Mi culo despierta

Hola a todos… Me llamaré Arturo, y mi bella esposa se llamará Paula. Ella es descendiente de ucranianos, es rubia como el sol, y sus ojos celestes son llamaradas en la noche. Tiene un cuerpo voluptuoso… soberbias tetas, magnífico culo, apenas una matita de pelos dorados le cubre la concha. Y que deliciosa es su almejita. Cuando la conocí… la desnudé con la mirada. Me imaginé posesionando su cuerpo, en forma salvaje, penetrándola por todos los orificios disponibles… concha, culo, boca… lo que no desnudé fueron sus gustos y preferencias personales. Cuando lo hice, ya era tarde… ¡pero me gustó! Y descubrí una parte de mi sexualidad oculta, de esas que todos lo hombres tenemos y no queremos admitir nunca.

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Una escapada en pareja, escena III

La jornada se presentaba tranquila. Durante la mañana, andamos de la cama a la terraza, tomamos un desayuno algo tarde, visionamos las grabaciones, comentando lo excitante que resultaba cada situación, nos animamos y follamos, sin demasiada fantasía, diciéndonos lo que nos había gustado de nuestras aventuras.

Sinceramente, creo que Gema simuló su orgasmo.

Bajamos a la piscina y en el pasillo encontré a la camarera, le pedí que arreglara la habitación. Era la hora de comer, como de costumbre por separado. Gema salió antes que yo, llevaba un short bastante cortito con una camiseta de malla transparente, debajo el bikini blanco y un bolso con alguna revista, y pensé que por ahora no tendríamos demasiada actividad, ya que la situación se había convertido en un corre turnos, ahora tu, ahora yo.

Esta vez nos colocamos en diferentes sitios, yo me acomodé mas cerca del jardín, aunque con vista a la piscina, llevaba el ipad y buscaba un sitio de sombra y estaba dispuesto a ponerme al día en cuanto a la vida diaria.  Pedí un martini, y cuando me instalé busqué con la mirada donde se habría colocado mi mujer, y gran sorpresa para mí, estaba junto a la pareja de jóvenes que ayer no dejaban de mirarla.

Los veía muy animados, la chica entró en la piscina y volvió al instante, me fije en ella, tenia un cuerpo precioso, la piel muy morena, andaba con gracia juvenil, casi de puntillas, con bikini turquesa. Me di cuenta que Gema y el chico la miraban y se reían, mientras la chica se pavoneaba inocentemente delante de ellos, ahora se pasaba el cepillo por el pelo mojado y negro, no podía creer que se empleara en ellos, le mande un whatsapp con: (¿?), ella al instante me contesto: no he tenido ni que lanzar el anzuelo,te veo en el baño, la vi bromeando con el chico, como queriendo saber que había escrito en su móvil.

Me levanté y me dirigí hacia el baño que había en el edificio, al instante apareció Gema, me dijo:

– Al llegar, pedí una tumbona, he colocado el bolso y la revista, y al instante el chico con el pelo rizado y bañador celeste, no ha tardado ni diez minutos en tirarme los tejos y ofrecerse en pareja, parece que conocen al chico de ayer y los ha puesto en antecedentes, mientras tonteaban conmigo me he estado fijando en la chica, la piel tersa, morena, se le trasparentan los pezones y tiene que estar totalmente rasurada porque la braguita se le meten entre los labios vaginales, te puedo decir que he mojado mi bikini con solo observarla y el chico se ha dado cuenta, él actúa como proxeneta, ahora solo quiero follarme a esa chica, quiero comerme su chochito.

– Pues adelante. le dije yo,

-En 30 minutos estaré subiendo,

– OK, le conteste,

Termine mi aperitivo y me dirigí de nuevo a la habitación, no hacía ni una hora que había salido, y afortunadamente la camarera salia dejando la habitación inmaculada. Ya me encontraba en mi puesto de voyeaur, revisé la habitación, puse de nuevo la bolsa de los juguetes eróticos de Gema cerca de la cama, donde ella la vería nada mas llegar, me asome entre visillos y los vi saliendo de la piscina. Desde la mirilla de la puerta observé como se dirigían hacia mi, me fije en las caras de todos, la chica venia un poco en alerta, no estaba lo relajada que el resto, que se reían y tonteaban, el chico le tocaba en culo a Gema, mientras ella le seguía el juego, oí como abrían la puerta y me fui a mi puesto, desde ahora el monitor seria mis ojos y los auriculares mis oídos, salieron a la terraza que les causo la misma impresión que a todos cuando fuimos llegando, se tumbaron, fueron al bar, se asomaron a ver las piscinas y el mar.

Gema entró a la habitación y se desnudo del bikini, se puso una bata de seda corta, tipo oriental, en color blanco sin nada abajo, yo mientras cambié a la cámara de la terraza, donde estaban coordinando la actuación, oía que el chico le decía:

– Lucia, la vieja quiere follarte, ponla caliente que  le daremos caña, Hay que aprovechar, esta es una oportunidad para divertirnos y sacarnos una pasta.

Estaba claro que estaban organizados.

Desde mi habitación escuche como Gema pedía a Lucia que viniera para ayudarle a no se que, pero al instante estaban saltando chispas, Gema no tardo en meterle mano, comenzaron a besarse y cayeron en la cama, veía a Gema desde atrás, los muslos y su culo aun con la bata puesta, la chica estaba sumisa dejándose hacer, esperando que ella disfrutara de su cuerpo.

Gema se quito la bata y comenzó a chupar esas tetas preciosas y jóvenes, con el pezón que ya adivinaba desde que se conocieron en la piscina.

Se incorporo el chico en la escena, metió su cara entre las piernas de Gema mientras se tocaba la polla, se incorporó y de rodillas penetró a Gema desde atrás, noté que a Gema le molestó la penetración, aún no estaría lo suficiente excitada.

Gema acabo por liberar a Lucia del bikini, era como si ya hubiera tenido sexo con ella, porque había acertado en como seria el cuerpo de la jovencita, los labios redondeados y totalmente rasurados. Los abrió como si de una ostra se trataran y buscara la perla en el interior , comenzó a chupar su coño, oía por los auriculares la banda sonora de la escena, consistía en gemidos, jadeos, más, así y sigue sigue más. El otro chico, Héctor era su nombre, seguía follando a Gema, le envestía sacando y metiendo su polla que ahora descubrí el tamaño XL que tenia, me pareció descomunal para ser un chico tan joven.

Mi mujer y la chica se estaban dando un festín, lo mismo se tragaban una verga que se morreaban, Héctor tumbado hacia arriba con la polla como el mástil de una bandera, cogió a Lucia y la  montó encima también mirando hacia arriba, le metía la polla desde atrás, Gema de una salto cogió su arnés de látex negro que tanto había usado conmigo, y la penetró, Héctor metió la XL en el culo de la chica, que se quejaba del tamaño.

Me fijé en la cara de Gema, estaba tan excitada como la había visto pocas veces, el látex entraba en los labios vaginales y empujaba, mientras pellizcaba las tetas de la chica, que se quejó no se por cual de la sodomización a la que estaba siendo sometida y para mi sorpresa Gema le dio un bofetón y luego otro, no hubo ninguna reacción a esto, desde la cámara cenital veía la cara de la chica sufriendo de placer y dolor, sudaba, el pelo revuelto, y un enjambre de miembros, manos, brazos, vergas.

El chico dejó de encularla y se coloco de rodillas junto a la cara de Lucia, descargo su semen en la cara, el  pelo y pecho, cogió por el pelo a Gema y la llevó de cara a toda esa descarga, mientras que acababa con su descarga en la cara de Gema. La chica ahora chupaba la polla de su pareja,  mientras Gema mira hacia una cámara como diciendo que no entiende, mientras Lucia le da al chico en la boca parte del semen que tiene por toda su cara,  Gema lamé con ellos, y besa a la chica mientras se monta de nuevo sobre ella y ahora mas tranquila vuelve a penetrarla con un movimiento de cadera acompasado, esta claro que Lucia tenia todavía mucho que dar, se unen con brazos y piernas cuando veo y oigo que el orgasmo esta llegando, Gema la besa como una novia, oigo que le pide perdón por haberle pegado, Lucia la besa con una sonrisa, y el chico se quedan en la cama mientras Gema y Lucia van las tumbonas de la terraza.

Héctor se colocó entre las dos mujeres como un adonis, ellas lo acariciaban y él se dejaba, pronto comenzó a estar preparado para otra sesión, besaba a una y a otra, Lucia besaba las tetas de mi mujer mientras era penetrada por el chico, veía la escena desde mi puesto y ya casi me resultaba normal ver como mi mujer era follada por unos y otros, en esta ocasión no hubo demasiadas excentricidades ni posturas, él encima de ella se limito a dejarla destrozada con su fuerza y un sin cesar movimiento de cadera hasta que vi como ella apretaba sus labios y cerraba los ojos, su cuerpo se arqueaba hasta caer derrotada, él no tardo ni un minuto en sacar su polla mojada de los jugos que habían compartido en lo más profundo y se besaban mientras Gema los acariciaba.

Tomaron un aperitivo en la terraza y fueron desapareciendo de la escena, creo que ya habíamos tenido bastante para una primera vez, ella se fue al baño, entré y  la seguí,  la contemple mientras caía el agua por su cuerpo, sentí ganas de poseerla lo mismo que había visto en estos días pasados, ella me dijo que lo dejara para cuando volviéramos a casa, besé a Gema y me tumbe con ella a tomar una copa, pedimos una comida ligera, los camareros del hotel debían de estar locos,  cada vez que subían había diferente gente en la habitación, hablamos sobre que haríamos con las grabaciones, y si las usaríamos en un futuro, ahora quedaba recoger todo el material, ya que al día siguiente saldríamos pronto de vuelta a casa.

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Rosa y Marcela, madre e hija

Estaba gozando como loco mientras le acariciaba su precioso culito, ella se levantó y me dijo que le mamara las tetas pues eso la ponía muy caliente, me senté en el sillón, ella se montó sobre la verga mientras le pegaba tremenda mamada de tetas, empecé a culearla despacio y suave mientras le acariciaba el culito, entonces me ensalivé el dedo medio y se lo incrusté en el ojo del culo.

Esta historia que les contaré es lo más caliente que me ha pasado en la vida, estaba de visita de casa de mis padres y por la tarde decidí salir a saludar a unas amigas que viven cerca de allí.

Cuando llegué, encontré a Rosa, una hermosa mujer de unos 38 años con unos pechos grandes, duros y bien formados, al verme llegar se alegró mucho pues tenía tiempo que no nos veíamos, salió a recibirme con un fuerte abrazo, traía un vestido de gasa muy delgado que dejaba ver sus turgentes nalgas bien formadas, me invitó pasar a la sala de su casa y comentó que no había nadie, que su hija de 18 años había salido con unas amigas y llegaría más tarde; ahí estuvimos conversando un buen rato sobre lo que había sucedido durante tanto tiempo, me invitó un trago el cual acepté de buena gana por que hacia muchísimo calor, sirvió tragos para ambos y se sentó muy cerca de mí.

Desde mi posición pude verle las tetas a través del escote de su vestido, lo cual me puso muy caliente, pero pues era amiga de mis padres ¡la que me conocía desde que era niño!, así que decidí concentrarme y tratar de no mirar, sin embargo después de varios tragos encima ella comentó algo acerca de mi edad y agregó que me había puesto muy guapo, anteriormente era muy delgado pero ahora a los 29 años había engordado y tenía un aspecto muy atlético.

Al calor de las copas ella continuó diciéndome cosas agradables sobre mi aspecto y yo le respondí que ella no se quedaba atrás, que debía tener muchos pretendientes, que su esposo debía tener cuidado porque de lo contrario se la iban robar un día, entonces ella me comentó que se había separado hacia un tiempo y que no tenía ninguna relación con nadie, entonces se acercó más a mí, empezó acariciar mi pierna, subiendo poco a poco y lentamente hacia el muslo, en ese momento yo ya estaba muy caliente, la abracé para besarla, nos dimos un beso muy húmedo y caliente, mientras mis manos acariciaban sus preciosas tetas.

Empecé a desvestirla muy lentamente quedándose únicamente con su minúscula tanga rosa, tenía un cuerpo exuberante y deseoso de ser amado, ella estaba desesperada y me sacó la verga del pantalón, me dio una tremenda mamada que parecía que se lo quería comer, yo estaba gozando como loco mientras le acariciaba su precioso culito, después ella se levantó y me dijo que le mamara las tetas pues eso la ponía muy caliente, empecé a hacerlo, me senté en el sillón, ella se montó sobre la verga mientras le pegaba tremenda mamada de tetas, empecé a culearla despacio y suave mientras le acariciaba el culito, entonces me ensalivé el dedo medio y se lo incrusté en el ojo del culo, ella respingó pero no dijo nada, al contrario se estremeció de placer diciendo: ¡quiero que me metas la verga por el culo!

La puse en cuatro, unté saliva en el culo y se la metí de un solo golpe, ella chillaba de placer mientras se restregaba las tetas con frenesí, entonces para mi sorpresa vi a su hija Marcela parada en la entrada del comedor observando cómo me cogía a su mamá en la sala y ambos nos quedamos paralizados.

Tratamos de cubrirnos con lo que pudimos pues estábamos muy sorprendidos y asustados de la reacción de Marcela, entonces para nuestra sorpresa ella se empezó a desabrochar la blusa acercándose hacia donde estábamos, su madre no daba crédito a lo que sucedía sin embargo de su mente le traicionaba pues empezó a escurrirse como loca, su concha le palpitaba y estaba viniéndose nada más de pensar que un hombre se cogería a las dos, yo por mi parte estaba fuera de mí y es que Marcela era exacto reflejo de su madre, como dos gotas de agua.

Acerqué a Marcela hacia mí, y le di un beso. Le comí la boca en aquel beso y ella me lo retribuyó, le abrí suavemente las piernas y la clavé hasta él fondo de su caliente conchita, Rosa se masturbaba lentamente al ver cómo me cogía a su hija.

Marcela le acariciaba las tetas, ver cómo me cogía a dos mujeres casi iguales, solo distintas por la edad me ponía la verga más dura, así que cogimos en todas las posiciones imaginables, entonces Rosa sacó no sé de donde un tremendo consolador el cual se ajustó en la concha mientras veía como yo me cogía a Marcela en cuatro, puso sus tetas cerca de mí y yo se las mamaba mientras ella se hacía tremenda paja con el consolador, cuando ya estábamos muy lubricados Marcela se vino como dos veces mientras su madre le mamaba las tetas y le insertaba el consolador en su conchita, y yo hacía venir a su madre pegándole tremenda cogida por atrás; cuando ya estaba por venirme puse a las dos acostadas boca arriba sobre la cama y les vacié la leche sobre sus cuerpos.

Quedamos los tres ahí acostados totalmente exhaustos y agotados de tremenda cogida…

Autor: AA

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Con mi sobrino

Mi amiga disfrutaba como loca con nuestras caricias. Me encantó comerme a mi amiga delante de mi sobrino haciendo un 69, ella arriba mío, comerla mientras él la cogía y recibir los jugos de mi amiga y mi adorado sobrinito sacaba su pija, me la daba a chupar y volvía a ponerla,  hasta que ella tuvo un orgasmo brutal acompañado de una lluvia dorada que disfruté deseando que llegara mi turno.

El verano pasado estábamos en la pileta de mi hermano, solos, mi sobrino, de 19 años, y yo, que tengo 29. El, con una malla diminuta que se había traído de Brasil y yo con una de mis mínimas bikini con tanga, que son las que me gustan y uso siempre.

Me miraba mucho, lo noté, y de golpe me dice: ¿sabés que me gustan las mujeres más grandes que yo?, le pregunté porque, ya que entre las chicas jóvenes las hay muy bonitas y atractivas, conozco a varias de sus amigas y me contestó que las mujeres más grandes son menos apuradas, más sensuales, menos egoístas y más dispuestas a disfrutar de los momentos.

Cuando lo interrogué si ya había tenido algunas experiencias me contó que si, que varias, y entre ellas una con una señora del interior que estaba de paso con la que pasó un fin de semana en un hotel, como pareja y que esta había sido una de las mejores referencias que había tenido. Curiosa, pregunté por las otras y me confesó que varias, inclusive con las madres de dos amigos. Se imaginan mi sorpresa, este sobrino mío no le dice a nada que no, me dije, sale a la tía. La verdad, que esta charla me calentó, seguimos un rato largo con el tema, él interesado en saber si me justaban los jóvenes, traté de ser evasiva pero no se lo pude negar y así hasta que llegó la familia.

Días después llaman por el portero en mi casa. Es mi sobrino y me pregunta si puede subir. Le pedí que me esperara, que me estaba vistiendo, acababa de salir del baño cuando me dice que le abren, que no bajara. No me dio tiempo a nada, así que lo recibí en mi salida de baño y secándome el pelo y cuando le ofrecí café me propuso que nos tomáramos un whisky, que tenía ganas.

Los preparé y mientras tomábamos nuestros tragos yo seguía secándome el pelo hasta que él, gentil, me dijo que lo dejara ayudarme. Acepté, le di el secador y mientras me secaba me acariciaba el cuello y de a poco me abría la salida en la espalda hasta que me dio un beso en la nuca, metió su mano y comenzó a acariciarme un pezón y a pasar su lengua por mi cuello. Y ya me puso mal y siguió.

Comenzó a besarme una teta y a morderme suavemente y lamerme mi pezón, me soltó el cinturón y llevó su mano a mi cosita, acariciándome suavemente, pero muy bien. Ya mi salida estaba totalmente abierta, yo recaliente, se arrodilló, me abrió las piernas y comenzó a comerme, a recorrer mi tajo con su lengua, a jugar con mi clítoris y sus labios y me introdujo un dedo. Sin dejar de comerme se fue desnudando y apenas pudo se paró y puso su pija que estaba divina en mis labios y por supuesto que comencé a chupársela con desesperación.

Me tomó de la mano y me llevó hacia al dormitorio, ya los dos desnudos caímos en la cama y allí nos soltamos. Me lo comí todo, lo gusté íntegro, me lo lamí entero, entero, no le perdoné ni la cola y él me hizo lo mismo, un maestro, ¡rebien enseñado el mocoso! Como quería tenerlo un buen  rato le puse uno de mis anillos sexuales y lo galopé, sintiendo su pija dentro mío y llegando bárbaro hasta que él me puso de rodillas y me dijo que quería mi cola. No podía decirle a nada que no, se la chupé un poco para sentir mi gusto, se la lubriqué y me garchó por el culo como un maestro mientras yo me masturbaba, con lo que tuve una llegada memorable. Luego me dio todo en mi boca y en mi cara, me bañó, disfruté su leche como la perra que soy y terminamos un beso muy pero muy apasionado.

Estas visitas se han seguido repitiendo y él me hizo descubrir que es un sensual como su tía. Comenzó preguntándome si alguna vez yo había hecho un trío. No se lo negué. Me dijo que tenía ganas de hacerlo, pero que no había tenido aún oportunidad y que había pensado en una de mis amigas, que él conoce y que se le ocurría que sería ideal para una fiesta así. Me resultó un gran observador, mi amiga es materia dispuesta para todo y con ella hacemos cualquier cosa.

Lo cierto es que me apuró, la verdad, a mi me vinieron las ganas, primero me hice la difícil pero después quedé en hablar con ella. Mi amiga ya sabía de mi relación con mi sobrino y hasta me había propuesto compartirlo, como hemos hecho con otros amantes de ambas, por lo que apenas se lo propuse aceptó encantada, a mi sobrino le dije que la invitaría a casa junto con él a ver que pasaba, ya que él me había metido la idea en la cabeza.

El día de la reunión llegó con un DVD en la mano, nos sentamos a tomar una copa en mi sillón, mi amiga entre los dos y al momento él dice que tenía un video porno que bajó de esta misma página, si queríamos verlo. Por supuesto que aceptamos y era de un trío. Apenas comenzaron a tocarse los actores él dijo que parecíamos nosotros tres y a decirme porqué no hacía lo mismo con mi amiga, mientras él ya estaba manoseándola a ella.

Yo lo seguí y me dediqué a mi amiga, que poco se negó, por lo que entre la película y nuestras calenturas estábamos los tres toqueteándonos a gusto y mi amiga dando grititos, como hace siempre, e inmediatamente los tres estábamos desnudos en la cama. El me impulsaba hacia mi amiga, lo que no era necesario, la que disfrutaba como loca con nuestras caricias y nuestras bocas y manos.

¡Que trío hicimos! ¡De los mejores! Me encantó comerme a mi amiga delante de mi sobrino, mamármela toda, escuchar cómo me alentaba a hacerlo y me decía que quería que le hiciera.
Haciendo un 69, ella arriba mío, comerla mientras él la cogía y recibir los jugos de mi amiga y mi adorado sobrinito sacaba su pija, me la daba a chupar y volvía a ponerla, así una y otra vez hasta que ella tuvo un orgasmo brutal acompañado de una lluvia dorada que recibí  y disfruté deseando que llegara mi turno.

Inmediatamente, ocupé el lugar de mi amiga, cabalgué como me gusta a mi sobrino y la muy puta se puso el consolador de cintura que usamos nosotras con lo que entre los dos me dieron una doble penetración que me mató de gusto. Después que yo llegué no se cuantas veces nos comimos los tres, gustamos todos nuestros jugos mezclados, casi fue el postre de una orgía sensacional, el postre llegó cuando él, recordando mi placer al recibir la lluvia dorada de mi amiga, nos propuso mojarnos juntos con nuestros pises ¡y lo hicimos!, nos bañamos unos a los otros, los tres juntos, sintiendo el calor, el gusto de nuestros orines, esos chorros calientes  en los pechos, las cucas y también, debo reconocerlo, en nuestras bocas.

Cuando se despedía me dijo “te voy a venir a visitar con un amigo”, se sonrió y me dio un beso. Y lo hizo, ya les contaré.

Autora: Malu

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La vecinita

Cuando Antonio entendió que estaba bastante dilatada se puso de pie y apoyando la polla en la entrada del culo de la joven fue empujando, el capullo entró pero lo volvió a sacar haciéndolo resbalar y volviéndolo a meter, estuvo un rato jugando hasta que de un golpe lo metió todo, cosa que hizo que Nerea mordiese el clítoris de Ana que hizo que tuviera un orgasmo.

Ana y Antonio eran un matrimonio que desde hace tiempo mantenían alguna fantasía una de las cuales habían decidido convertirla en realidad y era la de hacer un trío con otra mujer y convertir a esa mujer en amante de los dos, no importaba si en trío o solo con cada uno, aunque el otro no estuviera presente, pero querían conseguir una mujer, a poder ser joven y que fuese de fiar.

La verdad es que les encantaría que fuese la hija de sus vecinos del 4º, se llamaba Nerea, una chica con el pelo teñido de rubio claro, labios normales, ojos grandes y marrones y mandíbula un poco marcada y un cuerpo que adivinaban muy bonito sobre todo el culo. Decidieron como conseguir su objetivo La iban a invitar a comer. Ana se lo dijo y a la chica le pareció bien, al fin y al cabo eran buenos amigos de sus padres y alguna vez la habían dejado el ordenador cuando lo había necesitado.

Se sentaron a la mesa y se pusieron a comer, hablaron de temas intranscendentes, cuando finalizaron ella se ofreció a ayudar a fregar los platos y se quedó con Ana fregando mientras Antonio se iba a ver la televisión.

Estaban fregando cuando Nerea en un momento se recostó sobre la mesa para coger algo que estaba en el otro extremo lo que hizo que se le marcase el culo y Ana sin poderse aguantar la puso las manos en él y se lo acarició con deseo, lo que hizo que Nerea se diese la vuelta rápidamente y antes de poder decir nada, Ana, viendo que era su oportunidad, la besó en la boca, un morreo largo en el que luchaba por meterle la lengua en la boca, al principio Nerea oponía resistencia pero luego no sólo dejó hacer sino que colaboró activamente, se fueron acariciando mutuamente, Ana la quitó la camiseta que llevaba y vio como no se equivocaba y tenía dos pechos abundantes con forma de huevo frito pero muy apetecibles, con los pezones pequeños y ya duros, mientras Nerea en un rápido y hábil movimiento le quitó la camiseta larga que Ana portaba dejando al descubierto su cuerpo, un cuerpo de una mujer de 36 años, metro y setenta de altura, ojos negros igual que el cabello, labios carnosos, pechos pequeños como dos naranjas pero muy bien puestos, coño casi rasurado salvo una línea vertical en mitad de el y un culo también pequeño pero duro y respingón ya que tanto ella como su marido hacían ejercicio.

Parecía que la inocente jovencita tomaba la iniciativa y sentó a Ana en la mesa y abriéndole el coño le pasó la lengua por las ingles deleitándose mientras los dedos acariciaban su vulva y los labios para posteriormente atrapar el clítoris con la boca, Ana se fue deslizando al otro extremo de la mesa para que el cuerpo de Nerea quedase pegado a la mesa de espaldas a la puerta donde estaba Antonio observando completamente desnudo y con la polla en la mano acariciándose, se fue acercando y de un golpe le bajó a Nerea los pantalones y el tanga lo que hizo que la joven se girase y observase la escena con esa polla toda dura de casi un palmo de grosor y completamente descapullada.

Antes de que pudiera decir nada Antonio la había empezado a lamer ese culo que tanto había deseado siempre, un culo duro y un poco grande pero perfecto, la separó las nalgas con las manos y con la lengua empezó a hacer círculos en torno a el luego solamente separaba una nalga para con la otra mano poder acariciar el coño de la chica, el cual notó que estaba completamente rasurado, la atrapaba los labios vaginales con los suyos y la apretaba ligeramente con un dedo atrapaba sus flujos y los pasaba por el culo, aparte cogió un poco de mantequilla y se la fue untando en el culo, luego metió un dedo que a lo que Nerea respondio con un gemido y aceleró a comerle el coño de Ana mientras le metía dos dedos en el coño y la follaba con ellos.

Cuando Antonio entendió que estaba bastante dilatada se puso de pie y apoyando la polla en la entrada del culo de la joven fue empujando, el capullo entró pero lo volvió a sacar haciéndolo resbalar y volviéndolo a meter, estuvo un rato jugando hasta que de un golpe lo metió todo, cosa que hizo que Nerea mordiese el clítoris de Ana que hizo que tuviera un orgasmo.

Ana se levantó y bajándose de la mesa la desnudó por completo a Nerea y ayudó a su marido a sentarse con Nerea ensartada en la polla y botando como una loca, Antonio la inmovilizó de las caderas, Ana se arrodilló en el suelo y empezó a lamerle el sexo a Nerea con fuerte lametones que hacían que la joven se estremeciese de placer y cuando en un momento la metió dos dedos de golpe en el coño tuviese un fuerte y prolongado orgasmo, levantándose y arrodillándose las dos delante de la pija de Antonio, él se masturbó hasta bañarlas a las dos en leche sus tetas y sus caras acabando ellas por besarse apasionadamente.

Vamos a la ducha los tres-dijo Antonio.

Metieron a Nerea que se puso en medio y empezaron a jabonarla, Antonio por delante y Ana por detrás la fueron llenando de jabón cada cm de su cuerpo, después se fueron poniendo los otros dos, cuando se puso Antonio Ana se arrodilló detrás de su marido y abriéndole las nalgas con la lengua le fue haciendo un delicioso masaje en el culo mientras Nerea le hacía una mamada primero lentamente como si fuera un chupa-chups y luego aumentando la velocidad cada vez más hasta dejarle a punto, salieron de la ducha, se secaron y fueron al dormitorio corriendo por la casa como colegiales, se tiraron en mitad de la cama, tumbaron boca arriba a Nerea, cada uno se situó a un lado de la cama y la fueron comiendo primero los pechos, jugaban con ellos como si fueran dos pasteles, pasaban las lenguas por los pezones dibujando las aureolas y jugando con ellas mientras con sus manos acariciaban el coño de la chica que ya para ese momento estaba muy mojado y resbaladizo.

Ana se retiró y cogió unas bragas con una gran polla negra que se puso, entonces Antonio se situó al borde de la cama tumbado boca arriba mientras Nerea cogía su polla y metiéndosela toda de un golpe en la boca se la mamaba hasta que notaba que estaba tan dura como una piedra, momento en el cual se sentaba encima a horcajadas y se penetraba la vagina con ella empezando a botar, Ana le untaba entonces el culo con vaselina y aplicándole la polla de plástico empezaba a follarla por el culo con ella mientras la decía lo bien que se lo estaba pasando y lo buena que estaba.

Cada vez cogían más fuerte a la joven que no hacía más que jadear bajo los impulsos de sus amantes, Ana que su arnés era de polla doble con lo que cada impulso que hacía para follarse a la joven era recibido por una fuerza similar en su coño.

Nerea notaba como Antonio, mientras la agarraba de los pechos y se los mordía como si fueran dos flanes, estaba a punto de eyacular, cosa que hizo, notándolo ella a través del látex del condón mientras Ana situada a su espalda se venía en un prolongado orgasmo que coincidía con el de la joven y semidesmayándose los 3 y haciendo como un ovillo en mitad de la cama.

Se vistieron los tres y fueron a la sala, en la que hablaron largo y tendido de lo que había ocurrido.

Nerea, ¿repetirías lo ocurrido? Preguntó Ana. Por supuesto respondió la chica, pero poniendo la condición de que podía follarse a cualquiera de los dos y cuando ella quisiera, o ellos quisieran si surgía la oportunidad lo que hizo que ellos fueran extremadamente felices.

Esta es una historia imaginaria, pero me gustaría que me escribieran y entablar amistad con alguno/a de lo/as que lo hagan sobre todo con las mujeres o parejas

Autor: picante100

picante100@hotmail.com

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Comenzó como una aventura

Su vagina estaba bastante apretada, su sexo era muy joven y con poca experiencia. Entonces con mucho cuidado me acosté sobre ella y muy suave pero firme comencé a penetrarla con mi juguete. Sus quejidos se hicieron oír, pero la lubriqué con más gel y le indiqué que se relajara, que respirara, y así pude entrar hasta el fondo. Su sexo cedió y ella pudo gozar con mis caricias y mi juguete.

Todo fue intenso aquella noche, desde el encuentro casual, en el pub, hasta el despertar de la mañana.

Yo soy una mujer madura, que tengo muy claro lo que quiero,  y Marta una chiquilla consentida, que buscaba nuevas experiencias y  diversión. Al principio pretendió burlarse pero quedó totalmente deslumbrada por la pasión de una noche.

Ella estaba con un grupo de amigos de su edad, tomando unas copas y bailando. Cuando llegué con unas amigas y nos sentamos cerca de ellos. Yo había ido con alguien bastante cercano aunque no teníamos ningún compromiso formal. El hecho es que les llamó mucho la atención a los jovencitos, vernos bailar juntas y acariciarnos.

Marta me observaba con mucha curiosidad, pero también con una sonrisa burlona. Me gustó desde el comienzo, y al mismo tiempo me fastidió su actitud de manera que decidí darle una lección.

Comencé a mirarla, y sonreírle, hasta que me acerqué, le invité un sorbo de mi copa y comenzamos a bailar. Se puso bastante nerviosa, pues no esperaba mi actitud, pero su juventud y osadía la obligaban a seguirme el juego. Un rato después volvió con su grupo y se notaba de lejos el nerviosismo de sus amigos y los comentarios burlones.

Después de un rato, fue ella quien se acercó y salimos a fumar a la terraza para poder conversar:

Marta – eres muy linda, ¿qué pasó con tu amiga? Clara – nada, en realidad somos amigas intimas pero sin compromisos. Tú eres muy bonita, ¿cuántos años tienes? Marta – tengo 20.

Su actitud era desafiante y provocadora, estaba tan buena la pendeja, que me daban ganas de tomarla ahí mismo. Realmente hacía tiempo que no estaba con una mujercita tan joven y fresca. Yo tengo 50, muy bien llevados, pero son 50 años. En fin seguimos conversando, cada vez más intimas, más cercanas, hasta que nos besamos. Al principio la noté confundida, pero sin dejarla pensar mucho la tomé de la cintura la apreté contra mi cuerpo y volvimos a besarnos. Seguí avanzando:

Clara – ¿Quieres ir a mi casa esta noche? Marta – (perturbada) no sé, debo volver a mi casa.

Noté claramente que su primer impulso fue negarse, pero estábamos tan cerca que sentía palpitar su corazón, de manera que insistí y fui un poco más lejos. Presioné su cuerpo contra el mío y acaricié sus senos. Pude sentir su excitación, y temor. Ella ya no podía controlar la situación.

Se apartó de mi fue a hablar con sus amigos y cuando volvió estaba lista para irse conmigo. Subimos a un taxi, y nos fuimos directo a casa. No habló en todo el camino, pero me dejó tomarle la mano y creo que eso la ayudó a relajarse un poco. Cuando llegamos se apuró a decirme que nunca había estado con una mujer, que no estaba segura de querer hacerlo, pero que se había sentido muy excitada cuando nos besamos. Traté de calmar su ansiedad, tomamos un poco de vino, y conversamos de todo un poco, hasta que ella se recostó en el sofá y me miró como pidiendo que tomara la iniciativa.

Yo no pude esperar, me quité la blusa y puse su mano sobre mis pechos, ella me acarició suavecito. Le pedí que me desabrochara el sostén y pude ver sus ojos mirando mis senos con deseo. Luego subí su falda, le quité su pequeña tanguita, y allí descubrí un hermoso sexo rosado, bien depilado y muy apretadito.

Estaba totalmente sonrojada, le pedí que me dejara ver más, entonces separó sus piernas levemente. Sus ojos estaban cerrados, su cabeza inclinada hacia el costado, pero cuando sintió mi caricia, giró y me miró con sus ojos grandes.

-¿Te gusta? le pregunté.  -Si mucho, no te detengas, me contestó.

Estaba muy buena Martita, estaba mojada, un poco tensa, pero lo mejor de todo era que estaba dispuesta a seguir adelante. Seguí acariciando su sexo, le pedí que se relajara, intenté entrar en su vagina, pero estaba tiesa. Me incliné a besarla, separé más sus piernas. Al primer contacto de mis labios con su clítoris, gritó fuerte, y su sexo se inundó de su leche cristalina.
Seguí acariciando y lamiendo aquella conchita dulce, hasta que tuvo un orgasmo bueno, se abrazó a mi muy fuerte, jadeando excitada.

Nos miramos, y no hizo falta decir nada más. Nos pusimos de pie y nos fuimos a la cama. Nos quitamos el resto de la ropa, tenía unos pezones increíbles grandes y puntiagudos, ya quería sentirlos en mi vagina. Me acosté boca arriba, separé mis piernas, se acostó a mi lado, acariciaba su sexo mojado, mientras me besaba los labios, los senos, el cuello. ¡Mmmmmmm… Que ricooooooo!

Le pedí que fregara sus tetas en mi sexo, y llegué a un orgasmo sorprendente. Nos dormimos entre besos y caricias, fue una noche increíble.

Al despertarme, estaba a mi lado desnudísima, relajada y no pude resistir, comencé a mamar sus tetas hermosas, y ella dormida aún, comenzó a tocarse. Muy suavemente seguí estimulándola, y ella seguía soñando y masturbándose muy rico. El deseo la despertó y al darse cuenta de lo que había pasado, se ruborizó. Tomamos una ducha juntas, sus manos no se despegaban de mi cuerpo, acarició hasta el último rincón de mi cuerpo.

La verdad es que fue una noche tan buena, que no queríamos separarnos, pero debía volver a su casa. Se fue pero me dijo que inventaría una excusa para volver en la tarde. Se fue a su casa y yo a trabajar, pero en la tarde ya me estaba llamando para vernos. Hasta la noche yo estaba ocupada, pero esa tarde me llamó varias veces. En la noche cenamos en casa, y me dijo que quería quedarse a dormir. Yo estaba cansada de manera que se quedó pero nada sucedió. Se sintió decepcionada, pero nada reclamó, se acostó a mi lado y nos dormimos Estuvo bastante inquieta toda la noche, claramente estaba muy excitada, en la madrugada la escuche levantarse y creo que se masturbó en el baño.

En la mañana decidí recompensarle su paciencia, me coloqué un juguete con arnés, es un pene de tamaño regular no muy largo pero un poco grueso. Mientras aún dormía separé sus piernas y coloqué un gel lubricante, comenzó a despertarse pero se quedó muy quieta y relajada. Coloqué un almohadón bajo sus caderas, para dejar su sexo más expuesto, la besé y penetré con dos dedos para probarla. Su vagina estaba bastante apretada, su sexo era muy joven y con poca experiencia. Entonces con mucho cuidado me acosté sobre ella y muy suave pero firme comencé a penetrarla con mi juguete.

Sus quejidos se hicieron oír, pero la lubriqué con más gel y le indiqué que se relajara, que respirara, y así pude entrar hasta el fondo. Su sexo cedió y ella pudo gozar con mis caricias y mi juguete.

Durante semanas el romance fue muy intenso, nos amábamos cada instante que podíamos, no me dejaba tiempo para nada. Marta había resultado ser una jovencita ardiente, pero decidí probar sus sentimientos y de paso descansar un poco, durante dos semanas no tuvimos sexo, no la toqué.

Le puse distintas excusas, y fueron pasando los días. Venía a casa casi todos los días, y los fines de semana se quedaba conmigo. Dormíamos juntas, nos duchamos un par de veces, pero no mucho más, yo quería ver hasta donde estaba interesada en una relación. Un sábado a la noche volvíamos de cenar, y venía muy inquieta, trataba de provocarme por todos los medios, pero le dije que no me sentía bien. Se molestó pero no intentó irse, prefirió acompañarme una vez más.

A la mañana siguiente, teníamos que conversar todo había comenzado como un juego, un desafío, pero se estaba tornando peligroso. Yo estaba segura de no querer nada más que un buen sexo, pero aquella niña había descubierto un mundo nuevo. No quería lastimarla, pero tenía que irla desilusionando de alguna forma.

El domingo amaneció hermoso, igual que Marta, allí estaba desnuda sobre la cama mirándome con sus ojos grandes, sus brazos se tendían hacia mí, que la miraba desde la puerta de la habitación. Comenzó el diálogo:

Marta – anda cariño ven conmigo, te extraño tanto. ¡Hace semanas que no me haces el amor! Clara – ahh mi hembrita! No te olvides que soy una mujer grande, que se cansa y que no vive de sexo a diario, igual que las jovencitas como tú. Marta – pero yo te gusto, ¿cierto?, porque tú me enloqueces, nunca había disfrutado del sexo tanto como contigo: cómo me besas, cómo me tocas, ¡cómo me miras! Las primeras veces que salimos, me mojaba toda cuando me mirabas fija y profundamente. Clara – eres una chica muy ardiente, es fácil complacerte. Claro que me gustas, tu piel suave el perfume de tu conchita me fascina. Marta – entonces, ¿porque siento que ya no te intereso? Dime que debo hacer para complacerte, yo quiero ser tu mujer, quiero vivir contigo y poderte amar libremente.

Yo estaba en lo cierto, iba a ser muy difícil terminar aquella relación sin lastimarla, pero tenía que encontrar la forma. Me acosté a su lado y nos besamos un largo rato, acaricié su sexo hasta que mi mano estuvo totalmente llena de sus jugos.  Penetré con mis dedos, mi lengua, y el vibrador que mas le gustaba. Ella estaba extasiada, y yo agotada y vacía. Confirmé con pena, que no sentía nada por aquel cuerpo hermoso, ya ni siquiera me despertaba deseo.

Me levanté, y salí a caminar un rato mientras ella se bañaba y vestía. Cuando volví estaba en la cocina preparando café. Conversamos un largo rato, y finalmente me comprendió. Se fue, y no nos vimos por un mes. Una tarde la llamé para saber como estaba, y afortunadamente todo iba bien.

Autora: Amandaz

z.amanda@mailcity.com

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La fantasía de María II

María demandaba de su compañero la ternura y calidez humana que éste había olvidado, san embargo aceptó con gozo la penetración de su marido, agarrándose a sus nalgas y gritando de placer. No tardó en eyacular. Remi se corrió derramando su semen sobre los grandes senos de su esposa. Éste culminó su orgasmo abrazado a María.

El momento más esperado.

Todo quedó planificado. Acordamos reunirnos en una casita que ellos tenían en la playa. Fue ese día cuando conocí al marido de María, Remi. No me desagradó, a pesar de su madurez conservaba un aspecto juvenil y atlético.

Cuando al fin llegamos, después de descansar un poco y ducharnos, lo primero que hicimos fue acomodarnos y hablar a cerca de nuestro encuentro. Los tres estábamos algo cohibidos. Mientras hablábamos, para desinhibirnos un poco y crear un clima de mayor confianza, propuse que nos desnudáramos. Desprovistos de nuestra escasa indumentaria comenzamos a hablar a cerca de nuestras apetencias sexuales. Sin decir nada, María se acercó a mí y agachándose empezó a chupar mi verga, deslizando sus labios hasta la base de mi sexo, deslizando su lengua a lo largo de ella y volviéndosela a meter reteniéndola dentro de su boca durante unos segundos. Cuando se la sacó un hilo de líquido preseminal mezclado con saliva era el lazo de unión de mi verga con sus labios.

– Esto no se lo hago a cualquier hombre, sólo a los que significan algo para mí.

Los tres nos dirigimos a una habitación, yo diría que previamente preparada para el sexo, Porque las paredes estaban cubiertas de espejos al igual que el techo, y el suelo estaba tapizado por alfombras y cojines, el centro de la habitación estaba ocupado por una enorme cama de agua a cuyo lado había una mesita donde se guardaba, según pude descubrir después, multitud de consoladores, preservativos, lubricantes y toda clase de objetos para el sexo.

María desnuda conservaba el encanto de una mujer otoñal, gracias al ejercicio físico y un cuidado esmerado de su cuerpo hacía que se demorase el envejecimiento, sus senos grandes estaban adornados por unas rosadas aureolas y unos erectos pezones debido a la excitación, mientras que su vientre desembocaba en un sexo totalmente depilado.

Los tres nos acomodamos en la inmensa cama. Tome ubiqué entre ellos, era la primera vez que practicaba el sexo en grupo, no pude evitar excitarme al ver la enorme polla de Remi, así que empecé a acariciarla escupiéndome en la mano para que se pudiera deslizar a lo largo de esta con mayor facilidad. María se apartó para dejarme junto a su hombre, y para ver cómo éste entraba por primera vez en un mundo desconocido, hasta entonces para él, como era las relaciones con una persona de su mismo sexo.

Me abracé a él e intenté de la forma más tierna que pude transmitirle confianza, pues estaba algo tenso:

-Déjate llevar, cielo, imagínate que estás con una chica…

Empecé a besarle la boca y ambos nos intercambiamos ricos besos de lengua, chupándomela con sus finos labios, me deslicé suavemente para morderle sus diminutos pezones, un gesto de dolor y gozo empezó a provocarle mi caricia:

– Házmelo otra vez, muérdeme duro.

Mientras les mordía reiteradamente sus pezones, ese gesto de gozo se intensificaba a medida que le masajeaba su verga, sintiendo cada vez más rico. Él ponía el cuello al recibir mis besos y sentir el cálido tacto de mi lengua al introducirse en sus oídos…

Bajé hasta su miembro erecto grande, grueso y babeando y con deseo de proporcionarle un placer más intenso empecé a mamárselo. Sabía cómo hacerlo, pues como hombre conozco los puntos más sensibles de nuestro órgano. Me lo introduje todo, chupándolo con deseo, mordiéndole y lamiéndole sus testículos. Un ansia desenfrenada me invadió por completo. Me centré finalmente en su glande, el cual succioné hasta que eyaculó dentro de mi boca. En esos momentos ambos nos besamos compartiendo su cálido semen.

Mientras, María había presenciado la escena masturbándose con un consolador. En esta ocasión la receptora de todas nuestras caricias iba a ser ella. Mientras que su marido le chupaba sus grandes tetas, yo le comía su concha mojada, metiéndole y sacando mi lengua dentro del orificio vaginal, me encantaba chupar su clítoris y saborear sus jugos. En ese momento le levanté las piernas y empecé a pasar mi lengua por su ano deslizaba mi lengua desde allá hasta su concha, así durante un rato en el que las prisas no eran ningún obstáculo.

Sus gritos de placer se escuchaban en toda la habitación como consecuencia de las infinitas caricias que le estábamos proporcionando:

-Fóllame ya, Necesito una verga dentro de mi concha.

Empecé a penetrarla con fuertes embestidas, mientras lo hacía, Remi, se a cercó a mí para agarrar mi verga y sacarla del interior de su mujer y hacerme tremendas mamadas, volviéndola e introducir en su esposa:

– No lo vuelvas a hacer cielo. -Le dije- vas a hacer que me corra y aún es pronto para mí.

No obstante amablemente me pidió que me apartarse de ella para ser él quien la penetrara ahora. Me dio la impresión de que quería disfrutarla como hacía tiempo que no lo hacía. cómo si a través de ésta experiencia los reconciliase para recuperar el tiempo perdido. Tal vez, quería proporcionarle todo el gozo unido a una ternura olvidada por él y demandada por ella durante tanto tiempo. A pesar de eso ella las aceptaba como si fuera una mujer que descubre por primera vez los placeres secretos del sexo.

Era una entrega como la que llevan a cabo dos jóvenes amantes por primera vez. Aunque más que una penetración, María demandaba de su compañero la ternura y calidez humana que éste había olvidado, sn embargo aceptó con gozo la penetración de su marido, agarrándose a sus nalgas y gritando de placer. No tardó en eyacular. Remi se corrió derramando su semen sobre los grandes senos de su esposa. Éste culminó su orgasmo abrazado a María.

-Hacía tiempo que no me besabas ni me abrazabas de ésta forma. No me he llegado a correr, pero me ha gustado mucho.

Aunque María no tuvo un orgasmo no le importó, porque en ese momento disfrutó la penetración de su esposo, ella era feliz viéndolo disfrutar, prefirió ese momento de ternura el cual hacía tiempo que lo tenía desterrado, prefirió ese abrazo de su marido después del orgasmo, prefirió esa mirada, esa sonrisa final mientras se miraban permaneciendo abrazados y que les hacía cómplices de semejante encuentro. Disfrutó de su hombre, sintió nuevamente su sexo dentro de ella, sus embestidas y sus gemidos al correrse. Lo gozó sintiéndose más mujer.

Yo estaba enormemente excitado, al mismo tiempo que me emocionó verlos nuevamente unidos. María sacó del la mesita un consolador con arnés, yo me coloqué boca arriba y mientras que Remi empezó a hacerme una mamada ella empezó a lubricar el consolador para penetrarme.

¡Ahhhh…! que ricura, me encanta el sexo anal bien hecho, me penetraba despacito, al mismo tiempo que las mamadas de Remi me proporcionaban un inmenso gozo. No tardé en correrme. Fue riquísimo eyacular mientras me enculan.

La verga de Remi aún estaba erecta, así que volví a metérmela en la boca, tenía un sabor a semen y jugo vaginal, lo cual me excitó. Me gusta hacer el sexo oral tanto a un hombre como a una mujer, creo que es maravilloso y una caricia muy personal, muy especial.

Llegó el momento de penetrar a Remi. Se colocó a cuatro patas. Yo debajo de él continuaba haciéndole una mamada. Mientras María le pasaba la lengua por su orificio anal recorriéndolo y escupiendo dentro de el.

Posiblemente Remi nunca vivió semejante experiencia. Pronto María le introdujo un dedo y después dos. Los introducía y los sacaba hasta que su ano se dilató. A continuación me lubriqué mi sexo y empecé a penetrarlo, con calma, con cuidado. Le dolía, su orificio anal estaba muy cerrado, no obstante el dolor se fue disipando para dar paso a un poco de placer, entre otras cosas porque María le practicaba el sexo oral a su marido y eso lo calmaba. Me quité y dejé que su esposa lo penetrara con el consolador de arnés.

Esta vez Remi cambió de posición colocándose boca arriba, María y yo nos turnábamos en la penetración. Hasta que no pude más y me corrí en la boca de Remi. Los tres saboreamos mi jugo. Permaneciendo después los tres abrazados y super contentos de la experiencia.

Fue una experiencia muy enriquecedora. Por mi parte fue también el encuentro con el sexo opuesto y una vuelta a reencontrarme con el sexo.

Autor: encuentroeneltropico

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Vivero del 69

Estaban lanzadas en pos de la pasión, ya habían tenido cada una un orgasmo antes de cambiar de postura y colocarse una frente a la otra, coño contra coño restregándose como dos vulgares perras en celo haciendo la tijera, no podían parar hasta que estallaron las dos al unísono en un orgasmo para después caer rendidas una en brazos de la otra y dedicarse suaves y cariñosos besos.

Al día siguiente era el cumpleaños de su madre y no sabía que comprarle así que decidió como último recurso a las siete de la tarde del viernes ir a un vivero de plantas que la había recomendado una amiga a comprarle alguna planta o algunas flores para regalar a su progenitora. Cuando llegó la dueña del vivero estaba a punto de cerrar el lugar, de hecho detrás de ella cerró la puerta y puso el cartel de cerrado.

La mujer estaba ya metida en la treintena, vestía un pantalón con peto vaquero, solo vestía eso de hecho en uno de los laterales se insinuaba el comienzo de sus pechos. Eva estaba alucinando con la escena, allí sola con aquella mujer que por cierto era bastante bella, su cuerpo se abría hacia abajo como una ánfora con sus rotundas curvas pero de carnes prietas. Eva era bisexual, hacía poco que había comprobado sus tendencias lésbicas y le había gustado la experiencia.

María por su parte aunque alguna vez había tenido sueños eróticos en que se entregaba a los brazos de una mujer nunca se había considerado ni siquiera bisexual. Pero cuando vio a la chica sintió como si fuera una de las protagonistas de sus sueños pero tampoco quería meter la pata no fuera a ser que la chica se sintiera ofendida o acosada y más allí las dos solas. Estuvieron hablando un rato de flores y plantas, la mujer le enseñaba a la joven Eva todo aquello que podía regalar a su madre hasta que en un momento dado cuando estaban en uno de los invernaderos viendo una serie de orquídeas María se agachó y…

Plasshhhh—-sonó en todo el lugar el azote que Eva propinó a la mujer para después acariciar su culo.

María se dio la vuelta primero cuando el azote dispuesta a abofetear a aquella muchacha de escasos veinte años pero cuando se giró en lugar de llevar a cabo su primer impulso la empujó contra la pared y la besó en la boca. Fue como si se liberara de unas cadenas imaginarias que ataban su sexualidad. Ya no era un simple beso ni siquiera apasionado, ahora directamente la estaba comiendo toda la boca. Con las dos manos la magreaba los pechos y retirándose un poco y apartando un mechón de pelo del rostro de la joven la susurró:

¿Por qué no vamos a mi casa que está al lado de los invernaderos y nos pasamos jodiendo toda la noche?

Recalcó la palabra jodiendo, le gustaba como sonaba. Eva cogiéndola de la mano le dijo que no que mejor lo iban a hacer primero entre las plantas. Entonces María elevó a la chica como si de una pluma se tratara y la sentó en una de las mesas con plantas. Allí la besó, primero muy dulcemente y luego más lujuriosamente. Las manos levantaban el top de Eva a la vez que la joven soltaba el peto de la mujer. Luego la mujer le soltó los jeans blancos y se los bajó. La chica solo portaba ahora un pequeño tanga azul celeste que se introducía entre los labios vaginales. La mujer se había terminado de despojar de su pantalón y también se había quedado en ropa íntima, en este caso en unas braguitas minúsculas blancas.

Eran las que le gustaban a su marido, se las había puesto para esa noche recibirle solo llevando esa erótica prenda, pero él la había telefoneado para avisarle de que su llegada se atrasaría hasta el miércoles. María estaba desatada, hizo tumbar a la chica boca arriba en la mesa y situándose entre sus piernas la daba suaves besos por encima de la tela del tanga hasta que cogió con los dientes la goma de la prenda y la empezó a bajar hasta que de un tirón la rompió y se la quitó a la chica.

Eva hizo un mohín de disgusto por la rotura de la prenda pero su coño estaba tan mojado que ya se le había pasado incluso antes de que la mujer le prometiera que al día siguiente le compraría otro tanga en la tienda que ella escogiera. Con la lengua recorría todos los labios vaginales, los mayores y los menores, no dejaba ningún recoveco salvo el clítoris que quería dejar para el final.

Con la mano acariciaba los muslos, apretaba los pechos y magreaba todas las zonas erógenas de su joven amante antes de penetrarla con dos dedos. Comenzaba a follarla con dos dedos el coño a la vez que con la lengua punteaba el clítoris y con la otra mano amasaba y apretaba los pechos de la chica.

La chica comenzó a gemir primero de manera muy suave para seguidamente empezar a jadear de manera audible y más tarde salvaje. La mujer ahora estaba entretenida con dos dedos en el coño de Eva y ahora uno en el culo de la chica. María se retiró para bajarse las braguitas contoneándose frente a la muchacha que la esperaba sobre la mesa.

María como una tigresa se subió sobre la mesa colocándose en postura de 69 sobre Eva. Su coño sobre la boca de la chica y su boca lamiendo el clítoris y follándola con dos dedos el coño y con uno el culo. Eva con la lengua lamía toda la vulva de su amante a la vez que la abría las piernas y con un dedo follaba el ano antes de meterla tres dedos en el coño.

Estaban lanzadas en pos de la pasión, ya habían tenido cada una un orgasmo antes de cambiar de postura y colocarse una frente a la otra, coño contra coño restregándose como dos vulgares perras en celo haciendo la tijera. Estaban a mil, no podían parar y cada vez se rozaban más y más rápido hasta que estallaron las dos al unísono en un orgasmo para después caer rendidas una en brazos de la otra y dedicarse suaves y cariñosos besos.

María fue la primera en levantarse y completamente desnuda dio la mano a la chica y la llevó hasta su casa. La condujo escaleras arriba hasta su dormitorio, la hizo ponerse sobre la cama a cuatro patas y que la esperase. Que cerrase los ojos y esperase allí. María tardó un rato. Había ido a por alguna cosa al baño y luego se había quedado observando el grácil cuerpo de la joven. Había vuelto con un vibrador y un arnés el cual tenía dos pollas, una grande que metería en el culo de la chica, otra más pequeña que se introduciría en su propio coño antes de poner en marcha la función vibradora.

De una sola vez metió el vibrador en el coño de la chica poniéndolo en marcha a una velocidad lenta. La chica ahora solo gemía de placer pero de forma pausada. Luego con un poco de gel lubricante embadurnó el arnés y el ano de la muchacha antes de hacerle un suave masaje en el ano e introducirla el dedo muy lentamente y follarla con el. Ahora se puso el arnés y empujando fue penetrándola analmente muy lentamente. Metía unos pocos centímetros y los volvía a sacar, luego metía unos pocos más y volvía a hacer lo mismo hasta que el esfínter de Eva se acostumbró y entonces empezó a follarla con él a la vez que el vibrador del arnés empezaba a realizar su labor.

El vibrador del coño lo puso a tope ahora, lo mismo que el del arnés. Estaba follando a la chica a tope por los dos agujeros a la vez que la apretaba los pechos y la estiraba del pelo y la decía todo lo que la deseaba. La calentura y el placer de las dos mujeres fue creciendo orgasmo tras orgasmo hasta que rendidas de placer cayeron una encima de la otra exhaustas. María retiró el arnés y sacó el vibrador y besándose con Eva se quedaron las dos desnudas dormidas sobre la cama de la casada.

Este es un relato imaginario pero va dedicado a A. Una buena lectora mía a la que le prometí el relato. Si queréis podéis escribirme sobretodo mujeres.

Autor: Picante 100

picante100 (arroba) hotmail.com

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La hija de mi inquilina

Estábamos las tres desnudas, hicimos un 69, nos chupamos, yo tuve 4 orgasmos sin parar, la lengua de las dos me mataban. Mariela estaba sacada de calentura, Mariana también, miré, en una mesa había un arnés con una pija muy rica, me levanté me lo coloqué, las hice poner en perrito y las penetré, gozaron como locas y acabaron como nunca.

Mi nombre es Julieta, tengo 38 años, estoy casada, y hasta hace poco tiempo solo me atraían los hombres, mi esposo Luis  siempre me llenó sexualmente pero últimamente las mujeres me ponen a mil, y esta es otra de mis tan hermosas aventuras con una mujer.

Cuando compramos nuestra casa en el fondo del terreno había un pequeño departamento con patio al costado, en este patio construimos un cuarto más para usar de depósito de herramientas y de esos trastos viejos que siempre uno quiere guardar, una pequeña ventana lateral del dormitorio del pequeño departamento quedó entonces “encerrada” en el cuarto del que les hablo.

Hace dos años, para aumentar un poco los ingresos decidimos alquilar el departamento a una mujer y su joven hija Mariela que hoy tiene 18 años y un cuerpo que vuelve locos a todos los hombres del barrio. Su madre trabaja varias horas por día y ella pasa varias horas sola o acompañada con alguna amiga, las veo pasar por el costado de mi casa todo el tiempo. Muchas veces la visita Mariana, una chica algo mayor de unos 22 o 24 años que me contó conoció en el gimnasio, también con un cuerpo espectacular. Siempre me saluda muy atenta y sus ojos siempre me miran como comiéndome toda algunos días la veo pasar y me mojo algo.

Una tarde fui al cuarto de las herramientas a buscar unos clavos cuando escuché que Mariela gritaba algo que dejó helada.

– Así, siiii, chúpame bien la concha por favor.

Un terrible morbo se apoderó de mí, busqué una escalera, y me trepé a la ventanita para ver quien se estaba cogiendo a Mariela.

Mis ojos no daban crédito a lo que veían, la dulce Marielita estaba tirada en la cama, totalmente desnuda, con las piernas abiertas a más no poder y entre ellas, su amiga Mariana le estaba comiendo la concha desaforadamente, Mariela se retorcía de placer, se notaba claramente que estaba en medio de un orgasmo.  Mariana le estaba enterrando la lengua, mientras con un dedo le frotaba el clítoris. Cuando los espasmos de Mariela cesaron, Mariana subió y se besaron muy dulcemente mientras se acariciaban las tetas, se daban pequeños pellizcos en los pezones y cada una refregaba el pubis contra el muslo de la otra. Yo miraba atónita la escena y mis jugos mojaban mi tanguita hubiera dado cualquier cosa por estar en esa cama.

Se veía que hablaban muy bajito, y que algo le pedía Mariana a Mariela quien fue bajando por el cuello de Mariana, se detuvo con su lengua en los pezones, los chupaba como si fuera un bebé alimentándose y Mariana se arqueaba hacia atrás, siguió bajando hasta encontrar la concha totalmente depilada de su amiga, la pendeja sabía lo que tenía que hacer le recorría la raja lentamente con la lengua, Mariana levantaba las caderas para no perderse ese placer. Mariela comenzó la recorrerle la concha con un dedo, mientras hacía esto se miraban, y hablaban, le metió el dedo índice en la concha con fuerza, entraba y salía y le seguía hablando, la mirada lujuriosa de Mariana era increíble, no podía ver la cara de Mariela. A esa altura yo estaba totalmente empapada, y frotándome la concha sobre el pantalón, jamás me hubiera imaginado que me masturbaría sobre una escalera.

El dedo de Mariela entraba y salía cada vez con más rapidez, y los gemidos de Mariana eran cada vez más fuertes, ahora los Siii, siiiii, asiiiiii se escuchaban con nitidez. De repente Mariela se detuvo y sacó el dedo de la concha empapada de Mariana para metérselo en la boca, Mariana se reía y le gritaba:

– Dale puta, no me dejes así, cogeme pendeja.

Mariela se recostó sobre Mariana, se notaba que apoyaba su pubis sobre el de su amiga, y comenzaron las dos a frotarse una contra otra, eso fue lo máximo, gritaban y jadeaban como locas, se insultaban, se pedían más y más, deben haber tenido 5 orgasmos cada una, y yo junto con ellas masturbándome en la escalera.

A partir de esa tarde, esa ventana fue mi obsesión, en la hora en que estoy sola en casa, ya que mi marido está en el trabajo y, vi muchas veces más a Mariela, pero no solo con Mariana, otras veces lo hacía con algunas amigas, de su misma edad. Todas esas adolescentes tan alegres que veía pasar por la tardes, se convertían en unas terribles hembras sexuales en ese cuarto.

Un fin de semana mi esposo Luis tuvo de viajar por un semana por trabajo yo estaba a mil serían como las 5 de la tarde del sábado, una tarde muy fría de invierno salgo al patio para ir hasta el galpón, llego y siento risas, subo a mirar y las veo a las dos comiéndose en la cama, hambrientas de placer, me acomodo para presenciar todo como siempre… y de pronto siento un voz que me deja helada como la fría tarde de invierno.

– Baja de la escalera Julieta ven y pasa, yo helada no sabía que decir, – Mira Mariela dije, ella me puso la mano sobre mi boca, entramos a la habitación, su amiga estaba parada, nos saludamos, juro yo no sabía que hacer.

Me acariciaron y me comenzaron a besar me abandoné por completo, cerré mis ojos, estábamos las tres desnudas, hicimos un 69, nos chupamos, yo tuve 4 orgasmos sin parar, la lengua de las dos me mataban. Mariela estaba sacada de calentura, Mariana también, miré, en una mesa había un arnés con una pija muy rica, me levanté me lo coloqué, las hice poner en perrito y las penetré, gozaron como locas y acabaron como nunca, terminamos fundidas las tres en la cama planeando un nueva aventura.

Autora: Julieta

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Inaugurando el depa.

Metí mi mano por debajo de su tanga, le metía los dedos despacito y entre gemidos me dijo, chúpamela toda, le saqué la tanga y le lamí la concha en todos sus rincones, tenía un sabor y un olor tan espectacular que estaba en la gloria, seguí chupándola y metiéndole dos dedos hasta que explotó en un orgasmo.

Soy Ivana de Córdoba, Argentina.  No me considero lesbiana, de hecho nunca me enamoré de ninguna mujer, solamente me atraen sexualmente.

Hace un mes me mudé de la casa de mis padres y me fui a vivir sola. Como es costumbre inauguré mi depa con una fiesta con todos mis amigos mucho alcohol.

Alrededor de las siete de la mañana se fueron todos, excepto una de mis amigas, Silvina, una hermosa morocha menudita no tiene muchas curvas pero calienta a cualquiera.

Estábamos muy cansadas y borrachas asique nos fuimos a  la pieza para acostarnos, en eso ella se desviste, se queda solamente con una tanga negra de encaje y se tiró al lado mío, en eso aproveché e hice lo mismo.

Empezamos a hablar de sexo, como siempre lo hacíamos, en eso me pregunta si alguna vez había estado con alguna mujer, y le dije que si, como noté su interés en el tema le conté todo.

Le pregunté si ella había estado con una o no, me dijo que no, pero  que le gustaría probar, eso me calentó muchísimo, estaba mojada entera. Le tomé la cara y le di un beso, como ella no se resistió y me siguió la corriente.

Empecé acariciar sus tetas, seguí besándola bajando por el cuello, seguí por sus tetas, chicas pero firmes, tenía los pezones tan duros que de solo acordarme me estoy mojando.

Metí mi mano por debajo de su tanga, le metía los dedos despacito y entre gemidos me dijo, chúpamela toda, le saqué la tanga y le lamí la concha en todos sus rincones, tenía un sabor y un olor tan espectacular que estaba en la gloria, seguí chupándola y metiéndole dos dedos hasta que explotó en un orgasmo.

Subí besándola y le dije que era mi turno de gozar, sin pensarlo bajó de una y empezó a chupármela, al principio noté su inexperiencia pero la fui guiando y terminé teniendo dos hermosos orgasmos como nunca antes los había tenido…

Silvi subió, me abrazó y me dijo, gracias, me dio unos besos y se durmió. Yo estuve un tiempo pensando en todo hasta que me dormí.

Nos despertamos a la tarde, ella me despertó  para que acomodáramos un poco el desorden de la fiesta, nos pusimos a limpiar, mientras se cruzaban miradas pícaras, terminamos de limpiar todo y ella se metió a bañar.

En eso me pega un grito y me dice que entre…

Me estaba esperando con la bañera lista, me miró fijamente diciendo, vení, quiero seguir gozando. Me metí a la bañera. Y seguimos a los besos mientras yo la masturbaba a ella y ella a mí.

Terminamos de bañarnos, fuimos a la pieza, se tiró en la cama con las piernas abiertas esperando que yo fuese.

Saqué un arnés del ropero, se lo puse muy lento llegando hasta el fondo de su cuevita del amor, empecé a cogerla, cambiamos de posición, la puse en cuatro y seguí mientras gemía y me pedía más y más…

Era fabuloso oírla gemir, eso me ponía mucho más caliente. Así estuvimos todo el fin de semana que ella se quedó en mi casa.

Somos mejores amigas y tenemos sexo sin reproches ni complicaciones. Que más se puede pedir si lo pasamos de lo mejor, es maravillosa en la cama y yo no me quedo atrás, y tenemos unos encuentros geniales…

Ahora todos los viernes lo repetimos…Por ahora sin testigos, veremos más adelante si invitamos a una o dos amigas más a nuestras fiestitas…

Un beso.

Autora: Ivana

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