Mi primo Armando

Después de un rato de delicioso metisaca, un tiempo que me pareció brevísimo que yo hubiera querido prolongar, oí, qué ricura de culo el tuyo, primo. Está más sabroso y rico de lo que imaginaba, ya me estoy viniendo, primo, ya sale mi leche, me provocó una gran alegría haberle proporcionado aquel rato de intenso placer a mi querido primo.

Cuando mis padres me avisaron que mi primo Armando vendría a vivir con nosotros, no supe si ponerme contento o sentirme molesto. El motivo era que la carrera que pretendía estudiar no la había en la Universidad de la ciudad en donde vivía y mis padres, enterados de ello, y le ofrecieron ayuda.

Su nombre era Armando Ríos y sus amigos le decían Armando Líos pues, por su carácter explosivo, su valentía y atrevimiento, era el primero en entrarle a un pleito cuando surgía una discusión en la competencia deportiva, en un encuentro entre grupos de adversarios o por una diferencia en una reunión de compañeros de escuela Yo, que antes vivía en la misma ciudad que él, lo conocía bien y sabía, mejor que nadie, que en el fondo era un muchacho noble, compañero leal y amigo confiable. Sin embargo había un detalle que hacía que mi relación con él no fuera totalmente buena y ese era la broma que, constantemente me acostumbraba hacer y que, aunque yo trataba de no darle importancia me hacía sentir una molesta incomodidad.

Para comprender lo anterior hay que advertir que nuestras características eran totalmente opuestas. Por ejemplo, aunque teníamos la misma edad (él sólo cuatro meses mayor)en lo físico éramos totalmente diferentes, él era alto, 1.82 de estatura, de piel morena clara, pelo negro y unos ojos oscuros que al mirar lo hacían de frente y con un descaro que sentías que penetraba en ti hasta adivinar tus más íntimos pensamientos; yo era de piel blanca, pelo rubio y ojos azules que reflejaban cierta inseguridad y timidez: su cuerpo era, además de complexión atlética y, cuando corría, saltaba o se estiraba levantando los brazos, su cuerpo era una sinfonía de armoniosa exhibición de músculos prominentes o en tensión y sus piernas, brazos y pecho (nunca vi lo demás) estaban cubiertos de una vellosidad que, sin ser exagerada lo hacía lucir sumamente varonil; yo, por el contrario era más bajo de estatura, 1.70, esbelto sin ser flaco, por lo que sin tener huesos salientes, si carecía de músculos voluminosos.

Su voz era grave y potente y la mía suave y calmada y mi cuerpo, salvo la zona pélvica y las axilas, era totalmente lampiño. La broma a la que me refería arriba era que, en el momento más inesperado, cuando platicábamos, ya sea de noche, en el jardín de la casa o durante el día, dentro de ella, me miraba fijamente, me tomaba la cara por debajo de la barba, me levantaba la cabeza (era más alto que yo) y, viéndome a los ojos, me decía: -Primo, qué bonita cara tienes, me gustan tus ojos, tu boca, tu pelo, tu piel, Tú deberías de haber sido mujer. Mi respuesta era siempre de enojo: -No me gusta que me digas eso, primo, siento que me tratas como si fuera marica.

Con el tiempo, me fui acostumbrando a esa broma que, al principio me parecía ofensiva, pero que agradecía que nunca me la dijera delante de los demás, sino únicamente cuando estábamos a solas.

A los quince años de edad, por necesidades de trabajo de mi padre, hubimos de cambiarnos de ciudad y perdí el contacto con él, ahora que teníamos dieciocho volveríamos a encontrarnos.

A pesar de que había una habitación vacía, mis padres acordaron que, para que no se sintiera solo, mi primo durmiera en la misma habitación que yo puesto que había ahí dos camas de las cuales, lógicamente sólo ocupaba yo una, a lo que no me opuse.

Fuimos a recibirlo al aeropuerto, su aspecto me impresionó, a nuestra edad, tres años marcan cambios notables y se lo dije, el opinó lo mismo de mí; y algo importante que descubrí, en ese momento, es que le tenía un gran afecto, cosa que nunca había yo reconocido. Después de los saludos y abrazos de rigor, nos dirigimos a casa, llevamos su maleta a mi habitación y, mientras paladeábamos la deliciosa cena servida por mi madre, conversamos largo rato. Luego nos dispusimos a ir a nuestra habitación.

-Espero que no se desvelen mucho, chicos -dijo mi madre-mañana hay que levantarse temprano porque tengo ya un programa de actividades para agasajar a Armando, como se lo merece, llevándolo a conocer esta ciudad ¿De acuerdo?-Buenas noches -nos despedimos.

Ya en nuestras respectivas camas la plática se alargó recordando los mil incidentes vividos juntos y haciéndonos las confidencias de nuestras recientes aventuras amorosas, hablando de nuestras novias y de nuestras escasas experiencias sexuales, procurando superar cada uno, con su relato, lo que acababa de contar el otro, hasta que se oyó la voz de mi madre que nos gritaba desde su habitación, que estaba junto a la nuestra. —Ya, muchachos, duérmanse, mañana continuarán platicando; se están desvelando y, además, no nos dejan dormir a nosotros.

Nos quedamos callados hasta que oí a mi primo decirme en voz baja.

-Si no tienes sueño, primo, ¿puedo pasarme a tu cama, para platicar un rato más en voz baja? Hay mucho que contar de estos tres años que estuvimos separados.

Sin pronunciar palabra, moví la cabeza en señal de asentimiento y mi primo se levantó de su cama. No llevaba puesta ropa de dormir (yo tampoco la uso) y pude observar su cuerpo mientras caminaba hacia mi cama. El cuerpo de mi primo no era ya el de un muchacho, era ya todo un hombre con una figura estupenda, parecía haber alcanzado ya un grado de madurez física que lo hacía verse espectacular, ese atractivo juego de sus músculos en todas las partes de su cuerpo que parecía haber alcanzado ya su pleno desarrollo. Sentí una gran admiración por él; admiración que hubiera sido envidia si no le hubiera tendido el afecto que acababa de descubrir que le tenía.. Me recorrí hacia un lado para dejarle lugar y, levantando las cobijas se metió a la cama pegándose a mí.

A partir de ese momento empezamos a hablar, muy unidos uno al otro y casi en secreto. Una extraña sensación, semejante a una corriente eléctrica recorrió mi cuerpo al contacto con el suyo, traté de controlarme y lo primero de lo que se me ocurrió hablar, no sé por qué, fue de aquella broma del pasado.

-¿Te acuerdas, primo, de la frecuente broma que me hacías respecto a mi cara, que supongo te parecía un poco infantil y que en aquel tiempo yo tenía? Ahora ya no podrías decirme lo mismo, he cambiado.

Y mientras hablaba volví a sentir aquella sensación de extraña incomodidad de otros tiempos.

-Ahora mi cara se ha endurecido y creo que luzco más varonil. Sigo siendo lampiño, pero, como dice un amigo, es que tengo la barba cerrada, tan cerrada que no me sale -y reprimí la risa para que mi madre no nos escuchara. -Te equivocas, primo, sigo sintiendo tu piel tierna, dulce y suave como antes y, debo confesarte que, lo digo sin que vayas a ofenderte, me excita sentir en mi piel, la tersura de la tuya.

Sentí una súbita incomodidad que me hizo voltearme de espaldas a él como si quisiera decirle con ello que sus palabras me molestaban y no quería escucharlo y para ocultar el inicio de una erección que no podía controlar.

Mi primo pegó su cuerpo al mío y su pene, con una tremenda erección, quedó colocado en medio de mis nalgas, las palpó acariciándolas y masajeándolas. -¡Qué lindas nalgas tienes primo, tú debiste de ser mujer!—repitió la broma de siempre, haciéndola ahora más atrevida-Lo siento, primo, desde hace mucho, no sé desde cuándo, tengo esa fijación en mi cabeza y mi gran fantasía es poseerte, penetrándote con mi falo que está, como puedes sentir, tremendamente duro por ti, cada vez que te recordaba mientras estabas lejos, ansiaba tenerlo dentro de ti, penetrando en tus entrañas con todo el amor de que soy capaz, porque, te lo aseguro, lo que me motiva no es morbo ni vicio, sino un sentimiento que no logro explicarme, primo, ni lo logro reprimir; he llegado a masturbarme pensando en ti, sin embargo, te quiero y te respeto tanto que nunca haré nada contra tu voluntad, si tú me lo pides, en este momento me levanto y me regreso a mi cama. Como si tratara de impedir la penetración, metí mi mano entre su cuerpo y el mío, quedando entre mis dedos su calientísimo y descomunal falo (largo, grueso y puntiagudo). Sentir esa barra de carne ardiente, palpitando de deseo por penetrar en mí, me perdió y. sin poderme contener, le pregunté en voz baja.

-Espera primo, eso nunca lo he hecho, ¿me prometes que todo lo que pase esta noche en esta cama, quedará entre nosotros y no lo sabrá nadie?—Claro, primo, será nuestro gran secreto. -¿Me lo prometes? insistí.

Como si esa pregunta hubiera sido mi aceptación, sentí sus dedos ensalivados lubricando mi ano, mientras me decía, con sus labios pegados a mi oído, en una tono de alegre regocijo.

-Te lo repito PITO y te lo prometo METO.

Sentí los espasmos de su risa contenida, celebrando, él mismo, su curioso juego de palabras, al tiempo que su glande intentaba penetrar suave, pero firmemente en mi culo, ya en ese momento dispuesto a la penetración.

-Espera, primo, así no —me apresuré a protestar pensando, en mi inexperiencia (nunca lo había hecho) que eran necesarios algunos otros preliminares antes de la penetración.

-Tienes razón, si vamos a hacerlo, hay que hacerlo bien. Y, volteándome boca arriba, levantó mis piernas poniendo mis talones sobre sus hombros y, de un solo empujón metió su dulce, cálida y amorosa herramienta hasta lo más profundo de mis entrañas.

Nunca pensé que, algún día eso me iba a pasar; sobre todo con mi primo y mucho menos llegué a imaginar el enorme placer que invadió todo mi cuerpo, la sensación, pasado el dolor inicial, era de intenso placer, tanto que me hizo exclamar, conteniendo el volumen de mi voz para no gritar: -Así primo, así, métemela toda. Me estás llevando al paraíso. ¡Qué ricura, primo! ¡Qué enorme placer! Tienes una verga deliciosa. Dale duro, empuja, empuja fuerte, primo. Métela toda. Quisiera que no la sacaras nunca. Nunca. Sigue, primo, sigue. Así, no te detengas… Y cooperaba con mis movimientos llenos de entusiasmo y pasión agilizando la penetración.

Después de un rato de delicioso metisaca, un tiempo que me pareció brevísimo y que yo hubiera querido prolongar hasta el infinito, oí, nuevamente en un íntimo secreto dicho entre gemidos acallados, junto a mi oído.

-¡Qué ricura de culo el tuyo, primo! Está más cálido, sabroso y rico de lo que imaginaba! Nunca había penetrado en un culo tan delicioso. Ya me voy a venir, ya me estoy viniendo, primo, ahí van, ya sale mi leche, ya sale y es para ti primo…Tómala ya, ya, yaaaaaaaaaaaaa.

Sentí una felicidad enorme, me provocó una gran alegría haberle proporcionado aquel rato de intenso placer a mi querido primo, porque en ese momento confirmé cuánto lo quería.

Sacó su satisfecha pija de mi satisfecho y recién desvirgado culo, se recostó junto a mí y emitió un profundo suspiro.

-Gracias, primo -me dijo satisfecho.

Mi pene estaba a punto de reventar, lo tomé con mi mano en un movimiento compulsivo y empecé a masturbarme con mucho empeño acelerando poco a poco para calmar mi calentura.

-Espera, primo, me detuvo la mano, es justo que ahora yo corresponda a este generoso regalo que me has hecho.

Se incorporó, poniéndose de rodillas, luego se inclinó y se puso en cuatro, adoptando la posición de perrito y volteando a verme.

-Es todo tuyo, primo -me dijo sonriendo-ponle mucha saliva y hazlo con cuidado. También es mi primera vez…

Extremando las precauciones, primero para no lastimarlo y después para no ser escuchados, previa la ensalivada de rigor, inicié la penetración que me supo a gloria y me elevó a las alturas del máximo placer. Nunca en la vida, con ninguna mujer (relaciones con hombres no había tenido) disfruté del sexo anal como la noche que mi candente tranca penetró, entre los vellos que rodeaban el exquisito ano de mi primo Armando.

Ya satisfechos ambos, permanecimos largo rato, acostados uno junto al otro, en silencio, tomados de la mano. Antes de que se pasara a su cama, le pregunté en secreto, acercando mis labios a su oído..

-¿Vendrás mañana a mi cama, antes de dormir?-Claro que si, primo-y agregó con picardía-, te lo repito PITO y te lo prometo METO, y haciendo un simpático guiño con uno de sus hermosos ojos negros se pasó a su cama a dormir.

Como de costumbre, sus comentarios y críticas, favorables o no, serán bien recibidos.

Autor: Aquel

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Mi hermanito es un tragón

La verdad es que Armando tenía unas nalgas de lo más apetecibles, le di un par de azotes con mi mano, me unté el dedo medio con vaselina y se lo metí hasta el fondo, que apretado y cálido culo, sin duda iba a gozar con él, después de unos minutos de estimulantes masajes venía el momento de la verdad, separé sus nalgas y le clavé toda mi tranca de un solo empujón.

Me llamo Gabriel y tengo 22 años, mi hermano Armando tiene 18 y acaba de entrar a la universidad donde yo estudio. Él y yo siempre tuvimos mucha confianza, éramos como uña y mugre, para había una faceta de él que no conocí hasta hace una semana.

Hablando con unos amigos míos me dijeron que hay un chamo (Joven) que mamaba miembro (pene, verga) por 1000 bolívares, en el baño de hombres del tercer piso, llegué más que todo por curiosidad y en efecto una larga fila de chamos de todos los cursos esperaban por entrar a uno de los cubículos, busqué a mi hermano Armando para que viniera conmigo pero no lo encontré.

Por fin llegó mi turno, me sentí algo nervioso pero excitado a la vez, entré al cubículo que en una de las paredes tenía un hoyito del grosor suficiente para introducir una verga, había visto tanto aquellos casos que se me paró de inmediato, unos dedos se asomaron por el hoyo, evidentemente pidiéndome el pago, le di los mil bolívares, inmediatamente me bajé los pantalones y los interiores hasta las rodillas, mi pene estaba completamente tieso, con sus 22 cm parecía un puñal de carne, estaba bastante grueso y unas venas se marcaban.

Introduje a mi compañero por el agujero, al cabo de unos momentos, sentí como toda su longitud quedaba inmersa en una cálida y húmeda boca, comenzó el movimiento felatorio, yo me acariciaba el pecho, al abdomen, las bolas y hasta las nalgas, en verdad ese chamo era un experto chupador, lo succionaba como si me lo fuera a arrancar, pasaron 5 minutos cuando comencé a sentir los indicios de la eyaculación, acompañado de rítmicas convulsiones expulsé a chorros toda mi leche blanca y caliente, me limpié con un poco de papel, me subí los interiores y los pantalones y salí como si nada.

En la casa vi de nuevo a Armando y le conté todo, le dije que fuéramos mañana, pero se rehusó diciéndome que tenía un compromiso, pero que me acompañaría un día de estos, en efecto fui al día siguiente y volví a entregarme al barato placer de una mamada, en los próximos días me volví casi adicto a ese agujero, cada vez que tenia un rato libre o una preocupación por un examen me desahogaba con la boca de aquel anónimo pero complaciente servidor.

Ya llevaba una semana asistiendo religiosamente al cubículo, cuando pasó algo que nunca imaginé, como siempre dos dedos se asomaron por el agujero para recibir el pago, cuando vi que uno de ellos tenía puesta una curita, de repente recordé que Armando se había cortado el dedo en la clase de mecánica y el profesor le había puesto una curita, era una tontería, no podía ser Armando, ¿pero porque nunca fue al cubículo como todos los demás? y siempre me ponía una excusa cuando lo invitaba.

Le dije que me esperara, salí y tranqué la puerta con seguro, ese día era el único que había ido, así que no había nadie más, dejé que me lo mamara y fingí arreglarme e irme, pero en realidad me oculté en el cubículo contiguo, acuclillado sobre la poceta para que no me viera, después de unos momentos oí abrirse la puerta del cubículo del mamador, oí que abría el lavamanos y se lavaba la boca y las manos, por la parte inferior de la puerta confirmé mis sospechas, eran los zapatos de Armando, mi hermano era el que había saboreado mi verga tantas veces, lo perturbador de la situación era lo que más me excitaba.

Después que Armando terminó de lavarse, se dirigió a la puerta para salir, pero yo la había trancado, intentó abrirla por la fuerza hasta que la abrió de una patada, salí del cubículo y me sentí un poco mareado al saber que en efecto era mi hermano el que me había dado tanto placer últimamente, salí y lo ví en clase de lo más normal, si no lo hubiera descubierto jamás habría imaginado que fuera él.

Nos fuimos a la casa y no le dije una solo palabra en todo el camino, en cambio él me contaba todo su día exceptuando por supuesto todas aquellas ocasiones que yo conocía de sobra, pasé varios días extrañando las chupadas a las que me había acostumbrado pero no podía volver sabiendo quien era el servicial y barato mamador, una noche entré al cuarto de Armando, acababa de salir de la ducha y estaba desnudo y mojado, necesitaba que me lo mamara como tantas veces lo había hecho sin saber, le dije que sabía todo y lo amenacé con decírselo todo a nuestro padre si no hacía todo lo que yo quisiera.

Sin pensarlo dos veces se arrodilló ante mí, en su cara se notaba la perturbación por todo lo sucedido, me bajé los interiores que apresaban mi brutal erección y él comenzó a darme una de las mamadas acostumbradas, no lo podía creer, allí estaba mi hermano mamándome el miembro como la mejor de las putas, lo tomé por los cabellos y comencé a follarme su boca sin piedad, al final lo obligué a que se tomara hasta la última gota de mi semen, fue a lavarse la boca, al verlo allí reclinado en el lavamanos con aquella enorme erección y su pequeño traserito sudado, decidí que una mamada no era suficiente para comprar mi silencio.

Me acerqué a él y me sobé mi tieso miembro con sus nalguitas, él se dio cuenta de mis intenciones y no tardó en ponerse nervioso, evidentemente nunca había pasado de una mamada, pero si él era un marica, quien mejor que su hermano para iniciarlo por el camino que él ansiaba recorrer, me rogó que no lo hiciera pero sólo lograba excitarme más, le ordené que se recostara del lavamanos no sin antes recordarle las consecuencias que sufriría si desobedeciera mis caprichos, me obedeció dejando su culito totalmente a mi disposición, no tardé en hacer valer mis derechos y le arranqué los interiores de un sólo jalón.

La verdad es que Armando tenía unas nalgas de lo más apetecibles, le di un par de azotes con mi mano, me unté el dedo medio con vaselina y se lo metí hasta el fondo, que apretado y cálido culo, sin duda iba a gozar con él, después de unos minutos de estimulantes masajes venía el momento de la verdad, separé sus nalgas y le clavé toda mi tranca de un solo empujón, pegó un grito de dolor y desesperación, pero sentí que cada vez le gustaba más todo lo que estaba pasando, me lo bombeé un buen rato hasta que refresqué el ardor de su irritado ano con mis potentes chorros de leche.

Después de eso, podía disfrutar con él cuando se me antojara, y a él también le gustaba, luego le propuse que aumentara su tarifa y brindara otros servicios por un precio más alto, por supuesto, siendo yo el promotor y el cobrador.

Autor: Gabriel

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La mujer de un cliente

Con mi saliva y sus flujos fui dilatando su agujerito, lento, pero con paso firme fue dando de si, hasta que tres de mis dedos podían entrar y salir con cierta facilidad, el proceso había provocado un poco de dolor, pero se veía que el placer que le estaba proporcionando bien lo pagaba.

Hola, espero estén bien, de nuevo yo, Armando, por falta de tiempo he dejado de subir relatos, pero de nuevo me pongo al corriente, como recordarán los que me han leído, siento cierto fetichismo por las gorditas (gordibuenas), en especial las que no están tan gorditas, todo exceso es malo.

Les voy a contar de Ana. Anita es una mujer a la fecha de 32 años, la he conocido hace ya más de 10 años por cuestiones profesionales, le llevaba la contabilidad a su esposo, cuando la conocí, era una mujer “llenita”, al parecer siempre lo fue, pero después de tener a su primer hijo, sus carnes tomaron un aspecto formidable pues embarneció de lo más lindo, tomando sus ya de por si buenas curvas una dimensión bastante interesante…

Ana es de estura media-baja aproximadamente, 1.63 mts., cuando la conocí aproximadamente unos 75 a 80 kilos, tez blanca, cabello largo castaño, unos ojos avellanados color miel muy bonitos y una sonrisa blanca muy pícara. Aunque era un poco llenita eso no le baja la autoestima en absoluto, bien podía usar jeans, shorts, blusas de licra al talle, ombligueras y todo eso que una chica que con algo de sobrepeso evitaría para evidenciar esos kilitos de más, en ella eso no calaba y siendo sinceros a mí en lo personal hacía que la libido se me dispara al apenas haberla visto.

Hace cinco años la relación entre Ana y yo cambió de una fría, pero cortés plática, la mayoría de las veces intrascendental, sobre mi trabajo, los impuestos de su marido o sus actividades, a algo que más tarde nos llevaría a la cama.

Y es que ya me resultaba insoportable la situación de verla y no poder pasar de ahí, así que decidí dar un paso adelante y ver qué pasaba, si esto no marchaba, posiblemente perdía un cliente de años y cualquier oportunidad con Ana, pero las cosas resultaron diferente, comencé con algunos detalles para con ella, que poco a poco fueron cambiando el ambiente entre nosotros hasta un día que llegué a su casa a dejar unos papeles para “N”(mi cliente), y ella me recibió enfundada en un body de ejercicio negro que la hacía verse sen-sa-cio-nal, no me lo aguanté y sin decir agua va le dije:

-¡Anita!, en body te ves ¡simplemente buenísima!

Ella se ruborizó ante lo inesperado de mi comentario y sonrió nerviosamente, yo tenía que aventar toda la carne al asador, sentí que era el momento, la había dejado mal parada con mi comentario y si no actuaba posiblemente no habría segunda oportunidad, pues ya con la cabeza fría, podría decirme que no volviera a hacer esos comentarios o se lo diría a su esposo, no quería que se llegara a dar cualquiera de los dos casos. Así que sin esperar ni un segundo más después de mi comentario se la solté directa y sin escalas:

– Donde no me atiendas rápido, no respondo, que estoy deseando echarte un polvo aquí mismo.

Obviamente para haber hecho este comentario yo ya había trabajado un poco de confianza con ella a lo largo de dos meses y los comentarios picantes ya viajaban en una dirección y otra en varias ocasiones, pero nada así de directo, al principio ella reaccionó como si las cosas fueran como en otras, sólo un comentario picante, pero al voltear a verme y cacharme viendo su hermoso culo, vio que mis intenciones eran reales, ella dejando su sonrisa habitual, se puso seria y se me quedó viendo por unos segundos y todavía para ratificar mis palabras me inquirió:

– ¿No estarás hablando en serio?

A lo que respondí tras su pregunta:

– Nunca he hablado más en serio, me gustas desde que te conozco y si no te había dicho nada es por respeto a “N”, eres su esposa, él mi cliente y no se me hacía ético, pero tenía que decírtelo.

Ana me entregó los papeles y me despachó, su semblante era serio y me escudriñaba con su mirada como buscando algo, me despedí de ella y pensé que todo había acabado antes de comenzar. Pasaron algunos días antes de regresar a la casa de “N”, tenía que ir a dejar mi recibo de honorarios y “N” como de costumbre no estaba, así que tuve que ver nuevamente todo con Ana, contrario a lo que esperaba, ella me recibió muy jovial, alegre, coqueta; estaba cocinando y me invitó a pasar a la cocina para que ahí viéramos lo que traía, le mencioné que sólo pasaba a dejar el recibo y que tenía que retirarme, ella hizo caso omiso a mis palabras y me ofreció un vaso con agua, mi organismo lo agradeció y yo también…

Estaba haciendo un calor espantoso eran aproximadamente las dos de la tarde, Ana empezó a preguntarme sobre mi día, el calor, la salud y terminó diciendo, “lo he pensado Armando”, obviamente hasta el agua me entró “chueca”, haciéndome toser, a lo cual cuando me pude recomponer, le dije haciéndome el occiso:

– ¿Acerca de qué Ana?

Ella quedándoseme viendo con cara de “no me vengas con pavadas” me recordó:

-De lo que me dijiste el otro día, o ¿era alguna de tus bromas?, porque yo lo pensé en serio.

Me limité a contestar,

-Si Ana es en serio, sólo me agarraste en curva y no sabía a qué te referías.

Ana cambiando el semblante y tomando una de mis manos me dijo:

-Acepto, la verdad siempre he tenido la fantasía de serle infiel a mi marido, pero hacerlo con cualquiera no me daba seguridad, una nunca sabe con quién se puede meter y tú me generas esa seguridad, además se que eres un hombre limpio por tu apariencia y eres agradable y porque no decirlo, me gustas.

Para esto Ana estaba frente a mí, yo me encontraba sentado en un banco de la barra de la cocina, así que ella estaba entre mis piernas, acariciando mi pecho y mis piernas alternadamente mientras me decía lo anterior, yo la sujeté del mentón y la halé para darle un beso que siguió mientras mi manos recorrían sus hombros, brazos y seguían la línea de sus brazos para volver a subir hasta su cuello y mentón.

Ana ese día traía una falda de mezclilla corta, a media pierna, una blusa blanca de algodón muy ligera, se notaba dentro un top blanco también de esos que no tapan más que lo necesario sin tirantes, nuestros besos se hacían cada vez más ardientes y nuestras manos se movían frenéticamente tratando de acariciar todo lo que la posición nos permitía, mis manos se apoderaron de sus senos que sentían duros, grandes y ya marcaban su pezón en el top…

Las manos de Ana iban de mi pecho a mi cara, bajaban por el medio hasta perderse en medio de mis piernas, acariciaba mi pene por encima del pantalón y apretaba con sus dedos como queriendo arrancar la tela encima de él. Pronto extrañamos su blusa y top y mi camisa, la falda siguió el mismo destino de las prendas anteriores, ella quedó en una tanga deliciosa color roja que se incrustaba en toda su piel, perdiéndose entre sus nalgas y en la parte delantera un pequeño triángulo de tela apenas cubría su vulva, dejando ver un depilado perfecto en su coñito.

Me bajé del banco y ella se hizo cargo de mi pantalón y bóxer, mi polla ya acusaba cierta rigidez, se puso en cuclillas y con dedicación comenzó a darme una mamada deliciosa, mientras lo hacía no dejaba de mirarme degustando golosa mi polla, lamiendo, chupándolo, pajeándome mientras lo hacía, eso me puso a mil, pero no quería acabar aún, así que le dije que fuéramos a la recámara, ella se levantó y sin soltarme el pene nos dirigimos a ella.

Al estar ella frente a mí al entrar en la recámara, la abracé por la cintura y me pegué totalmente a ella recargando mi polla en su culo, mis manos sujetaron con fuerza sus senos, Ana solo recargó su hermoso trasero para sentir mi polla entre sus nalgas, yo le besaba y mordía su espalda, ella movía cadenciosamente sus nalgas y acompañaba mis manos con las suyas, tras unos segundos, la arrojé sobre la cama de frente y ahí tenía a mi disposición su tremendo culo totalmente ofrecido, me puse tras ella y besando y mordiendo cada palmo de su piel fui bajando por su espalda guiándome por su columna, hasta el resorte de su tanga que fui bajando conforme mi boca avanzaba por esas nalgas monumentales, retiré completamente su última prenda, mi lengua marcaba la división de esas masas de carne, su culo olía a sudor y mierda, pero poco me importó.

Abrí sus nalgas con mis manos y mi lengua fue en la búsqueda de su ano, lo lamí con total devoción, Ana estaba perdida entre suspiros, gemidos y uno que otro espasmo que le provocaba mi lengua en su ano, abrí sus piernas y mis dedos buscaban la entrada de su vagina, pronto tenía dos dedos en su conchita y mi lengua no le daba cuartel con su culo…

Ana no tardó en tener su primer orgasmo, al tenerlo, le metí un dedo también por el culo y seguía lamiendo por los laterales, mordiendo sus nalgas, no pudo apagar sus gritos de placer, lo único que hacía era gemir y revolcarse encima de la colcha de su cama, lamí delicadamente su vulva tras su orgasmo unas cuantas gotas de flujo resbalaban por sus labios hacia su clítoris que también recibió su atención tras su orgasmo.

Después de su orgasmo ella se volteó, se sentó en la cama y comenzó a pajearme para después meterla en su boca y regalarme otra mamada, cuando estuve en pie de guerra nuevamente, ella me indicó que no podía hacerlo por la vagina pues estaba en tiempo fértil, que eso le apenaba, pero que se lo hiciera por el culo, “en otra ocasión será”, me indicó, se volteó nuevamente boca abajo y me dejó hacer, le pregunté si lo había hecho por el ano y me dijo que nunca, pero por las caricias que le había prodigado sentía unas ganas terribles que se lo hiciera por ahí…

Así que con mi saliva y sus flujos fui dilatando su agujerito, lento, pero con paso firme fue dando de si, hasta que tres de mis dedos podían entrar y salir con cierta facilidad, el proceso había provocado un poco de dolor, pero se veía que el placer que le estaba proporcionando bien lo pagaba, cuando vi que era suficiente hice que me la mamara una vez más para bañar mi pene con saliva y dejé caer un poco de saliva de mi boca en su ano, esparcí la saliva con mi glande y apunté directo a su ojete.

Lento, pero sin detenerme fui dentro de ella, me detuve en dos momentos, el último fue a fondo, quedé acostado sobre su espalda y poco a poco fui entrando y saliendo de ella, le pedí que se pusiera en cuatro puntos, cosa que hizo de inmediato sin dejar salir nada de su culo, empezamos un mete y saca delicioso, toda su cola temblaba a cada choque con mi pelvis, cada vez más rápido…

Mis gemidos y sus gritos llenaban la habitación, estaba que me vaciaba, pero traté de retener lo más que pude, era prácticamente imposible moverme o retener, una cosa o la otra, aflojé mis músculos y me derramé totalmente dentro de su intestino, la sujeté por los senos y la levanté para meterla y sacarla rápidamente mientras uno a uno de mis chorros de leche se depositaban en su ano.

Mi leche empezaba a fluir por donde podía escapar entre mi pene y las paredes de su ano, me dejé caer junto con ella en la cama sin sacársela aún, nos volteamos de lado y así nos quedamos abrazados un rato, mi verga se salió prácticamente solita de su habitáculo (bien dicho, habita-culo), se volteó hacia mí, nos besamos y platicamos de lo sucedido, ella estaba segura que en cuanto pudiera tenía que hacerle el coñito, en ese momento podíamos hacerlo con preservativo, pero a Ana no le gusta así, le gusta al natural.

Lo hicimos una vez más, variando las posiciones, realmente Ana es una mujer muy caliente, al menos eso descubrió conmigo, pues con su esposo a veces llegaba al orgasmo, conmigo ese día tuvo tres, tras darnos un regaderazo rápido, dejé su casa y en esas anduvimos por dos años, siempre en su cama, la de “N”, nunca estaba en las tardes, y yo como perfecto contador tengo la ética de atender con atingencia a mis clientes y vaya que esta clienta era demandante.

Nuestra separación se dio porque quería dejar a “N” para irse conmigo, pero yo no estaba dispuesto a dejar a mi esposa, las cosas fueron a mal y decidí zanjar el tema, aún es mi cliente “N”, pero ahora voy a su negocio y por cierto tiene una secretaria buenísima ya les contaré de ella.

Agradezco cada uno de vuestros votos… y comentarios…Gracias…

Autor: Armando

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Mi mujer es una puta

Le mamó la verga como siempre lo hacía para que se le parara, pero dice que no necesitó más de unas mamaditas para tenerla súper erecta y se hizo el tanga a un lado para que la penetrara, yo nunca le había cogido por el culo, pero ese día él la estrenó, le llenó el culo de semen y además terminó en su vagina también.

Hola amigos, quizá este sea un relato más, pero es verdadero, todo lo que les contaré lo supe como 6 años después. Cualquier persona que haya pasado por esto me encantaría contactar con él o ella

Cuando conocí a la que ahora es mi esposa ella estaba de novia con Arnulfo, que según me enteré con el paso del tiempo la quería mucho, y tenía como un mes con ella, pero también andaba con su ex, el cual se llama Antonio, en resumen, andaba y cogía con los dos.

Al mes de conocerla los dos fueron a recogerla al trabajo y se armó la bronca, a partir de ahí yo entré en escena pues ella no quería problemas en el trabajo, como yo dejaba dentro del edificio mi automóvil pues por ahí salimos, así empezamos a conocernos, a los pocos días ella me dijo entramos ahí y no vi que era un hotel, pero después dijo es demasiado pronto, bueno el caso es que empezamos a coger y cuando salíamos en el coche ella me mamaba la verga o íbamos al hotel, aunque siempre la llevaba  a su casa a más tardar a las 9:30 de la noche.

A los 3 meses de entrar al trabajo donde yo estaba, la corrieron y pasó como 15 días sin encontrar trabajo, y según ella salía a buscar trabajo y así era, pero también salía con un ex maestro de su carrera a fajar y a coger, el caso es que cogía conmigo, con su novio, con su ex novio y con su ex maestro. Y desde el primer día que me la cogí no usamos condón porque ella me dijo que no era necesario pues estaba embarazada, me dijo que quería sentir el semen dentro. Ella y yo andábamos sólo como amigos sexuales, pero a mí me encantaba y en ese momento yo no sabía que ella cogía con otros por lo que me enamoré de ella y a los pocos meses nos casamos.

Durante este tiempo antes de casarnos, ella encontró trabajo y no tan sólo eso, ella encontró un amante con el cual duró más de tres años y medio. El día de nuestra boda este amigo de ella fue a nuestra boda y se la cogió ahí mismo, se preguntarán como sucedió, bueno pues recién entramos al salón de fiesta había un cuarto oficina en la parte de arriba donde se dio la fiesta. Ella me dijo que su amigo quería avisarle a su familia que sí se quedaría a la fiesta y que donde podía llamarle, le dije que arriba no se escucharía nada de música y estaba totalmente en privado, ella me dijo que subiría a descansar y a que él hiciera el llamado.

Lo que yo no sabía es que nunca llamó a ningún lugar sino que ahí mismo le quitó su vestido de novia y se la cogió, se tardaron como 30 minutos en los cuales yo estaba recibiendo invitados y pensé que ella estaba en alguna mesa saludando, cuando me dijeron que donde estaba Mary a lo que respondí, no sé, la voy a buscar y recordé, subiría a esta oficina, subí y estaba la puerta cerrada se me hizo raro y bajé. Llegando a la escalera de abajo regresé y  toqué a lo que ella abrió la puerta, pero tardó un poco, se estaba acomodando el vestido y según me dijo él la ayudaba pues le picaba la parte de abajo, yo creí eso y no lo pensé, le dije baja, te están buscando unas amigas y salí de la oficina.

Eso fue lo que yo supe en ese momento, ahora sé que desde que subieron él la empezó a besar y a tratar de desnudar, ella le decía que podía subir alguien y que se darían cuenta, pero ella estaba súper excitada por el peligro que corría según después me dijo y se dejó besar y quitar el vestido, ella fue a la puerta y le puso seguro para que nadie entrara de sopetón y la encontrara desnuda y cogiendo.

Le mamó la verga como siempre lo hacía para que se le parara, pero dice que no necesitó más de unas mamaditas para tenerla súper erecta y se hizo el tanga a un lado para que la penetrara, yo nunca le había cogido por el culo, pero ese día él la estrenó, le llenó el culo de semen y además terminó en su vagina también, todo eso pasó en la media hora que estuvieron solos…

Ella estaba embarazada y yo pensé que era mío, pero con el paso del tiempo supe que era hijo de este cuate pues fue a reclamarlo después de algunos años, bueno ese día como a las 5 de la mañana ya estando solos en la habitación, para terminar nuestra noche de bodas cogimos y ella estaba súper lubricada y pensé que era porque estaba caliente esperando el momento, lo que  yo no sabía es que estaba llena de semen de este cabrón y vi su ano súper abierto y me pareció raro ya que se lo toqué y ella hizo señas de dolor, lo que no me dijo es que le dolía porque le había partido el culo su amante.

Bueno les dejo y recibirán próximamente más relatos pues ella me ha engañado como con 11 hasta el momento en que la descubrí.

Les agradezco que hayan leído mi relato, si les ha gustado sólo espero sus comentarios…

Autor: Armando

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Contar el pan frente a los hambrientos

En cuanto tuvimos otra erección nos pidió que le hiciéramos lo que ella consideraba le podría dar el mayor placer que era el tenernos a los dos adentro al mismo tiempo, Armando se tendió en la cama boca arriba Jazmín lo montó y se introdujo el miembro y después de lubricar el mío la penetré en el ano, antes de que Armando y yo termináramos, ella al menos tuvo dos orgasmos.

Después de terminar un noviazgo de más de tres años con mi novia Mónica, me encontraba un poco deprimido por lo que pensé que un crucero por el Caribe serviría para reponerme de la depresión. Sin embargo al regresar del mismo seguía en las mismas condiciones así que llamé a mi mejor amigo, Armando, para tomarnos un par de botellas de ron caribeño que había traído del viaje, le encantó la idea, pero me invitó a tomárnoslas en casa de su novia Jazmín ya que los padres de ella se encontraban de viaje por lo que estaríamos los tres solos y según él me ayudarían a eliminar la depresión.

Así que arribé a casa de Jazmín con la idea de pasar un buen rato, pero no tan bueno como el que en realidad pasó. Vale la pena decir que si bien Jazmín es una mujer menuda y delgada es sumamente sensual con cabello rubio, piernas torneadas unas caderas fantásticas y unos senos pequeños, pero firmes que le permiten andar siempre sin sostén. Ese día en especial vestía unos jeans entallados y una camiseta blanca que resaltaban su cuerpo.

Después de la comida que nos preparó ella, con un ambiente amenizado con música de Sade y Soda Estéreo, y cuando me disponía a abrir la segunda botella de ron veo a Armando y Jazmín abrazándose y besándose con gran pasión en uno de los sofás y les menciono que no deberían contar el pan enfrente de los hambrientos, comentario que les dio mucha risa por lo que Jazmín se acercó a mí diciendo:  “Así que tienes mucha hambre, pues come” y acto seguido me besó, me abrazó de la misma forma que un momento anterior estaba haciéndolo con Armando, el cual por su parte se veía sumamente complacido con lo que hacíamos.

Después Armando volvió a tomar a Jazmín y empezamos a bailar los tres juntos y al ritmo de la música le desabrochó y quitó la camiseta dejando libres sus pechos y ella me preguntó si me gustaban ya que a diferencia de los de Mónica (Copa C y talla 36), los suyos eran pequeños, le dije que eran perfectos para su figura, complacida me dijo que si quería ver completa su figura y procedió a quitarse los jeans y las pantaletas por lo que quedó completamente desnuda para los dos y nos mostró su cuerpo recorriéndolo con sus manos.

Obviamente Armando y yo teníamos unas erecciones más que visibles en nuestros pantalones y viéndonos de esta forma dijo que no era justo que ella estuviera desnuda y nosotros no, por lo que en un segundo los dos nos desnudamos. Empezamos a bailar con ella en medio de los dos y al terminar la música tomó nuestros miembros en sus manos y dijo que era tiempo de irnos a comer más pan a su recámara.

En cuanto llegamos a ella se tiró de espaldas en la cama y Armando la penetró y empezaron a hacer el amor mientras yo de pie frente a su cara dirigía mi miembro a su boca y empezó a succionármelo, en un momento Armando descargó dentro de ella, justo cuando ella tenía su primer orgasmo por lo que pidió de inmediato que yo sustituyera a Armando en su vagina para seguir gozando, después los dos tuvimos un orgasmo al mismo tiempo.

En lo que nos reponíamos de este primer episodio los dos nos contaron que siempre habían tenido esta fantasía incluso que alguna vez estuvieron a punto de proponérnoslo a Mónica y a mí, pero no se dio en forma natural como ahora y Jazmín dijo que las cosas habían resultado mejor para ella puesto que así no tendría que compartirnos con otra mujer y empezó a besar nuestros miembros alternadamente hasta que ambos tuvimos otra erección y nos pidió que le hiciéramos lo que ella consideraba le podría dar el mayor placer que era el tenernos a los dos adentro al mismo tiempo…

Armando se tendió en la cama boca arriba Jazmín lo montó y se introdujo el miembro dentro de ella y yo después de lubricar el mío la penetré en el ano, nos costó un pequeño trabajo estar a ritmo, pero una vez que lo logramos fue fabuloso y antes de que Armando y yo termináramos, ella al menos tuvo dos orgasmos. En el relax posterior Jazmín me preguntó si el hambriento había comido suficiente y le contesté que no sólo suficiente sino de la mejor calidad sellando este comentario con un cálido beso.

Y de esta forma empezó una relación maravillosa durante aproximadamente un año y medio en el cual hacíamos el amor de mil y una manera, tales como mientras uno manejaba el auto en la carretera a toda velocidad, Jazmín y el otro hacían el amor en el asiento trasero, incluso ella llegó a succionar mi miembro estando yo manejando y Armando poseyéndola por atrás, streap tease privados para nosotros, póker de prendas y castigos sexuales, sexo en público mientras el otro vigilaba que la gente no se diera cuenta, etc. Sin embargo todo término cuando Jazmín fue a estudiar a Europa casándose y quedándose a vivir allá y desafortunadamente las posteriores novias de Armando y mías, no les atraía este tipo de relación (no saben lo que se pierden).

En otra ocasión les contaré más historias de ese año fantástico.

Saludos de su amigo de la Cd. de México.

Autor: Telpich7

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Mi hermanito es un tragón

Armandito tenía unas nalgas de lo más apetecibles, separé sus nalgas y le clavé toda mi tranca de un solo empujón, pegó un grito de dolor y desesperación, pero sentí que cada vez le gustaba más todo lo que estaba pasando, me lo bombeé un buen rato hasta que refresqué el ardor de su irritado ano con mis potentes chorros de leche.

Me llamo Gabriel y tengo 22 años, mi hermano Armando tiene 18 y acaba de entrar a la universidad donde yo estudio. Él y yo siempre tuvimos mucha confianza, éramos como uña y mugre, para había una faceta de él que no conocí hasta hace una semana.

Hablando con unos amigos míos me dijeron que hay un chamo que mamaba rabo por 1000 bolívares, en el baño de hombres del tercer piso, llegué más que todo por curiosidad y en efecto una larga fila de chamos de todos los cursos esperaban por entrar a uno de los cubículos, busqué a mi hermano Armando para que viniera conmigo pero no lo encontré.

Por fin llegó mi turno, me sentí algo nervioso pero excitado a la vez, entré al cubículo que en una de las paredes tenía un hoyito del grosor suficiente para introducir un rabo, había visto tanto aquellos casos que se me paró de inmediato, unos dedos se asomaron por el hoyo, evidentemente pidiéndome el pago, le di los mil bolívares e inmediatamente me bajé los pantalones y los interiores hasta las rodillas, mi pipe estaba completamente tieso, con sus 22 cm parecía un puñal de carne, estaba bastante grueso y unas venas se marcaban.

Introduje a mi compañero por el agujero, al cabo de unos momentos, sentí como toda su longitud quedaba inmersa en una cálida y húmeda boca, comenzó el movimiento felatorio, yo me acariciaba el pecho, al abdomen, las bolas y hasta las nalgas, en verdad ese chamo era un experto chupador, lo succionaba como si me lo fuera a arrancar, pasaron 5 minutos cuando comencé a sentir los indicios de la eyaculación, acompañado de rítmicas convulsiones expulsé a chorros toda mi leche blanca y caliente, me limpié con un poco de papel, me subí los interiores y los pantalones y salí como si nada.
En la casa vi de nuevo a Armando y le conté todo, le dije que fuéramos mañana, pero se rehusó diciéndome que tenía un compromiso, pero que me acompañaría un día de estos, en efecto fui al día siguiente y volví a entregarme al barato placer de una mamada, en los próximos días me volví casi adicto a ese agujero, cada vez que tenia un rato libre o una preocupación por un examen me desahogaba con la boca de aquel anónimo pero complaciente servidor.

Ya llevaba una semana asistiendo religiosamente al cubículo, cuando pasó algo que nunca imaginé, como siempre dos dedos se asomaron por el agujero para recibir el pago, cuando vi que uno de ellos tenía puesta una curita, de repente recordé que Armando se había cortado el dedo en la clase de Mecánica y el profesor le había puesto una curita, era una tontería, no podía ser Armando, ¿pero porque nunca fue al cubículo como todos los demás? y siempre me ponía una excusa cuando lo invitaba.

Le dije que me esperara, salí y tranqué la puerta con seguro, ese día era el único que había ido, así que no había nadie mas, dejé que me lo mamara y fingí arreglarme e irme, pero en realidad me oculté en el cubículo contiguo, acuclillado sobre la poceta para que no me viera, después de unos momentos oí abrirse la puerta del cubículo del mamador, oí que abría el lavamanos y se lavaba la boca y las manos, por la parte inferior de la puerta confirmé mis sospechas, eran los zapatos de Armando, mi hermanito era el que había saboreado mi verga tantas veces, lo perturbador de la situación era lo que más me excitaba.

Después que Armando terminó de lavarse, se dirigió a la puerta para salir, pero yo la había trancado, intentó abrirla por la fuerza hasta que la abrió de una patada, salí del cubículo y me sentí un poco mareado al saber que en efecto era mi hermanito el que me había dado tanto placer últimamente, salí y lo vi en clase de lo más normal, si no lo hubiera descubierto jamás habría imaginado que fuera él.

Nos fuimos a la casa y no le dije una sola palabra en todo el camino, en cambio él me contaba todo su día, exceptuando por supuesto, todas aquellas ocasiones que yo conocía de sobra, pasé varios días extrañando las chupadas a las que me había acostumbrado pero no podía volver sabiendo quien era el servicial y barato mamador, una noche entré al cuarto de Armando, acababa de salir de la ducha y estaba desnudo y mojado, necesitaba que me lo mamara como tantas veces lo había hecho sin saber, le dije que sabía todo y lo amenacé con decírselo todo a nuestro padre si no hacía todo lo que yo quisiera.

Sin pensarlo dos veces se arrodilló ante mí, en su cara se notaba la perturbación por todo lo sucedido, me bajé los interiores que apresaban mi brutal erección y él comenzó a darme una de las mamadas acostumbradas, no lo podía creer, allí estaba mi hermanito mamándome el rabo como la mejor de la putas, lo tomé por los cabellos y comencé a follarme su boca sin piedad…

Al final lo obligué a que se tomara hasta la última gota de mi semen, fue a lavarse la boca, al verlo allí reclinado en el lavamanos con aquella enorme erección y su pequeño traserito sudado, decidí que una mamada no era suficiente para comprar mi silencio.

Me acerqué a él y me sobé mi tieso rabo con sus nalguitas, él se dio cuenta de mis intenciones y no tardó en ponerse nervioso, evidentemente nunca había pasado de una mamada, pero si él era un marica, quien mejor que su hermano para iniciarlo por el camino que él ansiaba recorrer, me rogó que no lo hiciera pero sólo lograba excitarme más, le ordené que se recostara del lavamanos no sin antes recordarle las consecuencias que sufriría si desobedeciera mis caprichos, me obedeció dejando su culito totalmente a mi disposición, no tardé en hacer valer mis derechos y le arranqué los interiores de un sólo jalón.

La verdad es que Armandito tenía unas nalgas de lo más apetecibles, le di un par de azotes con mi mano, me unté el dedo medio con vaselina y se lo metí hasta el fondo, que apretado y cálido culo, sin duda iba a gozar con él, después de unos minutos de estimulantes masajes venía el momento de la verdad, separé sus nalgas y le clavé toda mi tranca de un solo empujón, pegó un grito de dolor y desesperación, pero sentí que cada vez le gustaba más todo lo que estaba pasando, me lo bombeé un buen rato hasta que refresqué el ardor de su irritado ano con mis potentes chorros de leche.

Después de eso, podía disfrutar con él cuando se me antojara, y a él también le gustaba, luego le propuse que aumentara su tarifa y brindara otros servicios por un precio más alto, por supuesto, siendo yo el promotor y el cobrador.

Autor: Gabriel

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