Mi culo despierta

Hola a todos… Me llamaré Arturo, y mi bella esposa se llamará Paula. Ella es descendiente de ucranianos, es rubia como el sol, y sus ojos celestes son llamaradas en la noche. Tiene un cuerpo voluptuoso… soberbias tetas, magnífico culo, apenas una matita de pelos dorados le cubre la concha. Y que deliciosa es su almejita. Cuando la conocí… la desnudé con la mirada. Me imaginé posesionando su cuerpo, en forma salvaje, penetrándola por todos los orificios disponibles… concha, culo, boca… lo que no desnudé fueron sus gustos y preferencias personales. Cuando lo hice, ya era tarde… ¡pero me gustó! Y descubrí una parte de mi sexualidad oculta, de esas que todos lo hombres tenemos y no queremos admitir nunca.

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Mi madre una putita incestuosa

Arturo besaba a mamá metiéndole la lengua, a continuación le dijo, ahora me la vas chupar reina de la casa, para que tu hijo te vea disfrutar como nunca, se dio la vuelta y según le metía la lengua en el chocho le puso la polla en la boca, ella empezó a besar y a lamer alrededor del capullo engullendo poco a poco el súper rabo de Arturo que tenia no menos de 25 cm y el grosor de un brazo…

Ella 48 años rubia, alta cuerpo escultural y muy viciosa y él joven de 22 años. Buscan caballero superdotado para trío. Garantizamos morbo en gran escala por nuestra relación… especial. Se ruega foto expresiva y forma de contacto. Solo se contestará a entendidos- Este anuncio lo pusimos mamá y yo en una revista especializada hace unas semanas. Como da a entender la pareja somos madre e hijo y nos venimos acostando desde hace un tiempo. Ocurrió a partir del momento que mi padre se largó de casa para irse a vivir con su querida.

Todo empezó un día, después de una de las habituales peleas de mis padres. Lo de siempre un empujón una par de hostias y papá que da el portazo con lo puesto. Y como siempre mamá llorando que se echa a desahogarse en la cama… yo me acerco a consolarla ella que me abraza… yo que la mimo… un besito en la cara otro en la oreja, ella que se excita…jadea…nos besamos en los labios…lengüeteo… le abro la bata, la dejo en bragas y sujetador … me desnudo y le meto 20 cm de polla que la convierten en unos minutos en mi concubina, ordeno y mando, a tal punto que en unos pocos meses la había enviciado de tal manera que pusimos el anuncio arriba redactado.

Las contestaciones al mismo fueron abundantes y de muy diverso pelaje, ya sabemos el vicio que hay por ahí suelto. Rechazamos de entrada los muy maduros y los escasos de herramientas poderosas para mamá.

Que había cogido el vicio con mucho retraso y por tanto con mucho apetito. También descartamos algunos que no habían hilado lo del incesto. Y al final seleccioné el siguiente: ” Me llamo Arturo y tengo 35 años, estoy separado y la foto que os mando me la hizo mi última amante.

(La polla flácida era como dos latas de coca cola pegadas) he mantenido infinidad de relaciones sexuales, tríos, orgías heteros y homos, pero me falta participar en una relación incestuosa como la vuestra. No os defraudaré, ya que voy a follaros a los dos con gran placer. Os garantizo discreción y limpieza, y además ofrezco toda la abundancia que se ve en la foto”.

Me puse en contacto con Arturo que así se llamaba y charlamos sobre el contacto, quedándonos los dos prendados y excitados; me dijo sin tapujos las ganas que tenía de follar a mamá, y a continuación se ofreció a enseñarme sus credenciales físicas y me invitó a su apartamento.

Allí después de tomar un whisky, fuimos a la cama y nos desnudamos, besándonos apasionadamente, generado por el morbo, me puso su polla en la mano, era descomunal, si era más larga que la mía, por su grosor era inmensa…me invitó a besársela y fue un brutal 69…yo no podía metérmela en la boca y le dije que a mamá le iba gustar mucho, ya que yo la había enviciado y preparado para degustar tal polla.

Desde allí llamamos a mamá y le dije que se preparara, que iba para casa con Arturo. Le dije que se bañara y que solo se pusiera unas braguitas y sujetador blanco, porque así le gustaba a nuestro invitado. Llegamos y mamá nos recibió de esa manera, le dije que primero desnudase a Arturo y le hiciese los honores como yo le había enseñado mientras yo me sentaba en un sillón con vistas a la alcoba nuestra, donde en el centro estaba la cama, después de unos morreos impresionantes mientras le desnudaba, Arturo se dejaba hacer cuando le quitó el slip la polla saltó enorme y mamá la agarró con las manos y gozosa y caliente la empezó a besar por todas partes sin poder abarcarla, lamió y chupó, capullo y huevos y le tumbó en la cama, y después de lamerle por todo el cuerpo con una disposición especial en el culo, empezó a meterse la polla en el chocho, chorreante de flujos vaginales, muy despacio acompañándose de suspiros y alaridos …Arturo había dejado de ver y entrado en éxtasis, yo sentado en el sillón me sobaba la polla con deleite.

En el clímax de la excitación Arturo dio la vuelta y se puso encima de mamá, sacando su poderosa polla se la volvió a meter hasta el fondo, haciéndole gritar de placer más… más ..Rómpeme ohhhhhhhhhhhhhh que polla…ah… ah… De nuevo Arturo la cambió de posición, poniéndola boca abajo y le dijo, mi reina te voy a dar por el culo, que me ha dicho tu hijo que te gusta mucho…si mi amor…dámela toda por atrás…. y echándole saliva al agujero y metiéndosela con el dedo…

Arturo se la fue metiendo poco a poco… entre gemidos y lloros de placer de mamá ooooooohh….me muero metémela más…hasta los cojones: y aquella polla enorme iba entrando como un supositorio gigante, abriendo y separando el hermoso culo de mama. Ya en el clímax final y entre alaridos de ambos, Arturo sacó su verga y frotándosela con ambas manos regó de semen toda la espalda y el pelo de mamá, como un surtidor enorme, cuando yo aproveché ese instante y le metí mi polla en la boca de mamá, corriéndome al instante y llenándole la cara y pelo igualmente de semen, que ella recogiéndoselo en las manos se fue tragando con gran placer… quedando ambos en la cama sin aliento unos minutos, uno encima del otro. Después se sentaron conmigo en el sofá y tras unos minutos de charla y unos whiskys, pensamos en el siguiente polvo, que ocurrió de esta manera…

Arturo cogiendo de la mano a mamá, se la llevó de nuevo hasta la habitación y besándola con pasión le dijo, enséñame el sitio donde tienes tu ropa interior cielo, mamá abrió el armario y le enseñó un cajón donde tenía toda la lencería, muy abundante porque que a mí me gustaba que me recibiera todos los días con un conjunto diferente y tenía cientos de braguitas y sujetadores, Arturo echando varias encima la cama le dijo que se las fuera probando, cuando llevaba puesto el tercer conjunto, y la excitación de Arturo y mía no aguantaba más, un tanga morado que solo le cubría la mínima expresión de su chocho saliéndole todos pelos por alrededor y un sujetador mínimo que dejaba al descubierto su tetas, (sus medidas son 120 -80- 130)

Arturo se abalanzó sobre ella le arrancó el sujetador y tumbándola en la cama se puso a chupar sus tetas poniéndole los pezones súper erectos y gordos y bajando por el ombligo llegó al tanga se lo sacó y limpiándose la polla con el, por le goteaba líquido preseminal, empezó a chupar al coño metiéndole la lengua dentro, hasta el fondo, como una polla, el clítoris se le había puesto a mamá como yo no se lo había visto antes, como un pequeño pene que Arturo chupaba y ensalivaba, y los gemidos se empezaron a oír por la habitación con ruegos de mamá, fóllame méteme esa polla, Aaaaahh, más, me matas…

Arturo le restregaba la polla por los muslos, alrededor del coño y besaba a mamá metiéndole la lengua como una fregona que le limpiaba toda al boca de babas que iban cayendo por su cara, a continuación Arturo dijo, ahora me la vas chupar reina de la casa, para que tu hijo te vea disfrutar como nunca, cacho puta, así lo hizo, se dio la vuelta y según le metía la lengua en el chocho le puso la polla en la boca, que ella empezó a besar y a lamer alrededor del capullo engullendo poco a poco el súper rabo de Arturo que tenia no menos de 25 cm y el grosor de un brazo…

Ella se tenía que echar la cabeza para atrás para que entrara la mitad de la polla hasta la garganta haciéndola ronronear y producirle pequeños ahogos, él a su vez entre jadeos le empezó a meter la lengua en culo, cosa que gustaba mucho a mama, que empezaba a disfrutar de uno de sus multiorgamos, moviendo la pelvis incontroladamente y pidiendo más… le decía metémela Aaaaaahhhhh… no puedo más me corro…

En ese momento, Arturo se quitó de encima y dirigiéndose a mí, me dice dale polla a tu madre, yo con una gran excitación se la metí de un golpe, estaba tan lubricada que le chorreaba líquidos por las piernas como ríos….te gusta mama…tomá

Uno dos tres golpes de polla y me corrí…ella entre alaridos pedía …más quiero más, decía entre sollozos de placer, entonces se puso Arturo encima y le empezó a meter la tranca, primero hasta la mitad y después entera, estaba tan dilatada que le habría cabido una polla más grande, pero aquella ya era suficiente, y cuando estaba a punto de correrse le dijo, te voy a dar un biberón que no olvidarás nunca mi putita incestuosa, y sacándosela del chocho y apuntando hacia su boca me dijo, abre la boca de mamá que va chupar la lechecita que nos gusta tanto y a ella en particular…

Sujetando su barbilla con una mano y orientando la polla con la otra dirigí el chorro de semen más grande que he visto yo hacia la boca de mamá, a la cual le era imposible digerirlo todo por lo que le rebosaba por las mejillas, mientras seguía teniendo movimientos espasmódicos por todo el cuerpo, inducidos por los orgasmos que se le sucedían unos tras otro, y así se quedó relajada en la cama y tragando y degustando el semen mientras Arturo y yo la mirábamos a ambos lados con las pollas en la mano, y pensando en el próximo polvo…

Pero bueno eso os lo contaré otro día…

Autor: Cientos 27

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Un nuevo amigo

Gerardo se arrodilló y empezó a comerme el culo, luego subió con sus mordidas por mi espalda, me abrazó por la cintura, podía escuchar su respiración sobre mi nuca. Acomodó su verga en la entrada de mi ano y empujó hasta que la cabeza de su pija entró completamente, sus manos separaban mis glúteos para facilitar la entrada de su grueso falo, empujó más y logró meter la mitad.

La mitad del año se había acabado y julio se presentaba tan pesado como los meses anteriores, mi aburrimiento aumentaba mientras trataba inútilmente de atender a la clase del viejo profesor de historia, una caricatura del sexagenario que estaba por terminar mi compañero de al lado era lo que me distraía, cuando el profesor se dio cuenta de lo que hacíamos nos regañó y mientras mis compañeros permanecían expectantes a mi reacción, estuve a punto de contestarle pero tocaron la puerta, el viejo profesor se dirigió hacia la puerta y cuando la abrió, la auxiliar de educación estaba acompañada por un muchacho de cabello negro, delgado y piel muy blanca.

Los profesores conversaron entre ellos unos segundos, luego el profesor presentó al nuevo alumno, se llamaba Zacarías, venía de un colegio del cual nunca había oído hablar el profesor le pidió que diga algo pero el muchacho se quedó callado. Parecía estar algo nervioso, solamente miraba el piso, el profesor le dijo que saludara a todos, el muchacho seguía mirando al piso. –Ho…hola-. No dijo más se veía incómodo al estar en frente de todos, el profesor le indicó su lugar, pasó a mi costado cruzamos miradas por unos segundos, se sentó un lugar detrás de mí.

La hora del descanso llegó como un alivio para mí, salí de salón para estirar las piernas y recrear la vista con los alumnos que practican gimnasia, luego del descanso regresé al aula, puede notar que Zacarías no se había movido de su sitio, estaba escribiendo sobre el cuaderno que estaba sobre la carpeta, levantó la vista me pilló observándolo, me puse rojo de la vergüenza, me senté en mi lugar rápidamente. Los días pasaron rápidamente, y Zacarías seguía sin hablar a nadie, me di cuenta que traía una pena consigo y esa era la razón de su misantropía, tenía que pensar en algo para poder conversar con él. Arturo me buscó una vez más, mientras yo estaba en la sala de redacción terminando la última columna de periódico escolar que debía ser publicado el día miércoles.

– Hola, ¿que haces? -Estoy escribiendo, ¿qué, no es obvio?-. Contesté secamente.- Si, claro-. La razón por la que trataba así a Arturo era la forma en cómo me había hablado el día siguiente de que lo hicimos, como ya les conté en uno de mis relatos anteriores.-Sigues enojado por lo que pasó-.-No, por supuesto que no, para que enojarme con alguien que no vale la pena, solo que estoy por terminar y no me gusta que me molesten mientras trabajo-.-Bien entonces te espero-. Tenía ganas de decirle que se fuera pero él lo entendería como que si me afectó lo que me dijo. –Está bien siéntate sobre esa silla y no hagas ruido-.-Ok, como ordenes-.

Mientras redactaba mi informe, no podía evitar mirar de reojo hacia donde estaba Arturo, debo reconocer que es un muchacho muy atractivo, especialmente cuando está recién afeitado, el cabello hacia atrás como se usaba antaño y la camisa blanca que era una talla menos que la de él se le ajusta muy bien al hermoso cuerpo que tiene es una fuerte distracción para cualquiera, Arturo no dejaba de moverse sobre la silla. -¿Puedes dejar de moverte, por favor?, me desconcentras-. –Sorry, es que estos asientos son muy incómodos-.-A mi me parece que están muy bien-.-Si, pero no todos estamos tan bien acolchados como tú-. Entendí su chiste y me causó gracia pero no me reí para que piense que lo que me decía no me importaba.

Arturo echaba un vistazo a las fotos y recortes de periódicos que se encontraban colgadas en una de las paredes de la oficina. Luego que de un increíble esfuerzo de mi parte logré terminar mi trabajo, deje una nota para que imprimieran el periódico, salí de la oficina con Arturo me dijo que lo siguiera y lo hice.-A donde vamos-. Le pregunté intrigado por su actitud tan cortés.- A uno de los salones antiguos, los que usan como almacén, para poder conversar en privado-. Pronto llegamos a los mencionados salones, Arturo golpeó un poco la oxidada cerradura de la puerta y extendió su mano como un ademán para que yo pasara. Cerró la puerta luego de que él pasara y encendió la luz.

-¿Y de que quieres hablar conmigo?

Le pregunté mirándolo a los ojos.-Como te dije el otro día, estuve pensando en lo que pasó entre nosotros y llegué a una conclusión-. -¿Y cuál es esa?, si se puede saber-.-Que no he dejado de pensar en ti, en tu cuerpo…-.-¿Como debo entender eso? -Quiero que lo hagamos de nuevo mañana, no, hoy si es posible-.-¿Qué?, tú dejaste muy en claro las cosas no querías saber nada de mí, por lo tanto es mejor que lo dejemos así-. No podía creer lo que estaba haciendo, estaba rechazando al chico más guapo de la escuela, pero no podía le juré a Gerardo que me entregaría solo a él.

Arturo se molestó por lo que le contesté, me sujetó muy fuerte de la muñeca y me haló hacía su cuerpo, mi cara y la suya quedaron muy juntas, puede sentir su aliento a alcohol, al parecer había estado bebiendo pero no me había dado cuenta.- ¿Qué dijiste?-. Murmuró apretando los dientes. -Suéltame que me lastimas-.-Si no quieres a las buenas vas a querer a las malas-. Llevó mi otra mano hacía su bragueta, pude notar su verga ya dura, Arturo frotaba mi mano por todo el largo de su miembro.

La puerta del lugar comenzó a sonar, Arturo y yo miramos hacia la puerta, él rápidamente me soltó y fue a esconderse tras unas cajas, yo tardé en reaccionar y me quedé en medio de la habitación, la puerta se abrió y el profesor de matemáticas y la de lenguaje entraron besándose al lugar, al verme ahí se separaron rápidamente y trataron de explicarme lo que pasaba, pero yo les interrumpí y les dije que yo ya me iba.

Pude salir de ahí y librarme de Arturo al menos por el momento, me dirigí a los baños para lavarme la cara la sentía hirviendo por lo que ocurrió, cuando estaba entrando observé a tres muchachos en círculo y a uno en el piso, reconocí a este último al instante, era Zacarías, estaba llorando, los otros eran los abusones del colegio y yo los conocía muy bien, Manuel era el líder, Gustavo y Marcelo eran su estúpidos seguidores, Manuel tenía un cuaderno entre sus manos del cual estaba leyendo, los demás reían a carcajadas, Zacarías lloraba desconsoladamente en el piso. -… Es el muchacho más guapo que he visto en mi vida, y creo que también le gusto… jajajajaja-. Me armé de valor y empujé a Manuel a un lado y me incliné para recoger a la víctima.

-Vaya, vaya se juntaron las dos maricas, esto parece una convención-. Dijo Manuel burlándose de nosotros, el otro par de monigotes volvieron a reír.-Es mejor que te calles si no quieres que cuente tu secreto-. Le contesté a Manuel retadoramente, su cara cambió completamente, Gustavo le preguntó cual era el secreto, Manuel se molestó y le lanzó un codazo en las costillas.-Cállate, no le hagan caso… larguémonos de aquí que apesta a marica-. Dieron media vuelta, Manuel lanzó el diario de Zacarías hacia nosotros y desaparecieron tras la puerta.

-¿Te encuentras bien? Le pregunté a Zacarías, él comenzó a calmarse poco a poco.- Muchas gracias por defenderme-.-No te preocupes, entre nosotros tenemos que defendernos-.-¿Los conoces? – Si tuve que lidiar con ellos un par de veces, ya te acostumbraras-. Le ayudé a levantarse y salimos del baño, en el salón seguimos conversando de nuestras vidas y nos hicimos amigos.

La hora de la salida llegó, salí disparado para mi casa, almorcé rápido y me dirigí a la casa de Gerardo, cuando llegué noté que su auto estaba afuera, él estaba adentro. Abrí la puerta con una llave que Gerardo me había dado, lo busque en la sala y no lo encontré, quizás estaba bañándose, no estaba en el baño, camine hacia su habitación, estaba ahí tumbado en la cama acariciándose suavemente la verga, estaba desnudo, en el televisor una película porno estaba proyectándose.

-Te estaba esperando-.-Que bueno que no comenzaste sin mi-.-¿Como podría si tú eres el que me excita, vamos échate aquí a mi lado-. Me quité los zapatos y me acomodé de lado a un costado de él, mientras que con una de mis manos emprendí el viaje por la tupida mata de vellos que cubría el duro pecho de mi amor, él con la suya me acariciaba la cabeza mientras que con la otra se frotaba plácidamente toda su verga, que aunque no estaba en su máxima expresión ya se veía muy grande.

Los personajes de la película estaban en lo suyo: un negro musculoso con enorme polla obscura que introducía en el rosado agujero depilado de una rubia un poco obesa. Mis dedos pronto alcanzaron su tetilla izquierda y jugaron con ella hasta ponerla dura, mi boca también fue invitada a jugar, pasé mi lengua haciendo círculos, le mordí suavemente y logré arrancar un gemido de la boca de mi amado, su verga ya había alcanzado su colosal tamaño y reclamaba mi atención, acerque mi cara hasta el glande y me lo metí a la boca y lo succioné fuerte, otro gemido emitido por Gerardo me hizo detenerme.

-Despacio que me lo vas a arrancar-.-Lo siento seré más cuidadoso-.

Nuevamente mis glándulas gustativas disfrutaron del delicioso sabor a macho que tienen sus huevas peludas, trate de meterme dos a la boca pero era imposible de lo grande que son. –dale quítate la ropa despacio-.Me levanté de la cama, me puse de espaldas a él y comencé a moverme como si bailara y lentamente me quité la ropa mientras Gerardo se daba una paja con mi espectáculo, cuando me desnudé completamente me coloqué en la posición anterior. Gerardo abordó mis nalgas separándolas y apretándolas, su boca también se aunó tratando de penetrar mi hoyito.

Como si fuera un helado mi lengua recorrió la extensión de su miembro, sus dedos ingresaron en mí provocando dolor mezclado con placer que se incrementaba a cada segundo.-Quiero metértela, date vuelta-. Obedecí al instante, me levanté de la cama y me apoyé mis manos sobre ella levantando el culo. Gerardo se arrodilló detrás de mí y empezó a comerme el culo, luego subió con sus mordidas por mi espalda, me abrazó por la cintura, podía escuchar su respiración sobre mi nuca. Acomodó su verga en la entrada de mi ano y empujó hasta que la cabeza de su pija entró completamente, sus manos nuevamente separaban mis glúteos para facilitar la entrada de su grueso falo, empujó más y logró meter la mitad.

En la pantalla, ya en otra escena, dos tíos follaban a una pelirroja por la boca y por el culo y sus gemidos se confundían con los nuestros, Gerardo había comenzado con su mete y saca que me hacía delirar y me preguntaba que se sentiría tener a dos Gerardos que me follaran por el culo y la boca, una embestida me trajo a la realidad, los peludos brazos de mi amante se apoyaron sobre la cama, sus caderas se movían adquiriendo un ritmo circular que yo disfrutaba al máximo.

Sacó su verga de mi y se tumbó sobre la cama quería que me sentara sobre él y así lo hice, mi culo se fue comiendo su verga de a poco hasta hacerla desaparecer entre los pliegues de mi ano, después de poco rato ya estaba cabalgando sobre él, sus manos me sujetaban de la cintura haciendo que me moviera más rápido. La pelirroja en la pantalla ya no gemía sino gritaba, sus dos acompañantes la estaban penetrando por el culo al mismo tiempo, uno de ellos sacó su pija llena de lubricante y comenzó a eyacular sobre la espalda de ella, el otro hizo lo mismo segundos después. Ella se levantó a limpiar las dos vergas, terminó la película.

Gerardo movía sus caderas más rápido su orgasmo fue inevitable, cinco chorros de caliente leche de mi macho se estrellaron contra mis intestinos, sus manos se apoderaron de mi verga y comenzó a masturbarme rápidamente, su verga palpitando en mis intestinos, su semen saliéndose de mi culo y escurriendo por su verga, el movimiento de su mano, era demasiado, casi sentí desmayarme al llegar al clímax, mi semen sobrevoló y cayó en el pecho peludo de Gerardo, sus caderas todavía se movían lentamente, nos miramos a los ojos exhaustos por el esfuerzo. Esperé a que su nabo disminuyera de tamaño para que saliera sin dolor, y eso fue un buen rato.

-¿Estás cansado? Me preguntó con una ladina sonrisa.-Un poco pero valió la pena ¿no?-.-Claro que si mi chiquito-. Se levantó, yo seguía sobre él, me abrazó y me besó.

Fuimos a las duchas donde una vez más le chupé la verga hasta que se vació en mi boca y me tragué su semen caliente. Luego de secarnos y de vestirnos me fui a casa para dormir y prepararme para otro día de estudio y para Arturo que seguramente no me iba a dejar en paz tenía que pensar en cómo evadirlo y más aun después de su ataque. También tenía una conversación pendiente con Zac de quien habría estado hablando en su diario, solo espero que no sea de uno de mis gimnastas favoritos, eso si sería un problema…

Autor: Crazyoutcontrol

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Vencida por el deseo

Cuando mis dedos se metían en mi vagina,me llevaron a sentir que era la polla de mi hijo la que me estaba follando con el ímpetu de un joven en plena efervescencia, desde que mi marido me había comentado como nuestro hijo me miraba últimamente de otra forma y que le había notado excitarse al hacerlo, algo había cambiado en mi comportamiento.

Aunque, quizás por mi educación por ese puritanismo que nos han enseñado me negaba a aceptar que eso pudiese ser así, se lo negaba a mi marido y me negaba a creerlo pero lo cierto es que quizás inconscientemente en un principio empecé a hacer cosas para probar si eso era cierto.

Me di cuenta que cada vez me paseaba por casa con menos ropa cuando estaba Jorge y, que sin querer, me dedicaba a controlar sus reacciones, sus miradas, en fin a tratar de saber si se excitaba o no como decía su padre.

Una mañana todas mis dudas desaparecieron. Como todos los días me había levantado a preparar el desayuno, Alberto mi marido estaba en el baño afeitándose y Jorge entró como siempre a la cocina a desayunar, me dio un beso, y se sentó a la mesa. Siempre solía ir en slip y camiseta. Yo, como ya he dicho, no se si consciente o inconscientemente, o eso quería creer, últimamente solía ir muy cómoda. Ese día me acuerdo que llevaba una bata corta de raso que me llegaba justo debajo las nalgas, atada con un cinturón y, aunque suelo dormir con bragas, las había echado al cesto de la ropa sucia y no llevaba nada. Lo cierto es que me pasé todo el tiempo agachándome a coger cosas que se me caían, si lo hacía de frente Jorge podía verme las tetas por el escote abierto de la bata, tengo además una 100, es decir unas buenas tetas, y si lo hacía de espaldas le dejaba ver todo mi culo y esa parte que se ve además desde atrás con el vello negro ahí aunque el resto tenga teñido de caoba.

Al irle a servir el colacao y las tostadas le ofrecí la vista de nuevo de mis tetas que asomaban por la bata medio abierta, y vi como una de sus manos estaba debajo de la mesa. De nuevo me agaché pero esta vez para con disimulo mirar donde estaba la mano de mi hijo. Una sensación de vergüenza, de nerviosismo y creo que también de excitación me recorrió como un latigazo cuando vi que su mano agarraba su pedazo de mástil que parecía querer romper el slip. Nerviosa y excitada salí rápidamente de la cocina con la excusa de ir a buscar a Alberto para que no se le enfriase el desayuno.

Esa mañana cuando me quedé sola en casa no hacía otra cosa que pensar en el bulto de mi hijo y en lo que me decía mi marido sobre como le excitaba a Jorge. Sin darme cuenta, sentada en la taza del baño, me sorprendí con la bata abierta, tocándome, con mis labios abiertos, húmedos y mis dedos jugando con mi clítoris. Me miré en el espejo que ocupa todo el frente del baño, me vi los pechos con los pezones rosados duros y excitados, me los acaricié. Venciendo la vergüenza de pensar que estaba así por la excitación que le producía a mi hijo, y no se si siendo consciente que me había puesto así viéndolo como un hombre que quería follarme, que podía hacerlo. Estos pensamientos me llevaron a sentir, cuando mis dedos se metían en mi vagina una y otra vez, que era la polla de mi hijo, de Jorge, la que entraba y salía de mi, la que en aquellos momentos me estaba follando con el ímpetu, con la fuerza, con el ardor de un chaval, de un joven en plena efervescencia. No tardé en sentir un orgasmo intenso, profundo y muy rico cuando imaginé la leche caliente de mi hijo llenándome la vagina. Abrí los ojos y de nuevo me miré en el espejo, con mis pezones aún duros y excitados, abierta de piernas y notándome muy mojada sentí la sensación de ser una zorra.

Pero desde aquel día, desde aquella mañana, mi cabeza no hacía más que pensar en eso. Por supuesto no le comenté nada a Alberto, me daba una vergüenza tremenda el solo reconocer que tenía razón, mucho menos el contarle que excitada como pocas veces, me había masturbado pensando en mi hijo follándome y dejando toda su leche dentro de mi.

A partir de aquel día todo cambió en mí, ya no podía dejar de pensar en mi hijo, no podía dejar de pensar en aquel hombre que tenía en casa, me masturbe un montón de veces pensando en mi hijo follándome. Creo que hasta mi relación con Arturo cambió. Ahora era mi hijo el que despertaba mis instintos, el que hacía que me mojase casi todos los días.

Hasta que una mañana, Jorge había terminado los exámenes y no tenía clase, lo oí levantarse y meterse en el baño, eran como las diez, no sé que me pasó, pero sin apenas pensarlo, me quité la bata que llevaba y me quedé, esperándolo en la cocina, con un camisón corto casi transparente de verano, dudé en quitarme también las bragas pero no me atreví, y esperé a que viniese a la cocina a desayunar.

De espaldas, preparándole las tostadas, sentí su mirada, sentí que en silencio me observaba desde la puerta, yo hice como que no me había dado cuenta que estaba allí. Como una autentica zorra caliente, sin poder evitarlo, hacía movimientos que dejasen mi culo a su vista con mis bragas metidas entre las nalgas. Lo sentí acercarse silencioso, a la vez que me daba los buenos días y un beso en el hombro sentí su pene duro como una piedra apretarse contra mi culo, al momento mi cuerpo se electrizo y sentí un calor intenso entre mis piernas. Sin apartar su polla de mi culo, sintiéndola acomodarse entre mis nalgas, y sin hacer yo tampoco nada por apartarme, me cogió por la cintura, y me preguntó que preparaba. Casi sin respiración, y sin valor para darme la vuelta y mirarle, le contesté que unas tostadas. Sentía como me iba mojando, sentía el calor de mis deseos.

Él seguía allí, sentía como le palpitaba el pene, me miré los pezones estaban disparados bajo el fino camisón, notaba como me mojaba más y más, que vergüenza no podía volverme, ¿por qué me habría quitado la bata? Las tostadas ya estaban, pero no podía volverme y tampoco quería, el gusto que sentía al notar la polla de mi hijo me estaba volviendo loca, hubiese querido darme la vuelta y sentirla sobre mi vientre, agarrarla y besándola llevarla hasta dentro de mí, ser follada allí en ese momento por mi hijo. Pero la vergüenza, los prejuicios y la educación me tenían inmóvil, no me dejaban ni respirar.

En ese momento Jorge se separó de mí, y se fue a sentar a la mesa, aproveché el momento que volvió la espalda para dejar las tostadas encima de la mesa y salir de la cocina. Me fui a mi dormitorio a buscar la bata, estaba temblorosa y sudaba, mis pechos parecían que iban a reventar y tenía toda la braga mojada, mirándome en el espejo me pregunté como podía estar así por mi hijo, pero me gustaba no lo podía remediar. Sin pensarlo metí mi mano bajo la braga y noté mis labios abiertos, mojados y calientes, que rico que bien estaba. De pronto se abrió la puerta y entró Jorge, – Mamá ¿te pasa algo? Te he notado temblar. Se me acercó, yo había sacado la mano rápidamente, se colocó frente a mí y trató de disculparse diciendo que igual me había molestado, pero que se levantaba de la cama muy excitado y que tenía la madre más guapa del mundo. Yo seguía con mi camisón corto y las bragas empapadas. Al sentir su cuerpo rozar el mío para darme un beso, sentí de nuevo esa sensación de deseo de pasión.

Sentí su bulto volverse a pegar a mi, aunque ahora no estaba duro, me dio un beso en la mejilla sin despegarse, enseguida noté que volvía a crecer su pene dentro del slip. En ese momento yo le abracé diciéndole que no se preocupase que eran cosas normales. Ahora si sentía como había deseado su polla dura golpearme el vientre, no me separé, no podía. Mientras estábamos pegados yo le hablaba de la naturaleza de los chicos, de las cosas que eran normales, etc. notaba como él se restregaba contra mi, notaba su polla apretarme el vientre y según hablábamos la movía y movía y había crecido como no podía imaginar. Había apoyado sus manos en mis caderas mientras yo acariciaba su cara tratando de calmarle, aunque la que estaba disparada estaba yo, notaba mis tetas que iban a reventar clavar los pezones en el pecho de mi hijo. Él seguía frotando su pene contra mi vientre a la vez que me apretaba contra él cogida de las caderas No podía aguantar, quería, necesitaba ser follada por aquel muchacho, por mi hijo. Sin poderlo evitar le cogí por las nalgas y yo también le apretaba contra mi.

Sus manos se metieron por debajo de mi camisón hasta agarrarme las nalgas, con los ojos cerrados arrimé mi mejilla a la suya, le deseaba, sus dedos, apartando mi braga empezaron a recorrer la raja entre mis nalgas, yo movía las caderas como una zorra caliente para sentir su polla golpearme el vientre. Empecé a bajarle el slip, con mis manos en su culo tiraba de él hacia abajo, pero su polla, tiesa, dura como un palo, no me dejaba bajárselos. Llevé mis manos hacia adelante hasta liberar aquel pedazo de carne que estaba a punto de reventar. Quería sentir toda su leche en mí, necesitaba ser follada por mi hijo, necesitaba ser follada en aquel momento.

Me aparté, le cogí de la mano y le llevé hasta la cama, le di un beso en la boca y comencé a bajarme las bragas, él me miraba, yo con la vista baja no me atrevía a mirarle. Pensé en quitarme el camisón también y tumbarme para que se abalanzara sobre mi y me follara, no pude, me coloqué de espaldas a él, me abrí de piernas y me acerqué para que desde atrás me follara, sentí una cabeza enorme entre mis labios deseosos de que entrase en ellos, y lo hizo aquel tizón encendido se clavó en la vagina caliente, mojada y deseosa que su madre le ofrecía.

Empecé a menear mis caderas como una perra en celo, a sentir como entraba una y otra vez llenándome la vagina, haciéndome gozar como nunca lo había hecho. Me cogía de las caderas y la clavaba una y otra vez haciendo que mis tetas bailaran a su son, duras, con los pezones erectos y balanceándose a su ritmo, hasta que noté un cálido y cremoso chorro de leche que brotaba llenándome la vagina de la leche de mi hijo. Me corrí, me corrí como pocas veces lo había hecho. Caí boca abajo sobre la cama, sin volverme le dije que marchara a lavarse.

Solo una amiga, Rosa, sabe lo que pasó. Me dijo que era hasta cierto punto normal y que no tenía que darle más vueltas, pero todo ha cambiado, aunque quizás para mejor.

Si quieren mandar sus críticas o comentarios.

Autor: Arturo

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Mi prima Pamela

Le coloqué la punta de mi pene en la entrada de su cueva y ella se la clavó toda de un solo empujón, dio un grito muy fuerte y de inmediato empezamos la danza del mete y saca. Empezamos lentamente y poco a poco fui acelerando el ritmo hasta tomar un ritmo casi endemoniado, pero hermoso, ella gemía como posesa y me pedía que le diera cada vez más fuerte, gritaba y se movía como toda una puta; yo seguía bombeando y empecé a gritarle que ella era mi putita.

Hola, mi nombre es Arturo (obviamente no es el real), mido 1.78m, no soy flaco, pero tampoco soy gordo, tengo ojos marrones, cabello corto negro, tengo un verga de 17 cm.; en fin, digamos que normalito. Pero bueno, dejémonos de presentaciones y vamos a lo que estamos. Era verano (febrero), y mis padres habían alquilado una casa de playa en un pequeño balneario cerca de la ciudad donde vivimos (Trujillo), y yo había ido un par de semanas a pasarla ahí y disfrutar de la playa; aunque lo que no me agradaba mucho, era la idea de estar todo el tiempo con mis primitos (12 y 5), y mis hermanos (21 y 11), con quien precisamente no tenía una clara idea de diversión.

Era un día normal y común como todos ese verano, eran cerca de las 10 de la mañana ya (yo era el único que estaba en casa, pues todos habían ido ya a la playa), cuando escuché el timbre de la puerta, aún medio dormido me levanté de la cama y fui a abrir; tenía puesto únicamente mis calzoncillos, pues hacía mucho calor en esa época del año.

Cuando miré por el ojo mágico de la puerta para ver quién molestaba quedé pasmado al observar que era mi tía Luciana y su hermosa hija Pamela (tampoco son los nombres reales), en ese momento desperté y me di cuenta de cómo estaba vestido, así que fui rápidamente a mi habitación y me puse unos shorts. Me dirigí a la puerta y la abrí, inmediatamente esbocé una sonrisa y saludé a las mujeres, entonces fue cuando quedé helado al ver a mi primita frente a mí, ella es morena (debido a que vivieron 7 años en Brasil), no muy alta, con un trasero redondito, delicioso y unas tetas que aunque pequeñas eran muy apetecibles; las invité a pasar y les pedí que me esperaran un momento mientras me cambiaba para ir a la playa a ver a mi madre y al resto de mi familia.

Mi tía me pidió el teléfono para hacer una llamada, entonces la acompañé a la habitación de mi madre donde estaba el fono, quedando mi prima sola en la sala; me dirigí al baño de mi habitación para cambiarme, con una erección enorme que disimulé muy bien todo ese tiempo, estaba haciéndome una paja en honor a Pamela; estaba en ese letargo cuando sentí que la puerta se abrió, Pamela entró en el baño diciendo algo y me vio en ese agasajo y a mi polla. Sus ojos se dirigieron a mi paquete y se abrieron casi saliéndose de sus órbitas, entonces me tapé como pude y le empecé a gritar por entrar así en mi baño, ella solamente me sonrió y me dijo:

– ¿Te has puesto así por mí?

Y salió velozmente casi cantando, yo me quedé inmóvil sin poder creer nada de lo que había pasado. El resto del día pasó sin mayores, excepto por el hecho de que jugando en el agua, Pamela me agarró la polla y me guiñó un ojo, pero nada más. Al día siguiente, me desperté más temprano de lo normal, a las 9 am y fui a la cocina a tomar el desayuno que mi abnegada madre siempre me dejaba casi preparado. Entonces escuché un gritillo como el que hace alguien cuando se está estirando al despertarse y me volteé.

Era Pamela que llevaba un baby doll celeste claro que apenas le cubría el cuerpo, y se notaba por cómo se marcaban sus pezones, que no llevaba sujetador. Se me acercó y me dio un beso en la mejilla, aunque muy cerca de la boca y me dio los buenos días. Yo tenía una cara de estúpido única y ella se dio cuenta, pues dio una palmada para que despertase y me preguntó si estaba bien, yo asentí. En ese momento empecé a ver a mi prima con otros ojos, como toda la mujer que ya era y empezaba a desearla.

A partir de ese momento me transformé en otra persona, salieron mis instintos a flote. Ella estaba inclinada viendo que había en el refrigerador y al verla así no me pude contener y me acerqué por detrás, le puse mi polla (que a esas alturas ya estaba en pie de guerra), en su trasero, ella se volteó bruscamente y como que se sorprendió, pero al ver mi cara, me sonrió y me dijo:

– Vaya primo, hasta que te animaste.

Eso me excitó muchísimo, entonces la sujeté fuertemente de las caderas y la giré; la abracé y puse mis manos en su trasero, ella dio un suspiro y me dijo que quería más… La levanté y pasó sus piernas alrededor de mi cintura, la llevé así hasta mi cama, donde la tiré y la empecé a desvestir. Me encantó verla desnuda totalmente, con esa rajita depilada y esos pezones súper paraditos. Me quité los calzoncillos y me dirigí directamente hacia ese manjar entre sus piernas, ella me cogió del cabello y empezó a gemir despacio. Yo lamía y lamía su botoncito, dándole de vez en cuando una mordidilla, ella no podía soportar más el placer y ya estaba gimiendo y gritando fuertemente, me decía que la volvía loca y estaba casi arrancándome los cabellos. Estuvimos en esa situación cerca de 10 minutos, que ella disfrutó totalmente, debido a que se corrió hasta tres veces en mi cara, y como a mí me encanta ese sabor, me tomé todo lo que vino de ella, estaba realmente caliente y quería más.

No dijimos ni una palabra, simplemente nos miramos y ella leyó mi mente y supo mis intenciones, se puso en cuatro en la cama e hizo un aullido como de gato, mordiéndose y chupándose el dedo, como toda una putita. Empecé a meterle un dedo en su rajita, mientras con la otra mano buscaba un condón en mi cajón (siempre tengo alrededor de 6 ahí por cualquier eventualidad como esta); ella empezó a impacientarse mientras me ponía el preservativo y empezaba a pellizcarse los pezones y gemir bajito mientras ya tres de mis dedos entraban y salían de su coño. Me coloqué detrás de ella contemplando el panorama y haciéndola sufrir un poco, estaba tan excitada que sus líquidos se escurrían entre las piernas mojando mis sábanas, empecé a acariciarle el culo desde ahí; ella no podía más por lo caliente que estaba y me gritó:

– ¿Me la vas a meter sí o no?

Yo le sonreí y le coloqué la punta de mi pene en la entrada de su cueva y ella se la clavó toda de un solo empujón, dio un grito muy fuerte y de inmediato empezamos la danza del mete y saca. Empezamos lentamente y poco a poco fui acelerando el ritmo hasta tomar un ritmo casi endemoniado, pero hermoso, ella gemía como posesa y me pedía que le diera cada vez más fuerte, gritaba y se movía como toda una puta; yo seguía bombeando y empecé a gritarle que ella era mi putita y que quería que siga siendo, ella me decía que sí, pero que la siga cabalgando, se corrió por segunda vez en esa posición justo cuando yo también me vine, tenía mis manos pellizcándole los pezones, fue un orgasmo brutal.

Me quedé encima de ella, un poco cansado, pero con ganas de más, ella me miró y me dijo que le pareció fabuloso; entonces se sacudió de mí y se paró, ya se iba. Me sorprendió muchísimo. La tomé del brazo y la detuve. Ahora la sorprendida era ella, tenía cara de no entender que pasaba, entonces le pregunté que a donde iba y me dijo que se iba a cambiar para ir a la playa con el resto de la familia. Yo me sorprendí aún más al escuchar eso, lo cual me hizo soltarle el brazo. Ella estaba a punto de salir y me di cuenta que tenía a una mujer deliciosa, desnuda, y toda para mí en ese momento y la estaba dejando ir.

Me levanté de un salto, fui tras ella (mi verga estaba entonada de nuevo), y sin decirle más la tomé por atrás y la levanté un poco, tratando de penetrarla, después de un par de movimientos de mis piernas, logré el cometido, ella dio un gritito y me preguntó que qué era lo que hacía, le dije que no la iba a dejar ir así de fácil y que ella era ahora mía totalmente. Dijo que estaba loco, pero empezó a acariciarme los brazos. Entonces así, penetrada como estaba fuimos hasta la sala y ahí se puso en posición de perrito de nuevo y empecé nuevamente con la faena. Ella estaba bastante excitada y se movía como sólo lo había visto en ella. Estábamos en la mitad cuando me dieron ganas de darle por el culo, ese precioso culito que estaba golpeando en ese momento a mis muslos, cada vez con más fuerza.

Se la saqué del coño, se volteó y me preguntó qué pasaba, yo sin decir palabra empecé a lamer su culito y su raja, ella empezó a gemir despacio, tenía el culo levantado y la cabeza apoyada en la alfombra, se estaba dando un gustazo con mi lengua, pero no sabía cuáles eran mis intenciones reales. Recién se dio cuenta de lo que yo quería cuando introduje un dedo en el agujero de su trasero, ella se tensó y me dijo que se lo sacara.

No le hice caso, sólo le dije que se relajara y confiara en mí, que yo sabía lo que hacía, al principio se resistía y me rogaba que no lo haga (aunque sin poner mucho empeño en ello), pero después empezó a mover el culo en círculos, signo inequívoco que le estaba gustando, le introduje otro dedo, ahora con mayor facilidad, sin dejar de lamer su chochito. Ella empezaba a gemir nuevamente, cada vez más fuerte. Hasta que fue ella quién me pidió que la penetrara por ahí de una vez.

Me arrodillé detrás de ella, mientras se manoseaba los pezones y se acariciaba el clítoris. Puse la punta de mi verga en la entrada de su culito y empecé a empujar poco a poco; primero el capullo, y le acariciaba el clítoris rápidamente; ella estaba gimiendo como una loca.

Cuando sentía que el agujero de su culo ya se había acostumbrado a mi pedazo de carne seguí empujando lentamente hasta haberle puesto toda la polla adentro y empecé a bombear, acelerando cada vez más; y en un par de minutos, ya la cabalgaba estrepitosamente, ella gritaba de dolor, pero sobre todo de placer, seguía moviendo el culo como toda una experta, mientras yo pellizcaba sus pezones y ella sobaba su botoncito, gritaba muy fuerte, estaba a punto de correrse y yo también. Me pidió que me corriera adentro y así lo hice, descargando toda mi leche dentro de su culo. El orgasmo nos llegó al mismo tiempo y ambos gritamos de placer.

Nos quedamos tirados en la alfombra, exhaustos; seguí dentro de ella hasta que me fue posible. Nos besamos apasionadamente y nos agradecimos el uno al otro por el placer brindado. Después nos duchamos juntos, masturbándonos. Luego me puse el short para ir a la paya y ella su sensacional bikini verde y fuimos juntos conversando de tonterías hasta la playa a reunirnos con todos. Desde ese día tenemos relaciones cada vez que podemos, incluso en una ocasión lo hicimos en su casa en plena reunión familiar, pero eso ya es otra historia.

Autor: noteolvidesperu

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El abogado de papá

Creo que me va a dar pena partir tu hoyito y comenzó a introducir su lengua haciendo círculos, me estaba llevando al cielo. Empezó a morder mis nalgas y me encantó. Se levantó y cogiendo la verga entre sus manos la dirigió en medio de mi raja, yo estaba preparado para que lo metiera, pero él empezó a subir y a bajar, su glande resbalaba por el líquido que botaba en abundancia.

Una canción que me era desconocida sonaba en el despertador del estéreo, eran ya las 6:30 a.m., yo aún somnoliento y frotándome los ojos luchaba contra la pereza para abrir los ojos, giré mi cabeza a un lado y contemplé el cuerpo desnudo de Arturo, una sonrisa se apoderó de mi rostro al pensar que al fin había logrado mi objetivo, después de casi tres meses de conquista ese macho “hetero”, había caído.

Estiré mi mano y toqué su pecho, bajé mi mano y toqué los músculos de su abdomen recordando el día anterior: su cuerpo encima del mío y sus caderas moviéndose frenéticamente tratando de que sus 17 cm. entraran más dentro de mí, el sudor resbalando por su pecho y cayendo sobre el mío, su semen volando por los aires y aterrizando en mi abdomen.

Arturo despertó miró el reloj, no me saludó, estaba serio, como si no hubiera pasado nada, como si yo no estuviera ahí, se le hacía tarde para su práctica de fútbol, el fútbol era su pasión y la razón de su excelente condición física, se levantó de la cama y se dirigió hacia la ducha, observé por un momento sus redondas nalgas moverse hasta entrar a la habitación, mi verga estaba al palo así que la tomé en mi mano y empecé a subir y a bajar lo más rápido que pude recordando el cuerpo de Arturo.

Llegué al orgasmo derramando mi semen escuchando el agua de la regadera apagarse. Arturo salió del baño con una toalla en la cintura, yo con la respiración aún agitada lo miré y él a mí, -vístete rápido que ya es tarde, te llevo a tu casa-. Dijo mientras dejó caer la toalla y se puso un bóxer negro y sus pantalones y una camiseta roja.- ¿Puedo darme una ducha?-le pregunté, -puedes hacerlo en tu casa- me respondió secamente.

Terminé de cambiarme, bajamos al primer piso, él delante de mí, nos despedimos de su madre, subimos al coche de su padre y nos dirigimos hacia mi casa. Durante el camino no nos dirigimos la palabra, él tenía la vista fija en el camino yo volteaba a verlo de cuando en cuando, pero él no se inmutó. Se estacionó en la puerta de mi casa y cuando estaba a punto de abrir la puerta dijo: -espera-. Yo me detuve, pero no volteé a verlo- lo que pasó ayer… no volverá a pasar y no quiero que nos vean juntos en la prepa… yo… espero que no lo sepa nadie-.-no te preocupes seré una tumba-.-Eso espero más por tu bien que por el mío-. Bajé del auto y él arrancó, entré a mi casa un poco confundido, mi madre me preguntó si había terminado el trabajo, le respondí que si y me dirigí a mi habitación, me senté sobre mi cama para poder pensar un poco sobre la actitud de Arturo quizás se sintió culpable por lo que hicimos después de todo era semental en la escuela, me sentí mal por haber estado con él.

Mi padre me llamó, bajé.  Cámbiate rápido que vamos a ir a mi trabajo, yo asentí con la cabeza. A papá se le había metido en la cabeza llevarme seguido a su hospital con la intención de que me gustara su trabajo y desistir de mi decisión de ser ingeniero, para él las únicas carreras que podía elegir era la medicina o el derecho, y aunque yo sabía que eso jamás daría resultado sólo lo hacía para complacerlo, sólo que esta vez sería diferente.

Llegamos al hospital, luego entramos a su oficina. Sabía que me daría otro sermón sobre las tradiciones familiares sobre que en su familia había abogados y médicos, por tanto, yo tenía que seguir los mismos pasos. Le repliqué que ya había tomado una decisión y que ella no cambiaría por más presión que pusiera. –Pues ya no te daré más dinero- papá solía darme algo de dinero para mis gastos personales que aunque no era mucho si me eran de ayuda. Pero papá no puedes hacerme esto, es injusto-.-Pues si quieres tomar tu propias decisiones también tendrás que ganar tu propio dinero y para que veas que no soy malo ya te conseguí el trabajo ideal que sólo ocupará la mitad de tu tiempo, -y cuál es ese trabajo le pregunté un poco intrigado.-De asistente.-Claro que no aceptaré papá, no estaré soportando todo el día que me critiques por todo lo que hago.- Papá se echó a reír. -Sabía que dirías eso, pero tranquilo que no vas a ser mi asistente sino el de mi abogado.

Yo conocía a su abogado, el señor Rolando, era un tipo gordo con la piel grasosa, realmente horrible, y me resultaba repulsivo. -No papá, me niego a aceptar, no me gusta ser el asistente de nadie. -No te estoy pidiendo tu opinión es una orden. Papá era igual de terco que yo así que sabía que era en vano seguir negándome. -Y dónde está el gordito, dije en tono de burla. -No, ese ya no es mi abogado, al otro todavía no lo conoces, es nuevo, se llama Gerardo, luego te daré su dirección para que vayas a su casa, empiezas mañana- ya me imaginaba al tipo, otro gordo, como con los que trabajan con papá, o algún otro rasgo físico desagradable a la vista.

Al día siguiente en la prepa me topé un par de veces con Arturo, pero no le dije nada, sólo traté de ignorarlo. A la salida tomé un autobús para acudir a la cita, tenía la más grande desilusión encima. Miraba las calles, se me hizo corto el camino. Bajé del bus y después de 10 minutos logré llegar a la casa, era grande de color amarillo por fuera. Toqué la puerta esperando ver al supuesto esperpento, después de unos segundos salió una mujer negra con un uniforme azul con blanco supuse seria la empleada, me presenté, ella me dijo que se llamaba Amanda, le dije a que había ido, me hizo pasar, dijo que el señor no se encontraba, pero que no tardaba en llegar.

La espera se haría más larga, yo estaba sentado en medio de la sala, observé unas fotografías sobre una repisa y me acerqué a verlas, en ella se veía a un muchacho muy guapo de cabello castaño y de ojos verdes de unos 18 ó 20 años junto a unas jovencitas muy lindas y una mujer que a lo mejor sería su madre por el parecido físico, Amanda entró a la habitación y cuando me vio junto a las fotos me comentó que eran los hijos de Gerardo: Gabriel, Catalina y Elisa, y su esposa Natalia.

Natalia era una mujer muy hermosa, Amanda se sentó a mi lado para hacerme compañía, yo le pedí que por favor me hablara del señor para irme haciendo una idea de cómo era y ella empezó, pues el señor Gustavo es una maravillosa persona, trabajador aunque a veces reniega por tonterías, pero fuera de eso es una buena persona. Mientras Natalia seguía describiendo sonó la puerta, alguien estaba entrando. El entró a la habitación, yo me quedé perplejo era el hombre más bello que había visto en mi vida, era más alto que yo, aproximadamente 1.80, cabello negro ondulado y ojos color miel, una barba como de dos días que le hacían ver muy masculino, hombros anchos y un porte de dios griego impresionante, nos quedamos mirando por unos segundos, sentía algo extraño con su mirada sobre mí, sentía mi corazón latir a mil, creo que me puse rojo como siempre pasa cuando estoy nervioso.

El se acercó a mí extendió su mano y con una voz muy varonil dijo: -tú debes ser Jesús, tu padre me ha hablado mucho de ti- después de unos segundos levanté mi mano. -sí, yo soy Jesús -. Los cachetes me ardían, había sido la impresión que me causó verlo, poco a poco me fui calmando. Amanda me trajo un refresco para que me sintiera mejor.-Lo siento te debo una disculpa por mi tardanza, pero me atoré en un embotellamiento terrible…- -No se preocupe Amanda me hizo compañía mientras lo esperaba.-Bueno entonces pasemos al despacho para comenzar. Yo lo seguí abrió las puertas de la habitación y entramos.

No podía dejar de mirarlo, era hermoso, como comprenderán mi verga estaba reventándome los calzoncillos, le pedí permiso para ir al baño, estás en tu casa me dijo. Yo fui casi volando al baño para poder desahogarme, ya en el baño empecé  a masturbarme imaginando a ese macho besándome, por mi excitación sólo unos minutos fueron necesarios, eyaculé manchando mi pecho y un poco cayó en mi cara. Me limpié y regresé con Gerardo, así seguimos revisando los documentos.

El miró el reloj, se sorprendió lo tarde que era, se levantó y dijo:-creo que se nos pasó la mano- sonrió tenía una linda sonrisa. -Que te parece si te invito a cenar y luego te llevo a tu casa, espero que no me rechaces después de todo fue mi culpa-. Yo acepté sin dudarlo. Se desajustó la corbata y se desabrochó dos botones de la camisa y pude ver la mata de vellos que se escapaban por la abertura de su camisa otra vez la verga se me puso a mil, pero ya no podía ir de nuevo al baño pues se haría más tarde para la cena.

Me llevó a un restaurante muy bonito. Mientras esperábamos la cena empezamos una conversación.-Señor mientras lo esperaba vi la foto de sus hijos, luego me di cuenta que no estaban en la casa-.- Primeramente deja de decirme señor tutéame y dime Gerardo que me haces sentir viejo. Y pues mis hijos… mis hijas mayores estudian en el extranjero y Gabrielito vive con su madre, pero viene a visitarme algunas veces, desde mi separación con Natalia él se distanció mucho de mí tal vez me odie no lo sé-. Terminó un poco resignado. Al menos estaba separado eso estaba a mi favor. Llegó la comida y entre confidencias y confidencias él me preguntó si tenía novia, le contesté que no.- Que raro un chico bien parecido y alegre como tú debería de estar rodeado de muchachitas-. Yo sólo sonreí con su cumplido y me puse rojo otra vez.-y ust… tú no sales con nadie-.-No desde mi separación, quedé destrozado y sólo me dediqué a mi trabajo. Terminamos la cena y la conversación. Los siguientes días fueron casi iguales, entre nosotros había surgido una gran amistad, claro que yo lo miraba con otros ojos, una noche que habíamos terminado temprano le propuse que nos quedáramos a cocinar, el aceptó, pero me advirtió que no había cocinado en años.

Decidimos preparar tallarines por ser la comida favorita de Gerardo. Mientras cocinábamos nos lanzábamos pedacitos de zanahoria o algún otro ingrediente, se veía tan hermoso tratando de picar la cebolla. Eso me hizo llorar, pero reí y él también, me di la vuelta para lavarme los ojos y cuando giré, él estaba detrás de mí con las verduras en la mano y lo empujé. -Lo siento-.-No, fue mi culpa-. Nos agachamos a levantar lo que había caído, estiré mi mano para recoger un tomate y él hizo lo mismo, pero yo llegué antes y su mano quedó sobre la mía, nos miramos, estábamos muy cerca, sentía su respiración sobre mi cara, me perdí en sus ojos, quedé hipnotizado, poco a poco me fui acercando a él, cerré mis ojos y junté mis labios con los suyos, nos besamos, yo abracé su cuello, nuestras lenguas jugaban entre ellas, su aliento a menta me volvía loco, pero de pronto me separó de él. -Esto… fue una mala idea-. Yo lo miré, se levantó dándome la espalda y apoyándose sobre la mesa dijo: -te llevaré a tu casa-.

Subimos al auto, no dijo nada más, la escena me recordó lo que pasó con Arturo, lágrimas rodaban por mi cara, pero no podía dejar que pase lo mismo.- Tal vez debí decirte hace mucho que me gustabas, que yo era gay-. El detuvo el auto y se estacionó a un lado del camino, estaba muy oscuro, pero la luz del auto nos alumbraba. Se quedó en silencio un momento.-ya me había dado cuenta de que eras gay por tu forma de mirarme, pero… ah… no puedo corresponderte-. -También me besaste, eso significa que sientes atracción por mí-. Dije aún llorando.-debo admitir que me gustas, pero no podemos, no está bien yo podría ser tu padre-.-Pero no lo eres-. Mi llanto se incrementó.-Por favor deja de llorar no quiero verte así-. Dijo agarrándose la cabeza con las manos, volteó a verme y estiró su mano recogiendo una de mis lágrimas no sé si su mano estaba fría o si mi cara estaba ardiendo por el llanto, luego me atrajo hacia su cuerpo abrazándome mi cara quedó contra su pecho, pude sentir su perfume y su olor a macho.-Por favor entiéndeme, no podemos- se escuchaba confundido.

Yo debía aprovechar, levanté la cabeza y nos miramos, otra vez estábamos cerca el calor de nuestro cuerpos fue más fuerte que su inhibición, me besó y yo le respondí con otro beso, sus manos acariciaban mi espalda, las mías buscaban su pecho, logré desabotonar su camisa, por fin pude tocar la alfombra que tenía en el pecho, toqué sus tetillas, estaban duras debajo de mí, sentí que algo crecía en sus pantalones, dejó de besarme, me asusté, pensé que se había arrepentido.-Estás seguro de que quieres continuar-.-Nunca había estado más seguro-. Lo besé de nuevo, le quité la camisa, casi no podía ver piel, pero si un abdomen y un pecho duro, estaba cubierto por vellos por todos lados, empezó a acariciarme el culo.-Que rico culito tienes-. Bajé su bragueta y sus calzoncillos, saltó una verga de unos 19 ó 20 cm ligeramente curvada hacia su estómago, definitivamente era más grande que la de Arturo.

La metí en mi boca y empecé a chupar, tenía un olor riquísimo y un sabor un poco salado por el líquido pre seminal que tenía, me agarró de los cabellos y guiaba el ritmo yo subía y bajaba mientras su otra mano hurgaba en mi agujerito, trataba de hundir sus dedos, yo me movía.  Comencé a chupar sus peludas bolas que se habían contraído por la excitación, le daba lengüetazos.-Creo que mejor pasamos atrás para estar más cómodos dijo, se terminó de quitar los pantalones y se sentó en la parte trasera mirando hacia delante, yo terminé de desvestirme y me senté sobre él, intenté clavarme en él, pero no entraba, me dolía mucho. -Ponte en cuatro para lubricarte-dijo con la respiración agitada. Yo obedecí, el se colocó tras de mí, separó mis nalgas con sus manos, yo giré mi cabeza, lo miré, él estaba mirado mi culo como analizando lo que iba a hacer.

Creo que me va a dar pena partir tu hoyito jajajajajaja-. Acercó su cara y comenzó a introducir su lengua haciendo círculos, me estaba llevando al cielo yo arqueaba la espalda del placer. Empezó a morder mis nalgas suavemente eso nunca me lo habían hecho y me encantó. Se levantó y cogiendo la verga entre sus manos la dirigió en medio de mi raja, yo estaba preparado para que lo metiera, pero él empezó a subir y a bajar, su glande resbalaba por el líquido que botaba en abundancia. -¡Deja de jugar y métela ya!-.

El rió, puso su verga en mi agujero e hizo presión, logró entrar la cabeza, pero me dolió un poco, empujó más y poco a poco comenzó a entrar, me acariciaba la espalda suavemente, me tomó por la cintura y sin decir nada me jaló hacia él y se introdujo toda de golpe. -¡Ay! grité, él se detuvo un momento y se pegó a mí, me abrazó, besó mi cuello. Sentí todos sus vellos en mi espalda me hacía cosquillas con su barba que la pasaba por mi nuca.

Era increíble estaba en un auto en medio de la calle, tenía una macho ensartado en el culo y lo mejor, era el hombre que amaba. Gerardo empezó a mover sus caderas lentamente, lo sacaba un poco luego lo volvía a meter cada vez lo sacaba más y lo hundía más, yo estaba muy excitado sentía que mi verga explotaría en cualquier momento, Gerardo movía sus caderas rápidamente y decía cosas obscenas que me excitaban más y más. -Voy a correrme…-dijo, mientras aceleraba el ritmo de sus embestidas, sentí que la introdujo toda, se pegó a mi cuerpo, su verga se hinchó y su semen caliente refrescó mi adolorido culo. Gerardo jadeaba con fuerza, yo tomé mi pene entre las manos y me la jalé hasta que me corrí contrayendo mi esfínter, apretando la verga de Gerardo que aún estaba dura.

Poco a poco muestras pijas disminuyeron su tamaño, estábamos exhaustos, pero felices, mientras nos vestíamos oímos el sonido de una patrulla de la policía, nos terminamos de vestir rápidamente y nos ubicamos en nuestros respectivos asientos, el policía tocó la ventana del auto, Gerardo bajó la ventana, era un policía moreno y simpático. Alumbró a Gerardo con una linterna.- que hacen aquí, hace rato que este auto está estacionado y me pareció sospechoso-.-Lo siento oficial, pero mi hijo y yo discutíamos y por eso nos demoramos-. El oficial me alumbró a mí. -Eso es cierto muchacho-.- Cierto oficial-.respondí quedadamente, estaba un poco asustado, tenía miedo de que se diera cuenta del olor a sexo que había en el carro.- Siendo así sólo tengo que decirles que tengan cuidado, por aquí es una zona peligrosa especialmente de noche-.-Gracias oficial-. Gerardo encendió el auto y nos dirigimos hacia mi casa riendo.-Por poco y nos descubre eh-.dijo aliviado. -Si papá-.dije yo, él rió.-Fue maravilloso hace mucho no gozaba tanto-. Y le contesté.-pues tú tampoco estuviste mal, jajaja, era broma fue increíble-.Nos tomamos de la mano hasta llegar a mi casa.

Cuando llegamos se estacionó cerca, nos miramos y le dije: -tú ¿te arrepientes de lo que hicimos?-.-No, claro que no-. -Yo tampoco-. -Te quiero mucho-. -Te amo. Me ofreció una sonrisa y nos unimos en un beso apasionado. -Déjame tocar tu pecho una vez más antes de irme-. El se desabrochó la camisa y toqué su pecho peludo sus tetillas. -Para por favor o no podré detenerme-.-Eso es lo que quiero-reímos, quité mi mano y cuando salía del auto me pellizcó el trasero y reímos una vez más. El arrancó, no me lo podía creer, por fin había estado con Gerardo era el día más feliz de mi vida, entré a mi casa, subí a mi cuarto, me quedé mirando el techo por horas pensando en lo que había pasado. Logré quedarme dormido.

Al día siguiente en la escuela mientras estaba en el recreo dibujando a los deportistas para distraerme un poco, se me acercó Arturo.-Hola-. Me dijo. -Pensé que no querías que nos vieran juntos-. -Eso fue antes-. -Y qué te hizo cambiar de opinión-.-No lo sé, estuve pensando en lo que pasó y…-.- ¿Y?- Pues yo creo que me precipité en decirte esas cosas y ni siquiera sé porqué las dije-.-Si me di cuenta de eso-.-¿Estás enojado? -No, no tengo motivos para estarlo. Tu novia vino a buscarte-le dije, indicándole la dirección en que se encontraba Bárbara, la porrista, era la novia de Arturo. -¡Diablos!, esta conversación no ha terminado, ¿ok? -Si como digas-. La verdad era que ya no me interesaba Arturo ni siquiera como amigo aunque eso nunca lo fue. En la salida estaba Gerardo esperándome en la puerta con su auto, yo me emocioné al verlo, me subí al auto y me fui con él.

Autor: sexy little boy

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Hermanito enfermo

Me hacía gemir como una loca, arañé su espalda, él metió sus dedos en mi culo y su lengua muy dentro de mi boca. Le pedí cambiar de posición, tomó mis piernas y las puso al hombro y me penetró sin parar una eternidad. Sentí que llegué a la luna más de una vez era lo más rico y maravilloso que una mujer puede sentir. Le dije al oído más fuerte y ya estábamos corriéndonos juntos.

Les quiero contar una historia que me sucedió con mi hermano. Mi nombre es Janeth y el de mi hermano es Henry. Nosotros vivimos en la ciudad de Huancayo-Perú. A media cuadra del parque los héroes del distrito de Chilca. Él tiene 23 años y estudia Medicina en la UPLA y yo tengo 19 añitos y estudio odontología en la misma universidad.

Era uno de esos tantos días en el cual mi hermano se enfermaba de los pulmones ya que el pobre tiene principio de cáncer al pulmón. Estaba echado sobre la cama débil y triste. Así que me acerqué al filo de su cama para poder consolarlo en su tristeza. Ya te vas a poner mejor le decía. Me recosté al lado de él y tomé su cabecita para que pueda recostarse sobre mis pechos. Se acomodó y nos quedamos en silencio. Aquel día tenía que salir con mi enamorado y más tarde con Luis otro enamorado. Pero al llegar la noche él me pidió que no lo deje porque sentía mucho miedo quedarse solo.

Está bien le dije. Pero voy a llamar a Arturo para avisarle que ya no saldré le dije. Arturo es su mejor amigo y mi enamorado. También llamé a Luis. Luis es el chico con el que le engaño a mi enamorado, un estudiante de odontología. Bueno así que regresé y me alisté para dormir con el pobrecito de mi hermanito. Hazte a un lado le dije y él se arrimó con una sonrisa de felicidad ya que estaba muy asustadito.

Ya en la cama escuché la voz de mi madre que me dijo que lo arropara bien y lo cuide mucho. Ella es obstetra.

Bien le dije, lo abracé y él también lo hizo. Nos quedamos quietos y en silencio cuando me di cuenta que mi chochito estaba rozando una puntita durita. Yo pensé que era un botón de su ropa de dormir, pero cuando él se acomodó más cerca de mí sentí que era una cosa muy grande. Estaba sintiendo el pene de mi hermano. Acaricié su nuca tratando de consolarlo y él me apretó más a su cuerpo y no saben qué bien sentí.

Era maravilloso sentir cómo esa cosa iba creciendo poco a poco muy cerca de mí. Pronto sentí que mi vulva también empezaba a hincharse más y más y a ponerse húmeda y caliente. Mi pecho se agitaba era fantástico. No sé por qué empecé sin querer a besarlo en la oreja y él me dijo que nunca olvidaría esto. Y también empezó a besarme en el cuello. Él me estaba acariciando y yo nada pude hacer para impedírselo. Sentía sus grandes manos acariciar mi espalda. Era tan rico.

Poco a poco empezó a meter su mano dentro de mi pijama para poder apretar mis nalgas redondas y apretujarlos con pasión y dulzura. Era tan rico que lo estaba disfrutando. Así que me eché boca arriba y el hizo lo propio sobre mí. Tomó mis pechos entre sus dedos y me decía que nunca creyó que esto era posible pero que era lo más maravilloso y me besaba sobre mi ropa. Se movía rítmicamente y con fuerza como si tratase de hacerme sentir su órgano grande y duro. Mi chocho estaba húmedo y reventando de calor.

Ni Arturo había hecho eso antes. Aunque Luis en una oportunidad me besó los pezones de lo más rico pero nada más. Henry era todo un poder de placer. Poquito a poquito fue desabotonando mi ropa para dejarme desnuda. Lo primero que hizo sin pensarlo dos veces fue mordisquear mis tetas, redondas y erectas. Tomé sus huevos entre mis manos y le dije:  mételo.

Ni terminé de decirlo y empezó a desnudarse con locura con ira pero deliciosamente. Acomodó a su preciosura en el umbral de mi huequito y de un solo tiro me penetró sin que mi vagina se diera cuenta que ya estaba siendo frotada y desflorada sin compasión. Mi hermanito, mi primer hombre, mi primer coito. Explotaba en humedad y lujuria quería tenerlo dentro muy dentro por siempre y para siempre.

Me hacía gemir como una loca, arañé su espalda, él metió sus dedos en mi culo y su lengua muy dentro de mi boca. Le pedí cambiar de posición para así sentir en mi vientre a su pene largo y hermoso. Tomó mis piernas y las puso al hombro y me penetró sin parar una eternidad. Sentí que llegué a la luna más de una vez era lo más rico y maravilloso que una mujer puede sentir. Le dije al oído más, más fuerte y guauuuuuuu, ya estábamos corriéndonos juntos y eyaculando nuestros líquidos.

Nunca lo olvidaré. Qué delicia. Él seguía moviéndose y contrayéndose como si tratará de vaciar la última gota de su líquido caliente y abundante. Me seguía besando mis tetas tiernamente hasta que me quedé satisfecha de sus labios y de su saliva sobre mi cuerpo. Poco a poco nos tranquilizamos mientras me apretaba mis nalgas. Uffff… ¿chicos pasa algo?… preguntó mi mamá. No mami respondí con el poco aliento que me quedaba.

Si supiera que su hijita ya no era más una niña sino una mujer con mucho semen dentro y lo mejor de su propio hijo enfermito.

Bueno preciosos quieren que les cuente más… ahora puedes encontrarme en la casa de Arturo… ¿Luis?…me hizo más de lo que mi imaginación pudo alcanzar y me dejó. Luego les contaré la historia de la pinga de mi abuelo.

Autora: Janeth

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El amigo de mi hermano

Definitivamente me hacía gozar, estaba entregado y subyugado en los brazos de Arturo, luego las subidas y bajadas a lo largo de su tronco venoso fueron más rápidas, yo enloquecido casi cabalgaba encima de Arturo hasta que sentí algo crecer en mi ano, era su condón que indicaba que Arturo había eyaculado, lo que hice fue quitarle el condón y limpiarle con mi lengua toda su leche.

Yo desde que tenía 18 años sentía atracción hacia personas de mi sexo, y tuve varios fajes que no pasaban de besos y caricias con un primo 2 años mayor que yo, hasta que me dio un ultimátum y me dijo, o te dejas follar o ahí muere, yo quiero acción y me entregué a mi primo quien me cogió muy rico, después solo quería que se la chupara, lo hacía hasta 3 veces por semana o sea que me volví experto en chupar vergas gracias a mi primo Mauro, después él se fue a estudiar a Monterrey.

Un año después, puse mis ojos en otro un chavo de 27 años que se llama Arturo, es alto, blanco, fuertes pectorales bien formados por el ejercicio, y unos brazos con músculos, pero no exagerados, él es muy amigo de mi hermano mayor de 26 años y de un primo, con frecuencia se reunían en mi casa, pero tenía novia, quizás eso me detenía a no avanzar más con él, ya que cuando jugábamos fútbol buscaba ir en su equipo, por lo regular yo metía goles al igual que Arturo y al festejar un gol me agasajaba sin que nadie sospechara.

Cierto día me encontraba en la casa viendo televisión y jugando al Nintendo solo, ya que mis hermanos se fueron de rol y mis padres estaban de viaje, cuando llaman a la puerta y era Arturo, que venía un jeans ajustado y una playera azul que la hacían ver realmente sexy, buscaba a mi hermano y le dije se fue con mi primo y otros cabrones de rol, y Arturo dice:

-Es que me llamaron, y pensé que querían que viniera. -No, era para invitarte, pero no se a donde fueron, (realmente si sabía) y lo invité a jugar…

Estuvimos un rato, pero yo le ganaba fácilmente, después empezamos a charlar un buen rato, ya eran como las 8 de la noche y por fin llegó el tema del sexo, me preguntó que si tenía novia y le dije que no, y él dijo, -¿sabes?, extraño a mi novia, no he tenido nada de sexo desde hace un mes, (ella había salido de vacaciones con sus familia a Europa), pero le dije, tengo entendido que se hablan a diario, a lo que Arturo me dijo:

-No es lo mismo, teníamos buen sexo cada fin de semana.

A lo que yo le pregunté: -¿De veras te la cogías seguido?, y Arturo alardeando me respondió:

-Claro, también me la chupa, eso es lo más extraño, sus mamadas.

Yo le digo si tanto extrañas eso, deberías buscar un sustituto, y Arturo se agarra su verga y me dice bromeando:

-¿No quieres ser tú?

Yo le sigo el juego y le digo, -Claro si tú quieres, pero más que seguirle era lo que yo deseaba, pero retándome me dijo:

-¿Cuánto a que no me la mamas?

Yo le dije a que si pero no me aguantaba la risa, y Arturo pensando que jugaba se desabrochó su jeans y pude ver un bello slip negro Calvin Klein que lucía muy bien a su verga y a su color de piel, muy blanca, yo me puse nervioso, y él se dio cuenta y dijo:

-Ya ves te gané.

El pensó que me había asustado, pero yo le bajé el slip y no le di tiempo de reaccionar y me metí parte de su verga en mi boca, él sacado de onda dijo:

-Espérate cabrón, era broma, tratándome de sacarla, pero el placer que le daba mi experiencia mamadora lo hicieron ceder y me obsequiaba su verga, la cual iba creciendo hasta alcanzar unos 22 cms, mientras gemía y decía, que rico la mamas putito.

Yo al ver que me entregaba su verga continué mi labor mamadora y le di lo que hasta hoy ha sido mi mejor mamada, de manera lenta y suave me la introducía subiendo y bajando, me la sacaba toda, y la veía afuera toda ensalivada y mis labios se deslizaban por su tronco venoso y la hacían desaparecer por completo, Arturo con la mirada pérdida, gimiendo, acariciando mi cabeza y diciendo:

-Así que rico la chupas, trágatela toda pinche putito ten toda la poronga, sacia tus instintos.

Y él siguiendo mi ritmo sujetaba mi cabeza y me taladraba nuevamente, después de varios minutos de mamársela, él arreció las estocadas, era la señal que pronto se correría por lo que succioné su verga más rápido haciéndolo gemir más fuerte y diciendo:

-Me vengo, déjame sacarla.

Pero yo hice lo contrario y la desaparecí en mi boca sintiendo sus espasmos y luego su rico semen, inundo mi boca y mi garganta, lo succioné todo hasta que no quedó nada, le deje la verga limpia, él se quedó fuera de órbita, por el orgasmo que le hice sentir, yo me levanté temeroso de su reacción, cuando de manera violenta me toma del brazo, yo nervioso porque que me podría dar una golpiza por andar de mamador, claro era fuerte al lado mío, pero lo que hizo fue darme un beso, y vaya boquita la de Arturo, que sabroso me besaba su lengua toda en mi boca, nuestras salivas intercambiándose, mientras sus manos iban despojándome de mi ropa, yo le quité su camisa, y al ver esos fabulosos pectorales me excite más aun, ambos ya desnudos él dijo, -ven vamos a tu cuarto y me cargó, ya en mi recámara, se sentó en la cama y yo sentado en sus piernas, y Arturo sin dejar de comerme a besos, manoseaba mis pezones al tiempo que sentía en mi raya del culo el roce de su verga y me dijo de manera muy sensual:

-Te voy a coger, no te me vas a escapar.

Después me recosté en la cama y él me besaba el cuello, luego descendió a mis pezones, mientras sentía su verga erecta sobre mi pierna, Arturo mordía delicadamente mis pezones, me producía un enorme placer, luego sus labios se detuvieron en mi abdomen quien lo lamió y chupó llenándomelo de saliva todo, luego bajó y se metió en su boca mi pene de 17 cm. Y simplemente cerré mis ojos y dejé que Arturo solo hiciera su labor, mientras dos de sus dedos los introducía en mi ano, yo enloquecido de placer, sus mamadas fueron más lentas que las mías, solo sentía esa cueva húmeda que se engullía mi verga, y la desaparecía.

Arturo aprendió a mamar muy rápido quizás de lo cachondo que lo puso mi chupada, después eran 3 dedos en mi ano ya dilatado, él se dio cuenta de que estaba listo para la estocada, y arreció la mamada que ya pasaba de 10 minutos, y finalmente sentí espasmos, él seguía devorándose mi verga que finalmente me corrí y le llené la boca de sabrosa leche, y subió y saboreamos en un largo y profundo beso de tornillo mi semen al final dijo:

-Ven, vamos para este lado.

El sentó en una silla, yo me hinqué y me llevé su miembro de nuevo a la boca, y justo cuando me lo devoraba, dijo:

-Me gustan tus mamadas, me hacen gozar mucho, pero esta vez te quiero follar, así que párate.

Le obedecí, y él sentado en la silla, poniéndose un condón y yo parado frente a él, y con sus manos fuertes tomó mis afiladas y delgadas caderas y me sentó frente a él, primero estaba sentado sobre su verga aun sin penetrarme, comiéndonos a besos, luego me levantó y me puso la cabeza de su verga en mi ano y despacio fue entrando, yo me retorcía del dolor, ya que solo me la habían metido una vez, él me subía y bajaba lentamente hasta que todo su mástil entró en mi culo, luego todo el dolor que sentía se volvió placer, y mi ano respondía a las estocadas que ese pene me daba, se lo engullía todo y al tenerlo todo dentro apretaba haciéndolo decir:

-Así, tenla toda si esto es lo que quieres mi bello putito.

Con sus manos me subía y bajaba metiéndomela toda, al mismo tiempo me daba unos besos llenos de lascivia y pasión, definitivamente me hacía gozar, estaba completamente entregado y subyugado en los brazos de Arturo, luego las subidas y bajadas a lo largo de su tronco venoso fueron más rápidas, yo enloquecido casi cabalgaba encima de Arturo hasta que sentí algo crecer en mi ano, era su condón que indicaba que Arturo había eyaculado, lo que hice fue quitarle el condón y limpiarle con mi lengua toda su leche, después fuimos a la cama y él sonrió y nos besamos, y me volvió a coger ahora en la cama.

Desde ese día y escondidas de mi hermano nos seguimos viendo, principalmente en su departamento, donde la pasamos muy bien, él sigue con su novia y yo sigo siendo su amante clandestino y todo lo hacemos a escondidas de la gente.

Autor: Mamador

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Sinceramente estoy desesperado

Me untó bastante saliva en el pene e inició su descenso sobre mi mástil. Poco a poco, se lo fue metiendo, quejándose a cada centímetro. Cuando llevaba casi la mitad dentro de su ano, resbaló accidentalmente y mi pene desapareció completamente en su dilatado esfínter. Mi primo lanzó un grito desgarrador y cual “resorte” se separó de la barra que lo penetraba.

Mi nombre es Arturo, vivo en Venezuela, tengo 24 años, 1,90 mts., de estatura. Ojos y cabello café, atlético, (sin ser musculoso), y la mayoría de las mujeres me encuentran “bien parecido”. Pero tengo un problema gigante.

Mi pene erecto mide 32 cm., con cuatro centímetros de ancho y rematado por una cabeza de unos siete cm., de espesor. Desde pequeño, me llaman “burro” aludiendo al tamaño de mi pene.

Lo cierto es que ningunas prostituta acepta tener relaciones conmigo, luego de ver el tamaño de mi barra. Tal vez para muchos esto sería motivo de orgullo, pero para mi es verdaderamente un problema.

Cuando cumplí 18 años, tuve mi primera experiencia sexual. Aunque yo ya me masturbaba, luego de tener mi primera y única eyaculación nocturna.

Esta fue con otro hombre, un primo, compañero de clases, quien, comenzó a tocarme la pierna y luego agarrarme el “mastranto”,  mientras estudiábamos solos en casa. Naturalmente mi pene respondió a sus estímulos manuales, erectándose a su máxima capacidad. Pero cuando sus labios y su lengua se posaron sobre mi barra, creí desfallecer de la excitación. Por suerte, me había masturbado al despertar, (como lo hacía casi a diario), y pude contener la eyaculación por más de 15 min.

Mi primo, al ver mi miembro en plena erección comprendió el origen de mi apodo, exclamando:

-¡Vaya primo es el miembro más grande que he visto, inclusive en las películas porno!

Dejé que lo siguiera saboreando un buen rato y luego le propuse:

-¿Primo, te gustaría metértelo?- ¡Nos desvirgaríamos los dos!

Luego de pensarlo por unos segundos aceptó, pero bajo la condición de sentarse sobre el, a fin de controlar la penetración.

Me untó bastante saliva en el pene e inició su descenso sobre mi mástil. Poco a poco, se lo fue metiendo, quejándose a cada centímetro. Cuando llevaba casi la mitad dentro de su ano, resbaló accidentalmente y mi pene desapareció completamente en su dilatado esfínter. Mi primo lanzó un grito desgarrador y cual “resorte” se separó de la barra que lo penetraba.

Mi pene estaba cubierto de una mezcla de sangre y heces fecales, las cuales produjeron en mí una gran excitación.

Desde ese día mi primo, se convirtió en mi amante, se ha acostumbrado poco a poco al tamaño de mi pene y se lo mete hasta la base cada vez que tenemos oportunidad. Hoy, nueve años después, algunas veces mi pene aún sale lleno de excrementos del culo de mi primo.

Mi desesperación radica en que quiero tener relaciones con una mujer. Pero las prostitutas más experimentadas se niegan a tener relaciones sexuales conmigo, aún cuando les ofrezca mayor cantidad de dinero por sus servicios.

Realmente el culo de mi primo me gusta, pero quisiera meterlo en un coñito.

Entiendan pues, que un pene grande no siempre es motivo de orgullo para el hombre.

Autor: Arturo

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