A cada pajarito le gusta su nidito

Augusto se ahogaba con la pija de Patricio en la garganta, su tutor, lo hizo acostar boca abajo y después de revisarlo descartó la pijita pequeña de Augusto. Se concentró en el culito peludo y estrecho y con abundante gel se metió un consolador a pilas que estaba a full. Augusto no se resistía por lo que todos, por turno después de Roger, lo cogió sin dejarlo enfriar.

Dolores (54) y Juan Pablo (58) eran los padres liberales que cualquier hijo quisiera tener. Ellos se iban a un congreso de bioenergía que se hacía en Finlandia y se llevaban a la nena: Natalia (22) y, a la novia de Roger para cuidarlas. Roger quedaba libre y solito en la casa: era el rey. Roger (21), quien no tenía ningún programa definido para las vacaciones. Por eso, llamó a su primo Augusto (20), y a un amigo del club de remo, Adolfo (24) para hacer un asado o un almuerzo el primer sábado que tenía la casa disponible.

Buenos tragos. Algunas películas de nivel y otras pornos. Roger era un chico pícaro y algo travieso. Le gustaba el andar de Augusto: le atraía el culito de su primo. Quería explorar el tema, antes de tirarse a la pileta. Tenía una poderosa razón: su pija de 22 cm se le paraba cuando recordaba y se pajeaba. Por eso lo iba a invitar a comer y dormir.

El primero en llegar fue Adolfo que como era la primera vez que iba a la casa, curioseó por todos lados y vio, tallado en madera, el viejo refrán de la abuela: “A cada pajarito le gusta su nidito” y se sonrió mientras se agarraba con ganas su bulto: era pijón y de buenos huevos. Cuando remaba dejaba que se le saliera un huevo por el costado de la entrepierna del pantaloncito. Siempre daba resultado y Roger lo miró, varias veces, con ganas cuando salían a remar. Adolfo era cuidadoso hasta tener alguna señal, aunque tenía mundo en campeonatos deportivos como en las camas de la concentración de los remeros.

Prendieron el fuego, pusieron la carne y abrieron un buen vino tinto. Roger presentó a su primo a Adolfo. Roger puso una película mientras se hacía la comida y sirvió los vasos nuevamente, dándoles la espalda a sus invitados.

-Lindo culito tenés Roger -dijo Adolfo en broma, ya que estaba sentado detrás.-No jodas que realmente un lindo culo es el de Augusto -dijo Roger siguiendo el juego.-Bueno, comamos algo que no quiero beber con el estómago vacío-dijo Augusto. Anoche fui a bailar y recién vuelvo.-Aquí hay unas empanadas para comenzar -dijo Roger mientras volvía a llenar los vasos. La película es la argentina “El Otro” que acaba de ser premiada en Europa.

Los tres estaban sentados en el sofá grande atentos al film y vaciando las fuentes y los vasos. Cuando estuvo la parrillada, suspendieron el video y salieron a la terraza donde estaba la mesa.

-A qué se debe la invitación -preguntó Adolfo.-Le debía un regalo de cumpleaños a Augusto y tenía ganas de dárselo -dijo Roger.-No sabía que era tu cumpleaños -le dijo Adolfo a Augusto.-Fue la semana pasada -dijo Augusto. Tuve otros festejos y Roger me dijo que tenía algo para mí y que le hiciera compañía ya que estaba solo. Por eso vine.-Yo vine por la carne asada y este vinito -comentó Adolfo.

-Creo que Augusto y yo podemos aprender varias cosas sobre sexo -planteó Roger. Creo que mi primo es virgen de chicas y de todo. Y a mí, me falta recorrer experiencias.-Bueno. Empiecen las preguntas o los temas -dijo Adolfo, sin separarse de la parrilla que estaba sabrosa.-Quiero saber qué es estar en el closet o en el placard -dijo Roger. ¿Es una doble vida sexual o qué? -largó Roger.

-Es cuando una persona quiere cambiar su condición sexual, por ejemplo: de heterosexual a homosexual, pero no quiere pagar los costos, dijo Adolfo. Hacen o tienen relaciones, pero tapados o a escondidas o aparentando ser heterosexuales para no ser discriminados, ser humillados o burlados. Se quedan escondidos como en un placard. Cada uno es dueño de hacer lo que quiere sobre todo si es adulto y responsable.

-¿Salir del closet o el armario sería cuando le dicen que son homo a la familia y a la gente, entonces? -preguntó Roger.-Sí, algo así -dijo Adolfo terminando su vaso de vino. Yo por ejemplo, estoy en pareja con mi novia, pero desde hace dos años, de vez en cuando “hago una colita” de algún chico que me lo pida o que me guste y quiera. Siempre lo pregunto y soy respetuoso de la respuesta.

-¿Alguno te rechazó? -preguntó Augusto.-Sí, pero creo que fue por miedo a que lo supieran los otros. -dijo Adolfo. Hay que respetar si está en el closet o si no quiere tener nada con vos, aunque sea homosexual.

-¿A quien te gustaría coger en el club porque crees que te correspondería? -preguntó Roger mientras servía el postre.-A vos -dijo Adolfo riéndose. Me miras los huevos cuando remo y se me sale alguno afuera. Por que no vamos al dormitorio de tus viejos que hay cama grande y te sacás el gusto.
-Vamos -dijo Roger, si está de acuerdo Augusto, ya que quiero darle su regalo.

Sonó el timbre de la puerta de calle y el que llegaba era Patricio (35). Roger lo hizo pasar ya que era conocido por todos.

-¿Cuál es mi regalo? – dijo Augusto, riéndose nerviosamente. ¿Cuál? -Quiero que Patricio te prepare el nidito para que mi pajarito ponga los huevitos a empollar, si querés -dijo Roger. Vos me dijiste que te gustaba su figura y su estilo.-Y yo en el tuyo -le dijo Adolfo a Roger. Habría que cambiar el refrán de la entrada: “A mi pajarito, le gusta tu nidito” o “A cada pajarito le gusta su nidito lleno de otros huevitos”.

Adolfo sacó su pija y Roger la comenzó a mamar. Se fueron sacando la ropa.

Augusto se ahogaba con la pija de Patricio en la garganta, lo que no era agradable porque recién había comido. Por eso su tutor, lo hizo acostar boca abajo y después de revisarlo descartó la pijita pequeña de Augusto. Se concentró en el culito peludo y estrecho y con abundante gel se metió un consolador a pilas que estaba a full. Augusto no se resistía por lo que todos, por turno después de Roger, lo cogió sin dejarlo enfriar. Pasada la primera ronda, Patricio y Augusto se fueron a una cama en otra habitación para conversar sobre todo.

El que si llenó el nidito de Roger fue Adolfo, quien enterró todo el pájaro y le dejó los huevos calentitos entre las nalgas estrechas. Adolfo estaba bien dotado y tenía ritmo por lo que llegó hasta el punto G de Roger quien jadeaba con satisfacción. Le dejó la pija dentro del agujero y los huevos muy cerca. Así durmieron una buena siesta, como empollando huevos.

Al anochecer Roger pidió al delivery unas pizzas y volvieron a recomenzar. No había que dejar enfriar los huevitos que estaban en niditos calientes. Ese día el refrán de la abuela tuvo un nuevo sentido, a la vez que tres de los cuatro comenzaron a salir del closet del que cada uno tiene su propia llave.

Autor: Patricio Alonso

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Súper caliente

Estoy contento. Caliente, pero contento. Escribir un relato me ha permitido entrever el exterior del armario. El interior ofrece oportunidades miserables: Fugaces encuentros con desconocidos en cuartos oscuros o una mamada al chapero de turno en los asientos del coche. Fuera es otra cosa. Nadie, antes, me puso nombre. Ahora lo tengo. Soy Cindy y tengo un amigo, del otro lado del mar, que querría follarme.

Escribí un relato. Se publicó en estas mismas páginas y contaba que paso por el heterosexual típico, con esposa e hija encantadoras, pero que soy gay dormido y estoy enamorado de Tomás, un compañero de oficina. Todavía no entiendo como me atreví a abrirme así. Bueno, me ahogaba. Necesitaba hacerlo. Creí además, tonto de mí, que contaría mi historia y punto. Y de eso, nada.

El otro día recibí un mail y agarré este calentón que me ha llenado de ascuas el armario. No me ha hecho olvidar a Tomás. Al contrario. Por una de esas bromas que gasta la vida, este también se llama Tomás. Dos Tomases a falta de uno. Vive al otro lado del Océano. Leyó mi relato y sabe como pienso. Me ha calado. Se confiesa homosexual activo y dedujo que yo lo soy pasivo.

“Es lástima que estemos lejos -decía el e-mail- porque podrías ser una buena amiga mía. Te gusta sentirte mujer ¿verdad?”. Cada palabra echaba leña al fuego de mi tremenda erección. Me cautivaba su seguridad, su ¿por qué no decirlo? desprecio hacia mi cobardía. Me deslumbró. Me encendió. “Te follaría y te la metería hasta el fondo”.

Ahora mismo interrumpo este ¿relato? ¿confesión? ¿streptease íntimo? para acariciarme la verga que se ha vuelto piedra y reclama sus derechos. Claro que me gustaría que me follaras… ¿A quién le amarga un dulce? Claro que me siento mujer… Es cosa del diablo. Intento volver a escribir y vuelvo a tocarme. He de hacerlo. Me quemo. Ojalá supiera traducir en palabras este fuego, estas ansias, esta calentura. Más de uno reconocerá mi desasosiego. Es el que sentimos quienes vivimos dentro del armario masticando oscuridad y frustración.

Me masturbo y querría que tú, que vives como yo la mentira de la heterosexualidad, lo hicieras también, e imagino que mi mano es la tuya o que es tuya la verga. Pero no debo ser vanidoso: yo no soy la madame, soy una puta más. Estoy en el aeiou del erotismo. Mi erotismo no es una serie de posturas. Es sensación oscura. Es impulso ciego. Y el nuevo Tomás seguía: “Serás mi amiga y te llamarás Cindy. Me encanta ese nombre”.

Soy Cindy. Es Cindy quien se pellizca lo pezones pensando en una verga dura y caliente que, por su causa, se yergue al otro lado del Atlántico. Soy Cindy y, antes de tener ordenador, compré en una sexshop una revista de hombres con vergas gloriosas y tiesas que imaginaba chupar mientras me masturbaba. Escondía la revista, entre paja y paja, en los lugares más insospechados, pero no vivía tranquilo por si mi mujer la encontraba. Me pudieron los nervios. La eché en un contenedor. Me supo mal: había unos cuantos tíos de toma pan y moja, pero no aguanté la presión.

Estoy contento. Caliente, pero contento. Escribir un relato me ha permitido entrever el exterior del armario. El interior ofrece oportunidades miserables: Fugaces encuentros con desconocidos en cuartos oscuros o una mamada al chapero de turno en los asientos del coche. Fuera es otra cosa. Nadie, antes, me puso nombre. Ahora lo tengo. Soy Cindy y tengo un amigo, del otro lado del mar, que querría follarme.

Me gustaría estar contigo, Tomás. No sé qué Tomás eres, si el de la oficina o el del otro lado del Atlántico. Tampoco sé que Tomás quiero que seas, pero si estuvieras aquí, me besarías. Sueño que me besas. Tu lengua se abre paso entre mis dientes. Me excita el sabor de tu saliva. Abro la boca y te recibo. Me abrazas fuerte. Las costillas me crujen. Soy nada ante tu fuerza. Abrázame más recio. Rómpeme. O mejor: deja que te palpe la bragueta. Tengo hambre de tu verga. Imagino su cabeza, dura y caliente. Me choca en la bóveda del paladar, antes de que la acomode sobre la lengua.

Vuelvo a parar de escribir. Me masturbo con lentitud. ¿No habrá forma de quitarme de encima este calentón? Me arrodillaría ante ti. Te lamería los testículos. Te cosquillearía con la punta de la lengua a lo largo del tronco de tu verga. Tú me dirías: “Así, Cindy”. Tomás, dámela entera.

Mi boca es estuche de tu Stradivarius, vitrina en que guardar tu Kohinoor, funda para tu sable. Acerca tu verga a mis labios. Necesito tragarla. Mamarla. Ensalivarla. Lubricarla. Me arrodillaré luego. Me pondré a cuatro patas en el borde de la cama. Tú estarás de pie detrás de mí. Pasarás los brazos abarcándome el vientre. Así me dominas.

Con un ligero movimiento, puedes acercarme a ti o alejarme según te convenga. Me rozas en una nalga con tu verga. Me estremezco. Está ahí. Dispuesta. Erecta y dispuesta. Poderosa. Soy Cindy. Te ofrezco mi trasero para tu regalo. Soy yo también. Me someto. Me entrego. Gozo porque me dominas. Deseo que me ensartes. Que me partas en dos. Me sueltas un momento. Diriges con la mano tu verga hacia mi ojete. Se detiene el tiempo. Es un momento eterno.

La impaciente espera se resuelve en explosión. Me embistes. Me barrenas. Te abres paso en mí a través de mí. Consumes en mí tu energía, tú, macho triunfante, yo, macho rendido. Fóllame. Fóllate a tu Cindy. La puerta del armario saltó hecha pedazos. To-más, to-más, adentro-afuera. Ese es el ritmo. Soy tuyo. Soy tuya. Poséeme. Comunícame tu fuerza. Tu decisión. Tu energía. Vacíate en mí. Lléname de tus jugos.

No es solo tu verga la que me golpea. Noto, al embestirme, el empuje de todo tu cuerpo contra mis nalgas. Me gusta. Soy tu Cindy ¿sabes?. Soy tu amiga. Háblame mientras hacemos el amor. Dentro del armario se hacen pajas. Fuera se hace el amor. Ahondas en mi cuerpo. Me posees. Tal vez me desmaye. No estoy acostumbrado a sentir tanto placer. Eres mi dueño. Puedes hacer conmigo lo que quieras. Hazlo.

Nunca he sido tan yo como ahora. En este momento en que imagino que me posees, me sé libre de habladurías y de miedos. Escribir me ha hecho salir, aunque sea temporalmente, del armario. Sigo con mi masturbación. Soy homosexual Lo grito. El interior del armario es oscuro y somos legión quienes vivimos en él.

Me masturbo a la salud de todos nosotros. Porque es bueno hacerlo, porque sigue habiendo esperanza y porque seguirá habiéndola en tanto conservemos un algo de rebeldía. Masturbaos conmigo, imaginando cada cual a su particular Tomás. De lo contrario, acabaremos convertidos en perchas.

Sigo super caliente. Tengo un calentón de todos los demonios. Tomás ¿por qué te escondes?

Autor: Trazada30

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