía que si lo hacía bien íbamos a quedar satisfechos ambos y le dije: Como sabrás este es un día muy especial para ti, si sigues mis instrucciones al pie de la letra podrás formar parte del equipo de lo contrario…  Juan Miguel interrumpe diciendo: ¡Por favor no piense eso haré todo lo que Ud. me pida para pasar exitosamente las pruebas, realmente estoy obsesionado por aprender sus métodos de enseñanza, ya que yo no tengo idea de cómo se inician las prácticas, ni de cómo hacer los ejercicios, así que le haré caso en todo.-dijo incrédulamente. Realmente le tengo que sacar jugo a esta situación, este chico está muy sumiso a mí. Pensé…

Comenzamos las pruebas, estatura, le indiqué donde estaba la báscula donde también hay un centímetro, lo apoyé en su cabeza, le tomé el pecho y le dije más erguido, por favor…- ¿así está bien señor?-preguntó… -Si, así está bien-con voz firme, dije. Vamos a ver el peso. Como lo había colocado mirando hacia la pared, noté que las pesas de la balanza estaban justo en frente de su increíble bulto, se notaba su verga en reposo gruesa, mirando hacia un costado y abajo, y las bolas bien redondas y contorneadas, de buen tamaño, sus piernas musculosas y anchas y sin vellos y su estrecha cintura, un cuerpo espléndido… estuve como dos minutos observándole el bulto, midiéndole la pija, o que tamaño tendrías sus huevos, realmente eran enormes…  Empecé a mover las pesas y rozaba mi mano en su bulto con cada movimiento que hacía de las manos, lo tocaba o rozaba, él seguía con la vista arriba y al frente como se lo había indicado, tenía el paquete en reposo, y eso me gustaba…

Acuéstate en la camilla boca arriba que te voy a medir las extremidades- dije. Si señor- contestó y se subió a la camilla con las manos a los costados y cerró los ojos… le tomé un brazo (fuerte y musculoso), se lo medí, mientras giraba hacia el otro lado de la camilla para medirle el otro brazo, puse mi mano entre el elástico de la cintura y el bulto de su pija, ahí noté aún más el grosor de su pija al sentirla en la palma de la mano, mientras doblaba hacia el otro lado, él instintivamente abrió sus piernas, era un acto reflejo, nada deliberado, observé, le medí el otro brazo y le tomé la pierna y se la separé algo del centro, noté que su short se abrió algo por debajo, dejando ver el bulto de sus huevos a través de un slip blanco, le medí la pierna, la otra y al abrirle la pierna, el short se abrió y por debajo pude ver el bulto de su verga que sobresalía del slip. ¡A ver la cintura! dije autoritariamente…

Él levantó la cola hacia arriba y como estaba boca arriba aún, mientras estaba así, puse mis labios un su verga, aprovechando que seguía con los ojos cerrados, tomé la cinta de medir, la pasé por debajo y a la altura del ombligo uní las dos puntas de la cinta, lo mismo hice con su pecho, sus tetillas estaban erectas, quizás por el roce, lo que me enloquecía… Yo casi no hablaba… tragaba saliva a cada rato… empezaría la densidad muscular. ¡Sácate la remera! -le ordené… y empecé a tocar todos los músculos de su pecho, sus brazos, su cuello, todos ellos estaban fuertes y desarrollados, su estómago bien marcado por la gimnasia dejaba ver el tenue vello púbico que se perdía por entre el elástico del short, con la palma de la mano comencé a tallar cada músculo de su estómago cada tanto mi mano se chocaba con el short y entonces comencé a meter la mano por debajo de elástico, lo levanto algo y me quedé disfrutando como sus vellos se sentían al tacto, lograba sentir el elástico superior del slip, abrí sólo un poco más el short para ver que había… y me encontré con el bulto más hermoso que había visto, la pija bien gruesa y en reposo y atrás las bolas bien redondas que ocupaban toda su entrepierna y se perdían por entre ellas…

¡Boca abajo! Ordené. Así lo hizo inmediatamente y toqué toda su fuerte espalda, llegué a la cintura y comencé a delinear su cola, perfecta, le bajé el short y por debajo del elástico de las piernas del slip comencé a tocarle los cachetes del culo, le abrí algo más las piernas y comencé a tocarle donde terminaban las bolas y empezaba la raya del culo, corrí el elástico del slip y le vi el agujerito del culo, con casi nada de vellos, le abrí los cachetes y empecé a acariciarle la entrada del ano con el dedo índice, traté de meterle un dedo, pero se cerró inmediatamente, con lo que deduje que era virgen, me mojé con saliva el dedo mayor deposité esa saliva en ese agujerito y comencé a girar el dedo, lo dejé… subí el short y le dije: ¡boca arriba!… Entonces le pregunté de sus operaciones anteriores, ya notando que su pija estaba más gorda…

Comencé a buscarle posibles hernias… apreté su estómago con tres dedos, por encima y debajo del ombligo, entonces tragué saliva, respiré hondo y fui metiendo la mano suavemente, por debajo del elástico del short en dirección a su ingle, de camino me topé con el bulto de su verga, la cual dio un respingo, comencé a presionar la ingle y con cada vez que apretaba me adentraba más dentro de su slip. Comencé a palpar por encima de mis dedos en esa zona, el peso de su verga, mientras presionaba esa zona abría algo más los dedos entre sí para encerrar su pija entre ellos, comencé a usar más dedos en la zona, sus huevos no me cabían en una mano y parecían inflados de leche, los masajeaba, me di vuelta y vi su rostro… ojos cerrados y comiéndose el labio superior, su pija estaba ya, fuera de cualquier reposo, le bajé el short hasta media pierna y después él se lo bajó hasta los tobillos, comencé a masajear toda la tela del slip y a seguir toda la extensión.

Lo vi tan delicioso que me lancé, le quité el slip, apareció ante mí una pija maravillosa, no lo dudé y comencé a chupársela, él me miraba asombrado, pero no dijo nada, yo seguí chupando, y al cabo de unos instantes comenzó a gemir muy despacio y su cuerpo comenzó a reaccionar, por lo cual me animé a seguir cada vez con más fricción mi labor, él no pudo más y soltó toda su leche caliente en mi boca, que sin desperdiciar una gota, la bebí toda, hasta dejarlo totalmente limpio.  Yo quería más, pero ya habíamos pasado mucho tiempo a solas y debía atender a los otros jóvenes, así que le dije que no habíamos terminado, que deseaba tener esa pija, que nos veríamos al salir del lugar, en donde nadie pudiera notar lo que pasaría entre nosotros y pudiéramos disfrutar a pleno de nuestros cuerpos.

Lo que sigue, lo relataré en otro momento…

Saludos.

Autor: El asistente

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Leticia y una fría mañana de julio

Ariel comenzó a besarle las tetas a Clara, tenía la conchita bien húmeda, necesitaba la verga de Ariel en mi boca, la deseaba como el aire, mientras él le mordía las tetas a ella me puse a chupársela, mientras comía esa hermosa verga, Clara empezó a chuparme la conchita, me tocaba el clítoris y me enloquecía, todo el placer que recibía me daban más ganas de chupar esa verga.

Una y mil veces pensé que los relatos que leía en la web eran inventos, pero como dicen, siempre hay una primera vez. Soy una mujer de 29 años, vivo en la capital de Argentina. Mi nombre es Leticia y estoy casada desde hace cuatro años con Ariel, soy alta, rubia y grandota, mis medidas son 105-70-100 y hasta este hecho que he decidido contarles mi vida sexual era activa, pero muy normal.

Todo comenzó una fría mañana de julio, me dirigía a mi trabajo en el centro. Ya en el subte, logré sentarme, cosa bastante complicada por la mañana, lo cierto es que desde que subí, me llamó la atención una mujer que estaba sentada a mi lado, era una cara conocida, pero no lograba recordar de donde. Llegó la estación donde debía bajarme y esta mujer, se levantó y bajó en la misma estación que yo. Mientras intentábamos salir por el molinete la miré fijo a los ojos, intentando reconocerla, al mismo tiempo ella me sonrió y saludó.

– Hola Leti, ¿cómo estás, tanto tiempo? La mire intrigada… – ¿No te acordás de mí? – Soy Clara, la hermana de María Juárez, ¿te acordás?

Ahí reaccioné, María Juárez era amiga mía de la época del secundario, y esta mujer, que me había intrigado durante todo el viaje, era su media hermana, era mucho más grande que nosotras, pero un par de veces había salido con nosotras en aquellas épocas del secundario, Clara tenía ya cuarenta y dos años, pero realmente no los aparentaba.

– ¿Cómo estás? Pregunté sorprendida por su imponente presencia, estaba vestida con un traje azul que le sentaba muy bien. – Muy bien, me parecías conocida cuando subiste, pero pensé que vos ni te acordabas de mí. – Como no me voy a acordar, que fue de la vida de María. – Se casó, hace un par de años y se fue a vivir a Costa Rica. – Mira que bien, y vos en que andas. – En nada fuera de lo común vengo a trabajar, pero discúlpame, ahora estoy bastante apurada porque llego tarde, pero si querés un día nos juntamos y charlamos.

Nos pasamos los teléfonos y cada una siguió su camino, no entendía que era exactamente lo que me había pasado, pero como nunca en la vida me había sentido atraída por una mujer, Clara despertó en mí una sensación hasta aquí inédita. Esa noche, al tener sexo con Ariel me excité muchísimo imaginando a Clara entre nosotros, y gocé de un orgasmo maravilloso. Al día siguiente tenía ganas de llamarla, de verla otra vez, pero la verdad es que no me animaba, así que dejé pasar el tiempo, una semana después, estando en el trabajo, me pasan una llamada, y era ella.

– ¿Hola Leti? Soy Clara, ¿te acordás? – Si, por supuesto… – Bueno, si querés nos encontramos, tomamos algo y charlamos. – Dale…

Nos encontramos, a las siete de la tarde en un bar céntrico, y estuvimos charlando hasta casi las diez de la noche, nos contamos muchas cosas de nuestras vidas, y la pasamos muy bien, yo, volví a sentir la misma atracción que la mañana aquella en que nos encontramos. La charla fue muy amena, hasta que se puso… digamos que un tanto caliente. Clara me preguntó:

– Y tu matrimonio, ¿cómo va? – Muy bien, la verdad que con Ariel encontré el paraíso. – ¡Bueno! Contame como es. – Tiene 26 años, es alto y no es para ser fanfarrona, pero, ¡es muy lindo! Nos reímos y de pronto, Clara dijo algo que me excitó mucho. – ¡26 años! ¡Que bombón! Lo bien que te debe tratar en la cama, ¡un bebito te buscaste! – Si, pero además de eso es un muy buen tipo. – A bueno, entonces déjamelo ver, porque debe ser de mentira. – Si querés, venite a comer a casa algún día. – dale.

No se bien por qué, pero lo cierto es que ese diálogo, me dejó bien calentita, a tal punto, que esa noche como estaba sola en casa, me hice un pajita deliciosa, ya no tenía dudas, quería que Clara entre en mi cama, me la imaginaba entre Ariel y yo, y volaba de calentura. Lo cierto es que un día arreglamos y vino a comer a casa, cuando entró, noté como Ariel la miraba y eso me gustó, Clara era casi tan alta como yo, pero de medidas más suaves, aproximadamente 95-60-100, tiene un cuerpo muy lindo y armónico que llama la atención enseguida, es morocha y súper simpática. Clara me acompañó a la cocina para ayudarme con la comida, apenas quedamos solas me comentó lo siguiente:

– ¡Que bien guardado te lo tenías! Que lindo es Ariel, la verdad debes ser la envidia de todas tus amigas.

Me hice la tonta y le cambié el tema, creyendo que todo era producto de mi imaginación y de la sensación que me generaba tenerla en mi casa y el deseo que despertaba en mí. Todo transcurrió dentro de lo normal, comimos y charlamos de nuestras de vidas, de su media hermana, de mi trabajo, del trabajo de Ariel y de cosas por el estilo. La noche cambió radicalmente cuando ya instalados en el sillón y charlando de la vida Ariel tomó la posta de las preguntas:

– Y vos Clara, ¿estás casada, en pareja, divorciada, a que club perteneces?

Clara, con cara de pícara contestó:

– Al club del placer. – ¿Y como es eso? – Es un club en el que haces lo que querés, cuando querés, con quien querés… y está muy bueno. – A qué te referís con lo que querés…

Yo observaba la situación y escuchaba atenta, estaba increíblemente excitada, y ni siquiera sabía de qué se trataba realmente.

– Me refiero, a que si me gusta un hombre, lo busco, si me gusta una mujer, la busco…

Me quedé asombradísima, y notaba en la cara de mi marido, la expresión de calentón que lo distingue.

– Debe estar bueno… -dijo Ariel. – Es hermoso, y mucho más hermoso cuando lo que imaginas lo haces realidad. – Me imagino – acoté temerosa y excitada como estaba.

Clara me miró fijo y casi obligándome a responderle me preguntó:

– ¿Qué te imaginas? Contanos. No recuerdo como hice para juntar coraje, pero lo junté… – Imagino tantas cosas… – Contame, no me dejes así… – me dijo Clara. – La verdad, me intrigas… desde que te vi, te imagino en la cama entre Ariel y yo…

La cara de mi marido era espectacular, lo notaba muy excitado, y yo no podía creer lo que había dicho. Clara, no dijo nada, solo nos miró y avanzó sobre el sillón donde yo estaba sentada, se acercó hasta mi boca y me dio un beso hermoso, suave y caliente. Su lengua entró y salió de mi boca, y me estremeció. Mientras me besaba comenzó a acariciar mis tetas, haciendo hincapié en mis pezones, que estaban durísimos. Yo me dejé llevar, dejé que me toque toda, comencé a tocarle las tetas, cuando paramos de besarnos, Clara miró a Ariel, que se estaba tocando, después depositó su mirada en mí y me preguntó:

– ¿Y si le hacemos mimitos?…

Nos acercamos a Ariel, Clara le dio un beso de lengua, y se agachó hasta su verga, la sacó y me pidió que entre las dos chupáramos esa pija. Ariel volaba de calentura, tenía la verga durísima, y entre las dos besamos primero la cabeza y después Clara se la introdujo toda en su boca, Ariel tiene una verga hermosa, de unos 18 centímetros y bastante gruesa, la chupábamos un ratito cada una, de vez en cuando nuestras lenguas chocaban y nos besábamos, poco a poco nos fuimos quitando la ropa…

Ariel comenzó a besarle las tetas a Clara y verlos me calentaba sobre manera, tenía la conchita bien húmeda y caliente, necesitaba la verga de Ariel en mi boca, la deseaba como el aire para respirar, entonces mientras Ariel le mordía las hermosas tetas a Clara me puse a chupársela, mientras comía esa hermosa verga, Clara empezó a chuparme la conchita, ¡que delicia!

Chupaba y metía sus deditos en mi jugosa concha, me tocaba el clítoris y me enloquecía, todo el placer que recibía me daban más ganas de chupar esa verga, estaba tan caliente que no aguantaba más, sentía que estaba por acabar en cualquier momento y Clara chupaba mi conchita con toda su lengua y con cuatro dedos me tocaba todo mi interior, estaba por acabar cuando Ariel me llenó la boca de leche, acabamos casi al mismo tiempo, mientras mi conchita chorreaba Clara no paraba de chupar, tuve un orgasmo hermoso, unos minutos después, Ariel, con su pija parada todavía, comenzó a penetrar a Clara, se movía lenta, pero firmemente sobre Clara, no tardó mucho mi amiguita en acabar, gritó como loca con la pija de mi marido adentro.

Apenas acabó se la pidió por la cola, Ariel, que ama el sexo anal, le dio vuelta violentamente, Clara metió su mano en su concha y se lubricó la cola con sus juguitos vaginales, Ariel apoyó en ese culo hermoso la gruesa cabeza de su pija y la insertó de una, comenzó un bombeo infernal en el culazo de Clara, me acerqué a la boca de Clara y volvió a chuparme la concha mientras su culo se comía la pija de mi marido. Clara volvió a acabar, esta vez desesperadamente, Ariel sacó su verga y me la puso en mi conchita, duró un par de minutos y me volvió a llenar de leche calentita, cuando la sacó, Clara se la limpió con la lengua y quedamos exhaustos, besándonos entre los tres.

Fue la noche más hermosa de mi vida sexual, desde esa noche, necesito a mi marido y a una mujer en mi cama, adoro los tríos, con Clara lo hicimos algunas veces más, ahora estamos a la búsqueda de una mujer que sienta lo mismo que yo, entre tanto con Ariel seguimos teniendo sexo maravilloso, aunque en mi interior creo que para lograr el placer máximo necesito además de la hermosa pija de mi marido una conchita para chupar y para ver como Ariel la coge. Espero que les haya gustado este aspecto de mi vida, espero sus comentarios. Un beso a todos.

Autor: Rocio

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